Get Your Free Goodie Box here

Relación Histórica de los Sucesos de la Rebelión de José Gabriel Túpac - Amaru en las Provincias del Perú, el Año de 178 by Anonymous Author - HTML preview

PLEASE NOTE: This is an HTML preview only and some elements such as links or page numbers may be incorrect.
Download the book in PDF, ePub, Kindle for a complete version.

1837.

PEDRO DE ANGELIS]

El único resultado útil de este gran sacudimiento fué la nuevaorganizacion que la Corte de España dió á la administracion de susprovincias de ultramar, y la abolicion de los repartimientos. De estemodo quedó legitimado el principio que invocó Tupac-Amaru para mejorarla suerte de los indios, que hallaron despues en sus Delegados,administradores mas responsables, y por consiguiente mas íntegros quelos Corregidores.

RELACION HISTORICA &

* * * * *

Aunque las crueles y sangrientas turbaciones, que han excitado ypromovido los indios en la provincias de esta América Meridional, hansido la causa total de tantas lamentables desdichas, como se han seguidoá sus habitantes, es no obstante preciso confesar que el verdadero yformal orígen de ellas no es otro que la general corrupcion decostumbres, y la suma confianza ó descuido con que hasta ahora se havivido en este continente. Así parece se deduce de los propios hechos, ylo persuaden todas sus circunstancias.

De algunos años á esta parte se reconocian en esta misma América muchosde aquellos vicios y desórdenes que son capaces de acarrear la masgrande revolucion á un estado, pues ya no se hallaba entre sushabitadores otra union que la de los bandos y partidos. El bien públicoera sacrificado á los intereses particulares: la virtud y el respeto álas leyes, no era mas que un nombre vano: la opresion y la inhumanidadno inspiraban ya horror á los mas de los hombres acostumbrados á vertriunfar el delito. Los odios, las perfidias, la usura y laincontinencia representaban en sus correspondientes teatros la mastrágica escena, y perdido el pudor se transgredian las leyes sagradas yciviles con escándalo reprensible.

Tal era el infeliz estado de estas provincias en punto á disciplina, yno mejor el que se manifestaba en órden á la seguridad y defensa deellas; pues no se encontraban armas, municiones ni otros pertrechos parala guerra, carecian de oficiales y soldados que entendiesen el artemilitar: porque, aunque en las capitales de este vasto reino, como sonLima y Buenos Aires, se hallasen buenos é inteligentes, como el fuego dela rebelion se encendió en el centro de las mismas provincias y casi áun mismo tiempo en todas, y la distancia de una á otra capital es milleguas, cuando menos, no dió lugar á otra cosa que á hacer inevitableslos estragos, pues aunque tenian nombrados regimientos de milicias, cuyafuerza se hizo crecer en los estados remitidos á la Corte, se conociódespues que solo existian en la imaginacion del que los formó, tal vezcon miras poco decorosas á su alto carácter, por la utilidad queproducian los derechos de patentes y otras gabelas.

Los corregidores, poseidos de una ambicion insaciable con cuantiosos éinutiles repartos, cuyo cobro exigian por medio de las mas tiranasegecuciones, con perjuicio de las leyes y de la justicia, se les habiavisto en algunas provincias hacer reparto de anteojos, polvos azules,barajas, libritos para la instruccion del egercicio de infanteria, yotros géneros, que lejos de servirles de utilidad, eran gravosos yperjudiciales. Por otra parte se veian tambien hostigados de los curas,no menos crueles que los corregidores para la cobranza de susobvenciones que aumentaban á lo infinito, inventando nuevas fiestas desantos y costosos guiones con que hacian crecer excesivamente laganancia temporal: pues si el indio no satisfacia los derechos queadeudaba, se le prendia cuando asistia á la doctrina y á la explicaciondel evangelio, y llegaba á tanto la iniquidad, que se le embargaban suspropios hijos, reteniéndolos hasta que se verificaba la enterasatisfaccion de la deuda, que regularmente se la habia hecho contraerpor fuerza el mismo párroco.

En algunas ocasiones habian manifestado anteriormente los indios estosjustos resentimientos, que ocasionaron la alteracion de variasprovincias, resistiendo y matando á sus corregidores, como sucedió en lade Yungas de Chulumani, gobernándola el Marques de Villa-hermosa, que sevió precisado, despues de haberle muerto á su dependiente Solascasas, ácontenerlos con las armas, á cuyo acto le provocaron. Así tambien en lade Pacajes y Chumbilvicas, en donde quitaron las vidas á suscorregidores, Castillo y Sugastegui, cometiendo otros excesos, queindicaban el vasto proyecto, que con mucho tiempo y precaucion ibanmeditando, para sacudir el yugo.

Ya fuese fatigados y oprimidos de las extorsiones y violencias quetoleraban, ó insultados y conmovidos con un espíritu de sedicion quesembró el reo Tomas Catari, con el especioso pretesto de haberconseguido rebaja de tributos, se alzaron con tan furioso impetu, que enbreve espacio de tiempo el incendio abrasó todas las provincias. En elpueblo de Pocoata, provincia de Chayanta, se declaró la sedicion, ydando los indios muerte á muchos españoles, prendieron á su corregidor,D. Joaquin de Alós, que retuvieron en el pueblo de Macha, como enrehenes, para solicitar insolentes la libertad de su caudillo Catari; ycomo presentándose la necesidad armada en toda la fuerza del poder, esirreparable el daño de la resistencia, fué forzoso que por salvaraquella vida, se libertase del castigo el delincuente Catari, lograndoprontamente soltura de la prision en que se hallaba: ya fuese porque entiempo que el peligro aprieta, la prudencia induce á no detenerse enformalidades, ni aventurar la quietud pública por los escrúpulos deautoridad, ó ya porque, poco acostumbrados los Oidores de Charcas alperdimiento del respeto tenido á sus personas, recelaban pasase adelanteel atrevimiento, y se viese disminuida la sumision fastidiosa y excesivaque siempre han pretendido.

Por otra parte, desde los principios del año de 1780 se vieron en todaslas ciudades, villas y lugares del Perú, pasquines sediciosos contra losministros, oficiales y dependientes de rentas, con el pretesto de laaduana y estancos de tabaco. De modo que el vulgo, á quien se atribuyóesta insolencia, se despechó tanto en algunas partes, que hicieronvíctima de su furor á algunos inocentes: como en Arequipa, dondeperdiendo el respecto á la justicia, saquearon la casa del corregidor D.Baltazar Semanat, le precisaron á ocultarse para salvar su vida,atropellaron las casas destinadas á la recaudacion de estos derechosreales, persiguieron á los administradores, y estuvo la ciudad á piquede perderse: trascendiendo hasta los muchachos el espíritu sedicioso,con juegos tan parecidos á las veras, que habiendo nombrado entre ellosá uno, con el título de aduanero, se enfurecieron despues tanto contraél, que á pedradas acabó su vida, costándole no menos precio el fingidoempleo con que le habian condecorado.

Como suelen las enfermedades de la naturaleza, originadas de pequeñosprincipios, llegar al último término, así en las dolencias políticassucede muchas veces, que nacidas de leves causas, suben á tan altopunto, que es costoso su remedio. Esperimentóse esta verdad en Macha;pues logrando en aquel engañado pueblo, Tomas Catari, todos aquellosrendimientos que son gages de la autoridad, y olvidado del no esperadobeneficio de su libertad, dió agigantado vuelto á sus ideas, por ladesconcertada fantasia de los indios, graduando la soltura de sucaudillo por efecto del temor que habia infundido con sus insolencias; ypersuadidos por el nuevo método que se seguia con ellos, no era lapiedad la que obraba, para atraerlos suavemente á sus deberes, secreyeron autorizados para egecutar las mas sangrientas crueldades,siendo como consecuencia, se vean estas sinrazones donde no se conoce nidomina la razon.

La Real Audiencia de Charcas, al paso que sentia la conmocion de tantaspoblaciones, deseaba con ansia el remedio, pero no acertaba con eloportuno, porque sus miembros, poco acostumbrados á este género deacontecimientos, se mantenian tímidos é irresolutos, sin atreverse átomar providencia, que cortase en sus principios el peligroso cáncer queamenazaba al reino, haciendo algun castigo que escarmentase á lossediciosos, y arrancase en su nacimiento la raiz de rebelion, quecomenzaba á sembrarse: único remedio, cuando ya de nada servia laluchazon de sus personas, que con servil acatamiento se habia veneradohasta entonces. Y desengañados de que eran inutiles en estos casos lasfórmulas del derecho y preeminencias de la toga, descendieron con tantoexceso á contemporizar con los rebeldes, franqueándoles el perdon de susexcesos y otras gracias, que no les fué dificultoso conocer que la sumacondescendencia de unos ministros, que en las felicidades de su absolutogobierno habian sido tan engreidos, nacia del terror y confusion en quese hallaban.

Bien convencidos los indios de esta verdad, apenas habia poblaciones deellos, que no se abrasase en la trágica llama del tumulto, porque á pocodespues alborotóse la provincia de Pária, dando en el pueblo deChallapata cruel muerte al corregidor D. Manuel Bodega, egecutándose lomismo en la de Chichas, Lipes y Carangas, siguiendo el mal ejemplo la deSicasica, parte de las de Cochabamba, Porco y Pilaya, siendo en todasiguales los excesos, y parecidos los insultos de muertes, robos, ruinasde haciendas, sacrílegas profanaciones de los templos. Y como era uno elprincipio del desasosiego, reglaban sus movimientos por el teatro de lade Chayanta, donde, despues de muchos tormentos y ultrajes, quitaron lavida á D. Florencio Lupa, cacique del pueblo de Moscani, falleciendovíctima de la lealtad á manos de una plebeya indignacion, la que nosatisfaciéndose con juntar la muerte á la ignominia, le cortaron lacabeza, y tuvieron el arrojo de fijarla en las inmediaciones de laPlata, en una cruz, que se nombra Quispichaca, tremolando con estaaudacia la bandera de la sedicion.

Este suceso cubrió á la Plata de horror y de susto, temiendo con razon,que estos principios tuviesen consecuencias muy tristes. Fué este dia el10 de Setiembre de 1780, y como se esparció en la ciudad, que en susextramuros se hallaba una multitud crecida de indios para invadirla ysaquearla, fué notable la confusion que se originó. Presentáronse en laplaza mayor los Ministros de la Real Audiencia, en compañia de suRegente, para dar algunas disposiciones, que en aquella necesidadpudieron graduarse oportunas, para rechazar la invasion del enemigo, ydesde aquel momento se empezaron á reglar compañias, alistándose lagente sin excepcion de clases: pero con tal desórden y confusion, que sihubiese sido cierta la noticia, indefectiblemente perece la ciudad ámanos de los rebeldes: llegando la turbacion de aquellos togados á talestérminos, que uno de ellos pregonaba en persona el ridículo bando depena de muerte, y 10 años de presidio al que no acudiese á la defensa, yno hallándose el pregonero para hacer igual diligencia con otraprovidencia, se ofreció el mismo Regente á egecutarlo, añadiendo lacircunstancia de que tenia buena voz. ¡O temor de la muerte, cuantopuedes con las almas bajas! pues unos hombres, que poco antes seconsideraban poco menos que deidades, les obligas á egercer los oficiosmas viles de la república, haciéndose irrisibles de los mismos que lostenian por sagrados.

Aunque el rebelde Catari, desde el pueblo de Macha, aparentaba sumisiony respeto á la autoridad de la Real Audiencia, no se ignoraba quesecretamente escribia cartas, convocando las provincias para una generalsublevacion, coligado con el principal rebelde José Gabriel Tupac-Amaru,indio cacique del pueblo de Tongasuca en la provincia de Tinta, delvireynato de Lima, quien pretendia ser legítimo descendiente de losIncas del Perú.

Este, pues, dió principio á sus bárbaras egecuciones el 4 de Noviembrede 1780, prendiendo á su corregidor, D. Antonio de Arriaga, en unconvite que le dió, con el pretexto de que queria celebrar el dia denuestro Augusto Soberano. Asegurado el tirano de su propio juez, quesorprendió inopinadamente cuando estaba comiendo, publicó se hallabaautorizado con una real Cédula para proceder de aquel modo, ysubstanciándole la causa en pocos dias, el 10 del propio mes le quitó lavida en una horca, en la plaza pública de su pueblo, y apoderándose detodos sus bienes, pasó á hacer la misma egecucion con el de la provinciade Quispicanchi, que no tuvo efecto por haber huido á la ciudad delCuzco, á donde llevó la noticia del suceso de Tinta. A contener estealboroto, salieron de aquella ciudad 600 hombres tumultuariamentedispuestos, los mas del pais, y entre ellos algunos europeos y á pocasleguas que anduvieron, avistaron al rebelde en el paraje llamadoSangarara, con un considerable trozo de indios y mestizos de aquellacomarca: y como al mismo tiempo esperimentasen una cruel nevada, serefugiaron en la iglesia; y mas poseidos del miedo, que resueltos áacometer al enemigo, le despacharon un emisario que le preguntase cualera su intento, y el motivo que habla tenido para levantar gente yturbar la tierra: y la respuesta fué, que todos los americanos pasasenluego á su campo, donde serian tratados como patriótas, pues solo queriacastigar á los europeos ó chapetones, corregidores y aduaneros.

Esta órden, que mandó notificar José Gabriel Tupac-Amaru á los que lehabian hecho el mensage, con apercebimiento de no reservar á ninguno delos que la contradigesen, excitó entre ellos una especie de tumulto, ytratando sobre lo que se habia de resolver, fueron unos de parecer quese embistiese al enemigo, y otros que nó; de modo que, divididos en losdictámenes, sintieron bien presto los efectos de la discordia, que paróen herirse reciprocamente. A esta fatalidad sobrevinieron otras, cualesfueron la de haberlos cargado el enemigo, haberse pegado fuego á lapólvora que tenian, y caídoles un lienzo del edificio en que sealojaban: y muertos unos, otros abrasados, y no pocos envueltos en laruina de la pared, fueron todos consumidos y disipados, y el rebelde seaprovechó de las armas de fuego y blancas, reforzándose con los despojosde sus mismos enemigos.

Tanto cuanto este suceso desgraciado pudo ofrecer de turbacion á laciudad del Cuzco, tuvo de feliz y ventajoso para Tupac-Amaru, con elcual, dueño de la campaña, la corrió y saqueó, haciendo destrozos en lospueblos, haciendas y obrages de los españoles, y avanzándose hasta laprovincia de Lampa, entró en Ayabirí sin oposicion: porque aunque eneste pueblo se habian juntado algunos vecinos españoles de aquella yotras provincias comarcanas, conducidos de sus corregidores, alaproximarse al enemigo, tomaron la fuga: con lo que, difundiéndose laconfusion, el sobresalto y el temor, y prófugos los curas ycorregidores, quedaron abandonados, y á discrecion de los indios, lospueblos y provincias, excepto la de Pancarcolla, en que su corregidor,D. Joaquin Antonio de Orellana, lleno de heróicos sentimientos, formópoco despues el proyecto de mantenerla á costa de su vida, y buscandopor asilo la villa de Puno, se fortificó en ella con pocos de los suyos.La desenfrenada codicia de los bárbaros usurpadores los empeñaba enpillarlo todo, sin respetar los templos; en ellos derramaban la sangrehumana sin distincion de sexos, ni edades. Pocas veces se habrá vistodesolacion tan terrible, ni fuego que con mas rapidez se comunicase átantas distancias, siendo digno de notar, que en 300 leguas que secuentan de longitud, desde el Cuzco hasta las fronteras del Tucuman, enque se contienen 24 provincias, en todas prendió casi á un mismo tiempoel fuego de la rebelion, bien que con alguna diferencia en el exceso delas crueldades.

Siguió José Gabriel Tupac-Amaru las huellas de todos los tiranos, yconociendo cuan facilmente se deja arrastrar el populacho de lasapariencias con que se le galantea, porque no penetra los arcanos delusurpador, comenzó publicando edictos de las insufribles extorsiones quepadecia la nacion, las abultadas pensiones que injustamente toleraba,los agravios que se repetian en las aduanas, y estancos establecidos:que los indios eran víctima de la codicia de los corregidores, quienesbuscaban todos los medios de enriquecer, sin reparar en las injusticiasy vejaciones que originaban, cuyas modestas quejas, con que muchas vecesles representaron sus excesos, no sirviesen de otra cosa que de incitarla ira y la venganza; y en fin que todo era injusticia, tirania yambicion: que su intento estaba unicamente reducido á buscar el bien dela Patria, con esterminio de los inicuos y ladrones. Así se esplicabaeste rebelde, para seducir á los pueblos, engrosando su partido, y conmano armada pasando á los filos de su cólera á cuantos se le oponian,invadió las provincias de Azangaro, Carabaya, Tinta, Calca yQuispicanchi, que por fuerza ó de grado se declararon sus partidarias, ácuyo ejemplo siguieron el mismo rumbo las de Chucuito, Pacajes,Omasuyos, Larecaja, Yungas y parte de las de Misque, Cochabamba yAtacama. Siendo ya general la sublevacion, se experimentaron trágicos óinauditos sucesos, para cuya descripcion era necesario sudase sangre lapluma, y fuesen los caracteres nuestras lágrimas.

Con los muchos indios que se habian juntado á Tupac-Amaru, y las armasde que ya se habia apoderado, resolvió ir sobre el Cuzco, con el fin deposesionarse de esta ciudad, y logrado su intento, coronarse en ella,por ser la antigua capital del imperio peruano, con todas lassolemnidades que imitasen la costumbre de sus antiguos poderes. Sehabian acogido á esta poblacion muchos fugitivos de las provinciasinmediatas, que atemorizados de los estragos que ocasionaba el tirano,no pensaban sino en salvar sus vidas por aquel medio: y cuando estabanimaginando abandonar la ciudad, y que era en vano intentar resistir alrebelde, lo impidió D. Manuel Villalta, corregidor de Abancay, que habiaservido en el real ejército con el grado de Teniente Coronel. Esteanimoso oficial, despreciando los temores, y con la experiencia de suprofesion, levantó aquellos espíritus abatidos, echó mano de lasmilicias, y ordenó las cosas de manera que dificultasen el proyecto delrebelde: á que contribuyeron mucho los caciques de Tinta y Chicheros,Rozas y Pumacagua, cuya lealtad y la de los Chuquiguancas, brilló comoun astro luminoso en medio de la negra oscuridad de la rebelion,ofreciendo en obsequio de su fidelidad el digno sacrificio de algunasvidas de los de sus familias y todas las haciendas que poseian.

Conocido por el tirano lo dificil que le era tomar el Cuzco, desistiódel empeño, despues de algunos ataques, en que fué rechazadogloriosamente por sus vecinos, dirigidos y gobernados por Villalta,quien le quitó de las manos una presa con que ya contaba, y perdidaaquella esperanza, se contrajo á continuar las correrias y robos contralos españoles. Declarada ya en todas partes la guerra, y las poblacionesy campaña sin resistencia, los que pudieron escapar de los primerosinsultos, se refugiaron á las ciudades y villas que les fueron masinmediatas. En la de Cochabamba solo, de las partes de Yungas (conquienes confina por los valles de Ayopaya), entraron mas de 5,000personas de ambos sexos y de todas edades, que condujo su corregidor, D.José Albisuri. No porque en los pueblos de españoles faltase laalteracion y recelo que ofrecia el numeroso vulgo, sino porque el riesgoparecia menos egecutivo, aunque diariamente se fijaban pasquines y seoian canciones á favor de Tupac-Amaru, contra los europeos y elgobierno. Agitado el cuidado de los vireyes de Lima y Buenos Aires,los Exmos. Señores, D. Agustin de Jauregui y D. Juan José de Vertiz,pensaron sériamente al remedio de tantos males. El primero dispusopasase al Cuzco el Visitador General, D. José Antonio Areche, con elmando absoluto de hacienda y guerra, nombrando tambien al Mariscal deCampo, D. José del Valle, Inspector de las tropas de aquel vireinato, alCoronel de Dragones, D.

Gabriel de Aviles, y otros oficiales, para quetomasen el mando y direccion de las armas que habian de obrar contra losrebeldes; y el segundo confirmó la eleccion que habia hecho elPresidente de Charcas, del Teniente Coronel D. Ignacio Flores,Gobernador que era de Moxos, declarándole Comandante General de aquellasprovincias, y demas que estuviesen alteradas en la jurisdiccion de sumando, con inhibicion de la Real Audiencia de la Plata, concediéndolemuchas y amplias facultades, para obrar libremente. Los Oidores, pococonformes con esta disposicion, manifestaron su resentimiento endistintas ocasiones, dificultando las providencias del Comandante,oponiendo obstáculos á sus determinaciones, criticando su conducta demorosa, calumniándole de pusilánime é irresoluto, fundándose en que notomaba partido con prontitud, y suponiendo que si hubiese obrado conactividad ofensivamente contra los rebeldes, hubiera podido sofocarsecon el escarmiento de pocos el atrevimiento de los demas. En cuyasalteraciones y etiquetas, suscitadas indebidamente en tan críticascircunstancias, pasaron algun tiempo: hasta que fué creciendo elcuidado, con motivo de haber mandado la Audiencia secretamente, y sin elconocimiento que le correspondia á Flores, prender al reo Tomas Catari,lo que egecutó D. Manuel Alvarez en el Asiento de Ahullagas, en virtuddel auto proveido en acuerdo reservado que se celebró con todo sigilo,atropellando las prudentes disposiciones del Virey, y desairándolecruelmente, porque tal proceder era opuesto á sus providencias y á lasfacultades que tenia concedidas á aquel Comandante.

Este suceso llenó de regocijo á la ciudad de la Plata, y no fué de pocasatisfaccion á sus ministros, porque todos creian que cortada aquellacabeza, pasase la inquietud, y que un hecho de esta naturaleza podiaservirles de escudo para cubrirse de sus primeros yerros y desacreditarla conducta del Comandante militar: porque no solo habia concurrido áél, sino que tenia significado, no era conveniente en aquella ocasion,antes bien proponia se empleasen los medios políticos que eran masoportunos en tan críticas circunstancias, en que se debia sacar todo elpartido posible de la autoridad y fuerzas que ya habia adquirido eldelincuente, en tanto se acopiaban armas y municiones para resistirle,motivos porque ocultaron su determinacion. Pero á poco tiempo sedesapareció aquella alegria, desvaneciéndose sus concebidas esperanzascon las desgraciadas muertes del dicho D. Manuel, y del Justicia Mayor,D. Juan Antonio Acuña, que con una corta escolta conducian preso á aquelrebelde: quienes, viéndose inopinadamente atacados en la cuesta deChataquilay, y que era muy dificultoso conservar su persona conseguridad, determinaron matarle antes de intentar la resistencia, sinque bastase despues el esfuerzo á salvar ninguno de los que leconducian; creciendo el espanto y susto con haberse acercadoinmediatamente los indios agresores á la ciudad para cercarla, campandodos leguas de ella, en los cerros de la Punilla, mas de 7,000,capitaneados por Damaso y Nicolas Catari, hermanos del difunto SantosAchu, Simon Castillo y otros caudillos. Con cuyo hecho desgraciado varióel modo de pensar de la Audiencia, que empleó todos los recursosimaginables para ocultar habia sido suya aquella providencia,significando que Alvarez habia egecutado la prision de motupropio: peroFlores, que no se descuidaba en cubrirse de sus resultas, tuvo modo deconseguir copia de todo lo acordado sobre aquel hecho. Así perpetuamentese eslabonan los fracasos con las dichas, teniendo en continua dudanuestros afectos, para que busquen en su centro la verdadera y establefelicidad.

Aun no bien se supo estaban acampados los indios en aquel cerro,proyectando el asalto de la ciudad, se infundió en todos sus vecinos lagenerosa resolucion de defenderse, hasta derramar la última gota desangre: y porque fuesen iguales el valor y la precaucion, ganando losinstantes, se colocaron puestos avanzados para observar desde mas cercalos movimientos del enemigo, y cortando las calles con tapias de adobes,que impropiamente han llamado trincheras, se destacaron algunascompañias de milicianos para que guarnecieran sus extramuros. El Regenteen una continua agitacion expedia providencia sobre providencia, y losMinistros, disimulando el miedo que los dominaba con el celo y amor alSoberano, se hicieron cargo con las compañias formadas del grémio deabogados, de rondar y patrullar todas las noches, reconociendo lascentinelas avanzadas. Pero como todos carecian de los principios delarte de la guerra, servian de confusion mas que de seguridad susdiligencias, que tambien contribuyeren no poco á suscitar nuevasdisputas sobre sus pretendidas facultades, y las que tenia el Comandantede las armas. Sin embargo de todo esto, se notaba en los vecinos buenadisposicion, por mas que se haya querido disminuir despues, abultandodesconfianzas para cubrir la negligencia, y el error de no haber acudidocon resolucion y actividad á cegar el manantial de donde nacian estasalteraciones: siendo fácil comprender, que si en sus principios sehubiese obrado con el valor y determinacion que piden semejantes casos,se hubieran evitado tantos estragos, como siguieron, y la muerte de masde 40,000 personas españolas, y mucho mayor número de indios, que hansido víctimas de estas civiles disenciones.

Insolentes los rebeldes en su campamento, dirigieron á la Real Audienciaalgunas cartas llenas de audaces amenazas, pidiendo las cabezas dealgunos individuos, y asegurando hacer el uso mas torpe de las mugeresdel Regente y algunos Ministros, ofreciendo emplearlas despues en lastareas mas humildes del servicio de sus casas. En esta ocasion fuésospechado cómplice en las turbaciones el cura de la doctrina de Macha,el Dr. D. José Gregorio Merlos, eclesiástico de corrompida y escandalosaconducta, de génio atrevido y desvergonzado, que fué arrestado por elOidor D. Pedro Cernadas en su misma casa, y depositado en la Recoletacon un par de grillos, y despues en la cárcel pública con todas lasprecauciones que requerian el delito que se le imputaba, y las continuasinstancias que hacian los rebeldes por su libertad, quienes asegurabanentrarian á sacarle de su prision á viva fuerza: cuyo hecho se egecutótambien sin consentimiento del Comandante militar, aprovechando laAudiencia, para proceder á su captura, del pretesto de hallarse ausente,para un reconocimiento en las inmediaciones de la ciudad. El cuidado seiba aumentando con continuos sobresaltos que ocasionaba la inmediacionde los sediciosos, y aunque no llegaron nunca á formalizar el cerco, seempezaba asentir alguna escasez de víveres, que fué tambien causa deaumentarse las discordias, por la libertad de pareceres para el remedio.

Solicitaron los abogados, unidos con los vecinos, se les diese licenciapara acometer al enemigo, pero luego que entendieron que se disgustabael Comandante por esta proposicion, se apartaron de su intento.

ElDirector de tabacos, D. Francisco de Paula Sanz, sugeto adornado de lasmejores circunstancias y calidades, se hallaba en la ciudad casualmente,y de resultas de la comision que estaba á su cargo para elestablecimiento de este ramo, movido de su espíritu bizarro, y cansadode las contemplaciones que se usaban con los rebeldes, quizo atacarloscon sus dependientes y algunos vecinos que se le agregaron, y saliendode la ciudad con este intento, el dia 16 de Febrero de 1781 llegó á lasfaldas de los cerros de la Punilla, en que estaban alojados los indios,que descendieron inmediatamente á buscarle para presentar el combate,persuadidos de que el poco número que se les oponia, aseguraba de suparte el vencimiento.

Cargaron con tanta violencia y multitud aquelpequeño trozo, que se componia de solos 40 hombres, que no bastó elvalor para la resistencia, y cediendo al mayor número y á la fuerza,fué preciso pensar en la retirada, en que hubieran perecido todos por eldesórden son que la egecutaron, á no haber salido á sostenerlos lacompañia de granaderos milicianos, no pudiendo evitar perdiese la vidaen la refriega D. Francisco Revilla, y dos granaderos que le acompañaronen su desgraciada suerte: pues aunque despues salió Flores con mayornúmero de gente, sirvió poco su diligencia, por haber entrado la noche.

El génio dócil y el natural agrado del Director Sanz, acompañados de sugenerosidad, le hacian muy estimado de todos, menos de Flores, con quienhabia tenido algunos disgustos por el diverso modo de pensar. Sanz, todoera fuego para castigar la insolencia de los sediciosos, y Flores, todocircunspeccion y flema en contemplarlos, cuya conducta, mormuradageneralmente, ocasionó pasquines denigrantes á su honor, tildándole decobarde, atreviéndose á decir, era afecto al partido de la rebelion: yllegó á tanto la osadia del público, que expresó sus sentimientos consatíricos versos y groseras significaciones, enviándole á su casa, lamisma noche del ataque del 16, una porcion de gallinas, sin saber quienhabia sido el autor de este intempestivo regalo. Al siguiente dia sepresentaron los vecinos por escrito, manifestando estaban prontos ydispuestos á ir en busca del enemigo. Todos clamaban se anticipaba suúltima ruina, gritaban descaradamente, que si no se les conducia alataque, saldrian sin el Comandante: y ya obligado de tantas y tanrepetidas eficaces insinuaciones que se aumentaron con el desgraciadosuceso del Director, determinó para el 20 del mismo Febrero atacar á losindios de la Punilla. Serian las 12 de aquel dia, cuando se pusieron enmarcha nuestras tropas, y llegando al campo se presentó al Comandante unespectáculo agradable, que le anunciaba la victoria, y fué reconocer queun crecido número de mugeres, mezcladas y confundidas entre la tropa,deseaba con ansia entrar en funcion: este raro fenómeno, cuantolisonjeaba el gusto, arrancó lágrimas de aquel gefe, que egercitó todasu habilidad para disuadirlas se apartasen de tan peligroso empeño, conel cual unicamente habian conseguido ya una gloria inmortal: y aunque seles mitigó el ardor, nunca se pudo lograr se retirasen, y permanecieronen el campo de batalla, ó bien para que su presencia inspirase aliento álos soldados, ó para que sirviesen de socorro en cualquiera infortunio.

Las dos de la tarde serian cuando se tocó á embestir al enemigo, que sehallaba apostado en las alturas de tres montañas ásperas y fragosas,cuya ventaja hacia peligrosa la subida: pero esta dificultad empeñó elvalor de los nuestros, que estaban tan deseosos de venir á las manos, yacometiendo con heróico denuedo, sufrieron los indios poco tiempo elasalto, ganando airosamente las cumbres de aquellos empinados cerros,llevándose con los filos de la espada á todos los que no retiró la fuga;dejando en el campo de batalla 400 cadáveres, con poca ó ninguna pérdidade nuestra parte, y de sus resultas libre la ciudad del bloqueo en tanbreve espacio de tiempo, que pudo el Comandante General exclamar conJulio Cesar:—

Veni, vidi, vinci

. Celebróse esta victoria con festivasaclamaciones de

Viva el Rey

; é iluminándose la ciudad por tres noches,se rindieron al Todo-Poderoso las debidas gracias, manifestándose laalegria con todos aquellas señas con que acredita el amor, la sinceridaddel afecto.

Este destrozo de los enemigos trajo las mas favorablesconsecuencias, y hubieran sido mayores si se hubiese adelantado laaccion: pues asustada la provincia de Chayanta, depuso toda inquietud, ypara comprobar su arrepentimiento, entregó á los principales autores,que fueron Damaso y Nicolas Catari, Santos Hachu, Simon Castillo y otrosvarios, que todos murieron en tres palos: que así burla la DivinaProvidencia las esperanzas de los delincuentes, disponiendo caigan ámanos de la justicia, cuando se creen mas exentos de su rigor.

Este hecho acredita cuan conveniente era ganar los instantes, y obrarcon actividad contra los insurgentes, aprovechando la consternacion enque se hallaban por el dichoso suceso de la Punilla, antes quedepusieran su espunto: pues los recelos y desconfianzas del Comandante,y su carácter mas político que militar, le hacian observar una lentitudperjudicial á la causa pública. Y como vacilaba en un mar de dudas, pasóel tiempo en hacer prevenciones, con que disimulaba su manejo, quepudiera haber variado con las repetidas pruebas de fidelidad y bizarriaque le tenian dadas los vecinos de la Plata, que justamente se hanquejado del concepto que le merecieron, porque consideraba no erancapaces de sostener operaciones ofensivas en campo abierto sin elauxilio de los veteranos que se esperaban: lo que debiera haber tentadosin esta circunstancia, pues algo se ha de aventurar en los casosestremos, en que no se presenta otro recurso. Estas detencionesocasionaron no pocos males, particularmente en las provincias de Chichasy Lipes, que se sublevaron despues de aquel suceso, porque conocieron lasuperioridad que tenian, y les manifestaba semejante conducta, y que noeran muy temibles el Comandante y armas que se hallaban en la ciudad dela Plata, cuando aun despues de vencedoras se contentaban con volver áencerrarse en los términos de su recinto, sin pensar al remedio de lascalamidades agenas: á que contribuyó tambien el haber seguido el mismosistema la imperial villa de Potosí, que creyó llenaba so obligacion conponer á cubierto sus preciosas minas.

Cuando estaba para celebrarse en casa del Comandante, D. Ignacio Flores,con un banquete, el buen éxito que tuvo la accion de la Punilla, serecibió la infausta noticia del horroroso hecho acaecido en la villa deOruro, con lo que se consternaron los ánimos de todos los convidados, yse llenaron de amargura, convirtiéndose en pesar el placer que tenianprevenido. Y como es uno de los acaecimientos mas notables de estageneral sublevacion, no podrá ser desagradable se refiera con extension,y con todas las circunstancias que requiere un hecho de esta naturaleza.

El orígen, pues, y las causas de esta funestísima tragedia, fueronhaberse divulgado en aquella villa las fatalidades acaecidas en lasprovincias de Chayanta y Tinta, con un edicto que expidió José GabrielTupac-Amaru, en que espresaba todas sus crueles y ambiciosasintenciones: lo que, llegado á noticia del corregidor, D. Ramon deUrrutia, juntamente con los extragos que causaba en las provincias deLampa y Carabaya, le determinaron á prevenirse para cualquieracontecimiento. Formó compañias de los

cholos

y vecinos, paradisciplinarlas en el manejo de las armas, destinando diferentes sitiospara la enseñanza, donde concurrian semanalmente dos veces, y aprendiancon gusto la doctrina de sus maestros: algunos desde luego no aprobaronesta diligencia, ó porque eran adictos al principal rebelde Tupac-Amaru,cuya venida deseaban con ansia, ó lo mas cierto, porque eran susconfidentes. Estos tales solamente concurrian á aquel acto para emular álos que enseñaban, que eran europeos, y á formar diferentes críticassobre sus operaciones, al mismo tiempo que con insolencia fijabanpasquines opuestos á la corona, censurando el gobierno del corregidor ydemas jueces. Entre ellos amaneció uno el dia 25 de Diciembre de 1780,en que se anunciaba el asesinato, que despues egecutaron con loseuropeos, y zaherian la conducta de D. Fernando Gurruchaga, Alcaldeordinario, que acababa aquel año, con dicterios denigrativos á supersona, y de la justicia. Tambien prevenian en él á los individuos delCabildo, se abstuviesen de elegir Alcaldes europeos, porque si talsucedia, no durarian ocho dias, porque se sublevarian y serian víctimade su enojo, por ser ladrones: y que para evitar tan funesto suceso,habian de nombrar precisamente de Alcaldes á D. Juan de Dios y á D.Jacinto Rodriguez.

El Corregidor, cuidadoso con estas públicas amenazas, é insolentespretensiones: obraba vigilante en la averiguacion y pesquiza de losautores, pero por mas exactas diligencias, así judiciales comoextrajudiciales que practicó, nunca pudo saber la verdad para castigar álos delincuentes, á fin de mantener á todos con la quietud y buenaarmonia, á que siempre propendió desde el ingreso á su corregimiento.

Llegado el dia de la eleccion, para el año de 1781, propuso á losvocales nombrasen á sugetos benémeritos y honrados, de buenas costumbresy amantes de la justicia, para que así pudiesen desempeñar con aciertolos cargos, con la madurez y juicio que previenen las leyes, y requerianlas críticas circunstancias, en que se hallaba el reino. Para esteefecto les propuso á D. José Miguel Llano y Valdez, patricio, á D.Joaquin Rubis de Celis, y D. Manuel de Mugrusa, europeos, con la mira deque saliese la vara de la casa de los Rodriguez, que pretendia hacerlahereditaria, y que ni ellos ni ninguno de sus parciales y domésticos,fuese elegido, pues hacian 18 años que estos sugetos estabanposesionados de aquellos empleos, sin permitir jamas que fuesennombrados otros, por la desmedida ambicion de gobernar que los dominaba:y tambien para evitar las injusticias, estorsiones y violencias, que contítulo de jueces egecutaban con toda clase de gentes, validos deldepotismo sin límite que habian adquirido, con el cual protegian todogénero de vicios, de que adolecian sus dependientes y criados.

Trascendida por los Rodriguez esta idea, previnieron algunasalteraciones y diferencias para el dia de la eleccion: no obstanteprevalecieron los votos á favor de la justicia, y salieron electos lospropuestos por el Corregidor, que aborrecian cruelmente los Rodriguez,por la desemejanza de costumbres y nacimiento: y no podiendo ocultar laponzoña que encerraban sus corazones, al ver se les habia quitado elmando, que tantos años tenian como usurpado, se quitaron la máscara,para dejarse ver á todas luces sentidos contra él. D.

Jacinto estuvopara morirse con lo vómitos que le ocasionó la cólera del desaire, y D.Juan salió de la villa para su ingenio á toda prisa, dejando prevenidoen su casa, que ninguno de sus clientes saliese á las corridas de toros,que regularmente celebran los nuevos Alcaldes para festejar al público,ni que á estos se les prestase cosa alguna que pidiesen para losrefrescos acostumbrados. En este mismo dia empezó á descubrirse la ligaque habia formado con ellos el cura de la iglesia matriz. Sucedió pues,que siendo costumbre de tiempo inmemorial, que acabadas las elecciones,y confirmadas por el corregidor en la casa capitular, pasaba todo elCabildo á la iglesia mayor á oir la misa de gracias, se dirigieron losCabildantes á esta pia demostracion, pero estando ya á las puertas de laiglesia, salió al encuentro el sacristan para decirles que no habiamisa, porque ninguno habia dado la limosna.

Estaban las cosas en este crítico estado, cuando llegó la noticia de lamuerte de Tomas Catari; y creyendo el corregidor de Pária, D. ManuelBodega, que quitado este sedicioso perturbador de la quietud pública, leseria fácil sugetar la provincia, cobrar los reales tributos y sureparto, determinó ir á ella con armas y gente. Pidió para esto áUrrutia le auxiliase con soldados, que le negó, previniendo no podianresultar buenas consecuencias: pero Bodega mal aconsejado, juntó 50hombres, pagados á su costa, y emprendió la marcha al pueblo deChallapata, donde él y los mas que le acompañaban, pagaron con la vidasu lijera determinacion.

Con este hecho, persuadidos quedaron los indios de Challapata, Condo,Popó y demas pueblos inmediatos, que el corregidor de Oruro habiaauxiliado al de Pária con armas y gente para castigarlos, desde aqueldia amenazaban la villa y el corregidor, protestando asolarla, y darmuerte á todos sus habitantes. Agregóse á esto, que un religiosofranciscano, llamado Fray Bernardino Gallegos, que á la sazon se hallabade capellan en los ingenios de D. Juan de Dios Rodriguez, solapando sumalicioso designio, decia habia oido, que los indios de Challapataestaban prevenidos para invadir á Oruro, y que el principal motivo quelos impelia, era saber que se hacia diariamente egercicio, por lo queconsideraba conveniente se suspendiese; pues sin mas diligencia queesta, se sosegarian los ánimos de aquellos rebeldes, porque suresentimiento nacia unicamente de aquella disposicion. El corregidor, yafué que no dió asenso á los avisos de aquel religioso, ó porquepenetrase su interior, no alteró sus providencias, de que nacieroncontinuos sobresaltos y cuidados: porque, resentido de esto, no cesó deesparcir en adelante funestas noticias, que amenazaban por instantes elinsulto ofrecido por los indios circunvecinos. En este conflicto sedudaba el medio que debia elegirse: no habia armas, ni pertrechos;hacíanse cabildos públicos y secretos; nada se resolvia por falta dedinero en la caja de propios, ó por decirlo con mas propiedad, por nohaber tal caja, porque hacia muchos años se habia apoderado de su fondoD. Jacinto Rodriguez. Tampoco podia acudirse á las cajas reales, porquelo resistian sus oficiales, alegando no serles facultativo extraercantidad alguna, sin órden espresa de la superioridad; y por últimorecurso, se pensó en que los vecinos contribuyesen con algun donativo,que tampoco tuvo efecto, por la suma pobreza en que se hallaban. Enestos apuros se manifestó el celo del tesorero D. Salvador Parrilla,dando de contado 2.000 pesos de sus propios intereses, para que seacuartelasen las milicias, y se previniesen municiones de guerra, entretanto se daba parte á la Audiencia, para que deliberase lo que tuviesepor conveniente. Con esta cantidad se dió principio á los preparativos;pusiéronse á sueldo 300

hombres: se nombraron capitanes y demasoficiales, para hacer el servicio: D. Manuel Serrano, formó una compañiade la mas infame chusma del pueblo, y nombró por su teniente á D.Nicolas de Herrera, de génio caviloso, que despues fué uno de los quemas sobresalieron en esta trágica escena.

Acuartelada así la tropa, se suscitaron muchas disenciones por la pocasubordinacion de los soldados, la ninguna legalidad en los oficialespara la suministracion del prest señalado, y otros motivos, que seoriginaban, mas por la disposicion de los ánimos, que por, lasfundadas quejas.

El dia 9, á las diez de la noche, salieron del cuartel algunos soldadosde la compañia de Serrano, pidiendo á gritos socorro á los demas; ypreguntada la causa, respondió en voz alta Sebastian Pagador:—

"Amigos,paisanos y compañeros, estad ciertos que se intenta la mas alevetraicion contra nosotros por los chapetones: esta noticia acaba decomunicárseme por mi hija; en ninguna ocasion podemos mejor darevidentes pruebas de nuestro amor á la patria, sino en esta: noestimemos en nada nuestras vidas, sacrifiquémoslas gustosos en defensade la libertad, convirtiendo toda la humildad y rendimiento, que hemostenido con los españoles europeos, en ira y furor, y acabemos de una vezcon esta maldita raza." Se esparció inmediatamente por todo el puebloeste razonamiento, y la mocion en que estaban las compañias milicianas,no descuidándose D. Nicolas Herrera en atizar el fuego, contando entodas partes con los colores mas vivos, que su malicioso intento pudosugerirle, la conjuracion de los europeos.

Sebastian Pagador habia sido muchos años sirviente en las minas de ambosRodriguez, y en aquella actualidad concurria á ellas por las tardes conD. Jacinto, donde este se ponia ébrio, mal de que adolecia comunmente.Entre otras producciones de la borrachera, salió con el disparate que elcorregidor le queria ahorcar, juntamente con sus hermanos, á D. ManuelHerrera y otros vecinos. El calor de la chicha, que tenia alterado áPagador, le hizo facilitar el asesinato que despues egecutaron,tratándolo con D. Nicolas de Herrera, sugeto muchas veces procesado porladrón público y salteador de caminos. A este no sola le constaba quemuchos de los europeos estaban acaudalados, sino que él y algunos de susinicuos compañeros vieron depositar muchas barras y zurrones de platasellada en cara de D. José Endeiza, á quien se le consideraba mas de50,000 pesos efectivos. Como este sugeto era tan amable, concurrian á sumesa muchos de sus amigos, tambien acaudalados, y acordaron que en tantose les proporcionaba trasladarse á Potosí, se juntasen todos con suscaudales á vivir en la casa donde se hallaba hospedado. La presa de tancrecido caudal fué el principal orígen de este desgraciado suceso. D.Nicolas Herrera, que deseaba mas que todos llegase el caso de egecutarel saqueo, publicaba en todas partes el razonamiento de Pagador, ycontinuando sus diligencias, entró en casa de D. Casimiro Delgado, que ála sazon estaba jugando con D. Manuel Amezaga, cura de Challacollo, ycon Fray Antonio Lazo, del Orden de San Agustin. Alborotáronse todos conla novedad, y resolvieron ir á avisar á los milicianos la desgracia quelos amenazaba: determinacion, á la verdad, impropia de aquellos sugetos,y que tiene muchos visos de sediciosa; porque sin reflexionar enconsecuencias pasaron al cuartel, llamaron al capitan D. BartolomèMenacho y á otros, y les dieron noticia de lo que sabian, haciéndoles laprevencion de que se guardasen. Con esto, y la voz de traicion de partede los europeos que Herrera habia esparcido por toda la villa, acudianen crecidas tropas al cuartel, las madres, mugeres y hermanas de los queestaban acuartelados: unas llevaban armas para que se defendiesen, yotras con las mas tiernas voces, pedian con lágrimas dejasen aquelrecinto. A esto añadian los soldados, incitados por Pagador, sepersuadiesen era cierta la conjuracion: los unos afirmaban que elcorregidor tenia prevenida una mina para volarlos repentinamente, otrosgritaban que no habia que dudar, porque tenia arrimadas escaleras paraasaltarlos de improviso por el corral de su casa. Todo era confusion,desórden y alboroto, sin el menor fundamento; porque la malicia de losseductores inventaba estas y otras especias sediciosas para conmover losánimos. De esta conformidad pasaron aquella noche en continuosobresalto, y luego que aclaró el dia 10, desampararon el cuartel: unosse dirigieron á sus casas, y otros reunidos por Pagador, se presentaroná D. Jacinto Rodriguez, protestando que como á su Teniente Coroneldebian comunicarle lo que se premeditaba contra ellos; que estabanprontos á obedecerle ciegamente, con lo que daban unas pruebas nadaequívocas de la subordinacion que le tenian: quien, al oir las quejas,les dijo que no volviesen al cuartel, y quedándose con algunos de mayorconfianza, les previno sigilosamente se amotinasen aquella noche, y lesadvirtió el modo con que lo habian de practicar.

Habia marchado dias antes al pueblo de Challapata Fray BernardinoGallegos, del Orden de San Francisco, con el pretesto de libertaralgunos soldados que llevó D. Manuel de la Bodega, los que se hallabanescondidos en casa del cura; pero su verdadero designio fué el deconvocar á los indios para aquel dia. En el mismo distribuyó D. Jacintoá sus negros, y algunos de sus criados por las estancias y pueblosinmediatos, para con la ayuda de estos, doblar sus fuerzas y lograr suintento; montó á caballo, se dirigió al Cerro de las Minas, donde juntóá todos los indios, mulatos y mestizos, que trabajaban en ellas, y lesdió la órden de que precisamente bajasen por el Cerro de Conchopata á lavilla, luego que anocheciese.

Todo se egecutó como estaba prevenido,empezando la bulla de los peones mineros en aquel lugar, á la horaseñalada. Para asegurar mejor la accion premeditada, andaba por lascalles y plazas un oficial de la compañia de Menacho, llamado D. JoséAsurdui, publicando era cierta la traicion del corregidor y europeos,con tanto descaro, que, obligó á uno de ellos á reconvenirle,diciéndoles: "Solamente un hombre de poco entendimiento podria proferireste disparate: Vd. se persuade que el corregidor, acompañado unicamentede 30 á 40 europeos, se consideren capaces de resistir y matar á mas de5,000 hombres que tiene la villa; esto fuera lo mismo que intentar unahormiga hacer frente á un leon." Pero como eran otros los principios deaquel motin, de nada sirvieron estas sólidas razones para contenerle,antes bien se aumentaron los corrillos en las esquinas de las calles yplaza pública, creciendo el cuidado, por haber encontrado un pedazo decarta de Fray Bernardino Gallego, en que avisaba á su hermano, FrayFeliciano, que indefectiblemente la noche del 10 seria invadida la villapor los indios Challapatas, pero que no tuviesen cuidado, que el fin eraquitar la vida al corregidor y oficiales reales. Tales indios noparecieron aquella noche, y averiguada la verdad, muchos dias despues sesupo no pensaron en venir por entonces, y que solo habia sido ardid paraaumentar el temor y la confusion.

A las 4 de la tarde mandó el corregidor tocar llamada, para que lasmilicias se juntasen; en efecto obedecieron, siendo muy pocos los quehicieron falta; pero con la circunstancia de no querer entrar en elcuartel, y si mantenerse divididos en trozos por las esquinas de laplaza, hablando entre ellos de la supuesta traicion, y lo que habian depracticar; y no descuidándose Pagador en su comision, recordó los hechosde José Gabriel Tupac-Amaru, apoyando su conducta contra el Soberano,las vejaciones que sufrian por el mal gobierno de sus ministros, losinsoportables pechos, que con motivo de la guerra con los ingleses,imponian á los pueblos, y otras razones eficaces para conducir losánimos al fin que se habia propuesto. El corregidor, procurabareducirlos, ya con suavidad, ya con amenazas; pero nada bastaba, y, solopudo conseguir le ofreciesen, se mantendrian en la plaza, esperando álos indios que amenazaban invadir la villa aquella noche: y para que noquedase medio que emplear, se convidó á dormir con ellos, y que cuandose verificase la conjuracion de los europeos, sacrificarian primero suvida antes que permitir pereciese ninguno de los soldados. Pero comofaltaba ya la razon, y empezaban á descubrir su mala intencion, lejos deproducir los buenos efectos que se prometia de esta sumisa oferta, solosirvió para que se insolentasen mas. Rogábales humildemente, y procurabadisuadirlos de las supuestas quejas con los europeos: decíales que todoera falso é inventado por la malicia de los que les persuadian locontrario; pero mas irritados con estos medios de suavidad, empezaron ámanejar sus hondas, ensayando el modo con que habian de usar de ellas.

Estas son las causas de donde se originó tan cruel rebelion contra laMagestad y los europeos; pero añadiré otra que á mi ver es el principalfundamento de este sangriento suceso. Hacian 10 años, que seesperimentaba un total atraso en las labores de minas; de modo que en laactualidad no habia una sola que llevase formal trabajo, ni pudieserendir á su dueño lo necesario para su conservacion y giro, siendo loúnico que sostenia el vecindario: cuya total decadencia puso á susmineros en tan lamentable constitucion, que los que se contaban porprincipales, y en otros tiempos poseian agigantados caudales, como eranlos Rodriguez, Herrera, Galleguillos y otros, se hallaban en un estadode inopia, descubiertos en muchos miles, así al Rey, como con otrosparticulares, sin poderlos pagar, ni seguir el trabajo de sus labores,por falta de medios. Los europeos, que eran los únicos habilitadores, yano querian suplirles cantidad alguna, y desesperados por no hallarremedio para socorrerse, y chancelar sus deudas, maquinaron estarebelion, que se hará dudosa á los tiempos venideros, por el conjunto demuertes, robos, sacrilegios, profanaciones y demas crueldades que seegecutaron.

Obligados los milicianos, de las muchas súplicas y persuasiones que seemplearon por varios sugetos, entraron en el cuartel, despues de laoracion del citado dia 10 de Febrero, no para permanecer en él comootras noches, sino solo para engañar á sus capitanes con aquellaaparente obediencia, y con la mira de que se les diese el prest que seles tenia asignado. Mientras se les pagaba, se oyeron por las calles yplazas, muchas voces y alaridos de muchachos y demas chusma, quienesdespidiendo piedras con las hondas, pusieron al pueblo en bastanteconsternacion. A este tiempo tocaron entredicho con la campana de lamatriz, segun se habia prevenido, para que todos se juntasen al puestoseñalado. Practicáronlo así, pero sin poder averiguar quien hubiesetocado, ni con que órden, lo que obligó al corregidor mandase apostaruna compañia en cada esquina de la plaza, por si hubiese algun inopinadoasalto. Cuando se estaban tomando estas y otras disposiciones paraprecaverse, se oyó el sonido de diferentes cornetas, que de uno á otroó estremo se correspondian, para confirmar la entrada de los indios; porlo que se dispuso que algunos saliesen para hacer un reconocimiento,quienes volvieron con la noticia, de que no habia nadie en aquellasinmediaciones, y averiguado el caso, se halló que los que tocaban lascornetas, eran dos negros de D. Jacinto Rodriguez, D.

Nicolas deHerrera, é Isidoro Quevedo, para que reunidos con esta novedad loseuropeos, les fuese mas fácil conseguir su desesperado intento.Asegurados estos, que nada habia que recelar de parte de los indios, setranquilizaron algo, y entraron á cenar juntos en casa de Endeiza. Peroal primer plato que se puso en la mesa, entró D. José Cayetano de Casas,derramando mucha sangre, de una peligrosa estocada, que le habian dadolos criollos, por haber resistido que entrasen por la esquina de lamatriz, que estaba guardando con su compañia, y al tiempo que referia sudesgracia y aseguraba era cierta la conjuracion de los criollos contraellos, oyeron que despedian desde la plaza millares de piedras hácia lacasa y balcones, y determinados á defenderse hasta el último estremo,tomaron las armas de fuego que tenian, para dispararlas contra losamotinados, y resistir su insulto: pero detúvolos el mismo dueño, D.José de Endeiza, sugeto de vida ejemplar, quien conociendo erainevitable la muerte de todos, les hizo el siguiente razonamiento, llenodel celo cristiano que le animaba. "Ea, amigos y compañeros, no hayremedio, todos morimos, pues se ha verificado ser la sedicion contranosotros: no tenemos mas delito que el ser europeos, y haber juntadonuestros caudales, para asegurarlos, á vista de los criollos. Cúmplaseen todo la voluntad de Dios, no nos falte la confianza de sumisericordia, y en ella esperemos el perdon de nuestras culpas: y puesvamos á dar cuenta á tan justo tribunal, no hagamos ninguna muerte, nillevemos este delito á la presencia de Dios, y así procuren Uds.disparar sus escopetas al aire, y sin pensar en herir á ninguno: quizáconseguiremos con solo el estruendo atemorizarlos, y hacer que huyan."De esta suerte con lágrimas en los ojos, tiraban de la conformidadprevenida, lo que comprueba no haber herido á ninguno de los criolloscon mas 200 tiros que dispararon, y aunque despues se quizo asegurar locontrario, fué una invencion de los autores del motin.

Enfurecidos los tumultuantes, y llenos de rabiosa cólera, unos despedianhondazos contra los balcones, y otros procuraban incendiar la casa. Lasmugeres se empleaban en acarrear piedras las mas sólidas y fuertes queencontraban en las minas, cuidando no faltase á los hombres estaprovision. Pasaban ya de 4,000 los amotinados, crecia el peligro de loseuropeos, encerrados en la casa de Endeiza, y se aguardaba por instantesfuesen víctima del populacho. Para evitarlo, salió de la iglesia de laMerced el Señor Sacramentado, cuya diligencia no sirvió de otra cosaque á aumentar el delito de aquellos bárbaros con el mayor sacrilegio:porque desprendidos de toda humanidad, faltaron tambien á la veneraciony respeto debido al Dios de los cielos y tierra, pues no hicieron casode su presencia real, y continuaron el asalto de la casa. El corregidor,antes que oyese tiro alguno, pasó á casa de D. Manuel de Herrera, y lerogó encarecidamente saliese con él por las calles á apaciguar eltumulto, para ver si con su respeto conseguia lo que no habia podidolograr despues de haber empleado muchos medios; á que le respondió noera ya tiempo, y siguió jugando tranquilamente con el cura de Sorasora,D. Isidoro Velasco, y otros, á quienes interesaba poco la consternacionen que estaba el pueblo. Viéndose el corregidor desengañado, ycerciorado que procuraban quitarle la vida, se vió precisado á emprenderla fuga para salvarla, y desde la misma casa de Herrera salió al campo,sin llevar prevencion alguna para el camino, y tomando el de Cochabamba,logró asilarse en la villa, capital de aquella provincia.

Continuaron los amotinados sus diligencias, y para que no desmayasen dela empresa, gritaban algunos por las calles:—"Ea, criollos y criollas,acarreen piedras para matar á los chapetones, pues ellos han sidonuestros enemigos:" y para irritar y conmover los ánimos, decian unasveces "ya le quitaron la cabeza á D. Jacinto Rodriguez:" otros, "hanmuerto 30 paisanos nuestros." Pero entre ellos quien sobresalia mas quetodos era D. Juan Montesinos, que decia á grandes voces:—"Vayan hombresy mugeres á mi casa, y saquen leña y paja para pegar fuego, y acabar conestos traidores chapetones:" lo que practicaran inmediatamente,incendiando los balcones y tienda principal, con lo que, obligados ásalir por los tejados aquellos infelices europeos, se pasaron á lascasas inmediatas. Luego que lo advirtieron, tomaron todas las avenidas,y no hallando otro recurso que el de salir huyendo por la puerta de lacalle: se resolvieron á egecutarlo, pero acometidos de un furioso tropelde criollos, los iban matando así como iban saliendo, hasta dejarlosdespedazados é inconocibles. Mientras los unos se ocupaban en estascrueldades, y en quemar la casa, otros juntamente con las mugeres,saqueaban las tiendas y viviendas altas, donde se atesoraron hasta700,000 pesos de los mismos europeos, y otros que, persuadidos lostendrian seguros, los depositaron en su poder, en las especies de oro,plata sellada, barras, piñas, efectos de Castilla y de la tierra:habiendo ya saqueado antes la tienda de un criollo, llamado PantaleonMartinez, con el pretexto de que era cómplice en el supuesto intento delos europeos, por cuyo motivo debia perder todos sus haberes, y morircon ellos.