Viajes por España by Pedro Antonio de Alarcón - HTML preview

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« Quiso elDiablo que sucediera lo otro. »—« Satanás me ha escondido el ovillo,las tijeras ó la aguja. »—« Me tentó el Demonio, y dije aquello ó hicelo de más allá. »—« Hoy tengo los Malos en el cuerpo. »—« Fulano es elenemigo..... »

Estas y otras parecidas frases no se caen nunca de suslabios, y, al propio tiempo, pónele la cruz á Luzbel, ó se santiguaestremeciéndose, ó dice « ¡Ave María Purísima! »

por vía de exorcismo ydesinfectante.—Y, sin embargo, en todo esto no hay nada demaniqueísmo, sino ortodoxia pura.

En lo que no hallo tanta ortodoxia, bien que tampoco intención herética,es en las preocupaciones y supersticiones que abriga respecto á laexistencia y poder de otros seres no mencionados en el Catecismo. Lamitad de las mujeres de la Provincia, sobre todo las de los pueblospequeños, creen á puño cerrado en duendes, brujas, hechiceros, fantasmasy aparecidos. De aquí un miedo espantoso á los muertos, y de aquítambién el que haya casas cerradas en que no se atreve á vivir nadie,por ser cosa sabida que ¡á media noche!

óyense en ellas extraños ruidos,particularmente de cadenas.—Esta credulidad, de que nunca participaronlas personas verdaderamente cultas, va cediendo también hoy en el ánimode las indoctas, pero no así la fe en innumerables agüeros, talismanes,amuletos, cábalas y untos,

de

aplicación

medicinal

y

moral,

para

cuyaenumeración y recetario sería preciso escribir un tomo en folio.

Por lo demás, la Granadina es asidua al templo, lo mismo en la capitalque en la última aldea; frecuenta el confesonario; da mucha limosna, yhace y cumple infinidad de promesas ó votos, como romper (ó sea usarhasta que se rompe) un hábito de tal ó cual Orden monástica, no comerpostres, pagar misas, llevar velas á las sagradas imágenes, andardescalza, recorrer de rodillas iglesias enteras, rezar muchas partes deRosario, etc., etc.

También tiene gran devoción á los santos y santas de la corte celestial;mas no á todos en idéntico grado ó con igual confianza en supoderío.—Quiero decir que prefieren entenderse con tal ó cualbienaventurado, según que lo juzgan más ó menos milagroso.—Pero estoacontece en todas partes.

Volviendo ahora á su adoración especial hacia María Santísima, diré comoejemplo, y para concluir en este punto, que no es dado formarse idea denada tan tierno, tan expresivo, tan conmovedor, como los agasajos,fiestas y ovaciones que granadinos y granadinas hacen á la Virgen de lasAngustias, patrona de la capital. Quien no haya visto, después decualquier calamidad pública, trasladar en triunfo aquella célebreimagen, desde la Catedral, donde se llevó en rogativa, á su casa (asíse designa su templo), no puede saber hasta dónde llega el sublimefrenesí de un pueblo exaltado por la piedad; y quien haya presenciadotal espectáculo sin derramar, aun siendo de la cáscara amarga,lágrimas tan copiosas como las miserias de esta vida, no tiene corazónni alma de hombre.

CAPÍTULO IV

LA GRANADINA EN EL HOGAR DOMÉSTICO

Echada la sonda en la imaginación y en el corazón de nuestra heroína, yconociendo, como ya conocemos, la índole y la profundidad de su fantasíay de sus creencias, se ha simplificado mucho la tarea de estudiarla, ypodemos proceder á analizar sus costumbres rápida y objetivamente.

Principiemos por desenvolver este

AXIOMA

La Granadina es la señora de su casa.

En efecto: la mujer de aquella tierra manda en jefe en el hogar, dondeejerce de hecho y de derecho una autoridad superior á la del hombre. Ladoctrina evangélica que rehabilitó á la hembra, ha sido cumplida allícon exceso, por lo menos en esta parte. Y es que el granadino, porpasión ingénita ó genérica, y por galantería característica, ha hecho dela mujer un ídolo, en lugar de hacer una compañera. Puede decirse queella es la reina del palenque en que lucha el varón toda su vida. Paraella y por ella quiere ser guapo, elegante, valiente, rico, poderoso.Ella es á un tiempo juez y premio del torneo. La opinión de los hombres,criterio del honor en todos los países, no les importa tanto á los hijosde Granada como la opinión de las mujeres, criterio que aquilata elmérito y el demérito con relación al amor.

Cierto que algunas veces el esposo maltrata á la esposa, la pega y hastala mata; pero nunca la desprecia..... ¡Es que el pobre hombre tienecelos, ó es, más generalmente, que de vez en cuando se le ocurre, como álos pueblos, sacudir la tiranía! Empero el tirano (quiero decir, lamujer) aguanta el pujo; deja pasar la tormenta, y vuelve á imperar sobreel rebelde....., que entonces las paga todas juntas.—Vemos así quemuchas mujeres de la clase y condición en que funcionan las manos ó lavara del marido, suelen quejarse amargamente de que éste haya renunciadopor completo á sacudirles el polvo; pues entonces es cuando se creenverdaderamente destronadas.....

Por lo demás, la Granadina, desde que se constituye en esposa, adoptavoluntariamente algo de la manera de vivir de las orientales.—Dígolo,porque se encastilla en el hogar, bien que sólo con el objeto dedirigirlo, de gobernarlo, de monopolizarlo. Del tranco de la calle paraadentro, el marido no dispone de cosa alguna; suele no saber lo quesucede; cuando más, indica su opinión; y la mujer determina, decide,concede ó niega. Por regla general, ella es la depositaria del dinero,y, por regla universal, la distribuidora.—Habrá familias que vivan á lafrancesa, ó fuera de la ley de Dios, y con las cuales no recen, porconsiguiente, estas bases. ¡Prescindamos de semejantes excepciones! Lanorma es la que digo.—Y aun hay más. El hombre en sus negocios de lacalle, en los asuntos relativos á su profesión ó á su hacienda, noresuelve nada medianamente

importante

sin

consultarlo

con

la

señora(que así se llama la que usa vestido), ó con la parienta (que así sedenomina si usa zagalejo). ¡Y estas no son debilidades del ordeníntimo ó privado, sino legítimas deferencias que proclaman en alta vozlos maridos como la cosa más natural del mundo!.....

En cambio, la mujer, dentro de la casa, á puerta cerrada, trabaja cuantohumanamente puede, á veces más de lo que nadie imaginaría, atendida laposición social de la señora.—

En este punto es La perfecta casada de Fr. Luis de León.

No sólo la muy pobre, sino también la que vive conalgún desahogo, y hasta muchas acomodadas, naturalmente hacendosas, óque precaven el porvenir economizando, para sus hijos, barren, limpian,cosen, planchan, lavan, friegan, amasan, guisan, crían gusanos de seda ycuidan á los niños (todo al par que la criada y por ahorrarse de tomarotra), sin contar con que, cuando se ocurre, le sirven la comida á suesposo, al mismo tiempo que ellas comen aparte, yendo y viniendo á lahornilla, con la majestad de antigua matrona que diera hospitalidad á unperegrino, ó con la humildad de una reina en Jueves Santo.

Lo que la Granadina no hace nunca.....—Pero esto que voy á decir merecefigurar como

AXIOMA

La Granadina no cultiva el campo.

¡Ah! lo contrario sería un deshonor para el más pobre labriego. ¡Sumujer no es una negra!—Él ara, siembra, labra, coge, trilla, riegacon todo el sol canicular, con hielos y nieves, con el agua á lacintura, sin reparar en su comodidad ni en su salud..... ¡Pero trabajar ella delante de gente! ¡Hacer lo que puede hacer un mozo, unpeón....., y, si no hay peón ni mozo, él mismo, á costa de un poco másde fatiga!..... ¡En manera alguna!

No sin orgullo consigno esta observación (aplicable á todas nuestrasprovincias meridionales), advirtiendo de paso á las granadinas, para quese lo agradezcan á los granadinos, que en otras regiones de España y enlas más cultas naciones de Europa sucede todo lo contrario: la mujer delcampesino labra la tierra, y el hombre se las compone en el hogar.—¡Yasí anda ello!

Lo que sí hace la Granadina en el campo es espigar.—

Pues ¿qué esespigar?—Espigar es hacer uso de un gracioso derecho que cristianamenteconcede el más pobre labrador á las mujeres necesitadas (y sólo á lasmujeres) de entrar en su heredad, de donde ya se han sacado los haces, árebuscar y apropiarse las espigas que han quedado desperdigadas en elrastrojo.—¡Después de la galantería, la caridad erigida en leyconsuetudinaria! ¡Muchas leyes como ésta nos diera Dios! ¡Algo másmedrado andaría nuestro siglo!.....—Pero doblemos la hoja.

AXIOMA HASTA CIERTO PUNTO

La Granadina es lujosísima en la calle.

Ni el marido ni el padre reparan en su propia persona, con tal que laesposa ó la hija vista « como corresponde»: y siempre correspondevestir mejor de lo que buenamente se puede.—El traje pontifical de lamujer, y no el del amo de la casa, representa la clase social de lafamilia. Un hombre rico ó linajudo podrá descuidarse en el vestir, usarropa como de artesano ó de labrador; abandonar para in æternum elfrac, la levita y hasta el sombrero de copa; pero la señora de la casano saldrá nunca á la calle sino de tiros largos, con arreglo áordenanza, « como quien es», según dice ella enfáticamente.

En compensación, de puertas adentro, lleva demasiado lejos el negligé,que en España llamamos trapillo, con tal de que la casa ofrezca unaspecto irreprochable.....—Digamos, pues, que nuestra perfecta casada es objetivamente limpia hasta un extremo increible..... Los muebles,los utensilios de cocina (de los cuales tiene repetidas baterías de lujoque no sirven nunca), los techos, las paredes, los suelos, brillansiempre como el oro. « ¡En los ladrillos de mi casa se pueden comermigas! » dice con muy fundado orgullo.—

Si, en cambio, no todas aquellasmujeres de bien se distinguen por una completa ó total limpieza subjetiva, cúlpese al Sr. D. Felipe II, que dictó cierta endiabladapragmática, prohibiendo á los moriscos y moriscas de Granada el pícarouso de los baños domésticos.

OTRO AXIOMA

La Granadina, en general, recibe y hacemuy pocas

visitas.

Por lo común, se pasa toda la semana sin poner un pie en la calle y sinque ninguno de fuera pise su casa, como no sea algún pariente muycercano.—En toda la provincia escasean las tertulias en que se reunanseñoras.—Si éstas pasean, es en domingo, y eso en la capital.—En laspoblaciones subalternas se necesita que repiquen más gordo.....—Pero yavolveremos sobre esto.

Entretanto, allá van algunos

NUEVOS AXIOMAS

La Granadina es floricultora, domadorade gatos y

domesticadora de canarios.

Recomiendo á los pintores de género el insondable cuadro de una deestas mujeres de su casa, sentada al lado de un balcón, lleno demacetas floridas, entre una manada de gatos enroscados á sus pies, ymedia docena de canarios enjaulados sobre su cabeza.—Con esto y con sufértil aventurera imaginación, tiene bastante una hija de Granada parano estar nunca sola.

El gato, la flor, el canario y la mujer..... ¡qué cuarteto!

La Granadina es herbívora, vinífobay gazpacháfaga.

Es herbívora: esto es, se alimenta principalísimamente de vegetalescocidos, fritos, asados ó crudos. Cierto que acepta las sustanciasanimales inherentes al puchero, pero es como precepto medicinal másque como verdadera satisfacción. Y

fuera de esto y de algún huevecillo,seguro está que ninguna Granadina se recete motu proprio otrosmanjares que ensaladas, ensaladillas y ensaladetas, en cuyo ramo suinventiva es inagotable. Pasarán de doscientas ¡vaya si pasarán! lascombinaciones que sabe hacer de aceite, vinagre y sal, con todas lashierbas del campo.—Y

entiéndase que en la palabra hierbas incluyotodo lo que, según el Diccionario, es legumbre, todo lo que eshortaliza, y además muchos frutos y frutas. Porque hay ensalada depimientos y tomates, y de tomate crudo y solo, y de pepino, y decalabaza, y de cardo, y de patata, y de remolacha, y de escarola, y dejudías, y de apio, y de pero, y de lechuga, y de coliflor, y de cebolla,y de granada, y de manzana, y de naranja, y de todo lo nacido.—¡Ah!¡Se me olvidaba!—« De la mar los boquerones..... (la Granadina rindeeste tributo de respeto á Málaga) sobre todo, fritos, de noche, conensalada de escarola.»—Pero hablarle á la Granadina (exceptuamos á lasafrancesadas) de beefsteak ó de roastbeef, equivale á hablarle deherejes y de judíos.

Es vinífoba.—Explicación: nunca prueba el vino, como no sea muy dulce,en una broma de rompe y rasga, y considerándolo la más atroz de lastravesuras. Pero en la mesa, á pasto, como en otras provincias de Españay como en los demás pueblos extranjeros....., ¡jamás!—Verdad es quetampoco los granadinos, hasta hace muy poco tiempo, y salvas ligerasexcepciones, habían visto el vino sobre su mesa. Y todavía, fuera de lacapital, es esto verdaderamente extraordinario.—¡Sin embargo, laprovincia, según datos estadísticos, resulta aficionada, muy aficionada,demasiado aficionada!.....—Pero

se

bebe

como

se

peca,

á

solas,clandestinamente.....—« El vino..... ¡en la taberna! » le dice la mujeral marido. Y en seguida le elogia la limpidez, la baratura y lasvirtudes higiénicas del agua, « creada por Dios para que no se bebavino».

Es gazpacháfaga.....—¿Y quién no lo es en aquel país?

¡Desde el Prócery el Prebendado hasta el mendigo, en diciendo que llega Mayo, todo elmundo se administra, cuando menos, un gazpachillo por día!—LaGranadina-tipo se administra dos ó tres: lo toma antes del puchero; lotoma entre comidas; lo toma antes de acostarse..... Ni ¿qué fuera delgénero humano sin el gazpacho,

En

aquella

tierra,

Con

aquel

calor,

Donde

tan

temprano

Sale siempre el sol?

La Granadina es honesta, y en ningún casoescandalosa.

En Granada, por la misericordia de Dios, todavía está de moda la virtudde las mujeres..... Quiero decir que la opinión pública no tolera elpecado, ni transige con las pecadoras.....

Son,

pues,

ellas

buenas

porinnata

circunspección y acendrada religiosidad, y al mismo tiempo porqueles es indispensable para vivir entre las gentes; y de aquí resulta quesu rigor y severidad, no sólo impiden la falta propia, sino también lafalta ajena. ¡La delincuente, en aquel país, no está dentro del derechocomún, como en esta Villa y Corte y como en otras varias partes! ¡Pecaren aquella provincia es para la hija de Eva colocarse fuera de la ley,incomunicarse con la sociedad, aislarse como una leprosa!—Quizás poresto mismo tampoco sirve allí de timbre y loor á un hombre el ser un D.Juan Tenorio ó cosa parecida. ¡Todo el mundo detesta y condena al infameque sedujo á una joven en estado de merecer, perdió á la mujer delprójimo ó dejó abandonada á la suya!—¡Dure mucho en mi amada tierraeste sentido moral! Cuando él falta, los pueblos más prósperos son unarepugnante sentina.—Dígalo París.

Y aquí concluyen las generales de la ley de todas lasGranadinas.—Examinemos ahora los caracteres que las diferencian entresí, según que viven en la Capital, en las poblaciones subalternas ó enel campo, y según que pertenecen á la aristocracia, á la clase media óal pueblo.

Pero examinémoslas confundidas unas con otras, pues todaclasificación regular, ordenada y simétrica, está reñida con el Arte.

CAPÍTULO V

GALERÍA DE GRANADINAS

¿Quién no conoce y admira á Granada, aunque no la haya visitadonunca?—Creo, pues, innecesario repetir aquí lo que han escritoChateaubriand, Zorrilla, Teófilo Gautier, Washington Irving y otros milliteratos, y me limitaré á deciros que, por lo que yo he visto, por loque he leído y por lo que me han contado de cuanto hay en el globo, noexiste teatro mejor dispuesto para el sueño del amor y la apoteosis dela mujer que aquel en que vamos á contemplar ahora á nuestra heroína.

Allí podemos verla de paseo amatorio, por la tarde, en la primavera,bajo las sombras paradisíacas de La Alhambra; ó en excursiónhigiénica, el verano, al amanecer, por la amenísima y misteriosa cuencadel Dauro ó Deoro, en busca de la fuente del Avellano; ó, en trende merienda, por las fértiles huertas de los Callejones de Gracia, conpresupuesto de cerezas, habas verdes ó lechugas, para engañar unostípicos bollos de pan de aceite. Allí podemos admirarla cuando cruza encarretela bajo las célebres alamedas del Salón y de la Bomba, entreperpetuos verjeles; ó cuando echa pie á tierra y luce su garbo y suelegancia por la alegre Carrera de Genil, frente á la cual sonríenembelesadas las eternas nieves de la vecina Sierra, que parece toca unocon la mano; ó bien la encontramos asomada, como una flor más, á unbalcón natural de rosas y alelíes, en aquellos cármenes escalonados porlas laderas de todas las colinas, desde cuyas alturas corren, triscan ysaltan mil arroyos bullidores, como otros tantos duendes que minan loscerros, las calles y las casas de la ciudad, creando pensiles en todaspartes. Allí podemos acompañarla, finalmente, en su constanteperegrinación artística, subiendo por la Cuesta de los Molinos, porlas Vistillas de los Ángeles, por el Campo del Príncipe y por la Cuesta de San Cecilio, á buscar los sublimes panoramas que sedescubren desde los Mártires ó desde Torre Bermeja, para ir luego ávisitar las maravillas del Palacio encantado de Alhamar el Magnífico, ydel aéreo, quimérico Generalife, asilos perdurables de poéticosensueños..... Y en todos estos parajes veremos á aquella mujer, tansensible y reflexiva, tan amante y soñadora, siempre al través delprisma de colores de una flora inagotable, siempre al son del canto delruiseñor, siempre oyendo bajo nuestros pies, sobre nuestra cabeza y ánuestro lado, el rumor melancólico del agua, reluciente ú oculta,despeñada ó juguetona, y siempre entre la magia de los recuerdoshistóricos, de los primores artísticos, de las tradiciones románticas,de las solemnidades religiosas y del patético gemido que exhala todo lodecadente, todo lo desgraciado, todo lo que pasó..... como pasa nuestravida.....

*

* *

Conque vedla, ¡sí, vedla! ¡Saludad á la Granadina de Granada bajocualquiera de las formas en que aparece á nuestros ojos!

Ya es la noble, la distinguida, la delicada aristócrata de aquellatierra clásica de lo regio..... Ésta va en coche.

Ya es la sílfide que apenas huella la tierra con sus menudos pies; laideal y elegante dama ó señorita de la clase media, de cultas formas ygentiles pensamientos.....—

¡Canela pura!

Ya es la graciosa, y fina, y seria doncella del pueblo, silenciosa yexpresiva como las flores con que adorna su reluciente peinado.....

Pero siempre halláis la misma mujer exquisita, de fibra superior, deinmaterial belleza que directamente os habla al alma; más insinuante quefascinadora, más á lo Murillo que á lo Ticiano, más de Calderón que deLope, más de Cleómenes que de Fidias.

Sí: cualquiera que sea su clase, la Granadina resulta siempre aseñorada y sentimental, al propio tiempo que dulce, risueña yrecatadamente voluptuosa. No chisporrotea en ella la sangre, como en lasandaluzas oficiales de otras comarcas; pero su imaginación, sus nervios,la médula de sus huesos, los suspiros de su boca, son amor y sóloamor.....

No me preguntéis por las facciones de su cara, ni por las dimensiones desu cuerpo..... Allí, como en todas partes, per troppo variar natura ébella..... Hay, pues, Granadinas morenas y Granadinas blancas; de pelonegro, de pelo castaño y de pelo rubio; altas y bajas; delgadas ygordas; feas y bonitas.—Sépase, empero, que el tipo general ygenuino, el arquetipo, el dechado, no es alto y recio como el de lahermosa cariátide vascongada, por ejemplo; ni fresco y amplio como el delas mujeres de Rubens; ni pequeño y pardo como el de las hijas delinterior de España: sépase también que las bellas están en Granada enmayoría, y sépase, en fin, que casi todas tienen poco hueso, piediminuto, provocativo talle, la color algo quebrada, rasgados

ojosobscuros

y

sus

indispensables

interesantísimas ojeras.—Decir que haymás morenas que rubias, fuera ocioso, tratándose de Andalucía; pero sumoreno es esclarecido, como el de las legítimas venecianas. Sin embargo,en el Albaicín abunda un tipo hechicero y rarísimo en España: la mujerblanca como la nieve y con el pelo negro como el azabache.....—

¿Serándescendientes de odaliscas circasianas de los últimos harenes moros?

*

* *

Pasemos á la parte indumentaria.

La dama de la alta sociedad y la acomodada de la clase media visten comodetermina mensualmente el figurín de París, ni más ni menos. Excusadoes, por consiguiente, buscar nada local, nada típico en su traje..... Eneste punto, ver

á

una

elegante

madrileña

es

ver

á

una

elegantegranadina.

La mujer de las clases populares no tiene tampoco traje característico;pero su toilette de gala, aunque poco singular, es bastante graciosa:zapato bajo, negro ó color claro; media blanca: vestido entero depercal, casi rayando con el suelo, adornado con uno ó más volantes de lamisma tela; pequeño delantal negro; un pañolillo de vivos colores,cruzado sobre el pecho, dejando adivinar todas las primorosas líneas deltalle; y, finalmente, otro pañuelo de seda, llamado de la India,también muy vistoso, doblado diagonalmente, prendido sobre la cabeza conun alfiler y atado debajo de la barba.....—Este tocado, merced áciertos picarescos fruncidos y dobleces, llega á dar al óvalo del rostroun carácter confuso, entre monjil y judaico, de irresistiblecoquetería.....,

cuando

la

interesada

es

interesante.

Hasta aquí la capital.—En los pueblos, el traje de las campesinas varíamucho, pero siempre sobre la base de un jubón negro de anascote. Lafalda va aparte, y es de coco, indiana ó percal. En algunas villas sólolas hay de picote listado. De todos modos, la elegancia rural consisteen colgarse cuantos refajos y enaguas se poseen, aunque sean cincuenta.

Las lugareñas de más tono usan mantilla sin velo ni blondas, esto es,una gran tira de franela negra, con anchas franjas de terciopelo. Lasmuy pobres, hacia Levante, llevan el mantón doblado en triángulo,pendiente de la cabeza, lo que les ahorra otro pañuelo y les da un airemíseramente africano. En la Alpujarra, las cortijeras se echan sobre lacabeza la saya á guisa de manto, y, como la saya está forrada deamarillo, y el refajo es encarnado, ofrecen á distancia, en aquellosásperos montes, un aspecto interesantísimo. Por último: en variospueblos las mujeres de todas clases gastan medias negras, á excepción dela hija del sacristán, que usa medias blancas, y á excepción también delas infelices que no tienen medias.

*

* *

Volviendo á las señoras de las clases acomodadas, y especialmente á lasaristócratas, hay que aplicar á sus costumbres externas, ó sea á sushábitos, lo mismo que hemos dicho de su traje: son una repetición exactade los hábitos de la alta sociedad madrileña. De consiguiente, sushoras, sus gustos, sus esparcimientos, sus modales, sus opiniones sobretodas las cosas que no son del alma, se arreglan al meridiano de París.Y contra toda herejía importante en esta delicada materia las aseguran ygarantizan sus frecuentes viajes á la corte, y alguno que otro áBayona.—Inútil es añadir que cada recién llegada de Francia ejerce unaespecie de dictadura durante dos ó tres meses.

Para la aplicación y ostentación de estas mudables reglas de buen tono,cuentan las elegantes de Granada con bastantes coches propios, con dosteatros, con excelentes modistas, con baños de mar en la cercana costa,con su correspondiente Junta de Damas de Beneficencia, y con unadeliciosa Rifa de la Inclusa, en público, en una gran tienda decampaña colocada en el paseo del Salón, durante las famosas fiestasdel Corpus; tienda que es una copia en miniatura del Paraíso deMahoma, por lo que respecta á la hermosura de las huríes que premianallí las buenas acciones de los héroes. La Plaza de Toros funcionapocas veces, pero, cuando funciona, las Granadinas se acuerdan de queson andaluzas, y dejan el pabellón nacional bien puesto. (Ya sabemos queeste pabellón es la mantilla blanca.) También he indicado que en Granadahay pocas tertulias que salgan de la órbita de la familia.

Tampocoabundan los bailes en estos últimos tiempos. Pero, cuando ocurre lo unoó lo otro, la noble hija del Genil se viste, se prende, se presenta,valsa, polka, habla y escucha con tanto gusto, distinción y gallardía,como aquella ilustre y bella Granadina que se sentaba, hace tres años,en el que entonces era el primer trono de Europa, hoy arrumbado sillónsin empleo.

Hemos apuntado que la dama principal de Granada subordina todos sushábitos á la moda francesa, y ahora nos ocurre hacer una excepción muytrascendental, que va incluída en el siguiente inconcuso

AXIOMA

Todas las Granadinas pelan la pava.

Sí, señor; lo mismo la hija del Marqués ó del Conde, que la del médico óel abogado y la del artesano ó el campesino, así la doctora en amor dela metrópoli, como la tétrica de la ciudad sedentaria, y la díscolalugareña, todas hablan con el novio por el balcón, por la reja baja, porel tejado, por las rendijas de la puerta, por la tapia del huerto á laluz del sol, á la de la luna, á la de los faroles y á ninguna luz: ¡á lafaz de los transeuntes, cuando los padres son gustosos, y de media nochepara abajo, entre la una de la madrugada y el amanecer, cuando se oponela familia!

Esta pava clandestina es la pava por excelencia, especialmente en elinvierno.—Todo duerme en la ciudad de Boabdil, menos la campana de laVela y las sonoras fuentes de los patios. El alumbrado público se apagóá las doce. Por la calle sólo pasan otros novios que van ó vuelven.Pegado á una reja que casi linda con el suelo hay un fantasma con capa yhongo. Detrás de la reja se columbra una mujer envuelta en inmensomantón y cubierta su cabeza y rodeada su cara por aquel pañuelo de la India que

ya

hemos

calificado

de

toca

semimonjil,

semihebraica.Marquesa ó cursi, ama ó criada, éste es el uniforme del amor á semejantehora, lo cual sirve luego para echarse el muerto recíprocamente laseñorita á la doncella y la doncella á la señorita, en caso dedelación.—

La capa y el hongo del galán contribuyen al equívoco, puestodas las capas y todos los hongos son iguales á media noche.

¿Y qué más?—¡Nada más que pueda decirse con palabras!.....

¡CuandoRomeo

y

Julieta

confunden

pensamientos y suspiros, y se miran y callan,y tornan luego á su incoherente diálogo, y se repiten lo que ya saben, yse lo vuelven á decir, interrumpiendo el raciocinio con el requiebro, ypasando bruscamente de la pena á la alegría, de la queja al entusiasmo,de la confianza á la duda, de la gratitud á los celos, del « ¡Cuánto mequieres! » al « ¡Ya no me quieres! » y del « Te quiero, pero noquiero», al « ¿Me querrás

siempre

como

ahora? »;

cuando

sus

labiosbalbucean este monótono, eterno poema del amor, mientras que sus almasestán asomadas á sus ojos, mirándose tan intensamente como se miran lamar y el cielo, y confundiéndose como se confunden el silencio y lasoledad que los aislan, hay que llamarse Shakespeare para ser taquígrafode semejante escena!

Sólo diré (pues ésta es la ocasión) que ni la simbólica literatura deOriente ni el alegórico arte germánico emplearon jamás formas tanfiguradas, intención tan remota y sentido tan íntimo como el discursoamatorio de una Granadina. Sobre todo, cuando no está subyugada del todopor la ternura, ó cuando los celos le impiden ser expansiva, ó cuandoteme que la esté oyendo algún profano, la profundidad y viveza de sulenguaje rayan en lo sublime.

¿Quién no la ha oído, y quién no la ha admirado en este último caso,cuando habla con el novio desde alto balcón, en el estío, á la hora dela siesta, advertida de que la está oyendo toda la vecindad detrás delas cortinas de cien salas bajas?—¡Qué disimulo en las frases! ¡Quéinsistencia en unos mismos símiles hasta apurar el concepto! ¡Qué dosconversaciones en una sola, la una aparente y pública, la otra deimaginación á imaginación! ¡Cuán lógica y chispeante la primera, enmedio de su fatuidad! ¡Cuán grave y apasionada la segunda! ¡Cómo brillael ingenio en lo que dice! ¡Cómo relampaguea la pasión en lo que quieredecir!

¡Y qué energía de pensamiento, qué riqueza de fantasía paraprolongar indefinidamente un exacto paralelismo entre la imagen y laidea, entre el apólogo y la realidad, entre la fábula y la historia!

Pero no hay que confundir esta pava, pelada á gritos, con la quehemos dejado pelando á las altas horas de la noche, libres, juntos ysolos, al Romeo y á la Julieta de la reja baja.—Aquí desaparece eldiscreteo; aquí se disputa, como en la balaustrada de Verona, sobre sies la alondra ó el ruiseñor el que canta; aquí el éxtasis habla por losdos amantes, mientras que el implacable reloj les va notificando cadahora que transcurre: ¡horas mermadas por la eternidad á su juventud y ásu dicha; horas que pueden ser las últimas de sus plácidos coloquios, sila oposición paterna prevalece y la niña se casa con el rico, á pesar detutear al estudiante; horas descontadas á la esperanza, deudora inmortaldel corazón humano, al cual nunca le paga lo que le debe, pero que encambio es siempre confiada prestamista de los más locos deseos!

Y pues que hemos salido del templo de Cupido por esta imprevista puertade escape del interés, aprovechemos la coyuntura para manifestar quela provincia de Granada es la tierra de los casamientos desiguales, ósea de los enlaces amorosos entre pobres y ricas, y ricos ypobretonas.—De aquí

tantas

pavas

clandestinas.—¡Los

padres

bramandurante el depósito judicial y la luna de miel; pero los nietos arreglanluego el asunto!

*

* *

La señorita de familia poco acomodada de la clase media propende ácopiar, y copia divinamente, todo lo que hacen la rica y aristócrata,pues ya he dicho que la distinción y el señorío sirven de comúndenominador á aquellas exquisitas criaturas, cualquiera que sea sucondición social.—Lo que por fuerza acontece es que la joven de pocosrecursos traduce el terciopelo al merino, la blonda al tul, el raso altafetán, el gro al organdí y la batista á la indiana. Del propio modo,si va poco al teatro, va mucho al Liceo; si no pasea en coche, sesienta en las sillas de la Carrera los domingos, y si nunca estuvo enla ópera, oye tocar con frecuencia á las bandas militares lassublimidades cursis de La Traviata.—Porque esta señorita de que ahorahablamos, es aficionadísima á la música, y si llegan sus padres á poderestirar algo la pierna, tiene piano y maestro de canto..... Es ademásmuy lectora ¡mucho! y de admirable criterio moral y artístico..... Todolo bello, todo lo elevado encuentra eco en su corazón, así como todo lopatético abundantes lágrimas en sus ojos.

A propósito y entre paréntesis: Aunque la Granadina se guarda mucho deser liberal, por humilde cuna que haya tenido; aunque es monárquica yreligiosa hasta los tuétanos (¿cómo olvidar á los Reyes Católicos?), yapegada, por lo tanto, al antiguo régimen, hace causa común con unarevolucionaria, con una conspiradora, que murió en el cadalso por haberbordado cierta bandera constitucional.—

Comprenderéis que me refiero ála insigne heroína doña Mariana Pineda..... ¡En tratándose de la Mariana, las Granadinas no tienen opiniones! Todas la admiran, lacompadecen, la lloran y le rinden verdadero culto. ¡Para ellas, aqueltrágico suceso es lo único que ha ocurrido en Granada desde la expulsiónde los moriscos!..... De lo demás no tienen noticia.....—Ni ¿qué es lodemás?

Las mencionadas damiselas entre merced y señoría son acaso las que másdisfrutan de los encantos naturales y artísticos de la moribunda granciudad. ¡Por lo mismo que las pobres significan menos en lo presente, seaferran con más ahinco á lo pasado! Ellas son, pues, las abonadas á losalmuerzos y comidas en las fondas de La Alhambra, donde, dicho sea depaso, se celebra todo lo fausto que acontece en la población: la boda,el casamiento, el bautizo, el grado de licencia, el ascenso, latransacción, el regreso, el desafío frustrado..... (Pudiérase decir que La Alhambra es una venerable abuela á quien se notifican todos loscontentos y prosperidades de su raza, para alegrar su vejez.) Ellassuben á la Torre de la Vela á contemplar (una vez al ano, el 2 deEnero, aniversario de la Toma) los cuatro portentosos panoramascardinales de Granada y sus alrededores. Ellas van en peregrinación al Laurel de la Zubia, de merienda á los cármenes y avellaneras del Sacro Monte, y de campo formal, en tartana, al Fargue, á Huétor delGenil ó á la Fuente Grande de Alfacar, verdadera maravilla de lanaturaleza. Ellas conocen la antigua corte musulmana y sus deleitablescontornos, piedra por piedra, mata por mata, tradición portradición..... ¡Y ellas, poseídas íntimamente de aquella nostalgiahistorial que más atrás analizamos, saben estar en cada punto, hablary callar á tiempo, comentar la situación con el suspiro y la mirada, yparecen á todas horas, ya á la luz del crepúsculo, ya á la claridad dela luna, ya al tenue relucir de las estrellas, los genios de las ruinas,las dríadas de los bosques, las náyades de los ríos, las ninfas de losarroyos y las fuentes!

¡Qué bonitas!

*

* *

La mujer del pueblo es más varia. Tenemos las artesanas y del pequeñocomercio; tenemos las labradoras que viven en el Albaicín, en las Huertas, en el barrio de San Lázaro y en todos los arrabales; ytenemos la inmensa falange de criadas de aquella población dondeapenas hay criados masculinos.

Todo este personal se reparte en sus días de asueto de la siguientemanera: las de educación más sana y tradicional, se esparcen por las caserías (casas de campo), por los amenos callejones de Gracia, ópor los cármenes en que tienen amigas, y allí bailan, juegan, cantan yhablan con los novios.—Estos

bailes

y

estos

cantos

son

estrictamentenacionales y casi se reducen al fandango. De donde ¡alguna puñalada porla noche....., y pare usted de contar!

Las sucursales de los bufos madrileños, sucursales á su vez de los bufos parisienses, han desnaturalizado un poco las costumbres delpueblo bajo granadino. Es, por tanto, algo frecuente ver grupos decriadas que acuden á los Campos Elíseos (¡también existe allí estemitológico cielo!) á bailar unas polkas íntimas de todos los demonios yunos estúpidos cancanes, que de tales sólo tienen la indecencia.....

Apartemos los ojos de aquella desabrida traducción de ajenas ignominias,y sigamos á las honestas menestralas, hortelanas y sirvientas de buenaley, en sus inocentes y animados paseos por los campos, viéndolas rumiarla fruta del tiempo ó los frutos secos que les regalan sus galanes,mientras que ellos no perdonan puesto ni ventorrillo (menudean entodas partes) sin refrendar el pasaporte.....

¡Complazcámonos, sí, en el manso júbilo y modesta felicidad con queestas desheredadas de la fortuna descansan de una semana de reclusión yde trabajo, y bendigamos

las

expansiones

de

su

contentadizo

corazón,cuando, al caer la tarde, vuelven á sus casas y á sus quehaceres,cogidas de la mano en anchas hileras, cantando en coro sus empresasamorosas, ó sea sus clemencias y sus desdenes, como bandadas de pájarosque tornan á sus nidos!.....

*

* *

Hemos salido de la capital.—Relativamente á las aldeas, pocas cosas debulto hay que decir, y para entrar en detalles y poner de relieve losaccidentes novelescos de existencias tan rutinarias y monótonas, habríaque emplear el microscopio y que escribir un libro entero de fatigosoanálisis. Contentémonos, pues, con algunos ligeros rasgos exteriores.

La mujer acomodada de una aldea, la rústica que paga jornales, laalcaldesa de monterilla, no se conmueve ni esparce nunca. Dentro de sucasa es una afanada hormiga: en la calle, ó cuando recibe la visita deun forastero, no habla sino lo más preciso, no sonríe ni por casualidad,desea perderos de vista, demuestra una misantropía horrorosa.

Laconciencia de su ignorancia y el más estólido orgullo se combinanmonstruosamente para dar este resultado.

¡Depender de semejante mujercomo sirviente, ó necesitarla por cualquier concepto, basta y sobrapara formarse cabal idea de cómo serían los más terribles señores dehorca y cuchillo!

La niña de esta casa no habla jamás. Siquiera, la madre tiene querabiar, que tronar, que rugir de puertas adentro.....

¡La hija lleva lamodosidad hasta perder la palabra y el movimiento!—No anda, setraslada; y no gesticula, no mira, no tose, no ríe, no vuelve la cabeza,aunque detrás de ella tiren cañonazos.—¡Por nada del mundo comeríadelante de gente!.....

Esto

último,

sobre

todo,

le

parece

consecuenciaprecisa de su buena crianza y de su recato inexpugnable.

¡Y las hay realísimas mozas, y que se componen que da gusto!.....—Peroes ver una imagen vestida. Diríase que existe un armazón de madera, enlugar de un rollo de carne y huesos, debajo de aquella docena de sayas yde aquellos pañuelos estiradísimos.....; pañuelos de Lucifer, sujetos aljubón con mil alfileres, á fin de garantir la honestidad contra loscuatro elementos, contra los cinco sentidos y hasta contra un terremoto.

En los cortijos no se pela la pava por la ventana. El novio entra enla cocina, donde están constantemente, en verano como en invierno, todoslos de la familia y todos los allegados. Allí se arriman á la cantareralos dos amantes, y medio sentados en los cántaros, medio de pie, se dandos ó tres empujones, se sueltan tres ó cuatro insultos, se ponen muycontentos y colorados..... ¡y á vivir!—Lo infinito queda apelmazadodentro de sus almas, y no se desarrolla nunca..... Pero toda la palmeraestá en el dátil y toda la encina en la bellota: así es que cuando, enun rato de baile, se dicen un requiebro ó se endilgan una copla, elmadrigal tiene la fuerza de una bala.—Y de aquí la densidad desentimientos de los cantares pastoriles.

(Lo mismo proceden aquellas gentes con los santos de su devoción. Elpatrono del pueblo es saludado siempre á escopetazos y con espantososapóstrofes, que pasarían por sacrilegios y blasfemias si no fuesen laconcentrada y enérgica expresión de su piedad y de su gratitud,estallidos de unas lágrimas cristalizadas, pedazos que saltan de lamismísima cantera de la fe, como salta la esquirla cuando se rompe elhueso.)

La mencionada niña de vergüenza no responde á derechas á ningunapregunta, como no sea de sus padres.....

¡La desconfianza, ley esencialde su vida, le impide soltar prendas, aunque se trate de saber si es dedía ó de noche!—

En cuanto á su pudor, no hay palabras para encarecerlo:raya en absoluto; se espanta como la liebre, ó se defiende á bofetadas yá coces.....—¡Qué Lucrecia, ni qué ocho cuartos! ¡Más fácil le fuera áLovelace ó á Tenorio sujetar el azogue entre sus dedos que cautivar elalbedrío ó la cintura de una de estas vírgenes refajonas!

Cuando la campesina se casa, puede decirse que se muere, como muere laflor al cuajar el fruto. Desde aquel día deja de ser joven, de mirarseal espejo ó á la fuente, de componerse,

de

cuidarse.....—Dos

añosdespués

es

efectivamente vieja.

En lo demás, la Granadina del campo, y singularmente las ricas, son lomismo que las labradoras de la capital, si bien menos joviales y hastaun poco atrabiliarias. Y no es todo rusticidad, sino que la melancolíageneral de la provincia raya en ictericia á medida que se aleja uno dela poética Granada. Escasean, pues, las expansiones colectivas, ytodavía no tanto en los pueblecillos como en aquellas tristes ciudadessubalternas, que tienen algo de Pisa la Morta.....—Por cierto que,cuando en éstas hay motines, son siempre incumbencia de las mujeres dela clase ínfima, nunca de los hombres. Los hombres, lúgubres y callados,constituyen á lo sumo la reserva.

Y ahora que hablamos de semejantes ciudades, bueno será que, paraconcluir, busquemos en su seno cierto interesantísimo tipo que desde elexordio os tengo anunciado.—Aludo á la emparedada, último ejemplarde esta galería.

CAPÍTULO VI

LA EMPAREDADA

Estamos en cualquiera de aquellas ciudades ó grandes villas dependientesde Granada que tanto figuran en la historia de su antiguo reino; queconservan bastantes casas solariegas; que son cabezas de partidojudicial; que pagan á hacendados forasteros la mitad del trigo queproducen; que están llenas de mozalbetes ociosos y aburridos; queagonizan devoradas por las gabelas; que se comunican rara vez con lacapital, y cuyo vecindario escogido se reduce á algunos (pocos) ricosterratenientes (gracias á la desamortización), á los administradores deausentes títulos, á este ó aquel arrendatario desahogado, á media docenade prestamistas, á los correspondientes curiales, á varios médicos,abogados y boticarios, á cierto número de comerciantes procedentes deCataluña ó de Santander, á todo el clero preciso, á varios militares ensituación pasiva, al jefe de la Guardia civil, al de Carabineros, si laescena es en la costa, á tal ó cual mayorazgo sin vínculo, y á tres ócuatro empleados del Gobierno.

Todos ellos representan por igual la aristocracia del vecindario.—La clase media se compone de los artesanos, de los rústicos que viven concierta holgura, y de todos los que, pagando alguna contribución directa,jamás usaron sombrero de copa.—Constituyen, en fin, la clase baja losjornaleros, los verdaderamente campesinos y todos los indigentes, estoes, lo que en más latas esferas se llama hoy el cuarto estado.—Allísólo se cuentan tres estados, por no existir el primero ó superior.

La mujer sobresaliente que encontramos dentro de estas aletargadasciudades; la que resume, á nuestro juicio, el espíritu de sus costumbresy el carácter de su poesía; la que no se parece á ninguna de la capitalni de los campos, es cualquiera de las dos ó tres más distinguidasseñoritas de la mencionada relativa aristocracia; la hija de tal ó cualusurero ó espetadísimo señor, montado á la antigua española; la EugeniaGrandet, en fin, de aquellas poblaciones

medio

agarenas,

mediomilenarias,

tan

diferentes de las que riega el Loira.

Y ésta va á ser ahora nuestra gentil protagonista.

Para mejor estudiarla, imaginémonos á un joven enamorado de ella, yllamémosle Fidel.

La deidad, que es una mozárabe de ojos azules, ó una mudéjar de ojosnegros, triste y descolorida en ambos casos como planta sin sol,elegante por naturaleza y por casualidad, y á quien llamaremos Amparo,habita un caserón antiguo, que da nombre á una calle ó plazoletilla pocopasajera, donde la hierba campa por su respeto. Este caserón tiene uninmenso portal, un enorme escudo de armas sobre la puerta, grandesbalcones con guardapolvos, rejas bajas que no se abren nunca, algunosventanuchos á un callejón, y su correspondiente puerta falsa.

Fidel pasa todos los días un par de veces (y no más, á fin de no avispará la familia) por la calle ó plazuela herbosa (siempre con el notorio motivo de ir á alguna otra parte), y ve la cabeza de la emparedada durante dos segundos, detrás de un determinado cristal de un determinadobalcón. Es todo lo que ha podido penetrar (desde hace tres años queprincipió esta novela) en la vida interior de la joven; todo lo que sabede su casa, de sus hábitos, de su carácter, de sus gustos, de susmuebles y de cuanto hace, dice y piensa en el resto del día. Vive, pues,el pobre enamorado cavilando en los misterios que guardan aquellasparedes, y envidiando á la criada de Amparo, sólo porque oye hablar,porque ve comer, porque ve dormir, porque conoce al dedillo, en suma, ála esfinge de su existencia.

La esfinge sospecha que Fidel la ama, y á ella no le disgusta Fidel, elcual, tan apasionado se halla, que ni siquiera admite la posibilidad desu dicha. Fidel no le ha hablado nunca; pero la saluda con los ojoscuando la ve sola detrás del cristal, y ella le contesta del mismomodo..... (Él cree que por pura cortesía.)

Ella sabe bien cómo se llaman él y toda su parentela: los padres deambos son íntimos amigos, y hasta creemos que se hablan de tú.—Él sabede ella lo mismo (lo que sabe el padrón), y hasta podríamos jurar queconversa en la plaza con su padre y que tutea á sus hermanos. Sinembargo, ella es para él un ser diferente de todos los nacidos. Ella esfantástica, inmortal, divina, superior á su padre y á su madre.—A éstosles tiembla, es verdad; pero los desprecia soberanamente. ¡Y sushermanitos son unos bárbaros, pues que la tratan como á una igual! ¡Éllos envidia, les adula y los detesta!

Pero

vamos

al

asunto.—« ¿Cómo

hablarle? »—se

pregunta continuamenteFidel.

En casas como la de Amparo no se concibe la visita de un mozuelo. (Losárabes dejaron establecida jurisprudencia.) Allí sólo entra algunaseñora de cumplido, á las doce del día, los domingos y fiestas deguardar. Los caballeros, en la calle, se tratan con llaneza, ¡condemasiada llaneza! Pero á las señoras se las trata, y ellas se tratanentre sí, con cancilleresca ceremonia.

Escribirle..... fuera jugar el todo..... por la nada, y además unaimpertinencia de marca mayor.

La criada..... sería contraproducentem.

—« ¡Presentado! .....»—dirá algún madrileño.

¿Qué es presentar donde todos se conocen?—¡El padre de

Amparo

letutea

á

Fidel,

sin

necesidad

de

presentaciones!—¡Ya se guardará elrapaz de meterse en semejantes dibujos!

Por otra parte, ella no sale nunca sino á misa de diez, y eso..... consu mamá, que es mucho más austera que su papá.—Pero, en fin, va ámisa.....

—«¡Oh sublimidad del Catolicismo! (piensa Fidel).

¡Merced á sus leyes,puedo verla media hora seguida todos los días de precepto!—¿Por quélos habrán reducido últimamente?»

Sí; la ve durante treinta minutos; pero ¿cómo la ve? A media luz, con unespeso velo echado sobre el rostro, de perfil, de rodillas, con los ojosclavados en el libro.....