Get Your Free Goodie Box here

Historia de la Literatura y del Arte Dramático en España -Tomo II by Adolfo Federico Conde de Schack - HTML preview

PLEASE NOTE: This is an HTML preview only and some elements such as links or page numbers may be incorrect.
Download the book in PDF, ePub, Kindle for a complete version.

COLECCIÓN

DE

ESCRITORES CASTELLANOS

——

CRÍTICOS

TIRADAS ESPECIALES

100 ejemplares en papel de hilo, del I al IOO.

25 "

en papel China, del I al XXV.

25 "

en papel Japón, del XXVI al L.

index-2_1.jpg

HISTORIA

DE

LA LITERATURA

Y D E L A R T E D R A M Á T I C O

EN ESPAÑA

POR

A D O L F O F E D E R I C O

CONDE DE SCHACK

traducida directamente del alemán al castellano

POR

EDUARDO DE MIER

TOMO II

MADRID

IMPRENTA Y FUNDICIÓN DE M. TELLO

IMPRESOR DE CÁMARA DE S. M.

ISABEL LA CATÓLICA, 23

1886

index-4_1.png

ÍNDICE.

CAPÍTULO XI.—CERVANTES

CAPÍTULO XII.—Comedias más antiguas de Cervantes.—

Sucrítica del teatro español.—Sus últimas comedias.

CAPÍTULO XIII.—Lupercio Leonardo de Argensola.—

Actoresy poetas dramáticos del último decenio del sigloXVI.—

Escrúpulos teológicos sobre las representacionesdramáticas.—

Autorización legal para la representaciónde las comedias.—

Ojeada general sobre el dramaespañol anterior á Lope de Vega.—Reseña histórica delos bailes nacionales españoles.

SEGUNDO PERÍODO.

EDAD DE ORO DEL TEATRO ESPAÑOL,DESDE 1590

HASTA PRINCIPIOS DEL SIGLOXVIII.

PARTE PRIMERA.

EL TEATRO ESPAÑOL EN TIEMPO DE LOPE DE VEGA.

CAPÍTULO PRIMERO.—Importancia política de Españaen este periodo.—Ciencias y letras españolas.—Ideaspolíticas predominantes.—Ideas religiosas.—La Inquisición.—

Susrelaciones con la literatura, y principalmentecon la dramática.

CAPÍTULO II.—Poesía española en general.—Ideas caballerescasde los españoles.—El honor castellano—

Tradicionesrománticas.—Influencia de la antigüedad.—

Creenciasreligiosas.—Fiestas religiosas y profanas.—Aficióná la poesía.

CAPÍTULO III.—Actividad poética de esta época.—

Elculteranismo.—Poesía lírica, prosa novelesca, libros decaballería, poesía épica.—Originalidad de las letras españolas.—Losteatros español é inglés.

CAPÍTULO IV.—Florecimiento del teatro español, yperíodos en que puede dividirse.—Desenvolvimiento deldrama por sí, á pesar de la indiferencia de los reyes.—Causasdeterminantes del desarrollo del drama.—Triunfode los elementos dramáticos nacionales.—Formasdramáticas; comedias; sus caracteres en España.

CAPÍTULO V.—Elementos épicos y líricos de la comedia.—

Versificación.—Versotrocáico de cuatro pies.—Romance.—

Redondilla.—Quintilla.—Octava.—Soneto.—Terceto.—

Lira.—Silva.—Endechasy otras combinaciones métricas.—

División de las comedias.—Errorescometidos en esta

materia.—Comedias de capa y espada,y de ruido.—Comedias de santos, divinas y humanas.—Burlescas.—Fiestas.—

Comediasde figurón.—Comediasheróicas.

CAPÍTULO VI.—Autos.—Autos sacramentales.—Autosal nacimiento.—Loas.—Entremeses.—Relaciones deviajeros franceses del siglo

XVII que asistieron á

representacionesdramáticas en España.

CAPÍTULO VII.—Decoraciones y tramoyas de los teatrosespañoles.—Trajes.—Aparato escénico en la

representaciónde autos.—Prohibición de espectáculos teatralesen 1598.—Su derogación en 1600.—Noticias

particularesde los teatros de esta época.

CAPÍTULO VIII.—VIDA DE LOPE DE VEGA.

CAPÍTULO IX.—Continuación y fin de la vida de Lopede Vega.

CAPÍTULO X.—Número de obras dramáticas de Lope.—

Su Arte nuevo de hacer comedias.

CAPÍTULO XI.—Caracteres generales de la poesía dramáticade Lope de Vega.

NOTAS

index-7_1.png

CAPÍTULO XI.

CERVANTES.

index-8_1.jpg

O es éste el lugar oportuno de referir prolijamente la vida de tangrande hombre, querido y admirado de toda Europa; pero tampoco nosparece justo hacerlo con superficialidad después de los concienzudostrabajos de Ríos, Pellicer, y sobre todo de Navarrete, que han derramadonueva luz sobre ella, y que son poco conocidos fuera de España[1]. Elobjeto de esta obra exige tan sólo extendernos cuanto nos sea dablesobre sus trabajos dramáticos; de los demás sucesos de su vida sólotrataremos más minuciosamente

en

los

casos

en

que

las

modernasinvestigaciones hayan revelado hechos desconocidos, ó subsanado antiguoserrores, tocando ligeramente los datos y noticias ya vulgares.

La familia de los Cervantes era de las más antiguas de España, yemparentada, según parece, con los reyes de León. Los individuos de estelinaje, ricos-hombres domiciliados al principio en Galicia,extendiéronse después por Castilla en la Edad Media, y desde losprimeros años del siglo XIII se encuentra frecuentemente en los analesde España el nombre de Cervatos, y Cervantes. Gonzalo de Cervantes,tronco de la línea á que pertenecía nuestro poeta, se distinguió en laconquista de Sevilla por San Fernando, y obtuvo algunos bienes aldistribuirse entre los vencedores las tierras de los moros. Uno de susdescendientes se casó con una hija de la casa de Saavedra, por cuyarazón muchos individuos de la de Cervantes añadieron aquel apellido alsuyo. También llegaron hasta el Nuevo Mundo ramas del tronco principal.

A principio del siglo XVI encontramos un Juan de Cervantes de corregidorde Osuna. Hijo de éste fué Rodrigo, que casó hacia el año de 1540 conDoña Leonor de Cortinas, dama noble de Barajas, presumiéndose conciertos visos de verosimilitud que era parienta de Doña Isabel deUrbina, primera mujer de Lope de Vega; coincidencia, en verdad, no pococuriosa, porque indica que además del lazo común de su merecida fama,había entre estos dos poetas otros de parentesco. De este matrimonionació primero un hijo, llamado Rodrigo, y después dos hijas, cuyosnombres fueron Andrea y Luisa. El último de todos fué Miguel, nuestropoeta, que, según testifican documentos auténticos, encontrados hacepoco, nació en Alcalá de Henares.

No se sabe el día, pero si que fuébautizado el 9 de octubre de 1547.

De su infancia sólo se conoce lo poco que él mismo dice. De su tempranaafición á las musas habla en el Viaje al Parnaso, cap. 4.º, cuandoindica que desde sus más tiernos años le agradó el arte suave de labella poesía. También cuenta que en su niñez vió representar á Lope deRueda, lo cual debió suceder en Segovia en el año de 1558, ó acaso mástarde en Madrid ó en alguna otra ciudad inmediata. Dedúcese de las obrasescritas en su edad madura, que este espectáculo impresionó vivamente aljoven Cervantes, y quizá proviniera de esta circunstancia su particularafición á la literatura dramática, que no le abandonó nunca. En sumocedad cursó dos años en la Universidad de Salamanca, como debíaconstar en los registros de matrícula de la misma. El concienzudoNavarrete no pudo, en verdad, hallarlos; pero las ingeniosas ydivertidas escenas de la vida y costumbres de los estudiantes de estaUniversidad, que se leen en El licenciado Vidriera, en La tíafingida y en la segunda parte del Don Quijote, demuestransuficientemente que sólo pudo trazarlas quien las vió y estudió por símismo. Es probable que pertenezca también á los recuerdos de esta épocael animado entremés, titulado La cueva de Salamanca.

D. Juan López de Hoyos parece haber sido el primero, que alentó al jovenpoeta en su carrera. A este famoso maestro, en cuya escuela recibióparte de su instrucción literaria, se le encargó que escribiese laspoesías para llorar la muerte de Isabel de Valois, en cuyo trabajo leayudó su discípulo. Al describir estas exequias, alaba el maestro áCervantes, autor de un soneto, una elegía y algunas redondillas, y lellama su querido y amado discípulo. Tenía entonces veintiún años.Lanzado una vez en esta senda poética, la prosiguió con celo, y, comodice en su Viaje al Parnaso, escribió innumerables romances, sonetos ádocenas, y es probable que también por este tiempo compusiera LaFilena, novela pastoril, sin duda á semejanza de las de Gil Polo yMontemayor. Estos trabajos de su juventud han desaparecido, á no suponerque entre los romances del Romancero general haya algunos suyos[2].

Pero el joven poeta, cuyos recursos pecuniarios nunca habían sidoabundantes, necesitaba una ocupación que proveyese mejor á susubsistencia, y por esta razón entró, sin duda, al servicio del cardenalJulio Acquaviva, que vino de legado pontificio á la corte de España en1568, acompañándole á Roma el mismo año.

Semejante posición no era enaquella época humillante, porque españoles nobles y principales no sedesdeñaban de servir á Papas y Cardenales, arrastrados por el deseo dever el mundo, por la protección que en ellos encontraban, y por laperspectiva de obtener pingües beneficios, que los reconciliaban con suestado. Las vivas impresiones que Cervantes recibió en esta largaperegrinación, se revelan hasta en sus últimas obras. En el Persiles viajan los dos peregrinos Periandro y Aristela por Valencia, Cataluña yla Provenza hasta Italia, ruta, que, al parecer, siguió él mismo,animando estos cuadros con sus propias observaciones. Cataluñaparticularmente debió gustarle más, porque en la Galatea, en la novelade Las doncellas y en Don Quijote, hace exactas descripciones delpaís y de sus costumbres.

Su residencia en Roma, por duradero que fuese su recuerdo, no fué larga.En El licenciado Vidriera, una de sus novelas, la llama dominadora delmundo y reina de las ciudades, y añade que así como de las garras delleón se deduce cuál es su fuerza y su grandeza, así se reconoce la deRoma por sus fragmentos de mármol, sus techos caídos y arruinados baños,sus magníficas columnatas y grandes anfiteatros, y por la corrientesagrada, cuyas

orillas

santifican

innumerables

reliquias

de

mártires,sepultados en sus olas.

Pronto trocó Cervantes su vida pacífica en la casa del prelado por laagitada de la milicia, pues si las armas, como él decía, ennoblecen átodos, realzan más principalmente á los de ilustre prosapia. Sentó,pues, plaza en los tercios españoles, que ocupaban entonces la Italia,residiendo de ordinario en Nápoles.

Aquí se embarcó en el año de 1571para Mesina, punto de reunión de las escuadras congregadas para defenderá la cruz contra la media luna. Sirvió de simple soldado en la compañíade Diego de Urbina; siguió á la flota aliada, mandada por D. Juan deAustria, á las aguas de Lepanto, y tomó parte activa en la batalla. Alcomenzar estaba enfermo de calenturas, y á los ruegos de su capitán ycompañeros de que permaneciese tranquilo en su lecho, replicó que élquería mejor morir por su Dios y su Rey que recobrar cobardemente lasalud, y solicitó de su capitán que le pusiese en el puesto de máspeligro. Concediósele lo que pedía, y peleó con sin igual bravura con latripulación del buque, que mató sola 500 turcos de la galera Almirantede Alejandría, y se apoderó de la bandera de Egipto. Cervantes,expuesto al fuego más vivo, fué herido por tres balas, dos en el pecho yuna en la mano izquierda, que después perdió por completo. En vez dequejarse de esta mutilación, la enseñaba siempre con orgullo, porqueprobaba su participación en el más glorioso suceso que vieron lospasados siglos y verán quizá los venideros[3]. El día 7

de octubre de1571 parece haber sido siempre el plácido recuerdo, que lo consolaba enlos muchos apuros y penalidades de su vida, puesto que hasta en susúltimos años dice en su Viaje al Parnaso, que, cuando extiende suvista por la desierta superficie de los mares, se le viene á la memoriala heróica hazaña del heróico D. Juan, en la cual él tomó parte, aunqueen un puesto inferior, con ardiente sed de militar renombre, varonilcoraje y noble corazón. Tal fué, en efecto, su valor, que cuando D. Juande Austria, al día siguiente de la batalla, recorrió toda la armada,distinguió particularmente á Cervantes y mandó que añadiesen á su sueldoun plus importante.

Sábese que la victoria no tuvo grandes resultados. El enemigo de lacristiandad se cercioró entonces de que su mejor aliado eran lasmezquinas discordias de los príncipes cristianos: Felipe II ordenó á suhermano que volviese con la armada á Mesina, en donde la victoriosaflota fué recibida con extraordinarias fiestas.

Cervantes pasó alhospital á curarse de sus heridas, y se quedó en Mesina, mientras casitodas las tropas se distribuían por el interior de Sicilia. En laprimavera del año siguiente se hizo de nuevo á la vela para elArchipiélago en el regimiento de Figueroa, y asistió á la batalla deNavarino; pero se frustró la expedición, y la flota volvió á Mesina ennoviembre.

El invierno inmediato se pasó en preparativos: la inesperada defecciónde los venecianos disolvió la liga, y se creyó que no era bastantefuerte el poder marítimo español para atacar sólo á los turcos, por cuyomotivo se proyectó una expedición contra Túnez. El objeto del Rey eraúnicamente destronar á Aluch-Alí y apoyar á Muley-Mahomet; pero D. Juande Austria, su general, esperaba fundar para sí un reino independienteen África, para lo cual se le había prometido el favor del Papa. Apenasllegó la flota á la Goleta, tanto los habitantes como la guarnición deTúnez abandonaron la ciudad y la fortaleza, y bastó un regimiento

deveteranos,

entre

los

cuales

se

hallaría

probablemente Cervantes, paraapoderarse de ambas. D. Juan construyó un nuevo fuerte, tomó á Biserta,y volvió á Sicilia con parte de sus tropas. La compañía en que estabaCervantes pasó á Cerdeña, permaneció en ella en el invierno de 1573 á1574 y marchó después á Génova, en donde habían ocurrido algunosdesórdenes. Para contenerlos vino D. Juan de la Lombardía, y supoentonces que los turcos se preparaban á reconquistar á Túnez y laGoleta; embarcó en Spezia, para Nápoles, parte de sus tropas (entre lascuales estaba Cervantes), y desde aquí se hizo á la vela hacia Túnez. Unhuracán casi echó á pique á su galera, y la arrastró de nuevo á la costaitaliana.

Mientras tanto, y después de esforzada resistencia, seperdieron Túnez y la Goleta, y se desvanecieron de este modo lasesperanzas de D. Juan. Cervantes permaneció en Sicilia á las órdenesdel duque de Sesa, aunque no tardó en dirigirse á España, ya por sunatural deseo de regresar á su patria, ya desalentado al ver el escasopremio que merecían sus servicios, con cuyo objeto pidió licencia en elverano de 1575.

Concediósele, en efecto, y honorífica en alto grado. D.Juan y el duque de Sesa le dieron cartas de recomendación para el Rey,en las cuales le rogaban que atendiese á los méritos de este hombredistinguido, que se había granjeado la estimación de iguales ysuperiores[4].

Bajo tan favorables auspicios se embarcó Cervantes en Nápoles en lagalera del Sol con su hermano Rodrigo; pero el regreso á su patria noera tan fácil como creían. La galera tropezó el 26 de septiembre de 1575con un corsario argelino, y fué apresada tras larga resistencia yllevada á Argel. Cervantes, al repartirse el botín, tocó en suerte alrenegado Dali-Mamí, el cual se alegró de que hubiese caído en sus manosun caballero tan distinguido como Cervantes, que llevaba una carta parael rey Felipe II, y con la esperanza de conseguir cuantioso rescate, loatormentó con malos tratamientos; pero el osado cautivo, en vez deacobardarse, formó el plan de recobrar su libertad y la de suscompañeros, y los animó á escaparse hacia Orán. Ya habían salido deArgel, cuando los descubrió el moro, que prometió llevarlos, y se vieronobligados á regresar á la cárcel y sufrir más duros tormentos[5].

Uno de los cautivos, que fué rescatado y volvió á España, participó á supadre la suerte de sus dos infelices hijos. El buen viejo empeñó enseguida sus escasos bienes, sin pensar que de esta manera quedabanreducidos á la mayor miseria él y toda su familia, y remitió al punto áArgel una suma no despreciable.

Entonces pudieron los hijos tratar de surescate; pero Dali-Mamí pidió tanto por Miguel de Cervantes, que ésteperdió la esperanza de salir del cautiverio y cedió su parte á Rodrigo,que consiguió la libertad en agosto de 1577. Rodrigo prometió, aldespedirse de sus compañeros, que haría cuanto pudiese para armar unafragata en Valencia ó las islas Baleares, desembarcar en las costasafricanas y libertar á su hermano y demás cautivos. Con dicho objetollevaba cartas de un esclavo español de la casa de Alba, que se hallabatambién en Argel. Largo tiempo hacía que Cervantes había trazado elsiguiente plan: en la costa, y al Occidente de Argel, había un jardín,perteneciente al alcaide Hassén, cuyo administrador, que era un esclavode Navarino, á ruegos de Cervantes, había puesto á disposición de loscautivos una cueva, situada en el extremo de dicha posesión, en donde sehabían ocultado muchos desde febrero de 1577. Poco á poco se aumentó elnúmero de los fugitivos, y en noviembre llegó también Cervantes,escapado de la casa de su amo y deseoso de reunirse á ellos. Cervanteshabía calculado bien la época en que debía aparecer por la costa ladeseada fragata, que llegó, en efecto, el 28 de septiembre, y se mantuvooculta de día; se acercó por la noche al jardín, é hizo á los cautivosla señal convenida.

Pero al mismo tiempo levantaron el grito algunosmoros, que por casualidad estaban cerca; se retiró la fragata, y pocodespués hizo otra tentativa de desembarco, más desgraciada que laprimera, y cayó en poder de los moros.

Cervantes y sus compañeros esperaban mantenerse ocultos en la cuevahasta que se les presentase nueva ocasión para escaparse; pero unrenegado, por nombre el Dorado, que estaba desde el principio en elsecreto, lo reveló al rey Hassán, que creía tener derecho á todos losesclavos, y aprovechó ansioso esta coyuntura para llenar con ellos suscárceles. Un destacamento de soldados sitió el jardín del alcaideHassén, penetró en la cueva, y se apoderó de los fugitivos. Cervantesdeclaró en el acto que él solo era culpable, y que había seducido á losdemás para que huyesen. Confesado esto, fué llevado con cadenas á lapresencia del Rey, después de sufrir los improperios y malostratamientos de la soldadesca y las burlas del populacho turco. El Rey,ya empleando la astucia y palabras lisonjeras, ya tremendas amenazas,intentó arrancarle el descubrimiento de los demás culpables, con elobjeto de complicar en este asunto al P. Jorge Olivar, encargado de laredención de esclavos por la corona de Aragón. Cervantes se mantuvoinflexible, y sólo sostuvo que él era el único culpable.

Mientras tanto castigó duramente á los fugitivos el alcaide Hassén,comenzando por ahogar con sus propias manos al jardinero. Igual suertehubiera cabido á Cervantes y á sus amigos, si la codicia del Rey nosuperase á su crueldad. La esperanza de cobrar su rescate salvó la vidaá los cautivos, pero los encerraron en una horrible cárcel y losatormentaron sin piedad ni mesura. La descripción que hace el P. Haedode esta prisión y de las crueldades del rey Hassán, nos llenan deespanto.

La cárcel en que estaba Cervantes era la peor de todas las deArgel.

En esta situación desconsoladora, testigos diarios de los tormentos ósuplicios de sus compañeros, y esperando á cada momento igual suerte, seesforzaban los míseros cautivos, casi todos españoles, en olvidar sudesdicha, recordando sin cesar su amada patria, y bailando ydivirtiéndose como si estuvieran en ella. Animábanse al oir las hazañasde sus antepasados, que cantaban

alternadamente,

repitiendo

conocidosromances;

celebraban las santas fiestas de su religión, y se solazabancon representaciones dramáticas. Tan general era la afición al dramanaciente, que convirtieron en teatro una mazmorra obscura de esclavos;tanto habían penetrado las comedias de Lope de Rueda en el corazón delpueblo, que, separados de su país largos años, sabían recitar sus trozosmás bellos[6]. Otra relación hubo también entre las cárceles de Argel yel teatro español. En ellas concibió Cervantes el plan de dos dramas,que pintan los sufrimientos de los cautivos cristianos, cuyos dramas,imitados primero por Lope de Vega en sus Cautivos de Argel, dieronorigen á una serie de composiciones análogas.

El mal éxito de su primera tentativa para alcanzar la libertad no habíaabatido á Cervantes; al contrario, la desgracia lo excitaba más ádesearla, si es cierto que la libertad, como él indica, es el don másprecioso que el cielo concedió á los hombres, y por ella, lo mismo quepor el honor, se puede y se debe aventurar la vida, y que la prisión, encambio, es el mayor mal que puede suceder al hombre. Pudieron persuadirá un moro que llevase cartas de Cervantes al gobernador de Orán paraprobar de nuevo, si era posible, librarse á sí mismo del cautiverio y áotros tres compañeros. Pero el rey Hassán descubrió el proyecto, empalóal mensajero y condenó á Cervantes á 2.000 azotes en castigo de haberescrito la carta. Esta última sentencia no se ejecutó, sin embargo,gracias á los empeños que hubo en favor del noble cautivo; y tandesusada clemencia es en alto grado inexplicable, atendiendo á que almismo tiempo otros tres españoles perdieron la vida por un delitosemejante, y sólo se comprende por la impresión que los caracteresgrandiosos hacen hasta en los hombres más bárbaros.

Otro nuevo plan, más vasto que los precedentes, trazado en septiembre de1579, fué descubierto por un monje dominicano.

Hassán, para coger infraganti á los cautivos, fingió no saber nada; pero los cristianossospecharon pronto que su proyecto era conocido. Un mercader valenciano,residente en Argel, que les prometió su ayuda, y que temió entonces porsu vida y sus bienes, hizo cuanto pudo para decidir á Cervantes á huir átoda prisa en un barco, temeroso de que el rigor de los tormentos learrancase la confesión de su complicidad; pero éste, que ya se habíaescapado de la cárcel y estaba oculto en casa de un amigo, no consintióen salvarse solo y dejar á sus compañeros expuestos al peligro; seesforzó en calmar las inquietudes del mercader, y le juró que ni lamuerte ni los tormentos le obligarían nunca á declarar. Mientras tantose pregonó en las calles de Argel un bando del sultán para descubrir alesclavo Cervantes, condenando á muerte á cualquiera que lo encubriese.Entonces resolvió

el

cautivo

librar

á

su

amigo

de

tan

tremendaresponsabilidad, y se presentó al Rey. Éste, para amedrentarlo, ordenóque le pusiesen una soga al cuello y que le atasen las manos á laespalda, y le propuso después, como único medio de salvación, eldescubrimiento de sus cómplices.

Cervantes, sin inmutarse, sostuvo queél solo había intentado huir, y declaró cómplices á cuatro españoles,que se habían rescatado poco tiempo antes. Las súplicas de un renegado,amigo de Cervantes, movieron una vez más al Rey á perdonarle la vida;pero lo llevaron á la cárcel del palacio, le pusieron grillos y esposasy lo celaron con más rigor.

Aunque parezca novelesco, no es menos cierto, si merecen fe testimoniosirrecusables, que Cervantes trazó entonces un nuevo plan, más atrevidoaún que los anteriores[7]. Su objeto era promover un levantamiento detodos los esclavos de Argel, y apoderarse de la ciudad para entregarla áFelipe II; y á pesar del cuidado con que se le guardaba, encontró mediode plantear su propósito. No se sabe con certeza ni hasta dónde llegó,ni si se descubrió al cabo, ni por qué medios. Lo que sí consta es queel rey Hassán miraba á Cervantes como al más osado y emprendedor de susesclavos, y como al único de quien todo podía temerlo. Solía decir quepara tener seguros sus esclavos, sus buques y su capital, era necesariovigilar con esmero al español estropeado. Á pesar de todo, lo trató consingular moderación. El mismo Cervantes dice que sólo un soldadoespañol, llamado Saavedra, escapó bien con él, pues aunque por obtenersu libertad hizo tales cosas, que durarán largo tiempo en la memoria delas gentes, sin embargo, ni lo maltrató, ni mandó atormentarlo, ni ledijo una mala palabra, cuando todos, y él el primero, temían á cadainstante que por la menor cosa que acometió lo hubiese empalado.

Mientras hacía Cervantes tantas y tan inútiles tentativas para alcanzarsu libertad, trabajaban sus parientes en Madrid con igual objeto.Completaron sus recursos acudiendo á la generosidad del Rey, yarecordando sus méritos los compañeros de armas del cautivo, yaaprovechándose de la carta de recomendación de