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Memoria Dirigida al Señor Marquez de Loreto, Virrey y Capitán General de las Provincias del Río de la Plata by Francisco de Viedma - HTML preview

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MEMORIA

DIRIGIDA

AL Sr. MARQUEZ DE LORETO,

VIREY Y CAPITAN GENERAL

DE LAS

PROVINCIAS DEL RIO DE LA PLATA,

SOBRE LOS OBSTACULOS QUE HAN ENCONTRADO, Y LAS VENTAJAS QUE

PROMETEN LOS ESTABLECIMIENTOSPROYECTADOS EN LA COSTA PATAGONICA.

POR

D. FRANCISCO DE VIEDMA,

GOBERNADOR E INTENDENTE DE LAS PROVINCIAS DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA Y COCHABAMBA,Y COMISARIO SUPERINTENDENTE QUE FUE DE

DICHOS ESTABLECIMIENTOS.

Primera Edicion.

BUENOS-AIRES.

IMPRENTA DEL ESTADO,

1836.

PARTE PRIMERA.

PARTE SEGUNDA.

PARTE TERCERA.

INDICE DE LAS OBRAS CONTENIDAS EN EL TOMO

PRIMERO.

DISCURSO PRELIMINAR

A LA MEMORIA DE VIEDMA

SOBRE PATAGONIA.

Si todos los empleados que enviaba España á América hubiesen sidocomo el autor de la presente Memoria, hubieran progresado lascolonias, y talvez no hubiera sido tan general y vehemente el deseode sustraerse de la dominacion de la metrópoli.—Miembro de una delas principales familias de Andalucía, y regidor ó Veinticuatro delayuntamiento de Jaen, su patria, D. Francisco de Viedma disfrutabaen España de una consideracion merecida.

El interes con que la Corte de Madrid empezaba á mirarsus establecimientos ultramarinos, y la actividad del Ministro Galvez,que presidia entonces el Consejo de Indias, iban cortando los abusosque se habian introducido en tan vasta y complicada máquina. Elbuen éxito que tuvo en Méjico el plan de colonizacion de Sonora,inspiró á su autor el deseo de extenderlo á otras provincias, y Viedmafué encargado de plantificarlo en Patagonia.

Las circunstancias que acompañaron este nombramiento merecenser referidas. Se escusaba Viedma por las muchas atencionesde familia, y por su ninguna aptitud para esta clase de empleos. Insistiael Ministro, y volvia á escusarse el candidato.—Por fin cansadoGalvez de la resistencia que encontraba en su protegido, mudó de conversacion,y le preguntó en qué estado habia dejado sus haciendas.—Viedma,que ponia todo su orgullo en pasar por el primer agricultorde Andalucía, le contestó, que á fuerza de cuidados y trabajos habialogrado llevarlas á un estado de prosperidad extraordinaria...."Esto es precisamente lo que quiere el Rey que V. haga en Patagonia",le dijo el Ministro, devolviéndole su renuncia.

Por primera vez esta porcion considerable del antiguo vireinatode Buenos Aires contaba con el celo de un hábil administrador. Sushabitantes, desatendidos y entregados á sus propios recursos, no habiandado hasta entonces un paso fuera de la senda obscura y degradantede la vida salvage. Las tentativas hechas por los Misionerosno solo habian sido limitadas, sino efímeras, y hasta el recuerdo desus trabajos evangélicos se habia borrado en aquellas regiones. Ladificultad de sojuzgar los indígenas, y la ninguna utilidad que prometiauna inmensa extension de tierras incultas, despobladas y, segundecian, estériles, las habian sustraido de la accion gubernativa deestas provincias. Los Vireyes, satisfechos con tener en su dependenciaá las fértiles campañas del Paraguay, y á los ricos valles del Perú,apartaban la vista de la parte meridional de su jurisdiccion, que mirabancomo la Siberia de América. Este abandono, ó mejor diremosdesprecio, duró hasta que Viedma fue instalado en su cargo de Super-intendentede los establecimientos patagónicos. Desde entoncestodo fué vida y actividad; y aunque tuviese el dolor de ver malogradosus esfuerzos, no por esto renunció á la esperanza de hacer valersu experiencia para que se acogiesen sus indicaciones.

Entre los arbitrios que propone, y que nos han parecidooportunos y practicables, hay uno que debe llamar la atencion delGobierno, porque puede contribuir á aumentar los recursos del erario.Inculca Viedma en que se imite el egemplo de la Corona de Portugal,que concedia licencias temporaneas á compañías establecidas, paraocuparse en la pesca de ballenas y lobos en la isla de Santa Catalina.El producto de este ramo deberia ser de alguna importancia, si secalcula la extension que tienen nuestras costas, y la prodigiosa abundanciade estos cetáceos.

Tambien pondera la utilidad de ocupar la isla de Choelechel;y á este propósito no podemos dispensarnos de transcribir un trozode su Memoria, para que se admire su prevision. "Tomando el sitiode Choelechel, ya aseguramos el pasage para los indios de aquellasnaciones (Peguenches y Araucanos) que son numerosísimos: le quitamosestos enemigos á los campos y fronteras de Buenos Aires; yvamos preparando la internacion y demas importantes proyectos,que puede atraernos el Rio Negro por la parte de Valdivia." Estossábios pensamientos fueron desatendidos, y solo al cabo de unmedio siglo, el Señor General ROSAS ha tenido la gloria de realizarlos.

Promovido al gobierno de las importantes provincias de Cochabambay Santa Cruz de la Sierra, él que esto escribia tuvo por sucesoren la superintendencia de Patagonia á su hermano D.

Antonio, quelo imitó en el vivo interes con que miró la prosperidad de aquellosestablecimientos.

Viedma siguió administrando su nuevo departamento, y murió enCochabamba en 1809, dejando sus bienes á una casa de hospicio parala educacion de niños pobres, y fundando otra de huérfanas. Estosfueron sus servicios, toca á los Americanos á venerar su memoria.

El original de esta memoria se conserva en el archivo privadodel Señor Dr. y Canónigo D. Saturnino Segurola, que ha tenido lagenerosidad de franquearlo para su publicacion.

Buenos Aires, 30 de Enero de 1836.

PEDRO DE ANGELIS.

MEMORIA

Dirigida al Señor Marquez de Loreto, &a.

EXMO. SEÑOR:—

El mucho amor con que he mirado los establecimientos patagónicospor el conocimiento que iba tomando de las ventajas que podian produciral Estado, me empañaba cada dia mas y mas á sostenerlos y fomentarlos:pero ni mis constantes esfuerzos, ni las repetidas representacionescon que hacia ver su importancia por los descubrimientos y experienciasde la produccion de sus terrenos, fueron capaces á contrarestar elespíritu de oposicion que les persiguia; y al fin triunfó esta, dejándolosreducidos al extremo que hoy se mira. No obstante, espero ha de ser laraiz que llegue á fomentar lo mucho que hemos perdido en su abandono;y á dar una verdadera luz y conocimiento de sus grandes ventajaspor medio de las elevadas prendas que adornan á V. E., capaces solamenteá restaurar unos establecimientos que pueden servir de muro incontrastableá los enemigos de la Corona, de seguridad á esta capital, defomento á su comercio; y lo que es mas, de medios para propagar nuestraSanta Religion, de

extender

el

beneficio

de

la

Redencion

á

una

prodigiosamultitud de idólatras, que la experiencia me ha hecho conocer sondóciles, y de quien sin temeridad se puede prometer una abundante miesá los obreros evangélicos.

Alienta mas mi confianza el ver, que luego que tuve el honor deenterar á V. E. muy por encima de los acaecimientos de dichas poblaciones,sus proporciones y utilidades, le merecí grato oido, le encontrémuy adicto y deseoso de enterarse radicalmente de todo ello; y comoes un asunto tan vasto, que ni puede fiarse á informes verbales, ni retenerseestas noticias para un perfecto conocimiento, me mandó V. E. lo hiciesepor escrito, en obsequio de tan superior precepto, en desahogo de miamor al servicio del Rey, y en bien comun de estas provincias, me atrevo,con la confianza que dicta la verdad y la buena causa, á proponer á V. E.,que los empeños que en todos tiempos ha tenido nuestra Corte en fijar poblacionesen la referida costa, han nacido de la ilustracion que se tenia delas ventajas que habia de traer al Estado y á la Religion; sin que debamudarse de concepto, porque no haya correspondido el éxito á lo felizdel proyecto.

Que á pesar de la emulacion con que se ha mirado siempre, seráútil, como lo es en el dia la subsistencia y fomento del que ha quedadoen el Rio Negro, por las prosperidades que atrae y se harán ver; proponiendoigualmente los medios y modos de fomentarlo sin dispendio delerario. Tres partes forman el plan de esta memoria. ¡Ojalá que yoacierte á desempeñarla segun mis deseos, y como merece la importancia delasunto!

PARTE PRIMERA.

Desde que logró la España unir á sus dominios el vasto, fértil yriquísimo reino del Perú, siempre ha sido el objeto del infatigable celode los Reyes y sus Ministros, el conservar inviolados sus fieles vasallos, ymejorar la disposicion de las almas idólatras, para atraerlas á nuestrasagrada Religion. Al logro de estas importantes y benéficas ideas, conórden y permiso del Gobierno, se han hecho diferentes expediciones ádescubrir las islas, costas y puertos de la mar del sur y tierras australes.Tales fueron las de Pedro Sarmiento de Gamboa en el ano de 1579,desde la ciudad ó puerto de Lima, en la navegacion que hizo por la mardel sur á la del norte, descubriendo las islas que componen el archipiélagode Chonos, el estrecho de Magallanes por donde cruzó, con los puertos,bahías, ensenadas, bajos, arrecifes y cuantas circunstancias ofrecen:por cuyos planos, relaciones, diarios y seguras noticias de haber pasado elEstrecho el corsario ingles, llamado Francisco Drake, se determinó la segundaque se aprestó en España el año de 1580, de veinte y tres bagelesal mando de Diego Flores de Valdés, con destino de transportar tropasal reyno de Chile, para el socorro de las guerras que habia en él,y dejar en el estrecho de Magallanes la gente que iba á poblar bajo ladireccion y mando de Sarmiento, la cual se hizo á la vela el siguiente de1581, del puerto

de

San

Lucar.

Y

habiendo

sufrido

muchas

pérdidas,atrasos y arribadas, por los grandes temporales y otras contrariedades, alfin desde el rio Janeyro resolvió el Comandante, con acuerdo de los demasoficiales, que Diego de la Rivera con dos navios y tres fragatas saliesepara el Estrecho con la gente, víveres y efectos destinados á poblar.Que con efecto así se ejecutó: y habiendo entrado en aquel parage cosade media legua, echó en tierra 280 personas, por no querer pasar adelante,con pérdida de una de dichas embarcaciones, de la que solo pudieronsalvar la artilleria y víveres. Todo lo cual dejó á cargo de Sarmiento,y un bagel pequeño, único auxilio para tan grande empresa; retirándosecon las demas naves, sin haber tornado otra providencia para el fomentoy subsistencia de aquellas gentes.

Con tan reducidas fuerzas formó una poblacion Sarmiento en el mismositio del desembarco, y otra llamada San Felipe en un puerto pequeñoy hondable mas en lo interior del Estrecho; las que no pudieron subsistirpor el abandono con que se miró aquella miserable gente, pereciendotodos, á exepcion de un soldado llamado Tomé Hernandez, natural deBadajoz, que se salvó en una embarcacion inglesa que pasaba por el Estrechoá la mar del sur. La expedicion de los dos hermanos Nodales que cruzaronel Estrecho: la de los padres Cardiel, Quiroga y Strobl, con el capitan Olivaresel año de 1746, con destino á reconocer, y poblar la bahía de SanJulian: la del capitan de fragata D.

Francisco Pando, para los mismosreconocimientos: la de D.

Domingo Perler, oficial de igual clase con lade su mando, llamada el Chambequin Andaluz; y ultimamente las quehan salido de Montevideo y Buenos Aires, para formar poblaciones en laBahía sin Fondo, ó Punta de San Matias, donde desagua el Rio Negroy de San Julian, desde Diciembre del año pasado de 1778. He traido á lamemoria estas expediciones por la série de tiempo en que acaecieron, para demostrarlos empeños de la Corona

en

fijar

establecimientos

en

aquellos

despobladosparages.

El poco tiempo á que estoy ceñido, por lo que estrecha mi viage,no me dá márgen á demostrar los grandes gastos que han ocasionado ála Corona, y las gentes que se han sacrificado en tan árduas empresas.Los diarios, relaciones y noticias darán una verdadera idea de esta asercion.Pero ¿qué hemos conseguido en tan repetidas tentativas? ¿Qué hemossacado de tantos gastos y pérdidas tan considerables?—A la hora presentesolo podemos decir, nada mas que satisfacer nuestra curiosidad parafranquear la puerta y el camino que queremos cerrar y defender á nuestrosenemigos; y hacer imposible la reduccion de las almas idólatras, quesiempre ha sido el mayor desvelo de nuestros católicos y religiosísimosMonarcas.

¡Rara desgracia de nuestra nacion, que tan sagrados fines tengansemejantes resultas! Las órdenes y disposiciones de la Corte jamas hanfaltado al logro de ellos: no se ha perdonado gasto, aun en medio de lostiempos mas calamitosos que afligian á la España: pero la inconstancia,la emulacion, la falta de sinceridad y el poco sufrimiento á los trabajosen todas ocasiones, han sido unos poderosos enemigos que han malogradotan heróicas empresas.

Para convencimiento de esta verdad, hagamos crítica con los establecimientosy poblaciones que formó Sarmiento, y los de San Julian yRio Negro. Para aquellas salió una armada del puerto de San Lucar, almando de Diego de Flores de 23 naves; y bien que no toda ella destinadaá este fin, como vá sentado, fué reforzada posteriormente en el RioJaneyro con cuatro galeones; y por las pérdidas que ocasionaron los temporales,no pudieron destinarse á la egecucion de dichas poblaciones mas quedos navios y tres fragatas, á las órdenes de Diego de Rivera. Este capitan,como cosa perdida, arroja ó desembarca la gente que iba á poblar,media legua dentro del Estrecho, pierde una embarcacion, no deja masresguardo ni auxilios á Sarmiento que un bagel pequeño para el socorrode aquellas gentes en tan remotas distancias y parages, cuyos terrenos enmucho tiempo no podian producir frutos para su conservacion y subsistencia.Se vuelve con las demas naos, sin hacer memoria de repetir los socorros.Con estas disposiciones, ¿qué fin habian de tener aquellos miserables?—Claroestá. La pérdida de todos.

Veamos ahora cual fué la causa de estas desgracias, y de que semalograse un fin tan santo. ¿La inutilidad de aquellos terrenos, ó las malasdisposiciones de Diego de Rivera?—Bien se deja entender que estasúltimas. Los terrenos ni podian producir, ni dar frutos en muchos añospara que subsistiese la gente, ya por falta de ganados, que es el mayorvigor y alma de las poblaciones, y ya porque, para preparar las tierrascon las labores de la agricultura, era menester observar los tiempos masadaptados á las sementeras, y tener los aperos y bueyes que pide la necesidad.Nada de esto reflexiona su inconstancia, y el poco sufrimiento á lostrabajos de la navegacion, que debia hacer por el Estrecho á Lima y áotros puertos para sostener, fomentar y asegurar las poblaciones. Se efectuatan extraño y violento desembarco: se mira con indiferencia el serviciodel Rey, y el estado en que quedaban aquellos miserables, abusando de lalealtad, obediencia y valor con que despreciaron la muerte.

¿Qué mas pudo hacer la Corte, en unos tiempos en que se hallabaafligida la España con los empeños que le ocasionaba la obstinada rebelionde los Flamencos, que aprontar tan respetable armada, y reforzarlaposteriormente con cuatro galeones? Si Diego de Rivera hubiera desempeñadosus encargos con mas prevision, con otro amor, ó con mas humanidad;repitiendo los auxilios con las embarcaciones de su mando, se hubieran fijadoaquellas poblaciones; ó por lo menos no se hubieran perdido tan lealesy desgraciados españoles: pero su inconstancia, y el ningun sufrimiento á lostrabajos, hicieron inutiles los esfuerzos del Rey, y sacrificaron á estos infelices.

Aunque la experiencia de estos sucesos dieron á los sábios Ministros,que con tanta gloria de la nacion dirigen la monarquia, las lucesy conocimientos, para que no llegasen á tener tan desgraciado fin estos últimosestablecimientos de las Bahías sin Fondo y San Julian, no por esohan podido libertarse de iguales contrastes, que al fin lograron reducirlosá un estenuado esqueleto de la corta poblacion del Rio Negro.

A estos dos grandes motivos, que siempre han movido el religiosísimocorazon de los reyes para el logro de estos establecimientos, seunieron en la presente ocasion los fundados recelos de las noticias que recibióla corte de España, que intentaba la de Londres establecerse en laBahía sin Fondo, ó Punta de San Matias, donde desagua el rio Negro,por los conocimientos que de estos parages tomó Falkner, y suministróá aquel ministerio en su descripcion patagónica. Con tan fundado motivo(aunque jamas ha desistido del intento de estas poblaciones), determinó elRey tuviesen efecto á toda costa en las dos expresadas bahías. A estefin nombró comisionados, y mandó familias de diferentes provincias de España,siendo su real voluntad, que se alistasen las mas honradas, laboriosasy de mejor conducta.

Puesto en práctica este proyecto con la primera expedicion que salióde Montevideo, al mando de D. Juan de la Piedra, se descubrió elpuerto de San José, donde quedó formado el primer provisional establecimiento;y por la poca agua que llevaban las embarcaciones, falta de caballos,bueyes y mulas para conducirla de las fuentes que se descubrieron,y mala calidad de los viveres, enfermò la gente, y faltó la constanciaá esperar los socorros del Rio de la Plata ó del Rio Negro, que á pocotiempo fué descubierto: obligando con los términos mas violentos al comandanteD. Antonio de Viedma á que se retirase con casi el todo de la gente,á la plaza de Montevideo, en el paquebot Santa Teresa.

Este contrario suceso lo ocasionó la arribada que hizo á Buenos AiresD. Basilio Villarino del Rio Negro, donde le despachó el Super-intendenteD. Francisco de Viedma, para que socorriese el puerto de San José,con la mucha aguada que conducia el bergantin Nuestra Señora del Carmeny Animas, y la pérdida de la urca, llamada la Visitacion, que estabapara hacerse á la vela en aquella bahía á conducir auxilios á la deSan José: pues á haber logrado cualquiera de estos socorros, no se hubieraarraigado el escorbuto con muerte de 28 hombres; no se hubiera desamparadoaquel puesto, ni ocasionado la pérdida de los efectos y viveresque allí quedaron.

Estos desgraciados principios alteraron y previnieron generalmentelos ánimos de modo, que nada ha sido mas odioso que los establecimientospatagónicos, y todos no han conspirado á otro fin que á destruirlos.

Los muchos trabajos que mediaron para fijar el de San Julian, yaen el tiempo que acampó la gente en el Puerto Deseado, donde la pocaconstancia y sufrimiento del oficial comandante de la tropa, y contador interino,sedujeron é intimidaron á los demas; en términos que por evitarmayores inconvenientes se vió obligado el Super-intendente D. Antoniode Viedma mandarlos á disposicion del Exmo. Sr. D. Juan José de Vertiz,noticiando los motivos de esta deliberacion; y ya por las enfermedadesque se padecieron en dicho puerto de San Julian, por el desabrigo, larganavegacion, alimento de carnes saladas, y otras causas, acabaron de levantarel universal clamor contra ambos establecimientos; cuyas continuadasquejas y suspiros abrieron en el benignísimo corazon del Sr. Vertizla brecha á que se dirigian; por la cual le llegaron á ocupar é impresionarcon el mismo horror.

Aunque el establecimiento del Rio Negro estuvo exento de las calamidadesque sufrieron los otros, por sus excelentes aguas, abundante caza,y ganado vacuno con que nos socorrieron los indios, no por eso pudolibrarse de iguales ó mayores persecuciones. Desde los principios reinó enlas principales cabezas un espíritu de emulacion, de inconstancia, y ningunsufrimiento á los trabajos: de cuyas preocupaciones no estaban exentaslas personas mas caracterizadas, y todas juntas dirigian sus ideas á conmoverlos ánimos de la demas gente, para que se abandonase el puesto,cuyos intentos siempre fueron rebatidos por la constancia del Super-intendente.

Frustradas estas primeras tentativas, viendo que por el superior Gobiernode Buenos Aires se habia sostenido y socorrido el establecimientodel extremo de necesidad en que se vió, prepararon las armas por otrosmedios para destruirlos.

Ponderaban los muchos gastos que ocasionaba;la esterilidad de la tierra, que solo era útil en los cortos y reducidos pedazosque en la orilla del rio bañaban sus innundaciones, no suficientes ámantener una poblacion. La barra del rio, que hacia imposible la navegacioná los enemigos de la Corona, por cuyo motivo por naturaleza estabadefendida aquella entrada; no haberse descubierto la jurisdiccion deMendoza por la dificultad de navegar el Rio Negro, á causa de su rápidacorriente, y los muchos indios salvages que transitaban y concurrianá aquellos parages, cuyas invasiones serian frecuentes, y por ellas no florecerianlos vecinos, quedando muy expuestos á ser víctima de estos infieles.

Sin embargo de haber dado diferentes informes el Super-intendenteá dicho Señor Virey, con toda sinceridad, solidez y conocimientos de cuantascircunstancias ofrecian aquellos parages, remitiendo muestras de los frutosde sus terrenos, en que acreditaba su fertilidad, y de haber aprobadoel mismo Señor Virey, por órden de 15 de Noviembre de 1780, el establecimientoexpresado— que todo promete que podrá hacerse una útil poblacion;y de no resultar, segun entiendo, otros fundados motivos que lahiciesen ilusoria, llegó á prevenirse de tal modo con las repetidas quejasy clamores, que nada le era mas violento, ni mas repugnante que dichosestablecimientos. Tomáronse informes de los mismos contrarios, cuyasprofesiones, experiencia y talento en algunos los hacen sospechosos, y nadaútiles para calificar la verdad. La misma adversion, que incitaba losmas violentos deseos para triunfar de sus influencias, era la maestra que dictabaestos informes.

Con la multitud de ellos hay noticias, bien que no seguras, de que semandó formar una junta de los capitanes de navio y coroneles que existian enMontevideo, para que reconociéndolos, manifestasen su dictámen sobre la utilidadó inutilidad que ocasionaba

á

la

Corona

la

prosecucion

de

los

establecimientos.Todos únanimes, se dice, estuvieron por este último: tales probanzastenia la causa.

Con estos documentos y decisiones, sin esperar otras resultas, que lamisma experiencia y descubrimientos podian calificar de sinceros ó de infundados,se procuró impresionar el real ánimo del Rey, y sus sábios Ministros,cuyas resultas fué la real órden de 1.º de Agosto del año anteriorpróximo, mandando abandonar los establecimientos de San Julian ySan José, y que solo subsistiese el del Rio Negro, reducido al triste esqueletocon que manifiesta dicho Señor Virey podia permanecer.

Cuando iban caminando á España estas justificaciones, llegó de labahía de San Julian á la plaza de Montevideo el Super-intendente D. Antoniode Viedma, y le presentó una informacion, que á su pedimento recibióel capitan de infanteria D. Felix Iriarte, compuesta de los pobladores deaquella colonia, en que únanimes declaran, con referencia á lo experimentadoen los frutos de sus sementeras, que aquellos terrenos eran productivospara mantener la poblacion.

El Super-intendente del Rio Negro, con la cosecha del trigo de dichoaño, que ascendió á 1269 fanegas y tres cuartillas, acreditó podia subsistirla poblacion con sus frutos; y de resultas del reconocimiento deaquel rio, que emprendió el segundo piloto de la real armada, D. BasilioVillarino, internándose hasta muy cerca de Valdivia, proporciones de losparages que anduvo, esperanzas que prometian los rios que quedaron porreconocer, y la descubierta que á poco tiempo hizo el teniente de infanteríaD.

José de Salazar, abriendo camino por tierra desde dicho puertode San José á dicho rio, en oficio de 13 de Octubre del mismo año, expusoal Señor Virey lo importante de ambos establecimientos; fundando lasrazones y motivos en estas últimas resultas, que rebatian las objeciones delos informes y dictámenes, y á un mismo tiempo manifestando las utilidadesque podian sacarse de ellos. Pero como todo llegó tarde, no bastóá contener la desgraciada suerte que sufren; que, aunque no tan infelices,como las de Sarmiento en el estrecho de Magallanes, han tenido casi la mismainutilidad los gastos, trabajos, pérdidas y muertes que costaron para llevarlasal estado en que se hallaban al tiempo de su abandono; pues el de San Julianya tenia habitaciones para repararse con alguna comodidad de la inclemenciade los tiempos; cuyo abrigo cortó el escorbuto causado de los muchos friosde aquel clima.

Empezaban á producir sus terrenos, frutos para mantenerse;los indios cada dia se iban domesticando y aficionándose á los nuestros, demodo que con fundados motivos podia esperarse la reduccion dentro de pocosaños de estos idólatras al gremio de nuestra Santa Fé; y por este medio, quetuviera el Rey nuevas poblaciones de estos naturales, sirviendo el ejemplode unos para sus convecinos á tan santo fin. Y ultimamente, con poco masque se hubiera gastado, quedaba efectuada la poblacion, y en términos desubsistir por sí, siempre que se le hubiera podido auxiliar con todo génerode ganados, como único vigor de la agricultura, y alma de los pueblos.De forma que puede decirse expiró esta poblacion cuando empezabaá tomar aliento, y á dar unas grandes pruebas de poder conseguir lo quecon tanto anhelo y tan repetidamente ha intentado la Corte.

Si reflexionamos en las poblaciones de Sierra Morena, encontraremosuna segura hilacion de los esfuerzos y oposiciones que habrán mediadocontra los establecimientos patagónicos. En la formacion de aquellasno podian mediar las grandes dificultades, riesgos y trabajos, que en losde estos, por estar en el centro de España, y no carecer de cuanto necesitael hombre para la conservacion de su vida y desahogo del ánimo enla sociedad racional. Muy al contrario eran las proporciones de estos establecimientos.La carne salada, el mal tocino, la miniestra picada, y lasharinas añejas por lo regular han sido el principal sustento de sus individuos.El trato racional reducido unos á otros, los riesgos muchos porlos indios salvajes, y las habitaciones unos miserables ranchos, ó barracasde paja, irresistibles á la inclemencia de las estaciones. Véase pues la desigualdadque média de unas á otras. En las de Sierra Morena no habiamas que hacer que edificar las casas, operacion muy sencilla por los muchosmateriales y operarios con que fueron sostenidos. Para el cultivo delas tierras se les facilitaron bueyes domados, y aperos excelentes que llenabansus deseos. En las de la costa patagónica de