Viaje al Río de la Plata y Paraguay by Ulrich Schmidel - HTML preview

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VIAGE

AL

RIO DE LA PLATA

Y

PARAGUAY,

POR

ULDERICO SCHMIDEL.

BUENOS-AIRES.

IMPRENTA DEL ESTADO.

1836.

CAPITULO: I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII, IX, X, XI, XII,

XIII, XIV, XV, XVI, XVII, XVIII, XIX, XX, XXI, XXII,

XXIII, XXIV, XXV, XXVI, XXVII, XXVIII, XXIX, XXX,

XXXI, XXXII, XXXIII, XXXIV, XXXV, XXXVI, XXXVII,

XXXVIII, XXXIX, XL, XLI, XLII, XLIII, XLIV, XLV,

XLVI, XLVII, XLVIII, XLIX, L, LI, LII, LIII, LIV, LV.

EPILOGO.

INDICE DE LA MATERIAS CONTENIDAS EN EL

VIAGE DE ULDERICO SCHMIDEL AL RIO DE LA

PLATA.

INDICE DE LAS OBRAS CONTENIDAS EN EL TERCER

TOMO.

NOTICIAS BIOGRAFICAS DE ULDERICO SCHMIDEL.

El autor del diario que reproducimos en nuestra coleccion, era unnatural de Straubing, en Baviera, donde nació á principios del sigloXVI. Hallábase en Amberes, cuando se hacian en España los aprestos de unarmamento considerable, destinado á la colonizacion y conquista del Riode la Plata. Jóven y entusiasta, resolvió pasar á Cádiz, punto dereunion de los que debian tomar parto en esta hazaña.

Catorce buques de varias dimensiones, llevando á bordo una fuerza de2,500 Españoles, y de 150 Alemanes, estaban al punto de alzar el anclapara entregarse á los azares de una navegacion desconocida. Un rajo deesperanza, pintado en todos los rostros, alumbraba esta escena magníficade actividad y heroismo.

D. Pedro de Mendoza, que se habia distinguido en las guerras de Italia,peleando al lado del Condestable de Borbon, era el alma de esta empresa,en la que se alistó Schmidel como soldado, sin preveer que seria suhistoriador.

El 24 de Agosto del año de 1534 dejó la escuadra la rada de Cádiz, ypasó á la de San Lucar, de donde zarpó el 1.º de Setiembre. En pocosdias llegó á las Canarias, último eslabon del mundo antiguo, y colocadascomo una atalaya en las vastas soledades del Océano. Un furiosohuracan, que se formó á la vista de las islas, dispersó el convoy, sincausarle mas daño que el de detenerlo en su ruta. Volvió á juntarse enSantiago, la principal de las islas de Cabo Verde, y navegando con rumboal oeste, arribaron al Janeiro despues de una penosa travesía.

Los gefes de la expedicion dejaron en este puerto una huella sangrientade su aparicion, matando á puñaladas á Juan Osorio, recien elevado á ladignidad de lugar teniente del ejército. Este crímen, misterioso en suorígen, descubrió desde luego la índole feroz de los compañeros deMendoza, de la que dieron repetidas pruebas en adelante.

Del Janeiro pasaron al Rio de la Plata, que aun conservaba su antiguonombre de Paraná-guazú; y fondearon en la isla de San Gabriel, que erael puerto militar de los españoles en la primera época de la conquista.Ninguna resistencia le opusieron los Charrúas, que fueron tan osados éinhumanos con Solís: no porque hubiesen dejado de serlo, sino por elmiedo que les inspiró

la

vista

de

tantos

buques

y

de

sus

numerososcombatientes.

¡Cuan distinta fué la acogida que les hicieron los Querandís, moradoresy dueños de los fértiles campos en donde se fundó BUENOS AIRES! Sin masrecursos que sus bolas y dardos, que arrojaban con un acierto admirable,defendieron sus hogares contra los que habian triunfado de los ejércitosmas aguerridos de Europa, y que los atacaban con toda la superioridad desu disciplina militar y de sus armas. En uno de estos ataques, de quehabla Schmidel como testigo ocular, perecieron varios gefes, y el mismoAlmirante de la escuadra, D. Diego de Mendoza, hermano del Adelantado.

Entretanto el ejército, cercado y hostigado por todas partes, se hallóexpuesto á las mayores privaciones; y si no es exagerado el cuadro quehace Schmidel de los efectos del hambre, pocas veces fueron masterribles sus estragos. Baste decir que en una reseña que pasó D. Pedrode Mendoza en el fuerte recien edificado de Buenos Aires, halló apenas563 individuos, de los 2,650 que habia traido de España:—"los demashabian muerto (son palabras del historiador), y la mayor parte dehambre!"

Schmidel, que salvó de tantos amagos, acompañó á Oyolas en unaexpedicion al Paraná y Paraguay. El cómputo que hace de las fuerzas deaquellas tribus es asombroso, y se le podria creer exagerado, si el quelo hace no se hubiese mostrado tan cuerdo en sus demas detalles. Todosellos tienen el interes que inspira ese gran drama de la conquista delNuevo Mundo, bosquejado por uno de sus actores. ¿Quien no preferirá laingenua relacion del que concurrió á la fundacion de Buenos Aires y laAsumpcion, á las páginas mas elocuentes de los modernos historiadores?

Es de sentir que su ningun conocimiento de los idiomas que se hablabanen las colónias, le haya hecho corromper casi todos los nombres, hastahacerlos ininteligibles; sin ahorrar siquiera las palabras castellanas,que no siempre es posible descifrar, por mas que se procure indagar susentido. Este defecto no debe imputarse tan solo al autor, sino tambiená los que trabajaron sobre el texto aleman, latinizando á su modo losnombres propios, incluso el del autor, que transformaron en Faber, ó Fabro, traduccion literal de Schmidel. El primero que lo ejecutó fuéGotardo Arthus, cuya version insertó De Bry en la 7.ma part. de sugran Coleccion de viages: y tan imperfecta pareció á Levino Hulsiocuando la confrontó con el original, que se decidió á emprender otratraduccion, la que publicó en Nuremberg, en 1599; agregándole el retratodel autor, con varias láminas de frutas y animales del Paraguay, y dosmapas, una de la América del norte, y la otra del sud, que aunqueincorrectas, no dejan de tener algun mérito por la época en queaparecieron.

De estas versiones se valió D. Gabriel Cárdenas para el epítome quepublicó en 1731, y que reprodujo Barcia en el III tomo de sus Historiadores primitivos de las Indias Occidentales.

A pesar de las notas y del índice con que acompañó su publicacion, nologró ilustrarla, y solo podrá conseguirlo el que consulte el texto, loque hubieramos hecho si lo hubiésemos encontrado.Pero, de todas las obras que tratan de la conquista del Rio de la Plata, la de Schmidel esla mas rara, casi puede tenerse por irreperible.

Para sacar algun provecho de nuestra reimpresion, hemos emendado algunaspalabras, cuya equivocacion era evidente: como, p. e., Zechurvas porCharrúas; Carendies por Querandís; Aigais por Agaces; Salvascho por Salazar; Luchsan por Lujan; Richkel por Riquelme; Dabero porTabaré; Gratio Amiego por Garcia Vanegas; palmele por palometa; cardés y tardés, por cardos y dardos, etc.:—y hubiéramos multiplicadoestas correcciones si no nos hubiese detenido el temor de enredar mas eltexto de un escritor, cuyo diario es el primer monumento de nuestrahistoria, y la única fuente en que deben beber los que se proponenseguir los primeros pasos de los europeos en estas remotas regiones.

Los juicios de Schmidel se resienten á veces del espíritu que reinabaentonces en los conquistadores todos divididos en bandos yparcialidades; y el fallo que pronuncia sobre la conducta del AdelantadoCabeza de Vaca, nombre ilustre en los anales de la conquista, no está deacuerdo con los hechos que nos han transmitido otros historiadorescontemporaneos. Pero, prescindiendo de estos lunares, que todo lectorprudente puede discernir, merecen crédito los datos que ha recogido; ysolo la mencion que hace de tantos lugares, tribus, costumbres yacontecimientos, ha podido preservarlos del olvido, que ha devoradomuchas otras memorias.

Sea que fuese dotado de una imaginacion mas templada ó de un juicio masmaduro; sea que, desconfiando de lo que otros decian, se ciñeae áreferir lo que él mismo observaba, cierto es que se le debe considerarcomo el escritor mas circunspecto de su época.

El idioma aleman, de que se valió para redactar sus apuntes, y el latinen que fueron reproducidos, no eran los mas á propósito parageneralizarlos: así es que por cerca de dos siglos quedaron[Página 1] ignorados.Tambien contribuyó á este abandono el poco caso que hacian los españolesde sus establecimientos en paises desprovistos de minas: su explotacionfué por mucho tiempo el objeto exclusivo de la administracion de suscolónias; y tan general era el prestigio que egercian en el públicoestos ricos productos, que pervertió hasta el juicio de loshistoriadores, cuya admiracion se concentró en los conquistadores delPerú y de Méjico.

Sin embargo, ni fueron menores los riesgos, ni menos heróicos lossacrificios de los que invadieron los demas puntos de América: y paraponderar lo que costó la ocupacion del Paraguay, basta seguir á Schmidelen la rápida pero magistral ojeada que dá sobre los veinte años que pasóen el Nuevo Mundo,

rodeado

de

pueblos

indómitos

y

de

una

naturalezasalvage.

Cansado de tantos trabajos, solicitó y obtuvo licencia de volver á supatria; y escoltado por veinte indios Cários, ó Guaranís, único frutode su larga peregrinacion en América, atravesó el Guaira, para llegarmas pronto á San Vicente, donde esperaba hallar un buque para Europa.Este camino, que no conservaba mas huellas que las de Cabeza de Vaca,sobre ser impraticable por las asperezas del terreno, era defendido porenjambres de salvages que se anidaban en sus dilatados é impenetrablesbosques. Poblaciones enteras salieron á disputarle el paso, y á todasopuso una valerosa resistencia, segundado por sus fieles compañeros, queá pesar de ser indios, defendieron á un europeo. Por fin llegó altérmino suspirado de su viage, y tomó asiento en un buque portugues quelo llevó á Lisboa.

Encargado por el Gobernador Martinez de Irala de poner en manos del Reyun parte detallado de las principales ocurrencias de su administracion,pasó á Sevilla, en donde se hallaba á la sazon el Emperador Carlos V: yen la audiencia que le concedió aquel soberano, agregó verbalmente otrasnoticias á las que contenia el informe de Irala. Este documento, muyimportante para la história de nuestras provincias, si no se extravió[2]en poder del Rey, deberia hallarse en Sevilla ó Simancas, en el fárragode papeles hacinados en sus archivos.

Libre ya Schmidel de todos sus compromisos, se embarcó para Amberes, dedonde se restituyó al seno de su familia al cabo de veinte años deausencia.

PEDRO DE ANGELIS.

Buenos Aires, 16 de Setiembre de 1836. [3]

VIAGE AL RIO DE LA PLATA.

CAPITULO I.

De la navegacion de Amberes á España.

El año de 1534, salí de Amberes embarcado para España; llegué á Cádiz en14 dias, navegando 480 leguas, y ví en la costa una ballena de 35 pasos,de cuyo aceite se lleñaron 30 toneles.

Habia en el puerto 14 naviosgrandes prevenidos para ir al Rio de la Plata, 2,500 españoles y 150alemanes, flamencos y sajones, con su Capitan General, D. Pedro deMendoza, y 72 caballos é yeguas. Uno de estos navios era de SebastianNoarto y Jacobo Belzar, en que iba Enrique Peyne, su factor, conmercaderias al Rio de la Plata, en el cual me embarqué con cerca de 80alemanes y flamencos, bien armados. Salimos del puerto el dia de SanBartolomé, de 1534, con la armada, y llegamos á San Lucar, que dista 20leguas de Sevilla, donde nos detuvimos por lo tormentoso del mar.

CAPITULO II.

De la navegacion desde España á las Canarias.

A primero de Setiembre, sosegado el tiempo, salimos de San Lucar, yllegamos á tres islas no muy distantes entre sí, llamadas[4] Tenerife,Gomera y Palma, que distan de San Lucar 200 leguas[1]; muy abundantes deazucar: allí se dividió la armada.

Habitan estas islas españoles con susmugeres é hijos, y son del dominio del Rey. Estuvimos cuatro semanas contres naves en la Palma, proveyéndonos de vituallas, hasta que vino órdende D.

Pedro de Mendoza para proseguir viage. Estaba en nuestra nave unpariente de D. Pedro, llamado D. Jorge de Mendoza, que se habiaenamorado de la hija de un vecino de la Palma: pues habiendo el últimodia levado anclas, salió á tierra D. Jorge con doce compañeros, acercade las doce de la noche, y la robaron, trayéndola á la nave con unacriada, sus vestidos, joyas y dinero; y ocultamente la metieron ennuestro navio, sin que el capitan Enrique Peyne supiese nada. Solo loadvirtieron las centinelas, que lo habian visto.

Empezamos á navegar por la mañana, y á las dos ó tres leguas de viage,entró tan recio temporal que nos volvimos al puerto y echamos lasanclas. Enrique Peyne fué en el bote á tierra, y queriendo tomarla, vió30 hombres armados con escopetas y espadas, que querian prenderle: yconociéndolo sus marineros, le instaron á que no saliese á tierra.Procuró volverse á toda prisa, aunque menos de la que él quisiera,porque le seguian en navichuelos los de tierra, amenazándole. Al fin selibró de ellos en otra nave mas cercana á tierra.

Viendo los Canarios que no podian cogerle, hicieron tocar á rebato, ytrageron dos tiros, que dispararon cuatro veces contra el navio mascercano. El primero hizo pedazos una olla de agua, de cuatro ó cincoarrobas; el segundo quebró el último árbol de la nave; el tercero hizoun agujero grande en el costado, y mató á un hombre, y aunque erraron elcuarto, quedó muy maltratada la nave.

Estaba surto en el puerto otro capitan que iba á Méjico, y él en tierracon 150 hombres: el cual, habiendo sabido el robo de la muger, procurabala paz entre nosotros y los de la ciudad, con que se les entregasen D.Jorge de Mendoza, la hija y la criada; y habiendo entrado el capitanPeyne y el gobernador de la isla en nuestro navio para egecutar lopactado, D. Jorge les dijo, que aquella era su muger, y ella que sumarido; y al punto se desposaron con gran dolor y tristeza del padre dela muchacha.

[5]

CAPITULO III.

De la navegacion desde la Palma hácia las islas Verdes ó Hespérides, que llaman tambien de Cabo Verde.

Dejó el capitan á D. Jorge en tierra con su muger, y reparado el naviocomo se pudo, navegamos á la isla de Santiago, sugeta al Rey dePortugal, á quien obedecen los negros: y dista de la Palma 200 leguas.Allí estuvimos cinco dias, y proveimos nuevamente nuestro navio de pan,carne, agua y otras vituallas, y cosas necesarias á los navegantes.

CAPITULO IV.

De la navegacion desde las islas Verdes hácia el Brasil.

Volviéronse á juntar los 14 navios de toda la armada, y empezó ánavegar; y al cabo de dos meses llegó á una isla despoblada de seisleguas de ancho y largo, distante 500 leguas de Santiago,[2] en quesolamente habia pájaros, pero en tanta multitud, que los matabamos ápalos: estuvimos en ella tres dias.

Hay en este mar peces que vuelan,ballenas y otros que se llaman Schunbhut,[3] por un gran redondel quetiene cerca de la cabeza, con que dañan mucho á los pescados con quienespelean: es pez grande, de mucha fuerza, y que fácilmente se irrita.Tambien hay en este mar peces espadas, que tienen en el hocico unhueso á modo de cuchillo; peces sierras, que le tienen á modo desierra, y otros de varios géneros muy grandes.

CAPITULO V.

Del rio llamado Janero.

Llegamos despues á cierta isla llamada Rio Janero, donde los[6] francesespoblaron el año de 1555 (entonces y ahora, del Rey de Portugal). Distade la primera 200 leguas: llaman á sus indios Tupís. Aquí estuvimos 14dias, y entonces nuestro General, D. Pedro de Mendoza, por estarcontinuamente enfermo, encogido de nervios y muy débil, nombró por suteniente á Juan Osorio,[4] su hermano. Pero, poco despues de haberaceptado el cargo, fué acusado de rebelion contra Mendoza: por lo cual,mandó á cuatro capitanes, que fueron; Juan de Oyolas, Juan Salazar,Jorge Lujan y Lázaro Salazar, le matasen á puñaladas y le sacasen á laplaza, para que todos le viesen muerto por traidor: y publicó bando conpena de muerte, para que ninguno se alborotase por causa de Osorio,porque le sucederia lo mismo que á él. En lo cual se procedió sin motivojusto, porque Osorio era bueno, íntegro, fuerte soldado, oficioso,liberal y muy querido de sus compañeros.

CAPITULO VI.

Del Rio de la Plata ó Paraná; el puerto de San Gabriel y los Charrúas.

De aquí partimos á buscar el Rio de la Plata[5], y llegamos á otro riodulce, que llaman Paraná-guazú: está lejos este de la boca en que cae almar, y tiene 42 leguas de ancho. Desde el Rio Janero á él hay 215leguas. Aquí llegamos al puerto de San Gabriel: ancoraron los 14 naviosen el rio Paraná, y porque estaban distantes un tiro de bala, mandó elGeneral D. Pedro de Mendoza, que saliésemos los soldados y demas gente átierra, en los botes prevenidos para este efecto. Así llegamosfelizmente al Rio de la Plata el año de 1535, y hallamos allí un pueblode indios de los que habia 2,000, llamados Charrúas, que no tienen mascomida que pesca y caza, y andan todos desnudos. Las mugeres solo traenun paño delgado de algodon, desde la cintura á las rodillas. Todoshuyeron al vernos, con sus mugeres y sus hijos; y Mendoza mandóvolviésemos[7] á embarcarnos para pasar á la otra parte del rio, que notenia por allí mas anchura que ocho leguas.

CAPITULO VII.

De la ciudad de Buenos Aires y de los indios Querandíes.

En este sitio hicimos una ciudad, á la que llamamos Buenos Aires,[6] porlo saludables que eran los que allí corrian. Hallamos en esta tierraotro pueblo de casi 3,000 indios llamados Querandíes, con sus mugeres éhijos que andan como los Charrúas: nos trajeron carne y pescado. EstosQuerandíes no tienen morada fija; vagan por la tierra como gitanos.Cuando caminan en verano (que suele ser á mas de 30 leguas), sino hallanagua, ó la raiz de los cardos, que comida quita la sed, matan el ciervoó la fiera que encuentran, y beben la sangre; y sino lo hicieran, acasomurieran de sed. Catorce dias trajeron peces y carne al real, y porquefaltaron uno, envió Mendoza á Ruiz Galan, juez, y otros dos soldados áellos (que estaban á cuatro leguas). Pero los indios los maltrataron yvolvieron al real con tres heridos.

Viendo Mendoza esto, y que Galan se mantenia con la gente, envió á suhermano, D. Diego de Mendoza, con 300 soldados y 30 buenos caballos(entre los cuales iba yo): mandándole, que tomando el pueblo de losindios, los prendiese ó matase á todos.

Pero cuando llegamos ya tenian4,000 indios de sus amigos y familiares, de socorro.

CAPITULO VIII.

De la batalla con los indios Querandíes.

Queriendo atropellarlos, nos resistieron; peleando tan

[8]furiosamente,que dieron muerte á D. Diego de Mendoza, á 6

hidalgos, y á cerca de 20soldados, de á pié y á caballo. De los indios murieron cerca de 1,000.Pelearon fuerte y animosamente con sus arcos, y dardos, género delancilla, á modo de media lanza, con punta de pedernal aguzado, y trespuntas en forma de trisulco. Tienen unas bolas de piedra, atadas á uncordel largo, como las nuestras de artilleria[7]: échanlas á los pies delos caballos (ó de los ciervos cuando cazan), hasta hacerlos caer; y conestas bolas mataron á nuestro capitan y á los hidalgos referidos; y álos de á pié, con sus dardos: lo cual ví yo. Pero, no obstante suresistencia, los vencimos y entramos á su pueblo, aunque no podimoscoger vivo ninguno, ni aun mugeres y niños, porque antes de llegar loshabian llevado á otro lugar. En el pueblo hallamos pieles de nutrias,mucho pescado, harina y manteca de peces. Detuvímonos tres dias en él, yvolvimos al real, dejando allí cien hombres, que en el interin pescasencon las redes de los indios para abastecer la gente; porque aquellasaguas son maravillosamente abundantes de pescado. Repartíase paracomida, á cada uno, tres onzas de harina, y cada tres dias, un pez; y siqueria mas, habia de ir á pescarlo cuatro leguas de allí: duró estapesca dos meses.

CAPITULO IX.

De la poblacion de Buenos Aires, y hambre que se padecia.

Vueltos á nuestro real, fué dividida la gente para la obra de la ciudady la guerra, aplicando á cada uno á oficio conveniente.

Empezó áedificarse la ciudad, y á levantarse al rededor una cerca de tierra detres pies de ancho, y una lanza de alto; pero lo que se hacia hoy secaia mañana: y dentro de ella una casa fuerte para el Gobernador.Padecian todos tan gran miseria que muchos morian de hambre, ni eranbastantes á remediarla los caballos.

Aumentaba esta angustia haber yafaltado los gatos, ratones, culebras y otros animalejos inmundos con quesolian templarla, y se comieron hasta los zapatos y otros cueros.Entonces fué cuando tres españoles se comieron secretamente un caballoque habian

hurtado:

y

habiéndose

sabido,[9]

confesaron

atormentados elhurto, y fueron ahorcados; y por la noche fueron otros tres españoles, yles cortaron los muslos y otros pedazos de carne, por no morir dehambre. Otro español, habiendo fallecido un hermano suyo, se lecomió.[8]

CAPITULO X.

De la navegacion de algunos por el Rio la Plata arriba.

Viendo el Gobernador que la gente no podia mantenerse allí, mandó armarcuatro bergantines con 40 hombres cada uno, y tres botes ó embarcacionesmenores, y juntar el pueblo y á Jorge Lujan, que con 350 hombres subiesepor el rio arriba á reconocer los indios y buscar bastimento. Pero losindios habiéndonos sentido, quemaron con sus pueblos toda la comida ycuanto podia servirnos de alivio, y se huyeron: sin embargo tragimos áBuenos Aires alguna poca, que se nos repartia á onza y media de pan deracion; mas como era tan corta, murió de hambre la mitad de la gente eneste viage. Admiróse el General de ver tan poca gente, hasta que supolos motivos referidos que le contó Jorge Lujan.

CAPITULO XI.

Del sitio, toma y quema de la ciudad de Buenos Aires.

Estuvimos juntos un mes en Buenos Aires, con gran necesidad, esperandose previniesen las naves: en cuyo intermedio se pusieron sobre la ciudad23,000 indios valientes, cuyo número componian las cuatro nacionesQuerandíes, Bartenes, Charrúas y Timbúes, con intencion de acabarnos.Unos envistieron á la ciudad para entrarla, otros arrojaban flechas decañas encendidas sobre las casas, que cuyos techos estaban[10]

cubiertas depaja, excepto la del General que era de piedra, y lograron quemarenteramente toda la ciudad. Disparadas las flechas, empiecen áencenderse por la punta, y encendidas y arrojadas, no se apagan, antesqueman las casas en que pegan, y abrasan lo que tocan.

Tambien nos quemaron en esta funcion los indios cuatro navios grandes,que estaban en el mar á media legua del puerto; y la gente de ellos,viendo el gran tumulto de indios, se pasó á otros tres que no estabanlejos, y se hallaban abastecidos de bombardas. Previniéronse á ladefensa, y viendo quemarse las cuatro naves, dispararon tantas balascontra los indios que iban á quemarlos, que temiendo las violencias delos tiros, se retiraron; dejando en quietud á los cristianos, de loscuales murieron, en estos trances, un alferez y treinta mas. Estosucedió el dia de San Juan Evangelista, de 1535.

CAPITULO XII.

Hácese reseña de la gente, y se fabrican náos para pasar adelante.

Pasado lo referido, se metió toda la gente en las naves, y el AdelantadoD. Pedro de Mendoza nombró á Juan de Oyolas por Capitan general, con elgobierno universal del pueblo. Pasó revista, y solo halló 560 españoles,de 2,500 que habian salido de España: los demas habian muerto, y lamayor parte de hambre.

Mandó Oyolas fabricar prontamente ocho bergantines y algunos botes, ydejando 160 españoles en guarda de los cuatro navios grandes, y por sucapitan á Juan Romero, con racion de un cuarteron de pan para un año, yque si mas quisiesen, lo buscasen, se embarcó con 400 hombres.

CAPITULO XIII.

Como subieron navegando por el rio Paraná ó de la Plata, con los 400 soldados.

Llevó Juan de Oyolas con los 400 soldados al Adelantado

[11]D. Pedro deMendoza: navegó en los bergantines y las embarcaciones pequeñas por elrio Paraná arriba, y á los dos meses, á distancia de 84 leguas, dimoscon pueblos de indios, que á cuatro leguas conocieron nuestra llegada:llámanlos Timbúes, y nosotros Buena Esperanza. Vinieron de paz cercade 400, que habitan una isla, en canoas, que en cada una cabrán 16indios, y nos recibieron muy bien. D. Pedro de Mendoza dió al caciqueque los indios llamaban Chera-guazú, una camisa, un bonete colorado, unahoz y otras cosillas; que las tomó gustoso y nos llevó á su pueblo, ynos dió caza y pesca en abundancia, de que recibimos grande contento;porque si el viage hubiera durado diez dias mas, todos hubiéramosperecido de hambre, como habia sucedido á 50 de los embarcados. Estosindios Timbúes traen, en ambos lados de la nariz, embutida unaestrellita de piedra blanca y azul: son grandes y altos; las indias,mozas y viejas, feísimas; las caras heridas y sangrientas, y desnudas,excepto un paño de algodon que las cubre desde la cintura á lasrodillas. No tienen estos pueblos, ni han tenido jamas otra comida quecaza y pesca: serán 15,000 indios de guerra ó mas. Sus canoas son deárboles de 80 pies de largo y tres de ancho, y las navegan con remos(sin yerro), al modo de los pescadores de Alemania.

CAPITULO XIV.

Volviendo á España D. Pedro de Mendoza, muere en el viage.

Cuatro años estuvimos en aquel pueblo, pero nuestro Adelantado D. Pedrode Mendoza[9], se hallaba tan enfermo que no podia mover pié ni mano:por lo cual, así como por haber gastado mas de 40,000 ducados efectivosen esta jornada, se volvió á Buenos Aires en dos de los cuatrobergantines, con 50

soldados, y desde allí á España: donde no llegó, porhaber muerto miserablemente á la mitad del camino; y en su testamentomandó se enviase mas gente al Rio de la Plata, con bastimentos,mercaderias y otras cosas necesarias, como lo habia ofrecido antes departir. Y habiendo llegado á España los dos bergantines, enviaron losministros del Rey dos barcadas de gente, con lo demas que habiandispuesto.

[12]

CAPITULO XV.

Alonso Cabrera es enviado desde España al Rio de la Plata.

Iba por capitan de estos dos navios Alonso Cabrera,[10] que traia 200españoles y bastimento para dos años. Llegó á Buenos Aires, donde aunestaban los 100 hombres que dejamos el año de 1539.

Pasó despues á laisla de los Timbúes; dispuso con Juan de Oyolas despachase un navio áEspaña, segun la órden que traia del Consejo de Indias, con relacioncopiosa de la calidad de estas tierras y gentes, sus pueblos y otrascircunstancias. Púsose Juan de Oyolas de acuerdo con Alonso Cabrera,Domingo Martinez de Irala y los demas capitanes, para pasar muestra, yse halló tener

550

soldados,

incluidos

los

que

habian

llegadonuevamente: resolvieron dejar 150 en los Timbúes, (porque no cabian enlas naves), y por su capitan y gobernador á Carlos Dubrin, que habiasido page del Rey.

CAPITULO XVI.

Prosiguen la navegacion al rio Paraná arriba, hácia Coronda.

En ocho bergantines metieron los 400 hombres restantes, y salimos delpuerto de Buena Esperanza, rio Paraná arriba: buscamos otro rio, que sellamaba Paraguay, de que teniamos noticia, y cuyas riberas estabanpobladas de indios Cários, con abundancia de maiz, manzanas y raices (deque hacian vino), de peces, carne, ovejas, tan grandes como mulos, deciervos, puercos, avestruces, gallinas y ganzos, de que se tratará en elcap. 20. Habiendo navegado cuatro leguas, llegamos el primer dia á lanacion Coronda. Sus indios son altos, y traen cerca de las narices unaspiedrecillas, y las indias andan como las que ya se ha dicho. Sonsemejantes á los Timbúes, y habitarán estas islas hasta 12,000 deguerra: mantiénense de caza y pesca. Tienen gran abundancia de[13] pielesde nutrias: rescataron de todo lo que tenian, por cuentas, vidrios,espejos, peines, cuchillos y anzuelos. Allí estuvimos dos dias, y nosdieron dos indios Cários que habian cautivado, para que nos serviesen deguias é intérpretes.

CAPITULO XVII.

Llegamos á los Galgaisi y Macurendas.

Proseguimos nuestro viage; llegamos á otra nacion llamada Galgaisi,[11] que podia poner 40,000 indios de guerra.

Traen tambiensus indios dos piedrecillas junto á la nariz, como los Corondas; y sonde la misma lengua que los Timbúes: distan 30 leguas de su isla. Habitansus indios en la orilla de una laguna de seis leguas de largo y cuatrode ancho, situada á la izquierda del rio Paraná. Allí estuvimos cuatrodias, en los cuales nos regalaron los indios con lo que tenian, y loscorrespondimos.

Despues no hallamos indios en 18 dias, y llegados al rioque corre por la misma tierra, encontramos gran número de ellos juntos,llamados Macurendas[12]. Estos no tienen mas comida que pescados ypoca caza; y habrá 18,000 de guerra, con gran número de canoas.Recibiéronnos, segun su costumbre, de paz, y nos dieron de lo que tenianliberalmente. Habitan á la derecha del rio Paraná: tienen diversa lenguade los antecedentes; son altos y de buena proporcion, y sus mugeresfeísimas. En cuatro dias que estuvimos allí, hallamos en tierra cerca dela orilla, una grandisima y monstruosa serpiente de 45 pies de largo,del grueso de un hombre: negra, con pintas leonadas y rojas,[13] de quelos indios se admiraron por no haberla visto mayor: matámosla de unbalazo. Decian los indios que les habia hecho grandes daños; porquecuando se bañaban, esta y otras de su especie, les rodeaban el cuerpocon la cola, y hundiéndolos en el agua, sin saber los indios lo[14] que lessucedia, se los comian.

Medí esta serpiente con mucho cuidado, ydividida despues por los indios en pedazos, se la llevaron á sus casas,y se la comieron cocida y asada.

CAPITULO XVIII.

De como llegamos á los Zemais Salvaiscos, y Mepenes.

Volvimos á embarcarnos, y á los cuatro dias, navegadas 16

leguas,llegamos á la nacion llamada Zemais Salvaiscos[14]; sus indios sonpequeños y gordos: se sustentan de pesca, caza y miel.

Andan todosdesnudos hombres y mugeres: tienen guerra con los Macurendas. Habiacinco dias que estaban al rio á pescar, y á hacer guerra á sus enemigos,porque ellos viven 20 leguas de tierra adentro, por no ser sorprendidos:andan al modo de nuestros ladrones. Tienen 2,000 indios de guerra; y portener poco bastimento solo estuvimos un dia con ellos. La carne quecomen es de ciervos, puercos, avestruces y conejos, que, excepto en lacola, se parecen á los gatos.

De aquí navegamos á los indios Mepenes, que viven esparcidos, ocupando40 leguas de país en cuadro, y pueden juntarse por mar y tierra en dosdias, 10,000 indios de guerra; y es mayor el número de canoas, de lascuales en cada una, caben 20 indios. Este pueblo nos recibió de guerracon 500 canoas: matamos

muchos

indios

con

los

arcabuces,

retirándoseesparcidos una legua de las naves, porque nunca habian visto cristianos.Pasamos á sus casas: no conseguimos nada, porque cerca de su pueblo serezumaban de una legua aguas tan hondas, que ni pudimos seguirlos, nihacer mas que quemarles 250 canoas que les tomamos: y temiendo queenvistiesen nuestras náos, volvimos á ellas. Estos indios Mepenes solopelean en agua, y están de los Zemais Salvaiscos 95 leguas.[15]

CAPITULO XIX.

Del rio Paraguay y de los pueblos Curumias y Agaces.

Proseguimos nuestra navegacion ocho dias, y dimos en un rio, y despuesen el pueblo de los Curumias, que es de muchos indios que se mantienende caza y pesca, y hacen vino de la algarroba,[15]

(que llaman losalemanes joannesbrot). Este pueblo procuró servirnos en todo, y nosdió cuanto necesitábamos con mucho agrado, en tres dias que allíestuvimos. Hombres y mugeres de grandes estaturas: los unos traen en lanariz un agugerillo, en que por galanura se ponen una pluma de papagayo;y las otras se pintan la cara con raices azules, que nunca se quitan, ytraen un paño de algodon desde la cintura á las rodillas. Distan de losMepenes 40 leguas.

De allí fuimos á los Agaces, que tambien se mantienen de caza y pesca.Indios é indias son altos, y estas se pintan y cubren como lasantecedentes. Recibiéronnos de guerras, queriendo estorbarnos el viage;y no pudiendo reducirlos á razon, peleamos con ellos en agua y tierra, ymatamos á muchos: de los nuestros murieron 15. No les tomamos nada,porque al tiempo de pelear habian retirado mugeres é hijos, y escondidolos bastimentos y cuanto tenian. Estos Agaces son obstinados guerrerosen agua, en tierra no. Diremos despues lo que sucedió: su pueblo distade los Curumias 35 leguas. Está situado cerca del rio Jepido,[16] quedel otro lado tiene el rio Paraguay, que baja de las montañas del Perú,cerca de los Xarayes.

CAPITULO XX.

De los pueblos Cários.

Desde estos pueblos pasamos á los de los Cários, que están á 50 leguasde los Agaces, donde hallamos mucho maiz y algodon.[16] Comen los indioslas raices batatas, que saben á manzanas, y la mandioca, que sabe ácastañas, de que hacen cerveza ( mandel-bee-re). Tienen tambien peces,carnes, puercos, avestruces, ovejas indianas, tan grandes como mulos,cabras, gallinas, conejos, y otras cosas de este género. Hay miel enabundancia, de que hacen tambien vino, cociéndola.

Es tan dilatada la tierra habitada por los Cários, que tiene 300

leguasde ancho y largo. Los indios son pequeños y gordos, y mas trabajadoresque los demas. Traen un agugerillo en los labios, y en él un cristalleonado, que llaman en su idioma tembetá, de dos palmos de largo, ydel grueso de un cañon de ganzo: andan desnudos como las indias. Usaseentre ellos vender los padres á las hijas, los maridos á las mugeres, yalgunas veces los hermanos á las hermanas; y el valor de una india esuna camiseta ó cuchillo, ó hocecilla, ó cosa semejante. Comen carne,aunque sea humana, si pueden adquirirla. Matan á los cautivos en guerra,sean hombres ó mugeres, mozos ó viejos, y los asesinan como nosotros lospuercos. Conservan por algunos años una india, recomendable en edad ytraza, pero sino se acomoda á los deseos de todos, la matan y comen enconvite, tan célebre como el de nuestras bodas; mas si dá gusto á todos,y llega á vieja, la guardan hasta que ella se muere. Hacen estos Cáriosmas largos viages que los demas indios del Rio de la Plata. Son ferocesen la guerra, y tienen sus poblaciones y fortalezas cerca del rio, enparages altos.

CAPITULO XXI.

De la ciudad de Lambaré, y como fué sitiada y rendida.

La ciudad de estos indios, que llaman estos moradores Lambaré, estárodeada de dos cercas de palos, del grueso de un hombre, puestos de doceen doce pasos, hincados en la tierra; quedando fuera tanto como laaltura de un hombre con la espada y brazo levantados; y á quince pasostenian hechos fosos y hoyos de tres estados de hondo, cubiertos conramas y tierra, y en medio de cada uno, una lanza fijada, aguda. Esteaparato es para coger á los cristianos, porque dejando Juan de Ayólas 60hombres en guarda de los bergantines,[17] fué en contra la ciudad, enórden, con 300 soldados bien prevenidos, y llegando á un tiro de baladel egército de los indios, que eran 4,000 armados con arcos y flechas,nos enviaron á decir que nos volviésemos á las naves, y nos darianbastimento y lo demas que necesitásemos para volver á nuestra tierracuanto antes. Despreciamos esta oferta, por ser muy á propósito esteprovincia para nosotros, por la abundancia de bastimentos, yespecialmente porque en cuatro años continuos no habiamos comido pan,sino carne y pescado solamente, y muchas veces escasísimamente.Empezaron los Cários á disparar contra nosotros, y no quisimos hacerlesmal, sino darles á entender que queriamos ser sus amigos: no quisieronaquietarse por no haber experimentado nuestras espadas ni los arcabuces.Acercámonos y disparamos la artilleria, á cuyo estruendo y estrago,viendo que caian tantos muertos sin saber de que, y las disformesheridas y agugeros en sus cuerpos, espantados con gran temor, huyerontumultariarmente, cayendo unos sobre otros en los hoyos, mas de 300,dándose gran prisa á meterse en su pueblo.

Sitiamos la ciudad, y se defendieron los indios fuertemente, hasta eltercero dia, matando 16 españoles: pero temiendo el daño de sus mugeresé hijos que tenian consigo, pidieron perdon y las vidas, y se entregaroná nuestra voluntad, ofreciendo hacer lo que les mandásemos, y admitimosla paz. Regalaron al capitan Oyolas con siete indias, la mayor de 18años, y seis ciervos, rogándole que nos quedásemos con ellos. A lossoldados dieron dos indias para que los sirviesen, y comida y otrascosas necesarias: y de este modo quedamos amigos. Entróse al pueblo eldia de la Asumpcion, del año de 1539, y le dimos el nombre del dia, yasí se llama hoy.

CAPITULO XXII.

Hácese un castillo en Lambaré, con el nombre de la Asumpcion; y los Cários, con socorro de los cristianos, van contra los Agaces.

Mandóse despues á los Cários que hiciesen una gran casa de piedra,tierra y madera, para seguridad y defensa de los cristianos, en caso dealzarse los indios. Estuvimos aquí dos meses.[18]

Ofrecieron tambien los Cários ayudarnos en la guerra, y que si eracontra los Agaces, (que distan 30 leguas de ellos, y cerca de 334 de laisla de Buena Esperanza, poblada de Timbúes), que darian 18,000 indios.Con lo cual dispuso nuestro capitan 300

españoles, y bajó con ellos ylos Cários el rio Paraguay 30

leguas, hasta el pueblo de los Agaces, queestaban durmiendo en el sitio que les habiamos dejado. Reconociéronlolos Cários, é improvisamente dieron sobre ellos, entre 3 y 4 de lamañana, y mataron á todos sus enemigos, viejos y mozos, segun lacostumbre que tienen cuando quedan victoriosos.

Tomamos despues cerca de 500 canoas: quemámos todos los pueblos dondellegamos, haciendo otros daños. Al cabo de un mes vinieron algunosAgaces, que no se habian hallado en el estrago por estar lejos de estatierra, pidiendo perdon. El capitan se lo concedió, segun la órden delRey, y los admitió de paz, como debia hacerlo; aunque la pidiesentercera vez, porque solo si se rebelasen despues, quedaban esclavosperpetuos.

CAPITULO XXIII.

Quedan los soldados en la Asumpcion; reconocen el sitio y condicion de la tierra, y suben por el rio mas arriba.

En seis meses que estuvimos en esta ciudad, nos reparamos con laquietud, y en tanto nuestro capitan Oyolas se informó de los Payaguásque están poblados cerco de 100 leguas de la Asumpcion, á las riberasdel rio Paraguay, segun le dijeron los Cários; y que su principalalimento era caza y pesca, y tambien tenian algarroba de que hacianharina que comian junto con el pescado, y vino tan dulce como nuestromosto. Entonces mandó Oyolas cargar cinco navios de maiz, y prevenirlosde todas las cosas necesarias, y dar á los marineros cuanto habianmenester para el buen suceso del viage, que á los dos meses meditaba.Primero queria hacer guerra á los indios Payaguás, y despues á losCaracarás. Asistian á todo los Cários con mucho cuidado y sumision, yprometian obedecer fielmente en todos los puntos las órdenes delcapitan.[19]

Ordenado así lo referido, y prevenida la nave de todo, escogió elcapitan 300 soldados, los mejor armados y compuestos, y dejó 100 en laciudad de la Asumpcion. Navegando siempre rio arriba, á las cinco leguasllegamos á un pueblezuelo, cuyos indios trageron carne, gallinas,ganzos, ovejas y avestruces; y llegando al último pueblo de los Cários,llamado Itatin, distante 80 leguas de la Asumpcion, nos dieron susindios bastimentos y otras cosas con que nos socorrimos.

CAPITULO XXIV.

Del monte de San Fernando y Peyaguás.

De allí llegamos al monte llamado San Fernando, semejante al que llaman Bogemberg[17], y dimos con los indios Payaguás, á 12

leguas de Itatin:recibiéronnos de paz, aunque fingida como se conoció despues,llevándonos á sus casas, y nos regalaron con pescados, carnes,algarrobas, ó Pan de Juan; así estuvimos nueve dias. Hízoles preguntarel capitan si conocian la nacion llamada Xarayes; respondieron quehabian oido; que habitaba lejos en una provincia rica de oro y plata,pero que no habian visto nunca indio alguno de ella: y por relacion deotros, añadian, que eran tan sábios como los cristianos, y que abundabanen maiz, cazabí ó mandioca, mandubís, batatas y otras raices; de carnede ovejas ó antas, animales semejantes á los asnos, que tienen los piescomo de vaca, el pellejo grueso; de conejos, ciervos, ganzos y gallinas,y otras cosas de que despues supimos lo cierto.

Pidió guias el capitan á los Payaguás, para ir á aquella provincia, y seofrecieron prontos; y al punto dispuso su capitan 300 indios que fuesencon nosotros, y nos llevasen comida y otras cosas. Publicó nuestrocapitan el viage dentro de cuatro dias, mandando se proveyesen todos delo necesario para esta empresa: deshizo tres naves, y dejó á 50cristianos en las dos, con órden de que estuviesen[20] allí.[18] Cuatromeses esperándole, y si no volviese en aquel término, se retirasen á laAsumpcion: estuvimos seis meses esperando sin saber nada de Juan deOyolas, y por faltarnos el bastimento, fué preciso volvernos con Domingode Irala, que habia quedado por nuestro capitan, á la ciudad de laAsumpcion, como nuestro capitan habia mandado.

CAPITULO XXV.

Juan de Oyolas llega á la tierra de los Naperús y Samocosis, y es muerto á la vuelta con todos los cristianos.

Partido Juan de Oyolas con los 300 españoles y 300 indios, llegó á losNaperús, amigos y aliados de los Payaguás, que se mantenian de caza ypesca. Es nacion populosa, y de ella tomo algunos indios Oyolas paraguias, porque habia de caminar por entre varias naciones, como lo hizolleno de trabajos y falta de todo: muchos le resistian con las armas, yle mataron la mitad de la gente. Llegó á los indios Samocosis, y no pudopasar adelante; y dejando tres españoles enfermos con estos indios,precisado de los trabajos, se volvió con todos los suyos. Descanzó Juande Oyolas con su gente, fatigada del camino, tres dias en Napero, yaunque venia bueno, entendieron los indios que no traia municiones yarmas, por lo cual trataron los Naperús y los Payaguás, de matarlos, ylo consiguieron: pues habiendo partido de Napero, Oyolas con suscristianos para ir á los Payaguás, estando casi en medio del camino, dióde improviso sobre ellos gran multitud de estas dos naciones,(escondidas en destinado bosque para esta traicion, por donde habian depasar); y como perros rabiosos dieron muerte al capitan y á sussoldados, sanos y enfermos, sin que escapase ninguno.[21]