Viaje al Parnaso, La Numancia (Tragedia) y El Trato de Argel (Comedia) by Miguel de Cervantes Saavedra - HTML preview

PLEASE NOTE: This is an HTML preview only and some elements such as links or page numbers may be incorrect.
Download the book in PDF, ePub, Kindle for a complete version.

VIAGE AL PARNASO,

COMPUESTO

POR MIGUEL DE CERVANTES

SAAVEDRA.

DIRIGIDO

A D. RODRIGO DE TAPIA, CABALLERO DEL HABITO

DE SANTIAGO,&C.

PUBLICANSE AHORA DE NUEVO

UNA TRAGEDIA Y UNA COMEDIA INEDITAS DEL MISMO CERVANTES: AQUELLAINTITULADA LA NUMANCIA: ESTA EL TRATO DE ARGEL.

EN MADRID

POR DON ANTONIO DE SANCHA.

AÑO DE M. DCC. LXXXIV.

Se hallará en su Librería en la AduanaVieja.

Con las Licencias necesarias.

INDEX

PROLOGO

D. AUGUSTINI DECASANATE

ADVERTENCIADEL EDITOR.

VIAGE AL PARNASO.

o CAPITULOI.

o CAPITULOII.

o CAPITULOIII.

o CAPITULOIV.

o CAPITULOV.

o CAPITULOVI.

o CAPITULOVII.

o CAPITULO VIII.

o ADJUNTA AL PARNASO.

APOLODELFICO

o PRIVILEGIOS, ORDENANZAS,y advertencias, que Apolo envia á los

poetasEspañoles.

LANUMANCIA.

o JORNADAI.

o JORNADAII.

o JORNADAIII.

o JORNADAIV.

EL TRATO DEARGEL

o JORNADAI.

o JORNADAII.

o JORNADAIII.

o JORNADAIV.

o JORNADAV.

A DON RODRIGO DE TAPIA,

CABALLERO DEL HABITO DE SANTIAGO,

HIJO DEL SEÑOR DON PEDRO DE TAPIA,

OIDOR DEL CONSEJO REAL, Y CONSULTOR

DEL SANTO OFICIO DE LA INQUISICION SUPREMA.

Dirijo á Vm. este Viage que hice al Parnaso, que nodesdice á su edad florida, ni á sus loables yestudiosos exercicios. Si Vm. le hace el acogimiento que yo esperode su condicion ilustre, él quedará famoso en elmundo, y mis deseos premiados. Nuestro Señor, &c.

Miguel de Cervantes Savedra.

PROLOGO

AL LECTOR.

Si por ventura, Lector curioso, eres poeta, y llegare átus manos (aunque pecadoras) este Viage, si te hallares enél escrito, y notado entre los buenos poetas, da graciasá Apolo por la merced que te hizo; y si no te hallares,tambien se las puedes dar. Y Dios te guarde.

D. AUGUSTINI DECASANATE ROJAS

EPIGRAMA

Excute cæruleum, proles Saturnia, tergum,

Verbera quadrigæ sentiat alma Tetys.

Agmen Apollineum, nova sacri injuria ponti;

Carmineis ratibus per freta tendit iter.

Proteus æquoreas pecudes, modulamina Triton

Monstra cavos latices obstupefacta sinunt.

At caveas tantæ torquent quæ mollis habenas,

Carmina si excipias nulla tridentis opes.

Hesperiis Michaël claros conduxit ab oris

In pelagus vates. Delphica castra petit.

Imó age, pone metus, mediis subsiste carinis,

Parnassi in littus vela secunda gere.

ADVERTENCIADEL EDITOR.

Esta Advertencia que pudiera parecer escusada, respecto delViage al Parnaso de Miguel de Cervantes, por ser mera reimpresionde un libro tan conocido, la exige la publicacion de las dos piezasigualmente poeticas, que ahora se dan á luz la primera vez.Una es tragica: y otra comica.

Una se intitula La Numancia: la otraEl Trato de Argel. De entrambas hace mencion, baxo estos mismostitulos en el Dialogo con el poeta Pancracio, en el Discurso delCanonigo de Toledo con el Cura Pero Perez, que se introduce en D.Quixote, y al fin de la comedia de los Baños de Argel,impresa el año de 1613. Estas dos son del número deaquellas veinte ò treinta comedias que escribió porlos años de 1582. recien redimido del cautiverio de Argel, yde las quales dice que todas serepresentaron en los teatros de Madrid con gusto general delpueblo. Pero sin embargo de estos elogios, en ambas se observanciertas irregularidades que las mancomunan con muchas de las quedespues reprehendió tan justamente el mismo Cervantes.Porque el Trato de Argel no tanto merece el nombre de comedia, comoel de una simple relacion lastimosa y tragica por lo comun, de lostrabajos que padecian los cautivos cristianos en poder de losinfieles, en cuya pintura entran tambien las reprobadas costumbresde unos y de otros, cuyos sucesos son tanto mas creibles en lapluma del autor, quanto que por él pasaron muchos de ellos;y asi se introduce en ella à sí mismo, comohistoriador verdadero. Por esto refiere con tanta puntualidad lasvarias calamidades de los cautivos: la venta de ellos en el zocoò plaza de Argel: el peligro y facilidad con que renegabanlos muchachos: los intentos y aventurados arbitrios que discurrianlos cautivos para huir: los inclementes castigos con que por estolos atormentaban los moros: el martirio que padeció en ArgelFrey Miguel de Aranda, caballero Valenciano, de la Orden deMontesa, en venganza de haber quemadovivo la Inquisicion de Valencia à un morisco, que pasandoseà Berberia, profesó abiertamente el mahometismo, ydandose despues al corso, cayó en manos de aquel Tribunal:cuyo suceso refiere largamente el Padre Ahedo en su Historia deArgel. Tampoco omite las deshonestas aficiones con que las moras seinclinaban à los cautivos, y los moros à lascautivas, valiendose de hechicerias y encantos, con el vano intentode atraer y fixar las voluntades humanas: cosa freqüente entreellos, como dice el mismo Ahedo: cuyos amores se complicaban conotros que los mismos cautivos se tenian. Asi Cervantes cuenta losde Aurelio y Silvia, cautivos enamorados, y presos por Mami Arnauten la galera nueva de Malta llamada San Pablo, de cuyapérdida hace mencion el citado Ahedo, atribuyendo esta yotras desgracias à que las galeras de España eran muypesadas, cuyo peso se aumentaba con el demasiado carguío demercancias, sin ayudarle en un apuro nuestra gente, por tenerà caso de menos valer echar mano al remo: todo lo qualsucedia al contrario en los moros, que usaban de embarcaciones mas veleras. Compraron estosesclavos Izuf y Zara, dos moros principales. Enamorase Zara de sucautivo Aurelio, y para inclinarle se vale de la hechiceraFátima, y no contenta con esto, hace tercera de su amorà Silvia. Izuf por su parte se aficiona à Silvia, ypara rendirla se vale de los oficios de Aurelio. Aunque en estacomedia no se advierte una accion principal à queestén subordinados los demas incidentes, si algun episodiopuede ocupar el lugar de ella, es esta complicacion de afectos deamos y de esclavos: cuyo desenlace consiste en conceder el Rey Azanà Aurelio y Silvia, libertad para que vuelvan àEspaña à solicitar dos mil ducados en que serescataron, fiando de su palabra y buena fe el cumplimiento de estacondicion. Y el fin de toda la comedia es avistarse en el puerto deArgel el navio que traia la limosna de la Redencion, en que veniael Padre Fray Juan Gil, cuyo suceso fue tambien verdadero, pueseste Religioso fue el que rescató à Cervantes.Tampoco se observan las unidades de tiempo ni de lugar. PedroAlvarez y otro con-cautivo caminan noches y dias, huidos de susamos; y perdiendo el camino Alvarez,se aparece un leon que se le enseña: cuyo extraordinariosuceso atribuye à la intercesion de nuestra Señora deMontserrate. Introduce tambien figuras morales. La Necesidad y laOcasion acosan à Aurelio para que condescienda con lasimportunas instancias de Zara. Asi tambien en la Numancia introduceà la España en forma de doncella, coronada de torres,informando del sitio que la tenia puesto Scipion; y considerandoque solo por la parte por donde bañaba el rio la ciudadcercada, podia recibir socorro, le hace una dolorosa súplicapara que se le preste: y en efecto, sale al teatro el Duero contres muchachos que representan à tres riachuelos quedesaguan en él, y despues de una larga arenga en queprofetiza que los Godos en adelante, Atila, y el Duque de Alba D.Fernando Alvarez de Toledo harian guerra á Roma, la desauciade todo remedio, y se sumerge en sus propias aguas. Facil hubierasido y mas natural poner estos discursos en boca de las personas.Pero esta invencion fue tan del gusto de Cervantes, que se preciade haber sido el primero que introduxo en el teatro las figurasmorales con general aplauso: si bienmuchos años antes las vemos introducidas en la comedia de laDuquesa de la Rosa impresa por Juan de Timoneda el año de1560. por Alonso de Vega, poeta y representante, como lo fue poraquellos tiempos Lope de Rueda.

Por los años de 1598. compuso Lope de Vega una comediaintitulada: Los Cautivos de Argel, cuyo argumento es el mismo queel del Trato de Argel: y con efecto introduce en ella un cautivollamado Saavedra, en cuya introduccion tubo sin duda presenteà Cervantes. A lo menos supone sucedidos en el tiempo de sucautiverio los casos que refiere, que casi son identicos con losque se leen en el Trato de Argel: como son el martirio delCaballero de Montesa, las costumbres del Rey Azan, la complicacionde los amores de amos y cautivos, que es lo que se puede llamar laaccion de la comedia. El desenlace es tambien casi identico, y sereduce à que Azan concede libertad à los dos amantescautivos, que en Lope se llaman Leonardo y Marcela, con la mismacondicion, que vueltos à España adquieran el preciode su rescate, y se lo remitan à Soliman su amo. Entre otrasimpropiedades, tampoco guarda Lopela unidad de tiempo; porque suponiendo como se ha dicho, los casosde su comedia sucedidos por los años de 1580. finge quedesde Argel se veian los fuegos del castillo de Denia, donde convarios regocijos celebró D.

Francisco de Sandoval y Roxas,Duque despues de Lerma, el casamiento de Felipe III. con la ReynaDoña Margarita, contraido el mencionado año de 1598.Esta conformidad de casos, de escenas, y aun de expresiones con elTrato de Argel, que se hallan en los Cautivos de Lope, prueba queéste tubo presente alguna copia de aquella comedia, quedisfrutó plenamente; aunque siempre se echa de ver aquellafacilidad, viveza y discrecion de Lope de Vega.

Pero volvamos à Cervantes. El qual pensando muchosaños despues que compuso el Trato de Argel, que todaviaparecian bien sus versos, compuso otras ocho comedias; y viendo queni los farsantes se las pedian, ni otros las apreciaban, se lasvendió al librero Juan de Villarroel, que lasimprimió el año de 1615. Hallase entre ellas unaintitulada: Los Baños de Argel, que casi es idéntica,con la del Trato de Argel. Conserva enella principalmente la complicacion de amores de amos y cautivos,aunque varía los nombres; porque estas aficiones ilicitas ycontrapuestas de amos y esclavos hicieron tal impresion enCervantes, que no solo las conserva en esta comedia renovada, sinoque las repite en la Novela del Amante Liberal. Introduce de nuevoel amor de una hija de Agi Morato, moro rico de Argel, llamadaZara, que enamorada de D. Lope, uno de los cautivos delBaño, se comunicaba con él por medio de billetes quecolgaba de una caña, con cuyo artificio le proveyótambien de dineros. El desenlace ò desenredo es igualmentela libertad de los cautivos solicitada por el mismo D. Lope, queviniendo rescatado à España, vuelve à Argelcon una barca, donde trae à todos los compañeros quecaben en ella, y à Zara especialmente, con quien recibido elbautismo, se casa: suceso que no solo dice Cervantes fue verdadero,sino que le renovó en D. Quixote. Si en el Trato de Argel senotan impropiedades, no menos se observan en los Baños deArgel. Una de las mas extraordinarias de ésta es fingir quelos moros vieron una armada de mas detrescientas galeras, representada en las nubes heridas por losrayos del sol, y oyeron los tiros, y vieron los fuegos: y pensandolos Genizaros que la enviaba Felipe II. para conquistar aquellarepublica de piratas, se enfurecieron de tal modo, que para tenermenos enemigos, hirieron à mas de veinte cautivos, yquitaron la vida à mas de treinta. Un erudito Anonimoreimprimió el año de 1749. estas ocho comedias,acompañandolas con un dilatado prologo en que intenta probarque las compuso su autor con el fin de ridiculizar las de sutiempo, que tanto solian pecar contra las reglas del arte; asi comoescribió la Novela de D. Quixote con el

index-6_1.png

de ridiculizar loslibros de caballerias. Ultimamente el célebre Abate D.Xavier Lampillas pretende disculpar à Cervantes por un nuevoy singular camino. Dice que estas ocho comedias no son suyas; sino que la malicia de los impresores publicó con sunombre y prologo aquellas extravagantes comedias, correspondientesal pervertido gusto del vulgo, suprimiendo las que verdaderamenteeran de él, ò transformandolas en un todo. Perocomo los defectos de la del Trato deArgel, que Cervantes reconoce por suya, y de la qual dice serecitó con general aplauso, certifican de lasirregularidades de las que despues él mismo dióà la estampa, se infiere que Cervantes no compuso suscomedias con el fin que le supone el mencionado Anonimo, que quierehallar en ellas mas ingenio y artificio que el que tienen; y quepor consiguiente no es admisible el arbitrio que escogitó elAbate Lampillas, aunque nacido de buen zelo por conservar la famadel autor de D. Quixote. Lo primero, porque él mismo sedeclara autor de ellas en la dedicatoria al Conde de Lemos, y en elprologo: y el estilo y discurso de ambas composiciones no permitesospechar que sean de otra pluma: lo segundo, porque no es creibleque ninguno tubiese el atrevimiento de prohijar al verdadero autorà vista suya, unas obras agenas en lugar de las suyaspropias; y quando asi hubiese sucedido, parece imposible que no sehubiese vindicado de semejante supercheria, habiendo sobrevividoà la publicacion mas de un año. Antes se infiere y secomprueba con estas comedias la doctrina del Doctor Juan Huartealegada por el ingenioso P.

Vicente delos Rios en la Vida de Miguel de Cervantes Saavedra: que para laaplicacion de los ingenios se debe examinar, no solo la ciencia quese adequa mas à cada uno, sino tambien si se acomoda mejorà la teorica que à la practica de aquella ciencia:porque estas requieren por lo comun, diferente indole de ingenio.En Cervantes, prosigue Rios, se verificó plenamente estaobservacion. Nunca acertó à componer comedias, yposeia perfectamente su teorica, como lo acreditan muchos lugaresde sus obras, y especialmente el Coloquio entre el Cura y elCanonigo de Toledo, que inserta en la primera parte de D. Quixote.Por los defectos expuestos del Trato de Argel, se puede haceralgún juicio de la Numancia, aunque es algo mas regular.

VIAGE AL PARNASO.

CAPITULOI.

Un quidam caporal Italiano,

De patria Perusino á lo que entiendo,

De ingenio Griego, y de valor Romano,

Llevado de un capricho reverendo,

Le vino en voluntad de ir á Parnaso,

Por huir de la corte el vario estruendo.

Solo y á pie partióse, y paso á paso

Llegó donde compró una mul antigua

De color parda, y tartamudo paso:

Nunca á medroso pareció estantigua

Mayor, ni menos buena para carga,

Grande en los huesos, y en la fuerza exigua:

Corta de vista, aunque de cola larga,

Escrecha en los hijares, y en el cuero

Mas dura que lo son los de una adarga.

Era de ingenio cabalmente entero,

Caia en qualquier cosa facilmente

Asi en Abril, como en el mes de Enero.

Enfin sobre ella el poeton valiente

Llegó al Parnaso, y fue del rubio Apolo

Agasajado con serena frente.

Contó, quando volvió el poeta solo

Y sin blanca á su patria, lo que en vuelo

Llevó la fama deste al otro polo.

Yo que siempre trabajo y me desvelo

Por parecer que tengo de poeta

La gracia, que no quiso darme el cielo:

Quisiera despachar á la estafeta

Mi alma, ó por los aires, y ponella

Sobre las cumbres del nombrado Oeta.

Pues descubriendo desde alli la bella

Corriente de Aganipe, en un saltico

Pudiera el labio remojar en ella:

Y quedar del licor süave y rico

El pancho lleno: y ser de alli adelante

Poeta ilustre, ó al menos manifico.

Mas mil inconvenientes al instante

Se me ofrecieron, y quedó el deseo

En cierne, desvalido, é ignorante.

Porque en la piedra que en mis hombros veo,

Que la fortuna me cargó pesada,

Mis mal logradas esperanzas leo.

Las muchas leguas de la gran jornada

Se me representaron que pudieran

Torcer la voluntad aficionada,

Si en aquel mismo instante no acudieran

Los humos de la fama á socorrerme,

Y corto y facil el camino hicieran.

Dixe entre mí: si yo viniese á verme

En la dificil cumbre deste monte,

Y una guirnalda de laurel ponerme;

No envidiaria el bien decir de Aponte,

Ni del muerto Galarza la agudeza,

En manos blando, en lengua Radamonte.

Mas como de un error siempre se empieza,

Creyendo á mi deseo, di al camino

Los pies, porque di al viento la cabeza.

Enfin sobre las ancas del destino,

Llevando á la eleccion puesta en la silla

Hacer el gran viage determino.

Si esta cavalgadura maravilla,

Sepa el que no lo sabe, que se usa

Por todo el mundo, no solo en Casulla.

Ninguno tiene, ó puede dar escusa

De no oprimir desta gran bestia el lomo,

Ni mortal caminante lo rehusa.

Suele, tal vez ser tan ligera, como

Va por el aire el aguila, ó saeta,

Y tal vez anda con los pies de plomo.

Pero para la carga de un poeta,

Siempre ligera, qualquier bestiapuede

Llevarla, pues carece de maleta.

Que es caso ya infalible, que aunque herede

Riquezas un poeta, en poder suyo

No aumentarlas, perderlas le sucede.

Desta verdad ser la ocasion arguyo,

Que tu, ó gran padre Apolo, les infundes

En sus intentos el intento tuyo.

Y como no le mezclas ni confundes

En cosas de agibilibus rateras,

Ni en el mar de ganancia vil le hundes;

Ellos, ó traten burlas, ó sean veras,

Sin aspirar á la ganancia en cosa,

Sobre el convexo van de las esferas:

Pintando en la palestra rigurosa

Las acciones de Marte, ó entre las flores

Las de Venus mas blanda y amorosa.

Llorando guerras, ó cantando amores

La vida como en sueño se les pasa,

O como suele el tiempo á jugadores.

Son hechos los poetas de una masa

Dulce, süave, correosa y tierna,

Y amiga del hogar de agena casa.

El poeta mas cuerdo se gobierna

Por su antojo valdio y regalado,

De trazas lleno, y de ignorancia eterna.

Absorto en sus quimeras, yadmirado

De sus mismas acciones, no procura

Llegar á rico, como á honroso estado.

Vayan pues los leyentes con letura,

Qual dice el vulgo mal limado y bronco,

Que yo soy un poeta desta hechura.

Cisne en las canas, y en la voz un ronco

Y negro cuervo, sin que el tiempo pueda

Desbastar de mi ingenio el duro tronco:

Y que en la cumbre de la varia rueda

Jamas me pude ver solo un momento,

Pues quando subir quiero, se está queda.

Pero por ver si un alto pensamiento

Se puede prometer feliz suceso,

Seguí el viage á paso tardo y lento.

Un candeal con ocho mis de queso

Fue en mis alforjas mi reposteria,

Util al que camina, y leve peso.

A dios dixe á la humilde choza mia,

A dios, Madrid, á dios tu, prado, y fuentes

Que manan nectar, llueven ambrosía.

A dios, conversaciones suficientes

A entretener un pecho cuidadoso,

Y á dos mil desvalidos pretendientes.

A dios, sitio agradable y mentiroso,

Do fueron dos gigantes abrasados

Con el rayo de Jupiter fogoso.

A dios teatros publicos, honrados

Por la ignorancia que ensalzada veo

En cien mil disparates recitados.

A dios de S. Felipe el gran paseo,

Donde si baxa, ó sube el Turco galgo,

Como en gaceta de Venecia leo.

A dios, hambre sotil de algun hidalgo,

Que por no verme ante tus puertas muerto,

Hoy de mi patria, y de mi mismo salgo.

Con esto poco á poco llegué al puerto,

A quien los de Cartago dieron nombre,

Cerrado á todos vientos y encubierto.

A cuyo claro y singular renombre

Se postran quantos puertos el mar baña,

Descubre el sol, y ha navegado el hombre.

Arrojose mi vista á la campaña

Rasa del mar, que truxo á mi memoria

Del heroyco D^n Juan la heroyca hazaña.

Donde con alta de soldados gloria,

Y con proprio valor y airado pecho

Tuve, aunque humilde, parte en la vitoria.

Alli con rabia y con mortal despecho

El Otomano orgullo vió su brio

Hollado y reducido á pobre estrecho.

Lleno pues de esperanzas, y vacio

De temor, busqué luego unafragata,

Que efetuase el alto intento mio.

Quando por la, aunque azul, liquida plata

Ví venir un bagel á vela y remo,

Que tomar tierra en el gran puerto trata.

Del mas gallardo, y mas vistoso estremo

De quantos las espaldas de Neptuno

Oprimieron jamas, ni mas supremo.

Qual este nunca vió bagel alguno

El mar, ni pudo verse en el armada,

Que destruyó la vengativa Juno.

No fué del Vellocino á la jornada

Argos tan bien compuesta y tan pomposa,

Ni de tantas riquezas adornada.

Quando entraba en el puerto la hermosa

Aurora por las puertas del oriente,

Salia en trenza blanda y amorosa.

Oyose un estampido de repente,

Haciendo salva la real galera,

Que despertó y alborotó la gente.

El son de los clarines la ribera

Llenaba de dulcisima harmonia,

Y el de la chusma alegre y placentera.

Entrabanse las horas por el dia,

A cuya luz con distincion mas clara

Se vió del gran bagel la bizarria.

Ancoras echa, y en el puerto pára,

Y arroja un ancho esquife al mar tranquilo

Con musica, con grita y algazara.

Usan los marineros de su estilo,

Cubren la popa con tapetes tales

Que es oro, y sirgo de su trama el hilo.

Tocan de la ribera los umbrales,

Sale del rico esquife un caballero

En hombros de otros quatro principales.

En cuyo trage y ademan severo

Vi de Mercurio al vivo la figura,

De los fingidos dioses mensagero.

En el gallardo talle y compostura,

En los alados pies, y el Caduceo,

Simbolo de prudencia y de cordura;

Digo, que al mismo paraninfo veo,

Que truxo mentirosas embaxadas

A la tierra del alto coliseo.

Vile, y apenas puso las aladas

Plantas en las arenas venturosas

Por verse de divinos pies tocadas:

Quando yo revolviendo cien mil cosas

En la imaginacion, llegué á postrarme

Ante las plantas por adorno hermosas.

Mandóme el dios parlero luego alzarme,

Y con medidos versos y sonantes,

Desta manera comenzó áhablarme:

O Adán de los poetas, ó Cervantes!

Qué alforjas y qué trage es este, amigo?

Que asi muestra discursos ignorantes.

Yo, respondiendo á su demanda, digo:

Señor, voy al Parnaso, y como pobre

Con este aliño mi jornada sigo.

Y él á mí dixo: ó sobrehumano, ysobre

Espiritu Cilenio levantado!

Toda abundancia, y todo honor te sobre.

Que enfin has respondido á ser soldado

Antiguo y valeroso, qual lo muestra

La mano de que estás estropeado.

Bien sé que en la Naval dura palestra

Perdiste el movimiento de la mano

Izquierda, para gloria de la diestra.

Y sé que aquel instinto sobrehumano

Que de raro inventor tu pecho encierra,

No te le ha dado el padre Apolo en vano.

Tus obras los rincones de la tierra,

Llevandolas en grupa Rocinante,

Descubren, y á la envidia mueven guerra.

Pasa, raro inventor, pasa adelante

Con tu sotil disinio, y presta ayuda

A Apolo; que la tuya es importante:

Antes que el escuadron vulgar acuda

De mas de veintemil sietemesinos

Poetas, que de serlo están en duda.

Llenas van ya las sendas y caminos

Desta canalla inutil contra el monte,

Que aun de estar á su sombra no son dinos.

Armate de tus versos luego, y ponte

A punto de seguir este viage

Conmigo, y á la gran obra disponte.

Conmigo segurisimo pasage

Tendrás, sin que te empaches, ni procures

Lo que suelen llamar matalotage.

Y porque esta verdad que digo, apures,

Entra conmigo en mi galera, y mira

Cosas con que te asombres y asegures.

Yo, aunque pense que todo era mentira,

Entré con él en la galera hermosa,

Y vi lo que pensar en ello admira.

De la quilla á la gavia, ó estraña cosa!

Toda de versos era fabricada,

Sin que se entremetiese alguna prosa.

Las ballesteras eran de ensalada

De glosas, todas hechas á la boda

De la que se llamó Malmaridada.

Era la chusma de romances toda,

Gente atrevida, empero necesaria,

Pues á todas acciones se acomoda.

La popa de materia extraordinaria,

Bastarda, y de legitimos sonetos,

De labor peregrina en todo, y varia.

Eran dos valentisimos tercetos

Los espaldares de la izquierda y diestra,

Para dar boga larga muy perfetos.

Hecha ser la crugia se me muestra

De una luenga y tristisima elegia,

Que no en cantar, sino en llorar es diestra.

Por esta entiendo yo que se diria

Lo que suele decirse á un desdichado,

Quando lo pasa mal, pasó crugia.

El arbol hasta el cielo levantado

De una dura cancion prolija estaba

De canto de seis dedos embreado.

El, y la entena que por él cruzaba

De duros estrambotes, la madera

De que eran hechos claro se mostraba.

La racamenta, que es siempre parlera,

Toda la componian redondillas,

Con que ella se mostraba mas ligera.

Las jarcias parecian seguidillas

De disparates mil y mas compuestas,

Que suelen en el alma hacer cosquillas.

Las rumbadas, fortisimas y honestas

Estancias, eran tablas poderosas,

Que llevan un poema y otro ácuestas.

Era cosa de ver las bulliciosas

Vanderillas que al aire tremolaban,

De varias rimas algo licenciosas.

Los grumetes, que aqui y alli cruzaban,

De encadenados versos parecian,

Puesto que como libres trabajaban.

Todas las obras muertas componian

O versos sueltos, ó sextinas graves,

Que la galera mas gallarda hacian.

Enfin con modos blandos y süaves,

Viendo Mercurio que yo visto havia

El bagel, que es razon, letor, que alabes,

Junto á sí me sentó, y su voz envia

A mis oidos en razones claras,

Y llenas de suavisima harmonia,

Diciendo: entre las cosas que son raras

Y nuevas en el mundo y peregrinas,

Verás, si en ello adviertes y reparas.

Que es una este bagel de las mas dinas

De admiracion, que llegue á ser espanto

A naciones remotas y vecinas.

No le formaron maquinas de encanto,

Sino el ingenio del divino Apolo,

Que puede, quiere, y llega, y sube á tanto.

Formóle, ó nuevo caso! para solo

Que yo llevase en él quantospoetas

Hay desde el claro Tajo hasta Pactolo.

De Malta el gran Maestre, á quien secretas

Espias dan aviso que en oriente

Se aperciben las barbaras saetas;

Teme, y envia á convocar la gente

Que sella con la blanca cruz el pecho,

Porque en su fuerza su valor se aumente.

A cuya imitacion Apolo ha hecho

Que los famosos vates al Parnaso

Acudan, que está puesto en duro estrecho.

Yo, condolido del doliente caso,

En el ligero casco, ya instruido

De lo que he de hacer, aguijo el paso.

De Italia las riberas he barrido,

He visto las de Francia y no tocado,

Por venir solo á España dirigido.

Aqui con dulce y con felice agrado

Hará fin mi camino á lo que creo,

Y seré facilmente despachado.

Tu, aunque en tus canas tu pereza veo,

Serás el paraninfo de mi asunto,

Y el solicitador de mi deseo.

Parte, y no te detengas solo un punto,

Y á los que en esta lista van escritos

Diras de Apolo quanto aqui yo apunto.

Sacó un papel, y en él casi infinitos

Nombres vi de poetas, en que havia

Yangueses, Vizcainos, y Coritos.

Alli famosos vi de Andalucia,

Y entre los Castellanos vi unos hombres,

En quien vive de asiento la poesia.

Dixo Mercurio: quiero que me nombres

Desta turba gentil, pues tu lo sabes,

La alteza de su ingenio con los nombres.

Yo respondi: de los que son mas graves

Diré lo que supiere, por moverte

A que ante Apolo su valor alabes.

El escuchó. Yo dixe desta suerte.

VIAGE AL PARNASO.

CAPITULOII.

Colgado estaba de mi antigua boca

El dios hablante; pero entonces mudo,

Que al que escucha, el guardar silencio toca.

Quando dí de improviso un estornudo,

Y haciendo cruces por el mal aguero,

Del gran Mercurio al mandamiento acudo,

Miré la lista, y ví que era el primero

El Licenciado JUAN DE OCHOA, amigo

Por poeta y christiano verdadero.

Deste varon en su alabanza digo

Que puede acelerar y dar la muerte

Con su claro discurso al enemigo.

Y que si no se aparta y se divierte

Su ingenio en la Gramatica Española,

Será de Apolo sin igual la suerte;

Pues de su poesia al mundo sola

Puede esperar poner el pie en la cumbre,

De la inconstante rueda, ó varia bola.

Este que de los comicos es lumbre,

Que el Licenciado POYO es su apellido,

No hay nube que á su sol claro deslumbre.

Pero como está siempre entretenido

En trazas, en quimeras, é invenciones,

No ha de acudir á este marcial ruido.

Este que en lista por tercero pones:

Que HIPOLITO se llama DE VERGARA,

Si llevarle al Parnaso te dispones,

Haz cuenta que en él llevas una jara,

Una saeta, un arcabuz, un rayo,

Que contra la ignorancia se dispara.

Este, que tiene como mes de Mayo

Florido ingenio, y que comienza ahora

A hacer de sus comedias nuevo ensayo,

GODINEZ es. Y estotro que enamora

Las almas con sus versos regalados,

Quando de amor ternezas canta ó llora,

Es uno, que valdrá por mil soldados,

Quando á la estraña y nunca vista empresa

Fueren los escogidos y llamados:

Digo que es DON FRANCISCO, el que profesa

Las armas y las letras con tal nombre,

Que por su igual Apolo le confiesa.

Es DE CALATAYUD su sobrenombre.

Con esto queda dicho todo quanto

Puedo decir con que á lainvidia asombre.

Este que sigue es un poeta santo,

Digo famoso: MIGUEL CID se llama,

Que al coro de las musas pone espanto.

Estotro que sus versos encarama

Sobre los mismos hombros de Calisto,

Tan celebrado siempre de la fama,

Es aquel agradable, aquel bien quisto,

Aquel agudo, aquel sonoro y grave

Sobre quantos poetas Febo ha visto:

Aquel que tiene de escribir la llave

Con gracia y agudeza en tanto estremo,

Que su igual en el orbe no se sabe:

Es DON LUIS DE GONGORA, aquien temo

Agraviar en mis cortas alabanzas,

Aunque las suba al grado mas supremo.

O tu, divino espiritu, que alcanzas

Ya el premio merecido á tus deseos,

Y á tus bien colocadas esperanzas:

Ya en nuevos y justisimos empleos,

DIVINO HERRERA, tu caudal se aplica,

Aspirando del cielo á los trofeos.

Ya de tu hermosa Luz clara y rica

El bello resplandor miras seguro

En la que alma tuya beatifica:

Y arrimada tu yedra al fuerte muro

De la inmortalidad, no estimasquanto

Mora en las sombras deste mundo escuro.

Y tú DON JUAN DE JAUREGUI, que á tanto

El sabio curso de tu pluma aspira,

Que sobre las esferas le levanto:

Aunque Lucano por tu voz respira,

Dexale un rato, y con piadosos ojos

A la necesidad de Apolo mira:

Que te están esperando mil despojos

De otros mil atrevidos, que procuran

Fertiles campos ser, siendo rastrojos.

Y tú, por quien las musas aseguran

Su partido, DON FELIX ARIAS, siente,

Que por su gentileza te conjuran:

Y ruegan que defiendas desta gente

Non sancta su hermosura, y de Aganipe

Y de Hipocrene la inmortal corriente.

Consentiras tu á dicha participe

Del licor suavisimo un poeta,

Que al hacer de sus versos sude y hipe?

No lo consentirás, pues tu discreta

Vena abundante y rica, no permite

Cosa que sombra tenga de imperfeta.

Señor, este que aqui viene se quite,

Dixe á Mercurio, que es un chacho necio,

Que juega, y es de satiras su embite.

Este sí que podrás tener en precio,

Que es ALONSO DE SALAS BARBADILLO,

A quien me inclino y sin medida aprecio.

Este que viene aqui, si he de decillo,

No hay para que le embarques, y asi puedes

Borrarle. Dixo el dios: gusto de oillo.

Es un cierto rapaz, que á Ganimedes

Quiere imitar, vistiendose á lo godo,

Y asi aconsejo que sin él te quedes.

No lo harás con éste desse modo,

Que es el gran LUIS CABRERA, que pequeño

Todo lo alcanza, pues lo sabe todo.

Es de la historia conocido dueño,

Y en discursos discretos tan discreto,

Que á Tacito verás, si te le enseño.

Este que viene es un galan, sugeto

De la varia fortuna á los baibenes,

Y del mudable tiempo al duro aprieto.

Un tiempo rico de caducos bienes,

Y ahora de los firmes é inmudables

Mas rico, á tu mandar firme le tienes.

Pueden los altos riscos siempre estables

Ser tocados del mar, mas no movidos

De sus ondas en cursos variables.

Ni menos á la tierra trae rendidos

Los altos cedros Boreas, quando airado

Quiere humillar los masfortalecidos.

Y éste que vivo exemplo nos ha dado:

Desta verdad con tal filosofía

DON LORENZO RAMIREZ es DE PRADO.

Deste que se le sigue aqui, diria

Que es DON ANTONIO DE MONROI, que veo

En ello qué es ingenio y cortesia.

Satisfacion al mas alto deseo

Puede dar de valor heroico y ciencia,

Pues mil descubro en él y otras mil creo.

Este es un caballero de presencia

Agradable, y que tiene de Torcato

El alma sin alguna diferencia.

De DON ANTONIO DE PAREDES trato,

A quien dieron las musas sus amigas

En tierna edad anciano ingenio y trato.

Este que por llevarle te fatigas,

Es DON ANTONIO DE MENDOZA, y veo

Quanto en llevarle al sacro Apolo obligas.

Este que de las musas es recreo,

La gracia, y el donaire, y la cordura,

Que de la discrecion lleva el trofeo:

Es PEDRO DE MORALES, propria hechura

Del gusto cortesano, y es asilo

Adonde se repara mi ventura.

Este, aunque tiene parte de Zoílo,

Es el grande ESPINEL, que en laguitarra

Tiene la prima, y en el raro estilo.

Este, que tanto allá tira la barra,

Que las cumbres se dexa atras de Pindo,

Que jura, que vocea, y que desgarra,

Tiene mas de poeta que de lindo,

Y es JUSEPE DE VARGAS, cuyo astuto

Ingenio y rara condicion deslindo.

Este, á quien pueden dar justo tributo

La gala y el ingenio, que mas pueda

Ofrecer á las musas flor y fruto,

Es el famoso ANDRES DE BALMASEDA,

De cuyo grave y dulce entendimiento

El magno Apolo satisfecho queda.

Este es ENCISO, gloria y ornamento

Del Tajo, y claro honor de Manzanares,

Que con tal hijo aumenta su contento.

Este que es escogido entre millares

DE GUEVARA LUIS VELEZ es el bravo,

Que se puede llamar quitapesares.

Es poeta gigante, en quien alabo

El verso numeroso, el peregrino

Ingenio, si un Gnaton nos pinta, ó un Davo.

Este es DON JUAN DE ESPAÑA, que es mas dino

De alabanzas divinas que de humanas,

Pues en todos sus versos es divino.

Este por quien de Lugo están ufanas

Las musas, es SILVEIRA, aquel famoso,

Que por llevarle con razon te afanas.

Este que se le signe, es el curioso

Gran DON PEDRO DE HERRERA, conocido

Por de ingenio elevado en punto honroso.

Este, que de la carcel del olvido.

Sacó otra vez á Proserpina hermosa,

Conque á España y al Dauro ha enriquecido,

Verasle en la contienda rigurosa,

Que se teme y se espera en nuestros dias,

Culpa de nuestra edad poco dichosa,

Mostrar de su valor las lozanias.

Pero qué mucho, si es aqueste el doto

Y grave DON FRANCISCO DE FARIAS?

Este, de quien yo fui siempre devoto

Oraculo y Apolo de Granada,

Y aun deste clima nuestro y del remoto,

PEDRO RODRIGUEZ es. Este es TEJADA,

De altitonantes versos, y sonoros

Con magestad en todo, levantada.

Este, que brota versos por los poros,

Y halla patria y amigos donde quiera,

Y tiene en los agenos sus tesoros,

Es MEDINILLA, el que la vez primera

Cantó el romance de la tumba escura,

Entre cipreses puestos en hilera.

Este, que en verdes años se apresura

Y corre al sacro lauro, es DON FERNANDO

BERMUDEZ, donde vive la cordura.

Este es aquel poeta memorando,

Que mostró de su ingenio la agudeza

En las selvas de Erifile cantando.

Este que la coluna nueva empieza,

Con estos dos que con su ser convienen,

Nombrarlos, aun lo tengo por baxeza.

MIGUEL CEJUDO, y MIGUEL SANCHEZ vienen

Juntos aqui, ó par sin par! en estos

Las sacras musas fuerte amparo tienen.

Que en los pies de sus versos bien cumpuestos,

Llenos de erudicion rara y dotrina,

Al ir al grave caso serán prestos.

Este gran caballero, que se inclina

A la leccion de los poetas buenos,

Y al sacro monte con su luz camina,

DON FRANCISCO DE SILVA es por lo menos:

Qué será por lo mas? O edad madura,

En verdes años de cordura llenos!

DON GABRIEL GOMEZ viene aqui, segura

Tiene con él Apolo la vitoria,

De la canalla siempre necia y dura.

Para honor de su ingenio, para gloria

De su florida edad, para queadmire

Siempre de siglo en siglo su memoria,

En este gran sugeto se retire

Y abrevie la esperanza deste hecho,

Y Febo al gran VALDES atento mire.

Verá en él un gallardo y sabio pecho,

Un ingenio sutil y levantado,

Con que le dexe en todo satisfecho.

FIGUEROA es estotro el Dotorado,

Que cantó de Amarili la constancia

En dulce prosa y verso regalado.

Quatro vienen aqui en poca distancia

Con mayusculas letras de oro escritos,

Que son del alto asunto la importancia.

De tales quatro siglos infinitos

Durará la memoria, sustentada

En la alta gravedad de sus escritos.

Del claro Apolo la real morada

Si viniere á caer de su grandeza,

Será por estos quatro levantada.

En ellos nos cifró naturaleza

El todo de las partes, que son dinas

De gozar celsitud, que es mas que alteza.

Esta verdad, gran CONDE DE SALINAS,

Bien la acreditas con tus raras obras,

Que en los terminos tocan de divinas

Tu, el de ESQUILACHE PRINCIPE, que cobras

De dia en dia credito tamaño,

Que te adelantas á tí mismo y sobras:

Serás escudo fuerte al grave daño,

Que teme Apolo con ventajas tantas,

Que no te espere el esquadron tacaño.

Tú, CONDE DE SALDAÑA, que con plantas

Tiernas pisas de Pindo la alta cumbre,

Y en alas de tu ingenio te levantas.

Hacha has de ser de inextinguible lumbre,

Que guie al sacro monte, al deseoso

De verse en él, sin que la luz deslumbre.

Tú, el de VILLAMEDIANA, el mas famoso

De quantos entre Griegos y Latinos

Alcanzaron el lauro venturoso:

Cruzarás por las sendas y caminos

Que al monte guian, porque mas seguros

Lleguen á él los simples peregrinos.

A cuya vista destos quatro muros

Del Parnaso caerán las arrogancias

De los mancebos sobre necios duros.

O quántas, y quan graves circunstancias

Dixera destos quatro, que felices

Aseguran de Apolo las ganancias!

Y mas si se les llega el de ALCAÑICES,

Marques insigne, harán (puesto que hay una

En el mundo no mas) cinco Fenices.

Cada qual de por sí será coluna,

Que sustente y levante el edificio

De Febo sobre el cerco de la luna.

Este (puesto que acude al grave oficio,

En que se ocupa) el lauro y palma lleva,

Que Apolo da por honra y beneficio.

En esta ciencia es marabilla nueva,

Y en la Jurispericia unico y raro,

Su nombre es DON FRANCISCO DE LA CUEVA.

Este, que con Homero le comparo,

Es el gran DON RODRIGO DE HERRERA,

Insigne en letras, y en virtudes raro.

Este, que se le sigue es el DE VERA

DON JUAN, que por su espada y por su pluma

Le honran en la quinta y quarta esfera.

Este, que el cuerpo y aun el alma bruma

De mil, aunque no muestra ser christiano,

Sus escritos el tiempo no consuma.

Cayóseme la lista de la mano

En este punto, y dixo el dios: con estos

Que has referido está el negocio llano.

Haz que con pies y pensamientos prestos

Vengan aqui, donde aguardando quedo

La fuerza de tan validos supuestos.

Mal podrá DON FRANCISCO DE QUEVEDO

Venir, dixe yo entonces; y élme dixo:

Pues partirme sin él de aqui no puedo.

Ese es hijo de Apolo, ese es hijo

De Caliope musa, no podemos

Irnos sin él, y en esto estaré fijo.

Es el flagelo de poetas memos,

Y echará á puntillazos del parnaso

Los malos que esperamos y tememos.

O, señor, repliqué, que tiene el paso

Corto, y no llegará en un siglo entero.

Deso, dixo Mercurio, no hago caso.

Que el poeta que fuere caballero,

Sobre una nube entre pardilla y clara

Vendrá muy á su gusto caballero.

Y el que nó, pregunté, qué le prepara

Apolo? qué carrozas? ó qué nubes?

Qué dromedario? ó alfana en paso rara?

Mucho, me respondió, mucho te subes

En tus preguntas, calla y obedece.

Sí haré, pues no es infando lo que jubes.

Esto le respondí, y él me parece

Que se turbó algun tanto; y en un punto

El mar se turba, el viento sopla y crece.

Mi rostro entonces, como el de un difunto

Se debió de poner, y sí haria,

Que soy medroso á lo que yo barrunto.

Vi la noche mezclarse con el dia,

Las arenas del hondo mar alzarse

A la region del aire, entonces fria.

Todos los elementos vi turbarse,

La tierra, el agua, el aire, y aun el fuego

Vi entre rompidas nubes azorarse.

Y en medio deste gran desasosiego

Llovian nubes de poetas llenas

Sobre el bagel, que se anegara luego,

Si no acudieran mas de mil sirenas

A dar de azotes á la gran borrasca,

Que hacia el saltarel por las entenas.

Una, que ser pensé Juana la Chasca,

De dilatado vientre y luengo cuello,

Pintiparado á aquel de la tarasca,

Se llegó á mí, y me dixo: de un cabello

Deste bagel estaba la esperanza

Colgada á no venir á socorrello.

Traemos, y no es burla, á la bonanza,

Que estaba descuidada oyendo atenta

Los discursos de un cierto Sancho Panza.

En esto sosegose la tormenta,

Volvió tranquilo el mar, serenó el cielo,

Que al regañon el zéfiro le ahuyenta.

Volvi la vista, y vi en ligero vuelo

Una nube romper el aire claro

De la color del condensado yelo.

O marabilla nueva! ó caso raro!

Vilo, y he de decillo, aunque se dude

Del hecho que por brujula declaro.

Lo que yo pude ver, lo que yo pude

Notar fue, que la nube dividida

En dos mitades á llover acude.

Quien ha visto la tierra prevenida

Con tal disposicion, que quando llueve,

Cosa ya averiguada y conocida,

De cada gota en un instante breve

Del polvo se levanta ó sapo, ó rana,

Que á saltos, ó despacio el paso mueve:

Tal se imagine ver (ó soberana

Virtud!) de cada gota de la nube

Saltar un vulto, aunque con forma humana.

Por no creer esta verdad estube

Mil veces, pero vila con la vista,

Que entonces clara y sin legañas tuve.

Eran aquestos vultos de la lista

Pasada los poetas referidos,

A cuya fuerza no hay quien la resista.

Unos por hombres buenos conocidos,

Otros de rumbo y hampo, y Dios es Christo,

Poquitos bien, y muchos mal vestidos.

Entre ellos parecióme de haver visto

A DON ANTONIO DE GALARZA el bravo,

Gentilhombre de Apolo, y muy bien quisto.

El bagel se llenó de cabo á cabo,

Y su capacidad á nadie niega

Copioso asiento, que es lo mas que alabo.

Llovió otra nube al gran LOPE DE VEGA,

Poeta insigne, á cuyo verso ó prosa

Ninguno le aventaja, ni aun le llega.

Era cosa de ver marabillosa

De los poetas la apretada enjambre,

En recitar sus versos muy melosa.

Este muerto de sed, aquel de hambre:

Yo dixe, viendo tantos con voz alta,

Cuerpo de mi con tanta poetambre!

Por tantas sobras conoció una falta

Mercurio, y acudiendo á remedialla,

Ligero en la mitad del bagel salta.

Y con una zaranda que alli halla,

No sé si antigua, ó si de nuevo hecha,

Zarandó mil poetas de gramalla.

Los de capa y espada no desecha,

Y destos zarandó dos mil y tantos,

Que fue neguilla entonces la cosecha.

Colabanse los buenos y los santos,

Y quedabanse arriba los granzones,

Mas duros en sus versos que los cantos.

Y sin que les valiesen las razones,

Que en su disculpa daban, daba luego

Mercurio al mar con ellos á montones.

Entre los arrojados se oyó un ciego,

Que murmurando entre las ondas iba

De Apolo con un pésete y reniego.

Un sastre (aunque en sus pies flojos estriba,

Abriendo con los brazos el camino)

Dixo: sucio es Apolo, asi yo viva.

Otro (que al parecer iba mohino,

Con ser un zapatero de obra prima)

Dixo dos mil, no un solo desatino.

Trabaja un tundidor, suda, y se anima

Por verse á la ribera conducido,

Que mas la vida que la honra estima.

El esquadron nadante reducido

A la marina, vuelve á la galera

EL rostro con señales de ofendido.

Y uno por todos dixo, bien pudiera

Ese chocante embaxador de Febo

Tratarnos bien, y no desta manera.

Mas oigan lo que dixo: yo me atrevo

A profanar del monte la grandeza,

Con libros nuevos, y en estilo nuevo.

Calló Mercurio, y á poner empieza

Con gran curiosidad seis camarines,

Dando á la gracia ilustrerancho y pieza.

De nuevo resonaron los clarines,

Y asi Mercurio lleno de contento,

Sin darle mal aguero los delfines,

Remos al agua dió, velas al viento.

VIAGE AL PARNASO.

CAPITULOIII.

Eran los remos de la real galera

De esdrujulos, y dellos conpelida

Se deslizaba por el mar ligera.

Hasta el tope la vela iba tendida,

Hecha de muy delgados pensamientos,

De varios lizos por amor tegida.

Soplaban dulces y amorosos vientos,

Todos en popa, y todos se mostraban

Al gran Viage solamente atentos.

Las sirenas en torno navegaban,

Dando empellones al bagel lozano,

Con cuya ayuda en vuelo le llevaban.

Semejaban las aguas del mar cano

Colchas encarrujadas, y hacian

Azules visos por el verde llano.

Todos los del bagel se entretenian,

Unos glosando pies dificultosos,

Otros cantaban, otros componian.

Otros de los tenidos por curiosos

Referian sonetos, muchos hechos

A diferentes casos amorosos.

Otros alfeñicados y deshechos

En puro azucar, con la voz süave,

De su melifluidad muy satisfechos,

En tono blando, sosegado y grave,

Eglogas pastorales recitaban,

En quien la gala y la agudeza cabe.

Otros de sus señoras celebraban

En dulces versos de la amada boca

Los escrementos que por ella echaban.

Tal huvo á quien amor asi le toca,

Que alabó los riñones de su dama,

Con gusto grande, y no elegancia poca.

Uno cantó, que la amorosa llama

En mitad de las aguas le encendia,

Y como toro agarrochado brama.

Desta manera andaba la poesia

De uno en otro, haciendo que hablase

Este Latin, aquel algaravia.

En esto sesga la galera vase

Rompiendo el mar con tanta ligereza,

Que el viento aun no consiente que la pase.

Y en esto descubriose la grandeza

De la escombrada playa de Valencia

Por arte hermosa y por naturaleza.

Hizo luego de sí grata presencia

El gran DON LUIS FERRER, marcado el pecho

De honor, y el alma de divina ciencia.

Desembarcóse el dios, y fue derecho

A darle quatro mil y mas abrazos,

De su vista y su ayuda satisfecho.

Volvió la vista, y reiteró los lazos

En DON GUILLEN DE CASTRO, que venia

Deseoso de verse en tales brazos.

CHRISTOVAL DE VIRUES se le seguia,

Con PEDRO DE AGUILAR, junta famosa

De las que Turia en sus riberas cria.

No le pudo llegar mas valerosa

Esquadra al gran Mercurio, ni él pudiera

Desearla mejor, ni mas honrosa.

Luego se descubrió por la ribera

Un tropel de gallardos Valencianos,

Que á ver venian la sinpar galera.

Todos con instrumentos en las manos

De estilos y librillos de memoria,

Por bizarria y por ingenio ufanos.

Codiciosos de hallarse en la vitoria,

Que ya tenian por segura y cierta,

De las heces del mundo y de la escoria.

Pero Mercurio les cerró la puerta:

Digo, no consintió que seembarcasen,

Y el porque no lo dixo, aunque se acierta.

Y fue, porque temió que no se alzasen,

Siendo tantos y tales con Parnaso,

Y nuevo imperio y mando en él fundasen.

En esto viose con brioso paso

Venir al magno ANDRES REY DE ARTIEDA,

No por la edad descaecido ó laso.

Hicieron todos espaciosa rueda,

Y cogiendole en medio, le embarcaron,

Mas rico de valor que de moneda.

Al momento las ancoras alzaron,

Y las velas ligadas á la entena,

Los grumetes apriesa desataron.

De nuevo por el aire claro suena

El son de los clarines, y de nuevo

Vuelve á su oficio cada qual sirena.

Miró el bagel por entre nubes Febo,

Y dixo en voz que pudo ser oida:

Aqui mi gusto y mi esperanza llevo.

De remos y sirenas impelida

La galera se dexa atras el viento,

Con milagrosa y prospera corrida.

Leiase en los rostros el contento

Que llevaban los sabios pasageros,

Durable, por no ser nada violento.

Unos por el calor iban en cueros,

Otros por no tener godescas galas

En trage se vistieron de romeros.

Hendia entanto las Neptuneas salas

La galera del modo como hiende

La grulla el aire con tendidas alas.

Enfin llegamos donde el mar se estiende,

Y ensancha y forma el golfo de Narbona,

Que de ningunos vientos se defiende.

Del gran Mercurio la cabal persona

Sobre seis rezmas de papel sentada

Iba con cetro y con real corona:

Quando una nube, al parecer preñada,

Parió quatro poetas en crugia,

O los llovió, razon mas concertada.

Fue el uno aquel, de quien Apolo fia

Su honra, JUAN LUIS DE CASANATE,

Poeta insigne de mayor quantía.

El mismo Apolo de su ingenio trate,

El le alabe, él le premie y recompense,

Que el alabarle yo sería dislate.

Al segundo llovido el Uticense

Catón no le igualó, ni tiene Febo,

Quien tanto por él mire, ni en él piense.

Del Contador GASPAR DE BARRIONUEVO

Mal podrá el corto flaco ingenio mio

Loar el suyo asi como yo debo.

Llenó del gran bagel el gran vacio

El gran FRANCISCO DE RIOJA al punto

Que saltó de la nube en el navio.

A CHRISTOVAL DE MESA vi alli junto

A los pies de Mercurio, dando fama

A Apolo, siendo dél propio trasunto.

A la gavia un grumete se encarama,

Y dixo á voces: la ciudad se muestra

Que Genova del dios Jano se llama.

Dexese la ciudad á la siniestra

Mano, dixo Mercurio, el bagel vaya

Y siga su derrota por la diestra.

Hacer al Tiber vimos blanca raya

Dentro del mar, haviendo ya pasado

La ancha Romana y peligrosa playa.

De lexos vióse el aire condensado

Del humo, que el estrombalo vomita,

De azufre, y llamas, y de horror formado.

Huyen la isla infame, y solicita

El suave poniente, asi el viage

Que lo acorta, lo allana y facilita.

Vimonos en un punto en el parage,

Do la nutriz de Eneas piadoso

Hizo el forzoso y ultimo pasage.

Vimos desde alli á poco el mas famoso

Monte que encierra en sínuestro emisfero,

Mas gallardo á la vista y mas hermoso.

Las cenizas de Titiro y Sincero

Están en él, y puede ser por esto

Nombrado entre los montes por primero.

Luego se descubrió, donde echó el resto

De su poder naturaleza amiga,

De formar de otros muchos un compuesto.

Vióse la pesadumbre sin fatiga

De la bella Partenope, sentada

A la orilla del mar, que sus pies liga.

De castillos y torres coronada,

Por fuerte y por hermosa en igual grado

Tenida, conocida y estimada.

Mandóme el del aligero calzado,

Que me aprestase y fuese luego á tierra

A dar á los LUPERCIOS un recado.

En que les diese cuenta de la guerra

Temida, y que á venir les persuadiese

Al duro y fiero asalto, al cierra, cierra,

Señor, le respondí, si acaso huviese

Otro que la embaxada les llevase,

Que mas grato á los dos hermanos fuese,

Que yo no soy; sé bien que negociase

Mejor. Dixo Mercurio: no te entiendo,

Y has de ir antes que el tiempo mas se pase.

Que no me han de escuchar estoy temiendo,

Le replique, ya si el ir yo no importa,

Puesto que en todo obedecer pretendo.

Que no sé quien me dice, y quien me exhorta,

Que tienen para mi, á lo que imagino,

La voluntad, como la vista corta.

Que si esto asi no fuera, este camino

Con tan pobre recamara no hiciera,

Ni diera en un tan hondo desatino.

Pues si alguna promesa se cumpliera

De aquellas muchas, que al partir me hicieron,

Lléveme Dios si entrára en tu galera.

Mucho esperé, si mucho prometieron,

Mas podra ser, que ocupaciones nuevas

Les obligue á olvidar lo que dixeron.

Muchos, señor, en la galera llevas,

Que te podrán sacar el pie del lodo,

Parte, y escusa de hacer mas pruebas.

Ninguno, dixo, me hable dese modo,

Que si me desembarco y los envisto,

Voto á Dios, que me traiga al Conde, y todo.

Con estos dos famosos me enemisto,

Que haviendo levantado á la poesia

Al buen punto en que está, como se ha visto:

Quieren con perezosa tirania

Alzarse como dicen á su mano