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Viajes por España by Pedro Antonio de Alarcón - HTML preview

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VIAJES

POR

E S P A Ñ A

DE

D. PEDRO ANTONIO DE ALARCÓN

De la Real Academia Española

VISITA AL MONASTERIO DE YUSTE,

DOS DÍAS EN SALAMANCA.—LA GRANADINA.—

DEMADRID A SANTANDER.

PRIMER VIAJE A TOLEDO.—EL ECLIPSE DE SOL DE

1860.

CUADRO GENERAL DE VIAJES.

TERCERA EDICIÓN

MADRID

EST. TIPOGRÁFICO «SUCESORES DE RIVADENEYRA», Paseo de San Vicente, núm. 20

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1907

Es propiedad del Autor.—Quedan hechos los depósitos que marca laLey.

ÍNDICE

DEDICATORIA.— Al Sr. D. Mariano Vázquez

Una visita al Monasterio de Yuste

Dos días en Salamanca

La Granadina

Capítulo I, II, III, IV, V, VI, VII

De Madrid á Santander

Mi primer viaje á Toledo

El eclipse de sol de 1860

Cuadro general de mis viajes por

España

Notas

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AL SEÑOR D. MARIANO VÁZQUEZ,

MAESTRO DE MÚSICA, INDIVIDUO DE NÚMERO

DE LA REAL ACADEMIA DE BELLASARTES,

COMENDADOR DE LA REAL Y DISTINGUIDA

ORDEN DE CARLOS III, Y DENÚMERO DE LA DE ISABEL LA CATÓLICA.

I muy querido Mariano: Juntos hemos hecho, no sólo algunos de losviajes que menciono en la presente obra, como el de Madrid á Toledo yel de El Escorial á Ávila, sino también el muy más importante de laadolescencia hasta la vejez, pasando por los desiertos de laambición.....

Saliste tú de aquella metódica y bendita casa de la calle de Recogidasde Granada, en donde, puedo decir que sin maestro, aprendiste áinterpretar las sublimes creaciones del Haydn español, ó sea del maestroPalacios, del colosal Beethoven, del profundo Weber, del apasionadoSchubert y de otros grandes compositores casi desconocidos entonces ennuestra Península; y salí yo de mi seminario eclesiástico de Guadix(fundado sobre las ruinas de un palacio moro), llevando en pugna dentrode mi agitado cerebro á Santo Tomás y á Rousseau, á Job y á lord Byron,á Fr. Luis de León y á Balzac, á Savonarola y á Aben-Humeya.....

Nuestro encuentro, hoy mismo hace treinta años, fué en laAlhambra..... Allí estaban ya reunidos, soñando también con la gloria,los demás que de cerca ó de lejos habían de acompañarnos en laperegrinación.—Fernández Jiménez, Moreno Nieto, Castro y Serrano,Manuel del Palacio, tu pobre hermano Pepe, Antonio de la Cruz, Salvadorde Salvador, Pérez Cossío, Soler, Pepe Luque, Moreno González, Pineda,e tanti altri, hoy ya viejos ó muertos, levantaron el vuelo connosotros ó como nosotros, desde aquella deliciosa mansión, en quehabíamos formado la célebre sociedad de La Cuerda, hasta las ingratasorillas del Manzanares, donde algunos seguimos viviendo juntos dos añosmás, bajo la denominación de Colonia Granadina..... ¡Calle del Mesónde Paredes! ¡calle de los Caños! ¡fonda del Carmen, que ya no existes!¡ventorrillos, ventas

y

posadas,

en

que

tan

pobre

y

alegrementepernoctamos durante nuestras primeras etapas por el mundo de las Letras,de las Artes, de las Ciencias ó de la Política!..... ¿Quién os dijeraque muchos de aquellos locos mozuelos que tan dificultosamente pagabanel gasto diario y tan alborotada traían la vecindad, habían deconvertirse en estas graves personas que hoy se complacen en recordar,como inverosímiles leyendas, ó cual si refiriesen travesuras de suspropios hijos, aquellas graciosas cuanto inocentes calaveradas, noreñidas con el más asiduo y heroico trabajo?

En Dios y mi ánima te juro, reduciéndome á hablar de ti, Mariano mío,que cuando, hace poco tiempo, te veía dirigir con universal aplauso laorquesta del teatro Real, de donde mengua es de España que estés alejadoy donde no has sido sustituído ni lo serás nunca; cuando escuchaba áinsignes artistas nacionales y extranjeros ensalzar tu nombre sobre elde todos los que habían ocupado aquel verdadero trono de la Música, meregocijaba tu gloria cual si fuera mía, ó por lo menos, de toda la Colonia Granadina, de 1854 á 1856, y que igual placer y ufaníasiento cada vez que asisto á los grandes triunfos que sigues alcanzandocomo Director de la sabia Sociedad de Conciertos, admiración depropios y extraños.....

Todas estas cosas, que nunca te he dicho privadamente, tenía ganas dedecirte en público, y por eso y para eso te dedico ese libro, en quevarias veces te nombro y en que figuras como actor y parte.—Mucholamento no haber podido escribir en él nuestras visitas á Toledo y áÁvila tan extensamente

como

algunas

otras

de

mis

expedicionesartísticas ó poéticas; pero tú suplirás con tu buena memoria lo que yoomita al hacer mención de aquéllas, y volverás á reirte homéricamente alrecordar al Tío Tereso de Toledo y al cicerone que sólo tenía empeñoen que viéramos la campana gorda de la Catedral, ó bien cuando terepresentes en la imaginación aquella mañana deleitosísima en que, contu hermano Paco, salimos á esperar á los arrieros que llevan de ElBarco de Ávila á la estación de Ávila la rica uva que tanto se estimaen Madrid, y nos comimos no sé cuántas libras por cabeza, al otro ladode la ciudad, recostados en una romancesca muralla de color de naranjamarchita, dando cara á un paisaje verde y pedregoso, más activos ydescuidados que á la presente, y con mucho, muchísimo menos luto en elalma.....

Adiós, Mariano. Recibe con indulgencia este libro, y recibe también unabrazo fraternal de tu paisano, amigo y compañero de viaje,

Pedro.

Madrid, 18 de Enero de 1883.

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UNA VISITA

AL

MONASTERIO DE YUSTE

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I

I sois algo jinete (condición sine qua non); si contáis además concuatro días y treinta duros de sobra, y tenéis, por último, en Navalmoral de la Mata algún conocido que os proporcione caballo y guíapodéis hacer facilísimamente un viaje de primer orden—que os ofreceráreunidos los múltiples goces de una exploración geográfico-pintoresca,el grave interés de una excursión historial y artística, y la religiosacomplacencia de aquellas romerías verdaderamente patrióticas que, comotodo deber cumplido, ufanan y alegran el alma de los que todavíarespetan algo sobre la tierra.....—Podéis, en suma, visitar el Monasterio de Yuste.

Para ello..... (suponemos que estáis en Madrid) empezaréis por tomar unbillete, de berlina ó de interior, hasta Navalmoral de la Mata, en la«Diligencia de Cáceres»[1], —que sale diariamente de la calle del Correode ésta que fué corte, á las siete y media de la tarde.

La carretera es buena por lo general, y en ningún paraje peligrosa.Pasaréis sucesivamente por la Dehesa de los Carabancheles, donde losArtilleros tenían establecida su muy notable Escuela práctica;—porlas Ventas de Alcorcón y por Alcorcón mismo, que es como sidijéramos por el Sèvres de los actuales madrileños;—por Móstoles,donde os acordaréis de su órgano y de su célebre Alcalde del año de1808;—por Navalcarnero, uno de los principales lagares que surten depeleón á Madrid;—por Valmojado, que nada tiene de mojado ni de valle,pues ocupa un terreno muy alto y arcilloso;—por Santa Cruz delRetamar, abundante en fiebres intermitentes y en carbones;—por Maqueda, todavía monumental hoy, cuanto poderosa en la antigüedadromana y en tiempos de nuestra doña Berenguela,—y, en fin, por SantaOlalla, patria del historiador Alvar Gómez de Castro y del predicadorCristóbal Fonseca, ambos insignes varones y literatos;—con lo cual, alamanecer (dado que viajéis, como os lo aconsejamos, en primavera ó enotoño), os encontraréis en Talavera de la Reina, confirmada (supongo)recientemente con el nombre de Talavera de la República federal.

Dicho se está que en todo este trayecto no habéis visto casi nada, ácausa de la obscuridad de la noche y de haber ido proveyéndoos de sueño, ó bien de dormición ó dormimiento (como se decía antaño,para evitar confusiones entre la gana y el acto de dormir), y en ellohabréis hecho perfectamente, pues no os esperan grandes hôteles, quedigamos, en toda vuestra romería;—pero al llegar á Talavera, donde sedetiene el coche una hora y se toma chocolate, despertaréis sin dudaalguna, y podréis ver al paso muchas y muy buenas cosas.....

Por ahorraros gastos, no presuponemos que caéis en la tentación de pasartodo un día en aquella ilustre villa, cuna del

ínclito

Padre

Mariana;rica

de

monumentos

arquitectónicos; emporio de los opimos frutos yfrutas de todo el país que vais á recorrer; renombrada por sus barroscocidos, que os indemnizan del bochorno cerámico que pasasteis enAlcorcón, y vecina del memorable campo de batalla en que españoles éingleses dimos tan buena cuenta de José Napoleón, de Sebastiani, deVíctor y de otros generales

del

Imperio,

con

más

de

50.000

soldadosvencedores de Europa.....—En otro caso vierais allí, además de lasmurallas, y la catedral, y los conventos, y los palacios, loscelebérrimos jardines y alamedas que forman un paseo público á la orilladel noble Tajo.....—Pero

¡nada! vosotros vais á Yuste exclusivamente, y no podéis deteneros en parte alguna.....

Montaréis, pues, de nuevo en la Diligencia, y, dejando á la izquierda elgran río y viendo siempre á la derecha la cadena del Guadarrama (que,con el nombre de Sierra de Gredos y otros, se extiende hasta Portugal),continuaréis vuestro camino y cruzaréis por delante de la imponentevilla de Oropesa, de aspecto feudal, coronada por su viejo castillo ypresidida por el magnífico palacio de los antiguos Condes de Oropesa,hoy Duques de Frías.....—Como sabéis á dónde vais, no dejaréisseguramente de saludar agradecidos aquella villa, ni de pensar conreverencia en los mencionados Condes, cuyos recuerdos habéis deencontrar íntimamente ligados con los del Monasterio de Yuste; y,cumplida esta obligación, pasaréis por la Calzada de Oropesa, últimopueblo de la provincia de Toledo; entraréis poco después en Extremadura,y, en fin, á eso de las doce del día os hallaréis en Navalmoral de laMata.

En aquella importante villa, perteneciente ya á la provincia de Cáceres,cabeza de partido judicial y distante de Madrid 172 kilómetros, esdonde os esperan el caballo y el guía. Dejaréis, por tanto, seguir á laDiligencia su rumbo al Sudoeste, y vosotros tomaréis el sendero quepreferían siempre los Condes de Oropesa para dirigirse á Yuste desdesu mencionada villa señorial, ora cuando el famoso Garci-Álvarez iba, áprincipios del siglo XV, á proteger la fundación del Monasterio, oracuando un descendiente suyo acudía, ciento cincuenta años después, ávisitar á Carlos V ó á asistir á sus exequias.—Es decir, que osencaminaréis al lugarcillo de Talayuela (12 kilómetros); pasaréis porla barca del mismo nombre el caudaloso Tiétar, tan desprovisto depuentes; entraréis en la célebre Vera de Plasencia, y, por Robledillode la Vera, iréis á hacer noche á Jarandilla.

De este modo, habiendo andado unas diez y siete horas en coche y cosa deseis leguas á caballo, os hallaréis, á las veinticuatro horas de habersalido de Madrid, á legua y media de Yuste, en una villa importante( Jarandilla es cabeza de otro partido judicial), perteneciente tambiéná los Estados de Oropesa ó Frías, cuyo palacio ó casa solariega albergóalgunos meses al nieto de los Reyes Católicos mientras acababan dedisponerle sus habitaciones en el convento.

Nosotros os dejamos ahora allí—donde creemos no os falte la necesariaindustria para buscar la posada, cenar, acostaros y trasladaros á lamañana siguiente, muy tempranito, al lugar de Quacos, distante de Yuste un cuarto de legua, y donde vive el administrador del Sr.Marqués de Miravel, actual dueño del Monasterio (administrador que esmuy amable y que os acompañará en vuestra visita, ú os proporcionará losmedios de que lo veáis todo á vuestro sabor); nosotros os dejamos en Jarandilla, repetimos, y, retrocediendo á las orillas del Tiétar,vamos á exponeros cómo y por donde llevamos á cabo, por nuestra parte,hace poco tiempo, y arrancando de otro lugar, esta misma excursión alcélebre retiro del que fué dueño del mundo.

*

* *

Cinco kilómetros más abajo de Talayuela, ó sea de su barca, hay unahermosa finca, denominada el Baldío, situada en majestuosa, pero muyalegre soledad.

El Baldío forma una especie de anfiteatro sobre el Tiétar, que es sulímite al Norte. En medio de este anfiteatro se eleva el caserío,teniendo al Sur un soberbio pinar y á los lados extensos bosques derobles ó de encinas. Por las ventanas de todas sus habitaciones, que danal septentrión, se descubre: primero, una faja de vega, de un kilómetrode ancho, que va á morir en el río; luego el mismo río, orlado depomposas arboledas, y, á su otra margen, un segundo anfiteatro, que esla Vera de Plasencia, y que termina en las perpetuas nieves de lasSierras de Jaranda y de Gredos.

Las ventanas del Baldío dan, pues, frente al Monasterio de Yuste,escondido en una leve ondulación de la falda meridional de la Sierra deJaranda, pero cuya situación y cercanías se divisan perfectamente.—Esdecir, que el Baldío y Yuste tienen un mismo horizonte y estánincluídos en la misma cuenca general del terreno, por cuyo fondo corremansamente el Tiétar, navegable en aquella región, y tan grandioso yopulento como el propio Tajo, á quien poco después rinde vasallaje.

Tres leguas escasas (dos á vuelo de pájaro) dista Yuste del Baldío,y nosotros, que residíamos accidentalmente en este último paraje,llevábamos muchos días de contemplar á todas horas aquel otro solitariolugar, encerrado entre una gran sierra y un gran río, sin máscomunicación con el mundo que unas poco frecuentadas veredas, y dondehabía pasado los últimos dos años de su vida aquel que llenó el universocon su nombre y sus hazañas, y cuyos dominios no dejaba nunca dealumbrar el sol.

Un porfiado temporal había ido retrasando la visita que desde quellegamos al Baldío nos propusimos hacer á Yuste, hasta que al finserenóse el tiempo, y el día 3 de Mayo (del presente año de 1873)montamos á caballo; pasamos el Tiétar por otra barca, propiedad denuestro amable y querido huésped, penetramos en la Vera de Plasencia,y nos dirigimos al insigne Monasterio por el camino de Jaraiz.

Ninguna estación más á propósito para apreciar y admirar todos losencantos de la famosísima Vera, país de la fertilidad y de laincomunicación; especie de Alpujarra chica, en que el río hace las vecesdel mar, y Sierra de Jaranda y Sierra de Gredos suplen por la colosalSierra Nevada.

La primavera estaba en todo su esplendor.—Primero caminamos pormagníficas dehesas, sobre una llanísima alfombra de verdura y bajo undosel de magníficos robles, encinas, fresnos, sauces y almeces, á travésde cuyos severos troncos penetraba horizontalmente el alegre sol de lamañana. Después salimos á un monte cubierto de jarales floridos, cuyasblancas flores eran tantas, que parecía que el monte estaba nevado.Luego pasamos el hondo río Jaranda, por el tosco, sabio y gracioso Puente de la Calva, y principiamos la ascensión á Jaraiz, risueña ypopulosa villa, por cuyos arrabales desfilamos á eso de las ocho.

Estábamos á una legua de Yuste. Esta legua recorre un país abrupto,selvático, atroz; pero pintoresco á sumo grado.

Hay sobre todo unparaje, llamado la Garganta de Pelochate, que es digno de los honoresdel pincel y de la fotografía. Allí se despeña rapidísimo un espumosorío por planos inclinados de formidables rocas, sobre las cuales seeleva á extraordinaria altura cierto viejo y gastado puente de tablas,atravesando el cual no puede uno menos de encomendar el alma á Dios. Lasorillas de esta semicatarata son de una rudeza y amenidad imponderables,así como es muy celebrada, y ciertamente fresquísima y muy delgada ygustosa, el agua de la gran fuente que de una peña brota al otro lado deaquel abismo.

Pasada la Garganta de Pelochate, podíamos escoger dos senderos parallegar á Yuste: el uno va por Quacos, lugarcillo de 300 vecinos,que, como hemos apuntado, dista un cuarto de legua del Monasterio; elotro..... no existe verdaderamente, sino que lo abre cada viajero pordonde mejor se le antoja, caminando á campo travieso.....

Nosotros escogimos este último, á pesar de todos susinconvenientes.—Una

aversión

invencible,

una

profunda repugnancia, unaantipatía que rayaba más en fastidio que en odio, nos hacía evitar elpaso por Quacos.

Y era que recordábamos haber leído que los habitantes de este lugar secomplacieron en desobedecer, humillar y contradecir á Carlos V durantesu permanencia en Yuste, llegando al extremo de apoderarse de susamadas vacas suizas, porque casualmente se habían metido á pastar entérmino del pueblo, y de interceptar y repartirse las truchas que ibandestinadas á la mesa del Emperador. Hay quien añade que un díaapedrearon á D. Juan de Austria (entonces niño), porque lo hallaroncogiendo cerezas en un árbol perteneciente al lugarejo....

Pero ¿qué más? ¡Aun hoy mismo, los hijos de Quacos, según nuestrasnoticias, se enorgullecen y ufanan de que sus mayores amargasen losúltimos días del César, por lo que siguen tradicionalmente la costumbrede escarnecer el entusiasmo y devoción histórica que inspiran las ruinasde Yuste!....

Alguien extrañará que Carlos V no declarase la guerra á los habitantesde Quacos, pidiendo á su hijo Felipe II veinte arcabuceros que lesajustasen las cuentas.... Pero ¡ah! el vencedor de Europa no había idoal convento en busca de guerra, sino de paz, y, por otra parte, sihubiese castigado á aquellos insolentes, el desacato y desamor de éstosse habrían hecho públicos y dado margen á mil comentarios en todaEuropa.—Los pequeños lo calculan muy bien todo cuando se atreven áinsultar la misma grandeza á cuyos pies solían arrastrarsemiserablemente.....—El Emperador se hizo, pues, el desentendido, ydevoró en silencio, como una penitencia, aquellas mortificaciones de suorgullo.

Conque decía que nosotros anduvimos á campo travieso la última medialegua que nos separaba de Yuste. Pronto nos sirvió de guía el propio Convento, que vimos aparecer allá á lo lejos, al pie de una áridaladera de Sierra de Jaranda, que lo defiende de los vientos delNorte.—Por la parte del Sur lo resguarda también de las miradas delmundo cierta suave colina, que forma con la dicha sierra una especie devallecejo ó cañada, cuya máxima longitud descubríamos nosotros sindificultad, por ir entonces marchando de Poniente á Levante.

El aspecto del Monasterio, á aquella distancia, realizabacompletamente el poético ideal que nos habíamos formado de él desdeniños, y que hace veinte años nos sugirió algunas páginas tituladas: Dos retratos[2]. —Cercado de robles y sombreado más intensamente á laparte del Sur por una verde cortina de corpulentos, piramidales olmos,aquel antiguo refugio de los desengañados de la tierra parecía como unoasis en medio del desierto, como una isla en un océano tormentoso. Tanrica vegetación, tanta lujosa verdura, tan abrigada soledad y lasausteras líneas de la Santa Casa que destacaba su mole, de un color grisde hoja seca, sobre la obscuridad del ramaje, contrastaban dulcementecon el áspero y desordenado panorama que se veía en torno, con losesquivos montes, con las bruscas quebradas, con los rudos matorrales,con la misma pedregosa tierra que cruzábamos.

Finalmente, salimos al camino que vosotros tendríais que seguir parallegar á Yuste, esto es, al que desde el pobre Quacos sube al Monasterio.....

Ó, por mejor decir, nosotros ya estábamos casi en el Monasterio mismo....

*

* *

Una enorme cruz de piedra y una alta cerca ó tapia de cenicientospeñones nos decía que allí principiaba la sagrada jurisdicción de Yuste.

Por aquel escabroso camino, en que sólo nos restaba que andar algunospasos, llegó Carlos V á su final retiro el día 3

de Febrero de 1557, ypor el propio sendero pasó su cadáver, después de haber yacido allíalgunos años, para ir á continuar su sueño eterno en el panteón de ElEscorial.—Ya veremos más adelante cómo este sueño ha sido tambiénturbado recientemente en el imperial sarcófago de San Lorenzo, y cómonosotros llegamos, por nuestra parte, á profanar asimismo con la mirada,en pública y sacrílega exhibición, la momia del invicto César.

Detengámonos ahora á contemplar un inmenso Escudo de piedra que adornala alta cerca de que hablamos antes.—Él resume y compendia todo lo quehemos de ver y de pensar dentro de Yuste.

Aquel Escudo, abrigado por las poderosas alas del águila de doscabezas y encerrado entre las dos columnas de Hércules, con la leyendade Plus ultra, comprende en sus cuarteles las armas de todos losEstados del augusto Monje.—De estas armas resulta que el hombre que fuéallí á abreviar voluntariamente su vida y á anticipar su muerte, acababade ser en el mund