Spanish Tales for Beginners (Cuentos en Español para Principiantes) by Dr. Elijah Clarence Hills - HTML preview

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SPANISH TALES

FOR BEGINNERS

EDITED WITH NOTES AND VOCABULARY

BY

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ELIJAH CLARENCE HILLS, PH.D., LITT.D.

PROFESSOR OF ROMANCE LANGUAGES IN

INDIANA UNIVERSITY

REVISED EDITION

WITH DIRECT METHOD EXERCISES

NEW YORK

HENRY HOLT AND COMPANY

Copyright, 1909, 1919,

BY

HENRY HOLT AND COMPANY

CONTENTS

NOTES

EJERCICIOS

VOCABULARY:A, B, C, Ch,D, E, F, G, H, I, J, K,L, Ll, M, N, O, P, Q, R, S, T, U, V, Y,Z

[Please note that Spanish orthography has changed slightly since this book waswritten.

The words á and é are no longer accented.

(Note of etext transcriber)]

PREFACE

IN selecting these Spanish Tales for Beginners, threeobjects have been kept in view: (1) that they be goodliterature, (2) that they portray modern Spanish life,and (3) that they be interesting and not too difficultin language and thought. Some of the stories do notconform to all three rules,—the first two, for instance,do not portray modern Spanish life; but I hope thatmost of them will be found to conform fully. A fewshort lyric poems have also been included, since poetryforms an integral part of literature.

Verse, moreover,is better for oral work and memorizing than prose.

Spain has a rich and varied literature, from whichother nations have freely drawn,—

a literature thatgives true expression to the life and aspirations of theSpanish people.

The selections in this volume aretaken from literary works that have been written in thepast fifty or sixty years, and although they are inferiorin some respects to the great master-pieces of the sixteenthand seventeenth centuries, I believe that theyhave literary excellence, and they have, besides, theadvantage of being written in the language of today andof describing present-day life.

It is my greatest wish that this volume may awakenthe students' interest in the civilization of Spain, andthat it may serve as an introduction to the study ofSpanish literature.

The integrity of the texts has been preserved so faras the exigencies of a beginners'

book permit, but thefollowing changes have been made: (1) Some words orpassages have been omitted, chiefly in the earlier stories.The parts thus omitted are, for the most part, digressionsor uninteresting descriptive passages. Omissionshave generally been marked by four suspensive points,or by three at the beginning of a story. Except at thebeginning of a story, three suspensive points form apart of the punctuation of the several authors. (2) Theorthography has been made to conform to that nowprescribed by the Royal Spanish Academy. (3) In theearlier stories, le has been substituted for the feminineindirect object-pronoun la, and los for the masculineplural direct object-pronoun les. (4) And in the earlierstories, the conjunctive personal pronoun-object hasbeen placed before the indicative verb: e.g., se tornó for tornóse, p. 11, l. 4. (5) The conjunction y has beenadded a few times to bridge over an omission: e.g., p. 2,l. 3. (6) In a few cases one word has been substitutedfor another: vieron for se apercibieron de que, p. 22, l. 11; la niña for la del rojo balandrán, p. 47, l. 13; Rogó for De esto á rogar, p. 48, l. 9; ese dinero for esos monises,p. 57, l. 31; cochero for auriga, p. 58, l.

4; reloj for calderómetro,p. 101, l. 7; otro pájaro for la escula-mata, p. 116,l. 9; madre for escula-mata, p. 116, l. 11.

In the notes the difficulties have been explained, sofar as possible, by reference to the vocabulary, or byrearranging the words; but it has often been necessaryto translate into English. Perhaps the criticism will bemade that the notes to the first few pages are too numerousand too simple; but many of these notes, and especiallythose that explain elementary rules of Spanishgrammar, are given for the benefit of students whobegin to read almost from the first. In the notes tothe lyrics, no attempt has been made to treat Spanishprosody fully; only a few rules are given, and these inthe simplest language.

The vocabulary has been made as complete as possible.It contains many facts, such as descriptions ofplaces and biographies of noted men, that are usuallynot given in vocabularies. It contains also all irregularverb-forms that occur in the first fifty pages of the texts.

I have pleasure in acknowledging my indebtedness tomany of my colleagues for advice and helpful suggestions,and I am especially indebted to Dr. S. GriswoldMorley for help in reading the proofs.

E. C. H.

COLORADO SPRINGS, COLO.

CONTENTS

PAGE

MAP OF SPAIN

facing page

I

LOS CONSEJOS DE UN PADRE

José Echegaray

1

CASILDA

Antonio de Trueba

8

LA FLORECITA AZUL

María del Pilar Sinués

15

LA NIÑA DEL VIGÍA

Manuela de la Peña Cuéllar 20

TONY

Enrique Pérez Escrich

23

PESCADOR DE CAÑA

Ernesto García Ladevese

30

LA CONFESIÓN DE UN CRIMEN

Armando Palacio Valdés

34

ECONOMÍA PRÁCTICA

Luis Taboada

40

DE VIAJE

Luis Taboada

43

TEMPRANO Y CON SOL

Emilia Pardo Bazán

46

EL PREMIO GORDO

Emilia Pardo Bazán

53

EL LIBRO TALONARIO

Pedro Antonio de Alarcón

60

EL PÁJARO EN LA NIEVE

Armando Palacio Valdés

67

LA BALLENA DEL MANZANARES

Antonio de Trueba

79

LA CASA DONDE MURIÓ

Julia de Asensi

83

LAS NOCHES LARGAS DE CÓRDOBA

Narciso Campillo

96

CUADROS DE COSTUMBRES (FRAGMENTOS) Fernán Caballero

110

LA AJORCA DE ORO

Gustavo Adolfo Bécquer

125

POESÍAS

LOS DOS CONEJOS

Iriarte

135

EL PATO Y LA SERPIENTE

Iriarte

137

EL JABALÍ Y LA ZORRA

Samaniego

138

Á TODO HAY QUIEN GANE

Felipe Pérez y González

139

EL PERAL

Juan Eugenio Hartzenbusch 140

EL GLOBITO AZUL

Juan Antonio Cavestany

141

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FUSILES Y MUÑECAS

Juan de Dios Peza

143

CANTOS DE PÁJARO

Antonio de Trueba

146

CANCIÓN

Fernán Caballero

148

¡BELLO ES VIVIR! ( from INDECISIÓN)

José Zorrilla

149

¡EXCELSIOR!

Gaspar Núñez de Arce

150

RIMAS: XIII

Gustavo Adolfo Bécquer

151

RIMAS: LIII

Gustavo Adolfo Bécquer

152

NOTES

155

VOCABULARY

203

SPANISH TALES

Map of Spain

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LOS CONSEJOS DE UN PADRE

EL LEÓN, el rey de las selvas, agonizaba en el huecode su caverna....

Á su lado estaba su hijo, el nuevo león, el rey futurode todos los animales.

El monarca moribundo le daba penosamente el últimoconsejo, el más importante.

—Huye del hombre—le decía:—huye siempre; nopretendas luchar con él.

Eres señor absoluto de los demás animales, no lostemas; domínalos, castígalos, devóralos si tienes hambre.

Con todos puedes luchar, á todos puedes vencer; perono pretendas luchar con el hombre: te daría muerte ysin piedad, porque es cruel, más cruel que nosotros.

—¿Tan fuerte es el hombre?—preguntó el hijo.

—No es fuerte, no—replicó el padre.—Y continuódiciendo:—De un latigazo de tu cola le podrías lanzarpor los aires como al más miserable animalejo.

—¿Sus dientes, sus colmillos, son poderosos?

—Son despreciables y ridículos: valen menos que losde un ratoncillo.

—¿Sus uñas, son tan potentes como mis zarpas?

—Son mezquinas y á veces las lleva sucias; no, porlas zarpas no conseguiría vencerte.

—¿Tendrá melenas como éstas, que nosotros sacudimosorgullosos?

—No las tiene, y algunos son calvos.

Aquí el león moribundo abrió enormemente la espantosaboca..., y lanzó el último rugido.

Después sólo pronunció estas palabras:

—Mi consejo, mi último consejo; no luches con elhombre... huye... huye del hombre....

Se estremeció su cuerpo; dobló majestuosamente lacabeza, y murió el león padre.

Empezó el reinado del león hijo.

Cuando éste comprendió que su padre había muerto,no lloró, porque los leones no lloran; pero se tendiójunto á él, acercó su cabeza enorme á la enorme cabezadel león difunto, y así se quedó un rato. Los dos hocicosse unieron: el ardiente y el helado. Las dosmelenas se mezclaron....

Al fin el hijo se levantó: sacudió cola y melenas yrugió....

Salió de la caverna: á zarpazos hizo rodar unos cuantospedruscos, hasta cerrar completamente la entrada. Elleón muerto tenía ya su tumba, ni más ni menos que unfaraón.

El león vivo se alejó por el monte y trompeteó elnuevo reinado con tres poderosos rugidos; pero aquellanoche no devoró á ningún animal: no tenía hambre.Durmió poco y lo poco que durmió fué soñando con elúltimo consejo de su padre. ¡El hombre! ¡El hombre!¿Por qué? ¿Sería el hombre tan temible?

Á la mañana siguiente despertó y se echó por elmundo....

De pronto sonó algo estrepitoso y terrible: algo ámodo de rugido. Debía de ser el hombre que rugía.

Pero no: era un borrico que rebuznaba con rebuznosformidables.

El león, por impulso que no pudo contener, acometióal borrico, le derribó y le sujetó con sus poderosas garras.

—¿Eres el hombre?—le preguntó.

—No—contestó el pobre animal.—No soy el hombre,¡aunque he oído decir que algunos se parecen ámí! Es un burro, es un borrico, se dice de muchos....

—¿Dónde encontraré al hombre?

—Sigue este valle, salva esa montaña y quizá loencuentres al otro lado.

El león soltó al borrico y siguió su camino.

De pronto, algo se le enredó á una pierna; era unaserpiente. Con violenta sacudida la arrojó á distancia;dió un salto y la sujetó con la pata.

—¿Eres el hombre?—le preguntó.

—No soy el hombre; soy la serpiente.

—¿Se parece á ti?

—Algunos á mí se parecen; como yo, se arrastran; ycomo yo, son venenosos.

—¿Dónde encontraré al hombre?

—Sigue por la montaña.... Pero déjame, que pesasmucho.

Y forcejeó la serpiente y quiso morderle.

—Eres un animal muy feo—dijo el león....

Y aplastó y desgarró al reptil.

Continuando su camino pasó la cresta de la montañay empezó á bajar.

De pronto vió un animal que corría, y saltando sobreél, sin esfuerzo alguno lo sujetó, porque era pequeño ypoco robusto.

—¿Quién eres? ¿Acaso eres el hombre?

—Soy el zorro—dijo el animalejo,—y valgo tantocomo el hombre por mi travesura; entro en sus corralesy me como sus gallinas, y él sólo aprovecha las que yole dejo.

—¿Pero le conoces?

—Mucho.

—Pues, ven conmigo.

Y el león y el zorro penetraron en el bosque.

En esto saltó un mono, se subió á un árbol y desdearriba hizo gestos burlescos á su dueño y señor, el reyde las selvas....

—¿Qué animal es ése?—preguntó el león al zorro;—¿esacaso el hombre?

—No es el hombre; pero se le parece mucho. Algunossuponen que son hermanos, ó, por lo menos,primos....

—¡Adelante! ¡Á buscar al hombre!... Un ser quese parece al borrico por el entendimiento, á la serpientepor lo rastrero y venenoso, al mono por la figura, y áquien el zorro le come las gallinas! ¡Á él! ¡Á él!—rugióel león con poderosos rugidos.

Otro animal le cerró el paso; le desafió valiente; leladró furioso.

—No hables mal del hombre, animal, bárbaro ysalvaje. El hombre es bueno, es noble, es mi compañero:parte conmigo su pan, duermo á los pies de su cama.Si le ofendes, me ofendes á mí: si luchas con él, lucharéá su lado; mi cuerpo será escudo que pare tus zarpazos.

—Eres valiente—dijo el león.—Quien cuenta contan buen amigo, algo bueno tendrá.

—El hombre no tiene nada bueno, como no sean susgallineros—refunfuñó el zorro.

Pero un águila real llegó desde un picacho y tomóparte en la discusión.

—Calla, animalejo ruin: el hombre es un animal decuenta: lo digo yo, que miro las cosas desde arriba....

El león levantó la cabeza, y preguntó:

—¿El hombre vuela como tú?

—Él no vuela: pero en su cabeza, como en jaulamisteriosa, lleva una ave que vuela más que yo y quesube más alto.

—¿Cómo se llama?

—El pensamiento.

—No le conozco.

—Tampoco yo.

El león se quedó pensativo. ¿Qué sería el hombre?Los borricos hablaban de él con desprecio, las serpientescon envidia, los zorros con burla, los monos le imitaban;pero el perro le defendía y el águila le respetaba, y supadre, el más poderoso león de los bosques, mostrótemor al hablar del hombre.

¿Qué debería hacer? ¿Respetar la última voluntaddel león moribundo ó buscar resuelto y domar valerosoal que pretendía ser rey de la creación?

Vaciló, pero el zorro le dijo:

—Eres el animal más fuerte que existe: eres nuestrosoberano, ¿y vas á huir cobardemente ante el hombre,de quien me burlo yo así todos los días y todas las noches?...

—¿Y el consejo de mi padre? ¿Y su memoria queyo respeto? ¿Y su experiencia?

—Tu padre estaba chocho: los años apagaron suentendimiento y gastaron su fuerza.

El león se decidió á buscar al hombre y á combatircon él.

Continuó caminando por el bosque con el zorro allado, el perro delante, el mono de árbol en árbol y eláguila por los aires.

Al fin, el zorro le dijo:—Mira, allí está. Aquel queva á caballo con arco y flechas, aquél es el hombre.

—Pero aquel animal que cruza á lo lejos es muygrande y tiene cuatro patas, y tú me dijiste que el hombrese parecía al mono.

—Es que el hombre, á veces, tiene cuatro patas ólas merece—replicó el zorro con sorna.—De todasmaneras, has de saber que aquel hombre va á caballo.

—¡Pues á él!—rugió el león, y avanzó potente y valeroso.

Empezó la lucha.

El hombre á veces huía, á veces disparaba una flecha;y en retiradas y acometidas y evoluciones, atrajo al leónhacia unos matorrales.

De pronto, al dar el león un salto, le faltó tierra ycayó en un foso profundo.

Quiso salir y sintió que unas fuertes ligaduras lesujetaban manos y pies, y todo el cuerpo.

Había caído en una trampa; estaba perdido. Despuésde bregar un rato lo comprendió, y murmuró conroncas voces:—Mi padre tenía razón, debí huir delhombre: pero ya es tarde; y se dispuso á morir condignidad....

Se quedó inmóvil y dobló la majestuosa cabeza.

Al borde del hoyo se asomaron con curiosidad elhombre, el perro, el zorro y el mono; el águila miródesde arriba.

El hombre le arrojó una piedra al león á ver si podíaaplastarle la cabeza.

Pero el león le dijo:

No me pegues ni me hieras en la cabeza.... Hiéremecon una de las flechas EN LOS

OÍDOS; los culpables sonellos, que no oyeron el consejo de mi padre: hiéreme ENEL

CORAZÓN, que no le quiso ni respetó como debía.

Y volviéndose el león, presentó el noble pecho.

El hombre, que á veces es compasivo, atendió á suruego, le disparó una flecha y el león quedó muerto enel fondo de la fosa.

El hombre se inclinó gozoso, pensando:—Hermosapiel; se la arrancaré en cuanto me asegure que hamuerto.

El zorro se deslizó mirando al hombre de reojo, ydiciendo para sí:—Ahora que estás entretenido, voyá comerme tus gallinas.

El mono saltó sobre el perro, y en él se montó imitandoal hombre; caballo perruno y caballero cuadrumano,salieron corriendo por el bosque.

El águila se remontó, diciendo:—El hombre mató alleón; hay que subir mucho para que no me alcance;¿quién sabe si algún día me alcanzará?

CASILDA

I

ERA el rey de Toledo el moro Almenón, con quienel rey de Castilla don Fernando el Grande manteníacordial amistad.

Este rey moro tenía una hija muy hermosa y compasiva,llamada Casilda.

Una esclava castellana contó á la hija del rey moroque los nazarenos amaban á su Dios, y á su rey, y ásus padres, y á sus hermanos, y á sus esposas.

También contó la esclava á la hija del rey moro, quelos nazarenos nunca quedan huérfanos de madre, porquecuando pierden á la que los concibió, les queda otra,llamada María, que es una madre inmortal.

Pasaron años, pasaron años, y Casilda fué creciendoen cuerpo y en hermosura y en virtud. Sele murió su madre, y envidió la dicha de los huérfanosnazarenos.

En los confines del jardín que rodeaba el palaciodel rey moro, había unas lóbregas mazmorras, dondegemían, hambrientos y cargados de cadenas, muchoscautivos cristianos.

Sucedió que un día fué Casilda á pasear por los jardinesde su padre, y oyó gemir á los pobres cautivos.La princesa mora tornó al palacio, lleno su corazón detristeza.

II

Á la puerta del palacio encontró Casilda á su padre,y arrodillándose á sus pies, le dijo:

—¡Padre! ¡Señor padre! En las mazmorras gimemuchedumbre de cautivos. Quítales sus cadenas, ábreleslas puertas de su prisión y déjalos tornar á tierrade nazarenos, donde lloran por ellos padres, hermanos,esposas, amadas.

El moro bendijo á su hija en el fondo de su corazón,porque era bueno y amaba á Casilda como á la niña desus ojos.

El pobre moro no tenía más hija que aquélla.

El pobre moro amaba á Casilda porque era su hija, yporque era además la viva imagen de la dulce esposacuya pérdida lloraba hacía un año.

Pero el moro, antes que padre, era musulmán y rey,y se creía obligado á castigar la audacia de su hija.

Porque compadecer á los cautivos cristianos y pedirsu libertad, era un crimen que el Profeta mandabacastigar con la muerte.

Por eso ocultó la complacencia de su alma, y dijo áCasilda con airado semblante y voz amenazadora:

—¡Aparta, falsa creyente, aparta! ¡Tu lengua serácortada y tu cuerpo arrojado á las llamas, que tal penamerece quien aboga por los nazarenos!

É iba á llamar á sus verdugos para entregarles suhija.

Pero Casilda cayó de nuevo á sus pies, demandándoleperdón en memoria de su madre.

El pobre moro sintió sus ojos arrasados en lágrimas,y estrechó á su hija contra su corazón, y la perdonó,diciendo:

—Guárdate, hija mía, de pedir otra vez por loscristianos, y aún de compadecerlos, porque entoncesno habrá misericordia para ti; que el santo Profetaha escrito:

«Exterminado será el creyente que noextermine á los infieles.»

III

Cantaban los pájaros, era azul el cielo, era el soldorado, se abrían las flores, y el aura de la mañanallevaba al palacio del rey moro el perfume de los jardines.

Casilda estaba muy triste, y se asomó á la ventanapara distraer sus melancolías.

Los jardines le parecieron entonces tan bellos, queno pudo resistir á su encanto y bajó á pasear su tristezapor sus olorosas enramadas.

Cuentan que el ángel de la compasión, en forma dehermosísima mariposa, le salió al paso y encantó sucorazón y sus ojos.

La mariposa volaba, volaba, volaba de flor en flor,y Casilda iba en pos de ella sin conseguir alcanzarla.

Mariposa y niña tropezaron con unos recios muros,y la mariposa penetró por ellos, dejando allí inmóvil yenamorada á la niña.

Tras aquellos recios muros oyó Casilda tristísimoslamentos, y entonces recordó que allí gemían, hambrientosy cargados de cadenas, los pobres nazarenos,por quienes en Castilla lloraban padres, hermanos,esposas, amadas.

Y la caridad y la compasión fortalecieron su alma éiluminaron su entendimiento.

Casilda tornó al palacio, y tomando viandas y oro,se tornó hacia las mazmorras, siguiendo á la mariposa,que volvió á presentarse á su paso.

El oro era para seducir á los carceleros, y las viandaseran para alimentar á los cautivos.

Oro y viandas recataba con la falda de su vestido,cuando al volver una calle de rosales tropezó con supadre, que también había salido á distraer allí sus melancolías.

—¿Qué haces aquí tan temprano, luz de mis ojos?La princesa se puso colorada, como las rosas quemecía á su lado el aura de la mañana, y al fin contestóá su padre:

—He venido á contemplar estas flores, á oir trinarestos pájaros, á ver el sol reflejarse en estas fuentes, yá respirar este ambiente perfumado.

—¿Qué llevas envuelto en la falda de tu vestido?

Casilda llamó desde el fondo de su corazón á la madreinmortal de los nazarenos, y respondió entonces á supadre:

—Padre y señor, llevo rosas que he cogido en estosrosales.

Y Almenón, dudando de la sinceridad de su hija,tiró de la falda del vestido de la niña, y una lluvia derosas se derramó por el suelo.

IV

Pálida estaba la niña, pálida como las azucenas delos jardines del rey moro, su padre.

Cuenta la historia que apenas quedaba sangre en lasvenas de Casilda, porque todos los días coloraba, arrojadaá borbotones, la sarta de blancas perlas que brillabaentre los labios de la princesa.

Pálida estaba la niña, y el rey moro se moría de penaviendo morir á su hija.

La ciencia de los médicos de Toledo no acertaba ádevolver la salud á la princesa, y entonces Almenónllamó á su corte á los más afamados de Sevilla y Córdoba.

Pero si impotente había sido la ciencia de los primeros,impotente era también la ciencia de los segundos.

—¡Mi reino y mis tesoros daré al que salve á mihija!—exclamaba el pobre moro, viendo á Casildapróxima á exhalar el último suspiro.

Pero nadie acertaba á ganar su reino y sus tesoros,que la sangre continuaba colorando, arrojada á borbotones,la sarta de blancas perlas que brillaba entrelos labios de la princesa.

—¡Mi hija se muere!—escribió el rey de Toledo alrey de Castilla.—Si en vuestros reinos hay quien puedasalvarla, que venga, que venga á mi corte, que yo ledaré... mis reinos, mis tesoros, y hasta le daré mihija.

V

Por los reinos de Castilla y de León sonaban pregonesanunciando que el rey moro de Toledo ofrecía alque devolviera la salud á su hija, su reino y sus tesoros,y hasta la hija cuya salvación anhelaba.

Y cuentan que un médico venido de Judea se presentóal rey de Castilla, ofreciéndole tornar la salud ála princesa mora.

Y era tal la sabiduría que brillaba en las palabras deaquel hombre, y tal la fe que inspiraba la bondad queresplandecía en su rostro, que el rey de Castilla novaciló en darle cartas, asegurando á Almenón que leenviaba con ellas el salvador de la princesa Casilda.

Apenas el médico venido de Judea tocó la frente dela niña, la sangre cesó de correr, y el color de la rosaempezó á asomar en las pálidas mejillas de la enferma.

—¡Tomad mi reino!—exclamó Almenón, loco dealegría y llorando de agradecimiento.

—Mi reino no es de este mundo—respondió elmédico venido de Judea.

—¡Tomad mi mayor tesoro!—repuso el rey deToledo, designando al médico su hija.

Y haciendo una señal de aceptación el médico, extendióla mano hacia Castilla, y dijo:

—Allí hay unas aguas purificadas que han de completarla salvación de la virgen musulmana.

Y al día siguiente, la princesa Casilda pisaba la tierrade los nazarenos, acompañada aún del médico venidode Judea.

VI

Casilda y el médico venido de Judea caminaban, caminaban,caminaban por la tierra de los nazarenos, y alfin se detuvieron á la orilla de un lago de aguas azules.

El médico tomó algunas gotas de agua en el huecode la mano, y exclamó, derramándolas sobre la frentede la princesa:

¡En el nombre del Padre, del Hijo y del EspírituSanto, yo te bautizo!

Y la princesa sintió un bienestar inefable, parecido alque allá en su niñez le había contado la esclava nazarenaque sentían los bienaventurados en el paraíso.

Y sus rodillas se doblaron, y sus ojos se fijaron en labóveda azul del cielo, y en torno suyo resonaron dulcísimos hosannas, que la hicieron volver la vista á sualrededor.

El medicó venido de Judea no estaba ya á su lado,que cercado de vívidos resplandores se elevaba hacia labóveda azul del cielo.

—¿Quién eres, señor, quién eres?—exclamó laprincesa atónita y deslumbrada.

—Soy tu esposo, soy el que dió la salud á la hija deJairo, que padecía el mal que tú padeciste; soy el que dijo:«Cualquiera que dejase casa, ó hermanos, ó hermanas, ópadre, ó madre, ó mujer, ó hijos, ó tierras por mi nombre,recibirá ciento por uno, y poseerá la vida eterna.»

En la orilla del lago azul que hoy llaman de SanVicente, y está en tierra de Briviesca, hay una pobreermita, donde vivió solitaria la hija del rey moro deToledo, que hoy llaman Santa Casilda.

LA FLORECITA AZUL

UN niño de seis años murió en la aurora de un bellodía de estío, y el ángel de su guarda bajó á buscar sualma inocente, y con ella se remontó á los cielos.

Ya habían abandonado la opulenta ciudad donde quedabanlos padres del niño muerto; ya habían perdidode vista los campos de trigo donde cantaba la alondra,los bosques en que resonaban las risas de los leñadores,los jardines cubiertos de flores y de frutas, y el ángel dela guarda no había mirado nada. Pero cuando llegaronen su vuelo el ángel y el alma del niño á cruzar sobreuna pobre aldea, aquél se detuvo y sus ojos buscaronuna callejuela solitaria, á cuyos lados se veían algunasmíseras cabañas.

La hierba crecía entre las piedras de la mísera callecomo prueba de su silencio y abandono, y en muchossitios se veían cenizas arrojadas al viento y groserosplatos de barro rotos.

El ángel miró tristemente y durante largo tiempoaquel pobre y abandonado sitio; pero de repente suceleste mirada fué á posarse en una florecita azul queun rayo de sol había abierto y que parecía sonreir á latierra: el ángel dejó oir un grito de alegría: abatió suvuelo y fué á cogerla.

El alma del inocente muerto preguntó entonces alángel:...

—¿Por qué te detienes ante esta flor sin perfume ysin belleza?

—Mira, amigo mío, allá abajo hacia el fin de estatriste callejuela, le respondió el ángel: á poca distanciade nosotros descubrirás una cabaña, cuyo techo se hahundido con la lluvia y las nieves y cuyas paredes húmedasestán tapizadas de hiedra: mira bien esa tristemorada.

—¡Oh! exclamó el alma del niño: ¡qué pobre asilo!

—No era mucho más alegre que ahora, cuando sucediólo que voy á repetirte: era una mísera cabaña dondehabitaba la pobreza y la honradez: la familia se componíade dos esposos y de dos niños, hijos de los mismos;la mayor tenía doce años, y durante todo el día iba áconducir un rebaño de vacas: el niño, débil y enfermizodesde su nacimiento, tenía tu misma edad, seis años....La pobreza agobiaba á la pobre familia, y los padrestrabajaban todo el día para llevar por la noche un pocode pan y leche para ellos y para sus hijos!...

El pobre niño creció en la sombra, y jamás vió el solmás que desde la ventana de la sola pieza que había enla casa de sus padres; todo el día estaba solo; su madrelavaba la ropa en casa de un rico arrendador; su padrelabraba los campos; su hermana llevaba á pacer lasvacas de un vecino; cuando con gran trabajo conseguíael pobre niño dejar su camita de paja, se apoyaba endos pequeñas muletas que su padre le había hecho delas ramas de un sauce, y salía á la puerta de la calle:pero allí no llegaba el sol nunca; la calle era tan estrechay tan obscura....

Sus padres no podían sacrificar ni una hora de sustareas para llevarle al campo: el trabajo de los padreses rudo y despótico, y ocupa todos los instantes desu vida.

Tampoco podían enseñarle otra cosa queamar á Dios sobre todo, porque es el padre de lostristes....

El desdichado niño no había visto jamás la verdurade los prados, ni el follaje de los bosques; algunas veceslos niños del pueblo le traían ramas de álamo, que élcolocaba con cuidado sobre su lecho; y cuando se dormía,soñaba que estaba en un hermoso valle á la sombra degrandes árboles, que el sol brillaba á través del follaje,y que los pájaros cantaban y saltaban alegremente.

Un domingo, su hermana mayor, que le quería mucho,obtuvo permiso de los labradores, á quienes servía depastora, para ir á ver al desdichado enfermito, y le trajouna florecita azul que había cogido en el campo, y quepor casualidad había salido de la tierra con una partede raíz.

El niño recibió el humilde presente con una granalegría: los dos hermanos plantaron la florecita en unamaceta vieja, que llenaron de tierra, la regaron concuidado, y Dios hizo prosperar la planta, que á lospocos días se adornó con algunas hojitas: cuidada porla pequeña y débil mano de un niño doliente, constituyó,no sólo el jardín, sino el universo entero del pobreenfermo: porque aquella pequeña flor le representabalos prados, los bosques, los jardines, los ríos, en unapalabra, toda la creación.

Mientras el niño vivió, ningún cuidado faltó á lahumilde planta: él le daba todo lo que la angosta ventanadejaba pasar de aire y de luz: y cada noche laregaba, despidiéndose de ella con dulces palabras comode una amiga; y la florecita azul se llenó de hojas, yfué un hermoso adorno para el pobre tiestecillo dondela habían plantado.

Dios llamó un día al inocente mártir, predestinado áuna dicha eterna.

Al caer la tarde de un hermoso día, le dió fiebre, yhubo de acostarse en su camita: al otro día estaba peor:los niños del pueblo, sus amigos, vinieron la tarde deldomingo y cubrieron el lecho de ramas verdes y deflores del campo; sus padres lloraban, y su hermana,avisada de lo que sucedía, llegó llorosa y afligida: tomóla maceta de la ventana, y la puso al lado de la almohaditadel niño, sobre la única mesilla de la míseraestancia....

La florecita parecía sonreir cuando el niño voló alseno de Dios.

La madre, desolada, quiso dejar aquella aldea; eldueño de la cabaña deseó arreglarla; al entrar en ella,hizo tirar todo lo que la familia había olvidado: laflorecita azul, que había perdido su solo protector, fuéarrojada en su viejo tiesto con todo lo demás....

—¿Y cómo sabes todo eso, mi buen amigo? preguntóel alma inocente del muerto.

—Porque soy yo mismo el pobre niño enfermo queandaba con muletas, y que había nacido sólo para sufrir;Dios me ha pagado esos dolores, que han durado pocoen la tierra, dándome todas las alegrías del Paraíso:pero la dicha que hoy disfruto no me ha hecho olvidarmis alegrías de la tierra, y daría yo la más bella estrelladel cielo que habito por esta pobre florecita azul queacabo de encontrar, y que voy á trasplantar á los jardinescelestiales.

El ángel tomó la flor, la colocó en las plumas de susalas, y llevando en sus brazos el alma del niño muerto,remontó su vuelo á las regiones donde la luz es eterna,donde el sol no se pone jamás.

LA NIÑA DEL VIGÍA

UN faro es un edificio muy elevado, que generalmentetiene la forma de una torre, con un gran fanal en laparte superior. Este fanal se enciende todas las noches,y como su luz recibe considerable aumento con la ayudade lentes y de grandes reflectores, puede ser vista á unadistancia considerable, y guiar de esta manera á losnavegantes durante la noche.

Los faros se colocan generalmente en las rocas máselevadas, cerca de la orilla del mar, ó en los puntos enque hay peligro para los buques....

Hay hombres encargados de cuidar los faros; queviven en ellos y encienden todas las noches aquellaluz.... Estos hombres se llaman vigías, y tienen queser empleados sumamente fieles....

En uno de los faros de la costa de Valencia vivíanun vigía y su hija única, niña de unos ocho años, quese llamaba Mariquita. El faro estaba situado en unpeñasco que sólo se unía á la tierra firme por medio deuna calzada estrecha, construida sobre una lengua bajade arena y rocas. No se podía atravesar esta calzadasino durante un espacio de tres horas, dos veces al día,pues durante todo el tiempo restante estaba cubiertapor las aguas que crecían con la marea.

Una tarde el vigía.... cruzó la calzada para compraralgunas provisiones, dejando sola á su hijita en latorre del faro.

Mientras el padre apresuraba el paso hacia el pueblovecino..., tres hombres de mala traza, ocultos detrásde unas rocas, espiaban sus movimientos. Eran raqueros,gente que vive del saqueo de los buques que naufraganen las costas. Sabiendo ellos que los buques quehabían de pasar aquella noche, se estrellarían contralos arrecifes si el fanal no les advertía el riesgo, y queentonces tendrían ellos una buena presa, se propusieronapoderarse del vigía.

Llegado que hubo éste á la costa, salieron los raquerosde su escondrijo y le derribaron al suelo; le ataron depies y manos, y le dejaron bajo la custodia de uno deellos mientras los demás se dirigían á la playa.

Mariquita entretanto esperaba impaciente la vueltade su padre. La noche se acercaba, y había barruntosde tempestad, pues ya se veían las olas estrellarse contralas rocas y se oía el viento bramar alrededor de la torre.

Dieron las seis; y la niña no ignoraba que pronto lamarea subiría. Dieron las siete; miró á la costa, perono vió á su padre. Á las siete y media ya la mareallegaba al borde de la calzada; sólo las cimas de las másaltas rocas se descubrían sobre el nivel del mar, y muypronto todo desapareció debajo de las turbulentas aguas.

—¡Papá! ¡Papá mío!—exclamó la acongojada niña—¿dóndeestás? ¿me has olvidado?

En este momento se acordó de que era hora de encenderlas lámparas; pero ¿qué podía hacer la pobreniña estando las mechas demasiado altas para su estatura?

Cogió unos cuantos fósforos é hizo luz; probó si conuna escalera podía alcanzar al lugar apetecido, peroaunque la puso sobre una mesa, vió que todavía le faltabaun poco para llegar á las mechas.

Ya iba á sentarse descorazonada y afligida cuandose acordó de un gran libro en que su padre acostumbrabaleer; lo trajo, y colocándolo debajo de la escalera,la elevó lo suficiente para poder encender las mechas.

Los rayos de luz del fanal se derramaron sobre laexpansión de las aguas, ya embravecidas por la tempestad,y los buques pudieron evitar aquella noche elpeligro que los amenazaba.

En cuanto vieron los raqueros que el fanal estabaencendido, pusieron en libertad al vigía y huyeron deaquel sitio.

La mañana siguiente, como ya había bajado la marea,el vigía pudo llegar al faro, donde su hijita se arrojó ásus brazos y le contó los trabajos que había pasadoaquella horrenda noche en la torre del fanal.

TONY

HE tenido muchos perros y he conocido muchos más,y puedo aseguraros que la familia de los ingratos noexiste en la raza canina.... La naturaleza ha sidoingrata y cruel con la raza canina, dotándola de unaenfermedad horrible: la rabia.... Muchas veces, consólo ver á un perro con la lengua fuera y la miradatriste, se le sacrifica bárbaramente por si rabia....

De los perros se cuentan muchas historias que pareceninverosímiles, y son ciertas y reales como la luz delsol. Pablo González tenía un mastín de lomo rojo, ojosclaros, y potentes colmillos; se llamaba Tony, y erainseparable compañero de su amo en todas las excursionesque con su jaca rabona y la escopeta colgada dela grupa hacía desde su pueblo á los montes y dehesaspara comprar ganados.

Tony era un mastín inteligente, leal, fornido y dócil;frotaba su enorme cabeza en las piernas de todo elmundo; los niños del pueblo se subían á caballo sobresu lomo, y cuando se cansaba de sufrir las impertinenciasinfantiles, gruñía un poco, enseñaba sus terriblescolmillos y se tumbaba al sol, como diciendo: Basta dejuego. Todos querían á Tony, le pasaban la mano porla cerdosa cabeza en prueba de confianza, porque elmastín de Pablo, en tiempo de paz, no mordía á nadie....En el campo Tony era otra cosa; adivinaba su misiónsobre la tierra, reducida á velar por los intereses y lapersona de su amo.

Pablo estaba seguro de que mientras Tony velara susueño, no sería nunca víctima de una sorpresa; confiabaen la lealtad y la fuerza de su noble mastín....Se veía precisado muchas veces á tratar sus asuntos enterrenos despoblados y solitarios, y en estas ocasionesTony no se separaba una pulgada de su amo, mirandosiempre á la cara de la persona desconocida, como siquisiera adivinar sus intenciones....

Pablo recibió una carta, en la cual se le citaba parael día cuatro de mayo en el monte de Val-frío. Allídebía esperarle otro tratante en ganados, y los dos juntosdebían ir á ver una punta de ovejas merinas que sehallaban pastando en las cañadas de Cabeza-fuerte.El tratante salió de Guadalajara montado en su jaca,la escopeta de dos cañones en la grupa, el revólveren el bolsillo del chaquetón, un gato con veinte milreales en oro y plata en las alforjas, y el noble yvaliente Tony detrás. Siguió la carretera de Pastranahasta el atajo de El Palomar, subió la empinadacuesta, llegando, después de hora y media de caminata,al sitio prefijado, donde ya le estaban esperando doshombres.

Echó pie á tierra, comenzaron los dimes y diretes delque compra y el que vende, y sucedió lo que sucedecon frecuencia, es decir, que no se entendieron; porquePablo quería que la punta de ovejas merinas fueranconducidas por los pastores del vendedor al prado deVillaverde, en las inmediaciones de Madrid, y el vendedorquería deshacerse de sus ovejas en el monte deCabeza-fuerte, que era donde se hallaban pastando. Enresumen: se deshizo el negocio.

Pablo había sacado el gato, dejándolo junto á laspiedras, y en el calor de la disputa, y viendo la terquedady mala fe de su contrincante, exclamó:—Conste que,si no cerramos el trato, es por culpa vuestra; porque yasabéis que convinimos que la entrega de las ovejas seharía en el prado de Villaverde, y allí se contarían lascabezas, pagando las que resultaran en perfecto estadode salud.—Pues no puede hacerse el trato más queaquí,—añadió el ganadero;—si no te conviene, lodejas.—Quédate con tu ganado y yo con mi dinero,repuso Pablo....

Tony, sentado sobre su cuarto trasero, presenciabaimpasible el diálogo que antecede. Pablo, irritado yrefunfuñando de aquella informalidad, desató la jacade las ramas de una encina, montó á caballo y silbó ásu perro. Tony permaneció inmóvil.

Mientras tanto,los dos ganaderos montaron también á caballo, alejándosede aquel sitio, pero en dirección opuesta á la quehabía emprendido Pablo. Tony comenzó á ladrar desesperadamente.Su amo se detuvo y le silbó segunda vez.

De pronto el mastín tomó una veloz carrera y fué áreunirse con su amo, pero sin cesar en sus imponentesladridos. Pablo no le hizo caso, preocupado en lo queacababa de acontecerle; pero tanto y tanto ladró elperro, que por fin dirigió una mirada recelosa en derredorsuyo, y dijo:—¿Qué te pasa, animal?... Tony, dedos saltos, se colocó delante del caballo, como si tratarade impedirle el paso, hasta tal punto, que llegó á ponerlesus robustas zarpas sobre el pecho.

Entonces el chalán le sacudió un terrible latigazo;pero Tony, aunque sentía el agudo dolor de aquellaculebra de cáñamo que se le había arrollado por elcuerpo, no se quejó y continuó ladrando.—¡Es extraño!Nunca he visto tan fosco y tan irritado á Tony.

Elmastín dió una carrera, se paró á unos doce pasos dela cabeza del caballo, y se echó atravesado en medio dela angosta vereda, ladrando siempre. Cuando llegó lajaca, saltó por encima del perro para no pisar á su compañerode cuadra.

Nuevamente el perro volvió á colocarse delante delcaballo, tomó carrera hasta chocar su áspera y fuertecabeza con los redondos y blandos belfos de la jaca,que se descompuso, con grave riesgo del jinete.—Pero¿te has vuelto loco, Tony?...—gritó el chalán, sacudiéndoleun segundo latigazo más enérgico que el primero.El mastín entonces hizo presa en uno de losestribos vaqueros, y tiró con fuerza hacia atrás.

Los ojos de Tony brillaban como dos ascuas de fuego,sus gruñidos eran potentes, amenazadores; aquel nobleanimal representaba con hermosura salvaje la desesperacióndel perro á quien su amo no entiende lo quequiere decirle, y se ve privado del precioso don de lapalabra. Una idea cruzó por la mente de Pablo, ydescolgando la escopeta de la grupa, se dijo:—Esteperro rabia. El chalán clavó las espuelas á la jaca, quellevó arrastrando al pobre Tony, sin que soltara el estribo,diez ó doce metros. Por fin Tony soltó su presa,y se quedó como enclavado en medio de la vereda.

Pablo revolvió su caballo como para hacer frente alenemigo, apuntó su escopeta, é hizo fuego. Tony exhalóun lamento doloroso, y rodó por la cañada. Pabloaplicó de nuevo las espuelas en los ijares de la jaca, quepartió como un rayo, cuesta abajo, en dirección á Guadalajara.El chalán, disgustado del lance, y no queriendocontemplar la agonía de su pobre Tony, no volvió niuna sola vez la cabeza.

Cuando llegó á la posada, echó de menos el gato queencerraba los veinte mil reales.

El chalán se quedóaturdido, porque aquella pérdida le colocaba en unasituación difícil para hacer frente á sus negocios. Alaturdimiento siguió la desesperación; montó á caballoen su valiente jaca, emprendió á escape el camino deVal-frío, llegó en menos de tres cuartos de hora á laspiedras, pero el gato no estaba allí.—¡Ah!—exclamó.—