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Novelas y Teatro by Miguel de Cervantes Saavedra - HTML preview

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BIBLIOTECA LITERARIA DEL ESTUDIANTE

DIRIGIDA POR RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL

TOMO XXI

CERVANTES

NOVELAS Y TEATRO

SELECCIÓN HECHA POR

JOSEFINA SELA

Dibujos de F. Marco.

MADRID, MCMXXII

INSTITUTO - ESCUELA

JUNTA PARA AMPLIACIÓN DE ESTUDIOS

TIPOGRAFÍA DE LA "REVISTA DE ARCHIVOS",OLÓZAGA, I, MADRID

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LAGITANILLA

LA ILUSTRE FREGONA

HISTORIA DE LOS TRABAJOS DEPERSILES Y

SIGISMUNDA

o LIBRO I

o CAPITULO XXII

o LIBRO II

o CAPITULOX

o CAPITULO XII

o CAPITULO XVI

o CAPITULO XVIII

o CAPITULOXX

o LIBRO III

o CAPITULOX

o CAPITULOXI

NOVELA Y COLOQUIO

EL RETABLO DE LASMARAVILLAS

EL CERCO DE NUMANCIA

o JORNADA PRIMERA

o JORNADA SEGUNDA

o JORNADA TERCERA

o JORNADA CUARTA

PEDRO DE URDEMALAS

o JORNADA PRIMERA

INDICE

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LAGITANILLA

Parece que los gitanos y gitanas solamente nacieron en el mundopara ser ladrones: nacen de padres ladrones, críanse conladrones, estudian para ladrones y, finalmente, salen con serladrones corrientes y molientes a todo ruedo, y la gana del hurtary el hurtar son en ellos como acidentes inseparables, que no sequitan sino con la muerte. Una, pues, desta nación, gitanavieja, que podía ser jubilada en la ciencia de Caco,crió una muchacha en nombre de nieta suya, a quien pusonombre Preciosa, y a quien enseñó todas susgitanerías, y modos de embelecos, y trazas de hurtar.Salió la tal Preciosa la más única bailadoraque se hallaba en todo el gitanismo, y la más hermosa ydiscreta que pudiera hallarse, no entre los gitanos, sino entrecuantas hermosas y discretas pudiera pregonar la fama. Ni lossoles, ni los aires, ni todas las inclemencias del cielo, a quienmás que otras gentes están sujetos los gitanos,pudieron deslustrar su rostro ni curtir las manos; y lo que esmás, que la crianza tosca en que se criaba no descubría en ella sino ser nacida de mayoresprendas que de gitana, porque era en extremo cortés y bienrazonada. La abuela conoció el tesoro que en la nietatenía, y así, determinó el águila viejasacar a volar su aguilucho y enseñarle a vivir por susuñas.

Salió Preciosa rica de villancicos, de coplas,seguidillas y zarabandas y de otros versos, especialmente deromances, que los cantaba con especial donaire. Porque su taimadaabuela echó de ver que tales juguetes y gracias, en lospocos años y en la mucha hermosura de su nieta,habían de ser felicísimos atractivos e incentivospara acrecentar su caudal; y así, se los procuró ybuscó por todas las vías que pudo, y no faltópoeta que se los diese.

Crióse Preciosa en diversas partes de Castilla, y a losquince años de su edad su abuela putativa la volvió ala Corte y a su antiguo rancho, que es adonde ordinariamente letienen los gitanos, en los campos de Santa Bárbara, pensandoen la Corte vender su mercadería, donde todo se compra ytodo se vende. Y la primera entrada que hizo Preciosa en Madridfué un día de Santa Ana, patrona y abogada de lavilla, con una danza en que iban ocho gitanas, cuatro ancianas ycuatro muchachas, y un gitano, gran bailarín, que lasguiaba; y aunque todas iban limpias y bien aderezadas, el aseo dePreciosa era tal, que poco a poco fué enamorando los ojos decuantos la miraban. De entre el son del tamborín ycastañetas y fuga del baile salió un rumor que encarecía la belleza y donaire de laGitanilla, y corrían los muchachos a verla y los hombres amirarla. Pero cuando la oyeron cantar, por ser la danza cantada,¡allí fué ello! Allí sí quecobró aliento la fama de la Gitanilla, y de comúnconsentimiento de los diputados de la fiesta, desde luego leseñalaron el premio y joya de la mejor danza; y cuandollegaron a hacerla en la iglesia de Santa María, delante dela imagen de Santa Ana, después de haber bailado todas,tomó Preciosa unas sonajas, al son de las cuales, dando enredondo largas y ligerísimas vueltas, cantó un romance.

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...y corrían los muchachos a verla y los hombres amirarla.

El cantar de Preciosa fué para admirar a cuantos laescuchaban. Unos decían: "¡Dios te bendiga, lamuchacha!" Otros: "¡Lástima es que esta mozuela seagitana! En verdad en verdad que merecía ser hija de un granseñor."

Acabáronse las vísperas, y la fiesta de Santa Ana,y quedó Preciosa algo cansada; pero tan celebrada dehermosa, de aguda y de discreta, y de bailadora, que a corrillos sehablaba della en toda la Corte. De allí a quince díasvolvió a Madrid con otras tres muchachas, con sonajas y conun baile nuevo, todas apercebidas de romances y de cantarcillosalegres, pero todos honestos.

Nunca se apartaba della la gitanavieja, hecha su Argos, temerosa no se la despabilasen ytraspusiesen; llamábala nieta, y ella la tenía porabuela. Pusiéronse a bailar a la sombra en la calle deToledo, y de los que las venían siguiendo se hizo luego un gran corro; y en tanto que bailaban, lavieja pedía limosna a los circunstantes, y llovían enella ochavos y cuartos como piedras a tablado; que tambiénla hermosura tiene fuerza de despertar la caridad dormida.

Acabado el baile, dijo Preciosa:

--Si me dan cuatro cuartos, les cantaré un romance yosola, lindísimo en extremo, que trata de cuando la Reinanuestra señora Margarita salió a misa en Valladolid yfué a San Llorente: dígoles que es famoso, ycompuesto por un poeta de los del número, comocapitán del batallón.

Apenas hubo dicho esto, cuando casi todos los que en la ruedaestaban dijeron a voces:

--Cántale, Preciosa, y ves aquí mis cuatrocuartos.

Y así granizaron sobre ella cuartos, que la vieja no sedaba manos a cogerlos. Hecho, pues, su agosto, y su vendimia,repicó Preciosa sus sonajas, y al tono correntío yloquesco cantó el romance.

Apenas lo acabó cuando del ilustreauditorio y grave senado que la oía, de muchas seformó una voz sola, que dijo:

--¡Torna a cantar, Preciosica; que no faltaráncuartos como tierra!

Más de docientas personas estaban mirando el baile yescuchando el canto de las gitanas, y en la fuga délacertó a pasar por allí uno de los tinientes de lavilla, y viendo tanta gente junta, preguntó quéera, y fuéle respondido queestaban escuchando a la Gitanilla hermosa, que cantaba.Llegóse el Tiniente, que era curioso, y escuchó unrato, y por no ir contra su gravedad, no escuchó el romancehasta la fin; y habiéndole parecido por todo extremo bien laGitanilla, mando a un paje suyo dijese a la gitana vieja que alanochecer fuese a su casa con las gitanillas; que quería quelas oyese dona Clara su mujer. Hizolo así el paje, y lavieja dijo que sí iria.

Acabaron el baile y el canto y se fueron la calle adelante, ydesde una reja llamaron unos caballeros a las gitanas.Asomóse Preciosa a la reja, que era baja, y vió enuna sala muy bien aderezada y muy fresca muchos caballeros que,unos paseándose y otros jugando a diversos juegos, seentretenían.

--¿Quiérenme dar barato, ceñores?--dijoPreciosa, que, como gitana, hablaba ceceoso, y esto es artificio enellas; que no naturaleza.

A la voz de Preciosa, y a su rostro, dejaron los que jugaban eljuego, y el paseo los paseantes, y los unos y los otros acudieron ala reja por verla, que ya tenían noticia della, ydijeron:

--Entren, entren las gitanillas; que aquí les daremosbarato.

--Caro sería ello--respondió Preciosa--si nospellizcacen.

--No, a fe de caballeros--respondió uno--; bien puedesentrar, niña, segura que nadie te tocará a lavira de tu zapato; no, por elhábito que traigo en el pecho.

Y púsose la mano sobre uno de Calatrava.

--Si tú quieres entrar, Preciosa--dijo una de las tresgitanillas que iban con ella--, entra enhorabuena; que yo no piensoentrar adonde hay tantos hombres.

--Mira, Cristina--respondió Preciosa--: de lo que te hasde guardar es de un hombre solo y a solas, y no de tantos juntos;porque antes el ser muchos quita el miedo y el recelo de serofendidas.

Advierte, Cristinica, y está cierta de una cosa:que la mujer que se determina a ser honrada, entre unejército de soldados lo puede ser. Verdad es que es buenohuír de las ocasiones; pero han de ser de las secretas, y node las públicas.

--Entremos, Preciosa--dijo Cristina--; que tú sabesmás que un sabio.

Animólas la gitana vieja, y entraron; y apenas huboentrado Preciosa, cuando el caballero del hábito vió un papel que traía en el seno, y llegándose aella se le tomó, y dijo Preciosa:

--¡Y no me le tome, señor; que es un romance que meacaban de dar ahora, que aún no le he leído!

--Y ¿sabes tú leer, hija?--dijo uno.

--Y escribir--respondió la vieja--; que a mi nieta helacriado yo como si fuera hija de un letrado.

Abrió el caballero el papel, y vió quevenía dentro dél un escudo de oro, y dijo:

--En verdad, Preciosa, que trae esta carta el porte dentro: tomaeste escudo que en el romance viene.

--Basta--dijo Preciosa---, que me ha tratado de pobre el poeta.Pues cierto que es más milagro darme a mí un poeta unescudo que yo recebirle: si con esta añadidura han de venirsus romances, traslade todo el Romancero general, yenvíemelos uno a uno; que yo les tentaré el pulso, ysi vinieren duros, seré yo blanda en recebillos.

Admirados quedaron los que oían a la Gitanica, asíde su discreción como del donaire con que hablaba.

Los que jugaban le dieron barato, y aun los que no jugaban.Cogió la hucha de la vieja treinta reales, y más ricay más alegre que una Pascua de Flores, antecogió suscorderas y fuése en casa del señor Teniente, quedandoque otro día volvería con su manada a dar contento aaquellos tan liberales señores.

Ya tenía aviso la señora doña Clara, mujerdel señor Teniente, como habían de ir a su casa lasgitanillas, y estábalas esperando como el agua de Mayo ellay sus doncellas y dueñas, con las de otra señoravecina suya, que todas se juntaron para ver a Preciosa; y apenashubieron entrado las gitanas, cuando entre las demásresplandeció Preciosa como la luz de una antorcha entreotras luces menores; y así,corrieron todas a ella: unas la abrazaban, otras la miraban,éstas la bendecían, aquéllas la alababan.Doña Clara decía:

--¡Este sí que se puede decir cabello de oro!¡Estos sí que son ojos de esmeraldas!

La señora su vecina la desmenuzaba toda, y hacíapepitoria de todos sus miembros y coyunturas.

Y llegando a alabarun pequeño hoyo que Preciosa tenía en la barba,dijo:

--¡Ay, qué hoyo! En este hoyo han de tropezarcuantos ojos le miraren.

Oyó esto un escudero de brazo de la señoradoña Clara, que allí estaba, de luenga barba y largosaños, y dijo:

--¡Por Dios, tan linda es la Gitanilla, que hecha de platao de alcorza no podría ser mejor! ¿Sabes decir labuenaventura, niña?

--De tres o cuatro maneras--respondió Preciosa.

--Y ¿eso más?--dijo doña Clara---. Por vidadel Tiniente, mi señor, que me la has de decir, niñade oro, y niña de plata, y niña de perlas, yniña de carbuncos, y niña del cielo, que es lomás que puedo decir.

--Dénle, dénle la palma de la mano a laniña, y con que haga la cruz--dijo la vieja--, yverán qué de cosas les dice; que sabe más queun doctor de melecina.

Echó mano a la faldriquera la señora Tenienta, yhalló que no tenía blanca. Pidió un cuarto asus criadas, y ninguna le tuvo, ni laseñora vecina tampoco. Lo cual visto por Preciosa dijo:

--Todas las cruces, en cuanto cruces, son buenas; pero las deplata o de oro son mejores; y el señalar la cruz en la palmade la mano con moneda de cobre sepan vuesas mercedes que menoscabala buenaventura, a lo menos, la mía; y así, tengoafición a hacer la cruz primera con algún escudo deoro, o con algún real de a ocho, o, por lo menos, de acuatro; que soy como los sacristanes: que cuando hay buena ofrenda,se regocijan.

--Donaire tienes, niña, por tu vida--dijo laseñora vecina.

Y volviéndose al escudero, le dijo:

--Vos, señor Contreras, ¿tendréis a manoalgún real de a cuatro? Dádmele; que en viniendo eldoctor mi marido os le volveré.

--Sí tengo--respondió Contreras--; peroténgole empeñado en veinte y dos maravedís,que cené anoche; dénmelos; que yo iré porél en volandas.

--No tenemos entre todas un cuarto--dijo doña Clara---,¿y pedís veinte y dos maravedís?

Andad,Contreras, que siempre fuistes impertinente.

Una doncella de las presentes, viendo la esterilidad de la casa,dijo a Preciosa:

--Niña, ¿hará algo al caso que se haga lacruz con un dedal de plata?

--Antes--respondió Preciosa--se hacen las cruces mejores del mundo con dedales de plata, comosean muchos.

--Uno tengo yo--replicó la doncella---; si éstebasta, hele aquí, con condición que también seme ha de decir a mí la buenaventura.

--¿Por un dedal tantas buenasventuras?--dijo la gitanavieja---. Nieta, acaba presto; que se hace noche.

Tomó Preciosa el dedal y la mano de la señoraTeniente y dijo la buenaventura; y enacabándola

encendió el deseo de todas lascircunstantes en querer saber la suya, y así se lo rogarontodas; pero ella las remitió para el viernes venidero,prometiéndole que tendrían reales de plata para hacerlas cruces. En esto, vino el señor Tiniente, a quiencontaron maravillas de la Gitanilla; él las hizo

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bailar unpoco, y confirmó por verdaderas y bien dadas las alabanzasque a Preciosa habían dado; y poniendo la mano en lafaldriquera. hizo señal de querer darle algo; yhabiéndola espulgado, y sacudido, y rascado muchas veces, alcabo sacó la mano vacía, y dijo:

--¡Por Dios que no tengo blanca! Dadle vos, doñaClara, un real a Preciosica; que yo os le darédespués.

...y poniendo la mano en la faldriquera, ...

--¡Bueno es eso, señor, por cierto!¡Sí, ahí está el real de manifiesto! Nohemos tenido entre todas nosotras un cuarto para hacer laseñal de la cruz, ¿y quiere que tengamos un real?

--Pues dadle alguna valoncica vuestra, o alguna cosita; que otro día nos volverá a verPreciosa, y la regalaremos mejor.

A lo cual dijo doña Clara:

--Pues porque otra vez venga, no quiero dar nada ahora aPreciosa.

--Antes si no me dan nada--dijo Preciosa---, nunca másvolveré acá. Mas sí volveré, a servir atan principales señores; pero trairé tragado que nome han de dar nada, y ahorraréme la fatiga del esperallo.Coheche vuesa merced, señor Tiniente; coheche, ytendrá dineros, y no haga usos nuevos; que morirá dehambre. Mire, señora: por ahí he oído decir (yaunque moza, entiendo que no son buenos dichos) que de los oficiosse ha de sacar dineros para pagar las condenaciones de lasresidencias y para pretender otros cargos.

--Así lo dicen y lo hacen los desalmados--replicóel Teniente---; pero el juez que da buena residencia notendrá que pagar condenación alguna, y el haber usadobien su oficio será el valedor para que le den otro.

--Habla vuesa merced muy a lo santo, señor Teniente--respondió Preciosa---; ándese a eso ycortarémosle de los harapos para reliquias.

--Mucho sabes, Preciosa--dijo el Tiniente---. Calla, que yodaré traza que sus Majestades te vean, porque eres pieza dereyes.

--Querránme para truhana--respondió Preciosa---, yyo no lo sabré ser, y todo irá perdido. Si me quisiesen para discreta, aúnllevarme hían; pero en algunos palac|más medran lostruhanes que los discretos. Yo me hallo bien con ser gitana ypobre, y corra la suerte por donde el cielo quisiere.

--Ea, niña--dijo la gitana vieja--, no hables más;que has hablado mucho, y sabes más de lo que yo te heenseñado; no te asotiles tanto, que te despuntarás;habla de aquello que tus años permiten, y no te metas enaltanerías; que no hay ninguna que no amenacecaída.

--¡El diablo tienen estas gitanas en el cuerpo! --dijo aesta sazón el Tiniente.

Despidiéronse las gitanas, y al irse, dijo la doncelladel dedal:

--Preciosa, dime la buenaventura, o vuélveme mi dedal;que no me queda con qué hacer labor.

--Señora doncella--respondió Preciosa---, hagacuenta que se la he dicho, y provéase de otro dedal, o nohaga vainillas hasta el viernes, que yo volveré y lediré más venturas y aventuras que las que tiene unlibro de caballerías.

Fuéronse, y juntáronse con las muchas labradorasque a la hora de las avemarías suelen salir de Madrid paravolverse a sus aldeas, y entre otras vuelven muchas, con quiensiempre se acompañaban las gitanas, y volvíanseguras. Porque la gitana vieja vivía en continuo temor nole salteasen a su Preciosa.

Sucedió, pues, que la mañana de un día quevolvían a Madrid a coger lagarrama con las demás gitanillas, en un valle pequeñoque está obra de quinientos pasos antes que se llegue a lavilla, vieron un mancebo gallardo y ricamente aderezado de camino.La espada y daga que traía eran, como decirse suele, unaascua de oro; sombrero con rico cintillo y con plumas de diversascolores adornado. Repararon las gitanas en viéndole ypusiéronsele a mirar muy de espacio, admiradas de que atales horas un tan hermoso mancebo estuviese en tal lugar, a pie ysolo. El se llegó a ellas, y hablando con la gitana mayor,le dijo:

--Por vida vuestra, amiga, que me hagáis placer que vos yPreciosa me oyáis aquí aparte dos palabras, queserán de vuestro provecho.

--Como no nos desviemos mucho, ni no nos tardemos mucho, sea enbuen hora--respondió la vieja.

Y llamando a Preciosa, se desviaron de las otras obra de veintepasos, y así en pie, como estaban, el mancebo les dijo:

--Yo vengo de manera rendido a la discreción y belleza dePreciosa, que después de haberme hecho mucha fuerza paraexcusar llegar a este punto, al cabo he quedado más rendidoy más imposibilitado de excusallo. Yo, señorasmías (que siempre os he de dar este nombre, si el cielo mipretensión favorece), soy caballero, como lo puede mostrareste hábito--y apartando el herreruelo, descubrió enel pecho uno de los más calificados que hay enEspaña---; soy hijo deFulano--que por buenos respectos aquí no se declara sunombre---; estoy debajo de su tutela y amparo; soy hijoúnico, y el que espera un razonable mayorazgo. Mi padreestá aquí en la Corte pretendiendo un cargo, y yaestá consultado, y tiene casi ciertas esperanzas de salircon él. Y con ser de la calidad y nobleza que os hereferido, y de la que casi se os debe ya de ir trasluciendo, contodo eso, quisiera ser un gran señor para levantar a migrandeza la humildad de Preciosa, haciéndola mi igual y miseñora. Quiero servirla del modo que ella másgustare: su voluntad es la mía. Para con ella es de cera mialma, donde podrá imprimir lo que quisiere; y paraconservarlo y guardarlo no será como impreso en cera, sinocomo esculpido en marmóles, cuya dureza se opone a laduración de los tiempos. Si creéis esta verdad, noadmitirá ningún desmayo mi esperanza; pero si no mecreéis, siempre me tendrá temeroso vuestra duda. Minombre es éste--y díjoselo---; el de mi padre ya osle he dicho; la casa donde vive es en tal calle, y tiene tales ytales señas; vecinos tiene de quien podréisinformaros, y aun de los que no son vecinos también; que noes tan escura la calidad y el nombre de mi padre y el mío,que no le sepan en los patios de palacio, y aun en toda la Corte.Cien escudos traigo aquí en oro para daros en arra yseñal de lo que pienso daros; porque no ha de negar lahacienda el que da el alma.

En tanto que el caballero esto decía, le estaba mirando.Preciosa atentamente, y sin duda que no le debieron de parecer malni sus razones ni su talle; y volviéndose a la vieja, ledijo:

--Perdóneme, abuela, de que me tomo licencia pararesponder a este señor.

--Responde lo que quisieres, nieta--respondió lavieja---; que yo sé que tienes discreción paratodo.

Y Preciosa dijo:

--Yo, señor caballero, aunque soy gitana, pobre yhumildemente nacida, tengo un cierto espiritillo fantásticoacá dentro, que a grandes cosas me lleva. A mí ni memueven promesas, ni me desmoronan dádivas, ni me inclinansumisiones, ni me espantan finezas y aunque de quince años(que, según la cuenta de mi abuela, para este San Miguel losharé), soy ya vieja en los pensamientos y alcanzo másde aquello que mi edad promete, más por mi buen natural quepor la experiencia. El temor engendra en mí unrecato tal, que ningunas palabras creo y de. muchas obras dudo. Siquisiéredes ser mi esposo, yo lo seré vuestra: perohan de preceder muchas condiciones y averiguaciones primero.Primero tengo; de saber si sois el que decís; luego,hallando esta verdad, habéis de dejar la casa de vuestrospadres y la habéis de trocar con nuestros ranchos, y tomandoel traje de gitano, habéis de cursar dos años ennuestras escuelas, en el cual tiempo me satisfaré yode vuestra condición, y vos dela mía; al cabo del cual, si vos os contentáredes demí, y yo de vos, me entregaré por vuestra esposa. Yhabéis de considerar que en el tiempo de este noviciadopodría ser que cobrásedes la vista, que ahoradebéis de tener perdida, o, por lo menos, turbada, yviésedes que os convenía huir de lo que ahoraseguís con tanto ahinco; y cobrando la libertad perdida, conun buen arrepentimiento se perdona cualquier culpa. Si con estascondiciones queréis entrar a ser soldado de nuestra milicia,en vuestra mano está, pues faltando alguna dellas, nohabéis de tocar un dedo de la mía.

Pasmóse el mozo a las razones de Preciosa, ypúsose como embelesado, mirando al suelo, dando muestras queconsideraba lo que responder debía. Viendo lo cual Preciosa,tornó a decirle:

--No es éste caso de tan poco momento, que en los queaquí nos ofrece el tiempo pueda ni deba resolverse: volveos,señor, a la villa, y considerad de espacio lo queviéredes que más os convenga, y en este mismo lugarme podéis hablar todas las fiestas que quisiéredes,al ir o venir de Madrid.

--Satanás tienes en tu pecho, muchacha--dijo a estasazón la gitana vieja---: ¡mira que dices cosas, queno las diría un colegial de Salamanca! ¿cómoes esto? que me tienes loca, y te estoy escuchando como a unapersona espiritada, que habla latín sin saberlo.

--Calle, abuela--respondió Preciosa---, y sepa que todaslas cosas que me oye son nonada y son de burlas, para las muchasque de más veras me quedan en el pecho.

Todo cuanto Preciosa decía, y toda la discreciónque mostraba, era añadir leña al fuego queardía en el pecho del caballero. Finalmente, quedaron en quede allí a ocho días se verían en aquel mismolugar, donde él vendría a dar cuenta deltérmino en que sus negocios estaban, y ellas habríantenido tiempo de informarse de la verdad que les habíadicho. Sacó el mozo una bolsilla de brocado, donde dijo queiban cien escudos de oro, y diósdos a la vieja; pero noquería Preciosa que los tomaste en ninguna manera; a quienla gitana dijo:

--Calla, niña; que la mejor señal que esteseñor ha dado de estar rendido es haber entregado las armasen señal de rendimiento; y el dar, en cualquieraocasión que sea, siempre fué indicio de generosopecho. Y acuérdate de aquel refrán que dice: "Alcielo rogando, y con el mazo dando." Y

más, que no quiero yoque por mí pierdan las gitanas el nombre que por luengossiglos tienen adquerido de codiciosas y aprovechadas. ¿Cienescudos quieres tú que deseche, Preciosa, y de oro en oro,que pueden andar cosidos en el alforza de una saya que no valga dosreales, y tenerlos allí como quien tiene un juro sobre lasyerbas de Extremadura? Y si alguno de nuestros hijos, nietos oparientes cayere, por alguna desgracia, en manos de la justicia, ¿habráfavor tan bueno que llegue a la oreja del juez y del escribano,como destos escudos, si llegan a sus bolsas? Tres veces por tresdelitos diferentes me he visito casi puesta en el asno para serazotada, y de la una me libró un jarro de plata, y de laotra una sarta de perlas, y de la otra cuarenta reales de a ocho,que había trocado por cuartos, dando veinte realesmás por el cambio. Mira, niña, que andamos en oficiomuy peligroso y lleno de tropiezos y de ocasiones forzosas, y nohay defensas que más presto nos amparen y socorran como lasarmas invencibles del gran Filipo: no hay pasar adelante de su plus ultra. Por un doblón de dos caras se nos muestraalegre la triste del procurador y de todos los ministros de lamuerte, que son arpías de nosotras las pobres gitanas, ymás precian pelarnos y desollarnos a nosotras que a unsalteador de caminos; jamás, por más rotas ydesastradas que nos vean, nos tienen por pobres; que dicen quesomos como los jubones de los gabachos de Belmonte: rotos ygrasientos, y llenos de doblones.

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--Por vida suya, abuela, que no diga más; que llevatérmino de alegar tantas leyes en favor de quedarse con eldinero, que agote las de los Emperadores; quédese con ellos,y buen provecho le hagan, y plega a Dios que los entierre ensepultura donde jamás tornen a ver la claridad del sol, nihaya necesidad que la vean. A estas nuestras compañeras será forzoso darles algo; que ha muchoque nos esperan, y ya deben de estar enfadadas.

Por vida suya, abuela, que no diga más; ...

--Así verán ellas--replicó la vieja--monedadéstas como veen al Turco agora. Este buen señorverá si le ha quedado alguna moneda de plata, o cuartos, ylos repartirá entre ellas, que con poco quedaráncontentas.

--Sí traigo--dijo él galán.

Y sacó de la faldriquera tres reales de a ocho, querepartió entre las tres gitanillas, con que quedaronmás alegres y más satisfechas que suele quedar unautor de comedias