Viejos Verdes en el Paraíso by Jacobo Schifter - HTML preview

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Las relaciones diplom‡ticas

Los turistas norteamericanos, despuŽs de los atentados del 11 de septiembre del a–o 2000, suelen pensar dos veces a d—nde pasar las vacaciones, lo se convierte en una decisi—n de seguridad personal. Los americanos prefieren ahora viajar a los pa’ses cristianos, cercanos a su casa y lo m‡s importante, que sean amigables con su gobierno. Para el a–o 2004, el turismo norteamericano hacia Costa Rica aument— en un 25% y este pa’s tiene la reputaci—n de ser uno de las m‡s amistosos en toda la regi—n. El sentimiento  contra los norteamericanos, comœn en pa’ses como MŽxico o Nicaragua, est‡ ausente y los ticos miran a los estadounidenses como invitados especiales.

Esta percepci—n de que los pueblos son amigos, tiene ra’ces hist—ricas. Ambos gobiernos han seguido tradiciones y pol’tica exterior comunes que distingue sus relaciones con las del resto de la regi—n. Costa Rica, por ejemplo, ha apoyado a los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial y tambiŽn lo ha hecho en los œltimos conflictos en Iraq. Aunque  en la Guerra del Golfo y en la reciente coalici—n para derrocar a Sadat, el apoyo ha sido simb—lico, durante la gesta contra Hitler, la naci—n centroamericana contribuy— con sus exportaciones de hule, de cafŽ y de alimentos, y abri— sus fronteras y bases militares para la protecci—n del Canal de Panam‡. Y este apoyo no es el resultado, como en otros casos, de simples presiones y chantajes de un gobierno norteamericano imperialista. Los costarricenses, por el contrario, han mirado su apoyo a los Estados Unidos como vital para su seguridad.  San JosŽ mira su alianza con Washington como estratŽgica, sin que nadie tenga que dec’rselo.

Una raz—n que explica esta alianza es que Estados Unidos ha proyectado sus ideales ÒaislacionistasÓ a sus relaciones en la regi—n. [33] En la pr‡ctica, significa una oposici—n hacia la intervenci—n de otras potencias en CentroamŽrica y tambiŽn una hist—rica desconfianza de los intentos de MŽxico, a veces, pero principalmente Guatemala, por reestablecer la antigua Repœblica Centroamericana. En vista de que Costa Rica desconf’a tradicionalmente de las razones para unir a las cinco repœblicas, y que las m‡s de las veces, han sido los dictadores quienes promueven la unificaci—n forzosa, el pa’s ha confiado que los Estados Unidos garantice su independencia. Durante las guerras centroamericanas, los dos pa’ses han sido aliados militares. M‡s aœn cuando el pa’s aboli— su ejŽrcito en 1949 y su soberan’a depende ahora del Tratado de R’o. San JosŽ sabe que sin los Estados Unidos, ningœn otro pa’s latinoamericano, en caso de una invasi—n, garantizar’a su soberan’a. En los a–os de 1980, con los sandinistas en el poder en Nicaragua, la vecina del Sur se consol— œnicamente con las promesas del EjŽrcito de los Estados Unidos. [34]

Las razones del aislacionismo tico son varias. El pa’s  es el m‡s distante geopol’ticamente de CentroamŽrica, con una frontera con Nicaragua (Panam‡ no fue parte de la Repœblica Centroamericana).  La mayor parte de su comercio desde la Colonia fue con Chiriqu’, una provincia  paname–a.  La pŽsima infraestructura ha mantenido a Costa Rica incomunicada con los otros pa’ses de la regi—n y el  pa’s no ha tenido las divisiones raciales y sociales de las naciones istme–as.  El mayor desarrollo social tico  ha hecho que la migraci—n ilegal a los Estados Unidos sea peque–a y que pocas familias norteamericanas tengan criadas o jardineros costarricenses.

Pero la raz—n principal del aislamiento tico ha sido su antigua democracia. Desde 1898, el pa’s puso los fundamentos para establecer un sistema constitucional, respetuoso de los derechos civiles de sus ciudadanos. El sistema se ha convertido, por su parte, en una amenaza para las dictaduras vecinas, que temen el contagio de sus poblaciones. Para los Estados Unidos, por el contrario, la estabilidad costarricense ha sido vista como positiva y que est‡ en su interŽs proteger. Mientras los reg’menes liberales de Rufino Barrios en Guatemala y JosŽ Santos Zelaya en Nicaragua fueron dictaduras intervencionistas, el liberalismo tico se dedic— a invertir en educaci—n y en  desarrollo social. [35]

En cuanto a las inversiones norteamericanas en Costa Rica, Žstas no causaron los mismos problemas que en otros pa’ses centroamericanos. El producto principal del pa’s, el cafŽ, estuvo siempre en manos locales y cuando las compa–’as estadounidenses invirtieron en el banano, mejoraron la infraestructura ferroviaria, establecieron un puerto para negociar con Europa y no despojaron de tierras a miles de campesinos en la zona Atl‡ntica. Hoy d’a, el pa’s depende m‡s de la exportaci—n de ÒchipsÓ de computaci—n y del turismo ecol—gico, actividades menos conflictivas que las maquilas o las remesas desde Estados Unidos.

 

Un œltimo factor que explica la buena relaci—n entre los pueblos es que Costa Rica siempre pag— sus deudas y nunca fue invadida para garantizar los pagos a los inversionistas extranjeros. Los pa’ses centroamericanos y del Caribe, antes de la Segunda Guerra Mundial, sol’an pedir prestado a Europa y se declaraban luego insolventes. Estados Unidos, con el fin de evitar una invasi—n europea en su patio casero, optaba por enviar a los ÒmarinesÓ y tomar primero las aduanas. Estas acciones crearon resentimientos enormes. Costa Rica, aœn durante los a–os dif’ciles de la Primera Guerra Mundial, nunca dej— de pagar sus obligaciones y se salv— as’ de la famosa pol’tica del ÒgarroteÓ estadounidense.[36]

Tanto respet— Estados Unidos la soberan’a costarricense que aœn durante la guerra civil tica de 1948, con el peligro de que el partido comunista tomara el poder, decidi— no intervenir a favor de Figueres. [37]

Cuando el turista norteamericano camina por las calles de San JosŽ, lo m‡s seguro es que no est‡ consciente de que existe una relaci—n hist—rica amistosa. Sin embargo, el ÒsentimientoÓ que tiene no es el mismo que cuando lo  hace en Nicaragua, en Honduras, en Guatemala o en El Salvador, pa’ses con historias conflictivas, invasiones de ÒmarinesÓ y con poblaciones que en su propio pa’s ocupan los puestos m‡s bajos  de la econom’a. ÒCosta Rica es especial Ðnos dice Peter, un turista sexual- su gente es amable y gusta de los gringos; nunca he visto  pintado en la pared un letrero que diga ÒGringos Go Home!Ó, ni tampoco he sentido la hostilidad que el americano percibe en otros pa’ses latinosÓ. [38]

 


1.         ÀLA NUEVA  TAILANDIA?

El vuelo 971 de American Airlines Miami-San JosŽ, viene repleto. M‡s de 200 individuos, la mayor’a estadounidense, van hacia un pa’s hasta hace poco descubierto. Cuando viv’ en Washington D.C., en los a–os de 1970,  casi nadie sab’a que este pa’s centroamericano no era la isla de Puerto Rico. Apenas dec’a de d—nde era, ten’a que aclarar que nuestra capital no era San Juan y para que mis amigos  lo identificaran, utilizaba de referencia una propiedad americana: ÒCosta Rica est‡ a la par del Canal de Panam‡Ó. ÒÁOh claro, Costa Rico!Ó- recib’a como respuesta. DespuŽs de un tiempo, optŽ por no dar m‡s explicaciones. ÒÀDe d—nde vienes?Ó- me cuestionaban y yo les respond’a: ÒVengo de Puerto RicaÓ.

Las cosas, en cuesti—n de reconocimiento, han mejorado. No solo existen ahora 12 vuelos diarios desde Estados Unidos a Costa Rica, sino que la gente ha logrado identificar al pa’s en el mapa. Desde que Oscar Arias gan— el Premio Nobel de la Paz (el hombre hac’a la paz con los sandinistas mientras  les volaba garrote a los homosexuales, a los que culpaba del sida),  los norteamericanos  nos ubicaron y ahora cuesta encontrar un americano que no nos conozca.  

Si pudiŽramos husmear en las valijas de los turistas de mi vuelo, encontrar’amos las razones de la visita: m‡scaras  y tanques de buceo, equipo de escalar, vestidos de ba–o, bermudas y gorras para protegerse del sol. Ver’amos brochures que ofrecen  aventuras en la jungla, en la playa, en los volcanes y en las monta–as.

No hay lugar a dudas de que la naci—n cuenta con bellezas naturales y que tiene fama de ser un refugio ecol—gico. Cuando se hace un reportaje en Estados Unidos de que muchos de los r’os y  de los mares, adem‡s de los preciosos peces de colores, tienen desde coliformes fecales hasta imponentes submarinos de caca, la gente se asusta y pronto se olvida. Es tan corta la memoria, que en los œltimos a–os, los turistas han aumentado cuatro veces y la tendencia al alza continœa. El turismo junto con los chips son hoy d’a la fuente de ingreso principal.

Si hurg‡ramos m‡s en  las carteras y en las valijas de mano, hallar’amos informaci—n sobre los miedos de los turistas: medicina para la diarrea, anti alŽrgicos, aparatitos para depurar el agua, repelentes de mosquitos, pomadas para curar heridas, para combatir las inflamaciones y para aliviar las quemaduras. Escondidos en algœn lugar en los  equipajes de mano, estar’an otras drogas l’citas: Viagra, Cialis, Levitra, condones de todo tipo, KY y p’ldoras para el control natal, pastillas del ÒD’a DespuŽsÓ y parches anticonceptivos. Adem‡s, una cantidad de botellitas de champœ y de perfumes, muchas de ellas robadas de los  hoteles. Los due–os de estos equipajes no son j—venes impetuosos que vienen a surfear o a nadar, sino hombres que en Costa Rica pasan por ancianos, pero que en la cultura norteamericana, a sus 70 y 80 a–os, son apenas ÒmayoresÓ. Se–ores respetables que jugaban al golf y al bridge hasta hace poco y que con el descubrimiento del Viagra, resucitaron m‡s fuertemente que L‡zaro.

 

Lorna, una amiga, recuerda que en su œltimo viaje de Miami a San JosŽ, dos de estos hombres mayores se sentaron cada uno a su lado. El que tom— el asiento de la ventana era lo m‡s parecido que hab’a visto a Woody Allen: peque–o, medio calvo, con grandes anteojos y con una cara de angustia que le record— a un amigo suyo cuando le dijeron que le encontraron un c‡ncer en el test’culo.  El vecino del pasillo era su opuesto: gordo, alto, blanco como la leche. Ambos estaban de buen humor y no dejaban de pedir un scotch tras otro. Lorna inicia la conversaci—n con la rŽplica de Woody Allen que se llama Jeff:

-                      ÀEs este su primer viaje a Costa Rica?

-                      ÁNo!, responde Žl. Este es mi cuarto viaje. Lorna hace la misma pregunta al otro vecino que se llama John.

-                      Esta es mi visita nœmero doce- responde con una sonrisa sard—nica. El  olor a licor se deja sentir.

-                      ÀY a ad—nde se dirigen?- insiste Lorna.

-                      ÁPara San JosŽ! responden los dos. Lorna se da cuenta que si se van a la capital, existen solo dos motivos para hacerlo: negocios o sexo.

-                      ÀSe quedan en un hotel?- pregunta mi amiga.

-                      ÁEn el Hotel Mamei!- responden los dos al un’sono.

No hay ya nada m‡s que preguntar. Los caballeros est‡n en camino del lugar m‡s popular de la regi—n, solo rivalizado por Campo Alegre en Curazao. De la misma forma en que los homosexuales se reconocen cuando mencionan los dos bares gays m‡s populares del pa’s, los turistas sexuales salen del armario. Se autodenominan como asiduos a las prostitutas, que en inglŽs se dice ÒwhoremonguersÓ y para hacerlo m‡s f‡cil, ÒmonguersÓ. La palabra significa, en espa–ol, traficante de prostitutas, pero su significado primordial es el ser cliente de ellas. Por ser intraducible al espa–ol, usaremos, de aqu’ en adelante, la palabra inglesa.

El boom del turismo sexual en Costa Rica ha sido  comparado por muchos medios con el de Tailandia en los a–os de 1980. Mariela JimŽnez escribe para la Prensa Asociada que ÒCosta Rica lucha contra su creciente reputaci—n como meca sexualÓ.[39]  La misma agencia publica en otro art’culo que el Òturismo en general es la industria m‡s rentable del pa’s gracias a sus playas cristalinas, sus espectaculares volcanes y por su reputaci—n de ser un oasis tranquilo y pac’fico. Adem‡s, en raz—n de que los pa’ses sudeste asi‡ticos como Tailandia y las Filipinas han empezado a perseguir el turismo sexual, CentroamŽrica se torn— en la nueva alternativaÓ. [40].

Segœn la agencia de noticias IPS, la prostituci—n adulta es una industria sin control en Costa Rica y Žsta explota las mujeres de  toda CentroamŽrica, el Caribe y Europa. En un art’culo titulado  ÒInnocence for Sale: A Quarter of Costa Rica's Sex-tourists comes from the US,Ó (La venta de la inocencia: un cuarto de los turistas sexuales proviene de Estados Unidos)[41] el autor escribe que Òmuchos ni–os costarricenses Ð en vista de la pobreza y el abuso- est‡n siendo forzados a ejercer la prostituci—nÓ. Bruce Harris, director de la Casa Alianza le dijo a la ILP Òque este negocio crece y cada d’a o’mos m‡s denuncias de mujeres que son atrapadas en la prostituci—nÓ.[42] Costa Rica, continœa Harris, de la misma forma que lo fue Tailandia, es ahora la nueva meca del turismo sexualÓ.[43] Harris opina que la invasi—n de turistas sexuales est‡ Òliderada por hombres mayores de sesenta a–os de los Estados Unidos que viajan para tener relaciones con mujeres  y hombres j—venesÓ. Jeremy Seabrook, en la introducci—n de su nuevo libro sobre el turismo sexual, Travel in the Skin Trade. Tourism and the Sex Industry, incluye a  Costa Rica como una meca del turismo sexual.[44]

En Tailandia, para 1989, el turismo se hab’a convertido en su principal fuente de divisas, algo similar a lo que ha sucedido, desde 1992, en Costa Rica. Las c‡lculos oficiales estiman que en el pa’s asi‡tico existen 85.000 trabajadoras del sexo; el 32% en Bangkok. La Cruz Roja tailandesa considera que el nœmero real oscila entre 200.000 y 800.000.  El pa’s tiene 5.800 establecimientos dedicados a proveer servicios sexuales, en el que el 43% son prost’bulos, el 5.5% son bares y night clubs, y el 3.8% son saunas. El 38% restante pertenece a la categor’a de ÒotrosÓ.[45]  Se estima que 650.000 se han infectado del VIH, o sea el 1% de la poblaci—n. En el norte del pa’s, sin embargo, de donde proviene la mayor’a de las trabajadoras del sexo, es el 7% de la poblaci—n que se ha infectado.[46]

En Costa Rica, se ha dado un boom en los œltimos a–os. Los mismos ÒmonguersÓ reconocen que a pesar de sus esfuerzos de que el turismo sexual no se convierta en masivo, con el fin principal de mantener los precios bajos, la realidad es que Òentre m‡s crece la poblaci—n de residentes gringos en Costa Rica, m‡s se riega la voz. ÒAœn en la baja temporada, nos dice un ÒmongerÓ, miro m‡s y m‡s turistas sexuales frecuentando nuestro Ôpara’soÕ. Los hoteles est‡n siempre llenos desde Enero a MarzoÓ. [47] R—mulus, otro turista sexual se queja de que Òcada vez hay m‡s y m‡s americanos en este lugar. Se ha convertido en el para’so de los ÒmonguersÓ, lo que har‡ que Òlas mujeres empiecen a tratarnos cada vez m‡s ordinariamente y que el sexo se torne mec‡nico y comercial y que nadie pueda reducir el precio a menos de $100 por acto sexualÓ.[48]

Estos hombres no exageran. De acuerdo con las estad’sticas oficiales de los aeropuertos, 556.412 turistas ingresaron de Enero a Mayo del a–o 2005, un incremento del 23% con respecto al a–o anterior.  En el primer semestre del 2005, los aeropuertos Juan Santamar’a y Daniel Oduber se–alan la llegada-en solo el primer trimestre- de 450.478 turistas. [49]  Estos datos no incluyen a aquellos que vinieron en buques de paseo o por tierra. Segœn este informe, la gran mayor’a de ellos viene al pa’s a pasar sus vacaciones. [50]

Si en el a–o 2002 lleg— un total de 1.113.360 turistas, en el 2004, 1.5  millones, es de esperar que en el 2005 se acerque a los dos millones (una cantidad similar de los que visitan la Tierra Santa) y de los que aproximadamente la mitad es de NorteamŽrica.[51]

Los ÒmonguersÓ dicen que la raz—n de escoger este pa’s es que Òel viaje es corto (dos horas y veinte minutos desde Miami), el tiquete cuesta alrededor de $250 y que Òuno puede ir a trabajar en los Estados Unidos en la ma–ana y en la noche tirarse una chica en el Hotel MameiÓ.[52]

 

En el a–o 2005, La Naci—n, admit’a que hab’a habido un incremento del 25% en el turismo con respecto al a–o 2004  y que el aeropuerto Juan Santamar’a, con sus 2.7 millones de pasajeros (incluye a los ticos y a los centroamericanos) estaba a punto de colapsar. [53]  Las razones de tanto auge son el placer y la recreaci—n. [54]

El auge no ha pasado inadvertido por la Casa Alianza, una ong[55] que lucha contra la explotaci—n sexual infantil. Esta organizaci—n aduce que existen 40 sitios Web dedicados a promover el turismo sexual hacia Costa Rica. Bruce Harris, su director ejecutivo en San JosŽ, denuncia que Òlos americanos y los europeos utilizan al pa’s como escape sexualÓ.[56]  Casa Alianza promete luchar en su contra. No obstante, el atractivo del turismo sexual debe ser tan grande que el mismo Harris ser’a descubierto pag‡ndole a un menor en Honduras (Como se dice en Costa Rica, Òel diablo repartiendo escapulariosÓ). De acuerdo con Reuters, Ò La Casa Alianza ha despedido a Mr. Harris porque le pag— a un joven de 19 a–os por sus favores sexuales en un hotel de Tegucigalpa. Harris admiti— haber actuado de manera inapropiadaÓ.[57]

Los mismos turistas sexuales reconocen que Costa Rica est‡ cambiando. Dallasman escribe la historia del sexo comercial en Costavivas.com. ƒl considera que la promoci—n perjudicar‡ el negocio.

                    

Hasta hace unos pocos a–os, el negocio del turismo sexual era mucho menor, y la mayor’a de las damas que trabajaban era semi profesional: amas de casa, maestras, secretarias de abogados, etc., que trabajan una o dos noches al mes para aumentar sus ingresos. Me gustaba m‡s cuando era esto la regla y no como ahora, la excepci—n. La escoria del crack y la coca y el ‡cido, en sus mœltiples formas,  han hecho su ingreso tambiŽn, lo que ha tra’do su legado de consecuencias da–inas.

Respecto a las damas, varias cosas han cambiado en los œltimos a–os. Una afluencia masiva de muchachas no ticas, de Colombia, Nicaragua y Repœblica Dominicana, como tambiŽn de Europa Oriental, han cambiado la cara de este pasatiempo. Lo bueno es que aument— el nœmero, la selecci—n y la calidad.  Lo malo es que ahora el 80% o el 90% es ahora profesional. No hay nada malo en esto, pero se lleva abajo la relaci—n del tipo GFE (En inglŽs, Girlfriend Relationship; en espa–ol,  noviazgos). Aœn se encuentran algunas semi profesionales, pero se hace cada vez m‡s y m‡s dif’cil.

Mi opini—n personal es que shhhhhhh, no le digan de este lugar a nadie, ya est‡ demasiado echado a perder por los americanos desagradables. [58]

Los servicios sexuales est‡n promovidos por hoteles, agencias de viaje, sitios Web, agencias de compa–’a y hasta en las excursiones de pesca. En los hoteles de lujo de playa, se ofrecen mujeres incluidas, ya sea una por noche o una sola por la temporada. Un brochure lo hace expl’cito: ÒÀNo le gust— la chica? Pues no se preocupe, Áse la cambiamos inmediatamente!Ó

Un turista sexual en Guanacaste nos cuenta sobre el servicio. La empresa que contrat—, le llev— a una mujer a su habitaci—n pero Òno tuve buena qu’mica con ellaÓ. Llam— inmediatamente al encargado y le dijo que Òla mujer no es tan caliente como esperabaÓ. ÒÀTuvo sexo con ellaÓ- indaga el representante de la compa–’a. ÒSolo la besŽ una vezÓ- responde el norteamericano. ÒÁNo problem!Ó, dice el interlocutor. ÒSi no la penetr—, la puede devolverÓ. Tres horas despuŽs, la empresa le trae otra trabajadora del sexo. ÒIrma era una puta adorable Ðdice el turista- calzamos inmediatamente ya que ten’a unas tetas maravillosasÓ. El americano qued— tan contento que recomendar‡ a la compa–’a a todos sus amigos y envi— la carta que Žsta publica en su sitio Web. ÒSi uno puede devolver la mercanc’a, uno queda contentoÓ- escribe Žl. [59]

Hombres y mujeres, viejos y j—venes, heterosexuales y homosexuales, participan en la industria sexual. En lugares como Quepos, las trabajadoras del sexo se especializan en americanos j—venes que son poco asertivos y t’midos con las mujeres locales. Por su parte, las americanas j—venes tambiŽn compran amantes latinos para Ðcomo nos dice una de ellas-Òhacer algo excitante en el tr—picoÓ.  Tanta voracidad tienen las americanas que un taxista nos dice que ÒLas ticas est‡n felices cuando se van las gringas porque as’ recuperan a sus noviosÓ.

A pesar de este boom, la comparaci—n con Tailandia es injustificada. En este pa’s asi‡tico, el 70% del turismo es sexual, mientras  que en Costa Rica, como veremos m‡s adelante, oscila entre un 5% y un 10% del total.  El nœmero de establecimientos orientado al  turismo sexual no llega a  los 50. 

Los americanos no se limitan solo a Costa Rica. Existe una comunidad de ÒmonguersÓ que viajan de pa’s en pa’s en AmŽrica Latina y  al Sudeste Asi‡tico. Ellos mismos reportan a sus amigos cu‡les son los lugares m‡s calientes en la actualidad. Por ejemplo, R’o, con sus  mujeres profesionales y fr’as, ya no se  compara bien con Costa Rica. En vista de que parte del encanto es la experiencia de tener novia, los ÒmonguersÓ recomiendan lugares como Panam‡, Colombia o hasta Nicaragua. Existe ahora un vuelo directo de Liberia a Granada y muchos de sus clientes son los turistas sexuales que buscan nuevos territorios. En Asia, Tailandia es el pa’s m‡s visitado por los turistas que vienen a Costa Rica, pero en vista del sida y sus campa–as contra la  prostituci—n, est‡ perdiendo terreno. En resumen, segœn la encuesta en Costavivas.com, el 40% de los ÒmonguersÓ que vienen a Costa Rica, visita Tailandia, el 18% a Brasil,  el 9% a otros pa’ses asi‡ticos y el 13% a Europa Oriental.[60]

En raz—n de la atracci—n de los turistas sexuales por Costa Rica, cualquier lugar que le haga competencia, es dif’cil que la desplace como meca sexual. Por el contrario, es m‡s bien posible que la cultura sexual de los ÒmonguersÓ en Costa Rica ser‡ exportada al resto de la regi—n. Joe1015, un turista sexual, nos dice el por quŽ.

 

Existen muchas razones que hacen que mi coraz—n palpite por Costa Rica.

En San JosŽ,  cuando fijo mi vista en el horizonte, miro las maravillosas monta–as, las que aprecio por que  Florida es tan plana como una torta y es m‡s bien un terreno aburrido.

Me gusta el  clima fresco de San JosŽ. Es un viaje corto y barato desde Florida.

Cuando miro a las mujeres, me retornan la mirada con una sonrisa inocente. Si las viera as’ en los Estados Unidos, me preguntar’an quŽ puta les estoy viendo y me tachar’an de pervertido.

Costa Rica es un pa’s del tercer mundo y algunas zonas son sucias y mal cuidadas, pero esto es lo que le da parte de su encanto.

Me gusta que la gente sea despreocupada y amigable.

Cuando estoy aqu’, vengo a relajarme, a desvestirme y a jugar con hermosas y dulces chicas. Estoy de vacaciones y por este tiempo no pienso en mis responsabilidades en Estados Unidos.

Durante mi primer viaje, ten’a preocupaciones por mi seguridad. DespuŽs de mi tercer viaje, me siento c—modo caminando en San JosŽ.

Algunos de los monguers que he conocido me han hecho la experiencia m‡s agradable.

Otra raz—n por las que me gusta Costa Rica es que el alquiler de las mujeres es legal. Puedo tener cualquier mujer que se me antoje.

Las frutas,  la pi–a y el cafŽ saben mejor.

Costa Rica es una terapia y un ba–o de salud mental.[61]


2.         ÀSEXO O PESCA?

Jeff es el pasajero Ð parecido a Woody Allen, que est‡ sentado a la par de Lorna en el vuelo de American Airlines. Le cuenta a nuestra amiga -mientras se embucha de pretzels -se–al de que la calidad del servicio aŽreo se ha deteriorado-  que la primera vez que visit— nuestro pa’s lo hizo simplemente en calidad de turista. Busc— una playa en donde tirarse en la arena y encontr— a Flamingo, un lugar en que se rumora Elizabeth Taylor hab’a comprado una casa. En ese tiempo, Jeff aœn estaba casado (igual que la Taylor) y despuŽs de una semana en Guanacaste, Žl y su esposa optaron por conocer la playa de Jac—. Tanto sol tomaron  en la tarde siguiente, que su mujer prefiri— quedarse en la habitaci—n. ÒVete cari–o a dar una vuelta al pueblo Ðle dijo la mujer- que estoy tan cansada que no me muevo de la camaÓ. Jeff le hizo caso y se fue a caminar por el encantador lugar, lleno de restaurantes y de bares. Al pasar por uno, not— que dos hermosas y cari–osas mujeres le gui–aron un ojo. Jeff las salud— con su mejor y m‡s c‡lida sonrisa. Margarita, una mulata risue–a de curvas tan acentuadas como las del monte del Aguacate, lo invit— a sentarse y a tomar una cerveza. ÒÀPor quŽ tan solo, papi?Ó- le dijo en perfecto inglŽs. ÒPaseo nada m‡sÓ- respondi— Jeff. DespuŽs de unos minutos de hablar banalidades, Margarita y Marilœ, su hermosa compa–era, te–ida de rubio, pero con unos senos fenomenales, lo invitaron a que viniera en la noche a tomar un trago al Bites, el bar m‡s popular de Jac—.

ÒMi amorcito Ðle dijo  Žl luego a su mujer- te ves muy quemada, es mejor que no salgas esta noche. Te buscarŽ algo para la inflamaci—n y comerŽ cualquier cosa en el puebloÓ.

 

Una vez en el bar, el americano observa que Margarita y Marilœ se ven despampanantes con sus blusas cortas de licra y sus faldas aœn m‡s talladas. Jeff las complementa y les dice -en mal espa–ol- que se miran Òmuy calientesÓ. Margarita le invita a bailar una pieza lenta. Tanto se le movieron las hormonas, que el hombre, cinco minutos despuŽs, y $75 menos, recib’a sexo oral en el ba–o de los hombres. Por $75 adicionales, tambiŽn se llev— a Marilœ al ba–o de las mujeres. Lorna, quien no se asusta con nada, no deja de expresar asombro. El americano se preocupa.

-                      ÀEstoy siendo muy crudo?- pregunta Žl. Jeff no parece molestarse por compartir su historia er—tica con una mujer hasta hace poco desconocida. Los turistas sexuales les gusta ostentar sus proezas sexuales, principalmente ante quienes nunca ver‡n otra vez.

-                      ÁPara nada!- contesta Lorna, quien le encanta la informaci—n porque le servir‡ para su estudio sobre el turismo sexual. La soci—loga siente que se sac— la loter’a.

-                      Por favor continœe, insiste ella.

ÒPues no hay mucho m‡s que agregarÓ- dice Žl. ÒDesde ese momento, mis ojos y mis apetitos se despertaron de un letargo sue–o. Decid’ que la pr—xima vez que viniera a Costa Rica, mi mujer se quedar’a en WisconsinÓ-  agrega. ÒTres viajes despuŽs Ðcontinœa- ya no hab’a esposaÓ.

Algunos expertos opinan que la transici—n de Jeff de turista ecol—gico a turista sexual es muy comœn. Ryan y otros (1999) consideran que los turistas ecol—gicos, con su obsesi—n de encontrar lo ÒsalvajeÓ y lo ÒprimitivoÓ, no suelen durar mucho en pasar de mirar monitos y sapitos a observar a las humanas. DespuŽs de todo, el turismo ecol—gico est‡ centrado en activar los sentidos, la relajaci—n y el juego. El cuerpo entero se orienta hacia el placer y el paso de recibir un masaje en las templadas aguas del Pac’fico a recibir sexo oral por parte de una boca igual de c‡lida, es bien corto.

 

Asolearse no solo provee la posibilidad de conseguir un buen bronceado, sino que incrementa la sensaci—n en la piel y la hace  vulnerable a todo lo que es caliente y placentero. De la sensualidad a la sexualidad es un paso en el mismo proceso. Y de la sexualidad al coito es otro paso m‡s en el camino del pago. [62]

Si tomamos en cuenta la fr‡gil frontera entre el placer y el turismo sexual, que lleva a hombres en vacaciones a convertirse en turistas sexuales, ya sea por accidente o por caprichos del destino,  lo que constituye Òturismo sexualÓ, aumentar’a considerablemente. OÕConnel y otros, encontraron en su estudio sobre el Caribe que es dif’cil se–alar cu‡ndo empieza cada uno.

Adem‡s, muchos hombres que no buscan prostitutas en sus pa’ses de origen, suelen hacerlo cuando en vacaciones en los pa’ses del tercer mundo. Consideran que estas mujeres no son verdaderamente prostitutas [63]

Un claro ejemplo de esta ambigŸedad la constituy— el viaje de los ÒMuchachos de MichiganÓ, quienes vinieron a Costa Rica a una excursi—n de pesca. Estos hombres tomaron un viaje ecol—gico y su historia confirma la tesis de Ryan y Hall sobre la tŽnue frontera entre la  ecolog’a y la prostituci—n.

Los muchachos de Michigan se vinieron en un charter a Costa Rica el 16 de Mayo del 2004. Estos hombres, representaban a los ricos y a los famosos de su ciudad. Los ÒmuchachosÓ eran l’deres pol’ticos, hombres de negocios, futbolistas americanos, profesores de universidades y  hasta estrellas de televisi—n. En total, vinieron 167 y ninguno de ellos era el tipo de hombre que no lograr’a ligar una mujer en su pa’s. Les dijeron a sus esposas y novias que iban a una excursi—n de pesca con sus amigos. Abordaron el avi—n cargados de redes, arpones y equipos de buzo. Segœn el periodista que los delat—, se reunieron en el restaurante Macomb County, local  muy fino en Michigan, para tomarse un œltimo trago. ÒSeis horas despuŽs- continœa el articulista- los muchachos llegaban a un peque–o aeropuerto en Guanacaste en donde los recib’an decenas de abor’genes de los m‡s cari–osos  y quienes mov’an sus brazos en se–al de una cordial bienvenidaÓ.

ÒÀQuŽ hay de extra–o en esto?Ó- indaga el periodista. La respuesta provocar’a una tormenta tropical nada menor que Katrina.

El problema, dice el art’culo, es que los turistas no estaban interesados en los peces. Aparentemente, las mujeres que los  saludaban eran prostitutas, contratadas para servir de carnada de otros arpones. ÒUna vez en el lujoso hotel de playa, varios buses trajeron cientos de mujeres durante los cinco d’as que durar’a el paseo. Un empleado de seguridad nos lo confirmar’a: `Los americanos han venido a tener sexo, hacen fiestas hasta las cinco de la ma–ana. Las mujeres van de mano en manoÓ.[64] Lo peor de todo es que el hombre de seguridad ten’a una c‡mara escondida y los americanos salieron, como se dice en estos lares, Òcon las manos en la masaÓ.

Esto no es un fen—meno aislado.  Muchos de los viajes ecol—gicos y de pesca, terminan de la misma manera. Un sitio Web, por ejemplo, anuncia -sin tapujos- las ÒcarnadasÓ que se brindar‡n a los pescadores.

Quiero anunciar una nueva opci—n:  un negocio aqu’ en Costa Rica llamado Ô Tours me voy de pesca«. En Žste, aunque aœn no tenemos el sitio en Internet, ofreceremos 24 mujeres que est‡n esperando pescar y viajar con gringos. Nuestra empresa ofrecer‡ seguridad, traducciones y una fiesta de bienvenida con las muchachas, adem‡s de paquetes combinados con  hotel  y con  transporte incluido. Nadie tendr‡ que poner el dinero en nuestras manos hasta que mire bien  a las chicas....[65]

El turismo sexual no solo involucra sexo con prostitutas. Muchos de los turistas sexuales buscan relaciones con los que ellos llaman mujeres Òno profesionalesÓ (Esto lo analizaremos m‡s adelante) Existe suficiente evidencia acadŽmica que, durante los viajes,  tanto hombres como mujeres consideran la posibilidad de tener relaciones sexuales con los locales. Clark y Chip, por ejemplo, en su estudio de los turistas brit‡nicos en Malta, encontr— que el 7.7% admiti— buscar una Òaventura rom‡nticaÓ. Gillies y Slack, en una muestra de 541 turistas, encontr— que el 5% hab’a tenido relaciones sexuales  con otra persona que  no era su pareja.[66]

Los ÒmonguersÓ revelan que vienen a Costa Rica no solo para tener sexo con prostitutas sino que con cualquier mujer que encuentren en la calle. El Administrador 3 de un sitio Web considera que, contrario a lo que se cree, es muy f‡cil ligar a cualquier mujer en San JosŽ. Dman,  por su parte, aconseja que lo œnico que el americano tiene que hacer es Òcaminar a las 11 de  la ma–ana por el centro de San JosŽ con una buena camisa y pantalones cortos de turistaÓ. ƒl recomienda sentarse cerca de un banco o una oficina de gobierno y esperar a que las muchachas, oficinistas, secretarias, ejecutivas o conserjes, salgan a su hora de almuerzo. Segœn Dman, pronto ellas gui–ar‡n un ojo o devolver‡n una sonrisa. ÒEst‡n ansiosas de recibir una invitaci—n a cenar y puedo afirmar que la mayor’a de las veces, despuŽs de Žsta, se hacen totalmente disponibles para el sexoÓ. Segœn el turista sexual, las ticas son m‡s ÒcalientesÓ que las americanas. ÒSe acuestan con uno en la primera noche, contrario a muchas gringasÓ.[67]

Estos encuentros sexuales son comunes. En una autoencuesta en www.costaris.com, (no su verdadero nombre) el 25% de los miembros de este foro sexual, ha tenido sexo con m‡s de tres mujeres ticas que no son profesionales. Un 11% ha tenido relaciones sexuales con un promedio de 6 mujeres no profesionales. [68]

Si los americanos no tienen problemas en ligar con mujeres locales, Àpor quŽ buscan a las trabajadoras del sexo? La respuesta la dan ellos mismos en los foros. Lo que buscan y lo que evitan, aunque parad—jico, son  relaciones comprometidas. Lo que les atrae de las prostitutas es que no hay necesidad de establecer algo m‡s all‡ de lo que vivir‡n en sus vacaciones.

 LAS TRABAJADORAS DEL SEXO  QUE TRABAJAN CON TURISTAS

Es imposible determinar,  a ciencia cierta,  el nœmero real de mujeres que se dedica al turismo sexual. En vista de la clandestinidad de la profesi—n, la œnica manera es hacer nuestras propias observaciones y c‡lculos. En  una visita en el  çrea Metropolitana durante baja temporada (per’odo en que conseguimos el financiamiento para este estudio) a los lugares de turismo sexual identificados (y siempre existen lugares no  reconocidos) encontramos, el 4 de septiembre del 2004, 543 trabajadoras del sexo y 219 turistas americanos. El promedio en los locales peque–os era de 15 prostitutas por establecimiento. Si agregamos este promedio a los lugares listados, pero no visitados, tenemos en una noche de  baja temporada unas 300 trabajadoras del sexo adicionales. En una noche comœn de baja temporada, aproximadamente 800 mujeres se encuentran en los distintos locales identificados.

Con este nœmero, solo especulaciones podemos hacer. En primer lugar, San JosŽ no es el œnico centro de prostituci—n del pa’s. En segundo lugar, se nos informa que el nœmero de mujeres var’a por noche y tambiŽn por mes. En otras palabras, en los hoteles finos, muchas mujeres est‡n una noche y en otra no.

Otras vienen solo una vez al a–o. Mariana, por ejemplo, es una peinadora que solo llega al hotel Mamei Òcuando no tengo para pagar la rentaÓ. La mayor’a lo hace de vez en cuando. Muchas vienen de otros pa’ses y solo est‡n por temporadas cortas. Si especulamos que en una noche de baja temporada hay entre 800 y 1.000 trabajadoras del sexo en los locales reconocidos, es posible que este grupo sea un 10% del total. Esto porque as’ nos lo dicen nuestros informantes claves (trabajadoras del sexo, cantineros, taxistas, personal de seguridad, polic’as, etc.) Si est‡n en lo correcto, de 8.000 a 10.000 mujeres trabajan en Costa Rica para el turismo sexual. El nœmero podr’a duplicarse en la temporada alta.

                                    Visita a hoteles y night clubs, 4-11 de septiembre del 2004

Hotel

Turistas americanos

Trabajadoras del sexo

Hotel Mamei

110

240

Tea Amargo

95

115

 

Night Club

Ticos (aprox)

Turistas americanos

Trabajadoras  del sexo

Bar 1

4

2

20

Bar 2

6

0

18

Bar 3

8

5

23

Bar 4

4

5

15

Bar 5

125

0

12

Bar 6

84

2

20

Bar 7

6

0

15

 

Sala de Masaje


Ticos

Turistas americanos

Trabajadoras del sexo

Costo del acto sexual

MP 1

12

8

25

$40

MP 2

1

0

4

$30

MP 3

3

0

4

$22

MP 4

0

2

7

$55

MP 5

2

0

10

$45

MP 6

4

0

15

$22

LOS TURISTAS SEXUALES

De acuerdo con Michael B. Farrell, el 80% de los turistas sexuales en Costa Rica es americano. [69] En vista de que muchos ÒmonguersÓ se quedan en hoteles  exclusivos de turismo sexual, es m‡s f‡cil estimar su nœmero. Los hoteles que permiten la entrada de mujeres en las habitaciones (invitadas, por supuesto) son aquellos que se dedican o  toleran el turismo sexual. El nœmero de ÒmonguersÓ es tan alto  que hasta una famosa cadena hotelera americana ha accedido a dejar ingresar mujeres en las habitaciones: ÒMe quedŽ en este hotel lejos del centro de San JosŽ. Estuve en Enero y paguŽ $300 por una mujer HERMOSêSIMA, quien se qued— conmigo desde las 10 de la noche hasta las 3 o 4 de la ma–ana. ÁLa mujer era una ganga! Ya ven que hasta estos hoteles est‡n empezando a cederÓ.[70]

Nucknuts confirma que esta respetable cadena hotelera tiene un buen grupo de trabajadoras del sexo en sus instalaciones, pero el precio de la habitaci—n hace que as’ sea el servicio sexual de caro. ÒLas chicas esperan m‡s dinero si usted est‡ hospedado en ese hotelÓ. Tman, por el contrario, cree que Žste tiene los mismos precios que el Mamei y que nunca paga por una chica m‡s de $100 la hora.[71] Gringotim dice que por estar lejos del ÒBarrancoÓ (as’ se conoce el ‡rea de turismo sexual en Costa Rica), no tiene por quŽ cobrar m‡s. Chaser concuerda que  el hotel no deber’a cobrar «mucho dineroÕ (en espa–ol)Ó [72]

El  Hotel Mamei, el Hotel El Duende y otros m‡s, ubicados en la zona del Barranco en San JosŽ, son exclusivamente hoteles de turismo sexual. Obviamente, no todos los turistas sexuales se quedan en ellos y muchos prefieren estar lejos del Barranco. Algunos alquilan apartamentos o se quedan con sus amigos. No obstante, en una noche de temporada baja,  estimamos el nœmero de huŽspedes

Hotel

Nœmero de cuartos

Ocupaci—n

Hotel 1

200

50%

Hotel 2

87

50% - 60%

Hotel 3

96

100%

Hotel 4

116

100%

Hotel 5

110

50% - 60%

Hotel 6

74

60%

Hotel 7

30

100%

Hotel 8

40

50%

Hotel 9

69

50%

Hotel 10

104

100%

Total

926

De estos datos, podemos hacer algunas inferencias:

  1. En temporada baja, el promedio de ocupaci—n es del 72%. En un d’a comœn, existen 667 cuartos ocupados, algunos de ellos por dos hombres. Esto nos da un aproximado de 1.000 personas por d’a. Si el promedio de estad’a en Costa Rica es de 7 d’as, habr’a 4.000 hombres distintos al mes y 48.000 al a–o.
  2. La suma podr’a crecer porque los hoteles 1 y 2, los m‡s populares, est‡n siempre repletos y tienen una lista de espera de hasta 6 meses. Ambos hoteles, en un mes cualquiera, tienen 1.200 huŽspedes de  promedio.
  3. En vista de que existen m‡s de 10 hoteles que reciben turistas sexuales, el nœmero de ellos podr’a variar de 20.000 a 50.000 al a–o, o sea entre un 5% y un 10% del turismo norteamericano. Esto no parece exagerado porque el foro de turismo sexual en Costa Rica tiene 2.500 miembros fijos y miles m‡s como visitantes. Segœn los administradores de este sitio, solo entre un 5% o un 10% de los ÒmonguersÓ se inscribe en su sitio. Esto ser’a entre 25.000 y 50.000  ÒmonguersÓ no registrados y esta p‡gina no es la œnica en el Internet.
  4. Debemos agregar a este nœmero un grupo considerable de los 30.000 americanos residentes en Costa Rica que tambiŽn participa en el turismo sexual.

Un factor que hace al turismo sexual en Costa Rica especial es la concentraci—n de sus poblaciones. Unos pocos hoteles que fueron comprados a bajo precio -en vista del declive de San JosŽ como lugar de vivienda- han acaparado m‡s del 70% del comercio sexual tur’stico. Uno de Žstos fue comprado por un mill—n de d—lares hace pocos a–os y ahora vale m‡s de 15 millones.[73]

Hotel Mamei  es el favorito numero uno. Cuando en los foros, los turistas sexuales responden cu‡l es su lugar favorito (La pregunta es la siguiente: ÒSi usted tiene una sola y œltima oportunidad sexual en su vida, Àa d—nde la tendr’a?Ó), el 65% dice que en el Mamei, el 30% en un sauna (cuyo due–o es el mismo Mamei), y un 4% en Tea Amargo, un bar tambiŽn comprado por este hotel. Ninguno de los que contestaron indic— que pasar’a su œltima experiencia sexual con su esposa. [74]

En una noche de octubre, encontramos 250 turistas americanos en el Mamei; en una noche de alta temporada en Enero, la suma sube a 500 americanos y a 700 trabajadoras del sexo.

Los ÒmonguersÓ se pasan sus d’as en estos hoteles sin a veces poner un pie fuera. Dc37, por ejemplo, dice en el foro que, ni sali— de la habitaci—n ya que tuvo a 37 mujeres en 10 d’as.  

No , no era mi viaje nœmero 37 a Costa Rica, sino mi tercero, lo que hice 37 veces fue tener sexo con mujeres distintas, no puedo recordarme sus nombres, pero con las fotos y videos que les tomŽ, espero recordarme de cada una de ellas.[75]

La concentraci—n numŽrica debe tomarse en cuenta como parte de la excitaci—n que sienten los turistas en Costa Rica. Uno entra en el Mamei y se asombra del nœmero de hombres  y de mujeres. En un espacio relativamente peque–o, miles socializan y hablan de asuntos que en Estados Unidos no podr’an. Muchos americanos que ni siquiera les pas— por la mente alguna vez pagar por el sexo, caen en sus encantos con solo tomarse un trago ah’.

Usted entra en este lugar, sintiŽndose como cualquier hombre de 60 a–os:  nada atractivo y ya viejo. De un momento a otro, cientos de hermosas mujeres lo vuelven a ver y quieren tener sexo con uno,  hembras que en Estados Unidos ni  se les ocurrir’a notarnos, y uno se envuelve y se hace adicto a esta cultura y se mantiene pegado a ella. Usted regresa y regresa al  Mamei porque no puede perder ya esta sensaci—n. [76]

 


3-      ORêGENES Y CARACTERêSTICAS DEL TURISMO SEXUAL

El turismo sexual es  turismo cuyo objetivo parcial o total es tener relaciones sexuales, usualmente con prostituta(o)s. Otro tŽrmino saj—n para el turista sexual es el de "sexpatriadoÓ. Cuando las oportunidades de viaje se presentaron, por vez primera en el siglo XIX, a un sector importante de las clases medias, incluyendo las de los Estados Unidos, el turismo sexual naci— como una nueva actividad. En raz—n de la riqueza creciente de los pa’ses europeos, los clientes Ð en vista de los precios m‡s  bajos en çfrica y en el Caribe- buscaron, en Žstos,  sus aventuras sexuales.[77]

En realidad, la gente rica siempre ha hecho turismo para apreciar monumentos, edificaciones imponentes, aprender nuevas lenguas, mirar artes distintos, probar la cocina extranjera y olvidarse de su rutina. En la Repœblica Romana, lugares como Baie eran preferidos como zonas de playa por las clases poderosas. El tŽrmino turista y el de turismo, sin embargo, fueron usados oficialmente hasta 1937 por  la Liga de las Naciones. Se defini— el turismo como Ògente  que viaja fuera del pa’s  por per’odos mayores de 24 horasÓ. [78]

Pero lo que conocemos como turismo de masas dependi— para su desarrollo de  dos transformaciones del siglo XIX. La primera fue la revoluci—n en los  transportes, gracias al invento de los grandes buques, trenes y aviones. La construcci—n ferroviaria en Inglaterra, por ejemplo, acerc— las playas a las urbes, lo que dar’a lugar a las  primeras excursiones. La segunda ser’a la adquisici—n, por parte de la clase trabajadora, del tiempo libre. Una vez que el capitalismo mejor— su nivel de vida, provey— el dinero para que las masas hicieran turismo. El primero en sacarle provecho ser’a Thomas Cook quien, el 5 de julio de 1841, organiz— el primer paquete tur’stico para obreros. El viaje fue de Leicester a Loughborough, unas 20 millas en total. Cook vio inmediatamente la potencialidad econ—mica de esta actividad y se convirti—,  en el primer agente de viajes.[79]

Algunos aducen que el turismo sexual en las AmŽricas se inici— con la llegada de Col—n y con el intercambio de chucher’as. Segœn Ann Barger Hannum, Òla investigaci—n da fuerte evidencia de que junto con las papas, el tabaco y otros productos, Col—n tambiŽn trajo las  primeras infecciones de s’filis al nuevo mundoÓ. [80] Eduard Said escribe que en el Caribe se dio tambiŽn la explotaci—n sexual de los nativos porque los europeos proyectaron sus fantas’as sexuales en ellos y los empezaron a mirar como la otredad primitiva y salvaje. [81] Estos autores sugieren las siguientes razones para buscar relaciones sexuales en otro pa’s o regi—n:

á                     Legislaci—n sexual m‡s permisible (edades menores de consentimiento, por ejemplo)

á                     Las leyes son menos acatadas

á                     Precios m‡s bajos

á                     Posibilidades mayores de anonimato

á                     Percepci—n de que los nativos son m‡s atractivos y sexuales

á                     Preferencia por el trato de  las trabajadoras del sexo extranjeras

á                     Mirar el sexo en el tr—pico como m‡s er—tico

Los destinos preferidos hoy d’a, segœn los especialistas, son Brasil, Tailandia, Camboya, Costa Rica y Cuba.  DespuŽs de la ca’da del muro de Berl’n, la Repœblica Checa, Hungr’a y Rusia se han vuelto puntos de atracci—n. En estos lugares, el turismo sexual es apenas un peque–o rubro de la industria. La mayor’a de los clientes sigue siendo los hombres de la comunidad, no los extranjeros.

Las mujeres del primer mundo tambiŽn practican el turismo sexual. Los pa’ses favoritos para las mujeres que buscan hombres son el Caribe, Costa Rica, Gambia y algunos pa’ses del norte de çfrica.  Este tipo de turismo sexual tiene sus caracter’sticas especiales, como que se usa menos el dinero y m‡s la compra de favores, como lo son obsequios, viajes e invitaciones.

Un grupo m‡s peque–o busca practicar el turismo sexual con adolescentes y ni–os. Muchos pa’ses como Costa Rica tienen legislaciones dr‡sticas contra este tipo de explotaci—n sexual.

Segœn Ronnie Shaw, Tailandia ha servido como el modelo que ilustra, en el tercer mundo,  el impacto negativo del turismo sexual. Segœn esta especialista, miles de mujeres rurales fueron forzadas a migrar como prostitutas a las ciudades. Esto cuando las tropas norteamericanas establecieron sus bases militares ah’. Los ÒmarinesÓ empezaron el negocio pero pronto otros turistas, no asociados con el ejŽrcito, los emular’an. Adem‡s, ella afirma que Òlas necesidades econ—micas y la miseria, combinadas con la demanda de los clientes norteamericanos, crearon la econom’a de la prostituci—nÓ. [82]

Shaw cree que las mismas condiciones se han dado para que la industria del sexo florezca en Costa Rica. ÒLos recortes recientes en la seguridad social han llevado a miles de mujeres y a ni–os a vender sus servicios sexuales a los turistas occidentalesÓ. [83]

Puede ser pol’ticamente correcto echar la culpa de la prostituci—n a la urbanizaci—n, la migraci—n rural-urbana, y a la globalizaci—n. Pero Costa Rica no encaja en este modelo. En primer lugar, el pa’s- cuando se dio el auge del turismo sexual- no sufr’a un proceso de industrializaci—n y de urbanizaci—n en los a–os de 1990 (Esto ya hab’a ocurrido durante los a–os de 1960) Tampoco han habido bases militares norteamericanas que crearan un apetito por la prostituci—n. Finalmente, el pa’s no muestra patrones de reciente migraci—n rural-urbana. Por el contrario, los nuevos inmigrantes son nicaragŸenses y no ticos, y la participaci—n de Žstos en la prostituci—n para turistas, es muy peque–a.

Existe pobreza en Costa Rica, pero el pa’s es m‡s homogŽneo que la mayor’a de la regi—n o  de cualquiera del Sudeste Asi‡tico. Adem‡s, la mayor’a de las trabajadoras del sexo que sirven a los turistas no  es tica y no viene a ejercer la prostituci—n porque se estŽ muriendo de hambre. Por el contrario, para practicarla, se necesita dinero para el tiquete y para dejar a los hijos y familiares al cuidado de otros. Las mujeres locales que acuden a los centros de turismo sexual no pertenecen, como veremos, a las clases m‡s pobres. La gran mayor’a es de clase media y clase media alta.

El pa’s, como argumenta Shaw, s’ pertenece al tercer mundo y probablemente es visto por los americanos como  cuna de ÒotredadÓ y de lo ÒŽx—ticoÓ. La poblaci—n es mayoritariamente blanca o mestiza y esto hace que los norteamericanos nos miren como ex—ticos, salvajes y naturales. Esta percepci—n les permite hacer cosas con nosotros que no har’an en los Estados Unidos: ÒUno empieza a disfrutar lo sucio y lo prohibido y empieza a amarlo. ÁAdmit‡moslo! ÁEsto no lo podemos hacer en nuestro pa’s! Probablemente, esto nos lleve a cambiar nuestra moral porque estamos en un lugar extranjeroÓ- escribe un turista sexual.[84]

Los turistas norteamericanos es el grupo principal del turismo sexual en Costa Rica simplemente por su proximidad y porque el pa’s tiene un nivel de vida inferior. Pero la proximidad y el nivel de vida no son los œnicos factores. Si as’ fuera, Hait’ ser’a el pa’s m‡s apetecido. El racismo es un factor a tomar en cuenta: los americanos prefieren las mujeres, como las ticas,  de piel clara.

Autodefinici—n

Michel  Foucault argumenta que muchas pr‡cticas sexuales pueden darse sin que quienes las practican se miren como un grupo aparte o una comunidad especial. Su ejemplo son los homosexuales. Segœn Žl, antes del siglo XIX, los hombres que practicaban la sodom’a no se ve’an a s’ mismos como una minor’a sexual. Cualquier hombre pod’a incurrir en ella y aunque castigada con la muerte, la pr‡ctica no se asociaba con una personalidad o un grupo en particular. Para que los sodomitas se convirtieran en Òhomosexuales Ò y en los gays modernos, se necesitar’an cambios dr‡sticos en la visi—n sexual europea.[85]

El diccionario define a ÒmongerÓ como Òuna persona que promueve algo indeseable o sin credibilidadÓ. Un ÒwhoremongerÓ es quien gusta pagar por el sexo.

La palabra, sin embargo, cuando es usada en los foros y en las discusiones de los turistas sexuales, no tiene ya una connotaci—n negativa. De la misma forma en que los homosexuales se autodenominaron como ÒgaysÓ, los turistas sexuales usan su tŽrmino ÒmonguerÓ con orgullo. (Nota del autor: seguiremos usando la palabra en su escritura en espa–ol)  Esto no significa que lo van a proclamar a los cuatro vientos, pero que por ello no se sienten ni enfermos ni raros. Prolijo, un turista sexual, as’ lo dice: ÒPuede ser que a nivel personal no consideremos como indeseable lo que hagamos, pero la realidad es que nuestro pasatiempo no ser’a revelado por la mayor’a de nosotros a un pœblico que no comparte nuestros gustosÓ. [86]

No obstante, ser un ÒmonguerÓ no es una pr‡ctica sexual, al estilo de los antiguos sodomitas. Los turistas sexuales han ido desarrollando su propia identidad y le han ido agregando posiciones filos—ficas. Fr.Lus piensa, por ejemplo, que los ÒmonguersÓ, adem‡s de  disfrutar el sexo pagado, los une Òel rechazo a las relaciones duraderasÓ.

Soy un amante de las prostitutas. No pido perd—n por ello. Adoro a las mujeres, en plural y no en singular. Adoro el sexo. He estado casado.  Casarse puede ser que les sirva a algunos, pero no creo que deber’a ser la norma para todos,  todo el tiempo. Para m’, el matrimonio sirvi— unos a–os pero luego a) se hizo nada agradable b) se hizo poco placentero c) se hizo demandante y por mutuo acuerdo lo terminamos. He salido con mujeres y he tenido relaciones estables (seis meses o m‡s) pero en vista de mi falta de deseo de hacerlas permanentes, y por mi preferencia por la independencia y por tener mi  propio espacio, ninguna funcion—É.

Mi respuesta, desde hace a–os, es ir a lugares en que pueda encontrar sexo barato y en cantidad. En primer lugar, me encant— la compa–’a de las prostitutas en lugares como Amsterdam, Munich, Saig—n, Bangkok, lugares en que estuve por cuenta del ejŽrcito. A–os despuŽs, se me hizo natural ir a Tijuana y lo he hecho por m‡s de 25 a–os. En a–os recientes, he probado Hong Kong, Jamaica y m‡s recientemente, Costa Rica. [87]

Los ÒmonguersÓ se inician entre s’ y llevan a sus amigos a participar en su propia cultura. De la misma manera en que los gays sacan del armario a otros, as’ lo hacen los turistas sexuales.  Es comœn leer en los foros c—mo es que uno convenci— a otro que probara la vida de la prostituci—n. Un caso fue el de John, quien ven’a en el avi—n de American Airlines. ƒl le cont— a Lorna que vino a turistear a Costa Rica y un residente americano, amigo suyo, lo invit— a tomarse un trago en el bar del Hotel Mamei. Una vez que se dio cuenta en d—nde estaba y la cantidad de mujeres hermosas que lo miraban, John cay— en  las redes del gusto por la prostituci—n. El siguiente a–o, se vino solo y el tercero, ya estaba solo porque su esposa se fue.

Los turistas sexuales  aumentan. En Estados Unidos, la prostituci—n, a partir de la revoluci—n sexual de los a–os sesentas, parec’a destinada a un declive irremediable: los hombres de clase media la miraron como despreciable. Sin embargo, est‡ otra vez en auge en aquellos que hacen turismo en el tercer mundo. Segœn Express321, Òmuchos norteamericanos han salido del armario en su gusto por las prostitutas. Cientos y miles de ellos vienen a Costa Rica cada semana. Aœn aquellos que son j—venes y atractivos acuden en manada. ƒstos pueden obtener cualquier mujer que se les venga en gana en los Estados, pero prefieren ahora relaciones con mujeres calientes de estos laresÓ.  [88]

En nuestras observaciones etnogr‡ficas, validamos esta informaci—n. Cientos de j—venes americanos, atractivos y con dinero, frecuentan los night clubs y las salas de masaje. Algunos ni siquiera vinieron con este prop—sito al pa’s; estaban para visitar amigos. Pero la disponibilidad, la aceptaci—n cultural de la pr‡ctica entre sus conciudadanos en Costa Rica, los convence de que no hay nada malo en tirarse la canita al aire. Hemos visto c—mo hasta futbolistas americanos, adorados y  deseados por multitudes, han pasado por el Mamei. En Quepos, las trabajadoras del sexo se especializan en surfeadores y en americanos adolescentes. Cristina, una mujer que trabaja en un hotel que recibe americanos j—venes nos dice que Žstos Òpagan por el sexo igual que lo viejosÓ.

El  gusto por las prostitutas no solo crece en nœmero sino que invade  nuevas esferas, incorpor‡ndose en las ceremonias de clase media como las despedidas de solteros. Raffie, por ejemplo, est‡ por casarse. Les cuenta a sus amigos ÒmonguersÓ m‡s viejos  que va a tener su fiesta de soltero en Costa Rica.

.

Mi boda est‡ casi lista y quisiera sus consejos acerca de mi œltima despedida de soltero, que la tendrŽ en Costa Rica. Me gustar’a saber c—mo tener un tiempo encantador para cuatro varonesÉ tres noches.

Nos gustar’a estar juntos y tener org’as É Es nuestra primera vez en Costa Rica y quiero que sea memorable.[89]

RealmanK le brinda su asesor’a. ƒl cree que, una vez en Costa Rica,  Raffie se meter‡ en problemas. ÒNo vengas É nunca llegar‡s a tu boda. Es posible que ni siquiera regreses a tu casaÓ.[90]

Aunque el turismo sexual hace que la edad sea cada vez menos importante, la realidad es que la mayor’a de los ÒmonguersÓ tiene entre 50 y 59 a–os de edad (38%). Un grupo menor es de 40 a 49 a–os (27%) y el resto est‡ dividido entre los m‡s viejos y los m‡s j—venes. Muchos turistas tienen 80 a–os. Marylin, una trabajadora del sexo, nos dice que el hombre mayor que ha tenido estaba en los 90 a–os y el m‡s joven, apenas ten’a 13 a–os. Este œltimo le fue presentado por su t’o. El de 90 a–os, Òsolo quer’a que lo masturbara y luego supe que se muri— tres semanas despuŽsÓ.  [91]

Los ÒmonguersÓ vienen principalmente de Florida, el Medio Oeste, el Sudeste y los estados monta–osos de Estados Unidos. [92]

En cuanto a su apariencia f’sica, el 35% se describe como con sobrepeso, el 31% cree que est‡ en buena condici—n f’sica, y el uno por ciento dice estar tan gordo que Òno puede mirar siquiera sus zapatosÓ. [93]

Uno de los administradores de los foros, describe, despuŽs de conocer decenas de miles, de manera humor’stica, al t’pico turista sexual.

  1. De mediana edad, solo encuentra gringas gordas y llenas de problemas, sin mencionar que las tetas est‡n ca’das y as’ sus culos.
  2. Viejos gringos que ya hab’an renunciado a tener sexo.
  3. Hombres casados que necesitan variedad sexual y que quieren volver a sentirse j—venes y viriles.
  4. Solteros que se sienten frustrados porque, a pesar de gastar fortunas en invitar a gringas a comer o a pasear,  obtienen  sexo de mala calidad.
  5. Gringos que les encanta el sexo y que gustan de las latinas. [94]

Don Giovani, otro turista sexual, est‡ de acuerdo con la descripci—n. ÒSi todos fuŽramos hermosos sementales no estar’amos buscando el sexo con mujeres bonitas en Costa RicaÓ.[95]

La descripci—n que hacen los turistas sexuales calza con la que hacen otros de ellos. Lodge en su novela, Paradise New (Noticias del para’so) describe a los turistas sexuales con pantalones cortos y camisas sin manga. Tanto las trabajadoras del sexo como ellos representan el cuerpo en su desnudez, pero Žsta no tiene nada que ver con la de los modelos de calendarios. ÒLos gordos, los peque–os, los flacos, revelan la realidad de cuerpos mal cuidados y junto con las trabajadoras del sexo, tienen tanto  para exhibir como para esconderÓ. [96]

Aunque la mayor’a no sea joven y atractiva, esto no significa que no pueda ligar mujeres en Estados Unidos. Por el contrario, los turistas reportan ser perseguidos por sus conciudadanas. Sin embargo, estas mujeres son de su misma edad, nada que ver con las ex—ticas latinas de 20 a–os que obtienen en Costa Rica. Cuando los turistas sexuales tienen sexo con sus paisanas, lo hacen por l‡stima. Happyman dice que viene para Costa Rica porque en Estados Unidos Òsolo puedo ligar traseros flojosÓ y es  su preferencia Òpor lo duro y firmeÓ lo que lo hace venir al tercer mundo.

Vegas Bob dijo una vez algo que se me qued— grabado. ƒl dijo con su voz fuerte ÒHappyman, usted sabr‡ que no est‡ m‡s en Costa Rica cuando vaya al supermercado en los Estados y mires a una mujer hermosa en la caja registradoraÉ la mujer le da a uno una erecci—n fenomenal y Áchas!É uno se da cuenta que no la podr‡ poseer. Ella es inaccesible. Ah’ te das cuenta que no est‡s m‡s en Costa RicaÓ. [97]

Finalmente, de la misma manera que los gays, los ÒmonguersÓ aman el sexo y no pueden obtener nunca suficiente. Es m‡s, ambas comunidades han creado establecimientos, como los saunas, o los hoteles de sexo en que la fiesta y la org’a nunca terminan. Algunos salen corriendo del aeropuerto al Hotel Mamei como si fuera el œltimo d’a de sus vidas. Existen turistas que vienen solo 24 horas a Costa Rica y que han tenido relaciones sexuales con m‡s de diez mujeres.

Para comprar el sexo, el idioma no es una barrera formidable. La mayor’a de los turistas sexuales no habla espa–ol. En una encuesta en el foro m‡s popular, solo el 4 % puede hablar algo. Los foros est‡n llenos de preguntas acerca del significado de una y otra palabra y en consejos de c—mo tener sexo sin hablar. La respuesta es  que no es dif’cil: ÒLas mujeres hablan Spanglish y siempre est‡n las muecas para hacer que entiendan lo que los turistas quieranÓ- dice uno. Legman, otro ÒmonguerÓ, teme incurrir en situaciones dif’ciles, pero admite de que ÒdespuŽs de recibir la informaci—n b‡sica en este foro, estoy seguro que la falta de idioma no me matar‡Ó.  Le preguntamos quŽ fue lo que le ense–aron y nos dice que la frase ÒQuerer meter esto en tu cositaÓ. [98]

Las trabajadoras del sexo tienen m‡s problemas con el idioma y admiten que existen muchos malentendidos. Para ellas, entre m‡s corto el acto, mejor. Todo lo que se interponga en la rapidez de las relaciones, cuesta dinero.   Lulœ, por ejemplo, se queja de que un d’a le pidi— un preservativo a un gringo y el hombre le trajo un cerillo. [99] Arlette quer’a vaselina y el cliente le trajo Listerine. Conny cuenta que un gringo le sac— la lengua para indicarle que quer’a sexo oral, pero ella, algo ingenua en esa ocasi—n,  le dio un chicle.

Un problema adicional que tienen los turistas sexuales es que al pertenecer a la generaci—n de los a–os cincuenta, y haber estado en matrimonio por muchos a–os, no vivieron en carne propia la epidemia del sida. ƒsta que se inici—, adem‡s, en la comunidad gay primero, y luego pas— a los usuarios de drogas, no toc— por mucho tiempo a los hombres casados de clase media y de mediana edad.  Esto lo confirmamos en una encuesta. La mayor’a de los turistas sexuales norteamericanos no conoce a una persona con sida.

ÀConozco por lo menos a una persona heterosexual que haya contra’do el virus del sida por un contacto heterosexual?

           

S’          4%     [ 3 ]

           

No        95%   [ 61 ]

Total de la votaci—n : 64[100]

Mar’a, una trabajadora del sexo, piensa que sus clientes no est‡n del todo preocupados por el sida. Algunos no han usado en a–os un cond—n. Otros, han despertado su vida sexual gracias  al Viagra y sus derivados que les ha permitido tener erecciones despuŽs de a–os de impotencia. ÒMuchos temen que los condones les har‡n perder sus ereccionesÓ- agrega Mar’a.

 

ÀC—mo se negocia el acto sexual?

Romulus escribe que no hay una etiqueta espec’fica acerca de c—mo pagar. Algunos creen que es mejor no hacerlo abiertamente y desde el principio Òporque si usted est‡ demasiado caliente, su capacidad de sacar un mejor precio, disminuyeÓ.[101] Es mejor, dice Sailor,  no ofrecer el dinero porque Òsi la chica tiene la plata en sus manos, se obtiene un sexo muy mec‡nicoÓ. ƒl agrega que el cliente que se mantiene firme, Òlogra ver en los ojos de las mujeres que aprendieron quiŽn es el hombre y cu‡l es el papel de la mujer en su culturaÓ. [102]

Joe105, por el contrario, cree que es mejor pagar de inmediato. [103]  Segœn Žl, esto hace que la mujer estŽ contenta y menos dispuesta a jugarle un truco. Romulus no est‡ de acuerdo. Cada vez que pag— antes, dice Žl, recibi— el peor sexo que ha tenido. ÒLa mujer que tiene el dinero en sus manos, ha perdido el incentivo de hacer  un buen trabajoÓ.  ƒl  lamenta no ser m‡s asertivo cuando recibe un mal servicio. Pero reconoce que Òes dif’cil quejarse cuando est‡ ya uno desnudo y la mujer con la boca en el —rganoÓ. [104]  Finalmente, Express321 opina que la demanda de que se pague primero es una influencia americana en la cultura costarricense y lo mejor que se puede hacer, es llegar a un compromiso en este campo. [105]

Como hemos visto, los turistas sexuales no saben quŽ hacer con respecto al dinero. La incomodidad simboliza que la mujer est‡ por interŽs, algo que contradice la fantas’a del cliente. Esto hace las cosas dif’ciles porque muchas tienen- antes de ver el dinero- que proveer los servicios. Si por alguna raz—n, el turista no queda contento, puede sentirse con el derecho de pagar menos, o no hacerlo del todo. Algunos cuentan que por no quedar satisfechos,  han echado a patadas a la prostituta.

La cultura latina es m‡s reacia a negociar directamente, tanto en los servicios profesionales como en los sexuales. Lucy dice que odia que le paguen al final porque despuŽs del orgasmo, los hombres se tornan menos comprensivos y deseosos de complacerla. ÒUno los siente hostiles despuŽs de regarse. Buscan excusas para no pagarÓ- dice ella. Gloria se queja de que sus clientes esperan recibir sexo oral por horas. ÒAlgunos han tenido tanto sexo que no les queda una gota de semen y una tiene que tratar y tratar de hacerlos regarseÓ. Esto, segœn ella, es uno de los problemas principales con los americanos. ÒCreo que las madres gringas no les dieron suficiente de mamar y han quedado con unas ganas interminablesÓ- agrega Gloria.

La cultura americana es mucho m‡s homogŽnea, en lo social, que la latina. Muchos hombres de la clase trabajadora hacen suficiente dinero como para poder venir a los tr—picos a tener sexo. Podemos calcular el costo de un viaje sexual a Costa Rica con la informaci—n que los mismos turistas ofrecen en los foros. La mayor’a de ellos indica que gasta aproximadamente $200 al d’a, excluyendo el costo del sexo. Si a–adimos el sexo, la cifra sube a $300 diarios. El promedio de un viaje es normalmente, segœn Xanadœ, un turista sexual, diez d’as, lo que nos da una cifra promedio de $2200, incluyendo 10 mujeres a $90 cada una. [106] Esta cantidad est‡ dentro de las posibilidades de un carpintero o un abogado. Sin embargo, la mayor’a de los turistas pertenece a los sectores medios y profesionales, lo cual indica que existen razones por las que los hombres de la clase trabajadora, no participan de igual manera.

Si multiplicamos el nœmero de turistas sexuales por a–o, que es entre 20.000 a 50.000 (estimaci—n conservadora), obtenemos una cifra que va desde $44 millones a $110 millones anuales (esto excluye el aporte a la econom’a de los residentes americanos). Si estudiamos el cuadro 1, obtenemos que esta cantidad es m‡s alta que las exportaciones ticas de carne y azœcar combinadas. Esto no incluye el dinero que los americanos env’an como remesas a sus novias.

CUADRO 1

PRINCIPALES FUENTES DE INGRESOS

  EN COSTA RICA,

(EN  MILLONES DE DOLçRES)

1990 A  2002

 

 

 

 

 

 

A–o

Turismo

CafŽ

Bananos

Carne

Azœcar

1990

275,0

245,4

315,0

48,6

25,1

1991

330,6

263,6

396,6

69,3

24,7

1992

431,1

201,6

562,6

44,0

29,5

1993

577,4

201,6

564,8

63,7

27,9

1994

625,7

307,6

561,0

51,0

28,6

1995

659,6

417,1

680,2

43,6

46,1

1996

688,6

385,4

631,1

42,2

44,4

1997

719,3

402,3

577,3

28,3

41,1

1998

883,5

409,5

667,5

24,0

41,8

1999

1036,1

288,7

629,0

27,2

30,0

2000

1229,2

273,7

546,1

30,7

28,6

2001

1095,5

161,8

515,9

25,5

35,5

2002

1078,0

165,1

478,4

20,1

27,0

Fuente:

CANATUR, Direcci—n de Investigaci—n, con base en datos del ICT.

http://www.canatur.org/80fb514e3dce55c3edc2edf998345425/estadisticas/33

D’a de consulta: 23-08-04


4.         LA LECHE DE LOS CHIQUITOS

En cada uno de los trabajos hechos en Costa Rica por nacionales o extranjeros en prostituci—n existe el mismo paradigma y la misma preocupaci—n por explicarla en tŽrminos de pobreza y de marginalidad social.  No hay un solo  estudio que reconozca que la prostituci—n puede ser una actividad libremente escogida (o por  lo menos igual de libre como uno escoge ser mŽdico o zapatero) y que sus razones son m‡s complicadas de lo que imaginamos.  La persecuci—n ideol—gica de la actividad y los discursos elementales de gŽnero hacen dif’cil mirarla con mayor objetividad. Tanto los investigadores como las mismas trabajadoras del sexo han asimilado la antigua explicaci—n de que una mujer se hace trabajadora del sexo Òpara comprar la leche a los chiquitosÓ. No importa si no hay chiquitos, o si la leche ahora representa una computadora; la racionalizaci—n es la misma.

En el estudio cuantitativo del a–o 2000, nos concentramos en los lugares de prostituci—n m‡s pobres  que sirven a la clase trabajadora.  Sin embargo, los resultados no confirman la tesis de que Žstas mujeres sean de clase marginal. 

Si  miramos el nœmero de ÒchiquitosÓ que tienen las trabajadoras, vemos que la mayor’a o no tiene, o tiene dos o menos. Son menos de la cuarta parte las que tienen m‡s de tres hijos.

Numero de hijos

0

1

2

3

4

5 Ð 6

7 o mas

6.8

25.5

26.0

6.8

12.8

8.8

3.5

Adem‡s el 90% de las encuestadas sabe leer y escribir.  Solo un 23% no termin— la escuela. Apenas la cuarta parte de ellas gana menos de 100.000 colones al mes, una cifra que podr’a indicar pobreza. La gran mayor’a gana entre 100.000 a 200.000 colones, que en Costa Rica no es un sueldo de pobre. Y en los lugares m‡s pobres, casi el 20% hace tanto dinero como una mujer profesional.

Educaci—n

No termin— la primaria o menos

Complet— la primaria

No termin— la secundaria

Secundaria completa

Estudios universitarios

23.5

26.3

39.3

7.5

3.5

Ingreso mensual en d—lares

Menos de 200

200  a 400

400 a 600

600 a 800

800  a 1000

1000  a1500

1500  y m‡s

25.8

37.5

19.0

10.8

4.3

1.0

1.8

Un an‡lisis de las posesiones materiales confirma que las trabajadoras del sexo que laboran en centros pobres, tiene art’culos de clase media. El 84% tiene televisi—n a colores, el 72% tiene refrigerador y el 70% tiene lavadora. Un tercio de ellas tiene VHS. 

ElectrodomŽsticos

TV Color

Refrigerador

Lavadora

Micro hondas

VHS

Celular

Computadora

Carro

71.0

65.3

69.7

16.7

25.0

---

---

5.0

84.5

71.8

68.5

22.0

33.3

10.5

4.5

6.0