Un Libro de Lectura Español Elemental - (An Elementary Spanish Reader) by Earl Stanley Harrison - HTML preview

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AN ELEMENTARY SPANISH

READER

BY

E. S. HARRISON

FIRST ASSISTANT IN MODERN LANGUAGES INTHE

COMMERCIAL HIGH SCHOOL, BROOKLYN, NEW YORK

GINN AND COMPANY

BOSTON—NEW YORK—CHICAGO—LONDON

ATLANTA—DALLAS—COLUMBUS—SAN FRANCISCO

COPYRIGHT, 1912, BY

E. S. HARRISON

ALL RIGHTS RESERVED

917.6

The Athenæum Press

GINN AND COMPANY—PROPRIETORS

BOSTON—U.S.A.

PREFACE

The increasing study of Spanish in high schools and collegeshas made necessary the preparation of a text of a simpler characterthan those now in common use.

In the present text, especially in the first selections, thelanguage has been simplified so that reading may be begun ata very early stage in the pupil's work. It has not been considerednecessary to supply notes, as the matter is simple and thevocabulary furnishes all necessary information. All verb formsoccurring in the text, whether regular or irregular, are given inthe vocabulary.

There is constant repetition of common words and expressions,so that comparatively long lessons may be assigned andthe pupil may be enabled to acquire an extensive knowledge ofuseful every-day Spanish and become familiar with the structureof the Spanish sentence at an earlier period than has beenpossible heretofore.

Selection XII is taken from "Tradiciones y leyendas españolas"by Don Luciano García de Real (Barcelona, 1898).Selections IV, VI, IX, X, XIII, are taken from the

"Bibliotecade las tradiciones populares españolas" (Madrid, 1886). Theremaining selections are taken from various sources or adaptedfrom English or German.

Many changes have been made in all the selections, exceptin the fables of Iriarte and the story by Fernán Caballero, inorder to render the material suitable for beginners.

E. S. H.

CONTENTS

I. EL CUENTO DEL POLLO

II. UN HOMBRE INSACIABLE

III. LOS TRES OSOS

IV. LOS TRES BARCOS

V. EL TESTAMENTO

VI. DON JUAN BOLONDRÓN

VII. BUENA GANGA

VIII. EL MÉDICO TUNANTE

IX. EL PRÍNCIPE JALMA

X. EL PALACIO DE MADRID

XI. LAS METAMORFOSIS DEL PICAPEDRERO

XII. EL CABALLO DE ALIATAR

XIII. EL PRÍNCIPE OSO

XIV. ADIVINANZAS

XV. ANÉCDOTAS

XVI. EL BURRO FLAUTISTA Tom ás de Iriarte XVII. EL OSO, LA MONA Y EL CERDO Tom ás de Iriarte XVIII. EL PATO Y LA SERPIENTE Tom ás de Iriarte XIX. LOS DOS CONEJOS Tom ás de Iriarte XX. LA ABEJA Y EL CUCLILLO Tom ás de Iriarte XXI. LA ARDILLA Y EL CABALLO Tomás de Iriarte

VOCABULARY

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EL RICO EXTREMEÑO Y EL EXTRANJERO

ELEMENTARY SPANISH

READER

EL CUENTO DEL POLLO

Un día un pollo entra en un bosque. Una bellota cae ensu cabeza. El pobre pollo cree que el cielo ha caído sobreél. Corre para informar al rey.

En el camino encuentra una gallina.

—¿A dónde vas?—pregunta la gallina. 5

—¡Oh!—dice el pollo,—el cielo ha caído en mi cabezay voy a informar al rey.

—Yo voy también, si quieres,—responde la gallina y semarchan juntos el pollo y la gallina al palacio del rey.

En el camino encuentran un gallo. 10

—¿A dónde vas?—pregunta el gallo a la gallina.

—¡Oh!—dice la gallina—el cielo ha caído sobre lacabeza del pobre pollo y vamos a informar al rey.

—Yo voy también, si quieres,—responde el gallo y semarchan juntos el pollo, la gallina y el gallo al palacio del rey. 15

En el camino encuentran un pato.

—¿A dónde vas?—pregunta el pato al gallo.

—¡Oh!—dice el gallo,—el cielo ha caído en la cabezadel pobre pollo y vamos a informar al rey.

—Yo voy también, si quieres—responde el pato y se 20marchan juntos el pollo, la gallina, el gallo y el pato al palaciodel rey.

En el camino encuentran un ganso.

—¿A dónde vas?—pregunta el ganso al pato.

—¡Oh!—dice el pato,—el cielo ha caído en la cabezadel pobre pollo y vamos a informar al rey.

—Yo voy también, si quieres,—responde el ganso y semarchan juntos el pollo, la gallina, el gallo, el pato y el gansoal palacio del rey. 25

En el camino encuentran un pavo. El pavo quiere ir conellos a informar al rey que el cielo ha caído. Ninguno delos pobres animales sabe el camino.

En este momento encuentran una zorra. La zorra dice quequiere enseñarles el camino al palacio del rey. Todos van 30con ella; pero ella los conduce a su cubil. Aquí la zorra ysus cachorros se comen el pobre pollo y la gallina y elgallo y el pato y el ganso y el pavo. Los pobres no van alpalacio y no pueden informar al rey que el cielo ha caídosobre la cabeza del pobre pollo. 35

UN HOMBRE INSACIABLE

En Extremadura vivía un hombre. El hombre era rico.Era muy rico. Tenía casas y viñas, vacas y ovejas, caballosy cerdos. Las casas eran grandes y nuevas. Las viñas teníanmuchas uvas. Las vacas, las ovejas y los cerdos estaban muygordos. Los caballos eran los más hermosos de Extremadura. 5

El hombre tenía todavía más. Tenía una buena mujery buenos hijos. Tenía todo lo que podía desear; pero elhombre no estaba satisfecho. No estaba satisfecho con Diosni con su mujer ni con sus hijos. Tampoco estaba satisfechodel tiempo. 10

Cuando hacía frío decía:—Hace frío; este tiempo no esbueno para mis viñas.

Cuando llovía, exclamaba:—Llueve demasiado; el tiempoestá muy húmedo. Debemos tener sol.

Cuando hacía sol, tampoco estaba satisfecho. Hoy hacía 15mucho frío, mañana mucho calor; ora el tiempo era muyhúmedo, ora muy seco.

Un día entró en su viña. Allí estaban las hermosas uvas.Tenía más uvas que todas las otras personas de Extremadura;pero no estaba satisfecho.—Estas uvas son muy pequeñas—dijo.—

Hace20mal tiempo; hace mucho frío. No hacebastante calor.

En este momento se presentó en la viña un hombre alto yhermoso. Este hombre dijo:—Nunca está Vd. satisfecho deltiempo. Siempre hace frío o calor, es muy húmedo o muy 25seco. ¿Puede Vd. hacer un tiempo mejor?—Sí,—respondióel hombre rico,—yo puedo hacer mejor tiempo.—Puesbien,—dijo el extranjero,—el año que viene debeVd. hacer el tiempo para sus viñas.

Entonces el extranjero desapareció. 30

El año próximo llegó. Era el mes de marzo.—Quieronieve,—

dijo el hombre rico. Entonces empezó a nevar.Llegó el mes de abril.—Ahora quiero lluvia,—dijo el hombrerico. Entonces empezó a llover.—Muy bien,—dijoel hombre,—pero ahora quiero un tiempo caluroso. Entonces 35hacía sol y el hombre estaba satisfecho con sus viñasy con el tiempo.

Así el hombre hacía el tiempo todo el verano. Llovíacuando quería y hacía sol cuando quería. Tenía en la viñamuchas hermosas uvas. Entonces dijo:—Mis uvas son las 40más hermosas de Extremadura. Nunca he visto uvas tanhermosas.

Al fin llegó el otoño y empezó la vendimia. El hombrecogió algunas uvas pero eran ácidas como el vinagre. Nuncahabía visto uvas tan agrias. En este momento llegó el extranjero.—

Este45año,—dijo—hace Vd. el tiempo. ¿Cómoencuentra las uvas?—Malas, muy malas,—respondió elhombre rico,—son ácidas como el vinagre.

Entonces dijo el extranjero,—Ya lo comprendo. Vd.ha dado a la viña nieve, lluvia, sol, calor y frío, pero ha 50olvidado el viento.

LOS TRES OSOS

Cerca de un bosque hermoso vivían tres osos. Estososos eran muy buenos y amables. Habían construido una 5casa cómoda solamente con una puerta y una ventana. Unode los osos era muy pequeño, uno de tamaño mediano y elotro muy grande.

Tenían en la casa todo lo necesario. Tenían un platopequeño para el oso pequeño, un plato mediano para el oso 10mediano, y un plato grande para el oso grande. Tenían unasilla pequeña para el oso pequeño, una silla mediana para eloso mediano, y una silla grande para el oso grande. Teníanuna cama pequeña para el oso pequeño, una cama medianapara el oso mediano, y una cama grande para el oso grande. 15Y esto era todo.

Una mañana tenían sopa para el almuerzo. Echaron lasopa en los platos. Pero la sopa estaba tan caliente que nopodían tocarla con la lengua. Los osos, como Vds. saben, noemplean ni cucharas, ni cuchillos, ni tenedores. Los platos 20de sopa estaban en el suelo, porque los osos no emplean mesas.

—Vamos a dar un paseo,—dijo el oso grande;—y cuandovolvamos podemos tomar la sopa.

Los osos tenían hambre, mucha hambre, pero eran muypacientes y salieron todos a dar un paseo por el bosque; primero 25el oso grande, después el oso mediano y por último el osopequeño.

Poco después entró una niña en el bosque. Vio la pequeñacasa pero no sabía de quién era. Pensaba que la casa eramuy hermosa y quería entrar para verla. Así, llamó a la 30puerta.

Nadie respondió. Ella creía que todas las personas de lacasa estaban dormidas. Llamó otra vez, pero nadie respondió.Ahora creía la niña que nadie estaba en la casa. Abrióla puerta y entró.

Todo parecía tan cómodo que queríaquedarse allí algunos minutos. Estaba muy cansada y 35quería descansar.

Vio la niña los tres platos en el suelo. Tenía mucha hambrey quería probar la sopa. Probó la sopa que estaba en el platogrande. Estaba muy fría. Entonces probó la sopa que estabaen el plato mediano; pero estaba muy caliente. Entonces 40probó la sopa que estaba en el plato pequeño y legustó tanto que se la tomó toda.

Al otro lado del cuarto estaban las tres sillas. La niñaquería descansar antes de ir a casa.

Primero probó la silla grande; pero era muy alta. Después 45probó la silla mediana; pero era muy ancha. Por último probóla silla pequeña; pero al sentarse en ella la hizo pedazos.

Luego vio las camas en la alcoba, y quería dormir la siestaantes de ir a casa.

Primero probó la cama grande; pero era demasiado 50blanda.

Después probó la cama mediana; pero era demasiadodura. Por último probó la cama pequeña y como era muycómoda y le gustó, se echó en ella y se durmió.

Mientras dormía los tres osos volvieron a casa. Teníanhambre después de su paseo y querían tomar la sopa. El oso 55grande levantó su plato y bramó:

—¡Alguien ha probado mi sopa!

Entonces el oso mediano levantó su plato y gruñó:

—¡Alguien ha probado mi sopa también!

Por último el oso pequeño levantó su plato y gritó: 60

—¡Alguien ha probado mi sopa y se la ha tomado!

Entonces fueron todos al otro lado del cuarto a sentarse ensus sillas. Primero el oso grande probó su silla y bramó:

—¡Alguien se ha sentado en mi silla!

Entonces el oso mediano probó su silla y gruñó: 65

—¡Alguien se ha sentado en mi silla también!

Entonces el oso pequeño probó su silla y gritó:

—¡Alguien se ha sentado en mi silla y la ha hecho pedazos! 70

Después entraron todos en la alcoba. El oso grande fue elprimero que vio su cama y bramó:

—¡Alguien ha dormido en mi cama!

Entonces el oso mediano vio su cama y gruñó:

—¡Alguien ha dormido en mi cama también! 75

Por último vio su cama el oso pequeño y gritó con vozaguda:

—¡Alguien ha dormido en mi cama y aquí está!

Este ruido despertó a la niña. Cuando abrió los ojos y vio alos osos, estaba muy asustada. Se levantó y huyó de la casa. 80Los tres osos fueron a la puerta para mirar tras ella. Vieronque ella corría por el bosque hacia su casa. No la persiguieron,porque eran buenos y amables. Y eso es todo lo quesé acerca de la niña y de los tres osos que vivían en el hermosobosque en la pequeña casa con solamente una ventana y una 85puerta.

LOS TRES BARCOS

Cierto hombre rico tenía tres hijos. El hijo mayor noquería quedarse en casa; quería ver el mundo. Su padre diósu consentimiento. Una mañana salió el joven de la casa desu padre. El padre le dió su bendición. También le regaló 5mucho dinero y un barco de oro. El joven se metió en elbarco y se marchó. Llegó a una ciudad y fue a una posada.Los mozos de la posada pusieron el barco en una sala cerca desu alcoba.

Entonces el joven salió a ver la ciudad.

Cuando pasó por el palacio vio un letrero en la puerta que 10decía:

—Dentro del palacio está escondida la hija del rey. El quela encuentre puede casarse con ella.

Él entró para buscarla; pero el rey le dijo que si no podíaencontrarla dentro de tres días sería encerrado en el palacio.Él la buscó, pero no podía encontrarla y le encerraron en un 15cuarto del palacio.

Como el hijo mayor no volvió a casa, el segundo hijo salió abuscarle. Su padre le dió su bendición y le regaló un barcode plata. Se metió en el barco y se marchó. Después dealgunos días llegó a la misma ciudad y a la misma posada que 20su hermano.

Los mozos de la posada pusieron el barco deplata en la misma sala con el barco de oro. Vio el jovenel barco de oro y conoció que su hermano estaba en laciudad.

Salió a ver la ciudad, pasó por el palacio y vio el letrero en 25la puerta. Entró para buscar a la princesa. El rey dijo queallí estaba un joven encerrado porque no podía encontrarla.La misma suerte le esperaba si no podía encontrarla dentro detres días. Él se decidió a buscarla pero tampoco la halló yle encerraron. 30

Como los dos hijos no volvieron a casa, el hijo menor queríair a buscarlos. Su padre le dió su bendición y le regaló unbarco de seda. Se metió en el barco y se marchó. Llegó a lamisma ciudad y a la misma posada que sus hermanos. Losmozos pusieron su barco con los otros dos. Cuando vio el 35barco de oro y el de plata conoció que sus hermanos estabanen la ciudad.

También salió este joven a ver la ciudad. Vio el letrero enla puerta del palacio del rey. Se sentó en una piedra cerca dela puerta pensando si entraría o no. Después de algunos 40momentos se presentó una vieja que ofreció ayudarle.

Ellapreguntó si era rico. El contestó que tenía tres barcos, unode oro, uno de plata y otro de seda. La vieja respondió:—

Debe Vd. mandar hacer un loro grande de oro con peanade plata. En vez de ojos debe tener agujeros. 45

Colocóse este hermoso pájaro de oro y plata cerca delpalacio.

Cuando lo vio el rey, quería examinarlo. Lo llevaronseis hombres al palacio. Le gustó mucho al rey esteloro grande y creía que también gustaría a su hija. Por esodijo a los seis hombres que llevasen el pájaro a la princesa. 50El joven, que estaba dentro del loro, miraba por los agujerosque tenía en vez de ojos. Él notó que levantaron una baldosadetrás de una cama; que bajaron una escalera; quellegaron a un patio; que abrieron la entrada a otra escalera;que bajaron ésta y llegaron a otro patio; que abrieron una 55puerta y allí estaba la princesa con dos compañeras. Las tresjóvenes estaban vestidas de la misma manera. Los seishombres pusieron el loro en la alcoba de la princesa. Durantela noche el joven tenía sed y salió del loro para beber. Cuandocogió el vaso de agua tocó la mano de la princesa que también 60tenía sed. La princesa estaba muy asustada pero el joven ledijo que iba a librarla de aquel encierro. Ella se tranquilizó yle dijo que llevaría en el dedo una cinta roja. Como sus compañerastendrían cintas azules, él la conocería de esta manera.

Por la mañana sacaron el loro. Entonces el joven se presentó 65en el palacio para buscar a la princesa. El rey le dijoque era necesario encontrarla dentro de tres días. Si no podíahacer esto le encerrarían con sus dos hermanos. Él insistió enentrar y comenzó a buscar. El primer día fingió no poderencontrarla. El segundo día sucedió lo mismo. El tercer 70día, levantó la baldosa detrás de la cama, bajó la escalera,llegó al patio, abrió la entrada a la otra escalera, la bajó yllegó al otro patio, abrió la puerta y vio las tres jóvenes. Elrey creía que no le era posible reconocer a la princesa entresus compañeras. Pero él la escogió porque vio la cinta roja 75en su dedo. Entonces el rey dijo:

—No tengo más remedio que darle mi hija por esposa,porque la ha encontrado Vd. dentro de tres días.

El rey puso en libertad a los dos hermanos del joven.

Ésteenvió por su padre, y con mucho regocijo se celebraron las 80bodas del hijo menor con la hermosa princesa.

EL TESTAMENTO

Cierto lugareño estaba a punto de morir. No era muy rico.Sólo tenía un perro y un caballo. No tenía hijos pero teníauna mujer.

Poco antes de morir, llamó a su mujer y le dijo:

—Ya sabes que voy a morir. No te he olvidado en mi 5testamento; pero no soy rico y no tengo más bienes que unperro y un caballo.

—Yo apreciaré tu recuerdo, marido mío,—dijo la mujerllorando.

—Después de mi muerte,—continuó el marido,—debes 10vender el caballo y entregar el dinero a mis parientes.

—¡Cómo! ¿debo entregar el dinero a tus parientes?

—Sí; pero espera. Te regalo generosamente el perro.Puedes venderlo, si quieres, o puedes conservarlo paraguardar la casa.

Es un animal fiel. Te servirá de gran consuelo. 15

El lugareño se murió. La mujer quería obedecer a sumarido.

Una mañana cogió el caballo y el perro y los llevóa la feria.

—¿Cuánto quiere Vd. por ese caballo? preguntó un hombre. 20

—Quiero vender el caballo y el perro juntos,—respondióla mujer.—Quiero por el perro cien duros y por el caballo diezreales.

—Acepto,—dijo el hombre,—porque el precio de los dosjuntos es razonable. 30

La buena mujer dió a los parientes de su marido los diezreales que recibió por el caballo y conservó los cien duros querecibió por el perro. Así obedeció a su marido.

DON JUAN BOLONDRÓN

Una vez había un pobre zapatero llamado Juan Bolondrón.Un día estaba sentado en un banco tomando una taza de 5leche.

Había varias moscas en el banco cerca de algunasgotas de leche.

Don Juan mató siete de ellas de un golpe.Entonces gritó:

—Yo soy muy valiente, y desde hoy me llamo Don JuanBolondrón Matasiete. 10

Había cerca de la ciudad un bosque. Dentro del bosquehabía un jabalí que hacía mucho mal a los habitantes. Ya sehabía comido a muchos de ellos. El rey había enviadomucha gente para matarlo. Algunos de estos hombres sehabían fugado por miedo; el jabalí se había comido a los 15otros. Dijeron al rey que había en la ciudad un hombre muyvaliente que se llamaba Don Juan Bolondrón Matasiete.

—¡Oh!—dijo el rey.—Debo conocer a este hombre.Díganle que venga al palacio al instante.

Le llevaron al palacio y cuando le vio el rey, le dijo: 20

—Hombre, dicen que eres muy valiente. ¿Es verdad quematas siete de un golpe?

—Sí, Vuestra Majestad;—le contestó.

—Pues bien—le dijo el rey—Tengo una hija muy bonitay te la doy por esposa si matas el jabalí que hace tanto mal a 25los habitantes de la ciudad. ¿Tienes bastante valor?

—Sí, Vuestra Majestad—respondió el zapatero.

—Está bien; pero si no lo matas, perderás la cabeza.

Al día siguiente Don Juan Bolondrón se preparó bien ysalió a buscar el jabalí. Estaba tiritando de miedo. Era 30bastante valiente para matar moscas pero no para matarjabalíes. Este día el jabalí era más feroz que nunca, porqueen tres días no había comido nada. Juan empezó a pensaren el mejor modo de matar el animal. Creía que era muyprobable que el animal le matara a él. Nunca había tenido 35en las manos más armas que las de su zapatería. Cuandollegó al bosque, salió el jabalí, furioso de rabia y de hambre.Cuando Don Juan lo vio, empezó a correr en la dirección delpalacio, y tras él, el jabalí. Don Juan llegó al palacio y semetió detrás de la puerta de la calle. El jabalí entró en el 40patio, donde fue matado por los soldados del rey. En estemomento Don Juan corrió al patio con la espada en mano.Reprendió a los soldados por haber matado el animal.

Despuésfue derecha al rey que había salido para saber la causadel ruido. 45

—¿Qué es esto, Don Juan?—preguntó el rey.

—Vuestra Majestad,—respondió Don Juan,—no hequerido matar el jabalí; he querido traerlo vivo al palacio;pero esos soldados lo han matado cobardemente.

—Eres muy valiente, Don Juan, y mereces por esposa la 50princesa mi hija.

Le dieron un cuarto en el palacio y después de algunos díasse celebraron las bodas. La princesa no sabía que se casabacon un pobre zapatero.

Pensaba Don Juan muchas veces en las miserias de 55su vida pasada, y hacía comparación con su dicha presente.En consecuencia de esto, una noche soñó con su zapatería yhabló de sus hormas y de su lesna.

La princesa oyó estas palabras y estaba muy triste. Creíaque tal vez se había casado con un zapatero. Al día siguiente 60fue a su padre y le dijo:

—Señor padre, tal vez me he casado con un zapatero porqueanoche en sueños ha hablado de sus hormas y de su lesna.

El rey llamó a su presencia a Don Juan Bolondrón Matasietey le preguntó: 65

—¿Hombre, eres zapatero y te has atrevido a casarte conmi hija?

—Señor,—dijo Don Juan,—la señora princesa no comprendióbien lo que yo decía. Yo soñaba que estaba luchandocon el jabalí y decía a mi esposa que el animal tenía la cara de 70horma y los colmillos de lesna, y esto es todo.

El rey estaba satisfecho y su hija también y los dos espososvivieron felices muchos años.

BUENA GANGA

Una mañana entró un caballero en la tienda de un prendero.Él sacó un cuadro y dijo con cortesía:

—Voy ahora a la oficina. ¿Hará Vd. el favor de guardarmeeste cuadro? Lo recogeré por la tarde cuando vuelva acasa. 5

—Con mucho gusto, caballero,—respondió el prendero.

—Espero que no lo toque nadie, porque es un cuadro degran valor. Mi abuelo lo compró hace muchos años y loapreciamos mucho.

El prendero examinó el cuadro, luego empezó a arreglar sus 15muebles.

Después

de

una

hora

se

presentó

otro

caballero.Quería comprar una mesa y algunas sillas. No le gustaron losmuebles pero antes de marcharse vio el cuadro. Lo examinócon cuidado y luego preguntó el precio.

—No puedo venderlo,—contestó el prendero—no es 30mío.

El caballero lo volvió a examinar y dijo:

—Le ofrezco cien duros además del precio del cuadro siquiere Vd. venderlo.

—Ya he dicho que no puedo venderlo, pues no es mío. 35

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El caballero se marchó y después de algunos minutos volviócon otro hombre. Dijo que éste era pintor.

Los dos hombres examinaron el cuadro con cuidado, hablaronen secreto algunos minutos y después el comprador dijoal prendero: 40

—Doy cuarenta mil reales por el cuadro y cuatro mil realespara Vd., si quiere venderlo.

—Caballero,—dijo el prendero—si quiere Vd. volvermañana, tal vez pueda yo vender el cuadro; pero ahora nopuedo prometer nada. 45

Cuando se marcharon los dos, el prendero escondió elcuadro.

A las cuatro de la tarde volvió el dueño.

—¿En dónde está mi cuadro?

—Tengo que hablar con Vd.

—Bien, hable Vd., pero tengo prisa y quiero el cuadro.

50¿Dónde está?

—¿Quiere Vd. venderlo?

—No, señor.

—Le doy cien duros por él.

—No quiero venderlo. 55

—Doscientos.

—Nada.

—Quinientos.

—Nada, nada.

—¿Quiere Vd. mil? 60

—No, señor.

—Pues debo confesar la verdad. Me han robado el cuadroy no puedo devolvérselo.

—¡Desgraciado de Vd.! ¿Qué ha hecho?—dijo elcaballero.—

¿Sabe Vd. que es un cuadro que vale diez mil 65duros?

—¡Pobre de mí! haga Vd. lo que quiera, pero no puedodarle el cuadro; me lo han robado.

El caballero se dejó caer en una silla desesperado.

Después de algunos minutos, dijo:—¿Cuánto dinero 70puede Vd. darme?

—Mil quinientos duros. No tengo más, aunque me llevea la cárcel.

—No, no quiero hacer eso. Si me da Vd. ese dinero estarésatisfecho. 75

El prendero pagó y escondió el cuadro en la tienda, esperandoal comprador.

Pasó un día, una semana, un mes y no pareció.

Entonces llamó a un pintor amigo, y le dijo:

—¿Qué le parece a Vd. este cuadro? 80

—Hombre, no es malo.

—¿Lo quiere Vd. comprar?

—No, señor.

—¿Cuánto vale?

—Ya sabe Vd., señor Juan, que los cuadros están muy 85baratos.

—Pues bien, dándolo barato.

—Hombre, si le dan a Vd. cuarenta reales, no será Vd.

malpagado.

—¿Dice Vd. cuarenta o cuarenta mil? 90

—Cuarenta, señor Juan, cuarenta, y es mucho.

—¡Ah! ¡me he perdido! ¡ladrones! ¡infamesladrones!

Después de esto ¿quién quiere comprar gangas?

EL MÉDICO TUNANTE

Llegó un tunante a la ciudad de Zaragoza, diciendo quesabía raros secretos de medicina. Entre otras cosas dijo quepodía remozar las viejas. Muchas viejas del pueblo creyeronsus palabras.

Llegaron pues un gran número de ellas a pedirle este 5precioso beneficio. Él les dijo:

—Es necesario que cada una escriba en una cédula sunombre y edad.

Había entre ellas mujeres de setenta, de ochenta, y de noventaaños de edad. Todas hicieron exactamente como él les 10había dicho porque no querían perder la dicha de remozarse.El tunante les dijo que volvieran a su posada al día siguiente.

Cuando volvieron él empezó a lamentarse y les dijo:

—Debo confesar la verdad. Una bruja me ha robadotodas las cédulas. Era envidiosa de la buena suerte de Vds. 15Así es necesario que cada una vuelva a escribir su nombre yedad.

También quiero decirles porqué es necesaria estacircunstancia.

La mujer más vieja ha de ser quemada. Lasotras han de tomar una porción de sus cenizas y así seremozarán. 20

Al oír esto se pasmaron las viejas, pero, todavía creyendo supromesa, hicieron nuevas cédulas. Pero todas tenían miedode ser quemadas y no escribieron sus edades correctamente.Cada una se quitó muchos años. 25

La que tenía noventa, por ejemplo, escribió cincuenta; lade sesenta, treinta y cinco, etc.

Recibió el picarón las nuevas cédulas y luego sacó las deldía anterior. Había dicho que las había perdido pero no eraverdad.

Comparó las nuevas cédulas con las otras y dijo: 25

—Ahora bien, señoras mías; ya tienen Vds. lo que lesprometí; ya todas se han remozado. Vd. tenía ayer noventaaños, ahora tiene cincuenta; Vd. ayer cincuenta, hoy treintay cinco.

Hablando así las despachó a todas tan corridas como puede 30suponerse.

EL PRÍNCIPE JALMA

Había un viejo que tenía una hija muy hermosa. Él eramuy ignorante y no sabía lo que era ni oro ni plata. Todoslos días iba el viejo al bosque a cortar leña. Llevaba la leña ala ciudad y la cambiaba por comida para su mujer y su hija.Un día estaba cortando el tronco de un árbol grande y oyó 5lamentos adentro.

Luego salió un negro muy feo y le dijo:

—Me has herido y morirás por esto.

El viejo se excusó, diciendo:

—Señor, perdóneme Vd. Soy muy pobre y vengo abuscar leña para mantener a mi mujer y a mi hija. 10

—¿Y es hermosa tu hija?—dijo el negro.

—¡Oh! sí, señor—dijo el viejo;—y mucho.

—Pues bien—le dijo el negro,—yo te perdono la vidasi me das tu hija por esposa; y si no, morirás. Dentro deocho días te presentarás aquí con la contestación. Si la 15niña quiere o no quiere, debes venir para decírmelo. Y ahoraabre el tronco de este árbol y hallarás mucho oro. Puedesllevarlo a tu mujer y a tu hija.

El viejo cortó el árbol y adentro halló mucho oro. Cargósu burro con el oro y se fue a casa. Cuando llegó, su mujer y 20su hija le preguntaron porqué venía tan tarde. Él les explicóel caso y la niña dijo que consentiría en casarse con el negropara salvar a su padre. Entonces les dió todo el oro quetraía. Nunca habían visto monedas de oro y no sabían queera dinero. 25

—¿Qué es esto?—dijeron ellas.—¿Qué medallas sonéstas tan bonitas?

—Será bueno venderlas en la ciudad, padre, si es posible,—

dijola niña.

El viejo se fue a la ciudad llevando su oro. Quería venderlo, 30pero le dijeron que eran monedas de oro y que con ellaspodía comprar muchas cosas. Él compró comida y vestidospara su familia y volvió muy contento a casa.

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Al cabo de los ocho días, tomó el viejo su hacha y su burro yse fue al bosque. Dió algunos golpes al tronco del árbol y 35salió el mismo negro.

—¿Qué contestación me traes?—le dijo éste.

—Mi hija consiente en casarse contigo—le dijo.

—Bien—dijo el negro;—pero hay una condición y es quelas bodas se celebren a oscuras y que ella nunca trate de verme, 40mientras yo no lo diga.

El viejo le dijo que así sería.

—Carga tu burro con todo el oro que quieras—dijo elnegro—y compra todo lo que creas necesario para las bodas.Me casaré con tu hija en ocho días desde hoy. 45

El viejo cargó su burro de oro otra vez y volvió a casa.La hija salió a encontrarle. Él le dijo todo y ella consintió entodo lo que su novio quería.

Al cabo de los ocho días se celebraron las bodas a oscuras.La niña vivió muy feliz. El novio salía muy temprano cada 50mañana y volvía por la noche.

Un día vino una vecina vieja a visitarla. Le preguntó si erafeliz en su matrimonio. Ella le dijo que era muy feliz y queestaba muy contenta. Después le preguntó la vieja como erasu marido, si era joven o viejo, feo o hermoso. Ella dijo que 55no sabía porque nunca le había visto.

—¡Cómo!—dijo la vieja.—¿Te has casado y no conocesa tu marido? Esto no es posible.

—Sí—dijo ella;—pues así lo pedía antes de casarse.

—Niña—dijo la vieja.—¿cómo sabes si tu marido es un 60perro o si es Satanás? Es necesario verle. Toma este fósforo;cuando tu marido duerma, enciende el fósforo, y leverás.

La niña lo hizo así. Cuando llegó la media noche, encendióel fósforo y miró a su marido. Vio que era muy hermoso. 65Olvidó el fósforo y un pedazo cayó en la cara de su marido.Entonces él despertó y dijo:

—¡Ingrata, no has tenido palabra! Has de saber que soyun príncipe encantado. Yo soy el príncipe Jalma. Estaba apunto de salir de mi encantamiento pero ahora es imposible 70por mucho tiempo. Si quieres volver a verme, tienes quegastar zapatos de hierro hasta que me encuentres. Tienesque buscarme por toda la tierra.

El príncipe desapareció. La niña empezó a llorar y sintióhaber seguido los consejos de la vieja. Cuando vino ésta al 75día siguiente, dijo a la niña:

—¿Has visto a tu marido?

—Sí—le contestó,—y lo siento muchísimo. Era unpríncipe encantado y ahora nunca volveré a verle.

Se fue a la ciudad, compró zapatos de hierro y salió a 80buscar a su marido. Visitó muchas ciudades preguntando porel príncipe Jalma, pero ninguno le conocía. Cuando llegóal fin del mundo vio a la madre del viento del Norte y lasaludó.

—¿Cómo le va, buena señora? 85

—Bien, hija,—le dijo;—¿qué haces aquí, cuando ni lospájaros llegan a estos lugares? Mi hijo te comerá.

—Señora—le dijo la niña,—vengo en busca de mi marido,del príncipe Jalma. Tengo que gastar zapatos de hierrohasta que le encuentre. 90

—Yo no le conozco, hija,—dijo la madre del Norte,—peroes probable que mi hijo le conozca. Te esconderédebajo de esta olla. Cuando llegue le preguntaré.

Cuando llegó el viento, gritó:

—¡Hu-u-u-u! a carne humana huele aquí! 95

—¿Qué carne humana vendría aquí, hijo,—dijo la madre,—

cuandoni los pájaros llegan a estos lugares?

Pero él siguió gritando:

—¡Hu-u-u-u! a carne humana huele aquí!

Su madre puso la mesa, y después que hubo comido, le dijo: 100

—Tengo que pedirte un favor. ¿Quieres concedérmelo?

—Hable Vd. señora—le dijo.

—Has de saber que hay aquí una niña en busca desu marido, el príncipe Jalma. ¿Sabes donde está? ¿Leconoces? 105

—Que salga la niña—dijo el Norte.

La niña salió y preguntó por su marido.

—Yo no conozco a tu marido—dijo el Norte,—pero yocreo que mi amigo el Sur puede conocerle. Te llevaré allísi quieres.

110

La niña dijo que quería ir con él y la madre del Norte leregaló una gallina de oro y trigo de oro para vender en casode necesidad.

El Norte la tomó en brazos y la llevó al otro fin del mundo.Allí vio a la madre del Sur y ésta le dijo: 115

—¿Qué haces aquí, hija, cuando ni los pájaros llegan aestos lugares? Mi hijo te comerá.

—Vengo en busca de mi marido, del príncipe Jalma. ¿Nole conoce Vd. señora? El Norte, que me trajo, dijo que pudieranVds. darme noticias de él. 120

—Yo no le conozco, hija; pero es probable que mi hijo leconozca. La madre del Sur la escondió debajo de una olla ypronto se oyó un gran ruido y llegó el Sur.

—¡Hu-u-u-u! a carne humana huele aquí!

—¿Qué carne humana puede venir aquí cuando ni los 125pájaros del cielo llegan a estos lugares? Siéntate a comer yhablaremos.

Después que hubo comido le dijo su madre:

—Quiero pedirte un favor, si me lo concedes.

—Hable Vd., señora, y se lo concederé—contestó él. 130

—Ha venido aquí una niña en busca de su marido, elpríncipe Jalma. ¿Tú le conoces?

La niña salió y el Sur le dijo:

—No le conozco; pero te llevaré a mi amigo el Oriente y esmuy probable que le conozca. 135

La madre del Sur dió a la niña una cruz de oro y el Sur lallevó al Oriente. Éste tampoco conocía al príncipe Jalmay ofreció llevarla a su amigo el Poniente. La madre delOriente le regaló un peine de oro para vender en caso denecesidad. 140

Cuando el Oriente llegó con la niña, encontraron a lamadre del Poniente. Ella recibió a la niña con gran asombroy cariño. La niña hizo las mismas preguntas y la madrecontestó:

—Mi hijo le conocerá. 145

Entonces la escondió debajo de la olla.

Cuando llegó el Poniente, estaba muy enojado pero despuésque hubo comido, la madre sacó la niña y preguntópor el príncipe Jalma.

—Sí—le dijo,—le conozco, y sé donde está; te llevaré 150allá.

Vive preso en un palacio con una vieja bruja y su hija.La hija quiere casarse con él. Nadie puede verle y él nopuede ver a nadie. Duerme bajo siete llaves.

La madre del Poniente dió a la niña una taza de oro paravender en caso de necesidad. 155

Al fin llegó la niña al palacio y supo que dentro de cuatrodías se casaría el príncipe con la hija de la bruja. Ella sesentó en el jardín, y trató de hacerse pasar por una tonta.Con este motivo se lavaba la cara con barro y hacía otrasmuchas tonterías. Sacó la gallina de oro y le dió el trigo. 160Los sirvientes del palacio refirieron esto a su señorita que vinoa verlo. Luego le dijo:

—Dame la gallina de oro.

—No—dijo ella.

—Véndemela entonces. ¿Qué quieres por ella? 165

—Si me dejas dormir en el cuarto del príncipe, te daré lagallina.

—Bien—dijo ella;—dormirás allí.

Abrieron las siete llaves y la niña entró en el cuarto delpríncipe; pero antes echaron algo en el vino del príncipe para 170hacerle dormir. Así la niña le encontró profundamente dormido.Fué a su cama, le sacudió y le dijo:

—Príncipe, despierta, yo soy tu esposa. He gastado loszapatos de hierro según me has pedido. Ahora te he encontrado;pero si no me reconoces te casarán con otra. 175

Pero él no despertó y al día siguiente la sacaron de allí yella se fue otra vez al jardín. Sacó su peine de oro y se peinó.Salió la hija de la bruja y lo compró bajo las mismas condiciones;pero la misma cosa sucedió con el príncipe. Al tercerdía sacó ella la cruz de oro, y la hija de la bruja la compró, 180pero la niña no podía despertar a su marido.

El cuarto día la niña sacó la taza de oro y la hija de labruja la compró bajo las mismas condiciones. Pero el príncipehabía empezado a sospechar algo y cuando le dieron elvino, no lo bebió. La niña entró en el cuarto y empezó de 185nuevo sus lamentaciones. Le dijo:

—Si no me reconoces esta noche soy perdida para siempre.No tengo otra cosa con que pagar mi entrada al cuarto. Lahija de la bruja tiene la gallina de oro y el trigo de oro y el peinede oro, y la cruz de oro y la taza de oro. Además te casarán 190con ella mañana.

En este momento despertó el príncipe, le dió un abrazo y ledijo:

—¡Ninguna ha de ser mi esposa sino tú!

Al día siguiente celebró nuevas bodas con su esposa, y 195mandó quemar a la bruja y a su hija.

EL PALACIO DE MADRID

El rey de España quería tener un palacio muy hermoso, elmejor del mundo. Quería tener el mejor arquitecto de Europapara construir este hermoso edificio y le buscó por todaspartes. Al fin encontró uno muy bueno y muy nombrado.Le prometió grandes sumas de dinero para construir su palacio. 5El arquitecto empezó la obra y la acabó en breve plazo.El rey estaba satisfecho. Entonces el rey dijo para sí:

—Si este hombre puede hacerme un palacio tan magnífico,puede hacer lo mismo para otro rey. Yo no quiero que otrorey tenga un palacio tan bueno, tan magnífico, como el mío.

10¿Qué haré?

Un día convidó a comer al arquitecto famoso y le preguntósi podría hacer otro palacio como el que había concluido.El arquitecto contestó que sí.

El rey le manifestó que no quería que construyese otro 15palacio. Él quería tener el mejor palacio del mundo.

Prometiódarle grandes tesoros si daba su promesa de no hacerotra obra como aquélla. El arquitecto estimaba su fama másque todo y se negó a darle su palabra.

Cuando el rey vio que no podía obtener la promesa deseada, 20mandó que aprisionasen al arquitecto. Después de esto, lesacaron los ojos, para que no pudiera dirigir ninguna otraobra; le cortaron los brazos, para que no pudiera trazar losplanos; y también le cortaron la lengua, para que no pudieracomunicar a nadie sus conocimientos. Pero le dió el rey 25habitación en el palacio y grandes riquezas. Todos los díasestaba sentado el arquitecto a la mesa del rey. Los criadostenían que darle de comer porque no tenía brazos. Así estuvoviviendo de esa manera hasta que murió.

Sobre los pequeños pilares que forman la cornisa del palacio 30se puede ver el busto de un hombre. Como todos los bustos,no

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tiene ni brazos ni ojos. Según el pueblo este busto es laefigie del arquitecto que dirigió la erección del palacio. Secree que el rey lo puso allí para honrarle en muerte.

LAS METAMORFOSIS DEL PICAPEDRERO

Había una vez un hombre que cortaba piedras de una roca.Su trabajo era largo y penoso, y muy mezquino en su salario,por lo que suspiraba tristemente. Un día, cansado de su rudatarea, exclamó:

—¡Oh! ¿Por qué no seré yo bastante rico para pasar la 5vida tumbado sobre un blando lecho, provisto de cortinas queme libren de los mosquitos?

Entonces un ángel descendió del Cielo y le dijo:

—Que tu deseo sea satisfecho.

Y el hombre fue rico, y reposaba en blando lecho, provisto 10de cortinas de seda roja. Pero he aquí que el Rey de aquelpaís llega en su magnífica carroza, precedido y seguido delujosos caballeros y rodeado de servidores que sostienenuna sombrilla de oro sobre su cabeza.

El rico se sintió entristecido por este espectáculo y dijo 15suspirando:

—¡Oh, si yo pudiera ser rey!

Y el ángel descendió del Cielo, y le dijo:

—¡Que tu deseo sea satisfecho!

El hombre fue Rey y se paseaba en una magnífica carroza 20precedida y seguida de lujosos caballeros, y le rodeaban servidoresque sostenían sobre su cabeza la sombrilla de oro.

El Sol brillaba de tal modo que sus rayos quemaban lahierba.

El Rey se abrasaba de calor y decía que quería sercómo el hermoso astro. 25

Y el ángel descendiendo del Cielo le dijo:

—¡Que tu deseo sea satisfecho!

Y el Rey fue transformado en Sol, y sus rayos se derramabansobre la tierra, abrasando las hierbecillas y haciendo brotar elsudor del rostro de los Reyes. Pero una nube se eleva en los 30aires y tapa su luz. El Sol se irrita al ver su poder menospreciadoy grita que se cambiaría por la nube.

Y el ángel desciende del Cielo y le dice:

—¡Que tu deseo sea satisfecho!

Y el Sol se convierte en nube que sombra a la tierra, y las 35hierbecillas reverdecen.

Y la nube se abrió y de sus flancos corrieron torrentes de aguaque inundaron los valles, devastaron las mieses y ahogaron lasbestias; pero nada podían contra una roca, a pesar de embestirlael oleaje por todos lados. 40

Entonces gritó la nube:

—Esa roca es más poderosa que yo; quisiera ser roca.

Y el ángel desciende del Cielo y le dice:

—¡Que tu deseo sea satisfecho!

Y la nube fue convertida en roca, y ni el ardor del Sol, ni la 45violencia de las lluvias podían conmoverla. Pero llega unobrero que comienza a golpearla, haciéndola pedazos con sumartillo, y la roca exclama:

—Este obrero es más poderoso que yo; ¡Quisiera ser esteobrero! 50

Y el ángel desciende del Cielo y le dice:

—¡Que tu deseo sea satisfecho!

Y el pobre hombre, transformado tantas veces, vuelve a serel picapedrero que trabaja rudamente por un mezquino salarioy vive al día contento con su suerte. 55

EL CABALLO DE ALIATAR

D. Pedro Gómez de Aguilar tenía una magnífica finca cercade la ciudad de Cabra. Un día del mes de noviembre leavisaron que sus colonos habían abandonado la finca a causade una invasión de los moros. D. Pedro no podía creer lasnoticias y sin decir nada a sus hijos, montó a caballo y se fue 5a la finca para informarse del suceso.

Llovía a cántaros y no vio a nadie en el camino. Al llegara su finca no vio a nadie tampoco y creía que ya se habían idolos moros.

Algunos momentos después se vio rodeado de cuarenta de 10ellos a las órdenes del famoso alcaide de Loja, Aliatar.

Laresistencia y la fuga eran imposibles. Gómez de Aguilartenía que rendirse.

—¿Dónde están sus hijos?—preguntó Aliatar a D. Pedro.

—He venido solo, porque no podía creer que se atreviese 15Vd. a llegar hasta aquí.

Sonrió el viejo alcaide, enseñando unos dientes todavíablancos y replicó:

—Me habían ponderado mucho su finca y tenía deseos deconocerla. Pero como sus colonos habrán dado la alarma, 20vamos ahora hacia Carcabuey y es preciso que nos acompañeVd.

—Aliatar, fije Vd. el precio de mi rescate, y, si no es demasiado,le doy palabra de que lo recibirá en Loja antes dedos días. 25

—No dudo de su palabra, mas prefiero su persona a sudinero.

—¿Quiere Vd. canjearme por uno de los suyos...?

—No tienen Vds. un prisionero nuestro que valga tantocomo Vd. Así, pues, debe Vd. resignarse y seguirnos. 30

Se pusieron en camino, pero no se atrevían a seguir elcamino frecuentado. Tenían que marchar uno a uno porsendas extraviadas. D. Pedro iba en el centro, junto aAliatar, y los dos caballeros hablaban amigablemente.

Llegó una ocasión en que se encontraron solos, pues los de 35adelante habían caminado más aprisa que los de atrás.Tenían a sus pies un barranco. Al instante comprendióGómez de Aguilar que se le presentaba una ocasión favorablepara salvarse. Tiró al caudillo árabe al barranco, le sujetóy amordazó. Le quitó sus armas y le obligó a esconderse 40con él.

Empuñó D. Pedro su puñal y dijo a Aliatar en voz muyqueda:

—Si se mueve Vd., le mato. Los suyos vendrán en seguidaa buscarnos. 45

—Mi palabra le doy, Gómez de Aguilar. No necesita Vd.mordaza para mí.

Se la quitó su enemigo. Fiaba en la palabra de Aliatarcomo en la suya, porque la fama del alcaide de Loja era la deun perfecto caballero. 50

En efecto, pronto empezaron los árabes a buscar a su jefe yal prisionero. Algunos se dirigían al escondite. Los momentoseran supremos.

Nunca había estado Gómez de Aguilar en peligro tan inminente 55de su vida. Aquellos hombres no le habrían dadocuartel.

Volvió sus ojos a Aliatar. Éste no se movía y sus ojosparecían decir:

—Yo no me moveré; y no los llamaré. 60

Pero a veces brillaba en su mirada una viva esperanza queGómez de Aguilar interpretaba en estas palabras:

—Pero es muy probable que nos encuentren sin llamarlos ysin moverme.

Al fin estaban dos de los moros a cuatro pasos del escondite. 65

Otra vez empuñó D. Pedro su puñal y miró a Aliatar.

El caudillo seguía inmóvil y sus ojos le dijeron:

—No dude Vd. de mí; no me moveré; no los llamaré.

En este momento oyeron el galope de un escuadrón ylos dos moros huyeron del sitio. 70

El escuadrón era mandado por el Conde de Cabra.

Sorprendióy derrotó a los moros. Entonces salió D. PedroGómez con el caudillo.

Refirió al conde lo que había ocurrido y éste le dijo:

—En rigor, Aliatar es también mi prisionero, Don Pedro. 75Es honor que he buscado muchas veces en los campos debatalla.

En

confirmación

de

estas

palabras

el

prisionero

moviótristemente la cabeza y dijo al conde:

—En Alora me hirió su lanza y estuve a punto de caer en 80sus manos, pero me salvó este caballo. Mírenlo Vds., esatigrado, pero más fuerte y más valiente que un tigre.

Y el viejo Aliatar acarició al hermoso bruto y exclamótristemente:

—¡Pero ahora, mi Leal, no puedes salvarme! 85

Esta escena conmovió igualmente a los dos caballeros, einflamados por el mismo sentimiento.

—¡Aliatar, es Vd. libre!—exclamó D. Pedro Gómez deAguilar.

—¡Sí, libre!—añadió el Conde de Cabra. 90

Como seguían los caminos intransitables el moro tenía queaceptar la hospitalidad que le ofrecieron para aquella noche.

Al llegar a un cuarto de legua de la ciudad, tenían que pasarun río. Las aguas habían crecido tanto que no aparecíapaso vadeable. 95

Todos se detuvieron contrariados. Entonces les dijoAliatar:

—Mi Leal les abrirá camino, si me permiten Vds. ir delante.

Entonces

vieron

al

viejo

caudillo

entrar

en

la

impetuosísimacorriente como si cruzase una carretera. 100

Todos le siguieron felizmente por aquel vado que llevatodavía el nombre del moro.

Aquella

noche

obsequiaron

a

porfía

a

su

libre

prisioneroGómez de Aguilar y el Conde de Cabra.

A la mañana siguiente salieron a acompañarle fuera de la 105población.

Llegó el momento de la despedida, y Aliatar se vio rodeadode una guardia de honor.

¡Con qué efusión estrechó entonces las manos de D. Pedroy del Conde de Cabra! 110

—Me han vencido Vds., y, aunque estoy libre, me hanmaniatado.

—¿Cómo?

—Maniatado para siempre, porque ya no podré combatircontra Vds. Me han desarmado con su hidalguía más que 115con su valor.

—Sólo hemos hecho lo que merece Vd., Aliatar. Es Vd.uno de los más nobles de su raza.

—Les aseguro que mis soldados no volverán a invadir susdominios. 120

—Dicho esto, Aliatar saltó de su caballo, cogió de su bridaa Leal y se lo presentó a Gómez de Aguilar.

—Se lo doy a Vd. como recuerdo de que me hizo prisionero.

—Pues le ofrezco mi alazán en cambio,—respondió D.Pedro,—como recuerdo de que también fui prisionero de Vd.

125

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Montó en seguida en el hermoso caballo, saltó Aliatar sobreel alazán, hizo a Leal la última caricia, y exclamando,—¡QueAlá los guarde!—se marchó a galope tendido.

Leal permaneció inmóvil, siguiendo con mirada triste a suamo.

130

En vano le acarició su nuevo amo.

¡Bien merecía el nombre de Leal!

Se dice que aquel hermoso caballo murió de tristeza a lospocos días.

EL PRÍNCIPE OSO

Había una vez un comerciante que tenía tres hijas muybonitas, sobre todo la más pequeña a quien quería mucho. 5Toda su fortuna consistía en un barco que tenía en el mar, conel que hacía sus negocios. Por entonces lo había mandadomuy lejos y estaba aguardándolo, cuando le dieron la noticiade que se había ido a pique. El pobre hombre se puso muytriste porque, como no poseía más que aquel barco, estaba 10arruinado.

Así pasó algún tiempo y gastaron lo poco que tenía, cuandosupo que el barco, que sólo había estado perdido, había encontradoel camino y estaba en un puerto aguardando susórdenes. 15

El hombre estaba muy contento y dispuso ir al puerto dondeestaba el barco y preguntó a sus hijas qué querían que lestrajese.

—A mí, un vestido de seda,—dijo la mayor.

—Y a mí,—dijo la segunda,—un pañuelo bordado. 20

—¿Y tú, qué quieres?—dijo a la hija menor.

—Yo quiero una flor de lis del huerto que encuentre Vd. enel camino.

Se fue mi hombre, llegó al puerto y vendió el cargamento.Compró el vestido y el pañuelo, pero no pudo encontrar la 25flor de lis.

Como volvía a su casa, vio una casa con unos jardines tanhermosos, que dijo:—Voy a ver si en estos jardines tienen laflor de lis y me la venden.

Entró en la casa y no vio a nadie a quien preguntar, recorrió 30todos los jardines y al fin vio una planta con una florde lis tan bonita, que se decidió a llevársela. Viendo que nohabía nadie a quien pedirla, fue y la cortó. Tan pronto comola había cortado, se le apareció un oso tan grande que retrocedióasustado. 35

—¿Quién te ha dado permiso para cortar esta flor?—ledijo el oso.

—Nadie, señor, sino que una de mis hijas me había pedidouna flor de lis, no la he encontrado en ninguna parte, y al pasarpor aquí entré a ver si estaba aquí, pero como no he visto a 40nadie, creí que no tenía dueño y la he cortado. ¿Cuántotengo que pagar?

—Estas flores no se venden,—dijo el oso,—pero puestoque la has cortado, llévatela, pero en cambio has de traerme lamás pequeña de tus hijas, la que ha pedido la flor. 45

—¡Ah! no señor,—dijo el padre,—a ese precio noquiero la flor, tómela Vd.

—No puede ser,—respondió el oso,—ya la has cortado yel daño que has hecho, sólo tu hija puede remediarlo; si no latraes, moriréis todos. 50

Se fue el pobre comerciante muy desconsolado y así quellegó a su casa, dió los regalos a sus hijas, que se pusieron muycontentas, pero como le veían siempre triste le preguntó lamás pequeña:

—¿Porqué está Vd. tan triste padre? 55

—Por nada, hija mía,—contestó el padre.

—No; Vd. oculta alguna pena que no quiere decir,porque siempre que me mira, le veo a Vd. llorar.

Al fin tanto porfió la hija que el padre se lo contó todo.

Entonces la hija le dijo que la llevase a aquel jardín. El 60padre no quería, pero al fin la llevó al jardín y la dejó en la casacomo había prometido al oso. Allí tenía todo lo que deseaba,pero sin ver a nadie en la casa; sólo de noche, solía oír unosquejidos en el jardín, pero no se atrevió a llegarse a ver lo queera. Al fin, una tarde oyó que los quejidos eran más tristes 65que de ordinario y se decidió a ver lo que era.

Entró en el jardín y junto a la planta de la flor de lis hallóun oso tendido moribundo, con una mirada tan triste que aella le dió compasión.

—¿Qué tienes?—le dijo.—¿Estás malo? 70

El oso le dijo que sí.

—¿Cómo puedo yo curarte?

Entonces el oso, señalando la flor y la planta, le contestó:

—El remedio está en tu mano.

Ella miró la planta y comprendiendo que de allí la había 75cortado su padre, puso la flor sobre el tallo. Después dió lamano al oso que se levantó convertido en un caballero joven yhermoso, el cual le dijo que era un príncipe encantado y quegracias a ella había salido del encantamiento; que si queríacasarse con él, se la llevaría a su corte y sería princesa. 80

Se fueron y se casaron y fueron felices por toda su vida,llevándose ella a su padre y a sus hermanas, que también secasaron.

ADIVINANZAS

¿En qué mes hablan menos las mujeres?—En el de 5febrero.

¿Cuál es el mayor castigo para un bígamo?—Tener dossuegras.

¿Quién es el que lleva sin escrúpulo su sombrero en lacabeza, lo mismo delante de un príncipe, que de un rey, o de 10un emperador?—El cochero.

¿Qué es lo que llevaba Alejandro en la mano izquierda,cuando tomó la ciudad de Lamsaco?—Los cinco dedos.

¿Qué es lo que pasa el río sin hacer sombra?—El sonidode las campanas. 15

¿Qué es lo que se deja quemar por guardar un secreto?—

Ellacre.

¿Qué es lo que va de Madrid a Zaragoza sin moverse y sindar un paso?—La carretera.

¿Cuándo entran los perros en las iglesias?—Cuando están 20abiertas las puertas.

¿Porqué es una mujer deforme cuando está remendandosus medias?—Porque sus manos están donde debían estarsus pies.

¿Porqué los molineros llevan sombrero gris y los carboneros 25negro?—Por cubrirse la cabeza.

¿En qué se parecen las mujeres a los montes?—En quetienen faldas.

¿Qué fue lo último que consiguió Isabel laCatólica?—Morirse.

30

¿En qué se parecen las pesetas a los zapatos?—En que segastan.

¿Qué es lo que hacen con el tiempo todos los hombres ytodas las mujeres, los nobles y los plebeyos, los grandes y lospequeños, los ricos y los pobres?—Envejecer. 35

ANÉCDOTAS

—Señores, hay perros de más talento que sus amos.

—Yo poseo uno de esa especie.

—¿Ha leído Vd. Romeo y Julieta?

—Romeo, hace mucho tiempo; pero no he leído Julieta.

—¿Sabe Vd. nadar, Gómez? 5

—Sí, mi capitán.

—¿Dónde lo ha aprendido Vd.?

—En el agua, mi capitán.

—Tiene Vd. un hermoso paraguas.

—Sí, es un regalo. 10

—¡De veras! y ¿de quién?

—No lo sé; pero dice en el mango, "Presentado a JuanPérez."

—¡He visto al diablo! ¡He visto al diablo!—dijo unhombre huyendo. 15

—¡Cómo! ¿Vd. ha visto al diablo?

—Sí, señor, en figura de borrico.

—¡Bah! ha tenido Vd. miedo de su sombra.

En un hospital.

—¿Cuántos han muerto esta noche? 20

—Nueve, señor doctor.

—Pues yo he recetado para diez enfermos.

—Es que el número siete se ha negado rotundamente atomar la medicina.

Comía un inglés en una fonda y le sacaron, como era 25natural, pan tierno.

—Tráigame pan duro—dijo al camarero.

—No lo hay, señor—contestó éste.

—Pues que lo hagan. Yo esperaré.

En un examen. 30

—¿Cuántos son los elementos?

—Cinco.

—¡Cómo cinco! ¿Cuáles son?

—Agua, fuego, tierra, aire y aguardiente.

—¿Porqué el aguardiente? 35

—Porque mi padre, siempre que lo bebe, dice que está ensu elemento.

—¡Papá, papá! Planté patatas en el huerto, y ¿sabes loque ha salido?

—Ya lo creo. Patatas. 40

—No, papá; han salido unos puercos y se las han comido.

Un individuo que venía a Madrid en diligencia, entró enuna posada a las doce del día y preguntó:

—¿Cuánto vale la comida?

—Doce reales.

—¿Y la cena? 45

—Ocho.

—Pues déme Vd. de cenar.

—¿Qué tienes José?

—¡Estoy desesperado!

—¿Por qué? 50

—Se me ha perdido el perro.

—¿Y por eso te desesperas?

—¡Ya lo creo! Y te juro que si no aparece, le mato.

En una posada. Un turista inglés pide liebre.

—Vamos, un guisado de liebre—dice la posadera a su 55marido.

—Pero, hija—responde éste en voz baja—ya sabes queno tenemos.

—¿Y qué?—replicó la mujer ingenuamente—Daleconejo...

Como es inglés, no entenderá bien nuestra 60lengua.

Un recluta escribía a su padre una carta bastante breve yconcluyó así:

No escribo más porque tengo tanto frío en los pies que nopuedo tener la pluma. 65

Un soldado preguntó a uno de sus camaradas, que volvía deuna campaña, si había hallado mucha hospitalidad enHolanda.

—¡Oh! sí, mucha; casi todo el tiempo que he estado allí,lo he pasado en el hospital. 70

En cierta ocasión preguntó un comerciante a un marinero:

—¿En dónde murió su padre?

—En el mar.

—¿Y su abuelo?

—En el mar. 75

—¿Y su bisabuelo?

—Señor, también murió en el mar como los otros dos.

—¡Ah, miserable!—dijo el comerciante—después deesos ejemplos ¿todavía se atreve Vd. a embarcarse?

Calló el marinero, meditó algunos momentos y dijo después 80al comerciante:

—¿En dónde murió el padre de Vd.?

—En la cama.

—¿Y su abuelo?

—En la cama. 85

—¿Y su bisabuelo?

—En la cama también.

—¡Ah, miserable!—dijo entonces el marinero—despuésde esos ejemplos ¿todavía se atreve Vd. a acostarse?

Cierta señora fue a visitar a una de sus amigas. No la 90encontró en casa, pero en cambio vio que los muebles estabantodos llenos de polvo. Queriendo dar a su amiga una lección,escribió con el dedo sobre el polvo que cubría mesa ysillas, la palabra: puerca. Al día siguiente volvió y dijo a suamiga que la tarde anterior había tenido la desgracia de no 95hallarla en casa.

—Sí, ya sé que estuvo Vd.; encontré su nombre escrito entodos los muebles.

Examinando a una señora como testigo de un pleito, eljuez le preguntó cuántos años tenía. 100

—Treinta—respondió.

—¡Treinta!—observó el juez.—Hace tres años quedeclaró Vd.

la misma edad en este juzgado.

—Es—respondió ella—que no soy de esas personas quehoy dicen una cosa y mañana otra. 105

Un alcalde de pueblo, yendo a visitar al gobernador de laprovincia, llevó consigo a su familia.

—Tengo el honor,—le dijo,—de presentar a V. E. mimujer y mi hija, y para que las pueda distinguir, me atrevo aadvertirle que la de más edad es mi mujer. 110

—Yo no sé qué hacer,—dijo Juan a su mujer.—DonCándido me escribe pidiéndome mil reales, y ya sabes que nopuedo rehusar darle el dinero.

—Puedes excusarte diciendo que no has recibido la carta,—

observóla esposa. 115

—Dices bien.

Y, en efecto, nuestro hombre tomó la pluma y escribió losiguiente:

—Señor don Cándido: siento infinito no poder servirle;pero no he recibido la carta en que me pidió los mil reales que 120desea.

Suyo, etc.

Un hombre muy rico envió por un médico para curarle desu enfermedad, que era pura aprensión. Cuando el médicollegó, le tomó el pulso, le preguntó qué era lo que sentía yviendo que estaba bueno según todas las apariencias, le 125preguntó:

—¿Come Vd. bien?

—Sí, señor.

—¿Duerme Vd. bien?

—Sí, señor. 130

—Bien,—dijo el médico;—voy a recetarle una medicinacon que pierda Vd. todo eso.

Hallándose un marido en peligro de muerte, llamó a sumujer y le dijo:

—Moriré contento, si me das palabra de no casarte con ese 135oficial que te hace la corte.

—No tengas cuidado,—respondió ella,—que ya he dadola palabra a otro.

Un

borracho

oyó

las

dos

Y dijo con mucha paz 140

—¡Hombre!

¿dos

veces

la

una?

Ese reloj anda mal.

Confesábase uno de prestar dinero con usura.

—Si el interés pasa de seis por ciento—decía el confesor—

cometeVd. un pecado; no olvide Vd. que Dios todo lo ve 145desde el cielo.

—Por eso precisamente, señor cura; porque todo lo vedesde el cielo, presto al nueve por ciento, porque el 9 desdearriba le parecerá un 6.

EL BURRO FLAUTISTA[1] 150

Esta

fabulilla,

Salga

bien

o

mal,

Me

ha

ocurrido

ahora

Por

casualidad.

Cerca de unos prados 155

Que

hay

en

mi

lugar,

Pasaba

un

borrico

Por

casualidad.

Una

flauta

en

ellos

Halló, que un zagal 160

Se

dejó

olvidada

Por

casualidad.

Acercose

a

olerla

El

dicho

animal;

Y dió un resoplido 165

Por

casualidad.

En

la

flauta

el

aire

Se

hubo

de

colar,

Y

sonó

la

flauta

Por casualidad. 170

¡Oh!

dijo

el

borrico:

¡Qué

bien

tocar!

¿Y

dirán

que

es

mala

La

música

asnal?

Sin reglas del arte 175

Borriquitos

hay,

Que

una

vez

aciertan

Por casualidad.

Sin reglas del arte, el que en algo acierta es por casualidad.

EL OSO, LA MONA Y EL CERDO 180

Un

oso,

con

que

la

vida

Ganaba

un

piamontés,

La

no

muy

bien

aprendida

Danza,

ensayaba

en

dos

pies.

Queriendo hacer de persona, 185

Dijo

a

una

mona:

"¿Qué

tal?"

Era

perita

la

mona,

Y

respondiole:

"Muy

mal."

"Yo

creo,

replicó

el

oso,

Que me haces poco favor. 190

¡Pues

qué!

¿mi

aire

no

es

garboso?

¿No

hago

el

paso

con

primor?"

Estaba

el

cerdo

presente,

Y

dijo:

"¡Bravo!

¡Bien

va!

Bailarín más excelente 195

No

se

ha

visto

ni

verá."

Echó

el

oso,

al

oír

esto,

Sus

cuentas

allá

entre

sí,

Y

con

ademán

modesto

Hubo de exclamar así: 200

"Cuando

me

desaprobaba

La

mona,

llegué

a

dudar:

Mas

ya

que

el

cerdo

me

alaba

Muy

mal

debo

de

bailar."

Guarde para su regalo 205

Esta

sentencia

un

autor:

Si

el

sabio

no

aprueba,

malo;

Si el necio aplaude, peor.

Nunca una obra se acredita tanto de mala como cuando la aplauden losnecios. 210

EL

PATO

Y

LA

SERPIENTE

A

orillas

de

un

estanque

Diciendo

estaba

un

pato:

"¿A

qué

animal

dió

el

cielo

Los dones que me ha dado? 215

Soy

de

agua,

tierra

y

aire:

Cuando

de

andar

me

canso,

Si

se

me

antoja,

vuelo,

Si

se

me

antoja,

nado:"

Una serpiente astuta, 220

Que

le

estaba

escuchando,

Le

llamó

con

un

silbo,

Y

le

dijo:

"Seor

guapo,

No

hay

que

echar

tantas

plantas;

Pues ni anda como el gamo, 225

Ni

vuela

como

el

sacre,

Ni

nada

como

el

barbo.

Y

así,

tenga

sabido

Que

lo

importante

y

raro

No es entender de todo, 230

Sino ser diestro en algo."

Más vale saber una cosa bien, que muchas mal.

LOS

DOS

CONEJOS

Por

entre

unas

matas

Seguido de perros 235

(No

diré

corría)

Volaba

un

conejo.

De

su

madriguera

Salió

un

compañero,

Y le dijo: "Tente, 240

Amigo,

¿qué

es

esto?"

"¿Qué

ha

de

ser?"

responde:

"Sin

aliento

llego...

Dos

pícaros

galgos

Me vienen siguiendo." 245

"Sí

(replica

el

otro),

Por

allí

los

veo...

Pero

no

son

galgos."

"Pues

¿qué

son?"—"Podencos."

"¡Qué! ¿podencos dices? 250

Sí,

como

mi

abuelo.

Galgos

y

muy

galgos:

Bien

visto

los

tengo."

"Son

podencos:

vaya,

Que no entiendes de eso.' 255

"Son

galgos,

te

digo."

"Digo

que

podencos."

En

esta

disputa

Llegando

los

perros,

Pillan descuidados 260

A

mis

dos

conejos.

Los

que

por

cuestiones

De

poco

momento

Dejan

lo

que

importa,

Llévense este ejemplo. 265

No debemos detenernos en cuestiones frívolas, olvidando el asuntoprincipal.

LA

ABEJA

Y

EL

CUCLILLO

Saliendo

del

colmenar,

Dijo al cuclillo la abeja; 270

"Calla,

porque

no

me

deja

Tu

ingrata

voz

trabajar.

No

hay

ave

tan

fastidiosa

En

el

cantar,

como

tú:

Cucú, cucú, y más cucú: 275

Y

siempre

una

misma

cosa."

—"¿Te

cansa

mi

canto

igual?

(El

cuclillo

respondió:)

Pues

a

fe

que

no

hallo

yo

Variedad en tu panal. 280

Y

pues

que

del

propio

modo

Fabricas

uno

que

ciento,

Si

yo

nada

nuevo

invento,

En

ti

es

viejísimo

todo."

A esto la abeja replica: 285

"En

obra

de

utilidad

La

falta

de

variedad

No

es

lo

que

más

perjudica.

Pero

en

obra

destinada

Sólo al gusto y diversión, 290

Si

no

es

varia

la

invención,

Todo lo demás es nada."

La variedad es requisito indispensable en las obras de gusto.

LA

ARDILLA

Y

EL

CABALLO

Mirando estaba una ardilla 295

A

un

generoso

alazán,

Que,

dócil

a

espuela