Viajes por Filipinas: De Manila á Albay by Juan Álvarez Guerra - HTML preview

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1887

Al Excmo. Sr. D. Germán Gamazo

Dedica este libro como prueba de gratitud y respeto

Juan Álvarez Guerra.

ÍNDICE DE CAPÍTULOS

CAPÍTULO I.

Quietismo.—

Fiebres termométricas.

D. Francisco

.—Una cartay una visita.—Proyectos de viaje.—El

Sorsogon

.—Fisonomíadel capitán.—Cubierta del

Sorsogon

.—Faenas de levar.—Enmarcha.—Bandera de saludo.—Bahía de Manila.—Naig.—Bataan.—

Primeralmuerzo.—Luís.—Monomanía francesa.—Dos mestizas y unfraile.—Razas.—Gustos y aficiones.—

El puerto y la isla

.—Cavitey San Roque.—Enriqueta y Matilde.—Costas de Tayabas.—La oraciónde la tarde.—Francés y bicol.—Fuegos artificiales.—Discreteos.—Elcementerio protestante.—Promesa.—Sueño.—

¡Fondo!—Tierra de Albay.

CAPÍTULO II.

Provincia de Albay.—Situación.—Etimología.—Pueblo de Albay.—Suaspecto.—Casa Real.—La Administración de Hacienda.—El Tribunal.—Lacárcel.—Su mala disposición.—Obras principiadas.—

Principioshumanitarios convertidos en inhumanitarios.—Monumento á Peñaranda.—Laiglesia.—El Gogong y el Ligñion.—La raza bicol.—Estadística.

CAPÍTULO III.

El Mayon

CAPÍTULO IV.

Iraya.—Tabaco.—Sorsogon y Cantanduanes.—De Albay á Daraga.—¿Cagsauaó Daraga?—Culebras domésticas.—Etimologías.—M. Montano y susviajes por Filipinas.—Iglesia y cementerio.—

Pintacasi

de Daraga.—Gustos europeos.—Banqueteschinos.—

La bandala

.—Hospitalidad.—Recuerdos.—Díastristes.—Estadística.—Comparación de razas.—El _patadeon.—

_La líneacurva.—Mercado de Daraga.—Vendedoras de sampaguitas.—Tertulias alaire libre.—La casa de Aramburo.

CAPÍTULO V.

Mejoras.—Transformaciones llevadas á cabo por el canal deSuez.—Seis meses reducidos á treinta días.—Quietismo.—Maresbíblicos.—Orientales civilizaciones.—Nuevos gustos yaficiones.—

Inmigración europea.—Comparaciones.—Notablesvariaciones.—La nipa y el hierro.—Maestrillos yarquitectos.—Sustituciones y copias.—Nivelación de gastos.—La Encarnación

y la

María Fidela

.—Puertos del Pacífico y viejoscontinentes.—Intereses materiales y morales.—Reformas.—

Escuelasmunicipales.—Lengua española.—Resistencia pasiva.—Desconocimientodel valor de las palabras.—Los enemigos del alma.—El discurso deun Gobernadorcillo. Y punto redondo.

CAPÍTULO VI.

Camalig.—Su etimología y situación.—Proximidad alvolcán.—¡1814!—Barrio de Tondol.—

Estadística.—Zonasabacaleras.—El padre Blanco y su Flora.—

Mutatextoria

.—El ramio.—

Urtica-nívea.

—Competenciaimposible.—Comparaciones.—Desconocimientodel abacá.—Exportación en 1885.—

Núcleo deproducción.—Abacá colorado.—Fuerza productiva—Beneficiodel abacá.—Su riqueza.—

Jornaleros.—Cotizaciones yventas.—Márgenes.—Enfardaje.—Setenta y cinco por ciento debeneficio.—Precios del abacá.—El

buntal

, el

nito

y el

cabonegro

.

CAPÍTULO VII.

Guinobatan.—Etimologías.—Situación.—Estadística.—Mauraro.—Catástrofesoriginadas por el volcán.—Eternas amenazas.—La iglesia y la casaparroquial.—El bardo del Mayon.—

Tacay

.—El Padre Luís.—Aguas ynieblas.—El Banao.—El puente de Isabel II.—Destrozos originadospor un tifón.—Un diminuto Galeno.—Los sobanderos.—El mediquilloherborista.—Cómica gravedad.—

Pseudo enterradores.—Recetario.—Sucopia.—Autógrafo inapreciable.—Descanso.

CAPÍTULO VIII.

Ligao.—Su situación.—Etimología.—Historia.—Fundación.—Los librosparroquiales.—Primeras partidas bautismales.—El Padre Crespo.—Lafe y el patriotismo.—Veladas lírico-literarias.—Gramáticabicol-española.—Ideas antitéticas.—Frey PedroPayo.—Estadística.—Oás.—Su etimología.—Su fundación.—

Jurisdicciónde Oás.—Productos y estadística.—Párrocos europeos de laIraya.—Polangui.—Su etimología.—Su fundación.—Estadística.—Camposde Polangui.—Libon.—Etimología, situación, historia, productos,obras y estadística.—Antigüedad de su iglesia—Regreso á la cabecera.

CAPÍTULO IX.

Prestación personal.

CAPÍTULO X.

Legaspi.—Correrías moras.—El comisario Juan.—Un viejo uniforme y unaalma grande.—Cuatrocientas orejas moras.—Estadística.—El Tribunal,la iglesia y la casa parroquial.—La imagen de San Rafael.—

Undeportado de tiempo de Narvaez.—El literato Fernández.—Alguacilesy maitines.—Las leyendas del capuntocan.—Teatro bicol.

CAPÍTULO XI.

Talía á la luz de un juepe.

CAPÍTULO XII.

La cueva de las calaveras.

CAPÍTULO XIII.

Partido de Tabaco.—Libog.—Su etimología—Situación.—Fundación.—Unaantigua iglesia.—Tifones é incendios.—Pirateríasmoriscas.—Canal de Bujatan.—Acumulación de arenas.—Datosestadísticos.—

Ríos.—Productos.—Bacacay.—Su etimología.—Vicisitudesde este pueblo.—Estadística.—Malilipot.—

Significación deesta palabra.—Barrios y estadística.—Productos.—De Malilipotá Tabaco.—Situación de este último.—Su fundación.—El PadreLlorente.—Un reloj de buena marcha y un cementerio modelo.—

Barriosy visitas.—Estadística.—Productos.—Edificios.—Ríos ypuentes.—Puerto de Tabaco.—Malinao.—

Su etimología.—Suadministración parroquial.—Rancherías de negritos.—Estadística.

CAPÍTULO XIV.

Tigbi ó Tiui.—Etimología de estapalabra.—Situación.—Estadística.—Historia.—Rancheríasde monteses.—Sus usos ycostumbres.—Bautizos.—Casamientos.—Inhumaciones.—

Day canamaolang padagoson moan simong lacao

.—El

magnaguram.

—El

dumago

.—El

tolodan

.—El monte

Putianay

.—Maravillasgeológicas.—Solfataras.—Manantiales incrustantes de Maglagbong

—Lago peligroso.—Formaciones silíceas.—Mr. Jagorante los manantiales de Maglagbong

—La solfatara Igabó.—Elcono rojo y el cono blanco.—

Geysers de Islandia

comparadoscon los de

Maglagbong

.—La tierra de las maravillas.—Nombres yapellidos—Confusiones.—El libro de vitácora de Legaspi.—Caracteresfísicos del agua de Tiui.

CAPÍTULO XV.

Los chinos en Filipinas.

CAPÍTULO XVI.

De Tabaco á Calolbon.—Isla de Catanduanes.—Susituación.—Clima, terreno y productos.—Los primerosmisioneros.—Calolbon.—Etimología.—Estadística.—Clero.—Medios paraque se aprendiera el español.—Birac.—Su extraña configuración.—Censocivil y eclesiástico—Formaciones auríferas—

La bandera y la lenguapatria—Bato.—Situación, etimología y estadística.—Puente ybalsa.—

Perecederas

obras.—Viga.—Formas de locomoción.—El granCantilamo.—

Expedicioncita de recreo.

—Los altos plenilunios—Ellintiance bicol.—Etimología.—Estadística.—Payo.—Origen deesta palabra.—Censo tributario.—Bagamanot.—Etimología,situación, estadística y temperatura.—

Ocupaciónde aquellos habitantes.—Pandan.—Origen de estenombre.—Productos.—Estadística.—

Caramoran.—El por qué de estenombre.—Estadística.—Falta de una cifra.

CAPÍTULO XVII.

La cédula y el tributo.

CAPÍTULO XVIII.

Último rincón de la Iraya.—Manantial de Borogborocan.—Quipia.—Suhistoria.—Estadística.—

Donsol.—Situación.—Censo civil yeclesiástico.—Azcune y Melliza.—Un buen astillero.—Músicay escuela.—De Donsol á Pilar.—Límites.—Caserío.—El remediocerca del mal.—Censo tributario.—El Catalina.

—Partido deSorsogon.—Castilla.—Su fundación, y etimología.—Límites yestadística.—

Magallanes.—La

María Rosario

.—Restos de unastillero.—Las armas de Castilla.—Estadística.—Bulan.—Seno deSorsogon.—

Límites.—Productos y censo tributario.—Matnog—Viajepor tierra y por mar de Bulan á Matnog.—

Etimologías yestadística.—Bulusan.—Derivación de esta palabra.—Historia y cifrascomparativas.—

Volcán de Bulusan.—Barrios y población.—El indio ylas galleras.

CAPÍTULO XIX.

De Bulusan á Barcelona—Situación y estadística.—Gubat.—Censocivil y parroquial.—Casiguran.—Su etimología.—Camposy productos.—Minas de azogue.—Estadística.—Juban.—Suslímites y población.—

Sorsogon.—Puerto.—Iglesia y convento.—Supoblación.—Bacon.—Estadística.—Su párroco.—Isla de Bataan.—Minasde carbón.—Laguna de las Lágrimas.—El canto del calao.—Mantio.—Supoblación.—

Resumen.—Retorno á la cabecera.—Últimos recuerdos.

CAPÍTULO I.

Quietismo.—

Fiebres termométricas

.—

D. Francisco

.—Una cartay una visita.—Proyectos de viaje.—El

Sorsogon

.—Fisonomíadel capitán.—Cubierta del

Sorsogon

.—Faenas de levar.—Enmarcha.—Bandera de saludo.—Bahía de Manila.—Naig.—Bataan.—

Primeralmuerzo.—Luís.—Monomanía francesa.—Dos mestizas y unfraile.—Razas.—Gustos y aficiones.—

El puerto y la isla

.—Cavitey San Roque.—Enriqueta y Matilde.—Costas de Tayabas.—La oraciónde la tarde.—Francés y vicol.—Fuegos artificiales.—Discreteos.—Elcementerio protestante.—Promesa.—Sueño.—

¡Fondo!—Tierra de Albay.

Son las cuatro de la tarde del tres de Octubre de 1879 … 37°marca el centígrado, y doscientas y pico de muertes acusa la fúnebreestadística de la última semana, siendo originadas en su mayor partepor una fiebre que los médicos llaman no sé cómo, ni me importa, peroque yo le doy el nombre de fiebres termométricas

, pues be observadoque en casa donde un doctor

aplica

un termómetro, hay una bajaen la vida, un pedazo de mármol menos en los talleres de Rodoreda,y una página más en los registros trienales de

Paco

.

El

alquiler

de cualquiera de los cuartos de los tres pisos que tienela barriada

de mi respetable

Sr. D. Francisco

, exige un pagoadelantado de tres años; si al cabo de ese tiempo no se renueva elinquilinato, se hace el desahucio á golpe de piqueta, sin que nadietenga derecho á quejarse, puesto que el casero

, por

boca

de la

Gaceta

, tiene la magnanimidad de conceder un plazo de veinte días.

¿Por qué se llamará

Paco

al campo-santo? Pregunta es esta á la quejamás han podido darme contestación.

Mientras hago estas observaciones, espanto los mosquitos, rompo elvarillaje de un paypay y empapo de sudor dos pañuelos.

Ha pasado un cuarto de hora y el calor es insoportable.

Mi

bata

, que para ser un completo caballero solo le falta habernacido en una cuna más alta, me alarga una carta, cuyo contenido meanuncia una espera en la visita de un amigo.

Del recibo de la carta al taconeo de mi amigo medió una hora larga,hora que no puedo datar en mi diario de trabajo, pues la despilfarrécon la prodigalidad propia de un millonario, ó de un escéptico deveinte años.

Mi amigo, que se anunció con un resoplido digno de mejorespulmones—pues el pobre no los tiene muy sanos—tomó sillón y alientos.

—¿Has recibido mi carta?

—Sí.

—¿Presumes á qué vengo?

—No.

—Pues vamos al grano. ¿Quieres acompañarme á un viaje?

—¿Por mar ó por tierra?

—Por mar.

—Pero ¡hombre! tú estás empecatado. Es la época de los baguios.

ElComercio

no duerme por observar las burbujas del Pasig,

La Oceanía

mira de reojo á su vecino de enfrente, y el

Diario

profetiza,por boca de no sé quién, que el tifón está poco menos que soplandoen los aldabones de la puerta de Santa Lucía, y piensas en viajitospor mar. Vaya, vaya, tú estas malo y tratas de contagiarme.

—Pero, en fin, ¿me acompañas ó no?

—Te lo diré cuando contestes á varias preguntas: ¿Adonde vamos,ó mejor dicho, adonde piensas que vayamos?

—Vamos—dijo mi amigo con todo el entusiasmo de un

touriste

de pura raza—á la cuna del

abacá

, á la tierra de los volcanes, ádormir dos noches á la falda del Mayon, á pisar la boca de su cráter,á ser posible; á Albay, en fin.

—¿Quién manda el vapor? Pues presumo no pensarás en barco de vela.

—El barco se llama

Sorsogon

y lo manda X. Conque ¿te decides ó no?

—Te repito que cuando contestes á todas mis preguntas lo haré á latuya. Deseo saber de dónde es el capitán, su edad, estado, carácter,circunstancias de su mujer, sí es casado, si tiene suegra, hijos,fortuna y….

—Quién es el sastre que lo viste y qué come, ¿no es verdad? Ni queesto fuera una oficina de policía ó una expendeduría de pasaportes. Yaestoy acostumbrado á tus genialidades, y como quiera que conozcoperfectamente al capitán, puedo decirte es andaluz, joven, de buenhumor, casado, su mujer es guapa y lo hace completamente feliz; tieneun chiquitín muy mono, algunos miles de pesos y no conoció á su suegra.

—¿Cuándo sale el vapor?

—El sábado cinco á las nueve de la mañana.

—¡Quico!—grite á mi criado.—Ten todo listo para embarcarnos elsábado de madrugada.

—¿Luego vienes? ¿Luego no tienes miedo á los baguios?

—¡Baguios! Baguios montando un buen barco mandado por un capitáninteligente, y por ende andaluz y joven, y rico, y con mujer guapa,y con hijos, y feliz, y sin suegra, no hay temor; yo no tengo nada deeso, su vida responde de la mía, de modo que

él cuidado

; por otraparte, me seduce este viaje, pues estoy aburrido de Manila y deseoconocer los pueblos bicoles. Toca esos cinco, y hasta el sábado ábordo del

Sorsogon

.

Mi amigo se marchó, yo me vestí y….

* * * * *

Han pasado dos días. Son las siete de la mañana y nos encontramos sobrela cubierta del Sorsogon

. Un prolongado silbido pone en movimientocadenas, cuerdas y motones.

El complemento de la humana actividad, lo representa el acto delevar un barco. Todo se mueve, todo cruge, todo rechina. El ancladesgarra con sus dientes el lecho de algas en que ha dormido, elcarbón chisporrotea en las parrillas dando aliento á los pulmonesde acero de la caldera, los engranajes se ajustan, las dobles poleashacen alarde de su potencia, las burdas, cabos y calabrotes, pruebansu elasticidad, las cadenas hieren la cubierta, y en medio de todaaquella vida y de aquel movimiento en que nada está quieto, el barcose columpia libre de toda traba, combinando las palas de la hélice enel fondo de las aguas espirales remolinos que llevan á la superficieentrelazadas ondulaciones en las que se tejen las filigranas de espumaque deja en pos de sí la bullente estela.

El

Sorsogon

, que obedece las riendas de su timón con una precisiónmatemática, dobla el malecón del Sur plegando su bandera de saludos,con la que ha dado un cariñoso adiós al Marqués del Duero

, una delas más hermosas naves de la Marina española.

De la bandera que saluda en lo alto de un trinquete á la que flamea enlo elevado de un muro, encuentro la misma diferencia que en el pañueloque absorbe una lágrima al que reprime una sonrisa. El muro acusaconfianza, su enseña define una patria; la nave indica un peligro, subandera constantemente escribe en sus pliegues un desconsolador adiósde despedida. El primero, es la quietud, la segunda, el errante viajeroque termina sus días ó en la inhospitalaria playa que sepulta susdespojos, ó en las embravecidas ondas que en vertiginoso remolino lollevan á dormir el sueño eterno á sus misteriosos lechos de coral….

El

Sorsogon

navega á toda máquina por la extensa bahía.

Manila se achica, se contrae, se confunde, y por último, al aclararselas costas de Cavite, solo una faja de bruma señala en el horizonteel lugar de partida. Después, solo el anteojo percibe cual blancagaviota posada sobre un copo de espuma, el torreón del faro: más tarde,la espuma se funde en el Océano, la gaviota desaparece en los mundosde la luz, la bruma se disuelve en los cielos, y al borrarse en laretina la última línea de la ciudad murada, se abre un nuevo registroen los misterios de los recuerdos.

A la banda de babor tenemos las costas de Naig; á estribor las agrestessierras de Bataan, y á proa la isla del Corregidor.

Once campanadas resonaron en la cámara, y tres golpes fueron picadosen la campana del castillo de proa.

El almuerzo estaba servido.

La presentación oficial á bordo se hace siempre en la primeracomida. Al tomar posesión de un barco, cada cual se ocupa en arreglarsu camarote, y en los pequeños detalles que trae en pos de sí lainstalación en un nuevo domicilio, por más que esté reducido á uncajón de dos metros en cuadro.

En la primera comida á bordo no se descuida ningún perfil por partede los viajeros. Luego más tarde entra la confianza y con ella eldesaliño; pero lo que es la entrada primera en el comedor de un barcoes irreprochable.

Ellas

se rodean de todos los pequeños detallesde la coquetería, estrenando, por supuesto, el indispensable trajede viaje. Antes de ponerse en marcha tienen que anunciarlo á lasamigas, y al anunciarlo es preciso enseñar unas cuantas varas detela cortadas y cosidas con arreglo al último figurín. El traje deviaje es tan indispensable como el de boda. Decir á una joven ó viejaque encienda

la antorcha de himeneo sin recubrir previamente sucuerpo con trapos nuevos y de seguro no da chispas

: anunciarle unviajito, que tenga siquiera un trayecto de una veintena de millas yno le presentéis antes un muestrario, y no hay viaje posible. Parauna mujer

en viaje

, su verdadero pasaporte es una factura pagadaó no pagada de una tienda de modas.

Parapetado tras una tripuda botella de lo tinto, y haciendo boca conmedia libra de salchichón, esperaba pasar una escrupulosa revista ácuanto se pusiese al alcance de mi vista.

Puesto que entre personas de tono, lo primero es la presentación, voyá ir presentando á mis bellas lectoras, y digo lectoras porque ellasson siempre más curiosas que ellos, los bocetos de mis compañerosá bordo. Seis blancas servilletas oprimidas en otros tantos aros demarfil, se ven sobre la mesa. Tres son las desconocidas ó desconocidosque me toca bosquejar, pues en cuanto al capitán y á mi amigo,ya los han visto ustedes, siquiera haya sido á la ligera. En elboceto del capitán poco tengo que añadir. ¿Quién de mis lectoras noconoce á un andaluz joven, buen mozo, bullanguero y galante? De segurotodas. Por lo tanto, al capitán ya lo conocemos. En cuanto á mi amigo,completaremos el cuadro con cuatro brochazos. Se llama Luís, tiene 26años, es rubio, alto, delgado, viste á la francesa, come á la francesa,piensa á la francesa, y no es francés porque su madre tuvo la debilidadde aligerar su carga en cierto lugarejo del prosáico garbanzo y dela judía, que Luís jamás nombra porque cree es poco francés.

Luís se llama literato; pero conoce más á Balzac que á Cervantes,tararea música, pero á buen seguro que no podrá recordar un

aire

de Barbieri más siempre una

cancionette

de Ofembach. La revoluciónfrancesa, las jornadas del imperio y las encrucijadas de la Commune

las recorre sin tropezar; en cambio da sendos traspiés al entraren el campamento de Santa Fe ó al pasear los campos de Almansa y deBailén. A nuestras góticas catedrales y á nuestros moriscos palaciosles encuentra el defecto de que al pié de sus muros se alce la albahacasilvestre y el agreste tomillo, circunstancias poco en consonanciacon los monumentos franceses.

Luís, no tocándole la cuerda del

chic

, el

esprit

y el

confort

,es un perfecto hombre en su juicio; pero en cuanto se traspasa eltabique de los Pirineos, enristra la lanza de Don Quijote y demuestraque en todos los siglos nacen andantes caballeros. Luís tiene todaslas condiciones para ser feliz, y sin embargo, no lo es. Continuamentele atormenta la idea de que no le planchan los cuellos á la francesa,y la de que no toquen los barcos de las mensajerías en Manila.

Laprobabilidad de tenerse que ir en un barco español y el ponerse uncuello planchado con morisqueta

le hacen completamente desgraciado.

En el tiempo que he invertido en dar los anteriores brochazos, hanocupado sus respectivos sitios dos mestizas, una vestida de sayay otra á la europea, y al lado de aquellas un anciano y reverendopadre franciscano.

El almuerzo era servido sobre cubierta, gracias á la amabilidad delcapitán. Un doble toldo nos preservaba del sol, mas no de las brisasmarinas que acariciaban los festones de la lona y de la potente luzde los trópicos que descomponía sus rayos en las talladas copas.

Las dos mestizas comían y callaban, el capitán servía, el fraile sereservaba, Luís mascullaba el prosáico español cocido, y un servidor deustedes espiaba la ocasión para tomar un buen punto de luz que llenasepor completo á mis modelos. Sobre la paleta tenía combinadas dos tintasdesde que principié á analizar á las dos mestizas que comían frenteá mí. Es imposible contemplar en criatura humana unos ojos más negrosy aterciopelados, cual los que tenía delante, un pelo más en armoníacon los ojos, y unos dientes más en contraposición con el color delpelo. Las dos mestizas indudablemente eran hermanas y no diré gemelas,pues á simple vista se notaba entre ambas una desproporción de edades,que si no llegaba á la suposición de que fuesen madre é hija, encambio completaba la de que eran hermanas. En sus fisonomías habíarasgos salientes y notablemente acentuados, que denunciaban la uniónde la raza europea con la raza india. La mestiza que lleva en susvenas una sola gota de sangre china, jamás puede confundirse ni con lacuarterona ni con la mestiza de india y europeo. Es imposible encontraren las razas humanas una fuerza de atracción como la que se nota en lachina y japonesa. Que haya unión de chino y europea ó viceversa, y deseguro los hijos son chinos; que la haya de india con chino y la prolees china y siempre china, no dándose ni aun el caso del salto atrás,pues tan chino es el biznieto de chino como el tataranieto, por másque este nazca en Europa y no se conozca en la familia el más leverecuerdo del Celeste Imperio. Los ojos chinos no los corrige ni lasconjunciones de sangre, ni el bisturí del operador, ni los cosméticosdel tocador. La hija de mestiza europea y de padre europeo, ó sea lacuarterona, también se distingue y se define perfectamente, no dandolugar á que se confunda con la mestiza pura de india y europeo. Estaúltima es morena, sus ojos por lo regular son negros, su nariz algodeprimida, su pelo largo y de gruesa hebra y sus labios ligeramenteabultados. El rasgo característico que define á la cuarterona de lamestiza, es que esta última conserva en toda su pureza las tradicionesde su airoso y pintoresco traje. La saya suelta, la diminuta chinela,la bordada piña, el alto pusod

, la aplastada peineta y los pequeñosaretes, constituyen su atavió, que jamás deja, á no ser que laEpístola de San Pablo se encargue de modificar trajes y costumbres,cosa que suele acontecer, casándose con europeo. En este caso, unade dos: ó el europeo se hace indio ó la india se hace europea; ydigo india, pues que las costumbres de la mestiza por regla general,son las mismas de su madre. Las impresiones, hábitos y costumbres dela infancia no se borran con facilidad; así que la morisqueta, ellechón, el pequeño

buyito

, el

lancape

, el petate en el suelo,el cigarrillo á hurtadillas, el pelo suelto y la decidida aficiónal poto

, á la

bibinca

, al

sotanjú

, á la

manga verde

y al

gulamán

es muy difícil hacerlas olvidar: en cuanto á que dejende coser sentadas sobre el petate y á que hablen castellano con suscriadas, eso es imposible. En cambio en la cuarterona es muy comúnencontrar tipos que no solamente no usan chinelas, sino que aun dentrode casa están oprimidas con el corsé y las botitas; cuarteronas quedicen no hablan tagalo, ni comen lechón ni morisqueta y que tienencama en alto, suscripción á

La Moda Elegante

, batas encañonadas,pendientes largos y escote cuadrado. En reserva les diré á ustedesque con mucho sigilo me dijo en una ocasión una india que servía á unamestiza cuarterona, que ó pesar de todo cuando decía su ama, de cuandoen cuando mascaba un chiquirritín buyito

y saboreaba un cigarrillo;pero que siempre lo hacía teniendo cerca el cepillo de los dientes yel agua perfumada. En cuanto al lechón—me dijo la doméstica—que solíacomerlo, pero pura y exclusivamente por no

desairar

á alguna amiga.

Con arreglo á los anteriores apuntes, no nos cabe duda que nuestrasdos desconocidas son mestizas de pura raza: el traje de la mayor hacesuponer que es casada, y casada con europeo.

Durante los primeros platos que se sirvieron no tomaron parte enla conversación.

Miraban y comían con el embarazo propio de quien sabe esobservado. Varias veces que la hermana menor alzó los ojos, encontrófrente á frente los míos, que procuraban investigar lo que se albergabatras aquellas negrísimas pupilas. El fondo de todo abismo es negro. Losojos de la primera mujer que pecó no sé de qué color serían, perolos de la primera que obligó á pecar, de seguro eran negros.

Habiendo notado que por momentos se cubría de palidez el rostro de lamás joven, no pude menos de interrogarla; su hermana se fijó un ellay repitió mi pregunta, con las circunstancias de hacerla más familiary concluirla con un nombre.—¿Qué tienes, Enriqueta?—Nada,—replicóla interrogada,—sin duda un poco de mareo.—Vamos,—continuóaquella,—está visto que no puedes embarcarte ni en un bote; y esextraño; pues figúrense ustedes,—añadió dirigiéndose á nosotros,—queestá bien acostumbrada á la mar, pues ella es del Puerto y yo dela Isla.

—¡Caramelo!—dije en mi interior,—pues menudo chasco me he llevado,yo que creía habérmelas con dos hijas de este extremo Oriente y meencuentro de manos á boca con Cádiz y San Fernando disfrazados desaya y

candonga

.

—Bien, pero esta señorita se embarcaría en ferrocarril.

—¡Cá! No señor—replicó aquella con la mayor naturalidad,—siemprenos hemos embarcado en baroto

ó en

parao

.

—Pero, señora, ni en Cádiz ni en San Fernando hay barotos, ni menos paraos

.

—Pero sí en Cavite y en San Roque.

—¡Ah! vamos, con que esta señorita es de San Roque y V. de Cavite.

—Cabal, ella del Puerto y yo de la Isla.

Entonces recordé que las caviteñas se llaman andaluzas, conociendoá Cavite por el nombre de la Isla y á San Roque por el del Puerto,siendo tan

marineras

y tan resaladísimas las dichosas niñas, queen una ocasión una de aquellas, que veía que á un chiquillo lo iba átirar el caballo que montaba, le gritó:—

¡Fondea,

muchacho,

fondea

!

El mareo de Enriqueta debió ir en aumento, pues antes de concluir lacomida se levantó, diciéndole á su hermana:—Acompáñame, Matilde.

Enriqueta y Matilde, pues ya sabemos sus nombres, abandonaron la mesa,quedando solamente el sexo fuerte.

El almuerzo terminó, y siguiendo la añeja costumbre, el fraile sedespidió de nosotros para buscar una tranquila y cómoda digestión enunas horas de siesta. En la ligera conversación que tuvimos durante elcafé, supe que aquel reverendo padre hacia la friolera de cuarenta ysiete años que arribó á estas playas. Mientras saboreó el café hablólargamente con su criado, quien en su larga práctica de quince añosque estaba á su servicio, debía conocerle perfectamente sus gustosy necesidades. Siento no poder trasladar ni una sílaba de lo quese dijeron, pues lo hicieron en bicol, única forma de entenderse,pues el criado no conocía ni una sola palabra de las que forman larica y armoniosa lengua castellana.

Sentados en cómodos sillones de bejuco y aspirando, sino el aroma,por lo menos el humo de un segundo habano, quedamos sobre cubierta,Luís, el capitán y mi persona. Se habló del viaje, de las costas queíbamos perdiendo en los horizontes y de varios episodios de abordo,quedando, por último, en silencio, aletargados de esa dulce somnolenciaá que predispone un buen almuerzo, una temperatura agradable y unaretorcida hoja de Cagayan.

Las horas de la tarde fueron anunciándose una á una en los golpesdel bronce, dados por el vigilante guarda de proa.

A las cinco se sirvió la comida.

Las mestizas no se presentaron.

La mar se había rizado á las caricias de un fresco Noroeste.

Los balances cada vez más sensibles avivaron la comida, que fuéservida en la cámara.

Cuando subimos sobre cubierta se desvanecía en los horizontesdel Poniente la luminosa transparencia del día, yendo poco á pocoborrándose los contornos de los monstruosos grupos que dibujan enlas nubes los últimos destellos del sol.

A la tenue y melancólica luz del crepúsculo divisamos á la banda debabor una cenicienta faja. Eran las costas de Tayabas. Sobre aquellospicachos de eterna verdura fijaba mi vista con la misma insistencia conque lo hace el que trata de reconocer á larga distancia las faccionesde un sér querido.

La campana de proa anunció la oración.

La marinería cesó en sus faenas, reinó el silencio y la plegariaalzó su vuelo á otros mundos. La mía fué un recuerdo para los seresqueridos que habitan aquella lejana tierra que iba perdiéndose entrelos crespones de la noche. El nombre de Tayabas arrancará siempreuna vibración á nuestra alma.

Concluída la oración nos dimos las buenas noches, siguiendo laslegendarias costumbres de nuestros abuelos, cubrimos nuestras cabezasy tomamos asiento al abrigo de la camareta del timón.

En una de las discusiones que se suscitaron, Luís, siguiendo sueterna manía, trató de convencer al Padre de que el guingón que sefabricaba en Francia aventajaba en mucho al que producen los telaresde Barcelona; el buen Padre que no conocía Francia, ni su guingón,que era español rancio y por ende castellano viejo, que se levantabainvariablemente á las cinco, comía la prosaica olla con mucho azafrán,sobra de jamón y falta de huesos, á las doce, que la monumental jícarade espeso chocolate le era tan necesaria al cuerpo á las cinco, comonecesarios para la guarda de su regla los maitines á las doce, oía sinpestañear á mi buen amigo Luís, sonriendo maliciosamente. En el cursode la conversación, Luís mezclaba no pocas palabras francesas.

ElPadre tenía constantemente detrás de su sillón á su criado, quienencendía más de una caja de fósforos para cada tabaco que fumaba suamo. Siempre que este dirigía la palabra á aquel lo hacía en bicol,de modo que como el abuso del francés en Luís era muy frecuente ylos fósforos en el doméstico no lo eran menos, puede asegurarse quela lengua española estaba en minoría. En un momento en que Luís seseparó de nosotros, no pudo por menos de decirme el Padre:—Pero,diga V., ¿por qué no quita á su amigo ese vicio de hablar en otralengua que la nuestra?—En aquel momento cortó la interrogación lacentésima vez que se le apagaba el tabaco, volvió la cabeza y enperfecto bicol sostuvo una conversación con su criado, conversaciónque sin duda debió versar sobre lo incombustible de la hoja, ólo combustible del fósforo, pues tan pronto señalaba la escuetacaja como estrujaba la mascada colilla que para llegar á tal estadohabía pasado por la llama de cien palitos.—Con que decía V. Padre,cuando se le apagó el cigarro, por qué no procuraba quitar á Luís elresabio de hablar francés con españoles, pues es muy sencillo—ledije muy bajito—porque todos tenemos nuestra correspondiente vigaen el ojo, viendo la paja en el ajeno; la viga de Luís es el francés,la viga de V. es el bicol. Quince años dice que le sirve ese criado,pues bien, en ese tiempo él debía hablar español y no V. bicol. Estarazón le debió parecer tan fuerte que se sonrió, sacó de la manga otrotabaco, y … en efecto, pidió en bicol á su criado el primer fósforo,inaugurándose la segunda parte de fuegos artificiales.

Veinticinco Säkerhets-Tandstikor, que es como si dijéramos veinticincoémulos de Cascante habían rozado el amorfo betún de la caja cuandosonaron las diez en el reloj de la cámara. Políticamente dimos lasbuenas noches, y en efecto, buena la fué para mí, pues no tardé enquedarme dormido el tiempo que invertí en contar unos cien golpes dela hélice, golpes que entre sueños los asemejaba yo á otras tantaspulsaciones de aquel monstruo de hierro, en cuyas entrañas dormíacon la tranquilidad del que jamás había roto un plato.

Aquí vendrían bien dos líneas de puntos suspensivos, ó el obligadocuentecito de duendes y aparecidos; pero como no se me

apareció

nadie, ni soñé que me cogía un toro, ó cosa que lo valga, renuncioá los puntitos y á soporíferas relaciones, limitándome á decir quecon la luz del alba de un nuevo día volví á la vida real, entrandoen el concurso social, como diría un aprendiz á

objetivo subjetivo

,habiendo previamente cubierto mis calzoncillos con telas menos ligeras.

Salí de la cámara. La mar estaba tan perfectamente dormida, cualyo lo había estado dos horas antes. Una brisita impregnada depuras emanaciones azoadas daban elasticidad y bienestar á todo elcuerpo. Bienestar que en mí se aumentó al ver el inverosímil pié,por lo pequeño, de Enriqueta, la que subía por la escalera de lacubierta recogiendo ligeramente su saya de fuertes colores.

Con la confianza que da el vivir bajo un mismo techo, y la que prestatodo viajero, me acerqué á la mestiza, sirviéndome de introductor supasado mareo. Hablamos de varias cosas, indiferentes al principio,acentuadas después, é intencionadas más tarde. Enriqueta tenía sueltosu rizado y hermoso pelo, este arrancó de mis labios la primerapalabra del arriesgado lenguaje de las personalidades. La mestizapor lo general es muy susceptible, así que es difícil abordar esossabrosos discreteos en que entran en juego la galante frase, laemboscada promesa y las incipientes sensaciones.

—Con tanto pelo como V. tiene no me extraña le duela la cabeza.

—Gracias por la lisonja,—contestó Enriqueta sonriendo, al par queinstintivamente jugaba con las espirales de uno de sus hermosos rizos.

—No hay lisonja alguna, pues presumo no aceptará como tal el que laduela la cabeza.

—Antes de los dolores que solo son presuntivos se ha ocupado deuna abundancia que por mucha que sea, jamás creemos excesiva lasmujeres.—Esta contestación me hizo comprender que no solo tenía ámi lado una mujer hermosa sino también una mujer discreta.

A las dos horas de conversación estoy completamente seguro queEnriqueta lo estaba también de no haberse equivocado al conceptuarsebonita, circunstancia que la sabe toda la que lo es, antes de que lapongan el primer vestido largo, pero que las gusta comprobar siempreque se presenta ocasión, no en la luna del espejo sino en la frase yen los ojos del hombre con quien hablan. La mujer hasta los treintaaños, constantemente está alerta, á la primera palabra que se cruzacon un individuo del sexo opuesto, se pone en guardia; si no le agradacontrae las cejas y su contestación fría y displicente le dice atráspaisano

, siguiendo imperturbable su camino; si por el contrario leagrada, entonces el disimulo es imposible, en este caso procede unaproclama incendiaria y el motín es casi seguro.

La impertinente voz de Matilde llamando á su hermana cortó nuestraconversación.

Hasta el almuerzo no volvió á salir Enriqueta de su camarote. Mientrasduró aquel se habló de distintas cosas, sin que pudiese reanudar laconversación pendiente, pues no bien se sirvió el café se volvieroná la cámara las dos mestizas.

Por la tarde tuve ocasión de acercarme á Enriqueta de quien supevarios detalles de su vida. Aquella era mestiza inglesa, su padrerespetable comerciante escocés había heredado de sus mayores toda larigidez de los principios puritanos, en cuya doctrina hacia dos añoshabía bajado á la tumba, dejando á Enriqueta bajo la guarda de Matilde,casada hacia algún tiempo con un comerciante español quien á la sazónse encontraba en la provincia de Albay dedicado á su profesión.

Enriqueta varias veces había significado sentimiento por ausentarsede Manila; traté de indagar la causa y á vuelta de algunos rodeossupe que aquella iba todos los sábados al cementerio protestante,en cuyo solitario recinto descansaban los restos de su padre, cuyatumba tenía limpia de ramas y malezas el filial cuidado de Enriqueta,quien me dijo que el pequeño enverjado que cierra el mausoleo estabarecubierto de las rojas campanillas de las trepadoras enredaderas,á cuya sombra se resguardaban gran número de macetas en las que secriaban pintadas y caprichosas flores.

—Siento no estar en Manila en esta ocasión,—dije cuando concluyó Enriqueta de darme aquellos pormenores.

—¿Y por qué lo siente V.?—me replicó aquella.

—Lo siento porque quizás cuando V. vuelva á Manila encontrará secasy mustias las flores, mientras que si yo estuviese allí las hallaríacual las dejó.

—Mi ausencia será corta, pues mi cuñado trata de realizar su negocio,y nos volveremos en seguida; entretanto he dejado bien gratificado alguarda, con promesa de aumentar el premio, si á mi vuelta encuentro enperfecto estado el pequeño jardín que sombrea los dorados caracteresque señalan sobre el mármol el nombre de mi padre.

Enriqueta al pronunciar aquellas palabras se quedó callada, vagandosu mirada por el Océano en cuyo majestuoso desierto quizá evocaría suquerida memoria. Hay silencios que deben respetarse. Enriqueta porlargo tiempo no separó sus negrísimas pupilas de las azules ondas,cuya movible superficie retrataba las cenicientas nubes que precedená la noche. Esta bien pronto nos envolvió con sus sombras.

—¿Conoce V. la provincia de Albay?—dijo Enriqueta rompiendo elsilencio.

—No, señora; es la primera vez que voy á ella, y lo hago como elque nada busca ni desea.

—Ya deseará y buscará.

Yo no pude sondear toda la intención de aquellas palabras.

—¿Y piensa V. describir su viaje?—añadió Enriqueta.

—No pienso escribir una línea más. Todos los hombres nacemos conuna cruz que llevar y un calvario que recorrer, la cruz del escritores muy pesada y su calvario muy largo, así que creo imposible el quevuelva á emprender tan espinoso camino.

—Creo haber oído ó leído no sé en donde, que la palabra imposibleno estaba en el diccionario español.

—Si V. la borra del mío, de seguro no estará—repliqué no con maliciasino con ingenua seguridad.

—De modo que si yo borro esa palabra, no habrá imposible para V.;pues bien,—me dijo con gran viveza,—queda borrada, escriba V.

—¿Lo manda V.?

—Si tuviera derecho para ello lo mandaría; Como no lo tengo solome limito á expresar un deseo.—Al decir esta última palabra, sinduda creyendo había ido más allá de lo que se proponía, se levantó,dándome las buenas noches, al par que me tendía una de sus manos.

—Puesto que V. me manda que escriba, escribiré—la dije, reteniéndolaun momento,—y es más, la prometo que el primer ejemplar de mi nuevolibro será para V.

—No lo hará V.

—Juro que sí.

Al alejarse Enriqueta de mi lado experimenté un triste vacío dentrode mi alma.

A los pocos momentos oí se cerraba su camarote.

Dormí aquella noche, pero no cual la anterior: soñé que Enriqueta yyo arrancábamos juntos las gramas de la tumba de su padre.

* * * * *

Al amanecer del día 7 teníamos á la vista un extenso caserío.

El

Sorsogon

disminuyó su marcha, evitando con grandes precaucioneslos bajos de que estaban sembradas aquellas mares.

Una boya que se balanceaba á un tiro de pistola de un rústicopantalán de madera se puso al alcance de las maniobras del barco y… ¡fondo! gritó el capitán, confundiéndose él ruido de hierro de lacadena, con el del bronce de dos campanas que tocaban en tierra. Launa se alzaba en el torreón de la iglesia, la otra en la puerta deun almacén de depósito. La religión llamaba al cristiano, el trabajoconvocaba al obrero. Aquel pueblo se despertaba á la voz de la fe yá la voz del trabajo. ¡¡Sacrosanto lenguaje, que hace feliz á todoel que comprende!!….

Quico quedó en el encargo de recoger los equipajes. Luís y yo pusimosel pie en la plancha; nos columpiamos dos minutos sobre las moviblestablas del pantalán y pisamos tierra de Albay.

Estábamos en Legaspi.

CAPÍTULO II.

La provincia de Albay.—Situación.—Etimología.—Pueblo de Albay—Suaspecto—Casa Real.—La Administración de Hacienda.—El Tribunal.—Lacárcel.—Su mala disposición.—Obras principiadas.—

Principioshumanitarios convertidos en inhumanitarios.—Monumento á Peñaranda.—Laiglesia.—El Gogong y el Ligñion—La raza bicol.—Estadística.

La provincia de Albay se encuentra situada en el extremo S. de la islade Luzón; palabra cuya raíz es Lúsong,

nombre con que se conoceel mortero en donde descascarilla el indio el palay; antiguamenteel lúsong

no solo era un utensilio doméstico, si que también uninstrumento de guerra. Cuando había alarmas batían la cavidad delmortero con el mazo de su servicio, dando en sus broncos sonidosvoces de alarma.

Luzón según algunos cronistas se llamó isla Manila, tomando el nombrede la capital; otros, entre ellos el erudito Padre Colín, tratan deaclarar la noche de los tiempos queriendo ver en las islas Maniolas

que marca Ptolomeo á los 142° long., en sus tablas geográficas formadasen el segundo siglo de nuestra era, el origen de la palabra Manila:sea de esto lo que quiera, es lo cierto que en la llamada hoy Islade Luzón, y en su extremo Sur, se encuentra la provincia de Albay.

El nombre de Albay, es una corruptela según unos, de

Ibat

, réguloque imperaba á la llegada de los españoles en dicha parte de tierra,y según otros se la hace derivar de

Ibalón,

voz que procede deltérmino local

ivald

, que quiere significar toda cosa que está alotro lado de algún río ó brazo de mar.

Con el nombre de

Ibalón

se conocía de antiguo la provincia deAlbay, tomado sin duda de su primitiva cabecera así llamada, situadaen

Gaditaan

—hoy visita de Magallanes;—este barrio lo separa unbrazo de mar de sus vecinas islas de San Diego, Tinacos y Bagatao,como asimismo se interpone entre aquel y las islas de Ticao y Samar,el estrecho de San Bernardino; separándole por último la bocana dela bahía de Larsogon de Tumalaytay y Macalaya, donde estuvo tambiénalgún tiempo la capital de la provincia, siéndolo hoy el pueblo deAlbay que le da nombre.

La palabra

albay,

es corrupción de

albay-bay; al

preposicióncastellana, y

bay-bay

palabra bicol que significa playa; de modo,que unida la palabra española á la bicol, resulta albay-bay

, ó sea

á la playa

. Sabido es que antiguamente se vivía por lo generaltierra adentro para evitar las sorpresas de los desembarcos morosó de los mismos

barangayanes

enemigos, y acaso entre aquelloshabitantes habría algún europeo que al mandarlos á la playa,construiría la palabra

albay-bay.

El abuso que hace el indio delapócope, justifica que la palabra albay-bay

quedase reducida á lade Albay. El primitivo pueblo fué el conocido hoy por el de Legaspi,y al cual muchos naturales le siguen llamando

Vanuangdaan,

ó seaAlbay viejo.

El lugar que ocupa en la actualidad la cabecera, se denominaba tay-tay

que significa fila ó hilera.

Albay, ó sea la capital de la provincia de la que toma el nombre, seencuentra situado entre los pueblos de Daraga y Legaspi, distando deeste último, y por consiguiente de la mar, 3 km. escasos. El aspectodel pueblo no demuestra ser la cabecera de una de las provinciasmás ricas del archipiélago filipino. La Casa Real, residencia delGobernador, es una destartalada vivienda de construcción mixta,predominando en ella la tabla y la nipa. La Administración de Haciendatiene techo de hierro, y el Tribunal, pobrísimo edificio, es al parque casa municipal cárcel de partido. Esta cárcel dividida en dosreducidas cuadras, ocupa los bajos del Tribunal y alberga no sololos presos preventivos, si que también los que procedentes de causassustanciadas en aquel juzgado, fueron condenados á menos de dos años deprisión. La provincia que nos ocupa tiene una gran masa de población,y aunque su criminalidad no es mucha, siempre hay que contar entrelos detenidos por el Gobierno, juzgado y administración, y los queextinguen condena, con unos 150 á 200 individuos por término medio,amontonados en los sucios sótanos de aquella cárcel. Es de advertir queAlbay es una de las provincias que más rendimiento llevan á las cajaslocales, siendo la última que dejó de pagar la contribución llamada

tanorias,

importante unos 25.000 duros. Estos ingresos, visto eldesamparo y la carencia absoluta de edificios públicos, prueba no seles da su verdadero destino; cierto es que á saliente de la plaza delpueblo se alzan los muros de una soberbia cárcel, pero ciertísimoes también que ya se han agotado no sabemos cuántos presupuestos,y que los muros siguen poco menos que en cimientos, que las maderasacopiadas se pudren y que los hierros y sillares desaparecen. Y alhablar de la cárcel no podemos pasar en silencio un hecho que severifica, no solamente en la de Albay, si que también en la mayoríade las de Filipinas.

Un Gobernador general práctico y conocedor de lasnecesidades del indio, consiguió del Gobierno supremo un Real decretopor el que se le autorizaba á dar permisos á los jefes de provincias,para que á los presos preventivos no solamente se les dejara salirde las cárceles, con la competente custodia, á bañarse, lavar la ropay hacer aguada, si que también á ocuparlos en trabajos moderados querevistieran caracteres puramente higiénicos. Esta concesión como se ve,teniendo en cuenta la estrechez, malas condiciones de las cárceles yfuertes temperaturas de aquellos climas, era benéfica y humanitaria:pero en efecto

, el tiempo y las

circunstancias

han convertidoel principio humanitario en inhumanitario y cruel, y el trabajoregenerador, higiénico y voluntario del preso preventivo, en elinfamante, durísimo y forzoso del condenado. Se dirá, ¿y el indio porqué no reclama? Pues es muy sencillo; el indio de cárcel pertenece á laclase desheredada que ni defiende derechos ni muchas veces los conoce,y á falta de ese conocimiento, elevamos nuestra débil voz á lospoderes públicos pidiéndoles hagan desaparecer este monstruoso abusoque ha introducido la costumbre en no pocas provincias filipinas.

Frente á la Casa Real hay un hermoso y espacioso jardín en cuyo centrose alza un sencillo monumento dedicado á la memoria del GobernadorD. José María Peñaranda. La iglesia es de una sola nave, y tanto suconstrucción como cuanto contiene, es muy pobre. Su administracióncorre á cargo de un clérigo indígena.

Nada tiene este pueblo de particular que, de contar sea, salvo recordarla bellísima vega en que se asienta, y las aguas termales del Gogon,cuyo manantial se encuentra á las faldas del Sigñion, heraldo delgrandioso Mayon, que se alza á su espalda.

En Albay como en toda la provincia se habla el bicol siendo estaraza inferior á la tagala, y así se ve que donde quiera que apareceun tagalo, bien pronto se impone.

El espíritu de provincialismo no está tan arraigado como enotras provincias, no siendo por lo tanto extraño ver votar paraGobernadorcillos á individuos de corta radicación, hecho que jamásse registra en los pueblos tagalos, en donde las cartas de naturalezatardan muchísimo tiempo en otorgarse.

Albay tiene 56 cabecerías, 1.052 tributos y 4.365 almas. Según loslibros parroquiales, se consumaron 40

casamientos, 410 bautizosy 282 inhumaciones. Hay en su población 11 europeos y 12 chinos;asisten á las escuelas unos 230 niños y 85 niñas, siendo escaso elnúmero de las que hablan español. Se procesaron 15

individuos.

Sería una verdadera profanación tourista, ocuparse de Albay y noconsagrar las primeras páginas al gran

Mayon

ó

Buquid

, como lellaman algunos indios.

Cumplamos, pues, con este deber, en el siguiente capítulo.

CAPÍTULO III.

El Mayon.

Al hablar de Albay no es posible dejar de consagrar un recuerdo alMayon. El Mayon es uno de los montes más bellos que se conocen en elmundo. Se alza á más de 8.000 piés en una inmensa cañada, formandosu cono desde la base hasta los límites de su altura, suaves éiguales ondulaciones por todos sus lados, lo que hace que á ciertadistancia se asemeje á una gigantesca tienda de campaña. Al darleesta configuración el autor de lo creado, parece quiso recordar almortal lo pequeñísimo de sus obras. La justicia humana acampa suslegiones en un puñado de tierra cubriendo sus ejércitos con cuatrovaras de lona; la Divina justicia hace dormir bajo dilatadas sábanasde candente lava, poderosas fuerzas cuyo solo aliento remueve montañasllevando la muerte y la destrucción por doquier.

Las zonas del monte son dignas de estudio por distintos conceptos. Enlas primeras estribaciones fructifica toda la flora filipina. Desde ladelicada

sensitiva

al añoso tronco de la pintada

marra

, y desdeel agreste

lagundi

á las poéticas

casuarinas

, tienen allí surepresentación. La

artemisa

con las tradicionales virtudes de susjugos; la

yerba buena

con las delicadas emanaciones de sus ásperashojas; el adusto romero

con su salvaje independencia, adornan lasfaldas del coloso, esparciendo á su alrededor finísima fragancia.

Cuando el ábrego hiere las copas de las casuarinas produce en susdelicadas ramas una armonía extraña y conmovedora. Varias veceshemos recorrido los bosques de casuarinas que adornan al Mayon,y al perdernos en aquella revuelta vegetación, hemos caído en esosmisteriosos ensueños á que tan propensos son todos los dolores,y en medio de aquellos sueños en que el corazón palpita con fuerzay la imaginación vuela á otras regiones, hemos encontrado unabienhechora sensación en las extrañas vibraciones producidas porlas casuarinas. Estas tienen un no sé qué indefinible, imposible deexpresar. Las raíces de las casuarinas se extienden entre las muertascenizas, y los raros filamentos que forman sus ramas dan sombraá extensos campos de ruinas. La sombra que proyecta la casuarina,parece encerrar un hálito venenoso. Al pie de su áspero tronco nocrece planta alguna; solo sus ramas se alzan sobre las candentesarenas sembradas de monstruosos bloques. La casuarina tiene en elbalete un hermano que gusta de las ruinas tanto como ella. En ladilatada planicie que se encuentra á la derecha del camino que dirigede Daraga á Camalig, llama poderosamente la atención del viajero, tresgrupos de exuberante vegetación que se destacan sobre la monotonía deaquel movedizo arenal. Saliendo del camino y tomando la dirección deaquellos canastillos de verdura, se divisa primero un roto torreón,cuyas grietas son otras tantas macetas en que la potente vegetaciónde los trópicos encuentra vida y alimento. Más cerca, los grupos defollaje descubren las antiguas ruinas de tres edificios. Las retorcidasramas de los baletes ocultan los restos de una noche de luto y delágrimas. Aquellos desunidos sillares formaron en otro tiempo laiglesia, el tribunal y la escuela de Cagsaua, pueblo que fué sepultadoen la memorable noche del 1.° de Febrero de 1814. Noche de terror yespanto en que el Mayon lanzó sobre los dormidos pueblos todos susgérmenes de destrucción. De la populosa y rica Cagsaua, solo quedala tradición escrita en informes restos. Estos desaparecerán ante elpoder del tiempo, si antes no son sepultados por nuevas avalanchasde lavas y cenizas, y entonces Cagsaua ira á dormir el sueño eternodel olvido al lado de otros cien pueblos que á su vez desaparecieronen otros siglos ante las espantosas y rojizas llamas del volcán.

En las faldas del Mayon crecen adheridas á las rocas ó abrazadasá los añosos troncos gran variedad de orquídeas

y

parásitas,

á las que llaman

dapos

los naturales. La leyenda, la poesía y lamedicina tienen en aquellas especies maravillosas páginas.

Según Homerocon los jugos del

Nepenthes

—ó sea el dapo que llaman los indios

jarro

—hizo el rey de Egipto olvidar á la bella Helena todas susamarguras. La palabra Nepenthes

deriva de la partícula negativa

Ne

y de

penthes

que significa duelo, aflicción, melancolía. Hablandode esta parásita que tantísimo abunda en el Mayon, dice en su

Florafilipina

el Padre Blanco lo siguiente: «Esta planta singularísimay hermosa, es parásita y fácil de enredarse con otros árboles pormedio de los jarros ó vinageras; estos casi hacen una taza de agua,y tanto el cordón de la boca, como el del tallo y peciolos de lashojas, son encarnados. Cada hoja tiene su jarro, lo cual hace unaperspectiva, rara y extraordinaria. No es del todo cierto que estosjarritos se abran y cierren todos los días. Lo más singular es latapadera que cierra tan exactamente la boca que es imposible sederrame una gota de agua, aunque haya vientos fuertes, ó se vuelvael jarrito boca abajo: á esta firmeza de la tapadera contribuye eldiente ó laminilla, que tiene por debajo, hacia donde suelen estarlos goznes de una vinagera, la cual encaja entre una pequeña aberturaque dejan entre sí los extremos del cordón. Es, pues, este vegetaldigno de admiración y asombro por su estructura tan singular.»

En los jarritos de la parásita que queda descrita, encuentra elcansado viajero donde saciar su sed. El agua que aquellos contienense conserva fresca, sin que le den mal sabor las paredes que laguardan. El dapo mariposa

es de lo más fantástico que puede verse:es de largas y flexibles ramas, oscilando en cada una de ellas cientosde menuditas flores completamente blancas. Cuando el viento muevelas ramas y las miles de florecillas tiemblan bajo sus flexiblestallos, se asemejan á una bandada de blancas mariposas, revoloteandoalrededor de un canastillo de verdura. A más de la anterior orquídea

se encuentran en las zonas del Mayon gran variedad de aquellas quevienen siendo hace algún tiempo objeto de comercio, exportándose congrandes cuidados á Europa, figurando en los suntuosos salones comouno de los más bellos y raros adornos.

No solo se encuentran en el Mayon curiosísimos ejemplares de la flora,si que también los hay de la fauna. En las hojas de los árboles sehalla una gran variedad de esos monstruosos y misteriosos seres,llamados por la ciencia

Fasmidos

, los mismos que son conocidosen el lenguaje vulgar por

bichos hojas, bichos palos

y

bichostroncos

. Quien no haya visto uno de estos extraordinarios animales,no es posible pueda figurarse la absoluta semejanza que tienen conlos vegetales. Son, ni más ni menos, una rama, un tronco ó una hojamás del vegetal en que viven. El

bicho hoja

, produce durante lanoche un canto agudo y monótono, parecido al del grillo de Europa,si bien el del primero guarda intermitencias más cortas que el delsegundo. Los indios llaman á aquellos fasmidos, garau-garau.

El

balor

, el

bató-bató,

la

tórtola

y una gran variedad de palomastienen su nido en los bosques del Mayon. El milano de las regionesintertropicales bate sus alas por cima de los precipicios, siéndoledifícil remontar el vuelo hasta contemplar la cabeza del coloso.

A medida que se hace la ascensión del Mayon va desapareciendola vegetación, hasta que, por último, se entra en la zona de lasmuertas cenizas. De allí, solo aridez, solo precipicios, solo lagos demovedizas arenas, salpicados de ennegrecidos bloques. En las cavidadesde las masas basálticas habita el más terrible de los reptiles. Entreel hueco de dos piedras suele verse la chata y verde cabeza del Upon,

reptil que figura en la familia de los

votrofídeos

, cuya mordeduraes mortal.

Al Mayon constantemente lo adorna un penacho de humo, que unas veceslo abate el viento, en cuyo caso se revierte por los dentados cortesdel cráter, y otras se alza orgulloso y altanero por cima de la regiónde las nubes. El humo del Mayon revela que los gigantescos cíclopes delos oscuros antros vigilan al pie de hirvientes lagos las enrojecidasmontañas de candentes bloques, cuyas monstruosas y desiguales masasson azotadas de continuo por abrasados torrentes de cenizas y escorias.

El coloso del Estrecho con la regularidad matemática á que necesariay fatalmente sujeta toda ley perfecta, acumula en sus calcinadasentrañas gérmenes de espanto y desolación. ¡Desgraciado el día enque abra la válvula! ¡Infeliz del pueblo en que sacie su cólera!

Todo lo que la ilusión reviste de sombrío y terrible el fondo delMayon, la realidad lo presenta en su exterior de sonriente, grandiosoy sublime. Dentro, impenetrables misterios, medrosas tinieblas, lutoy espanto; fuera, límpidos horizontes, aires purísimos, melancólicasarmonías, luz, perfumes, espacios sin fin y caricias eternas de una marbravía que viene sumisa y obediente á besar los pies del coloso, cualbesan los blancos copos de las altas nubes su altanera cabeza. Dentro,la noche sin fin; fuera, el día sin crepúsculos.

* * * * *

¡La muerte y la vida, la sonrisa y la lágrima, la fuerza que destruyey el botón que germina, el mal y el bien, el arcángel rebelde y elarcángel sumiso!

CAPÍTULO IV.

Iraya.—Tabaco.—Sorsogon y Cantanduanes.—De Albay á Daraga.—¿Cagsauaó Daraga?—Culebras domésticas.—Etimologías.—M. Montano y susviajes por Filipinas.—Iglesia y cementerio.—

Pintacasi

de Daraga.—Gustos europeos.—Banqueteschinos.—

La bandala

.—Hospitalidad.—Recuerdos.—Díastristes.—Estadística.—Comparación de razas.—El patadeon.—

—Lalínea curva.—Mercado de Daraga.—Vendedoras de sampaguitas.—Tertuliasal aire libre.—La casa de Aramburo.

La provincia de Albay se divide en cuatro distritos ó partidosllamados Iraya, Tabaco, Sorsogon y Catanduanes: el primero locomponen los pueblos de Cagsaua ó Daraga, pues con ambos nombresse le conoce. Camalig, Guinobatan, Ligao, Oás, Palangui, Libon,Quipia, Donzol y Pilar. El segundo, ó sea el de Tabaco, lo formanlos de Albay, Legaspi, Libog, Bacacay, Malilipot, Tabaco, Malinao,y Tiui. El tercero, denominado como hemos dicho, Sorsogon tiene lospueblos de Castilla, Sorsogon, Casiguran, Juban, Magallanes, Bulan,Matnog, Bulusan, Barcelona, Gubat Bacon, y Manito: y en el cuarto,ó sean las Islas Catanduanes, se encuentran los pueblos de Calolbon,Virac, Bato, Viga, Payo, Bagamanoc, Pandan y Caramoran.

Con el tiempo y en plazo no muy lejano, esta inmensa provinciaestá llamada á ser dividida en tres, formando la Iraya y Tabacouna de término, y Sorsogon y Catanduanes, otra de ascenso y entradarespectivamente.

Para proceder con método vamos á hacer una correría á toda laprovincia, visitándola por partidos. Damos la preferencia á la Iraya,y al efecto y puesto que ya conocemos el pueblo de Albay, trasladémonosal de Daraga recorriendo en coche y en veinte minutos la pintorescay bien conservada carretera que los une.

Daraga ó Cagsaua, pues con ambos nombres se conoce á este bonitopueblo, debía ser, dada su importancia, la cabecera de la provincia.

Cagsaua es término compuesto de

Cag

- (dueño) y

saua

(culebra). Enel sitio que ocupa el pueblo habría quizá alguna culebra domesticada,y en ese caso de aquí vendría la etimología de aquella palabra,deducción lógica, siendo como es costumbre tener en muchas casas deFilipinas grandes culebras completamente inofensivas y en domesticidad,que hacen el oficio de gatos ó perros ratoneros.

Lo mismo sucede en las bodegas de no pocos barcos filipinos, siendode notar que tales huéspedes son conceptuados como de buen agüeropara los dueños de las casas y barcos donde moran.

La etimología de Daraga la encontramos más adaptable que la anterior,puesto que significando dicha palabra bicol, virgen, y teniendoel pueblo por titular la Natividad de la Virgen, lógico es que sele llamara

daraga

ó virgen, en recuerdo de la pureza de la Madrede Dios.

El comercio, la industria y la vida de Albay, afluye á Daraga endonde radican las casas más ricas de la provincia.

Mi querido amigo el doctor Montano en su precioso libro de Voyage auxPhilipines et en Malaisie

dedica no pocas páginas á Daraga, siendojusto en sus apreciaciones, hecho digno de consignarse por escasearobras extranjeras que juzguen á nuestras provincias de Oriente en suverdadero valor.

La plaza del pueblo que nos ocupa está asentada á las faldas deun montecillo en cuya amplia meseta se levanta la iglesia y elcementerio. Como se ve, los muertos no pueden estar más cerca delos vivos.

Las fiestas ó

pintacasis

de Daraga son renombradas en toda laprovincia, pero al objeto de nuestro trabajo poco podremos de ellasdecir, por cuanto nuestra misión es dar á conocer costumbres indígenasy no europeas, y es lo cierto que en aquel pueblo se van perdiendolas primeras por el gran número de españoles y extranjeros que allíviven ó transitan. Los bailes, los convites y hasta los gustos líricosó dramáticos buscan recuerdos europeos, y para oir el característico

cutang-cutang

indio hay que dejar el pueblo.

De citar es, sin embargo, los convites chínicos de Daraga en susdías solemnes, por figurar en las mesas de sus festines platos tanoriginales como los de orejas de ratón, nidos de golondrina, aletasde tiburón y cabezas de culebra.

En Daraga, como ya hemos dicho, hay establecidos ricos comerciantescuyo tráfico se circunscribe á la bandala

ó sea el abacá, filamentodel que extensamente nos ocuparemos en otro lugar.

La hospitalidad que se dispensa en Daraga no tiene límites, y si árelatar fuéramos nombres y atenciones de que fuimos objeto mientraspermanecimos en aquel pueblo, llenaríamos no pocas cuartillas. Estandoen aquella provincia, pasamos por amarguísimas penas á consecuenciade pérdidas de seres queridos ausentes, y seríamos harto ingratossi no recordáramos á Aramburo y á su bella y distinguida señora éhijas; á toda la colonia que forman la casa comercial de los Muñozes,al chispeante al par que misántropo Avila, al decidor Carrascoso,tan olvidado de la política que le llevó á aquellas tierras, comoingrata fué con él, al cáustico José María, al servicial Rufino, alinteligente Pasiano, y á tantos amigos y amigas á quienes mandamosen estas páginas un profundo recuerdo de gratitud.

Daraga cuenta con una población de 19.252 almas, repartidas ensu caserío, sumando 5.025 tributos. A las escuelas concurren portérmino medio unos 150 niños y 120 niñas, sabiendo el español 15 de losprimeros y 5 de las segundas. Hay radicados 10 europeos y 77 chinos. Seregistraron 869 bautizos, 111 casamientos y 631 defunciones. Fueronprocesados 9 individuos.

Ya hemos dicho que los bicoles son de raza más inferior que la tagala,y aun la visaya, y buena prueba de ello está en Daraga, en donde sinos es admisible aplicar la palabra caciquismo, diremos que este loejercen los tagalos é ilongos allí establecidos.

El bicol es más humilde, más modesto, y menos aparatoso que lostagalos; no predominando ni en sus fiestas, ni en sus trajes la riquezade que hacen gala los primeros. El patadeon

, ó sea esa feísima yúnica prenda de vestir que usa la mayoría de las bicoles, es casidesconocida en las provincias del centro de Luzón. El

patadeon

es desde luego muy cómodo, tanto que consiste en una faja de telamás ó menos ordinaria, que da las bastantes dimensiones de largo yancho para que una mujer se dé con ella una vuelta, sujetándola á sucuerpo bien con una cuerda ó correa, ó bien, y esto es más general,haciéndola un nudo por cima de los pechos.

De algún tiempo á esta parte el característico

patadeon

bicolprincipia en la cintura, habiéndose aumentado el traje con la camisa ycandonga tagala, pero de todos modos el patadeon es tan poco honestocomo buen

agente

escultural, no escapándose á la flexibilidad deaquellas ligeras telas ni las más ocultas de las líneas, y sabido esque la línea que predomina y define la belleza en el eterno femeninoes la curva. Creemos que la coquetería en la mujer es innata en todaslas razas, y esto es tan cierto que generalmente la bicol que másusa, abusa y oprime el

patadeon

á su cuerpo, es la que lo tienemás bonito y esbelto.

En los nocturnos mercados de la plaza de Daraga, se ven no pocosirreprochables patadeones

festoneados de hilo de seda, llevadoscon toda la desenvoltura que consiente la escasez de la tela, porgraciosas vendedoras de olorosas sampaguitas, delicadísima flor quecrece en gran abundancia en aquellos campos.

En la plaza de Daraga, y tomando por lugar de cita la puerta decualquier establecimiento, se forman tertulias á las que todas lastardes concurren cuantos europeos viven en aquel pueblo y en los deLegaspi y Albay.

En esas tertulias se derrocha ingenio, agudeza, y hasta su poquitamaledicencia, á pesar de tener á la altura de las narices, y muchasveces

dentro

de ellas, el vecino cementerio que parece debía sercon su presencia valladar á ciertos

y arriesgados discreteos.

En época de lluvias, las tertulias al aire libre se trasladan bajocubierto invadiendo indistintamente cualquier casa de las muchas ybuenas que tiene Daraga, descollando entre ellas el verdadero palacioen que Aramburo ha sembrado el dinero á manos llenas; habiendo dirigidola decoración y pinturas al fresco que allí se admiran, el inspiradopintor italiano César Alberoni. Lo que Filipinas ha adelantado enconfort y buen gusto de pocos años á esta parte, merece otro capítulo.

CAPÍTULO V.

Mejoras.—Transformaciones llevadas á cabo por el canal deSuez.—Seis meses reducidos á treinta días.—Quietismo.—Maresbíblicos.—Orientales civilizaciones.—Nuevos gustos yaficiones.—