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Filosofía Fundamental Tomo II by Padre Jaime Luciano Balmes - HTML preview

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Sabemos que despues de experimentada la sensacion de tacto con que nosparece que un cuerpo tupido cubre nuestros ojos, no vemos; y por mas quequeramos no es imposible producir en nosotros la sensacion que llamamos

ver

; al contrario, en quitándose la sensacion del contacto del cuerpotupido, y en hora y lugar correspondientes, nos es imposible dejar deexperimentar la sensacion de ver diferentes objetos; esto prueba que enesta parte nosotros estamos sometidos á una necesidad; pero tambienprueba que el ser que nos causa las sensaciones está sujeto á unanecesidad semejante, ya que puesta la condicion de tapar los ojos, una ymil veces á nuestro capricho, desaparece tambien una y mil veces lasensacion; y dada la condicion de tenerlos destapados y abiertos en unlugar iluminado, y de repetir una y mil veces la prueba á nuestrocapricho, una y mil veces se presenta tambien la sensacion: la misma, silo dejamos todo en el mismo estado; variada conforme á nuestro gusto, sivariamos de lugar, ó varian los objetos que en él haya.

Luego existen fuera de nosotros un conjunto de seres sometidos á leyesnecesarias, los cuales producen nuestras sensaciones.

[34.] Es tambien de notar que la influencia que ejercen sobre nosotrosno solo no dimana en ellos de eleccion ni espontaneidad, sino que ni aunse presentan como dotados de actividad propia. El cuadro que está en lapared me producirias mil veces una misma sensacion, si mil veces fijo lavista en él; y salvo el deterioro del tiempo, estaria produciendo lamisma por toda la eternidad.

Es evidente además, que dichos seres están sujetos á nuestra accion;pues aplicándolos de diferentes maneras somos dueños de hacerlesproducir impresiones diferentes. Estoy tocando una bola, y lacontinuidad de la sensacion de un cuerpo liso, duro y esférico, measegura de que es uno mismo el ser que la produce durante cierto tiempo;y no obstante, en este intervalo, con la vista recibo del mismo objetosensaciones muy varias, presentándole á la luz de diferentes maneras.

[35.] La sujecion de estos seres á leyes necesarias, no es precisamentecon respecto á las sensaciones, sino que mas bien es un enlace quetienen entre sí. La conexion de las impresiones que de ellos recibimos,es efecto de la dependencia que unos tienen con respecto á otros: desuerte que para producir una impresion determinada, empleamos muchasveces un objeto, que no sirve para ello, si se le considera en sí, peroque nos proporciona lo que deseamos poniendo en accion á otro. Eldescorrer una cortinilla nada tiene que ver con un magnífico paisaje; ysin embargo muchas veces no hacemos mas cuando queremos proporcionarnosla agradable vista: la relacion á que entonces atendemos no es la de lassensaciones sino la de sus objetos: la conexion que tienen estos es laque nos induce á valernos del uno para conseguir el otro.

Luego hay fuera de nosotros un conjunto de seres sometidos á leyesfijas, tanto con respecto á nuestras sensaciones como entre sí: luegoexiste el mundo externo; luego el interno que nos le representa, no esuna pura ilusion.

CAPÍTULO VII.

ANÁLISIS DE LA OBJETIVIDAD DE LAS SENSACIONES.

[36.] El mundo externo, ¿es tal como nosotros nos le figuramos? Estosseres que nos causan las sensaciones, y que llamamos

cuerpos

, ¿son enrealidad lo que nosotros creemos? Despues de demostrada la existencia dedichos seres, y su necesaria sujecion á leyes constantes, ¿no podemosdudar todavía de si hemos demostrado la existencia de los cuerpos?¿Basta para este objeto, el haber probado que existen seres externos, enrelacion con nosotros y entre sí, por medio de leyes fijas y necesarias,independientes de ellos y de nosotros?

[37.] Para comprender á fondo esta cuestion, será convenientesimplificarla, reduciéndola á un solo objeto.

Tengo á mi vista y en mi mano una manzana. Por lo demostrado mas arriba,estoy cierto de que existe un ser externo, relacionado con otros seres ycon el mio por leyes necesarias; estoy cierto que de él me vienendiferentes impresiones: veo su color, figura y tamaño; percibo su olor,experimento su sabor; siento en la mano su magnitud, su peso, su figura,sus concavidades y convexidades, y oigo tambien el leve ruido quedespide cuando la manoteo.

La idea de cuerpo es una idea compuesta; por manera que la de la manzanaserá: la de una cosa externa, extensa, colorada, olorosa y sabrosa.Siempre que se reunan estas circunstancias, esto es, siempre que yoreciba de un objeto las mismas impresiones, diré que tengo á la vistauna manzana.

[38.] Examinemos ahora hasta qué punto corresponde el objeto á lassensaciones que nos causa.

¿Qué entendemos significar cuando decimos que es una cosa sabrosa? Nadamas sino que nos produce en el paladar una impresion agradable: lopropio se verifica con respecto al olfato. Luego las dos palabrasolorosa y sabrosa, solo expresan la

causalidad

de estas sensaciones,residente en el objeto externo. Tocante al color, se puede afirmar lomismo; porque si bien comunmente transferimos la sensacion al objeto ynos ponemos en cierta contradiccion con la teoría filosófica del color yde la luz, esta contradiccion no es mas que aparente; pues en el fondo,bien examinado el juicio, solo consiste en referir la impresion áobjetos determinados; por manera que cuando por primera vez oimos en lascátedras de física que los colores no están en el objeto, fácilmente nosacostumbramos á conciliar la teoría filosófica con la impresion delsentido; pues al fin esa teoría no altera la verdad de que tales ócuales impresiones nos vienen de estos ó aquellos puntos de losdiferentes objetos.

[39.] En esta parte, no es difícil explicar los fenómenos de lassensaciones, ni la correspondencia de ellas con los objetos externos;porque para salvar esta correspondencia basta que ellos sean realmentela causa (ú ocasion) de las mismas. No es tan fácil la tarea en lotocante á la extension; pues esta propiedad es como la base de todas lasotras sensibles: y prescindiendo de si constituye ó nó la esencia de loscuerpos, lo cierto es que nosotros no concebimos cuerpo donde no hayextension.

[40.] Se palpará la diferencia que va de la extension á las demáscalidades sensibles con la observacion siguiente. Cuando no hemospensado jamás en la relacion de los objetos externos con nuestrassensaciones, tenemos no sé qué confusion sobre estos puntos; y el color,el olor, el sabor y hasta el sonido, los transferimos en cierto modo álos mismos objetos, considerando confusamente estas cosas como calidadesinherentes á ellos. Así el niño y el rústico creen que el color verdeestá realmente en las hojas, que el olor está en la rosa, el sonido enla campana, el sabor en la fruta. Pero es fácil de notar que este es unjuicio confuso de que no se dan cuenta á sí mismos con toda claridad;juicio que puede ser alterado y aun destruido, sin destruir ni alterarel conjunto de las relaciones de nuestros sentidos con los objetos. Así,aun en edad muy tierna, nos acostumbramos con facilidad á referir elcolor á la luz, y hasta á no fijarle en esta definitivamente, sino ámirarle como una impresion producida en nuestro sentido por la accion deeste agente misterioso. El olor tampoco nos cuesta trabajo considerarlecomo una sensacion dimanada de la accion de los efluvios de un cuerposobre el órgano del olfato; así como el sonido dejamos de considerarlecual una cosa inherente al cuerpo sonoro, y no vemos en él mas que laimpresion causada en el sentido por la vibracion del aire, conmovido ásu vez por la vibracion del cuerpo sonoro.

Estas consideraciones filosóficas que á primera vista nos parecian estaren contradiccion con nuestro juicio, no alteran para nosotros el mundoexterno; no causan un trastorno en las ideas que nos formamos de él;solo nos hacen fijar mas la atencion en algunas relaciones quedeslindábamos mal; y no nos permiten atribuir á los objetos, mas de loque tienen en realidad. Nos hacen limitar el testimonio de los sentidosá la esfera que les pertenece, rectifican en algun modo los juicios quehabíamos formado; pero el mundo continúa siendo el mismo que antes; soloque los encantos de la naturaleza, los hemos encontrado en mas íntimarelacion con nuestro ser, notando que en ellos tienen mas parte nuestraorganizacion y nuestra alma de lo que nos habíamos imaginado.

[41.] Pero destruyamos la extension, quitemos á los objetos externosesta calidad, finjamos que ella no es mas que una simple sensacion, sinque sepamos otra cosa sino que hay un objeto que nos la causa, y desdeentonces, el mundo corpóreo desaparece. Todo el sistema del universo sereducirá á un conjunto de seres que nos causan diferentes impresiones;pero quitada la extension ya no nos formamos idea del cuerpo, ya nosabemos si todo lo que hemos pensado sobre el mundo es algo mas que unapura ilusion. Yo me resigno fácilmente á deshacerme de lo que creia enmi infancia de que el color que veo en mi mano esté en ella, de que elruido que hace al chocar con la otra esté en ella; pero no puedo deningun modo privarla de la extension; no puedo imaginar que la distanciade la palma al extremo de los dedos no sea mas que una pura sensacion,de que solo haya un ser que me la cause, sin saber si en la realidadesta distancia existe. A la fruta que encuentro sabrosa, le quito sinmucho trabajo los honores del sabor; y considerándola filosóficamente,no tengo inconveniente en admitir que en ella no hay nada semejante áeste sabor, y sí tan solo, que está compuesta de tal suerte que afectael órgano del paladar de la manera conveniente para que yo reciba lasensacion agradable; pero no puedo quitar á la fruta su extension, nopuedo de ningun modo considerarla como una cosa indivisible; no me esdable mirar las distancias de uno á otro punto de ella como merassensaciones. Cuando me esfuerzo por contemplar como indivisible en sí elobjeto sabroso, me esfuerzo en vano; y si por un momento me parece quellego á vencer el instinto de la naturaleza, todo se me trastorna: conel mismo derecho que hago de la fruta una cosa indivisible lo hago deluniverso; y el universo indivisible no es para mí el universo; miinteligencia se confunde, todo se aniquila al rededor de mí: sufro algomas que la vista del caos; el caos se me presenta al menos como algunacosa, bien que con horrible confusion de elementos en espantosastinieblas; pero ahora sufro algo mas, pues el universo corpóreo, talcomo le habia concebido, vuelve á la nada.

CAPÍTULO VIII.

Sensacion de la Extension.

[42.] Dos sentidos perciben la extension; la vista y el tacto; el olor,el sabor, el sonido, andan acompañados de la extension, pero son cosamuy diferente. La vista no percibe nada que no sea extenso; la extensiones de todo punto inseparable de dicha sensacion. Embebidos en unadeliciosa armonía de muchos instrumentos, podremos saborearnos en lapercepcion de los sonidos hasta olvidarnos de la extension de losinstrumentos, del aire, y de nuestros órganos: pero al contemplar uncuadro, aun en medio del entusiasmo mas ardiente, no puede desaparecerla extension. Si de la transfiguracion

de Rafael quitamos laextension, la maravilla desaparece; porque en la esencia de ella, aunconsiderándola como simple fenómeno de nuestra alma, entran pornecesidad la continuidad y las distancias.

Lo propio se verifica con respecto al tacto, bien que nó con tantageneralidad. La dureza ó la blandura, la aspereza ó la lisura, laangulosidad ó la rotundidad traen consigo la extension: pero no puedenegarse que hay ciertas impresiones de tacto, en las que no es tan claroque vayan acompañadas de ella. El agudo dolor de una punzada, y otrosque se sienten sin causa exterior conocida, no se refieren con tantaclaridad á la extension, y parecen tener algo de aquella simplicidad quedistingue las impresiones que nos llegan por el conducto de otrossentidos.

Como quiera, es cierto que el percibir la extension pertenece de unamanera particular á la vista y al tacto.

[43.] Para formarnos ideas claras sobre la extension en sus relacionescon la sensacion, la analizaremos con algun detenimiento.

En primer lugar es digno de notarse que la extension envuelvemultiplicidad; un ser extenso es por necesidad un conjunto de seres:estos se hallarán mas ó menos unidos entre sí, por medio de un vínculoque los hará formar un todo: pero esto no quita que ellos no seanmuchos. Un hermoso cuadro donde domina la unidad de pensamiento delartista, no deja de ser un compuesto de muchas partes; el vínculo

moral

que las une, no las identifica; solo las enlaza, las ordena, lashace concurrir á un fin. La firmísima adhesion que entre sí tienen lasmoléculas de que está formado el diamante, no hace que estas moléculasno sean distintas: el vínculo material las une, no las identifica.

Sin multiplicidad pues, no hay extension; donde hay extension, no hayun ser solo, en todo el rigor de la palabra, sino muchos.

[44.] Pero la multiplicidad no constituye la extension, porque puedeexistir la primera sin la segunda. La multiplicidad de sonidos no formala extension, la multiplicidad de sabores ni de olores tampoco: nosotrosconcebimos multiplicidad de seres de diferentes órdenes así en el mundomaterial, como en el moral y en el intelectual, sin que se envuelva enesa multiplicidad la idea de extension. Aun limitándonos al órdenpuramente matemático, encontramos multiplicidad sin extension en lascantidades aritméticas y algebráicas. Luego la multiplicidad, si bien esnecesaria para constituir la extension, no basta ella sola paraconstituirla.

Reflexionando sobre la especie de multiplicidad requerida para formar laextension, notaremos que ha de andar acompañada de la continuidad. Lassensaciones así de vista como de tacto, envuelven la continuidad: puesni me es posible ver ni tocar, sin que reciba la impresion de objetoscontinuos, inmediatos los unos á los otros, coexistentes en su duraciony que á un mismo tiempo se me ofrecen como continuados unos con otros enel espacio. Sin esta continuidad, la multiplicidad no constituye laextension. Así por ejemplo, si tomo cuatro ó mas puntos en el papel enque escribo, y por una abstraccion los considero indivisibles, estamultiplicidad no me constituye la extension: necesito unirlos por mediode líneas, cuando menos imaginarias; y á falta de continuidad del cuerpoen que los suponia situados, me será preciso valerme de la continuidaddel espacio: es decir, mirar este espacio como un conjunto de puntos,cuya continuacion enlaza los primeros. Por mas esfuerzos que haga no meserá posible considerar como extension un conjunto de puntosindivisibles no continuos, ni unidos por líneas: aquel conjunto serápara mí como si fuera de otros seres, que nada tuviesen que ver con laextension. Y es digno de notarse, que si les doy un lugar determinado enel espacio, es tambien enlazándolos por medio de líneas imaginarias conotros puntos: pues nó de otra manera puedo concebir distancias, nisituacion en el espacio. Que si de todo esto quisiese prescindir,entonces ó paso á la nada intelectual, es decir aniquilo toda idea delobjeto, ó me traslado á otro órden de seres que ninguna relacion tenganni con la extension ni con el espacio. Habré dejado la materia y lassensaciones, y me habré remontado á la region de los espíritus.

[45.] Luego la multiplicidad y la continuidad son necesarias paraconstituir la extension. ¿Y bastan estas dos condiciones? creo que sí;pues donde ellas existen, existe la extension: con ellas dos solas,enteramente solas, nos formamos la idea de la extension. El objeto de lageometría es la extension; y en ella solo entran multiplicidad ycontinuidad. Las líneas, las superficies, los volúmenes, tales como sonobjeto de la geometría, prescinden de todo lo que no sea esacontinuidad, mirada en su mayor abstraccion. Por esto le basta elespacio vacío; ó mejor se diria, que por esto exige el espacio vacío;pues que cuando hace la aplicacion á los cuerpos, no encuentra toda laexactitud que hallaba en la continuidad en abstracto.

[46.] Si la multiplicidad y la continuidad en el espacio constituyen laextension, esta existe realmente en los objetos que nos causan lassensaciones. Ya he demostrado que á estas les corresponden objetosexternos, fundándome en la relacion misma de los fenómenos entre sí, ycon las causas que los producen: es así que esta relacion existe tambiencon respecto á la multiplicidad y á la continuidad, luego estas dospropiedades se hallan realmente en la naturaleza. Las impresiones querecibimos por la vista y el tacto, aun limitándonos á un solo objeto,son múltiplas y por tanto corresponden á muchos objetos; son continuas ypor lo mismo corresponden á objetos continuos.

Aclararé algo mas esta razon. Mi vista fijada sobre un cuadro recibe unaimpresion que le viene de muchos puntos diferentes; siendo de notar queesta impresion resulta sin interrupcion en toda la superficie que se meofrece. Si como llevo demostrado, la vista de un punto externo me bastapara convencerme de su existencia, la de muchos me bastará para estarseguro de la de muchos; y la continuidad de la impresion me cercioratambien de la continuidad de los puntos imprimentes.

Si toco un objeto visto, el tacto me confirma el testimonio en la parteque á él le corresponde, es decir la multiplicidad y la continuidad.Experimento la misma sucesion continuada de sensaciones, lo que meindica la existencia y la continuidad de los objetos que las causan.

[47.] En resúmen: la extension supone la coexistencia de muchos objetos,pero de tal suerte que estén unos á continuacion de otros; de ambascosas nos aseguran las sensaciones: luego el testimonio de los sentidosbasta para estar ciertos de que hay objetos extensos, y puedenproducirnos varias impresiones. Estas ideas contienen cuanto encerramosen la idea de cuerpo: luego el testimonio de los sentidos nos cerciorade la existencia de los cuerpos.

CAPÍTULO IX.

OBJETIVIDAD DE LA SENSACION DE EXTENSION.

[48.] Probado ya que el testimonio de los sentidos es suficiente paraasegurarnos de la existencia de los cuerpos, veamos hasta qué punto sonexactas las ideas que de los mismos nos hace formar. No basta saber quepodemos estar seguros de la existencia de la extension, es precisoinvestigar si ella es en realidad tal cual nos la presentan lossentidos; y lo que digo de la extension puede aplicarse á las demáspropiedades de los cuerpos.

En mi concepto, la única sensacion que nosotros trasladamos al exterior,y que no podemos menos de trasladar, es la de extension; todas las otrasse refieren á los objetos, solo como efectos á causas, nó como copias áoriginales. El olor, el sabor, el sonido, no nos representan nada quesea parecido á los objetos que los causan; pero la extension sí: laextension la atribuimos á los objetos, y no podemos concebirlos sinella.

El sonido fuera de mí, no es sonido; no es mas que una simplevibracion del aire, producida por la vibracion de un cuerpo; el saborfuera de mí, no es sabor; no es mas que un cuerpo aplicado á un órgano,y que le causa una modificacion, mecánica ó química; y lo propio severifica con el olor. Aun en la luz y los colores, fuera de mí, no haymas que un flúido que cae sobre una superficie, y que directa óreflexamente, llega ó puede llegar á los ojos; pero la extension fuerade mí, independientemente de toda relacion con los sentidos, esverdadera extension, es algo cuya existencia y naturaleza no necesitande mis sentidos. Cuando yo la siento, ó cuando me la imagino, hay entremis impresiones y ella, algo mas que la relacion de un efecto á unacausa: hay la representacion, la imágen interior, de lo que existe enlo exterior.

[49.] Para que se comprenda perfectamente y se sienta con viveza laverdad de lo que acabo de asentar, voy á ofrecer al lector un cuadro delcual se vayan eliminando sucesivamente determinadas sensaciones,haciéndole notar el grado de eliminacion á que se puede llegar y delcual no se pasa.

Supongamos que todos los animales pierden de una vez el sentido delpaladar, ó que todos los cuerpos de la naturaleza son destituidos de lapropiedad de causar por su contacto con un órgano, la sensacion quellamamos sabor. A pesar de esto el mundo externo existe como antes. Losmismos cuerpos que nos causaban las sensaciones ahora perdidas,continuarán existiendo y podrán ser aplicados al mismo órgano que antesafectaban, causando en aquella parte las sensaciones del tacto, como deblando ó duro, frio ó caliente, ú otras semejantes. O los cuerpossabrosos ó los órganos animales habrán sufrido alguna mudanza, con laque se ha cortado la relacion que antes tenian: se nota que una causaque antes producia un efecto, es ahora impotente para producirle. Estopuede haber acontecido por una modificacion de los cuerpos, que en nadaaltera su naturaleza, en cuanto nosotros la concebimos; y tambien esposible que sin haberse mudado ellos, haya sobrevenido esta diferenciacon sola la alteracion de los órganos. Pero en todo caso, ladesaparicion de la sensacion, no ha hecho desaparecer del universo nadasemejante á ella; si la alteracion se ha verificado solo en los órganos,los cuerpos exteriores quedan intactos: y si ha tenido lugar en loscuerpos, esta alteracion les ha hecho perder una propiedad causante

dela sensacion, mas nó una propiedad

representada

por la sensacion.

Ya hemos privado á los alimentos de todos sus sabores: el universoexiste como antes: privémosle de sus olores, alterando los cuerposodoríferos, ó el órgano del olfato. ¿Qué resultará? lo mismo que hemosnotado con respecto al sabor. Los cuerpos odoríferos continuaránexistiendo, y hasta enviando á nuestro órgano los efluvios que antesproducian la sensacion del olor; no habrá mas novedad que la noexistencia de esta sensacion: faltará en nuestros órganos la disposicionpara recibir la impresion necesaria, ó habrá desaparecido del universouna causalidad: mas nó una cosa representada por la sensacion. Losjardines no serán despojados de su belleza simétrica, los prados de sulozanía y verdor: el árbol ostentará su frondosa copa, y el hermosofruto continuará pendiente de las ramas mecidas por el viento.

Prosigamos en nuestra tarea destructora, ensordeciendo de repente átodos los animales. Los músicos de los conciertos se convertirán enactores de una silenciosa pantomima; el campanero tirando de la cuerda,hará dar vueltas al metal mudo; las conversaciones se reducirán ágestos orales; los gritos de los brutos, no serán mas que abrir y cerrarbocas; pero el aire vibrará como antes; sus colunas vendrán á herir eltímpano como antes; todo existirá como antes: nada faltará en eluniverso sino una sensacion. El rayo brillará en los aires, los riosproseguirán en su magestuosa carrera, los torrentes se precipitarán conla misma rapidez, la soberbia cascada saltará del altísimo risco,desplegando sus variados lienzos, y sus espumantes oleadas.

Vamos por fin á cometer la mayor de las crueldades: ceguemos en unmomento á todos los vivientes que hay sobre la tierra, y aun á todos losque pueda haber en los astros. El sol continúa esparciendo sus inmensasmadejas; ese flúido que llamamos luz, refleja en las superficies, serefringe segun los cuerpos que atraviesa, y llega á las retinas de losojos antes videntes, ahora convertidas en insensibles membranas,colocadas tras un cristal; pero todo eso que se llama color y sensacionde luz, todo ha desaparecido. Sin embargo el universo existe todavía: ylos cuerpos celestes prosiguen recorriendo como antes sus órbitasinmensas.

Como la sensacion de la luz y de los colores, nos es mas difícilabstraerla de los objetos; ó en otros términos, como tenemos ciertapropension á imaginar que efectivamente existen fuera de nosotros lasimpresiones que no están mas que en nosotros, considerando la sensacioncomo una representacion de lo exterior, es algo mas costoso el concebirque cegados todos los vivientes, no queda nada de lo que nos representanestas sensaciones, y sí únicamente un flúido que refleja en ciertassuperficies, ó que atraviesa por los demás cuerpos, ni mas ni menos queotro flúido invisible. Por lo cual, en obsequio de los que tengandificultad en dejar de realizar en lo exterior lo que solo existe en suinterior, haré la suposicion de otra manera; pues que esto me bastarápara demostrar, como se puede eliminar de los objetos todo lo relativo álas varias sensaciones, excepto lo tocante á la extension.

Así, no cegaremos á los animales; no tendremos la crueldad de Ulises enla caverna de Polifemo; pero desahogaremos el instinto destructortrastornando el mundo. Poco nos importa que los hombres y los animalesno se queden ciegos, si logramos que no vean.

Dejaremos pues intactos los órganos, pero en cambio despojaremos aluniverso de su luz. Apagaremos como febles antorchas el sol, lasestrellas, los astros todos; extinguiremos los mas leves destellos quebrillen sobre la tierra: las bujías que alumbran la mansion del hombre,los fuegos que resplandecen junto á la cabaña del pastor, las pálidasllamas que revolotean en la broza del cementerio, hasta las chispas quearroja el pedernal. Todo quedará en la oscuridad mas profunda;imaginaremos reproducidas aquellas tinieblas que yacian sobre la faz delabismo antes que la palabra criadora dijese: «hágase la luz.»

Pero conviene advertir que al dejar el mundo en tan horrible oscuridad,no hemos alterado ninguna de sus otras leyes; existen como antes, lasgigantescas moles recorriendo con asombrosa rapidez y admirableprecision sus órbitas inmensas. De donde se infiere que haciendoabstraccion del olor, del sabor, del sonido, de los colores, de la luz,el mundo existe todavía, sin que nos cueste ningun trabajo concebirle deesta manera. Aun mas, hasta de la sensacion del tacto podemosprescindir, pues será fácil suponer que no percibimos ninguna impresionpor este sentido; las de color ó frio, blandura ó dureza, cuyas causasquedarian en los cuerpos, podemos sustituirlas unas con otras y aunhacerlas desaparecer, sin que por eso creyésemos que el universo dejabade existir.

[50.] Despues de hechas todas estas abstracciones, ensayemos otra, yveamos lo que sucede. Hagamos desaparecer la extension. A esta prueba eluniverso no resiste: las moles de los astros desaparecen; la tierra seanonada bajo nuestras plantas; las distancias dejan de existir; elmovimiento es un absurdo; nuestro propio cuerpo se desvanece; eluniverso entero se hunde en la nada, ó si continúa siendo algo, es cosadel todo diferente de lo que ahora nos figuramos.

Es indudable: si prescindimos de la extension, si esta sensacion, óidea, ó sea lo que fuere, que sobre ella tenemos, no la realizamos en loexterior, si no la consideramos como una representacion de lo queexiste fuera de nosotros, todo se trastorna; no sabemos qué pensar ni denuestras sensaciones, ni de sus relaciones con los objetos que lascausan: todo da vueltas en derredor, nos falta una de las bases denuestros conocimientos, tendemos en vano los brazos para asirnos dealgun punto fijo, y preguntamos con desconsuelo, si todo lo que sentimosno es mas que una pura ilusion, si serán una verdad las extravaganciasde Berkeley.

[51.] Aun con respecto á la extension es digno de observarse, que sibien la objetivamos trasladándola á lo exterior, no es de todo puntoexacto que esté representada por la sensacion. Mejor se diria que es unreceptáculo de ciertas sensaciones, que no un objeto de ellas; unacondicion necesaria para las funciones de algunos sentidos, que no unacosa sentida. La extension abstraida de las sensaciones de la vista ydel tacto, se reduce á lo que hemos dicho mas arriba, la multiplicidad yla continuidad; el conocimiento de esto, nos viene de los sentidos, peroes diferente de lo que nos representan los sentidos. Cuando á lasimpresiones que he recibido de la vista les quito el color y la luz mequeda ciertamente la idea de una cosa extensa, mas nó de una cosavisible, ni de un objeto representado por la sensacion. De la propiasuerte si despojo las impresiones que me han venido por el tacto, de lascalidades que afectan este sentido, no se aniquila el objeto que lascausaba, pero no está representado por las impresiones que él metransmite.

[52.] Estas observaciones manifiestan que no trasladamos á lo exteriornuestras sensaciones, que estas son un medio por el cual se informa,nuestra alma, mas nó imágenes en que ella contemple los objetos.

Todasellas le indican una causa exterior; pero algunas, como las de la vistay del tacto, le manifiestan de un modo particular la multiplicidad y lacontinuidad, ó sea la extension.

De esto se infiere tambien, que el mundo exterior no es una purailusion, que existe en realidad con sus moles inmensas, sus variadosmovimientos, su geometría infinita; pero que gran parte de su belleza yencantos se hallan mas bien en nosotros que en él. La mano todopoderosaé infinitamente sabia que le ha criado, ha ostentado su sabiduría y supoder de una manera particular en los seres sensibles, y sobre todo enlos inteligentes. ¿Qué seria el universo si no hubiera quien sintiese yentendiese? En esa íntima relacion, en la incesante comunicacion de losobjetos con los seres sensibles, están la hermosura, la armonía, losarcanos de la naturaleza. El mas precioso cuadro, si no hubiese quien lemirara y percibiese su belleza, seria un conjunto de lineamentos, ungeroglífico de caractéres indescifrados: pero desde el momento que estáá la vista de un ser que siente y conoce, el cuadro se anima, es lo quedebe ser; y en esta misteriosa comunicacion, el objeto gana en bellezastodo lo que comunica de hechizo.

Suponed que un conjunto de instrumentos dispuestos con el convenientemecanismo ejecutan con admirable precision las mejores concepciones deBellini ó de Mozart; ¿á qué se reduce todo falta un ser sensible?

ávibraciones del aire combinadas con cierta ley; á puros movimientos deun flúido sometidos á una precision geométrica. Introducid á un hombre:entonces la geometría se convierte en armonía celestial, entonces haymúsica, hay encantos.

La simetría de las tablas de un jardin, la lozanía de sus arbustos, elcolor y esmalte de sus flores, la fragancia de sus aromas, ¿qué son sinun ser sensible? figuras geométricas, superficies dispuestas con arregloá ciertas leyes, volúmenes de tal ó cual clase, columnas de flúidos quesalen de ellos, y se desparraman por el espacio; pero introducid alhombre, entonces las figuras geométricas se revisten de mil gracias, lasflores se cubren de galanos colores, las columnas de flúido seconvierten en exquisitos aromas.

CAPÍTULO X.

VALOR DEL TACTO PARA OBJETIVAR LAS SENSACIONES.

[53]. Se ha dicho que el tacto es el testigo mas seguro y quizás elúnico, de la existencia de los cuerpos; pues sin él todas lassensaciones no pasarian de simples modificaciones de nuestro ser, y nopodríamos atribuirles ningun objeto exterior. Yo no creo que esto seaverdad. Por el tacto recibimos una impresion lo mismo que por los demássentidos; en todos los casos esta impresion es una afeccion de nuestroser, y nó una cosa externa; y cuando por la continuacion de estasimpresiones, por su órden y por su independencia de nuestra voluntad,juzgamos que proceden de objetos que están fuera de nosotros, estejuicio se verifica no solo con respecto á las impresiones del tacto,sino tambien de los demás sentidos.

[54.] Una de las razones en que se ha pretendido fundar la superioridaddel tacto para atestiguar la existencia de los cuerpos, es que él nos dala idea ó la sensacion de la extension; porque si suponemos que unhombre está privado de todos los sentidos excepto el tacto, y recorrecon su mano la superficie de su cuerpo, experimenta la continuidad de lasensacion, en la cual va envuelta la de extension. Esta observacion delos partidarios de la supremacía del tacto, no convence de lo que seproponen. Porque al recorrer con la vista varios objetos, ó lasdiferentes partes de uno mismo, experimentamos la sensacion decontinuidad tan claramente como con el tacto. No se puede concebir porqué la sensacion de la extension ha de ser mas clara cuando se pasa lamano á lo largo de una barandilla, que cuando se la mira con los ojos.

[55.] Los sostenedores de dicha opinion alegan que por el tacto denuestro cuerpo adquirimos una sensacion doble, lo que no se verifica conlos demás sentidos: pasando la mano por la frente, sentimos con lafrente y con la mano; verificándose una continuidad de sensaciones, quetodas tienen su orígen y término en nosotros mismos. Así tenemos laconciencia de que nos pertenecen tanto la sensacion de la mano como lade la frente.

Pero esta razon que algunos han creido concluyente, es sin embargosumamente fútil: adolece del sofisma que los dialécticos llaman

peticion de principio

, pues supone lo mismo que se trata de probar. Enefecto: el hombre destituido de todos los sentidos excepto el del tacto,experimentará las dos sensaciones y su continuidad; pero ¿de esto quépodrá inferir? ¿Sabe por ventura que tenga mano ni frente? suponemos quenó; la dificultad está pues en explicar cómo adquiere dichoconocimiento. Ambas sensaciones le pertenecen, de esto tiene unaconciencia íntima, pero ignora de dónde dimanan. La coincidencia de lasdos sensaciones ¿le prueba por ventura algo en favor de la existencia dela frente y de la mano, objetos de que suponemos que no tiene ningunaidea?

Si esta coincidencia probase lo que se quiere, con mas razon probariaque la combinacion de unos sentidos con otros, nos lleva al conocimientode la existencia de los cuerpos, y por consiguiente que dichoconocimiento no se engendra exclusivamente por el tacto. Yo experimentoque siempre que tengo la sensacion de un movimiento que es ponerme lamano delante de los ojos, pierdo la vista de los objetos, y se mepresenta otro que es siempre el mismo: la mano; si de esta coincidenciainfiero la existencia de los objetos externos, queda destruida lasupremacía del tacto, pues que para la formacion de semejante juicioinfluye la vista. Observo tambien que al tener la sensacion que resultade dar una mano con otra, experimento la sensacion de oir el ruido de lapalmada: luego si la coincidencia vale, influirá el oido como el tacto.Lo que digo de la palmada, puede aplicarse á lo que experimentorecorriendo con la mano una parte del cuerpo, por ejemplo toda lalongitud del brazo, de suerte que el roce produzca ruido. En este caso,hay las dos sensaciones, coincidentes y continuas.

Se replicará tal vez que estos ejemplos se refieren á diferentessentidos, y que producen sensaciones de diversa especie: pero esto noaltera nada: porque, si el ser que siente infiere la existencia de losobjetos de la coincidencia de las varias sensaciones, queda destruida lasupremacía del tacto que es lo que nos proponíamos demostrar.

[56.] La sensacion de la mano no es la misma que la de la frente, porqueaquella estará mas ó menos fria, mas ó menos caliente, mas ó menosfina, mas ó menos blanda, y así no será la misma sensacion la causada enla mano por la frente, que la producida en la frente por la mano. Siendode notar que cuanto menor supongamos la diferencia entre las dossensaciones, menos viva será la percepcion de su dualidad, y por tantomenos notable la coincidencia en que se funda el juicio. Por manera quebien analizada la materia venimos á parar á que para formar juicio de laexistencia de los objetos contribuye especialmente la diversidad de lassensaciones; y por tanto será mas conducente á este fin, la combinacionde dos sentidos que las dos sensaciones de uno solo. Así, lejos de queel tacto haya de considerarse como único ni superior en este punto, soloha de ser tenido como auxiliar de los otros.

[57.] Y en realidad, apenas cabe duda en que el tacto necesita tambiendel auxilio de los demás sentidos, y que los juicios que del mismoresultan se parecen á los que dimanan de estos. Es probable que solodespues de repetidos experimentos referimos la sensacion del tacto alobjeto que la causa, y aun á la parte afectada.

El hombre á quien se haamputado la mano, experimenta el dolor como si la conservase; y esto¿por qué?

porque con la repeticion de actos ha formado el hábito dereferir la impresion cerebral al punto donde terminan los nervios que sela transmiten. Luego no hay una relacion necesaria entre el tacto y elobjeto: y este sentido puede sufrir ilusiones como los demás. Luego noes exacto lo que se ha dicho de que la idea del cuerpo nace debajo denuestra mano, si esto se entiende como privativo del tacto; pues lomismo se verifica de los demás sentidos y particularmente de la vista.

CAPÍTULO XI.

INFERIORIDAD DEL TACTO COMPARADO CON OTROS SENTIDOS.

[58.] Esta superioridad, ó mejor, este privilegio exclusivo queCondillac y otros filósofos han concedido al tacto, á mas de no tenerningun fundamento como acabamos de ver, parece estar en contradiccioncon la misma naturaleza de este sentido. Cabalmente se da la supremacíaal mas material, por decirlo así, al mas rudo de todos ellos.

Nadie puede saber las ideas que de las cosas se formaria un hombrereducido á solo el tacto: pero me parece que lejos de ponerse encomunicacion clara y viva con el mundo exterior, y de que tuviese lasuficiente basa para fundar sus conocimientos, debiera vegetar en la masprofunda ignorancia, y sufrir las equivocaciones mas trascendentales.

[59.] Al comparar el tacto con la vista, y aun con el oido y el olfato,desde luego se ofrece una diferencia importantísima, en favor de estos ycontra aquel. El tacto no nos transmite la impresion sino de los objetosque están inmediatos á nuestro cuerpo; cuando los otros tres, yespecialmente la vista, nos ponen en comunicacion con objetos muydistantes. Las estrellas fijas están separadas de nosotros por unadistancia tal que apenas cabe en nuestra imaginacion, y sin embargo lasvemos; no llegan á tanto ciertamente ni el olfato ni el oido; pero elprimero no deja de advertirnos de la existencia de un jardin que está ámuchos pasos de nosotros; y el segundo nos da noticia de una batalla quese ha trabado á muchas leguas de nuestra vivienda, de la chispaeléctrica que ha rasgado la nube en el confin del horizonte, ó de latempestad que brama en la inmensidad de los mares.

[60.] Esa limitacion del tacto á lo que está en sus inmediaciones,traeria consigo la estrechez de las ideas que se originarian de él solo,y lo constituyen por necesidad en un grado muy inferior al de los otrostres, y en particular de la vista. Para formarnos ideas claras en estepunto, comparemos el alcance de la vista y del tacto con respecto á unobjeto: un edificio. Por medio de la vista tomamos en pocos instantesidea de la fachada, y de sus demás partes exteriores: y en breve tiemponos enteramos de su disposicion interior, y hasta de sus muebles yadornos. ¿Cómo se puede lograr esto por el tacto? Es imposible. Aunsuponiéndole muy delicado, y muy tenaz memoria de las impresiones queanduviese comunicando, se necesitarian larga horas para recorrer con lamano el frontispicio, y formarnos de él alguna idea. ¿Qué no seria conrespecto á todo lo exterior del edificio? ¿qué si hablamos de lointerior? Salta á los ojos que seria menester renunciar á semejantetarea, y que tal preciosa labor de una cornisa, de un pedestal, de unperistilo; tal magnificencia de una torre, de una cúpula; tal osadía deun arco, de una bóveda, de una flecha, que el ojo aprecia en uninstante, le costarian al pobre que solo poseyese el tacto, andar muchoá gatas y encaramarse por peligrosos andamios, y exponerse á resbalarpor horrendos precipicios, y todavia sin poder lograr ni la millonésimaparte de lo que con tanta facilidad y rapidez consiguieron los ojos.

Extiéndanse estas consideraciones á una ciudad, á vastos países, aluniverso, y véase qué superioridad tan inmensa tiene la vista sobre eltacto.

[61.] Esta superioridad no se presenta tan de bulto cuando se compara eltacto con otros sentidos; sin embargo no deja tambien de existir, y enun grado muy alto.

Desde luego ocurre una diferencia, cual es la de las distancias. Escierto que mediando estas, tambien el tacto puede sentir en algun modo:como por ejemplo la presencia ó la ausencia del sol por medio del calory del frio; y de la misma manera la presencia ó la ausencia, y la mayoró menor cercanía de algunos cuerpos; pero estas impresiones, á mas deque están muy lejos de tener la misma variedad y rapidez de las deloido, tampoco nos darian idea de distancia, si no tuviéramos mas sentidoque el tacto.

Calor y frio, sequedad y humedad, á esto se reducen las impresiones quealgunos cuerpos distantes pueden ejercer sobre el tacto; y claro es quelas impresiones son de tal naturaleza que podrian dar lugar á numerosasy graves equivocaciones.

[62.] Si suponemos que un hombre que solo posea el tacto, haya llegado áconocer la presencia y la ausencia del sol sobre el horizonte, siendo suúnica norma la temperatura del ambiente, y dependiendo esta de milcausas que nada tienen que ver con el astro del dia, sucederá con muchafrecuencia que el cambio natural ó artificial de ella deberá inducirte áerror. La humedad que experimentará á las inmediaciones de un lago dondele llevan á bañarse, hará que con ella conozca la inmediacion del agua;¿pero no sentirá mil veces una impresion de humedad por causas queobrarán sobre la atmósfera, del todo independientes de las aguas de unlago?

Es cierto que la concentracion de todas las fuerzas sensitivas en unsolo sentido, la ninguna distraccion, la atencion continua sobre unmismo género de sensaciones, podrá llevar la delicadeza del tacto á unpunto de perfeccion que probablemente no concebimos nosotros; así comoel hábito de encadenar las ideas con respecto á un solo órden desensaciones, y de formar los juicios con relacion á ellas solas,produciria una precision, exactitud y variedad muy superior á cuantopodemos imaginar; pero por mas que sobre este punto se quieran extenderlas conjeturas, siempre es claro que hay aquí un límite, cual es lanaturaleza del órgano y de sus relaciones con los cuerpos. Este órganoestaria siempre limitado á los objetos contiguos, para recibirimpresiones bien determinadas; y con respecto á los distantes, los quepudiesen obrar sobre él, lo ejecutarian causándole la impresion que lanaturaleza de ambos consiente; frio ó calor, sequedad ó humedad, y aunsi se quiere, cierta presion en mayor ó menor grado; y en cuanto ámuchísimos otros, es imposible imaginar que tuviesen accion ninguna. Pormas que se ensanche el círculo de esta clase de sensaciones siempre hade ser muy reducido. Además, es necesario advertir que estaperfectibilidad del tacto por efecto de su aislamiento, no es propiedadsuya exclusiva, sino que se extiende tambien á los otros sentidos, comoque está fundada en las leyes de la organizacion, y en las de lageneracion de nuestras ideas.

[63.] Para comprender la superioridad que en esta parte lleva el oido altacto, basta considerar 1.º la relacion de las distancias; 2.º lavariedad de los objetos; 3.º la rapidez de la sucesion de lasimpresiones; 4.º la simultaneidad, tan vasta en el oido, y tan limitadaen el tacto; 5.º las relaciones con la palabra.

Relacion de las distancias. Claro es que en este punto se aventaja altacto el oido; aquel necesita en general la inmediacion, este nó; y aunde suyo requiere para la buena apreciacion del objeto, cierta distanciaacomodada á la clase del sonido. ¿De cuántos y cuántos objetosdistantes, no nos informa el oido, con respecto á los cuales nada puededecirnos el tacto? El galope del caballo que amenaza atropellarnos, elruido del torrente que nos puede arrebatar, el trueno que retumba y nosanuncia la tormenta, el estruendo del cañón que nos da noticia de que haprincipiado una batalla, el ruido de las carreras, de la gritería, delos tambores y campanas, que nos indican el estallido de la cólerapopular, la música estrepitosa que nos informa de la alegría causada poruna fausta nueva, el concierto dedicado á los placeres del salon, elcanto que nos hechiza con melancólicos recuerdos, con sentimientos deesperanza y de amor, el ay! que nos avisa del sufrimiento, el llanto quenos aflige con la idea del infortunio; todo esto nos dice el oido; sobretodo esto nada puede decirnos el tacto.

Variedad de los objetos. Los objetos distantes de que nos da noticia eltacto son por necesidad muy poco variados; y por lo mismo las ideas quesolo de él resultasen, estarian sujetas á una confusion deplorable, y ámucha incertidumbre. El oido al contrario, nos informa de infinitosobjetos sumamente diferentes, y lo ejecuta con toda precision yexactitud.

Rapidez de la sucesion de las impresiones. Es evidente que en esta partelleva el oido al tacto una superioridad incalculable. Este cuandopercibe por yuxtaposicion, necesita recorrer sucesivamente los objetos yaun las diferentes partes de uno mismo, si ha de recibir impresionesvariadas: lo que exige largo tiempo por poco numerosos que sean. Si losobjetos no obran por yuxtaposicion, sino por otro medio, todavía senecesita mas tiempo para la sucesion, y es mucha menor la variedad.Compárese esta lentitud á la rapidez con que el oido percibe todo linajede sonidos en las combinaciones musicales, las infinitas inflexiones dela voz, el sinnúmero de articulaciones distintas, la infinidad de ruidosde todas especies que sin interrupcion sentimos y clasificamos, yreferimos á sus objetos correspondientes.

La simultaneidad de sensaciones tan vasta en el oido, es sumamentereducida en el tacto: cuando existe en este, es solo con relacion ápocos objetos; mas en aquel se extiende á muchos y muy diferentes.

Pero lo que decide mas victoriosamente la superioridad del oido sobre eltacto, es la facilidad que nos da de ponernos en comunicacion con elespíritu de nuestros semejantes por medio de la palabra: facilidad queresulta de la rapidez de las sucesiones que mas arriba hemos notado. Sinduda que esta comunicacion de espíritu á espíritu puede tambienestablecerse por el tacto, expresando las palabras por caractéresbastante abultados para ser distinguidos; pero, ¿qué diferencia taninmensa entre estas impresiones y las del oido?

Aun suponiendo que elhábito y la concentracion de todas las fuerzas sensitivas, llegasen áproducir una facilidad tal de recorrer las líneas con los dedos, quesuperase en mucho á la que vemos en los mas diestros tocadores deinstrumentos músicos; ¿cómo puede compararse una velocidad semejante conla que nos proporciona el oido? ¿Cuánto tiempo no será menester pararecorrer unas tablas donde esté escrito un discurso que oimos en brevesminutos? Y además, para hacerse oir, todos los hombres tienen, medios,les basta servirse de los órganos; para lo otro es necesario prepararlas tablas, y unas mismas no pueden ser útiles, sino para un objeto, ysimultáneamente no pueden servir para dos personas; cuando por medio deloido, un hombre solo comunica en breve rato infinidad de ideas ámillares de oyentes.

CAPÍTULO XII.

SI LA SOLA VISTA PODRIA DARNOS IDEA DE UNA SUPERFICIE.

[64.] Creo haber hecho palpable la inferioridad del tacto con respecto ála vista y al oido; y por consiguiente haber hecho sentir la extrañezade que se le haya querido señalar como base de todos los conocimientos,radicando en él la certeza de los juicios á que los demás sentidos nosconducen, y estableciéndole por árbitro soberano para fallar en últimaapelacion en las dudas que pudieran ofrecerse.

Tengo tambien manifestado no ser verdad que solo por medio del tactopodamos hacer la transicion del mundo interior al exterior, ó de laexistencia de las sensaciones á la de los objetos que las causan: puesque á mas de haber combatido la razon principal, ó mejor la única, enque se intentaba cimentar este privilegio, he demostrado el modo con quese hace esta transicion con respecto á todos los sentidos, fundándome enla misma naturaleza y encadenamiento de los fenómenos internos.

He dicho tambien y probado que la única sensacion que objetivábamos erala de la extension; y que en todas las demás, solo habia una relacion decausalidad, esto es, un enlace de cierta sensacion ó de un fenómenointerno, con un objeto externo, sin que trasladásemos á este nadasemejante á lo que experimentábamos en aquel.

[65.] Tocante á la extension, son dos los sentidos que de seguro nosinforman de ella: el tacto y la vista; prescindiremos por ahora, de sies una verdadera

sensacion

lo que de la extension tenemos, ó si es una

idea

de un órden diferente, la cual resulte de la sensacion.Proponiéndome examinar este punto despues, me limitaré por ahora ácomparar la vista con el tacto en lo relativo á darnos la sensacion dela extension, ó sí se quiere, á suministrarnos lo necesario paraformarnos idea de ella.

Desde luego se echa de ver que la extension se halla bajo el dominio deltacto: y esto considerando la extension no solo en superficie sinotambien en volúmen. A la vista no se le puede negar la misma facultadcon respecto á las superficies, porque es imposible ver sin que al mismotiempo se ofrezca al menos un plano. El punto inextenso no puedepintarse en la retina: desde el momento que un objeto se pinta, tienepartes pintadas. Ni aun por un esfuerzo de imaginacion podemos concebircolores inextensos: ¿qué es un color si no hay superficie sobre la cualse extienda?

[66.] Condillac ha estado tan severo con el sentido de la vista, que noha querido concederle la facultad de percibir la extension ni aun ensuperficie. Como este filósofo es uno de los que mas han contribuido ála propagacion y arraigo de una opinion tan equivocada, examinaré sudoctrina, y las razones en que la funda.

A la simple lectura de loscapítulos en que la expone, salta á los ojos que no estaba bien segurode la verdad de ella, sintiéndose contrariado por la inexperiencia y larazon.

En el

Tratado de las sensaciones

(f p., c. XI), donde examina lasideas de un hombre limitado al sentido de la vista, asienta que loscolores se distinguen á nuestros ojos, porque parecen formar unasuperficie de la cual ocupan ellos una parte; y luego pregunta: «nuestraestatua, juzgando que es á un tiempo muchos colores, ¿se sentiria á símisma como una especie de superficie colorada?» Es menester advertir quesegun Condillac, la estatua circunscrita á un sentido, se creeria lasensacion misma; es decir, pensaria que es el olor, el sonido ó elsabor, segun fueran el olfato, el oido ó el paladar, los sentidos quetuviese en ejercicio, por cuya razon, si en las sensaciones de la vistaentrase la superficie, la estatua deberia creerse superficie colorada.Prescindiré de la exactitud de estas observaciones, concretándome alpunto principal que es la relacion de la vista con la superficie.

[67.] Segun Condillac, la estatua no llegaria á creerse superficiecolorada; esto es, que percibiendo el color, no percibiria lasuperficie. Dejemos hablar al mismo filósofo, pues bastarán sus propiaspalabras para condenar su opinion y descubrirnos la incertidumbre conque la profesaba, ó la oscuridad que en ella padecia. «La idea de laextension supone la percepcion de muchas cosas unas fuera de otras;esta percepcion no podemos negarla á la estatua

, pues que siente que serepite fuera de sí misma tantas veces como hay colores que lamodifican; mientras es lo encarnado, se siente

fuera

de lo verde:mientras es lo verde, se siente

fuera

de lo encarnado; y así de lodemás.» Cualquiera creeria que conforme á estos principios, Condillaciba á establecer que la vista nos da idea de la extension, pues que noshace percibir las cosas, unas fuera

de las otras, en lo que segun elmismo autor, consiste precisamente la idea de la extension; pero muy alcontrario, Condillac, lejos de proseguir por el verdadero camino, seextravía lastimosamente, y á mas de ponerse en desacuerdo con losprincipios que acaba de asentar, altera notablemente el estado de lacuestion y continúa: «mas para tener la idea distinta y precisa de unamagnitud, es necesario ver como las cosas percibidas unas fuera deotras, se ligan, se terminan mutuamente, y como todas juntas tienenlímites que las circunscriben.» Esto, repito, es alterar el estado de lacuestion: no se trata por ahora de una idea distinta y precisa, sinosolamente de una idea. Hasta qué punto la vista podria perfeccionar laidea de la extension, esta es una cuestion diferente; aunque salta á losojos que si la vista por sí sola puede darnos idea de la extension, elcontinuado ejercicio de este sentido iria perfeccionando la misma idea.

[68.] La estatua, en opinion de Condillac, no podria sentirsecircunscrita á ningun límite porque no conoceria nada fuera de ellamisma; pero ¿no acaba de decirnos el autor que la estatua se creerialos diferentes colores, que estos se hallan unos fuera de otros, y quecuando seria el uno se sentiria fuera del otro? ¿no hay por ventura conesto solo, nó uno sino muchos límites?

Este argumento no se ocultaba del todo á Condillac; despues de haberpreguntado si el yo

de la estatua modificado por una superficie azulorlada de blanco, no se creeria un azul terminado, dice:

«á primeravista nos inclinaríamos á pensarlo así; pero la opinion contraria esmucho mas verosímil.» Y

por que? «la estatua no puede sentirse extensapor esta superficie, sino en cuanto cada parte le da la mismamodificacion; cada una debe producir la sensacion de azul; pero si esmodificada de la misma manera por un pié de esta superficie que por unapulgada ó una línea, no puede representarse en esta modificacion, unamagnitud mas bien que otra; luego no se representa ninguna, luego unasensacion de color no trae consigo una idea de extension.» Es fácilnotar que ó Condillac supone lo mismo que se disputa, ó no dice nadaconducente á resolver la cuestion. Segun él la estatua es modificada dela misma manera por un pié de una superficie colorada que por una línea;si con esto quiere significar que las dos modificaciones son idénticasbajo todos aspectos, supone lo mismo que debe probar: porque esto escabalmente lo que se disputa, á saber, si las superficies diferentes enmagnitud producen tambien sensacion diferente; y si quiere significar,como parecen indicarlo sus palabras, que la sensacion como color, ysolamente en cuanto color, es la misma en un pié que en una línea, diceuna verdad muy cierta, pero que no nos sirve para nada. Es indudable quela sensacion de azul, en cuanto azul, es la misma en diferentesmagnitudes, y nadie piensa en negárselo; pero la cuestion no está eneso; la cuestion está en si permaneciendo uno mismo el color, lasensacion de la vista se modifica de diferente manera, segun la variedadde las magnitudes en que la superficie colorada se le presenta.Condillac lo niega, bien que de un modo incierto y fluctuante: pero creoque esta negativa es tan infundada, que se puede demostrar todo locontrario.

[69.] Yo pregunto á Condillac, si puede haber color sin superficie, sipuede pintarse en la retina un objeto inextenso, si podemos ni aunconcebir un color sin extension; nada de esto es posible: luego lavision está acompañada necesariamente de la extension.

[70.] Condillac pone la idea de extension en que unas cosas se nospresenten fuera

de otras; esto, segun confiesa él mismo, se verificacon la sensacion del color; luego la vision de lo colorado debe producirla idea de la extension. El efugio de Condillac, es sumamente débil: nosdice que para tener idea de la extension es necesario tenerla de loslímites; pero en primer lugar ya llevo demostrado por la misma doctrinadel autor, que estos límites son sentidos; y además, es muy singularpretension la de otorgar á la vista la facultad de darnos idea de unaextension ilimitada, y negarle la de producir idea del límite: como sipor lo mismo que vemos lo extenso, no naciera la idea del límite, cuandonó de otras causas, de la misma limitacion del órgano; como si no fueramas inconcebible la sensacion ilimitada que la limitada.

Pero quiero suponer que el límite no es sentido; la extension ilimitada¿deja de ser extension? ¿no es mas bien la extension por excelencia? ¿Laidea de un espacio sin fin, por ser ilimitada, deja de ser idea deextension?

[71.] Pónganse delante de los ojos dos círculos colorados, uno de unapulgada de diámetro, y otro de una vara: prescindiendo de toda sensacionde tacto ¿el efecto producido en la retina será el mismo? es evidenteque nó: á esto se opone la experiencia, se opone la razon fundada en lasleyes de la reflexion de la luz y en principios matemáticos. Si estaimpresion es diferente, la diferencia será sentida; luego la diferenciade las magnitudes podrá ser apreciada.

Pero quiero suponer que desoyendo la experiencia y la razon, se empeñaalguno en sostener que la sensacion de los dos círculos será la misma:voy á hacer palpable la extrañeza y hasta la ridiculez de esta opinion.Imaginemos que los dos círculos son de color encarnado y terminados poruna línea azul; tomemos el círculo menor y pongámosle dentro del mayorconfundiendo sus centros; pregunto: ¿el ojo que mire la figura, no veráel círculo menor dentro del mayor? ¿no verá la línea azul que termina elcírculo de una pulgada de diámetro, contenida dentro de la otra líneaazul que termina el círculo de una vara? es evidente que sí. Ahora bien:sentir la extension, ¿es acaso otra cosa que sentir unas partes fuera deotras? sentir la diferencia de magnitudes ¿no es sentir las unas mayoresque las otras y conteniendo las otras? es evidente que sí. Luego el ojosiente la magnitud; luego siente la extension.

[72.] Todavía se puede confirmar mas y mas la verdad que estoydemostrando. La experiencia nos enseña, y cuando esta no existiese, larazon nos lo diria, que el campo visual tiene un límite, segun ladistancia á que nos hallamos del objeto. Así, cuando fijamos la vistasobre una pared de mucha extension, no la vemos toda, sino una parte deella. Supongamos que en un campo visual hay un objeto de una magnituddada, pero que no llena ni con mucho la superficie abarcada por el ojo:segun el sistema de Condillac, la vision no puede ser diferente, con talque el color sea el mismo; de lo cual resultará que la sensacion seráidéntica, ya sea que el objeto ocupe una pequeñísima parte del campovisual, ya sea que lo ocupe casi todo. Resultará tambien, que si estecampo visual es un gran lienzo blanco por ejemplo de cien varascuadradas, y el objeto es un lienzo azul de una vara cuadrada, lasensacion será la misma que si el lienzo azul fuese de una pulgada ó denoventa varas cuadradas.

[73.] Estos argumentos que cuando menos en confuso, debian deofrecérsele á Condillac, le hacian expresarse con vacilacion, y hastacon lenguaje contradictorio. Ya lo hemos podido notar en los pasajesanteriores; pero todavía se ve mas claro en los siguientes. «Nos faltael término para expresar con exactitud el sentimiento que tiene de símisma la estatua modificada por muchos colores á un tiempo; pero al finella conoce que existe de muchas maneras, se percibe en cierto modo como un punto colorado mas allá del cual hay otros

en que ella sevuelve á encontrar; y bajo este aspecto se puede decir que se sienteextensa

.» Antes nos habia dicho que el color no le pareceria extenso ála estatua, hasta que instruida la vista por el tacto, su formasen losojos la costumbre de referir la sensacion simple y única, á todos lospuntos de la superficie; á renglon seguido afirma lo contrario comoacabamos de ver; ya la estatua se siente extensa: y el ideólogo noencuentra otro medio para evitar la contradiccion, sino el deadvertirnos que el sentimiento de la extension seria vago, pues quecareceria de límites. Esta es una contradiccion que ya se ha hechopalpable mas arriba; ¿de dónde esa carencia de límites? si en un campovisual de cien varas de superficie blanca, se suponen varias figuras dediferentes colores, verde, encarnado, la vista percibirá los límites deaquellas figuras, como es evidente; ¿dónde pues ha descubiertoCondillac esa ilimitacion de que nos habla?

[74.] La observacion de que, aun cuando la sensacion del colorenvolviese la de extension, no se seguiria que nos la produjese, á causade que nosotros no sacamos de las sensaciones todas las ideas que estascontienen, sino únicamente las que sabemos notar, aunque muy verdadera,no conduce á nada en la cuestion presente: no se trata de lo quenosotros podríamos sacar de la sensacion, sino de lo que hay en ella; ysi Condillac asienta que de la del tacto podemos sacar la idea deextension ¿con qué derecho podrá negarnos esta facultad con respecto ála vista, supuesto que la idea de extension se halle contenida en ambassensaciones?

Si no me engaño, hay aquí una confesion tácita de la falsedad de suopinion. La idea de la extension se hallará en la sensacion de la vista,pero no podremos sacarla; ¿por qué? porque es vaga; mas entonces,

¿quiénquita que el ejercicio, trayendo la comparacion y la reflexion, la hagaprecisa? La dificultad está en adquirirla de un modo ú otro; elperfeccionarla es obra del tiempo.

Es indudable que las primeras sensaciones de la vista no tendrian laexactitud á que llegan despues de mucho ejercicio; pero lo propio severificaria del tacto. Este sentido se perfecciona como todos losdemás, tambien necesita su educacion por decirio así: y los ciegos denacimiento que á fuerza de concentracion y de trabajo, llegan á poseerlecon una delicadeza asombrosa, nos ofrecen de esta verdad una pruebapatente.

CAPÍTULO XIII.

EL CIEGO DE CHESELDEN.

[75.] El ciego de Cheselden, de quien nos habla Condillac enconfirmacion de sus opiniones, no presenta ningun fenómeno en que sepuedan apoyar. Era este ciego un jovencito de 13 á 14 años, á quienCheselden, distinguido cirujano de Lóndres, hizo la operacion de lascataratas, primero en un ojo despues en el otro.

Antes de la operacion,alcanzaba á distinguir el dia de la noche; y con mucha luz, hastaconocia lo blanco, lo negro y lo encarnado. Esta circunstancia esimportante, y sobre ella conviene fijar la atencion. Los fenómenos masnotables, y que mas relacion tienen con la cuestion que nos ocupa,fueron los siguientes.

1.º Cuando comenzó á ver, creyó que los objetos tocaban la superficieexterior de su ojo. Esto parece indicar que la vista por sí sola, nopuede hacernos juzgar de las distancias; pero bien examinada la cosa seecha de ver que el argumento no es concluyente. Nadie pretenderá que lavista en el primer momento de su ejercicio, pueda comunicarnos ideasigualmente claras y exactas, que cuando con la experiencia nos hemosacostumbrado á comparar sus diferentes impresiones. Lo mismo que en lavista se verifica en el tacto; un ciego con su larga costumbre deguiarse por solas las sensaciones del tacto en muchos de susmovimientos, llega á conocer la posicion y distancias de los objetos conuna precision admirable. Si suponemos un hombre privado del sentido deltacto, y que le adquiere de repente, tampoco juzgará con acierto de losobjetos de este sentido, sino despues de haberle ejercitado. Laexperiencia nos enseña que la perfeccion del tacto recorre una grandeescala: en los ciegos la vemos en su punto mas alto; y es probable queel mínimum de su perfeccion en los primeros instantes de su ejercicio,se pareceria mucho al de la vista en el acto de caer las cataratas;tambien los objetos se presentarian en confuso, sin que el sujeto quelos experimentara, pudiese apreciar bien sus diferencias, antes que lapráctica le hubiese amaestrado en discernir y clasificar.

Con respecto á las distancias es de notar que el ciego de Cheselden, nosolo estaba privado del hábito de conocerlas, sino que le tenia encontrario. Por lo mismo que no era completamente ciego, la luz quepercibia al través de las cataratas, y que si era muy abundante, hastale hacia distinguir entre lo blanco, negro y encarnado, se le presentabacomo pegada al mismo ojo, de lo cual podemos formarnos idea observandolo que nos acontece cerrando los ojos cuando hay mucha luz. De estoresulta que al ver, debió de imaginarse que la nueva vision era la mismaque la antecedente, y que por tanto no le sucedia otra cosa que unsimple cambio de objeto. Para apreciar la fuerza de la vista conrespecto á las distancias, mejor hubiera sido un ciego absoluto, porqueno hubiera tenido ningun hábito contrario ni favorable al conocimientode las mismas.

2.º Le costó mucho trabajo el concebir que hubiese otros objetos masallá de los que él veia; no acertaba á distinguir los límites; todo leparecia inmenso. Tampoco sabia concebir cómo la casa podia parecerle masgrande que su gabinete; aun cuando sabia por experiencia que este eramas pequeño que aquella.

De estos hechos quiere inferir Condillac la confirmacion de su sistema;yo extraño que sobre datos semejantes se pretenda fundar toda unafilosofía. Someto á la consideracion del lector las observacionessiguientes.

[76.] Se trata de un niño de 13 á 14 años; falto por consiguiente detodo espíritu de observacion, y que como es natural, expresaria con elmayor desórden las impresiones que experimentaba en una situacion tansingular y tan nueva.

El órgano de la vista ejercitándose por primera vez, debia ser sumamentedébil, y por consiguiente servir de un modo muy incompleto para lasfunciones sensitivas. A cada paso experimentamos que haciendo untránsito repentino de la oscuridad á la luz, si esta es muy viva, apenasdivisamos los objetos, y lo vemos todo con mucha confusion; ¿qué habiade suceder al pobre niño que á la edad de 13 años abria los ojos porprimera vez?

Segun refiere el mismo Cheselden, los objetos se le presentaban al ciegoen tal confusion que no los distinguia, fuera cual fuese la forma y lamagnitud. Esto confirma lo que acabo de indicar, á saber, que laconfusion dependia en buena parte, si nó en todo, de que el órganoproducia mal las impresiones; pues que si estas hubieran sido del modoconveniente, habria distinguido los límites entre diferentes colores; yaque tratándose de la simple sensacion, ver es distinguir.

Se nos hace notar que no reconocia con la vista los objetos que teniaconocidos con el tacto: mas esto solo prueba que no habiendo podidocomparar los dos órdenes de sensaciones, no sabia lo que correspondia enla una á las impresiones de la otra. Por el tacto conoceria los cuerposesféricos: pero como ignoraba la impresion que una esfera hacia en elojo, claro es que al presentarle una bola que hubiese manoseado milveces, no podia ni siquiera sospechar que el objeto visto fuera el mismoobjeto tocado. Esto me conduce á otra observacion que considero muyimportante.

[77.] Los experimentos fueron recogidos de boca de un hombre que hablabaen una lengua que no conocia; tal era el niño que debia expresar sussensaciones en el órden visual. Aclararé esta observacion. Como lassensaciones son hechos simples, el que está falto de un sentido, careceabsolutamente de todas las ideas originadas de la sensacion de que sehalla privado; de lo cual resulta que no conoce nada de la lenguarelativa á dicho sentido; y que las ideas que une á las palabras, sondel todo diferentes de las que quieren expresar los que poseen aquelsentido. El ciego hablará de colores y de todas las impresionesrelativas á la vista, porque oye continuamente hablar de estas cosas;mas para él, la palabra ver no significa ver, ni la luz luz, ni el colorcolor, tales como lo entendemos nosotros; sino otras ideas compuestasque él se habrá formado, segun las circunstancias, y conforme á lasexplicaciones que haya oido.

Véase pues qué importancia se puede dar álo que diria un niño con el atolondramiento propio de su edad,hallándose en una situacion tan nueva y tan extraña, y habiendo deexpresarse en una lengua que ignoraba. Se le preguntaria, por ejemplo,si distinguia una figura mayor de otra menor, sin considerar que laspalabras mayor y menor, comprendidas por él en cuanto expresaban ideasabstractas, ó se referian á las sensaciones del tacto, no lo eran cuandose las aplicaba á los objetos vistos; pues que él no sabia ni podiasaber, qué significaba la palabra mayor, tratándose de una sensacion queexperimentaba por primera vez. Si en la superficie de un círculo se lepintaban otros círculos menores, de color diferente, él veria lospequeños dentro de los grandes, pues no era posible otra cosa supuestoque veia; pero al preguntársele si el uno le parecia mayor que losotros, si distinguia los límites que separaban á los pequeños entre sí,él, que no habia tenido tiempo de aprender el lenguaje relativo á lasnuevas sensaciones, debia de dar respuestas muy disparatadas, que losobservadores tomarian quizás por la expresion de fenómenos curiosos. Sele hablaria de figuras, de lindes, de extremos, de magnitud, deposicion, de distancias y de cuanto se refiere á la vista; y como élignoraba el lenguaje, é ignoraba que lo ignorase, debia de sostener laconversacion de una manera muy extraña. Un observador mas atento y massagaz, hubiera notado que ocurrian con frecuencia lances tan chistososcomo suceden cuando se habla con un sordo que se empeña en contestar sinhaber oido.

La contradiccion que se nota en la misma relacion de Cheselden, confirmalas anteriores conjeturas. El oculista nos cuenta que el niño no podiadistinguir los objetos por mas diferentes que fueran en forma y tamaño;y sin embargo añade que encontraba mas agradables los que eran masregulares; luego los distinguía; sin este discernimiento, la sensacionno podia ser mas ni menos grata.

Y aquí es de notar que en la alternativa de la contradiccion, debemosoptar por el discernimiento, teniendo como tenemos en pro una razon muypoderosa. Cuando se le ofrecerian dos figuras una regular otrairregular, y se le harian preguntas sobre las diferencias y semejanzasde las mismas, responderia disparatadamente hasta el punto de hacersospechar que no las distinguia. La razon de esto, á mas de la confusionde las sensaciones que mas ó menos, siempre padeceria, se halla en laignorancia de lenguaje; pues aun cuando las distinguiera perfectamente,no podia ni entender lo que se le preguntaba, ni expresar lo que sentia.Pero cuando se le interrogaba sobre una calidad de la impresion, paraproducir placer ó disgusto, entonces se hallaba en un terreno comun atodas las sensaciones: las ideas de grato y de ingrato, no eran para élcosas nuevas, y por lo mismo sobre ellas podia decir sin vacilar: «estome gusta mas, aquello no me agrada tanto.»

En resúmen, creo que los fenómenos del ciego de Cheselden solo pruebanque la vista, como todos los demás sentidos, ha menester ciertaeducacion; que sus primeras impresiones son por necesidad confusas; queel órgano no adquiere la debida robustez y precision sino despues delargo ejercicio; y finalmente que los juicios formados en consecuencia,han de ser muy inexactos, hasta que la comparacion acompañada de lareflexion haya enseñado á rectificar las equivocaciones. (Véase Lib. I.§ 56).

CAPÍTULO XIV.

SE EXAMINA SI LA VISTA PUEDE DARNOS IDEA DEL VOLÚMEN.

[78.] Se ha dicho que la vista no era capaz de darnos idea de un sólidoó de un volúmen, y que para esto era indispensable el auxilio del tacto.Creo poder demostrar lo contrario hasta la evidencia.

¿Qué es un sólido? Es un conjunto de tres dimensiones; si la vista noshace formar idea de la superficie, en la cual entran por necesidad dosdimensiones, ¿por qué no podrá lo mismo con respecto á la otra? Estasola reflexion basta para demostrar que se ha negado sin razon á estesentido la facultad indicada; sin embargo no quiero limitarme á esto,sino que probaré la existencia de la expresada facultad con la rigurosaobservacion y el análisis de los fenómenos visuales.

[79.] Convengo de buen grado en que si suponemos un hombre reducido alsolo sentido de la vista, con los ojos inmóviles, y fijos sobre unobjeto tambien inmóvil, no alcanzará á discernir entre lo que en dichoobjeto haya de sólido y lo de mera perspectiva: ó en otros términos,todos los objetos pintados permanentemente en su retina, se lepresentarán como proyectados en un plano. La razon de esto se funda enlas mismas leyes del órgano de este sentido, y de la transmision de susimpresiones al cerebro. El alma refiere la sensacion al extremo del rayovisual; y como en el caso presente, no habria podido hacer comparacionesde ninguna clase, no tendria ningun motivo para colocar esos extremos,unos mas lejanos que otros, lo que constituye la tercera dimension.

Para comprender mejor esta verdad, supongamos que el objeto visto fueseun cubo dispuesto de tal manera que se presentasen al ojo tres de suscaras. Claro es que los tres planos aunque iguales, no se ofrecerian alojo de la misma manera, por efecto de que su posicion respectiva no lespermitiria enviar al ojo sus rayos de luz de un modo igual. Pero como elalma no habria tenido ocasion de comparar esta sensacion con ningunaotra, no seria capaz de apreciar la diferencia producida por la distintaposicion y la mayor distancia; y así referiria todos los puntos á unmismo plano, tomando por desiguales las caras del cubo que en realidadno lo eran.

La vista pues en tal caso, presentaria todo el objeto en un plano deperspectiva; y como además no habria medio de apreciar ni aun de conocerla distancia del ojo al objeto, probablemente se creeria el objetopegado al mismo ojo, ó hablando con mas verdad y rigor, la sensacion nonos representaria mas que un simple fenómeno cuyas relaciones y causa nopodríamos explicarnos.

[80.] Es probable, que si permaneciendo fijo el ojo, pudiéramos abrir ycerrar los párpados, ya nos formaríamos idea de que el objeto visto estáfuera de nosotros; de suerte que con solo este movimiento, tendríamos yaun punto de comparacion, por la sucesion de desaparecer y reproducirsealternativamente la sensacion del objeto con la interposicion ó nointerposicion de un obstáculo. Entonces naceria ya por necesidad la ideade una distancia poca ó mucha; y como esta seria en direccionperpendicular al plano del objeto visto, tendríamos idea del sólido.

Afortunadamente la naturaleza ha sido mas benéfica para nosotros, y nohemos de limitarnos á un supuesto que tanto escatima los medios deadquirir ideas de las cosas. Sin embargo no habrá sido inútil examinarel fenómeno en esta suposicion, porque de este exámen sacaremos luz parala inteligencia de lo que me propongo demostrar.

[81.] En mi concepto, la vista para dar orígen á la idea de un sólido,necesita del movimiento. El movimiento es una condicion indispensable;siendo de notar que basta que esté en los objetos, ó en el ojo.

Para mayor claridad supondremos el ojo inmóvil; veamos cómo por elmovimiento de los objetos, puede la sola sensacion de la vistapresentarnos el sólido, ó engendrar la idea de él. Toda la dificultadestá, en manifestar cómo se puede añadir á las dos dimensiones queconstituyen el plano, la tercera que completa el sólido.

Sea un ojo fijo mirando hácia un punto A, donde está colocado unparalelepípedo recto y rectángulo B, de manera que se ocultenenteramente las dos bases, y que la recta que va del centro del ojo á laarista, divida el ángulo diedro en dos partes iguales. Supondremostambien cada una de las caras del paralelepípedo de diferente color,siendo respectivamente, blanca, negra, verde y encarnada. En este caso,el ojo ve los dos planos en uno mismo; por manera que la arista se leofrece como una recta que divide dos partes de un mismo plano, lascuales solo se diferencian en el color. Le es imposible concebir lainclinacion de los dos planos: pues refiriendo el objeto al extremo dela visual, y no habiendo podido comparar las variedades que resultan dela diferencia de distancias, de la posicion, y del modo con que elobjeto recibe la luz, no puede hacer mas que distinguir las variaspartes de un mismo plano.

En esto es fácil hacer la contraprueba. Es bien sabido que laperspectiva puede llegar á la perfecta imitacion de un sólido; ahorabien, si suponemos que en vez de tener á la vista el sólido B, no haymas que un plano donde están exactamente representados las dos carasvistas, la sensacion será la misma, la ilusion podrá ser completa: luegohay dos medios diferentes de producir una sensacion idéntica; luegocuando no precede comparacion, no cabe discernimiento entre los dosmedios; y es claro que la idea que naturalmente resultaria seria la massimple, esto es, la del plano.

[82.] Si suponemos que el paralelepípedo B gira alrededor de un ejevertical, irá presentando sucesivamente al ojo los cuatro planos; ysegun la mayor ó menor inclinacion de ellos á la visual se presentaránmayores ó menores: de suerte que el máximum de la superficie de un planoofrecido al ojo, será cuando el plano sea perpendicular á la visual; yel mínimum ó cero, cuando le sea paralelo.

La sucesion y variedad de las sensaciones hará nacer desde luego la ideade movimiento, pues los mismos planos del paralelepípedo se presentaránocupando distintos lugares. La uniformidad con que se irán sucesivamenteofreciendo siempre de la misma manera, sugerirá tambien la idea de quepor ejemplo el verde que sale pocos momentos despues del negro, es elmismo que se habia visto poco antes, y así de los demás: y comoconstantemente, tras del uno se ocultará el otro, nacerá naturalmentela idea de la extension en la direccion ó prolongacion de la visual, loque basta para formar idea de un volúmen.

Con la vista de un plano, teníamos ya las dos dimensiones queconstituyen la superficie: para formarnos la idea del volúmen solofaltaba la idea de otra dimension, que no estuviese en el mismo plano,la que se habrá engendrado por el movimiento del paralelepípedo.

[83.] Este movimiento que antes se verificaba al rededor de un ejevertical, puede despues suponerse en torno de un eje horizontal; yentonces se nos presentarán sucesivamente dos caras opuestas, y lasbases del paralelepípedo, con diferentes aspectos, segun su variaposicion, ó en otros términos, segun el ángulo de los planos con lavisual. Estas apariencias contribuirán mas y mas á producir la idea deotra dimension que no está en el plano primitivo, y por tanto á suplirlo que faltase para tener idea del volúmen.

[84.] De la propia suerte que hemos supuesto el objeto en movimiento yel ojo fijo, podemos suponer fijo el objeto, y en movimiento el ojo: elresultado será el mismo: porque es claro que si el ojo se muevealrededor del paralelepípedo, ya en torno del eje vertical ya delhorizontal, experimentará las mismas impresiones que cuando él estabaquieto, y el paralelepípedo se movia. Con lo cual, aunque supongamos queel sujeto que ve, está destituido enteramente del sentido del tacto, yque así no puede percibir el movimiento propio, no obstante tendrá losuficiente para formarse con solas las impresiones de la vista, lasideas que constituyen la del volúmen. Verdad es que no le será posiblediscernir si es él quien se mueve, ó si es el objeto; pero esto no quitala formacion de la idea compuesta de las tres dimensiones.

CAPÍTULO XV.