Psiquiatría y Homofobia - de Enfermedad a Salud by Jacobo Schifter - HTML preview

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OJOS QUE NO VEN...

PSIQUIATRÍA Y HOMOFOBIA

Jacobo Schifter   

 

Editorial ILPES

San José, Costa Rica

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN:

CIENCIA Y PATRIARCADO

El patriarcado

La heterosexualidad compulsiva

El homosexual y su papel en el patriarcado

La homofobia y los capítulos de este libro

CAPÍTULO 1.       RELECTURA DE LA BIBLIA

Los argumentos de la Iglesia de la Cristiandad

CAPÍTULO 2.       PSIQUIATRÍA Y HOMOSEXUALIDAD:

DE ULRICHS A FREUD

Se inicia el debate

La teoría freudiana

Sexualidad infantil

El tortuoso camino hacia la heterosexualidad

Los complejos de edipo y de castración

Las causas de la homosexualidad masculina

Visión de Freud de la homosexualidad

Evaluación de la teoría freudiana

CAPÍTULO 3.       PSIQUIATRÍA Y HOMOSEXUALIDAD:

LA TESIS DE LA ENFERMEDAD

La Escuela de la Psicopatología

La Escuela Adaptatora

Bieber

Socárides

Ovesey

CAPÍTULO 4.       HISTORIA DE LA PSIQUIATRÍA:

LA CORRIENTE CONTESTATARIA

Kinsey

Cleveland, Ford y Frank Beach

Hooker

Szasz

Marmor

Hoffman

John Money y los Sociobiólogos

Bell, Weinberg y Hammersmith

De Cecco

Conclusiones


INVESTIGACIONES REALIZADAS

CAPÍTULO 5.       HOMOFOBIA INTERIORIZADA

Definición

¿Cómo trabaja la homofobia interiorizada?

Campos de acción de la homofobia interiorizada

Salvándose de la homofobia

Compensando la homofobia

Congelándose para evitar el dolor

Canalizándose

Castigándose

Conclusión

CAPÍTULO 6.       IDENTIFICANDO AL OPRESOR QUE LLEVAMOS ADENTRO

CAPÍTULO 7.       LAS RELACIONES DE PAREJA

Espacio

Las relaciones familiares

Relaciones de pareja

Amor romántico

Violencia

Conclusiones


INTRODUCCIÓN:

CIENCIA Y PATRIARCADO

Imaginémonos qué pasaría si el Occidente sintiera el mismo grado de odio hacia la gente zurda que tiene hacia los homosexuales y las lesbianas. De la misma forma que pasa con los gays, nuestra sociedad tiene una persona zurda por cada diez habitantes. En esta sociedad imaginaria, ser zurdo sería visto como ilegal (La Biblia le da preferencia a la mano diestra y  en el Medievo la zurdera se asociaba con la hechicería). Solo el hecho de mirar a alguien usar la mano izquierda produciría asco, ya que ésta es la que se usa para limpiar el trasero. Para evitar que la gente use  la mano izquierda y ensucie a los demás, se ha prohibido la práctica. A la persona que se le mire usándola podrá ser despedida de su trabajo, echada del hogar, separada de sus hijos y metida a la cárcel.

La ley no ha podido por sí sola erradicar este crimen. De ahí que se haya hecho necesario establecer una serie de normas sociales para disuadir la práctica. Para desincentivarla, se  enseña una serie de palabras abusivas contra los zurdos: pervertidos, cochinos, sucios, enfermos, asquerosos  y otras.  Aún antes de que los niños aprendan su significado, sus maestros buscan señales de zurdera en las clases. Se estudia con mucho cuidado los movimientos extraños con la mano zurda y los niños y niñas que muestren señales de usarla. Cuando a alguno se le ocurre escribir su nombre con la izquierda, tanto los maestros como los compañeros se burlan y se mofan de él o de ella.

Los varones son especialmente crueles con los zurdos. En algunas ocasiones, los esperan fuera de la escuela y los agarran a golpes para que dejen su maña. Esto es combatido a veces por los psicológos, quienes dicen que un 40% de los niños alguna vez han usado su mano izquierda para escribir y que no necesariamente todos terminarán siendo zurdos. Otros psiquiatras han especulado que todos los niños son ambidiestros poliformos, o sea que tienen tantas ganas de escribir con la mano derecha como con la izquierda.

Los líderes judeocristianos no creen en la tolerancia. Ellos han interpretado la Biblia como antizurda al leer que Caín era uno de ellos y que por celos mataría  a su hermano Abel, quien no lo era. En el Antiguo Testamento, nos dicen los sacerdotes, ministros y rabinos, la palabra de Dios claramente indica que “es una abominación ante Jehová escribir con la mano izquierda si se puede hacer con la derecha”. Tanto enojó a Dios la práctica que mandó a destruir a Sodoma y a Gomorra por la cantidad de zurdos que había. Muchos de ellos habían llegado a tal vileza y corrupción que habían intentado  hacer que los ángeles firmaran con la mano izquierda.

A pesar de la condena judeocristiana a la práctica, la prensa nos recuerda que aún dentro de ésta se cuecen habas. Varios sacerdotes han sido encontrados en moteles con jóvenes, enseñándoles a firmar con la mano izquierda. Algunos rumoran que hasta un 30% de los sacerdotes católicos son zurdos. Lo mismo sucede con ministros y rabinos. En Jerusalén, se ha encontrado un sauna en pleno barrio sagrado donde se escribe con la mano izquierda.


Con el desarrollo de la medicina y la psiquiatría, mucho hemos aprendido sobre los zurdos. Algunos psiquiatras consideran que este mal es resultado del miedo de “manostración”, o sea el temor que siente un niño a que su padre lo castigue y le corte su mano derecha. Este miedo lo lleva a usar la mano equivocada. Otros creen que el mal es fisiológico. En estudios recientes de cerebros de zurdos se ha encontrado que éstos tienen el hipotálamo del tamaño del sexo contrario y de ahí su zurdera. Algunos psiquiatras atribuyen la zurdera al alcoholismo, a la prostitución y al abuso infantil.

La psiquiatría, a diferencia de la religión, la que condena los zurdos al infierno, ofrece una serie de tratamientos para curarla. Estas intervenciones van desde la terapia intensiva para hacer que los zurdos pierdan el temor a la mano diestra, el  suministro de  descargas eléctricas cuando se sienten ganas de usar la izquierda,  hasta la lobotomía, que es cortar parte del cerebro en donde se cree que se determina la zurdera. Ninguna de éstas ha probado ser del todo exitosa pero conforme más se conozca de esta enfermedad, más posibilidades habrá de curarla. Y curarla es necesario, ya que los estudios de los psiquiatras en sus clientes han demostrado cuán infelices son y cuán neuróticos por causa de la zurdera. “Nunca he conocido un zurdo feliz”, nos dice uno de los grandes psiquiatras freudianos.

A pesar del disgusto social ante este crimen “tan abominable que su nombre no se puede siquiera mencionar”, algunos zurdos han empezado a organizarse para combatir la discriminación. Estos se han atrevido a sugerir que la zurdera no es una enfermedad y que el problema principal es la zurdofobia; el odio irracional hacia la gente zurda. Además, consideran que los estudios sobre su patología se han basado en muestras nada representativas de su comunidad. Muchos héroes de la Biblia, como el mismo Pablo, eran zurdos -nos dicen estos rebeldes- y también famosos pintores como Leonardo Da Vinci o escritores como Shakespeare y Proust. Los zurdos más radicales consideran que la zurdera es una construcción: antes de que la gente optara por perseguirlos ningún zurdo se consideraba como miembro de una minoría.

Algunos zurdos y sus aliados cuestionan el papel de la religión y de la ciencia con respecto al tratamiento de la zurdera. Consideran que la creación de una identidad con base en la mano con que se escribe es  reciente y que antes del siglo XIX no existía. Aunque siempre han habido zurdos -opinan ellos- no se concebía esta práctica como algo que perteneciera a una personalidad distinta y mucho menos a una comunidad diferente a la diestra. No sería hasta que la religión y la ciencia se propusieron señalar y perseguir a los zurdos que éstos adquirirían conciencia de pertenecer a un grupo diferente de la población.

Esta alegoría pudo haber sido cierta. Los zurdos eran temidos durante los tiempos bíblicos y medievales y se les asociaba con rituales paganos. Sin embargo, la discriminación contra la zurdera disminuyó hasta que la sociedad occidental se olvidó de ella y de ahí que no surgiría una minoría con conciencia de clase: ni siquiera existen organizaciones especiales para zurdos en nuestro medio. Pero con la práctica homosexual la historia sería diferente. Las condenas y los temores variaron en el tiempo pero no desaparecieron.

¿Por qué esta diferencia? Aunque la homosexualidad era común en los tiempos griegos, el judeocristianismo la asoció -inicialmente- con las prácticas paganas y las incorporó así en los textos sagrados. Sin embargo, durante el primer milenio cristiano  existió bastante tolerancia en Occidente. No sería hasta la consolidación de la Iglesia Católica como un poder centralizado, en el siglo XIV, que las minorías, incluyendo judíos, herejes y sodomitas,  serían perseguidas. Con el advenimiento de la modernidad y de la necesidad de mano de obra y expansión, la hostilidad en contra del sexo no procreativo aumentaría. En el siglo XIX, la psiquiatría convertiría la práctica en una patología.

Una de las razones del por qué la homosexualidad ha sido tan perseguida y patologizada está en su relación -ausente en los zurdos- con un sistema patriarcal que tiene como objetivo establecer diferencias sociales con base en el sexo de los individuos (otra distinción que pudo haber tomado el camino de los zurdos).

El patriarcado

El sistema patriarcal es tan imponente y está tan arraigado en la cultura occidental que, para muchos, pasa inadvertido.  El patriarcado es un modelo de dominación del hombre sobre la mujer;  un sistema de explotación que se basa en el género.  Se sustenta en el control, por parte de los hombres, de los aspectos más importantes de la economía, la cultura, la ideología y los aparatos represivos de la sociedad.

El patriarcado trabaja de manera eficaz.  Su ideología parece tan lógica, tan racional y tan coherente que a pocos se les ocurre cuestionarla. Desde la infancia se le inculca a cada sexo patrones muy distintos de comportamiento.  La ideología patriarcal sostiene la tesis de que el hombre y la mujer son dos realidades psicológicas diferentes:  uno es fuerte y el otro débil;  uno es agresivo y el otro pasivo;  uno es lógico y el otro irracional. Como la reproducción depende del coito entre ambos sexos, lo "natural" -reza la ideología patriarcal- es la unión matrimonial y la formación de la familia nuclear.  El hombre y la mujer, así, podrán criar y educar a su prole, de suerte que todo aquello que se aparte  del sexo heterosexual y de la penetración vaginal de la mujer es calificado como una manera antinatural de relacionarse.

La ciencia,  la religión, los medios de comunicación, la escuela y  el Estado se integran en la defensa del mito de los roles y nos aseguran que, a pesar de una que otra falla, los sexos son diferentes pero iguales.  Después de todo, la "evidencia" que nos proporcionan los científicos acerca del patriarcado señala que existe en el Reino Animal una similar especialización en las tareas y oficios. Esta polarización, sin embargo, es reciente. Antes del siglo XIX, Lacqueur señaló que imperaba la tesis de que no existían dos sexos sino uno, ya que la mujer era vista como un hombre inferior, con órganos masculinos atrofiados.[1]

Dentro de esta bucólica armonía, el patriarcado, lógicamente,  no da cabida al homosexualismo u otras formas sexuales no reproductoras.  Todas estas, que incluyen la masturbación, la sodomía, el voyeurismo y muchas otras formas de placer, se califican pecaminosas, morbosas o criminales.  Ningún ciudadano respetable puede practicarlas y el patriarcado -cuando tiene conciencia de que es imposible suprimirlas todas-  las tolera, siempre y cuando se mantengan invisibles, lejos del escrutinio público.


El patriarcado impone, a la vez, severos castigos para los transgresores. Aquellos que demuestren conductas asociadas con el grupo opuesto son atacados, atropellados, burlados, perseguidos y eliminados. Los individuos que podrían servir de lazos de unión y de comunicación entre las subculturas masculinas y femeninas son desechados.  No hay alguien más perseguido que los disconformes del género, de los roles y de la conducta u orientación sexual asociada con éstos.  Por eso los hombres "afeminados", las mujeres "masculinas" y los homosexuales son considerados, en diferente grado, enemigos del sistema.

La heterosexualidad compulsiva

Uno de los grandes mitos del patriarcado es hacer creer que la mayoría de la gente, si tuviera cómo escoger, sería heterosexual. En una sociedad donde los individuos pudiesen escapar de la represión sexual, la realidad posiblemente se acercaría al abanico y la fluidez de la sexualidad que encontró el reporte Kinsey y que se analizará más adelante.[2]

Las mujeres, particularmente, como aduce Adrienne Rich, encontrarían en el lesbianismo un refugio contra la sumisión y la dominación por parte de los hombres[3]. Los machos buscarían más apoyo entre sí.  Pero el heterosexualismo, o sea la ideología de que la heterosexualidad debe ser la norma, es un sistema imponente de dominio.  La cultura lo refleja como la única alternativa.  Los críos son orientados, con una obsesión impresionante, hacia esa opción desde muy temprano.

El heterosexualismo reduce la relación sexual al acto de penetración vaginal de la mujer.  La posición y dominio del otro que se le atribuye al coito es otra manera de borrar la sexualidad no heterosexual.  Aunque ya Masters y Johnson han demostrado que la penetración vaginal de la mujer no es siquiera la manera de estímulo más satisfactoria para ella, la ideología patriarcal insiste en que es el "verdadero" sexo.  El mismo Freud inventó un supuesto orgasmo vaginal, más profundo que el del clítoris, que en teoría se lograba solo con un pene.  La realidad probaría que es el clítoris el órgano sexual más importante y que, para lograr el orgasmo, la masturbación propia o del otro sirve al propósito.  El falo, pues, no es ninguna varita mágica.

Masters y Johnson, en sus estudios de la homosexualidad, encontraron una mayor satisfacción que en la relación heterosexual.[4] Los hombres y mujeres gays, al conocer mejor sus propios cuerpos, podían estimular y satisfacer a sus compañeros más efectivamente que los hombres a las mujeres.  La versatilidad, la experimentación y la apertura al cambio eran más comunes entre los gays.  El nivel de satisfacción sexual, superior.  Estos reconocidos científicos no pudieron encontrar evidencia de la superioridad fisiológica de la relación heterosexual.


La exaltación de la penetración vaginal sirve para opacar la existencia homosexual.  Millones de seres han mantenido relaciones físicas y emocionales que, por carecer del acto de penetración, se califican como "experimentaciones" o "juegos" sin importancia.  Otros tantos tienen sentimientos sexuales entre sí, aunque nunca los expresan físicamente.

El homosexual y su papel en el patriarcado

Para algunos marxistas ortodoxos, la hostilidad hacia el homosexual se debe a su rechazo de la familia y de la procreación. La oposición gay a la familia burguesa es un elemento disruptivo para el sistema, porque cuestiona una de las instituciones básicas del capitalismo industrial. Sin embargo, los gays siempre se han reproducido y prueba fahaciente de ello son los miles de padres gays y madres lesbianas que hay en nuestro medio. La oposición gay a la familia tradicional es más que todo psicológica.

Se centraliza en la problemática de escoger y ésto es peligroso en el patriarcado, porque la libertad de elección es subversiva, principalmente en el caso de la mujer.

Una de las elecciones amenazadoras es el lesbianismo. Las lesbianas logran, por medio de su rechazo del hombre, escapar del control y de las expectativas del patriarcado. Su existencia prueba que la supuesta dependencia biológica, mental y económica de la mujer no es una realidad inmutable. Las feministas lesbianas aducen que el lesbianismo es una opción política, ya que libera a las mujeres de la opresión y las convierte en seres autosuficientes. “El feminismo es la teoría y el lesbianismo la práctica”, dicen las radicales feministas. Solo con un rechazo del opresor se puede alcanzar la libertad.

Pero no menos disruptivo es el homosexualismo masculino. Los hombres gays son seres que, a pesar de tener el acceso directo al poder, lo rechazan y lo niegan. No participan en el sistema de dominio sobre la mujer; no tienen interés en su sometimiento. Y para colmo de males, el mundo gay masculino representa la posibilidad de amor y solidaridad entre los hombres. Este principio es también subversivo para el patriarcado, porque cuestiona la jerarquía, la competencia y la agresividad, así como la necesidad de dominio de la mujer y de la Naturaleza.

La mayoría de los psicólogos, inclusive Freud, creen que la orientación sexual se determina alrededor de los tres años de edad. Así que los factores que intervienen para determinar la sexualidad son generalmente inconscientes o imposibles de controlar.  No existe una fórmula mágica para criar niños heterosexuales.  Si la hubiese, ya el patriarcado la habría usado para liquidar el homosexualismo.

De ahí que el sistema patriarcal deba poner una valla a esta cultura.  El instrumento es la homofobia: el desprecio y odio hacia el homosexual. Por medio de la ridiculización y persecución del gay, la cultura amenaza a todos los demás que quieran ir más allá del mundo heterosexual. 

La homofobia y los capítulos de este libro


Este es un libro sobre homofobia y la forma en que permea nuestras vidas. Recolecta una serie de estudios realizados por los investigadores Jacobo Schifter y Johnny Madrigal desde 1989. Incorpora los principales trabajos, ahora actualizados, de dos libros publicados y actualmente agotados (La Formación de una Contracultura. Homosexualismo y SIDA en Costa Rica, Editorial Guayacán, 1989, y Hombres que Aman Hombres, Editorial ILEP-SIDA, 1992). Otros estudios inéditos de estos autores también fueron incluidos. Se contó además, con la colaboración del Dr, José Toro, Director Ejecutivo de la Fundación Sida de Puerto Rico para un capítulo específico.

Iniciamos con un capítulo sobre las raíces de las condenas bíblicas en contra de la práctica y un análisis de cómo la religión ha dejado que la homofobia prevalezca sobre la razón. Muchas de las acusaciones actuales en contra de los gays se hacen con base en distorsiones, malas traducciones e interpretaciones a históricas de textos  que hablaban de personas muy distintas a los homosexuales contemporáneos, en sociedades donde la práctica homosexual tenía connotaciones religiosas. La homofobia judeocristiana, sin embargo, tendría una influencia enorme en el desarrollo de la modernidad y el posterior estudio de la homosexualidad por  la psiquiatría. Como se analizará en los capítulos 2, 3 y 4, los psiquiatras basarían su enfoque de la homosexualidad con una óptica ya influida por el veneno religioso. Su discurso se mantendría incólume a pesar de que los mismos datos que encontraron cuestionaban sus tesis homofóbicas. El proverbio de que “existen ojos que no quieren ver” resume esta posición. Los supuestos científicos estaban tan convencidos de que la homosexualidad era una patología que desestimaron la evidencia contraria.  De la misma manera en que Foucault nos ha demostrado cómo el progreso científico no se da de forma lineal y que ciertos paradigmas resisten hasta la evidencia más obvia, así se ha dado con el de la psiquiatría.

Pero la homofobia no solo permea el pensamiento científico y social, sino que construye culturas víctimas de ella. Por ello, decidimos mostrar en el resto de los capítulos, el impacto de este fenómeno con las investigaciones realizadas sobre el tema. En los capítulos 5, 6 y 7 analizamos cómo el odio hacia el homosexual es interiorizado por el mismo gay y las consecuencias de ésto para su salud mental y física.  En el capítulo 8 estudiamos cómo la homofobia construye, a la vez, distintos modelos de relaciones de pareja y sus consecuencias como lo son la cultura gay del sexo anónimo (Capítulo 9). La situación de la homofobia en las cárceles y la cultura que establece se estudia en el Capítulo 10. Finalmente, se investiga el papel de la homofobia en la incorporación del homosexual en la vida pública, principalmente en la seguridad ciudadana (Capítulo 11).


1

RELECTURA DE LA BIBLIA[5]

La Iglesia de la Cristiandad, que incluye a la Iglesia Católica y a otras protestantes, nacería de un pacto con el Estado, caracterizado por el mutuo beneficio entre las jerarquías civil y religiosa. Ésta se ha caracterizado por su desvinculación del compromiso evangélico con los oprimidos y ha usado algunos textos de la Biblia para hacerse eco de la discriminación que, a través de toda la historia de la humanidad, se ha ejercido sobre las personas que presentan cualquier diferencia con respecto a la mayoría.

En el mundo actual, donde cualquier diferencia es utilizada por esa mayoría para oprimir, explotar, marginar o segregar al diferente, la Iglesia de la Cristiandad ha hecho su opción al ponerse al lado de la mayoría y legitimar la opresión. Afortunadamente, las teologías más serias que recurren al diálogo con otras ciencias, principalmente las Ciencias Sociales, están demostrando que el andamiaje teológico levantado para justificar las actitudes hostiles contra las minorías presenta una grieta insalvable, ya imposible de disimular, que es la opción preferencial que Cristo mostró por el vulnerable, por el pobre, por el que está en desventaja en la sociedad. Nos encontramos, pues, y en tal sentido, de cara a los negros en su continente explotado y en su diáspora de esclavitud por el mundo; a los indígenas reducidos a pedazos de tierras estériles en toda América; a las mujeres, relegadas a la maternidad y a la cocina; a los anillos de miseria de las grandes ciudades “prósperas” y, también, de cara a los homosexuales y a las lesbianas, que para poder subsistir han tenido que disfrazarse con la heterosexualidad y reprimir así una importantísima parte de su personalidad.

Ahora bien, para interpretar la Biblia desde una perspectiva cristiana son imprescindibles dos actitudes: una de fe, que hace responder a la Palabra de Dios, y otra que podríamos llamar una mentalidad perceptiva que interpreta el contexto moderno, de manera que para ser fiel al mensaje permanente del texto bíblico es ineludible vivir la tensión entre estas dos actitudes.[6]

Se puede afirmar que la Biblia resume la fe de una nación que interpretó su vida a la luz de un concepto de alianza entre su divinidad, Yahveh, y ella como pueblo y como sujeto de su historia. No es lógico esperar que los aspectos culturales que se reflejan en la Biblia puedan servirnos como guía dos mil o más años después de haber sido escritos. Quienes escribieron los libros del Viejo y Nuevo Testamento, incluyeron su interpretación cultural de los deseos divinos. Esto hace necesario separar lo que es cultural y particularizar lo que es divino, ya que “Dios eligió unos instrumentos humanos imperfectos, que vivieron en distintas épocas y no es fácil entender el mensaje bíblico con las categorías mentales occidentales, heredadas de la lógica helénica”.[7]

Dicho de otra manera, en la Biblia se encuentra una voluntad de liberación que Dios hizo manifiesta para el hombre y la mujer por medio de algunos congéneres; estos amarraron la voluntad de liberación con palabras y con categorías mentales de su época, de ahí que para permitirle al Texto mostrar su intención primigenia habrá que deslindarle a éste lo que fue producto de esa cultura, lo circunstancial, para permitir que salga a flote “el mensaje permanente que sí tiene vigencia para todas las edades”.[8]

A fin de lograr la correcta interpretación del Texto se desarrolla la Teología que, siendo un poco reduccionista, se podría afirmar que su interés capital es explicitar el mensaje (Kerigma) contenido en la Biblia.  Una crítica y contextual hermenéutica, o sea una crítica interpretativa del Texto facilitará la tarea exegética, o sea la explicación de aquél a los demás, y en caso contrario se caerá irremisiblemente en un simplismo, un sincretismo, un subjetivismo o, lo que es peor, ahistorizar el Texto.

Las diferentes ramas del saber humano, sin duda, ayudarán a extraer del Texto el Kerigma y a no tomar lo circunstancial como voluntad divina.  De estos errores tan frecuentes cometidos por las Iglesias, previene el teólogo René Padilla:

El esfuerzo por dejar que las Escrituras hablen sin importarles una interpretación elaborada de antemano es una tarea hermenéutica obligatoria para todo intérprete, sea cual sea su cultura. A menos que la objetividad sea su objetivo, todo el proceso interpretativo está condenado al fracaso desde su comienzo.[9]

A este respecto, en el presente capítulo se explorará cómo las condenas contenidas en la Biblia sobre el homosexualismo son interpretadas tradicionalmente y se intentará ofrecer otras opciones  hermenéuticas que, sin forzar al texto, a fin de que diga lo que no fue su intención primigenia, podrían ser releídas a la luz de una tarea crítica y contextual, desde luego utilizando variados recursos que son ofrecidos por las diferentes ramas del saber humano.


La Biblia (Antiguo y Nuevo Testamento), el testimonio de fe de un pueblo (el pueblo hebreo), es un libro que contiene la interpretación de cómo este mismo pueblo vio su historia permeada por la actitud de un Dios testarudamente empecinado en liberarlo de todo aquello que, individual o socialmente, lo esclavizaba y le impedía vivir bajo relaciones de justicia, equidad, paz y amor. Es necesario entender que esta voluntad divina de liberación y de relaciones armónicas se dan en una sociedad determinada, en un contexto geográfico determinado, en un tiempo concreto y que, además, se sirvió de un idioma específico en una también específica cosmovisión, de manera que el producto final, (la Biblia y su Mensaje Liberador), estará mediatizado por todos estos elementos que sirvieron como canal entre el emisor (Dios) y el receptor (usted y yo).  No es sino hasta hace pocos años que los teólogos y biblistas se han concientizado de esa mediación, de manera que anteriormente no se hizo una separación en la Biblia de lo que era “Voluntad Divina” y lo que era “la cultura” en la que, por decirlo de alguna manera, venía envuelta esa Voluntad.  Ellos tomaron entonces el todo (fe y cultura) y lo aplicaron directamente.

Por ser tan difícil hacer este deslinde, cuando el mensaje cristiano fue llevado a otras culturas y a otras latitudes, la Iglesia de la Cristiandad lo que hizo fue aculturar la civilización invadida, esto en el mejor de los casos, ya que en otras oportunidades prefirió exterminar y destruir la otra cultura (v. gr. la evangelización en América Latina en tiempos de la Colonia).

Cuando el cristiano se ha enfrentado a una disyuntiva de carácter ético doctrinal o de interpretación de su realidad, ha recurrido a la Biblia como libro esclarecedor, bajo el supuesto de que éste contiene un párrafo que habla explícitamente sobre el asunto en cuestión; sin embargo, en numerosas oportunidades y sobre diversos temas, el texto sagrado no contiene ese apartado, por lo que la Iglesia de la Cristiandad ha recurrido a otro sistema: torcer el texto, o sea, poner a decir lo que éste no dice.

El texto de la Biblia ha sido tergiversado para justificar la esclavitud; lo tergiversaron en la Inquisición llegando a extremos como el acoso a Galileo por sustentar la teoría heliocéntrica en contra de la supuesta tesis bíblica; otros lo han hecho para racionalizar la subyugación del negro y del indio ante el blanco o de la mujer ante el varón. Por una deformada interpretación de los relatos etiológicos del Génesis, algunos se oponen a la teoría de la evolución de Darwin. Aún más impresionante es oir una corriente teológica que defiende el pago de la deuda externa en América Latina y que ignora por completo todo el énfasis del jubileo del Antiguo Testamento.

A todos estos ejemplos se viene a sumar la persecución de los homosexuales y de las lesbianas, amparada en unas pocas y descontextualizadas citas bíblicas.

En la Biblia está contenida la historia del pueblo hebreo que se empeñó en vivir una alianza con Dios y que se resistió en forma tenaz a las influencias de las culturas que lo circundaban.  El rechazo sistemático de todo lo exógeno fue el instrumento que les permitió mantener su propia identidad y emerger como pueblo en una geografía rodeada de otros con más relieve cultural y político. Aislarse de sus vecinos y considerar las costumbres de éstos como contaminación y abominación fue su estrategia.  Así, es de capital importancia tener presente este elemento cuando se analicen las condenas contra el homosexualismo posteriormente.

Un segundo elemento que considerar es el desarrollo del monoteísmo en el pueblo hebreo, concepto que llega hasta nuestros días y que se universaliza “en medio de dos colosales culturas: la egipcia, que vive bajo la zoolatría y la mesopotámica-fenicia, regida por la astrología”.[10]


El hecho de que Atón fuera alabado como el único dios, creador de todas las cosas, junto al cual no hay otro dios, autoriza a decir que el culto de Atón fue, cuando menos algo que se aproxima mucho al monoteísmo[11].

Sin embargo, fue el pueblo hebreo el que desarrolló el monoteísmo hasta llegar al concepto de monoteísmo universalista.  Es importante destacar que  el pueblo hebreo estratégicamente se vio compelido de nuevo a reforzar la trinchera de su nacionalismo y de su aislacionismo con respecto a sus vecinos.  Con el monoteísmo se robustece el concepto de la jerarquía masculina, ya que las religiones judía y cristiana, contienen elementos patriarcales muy acentuados, lo cual se refleja con el concepto de un solo Dios con características predominantemente masculinas.

Durante muchos años, la Iglesia de la Cristiandad se preocupó por sistematizar y ordenar los temas bíblicos, sin tomar en cuenta el tiempo y las circunstancias que mediaron para su surgimiento, de manera que poco a poco se fue perdiendo el concepto de hombre y de mujer como sujetos históricos, como sujetos de fe, al punto de dársele más importancia al acto de pensar la fe que al acto de vivirla.

Con las nuevas corrientes teológicas se ha podido desplazar a un segundo plano el hecho de pensar la fe (Teología como acto primero) y en un primerísimo lugar ha aparecido la praxis de la fe. De esta manera se logra que la palabra dicha por la Teología sea generada gracias a la experiencia obtenida mediante el acompañamiento, mediante la pastoral con el marginado, con el oprimido, con el vulnerable dentro de la sociedad (Teología como acto segundo).  De tal forma, se reduce la importancia de los teólogos que desde un escritorio escriben cantidades de libros que solo habrán de leer otros teólogos y éstos a su vez contesten a los primeros.  Gracias a estas corrientes teológicas como la Teología Negra, la Teología Latinoamericana y otras, la Biblia ha vuelto a ser un libro leído con y desde la perspectiva del pueblo, del vulnerable en la sociedad, particularizado o singularizado no en posiciones intimistas, sino en la realidad de una comunidad determinada.

Con el surgimiento de las Teologías de la Liberación se logra la liberación de este campo del ser humano, que ya no será el producto de la especulación propia del pasado, sino la síntesis de la interpretación de la fe mediante las luchas del hombre y de la mujer por llegar a ser personas.

La Teología de la Liberación en América Latina, la Teología Negra en África y las nuevas corrientes teológicas del Primer Mundo, como por ejemplo la holandesa, han cuestionado la Teología y han realizado una relectura del Texto Sagrado.[12]

De hecho, la palabra solo puede entenderse y apropiarse cuando se hace “carne” en una situación histórica específica con todas sus formas culturales particulares.[13]


Durante muchos siglos se aplicó el texto bíblico como si fuera una fórmula mágica o una cataplasma y, aún en nuestros tiempos, existe una gran tendencia a tomar un texto sin importar contextos y hacer así un pretexto, o sea hacer que el texto justifique lo que uno quiere.

La importancia que recientemente, y gracias a las Ciencias Sociales, se le está dando a la contextualización de la Biblia, se debe a que por este medio se puede reconstruir más acabadamente el marco geográfico, histórico, económico, cultural, político e ideológico en que se origina el texto.  También, las Ciencias Sociales ayudan a entender ese mismo marco en nuestros días, a fin de que cuando se realice la hermenéutica de la Biblia, ésta sea más fiel y se pueda alcanzar un verdadero diálogo entre el texto y la exégeta haciendo a un lado las cataplasmas teológicas que solo conducen a tratar de revivir anacronismos bíblicos:

La Biblia fue escrita para comunidades específicas, muy diversas en situaciones muy concretas. No fue escrita para “espíritus” etéreos, ni tampoco para teólogos, filólogos, expertos ni especialistas. Fue escrita para un pueblo, inmerso en su propia realidad histórica. [14] 

Los que leen el texto bíblico son seres con problemáticas muy concretas, en un lugar y en un tiempo específico; tienen cuerpo, comen, aman, sueñan; tienen sufrimientos, apetitos, viven una expresión de su sexualidad; están ubicados en un sitio determinado de la sociedad, con una situación económica determinada y una situación de aceptación o rechazo social muy específico, y están inmersos en una realidad a la que ha de llegar el mensaje liberador.

Quienes leen la Biblia tienen cuerpo, ese cuerpo tiene también piel y esa piel tiene color. En la medida en que el indígena y el negro han sido enseñados a leer la Biblia como si fuera un “libro blanco” y a verse a sí mismos solo en el espejo de los ojos de anglo-europeos blancos, en esa misma medida se ha instrumentalizado la Biblia en forma racista y por ende pecaminosa.[15]

En lo que respecta a nuestro análisis, se podría con toda autoridad crear la siguiente paráfrasis:

Quienes leen la Biblia tienen cuerpo, ese cuerpo tiene sexualidad y esa sexualidad tiene derecho a expresarse. En la medida en que el homosexual y la lesbiana han sido enseñados a leer la Biblia como si fuera un libro de sexología y de “sexología heterosexual” y a verse a sí mismos solo en las expectativas de los ojos de una sociedad machista y patriarcal, en esa medida se ha instrumentalizado la Biblia en forma sexista y, por ende, pecaminosa.


La interpretación literal ha sido la interpretación que más daño ha hecho a los que están en desventaja en la sociedad.

En nombre de Cristo y apoyados por citas descontextualizadas, antojadizas y literales, se ha cometido genocidio, se ha justificado la opresión, se ha legitimado la esclavitud y se ha marginado al pobre, a la mujer y al gay.  La Iglesia de la Cristiandad ha sido el único ejército que ha dejado sus heridos en el campo de batalla. Por sentido común y casi por instinto natural, los ejércitos de todos los tiempos y todas las latitudes, cuando están en batalla, pactan treguas para rescatar a sus heridos y para llevarlos a un lugar seguro; sin embargo, la Iglesia de la Cristiandad hace todo lo contrario, ha aplicado mayor rigor posible (la expulsión de su seno) al que cae fuera de lo que la letra muerta del texto expresa.

Se puede inferir que, actualmente, son millones los que sufren algún grado de marginación y ésta se da porque alguien decide que tal o cual persona queda fuera del ámbito del Reino de Dios. Se  ha utilizado la Biblia para descalificar a diestra y siniestra, se ha aprovechado el Texto Sagrado para agredir, para disminuir al otro y para juzgar con el recurso de que la Biblia dice tal cosa y se pretende justificar con un fragmento descontextualizado.

Esta falta de visión para recetar sin licencia divina ha deparado muchos sinsabores, porque por esta causa muchos cristianos descubren que las palabras del salmista son su exclamación cotidiana: “has alejado de mí a mis conocidos, me has hecho para ellos un horror, cerrado estoy y sin salida mis ojos se consumen por la pena” (Salmo 87:9. Versión Biblia de Jerusalén).

Existen otras clases de contaminaciones que influyen para que el mensaje de Dios al hombre y a la mujer no llegue tan claro como se espera, pero que en la conciencia de ambos es fácil desenmascararlas.

Los que escribieron el texto eran hombres que sabían, obviamente, leer y escribir. Es un texto que data en sus partes más antiguas de unos 2000 años antes de Cristo, producto de una civilización poco desarrollada como la hebrea y en una zona que no era considerada como culturalmente dominante.  Se puede sospechar, así, que éstos pertenecían a una élite intelectual.

De la misma inferencia se desprende que esta élite intelectual era a su vez parte de la clase económica poderosa. Saber leer y escribir era la mejor arma que se podía tener para ser fructífero en los negocios. Pertenecer a la clase intelectual y a la clase dominante aseguraba puestos de liderazgo político que la persona utilizaría, por lo general, para su propio beneficio.

Por último, es necesario tomar en cuenta que quienes redactaron, escribieron o compilaron partes del texto eran seres humanos del género masculino, aspecto que se verá reflejado en la concepción de un Dios masculino y un relego a la mujer a puestos de inferioridad, además de comenzar a esgrimir actitudes patriarcales.


Si se piensa en la enorme influencia que pudieron ejercer estos cuatro factores en la redacción del Texto Sagrado, se puede concluir que el texto, a pesar de revelar la intencionalidad de Dios, que tiende a liberar al hombre y a la mujer de todo lo que es opresión y regir las relaciones por medio  de la paz, la justicia, la equidad y el amor, también estará infiltrado de una actitud que reflejará los intereses de la clase económica, política e intelectualmente dominante, además de tener un carácter patriarcal y sexista.

Saber encontrar estos elementos contaminantes, saber aislarlos, saber también realizar una doble contextualización y, por último, realizar una hermenéutica y una exégesis más auténticas del texto serán sin duda de invaluable ayuda al creyente que se acerque a la Biblia con la intención de que el texto refleje verdaderamente la palabra de Dios y su voluntad.

LOS ARGUMENTOS DE LA IGLESIA DE LA CRISTIANDAD

Partiendo de un fundamentalismo que irremisiblemente desemboca en un literalismo acientífico y ahistórico, se toman los textos siguientes para perseguir al gay:

1.     ANTIGUO TESTAMENTO

1.1.  Génesis 19: 1 al 14

        “Destrucción de Sodoma y Gomorra”

19.  Los dos ángeles llegaron a Sodoma por la tarde. Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma. Al verlos, Lot se levantó a su encuentro y postrado su rostro en tierra, dijo: Ea, señores, por favor, desviaos hacia la casa de este servidor vuestro. Hacéis noche, os laváis los pies, y de madrugada seguiréis vuestro camino. Ellos dijeron: No; haremos noche en la plaza. Pero tanto porfió con ellos, que al fin se hospedaron cociendo unos panes cenceños y comieron.

No bien se habían acostado, cuando los hombres de la ciudad, los sodomitas, rodearon la casa desde el mozo hasta el viejo, todo el pueblo sin excepción. Llamaron a voces a Lot y le dijeron. ¿Dónde están los hombres que han venido donde ti esta noche? Sácalos,  para que abusemos de ellos.

Lot salió donde ellos a la entrada, cerró la puerta detrás de sí, y dijo: Por favor, hermanos, no hagáis tal maldad. Mirad aquí tengo dos hijas que aún no han conocido varón. Os las sacaré y haced con ellas como bien os parezca; pero a estos hombres no les hagáis nada, que para eso han venido al amparo de techo. Mas ellos respondieron: ¡Quita allá! Uno que ha venido a avencindarse, ¿va a meterse a juez? Ahora te trataremos a tí peor que a ellos. Y forcejearon con él, con Lot, de tal modo que estaban a punto de romper la puerta. Pero los hombres alargaron las manos, tiraron de Lot hacia sí, adentro de la casa, cerraron la puerta, y a los hombres que estaban a la entrada de la casa les dejaron deslumbrados desde el chico hasta el grande, y mal se vieron para encontrar la entrada.


Los hombres dijeron a Lot: ¿A quién más tienes aquí? Saca de este lugar a tus hijos e hijas y a quienquiera que tengan en la ciudad, porque vamos a destruir este lugar, que es grande el clamor de ellos en la presencia de Yahveh, y Yahveh nos ha enviado a destruirlos. Salió Lot y habló con sus yernos, los prometidos de sus hijas: ‘Levantados’,dijo, ‘salid de este lugar, porque Yahveh va a destruir la ciudad’.

A partir de esta historia se ha construido un argumento que en realidad refleja un desconocimiento total de la razón primigenia de la causa por la cual Yahveh destruyó estas ciudades. Más aún, esta narración es la que dio el origen al término sodomita equiparándolo a homosexual.

 

 1.2.   Levíticos 20:13:

Si alguien se acuesta con varón, como se hace con mujer, ambos han cometido

abominación: morirán sin remedio; su sangre caerá sobre ellos.

Con este versículo se prohíbe el sexo entre dos hombres y se sentencia con la muerte a ambos.

1.3.   Levíticos 18:22:

No te acostarás con varón como con mujer; es abominación.

De nuevo encontramos la misma prohibición.

1.4.   Deutoronomio 23:18:

No habrá hieródula entre los Israelitas, ni hieródulo entre los Israelitas.

Estamos ante otro de los clásicos textos que se han esgrimido para atacar al gay, solamente que en este caso se menciona al  prostituto masculino y se equipara el término con el de homosexual.

Comentario de 1.1

En esta perícopa se plantea la destrucción de Sodoma y Gomorra, bajo la interpretación superficial de que eran ciudades homosexuales. Si se utiliza la perspectiva heterosexista por supuesto que sí; sin embargo, si se recurre a otros textos de la misma Biblia que complementan y explican éste, se demostrará que no.


La interpretación tradicional ha sido severamente cuestionada. El primero en hacerlo fue Derrick Sherwin Bailey quien sostuvo que el verbo “conocer”, “yadha” en hebreo, que se utiliza para narrar que los hombres de Sodoma y Gomorra deseaban “conocer” a los hombres, y que se transcribe como “abusar” en el pasaje anteriormente mencionado, se utiliza más en la Biblia como “examinar” y no como “tener relaciones sexuales”.[16] Por esta razón, Bailey sostiene que la traducción según la cual los hombres de Sodoma y Gomorra deseaban “abusar de ellos” es incorrecta, mientras que una más apropiada sería “examinar sus credenciales”. El pecado de Sodoma y Gomorra habría sido no la homosexualidad per se, sino la violación de la hospitalidad, conducta muy valorada por los pueblos semitas. Bailey considera que su tesis se refuerza con otros pasajes en la Biblia. Eso se comprueba con el profeta Ezequiel en su libro Capítulo 16: versos  48 y 49, quien dice expresamente que:

El pecado de Sodoma y Gomorra fue el orgullo, la voracidad, la indolencia de vida, fue que no socorrieron al pobre y al indigente, que se enorgullecieron y cometieron abominación...” y termina diciendo que por eso las hice desaparecer. (Versión Biblia de Jerusalén).

Queda muy claro que no se alude al pecado “sodomítico”, sino a su arrogancia e insolencia por sentirse con hartura de pan, y despreciar así al necesitado.

También el profeta Isaías retoma esta y nos arroja una luz cuando en el capítulo primero, verso 10, dice:

Oid una palabra de Yahveh, regidores de Sodoma. Escuchad una instrucción de nuestro Dios, pueblo de Gomorra.

Aquí el profeta está comparando a estas dos ciudades con el pueblo de Israel, en términos de hipocresía y de inútiles sacrificios. En ningún momento se plantea el asunto homosexual como característico de estas ciudades. También el profeta Jeremías (Jeremías: 23-14) interpreta el pecado de estas dos ciudades cuando dice que se parecen los profetas de Samaria a los habitantes de Sodoma y Gomorra ya que fomentan el adulterio espiritual, permitiendo el culto idolátrico en el pueblo, además andan tras la mentira al anunciar al pueblo cosas venturosas cuando lo que se avecina es la ruina total. Tampoco se equipara el pecado de Sodoma con un acto sexual.

El teólogo Joseph C. Weber, profesor de Teología Bíblica en el Wesley Theological Seminary  también opina, que el pecado de Sodoma fue más bien la violación del derecho a la hospitalidad:


Es dudoso si el pecado en esta historia es la “sodomía”. La palabra “conocer” en hebreo en el versículo 5 aparece 943 veces, en el Antiguo Testamento. Solo 10 veces se refiere a la relación sexual. Este incidente se puede más bien entender como una ruptura de la hospitalidad. La oferta de Lot de entregar a sus hijas es un esfuerzo desesperado de mantener el sagrado derecho de la hospitalidad, al desviar a los hombres de Sodoma de su tentativa de afirmar sus derechos. Son justamente ellos los que tienen derecho de decidir si se ha de recordar la hospitalidad a los extranjeros y no Lot quien justamente es un huésped de la ciudad. Se  debe recordar que los extranjeros son los ángeles del Señor que han venido a juzgar a Sodoma.[17]

Otra interpretación reciente acerda del “pecado” de Sodoma ha sido la que reconoce el sentido sexual del verbo “yadha”, o sea, admite que los hombres de Sodoma desearon tener relaciones sexuales con los visitantes, pero señala que lo que castiga la Biblia es la forma que le quisieron dar a este acto, o sea la de una violación. Según esta tesis, el mal de Sodoma fue la violencia y no la homosexualidad.

Para esclarecer aún más esta idea de que la destrucción de las ciudades fue causada por los actos violentos y faltos de amor u opresores, y que no se debe buscar en ellos una connotación homosexual y heterosexual, sino el acto violento per se, se sugiere cambiar el género de los visitantes en la narración para ver cómo aún en las relaciones heterosexuales el hecho punible permanece.

Si leemos en el verso 19 de la siguiente manera: “Llamaron a voces a Lot y le dijeron: ¿Dónde están las mujeres que han venido donde tí esta noche? Sácalas para que abusemos de ellas”, podemos ver fácilmente que el hecho condenable es igual si fuera un hombre o una mujer el sujeto de la violación.

Llama poderosamente la atención la cita que tiene la Biblia de Jerusalén el Libro de Judas 7, que interpreta el pecado de Sodoma como: “Su pecado había sido el querer abusar de ángeles”, excluyendo la posibilidad de un pecado homosexual como tal[18]. Aquí el pecado consistirá en haber intentado mezclar lo mundano, lo sexual, con lo espiritual, los ángeles.

El abuso sexual se intentó realizarlo con inmigrantes y en el Antiguo Testamento los huérfanos, las viudas y los inmigrantes llegaron a servir como el prototipo de las clases oprimidas:

Dentro de la clase pobre hay quienes sufren doblemente la opresión. Además de ser pobres son oprimidos por su condición ya sea de huérfanos, viudas o inmigrantes. El código Mosaico constantemente hace referencia a estos grupos con el fin de brindarles protección.[19]

Tanto en este caso como en el de los hombres de Gabaa, la violencia será dirigida a inmigrantes, uno de los grupos que más son defendidos en la Biblia, considerados por los pueblos como no-personas. En el libro de Zacarías (7:10) leemos: “No oprimáis a la viuda, al huérfano, o al forastero, ni al pobre”.

Una historia paralela la encontramos en el libro de los Jueces, capítulo 19: versos 22 a 29:


Mientras alegraban su corazón, los hombres de la ciudad, gente malvada, cercaron la casa y golpeando la puerta le dijeron al viejo, dueño de la casa:“Haz salir al hombre que ha entrado en tu casa para que lo conozcamos”. El dueño de la casa salió donde ellos y les dijo: “ No, hermanos míos; no os portéis mal. Puesto que este hombre ha entrado en mi casa no cometáis esa infamia.

Aquí está mi hija, que es doncella. Os la entregaré. Abusad de ella y haced con ella lo que os parezca; pero no cometáis con este hombre semejante infamia. Pero aquellos hombres no quisieron escucharle. Entonces el hombre tomó a su concubina y se la sacó afuera. Ellos la conocieron, la maltrataron toda la noche hasta la mañana y la dejaron al amanecer.

Llegó la mujer de madrugada y cayó a la entrada de la casa del hombre donde estaba su marido; allí quedó hasta que fue de día.  Por la mañana se levantó su marido; abrió las puertas de la casa y salió para continuar su camino; y vio que que la mujer, su concubina, estaba tendida a la entrada de la casa, con las manos en el umbral, y le dijo: “levántate, vámonos”. Pero no le respondió. Entonces el hombre la cargó sobre su asno y se puso camino de su pueblo.  Llegado a casa cogió un cuchillo y tomando a su concubina la partió miembro por miembro en doce trozos y los envió por todo el territorio de Israel.

De nuevo, encontramos que el hombre, el anfitrión, estuvo deseoso de ceder a su hija virgen en vez de su huésped. Esta actitud representa precisamente el mismo pensamiento que se establece en la historia de Sodoma, donde es totalmente indiferente la importancia de la mujer como persona. Las mujeres fueron consideradas como mobiliario y como tales carecían de importancia para los hombres.  El huésped prefiere sacrificar a su concubina, una mujer de más bajo estrato en la escala social. Nada, sin embargo, puede alegarse para justificar la acción. Es una sórdida historia.

Lo único que esto prueba, de acuerdo con el exégeta T. Horney, es que, con respecto al abuso, los habitantes de Gabaa, un pueblo israelita en vez de cananita, podían tomar como objeto a un hombre o a una mujer. Ellos hubiesen preferido al hombre. Esto significa, traducido en términos contemporáneos que no obstante ser teóricamente bisexuales, sus preferencias eran homosexuales. Pero fuesen bisexuales, heterosexuales, u homosexuales, eran depravados. Su depravación consistió en hacer un objeto del uso de su placer sexual, sea un hombre o una mujer, y considerarlo como objeto para su diversión con agudo sadismo. Este sadismo provoca la muerte de la mujer. Si ellos intentaron matarla o si fue accidente, nunca lo sabremos. En cualquier caso, ésta es una historia horrorosa. El incidente de cortar el cuerpo de la mujer en doce piezas para enviarlos a cada una de las doce tribus de Israel es el colmo de la profanación. Para la Biblia el cuerpo humano es sagrado porque está hecho a imagen de Dios. (Génesis 1:27:):


Así, el pecado de Gabaa fue peor que el pecado de Sodoma. No fue solo el pecado de intento de cometer violación homosexual o heterosexual, sino la comisión del estupro más la muerte.  Esta fue la total desconsideración por la existencia humana, masculina o femenina, como persona.[20]

Comentario de 1.2 y 1.3

Por otra parte, los dos pasajes del Levítico (18:22 y 20:13) que condenan el sexo entre hombres están localizados en un Código de Santidad.[21] La intención de estos códigos era proteger la identidad del pueblo hebreo ante las costumbres contaminantes de los pueblos vecinos. No es difícil sospechar que en tales textos exista una intencionalidad de condenar lo exógeno a esta cultura:

En toda la región cananea, prevalecieron numerosas prácticas envilecedoras, entre las que se incluían la prostitución sagrada, la homosexualidad y diversos ritos orgiásticos. Fue la clase de religión con la que Israel, aún tomando mucho de la cultura de Canaán, nunca pudo pactar en buena conciencia.[22]

En otras palabras, se trata más de un pecado en contra de la identidad hebrea que un acto punible per se. El mismo versículo 24 que se encuentra de seguido dice “No os hagáis impuros con ninguna de estas acciones, pues con ellas se han hecho impuras las naciones que yo voy a arrojar ante vosotros”. En el texto de Levíticos 20:13, de nuevo se halla la misma prohibición y también de nuevo diez versos más adelante aparece la causa por la cual esto es considerado una falta. El verso 23 dice: “No caminéis, según las costumbres de las naciones que yo voy a expulsar ante vosotros”. Nótese cómo en los dos casos el elemento que se usa para calificarlo de falta es una costumbre practicada por las naciones que los hebreos posteriormente habrán de atacar, destruir y expulsar de su tierra. Podríamos, incluso, decir que no es más que la creación de una especie de conciencia nacional o de una preparación ideológica para la guerra, ya que ellos tienen como meta poseer esa tierra que su Dios les ha dicho que será de ellos, pero que cuando llegan a ésta, era tierra ocupada.

Otra idea que ayudará a esclarecer el sentido de los textos de Levíticos es ver cómo la Iglesia de la Cristiandad ha extraído estos dos versos, los ha inmortalizado en una forma descontextualizada y ahistórica y se ha permitido relativizar enormes partes del libro de donde los ha tomado.


Sin embargo, otras condenas en la Biblia, aún más severas que las que se utilizaron contra los actos homosexuales, han sido convenientemente olvidadas o superadas. Según la Biblia, la emisión de semen ensucia a un hombre y así se mira también el acto sexual (Levítico 15:16-18). No obstante, hoy día ningún hombre que se “ensucie” con éste acudiría a una limpieza ritual. Pocos aceptarían ahora que la menstruación ensucie a la mujer y todo lo que ella toque y que de así hacerlo, debe de limpiarse ritualmente (Levíticos 15:19 ff). Las Sagradas Escrituras sostienen que los adúlteros deben ser asesinados (Lev. 20:10); el deseo sexual es puesto a la par del adulterio (Mateo 5:27). En Mateo 5:32 se indica que el divorcio no se justifica a menos que exista adulterio y que casarse con una mujer divorciada equivale a cometer adulterio.  En Corintios 14:34 ff se dice que las mujeres deben mantenerse calladas en la iglesia.

La misma Biblia condena la hipocresía de la manera más severa, aunque a pocos se les ocurrió sostener que los hipócritas eran seres antinaturales y segregados de la sociedad, como se haría con los homosexuales. La usura ha sido condenada más severamente en la Biblia que la homosexualidad. A diferencia de esta última, la usura fue condenada también por los filósofos del mundo antiguo como degradante, inmisericorde y contraria a la naturaleza, ya que violaba el principio que representaba un crecimiento “anormal” del dinero (el prestamista no lo incrementaba con su trabajo). Los primeros teólogos interpretaron las palabras de Jesús “Dad sin esperar nada a cambio” (Lucas 6:35) como una extensión a los cristianos de la prohibición levítica de la práctica de la usura entre los judíos.  En el siglo XIV existían más condenas contra la usura que contra la homosexualidad. Pero la práctica probaría ser más fuerte. Hoy día no sólo se permite prestar dinero al interés sino que las iglesias compran bonos y acciones en las casas de préstamos (garroteras). Otra más de las leyes que han quedado en desuso.

Una más de las leyes que ha quedado olvidada ha sido “el Levirato”. Esta ley ordena el matrimonio de una viuda sin hijos con uno de sus antiguos cuñados (Génesis 38:3). Lo que se persigue es garantizar que la mujer continúe teniendo hijos, o sea no dejar una matriz improductiva. Sin embargo, pocos hoy día desposarían, en caso de la muerte del hermano, a su cuñada. Esto a pesar de que en el Génesis se nos dice que su incumplimiento desagradó tanto a Dios que le segó la vida por ello a Onán (Génesis 38:3).

Desde luego que todas estas leyes son relativizadas si se toma en cuenta el tiempo, la cultura, la situación geográfica y la estructura de la sociedad. Lo que podríamos recuperar como constante en todos los casos es la voluntad de Dios de que existan relaciones justas y de equidad. Lo demás, como por ejemplo si se come o no langosta, si se ama o no a un hombre o una mujer y si se puede ir a la iglesia con los testículos magullados y otras, son prohibiciones de la cultura y no de Dios.

Comentario 1.4

En el texto de Deuteronomio 23:18, traducción de la Biblia de Jerusalén, se dice: “No habrá HIERODULA o HIERODULO entre los Israelitas”. Tenemos que el griego “hieros”, que significa sagrado y “dulos” que significa esclavo, está formada esta palabra la cual podría traducirse como : esclavo al servicio del templo. Pero no todas las traducciones han sido tan fieles; otras más malintencionadas traducen: “No haya rameras entre las hijas de Israel ni haya sodomita entre los hijos de Israel” (Traducción de Reina Valera). En este caso se aprecia cómo fue manoseado  el texto y contaminado por una actidud homofóbica.


Pero si el texto se interpreta por una prostitución sagrada, entonces se verán algunos elementos que habrán de arrojar luz al mismo. Una de las costumbres más arraigadas en los pueblos circundantes del israelita, fue la prostitución sagrada, que funcionaba más o menos de la siguiente manera: era necesario tener algún control sobre la naturaleza, sobre la fertilidad de la tierra, y de los animales, sobre el clima cuando se hacía una travesía por mar, sobre las crecidas de los ríos y otros. Para ofrecer esta “seguridad” se crean los templos a los diferentes dioses, administrados por sacerdotes y sacerdotisas que practicarían el sexo con los hombres que les visitaran a fin de asegurarles buenas cosechas, fertilidad en sus animales y seguridad en sus viajes marítimos. Nótese que este tipo de prostitución nada tiene que ver con la prostitución como la conocemos hoy día en Occidente; es una prostitución ritual y, vista desde la óptica de sus practicantes en esa específica cultura, posee un enorme valor social. Sin embargo, cuando el pueblo hebreo reacciona frente a esta costumbre, lo hará desde su óptica de monoteísmo, desde su concepto de Alianza con Yahveh y, por lo tanto, las prostitutas sagradas y los prostitutos sagrados son vistos como una abominación, no porque tengan un acto sexual con personas del mismo sexo, sino porque tal acto está ofrecido en sacrificio a un dios que no es Yahveh. Tanto es abominación el acto heterosexual como el homosexual, porque ambos son idolátricos. Otra aclaración pertinente a este caso se refiere a la necesidad del pueblo hebreo de crecer en número; este tema puede ser analizado a profundidad y dar material para varios libros. Sin embargo, nos limitaremos a enunciar solamente algunos elementos que ayuden a ver la razón por la cual en el Antiguo Testamento se legisla para evitar el acto sexual entre dos hombres y nada se dice del acto sexual entre mujeres.

El origen de este pueblo está fundamentado en una promesa de Dios hecha al patriarca Abraham, en el cual le promete descendencia tan numerosa como las estrellas o las arenas del mar. Después del éxodo se encuentran en el desierto unas tribus diezmadas de gran manera, sin unidad cultural, sin organización social, y próximas a su tierra prometida, que ahora está habitada. Estos habitantes están más desarrollados, más organizados y con más condiciones para una guerra que los mismos hebreos. De ahí la razón de los 40 años en el desierto, un período lógico para que se organizaran y nacieran muchos hombres que pudieran hacer la guerra. Esta, la que se hacía cuerpo a cuerpo, de manera que el grupo que más hombres llevara al campo de batalla sin duda contaría con más posibilidades de salir victorioso. En este momento es necesario velar por que el pueblo hebreo crezca en número; habrá entonces que legislar contra todo acto que tienda a evitar el crecimiento demográfico, ya que lo que se busca es tener carne de guerra para vencer y expulsar a los amorreos, a los eteos, a los cananeos, a los filisteos de esa tierra. Se citan entre estas leyes las siguientes:

Le Ley del Levirato, que a la letra dice:

Si unos hermanos viven juntos y uno de ellos muere sin tener hijos, la mujer del difunto no se casará fuera con un hombre de familia extraña. Su cuñado se llegará a ella, ejercerá su levirato tomándola por esposa, y el   primogénito  que ella dé a luz llevará el nombre  de su  hermano difunto; así su nombre no se borrará de Israel.  Pero si el  cuñado se niega a tomarla por mujer, subirá ella a la puerta donde los ancianos y dirá: Mi cuñado se niega  a perpetuar el nombre  de su hermano en Israel, no quiere ejercer conmigo su levirato. (Deut. 25:6).


Evitar la preñez mediante la eyaculación fuera de la vagina: “Onán sabía que aquella descendencia no sería suya, y así, si bien tuvo relaciones con su cuñada, derramó el semen a la tierra evitando darle descendencia a su hermano. Pareció mal a Yahveh lo que hacía y le hizo morir también a él” (Gen. 38).

El derrame del semen sin fines de preñez ya sea con otro hombre o con un animal: “El que se relacione con una bestia morirá sin remedio” (Lev. 20:16).

No se puede evitar el contextualizar estos pasajes observar que si bien el fin último de éstos es hacer crecer en número el pueblo de Israel, ahora y para el Cristianismo el alarmante aumento de la población mundial puede incluso tener una repercusión negativa. El mundo está bregando en este siglo con la desmedida explosión demográfica. Esto sí es un factor que a todas luces será perjudicial para el ser humano en el planeta y no los actos de amor entre dos mujeres o entre dos hombres.

2.         NUEVO TESTAMENTO

En esta parte de la Biblia encontramos únicamente dos textos que hablan específicamente acerca del tema que nos ocupa. Estos han sido utilizados, al igual que los del Antiguo Testamento, en forma descontextualizada para apoyar argumentos homofóbicos.

2.1.      Romanos 1: 26-27:

Por eso los entregó Dios a pasiones infames; pues sus mujeres invirtieron las relaciones naturales por otras contra la naturaleza; igualmente los hombres abandonando el uso natural de la mujer, se abrazaron en deseos los unos por los otros,  cometiendo  la  infamia  de hombre con hombre, recibiendo  en sí mismos el pago merecido por su extravío.

2.2.      Corintios 6:9:

¿No sabéis acaso que los injustos no heredarán el Reino de Dios? ¡No os engañéis! Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces, heredarán el Reino de Dios.

Para entenderlos mejor es pertinente indagar sobre su autor. Ambos están escritos por Pablo de Tarso. El primero se encuentra el inicio de la carta que éste escribe a la iglesia de Roma, la iglesia de la Metrópoli. El otro pasaje está ubicado en la carta de Pablo a otra de las iglesias, la del famoso puerto de Corinto. Como característica de ambas cartas podemos referir que:


a) Las dos ciudades (Roma y Corinto) eran en ese momento sumamente cosmopolitas; poseían un sincretismo cultural enorme, lo que sin duda Pablo, llamado comúnmente “el estratega del Cristianismo”, interpretó como sumamente riesgoso para mantener la identidad judeo-cristiana. A diferencia de Cristo, que no dijo nada del tema gay, Pablo de Tarso se ocupa de éste en dos oportunidades, así como de múltiples aspectos de la sexualidad de su tiempo. No podemos negar que Pablo está muy interesado en el tema de la sexualidad pero desde su perspectiva patriarcal, tanto así, que muchos estudiosos ven en él actitudes misóginas.

b) Pablo tendía a minimizar a la mujer. Como hombre la responsabilizaba de tentar sexualmente. Le dio mucho énfasis al pecado de Adán y Eva, creyendo que de no haber sido por la caída en desgracia, no hubiese sido necesaria la redención de Cristo. De ahí desarrolló la doctrina de la subordinación de la mujer. Esta -según él- debía mantenerse en silencio en la iglesia y si deseaba aprender algo debería “preguntarle a su esposo en casa: ya que es una vergüenza que las mujeres hablen en la iglesia”. En otros pasajes se demuestra que los cristianos primitivos sentían que la mujer estaba subordinada a su esposo: “Esposas, subordínense a sus maridos como es correcto para el Señor”. Pablo decía que el poder de la mujer seductora era tan grande que podían hacer pecar hasta los ángeles.[23]

Algunos teólogos aseguran que Pablo, además, confiesa tener problemas sexuales. Al final de la correspondencia de Pablo a los Corintios, admite haber tenido “una espina de carne”, algo enviado por Satán, según él, para acosarlo. Tres veces le imploró al Señor acerca de este asunto pero él le contestó:

Bástate mi gracia, porque el poder mío brillaba y consigue su fin por medio de la flaqueza. Así que con gusto me gloriaré de mis flaquezas, para que haga morada en mí el poder de Cristo.(11 Corintios 12: 7-9).

¿Qué era esa espina o aguijón de la carne? Pablo no insinúa nada. Se podría sugerir la epilepsia, la artritis, la ceguera, o algún problema de homosexualidad. Esta última condición, o predisposición, podría haber sido un problema inconsciente de Pablo. Esto no quiere decir que se entregara a practicar estos deseos inconscientes pero que sí los tuvo y que  pudieron haber influido en su deseo de perseguirlos en los demás.[24]

Lo que sí sabemos es que Pablo exigió demandas muy fuertes de los otros; deseaba que  evitaran el sexo. En su respuesta a la carta de una congregación, Pablo aconsejó que “Es bueno para un hombre no tocar a una mujer”. También opinó que le alegraba cuando la gente era como él mismo, ya fuesen solteros o viudos y que así se quedaran. (I Corintios 7: 1-8). El matrimonio era para Pablo un mal menor para los que no podían controlar su deseo sexual:

Mas si no tienen don de continencia, cásense. Pues más vale casarse que estarse quemando. (Corintios 7:9)


El mismo Pablo admite que sus reglas son enteramente propias (I Corintios 7:25). Él va más allá de cualquier cosa que Jesús dijera sobre el sexo, lo cual, incidentalmente, fue muy poco. Pero, en este caso, Pablo reflejó la cultura de su época.

Dos factores intervienen en que el Cristianismo de los primeros doscientos años mantuviera posiciones muy adversas al sexo: la concepción de que la Parusía, o sea la segunda venida de Cristo, se realizaría en poco tiempo y, por lo tanto, no deberían existir actividades que los distrajeran como el sexo. La otra fue la influencia que ejercitó el Gnosticismo que, con sus ideas ascéticas, comenzó a ganar terreno y adeptos, lo que obligó a los cristianos primitivos a asumir una posición contestataria.

Parte de esta hostilidad hacia el sexo se debió a que el Cristianismo no se desarrolló en el vacío. Las ideas ascético-paganas influyeron en el Cristianismo y en su rival, el Gnosticismo. Como el Cristianismo competía con el Gnosticismo, tuvo que considerar lo que esta religión sostenía.  Muchas de las  comunidades  cristianas primitivas trataron de ganar adeptos tomando posturas aún más ascéticas y estrictas. La abstinencia sexual era una de las maneras de salvarse. Algunos de ellos se consideraban cristianos. El sexo se asociaba con el demonio.[25]

Era tal el desprecio que se llegó a sentir por el sexo, que uno de los padres de la Iglesia, Origenes, se castró para evitarlo. Es importante destacar que si a estas actitudes se llegó en los primeros años con respecto al sexo procreador, más repudio pudo llegar a sentirse contra el sexo entre personas de igual género o no procreador.

Una vez esclarecida la concepción del sexo que imperaba en el momento de escribirse las cartas de Pablo y teniendo una idea de la mentalidad sexista de quien las escribe, pasamos al análisis de los textos.

Es indispensable iniciar este acercamiento a los textos mencionados recordando que Jesús no hizo referencia alguna a este asunto, pues no se conoce ningún texto donde se diga que él abordó este tema, ni en el Nuevo Testamento ni en los evangelios apócrifos que circulan desde hace tantos siglos.

            En Romanos 26 y 27 leemos:

Por eso los entregó Dios a pasiones infames, pues sus mujeres invirtieron las relaciones naturales, por otras contra la naturaleza igualmente los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se abrazaron en deseos los unos por los otros, cometiendo la infamia de hombre con hombre, recibiendo en sí mismos el pago por su extravío. (Biblia de Jerusalén).

Si consultamos a William Barclay, connotado comentarista bíblico éste nos dice que:


Cuando Pablo escribe esta carta a los Romanos lo hace a una Iglesia que no conoce personalmente, situada en un lugar donde no había estado, la mayor ciudad del más grande imperio del mundo.[26]

Se ve claramente en este texto que lo censurado son las inversiones sexuales y que el mensaje está dirigido a los heterosexuales que han dejado su heterosexualidad para practicar el homosexualismo. Tres pistas nos ayudarán a llegar a esta conclusión: Los gays no usan a otro hombre como substituto de una mujer; esto suele ocurrir en las prisiones, por ejemplo, donde no hay mujeres, pero no en la vida de un gay, pues para éste su natural expresión sexual será la unión con otro gay. En esos tiempos en Roma se castraba a algunos jóvenes para cambiarles su orientación sexual y para que así sirvieran como mujeres a sus amos, siendo éste uno de los ejemplos de inversión a los que alude Pablo. Si entendemos ahora que no es recomendable cambiar la orientación del heterosexual, según el texto, también debemos inferir que no es aconsejable alterar la orientación sexual propia del homosexual.

El Rev. José L. Mojica en su artículo “El Homosexual y la Biblia” explica este pasaje de la siguiente manera: “Se refiere a los heterosexuales que se entregaban a relaciones homosexuales cometiendo actos contra sus naturalezas”.[27]

Algunos teólogos han reaccionado frecuentemente con repugnancia contra la gente gay con base en las palabras de Pablo que condenan a aquellos que han actuado “contra lo natural” (Romanos 1:26). Sin embargo, unos pocos versículos después, el mismo Pablo se refiere a Dios “injertando un olivo silvestre” (i. e. los gentiles) en un árbol cultivado (e. i. los judíos) contra lo natural (Romanos 11:26). En vista de que Pablo utiliza la misma palabra griega en ambas ocasiones (para phusin, literalmente “contra lo natural”) ésta no podría denotar degeneración moral ya que el mismo Dios estaría entonces actuando de esta manera.

Pablo, además, cuando utiliza el término “natural” no siempre hace una distinción clara entre “carácter esencial” y “costumbre aceptada”. El escribe, por ejemplo, que es “una vergüenza por naturaleza que un hombre se deje crecer el cabello” (I Corintios 11:14). En esta ocasión Pablo se refiere a aquella conducta que es poco común o inesperada desde el punto de vista de lo acostumbrado. Él quizás tuvo la misma idea en mente cuando se refirió a la homosexualidad.

Es peligroso, eso sí, adjudicarle a las palabras de Pablo sobre lo natural, el sentido que le darían  las posteriores teorías de “la ley natural”, de la que él no tuvo conocimiento. Como tampoco debemos reducir nuestro concepto de lo natural a funciones únicamente físicas o biólogicas (los sexos son biológicamente complementarios ergo solo la heterosexualidad es natural). De acuerdo con los conocimientos modernos del desarrollo humano, debemos también reconocer los componentes personales y psicológicos (la atracción emocional entre los individuos es también natural y por consiguiente así debe ser su expresión física).


Un popular juego de los romanos era uno en el cual se ponían números de un lado de una mesa, con una lista de virtudes y vicios en el otro lado. No sabemos precisamente cómo era desarrollado el juego, pero en lo que queda de éste se ve que los vicios -o cosas que los romanos consideran “pícaros”- preponderaban sobre las virtudes. El que estuvieran escritos en el latín más vulgar indica que el juego debió haber sido popular entre la gente común.

Ocho de diez vicios -o al menos un brusco equivalente- se encuentran en las fichas de juego. Pero recordemos que Pablo escribió en griego mientras en las fichas están en latín vulgar.

            PALABRA                             PABLO                                   LATIN

1.     Fornicadores                  Pórnoi                                                   Impudes

2.         Idólatras                                  Eidololátrai                             (No está en la ficha)

3.         Adúlteros                                Moichoí                                   Moice, moese

4.         Afeminados                            Malakoí                                   Patice

5.         Abusadores de sí

mismos con su género             Arsenokoítai                            Cinaidus, cinaedus

6.         Ladrones                                 Kléptai                                                Fur

7.         Avaros                                     Pleonétai                                 (No está en la ficha)

8.         Borrachos                                Méthusoi                                 Ebiose

9.         Difamadores                           Loídoroi                                  Trico?

10.       Extorsionadores                      Hárpages                                 Arpax[28]

Tenemos ahora el pasaje de la 1a. Corintios 6:9 en donde aparecen varias de las palabras del juego:

¿No sabeís acaso que los injustos no heredarán el Reino de Dios? ¡No os engañeís!, ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maledicientes, ni los extorsionistas, han de poseer el Reino de Dios.

Estamos ante un texto de los que mejor reflejan las distorsiones que se le han hecho a la Biblia. Algunos traducen el término “Malakoi” que significa en griego “blandengue”, “blando”, “sin criterio”, “pelele” por “afeminado”. Es de considerar que un “malokoi” puede ser un homosexual o un heterosexual, y también un prostituto sagrado como se explicó anteriormente. En el caso de la palabra que se traduce por homosexual existen dos aspectos:

a) “Homosexual” fue una palabra que vio la luz en el siglo pasado (1869) ¿Cómo es posible que Pablo de Tarso la conociera? ¿No será más bien el fiel reflejo de una distorsión del traductor? Pablo no conocía en sus tiempos la homosexualidad como la conocemos hoy día, como una orientación de carácter permanente, involuntaria e irreversible.


b) La otra palabra griega en el texto es “arsenokoítes”, que se refiere a pervertidos sexuales, ya sean homosexuales o heterosexuales, personas que cometen actos deshumanizantes, actos sin amor, actos lujuriosos. De gran importancia es preguntarse por qué Pablo no utilizó otras palabras griegas que sí tenían una connotación relacionada específicamente con las relaciones de personas de un mismo género, como eran: “paiderástes”, “pallakos”. Si su intención primigenia hubiera sido censurar estas actividades, hubiera utilizado las palabras antes mencionadas.

Pablo pudo haber sido influido por este juego para atacar una serie de prácticas extendidas entre los griegos - consideradas como vicios por los romanos- pero teniendo en mente su relevancia a la ciudad de Corinto. Las palabras claves de “malokoi” y “arsenokoítai”, que se han traducido ideológicamente como “homosexuales” o “afeminados”, no reflejan el sentido que Pablo les dio. Pablo quería atacar las prácticas sexuales vinculadas con la adoración de dioses paganos, como lo era el culto común en Corinto a la diosa Afrodita Urania. En el templo de Corinto, como en otros de la época, era común la presencia de prostitutos y prostitutas que, como parte del rito de la fertilidad, realizaban orgías con los creyentes. Son seres dedicados a la prostitución que Pablo tiene en mente en su carta a Corinto:

La evidencia es clara. “Arsenokoíte” no significa homosexualidad para Pablo ni para sus contemporáneos, sino más bien “prostituto masculino” hasta el siglo IV de la era cristiana, cuando empezó a confundirse con otra serie de  palabras para desaprobar varias actividades sexuales.[29]

De este acercamiento a los textos bíblicos cuyas interpretaciones se han esgrimido para marginar al homosexual, y sin ser éste un estudio exhaustivo, se infiere que las iglesias han repetido una interpretación tradicional de las Escrituras. Hemos querido mantener una objetividad en cuanto la hermeneútica de tales textos y así es que, descubrimos pronto la grieta que presenta el andamiaje en el cual está fundamentada la marginación.

Es necesario ver la Biblia como lo que es: un libro que contiene pautas divinas para el hombre y la mujer, a fin de que sus vidas estén enmarcadas en una dinámica de justicia, equidad, paz, amor y libertad, en su relación con Dios y con sus congéneres. Es imprescindible también ver y comprender lo que no es la Biblia: no es un libro de historia, aunque posee o cuenta con algunos hechos históricos; no es un libro de ciencia, únicamente interpreta teológicamente algunos hechos de ésta; no es un libro de psicología o de sexualidad, aunque toca temas de sexualidad, éticos y psicológicos y restringidos a a un momento histórico, a una situación específica, a una cultura dada, y todos éstos con perspectiva de fe. Lo pertinente para buscar la trascendencia de este Libro es apreciar cómo Dios manifiesta su voluntad liberadora a fin de que las vidas sean más armónicas, más íntegras y reflejen la imagen de Dios, más no imágenes mutiladas por los prejuicios heterosexistas de los fundamentalistas o de los homófobos.


Más sorprendente es poder analizar otros textos de la Biblia que lejos de rechazar, envilecer o anatemizar el amor entre dos hombres, podría muy bien servir como modelo del concepto de amor, de renunciamiento y de entrega. Es lógico pensar que si Dios hubiera tenido la intención de condenar los actos homosexuales de todo tipo, no habría permitido que se incluyera el relato del amor homosexual entre David y Jonatán en Su Libro.

T. Horner en su obra “Jonathan loved David. Homosexuality in Biblical Times”, nos dice que entre el Rey de Israel y el hijo de Saúl se desarrollaría una relación amorosa que se incluiría en la misma Biblia.[30]

David es retratado por el profeta Samuel como un “chico de piel sonrosada, agradable y bien parecido” (Samuel 11, 16:12). Algunas versiones modernas de la Biblia han cambiado la segunda de las tres palabras por la que dice que él tenía “ojos bellos”. Jonatán era hijo del rey y héroe de la batalla de Michmash. Según Horner, estos dos factores le hacían sumamente atractivo. Primero, era un aristócrata y segundo, un héroe; todos aman al héroe. David, a su vez, surge también como héroe al derrotar a Goliat, aunque algunos estudiosos consideran como exagerada su victoria. Además, él era músico y “tal vez David  -opina Horner- no necesitó ser más que un buen músico, ya que éstos poseían un temperamento tal que los hacía atractivos a otros...”

Sea la razón que sea, Jonatán fue atraído por David:

Al punto que David acabó de hablar con Saúl, el alma de Jonatán se unió estrechamente con el alma de David, y amóle Jonatán como a su propia vida. Desde aquel día quiso Saúl tenerlo siempre consigo, y no le permitió volverse a casa de su padre.  Y contrajeron,  entonces,  David y Jonatán,  una grande amistad; pues amaba éste a David como a sí mismo. De aquí es que se quitó Jonatán la túnica que vestía, y diósela a David con otras ropas suyas, hasta su espada y arco y aún el tahalí. (1 Samuel 18: 1-4).

Jonatán fue obviamente hechizado. Algunos podrían decir que aquello que existía entre ambos era una amistad sin ninguna connotación homosexual. Sin embargo, opina Horner:

Cuando dos hombres provienen de una sociedad o contexto social que es enteramente militar en la razón o entendimiento del Oriente, cuando uno de ellos es superior socialmente, hace público su amor y hace un perdurable pacto de amor; cuando se encuentran secretamente y se besan, y esparcen abundantes lágrimas cuando parten; cuando uno de ellos proclama que su amor por el otro supera su amor por las mujeres, y como todo ésto está presente  en  la  vinculación  de  David   con Jonatán,  creo  que  tenemos suficiente evidencia para creer que una relación homosexual se estableció.[31]


Muchas otras evidencias existen en esta narración bíblica. Es sorprendente el pasaje cuando el padre de Jonatán, precipitadamente, en una explosión de cólera, denuncia la relación porque sentía temor (El Rey Saúl) de que su la relación con David continuaba, Jonatán perdería sus oportunidades de sucesión al trono:

Saúl, empero, indignado contra Jonatán le dijo: Hijo de prostituta, hijo desamorado y perverso, ¿piensas que yo ignoro el amor que tienes al hijo de Isaí (David), para confusión tuya e ignominia de tu envilecida madre? Sábete que mientras viva el hijo de Isaí sobre  la  tierra  ni tú estarás seguro ni lo estará tu derecho al reino, así pues envía ahora mismo por él y traémele acá porque ha de morir. (Samuel 20:30-31).

En la traducción directa al español de la versión griega de la Biblia, la anterior cita se haría así:

Yo no sé cuál es tu relación, tu compañía íntima con el hijo de Isaí.

La implicación homosexual -opina Horner- de las relaciones está claramente expuesta en esta explosión emocional de Saúl. La cólera del rey es debida a que con esta relación homosexual en particular, sus deseos de hacer a su hijo rey se ven amenazados.

Cuando Jonatán se enteró de que su padre tenía el objetivo de matar a David, él mismo sostuvo una cita secreta y luego, ambos llorosos, se despidieron:     

Y así que éste hubo marchado, salió David del sitio en que estaba, que miraba al mediodía,  e  hizo  por  tres  veces una  profunda reverencia a Jonatán, postrándose hasta el suelo y besándose uno al otro lloraron juntos; pero David mucho más. (I Samuel 20:41-43).

Jonatán no ha sido el primero en quedar destrozado en la lucha sentimental entre su padre y su amigo, y no será el único. Horner pregunta si podría afirmarse que David amó verdaderamente a Jonatán, o si no lo utilizaba para sus designios de poder. El mismo David, enterado de la muerte de Jonatán, en una de las más hermosas elegías en la Biblia, nos da una posible respuesta:

Angustia tengo por tí, hermano mío Jonatán que me fuistes dulce. Más maravilloso me fue tu amor que el amor de las mujeres. (II Samuel 1:19:27).

Una vez analizados los textos bíblicos tradicionalmente utilizados por las iglesias para condenar y excluir de su seno a los homosexuales, mediante los recursos de: a) una relectura de éstos desde una perspectiva de fe no literalista, b) los elementos que de una u otra forma los contaminaron y c) un intento de hacer una hermenéutica contextualizada con el interés de explicar su intencionalidad primigenia, podemos concluir que:


a) En la Biblia no se puede encontrar ningún pasaje que condene las relaciones homosexuales  tal y como las conocemos hoy día, porque no es sino hasta el siglo pasado que aparece la homosexualidad como un modo de vida permanente, exclusivo, irreversible e inherente a la personalidad. Anteriormente estas prácticas eran temporales, mixtas y no exclusivas, de manera que no podemos aplicar en forma de cataplasma los textos estudiados solo porque hablen de relaciones homoeróticas, cuando la opción homosexual en nuestros días trasciende el homoerotismo para llegar a ser un modo de vida, toda una cultura.

b) Los textos utilizados por los fundamentalistas, de ninguna manera, salvo la interpretación literal que como ya se dijo es ahistórica y acientífica, censuran los actos homosexuales per se; lo que se condena son los excesos tanto de los homosexuales como de los heterosexuales.

c) En la Biblia existen porciones donde se muestra la belleza de una relación homosexual, matizada de amor, de entrega y de renuncia como es el caso del amor entre el Rey David y Jonatán; sin embargo, aún en este caso, no pasa de ser una relación temporal, y no exclusivamente homosexual, como el mismo Libro de Samuel  lo presenta, aunque es un signo liberador encontrar este historia dentro del Libro de los Libros.

d) Podemos concluir también que el discurso que la Teología había sostenido en cuanto a la cuestión homosexual, ha sido cuestionado; el consenso, roto, porque ya no es suficiente para el cristiano que se le diga en forma dogmática, qué debe de creer o dejar de creer.

Los cristianos actualmente se niegan a aceptar que su vida sexual sea regida por la  interpretación literal de la Biblia que realizan célibes sacerdotes (de género masculino) o predicadores fundamentalistas a menudo inmersos en escándalos sexuales.

Gracias a instrumentos que han facilitado las Ciencias Sociales, la Biblia ha podido volver a hablar, pero ahora desde una perspectiva más actual y contextual, y el lector ha podido entrar al diálogo con ésta sin perder de vista los elementos contaminantes de la cultura que obstaculizaban hasta hace poco este diálogo.

Palabras como opresión, liberación, sexismo, racismo, machismo patriarcal, homofobia, heterosexismo y otras han venido a ser las nuevas claves hermenéuticas para el lector, desplazando las tradicionales posiciones que habían santificado o bien anatemizado ciertas conductas humanas.

Por último, cabe destacar la relevante ayuda ofrecida en épocas recientes por estudiosos de la Biblia que han querido trascender las convencionales posiciones eclesiales y se esfuerzan día a día por encontrarse con el texto en una forma desprejuiciada, nueva y fresca, evitando en lo posible repetir discursos manidos y tratando de verter vino nuevo en odres nuevos. Entre estos ocupan un lugar preferencial los teólogos latinoamericanos de la liberación, los teólogos holandeses y los anglicanos. Con estos cristianos podemos asegurar que las necesidades de tener una siempre pertinente interpretación del Texto Sagrado serán satisfechas. Tampoco podemos pasar por alto los esfuerzos de algunos predicadores estadounidenses que han levantado iglesias para gente gay dentro y fuera de su país, aunque en este caso reproduciendo un modelo eclesial del Primer Mundo.


2

PSIQUIATRÍA Y HOMOSEXUALIDAD:

DE ULRICHS A FREUD

La psiquiatría se habrá de convertir, a mediados del siglo XIX, en la disciplina que estudiaría la sexualidad "normal" y "anormal" en las sociedades occidentales, estudio del que el homosexualismo sería tema primordial.  Las discusiones científicas afectarían tanto la percepción social como la misma personalidad de los individuos homosexuales.

Esta "medicalización" de la homosexualidad tuvo diversas consecuencias.  La psiquiatría se constituyó, por un lado, en una institución rival de la Iglesia con respecto al dominio de la sexualidad.  La actitud hostil judeocristiana que miraba la homosexualidad como vicio y pecado había logrado plasmar, en los códigos penales medievales, la sodomía como un crimen.  Inglaterra, en 1562, la castigaba con la pena de muerte y no sería hasta 1861 cuando moderó esta sanción con la cadena perpetua.  La mayoría de las otras naciones siguieron este patrón hasta el siglo XX con la excepción de Francia, en 1810, donde Napoleón suprimió del "Code Penal" los delitos homosexuales.  Los países influidos por la revolución napoleónica -como Italia, Bélgica y algunos estados alemanes- copiaron este modelo. Sin embargo, con la reunificación de Alemania en 1871, bajo el dominio prusiano, la nueva nación adoptaría la legislación anti homosexual.

El avance de la psiquiatría coadyuvaría a humanizar el tratamiento de la homosexualidad.  Así, desde mediados del siglo anterior, las nuevas "autoridades" sobre el tema serían los psiquiatras. Asumirían esta posición en detrimento de los teólogos y los sacerdotes.  Se esperaba que estos profesionales, como hombres de ciencia, trataran el tema con objetividad y racionalidad.  Aunque tales principios fueron frecuentemente avasallados, la calificación que hicieron de la homosexualidad como una enfermedad médico-psiquiátrica tuvo ventajas y desventajas.  Los psiquiatras promovieron una actitud "ilustrada" ante el homosexualismo, caracterizada ahora por su "tratamiento" en lugar de la ejecución o la prisión de la víctima.  A pesar de la solicitud médica de una actitud más comprensiva y tolerante por parte del Estado, la mayoría de los países europeos no modificarían sino hasta la década de 1960 sus códigos penales, casi un siglo después del surgimiento de la disciplina.

No obstante, la psiquiatría, por otro lado, se convertiría ella misma en una institución represiva, reguladora y vigilante de la sexualidad de la población y, en particular, de los homosexuales.  Antes de su injerencia en este campo, la homosexualidad era percibida como una práctica capaz de ser realizada por cualquiera.  De ahí que la legislación penal no tipificara como un crimen otra cosa que la "sodomía", o sea una conducta, y nunca la "homosexualidad" como un carácter específico.  Pero la nueva tesis médica convertiría la práctica en una categoría de persona, el homosexual.  Ya no había solo actividades sexuales prohibidas que cualquiera podía ejecutar, sino caracteres psicológicos particulares que se encontraban fuera de la ley.  La población se empezaba a dividir de acuerdo con su objeto sexual de atracción: las personas eran heterosexuales, bisexuales, asexuales y homosexuales.  Pronto las cortes europeas se llenarían de casos de individuos acusados por su "homosexualismo", ya sea por el Estado o por sus familias.  Los psiquiatras -nos dice el historiador inglés Jeffrey Weeks- empezaron a participar en estos procesos con la cuestionable misión de decidir sobre el sano juicio de los acusados.[32]   Los mismos homosexuales, identificados como individuos anormales y aquejados de una historia particular, buscaron en los consultorios psiquiátricos una "cura" para su presunta enfermedad. Como argumentaría el psiquiatra estadounidense Thomas Szasz, la nueva disciplina reemplazaría a la Iglesia como institución de control de la población.  La psiquiatría, de la misma manera que la Inquisición, prometía la conversión de los inconformes por medio de la "cura", que no sería otra cosa que una forma de tortura moderna.

Mi argumento de que la perspectiva psiquiátrica  sobre la homosexualidad es una réplica ligeramente disimulada de la perspectiva religiosa que reemplazó, y que los esfuerzos por tratar esta conducta médicamente son métodos apenas disimulados de suprimir, puede verificarse con cualquier interpretación psiquiátrica contemporánea de la homosexualidad.... De la misma manera que la Iglesia decía que quería "salvar" a la bruja pero su verdadero fin era torturarla, así es la terapia que quiere curar al homosexual e inflige castigo sobre él...[33]

Pero la psiquiatría también desempeñaría un papel liberalizador al iniciar una discusión científica sobre el homosexualismo, la que desembocaría en una prolífera investigación sobre el tema por parte de sus profesionales y de los de otras disciplinas.  Las investigaciones de algunos de los nuevos especialistas empezarían a proveer gradualmente una vasta información, aunque contradictoria. A pesar de que los principios acerca del carácter patológico de la inversión estaban muy extendidos, cuando se trató de "probarlo" en forma empírica los resultados no respondieron a las expectativas.  Los supuestos "enfermos" no demostraban síntomas de patología como era de esperarse; los estereotipos de homosexual y sus relaciones familiares no encontraron asidero en las muestras no clínicas de los homosexuales y, además, la homosexualidad parecía estar más difundida en la población de lo que se creía. Pronto las teorías de que la homosexualidad constituía una desviación patológica empezaron a derrumbarse. Con su declive, aumentaba la convicción de los gays de que no había nada de enfermedad en su opción.  En la medida en que éstos iniciaron la lucha por su derechos, más y más psiquiatras variaban sus tesis y actitudes frente a sus pacientes.


La repercusión de este fenómeno sería universal. Aún en un país como Costa Rica, en donde ningún psiquiatra o psicólogo participaba en los grandes debates de su profesión, las nuevas perspectivas se hicieron sentir.  En razón de que todos los psicólogos con doctorados cursaron sus estudios en el extranjero y de que la disciplina psiquiátrica se sustentaba en los modelos europeos y norteamericanos, las nuevas tesis que veían la homosexualidad como una alternativa no necesariamente patológica y que no tenía por qué modificarse, fueron ganando sustento.  Algunos psiquiatras empezaron a ofrecer un mayor apoyo a la homosexualidad de sus pacientes y a reforzar así su autoestima.

Otros pacientes, enterados de las nuevas concepciones europeas, empezaron a demandar un apoyo de sus terapeutas.  Esta retroalimentación entre terapeuta y paciente lograría intensificar cada vez más la conciencia de la opresión e injusticia de la actitud social ante los homosexuales.  Quizás sin habérselo propuesto, algunos consultorios psiquiátricos se convertirían en semilleros de una conciencia gay más positiva.

Es por todas estas razones de suma importancia analizar el discurso de la psiquiatría sobre el homosexualismo.  Los homosexuales, esos caracteres que surgieron de la arbitraria clasificación psiquiátrica del deseo erótico y cuya identidad en parte se desarrollaba de las refutaciones de estas teorías y sus consecuencias, se salieron de los libros de textos psiquiátricos y amenazaron, con sus cuestionamientos, las bases científicas, éticas y políticas en que la psiquiatría descansaba para decidir lo que  era normal y anormal.  Para que así lo hicieran, en Estados Unidos o en Costa Rica, la misma disciplina debía proporcionar los instrumentos de ataque.

SE INICIA EL DEBATE

La "medicalización" de la homosexualidad en el siglo pasado se inició, paradójicamente, con el intento de algunos doctores alemanes, muchos de ellos homosexuales, de impedir que la nueva nación alemana optara por su criminalización.  Siguiendo el modelo del párrafo 143 prusiano, a finales de 1860, se redactó un nuevo código penal para la Federación Alemana del Norte que declaraba que los actos homosexuales (entre hombres) eran delito. En 1871, esta disposición se incluyó en el párrafo 175 del nuevo código del Segundo Reich.

Con el fin de evitar que Alemania rompiera con la tradición napoleónica de no penalizar la homosexualidad y de que el modelo prusiano se generalizara al resto del país, dado el proceso de reunificación política, un médico de origen húngaro llamado K.M. Benkert escribió una carta al Ministro de Justicia de Hannover.  En esta misiva de 1869, Benkert utilizó por vez primera el término "homosexual" para defender los derechos de la minoría, argumentando que "el Estado no debe intervenir en los dormitorios de los ciudadanos". Benkert inició la discusión pública de la tesis de que la homosexualidad era innata, no aprendida, por lo que era injusto perseguir a quienes la padecían.  El médico, a su vez, advertía que una sociedad que castiga al homosexual se encuentra en la paradójica situación de condenar a decenas de figuras capitales de la historia como Alejandro Magno, Napoleón I, Miguel Angel, Catalina La Grande, Luis XVI, Byron, Shakespeare o Eugenio Sue.  Benkert concluía con la advertencia de que "si tales personas han sido merecedores de la cárcel, entonces todo lo que nos han contado acerca de nuestra historia no es más que una sarta de mentiras".  De esta forma el médico pedía la supresión del párrafo 175. [34]


Ahora bien, la tesis de que la persona gay era una entidad clínica aparte, Benkert la había aprendido de otro médico alemán, Karl Henrich Ulrichs.  Sus escritos, que influyeron en el mismo Benkert, constituyen el trabajo más voluminoso sobre el tema.  Entre los años 1864 y 1879 Ulrichs publicó doce volúmenes sobre la homosexualidad, titulados en forma colectiva Estudios sociales y jurídicos sobre el enigma del amor entre hombres. Vindez e Inclusa. [35]

Para Ulrichs, el homosexual constituía un tercer sexo, conocido como "Urning" en alemán o "uranio" en español.  El médico utilizó este término con base en el mito del Symposio de Platón. En éste, Pausanías se refiere a una diosa de los hombres que aman a otros hombres como Afrodita Celestial, y al amor homosexual como "el bello amor, el amor celestial, el amor que pertenece a la musa Urania".  Este término se popularizó por décadas en el continente europeo y no sería hasta más adelante cuando el de "homosexual" ganaría suficientes adeptos para desplazarlo.[36]

Según Ulrichs, el uranio era una persona cuya alma femenina, en el caso del hombre, habitaba un cuerpo masculino, y viceversa para la mujer.  Los seres humanos se dividían, así, en tres categorías principales: a) el hombre normal o Dioning llamado Uraniaster cuando adquiere las tendencias Urning (homosexual); b) Urning y c) Urano -dionings, aquellos que nacen con la capacidad para ambas orientaciones (bisexuales). Los uranios se dividían, a su vez, en cuatro categorías: a) el Mannling, aquel que es masculino en apariencia y mentalidad; b) el Zwischen-Urning, que es un tipo intermedio entre los dos anteriores y c) el Urning Virilizante, un uranio que adquiere el hábito "normal", o sea, que deviene heterosexual.[37]


La tesis de Ulrichs, que muestra una gran confusión entre conceptos diferentes como el de orientación sexual y el de género -y cuya premisa de que el homosexual es un producto invertido de la Naturaleza, una anomalía congénita- predominaría en el Continente entre aquellos que defendían los derechos homosexuales. Si la homosexualidad era heredada, no aprendida, y constituía un "error" natural que padecía una minoría de la población, no existían razones para perseguirles.  Ulrichs estimaba la población homosexual en un 0.02%, de la sociedad alemana;  no había, se insiste, una razón de peso para discriminarla.[38] Por otro lado, Magnus Hirschfeld se convertiría en el promotor de la primera fase del movimiento de liberación homosexual.  Neurólogo alemán y pionero de la sexología, Hirschfeld daría la lucha por la abolición del párrafo 175 del Código Penal de Alemania y por la ilustración de la sociedad en lo referente a la sexualidad, por medio de su famoso Comité Científico Humanitario que publicaba un anuario dedicado a los temas homosexuales.  Entre los fines del anuario figuraban:  "ganarse a los cuerpos legislativos para que apoyaran la petición de abolir el párrafo 175 del Código Penal alemán; exponer a la opinión pública la verdad sobre la homosexualidad; interesar a los propios homosexuales en la lucha a favor de sus derechos". [39]

En el campo de la teoría, Hirschfeld desarrolló el concepto sexual "Zwischenstufen", o sea que los homosexuales eran seres en estados intermedios, tanto en lo psíquico como en lo físico.[40]  Hirschfeld fue más allá que el mismo Ulrichs al considerar los mismos cuerpos de los homosexuales como intermedios.9  En lo referente a la etiología, el neurólogo alemán estuvo de acuerdo con la tesis de Ulrichs de que la homosexualidad era congénita aunque producto, según él, de problemas hormonales. En 1919, Hirschfeld fundó el Instituto de Ciencia Sexual, el primero en la historia para el estudio científico de la sexualidad humana.  El Instituto se convertiría en un archivo de toda clase de documentación relacionada con la sexología y sería el precusor del Instituto Sexual de Kinsey.  En vista de la reputación profesional de su fundador, la tesis de que el homosexualismo era una inversión del instinto, congénito e imposible de modificar, ganó el peso académico entre los especialistas del tema.

Las tesis de los médicos alemanes empezarían a ser cuestionadas tan pronto otros profesionales se interesaron en el asunto.  Dos corrientes surgirían con respecto a la visión del homosexualismo: una representada por Havelock Ellis en Inglaterra y que continuaría con los escritos de Freud -bien que no necesariamente con sus discípulos- y la otra seguida por Richard von Krafft-Ebin.  La primera línea de pensamiento empezaría a objetar la tesis de que la homosexualidad era una inversión del instinto, aunque sostenía que ésta era una anomalía sin mayores consecuencias y cuya "curación" era imposible o innecesaria.  La segunda consideraba la homosexualidad como una condición patológica que urgía de tratamiento psiquiátrico.

Havelock Ellis con sus obras, Estudios en la psicología del sexo (1898) e Inversión sexual, marcó una pauta divergente con respecto al trabajo de sus contemporáneos alemanes.[41]  Aunque Ellis estuvo de acuerdo con Hirschfeld en que la homosexualidad era una condición innata, la visión del fenómeno difería de la tesis del "tercer sexo".  Ellis reconoció la diversidad de la comunidad gay cuando opinó que la homosexualidad no representaba una inversión del instinto: "parece peligroso aseverar que todo individuo está hecho de elementos masculinos y femeninos, la mujer invertida teniendo una proporción inusual de elementos masculinos, es una visión esquemática que no explica el fenómeno".[42]  El sexólogo inglés desafió así el estereotipo de los homosexuales y negó que la mayoría de los homosexuales masculinos fuera afeminada.  Tampoco compartió la tesis de que en las relaciones homosexuales una persona optaba por un rol activo y la otra por uno pasivo. Según Ellis, los homosexuales no imitaban necesariamente la relación heterosexual.


Ellis, además, consideró el homosexualismo como una anomalía y desviación del instinto "normal", pero de poca consecuencia.  Su tesis era que "los invertidos podían ser normales y saludables en todos los aspectos fuera de esta aberración (sexual) especial",[43] y su divergencia no significaba más que la que una persona daltónica tenía de la normalidad.  La mayoría de los homosexuales, concedía Ellis, no se ponían "en las manos de un médico" y su inteligencia era generalmente del promedio, o más quizás, del resto de la población".[44]  Ellis se esforzó en demostrar que los "invertidos" eran gente común y corriente en todo, salvo en su conducta sexual.  El sexólogo reconocía que la homosexualidad era tratada con "reverencia" en otras culturas antiguas y primitivas y que de todas las aberraciones era la que "más satisfacción" proporcionaba, por lo que se encontraba más cerca de la normalidad. Junto con Edward Carpenter, el famoso poeta inglés, emprendió una campaña a favor de la liberación gay, que se vio consolidada con la apertura del Instituto Británico para el Estudio de la Psicología Sexual.

La discusión que iniciaron los científicos alemanes homosexuales llamó la atención de otros psiquiatras y profesionales que se fueron inclinando por la tesis de la psicopatología.  No obstante que éstos opinaban también que la homosexualidad era congénita, y por lo tanto no debía castigarse con la ley, su visión era más represora. Aunque los homosexuales no eran "culpables" de su "padecimiento", rezaba la tesis de la psicopatología, éstos debían ser tratados en los asilos, consultorios psiquiátricos o clínicas ambulantes.  De esta manera nacía la corriente psiquiátrica que se proponía "curar" o tratar al homosexual.

El más importante de los representantes de esta nueva corriente fue Richard von Krafft-Ebin.  El científico fue muy influido por los trabajos de Ulrichs y así lo manifestó en una misiva que le envió al teórico alemán: “El estudio de sus trabajos acerca del amor entre hombres me ha interesado enormemente.  Desde el día -que creo que fue en 1866- cuando usted me envió sus investigaciones, me parecieron interesantes y asombrosas; y únicamente por el conocimiento de sus escritos es que me he dedicado a los estudios en esta tan importante área”.[45]

A pesar de la influencia de Ulrichs, las conclusiones del discípulo correrían por otros caminos.  Su libro monumental Psycopathia Sexualis promovió la tesis de que toda actividad sexual no procreadora era una perversión con consecuencias desastrosas, tanto para la persona como para la sociedad.  Krafft-Ebin opinó que la homosexualidad era en parte congénita y en parte el producto de un medio ambiente determinado.  El resultado de ambos factores provocaba una degeneración en el sistema nervioso:


En años anteriores consideré que los sentimientos sexuales contrarios se daban como resultado de degeneración neuro-psíquica... La creencia ha prestado un servicio a la justicia y a la sociedad, al demostrar que las que parecen ser condiciones y acciones inmorales son, únicamente, el resultado de la enfermedad.[46]

Krafft-Ebin se propuso así, con cada uno de sus estudios de homosexualidad, encontrar antecedentes de patología como insania, epilepsia, histeria, convulsiones y alcoholismo.  Aunque el psiquiatra opinaba que era injusto perseguir como criminal al homosexual, su teoría solicitaba que éste fuese internado en el asilo.

Otro psiquiatra germano, Carl Westphal, también influido por Ulrichs, optaría por una posición similar.[47]  Con la publicación, en 1869, de su estudio psiquiátrico sobre la homosexualidad, Westphal la denominó "deseo sexual contrario" y la ubicó como una psicopatología heredada. Westphal advirtió que ésta "ocurre más frecuentemente de lo que se cree" y que si se aboliera la prohibición legal en su contra "más casos llegarían a la consulta médica". El psiquiatra berlinés, a diferencia de Krafft-Ebin, opinaba que esta psicopatología como las otras, debía tratarse no en asilos, sino en clínicas ambulantes.

Algunos colegas franceses compartirían estos puntos de vista. Jean Martin Charcot, director del Hospital Salpetriere, concluiría que la homosexualidad era heredada después de haber fallado en "curarla" con la hipnosis.  Paul Moreau, otro psiquiatra galo, categorizó la homosexualidad como resultado de "debilidades constitucionales" tanto hereditarias como del medio ambiente.  Dado un factor de predisposición, una inclinación, la homosexualidad podía formarse por la pobreza, la masturbación e incluso el clima.[48]

Los homosexuales, según Moreau, se encontraban en un estado de razón intermedio entre la locura y la razón, por lo que debían estar siempre sujetos a un asilo para evitar que terminaran esquizofrénicos.


César Lambroso, el conocido abogado criminalista italiano del siglo anterior, incursionó en el debate psiquiátrico cuando escribió que la homosexualidad representaba una regresión a los estados primitivos del hombre.  Según Lambroso, el proceso civilizador debía ser repetido en cada niño y aquellos cuya herencia fuera "defectuosa" fallaban en realizar este proceso. Los homosexuales se ubicaban, de tal forma, en estadíos más cercanos al primitivismo y la animalidad en virtud de su atrofia evolutiva.  El abogado consideraba, de la misma manera que sus colegas psiquiatras copartícipes de la teoría de la enfermedad, que los homosexuales no debían ser castigados pero sí internados en asilos.[49]

La discusión pre freudiana de la homosexualidad se centró en el carácter hereditario que se le atribuía a ésta en el debate de si constituía una psicopatología o una anomalía inconsecuente.  Los teóricos homosexuales y sus aliados utilizaron la teoría de la constitucionalidad del hombre para atacar el discurso punitivo del Estado y sus condenas penales; no debía castigarse como un crimen algo que estaba más allá de la volición de los individuos.

LA TEORIA FREUDIANA

No se puede entender -nos dice la feminista Juliet Mitchell- la tesis de Freud acerca de la sexualidad y la feminidad sin analizar sus dos teorías fundamentales: la naturaleza y las leyes que gobiernan el inconsciente y el significado de la sexualidad en la vida humana.[50] Tampoco podemos aprehender las implicaciones de la teoría freudiana sobre la homosexualidad si no realizamos esta tarea. 

Freud, el padre de la psicología, también originó las tesis "modernas" de la homosexualidad; de allí que su contribución a la formación de la identidad gay contemporánea es simplemente inconmensurable.  Sin embargo, las tesis originales de este científico han sido tan simplificadas y tergiversadas por sus "discípulos" que es crucial analizarlas con extremo cuidado para sopesar sus implicaciones.

Freud encontró y descubrió el inconsciente porque ningún otro fenómeno podía explicar sus observaciones de los pacientes histéricos y neuróticos.

En sus trabajos con el colega Josef Breur, Freud practicó el proceso conocido como "catártico" en el que los pacientes, después de un trance hipnótico, discutían sus problemas emocionales y, al descargar así sus emociones guardadas, obtenían un alivio de los síntomas histéricos.  El psiquiatra vienés observó que cuando se identificaba un recuerdo en la memoria asociado con el síntoma, las  emociones dolorosas se drenaban como si se hubiese abierto un absceso mental que evacuaba la materia enferma. Freud notaría también que una característica de estos dolorosos y olvidados recuerdos era una relación con alguna experiencia sexual traumática en la infancia.  En un principio, este psiquiatra concluyó que la etiología de la histeria se debía a una seducción durante la infancia del niño o la niña y que la obsesión neurótica era resultado de la participación activa del crío en esa acción. [51]


La identificación de la histeria con la sexualidad, uno de los pasos importantes en el desarrollo de la teoría freudiana, provocaría el rompimiento entre Breur y Freud.  Este último reconocería el "disgusto" de su antiguo colega por su tesis sexual acerca de la etiología de la histeria.  Sería éste el primero de muchos rompimientos con que se enfrentaría Freud en vista del repudio general de la época a todo asunto vinculado con el sexo, lo que se convertiría en su "inevitable sino".[52]

Pero para realizar este salto teórico, Freud tuvo que entender las leyes que gobiernan el inconsciente.  Esta parte de la mente humana no representaba ningún oscuro y lejano mundo, sino una actividad mental conocible y normal.  Lo que contiene es un pensamiento normal transformado por sus propias leyes (lo que Freud llamó proceso primario) pero solo intelegible cuando estas se descifraran.

Freud descubrió que muchos deseos son incompatibles con otras tendencias dominantes de la personalidad y que por esta razón son eliminados del consciente.  La labor del inconsciente es, entonces, transformar estos deseos en otros más tolerables que no amenacen al consciente.  Estos pensamientos reprimidos siempre están con nosotros, hablándonos a su manera y no hay forma de hacerlos desaparecer del todo.  Todo lo que se reprime buscará su forma de volver al consciente, ya sea como un síntoma neurótico, o por medio de su satisfacción o su análisis.

Un ejemplo de cómo funciona el inconsciente nos lo da Mitchell con la teoría freudiana de la envidia del pene.  Según Freud, la mujer envidia el órgano masculino y lo desea para sí, pero "pone en su lugar un deseo por un niño y con el propósito en mente hace a su padre como objeto amoroso".  Esto significa que el deseo original de la mujer de obtener un pene es incompatible con las posibilidades actuales. 

La mujer, entonces, reprime el deseo y lo envía al inconsciente de donde saldrá transformado. La única forma culturalmente legítima para su satisfacción es desplazar el deseo hacia otro que lo simbolice y que sea permisible en la sociedad: tener un niño.  Los deseos por el pene y por el niño son los mismos, aunque uno es inconsciente y el otro no.  Cuando más adelante la mujer llega a tener un niño, la satisfacción obtenida gratificará el deseo original inconsciente. [53]

Para averigüar cuáles son los deseos reprimidos en el inconsciente, Freud empezó a estudiar la manera en que se establece el diálogo con la mente consciente y encontró que tres son los mecanismos que se utilizan: los sueños, los "lapsus linguae" y, principalmente, los síntomas.  El síntoma es una representación alternativa de un deseo prohibido que ha escapado del inconsciente y que llega al consciente de manera "irreconocible".  El síntoma neurótico contiene no solo toda la energía del impulso sexual original sino también la que se utilizó para reprimirlo:  el síntoma equivale a una combinación del impulso y los pensamientos que lo reprimieron (las resistencias).


Entre los años 1900 y 1910, Freud empezó a modificar su teoría acerca de la etiología de la histeria.  El psiquiatra supuestamente descubrió que muchas de las seducciones infantiles que narraban sus pacientes mujeres eran fantasiosas.  Aunque algunos investigadores contemporáneos sostendrían que Freud más bien distorsionó y reprimió esta realidad y que las niñas eran en realidad víctimas del abuso sexual, este cambio de opinión tendría importantísimas consecuencias en el desarrollo de la teoría sexual. 

Freud empezó así a cuestionarse por qué sus pacientes "imaginaban" este tipo de seducción, lo que lo llevaría a descubrir dos de sus grandes formulaciones: la sexualidad infantil y el Complejo de Edipo. Su propio estudio de la sexualidad como origen de la neurosis le permitiría a Freud investigar en la sexualidad infantil y así elaborar su teoría del desarrollo de la personalidad.  Su trabajo más importante sobre el tema, Una teoría sexual (1905), se inicia precisamente con un estudio de las perversiones y las neurosis: la vida sexual infantil y sus problemas de desarrollo.[54]

Freud había observado el origen infantil de los deseos sexuales reprimidos.  Para él, los neuróticos conservaban "su sexualidad en estado infantil o han retrocedido hasta él" y el desarrollo de la sexualidad del niño "desemboca en perversión, neurosis o en la vida sexual normal".[55]

El estudio de la neurosis le permitió, entonces, un atisbo a la sexualidad infantil y su desarrollo.  El psiquiatra inició, entonces, su trabajo con las perversiones.

Para Freud, las perversiones son aquellas actividades sexuales que se desvinculan, ya sea por el objeto o por la zona del cuerpo, de la función sexual genital procreadora.  El psiquiatra consideraba estas "transgresiones" como de tipo "anatómico" cuando se utilizaban en el acto sexual zonas del cuerpo ajenas a los genitales, o de tipo de fijación cuando había "detenciones en aquellas relaciones intermedias con el objeto sexual que normalmente deben ser rápidamente recorridas en el camino hacia el fin sexual definitivo".[56]

El psicoanalista nunca consideró las perversiones como síntomas de un carácter patológico o degenerativo.  Según él, las perversiones "son el negativo de las neurosis".  Las perversiones son, al contrario de las neurosis, la realización de los deseos sexuales que la cultura exige al niño reprimir durante su desarrollo.  Más adelante, cuando Freud elabora la teoría del Complejo de Edipo como punto álgido del desarrollo sexual infantil, señalaría el origen sexual de toda neurosis y que su formación se debía a las resoluciones e irresoluciones de éste.  La neurosis implicaba el fracaso de la represión de un deseo aberrado; la perversión, su práctica.[57]


El psiquiatra fue muy claro en señalar que el término perversión no debía emplearse "en un sentido peyorativo" y que ésta no era síntoma de "un carácter patológico o degenerativo".[58] Por el contrario, Freud creía que las perversiones "formaban parte de la constitución considerada como normal" y que "existe de todos modos algo innato, pero que es innato en todos los hombres, constituyendo una disposición general de intensidad variable que puede acrecentarse por influencias exteriores". Varias de las actividades no genitales de la relación heterosexual debían considerarse como perversiones.

El origen infantil de las perversiones y las neurosis llevó a Freud a "modelizar" un desarrollo sexual que, según la forma de resolverse, desemboca en la neurosis, la perversión o la sexualidad "normal" (heterosexualidad).

SEXUALIDAD INFANTIL

Juliet Mitchell nos dice que Freud descubrió lo que toda nodriza sabía: los niños tienen vida sexual.  El descubrimiento de esta sexualidad infantil, sus etapas de desarrollo y sus "resoluciones" vendrían a convertirse en pilares de la teoría psicoanalítica.  El hecho de que las evidencias de esta actividad erótica hayan pasado inadvertidas para muchos es debido a la "amnesia" del adulto respecto de su vida sexual infantil. Y la amnesia significa que el niño, en cierta etapa de su desarrollo, debe reprimir masivamente sus deseos porque éstos "solo provocarían -nos dice Freud- sensaciones de desagrado, haciendo surgir fuerzas psíquicas contrarias...".[59] De esta vida sexual reprimida solo nos quedan entonces las perversiones (la práctica sexual que pertenece a etapas específicas de la vida sexual infantil que, por una u otra razón, han quedado "fijas", o sea, no reprimidas), las neurosis (deseos mal reprimidos que escapan al consciente como síntomas neuróticos), y las sublimaciones (energía sexual desplazada de un deseo hacia otra actividad, como la homosexualidad que se desplaza, por ejemplo, a una actividad "aceptable" como el amor por un equipo de fútbol de hombres).

La teoría freudiana, con su descubrimiento de la sexualidad infantil, postularía principios revolucionarios.  En vista de que las "perversiones" eran evidencias de la antigua actividad erótica del niño que había quedado fija, Freud consideró entonces que la sexualidad infantil también debió haber sido perversa. 

De ahí la necesidad de represión: la cultura no tolera estas actividades; el niño debe reprimirlas.  "El niño, opina Freud, trae la semilla de emociones sexuales que se desarrollan y que van siendo vencidas por una represión continuada..." [60] Aquellos que reprimen mal estas emociones, terminarán como neuróticos, los que no avanzan de una etapa a otra, como pervertidos.


La sexualidad es, así, perversa.  Freud previene: "En ningún hombre normal falta un agregado de carácter perverso al fin sexual normal, y esta generalidad es suficiente para hacer notar lo impropio de emplear el término perversión en un sentido peyorativo". Más adelante describe que "...en las perversiones existe, desde luego, algo congénito, pero algo que es congénito en todos los hombres".  El psiquiatra añade:  "La extraordinaria difusión de las perversiones nos impone la hipótesis de que tampoco la disposición a las mismas es una excepción, sino que forma parte de la constitución considerada como normal".[61]

Perverso es entonces el sexo no reproductor e incluye hasta la manifestaciones más comunes como el beso y las caricias:  "Calificamos de perversa toda actividad sexual que habiendo renunciado a la procreación, busca el placer como un fin independiente de la misma, y si caemos en el error de confundir sexualidad y reproducción es a causa de haber pasado por la edad infantil y haber sufrido durante ella la influencia de la educación" .[62]

El niño también esta "constitucionalmente" calificado al "poliformismo".  Esto significa que no es sólo "perverso", en el sentido de que todo su cuerpo está erotizado y puede darle placer (boca, ano, genitales), sino que es también polimorfo, o sea que puede responder a un estímulo cualquiera.  Freud dice que "el niño bajo la seducción... puede llegar a ser poliformamente perverso, es decir, ser inducido a toda clase de extralimitaciones sexuales porque él ya tiene consigo la capacidad para ello".[63] El psicoanalista define como "indiferencias" o en cualquier caso, poco diferenciadas las primeras manifestaciones de naturaleza erótica: en otras palabras, las elección objetal del niño obedecerá más a las circunstancias que al sexo (y las circunstancias -nos dice Mario Mieli- a lo largo del día, cambian con frecuencia).[64]

La tesis freudiana continuaría de la verificación del poliformismo "perverso" hacia el de la bisexualidad originaria, otro de los pilares psicoanalíticos.  Freud opinó que en todo individuo coexisten factores somáticos de ambos sexos: "En ningún individuo masculino o femenino, normalmente desarrollado, dejan de encontrarse huellas del aparato genital del sexo contrario..." y "la hipótesis deducible de estos hechos anatómicos, hace largo tiempo conocidos, es la de una originaria disposición sexual bisexual..." A la luz del psicoanálisis, continúa el psiquiatra, "aparece la elección del objeto originariamente independiente del sexo del mismo y pudiendo recaer libremente sobre objetos masculinos y femeninos;  esto es tal y como se nos presenta en la infancia, en los estados primitivos y en los tiempos prehistóricos".[65]


Freud, a diferencia de sus predecesores, no creía en la existencia de un instinto innato que conduce al individuo hacia la heterosexualidad: "En el sentido psicoanalítico, pues, el interés sexual exclusivo del hombre por la mujer constituye un problema y no algo natural, basado últimamente en la atracción química".[66]

A diferencia de Havelock Ellis, que mira la heterosexualidad como el tallo "normal" de donde se desprenderán las perversiones como ramificaciones, Freud considera que la sexualidad "normal" adquiere su forma cuando viaja por un tortuoso camino que va desde el poliformismo perverso bisexual infantil hacia la monosexualidad y específicamente, la heterosexualidad.  Las perversiones son necesarias para formar la heterosexualidad.

Freud tampoco describió un "patrón normal de conducta". Una y otra vez repitió que la llamada "normalidad" era relativa y ella misma "neurótica", "patogénica", "psicótica", etc. Su trabajo, nos dice, ha tratado más bien de "eliminar la diferencia absoluta entre la normalidad y la anormalidad". La "normalidad" era para Freud la "norma", o sea el patrón más común de desarrollo y no necesariamente como lo interpretamos hoy día como la salud.[67]

Tenemos, entonces, una heterosexualidad a la que se llega por medio del camino de las perversiones infantiles.  Los canales "tributarios" forman parte del mismo tallo, sin ellos no se podría formar. Como dice Juliet Mitchell, la tesis freudiana es revolucionaria porque nos dice que la sexualidad "normal" adquiere su forma "cuando viaja por un camino tortuoso, estableciéndose eventualmente pero en forma siempre precaria y a veces no haciéndolo... Los tributarios eran imprescindibles para formar el río madre.  Estos tributarios son diversos, pueden unirse, nunca alcanzar su objetivo, encontrar otro objeto o meta, secarse, inundarse o ligarse a otra cosa.  No hay una normalidad esencial, ni una paz infantil cuando las cosas son como debían ser.  Al contrario, todo en la infancia es diverso y perverso; la unificación y la "normalidad" son el esfuerzo que debemos hacer cuando entramos a formar parte de la sociedad humana". La normalidad es, pues, un punto marcado en un continuo: "un ego normal... es, como la normalidad en general, una idea ficticia... cada persona normal lo es solo como un promedio.  Su ego se aproxima al de un psicótico en alguna u otra parte y en un grado mayor o menor...". [68]

EL TORTUOSO CAMINO HACIA LA HETEROSEXUALIDAD

El niño atraviesa por varias etapas en su desarrollo libinidal.  Cada una de éstas es importante en el contexto de los esfuerzos para encontrarse a sí mismo, para averiguar dónde calza en el esquema de la realidad.  El niño debe descubrir su lugar por la vía de su relación con los objetos, y luego a sí mismo como objeto de otra gente. El crío no es que "pasa" por etapas, sino que las prueba; son parte de su historia.


Freud dice que están "organizadas en la subjetividad, no son paradas momentáneas en el desarrollo de los instintos, sino que forman parte de la historia en que el niño nace. Las etapas no son menos históricas cuando son vividas que cuando son reconstituidas en el pensamiento". [69]

La primera de ellas es la fase oral.  El niño, en su succión del pecho de la madre vive una relación sexual: "El chupar del pezón, moverse rítmicamente, sentir un éxtasis en todo el cuerpo (aún después de haber satisfecho su necesidad); sonreír luego de manera autosuficiente y sentirse, gracias a esta reciprocidad, contento consigo mismo... estar junto con la madre; y luego conciliar el sueño". [70]  La madre y el hijo es la primera experiencia prototípica de la unión sexual que será luego revivida.  Pero el pezón debe ser abandonado. ¿Con qué se compensa? Con la fase anal.  Según Mitchel, esta etapa se caracteriza por la sensación del niño de que "ahora no necesito a nadie, ni a tí, madre".  El niño utiliza las excreciones con sus movimientos de tensión y relajación como nuevo substituto de placer.  Las heces son tan tibias como la leche y su presión y expulsión por el esfínter producen placer.  Pero la madre y la sociedad exigen control.  Entonces, ¿qué sirve para compensar? Un órgano que también se endurece y se relaja como las heces, el pene o el clítoris. La masturbación, frotación o presión que sirve para el estímulo y placer.  El niño inicia la fase fálica.  Pero nuevamente la cultura exige control y el niño reprime ahora, después de haber tratado estas fuentes de placer y perderlas todas, su sexualidad.  Con esta represión se inicia el período de latencia infantil que no despertará hasta la pubertad. Pero el crío está consciente de que con cada represión que realizó obtuvo después un premio.  La represión tampoco significa el fin. A ningún placer se renuncia totalmente; siempre están con nosotros en el inconsciente.

Freud pareciera describir a veces el proceso de la oralidad, analidad y falocentrismo como si se refiriera a una planta y sus diversas estaciones: un sedimento de la otra parte es necesario  para formar la roca que es nuestra vida.  Pero en sus trabajos posteriores, él propone una fluidez, multiplicidad y tiempo "complejo" de espacio mayor.  Cada uno de estos componentes puede quedarse fijo (fijación oral, anal, genital) o puede ser revertido, o sea el regreso a una etapa anterior, que es lo que significa la perversión o la neurosis, pero nunca enteramente abandonados.  En todos nosotros quedan residuos de los impulsos perversos que buscan su expresión en varias formas, como "perversiones menores" en la heterosexualidad, o si se reacciona ante ellos con disgusto, vergüenza y moralidad, sus energías son redirigidas a esferas "más altas".

En el grado en que lo último ocurra, es la base de la sublimación, la virtud, la creatividad artística, etc.. Para Freud, cualquier irregularidad podía ocurrir en caso de la ausencia del peso restrictivo de las inhibiciones culturales del "pudor, disgusto y moralidad": no existe una manera natural de evitar una madurez perversa y polimorfa; la presión cultural es el instrumento para dar lugar a la monosexualidad y, particularmente, a la heterosexualidad.[71]


LOS COMPLEJOS DE EDIPO Y DE CASTRACIÓN

El Complejo de Edipo y su relación con la sexualidad infantil sería otro de los grandes descubrimientos freudianos posteriores.  Freud, en su ensayo Una Teoría Sexual, publicado en 1905, había postulado que el niño cerca de los tres años de edad se encuentra en la etapa fálica, en la que sus genitales se convierten en la zona erógena principal.  Más adelante, Freud postularía que el interés del niño por su pene iniciaba, por su parte, una atracción sexual hacia la madre, asociada con sentimientos de celos hacia el padre quien se convertía, así, en su rival en la lucha por la progenitora.  Este es el conocido Complejo de Edipo, nombre copiado de la obra de Sófocles Oedipus Rex en la que el rey Edipo mató a su padre y se casó con su madre, sin conocer la identidad de ambos.

Freud formuló la teoría con base en el estudio de uno de sus pacientes, el pequeño Hans.  El psiquiatra agregó otro aspecto fundamental a su teoría: el niño al desear a su madre teme el castigo del progenitor. En vista de que en la historia de sus anteriores etapas la represión social lo llevó a "perder" sus fuentes de placer sexual -i.e. el chupeteo, el placer anal- el niño intuye que puede ahora perder su nueva fuente de gratificación: el pene. El temor a ser castrado por el padre, o sea el complejo de castración, hace que el niño decida abandonar su objeto amado, la madre, y se identifique con su temido rival, el padre. La contemplación de una mujer desnuda acentúa esta ansiedad y demuestra la posibilidad de castración, porque para el niño la mujer aparece como un ser ya castrado.

Si el complejo de castración es adecuadamente resuelto, y eso significa que el crío acepte simbólicamente la posibilidad de que podría ser castrado por sus deseos incestuosos hacia la madre, entonces el complejo de Edipo es disuelto, el niño reprimirá sus deseos sexuales y pasará a la fase de latencia.

La represión masiva de su sexualidad la realiza con la esperanza de que si  se identifica con el padre y acepta que su poder es mayor que el suyo, en el futuro será recompensado.

La madre continuará en el inconsciente como el objeto de deseo y cuando en la pubertad el individuo vuelve a sentir el deseo sexual, el tabú del incesto hará que desplace este amor hacia las demás mujeres.  Así surge la heterosexualidad. Pero si el niño, por varios factores, abandona el objeto femenino, puede "regresar" al estadio anterior autoerótico de la homosexualidad.

Factores que inciden en la resolución del Complejo de Edipo

La razón de que el Complejo de Edipo no sea siempre resuelto de manera heterosexual se debe a los distintos factores que influyen en él:


a. Constitución inicial. Freud creyó en una bisexualidad original constitutiva. Existían, para él, fuerzas biológicas originales pasivas o activas en cada niño. Cuán fuerte fuera cada una de ellas tendría un impacto en la identificación preedipal con el padre o con la madre. Una tendencia más fuerte masculina en el niño, por ejemplo, produciría una mayor identificación con el padre; una mayor femenina, haría lo suyo con la madre. La identificación masculina anterior, en el caso de un niño, es  la que determina la heterosexualidad. Esto es así porque el crío más identificado con su padre y con su pene reaccionará con más temor ante la posibilidad de ser castrado. Este temor se traducirá, entonces, en la renuncia al deseo hacia la madre y la identificación con el padre. Pero irónicamente, los niños que más se tornarían en heterosexuales serían los que eran preedípicamente más homosexuales. Mientras que los niños más heterosexuales en su fase preedípica podrían reaccionar menos apropiadamente ante la realización de que la madre está castrada.  Una renuencia a cortar con ella en vista de su identificación anterior o a admitir que la madre está castrada, podría tornarlos en homosexuales.

b. Constitución narcisista versus anaclítica. El niño tiene diferentes grados de libido narcisista y objetal. Cuando se entra en el Complejo de Edipo, existe una valorización subjetiva del niño de su pene y su yo (narcisismo) y del objeto del deseo (la madre, objeto anaclítico). Si el niño tiene un fuerte componente narcisista prefiriría conservar su pene y su yo ante el temor de perderlo, una vez que se ha dado cuenta de que su madre carece de él y que su padre lo puede castrar. Pero si su constitución es más objetal, le será más difícil abandonar el objeto de su deseo y podría quedarse con una relación erótica con la madre. De ahí que para que se de más tarde una elección anaclítica heterosexual, la libido narcisista debe ser más fuerte que la catética objetal (la madre). Todas las alternativas homosexuales son narcisistas ya que se buscan objetos que representen la identidad perdida del niño. Las anaclíticas pueden ser heterosexuales u homosexuales, dependiendo de si el objeto infantil del deseo es la madre o el padre. La madre, a su vez, puede ser objeto del deseo tanto en su forma “fálica” como en su forma “castrada”. De ahí que un niño que es libidinalmente pasivo pueda buscar una pareja activa y hacerse heterosexual.

c. Objeto del deseo. Existen tres posibilidades de atracción sexual: el yo, la madre o el padre. Si el niño escoge a su madre, la resolución será heterosexual; si lo hace con el padre, homosexual. Sin embargo, el niño puede, a la vez, escoger a la madre y proyectar su yo a otros hombres como objetos sexuales, lo que daría también una resolución homosexual.

d. Pasividad versus actividad. Se determina de acuerdo con el momento en que se da la identificación con la madre. Si lo hace antes de que sepa que la madre está castrada, la identificación preedipal será activa y agresiva. Si lo hace cuando se da cuenta que ella está sin pene, será femenina y pasiva.

¿Por qué existen diferencias? Porque existen constitucionalmente en los niños como su potencialidad narcisista, la fuerza de las etapas preedipales (analidad y oralidad) y  la impresionabilidad ante la castración. Estas diferencias son biológicas y Freud no dudó en tomarlas en cuenta.

Desde una perspectiva estructural, existen doce resoluciones posibles para el Complejo de Edipo.  De las doce, solo una se ha considerado tradicionalmente como “normal”. Esta es la que implica la identificación con el padre y el uso de un objeto anaclítico (no narcisista, distinto a uno mismo) que es la madre castrada. Seis de las posibles resoluciones son homosexuales. Todas las celdas podrían considerarse posibles y normales ya que  implican la obstaculización, bloqueo y represión de las otras. Aún la orientación “óptima” es el resultado de un trauma y el resultado de formaciones neuróticas de compromiso.  

Más se complica el problema al saberse que, como teorizaría Fenichel, varias identificaciones son posibles. Una alternativa, además, puede surgir como defensa contra otra o una regresión puede darse ante otra alternativa, en vista de la ansiedad de la castración. “No hay nada inherente estructuralmente o dinámicamente, nos dice Lewes, que haga una celda más necesaria que la otra”[72]. Una resolución “negativa” al Complejo de Edipo (Celda 7) podría resultar como respuesta a una  alternativa intolerable para el sujeto, como lo sería la sumisión pasiva a la madre “fálica” (Celda 4). Pero también podría ser esta celda una resolución primaria a otra constitución.

En realidad, cualquier celda podría considerarse como “patológica”, dependiendo de los valores de la cultura en que se vive.  Cada una debe considerarse como un compromiso neurótico ante traumas estresantes durante la fase edipal. Todas son compromisos no óptimos ante la prohibición social de practicar la bisexualidad constitutiva.  Ninguna puede considerse como normal “ni siquiera la celda 3", nos dice Lewes.[73]. Según este autor, existen dos fases en la resolución 3. Una está libre de tensión cuando el niño aún no sospecha que su madre carece de pene y otra llena de ella cuando lo descubre y teme la posibilidad de castración. Para hacerse heterosexual, el niño debe pasar de una fase “protofálica” (deseo de penetrar a su madre con su propio pene) a una “deutorofálica” (el deseo de penetrar es substituido por un interés voyerístico en los penes de otros hombres). Esto con el fin de que la etapa de latencia pueda darse, la  que terminará con  la adolescencia, cuando el deseo heterosexual se activa. Nada de esta fase latente podría considerarse heterosexual y más bien, la homosexualidad se hace necesaria para producirla.

LAS CAUSAS DE LA HOMOSEXUALIDAD MASCULINA

Freud nunca presentó una teoría desarrollada acerca de la naturaleza de la homosexualidad. Él dijo cosas diferentes en tiempos diferentes sin preocuparse por resolver las contradicciones.  Sin embargo, el científico postuló una serie de posibilidades basadas en "fallas" en el proceso de desarrollo vinculadas con la fase edipal. El fracaso de resolver el Complejo de Edipo puede tomar muchas formas que se convierten en la base de una amplia variedad de desórdenes de la personalidad, entre ellos la homosexualidad. Existe aquí una contradicción muy fuerte con sus anteriores opiniones acerca de la bisexualidad constitucional del individuo.  Si, como postuló Freud, todos somos bisexuales, sus "explicaciones" acerca de la homosexualidad manifiesta deberían partir del hecho de que la homosexualidad es congénita y luego reprimida, en lugar de analizarla como producto de una falla en el desarrollo.  Sin embargo, como veremos más adelante, el psicoanalista nunca compartió la tesis de que la homosexualidad era una enfermedad.

Ronald Bayer resume en seis las tesis freudianas acerca de la etiología de la homosexualidad:[74]

1.         El apego del niño a sus genitales como fuente de placer. Freud osciló en sus tesis acerca de la homosexualidad entre factores constitutivos, accidentales e innatos. Existen niños, según él, que por su mayor fuerza libidinal sienten un enorme interés en su pene como fuente de placer. "En realidad es la gran estima sentida por el homosexual hacia su pene la que decide su destino".  Estos críos, como los otros, en su fase edípica escogen a la madre como objeto sexual, pero cuando descubren que ella carece de pene, buscan otros hombres como objeto sexual. Para Freud, estos niños fallan en pasar de la fase autoerótica a la más madura fase de amor objetal.

2.         La frustración profunda que se experimenta en la fase edipal por aquellos niños que desarrollan un vínculo especialmente intenso con sus madres. Esta tesis es de elaboración posterior.  En 1921, Freud llega a la siguiente conclusión:  "La génesis del homosexual es la siguiente: el joven ha permanecido con gran frecuencia fijado a su madre, en el sentido del Complejo de Edipo, durante un lapso mayor del ordinario y muy intensamente.  Con la pubertad llega luego el momento de cambiar a la madre por otro objeto sexual y entonces se produce un súbito cambio de orientación;  el joven no renuncia a la madre, sino que se identifica con ella, se transforma en ella y busca objetos susceptibles a reemplazar a su propio yo y a los que amar y cuidar como él ha sido amado y cuidado por su madre”.[75] Freud no responde cuáles son los mecanismos y causas específicas que llevan a una idenficación "intensa" con la madre.

               

3.         Los casos combinados entre fijación anal y vinculación estrecha con la madre. Freud nuevamente menciona que ciertos niños tienen una fijación "constitutiva" excesiva en su fase anal y que sumado a una identificación con la madre se transforma en un deseo de disfrutar el sexo como ella lo hace. "Con esto como punto de partida, el padre se convierte en el objeto amoroso y el individuo aspira a sometérsele como lo hace su madre, de manera pasiva-receptiva".[76]

4.         Ausencia de la madre. Freud siempre le dio más importancia al papel de la madre en la etiología de la homosexualidad, pero también consideró el del padre. En los casos accidentales de ausencia de la madre, el niño puede desarrollar una vinculación muy fuerte con el padre u otro hombre adulto y buscar luego otros objetos masculinos para volver a gozar su primera relación amorosa.

5.         Miedo a la cólera suscitada por los deseos edípicos. Un miedo excesivo a ser castigado por el padre en vista de los deseos incestuosos, puede llevar al niño a abandonar a la madre y a todos los sujetos femeninos como objeto de atracción. Solo las relaciones homosexuales pueden aliviar, en estos casos, el miedo a la castración.

6.         Odio hacia el hermano. En su última especulación Freud le dio importancia a las relaciones entre los hermanos varones. El más joven, en vista de su mayor debilidad física puede desarrollar deseos de muerte hacia su hermano mayor porque ambos desean a la madre. Pero el más joven, al ser más débil, transforma estos deseos en una amor homosexual por el odiado hermano.

VISIÓN DE FREUD DE LA HOMOSEXUALIDAD

Para Freud varios factores constitutivos, ambientales y accidentales podían desviar la atención del niño del objeto femenino hacia el masculino.  El psiquiatra reconocía que el ambiente no podía ser el único factor en vista de que niños expuestos a las situaciones arriba mencionadas, desarrollaban orientaciones sexuales distintas.  Según él, los factores aludidos se conocían "cualitativamente", pero no su peso, por lo que el psicoanalista no podía predecir la homosexualidad.  Tampoco tenía Freud esperanzas de su "curación".  El psiquiatra sabía que la homosexualidad no era una neurosis (las perversiones son el negativo de la neurosis) y más bien constituía una fuente de placer.  Para cambiar a un individuo, había que convencerlo de que si renunciaba a su actual fuente de placer erótico podría recuperar "el placer al que ha renunciado".[77]

En su famosa carta a la madre de un homosexual norteamericano, Freud considera más bien que la terapia debía encauzarse hacia que el paciente acepte su condición. Así dice la misiva:

Estimada señora X:

Colijo de su carta que su hijo es homosexual. Me ha impresionado hondamente el hecho de que usted no mencione este término en su información acerca de él. ¿Puedo preguntarle por qué lo evita? La homosexualidad no es seguramente una ventaja, pero no es nada de que haya que avergonzarse, no es vicio, ni degradación, ni se la puede clasificar como enfermedad; nosotros la consideramos una variación de la función sexual producida por cierta detención del desarrollo sexual.  Muchos individuos respetables de los tiempos antiguos y modernos han sido homosexuales, y varios de los más grandes, entre ellos Platón, Miguel Angel, Leonardo da Vinci, etc. Es una gran injusticia perseguir la homosexualidad como si fuese un crimen y es también crueldad.  Si usted no me cree a mí, lea los libros de Havelock Ellis.


Al preguntarme si yo puedo ayudar, usted quiere decir, supongo si yo puedo abolir la homosexualidad y hacer que la heterosexualidad normal ocupe su sitio. La respuesta, en líneas generales, es que no podemos prometer lograrlo.

En cierto número de casos tenemos éxito en desarrollar los benditos gérmenes de tendencias heterosexuales que están presentes en todo homosexual; en la mayoría de los casos ello ya no es posible.  Es una cuestión que depende de la calidad y la edad del individuo. Es imposible predecir los resultados del tratamiento.

Lo que el análisis puede hacer por su hijo es asunto diferente. Si su hijo es desdichado, neurótico, atormentado por conflictos, si se siente inhibido en su vida social, el análisis podría traerle armonía, paz mental, plena eficiencia, sea que permanezca homosexual o cambie. Usted decide si su hijo debiera someterse al análisis por mí! No creo que usted lo haga! Tendrá que viajar hasta Viena. No tengo intención de moverme de aquí. De todos modos, no deje de contestar ésta mía.

Sinceramente suyo y cordiales deseos.

FREUD[78]

Freud reconocía que la homosexualidad había sido estimada en otras culturas: "No debemos olvidar que la más extraña de estas perversiones, la homosexualidad masculina, fue tolerada e incluso encargada de importantes funciones sociales en un pueblo de civilización tan superior como el griego". Sin embargo, él no se preguntó por qué llegó a cambiarse la actitud hacia el homosexualismo. Mario Mieli nos dice que a Freud "le bastó que el amor sensual por el hombre sea juzgado abominable por sus contemporáneos para etiquetarlo de perverso". [79]

Aún así, el psicoanalista jamás consideró la homosexualidad como una enfermedad y nunca consentiría la discriminación de la psicología hacia los psicoanalistas homosexuales: "No podemos excluir a estas personas sin otras razones suficientes, del mismo modo que no podemos estar de acuerdo con su sometimiento legal. Pensamos que en estos casos la decisión debe depender de un cuidado examen de las otras cualidades del candidato".[80]


EVALUACIÓN DE LA TEORÍA FREUDIANA

Muchas de las tesis de Freud serían cuestionadas cuando otros investigadores las pusieron a prueba.  En vista de que más adelante analizaremos las refutaciones empíricas posteriores, omitiremos aquí su discusión.  Freud, de la misma forma que sus antecesores y sus discípulos, generalizó y formuló teorías con base en la observación de un pequeño grupo no representativo de pacientes, lo que viciaría sus observaciones.

Freud, por otro lado, no llevó hasta las últimas consecuencias muchos de sus descubrimientos más revolucionarios. A pesar de que formuló la teoría de una bisexualidad constitutiva, prefirió postular que la homosexualidad estaba vinculada con una resolución fallida del Complejo de Edipo. Si la homosexualidad es congénita -como así lo señaló- la conclusión lógica debió haber sido que no debía "originarse" en ninguna fase del desarrollo, sino que debía estar siempre presente.  Si la estructura sexual infantil es polimorfamente perversa, y su orientación hacia la monosexualidad es producto de la cultura y sus restricciones, Freud debió haber concluido que tanto la heterosexualidad como la homosexualidad exclusivas son mutilaciones de la pansexualidad humana.  El estado menos aberrado debía ser la bisexualidad.

Con respecto al Complejo de Edipo, se presentan más contradicciones. Si el niño entra en su etapa edipal con una sexualidad indiferenciada, o sea, el objeto sexual es binario y no es hasta su "resolución" que el niño opta por uno u otro progenitor como objeto amoroso ¿qué hace a Freud presumir que el objeto único de amor en la fase edipal es la madre?  Freud descuida aquí el análisis del papel que juega la sociedad en "permitir" únicamente la opción heterosexual y, por lo tanto, el amor hacia el progenitor del sexo contrario. Pero en el Complejo de Edipo que él analiza, existe evidencia de que el deseo del niño no se dirige únicamente hacia la madre. Mario Mieli ha señalado acertadamente que también está presente el deseo homosexual. La "rivalidad" que, según Freud, siente el crío hacia su padre debe entenderse así como un deseo erótico "transformado" por el inconsciente.  Si se sigue un desarrollo lógico de las premisas freudianas, el Complejo de Edipo es una tríada: el niño bisexual y polimorfamente perverso siente atracción por ambos progenitores. No existe una buena razón para asumir que la "resolución" positiva del Complejo, i.e. la elección del sexo contrario como objeto del deseo, sea necesariamente la más exitosa en términos de salud, aunque sí lo sea con respecto a los designios de un sistema patriarcal. Mario Mieli también postula que en los casos en que uno de los progenitores, en lo inconsciente, no rechaza de plano el deseo erótico del niño hacia él o ella, la homosexualidad encuentra una avenida para evitar la represión. El hecho de que el niño que escoge la opción homosexual rechace luego a la madre, razona Mieli, es por el sentido de culpa que siente por no seguir las pautas sociales.[81]


En el caso de la homosexualidad, por el contrario, el psicoanalista se deja llevar excesivamente por las circunstancias sociales que hacen que la heterosexualidad emerja como la alternativa normal.  De haber evitado esta influencia en su análisis, Freud hubiese podido profundizar en el significado de la homosexualidad.  Así hubiera podido explicarnos qué hace que una relación estrecha entre madre e hijo torne a este último en homosexual. El psicoanalista nos describe una relación, pero nunca la descifra.

Algunos críticos de Freud, como el mismo Mario Mieli, aducen que el hecho de que un niño se haga homosexual, a pesar de la oposición y rechazo de todo un sistema patriarcal, es un enigma que merece una mejor explicación que la simple relación estrecha con la madre.  Mieli opta por la teoría de la seducción, "inconsciente" o no, del progenitor del mismo sexo.

Pero aún en la tesis de Mieli existe un descuido acerca del significado del hecho que un progenitor de uno u otro sexo envíe un mensaje homosexual al niño.  La explicación del fenómeno no puede realizarse en el plano sexual únicamente, sin analizar el significado y el valor que éste tiene en el patriarcado, por consiguiente, es importante mirarlo en el contexto político: los progenitores no se limitan a responder únicamente en forma erótica hacia el niño;  también lo hacen ideológicamente, de acuerdo con sus expectativas, conscientes o no, de lo mejor de las cosas. Si el género y la monosexualidad son "mutilaciones" de la personalidad, siempre existirán resistencias a transmitir "correctamente" el modelo heterosexual. A veces puede ser que la forma de hacerlo sea respondiendo "eróticamente" en forma homosexual hacia el hijo, pero en otras puede ser la madre cuestionando el género como una cárcel impuesta.

En el Complejo de Edipo tenemos una representación en pequeño del sistema patriarcal.  El niño o la niña inicia esta etapa con una herencia bisexual y polimorfa para devenir monosexuales y, óptimamente, heterosexuales. Pero la elección del objeto se basa en el rechazo del otro y en la adquisición del género. Como lo señala la teórica feminista Nancy Chodorow,[82] el niño en su identificación con su padre no solo escoge a la vez a la madre como objeto, sino que reprime la femineidad que aprendió de ella. Para hacerse "hombre", el crío abandona en realidad dos pilares de su personalidad: su bisexualidad erótica (el deseo por el padre) y psíquica (su propia femineidad). El "premio" que se le brinda por este sacrificio, o "mutilación" como lo califica Mieli, es el pasaporte para ingresar en grande en el patriarcado: la promesa del poder.

Para la niña, el descubrimiento de que su madre es un ser devaluado, sin poder legítimo, la lleva a buscar en el padre, ahora como objeto del deseo y como el patriarcado lo establece, su manera de obtener poder y reconocimiento: por medio de la femineidad y la heterosexualidad.


Pero para que este mecanismo funcione a la "perfección" es necesario  una aceptación consciente e inconsciente del sistema, y un sistema de dominación nunca trabaja de esta manera. Por el contrario, el patriarcado crea siempre disconformes. Existen mujeres que rehusan participar en la ideología que devalúa a la femineidad y que así lo comunican consciente e inconscientemente. Hay hombres que mantienen sus características femeninas, rechazan abandonarlas en aras de una masculinidad emocionalmente parca. Y si no son los progenitores los que protestan, lo pueden hacer los hermanos, los tíos, los maestros y todos aquellos involucrados en la vida infantil.

El sistema patriarcal está lleno de tensiones y de resistencia por doquier. Cuando un niño las percibe, puede optar por no reprimir su homosexualidad y su flexibilidad psíquica. Esto no quiere decir, en absoluto, que el homosexual sea un amanerado, o la lesbiana hombruna, lo que se niega en la diversidad de la cultura gay, sino que retiene más de todas esas características psíquicas que el patriarcado arbitrariamente las define como de las mujeres o de los hombres. Esta "confusión del género", o sea esta mayor apertura a la verdadera constitución psíquica de cada uno de nosotros, es muchas veces el primer paso para rechazar la heterosexualidad. No porque la heterosexualidad necesariamente deba implicar esa renuncia, sino porque en el "paquete" que se ofrece al niño, esta orientación exige en el patriarcado "mutilarse" a la manera del padre o la madre. El progenitor se ha convertido, en general, en un ser incapaz de conservar su riqueza psíquica; se ha hecho un típico hombre o mujer.

La homosexualidad representa un rechazo del sistema y una protesta política contra la mutilación. Aún cuando la elección se realice a tan temprana edad, el fenómeno implica un análisis y una escogencia hechos con base en la lectura de los mensajes inconscientes de protesta y en los propios deseos del niño. Si el niño es capaz de tener una vida sexual antes de que su cuerpo esté preparado para la reproducción, también puede evaluar lo que es mejor para él antes de su desarrollo pleno mental.

La elección del mismo sexo como objeto amoroso implica que, en diversos grados y formas, se reprime la atracción hacia el progenitor del sexo contrario. La explicación del fenómeno la ha adelantado Mieli: por la culpa que se siente de no responder como el patriarcado demanda.[83]

Pero se podría agregar algo más: como los mensajes de rebeldía son inconscientes, el progenitor del sexo contrario espera que el niño o la niña se haga heterosexual. Cuando esto no sucede, el infante entonces teme el castigo, el complejo de castración, por parte del progenitor "abandonando". De ahí que el niño homosexual tema las represalias por no haber renunciado a su padre como objeto amoroso. La madre se torna, así, en el caso del homosexual masculino, en un ser capaz del castigo o de castración.


3

PSIQUIATRÍA Y HOMOSEXUALIDAD:

LA TESIS DE LA ENFERMEDAD

El discurso de la psiquiatría con respecto al homosexualismo sufriría varias modificaciones después de Freud.  Para el padre del psicoanálisis, la homosexualidad no constituía una enfermedad y tampoco la veía susceptible a la modificación.  Freud siempre la miró como parte intrínseca de la psique individual y como una etapa en el desarrollo hacia la heterosexualidad. En cambio, para sus discípulos, esta posición era demasiado liberal o radical para satisfacer las aspiraciones de poder y prestigio.  La disciplina de la psiquiatría prometía un espacio muy importante para sus practicantes en la sociedad industrializada del siglo XX, como para arriesgarlo con tesis contrarias a los valores patriarcales.  El precio por pagar consistió en abandonar, de manera consciente o inconsciente,  las teorías freudianas más polémicas, especialmente aquellas relacionadas con la homosexualidad.  De ahí que muy pronto los "neo"-freudianos empezaran a postular la tesis de que la homosexualidad constituía una psicopatología necesitada de tratamiento psiquiátrico (labor que a la vez le proporcionaría buenos ingresos a los terapeutas). Los seguidores de Freud y los que se independizarían de su escuela psicoanalítica se pondrían así a tono con la hostilidad general hacia el homosexualismo.  Esta posición llevaría a los psiquiatras a elaborar, después de la Segunda Guerra Mundial, una serie de "técnicas de modificación de la conducta" para "curar" el homosexualismo.  Estas nuevas formas de tortura moderna, como la calificaría Thomas Szass[84], incluyeron desde la lobotomía, los choques eléctricos y la castración, hasta la terapia de aversión, o sea, las inyecciones de hormonas o de drogas que hacían vomitar o desmayarse al homosexual cada vez que se le presentaba en película a un hombre.

La psiquiatría, en la década que se inicia en 1950, colaboraría con el Estado norteamericano en la persecución de homosexuales, comunistas, socialistas y disconformes en el triste período del "macartismo".  Miles de homosexuales serían despedidos de sus puestos por considerárseles "enfermos mentales" y, por ende, una amenaza para la seguridad de los Estados Unidos. La psiquiatría se convirtió en una aliada del Estado y en una poderosa fuerza de control social gracias a su prerogativa de "clasificar" la enfermedad mental.  El privilegio que se arrogó de determinar la normalidad y la anormalidad en la sociedad y el monopolio con que lo ejerció, mostrarían a tirios y troyanos que la profesión se convertiría en un poder inconmensurable. 

Los abusos empezaron a hacerse evidentes: los psiquiatras -o "psiconazis" como los denomina Mario Mieli[85]-  podían decidir a quién internar en un asilo, a quién practicarle una lobotomía, a quién despedir del trabajo y a quién quitarle sus hijos.

Como toda opresión crea resistencia, pronto surgiría dentro y  fuera de la psiquiatría una corriente contestataria.  Cuando se empezaron a cuestionar algunas de las teorías y prácticas de la disciplina, el campo más fértil para hacerlo se tornó el del homosexualismo. Los nuevos profesionales encontrarían aquí un  área del conocimiento que la psiquiatría había monopolizado y cuyas "observaciones" y "tesis" se elaboraban con base en conjeturas, suposiciones y muestras nada representativas del grupo en estudio.  En sus críticas a las teorías clásicas, los investigadores demostrarían que la psiquiatría como "ciencia" tenía aún mucho que recorrer en el campo de la objetividad y la rigurosidad científicas.  Los "contestatarios" pusieron en serias dudas la tesis de que la homosexualidad constituía una psicopatología y que requería de tratamiento psiquiátrico.  Pronto el consenso de la psiquiatría norteamericana, en un paso histórico de enormes consecuencias, así lo reconoció cuando acordó, por mayoría absoluta, que la homosexualidad no constituía en sí una enfermedad mental.

Es importante, por todas estas razones, realizar un análisis histórico de las dos corrientes sobre el homosexualismo en la psiquiatría, i.e. la escuela de la psicopatología y la de la normalidad, aunque solo se mencionen las contribuciones más importantes de algunos de los representantes de éstas.

LA ESCUELA DE LA PSICOPATOLOGÍA

Sandor Ferenczi, amigo y discípulo de Freud, sería el primero en cuestionar la tesis de que la homosexualidad no constituye una psicopatología.  En su ensayo, "La nosología de la homosexualidad en el hombre", presentando ante el Tercer Congreso de la Asociación Psicoanalítica Internacional, en Weimar, en el año 1911, Ferenczi se distanció de su maestro.[86] En este trabajo, el psiquiatra aduce que el término homosexual se había aplicado hasta la fecha en forma confusa.  Para él, existen dos tipos de homosexualidades que se han confundido en un mismo síntoma: "La homosexualidad es un síntoma y este síntoma puede ser la forma en que aparecen los más diversos trastornos psíquicos y disturbios del desarrollo, así como en la vida normal".[87]


Los dos tipos de homosexualidad son la activa y la pasiva y, aunque se han percibido "como una misma condición", Ferenczi las considera como "dos estados mórbidos esencialmente diferentes".[88] El homosexual pasivo, un homoerótico subjetivo, es un verdadero invertido en el sentido que Hirschfeld  le dio: se observa en él "la inversión de las características psíquicas normales y aún, tal vez, corporales".[89]  Para el psiquiatra este individuo "se siente mujer";  por eso está "invertido en su propio ego" y representa una anomalía en el desarrollo.[90] El pasivo así, pues, busca hombres "más maduros y forzudos" y "se comporta en términos amigables, como colega, podríamos decir, con las mujeres".[91] El Complejo de Edipo del pasivo es "invertido", lo que lo hace sentirse como su madre y lo lleva a desear ocupar su lugar.  Su posibilidad de cura es imposible por el psicoanalista: "Como el análisis de los invertidos no pone realmente de manifiesto ningún efecto que pudiera dar por resultado el cambio de su anterior actitud hacia el sexo masculino, la inversión (homoerotismo subjetivo) ha de ser considerada como condición incurable mediante el análisis (o por ninguna clase de terapia conocida)".[92]

En su análisis del homosexual activo u homoerotismo objetivo,  Ferenczi se aleja más de la teoría freudiana.  Para él, el homosexual activo se "siente hombre en todos los aspectos, es por regla general muy enérgico y activo, y en su organización mental o corporal no es posible descubrir rasgos femeninos. Lo único que ha cambiado es el objeto de su inclinación".[93]  El psiquiatra considera que este individuo se ha vuelto homosexual por haber sufrido "un castigo severo por uno de sus padres"[94] cuando experimentaba heterosexualmente, lo que lo llevó a reprimir su atracción hacia el sexo contrario.  En general, este individuo era sexualmente muy precoz -nos dice Ferenczi- y fue regañado en su infancia por haber tocado en forma indecente a una niña, o por un deseo de hacer el coito y "cuando llega a la pubertad, siente el deseo por el sexo opuesto pero la menor censura o amenaza de parte de un tercero a quien respeta bastará para volver a despertar el horror a las mujeres, de donde tiene lugar, ya inmediatamente, ya al poco tiempo, una huida final desde la hembra a su propio ser."[95]


Según Ferenczi, el homosexual activo sufre "una huida neurótica de las mujeres", o sea reprime la heterosexualidad.[96] En este aspecto la ruptura con Freud es obvia y el mismo autor lo reconoce al indicar que se ha colocado "en una situación opuesta a Freud".[97] Este último consideraba que la perversión era la antítesis de la neurosis, nunca una perversión podía ser a la vez neurótica. La homosexualidad era una perversión, o sea un regreso a un estado sexual anterior a la heterosexualidad y en la tesis freudiana no podía considerarse neurótica porque esta característica solo se le atribuye a aquello que está reprimido.

Pero Ferenczi trata de salvar la contradicción con su teoría y la de Freud.  Ferenczi nos dice que el homosexual masculino es en realidad un heterosexual reprimido, ergo neurótico, que vivía "atormentado y plagado de obsesiones" y que es posible tratar y hasta curar.[98] El opinaba que los homosexuales activos buscaban en sus relaciones con los hombres afeminados un sustituto de la mujer: "El activo sabe amar a una mujer en un hombre: la mitad posterior del cuerpo de un hombre puede significar para él la mitad anterior del de una mujer, donde el omoplato o las nalgas adoptan la significación de los senos de la mujer".[99] Para este autor, la homosexualidad abierta es una neurosis cuando implica una represión de la heterosexualidad y éste es el caso de los homosexuales masculinos y activos.  Ferenczi no podía concebir la existencia de la homosexualidad por sí misma, sino que la percibía como una réplica de la heterosexualidad.  Según él, no existía un deseo sexual de un hombre por otro hombre.  Si un homosexual era "masculino", y Ferenczi asumía que todo homosexual varonil era "activo", o penetrador, entonces su deseo por otro hombre, que debía ser afeminado y pasivo, constituía una sustitución del único objeto posible del deseo, la mujer.  Si el homosexual era afeminado, y según el autor pasivo, entonces su deseo de otro hombre partía de que añoraba ser mujer.  En este esquema no había espacio para la posibilidad de que la homosexualidad implicara la atracción sexual de una persona del mismo sexo como tal.  Este modelo se trastornaba fácilmente con la realidad de la diversidad sexual de la vida homosexual, aspecto que algunos seguidores de Ferenczi señalarían luego.

Pero su análisis de la homosexualidad como una falla en el desarrollo o como un síntoma de "obsesión neurótica" ganaría muchos adeptos.  En vista de que existe una posibilidad bisexual en el niño, Ferenczi creía que la represión de la homosexualidad era necesaria para la consolidación de un carácter heterosexual.

En este aspecto su pensamiento contradice más a Freud.  Él cree que la homosexualidad es neurótica solo cuando escapa de las resistencias y la represión, lo que es postular la tesis freudiana al revés.  En el caso del homosexual activo, Ferenczi cree que no existe una perversión sino una represión de la heterosexualidad, ya que este componente "nunca está ausente en el activo, su represión conduce a la neurosis".[100] Pero a pesar de la popularidad que ganaría esta tesis, ella misma se mostraría contradictoria: la heterosexualidad también podría definirse como una neurosis por represión de la homosexualidad.


Ferenczi no se hacía muchas ilusiones acerca de la posibilidad de "curar" a los homosexuales activos (los pasivos, según él, eran incurables, no acudían al médico y su único problema era lograr una aceptación de su peculiaridad).[101] Él mismo reconocía que ésto dependería del tipo de transferencia entre paciente y terapeuta, la extensión del tratamiento y la severidad del castigo sufrido ante los padres.  Sin embargo, el psiquiatra abría el portillo para su tratamiento porque creía que éste proporcionaría algunas mejorías: "como aminoramiento de la actividad hostil hacia las mujeres, mejor control del impulso homoerótico, despertar de la potencia hacia las mujeres...".[102] Además, Ferenczi confiaba que tenía esperanza "de que en un futuro llegara a ser curable por medios psicoanalíticos".[103]

El énfasis en el período de 1930 a 1945 se centraría en la formación del ego y cómo éste modula y coordina sus pulsiones. Esto llevó a considerar más el ego y su desarrollo social y menos el papel privado del inconsciente. Por esta razón, los seguidores de Freud se interesaron más en las fases preedipales, principalmente la oral. Melanie Klein inició una corriente que le prestaría atención a la fase oral del niño como generadora del desarrollo psicosocial.[104]

Como las perversiones representaban, de manera técnica, un disturbio en el desarrollo preedipal, el énfasis en la fase oral y la vinculación de la homosexualidad con ésta, llevó a una lenta identificación de la homosexualidad con la perversión. Glover, por ejemplo, definiría al homosexualidad como “una regresión a fases tempranas del desarrollo sexual” aunque agregaría “ es la perversión más avanzada y organizada”.[105]

Una de las seguidoras de Ferenczi en los Estados Unidos fue Clara Thompson.  En sus trabajos se hace evidente la influencia de Sandor Rado también.  Thompson trabajaría en la Clínica Philips del Hospital John Hopkins, donde mantendría estrechas relaciones con Harry Stack Williams y Erich Fromm. La psiquiatra continuaría con la tesis ferencziana de que la homosexualidad consistía un síntoma "de dificultades más generales de la personalidad".[106]


Thompson estaba consciente de que existían diversas homosexualidades, pero la división de Ferenczi entre activos y pasivos no le satisfizo.  La psiquiatra sabía que "una persona puede hacer un papel activo con un compañero más joven, y pasivo con otro mayor que él"[107], por lo que dividirlos al estilo de Ferenczi era inadecuado. La autora más bien llega a ver la homosexualidad como una manifestación de una multiplicación de problemas de la personalidad.  Thompson asumió que la heterosexualidad era "biológicamente" superior en cuanto al placer sexual y que su rechazo no podía deberse a otra cosa que problemas interpersonales.  Nadie en su sano juicio, piensa ella, podía rechazar el coito heterosexual.

El "síntoma", para la psiquiatra, podía expresar varias anormalidades, entre ellas "un miedo a la responsabilidad del adulto, una necesidad de desafiar a la autoridad, un intento por hacer frente al odio hacia personas del propio sexo o de actividades rivales de éstas, un síntoma de autodestrucción, etc."[108] La tarea del terapista consistía, entonces, en averigüar cuál es el problema básico y por qué se elige un síntoma como solución de la dificultad.  Una vez que se logra ésto, el "síntoma" tiende a desaparecer "cuando se resuelven los problemas del carácter en general".[109] Thompson, al igual que Rado, se considera más optimista con respecto a las perspectivas de "curación " del paciente que el mismo Ferenczi.

La tesis de Ferenczi de que algunos tipos de homosexuales son neuróticos se acentúa y se hace más rígida con Thompson. Ahora toda homosexualidad es un síntoma neurótico y todo homosexual, por definición, enfermo.  Por eso ella no cree en la posibilidad de éxito, cosa que el mismo Ferenczi sí consideraba, en una relación homosexual: "Al menos teóricamente, es posible admitir la idea de que una relación amorosa entre adultos homosexuales pueda establecerse. El amor entre adultos parece ser de todos modos una experiencia rara en nuestra cultura y habría de ser aún más rara entre homosexuales, porque una persona con el grado de madurez necesario preferiría probablemente una relación heterosexual, a menos que circunstancias externas de su vida se la impidieran".[110]

LA ESCUELA ADAPTADORA


La visión de la homosexualidad como un desorden psicológico se propagó entre los que seguían la teoría freudiana de la libido y los que optaban por otros mecanismos. Abraham describe la homosexualidad como un fracaso en resolver el Complejo de Edipo en que el individuo, en vez de renunciar a la madre como objeto amoroso, lo sustituye por el padre.[111] Ernest Jones puso énfasis en que ciertos factores constitutivos, como un fuerte erotismo oral unido a un sadismo intenso, contribuían a la homosexualidad.[112] Ana Freud hizo hincapié en el conflicto entre los deseos por el papel activo o pasivo como el mecanismo de identificación determinante.[113] Para Melanie Klein, psiquiatra inglesa, la fase oral -en vez de la edipal- es la determinante en el desarrollo homosexual.[114]

Según Klein, la fijación oral no solo influye sino que determina cómo se organiza la fase genital posterior.  Un niño que sea privado de satisfacciones orales desarrolla un deseo canibalista hacia el pecho de la madre y hacia ella como un todo.  Estas fantasías son luego proyectadas al mundo que se percibe también como canibalista.  Esto produce el miedo a ser devorado por el objeto amado.  La vagina, que inconscientemente se le mira como una boca, se convierte así en un órgano castrante y devorador. El niño elegirá entonces el pene como substituto de la vagina y a otro hombre como objeto sexual. Para Klein, los orígenes de la homosexualidad se remontan, pues, a etapas más tempranas de las que Freud consideró.

Harry Stack Sullivan comparte la tesis de Klein. De acuerdo con Sullivan: ..."La zona oral está implicada en tal variedad de funciones que es quizás el tronco central, la principal fuente para la evolución del ser...".[115] En otro trabajo, Sullivan discute el sueño de un muchacho en donde en forma caníbal incorpora el pezón de una niña.

A pesar de la difusión de las diversas teorías acerca de la patología, no sería sino con los escritos de Sandor Rado que la psiquiatría y su intento de "curar" el paciente ganaran terreno.  Hasta la publicación de las teorías "adaptadoras" de Rado en el decenio de 1940, el psicoanalista se veía influido por las tesis constitutivas acerca de la homosexualidad.  De Freud en adelante, la psiquiatría aceptaba que los individuos poseían algunos rasgos hereditarios, como su actividad o pasividad, su precocidad o no, su tendencia a experimentar con más fuerza alguna etapa del desarrollo, y otras características que los podían hacer más o menos proclives a la homosexualidad.  A la vez, la orientación invertida se miraba como parte de la naturaleza humana y un estadio por el que todos debíamos pasar. 

Esto hacía que los psiquiatras miraran con cautela las posibilidades de revertir el homosexualismo, ya que siempre es más difícil de modificar lo que es intrínseco al individuo.  Pero Rado cambiaría todo este pensamiento y su influencia en Bieber, Socárides, Ovessy, Morgenthaler y muchos más tendría repercusiones enormes en las tesis de la etiología y el tratamiento del homosexualismo.


Sandor Rado interpreta la conducta psicológica como la resultante de dos fuerzas: las necesidades del individuo y las demandas de la sociedad.[116] El término "adaptación" se refiere a las maniobras de la conducta mediante las cuales el individuo se adapta a su ambiente social a medida que trata de asegurar su supervivencia y satisfacer sus necesidades.

Según su pensamiento, todo individuo normal viene al mundo con necesidades similares. La persona tiene "necesidades orales, anales y sexuales aproximadamente similares".[117] Lo que varía es la adaptación de acuerdo con el ambiente social.

Esta corriente minimiza, así, el papel que desempeña el instinto y su consideración primordial es con respecto al ambiente social.  Rado rechaza la tesis de que existen directrices biológicas heredadas para el uso de los órganos sexuales. Su teoría es que las instrucciones necesarias son suplidas por la cultura. De ahí que, a diferencia de Freud, el psiquiatra considere irrelevantes los factores constitutivos o hereditarios en la formación de la sexualidad humana.  La homosexualidad es analizada, así, como una conducta adaptadora y aprendida.

Rado se aparta más aún de Freud con su rechazo de la tesis de la bisexualidad constitutiva del niño. Él consideró que el padre del psicoanálisis había cometido el error de creer que la ambigüedad sexual del cigoto implicaba la presencia de atributos masculinos y femeninos en el psique.  Esto, dijo él, "era un salto arbitrario de lo embriológico a lo psicológico”.[118] Según Rado, la evidencia contraria a la bisexualidad se encontraba en la diferenciación de los órganos reproductores.[119]

Como los sexos son productos evolucionarios de diferenciación reproductora, la anatomía del aparato reproductor en su conjunto es el único criterio por el cual podemos afirmar quién es quién.  En la especie humana, el aparato reproductor del hombre y el aparato reproductor de la mujer son recíprocamente exclusivos, a pesar del hecho de que ambos provienen de un origen embrionario común.[120]


Según el autor, la tesis de la bisexualidad proviene de las observaciones de los biólogos del siglo XIX acerca del material gonadal del otro sexo.  Sobre las bases de que el embrión tiene hormonas del otro sexo se le denominó entonces "hermafrodita", más tarde "bisexual" y el rótulo le quedó al organismo en forma permanente".[121] Pero estos biólogos trataron de definir el sexo del individuo "solo por las células gonodales y no, según procedemos hoy día, por el sistema reproductor en su conjunto".

Además, opinó el psiquiatra, "aquellos estudiosos trabajan sin duda bajo la influencia del conocido mito platónico de origen hindú que describía al individuo humano como hombre y mujer, una pareja en solo ser".[122]

Rado adujo que los psiquiatras habían cometido el error de "emplear el vocablo bisexualidad para explicar la homosexualidad".[123] Ellos supusieron que cada ser humano posee deseos sexuales innatos de ambos sexos con base en estos estudios biológicos decimonónicos.  El autor, que toma la anatomía reproductora como base, considera que el único patrón natural debía ser la heterosexualidad, ya que "el aparato reproductor del hombre y al aparato reproductor de la mujer son recíprocamente exclusivos".[124]

Si no existen factores constitutivos que predispongan al individuo a la homosexualidad, ni una bisexualidad congénita, y la única orientación sexual natural es la heterosexual, ¿cuál podía ser la razón de la existencia de la homosexualidad? Para Rado, de la misma manera que para sus discípulos, la respuesta no podía ser otra que "un factor del ambiente abrumador" que reprimiera la heterosexualidad.[125]

Para los "adaptadores" no existía nunca un triunfo del instinto homosexual, sino siempre, "el destrono de la naturaleza heterosexual".[126]

Para sintetizar: en el punto de vista que hemos presentado, no existe eso que llaman deseo orgásmico innato del propio sexo. Hay tres causas discernibles capaces de introducir al individuo a desarrollar mecanismos de incitación orgásmica que involucran el propio sexo: temores y resentimientos ocultos pero inhibidos respecto del otro sexo; inaccesibilidad por razones de situación del sexo opuesto;  y deseo de variación.  En consecuencia, el temor que muchos pacientes expresan de que su constitución genética incluya un componente homosexual no se funda en hechos.[127]


Rado llegaba a considerar la homosexualidad como una estrategia "reparadora" para obtener gratificación sexual cuando, por alguna razón, el acto heterosexual se perfila como peligroso. Por eso él podía asumir una actitud optimista respecto del tratamiento y tener confianza en la posibilidad de revertir la homosexualidad.

La tesis de Rado se torna paradójica porque él comete el mismo error que le atribuye a Freud: salta a conclusiones psíquicas con base en observaciones fisiológicas.  A Freud se le critica por generalizar de observaciones hormonales a conductas sexuales, pero lo mismo se puede aducir de sus conclusiones en contra de la bisexualidad, con base en las características de los órganos reproductores.  Freud pudo haber utilizado un ejemplo insatisfactorio para probar una conducta psicológica que él observaba, pero esto no significa que su tesis de la conducta bisexual congénita sea por ello necesariamente deleznable; mientras Rado, sin siquiera investigar la posibilidad de una conducta bisexual innata, la desecha con base en su "hallazgo" de que los órganos reproductores son mutuamente excluyentes. Este "descubrimiento" debió haber sido tomado en cuenta por Freud que también observó las mismas diferencias genitales.  No obstante, la escuela adaptadora -de un plumazo- desechó una de las tesis más importantes del fundador del psicoanálisis.  Esto a pesar de que Freud advirtió claramente que lo importante es la expresión psíquica de la bisexualidad y que la expresión libidinal no depende de las características físicas.

BIEBER

Irving Bieber fue el primer psiquiatra que realizó un estudio sobre la homosexualidad masculina en los años cincuenta. La New York Society of Medical Psychoanalysis inició, bajo su dirección, una encuesta de pacientes psiquiátricos homosexuales.  El proyecto involucró a 77 psiquiatras quienes dieron información de 106 pacientes homosexuales y 100 heterosexuales.  A cada uno de ellos se les envió un cuestionario de 450 ítemes y sus resultados se publicaron, en 1962, bajo el título Homosexuality, a Psychoanalytic Study (Homosexualidad. Un estudio psicoanalítico).[128]

Bieber admitió que no tenía interés en demostrar el estado psicopatológico de los homosexuales, ya que "todas las teorías psicoanalíticas asumen que la homosexualidad es patológica".[129] Su objetivo consistiría más bien en descubrir los factores etiológicos responsables de la enfermedad.

El psiquiatra neoyorkino aceptó como premisa la refutación de la tesis de la bisexualidad constitutiva.  La heterosexualidad exclusiva es para él "la norma biológica". [130] De ahí que la tendencia "natural" es la atracción hacia el sexo contrario y que la homosexualidad solo pueda ser aprendida:


...el ser humano tiene potencialidad para la homosexualidad, pero tendencia hacia la heterosexualidad. La capacidad de respuesta a la excitación heterosexual es innata.  El cortejo y la técnica copulativa se aprenden.  Por otro lado, la homosexualidad es adquirida y descubierta como un regreso adaptador para enfrentarse al miedo de la heterosexualidad.[131]

Bieber, de la misma forma que Rado, considera que los rasgos homosexuales están ausentes en los individuos heterosexuales: "No estamos de acuerdo con la tesis de que en todos los hombres adultos existen deseos homosexuales reprimidos.  De hecho, la mayoría de los adultos carecen de la potencialidad para una adaptación homosexual".[132] El psiquiatra propone que, con base en sus datos, la homosexualidad se mire como un producto de relaciones patológicas familiares y que "debe considerarse como una enfermedad que, como tal, requiere tratamiento psiquiátrico".[133]

De acuerdo con la información de su cuestionario, Bieber apunta que los homosexuales se han caracterizado por haber tenido "sumamente patológicas relaciones padre-hijo".[134] Él desarrolla un modelo triangular de la familia homosexual. El patrón clásico es el de la madre dominante y castrante y minusvalorizadora del padre que es, a su vez, hostil y distante.

Tal como se ha demostrado, los homosexuales, en general, tenían madres patogénicas.  Muy pocos homosexuales tienen padres con una actitud firme que los haya protegido de la conducta destructiva materna.  De los 79 pacientes homosexuales con padres distantes, 53 (67%) buscaron rasgos masculinos en sus compañeros homosexuales. La atracción del homosexual por las cualidades masculinas puede representar, por lo menos en parte, un intento reparador y de autoprotección para relacionarse con una figura masculina fuerte que lo pueda defender en contra del poder de la madre, como el padre que no lo pudo hacer.[135]

Para el psiquiatra, este patrón clásico forma la homosexualidad durante la etapa de Edipo.  El niño es sobre estimulado sexualmente por una madre posesiva que a la vez intenta sofocar su masculinidad.  El padre, distante y hostil, rechaza por su parte al crío, lo que le impide a éste la identificación con otro hombre.  El hijo empieza así a percibir a su padre como agresivo y asfixiante.  El niño interpreta entonces los genitales femeninos como fuente de cólera y de peligro y desplaza, para protegerse, su deseo objetal hacia el masculino.


La mayoría de los padres de homosexuales en nuestro  estudio tenían relaciones maritales muy malas. Casi la mitad de las madres eran esposas dominantes y minimizaban a sus maridos.  La gran mayoría de las madres de homosexuales tenían relaciones íntimas y apegadas con su hijo homosexual.

...en la mayoría de los casos, este hijo había sido el favorito de la madre... Casi todas las madres de hombres  homosexuales fueron seductoras, y aún cuando no lo  fueran la cercanía de su apego con el hijo era en sí misma una provocación sexual.  En las dos terceras partes de los casos, el paciente era el confidente de la  madre.  Estos datos nos indican los intentos maternos  para satisfacer con el hijo homosexual las  gratificaciones maritales frustradas.[136]

El psiquiatra considera que como la homosexualidad era una forma de protegerse ante una madre devoradora, el individuo tendría serios problemas para establecer una relación íntima.  En realidad, toda relación homosexual era en sí una huida de la intimidad, según él.  De ahí que las relaciones homosexuales fueran siempre "volátiles" y caracterizadas por la promiscuidad.  Su tesis era que la homosexualidad debía siempre ser tratada y revertida.  Para Bieber, las perspectivas de "curación" eran muy buenas.

El hecho de que el 27% de los homosexuales en nuestro estudio hayan dejado el tratamiento como completamente heterosexual (se incluyen en este grupo pacientes que nunca habían tenido experiencias heterosexuales antes del tratamiento) justifica una orientación terapéutica hacia el camino en lugar de hacia el ajuste.[137]

 

Bieber advertía a la sociedad que toda ella debía involucrarse en la lucha contra el homosexualismo:

Los padres, los maestros y todos aquellos que se ocupan de la educación de los niños estén atentos a los factores que promueven la homosexualidad así como las manifestaciones tempranas de su desarrollo.  Es obvio que entre  más temprano  las influencias nocivas parentales puedan ser suprimidas o mitigadas y lo más temprano que se inicie el tratamiento, mejor será el pronóstico terapeútico del niño protohomosexual.[138]


A pesar de que Bieber fue el primero en "medir" científicamente algunas de las tesis freudianas acerca de la etiología de la homosexualidad, su metodología es del todo deficiente.  En primer lugar, el psiquiatra incurre en el error de generalizar a toda la población homosexual con información proveniente únicamente de los pacientes psiquiátricos.  Solo el hecho de que el grupo de estudio estuviera en tratamiento era indicativo de que se trataba de una minoría particular de la población homosexual.

En segundo lugar, la información familiar proviene de lo que los psiquiatras consideraban que eran las relaciones en la casa de sus clientes.  Es de suponer que muchos de ellos, influidos por las tesis freudianas, tendieran a interpretar estas relaciones acorde con la teoría que habían estudiado.  El peligro de la subjetividad del psiquiatra en sus observaciones hace cuestionar la información del estudio.  Es difícil determinar hasta dónde es el psiquiatra quien proyecta y hasta dónde el paciente quien interpreta (quien a su vez debió haber estado influido también por las tesis freudianas).

Toda teoría que explica un fenómeno debe también hacerlo con las excepciones.  De acuerdo con el estudio, el 69% de los pacientes homosexuales se ubicaban en el patrón triangular analizado, mientras que solo el 32% de los heterosexuales.  Pero esto indica que un gran porcentaje de los individuos heterosexuales tuvieron el mismo tipo de familia y no se hicieron homosexuales.  Dado que Bieber rechaza los factores constitutivos como explicación de la homosexualidad, no existe ninguna explicación plausible de la diferente orientación de este grupo de heterosexuales, ni tampoco de las razones de la homosexualidad del 31% de aquellos que no tuvieron una influencia familiar "clásica".

Finalmente, Bieber mezcla en su estudio pacientes homosexuales y bisexuales.  Muchos de los pacientes analizados tenían tantas relaciones heterosexuales como bisexuales.  El "gran éxito" que el psiquiatra adujo tener en cambiar la orientación sexual del 27% de los casos, se debió a que lograron evitar las relaciones homosexuales de muchos de los pacientes bisexuales.

No obstante, el grupo bisexual es en sí distinto en muchos de los aspectos del homosexual exclusivo y ningún trabajo científico serio debe contar naranjas y peras como si todas fueras naranjas.

Martin Hoffman, psiquiatra que analiza el trabajo de Bieber, nos dice que éste "es una mezcla extraña de observaciones astutas clínicas y la peor clase de seudo-cientifismo".[139] Según Hoffman "toda investigación que utiliza algunos y excluye otros para apoyar una conclusión preconcebida no es científica".[140]


El que los individuos que acuden a la terapia "usualmente están mentalmente enfermos es una tautología a menos que podamos ofrecer otra explicación para su presencia".[141] Hoffman agrega "cómo un psiquiatra concluye de ésto  que todos los homosexuales están enfermos es un misterio" y lo más sorprendente de Bieber es que lo hace cuando argumenta que no existen homosexuales saludables.[142] Los homosexuales que asisten a terapia son tan representativos del resto de su grupo como los judíos que asisten a terapia o los mismos heterosexuales con quienes Bieber los comparó, sin llegar a concluir que estos pacientes representaban a la población general.

SOCÁRIDES

Charles Socárides, otro psiquiatra neoyorkino asociado con la Universidad de Columbia, ganó mucho prestigio durante los decenios de 1960 y 1970.  Para este psiquiatra, la heterosexualidad es la norma saludable "determinada por dos y medio billones de años de evolución y producto de la diferenciación sexual".[143] Socárides también consideró que tanto la heterosexualidad como la homosexualidad eran "conductas aprendidas".  Pero la cultura que guía a la población hacia la heterosexualidad no lo hace en forma "arbitraria". Cualquier intento de subvertirla invita a la persona y a su sociedad al desastre.[144]

De la misma manera que Rado, Socárides cree que la  homosexualidad es una patología explicable solo por "miedos infantiles masivos" que interrumpen el desarrollo normal.[145] Pero su gran contribución fue señalar que estos temores se suscitan antes de la fase edípica.  Según él, el fracaso de establecer una identidad propia antes de los tres años de edad tiene consecuencias nefastas para el niño.

En el caso del homosexualismo masculino, existe una imposibilidad de diferenciación de la madre.  Como consecuencia, todos los verdaderos homosexuales "están caracterizados por una identificación femenina".[146] El niño tiene a su vez a la madre que no le enseña a poner límite entre dónde termina ella y empieza él, por lo que la homosexualidad surge como rechazo de la dominación y acaparamiento de la progenitora.  Todo intento de establecer una relación con otra mujer que no sea la madre produce un miedo "de pérdida de la identidad y de atrapamiento potencial".[147]

En vista de que la homosexualidad es preedípica, Socárides concluye que es "más patológica de lo que se creía".[148] La mayoría de los homosexuales son neuróticos o tienen una esquizofrenia concomitante, paranoia o esquizofrenia pseudoneurótica latente. Socárides considera que el homosexual busca en su objeto una manera de evitar el atrapamiento de la madre y una elusiva masculinidad: "Ellos esperan obtener una inyección de masculinidad por medio del acto homosexual. Como un adicto el homosexual debe obtener su estímulo".[149] No es posible -según él- encontrar amor en una relación homosexual.  Las parejas homosexuales son destructivas, derrotistas y explotadoras, porque:

La homosexualidad se basa en el miedo hacia la madre, en el ataque agresivo contra el padre y está lleno de agresión, destrucción y autoengaño. Es una máscara de la vida tras la cual se mantienen neutralizadas y atrapadas ciertas energías psíquicas.  Sin embargo, las manifestaciones inconscientes del odio, destrucción, incesto y miedo siempre amenazan con salir a la luz.[150]

Socárides es muy optimista con respeto a las posibilidades "curativas".  Según él, curó a más del 50% de los homosexuales. Su tratamiento consiste en hacer que el paciente descubra su deseo inconsciente de identificarse con un hombre, comprenda su miedo a ser atrapado por la madre, y que el pene es el substituto del pecho de la madre.

Esta tesis de Socárides acerca de la relación madre-hijo ganó adeptos hasta entre los mismos psicólogos homosexuales, como Martin Dannecker, en Alemania, quien a su vez fue influido por otro psiquiatra, Fritz Morgenthaler, que comparte la tesis del "atrapamiento maternal".[151]

Para Morgenthaler, como en la teoría del narcisismo, las perversiones -entre ellas la homosexualidad- sirven como "calzas" o "baches" para definir la personalidad y el ego cuando existen disturbios en la separación madre-hijo. La homosexualidad se convierte en un sello que remedia las grietas en el desarrollo de la identidad y cumple una función de "prótesis" para la personalidad.  Este "bache" para hacerse homosexual depende de la severidad de los conflictos en las edades tempranas del desarrollo cuando la sensibilidad de la madre en su unión dual con el niño juega un papel decisivo.

Morgenthaler considera que el "bache" cumple una función homostática para el ego que le permite desarrollar relaciones objetales adultas y que también sirve para que el individuo funcione sin mayores obstáculos. Por eso, este psiquiatra alemán se distancia de Socárides al indicar que el intento de variar la orientación sexual -eliminar el bache- es proyectar valores morales inapropiados para la disciplina psicoanalítica.  El objetivo del psicoanálisis "no es hacer a todos heterosexuales", sino ayudar a la persona a desarrollar relaciones objetales satisfactorias.[152]


Pero Dannecker no comparte el optimismo de Morgenthaler. Él cree que los homosexuales tienen severos problemas para relacionarse entre sí, ya sea que acudan al psiquiatra o no.  Dannecker opina que, en vista de que la homosexualidad es un bache narcisista, o sea una muleta para protegerse de la relación posesiva y narcisista con la madre, tiene repercusiones severas en el campo de la intimidad afectiva del homosexual. De ahí surge la promiscuidad como "la manera de resolver el conflicto entre el deseo de enamorarse y el miedo que se le tiene en el inconsciente".[153] El homosexual busca, dice él, en la promiscuidad y en el acto sexual una reafirmación de su identidad y también teme que, de perder el control, su personalidad se disuelva o sea absorbida por su compañero.  De ahí el carácter repetitivo y adictivo al sexo del homosexual típico.

Del arsenal de posibilidades disponibles para controlar un conflicto narcisista subyacente, los hombres homosexuales eligen el escape en una promiscuidad permanente o temporal, con el fin de controlar la ansiedad producida por una relación amorosa, o para evitarla de forma permanente.[154]

El sexo sirve así como una forma de defensa para el homosexual contra el fenómeno de disolución mental y de desintegración.  Esto es así porque el individuo "perverso" no tiene estructurada una organización defensiva a su disposición (debido a la madre narcisista que no le permitió la individualización) "que le permita combatir contra los embates emocionales de otra manera que con su perversión, o sea, la actividad homosexual".[155]

Resulta paradójico que un activista del movimiento de  liberación homosexual termine por aceptar, sin mayores indagaciones, la teoría narcisista de la homosexualidad.  Dannecker no se toma la molestia de averiguar si en realidad existe un síndrome de desarrollo narcisista en la mayoría de la población homosexual.  Como esto sí lo hacen Bell, Weimberger y Hammersmith, lo analizaremos en el apartado de la escuela contestataria.  Huelga mencionar ahora que no se ha encontrado evidencia de que las relaciones entre las madres y sus hijos homosexuales sean diferentes de las de los heterosexuales, lo que refuta la tesis de Socárides, Bieber, Morgenthaler y Dannecker.

Sin embargo, algunas otras observaciones de Dannecker resultan preocupantes.  En primer lugar, el psicólogo aduce que la población homosexual es generalmente promiscua y que ésta no se debe a la incapacidad de formar relaciones en las sociedades actuales, ya que la incidencia es parecida en sociedades "tolerantes" y "menos tolerantes" con respecto a la homosexualidad.  Además, en las sociedades más permisibles, la tolerancia ha fomentado más bien la aparición de miles de lugares para obtener el sexo anónimo.  Esto demuestra, según él, que las instituciones del sexo promiscuo responden a la necesidad psíquica de los homosexuales y no a la represión social.


Dannecker se basa en varias premisas falsas. Una de ellas es que la vida homosexual es más promiscua.  Sin embargo; él mismo reconoce, sin analizar la implicación, que las lesbianas tienden a sostener relaciones tan estables como los heterosexuales.  El psicólogo ignora que el problema de la promiscuidad (y esta palabra es en sí ideológica y tomada del modelo heterosexual) no es entonces resultado de una orientación sexual, sino un problema de género. Los hombres homosexuales se relacionan entre sí como hombres y las lesbianas como mujeres. El género masculino está caracterizado por la promiscuidad, la conquista y la aventura, de ahí que cuando la relación se establece entre dos machos, ocurre una ausencia del papel regulador en lo sexual que la sociedad le adjudica a la mujer.  Las lesbianas, por el contrario, tienden a establecer relaciones estables y duraderas porque como mujeres han sido criadas para vivir, como lo dice Nancy Chodorow, en término de sus relaciones.[156]

El ejemplo que utiliza para demostrar que la promiscuidad es inherente a la psique homosexual, independientemente de la opresión en que vive, es inadecuado.  Dannecker no cree, como lo hace la "corriente del estigma", que analizaremos más adelante, que la intolerancia social sea el factor principal para explicar la inestabilidad de las relaciones homosexuales.  Si esto fuera así, razona él, en sociedades más "tolerantes" debería haber índices menores de promiscuidad homosexual.  Pero el autor encuentra en los estudios de Giese y Schmidt sobre "promiscuidad" homosexual y de Weinberg y Williams que analizan estos índices en sociedades distintas (Estados Unidos, Holanda y Dinamarca), que este no es el caso.  De ahí que Dannecker concluya que "la dificultad de establecer una relación emocional tiene su origen en el aspecto mental de la existencia homosexual... La tolerancia no termina con este impacto subjetivo".[157]

Dannecker asume que existen "diferencias culturales políticas y de represión" con base en un estudio legalista de las normas de esas naciones referentes al homosexualismo.[158] Sin embargo, no es éste un indicador suficiente para asumir que la represión sea menor o mayor.  Francia, el primer país europeo que eliminó de su Código Penal la condena contra la homosexualidad, es uno de los más represivos en Europa.  Illinois, el primer estado norteamericano en seguir este patrón, ha sido también uno de los más punitivos contra los homosexuales en los Estados Unidos.

La cultura homosexual, de la misma forma que sus instituciones, ha sido moldeada por siglos de opresión.  La persecución del homosexual hasta la segunda mitad de este siglo en esas naciones hace imposible aceptar que una década de mayor tolerancia sea suficiente como para desechar el factor de represión en un análisis de las instituciones y conducta homosexuales.  Esto equivaldría a postular que los judíos tienen una predisposición psíquica para el comercio en vista de que no existen ahora prohibiciones en Europa para su incorporación en la agricultura.  Pero ambos grupos, judíos y homosexuales, han sufrido la represión social y las prohibiciones para su desarrollo, por lo que sus "culturas" e "instituciones" son tan producto de su "psique" como lo serían los guetos y los campos de concentración.


OVESEY

Lionel Ovesey es otro de los psiquiatras vinculados a la Clínica Psicoanalítica de la Universidad de Columbia y asociado con la escuela adaptadora.  Ovesey contribuye al desarrollo teórico de esta corriente con su tesis de que el homosexual no solo es un carácter neurótico sino también dependiente. Según este psiquiatra, el niño que es dependiente al nacer, debe madurar y "aprender a desenvolverse sin ayuda... la finalidad de un desarrollo sano es una persona capaz de autosuficiencia, de confianza en sí mismo, independiente". Una persona madura debe estar libre de dependencias infantiles y si éstas continúan es "un indicio inequívoco de falla de los recursos de adaptación".[159]

Como todo proceso de adaptación se caracteriza "por la interacción entre dependencia y disciplina", existen ocasiones en que sus transmisores -los padres- abusan de la disciplina y provocan miedo en sus críos.[160] Este miedo hace que el niño se inhiba y surja así un proceso neurótico.  En el caso homosexual, un severo castigo al niño por parte del progenitor, o el miedo inconsciente de que se suceda es el factor que da origen a la inhibición: "Una inhibición de tal tipo es el punto de arranque de una adaptación homosexual.  La persona reacciona con miedo tan intenso en relación con un objeto heterosexual que fracasa ante el compromiso heterosexual".  El individuo desvía el objeto sexual hacia el pene que "aplaca la ansiedad de castración" y se convierte en su refugio ante "la función sexual normal".[161]

Pero las inhibiciones, según él, no quedan "confinadas al área de la conducta en la cual fueron ubicadas originalmente".[162] Ovesey postula que toda inhibición significa una falta de confianza y respeto hacia sí mismo y que, como un cáncer, se extiende a otras esferas del carácter y produce nuevas y distintas inhibiciones.  El resultado final es "la retención inconsciente en la vida adulta de una adaptación de dependencia".[163] El individuo dependiente vive su vida obsesionado por "recuperar el pecho materno" o, en el caso homosexual, el pene que sustituye como símbolo a la teta.[164] De ahí que cada amenaza a la personalidad, o cada conflicto, se perciba en términos de castración y que cualquier fracaso sea interpretado como una pérdida de la masculinidad:


Así, toda falla de adaptación, sea social, sexual o vocacional, puede percibirse inconscientemente como una falla en el desempeño del papel masculino, y lo que es peor, se puede extender simbólicamente en una ecuación que está destinada a intensificar la ansiedad originada por el fracaso. La ecuación es la siguiente: yo soy un fracasado = yo estoy castrado = yo no soy hombre = yo soy mujer = yo soy homosexual.[165]

Para Ovesey cualquier individuo que "no puede tener sexo heterosexual" es un "fracasado", ergo todo homosexual es un fracasado que busca "la teta en el pene" y por lo tanto, dependiente. La "escuela adaptadora" llega así a dar un círculo completo en el psicoanálisis para quedar en posiciones similares a las de Krafft-Ebin y sus discípulos.  En este caso no deberíamos siquiera interpretarlo como una ruptura con los postulados freudianos, sino más bien, como una prostitución de ellos.


4

HISTORIA DE LA PSIQUIATRÍA:

LA CORRIENTE CONTESTARIA

Los profesionales que vendrían a cuestionar la tesis de la enfermedad nunca formaron escuela.  Por el contrario, muchos de ellos ni siquiera eran psiquiatras.  Esto no es de extrañar, porque la psiquiatría y su paradigma se tornaron en un poder tan impresionante que, para cuestionarlo, fue necesario que otras disciplinas se interesaran en él.  Una vez que se dio el primer paso, algunos psiquiatras empezarían a objetar las premisas del dogma oficial.

Una de las disciplinas que contribuiría  en forma importante al cuestionamiento de la psiquiatría  es la antropología.  Los antropólogos funcionalistas, como Bronislaw Malinowski y Margaret Mead, encontrarían en sus estudios de sociedades "primitivas", como la tribu de los Trobiand o en Samoa, evidencia de la práctica homosexual institucionalizada que apuntaba hacia la particularidad del rechazo occidental.[166]  Estos antropólogos defendieron la teoría del relativismo cultural, i.e.  que cada cultura es como un organismo cuyas instituciones y valores son parte de un todo, donde cada una tiene una función para preservar el equilibrio.  De ahí que cada institución, costumbre o ceremonia tiene su razón de ser y no deben ser analizadas con los valores de otra cultura porque éstos son relativos.

Si en una cultura primitiva -se desprende del relativismo cultural- se encuentra un canal institucional para la homosexualidad, éste debe servir como una función en la cultura y no se le puede mirar como una patología porque "todas las partes del sistema trabajan juntas con su grado suficiente de armonía y de consistencia interna" y porque "cada costumbre y creencia de la sociedad primitiva juega un papel determinante en la vida social de la comunidad, igual como cada órgano del cuerpo viviente desempeña un papel en la vida general del organismo".[167]

Otro de los desafíos provendría, a partir de 1950, del mismo movimiento de liberación homosexual.  Los gays empezaron a organizarse en asociaciones políticas que fueron gradualmente convirtiéndose en grupos de presión para los psiquiatras.  La oposición gay a la clasificación de su conducta como patológica haría que los investigadores y especialistas empezaran a reconsiderar sus premisas.  En algunas ocasiones, como sucedió con la investigación de Evelyn Hooker, que analizaremos en este capítulo, la colaboración de los homosexuales en estos trabajos, permitiría obtener la información que echaría por tierra el dogma oficial.

En la década de 1960, otras corrientes ejercerían una influencia significativa  en la psiquiatría tradicional.  El feminismo se enfrentaría a los estereotipos del sistema patriarcal sobre la mujer y abriría otras grietas en las doctrinas psiquiátricas.  Las feministas interpretaron con acierto que la psiquiatría fomentaba la discriminación contra la mujer con sus conjeturas acerca de lo que se definía como madurez femenina, i.e. la sumisión y la pasividad, con sus conceptos de que la mujer envidia el pene por su "superioridad" anatómica, con su proclividad de recetarle a las mujeres más drogas que a los varones y con el predominio absoluto de los hombres  en la disciplina.  Las profesionales feministas consideraron la psiquiatría como aliada del patriarcado y, por lo tanto, enemiga de la liberación de la mujer.  La hostilidad psiquiátrica hacia el homosexualismo fue así interpretada como una forma más de desprecio hacia lo que estos profesionales consideraban  ser "cosas de mujeres" y las radicales feministas proclamaban que el lesbianismo era la praxis política del feminismo.

Otras corrientes políticas tendrían su influencia.  El movimiento negro norteamericano y su ideología de liberación demostraría cómo una sociedad que se pregonaba democrática, sistemáticamente  reprimía a la población negra con ayuda de todos los sectores de la población blanca, incluyendo la academia y la ciencia.  La lucha del Tercer Mundo, y su ideología de protesta, también proporcionaría los instrumentos y el cuestionamiento del dominio occidental y de la alianza entre la ciencia, la tecnología y la misma medicina para continuar la relación explotadora.

El monopolio ejercido por la psiquiatría en la definición de la normalidad en sociedades capitalistas, patriarcales, racistas y sexistas empezó a ser escrutado, adversado, cuestionado y repudiado.  Los mismos psiquiatras vieron la necesidad de refinar sus teorías, corroborar sus observaciones y probar científicamente sus hipótesis.  La santidad del consultorio psiquiátrico empezó a verse amenazada por una imponente turba de homosexuales, feministas, científicos sociales, políticos y miembros de la sociedad civil que perdieron la fe y la paciencia en la objetividad de esa disciplina.

La "corriente contestataria" está formada por las contribuciones de investigadores de diversas disciplinas que utilizaron métodos, técnicas y teorías distintas  para demostrar un único punto en común: su oposición a la tesis de que el homosexualismo constituye una enfermedad mental.  A continuación analizaremos algunas de las investigaciones principales.

KINSEY

Alfred C. Kinsey, zoólogo norteamericano, realizó en 1948 el primer gran cuestionamiento de la tesis de la enfermedad mental de los homosexuales.  Su interés fue realizar un estudio general de las prácticas sexuales en su sociedad.  Para realizarlo, distribuyó una amplia encuesta entre miles de individuos que representaran la diversidad étnica, social, geográfica, sexual y religiosa de su país.  Los resultados que obtuvo  fueron una sorpresa para él y sus ayudantes: "Nosotros mismos no estábamos preparados para encontrar estos datos de incidencia cuando esta investigación se llevó a cabo".[168]


Lo que sorprendió a este zoólogo, y a toda la sociedad norteamericana, fue que la incidencia de la homosexualidad era muy extendida: "el 50% de los hombres no son exclusivamente heterosexuales durante su vida adulta.  El 37% ha tenido por lo menos algunas experiencias homosexuales que los han llevado al orgasmo entre la adolescencia y la vejez".[169]  Estos significa que casi 6.300.000 hombres norteamericanos de  la época habían tenido, al menos durante un período de su vida, un predominio homosexual.  La cifra podría ser aún más amplia, razonó Kinsey, si la homosexualidad no fuese vista como un tabú estigmatizado.

Los hallazgos hicieron que Kinsey rompiera con la tesis de la patología.  Si la homosexualidad era una práctica tan difundida, no podía considerarse  como psicológicamente patológica.  Lo que es estadísticamente normal, opinó él, "no puede ser psicológicamente anormal".[170]  Por el contrario, Kinsey creyó que "la capacidad de un individuo  de responder eróticamente a cualquier tipo de estímulo... es básico para todas las especies".  De ahí que él rechazara también la existencia de "la personalidad homosexual" como un artificio "innecesario". Él pensó que si la práctica está tan extendida, es un error atribuirla solo a un pequeño grupo de la población.[171]

Kinsey fue severamente crítico con la investigación psicodinámica.  Para él, la preferencia sexual era un "misterio" de la selección humana tan particular y tan poco relevante, a la vez, como las preferencias que desarrollamos para comer y para vestir.[172]  La averiguación del por qué una persona se hace homosexual exclusivo es tan importante para la ciencia como saber por qué a alguien le gusta vestirse de color verde.

El zoólogo también consideraría que la escogencia sexual era aprendida y que era la cultura la que transformaba el potencial sexual indeterminado hacia los "fines apropiados".[173]  Él se  preguntó, más bien, por qué no todos expresamos la potencialidad homosexual y opinó  que era porque la cultura la restringía.  Kinsey se opuso, así, a la terapia de modificación.  Esta tenía solo como fin "reforzar la hegemonía cultural" en vez de responder  a las necesidades de los pacientes.  Kinsey concluyó que era mejor ayudar al homosexual a aceptar su orientación sexual diversa.[174]


Kinsey demostró que la homosexualidad formaba parte del "continuum" de la sexualidad humana.  El autor se basó en uno de los principios fundamentales de la taxonomía, según el cual la naturaleza no acostumbra tratar con categorías netamente separadas y contrarias.  En el caso de la sexualidad, existía también un "continuum" entre la heterosexualidad y la homosexualidad exclusivas.

La mayoría de los individuos se encontraban a lo largo de este abanico y el autor elaboró una escala del 0 al 6 para detectar el "quantum" de homosexualidad y de heterosexualidad de cada individuo en un momento determinado.  El 0 indicaba la heterosexualidad y el 6 la homosexualidad exclusiva.

En la escala de Kinsey, la población encuestada se ubicó en el "continuum" de la siguiente manera: 50% de los casos con grado de homosexualidad 0, un 46% repartido entre los grados 1 a 5, y un 4% de homosexuales del grado 6.  En el grado 3 se ubican los bisexuales.[175]

A pesar del valor de esta obra, los psicoanalistas ignoraron su contribución. No ocurrió ninguna crisis con la publicación del Reporte.  Los descubrimientos de Kinsey deberían haber tenido un impacto ya que hasta la fecha, los estudios psicoanalíticos se basaban en muestras minúsculas de homosexuales, todos pacientes clínicos. Nadie había estudiado a la población no clínica homosexual.  El mismo Freud había dicho que “los pervertidos satisfechos raramente buscan el psicoanálisis”.[176]  Sin embargo, los pocos psicoanalistas que criticaron el Reporte consideraron que nada podía aprenderse de él. Los grupos organizados de psicoanalistas lo ignoraron. Pocos artículos aparecieron en las revistas psicoanalíticas especializadas.

Parte de la razón de la hostilidad del psiconálisis hacia Kinsey era que éste era un biólogo a su vez hostil contra la disciplina. Los psicoanalistas lo miraron con recelo. Las  críticas al Reporte de los psicoanalistas se basaron desde el cuestionamiento de la metodología de la muestra hasta el tipo de entrevistado voluntario que se utilizó. Se atacó el Reporte porque, según algunos, se hizo con base en participantes voluntarios quienes tenían un interés en demostrar que el homosexualismo era muy extendido. Otros lo criticaron por “la histérica antipatía de Kinsey hacia la psiquiatría”[177] y otros porque promovería los valores antinorteamericanos al demostrar que existían tantos homosexuales en su país[178]. Lewes, en su análisis sobre el impacto del Reporte concluye, entonces, que “no se mira influencia de Kinsey en los trabajos psicoanalíticos posteriores”.[179]


A pesar de estos hallazgos, únicamente un 20% de los estudios sobre homosexualismo que se realizarían en las tres décadas posteriores utilizarían  la escala Kinsey.  Esta sería la práctica en los estudios de Master y Johnson, Weinberg y Williams y otros más.[180] Los psiquiatras rehusaron considerar que sus estudios sobre homosexualismo eran en realidad trabajos sobre un pequeño sector que lo practicaba.  Además, ese pequeño sector estaba formado -sin que los psiquiatras lo tomaran en cuenta- por bisexuales y homosexuales exclusivos.

En las investigaciones de Master y Johnson, por ejemplo, el 77% de los casos de homosexuales masculinos y femeninos habían tenido relaciones heterosexuales.  El 41% de los "homosexuales" se ubican en el grado 3 de la escala Kinsey, por lo que eran tan heterosexuales  como homosexuales.  En los trabajos de Weinberg y Williams, el 71% de los "homosexuales" había tenido relaciones con el sexo contrario y el 44% sentían atracción heterosexual.  Esta confusión apunta a que, no obstante los descubrimientos de Kinsey en 1948, los psiquiatras  rehusaron tomarlos en cuenta para sus investigaciones.  Los trabajos sobre "homosexuales" se limitaron a un pequeño  grupo no  representativo que a la vez incluía homosexuales exclusivos, bisexuales y hasta individuos predominantemente heterosexuales.

No obstante, la investigación de Kinsey no pasaría inadvertida para los grupos de homosexuales y otros científicos que interpretaron correctamente sus enormes implicaciones.  La oposición de Kinsey a la teoría de la enfermedad motivaría a Evelyn Hooker para que, en colaboración con grupos de homosexuales, se diera un nuevo paso en la refutación del dogma oficial.

CLEVELAND, FORD Y FRANK BEACH

Estos antropólogos publicaron su libro Patterns of Sexual Behavior (Conducta Sexual.  De los animales al hombre) tres años después de Kinsey.[181]  Ford y Beach presentaron un material que sería subversivo para la tesis convencional de lo que era el sexo normal.   Sus investigaciones se centraron en un análisis de la información que existía en los documentos del Yale Human Relations Area Files sobre 76 culturas distintas y luego en la investigación de primates no humanos.


De 76 sociedades tabuladas por ellos, 49  (un 64%) aprobaban "alguna forma de homosexualidad".[182]  En la mayoría  de los casos, estas sociedades aceptaban la práctica  homosexual en la figura del "beardache", un hombre que asumía características femeninas y ocupaba un puesto religioso y ceremonial de gran importancia.  Existían casos como los del oasis de Siwa, donde los padres intercambiaban a sus hijos y donde quien no es paidófilo es mirado como "raro", el matrimonio con muchachos no iniciados entre los Aranda, o la sodomía iniciática de los Keroki y los Kiwai de Nueva Guinea.  Sus estudios -nos dice Ronald Bayer- "demostraron que la homosexualidad era considerada normal en muchas sociedades para todos o algunos de sus miembros  en alguna etapa de sus vidas".[183]  Entre éstas estaban muchos de los indios americanos: Creek, Crow, Hopi, Mandan, Maricopa, Menomini, Natchez, Navaho,  Omaha, Oto, Papago, Pomá, Quinault, Ojibwa y Yuma.  El antagonismo occidental hacia la homosexualidad, concluyeron los autores, era una particularidad cultural y no una regla universal.

Ford y Beach luego se dedicaron a estudiar los primates con el fin de determinar hasta qué punto la actividad homosexual es un legado del pasado evolucionario.  Aunque la información era escasa, encontraron reportes de actividades sexuales entre los monos del mismo sexo.[184]  Los autores  observaron que en algunos casos la actividad homosexual  iba "acompañada de señales de excitación  erótica y quizás  de satisfacción" y se opusieron a la idea  tradicional de que la actividad servía solo para que un mono dominara al otro.[185]  Tampoco aceptaron la tesis de que la homosexualidad animal era substitutiva y que se realizaba en la ausencia de animales del sexo opuesto.  Ellos señalaron que algunos monos adultos podían tener relaciones sexuales simultáneas con machos y con hembras.[186]

Concluyeron que existe una tendencia heredada en todas las especies para la "inversión de la conducta sexual".  Por esta razón, la respuesta homosexual representa un aspecto de nuestra "herencia mamífera fundamental".  Para Ford y Beach, el predominio de la heterosexualidad se debía a la fuerza de la experiencia cultural.

Los hombres y las mujeres que carecen totalmente de inclinaciones conscientes homosexuales son ellos tan un producto del condicionamiento cultural como lo son los homosexuales exclusivos que encuentran desagradables e insatisfactorias las relaciones heterosexuales.  Ambos extremos representan un giro de la condición indeterminada que incluye la capacidad para ambas expresiones sexuales.[187]

Según nos dice Jonathan Katz, autor de la obra Gay American History, "el libro de Ford y Beach fue inmediatamente  adoptado por el movimiento americano de emancipación homosexual, que utilizó su investigación inter-cultural y sus conclusiones para situar la antihomosexualidad de la sociedad occidental contemporánea en una perspectiva social e históricamente relativa".[188]  No solo el trabajo contribuiría a concientizar a la población homosexual, sino que también ayudaría a que una psiquiatra, Evelyn Hooker, continuara el proceso de desmitificación.


HOOKER

Fue Evelyn Hooker quien inició la tarea de atacar directamente, y con los mismos instrumentos de su profesión, la teoría de la enfermedad mental del homosexual.  Hooker conocía a varios homosexuales que le solicitaron realizar un estudio sobre el tema.  La psiquiatra decidió, con base en su conocimiento de homosexuales que no estaban en terapia, realizar un estudio entre éstos y un grupo de heterosexuales.

La investigación se basó, entonces, en el estudio de un grupo de homosexuales "abiertos", o sea no confinados en hospitales, prisiones o cuarteles disciplinarios de las fuerzas armadas, y de un grupo heterosexual similar como control.[189]  Para formar la muestra, la autora recurrió a una asociación gay, la Mattachine Society, que la puso en contacto con personas homosexuales.  Se eliminó del grupo de estudio a aquellos individuos que se encontraran en terapia; se formaron dos grupos de heterosexuales exclusivos, en uno, y homosexuales exclusivos, en otro.

A las 60 personas que formaron parte de los dos grupos se les pidió que tomaran tres "test" clásicos que se usan como instrumentos  para el diagnóstico de la enfermedad mental: el Tat, Roschach y Maps.  Entre éstos, el Roschach -un test que le pide a la persona interpretar  cuadros de manchas- se considera uno de los mejores para evaluar la personalidad y hacer un diagnóstico de la homosexualidad.

Una vez concluido este proceso, la psiquiatra formó 60 carpetas para las personas del estudio, 30 de homosexuales y 30 de heterosexuales.  Las carpetas se distribuyeron al azar a dos psiquiatras expertos en la homosexualidad para ser analizadas.  Los objetivos  de este procedimiento eran: "1)  obtener un juicio no sesgado (evitar los medios para una fácil  identificación) y 2) evaluar la eficacia de los tests para reconocer a los heterosexuales y a los homosexuales".[190]

Hooker les pidió luego que, usando diferentes categorías (dependencia, necesidad de afecto, madurez, etc.) clasificaran a cada individuo en una escala de "adaptación" del 1 al 5.  Una persona que se ubique en el grado 1 está muy bien adaptada; en el 5, desajustada.  Los jueces sabían  que existían carpetas de homosexuales y de heterosexuales, pero no cuál era de quién.


Los resultados de este trabajo fueron contundentes.  De los jueces que participaron, ninguno pudo predecir de forma significativa la orientación sexual de los individuos.  Tampoco surgieron diferencias con respecto al grado de "adaptación" de los heterosexuales  y de los homosexuales.  Ambos jueces coincidieron en el grado de adaptación de las dos terceras partes  de los individuos y en el caso del juez A, él le dio una mejor calificación (1) a más individuos homosexuales (9) que a los heterosexuales (6).  Hooker concluye que "no existe diferencia significativa entre el número de homosexuales y heterosexuales con clasificación  3 o mejor entre los dos jueces".  Tampoco, nos dice la investigadora, pudieron los jueces, en forma significativa, identificarlos con respecto a la orientación sexual:

El juez A  identificó correctamente 17 de las 30 parejas, en tanto que el juez B acertó en 18 casos.  Tenemos pues que ninguno de los jueces fue más allá de lo conjetural.  En siete parejas ambos jueces se equivocaron, esto es, tomaron el homosexual por el heterosexual, y viceversa; en doce parejas, acertaron y en las restantes once no coincidieron.[191]

Cuando se les pidió a los jueces describir a los individuos de las carpetas, las contradicciones se hicieron más palmarias.  Veamos el caso de un individuo homosexual que fue erróneamente analizado como heterosexual por ambos jueces.  Un juez dice de él:

Tan común  que es difícil decir nada específico acerca de él.  Su control de los impulsos es muy suave.  Emplea la canalización antes que la represión.  Salvo un poco de exceso de énfasis acerca de las conquistas en sus relaciones heterosexuales, es un tipo bien adaptado y tranquilo.  Sus impulsos agresivos se expresan en satisfacción fálica.   Tiene que ser heterosexual.  Tendría que realizar un esfuerzo para concebirlo como no heterosexual.[192]

El otro juez señala:

Debe ser un tipo interesante.  Ha de llevar consuelo a la gente.  Se hace cargo de lo esencial y no se pierde en los detalles.  Ciudadano sólido, cabalmente integrado, sin defensas específicas.  Ni la agresión ni la dependencia son problemas en él.  Creo que este hombre es heterosexual.[193]

La investigadora tuvo que concluir que "la homosexualidad puede ser una desviación del esquema sexual que esté dentro del ámbito normal, psicológicamente" y que aunque la homosexualidad pueda suponerse "representa una forma severa de desadaptación social en el sector sexual de la conducta, ello no necesariamente ha de significar que el homosexual deba estar seriamente desadaptado en otros sectores de su conducta".[194]


Más adelante, en otros trabajos posteriores, Hooker atacaría la supuesta patología familiar del homosexual que la doctrina oficial mantenía.  Ella opinó que las causas de la homosexualidad se debían a un complejo de factores complicados:  "biológicos, culturales, psicodinámicos, estructurales y situacionales".  También la psiquiatra cuestionó la tesis de la promiscuidad homosexual.  De acuerdo con ella, las dos terceras partes de sus casos habían tenido relaciones estables.   Hooker sería la primera en aducir que la comunidad homosexual sufría las "presiones" de la hostilidad heterosexual y que debido a la "humillación" y el escrutinio público, era muy difícil mantener relaciones permanentes.  Era la reacción social la que creaba "el miedo a la intimidad" y no el producto de una psicopatología.[195]

Para la psiquiatra, el proceso de estigmatización era el principal factor patógeno y las implicaciones eran muy claras: los homosexuales necesitaban la libertad y el apoyo contra la estigmatización.

SZASZ

Thomas Szasz fue el primero en cuestionar la psiquiatría y su prerrogativa de categorizar la salud y la psicopatología.  Aunque sus trabajos sobre el homosexualismo fueron posteriores, su crítica a la disciplina tendría una repercusión inmediata en el tema.  Szasz empezó su análisis de la psiquiatría para demostrar  cómo, disfrazada de disciplina médica, empezó a arrogarse el papel de la Iglesia para castigar a los disconformes. El psiquiatra atacó, pues, no la metodología utilizada, sino la misma teoría de la enfermedad mental.[196]

La psiquiatría, para ocupar el papel de la Iglesia, buscó redefinir las desviaciones de las normas éticas, políticas y legales por medio de la invención y expansión del concepto de enfermedad mental.  Pero lo hizo de manera camuflada, como si la defensa de los valores tradicionales que hacía fuera "neutral" y "objetiva".  Los psiquiatras monopolizaron los temas de la salud para sí solos y, con ellos, ejercieron el poder con sus valores morales.  Ellos inventaron la categoría de psicopatología, pero escondieron esta "falsificación" en un lenguaje "científico".

Para Szasz, la enfermedad mental es un "mito".  La categoría está basada en dos errores.  El primero es que "una enfermedad de la mente, análoga a una enfermedad de la piel o el hueso, es un defecto neurológico, no un problema del vivir".  El segundo error, según él, es epistemológico y consiste en "interpretar las comunicaciones del individuo y del mundo que lo rodea como síntomas del funcionamiento neurológico".  Este error no es de la observación o del razonamiento, sino de la organización y expresión del conocimiento.  El error consiste en crear un dualismo entre los síntomas mentales y físicos y ésto es más que una costumbre del habla.[197] Cuando la medicina  -continúa él- se refiere a un disturbio físico, se habla de señales (como la fiebre) o síntomas (como el dolor).  Pero cuando hablamos de síntomas mentales, nos estamos refiriendo a la comunicación del individuo  con el mundo.  Y para categorizarlo como enfermo, se necesita una valorización moral que implica una comparación entre las ideas, conceptos y creencias del individuo y de la sociedad en que vive. La noción de enfermedad mental, según Szasz, está ligada inexorablemente  al contexto social, y particularmente ético, en que se realiza.  Un síntoma psíquico de enfermedad no existe  sin la valorización que haga de él un tercero.

Szasz fustiga la tesis de que las conductas aberradas son enfermedades mentales.  Para él, la "enfermedad mental" es un lenguaje en que el paciente expresa sus escogencias en la vida.  Este lenguaje debe ser entendido y explorado, pero nunca reprimido.  La función de la terapia es "traducir" este lenguaje para su mejor comprensión.  Pero categorizarlo como patológico es fungir como institución moral, actuar como la Inquisición y hacer el papel de Dios.

Las causas o la etiología de las "aberraciones" son irrelevantes.  Es como, nos dice él, averiguar las causas etiológicas del idioma inglés.  No es cierto que las conductas aberradas estén fuera del control de los que las practican.  Por el contrario, estas decisiones son hechas por personas sensibles e inteligentes que escogen lo mejor para su vida.  Las etiquetas que los psiquiatras les imponen, como "psicóticas", "paranoides" y otras, solo sirven para degradar y para su control social, pero no ayudan en nada a los pacientes.

En 1965, Szasz se concentró en el tema de la homosexualidad.  En su ensayo "Legal and Moral Aspects of Homosexuality" dice que su clasificación como enfermedad se basó en los requisitos biológicos de la procreación.[198]  Pero este salto -dice Szasz- es "inaceptable", porque no se pueden leer las normas de la conducta sexual humana en los imperativos de las especies.  Para la psiquiatra, todo intento de modificar la conducta homosexual era una tortura similar a la Inquisición.  La psiquiatría que trata de "curar" al homosexual es como la Iglesia que quería "salvar" a la bruja, pero que en realidad lo que deseaba era matarla.[199]  El psiquiatra apuntó que la homosexualidad es mal vista, no porque produzca ninguna patología, sino porque la herencia judeocristiana ha sido hostil a toda sexualidad no reproductora.


La preocupación psiquiátrica con el concepto de enfermedad mental respecto a la psiquiatría -de la misma manera que con el concepto de enfermedad de las otras supuestas enfermedades mentales- esconde la realidad de que los homosexuales son un grupo de individuos estigmatizados  médicamente y socialmente perseguido.  El ruido generado por su persecución y sus angustiantes gritos de protesta son ahogados por la retórica de la terapia -así como la retórica de la salvación acalló el ruido generado  por la persecución de las brujas y sus gritos angustiados de protesta.  Es una hipocresía despiadada pretender que los médicos, psiquiatras o los civiles realmente estén preocupados por la salud del enfermo mental en general, o la del homosexual en particular.  Si les preocupara, habrían dejado de torturarlos con su supuesta ayuda.[200]

Finalmente, Szasz describe en este ensayo cómo un homosexual que había solicitado la naturalización fue rechazado con base en su orientación sexual gracias a la definición psiquiátrica de la homosexualidad como una enfermedad mental.  Esta colaboración de la psiquiatría y el Estado en su país demuestra -concluye él- el colaboracionismo de su profesión en la represión de los heterodoxos.

MARMOR

Judd Marmor tuvo una gran influencia en la decisión de la Asociación de Psiquiatría Norteamericana de desechar la tesis de la enfermedad.  Este psiquiatra representó un vínculo entre la psiquiatría oficial y la corriente contestataria.  Su pensamiento no fue tan radical como el de Szasz y sus seguidores, ni como el de Bieber y su grupo.  El término medio que Marmor impuso serviría como plataforma de consenso para dar el paso histórico en 1973.

Marmor dio evidencias de su posición con respecto al homosexualismo en la introducción que escribió, en 1965, en el libro que editó sobre el tema, Sexual Inversion (Inversión Sexual).[201]  Influido por Rado, este psiquiatra rechazó también la tesis de la bisexualidad constitutiva.  Para él, la homosexualidad  -como la heterosexualidad- era una conducta aprendida.

Como el modelo cultural de la heterosexualidad -opinó Marmor- es necesario explicar por qué se elige una opción homosexual.  Para él, tres elementos deben estar presentes: a) una identidad de género dañada que previene la adquisición de un rol femenino o masculino típico; b) una experiencia infantil temprana que provoque un miedo al contacto con personas del sexo contrario; y c) que se presenten oportunidades para el contacto sexual con individuos del mismo sexo.

Marmor, sin embargo, no aceptó la teoría de la existencia de una "personalidad homosexual" y advirtió el error de basar las investigaciones en pacientes psiquiátricos.  Tampoco aceptaría la tesis de la enfermedad.  Él advirtió que el psiquiatra era un "científico" en vez de un "practicante clínico".  El primero debe enfocar sus datos objetivamente y mirar  la homosexualidad  y la heterosexualidad  como partes de la sexualidad humana, sin asumir que una es más o menos natural que la otra.


El psiquiatra creía que la heterosexualidad era la norma cultural, pero no el fin de una teleología cultural.  La homosexualidad, por su parte, no era ni una fijación ni una regresión, sino una elección no óptima.  La función de los psicoterapeutas no era restablecer a los homosexuales dentro de un estándar determinado de salud, sino más bien ayudar a aquellos que se desviaban de las demandas y valores de los tiempos.

Marmor no criticaba a sus colegas que ayudaban al paciente a alcanzar la "adaptación" óptima (la heterosexualidad), pero tampoco a los que buscaban un ajuste del homosexual como tal.  No obstante, su tesis sugería que una vez que los valores cambiaran con respecto al homosexualismo, no habría necesidad de ayudar a modificar la conducta. Él concedía, así, que la nosología psiquiátrica podía verse como un obstáculo para la adaptación óptima del homosexual.  Esta ayudaba a mantener la homosexualidad como una enfermedad.

Más adelante, en su ensayo  Homosexuality-Mental Illness or  Moral  Dilemma (Homosexualidad -Enfermedad Mental o Dilema Moral), Marmor se divorcia más claramente de la tesis de la enfermedad.  Aquí nos dice que su clasificación como enfermedad no es ni semántica ni médica, sino moral.  La homosexualidad permite una buena adaptación por lo que es inapropiado clasificarla como patológica.  Más bien -continúa él- ésto alentaba "la agresión interventora en la vida  de estos individuos".[202]

HOFFMAN

Martin Hoffman con la publicación de su libro The Gay World (El mundo gay) en 1968, reforzó muchas de las tesis de Hooker y asentó el poder de la "escuela de la etiquetización" en la psiquiatría.[203]  Este psiquiatra fue el primero en su medio en utilizar la palabra "gay" en vez de "homosexual" con lo que admitía que la homosexualidad era una cultura diversa que trascendía la práctica sexual.  Su tesis, como lo sostuvo Hooker, consistía en que el homosexualismo era un fenómeno estigmatizado y que los problemas que generaba al individuo se debían no a algo intrínseco de la sexualidad, sino a la discriminación social.  El problema era la "etiqueta" que se le ponía a la persona por ser homosexual.

Hoffman realizó su estudio con una muestra más representativa de la comunidad homosexual.  El autor buscó a su grupo de estudio en los bares gays y advirtió que todo trabajo que se basara solo en pacientes psiquiátricos estaba viciado.[204]  Por ello fustigó de que el homosexualismo era una enfermedad antes de realizar su investigación, lo que Hoffman veía como "pésima ciencia".[205]  Él, por el contrario, encontraría una diversidad tan grande de personalidades y de tipos que lo haría desechar cualquier modelo de personalidad homosexual. Pero Hoffman iría más allá de una simple objeción al concepto de la enfermedad.  Anticipando muchas de las críticas de las corrientes feministas y radicales, el autor omite la naturalidad  y condición óptima de la heterosexualidad.  Para él, la diferencia básica entre la heterosexualidad y la homosexualidad es que la primera es la que la sociedad promueve.  Existe toda una cultura orientada a presentarnos la heterosexualidad como única opción: "los hombres  buscan a las mujeres como objeto sexual porque no se les da ningún otro modelo alternativo.  A nadie se le presenta la alternativa homosexual".

Si la concepción de la homosexualidad, continúa él, aparece en el consciente del individuo, la idea es reprimida de inmediato.  La cultura da el mensaje de que si existe atracción homoerótica, el hombre no es uno de verdad.  La autoestima del niño se vería afectada si éste contemplara la posibilidad de tener relaciones íntimas con un hombre.  Eso es prohibido.  De ahí que muchos hombres que odian el homosexualismo tengan el problema de que su rechazo emocional provenga de la represión de su propia homosexualidad: esto es lo que se conoce como cólera desplazada.

La sociedad impone restricciones a los deseos sexuales hacia el padre o la madre.  También condena la homosexualidad -dice Hoffman- por lo que la única avenida abierta para el niño es la de otras mujeres fuera de la familia.  Sin embargo, las normas sociales no se transmiten de igual manera en todos los lugares.  De ahí que la represión de la homosexualidad falle en algunos casos.  El hecho de que la homosexualidad dure a veces tanto en revelarse para el individuo se debe a que debe ser reprimida en el consciente desde la niñez y a que la sociedad no brinda como opción esta forma de vida.  Esto el autor lo llama "conspiración del silencio", que se impone para proteger las normas establecidas (i.e. el heterosexualismo).[206]

Hoffman considera que la vida homosexual es más promiscua por dos razones sociales.  La primera es que se trata de hombres relacionándose entre sí como tales y esto hace que la sexualidad sea más agresiva, objetal y distanciada.  Pero esto no es problema de orientación sexual, sino de género.  Citando un pasaje de Kinsey, Hoffman  así lo señala:

Entre todos los pueblos del mundo, es aceptado que el hombre desee más relaciones sexuales con diversas personas que la mujer.  Se ha señalado que la mujer tiene una capacidad mayor de sostener una relación de fidelidad con una sola persona...[207]


Prueba de ésto, nos dice el autor, es que "los psiquiatras que han trabajado con homosexuales femeninos tienen un consenso de que estas mujeres desarrollan relaciones duraderas e íntimas con más facilidad que los hombres".[208]  Otro factor probable es que exista un grado mayor de disturbios emocionales entre la población homosexual, en vista de los problemas para relacionarse con otras personas.  Pero esto en sí se debe a la represión social que impide, con todos sus medios, la posibilidad de que dos hombres mantengan una relación íntima.

Estas consideraciones nos llevan a lo que considero es quizás el factor más importante relacionado con el problema de intimidad entre hombres homosexuales, o sea la prohibición social en contra de esta intimidad, i.e. la prohibición social contra la homosexualidad.   Para decirlo de manera simple,  la razón para que los hombres con inclinaciones homosexuales no puedan formar relaciones estables con otros hombres es que la sociedad no desea que lo hagan.[209]

El debate sobre el homosexualismo no había terminado aún para los inicios de la década de 1970, ni existe esperanza de que se resuelva en un futuro cercano.  Sin embargo, el consenso para esa fecha se había roto.  La tesis de la psicopatología de la homosexualidad había sido fuertemente cuestionada dentro y fuera de la disciplina de la psiquiatría y los disconformes con la política del órgano representativo de la profesión -La Asociación de Psiquiatría Norteamericana y su Manual Estadístico y de Diagnóstico (DSM)- se convertían en una opción vociferante y radical.  A partir de 1969, el movimiento gay se encargó de protestar, boicotear y sabotear todas las reuniones de la Asociación.  Su demanda era contundente: sacar a la homosexualidad del DSM como enfermedad mental.  A la Asociación se le acusaba de que si continuaba con este diagnóstico, los homosexuales seguirían siendo perseguidos, acosados, despedidos, torturados y hasta asesinados con la complacencia y con la colaboración de la psiquiatría.

Después de varios años de negociaciones entre el Comité de Nomenclatura de la Asociación, los psiquiatras conservadores y los rebeldes, y el movimiento gay organizado, en 1973, en su convención en Honolulú, la Asociación -en un paso histórico sin precedentes- optó por excluir la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales.  En su lugar, la Asociación incluyó el "disturbio de la orientación sexual" que debía diagnosticarse cuando los individuos estuvieran "molestos o en conflicto o quisieran cambiar su orientación sexual".  La homosexualidad no constituye una enfermedad para quienes se sientan contentos con ella; para los que no, continuaba la opción de tratamiento.


Como consecuencia de la actitud oficial de la Asociación, de no considerar patológica la homosexualidad, se creó una asociación de psiquiatras gays dentro de ésta, que tiene actualmente 150 miembros.  Pero las repercusiones de esta decisión trascendieron las fronteras de la psiquiatría.  La profesión había sustituido desde el siglo pasado a la Iglesia como normadora de la sexualidad occidental y el grupo más grande y poderoso de psiquiatras del mundo renunciaba al papel condenatorio de la homosexualidad.  No quedaba ahora en pie ninguna disciplina que pudiese sustituir a la psiquiatría  en este campo y las "bases científicas" para la represión y la discriminación se tambalearon en las sociedades modernas.  De sus restos saldrían, en forma gradual, las semillas de los movimientos de liberación en lugares como Costa Rica.  También surgirían  los movimientos fundamentalistas de derecha que tratarían, una vez más, de reconquistar el poder para la Iglesia y condenar a los disconformes, en vista de la abdicación de la psiquiatría.

Varios trabajos posteriores sobre homosexualismo intentaron retomar las teorías biológicas para explicar el fenómeno y postular tesis constitutivas acerca de la homosexualidad. Otros estudios cuestionaron aún más las tesis freudianas y las de la psicopatología. Es importante realizar un breve análisis de las contribuciones de estos nuevos trabajos al tema en discusión.

JOHN MONEY Y LOS SOCIOBIÓLOGOS

Para John Money, del Hospital John Hopkins y autor del libro Man and Woman, Boy and Girl, el debate acerca de la constitucionalidad o no de la homosexualidad está acabado.[210] El propone una tesis más compleja de la interacción entre la biología y la cultura para explicar el fenómeno de la orientación sexual. Su tesis es que el proceso de formación de género y de orientación sexual se establece muy temprano, a los 18 meses de edad y que en él intervienen factores hormonales (lo biológico) y el proceso de socialización (lo cultural). Pero una vez que el género y la orientación sexual se establecen, durante estos 18 meses, es imposible modificarlos.

Money retoma la teoría de Hirschfeld acerca de la importancia de las hormonas en la etiología homosexual. Pero a diferencia del psiquiatra alemán, él es más astuto y no concluye que éste sea el único factor, ni siquiera el más importante. Money cree que las hormonas “predisponen” a la criatura hacia una homosexualidad o heterosexualidad, pero que será el proceso de socialización el que lo determine.

Money considera que no todas las hormonas son igual de significativas. El feto no se ha diferenciado sexualmente hasta la sexta semana. La feminización biológica ocurre en este momento precisamente por la ausencia de los andrógenos. Cuando estas hormonas entran en acción, se inicia la diferenciación de los órganos genitales y de ciertas conductas masculinas. Por eso es que si existe ausencia o falta de andrógeno en el período prenatal, o en otros estados críticos del desarrollo, se forma un cerebro “organizado” para producir una conducta y respuestas femeninas. Según él, existen “senderos de neuronas” en el hipotálamo que explican la orientación sexual y la conducta sexual. [211] Las hormonas, o la falta de ellas, afectan estos senderos que, asociados luego con problemas de la socialización, determinan la homosexualidad y el transexualismo. Su tesis es que las hormonas “predisponen” y la “socialización” determina la dirección: la orientación sexual y el género son como el lenguaje, las personas están neurológicamente capacitadas para aprenderlo pero es la sociedad la que lo enseña.[212]

Otro de los pioneros en la actual ola de investigaciones biológicas es Günter Dörner, director del Instituto de Endocrinología Experimental de la Universidad de Berlín. En su artículo publicado en la revista Omni en 1989, titulado “Destinos Sexuales”, Dörner nos dice que llegó a la hipótesis de que los homosexuales debían tener cerebros “femeninos” cuando vio a un grupo de ballet en Viena[213]. Según él, algunos de los hombres eran tan afeminados que hacían unos movimientos imposibles de hacer por los hombres heterosexuales. Döner asumió que los bailarines tenían que ser homosexuales porque él “sabía” que la mayoría lo eran. Según este acucioso observador, su amaneramiento era debido a la influencia, durante el embarazo,  de desbalances hormonales. En otras palabras, la falta de la hormona andrógeno (a la que el llamó “la masculina”) y abundancia del estrógeno (la hormona “femenina”) - o a la inversa en las mujeres- era responsable que el hipotálamo de unos y otros fuese diferente. Para Döner, el hipotálamo de los homosexuales debía ser del mismo tamaño que el de las mujeres, o sea más grande que el de los hombres heterosexuales. Para probar su hipótesis, estudió la reacción de hombres heterosexuales, homosexuales y mujeres a una inyección de estrógenos. En vista de que encontró reacciones distintas entre los hombres heterosexuales y las mujeres y los homosexuales, concluyó que el hipotálamo debía ser, consecuentemente, distinto.

Algo distinto encontraría el profesor D.F.Swaab, investigador de la Universidad de Amsterdam.[214] En la revista Science, publicó un artículo en que arguía que una región particular del hipotálamo, conocida como la región supraquiasmática era “sexualmente disfórmica”. En otras palabras, variaba de tamaño en hombres y mujeres y tenía más células en las mujeres. Lo mismo encontró en hombres homosexuales: esta región era más grande y tenía más células.

En 1991, la misma revista Science publicaría un reporte sobre el hipotálamo de otro científico, por cierto también gay, Simon LeVay.[215] Él encontró otro núcleo del hipotálamo (el INAH 3) que tenía más tamaño ahora en los hombres heterosexuales que en las mujeres o los homosexuales. LeVay, por el contrario, no encontraría nada similar a Swaab. Según él, fuera de este núcleo INAH 3, los hipotálamos de hombres y mujeres, homosexuales u heterosexuales, eran similares.

Laura Allen, profesora de anatomía de la Universidad de California en Los Angeles,  en 1992, descubriría otra área del cerebro que difería en tamaño entre hombres y mujeres.[216] Esta se llama la Comisura Anterior, un grupo de fibras adjuntas al hipotálamo que conecta a los lóbulos temporales. En una entrevista a la revista The Advocate (revista de la comunidad gay norteamericana), Allen dijo que su estudio sugiere que “el cerebro entero está organizado de forma diferente en los hombres gays en esta región y no solo en la que afecta la conducta sexual”. La implicación era que los gays son físicamente y conductualmente como las mujeres.

En esa misma línea se encuentran las teorías de la sociobiología asociadas con los trabajos de E.O.Wilson. En su libro Sociobiology: The New Synthesis, el autor infiere patrones de conducta culturales con base en las leyes de la genética y la sobrevivencia del más fuerte.[217] La primera de las teorías “genéticas” acerca de las causas de la homosexualidad habían sido  propuestas por G. E. Hutchinson en 1959, pero éstas tomarían vuelo con Wilson.[218] Hutchinson había propuesto la tesis de que la homosexualidad podía ser causada por un gene, que se transmitía en vista del fenómeno conocido como “Adaptación Heterozigota Superior Balanceada”. Esto quiere decir que existe una mayor capacidad de sobrevivencia ante ciertas enfermedades para la personas heterozigotas (genes diferentes en el mismo alelo) en los pares alelos que determinan supuestamente la identidad sexual. En vista de ello, el gene “homosexual” continúa transmitiéndose porque su combinación con el gene heterosexual produce una persona más resistente, pero el “precio” por pagar por esta superioridad heterozigota es que un pequeño porcentaje de individuos recibirán dos genes “homosexuales”, lo que determinará su orientación sexual.

En 1993, la revista Science publicó un artículo que dice haber descubierto las marcas genéticas en la punta del cromozoma X que “influye” en la orientación sexual homosexual en los hombres.[219]  La investigación aparecería como libro en 1994 y causaría furor en los medios de comunicación.  Según los autores, Hamer y Copeland, habían descubierto una marca genética en el cromosoma X, conocida como la Xq28, que se encontraba en forma significativa en parejas de hermanos gays (no se estudió en lesbianas). Con base en un estudio en 114 familias de homosexuales los investigadores encontraron diferencias significativas en el número de parientes maternos que eran homosexuales y en la marca genética mencionada. La correlación entre la marca genética y la homosexualidad en gemelos gays fue de 64%, muchísimo mayor de lo que se esperaría en una distribución al azar. Una marca genética es una especie de bloque de genes cercanos  que tienden a ser heredados en conjunto. En ésta existen hasta 200 genes distintos, por lo que los autores no pudieron determinar cuál de ellos sería el responsable de la homosexualidad de sus participantes. Sin embargo, al encontrarse en la punta del cromosoma X que es uno de los dos que determina la sexualidad y que solo la madre lo aporta, la herencia de la homosexualidad masculina sería materna.

Problemas

No se ha establecido aún ninguna relación entre el hipotálamo o los genes y la orientación sexual. Los estudios que se han hecho en ratas no pueden aplicarse a la conducta humana, mucho más compleja y moldeable al aprendizaje. Los investigadores proyectan sus prejuicios sociales a las ratas, interpretando conductas “homosexuales” en ellas.

Las muestras elegidas son demasiado pequeñas para ser representativas y ninguna se ha podido replicar. En algunos casos, como en los trabajos de Swaab y LeVay, se supuso que los cadáveres eran de personas homosexuales porque así lo decía la hoja médica y cuando no lo hacía, se asumía que eran heterosexuales. Este procedimiento es inadmisible en una investigación científica.

Los trabajos parten de la falsa premisa de que el mundo está dividido entre heterosexuales y homosexuales. No han incorporado la enorme cantidad de información que nos dice que los individuos forman un continuo en sus prácticas y orientaciones sexuales. No nos explican cuál es el tamaño del hipotálamo de bisexuales y de millones que tienen prácticas ocasionales con el mismo sexo.

No toman en cuenta que existen culturas en que la homosexualidad es una práctica asociada con su religión o con ritos de iniciación. Tampoco que existieron culturas como la griega en que la práctica era generalizada. ¿Cuál sería el tamaño del hipotálamo de los aguerridos hombres griegos?

Confunden la orientación sexual con género y ambas son estructuras distintas. Ser afeminado en el siglo XVII en Francia, por ejemplo, significaba ser un libertino sexual con las mujeres. En nuestro tiempo, el amaneramiento se asocia con la homosexualidad. Sin embargo, existen millones de hombres afeminados y mujeres masculinas que no son homosexuales y otros tantos de homosexuales que no son afeminados. ¿No sería una enorme coincidencia y sumamente sospechoso que los “senderos” neurológicos femeninos y masculinos en el cerebro, o que el tamaño de regiones de éste, se parezcan tanto a los estereotipos culturales de la feminidad y masculinidad? Si estos últimos cambian en el espacio y en el tiempo, ¿que pasaría con los cerebros?

Money, Wilson, Swaab, LeVay, Hamer y Copeland y los que continúan con los trabajos biológicos para descubrir la etiología de la homosexualidad resultan más sofisticados e “ilustrados” que aquellos que interpretan la homosexualidad como una psicopatología, producto de traumas familiares. Ellos defienden los derechos homosexuales porque consideran que es injusto condenar a seres cuya orientación sexual es un producto de hormonas prenatales o de genes heredados. También adversan cualquier intento de modificar con terapia una condición que es “innata” al individuo. Su posición representa una vuelta en círculo a las teorías de Hirshfeld y sus asociados: no se puede castigar a un homosexual porque la homosexualidad se hereda y no se aprende.


Sin embargo, existe un gran peligro con este regreso a la biología. En primer lugar, los sociobiólogos asumen que la homosexualidad es biológica y genéticamente inferior. El que sea producida por invasiones virales, enfermedades, desbalances hormonales, genes defectivos y otros significa que es una falla de la Naturaleza. En segundo lugar, cada vez que se “encuentra” una nueva causa de la homosexualidad surge una industria médica para prevenirla o “curarla”. La línea entre investigación y tortura, como hemos visto, es muy tenue.

BELL, WEINBERG y HAMMERSMITH

Allan Bell, Martín S. Weinberg y Sue Kiefer Hammersmith realizaron un estudio que cuestionará las raíces mismas de la teoría freudiana y posfreudiana con respecto a la homosexualidad. Los resultados de sus encuestas, publicadas en 1981 en su libro, Sexual Preference: Its Development in Men and Women (Preferencia sexual: su desarrollo en hombres y mujeres), son sorprendentes y destruyen más de un mito. [220]

Los autores decidieron hacer un estudio de los patrones familiares de hombres y de mujeres homosexuales pero que incluyera una muestra lo más representativa posible. Para ello entrevistaron a 979 homosexuales y a 477 heterosexuales (grupo de control). Se excluyó del grupo homosexual a aquellos que asistían a terapia y se tomaron en cuenta una serie de variables étnicas, sociales y religiosas con el fin de lograr una muestra amplia y diversa.

Para evitar que los resultados se viciaran por la interpretación de terceros acerca de las relaciones familiares, los investigadores le solicitaron a los entrevistados que ellos mismos evaluaran estas relaciones. Si las diferencias de los patrones familiares de los homosexuales, razonaron los investigadores, eran tan grandes “sería difícil de creer que estas diferencias no se reflejaran, por lo menos en alguna forma, en lo que los entrevistados informan acerca de la conducta propia y las conductas, actitudes y sentimientos de los otros en el curso de su desarrollo”. Para evitar una mezcla de personas homosexuales y bisexuales, se eligió la de un grupo de heterosexuales y homosexuales exclusivos (los homosexuales eran aquellos que obtenían un porcentaje de 5 a 6, y los heterosexuales de 0 a 2 en la Escala Kinsey).


Las preguntas del cuestionario, unas 200, se agruparon en 15 variables independientes: características de los padres, relaciones entre los padres, relación padre-hijo, identificación con el progenitor, relación entre hermanos, identificación con los hermanos, conformidad con el género, eventos escolares y eventos en la secundaria. Todas estas variables independientes y la variable dependiente (la que se desea aplicar, o sea preferencia sexual), se estudiaron en un “análisis de trayectoria” (Path analysis) para averiguar el peso, importancia y valor de cada relación (influencia) en la variable dependiente. Para poder hacer este tipo de predicción era necesario que las variables independientes se dividieran en secuencias y en orden cronológico, o sea, que se indicara el período en que supuestamente ejercían su influencia.

Los autores procedieron, así, a analizar cada variable independiente. Contrario a todas las expectativas, la relación madre-hijo no evidenció tener un impacto significativo en que un individuo se haga o no homosexual. Los homosexuales y heterosexuales no variaron de manera significativa en el tipo de relación particularmente estrecha con ella, ni tampoco mostraron haber sido criados por madres seductoras, sobreprotectoras, controladoras, hostiles o distantes. La “cercanía con la madre” como variable para predecir la homosexualidad se encontró que era la más débil de las quince estudiadas. Los investigadores concluyeron en este aspecto, que “contrario a los desarrollos teóricos, una relación estrecha entre madre e hijo en general no parece importante para explicar el desarrollo de la homosexualidad entre los hombres de este estudio... De ahí que una relación estrecha, positiva o negativa, entre madre e hijo no puede ser considerada como importante en el desarrollo de la homosexualidad de nuestros entrevistados masculinos”.[221]

Tampoco encontrarían evidencia de que los homosexuales se identificaran más con sus madres, que éstas fuesen de carácter más fuerte que los padres; que la madre tomara las decisiones en la casa o que dominara a su esposo. Además, los autores hallaron que “contrario a la idea del psicoanálisis, el análisis de trayectoria indica que tener una madre fuerte no implica que exista una menor identificación del hijo con el padre”.  Tampoco se encontró diferencia entre los heterosexuales y los homosexuales con respecto al grado de su deseo de parecerse a la madre cuando grandes.

Los investigadores encontraron mayores diferencias entre los grupos con respecto a la relación padre-hijo. Los niños protohomosexuales tenían relaciones más negativas con sus padres, menos identificación y mayores problemas con él. Sin embargo, la variable no resultó del todo importante: “Nuestros datos sugieren que la calidad de la relación padre-hijo (como la de madre-hijo) no es un buen indicador de la posterior identificación sexual... por lo que no representa la importancia que la teoría le ha adjudicado”.[222] El impacto de esta variable en la preferencia sexual es muy bajo, aunque sí afecta otras variables independientes, como la de disconformidad con el género, que es la más importante para predecir la homosexualidad. Los datos confirman que los homosexuales se identificaron menos con sus padres, pero también que muchos heterosexuales no lo hacen y que la identificación con el padre “es débil en su conexión con la homosexualidad adulta”.

Si las relaciones de los progenitores entre sí y con sus hijos y la identificación de ellos con los progenitores no son importantes para explicar la preferencia sexual, y tampoco lo sería la relación con los hermanos, ¿cuál sería la variable más importante como indicadora de una preferencia homosexual? De acuerdo con los datos, sería la variable “disconformidad infantil con el género”. Para estos investigadores el término significa una suma de tres variables: a) desagrado con las actividades típicas de su sexo; b) disfrute de las actividades típicas del otro sexo; y c) cuán “masculinos” y “femeninos” creyeron los entrevistados que eran. Esta variable “deviene como un indicador fuerte de la preferencia sexual masculina y aparece como influyente en las otras variables sexuales”. La “disconformidad” significa que el niño o la niña se rehúsa a realizar las actividades típicas de su sexo con exclusión de las del sexo contrario.[223]

En vista de que la “disconformidad infantil con el género” aparece como la variable más importante, y la evidencia de que las relaciones interpersonales en la familia la afecten es escasa, los autores concluyen que debe haber algo constitutivo o biológico que hace que ciertos niños sientan esta disconformidad y  tiendan luego hacerse homosexuales. Bell y sus compañeros concluyen en su libro “que los niños y las niñas que no conforman las nociones estereotipadas de lo que es ser un hombre o una mujer tienen más probabilidades de hacerse homosexuales”. Si los niños protohomosexuales se crían en hogares similares a los heterosexuales, con padres similares y con relaciones similares, los autores intuyen que algo biológico debe explicar que los primeros objeten los roles sexuales y terminen luego como homosexuales: “Nuestros hallazgos no son inconsistentes con lo que uno esperaría encontrar si existiese una base biológica para la preferencia sexual” y si existe -continúan ellos- una base biológica para la homosexualidad, también probablemente explica tanto la disconformidad con el género como la orientación sexual”.[224] Los autores, así, vuelven a los factores constitutivos como explicación de la homosexualidad.

Sin embargo, las conclusiones de los autores desmerecen la riqueza de la información que recabaron. La premisa que Bell y su grupo comparten es que para que exista una “disconformidad infantil con el género” es necesario que las relaciones interpersonales familiares sean negativas. Para objetar, por ejemplo, las actividades masculinas, el niño supuestamente -según su análisis- debería tener una relación distante con su padre. Como esto no lo encuentran en su estudio, los autores concluyen que la disconformidad con el género debe ser hereditaria o biológica. ¿Pero acaso no es posible que un niño rechace la mutilación de la personalidad que significa un rol sexual sin que medie una experiencia negativa con el padre? ¿No existen padres que inconscientemente o conscientemente desean que los niños sean libres y que si desean jugar con muñecas, lo hagan, sin que esto signifique que no sean cariñosos, cercanos e involucrados en su desarrollo? ¿Tiene una madre que ser dominante, castradora, manipuladora, agresiva, infeliz o seductora para enviar un mensaje a alguno de sus hijos de que los roles estereotipados y la relación heterosexual clásica no son saludables? Esta es la idea de los autores, aunque no necesariamente lo que se desprende de la información.

El debate acerca de la constitucionalidad o no de la homosexualidad no terminó con este estudio, aunque los autores suponen que han dado un paso importante en este camino. Sin embargo, el trabajo destruye muchos de los mitos de la escuela adaptadora del psicoanálisis y las teorías de supuestas relaciones deterioradas en los hogares de los homosexuales. También apunta hacia el problema básico del significado de la homosexualidad en nuestra cultura occidental: la disconformidad con el género y con la heterosexualidad como institución compulsiva. Pero, a pesar de la interpretación de los autores, los datos no destruyen la posibilidad de que esta disconformidad sea aprendida. El papel de los mensajes rebeldes, inconscientes o no, de los progenitores acerca de los roles sexuales y de la heterosexualidad no fue investigado por ellos. Con respecto a este aprendizaje, no se ha dicho aún la última palabra.

DE CECCO

John P. De Cecco, investigador y profesor del Center for Research and Education in Sexuality (CERES) de la Universidad de San Francisco State, contribuye a la discusión de la homosexualidad con su cuestionamiento acerca de la viabilidad del término. De Cecco advierte que ha existido una gran confusión en el discurso psiquiátrico acerca del fenómeno.[225]

Ulrichs opinaba que los homosexuales eran un tercer sexo, una subespecie humana; no concebía que pudiese existir un homosexual verdaderamente masculino. Hirschfeld también creyó que los homosexuales eran una especie relativamente rara y que representaban un 4% de la población.

Pero los descubrimientos de Kinsey cambiarían esta percepción. Este zoólogo norteamericano encontró evidencia empírica para la tesis freudiana de que existe una constitución bisexual en todos nosotros. Si se suma al porcentaje de personas que admitieron haber tenido relaciones adultas homosexuales, otro tanto reveló haber sentido atracción hacia el mismo sexo, tendríamos que el 46% de los hombres en una sociedad como la de los Estados Unidos tiene deseos conscientes homosexuales. De ahí que el mismo Kinsey concluyera que existe una potencialidad homosexual en todo individuo.

A pesar de los descubrimientos de Kinsey, los investigadores posteriores han estado renuentes a utilizar sus escalas “graduales” de homosexualidad y de heterosexualidad. Tanto los psiquiatras neofreudianos, como sus oponentes, i.e. los sociobiólogos, los que se adhieren a tesis constitutivas y otros, continúan dividiendo a la población entre homosexuales y heterosexuales, como si cada grupo constituyera una especie aparte. Esto se presta a una gran confusión porque los “grupos en estudio” están compuestos siempre de individuos bisexuales o de la orientación contraria.

Por esta razón, De Cecco sostiene que es necesario “operacionalizar” el término “orientación sexual” ya que “los mismos filósofos de la ciencia nos advierten de no crear teorías etiológicas acerca de fenómenos que no han sido bien operacionalizados”.  Para él, la orientación sexual no debe limitarse solo a la actividad física -la actividad sexual genital y corporal- sino que debe incluir las fantasías eróticas, i.e. las imágenes mentales del individuo con una o más personas involucradas en actividad física o en relaciones afectivas idealizadas, y el afecto interpersonal, o sea las asociaciones que involucran varios grados de amor y de confianza con compañeros de trabajo, amigos, amantes o socios maritales. Estas relaciones no necesariamente incluyen o excluyen el contacto físico.

La clasificación de una persona en su orientación sexual dependería, entonces, de tres escalas del continuo que incluirían lo físico, lo emocional y lo imaginario.  De esta manera, los individuos que sienten deseos eróticos por el sexo contrario, pero que se limitan al contacto físico con seres de su mismo sexo, se clasificarán como homosexuales en la escala física, pero no así en la escala de la imaginación. Esto sería también el caso de las personas que desarrollan las relaciones emocionales más importantes con seres del sexo opuesto, pero las físicas y las eróticas con las de su mismo sexo. Su clasificación variaría en cada escala y la “orientación” final sería la suma de estas variaciones.

Con este modelo se resolverían las contradicciones que los otros modelos presentaban. En el caso de los homosexuales se podría tomar en cuenta que, como se reveló en el estudio de Master y Johnson, el 44% de ellos admitieron sentir atracción sexual por el sexo opuesto y que un 70% había sostenido relaciones sexuales con mujeres[226]. Con respecto a los heterosexuales, el modelo tomaría así en cuenta que casi la mitad de ellos siente atracción por su mismo sexo, que un 40% o más tiene contacto físico homosexual y que la mitad sueña eróticamente de manera homosexual.

Este nuevo modelo trasciende las actuales divisiones de la sexualidad humana. Como lo señalaba Foucault, éstas han sido arbitrarias y las etiquetas constituyen una antojadiza división del deseo.[227] Las categorías fueron impuestas en el siglo XIX con la “medicalización” de la sexualidad por los profesionales de una emergente disciplina, la psiquiatría, que un siglo después tendría que reelaborarlas, luego de un cruento debate y del sufrimiento de los millones de seres que buscaron una ayuda para un problema que ella misma creó.

CONCLUSIONES

En estos tres últimos capítulos hemos realizado un viaje panorámico por el discurso de la psiquiatría sobre la homosexualidad, desde la creación médica de la personalidad homoerótica. Iniciada por Ulrichs, hasta el trabajo de De Cecco que reformula la división de los individuos en categorías tan polarizadas. Este discurso ha sido, evidentemente, el más importante para influir tanto en la actitud social hacia el homosexual como en su concientización de sí mismo como una minoría aparte y discriminada.


Un discurso arbitrario que se basa en conjeturas, suposiciones y hasta proyecciones y que, a la vez, utiliza el método científico como referencia, tiene que caer por su propio peso cuando se confronta con una realidad diferente de la que describe. Sin embargo, en este caso, el discurso estuvo en vigencia más tiempo de lo que su consistencia interna permitía porque la psiquiatría tuvo una misión más allá de sus confines. La disciplina se convirtió, en el siglo XX, en la nueva institución vigilante de la sexualidad en Occidente. La sociedad industrializada y patriarcal esperaba de ella una regulación de esta dimensión y una legitimación para mantener en raya a los disconformes. No es de extrañar que los homosexuales y las mujeres, entre otras personas, fueran tratadas como seres inferiores por las tesis psiquiátricas, con el fin de racionalizar y continuar con la opresión. De ahí la resistencia de esta profesión a variar sus teorías por tanto tiempo y, cuando lo hizo, fue a raíz de la intervención de investigadores de otras disciplinas.

La supresión, rechazo y reinterpretación de las teorías freudianas más radicales sobre la sexualidad humana fue parte de este proceso de negar la realidad y la evidencia para hacer de la psiquiatría una disciplina “respetable” y “aceptable” para los valores de una sociedad capitalista, sexista y homofóbica. Sin embargo, cuando la información se tornó demasiado contundente para ser rechazada, la disciplina demostró su entereza al retractarse, en 1973, de su política homofóbica y renunciar a la tesis de la psicopatología del homosexualismo. El paso que dió la más importante asociación de psiquiatras del mundo marcó un hito histórico tanto para los psiquiatras como para los homosexuales. La decisión de eliminar la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales, puso a la disciplina a la vanguardia de la reforma sexual. Los homosexuales, por su parte, interpretaron correctamente esta decisión como una reafirmación de su cultura.

La grietas y el desplome del consenso en el discurso psiquiátrico tendría repercusiones en el desarrollo de la conciencia gay. Por una parte, surgiría una nueva generación de profesionales de la psiquiatría y la psicología dispuestos a dar un apoyo a sus clientes homosexuales. En el caso de Costa Rica, aunque el grupo sería de proporciones modestas, su impacto no sería del todo menor.  Varios de los líderes principales obtuvieron, en estos consultorios, el soporte emocional para dar los primeros pasos en la política homosexual. Por otra parte, varios de lo profesionales de la salud mental estarían dispuestos a presentar un frente común con los homosexuales en el caso de las violaciones evidentes de los derechos humanos.


INVESTIGACIONES

REALIZADAS


5

                                                 HOMOFOBIA INTERIORIZADA

Uno de los factores que puede ejercer un impacto más negativo en la vida del gay es la interiorización que hacen ellos mismos de los prejuicios sociales que los adversan. De 105 gays participantes en cursos de concientización, se obtuvo la información que se presenta. Estos cursos empezaron en 1987, en la Universidad Nacional, y luego se impartieron en el Centro Penitenciario La Reforma y en la Asociación Demográfica Costarricense, hasta 1992. Los cursos tenían una duración de 15 semanas y los participantes se reunían durante tres horas semanales. En la dinámina de grupo, los cursos se asemejan muchos a los de concientización feminista. Los coordinadores trabajan con la premisa de que los gays, igual que las mujeres, han introducido mucho el odio que la cultura elabora contra ellos. Es un propósito del curso ayudar a los participantes a darles pautas para trabajar más efectivamente con la homofobia.

DEFINICIÓN

La homofobia es el odio hacia la homosexualidad. En casi todas las sociedades occidentales se fomenta el desprecio a esta orientación sexual. La cultura lo alimenta todos los días y nadie se libra de él. La imagen que se presenta del homosexual es negativa y estereotipada. Solo en algunos países en donde los gays han logrado organizarse y existen tradiciones mayores de tolerancia, esa visión es menos virulenta. En Costa Rica, la tradición católica -que no se caracteriza por la tolerancia- y la influencia del machismo español, que a su vez se deriva del islámico, han dado origen a una actitud  muy opuesta a todo aquello que se asocie con los homosexuales. Los medios de comunicación se han encargado de distorsionar la imagen aún más al relacionar la homosexualidad con el crimen y las drogas. Cuando se informa de cualquier delito cometido por un homosexual, se destaca la identidad sexual, cuando lo hace un heterosexual, se ignora. Este es el doble estándar con el que se trata a los gays.

El gay crece también en esta sociedad homofóbica, y como su identidad no se hace evidente, en la mayoría de los casos, hasta la adolescencia, ellos aprenden desde muy temprana edad los estereotipos y el odio que la sociedad fabrica del homosexual. Este proceso sucedería aún si el mismo gay supiera, desde sus primeros años, que lo es. De ahí el concepto de homofobia interiorizada.

Para el gay, aceptar que la homofobia ha calado su personalidad y lo ha dañado emocionalmente no es tarea fácil. Parte de la razón es que, como ya se analizó, la psiquiatría occidental, en un afán de categorizar la homosexualidad como patológica, ha tratado hasta épocas recientes, de probar que los homosexuales, por el hecho de serlo, son enfermos mentales.

Si se analiza la represión y la discriminación que sufre el  homosexual en esta sociedad, más bien se puede destacar lo contrario: resulta sorprendente que sean relativamente pocos los que necesiten apoyo terapéutico. Es además, importante recordar que todos los estudios serios que han tratado de encontrar alguna diferencia entre la salud mental de los individuos heterosexuales y la de los homosexuales,  han fallado en su cometido. Desde los trabajos de Evelyn Hooker (1957), en los Estados Unidos, hasta las investigaciones más recientes, los homosexuales muestran patrones similares de bienestar mental que los heterosexuales.

 

A pesar del estado de la cuestión en la psicología moderna, el gay debe enfrentarse día a día con el mito de que su orientación es patológica. En nuestro país, pocos psicólogos o psiquiatras han tenido aún la entereza de refutar esta tesis infundada. Otros científicos sociales, como los antropólogos o los sociólogos, han rehusado tratar el tema. Pocas  organizaciones que luchan  en pro de los derechos humanos en Costa Rica, han incluido en su agenda la solidaridad con los gays. Mucho menos, obviamente, lo han hecho las distintas iglesias cristianas que pululan por doquier.

Por estas razones, la persona gay más bien debe utilizar un gran caudal de energía para probar a los demás y probarse a sí mismo que es normal. Aunque no hay nada intrínsecamente malo en la homosexualidad, la lucha por la aprobación es tan exigente, que hace que se pierda de vista el impacto que en el gay tiene la discriminación social.

Esta discriminación es una mancha en la tradición democrática costarricense y una muestra de la poca condescendencia que existe hacia las personas con una orientación sexual diferente. Cualquier análisis de la homofobia interiorizada del gay debe hacerse bajo esta perspectiva. Su etiología debe buscarse no en la homosexualidad per se, sino en la intolerancia de la sociedad.

Tampoco puede asumirse que la orientación heterosexual esté libre de patologías. Más bien existe bastante evidencia de lo contrario. La violencia doméstica, el abuso sexual, la asimetría en el poder y la explotación económica, son algunos de los vicios de la pareja heterosexual costarricense. Prueba de esto es la cantidad de violaciones, incestos, agresiones, adulterios, divorcios, crímenes pasionales, maltratos, abandonos  e infidelidades que se presentan como pan de todos los días. Sin embargo, el machismo, que es en sí patológico, es tolerado y aceptado por aquellos mismos que rechazan la homosexualidad.

Aunque puedan existir dudas acerca de la calidad de vida que cada orientación sexual brinda a la persona, el análisis de la homofobia interiorizada de los gays se hace necesario por varias razones. Una es que generalmente no se reconoce el daño psicológico que ésta  les inflinge. Muchas personas que persiguen a los homosexuales no toman en cuenta que hasta las exigencias aparentemente más inocuas les causan a éstos un grave transtorno.

El hecho de que la sociedad costarricense opte por ignorar el tema, y rehuse discutir científicamente sobre la homosexualidad es un acto de violencia porque permite que las tesis erradas se mantengan incólumes. Esta es la política de los medios de comunicación: en aras de no hablar de ésto, han optado por esconder la verdad.  Esta turbia lógica se sostiene sobre la falsa premisa de que si se habla del tabú más individuos se harían homosexuales, como si la orientación sexual fuera algo que se puede vender con publicidad.


Lo que ésto logra es fomentar la intolerancia en la mayoría de la población y el sentimiento de desvalorización en la minoría gay. El silencio es una forma de agredir porque intimida a los disidentes y permite que todas las mentiras sobre la homosexualidad se mantengan como verdades.

Otra razón que hace necesario hablar de la homofobia es porque los gays mismos se encuentran paralizados por ella. Esta inacción de los gays, después de todo, es lo que busca la ley del silencio, pero no debería ser el patrón a emular.  La homofobia interiorizada es una camisa de fuerza que hace que la opresión continúe; en otras palabras, es la manera en que, desde el fondo del subconsciente, se censura cualquier acción que ayude a romper con los mitos que se han tejido sobre los homosexuales. Esta labor de custodia interna requiere de una gran energía psíquica y provoca sufrimientos innecesarios.

Uno de los mitos que el silencio ayuda a propagar es que la homosexualidad es practicada por una minoría ínfima de la población. Si la gente gay no estuviera tan escondida, se haría evidente que un sector importante de Costa Rica es predominantemente homosexual, fenómeno que es igual en todas las sociedades en que se han realizado estudios serios sobre el tema.

En Estados Unidos, se calcula que la población gay es desde 6 a  20 millones de personas. Las encuestas realizadas por Kinsey[228] en ese país y otras realizadas después, sugieren que, aproximadamente el 10% de la población es eminentemente homosexual y que el porcentaje es aún mayor si se toman en cuenta aquellos que no son exclusivamente homosexuales. Estudios posteriores han especulado que el porcentaje es mucho menor.[229]

En la Primera Encuesta Nacional sobre SIDA realizada en Costa Rica[230], se encontró que el 16% de los hombres y el 10% de las mujeres tienen familiares, amigos, o conocidos que son gay. Esto podría indicar, en vista de que la población homosexual vive escondida, que el número debe ser importante. Muchos costarricenses conocen a homosexuales,  pero en vista de la opresión, la mayoría, al ocultarlo, pasan inadvertidos. El mito de que constituyen  una minoría, continúa así en pie.

Otro de los mitos es que existe un homosexual y una lesbiana típicos: hombre afeminado y una mujer masculina. Para que esta mentira se mantenga en pie, es necesario que la mayoría gay continúe en el “closet" (escondida). En el momento en que ésta decidiera terminar con su anonimato, aquella no se sostendría ni por dos minutos. Para ello se necesitaría que todos los miles de homosexuales atléticos, agresivos, masculinos, deportistas, nada estereotipados, reconocieran su identidad. Lo mismo en relación a las mujeres lesbianas.


En la realidad, los homosexuales pasan inadvertidos precisamente porque la mayor parte no encaja en el estereotipo. Una de las más grandes sorpresas que puede llevarse una persona prejuiciada es asistir a un bar gay. Ahí encontraría que no existe un estereotipo de lo que es un homosexual. A la mayoría de los hombres y mujeres que vería no las reconocería por su verdadera condición. Esto origina el hecho de que se crea que los gays son los travestidos u hombres muy amanerados.

Esto permite mantener otro mito: el que los homosexuales quieren ser mujeres, se comportan como tales y no son hombres de verdad. Esta idea es infundada no solo porque el mayor número de los homosexuales no desean ser mujeres y más bien quieren relacionarse con los hombres como tales, sino porque generalmente los que sí aspiran a ésto, no son homosexuales.

Lo mismo sucede con otras aseveraciones como la que sostiene que los homosexuales son criminales o desajustados. En realidad, el crimen en los gays es posiblemente muy inferior al del promedio nacional, pero los medios de comunicación, nuevamente, se encargan de inflarlo al indicar siempre la orientación sexual cuando se trata del homosexual pero, jamás cuando es lo contrario.

El estigma contra el homosexual es una forma, entre otras muchas, de mantener el statu quo sexual que en nuestra sociedad beneficia al hombre heterosexual y perjudica a la mujer. En Costa Rica, existen dos roles sexuales que deparan resultados muy diferentes a varones y a hembras. Ellos reciben los beneficios del sistema patriarcal como son la libertad sexual, el control de la economía, la cultura y la política del país (con unas migajas de poder reservadas a algunas pocas mujeres que acepten las reglas del juego y asistan con cuatro capas de maquillaje al trabajo). Ellas, las desventajas, como lo son cuidar de la casa y de los niños, mantenerse bajo el control del varón y trabajar generalmente en ocupaciones socialmente desvalorizadas y mal remuneradas (precisamente porque las realizan las mujeres).

En un sistema así, la homosexualidad es vista como subversiva porque rompe muchos de los estereotipos de lo que se cree deben ser las relaciones y comportamientos típicos de hombres y mujeres y porque presupone, por otro lado, la capacidad de elegir libremente, lo cual es siempre revolucionario donde existen formas de opresión.

La razón del rechazo de la homosexualidad en Costa Rica es más por la asociación que se hace entre el varón y la feminidad que por cualquier otra cosa. En pocas ocasiones se le rechaza por implicar relaciones sexuales con el mismo sexo. Cuando se le pregunta a los estudiantes universitarios, por ejemplo, el por qué no gustan de los homosexuales, las respuestas tienen que ver por su amaneramiento más que por su sexualidad. El desprecio que tienen los hombres por las mujeres es tan grande que no soportan la idea de un hombre afeminado, lo que, a su vez, los lleva a enfrentarse con los deseos que surgen en ellos por la atracción física que ejercen otros varones. Esto significa la mayor traición posible en un sistema patriarcal: optar por las características del "grupo inferior". También evidencia que las razones de la homofobia están intrínsecamente ligadas al sistema de subordinación de la mujer.


El deseo de mantener el statu quo sexual hace necesario que la homosexualidad sea vista como patológica y que se castigue, para dar un ejemplo a todos aquellos que osen cuestionar el actual sistema. Para conseguir este fin, es necesario contar con la sumisión del homosexual y que éste se mantenga escondido, lejos de la mirada escrutadora de la mayoría de la población. Si no se obtuviera la colaboración tácita de la mayoría de los homosexuales costarricenses para mantenerse en el “closet”, los mitos y las mentiras no podrían sostenerse más allá de lo que dura una mañana primaveral.

La población gay costarricense cumple con el mandato de mantenerse escondida, sin estar consciente del precio que paga por ello. Por un lado, esconderse es hacerse invisible ante la historia. La experiencia homosexual se pierde en cada generación porque es sistemáticamente borrada por las demás. Los héroes y heroínas de la historia patria son tratados como si todos hubieran sido heterosexuales. Se ignora la homosexualidad de aquellos que también contribuyeron al desarrollo nacional. Pero no solo con los que han descollado sucede eso. También con los homosexuales que han existido en este país. Cómo vivieron, cómo pensaron, qué hicieron, cómo amaron y cuáles fueron sus metas y sus logros son preguntas que quedan en el aire.

Resultaría sumamente interesante estudiar aquellos personajes, hombres y mujeres, que en épocas aún más restrictivas que la actual, se destacaron en la historia con acciones nada típicas para su rol sexual. Mujeres que participaron en las distintas luchas por la soberanía nacional y hombres que se interesaron por cultivar las artes en tiempos en que éstas aparecían vinculadas a la vida de las mujeres, son los casos más obvios de personas que se rebelaron frente a las normas establecidas y que podrían haber sido homosexuales.

Pero también están las interminables listas de individuos solteros, de aquellos casados tardíamente, de parejas de hombres y mujeres que vivieron juntos para acompañarse, de los que optaron por migrar hacia las fronteras agrícolas o fuera del país con el fin de burlarse del escrutinio público o de "realizarse" profesionalmente. Entre estos últimos es un secreto a medias el que algunas de las figuras más descollantes de la literatura costarricense eran homosexuales o lesbianas.

En estas listas no pueden faltar los suicidas, hombres y mujeres que se quitaron la vida por no poder ahogar una gran pena o frustración que, en muchos casos, era su homosexualidad. Todos ellos, y otros más, son pedazos del rompecabezas perdido que es la homosexualidad costarricense. Sus historias esperan al investigador atrevido y valiente que las descubra y las salve para la posteridad.

La opción por la invisibilidad no solo borra sino que también destruye la creatividad. Los escritores, historiadores, sociólogos, antropólogos, politólogos y otros científicos sociales deben evitar el tema de la homosexualidad (ésta podría ser una de las razones por las que, al ser tratado por heterosexuales, resulta generalmente estéril); los pintores y escultores, los cantantes, los bailarines, los poetas, y los actores deben rehuir la fuente de su inspiración (¿será por eso que la mayoría, al estar desconectada del tema que les da amor y vida, pierda fuerza?).


La creencia que tienen algunos es que si uno acepta la invisibilidad, o sea, que aprende a comportarse como la sociedad espera que lo haga, no tendrá grandes problemas con la homosexualidad. Pocos están conscientes de que ese "saber comportarse" exige respirar a medias, perder una energía enorme, y sufrir un desajuste en todas las esferas de la conducta. La invisibilidad es un veneno para la salud mental del gay porque lo relega a una prisión autoimpuesta en donde se priva del apoyo y de los servicios y privilegios que todos los costarricenses merecen, sea cual sea su orientación sexual. Entre algunos de ellos están el derecho a que sus relaciones sean legalmente reconocidas, a que se institucionalice -como sucedió en Dinamarca- sus matrimonios, a la protección del Estado para impedir el acoso y la discriminación en el trabajo, la vivienda y la religión, a que el tema de la homosexualidad sea impartido desde la escuela con una perspectiva científica, sin mentiras ni engaños como se hace hoy día.

Una de las formas más claras en que se evidencia la imposición de la invisibilidad es con las muertes de SIDA. Independientemente de si es por voluntad propia o por imposición familiar, los gays con SIDA son escondidos como leprosos y su enfermedad es ocultada como un secreto de Estado. Cuando mueren, la versión oficial atribuye la causa a otros padecimientos más "aceptables" como el cáncer. Varias familias han llegado a realizar toda una campaña con tal de convencer a tirios y troyanos que su pariente falleció por todo menos por el SIDA.

 

Aquí radica la  gran ironía de la invisibilidad impuesta. Aún para morir, es necesario hacerlo en el “closet”. Los gays van sin chistar hacia su última morada porque creen, o se les hace creer, que existe algo peor que la muerte: la homosexualidad. Este es el daño más evidente que causa la homofobia, pero no por ello el único y ni siquiera el peor.

¿CÓMO TRABAJA LA HOMOFOBIA INTERIORIZADA?

Las personas gays conocen, desde muy temprano, aún antes de aceptar su identidad, el odio que la sociedad le tiene al homosexual. Como todo ciudadano de este país, con niveles diferentes de intensidad según los individuos, lo acepta  y lo interioriza. Se debe recordar que la mayoría de los homosexuales no se da cuenta, de manera consciente, de su orientación sexual distinta hasta su adolescencia. Por esta razón, su contacto con el tema homosexual, que se presenta siempre en un contexto de burla o de desprecio, se hace antes de que él o ella pueda rechazarlo como falso.

Una vez que la persona se concientiza de su homosexualidad, sucede un fenómeno particular. Como todo sentimiento que es peligroso para su propia sobrevivencia, los mensajes antigays son reprimidos por el subconsciente. Esto quiere decir que la persona no está muy consciente de ellos porque funcionan en un estado anterior a la conciencia. En otras palabras, gran parte de su contenido es reprimido. Pero está allí e influye en la conducta, porque como postuló Freud, todo aquello que ha sido reprimido está en la mente dándonos mensajes y hablándonos al oído.

La homofobia interiorizada se graba, generalmente, desde muy temprano en la vida de las personas. Como sucede con mucha de la información sexual que se encuentra en el subconsciente, se remonta a la etapa de la infancia. Freud creía que la mayor parte de los traumas que se fijan allí provienen de la infancia y de ahí lo difícil de curarlos. Este mismo patrón se da con la homofobia, tanto la del heterosexual como la del mismo homosexual.


En el caso del gay, algunos de los mensajes negativos son cuestionados por medio de la experiencia con otros, ya que él se dará cuenta de que no son ciertos. Otros, en cambio, quedarán allí indelebles pues gran parte del  material aprendido desde niño quedará en el subconsciente.

Cuando un hombre gay, por ejemplo, dice que él odia a "todas las locas", está -aunque lo diga de manera jocosa- evidenciando material del subconsciente, que sale como chiste porque el subconsciente lo disimula para proteger a la persona de un odio que es peligroso para ella misma. Esto también sucede cuando otro dice que no le gustan los homosexuales y que él prefiere un "hombre de verdad". El mensaje es contradictorio porque preferir hombres que por definición son inconquistables, es una paradoja, pero también es homofóbico porque refleja un odio hacia sí mismo.

Composición

La homofobia interiorizada, pues, está formada por dos aspectos: las creencias y las actitudes. Las creencias son todas aquellas ideas que la persona oye sobre la homosexualidad: que es una patología, que es una desviación, que es un pecado, que es antinatural, que es una aberración, y otras semejantes. Estas se graban generalmente en la parte consciente de la mente, que es la que piensa de manera lógica y deductiva. Es por esta razón, que las creencias sobre la homosexualidad responden bien a la lógica y a la razón. Si la persona se sienta y analiza científicamente los postulados, puede darse cuenta muy fácilmente que esas ideas son falsas.

Pero la homofobia interiorizada está compuesta también por actitudes, reacciones emocionales depositadas, generalmente en el subconsciente, que valorizan las cosas, personas y eventos de acuerdo con el impacto que tienen en el individuo, o sea si son buenas o malas para él. Estas actitudes son difíciles de cambiar porque no responden a la razón, sino al análisis subjetivo y emocional que se hace de ellos y que depende de las formas en que se ha entrado en contacto con ellos.

La forma de pensar del subconsciente

Es importante señalar que el subconsciente piensa, pero lo hace de una manera diferente al área consciente. Se cree que lo hace de manera literal e inductiva. Esto quiere decir que no analiza la información y la toma tal y como llega (no la deduce).

Si en el subconsciente se ha impreso una imagen negativa de la homosexualidad, ésta se mirará como peligrosa para la persona sin que medie un análisis lógico de ella. El subconsciente solo se limitará a reaccionar en contra de ésta porque, literalmente, la ubica como negativa. Además, esa imagen estará cargada de todas las reacciones emocionales que se han experimentado cada vez que se entra en contacto con ella (la homosexualidad, en este caso) o que se capta de los padres, amigos o maestros.


Como el subconsciente induce y no deduce, los malos gestos, la burla, el disgusto, la desaprobación, el repudio, el asco y todas las expresiones negativas que se observan cada vez que se habla de la homosexualidad, se asocian literalmente con ésta. En otras palabras, el subconsciente aceptará como verdadero que la homosexualidad es asco= repudio= disgusto= expresiones negativas= disgusto físico, etc. Esto es lo que significa que el subconsciente no piensa de manera deductiva, en otras palabras, no diferencia las causas de los efectos.

En síntesis, se puede decir que la homofobia interiorizada es el odio contra el gay que éste mismo ha aprendido por vivir en una sociedad hostil. Muchos de sus componentes están a nivel del subconsciente o sea el gay no se percata del odio que lleva guardado. La homofobia no responde solo a la lógica porque está formada también por emociones y éstas no pueden cambiarse únicamente con discursos racionales. De ahí que muchos hombres gays que dicen no tener problemas con su homosexualidad y que los han resuelto por medio del intelecto, posiblemente estén engañándose. Finalmente, la homofobia interiorizada produce dolor y angustia. Esto es así porque el subconsciente tiene una carga de información opuesta a la conducta homosexual y está convencida de que esta práctica es nociva. Con tal de proteger al individuo, el subconsciente utilizará sus recursos para luchar contra ella.

CAMPOS DE ACCIÓN DE LA HOMOFOBIA INTERIORIZADA

Si no se trabaja con la homofobia para reconocerla, sentirla, expresarla y resolverla, ésta buscará muchas maneras de salir al consciente con el fin de dar el mensaje de que la homosexualidad es peligrosa para la persona.

A continuación se hará un inventario de varias de estas avenidas cuyo fin es la destrucción de la homosexualidad y, por consiguiente, del homosexual.

Odiando a otros gays

Uno de los caminos indirectos que utiliza el subconsciente para comunicar su mensaje negativo contra la homosexualidad es por medio del odio hacia los otros gays. En realidad éste camino no es tan indirecto, ya que significa el odio hacia sí mismo. Sin embargo, el subconsciente lo disimula haciendo creer que el odio es hacia otro.

Así que los gays que opinan que los demás no son de confiar, que no gustan de las "locas", que los homosexuales son promiscuos, que en realidad prefieren los hombres de verdad (lo cual significa que los gays no son hombres), están dando ejemplos de un odio contra sí mismos que sale camuflado hacia otros.

Destruir relaciones

La desconfianza que se tienen algunos gays  es muy grande. Existen muchas razones, algunas con fundamento, que explican esta actitud. La misma homofobia hace que un gay no respete las relaciones amorosas de los otros. Como la sociedad no acepta ninguna de estas relaciones, ni las bendice, estimula o apoya, ni los familiares intervienen para que dos hombres o dos mujeres se casen, más bien tiende a sabotearlas.


Los mismos gays han interiorizado este desprecio hacia sus propias relaciones. De esta forma, con más agresividad a veces que los heterosexuales, a menudo tratan de interferir en las parejas establecidas.

La cultura gay se torna más tolerante con esta intromisión, que obviamente causa daño y cólera, porque no existen reglas sociales establecidas que la desincentiven. En una sociedad en que las relaciones gays son desaprobadas, cualquier acto destructivo contra ellas es bienvenido.

Existe, además, un atractivo muy especial en muchos homosexuales para ayudar a disolver las relaciones que ellos interpretan como exitosas. Una razón es que la misma homofobia provoca que sean pocas las parejas gays que sobreviven algunos años. Pero aquellas que lo hacen, se convierten en símbolos de fracaso para quienes buscan pareja y no la encuentran. Estas parejas contradicen la tesis, difundida entre los gays, de que las relaciones no duran. En la medida que representan una refutación, las parejas se tornan en subversivas ya que le insinúan a algunos que la culpa de estar solos es de ellos. De ahí el gusto inconsciente por sabotearlas.

Este esfuerzo negativo se hace más fácil en vista de que las parejas gays y sus cuestionadores, contrario a las heterosexuales, no tienen otros lugares de reunión y de interés que los mismos bares. Entonces, la tarea se hace fácil. De manera sutil o no, algún conocido o amigo de la pareja, inicia el coqueteo con uno de ellos. Luego, se busca una cita, inicia una relación y, finalmente, estropea la que había.

Una vez que esto se logra y el trofeo es conquistado, queda la gran satisfacción de haber destruído una relación más, proeza que nadie va a criticar o desaprobar. Además, se confirma la tesis de que no hay nada malo en la persona y que si no existe nada duradero en la vida gay es porque nadie vale la pena.

Destruyendo organizaciones

En los últimos años, algunas organizaciones han sido formadas por gays y lesbianas. Cada una de éstas ha tenido una existencia muy corta. La razón es que los grupos se han convertido en el único espacio abierto para expresar todo el odio aprendido en contra de la homosexualidad. Muy pronto, después de un período de luna de miel, en que todos los miembros parecieran caerse bien, surgen las primeras guerras entre sus miembros. Poco después se dan las primeras rupturas y luego, expulsiones de participantes. El paso final es la destrucción misma de la organización.


Una de las razones para tal conducta está analizada por Bruce Bawer en su libro Beyond Queer, Changing Gay Left Orthodoxy.[231] Según el autor, las organizaciones, en un principio, atraen los miembros más mediocres y a un gran número de sociópatas: desempleados, lunáticos, desadaptados, inestables, poco educados y vagos. La razón es sencilla: son los que no tienen nada que perder. Estos individuos son los que dominan las organizaciones e impiden que maduren, crezcan y se desarrollen. Cuando existe la posibilidad de profesionalizarlas, son los que prefieren destruirlas (por la cólera de perder sus salarios).

A pesar de que el gay o la lesbiana promedio tienen en su país un buen empleo e ingresos promedios superiores a los de la misma mayoría, los representantes de la clase media baja se adjudican su representación (también lo hacen de las clases populares, quienes tampoco logran participar en el ambiente de los activistas gays).

Desafortunadamente, nos dice el autor, la ausencia de una clase profesional, centrada, exitosa y segura de sí misma en las organizaciones, es la que ha hecho que haga fracasar el movimiento de respeto de los derechos gays.

No es de extrañar, entonces, que cuando las organizaciones quieran dar un paso a su profesionalización y calidad, éstos desajustados sean los que darán las guerras peores para conservar su poder. Sin embargo, como afirma Bawer, a menos que estos elementos sean removidos, en Estados Unidos o en Costa Rica, ninguna organización podrá superarse.

Formando relaciones

Una de las maneras en que los gays demuestran más su opresión es por medio del matrimonio heterosexual. Existen miles de hombres gays en Costa Rica que se han casado para cumplir con los requisitos del patriarcado. Estos se diferencian de aquellos bisexuales que lo hacen porque sienten atracción hacia ambos sexos. El hombre gay que se casa lo hace simplemente para complacer a la familia y a las demandas del patriarcado. En Estados Unidos se calcula que un 15% de los gays ha estado casado alguna vez en la vida.

El matrimonio impuesto es una de las formas más severas de autocastigo. La mayoría del tiempo, constriñe a un hombre a llevar una doble vida en la que esconde su intimidad, principalmente ante la mujer. Lo obliga, por otro lado, a sostener, en contra de los deseos, relaciones sexuales y emocionales que no desea y ni siquiera disfruta. Lo fuerza a convertirse en un desconocido para todos, inclusive para sus hijos. Muchos de ellos sufren con el temor de verse expuestos y cuando ésto sucede, se sumergen en crisis muchas veces irreparables.

Regar el dulce (exponiendo la homosexualidad)

La intromisión no solo la realizan los interesados en uno u otro miembro de la pareja, sino también individuos que tienen algo que ganar con una separación. Por ejemplo, en familias en que existen dos o más hermanos gays, alguno de ellos intenta, a veces, hacer funcionar a su favor la destrucción de la pareja.


Como los padres, generalmente, no aceptan la relación, una manera en que la hermana lesbiana o el hermano gay buscan una migaja de aceptación por parte de los familiares heterosexuales es, a veces, recopilando información de otros gays en contra del amante del hermano o de la hermana. Así, intervienen para controlar, intervenir o finiquitar una relación.

Carlos, por ejemplo, es un individuo que tiene un problema de adicción al alcohol. A pesar de haber estudiado medicina, su vida emocional siempre ha sido caótica. Sus relaciones duraban años pero al final, era abandonado por su pareja, quien llegaba a encontrar como insoportable su alcoholismo y sus cambios de humor y de temperamento. Esto mismo le pasaría en su relación con Rodolfo, un tipo con quien compartió ocho años de su vida.

El rompimiento con su última pareja le dejó a Carlos un sentimiento de abandono y de frustración que lo hacía dudar de lo que la vida gay le podía deparar. Meses después conoció a Marcos, un hombre mucho mayor que él, que había vivido en el closet toda su vida. Marcos era muy homofóbico y también bebía más de la cuenta. Una vez juntos, Carlos y Marcos hicieron una combinación de dinamita, ya que ambos tenían dudas de sus relaciones y de su vida en común. Pronto empezaron a canalizar mucha de su cólera en la relación de Javier, quien también era gay, pero quien al no beber y tener más control de sus ingresos, podía vivir mucho mejor con lo que obtenía de la empresa familiar.

Los conflictos con Javier se dieron en muchos planos y la relación se deterioró. En esto no hay nada de extraño, ni de especial, y podría suceder en cualquier disputa familiar. Pero el problema consistió en que la homofobia que ambos sentían los llevó a aliarse con el fin de obtener la herencia que iba a dejar el abuelo. Carlos, de esta manera, reveló información de la relación de Javier con Ernesto, su amante. En esta lucha por desprestigiar a su hermano Javier, el mismo Marcos participó activamente y el tema de la homosexualidad fue utilizado en contra de aquél, aún a pesar de que Carlos también lo era. Obviamente,  Javier no se enteraría de las razones por las que su abuelo lo  desheredó.

Aunque esto pareciera exagerado, existen muchas evidencias, en la observación de muchos años, para señalar que el fenómeno es más frecuente de lo que se piensa. La homofobia interiorizada que tienen los gays hace que ellos mismos rechacen los sentimientos positivos que sienten otros. No es de extrañar, entonces, que en situaciones de trabajo, de política, de deportes o de negocios, el arma secreta de la revelación está siempre a su disponibilidad para hundir la relación de su familiar, conocido o amigo gay.

Pero no solo a nivel de las relaciones se dan las traiciones. Cuando dos personas gays terminan una relación, experimentan el enojo normal que siente cualquier persona cuando un sueño se acaba y las cosas no salen como se esperaba. Pero en el caso de los homosexuales, en vista de la poca autoestima que tienen muchos, causada por la homofobia que desvaloriza al otro, cuesta más aceptar el rechazo. Es más difícil tolerar que alguien que socialmente tiene poco valor termine con uno. Este enojo se traduce, entonces, en acciones agresivas.

En el curso de los años es impresionante ver cómo personas que en un momento se quisieron, se tornan, en términos de horas, en los peores enemigos.


Uno de estos casos es el de Rolando. Él es un hombre de pronunciado porte masculino que vive en uno de los barrios del centro de San José. Rolando tiene muchos problemas para aceptar su homosexualidad y acude poco a los bares. Su vida sexual es muy activa y también su lista de pequeños romances. En realidad, después de conocerlo, la gente no gusta de él. El hecho de estar muy escondido, de vivir -aún a los treinta años- con sus padres, de no aceptarse como es y de tener muchas inhibiciones sexuales, lo convierte en una persona poco atractiva como amante.

Cuando él inicia un romance con un hombre nuevo, trata de que la relación le dure, pero con poco éxito. Como son los otros los que generalmente terminan con él, Rolando es presa de una cólera enorme. En primer lugar, lo está rechazando un homosexual que él mismo, en el fondo, no acepta; en segundo lugar, Rolando interpreta el rechazo como producto del trabajo de otro gay más atractivo que él.

Ambas cosas hacen que Rolando se irrite aún más con la homosexualidad. Él procura, entonces, algo muy típico en el medio costarricense: vengarse. Una forma es "regarle el dulce", o sea revelar la homosexualidad de su antiguo compañero. Muchos gays utilizan así su enojo y llaman a la casa del ex amante o, peor aún, al trabajo, para exponerlo como gay.

Muchas personas han visto así perder su trabajo o su familia porque una pareja despechada utilizó esta arma, la más letal en una sociedad homofóbica como Costa Rica. Y si Rolando no tuvo suficiente con aquella llamada, usará la misma medicina con el nuevo amigo de su antiguo amante. Esto bastará para hacerlo pagar por su intromisión.

Uno de los actos más íntimos que puede hacer un gay en este país es revelar su nombre verdadero, el lugar de trabajo y el número de teléfono de la familia. Cuando lo hacen, la espada de Damocles pende sobre su cabeza.

La desconfianza en los gays es muy grande y esto hace que su ambiente sea más cerrado que el heterosexual. A ningún heterosexual se le ocurriría llamar al trabajo para acusar a alguien de gustarle las personas del sexo contrario, ni castigar al tipo que le quitó la novia con un "reguero de dulce". Pero en el caso de un gay, si ha estado muy metido en el closet, la represalia le puede costar hasta la vida.

En un país pequeño como el nuestro, lograr esconder esos detalles personales es a veces imposible porque siempre hay formas de averiguarlos. Muchas personas gays viven atemorizadas por la posibilidad de ser delatados y son pocas las que nunca han experimentado llamadas anónimas o cartas lesivas, dirigidas a su familia o a su trabajo. Es una de las razones de la desconfianza y el temor entre los mismos gays y una de las formas clásicas de homofobia interiorizada.

Malinformar


Ernesto, un abogado de 39 años, afirma que lo peor que se puede hacer en Costa Rica es contarle a los amigos que se sale con un hombre nuevo. En término de cinco segundos, las amistades a las que se les confiesa esta aventura, obtendrán su curriculum vitae, con el único fin de desvirtuarlo. Existe un deseo destructivo tan grande que no se puede aceptar, nos dice Ernesto, a nadie, excepto cuando es para uno. Así, la nueva elección quedará destrozada en mil pedazos: "Ese tipo roba"; "Ese hombre de masculino no tiene nada"; "Es una gran loca y se ha acostado con medio San José"; "Yo que vos me andaba con cuidado porque tiene pinta de estar seropositivo"; "Es una persona muy creída y no te conviene"; "Anda mal de plata, seguro es que por eso anda con vos". Estas expresiones reflejan, nuevamente, una homofobia enorme y crean un clima de total desconfianza. A la vez, son producto de una socialización que enseña a establecer relaciones de manera competitiva.

Anónimos

Esta es una de las acciones preferidas. Cuando no se tiene la valentía para dar la cara, o se teme una acción legal, los más perniciosos  miembros de la comunidad utilizarán los anónimos para destruir a otro gay. Un famoso personaje, por ejemplo, sería difamado por un examigo que proveyó a otros dos resentidos y patéticos dueños de un bar,  fotos de un viaje al extranjero. Estas fotos serían enviadas a todos los medios de comunicación para señalarles que esta popular figura pública era un homosexual.

Un desajustado voluntario de enfermos de SIDA, que solía dar los nombres de todos sus pacientes y que les sacaba dinero para hacer sus compras personales de alimentos y que por ello, y otros excesos, sería justamente despedido, enviaría anónimos para desacreditar a la organización en que trabajaba.

Un joven muy histriónico y amanerado  que trabajaba en una línea confidencial de teléfono enviaría anónimos contra su jefe cuando éste empezó a controlar sus acciones. El joven había sido descubierto anotando  llamadas fantasmas para mejorar su imagen. En vez de reconocer su error y entender que su personalidad histriónica molestaba a otros compañeros de trabajo, éste prefirió irse a trabajar donde otros gays, a los que él mismo había tachado de ladrones.

Robos

Si no se respetan las relaciones de otros gays ni su derecho a la privacidad, menos se respetarán sus cosas. Una de las formas en que la irreverencia ante la propiedad de otros gays se produce es en las mismas fiestas. Muchos se quejan de la actitud, nada inusual, de algunos invitados de romper, robar o ensuciar adrede sus cosas o de cometer abusos de confianza con sus artículos personales.

Esta conducta podría parecer trivial y quizás no relacionada con la homofobia, pero es difícil creer que sea casual e inofensiva, como sostienen algunos y que se deba solo a la falta de educación. Es un acto destructivo que nace en una sociedad para la cual nada que sea homosexual es digno de respeto, inclusive sus cosas, su casa o su privacidad. Es quizás una forma leve de destrucción, pero forma parte de la cadena de violencia que crea una sociedad homofóbica.


Asesinatos

La última fase de esta cadena destructiva es la muerte misma del gay. Chulos y maleantes  que racionalizan su homosexualidad con la excusa del dinero, suelen ventilar su sentimiento de culpa con la agresión hacia el gay más abierto. En algunos casos, esta hostilidad ha terminado con la muerte. Así ha sucedido desde 1988 con la cadena de asesinatos perpetrados por uno o varios  de estos homosexuales encubiertos. Para 1996, más de 25 homosexuales habían  sido asesinados en Costa Rica por los chulos que se llevaron para su casa. Sus muertes revelan que no solo fueron asesinados para robarlos, sino que también para castigarlos: torturas y  múltiples laceraciones.

Redadas

Un comentario especial merece la policía. Resulta, a todas luces, interesante analizar el por qué los policías vigilan incesantemente, aún cuando no se les ordena, los bares gays. Pareciera que intimidar a los clientes de estos bares constituye para ellos un pasatiempo. Los policías buscan cualquier excusa con tal de ingresar, observar y agredir a los gays. 

En los bares no existen, en realidad, grandes problemas de comportamiento que ameriten este control constante. Tampoco sus dueños se atreven a permitir el ingreso de menores de edad o violar alguna de las disposiciones legales, ya que ésto les acarrearía problemas con la ley. Sin embargo, los bares están siempre llenos de policías.

La primera explicación es que muchos de los guardias son homosexuales (cosa que es evidente) que se escudan en el uniforme con el fin de permanecer en un bar gay.  No obstante, es claro, que no todos lo son, por lo que también hay que buscar otras explicaciones.

Una hipótesis plausible es que los policías forman parte de un gremio masculino que se asemeja, en muchos aspectos, al de los gays. Les es común una ideología masculina en donde las mujeres no ocupan un lugar significativo. A la vez, en su profesión, el contacto físico entre los policías es muy íntimo: trabajan, comen, duermen, socializan y viven por largos períodos en permanente y directa relación. Esto crea una dinámica muy especial para algunos que es, a la vez, erótica y peligrosa para la función represora del policía.

Además, se sabe que una de las tareas clásicas de los policías han sido las redadas. Los mismos jefes de policía que las planean saben que no existe ninguna razón de peso para realizarlas. Las excusas que dan a la prensa son para racionalizarlas, pero tanto los gays como ellos saben que no son ciertas. ¿Para qué entonces esta farsa? Probablemente para castigar la homosexualidad latente en los propios policías. El acoso a los gays en sus bares sirve de mensaje inconsciente del castigo que recibirían sus subalternos si se atrevieran a ir más allá de lo establecido. Es una advertencia por medio de un castigo, de una burla, de un maltrato, al deseo, para impedir que éste llegue a aflorar algún día.


Pero si no son los policías los que hacen las redadas serán, a veces, otros gays de closet los que las harán o serán enviados por los dueños de la competencia gay. Varias de las redadas que se hicieron  en los años ochentas eran motivadas por disputas entre los dueños de bares gays. Con el fin de sacar el mayor número de millones posibles, gracias a la falta de competencia (pocos se atreven a abrir un bar para gays), los dueños de los bares con más años se la pasan viendo cómo matan a la competencia. Una forma de hacerlo es llamando a la policía y denunciar a que el nuevo bar es un centro de consumo de drogas.

Belleza

Otra manera de expresar el odio hacia lo gay es con la intolerancia hacia el proceso normal de la vida. La cultura gay exalta hasta la adulación la belleza física y mira de reojo lo que no rime con el estereotipo que de ella posee. Para los gays, la única democracia es la del cuerpo. Las personas se categorizan de acuerdo con sus atributos físicos y aquellos que no calzan en el modelo son rechazados sin misericordia.

En esta cultura de lo físico, las personas mayores deben desaparecer de los bares porque su presencia es rechazada. Ellos sirven, a los demás, de recordatorio desagradable de los efectos del paso del tiempo. De ahí que exista un temor enorme a envejecer. En esto los gays, en gran parte, imitan la cultura heterosexual en donde se criaron, con la diferencia de que su cultura no brinda alternativas para la gente mayor como lo hace aquella otra.

Ser gay se identifica con ser joven, como si esto fuera lo único que la excusa. La posición es homofóbica porque parte del concepto de que la homosexualidad es tolerable solo como fase pasajera, pero grotesca, en los adultos. El mensaje subyacente es que ser gay equivale únicamente a tener prácticas sexuales.

Christopher Alexander y Vicent Nunno[232] consideran que la preocupación por lo físico es una defensa comprensible ante la homofobia. Los gays deben preocuparse más por cómo son percibidos por los demás y encerrarse en sí mismos en vista del rechazo social en que viven. El narcisismo sería así una reacción lógica para mantener una buena autoestima.

Una de las pocas revistas gays del país se concentra, por ejemplo, en presentar desnudos de hombres jóvenes e imitar a las revistas norteamericanas, también obsesionadas con  la juventud y la gente “bonita”. La revista, desprovista de una gota de inteligencia, acentúa la mediocridad y la obsesión por lo superfluo.

En Costa Rica ser gay es ser adolescente. La aplicación estricta que hacen los gays de este criterio determina que hay que dejar de asistir a los bares desde los treinta años en adelante. Un varón de cuarenta años es un viejo.  Los homosexuales que tienen más de cincuenta años y que gustan de ir a bailar son vistos con desprecio. La idea generalizada es que hacen el ridículo.


Esta actitud ha interiorizado la idea de que la homosexualidad no tiene los mismos patrones y la misma amplitud de la heterosexualidad y rechaza el principio de que las personas gays puedan desarrollarse intensamente y disfrutar todas las etapas de la vida. 

Si se analiza más de cerca estos mecanismos de odio, se hace evidente que expresan en los homosexuales disgusto por ellos mismos.

La guerra de los gays y las lesbianas

Uno de los ejemplos más clásicos de este odio es la división tajante entre las lesbianas y los hombres gays. Cuando ambos tienen poca conciencia de su homofobia y se conforman con los estereotipos sociales que han aprendido de lo que supuestamente es ser homosexual, o sea imitar al sexo contrario, es lógico que los papeles que juegan unos y otros se vuelvan antagónicos.

Para los gays más estereotipados, las lesbianas son una aberración como mujeres porque éstas deberían ser femeninas, sumisas y suaves. Para la lesbiana estereotipada, los gays son demasiado suaves, débiles y femeninos para su gusto. De ahí que cada uno rechace y rehuse identificarse con el otro.

El hecho de que la sociedad ponga en un mismo "saco" a gays y lesbianas y que en realidad sean tan opuestos, hace que unos y otros traten de luchar en contra de esa identificación. Las lesbianas tienen más en común con otras mujeres que con los varones gays y lo mismo pasa con ellos.

En el caso de aquellos que simulan los roles estereotipados, la lucha se manifiesta de varias formas. El que a ciertos homosexuales les guste hacer la fonomímica, les resulta repulsivo a algunas lesbianas porque ellas luchan por superar los estereotipos que una sociedad machista les ha impuesto, como a todas las mujeres. El que algunas lesbianas sean violentas en los bares hace que los gays las identifiquen con los hombres machistas que ellos rechazan.

Pero las diferencias entre gays y lesbianas no se limitan a los estereotipos. Cada vez más en Costa Rica los gays se han alejado de ellos y han aprendido que su atracción hacia el mismo sexo no tiene por qué darse desde una perspectiva de cambio de género. De ahí que, sin necesidad de traicionar su identidad sexual, los gays pueden ser masculinos y las lesbianas, femeninas. Sin embargo, en la época de su crianza, se enraizaron actitudes semejantes a las de los heterosexuales. Así las lesbianas son menos propensas a una sexualidad abierta y los gays, como los hombres heterosexuales, más dispuestos a las aventuras sexuales.

Estos patrones crean grandes diferencias en la forma en que las lesbianas y los gays se miran. Ellos tienden a ser más impersonales y a asistir más a bares y a lugares públicos y ellas a formar relaciones más estables y duraderas. De ahí que cada uno perciba al otro como un "bicho raro" que no sabe lo que hace. Las lesbianas interpretan la sexualidad abierta de los hombres como promiscua y los gays las relaciones largas y estables de las mujeres como aburridas o, por la intensidad y dependencia que comparten, enfermizas.


Las lesbianas tienen un problema adicional: resienten el papel subordinado que, como mujeres, tienen en la sociedad patriarcal costarricense. Este papel las relega a trabajos mal remunerados sin poder real. Esto sumado al hecho de que tienden a salir del closet más tarde que los hombres y, por lo tanto, llegan a tener hijos y otras responsabilidades que les restan poder, movilidad y recursos, las ubica en un estrato socioeconómico inferior al de los hombres.

La falta de comprensión de los problemas particulares de las lesbianas se evidenció cuando el presidente de una organización gay y lésbica invitó a una joven lesbiana para que lo acompañara a la  televisión. No solo ninguno estaba preparado académicamente para resistir las críticas de los televidentes que podían llamar al programa, sino que el hombre gay no tomó en cuenta que la joven lesbiana tenía hijos. Después del programa, los familiares iniciaron un juicio para quitarle la custodia.

La hostilidad que sienten las lesbianas por la falta de sensibilidad de los varones gays, la ventilan entonces con quienes pueden hacerlo sin enfrentar la sociedad. No es entonces difícil explicar por qué en el único lugar donde socializan los gays y las lesbianas, es decir en los bares gays, existen tantos conflictos entre ambos grupos.

Los gays se quejan de que siempre las lesbianas buscan hacer pleitos en los bares, que dan codazos cuando bailan, que son muy gritonas y grandes hipócritas. Ellas, por su parte, resienten la invasión de sus espacios por parte de quienes ven como aliados de sus opresores. Se quejan de que las tratan como ciudadanas de segunda clase, de la misma forma en que lo hacen los heterosexuales, y que los bares, cuando se llenan de gays, se convierten en mercados de carne y de ligues sexuales.

Estas diferencias son la excusa para que gays y lesbianas puedan expresar su propia homofobia. La solidaridad entre ellos, a pesar de los aspectos en común que tienen, está ausente. En Costa Rica las lesbianas se han opuesto a dar la lucha solidaria contra el SIDA y la discriminación que éste ha generado. Los gays, por su parte, han rehusado involucrarse en causas feministas y otras actividades políticas o culturales de ellas.

La homofobia de los gays tiene un impacto negativo en la lucha por sus derechos, porque el odio que se profesan neutraliza cualquier lucha antes de que ésta se inicie.

SALVÁNDOSE DE LA HOMOFOBIA

Negación de la realidad

Una de las formas indirectas de expresar la homofobia es por medio de la negación de la realidad. Esto significa que el sentimiento de desvalorización es tan grande, así como el dolor que ésto ocasiona, que no se tolera sentirlo. Entonces, se cambian las cosas de una manera para que éstas  disimulen el mensaje que no se desea oir. Existen varias formas de hacer esta negación.


Rechazando la verdad

Cuando la desvalorización y el dolor que lo acompañan es muy grande, una manera de salvarse de él es no sentirlo. Los gays que niegan, por ejemplo, que existe represión en el país, o que dicen ser felices y no sufrir ningún problema como homosexuales (difícil de creer en una sociedad tan discriminatoria como la costarricense), o quienes aseguran que "si uno se sabe comportar, no encontrará problemas", simplemente rechazan la realidad. También quienes dicen que la prensa exagera el peligro del SIDA muestran una forma de negación.

Adonis es uno de esos casos. Su homofobia es tan grande que huye siempre de los centros de reunión gay, que casi ni conoce. Su predilección son los hombres que van a ligar a los bares de heterosexuales. Ahí, entre copa y copa, descubre otros tipos en el closet que como él, tienen relaciones sexuales esporádicas. Frecuentemente estas relaciones se establecen, así actúa también Adonis, bajo la cobertura de beber lo suficiente como para que parezca una persona que no sabe lo que hace. En el caso de Adonis, cuando sus amigos están muy tomados, entonces los invita a beber otro trago en su apartamento. En estas actividades tiene éxito ya que por su físico y su pelo color miel, es muy atractivo. No necesita para satisfacerse sexualmente, asistir a lugares homosexuales.

A lo largo de muchos años, Adonis ha ligado cientos y cientos de hombres en estos lugares. Siempre ha funcionado igual. No se dice nada referente a los homosexuales; es más, maldecirlos de vez en cuando es buena táctica para demostrar su masculinidad. Cuando Adonis y su pareja llegan al apartamento, tampoco habla de los gays. Ni siquiera se menciona la palabra. La relación sexual se inicia con un roce, con un toque disimulado, con un hacerse el borracho para que el otro empiece a desnudarlo. Al otro día, no se habla de nada de lo que pasó la noche anterior. El tipo que ligó Adonis dirá que tiene un gran dolor de cabeza, que no se acuerda de cómo llegó allí, que no le cuente a nadie que estuvo en ese apartamento y, finalmente, adiós.

Es muy difícil que se llegue a entablar relaciones con este tipo de hombres, algunos de ellos bisexuales y otros gays, pero muy escondidos. Sin embargo, Adonis disfruta del sexo impersonal y de estos ligues que lo hacen sentir como un objeto. Él también trata a su pareja ocasional de la misma manera.

Cuando a Adonis se le pregunta si hay discriminación contra los gays en Costa Rica, dirá que no, que si se evitan los bares homosexuales, no encontrará ningún problema y que, además, se "pesca" más en las cantinas corrientes que en un bar gay. Finalmente, opina él, "los verdaderos hombres están en las cantinas y no en los bares de homosexuales". En ésto tiene algo de razón, pues los tipos homosexuales más masculinos y ocultos suelen ir a ligar a cantinas en vez de aventurarse en los bares gays. De esta manera, si son bisexuales, nadie sospecha de ellos y si son gays muy escondidos, tampoco.

Pero en lo que Adonis falla es en sus afirmaciones de la ausencia de discriminación en el país y en que no tiene problemas  con su homosexualidad. Su constante ligar en cantinas corrientes es establecer sus relaciones sexuales sobre la base de una negación de la homosexualidad.


Además, no existe futuro para Adonis, quien a sus casi cincuenta años, se encuentra aún solo y con una única preocupación: ¿Qué pescar este fin de semana? La comunicación con sus compañeros es mala y después de estar con ellos queda un sabor amargo que tratará de quitárselo con el próximo ligue.

Claro que para gays como Adonis no existe discriminación en Costa Rica, ni sería necesario que existiera, ya que llevan en su interior su propio juez y su propia cárcel.

Descompensándose

Una triste realidad es que existe un buen número de personas descompensadas en la comunidad gay. La opresión y la discriminación se hacen tan intolerables para algunos que la única opción es desconectarse. Entre éstos están aquellos que simplemente no pueden aceptar ni tolerar su homosexualidad y se tornan esquizofrénicos. El mundo exterior carece de sentido para ellos y solo el de su interior tiene importancia. Son individuos que viven atormentados por su identidad y práctica sexuales y que nunca se atrevieron a tener relaciones con personas de su mismo sexo.

Parte de este fenómeno hace que algunos acosen a los homosexuales para recrear en su exterior la persecución que hacen internamente de su homosexualidad. Muchas de las personas más homofóbicas son homosexuales reprimidos. Esta es una realidad muy conocida por los mismos gays.

A veces resulta que un individuo promueve una campaña en contra de los gays con la excusa del SIDA, o el sacerdote hace un sermón el domingo en el que condena la homosexualidad como un pecado. En muchos casos, estas acciones, muy comunes en este medio, no sean otra cosa que homosexuales que luchan contra su propio deseo. Ellos proyectan a los demás el castigo doloroso que se han impuesto a sí mismos. La persecución del homosexual abierto se torna así en una gratificación y en un recordatorio para mantener la guardia interna. El mensaje emitido es que si no se reprimen, les puede ir tan mal como al homosexual reconocido. Entre los mismos gays se dice que "no hay nada peor que una loca frustrada".

Arnoldo es un ejemplo clásico de ello. Es un hombre gordo, casado  y que toma más de la cuenta. El alcoholismo y su gordura desmedida son los síntomas más evidentes de que en él algo no funciona bien. A pesar de su matrimonio, Arnoldo mira a su mujer con desprecio. Este desprecio se reviste, o se excusa con el machismo y la ideología que sostiene al pensar que los asuntos de las mujeres no son tan importantes como los de los hombres.

La gran felicidad de Arnoldo es frecuentar el gimnasio o la cantina, dos lugares tradicionalmente masculinos. Su homosexualidad latente la canaliza observando a quienes hacen fisioculturismo o hablando en un bar con sus contertulios. Ahí tiene una serie de amigos, con los que establece relaciones que nunca pasan de la raya que se ha fijado y que para él divide el compañerismo heterosexual, los juegos, los toques, el voyerismo y la exhibición, de lo que es la homosexualidad.


Para crear un lenguaje erótico con los otros hombres, Arnoldo  pasa hablando mal contra los "playos" (homosexuales, en lenguaje peyorativo): de su manera de hablar, de moverse o de coquetear. En ésto es, obviamente, un gran observador. Al imitar al homosexual, Arnoldo se permite a sí mismo actuar como tal frente a los compañeros y, por un momento, hacer un teatro que le es eróticamente satisfactorio. Esta es su única manera de hacerlo sin que se le tache de homosexual. El mismo Arnoldo no está consciente de la necesidad de hacerlo. En ésto se parece a los cómicos que, en nuestro medio, les encanta imitar a los "playos", para lo que se visten de mujer y se "quiebran" (hacen gestos amanerados). Esta representación, desde el punto de vista psicoanalítico, no puede mirarse como una broma sin causas profundas. Muchos de los hombres a los que le encanta hacer el papel de "playos", son ellos mismos homosexuales y esta es una de las únicas y tristes maneras en que pueden canalizar y practicar sus deseos.

Hablar de la homosexualidad, aunque sea para criticarla, es también una manera de poner a otros hombres a hablar sobre un tema que es erótico y que permite leer en el subconsciente del otro una serie de mensajes que indican cómo se siente el individuo con el tema. La persona, con la vista, la entonación, las palabras claves o simbólicas, la incomodidad, la risa, la sudoración, el palpitar del corazón y la respiración, dejará saber cómo está ubicado en el abanico de la sexualidad.

Es así como Arnoldo practica su homosexualidad. En el fondo, esta representación es un acto homosexual aunque no haya relación genital. Es eso lo único que falta para que Arnoldo se torne en uno consciente. Pero la genitalidad no es el requisito sine qua non de ésta.

Como Arnoldo hay miles de miles en Costa Rica. Se hacen evidentes cuando el medio les da la excusa para poner a actuar, de alguna forma, su homosexualidad. Cuando la selección de fútbol gana un partido y se desata un carnaval para celebrarlo, los miles de Arnoldos aprovechan el trago y la algarabía para tocarse, exhibirse y hasta besarse. Cuando la selección hizo un buen papel en el mundial de futbol en Italia, en 1990, era impresionante observar la cantidad de conductas homosexuales reprimidas que hay en el país.

Los hombres bailaban, mostraban sus genitales a otros hombres, se besaban y coqueteaban de una manera sorprendente. Si alguna mujer se incorporaba a estos actos, terminaba desnudada, víctima de abuso, casi violada. Pero casi, porque en estos derroches de homosexualismo reprimido, la mujer no juega otro papel que servir de pretexto para entablar, por medio de la violencia, una relación. Esta es una prueba más de la estrecha vinculación que existe en esta sociedad patriarcal, entre la sexualidad y la violencia.

Esas mujeres que fueron desvestidas en las calles de San José sirvieron como pretexto para la práctica homosexual. Su función era servir de enlace para que los hombres que celebraban un triunfo, pudieran arribar a lo erótico. Es el mismo patrón que siguen muchos bisexuales para conseguir a un varón: utilizan a la mujer como cebo.

La homofobia de los gays del closet es sorprendente. Muchos de los políticos gays inician o participan en los ataques contra otros gays, ya sea porque es una manera indirecta de castigarse ellos mismos o porque están obsesionados por demostrar que no son homosexuales.


Un caso de esta clase de persecuciones se dio en una institución del país. Durante la Administración del Presidente Oscar Arias, una de las más homofóbicas en la historia, se inició una ola de despidos de algunos funcionarios por su homosexualidad.  Obviamente, ningún representante de ese gobierno, cuyo jefe supremo había logrado un Premio Nobel de la Paz, lo reconocería públicamente. Los motivos aparentes para las destituciones se basarían en supuestas "mala conductas", que nunca se hicieron explícitas.

Ramón fue uno de los despedidos. Su jefe lo acusó de inmoralidad y le dejó saber que sería mejor que evitara cualquier escándalo o denuncia, si no quería que su homosexualidad se ventilara públicamente. Pero lo más insólito de todo es que este mismo jefe sería descubierto, por otro funcionario, cuando en su auto sostenía relaciones sexuales con un menor de edad. Él también sería despedido.

La deslealtad que existe a veces entre los gays, como se evidencia con este ejemplo, tiene sus razones de ser. Los homosexuales se conducen en forma parecida a lo que sucedió con los judíos en los campos de exterminio nazis.

A los judíos que ayudaban a los alemanes se les conocía como capos. Aunque la mayoría de los capos racionalizaron su participación con la tesis de que no tenían otra alternativa, siempre existieron formas de resistencia contra los asesinos. Existen, pues, capos en ambas comunidades y en todas aquellas que viven en la opresión. Muchos de ellos lo son porque quieren salvar su vida; otros porque asimilaron el antisemitismo, el racismo, el sexismo o el heterosexismo y encuentran placer persiguiendo a los suyos.

Otro es el caso de las lesbianas que laboran en las cárceles del país.  En estos centros penitenciarios algunas de ellas tienen cierto poder en relación con los travestidos que están detenidos. Como algunas se identifican con los valores machistas de las cárceles, se tornan en contra de ellos porque, obviamente, al ser homosexuales sin poder, no quieren ser identificadas con ellos. Castigar a alquien que la sociedad ubica en la misma categoría de homosexual, es una forma de expresar su propia ira.

En el trabajo que se realizó para investigar el homosexualismo en las prisiones -que se presentará  en un capítulo posterior- se entrevistó a todos los funcionarios que vigilan o tienen alguna relación profesional con los presos. Contrario a lo que se pudo haber previsto, las mujeres policías o funcionarias identificadas como lesbianas por los gays de la prisión, eran las más temidas por ellos.

Coreta, la directora de una de las secciones de la prisión más grande del país, es temida por los internos homosexuales; cuando se le preguntó que haría si su hijo fuese gay, respondió que "sería capaz de matarlo (al homosexual) si lo  hiciera con un hijo o sobrino mío" y que no lo aceptaría porque "eso es pura promiscuidad". Su actitud hostil se refleja en el mal trato que le brinda a los travestidos. Admite que cada vez que les da la mano, por temor al SIDA se "la lava con alcohol".

Haciendo el papel de “loca”


Formas menos severas de persecución se dan entre individuos que aparentan funcionar normalmente y cuyos desconectes son más leves. Un ejemplo son aquellos que hacen el papel de "locas" o sea que desempeñan el papel de "mujeres fatales" y les gusta actuar ante el público gay, haciendo fonomímica u otras actividades artísticas. Aunque graciosos y llenos de humor, muchos de ellos terminan actuando, dentro y fuera del show, de la misma manera durante toda su vida. El papel se convierte en una máscara rígida que aprisiona a quien lo desempeña y que no se vuelve a quitar jamás.

Estas personas luchan contra la depresión que les causa la homofobia, con una negación enorme de ella y  realizando un papel de “locas”, que es a la vez una forma de hacer aflorar hostilidades (la “loca” es en general venenosa) y disimularlas con la sorna. Las maneras en que la “loca” saca sus hostilidades son variadas. Una de ellas es su oposición a aceptar que forma parte de una minoría en el ambiente gay.

La “loca” cree que ella es más valiente y que todos los gays quieren, en el fondo, ser mujeres y específicamente, el tipo de mujer fatal que ella encarna. Para demostrarlo, siempre se refiere a los otros gays como mujeres, aún a aquellos que son muy masculinos, y no tolera ninguna diversidad en los roles sexuales dentro del ambiente.

Jorge, que se apoda Alba, es la típica representación de este fenómeno. Es un hombre mayor, que ha participado en el ambiente durante los últimos 30 años. Se inició en los bares escondidos y disimulados de la zona roja, los que se caracterizaban por su clientela marginal y violenta. No es una persona de escasos recursos y goza de cierta solvencia económica gracias a una pequeña empresa familiar.

A Jorge le gusta vestirse de mujer pero solo lo hace en las fiestas gays. No es un travestido en el sentido estricto de la palabra y mucho menos prostituto. Sin embargo, el papel de mujer le es tan atractivo que lo desempeña incluso cuando utiliza la vestimenta masculina.

La gente lo considera gracioso y lo estimula para que, en un bar o en una fiesta, desempeñe el papel de “loca”. Esto significa hablar muy amaneradamente sobre temas en que él o alguien como él, hace un papel ridículo frente a personas heterosexuales. Usualmente, el tema común es el intento de la “loca”, y sus estrategias para hacerlo, de conquistar un hombre muy macho. En estas historias, la mayor parte inventadas, el gay es descrito como un payaso únicamente interesado en obtener el ligue sexual o como un individuo obsesionado por la ropa, las joyas o los convencionalismos sociales.

Jorge está dispuesto a hacer este papel cuando se lo piden porque existe en él una necesidad de dejar salir un poco de material femenino que reprime en sus relaciones cotidianas. Sin embargo, él está consciente que también está siendo utilizado por otros para abrirle paso a su carga femenina. La manera en que cobra este trabajo es burlándose de todos los gays, inclusive los que lo escuchan y dejando muy en claro que sus "quiebres" o amaneramientos, son comunes a todos. De ahí que aquellos a los cuales les gusta sentarse a oír las "locuras" de la “loca”, al final de la tertulia les queda un sabor amargo que les costará borrar.

 


Su hostilidad contra las lesbianas es más grande aún al no entender por qué ellas no están interesadas en asumir el estereotipo de femineidad que atrae a la “loca”. Jorge es muy hábil en ridiculizarlas por su agresividad y comportamiento supuestamente masculino. Sabe que la mujer está consciente de la falsedad de su papel y que la lesbiana más aún que nadie.

Otra manera de sacar subrepticiamente la cólera es por medio del "veneno", lo cual trataremos más adelante. La “loca” es usualmente venenosa o sea, está presta a buscar alguna característica o información que haga vulnerable a otra persona con el fin de herirla y maltratarla.

Con sus ataques obtiene satisfacción porque agravia a un gay que ella mira como otra “loca”,  más aún si éste no muestra aprecio por su papel. La “loca” maneja la información como un arma. Los cuentos, las intrigas, los chismes, son parte de su arsenal para desvalorizar o malinformar y crear, así, el caos. Esta es una expresión de la confusión de género que tiene en su interior.

Existe un desfase mental en la “loca” que a veces es aún más difícil de descifrar. Consiste en adjudicarse una importancia y un impacto más grandes de lo que en realidad son.

Pamela, o Pablo, es un caso característico. Es muy activa y, de vez en cuando, organiza bailes de travestismo. Pero cuando habla de los actos en que ella actúa, la reacción del público no corresponde a la realidad.

Pamela se refiere al público de manera tal que parecía como si los cientos de expectadores formaran una sola persona. Cree adivinar cuáles son las reacciones ante sus canciones y qué les atrae de sus números. Piensa que todos están como hechizados cuando sale al escenario y que se le profesa una gran admiración por su profesionalismo.

Aunque algunos quizás reaccionen de esa manera, es improbable que en una sociedad sexista y homofóbica, un travesti sea admirado, respetado y su espectáculo disfrutado, de la forma en que Pamela piensa.

 

Esto podría parecer una exageración sin consecuencias del artista. Sin embargo, es de sospechar que en esas exageraciones indiquen la existencia de un mecanismo de compensación por la falta de poder que tiene un hombre así en una sociedad sexista. Esta compensación se vuelve negativa porque es una forma sutil de negar la realidad. Inhibe la acción y lleva a la persona hacia un mundo de fantasía en donde ella establece los valores y las escalas de poder.

Soñando despierto

Otra forma de desconectarse es por medio de la fantasía. A diferencia de la anterior, no se limita al espectáculo travesti. Las personas fantasiosas distorsionan la realidad cuando le dan una importancia exagerada a aspectos personales o al supuesto poder que tienen. Se engañan con recursos que no existen con el fin de sentir mucho menos la impotencia real que tienen como gays.


Una de las formas en que esto se expresa es con el papel del dinero y del poder. En un país como Costa Rica, donde todo el mundo conoce quién es quién, el hecho de que gays traten de convencer a otros de que poseen dinero o que pertenecen a una familia poderosísima (o decir que son primos o sobrinos de tal o cual personaje importante) es una empresa inútil. Si los tienen, todos lo sabrán y si no, también. Pero es evidencia de patología tratar de convencer a los demás de que se tienen estos recursos cuando la lógica dicta que no.

Sin embargo, existen gays que viven soñando despiertos al creer que tienen una importancia social, un impacto emocional, un atractivo físico mayor de lo que en verdad poseen.

En realidad, en Costa Rica, los gays pagan un precio muy grande por lo que son y esto dificulta que avancen en el trabajo, que logren el mismo apoyo de la familia que los hijos heterosexuales, que consigan contratos en igualdad de condiciones, lo que hace que tengan menos poder y recursos que los otros. Negar en la imaginación esta realidad que es triste y opresiva, solo disimula la opresión. Si eso no se comprende, estas personas pasarán toda su vida en este juego.

Danilo constituye uno de estos casos y  es un individuo fantasioso. Además de ser atractivo, tiene facilidad de palabra. Conoce de viajes y ha leído bastante, pese a que nunca terminó su carrera de arquitectura. Su inteligencia natural hace que algunas de las cosas que cuenta parezcan razonables. Pero cuando se le conoce bien, las pequeñas contradicciones en sus relatos se hacen evidentes.

Danilo posee lejanos lazos familiares con un personaje importante de la vida política del país. Esto lo menciona frecuentemente. Se refiere como si los ligara una gran cercanía y confianza, como si él tuviera influencia y poder sobre aquél hombre que pertenece a una familia de alta alcurnia.

Danilo no frecuenta, sin embargo, los círculos de poder del país pese a que siempre trata de mencionar asuntos que indiquen lo contrario. En realidad, Danilo no cuenta con ningún acceso importante al pariente. La mayoría de la gente que oye su historia lo sabe ya que no tiene dinero ni buena posición. Esta desempeña una función que va más allá de simplemente impresionar a la gente: la de engañarse a sí mismo.

Paranoia

Esta forma de respuesta ante la opresión es el extremo opuesto de la anterior. Su origen es el constante ocultamiento de la verdadera identidad sexual. Esto lleva a que el individuo se obsesione con este papel y se sienta acosado permanentemente.

Los gays que la utilizan como estrategia culpan a fuerzas poderosísimas por todos los males de su comunidad. Cuando surgió el SIDA, por ejemplo, algunos de ellos corrieron a achacar este mal a la CIA, la que estaba involucrada en un complot para terminar con todos los homosexuales.

Los gays tienen enemigos poderosísimos y es cierto que constituyen una minoría perseguida, pero la paranoia resulta contraproducente porque inventa enemigos tan grandes que hace imposible oponérseles: no vale la pena hacer nada porque la suerte está echada.


El sentirse constantemente perseguido es una forma de aceptar que la homosexualidad debe ser reprimida porque hay algo intrínsecamente inaceptable en ella.

Falta de lógica

No razonar adecuadamente es una forma de defensa. Existen personas que no pueden aceptar un argumento lógico y lo rechazan con ideas descabelladas. Muchos gays pretenden negar la realidad con argumentos que no pueden sostenerse por sí mismos.

En algunos casos, la falta de lógica ha servido como defensa contra las embestidas de los científicos homofóbicos y sus teorías sobre las causas del homosexualismo.

En Costa Rica, por ejemplo, ha existido una influencia muy grande de la psicología de la escuela "adaptadora" norteamericana de los años cincuentas. Esta sostenía que la homosexualidad era una patología o un vicio aprendido.

Los gays que se enfrentaron a este ataque de los psicólogos criollos lo hicieron con una negación de la teoría (porque nunca la enfrentarían cara a cara) y con la utilización de tesis, también infundadas, como la del carácter constitucional de la homosexualidad. De esta manera, los gays podían aducir que -por haberla heredado- no eran criminales ni tenían la culpa de su orientación sexual. Pero la defensa se hacía sin proveer evidencia, con temor de confrontar al establecimiento "científico" del país. Esto producía un distanciamiento de los gays con el método científico, al que asociaban con la homofobia y la intolerancia.

Un ejemplo de cómo se evita el pensamiento lógico es cuando alguien trata de convencer a otro de que un hombre se hace gay porque quiere ser como las mujeres. La evidencia científica apunta hacia lo contrario, pero muchos gays no la quieren oír. Cuando alguien trata de esgrimir este argumento lo que hace es lidiar, no con las razones que pueden hacer a la gente homosexual, sino con la culpa de ser homosexual. El argumento se torna en un intento de repartir culpas y no en un análisis serio del tema. La persona busca una excusa para lavarse de toda mancha. Esto podría servir para trabajar con la culpa y el pecado, pero no para discutir de manera científica.

Esta negativa a pensar con lógica y con datos científicos hace que la persona acepte únicamente lo que quiere y lo que cree más conveniente. En el fondo, refleja tanto el miedo de ser homosexual y el de averiguar lo que es cierto y lo que no, ya que si solo se presta atención a lo que se quiere creer, también se hará con lo que se debe hacer.

Un ejemplo que ilustra lo peligroso de esta actitutd es lo que ocurrió en Costa Rica cuando se oyó por vez primera sobre el SIDA  y un grupo gay se reunió para hacer algo antes de que aparecieran los primeros infectados en el país. Los que no querían hacer nada en cuanto a prevención, alegaban que el SIDA no llegaría aquí, porque la gente era más sana y tomaba más refrescos naturales. En realidad, lo que camuflaba era el temor a involucrarse en una lucha homosexual.


El pensamiento lógico puede parecer alienante para muchos gays cuando ellos experimentaron en carne propia lo que supuestos científicos hicieron y escribieron sobre la homosexualidad. En numerosos casos fueron muy maltratados por parte de este elenco de psicólogos, médicos, psiquiatras, abogados, trabajadores sociales y otros profesionales costarricenses que los han atendido.

Pero la homofobia de los científicos costarricenses revela la incapacidad que existe  en este país de utilizar el método científico correctamente, como la perniciosa influencia que a veces ejerce la religión.

Cuando los detractores de los gays escriben sobre el tema, terminan siempre recurriendo a las Sagradas Escrituras o al vago e indefinido concepto de "las costumbres morales". No pueden presentar evidencia de que ésta sea perniciosa, antinatural, patológica o dañina para el individuo o la sociedad. Lo único que pueden esgrimir es que se le rechaza porque siempre se le ha rechazado o porque interpretaciones antojadizas de la Biblia así lo hacen. Pero no son argumentos científicos sino tautologías. Un alumno que los utilizara para explicar cualquier teoría científica, sería reprobado sin contemplaciones.

En vez de huir de la lógica y el pensamiento científico, la fuerza de la causa gay se dará cuando más se obligue a todos estos  "especialistas" a defender sus caducas teorías. Sus razonamientos pueden ser fácilmente destruídos con bases científicas y con un buen conocimiento de las investigaciones serias realizadas sobre el homosexualismo. Incluso los argumentos teológicos pueden ser demolidos.

Sin embargo, mientras la gente gay no se instruya en este campo y esté dispuesta a dar una lucha racional y científica contra sus opresores, la ciencia continuará siendo utilizada en su contra.

 

Emocionalismo

Es otro problema porque también impide pensar correctamente. Algunos homosexuales con posiciones extremadamente emotivas, generalmente contra los mismos gays, divorcian del compromiso de hacer algo por la comunidad. Al pelearse con todos se convencen de que no vale la pena luchar por alguien.

Estas posiciones hacen que a veces sea imposible que los gays puedan trabajar juntos. En las pocas organizaciones gays que ha habido se han dado tantos conflictos, entre gays y lesbianas, entre gays de izquierda y de derecha, entre los que provienen de diversas clases sociales, que el trabajo ha sido muy difícil. En el fondo, el excesivo emocionalismo es otra forma de crear una situación inaguantable que excuse el compromiso y refuerce, en el subconsciente, la idea homofóbica de que los gays no sirven para nada.


Ciertas personas se sienten tan resentidas con quienes se opusieron alguna vez  a los derechos gays que impiden los acuerdos. Un ejemplo es el de algunos profesionales que iniciaron su trabajo con posturas antigays que luego las fueron modificando, ya sea por convicción o por conveniencia. A pesar de estos cambios, algunos activistas rehusan negociar con ellos, lo que hace imposible sacar partido de esta nueva posición.

Lo mismo sucede con quienes, aunque han variado posiciones y actitudes, no pueden ser incorporados a las organizaciones gays porque existen individuos resentidos que no les perdonan errores pasados.

COMPENSANDO LA HOMOFOBIA

Una de las maneras en que algunos gays se enfrentan a su homofobia es con las compensaciones. Esto significa que tratan de hacer algo noble y bueno en otros campos porque en el fondo creen que son  poca cosa.

El síndrome del super tío

La compensación abarca diversos aspectos. Uno de ellos se denomina el "síndrome del super tío". Este incluye una preocupación excesiva por los sobrinos, hermanos, padres, familiares, compañeros de trabajo, etc. Esto lleva al homosexual a comprar regalos, pagar cuentas que no son suyas, dar su tiempo, trabajo y dinero, aconsejar, apoyar, con tal de "comprar" la aceptación de su homosexualidad.

Heriberto es un hombre de origen rural de 27 años de edad. Su padre, alcohólico y muy violento, castigaba a su madre  y la controlaba, por celos, con continuos embarazos. De ahí que la pareja engendró diez hijos, sin tener los medios para criarlos decentemente. El papá trabajaba como bombero, pero se gastaba todo el dinero en el alcohol. La madre lavaba ropa ajena y las veía muy mal para alimentar a la numerosa familia.

La identificación de Heriberto con las atribulaciones de su madre fue muy grande. Se sentía que había una gran injusticia en el trato que ella recibía. Era el único que la protegía cuando su esposo la golpeaba. La madre, a su vez, también manifestaba una preferencia por él, el mayor de los hijos. Cuando Heriberto creció y se hizo gay, siempre concibió su homosexualidad como una traición a los deseos de su madre. Sin embargo, ella lo aceptó como tal, aunque nunca hablaran del asunto.

El agradecimiento que tiene Heriberto es tal que se preocupa porque no falte nada en la casa. A pesar de que sus hermanos han crecido y también trabajan, es Heriberto quien compra las cosas, invita a su madre a salir, vela porque sus gustos sean complacidos y corre cuando ella está enferma.

La madre se acostumbró a esperar todo de su hijo mayor, mientras que a él le molesta que de 10 hermanos, él sea el único que se ocupa de la casa de la madre. Los demás, para no ayudar, ponen de pretexto que Heriberto es soltero y no tiene obligaciones como ellos. En realidad es soltero solo por definición legal. Heriberto vive desde hace cuatro años con su amante, pero esta relación no es aceptada por nadie. Como resultado de esta situación, se siente atrapado porque, por un lado, es explotado pero, por otro, se siente culpable de haberle fallado a su madre por no haberle dado nietos. Esa culpa la compensa con la ayuda constante.


Un ejemplo clásico del "síndrome de super tío" es aquél en que se asume estoicamente todas las obligaciones de personas que no devuelven ni la mitad de lo que obtienen y que, más bien, terminan rechazando la mano que les da.

Un caso es el de Marcos, un tío estupendo que ha cuidado de sus sobrinos de una manera muy particular. Marcos los ha ayudado para que estudien, en vista de que su hermana es divorciada y recibe una pensión muy baja. Asumió esa responsabilidad con gran satisfacción ya que mira a sus sobrinos como los hijos que siempre quiso tener. No solo es cariñoso y generoso, sino que se ha sacrificado para que ellos puedan asistir a colegios privados y reciban la mejor educación.

Ellos, por su parte, lo han visto siempre como un padre sustituto y, aunque sospechan del homosexualismo de su tío, no tocan nunca este tema. El hecho de que los compañeros de colegio podrían mofarse de los sobrinos, hace que Marcos sea muy reservado con su vida gay y que evitara cualquier escándalo en la familia. Durante mucho tiempo logró mantener un buen balance entre las necesidades de su familia y las suyas.

 

Sin embargo, en cierto momento se enteró de que tenía SIDA. Esto fue un golpe enorme para él. La manera de enfrentarlo fue, al principio, escondiendo la realidad a su hermana y a otros familiares. Durante un tiempo, cuando aparecieron algunos problemas de la salud, pudo convencer a todos de que estaba un poco débil y que no era de preocuparse. No obstante, una pulmonía lo obligó a internarse en el Hospital Calderón Guardia en donde fue enviado a la sección de pacientes con SIDA. En ese momento, la homosexualidad de Marcos, guardada con el mismo celo que la enfermedad, se hizo oficialmente presente.

Juanita, la hermana de Marcos, se sintió destrozada por ambas noticias. Ella sospechó toda la vida que su hermano era homosexual, pero nunca lo había confrontado racionalmente. Era una verdad que se encontraba ahí, en su subconsciente, pero que no podía salir; estaba atrapada y reprimida. Ella se decía que Marcos era muy exigente y que tarde o temprano encontraría a la mujer ideal. Además, Marcos no era afeminado ni criminal, ni vicioso, ni tomador, ¿cómo era que podía ser homosexual?

La situación para Marcos y Juanita se hizo difícil. Ella lo quería y no lo iba a abandonar en estos momentos. Sin embargo, el escándalo la tenía atemorizada.¿Qué pasaría con los vecinos, los amigos, los familiares y compañeros de trabajo? Peor aún, ¿cómo reaccionarían los compañeros de sus hijos en el colegio privado? Todo por lo que se había luchado tanto parecía que se venía abajo. Máxime porque involucraba a los niños y Juanita sabía lo crueles que éstos podían ser a ratos.

Marcos entendió perfectamente los temores de Juanita. Ahora él dependería totalmente de ella y no podía contrariarla porque tenía miedo de la enfermedad y de la soledad. Por eso, el modo de lograr un nuevo balance era, de acuerdo con su hermana, continuar con la mentira y decirle a todo el mundo que Marcos tenía leucemia. De esta forma, él seguiría en el closet de donde nunca había salido, ni siquiera por el SIDA.


Marcos tendría que evitar, en este pacto implícito del que nadie habló, internarse en los hospitales ya que allí era imposible continuar con el engaño. Este se lograría mantener siempre y cuando él se tratara en el hogar, no obstante lo contraproducente y peligroso que era. En este plan contaron con la ayuda de una doctora que estaba dispuesta a hacerse cargo del tratamiento en aras de "evitarle la discriminación a Marquitos" y de cobrarle unos "cinquitos" de más por las visitas a la casa.

En realidad, Marcos no obtuvo el apoyo que necesitaba y mucho menos la atención médica requerida. Tuvo que mantenerse alejado de sus amigos gays porque éstos, con solo verlo, averiguarían la verdad y la harían pública. Tampoco pudo trabajar psicológicamente su propia muerte. Fue directo a la tumba, pero en el closet. Su decisión demostró que para él era preferible la muerte a que se sepa que uno es homosexual.

Al final de cuentas, Marcos protegió a sus sobrinos, quienes a pesar de haber recibido todo de él, no tuvieron la oportunidad de conocerlo como era en realidad, pero sí pudieron impedirle que muriese con dignidad.

Todos esos hombres jóvenes que han muerto sin que nadie sospechara que estaban enfermos y cuyas esquelas y razones familiares de la muerte niegan la verdad -eran gays y murieron de SIDA- son el símbolo más patético de quienes han preferido ir  a la tumba y permitir que el engaño continúe con el fin de proteger a la familia y a todos aquellos que recibieron algo de ellos. Su mensaje para los otros gays es fatídico también: morimos avergonzados de lo que fuimos, permitimos que nos cambien la identidad, dejamos que se nos borre de la historia.

Con todos estos esfuerzos, el homosexual trata de quedar bien con quienes lo rodean, pues al sentirse mal y poco útil, trata así de que su condición sea tolerada o aceptada. Pocos se dan cuenta, sin embargo, que los que reciben los favores también entienden, a nivel subconsciente, el por qué de esos esfuerzos, y evitan una aceptación total que podría significar la pérdida de los beneficios. Nunca llegan a aceptar del todo al gay y, por lo tanto, los empeños de éste son, en parte, en vano.

Una de las cosas interesantes acerca de cómo trabaja la compensación consiste en que les roba a los gays el tiempo y la energía que podrían usar para sí mismos. Es sumamente significativo que terminen apoyando a los niños, a las mujeres, a los campesinos sin tierra, a las víctimas de la violencia, a la insurrección popular, a la naturaleza y que, en cambio, no inviertan sus recursos en causas suyas como el SIDA, la violencia de la policía en los bares, la discriminación en el trabajo y otras grandes y pequeñas arbitrariedades.

Trabajo


Otra forma de compensar la representa la dedicación exclusiva al trabajo. Algunos lo utilizan como una manera de evitar la práctica homosexual: dedican todo su tiempo a la empresa o a la labor que desempeñan. Otros para llegar a ser queridos e imprescindibles para los superiores y compañeros de trabajo. En este último caso el fin es que sean perdonados a cambio de más esfuerzo y trabajo. Muchos gays, como resultado, son más trabajadores y responsables que sus compañeros heterosexuales. Aunque esto es un atributo muy positivo, no hay que olvidar que frecuentemente es producto de la misma homofobia que los señala como culpables y defectuosos.

La religión

La práctica religiosa es una forma típica de compensar. Pese a la nada cálida bienvenida que tienen en la Iglesia Católica e iglesias protestantes, los gays continúan con su lucha para ser aceptados por los clérigos y los feligreses. Si alguna iglesia manifiesta una leve aceptación (que siempre es bajo la admonición de que "te acepto porque sos enfermo y pecador"), ahí están los gays para demostrar su gratitud con una labor en pro de la iglesia o el sacerdote que es ilógico en relación al trato que en la práctica se les da. Pero esta es una forma de compensar: se persigue una migaja de respeto..., ¡como si ésto no fuera de esperarse de los supuestos servidores de Dios!

Obviamente, deben incluirse aquí a los que se unen a las iglesias fundamentalistas o los que se escudan en dioses, vírgenes y santos para sentirse comprendidos, protegidos y excusados. Cuando ingresan la bienvenida que reciben es a medias. El que un hombre obviamente afeminado ingrese a una iglesia es en sí una forma de aceptación. Pero ésta se da siempre y cuando la sexualidad sea reprimida o escondida, lo cual se logra muy parcialmente porque es difícil que en ambientes exclusivamente masculinos, se pueda resistir la tentación de la práctica sexual.

Luis ha trabajado toda su vida por los pobres. Un camino que encontró para hacerlo de manera permanente fue por medio de la Teología de la Liberación y el sacerdocio. Esto lo mantiene ocupado y con responsabilidades enormes porque cuenta con la confianza absoluta de su superior.

Luis es gay, pero él piensa que la causa de los pobres es más importante que cualquier otra cosa, particularmente que la sexualidad, la cual en su caso lo ha hecho siempre sentirse culpable.  Aún así, Luis mantiene relaciones sexuales ocasionales. Solo en una oportunidad pudo sostener una relación de pareja.

Sus relaciones no pasan del nivel físico porque no solo ha hecho sus votos de castidad, sino que sabe del repudio que su superior siente por el homosexualismo. Para encubrirse, Luis vocifera también contra esa conducta sexual en los sermones del domingo. Esto lo hace sentirse mal, pero lo racionaliza con la tesis de que está obligado a hacerlo. En el fondo, Luis sí cree que hay algo malo por ser él como es y por vivir de una manera tan escondida.

Luis no tiene otro remedio: ayudando a los pobres considera que da una lucha por gente que lo necesita y lo acepta. Es la forma de luchar contra las injusticias, las mismas que encontró en la escuela cuando se burlaban de él por ser tan amanerado.

Causas ajenas

Quizá debido a la desconfianza que se tiene entre los mismos gays, existe una atracción de algunos por movimientos y pensamientos que no tienen mucho que ver con ellos. Los que suelen unirse a otras causas entran en relaciones de compensación que no ayudan a la problemática gay.


Ejemplo es la participación de algunos gays en movimientos o creencias como las que se expresan en la lectura de cartas, la macrobiótica, la astrología, la numerología y otras tantas que nunca han demostrado poseer una base científica, pero que hacen creer a los que las apoyan que proporcionan poderes extraordinarios.

Es probable que una participación de este tipo se deba a que encuentren en esos grupos personas que tampoco tienen mucho poder y por encontrarse en la periferia social, lo cual los hace, a veces, más tolerantes y, de una u otra manera, más solidarios con los gays. Las personas que leen cartas o recurren a la macrobiótica o al yoga, lo hacen porque tienen alguna o mucha desconfianza en los principios sociales y religiosos establecidos.

Una de las formas en que los gays buscan comprometerse en causas ajenas es con su participación en grupos de izquierda, que luchan por los derechos de todos los sectores oprimidos pero, obviamente, jamás por los homosexuales.

Mariano es un líder de izquierda que ha luchado toda su vida por los campesinos costarricenses. Estuvo varias veces en la cárcel por participar en huelgas ilegales, invasiones de tierras, manifestaciones y un sinnúmero de actividades revolucionarias. Goza del aprecio de sus camaradas, pero sufre por la posibilidad de que descubran su identidad sexual, la cual ha ocultado durante sus 20 años de trabajo sindical.

Para lograr esconder su identidad, Mariano nunca habla de su vida sexual y mucho menos insinúa que vive con otro hombre. Sus camaradas, aunque tienen amplias sospechas de su homosexualidad, no se atreven a hablar del asunto porque Mariano es un elemento muy valioso.

Jamás se le hubiera ocurrido a Mariano preguntarle a sus compañeros por qué la causa asumida por lo gays es ignorada por su movimiento "progresista" de izquierda, y por qué la represión es justificada por la izquierda. Ya ha oído suficientes chistes de "playos" en las reuniones como para temer la respuesta. Además, muchas veces cuando alguien se acobarda en una acción revolucionaria, lo cual paradójicamente nunca le había sucedido a él, se le tilda de "gran maricón".

El desencanto con las posiciones respecto a la problemática de la mujer asumida por los partidos de izquierda, llevaron a muchas mujeres a formar casa aparte. Después de haber luchado hombro a hombro con sus compañeros, se dieron cuenta de que eran tratadas como ciudadanas de segunda categoría. Lo mismo sucede con los gays, pero éstos han tomado más tiempo en reaccionar. Pese a que el Partido Vanguardia Popular, el partido comunista costarricense, prohíbe la participación de homosexuales, cientos de sus activistas y afiliados lo son y continúan trabajando por esta organización política.

Unirse a causas ajenas no es, lógicamente, una característica solo de los gays, pero sus motivaciones específicas generalmente tienen que ver con el deseo de buscar excusas, explicaciones o huidas de la homosexualidad.


La atracción hacia otras organizaciones y luchas no se da únicamente porque a veces encuentran más tolerancia de los gays, sino porque así compensan sus deseos de justicia y canalizan su frustración. El combate  que deberían dar por sus derechos lo transfieren a la defensa de los negros, indios, judíos, mujeres, campesinos, obreros, niños y la naturaleza.

CONGELÁNDOSE PARA EVITAR EL DOLOR

Existen muchas formas de congelar los sentimientos para no sentir el dolor de lo que es ser gay en una sociedad como la costarricense. Entre éstas están la incapacidad de enamorarse, el alcoholismo,

la drogadicción y el sexo compulsivo.

Incapacidad de enamorarse

Quizás el acto más audaz que puede realizar un gay es establecer una relación permanente con otro hombre. Una relación así lo hace más susceptible de ser identificado como homosexual: si se vive en pareja se revela la identidad.

Es más difícil esconderse si se es visto constantemente con otro hombre y si la soltería se prolonga demasiado. Por eso, para muchos gays enamorarse y mantenerse en la relación es casi imposible. Significa amar a otro homosexual y aceptarlo como tal, lo que es un esfuerzo enorme para aquellos con mucha homofobia interiorizada.

José es uno de los que dice no haberse enamorado porque no ha encontrado al amante ideal. A pesar de sus 35 años, y un sinnúmero de relaciones, no logra entender qué es lo que le pasa cada vez que conoce a alguien. Al principio, se enamora fuertemente. Las relaciones sexuales muy apasionadas son, para él, una señal importante de que la pareja marcha bien. Sin embargo, después de algunos días, José, lentamente, inicia un proceso de búsqueda de defectos en su compañero.

Él prefiere hombres muy masculinos, pero gradualmente nota que el tipo con el que anda tiene unos "quiebres" raros que no había observado anteriormente. Si éste muestra un interés en la relación, José se asusta y cree ver en él un estado de desesperación. Finalmente, cuando las salidas se vuelven frecuentes, aparece el aburrimiento y la falta de interés. Como el compañero siente un lento rechazo de José, éste empieza también a hacerse más reservado y cuidadoso. La última etapa del romance es la pérdida del interés sexual, lo que pone punto final a la relación.

El caso de José no es inexplicable. La intimidad con un compañero es una declaración profunda de su homosexualidad, mientras la relación sea solo sexual, existe la posibilidad de abandonarla algún día. Mientras no haya involucramiento emocional, es más fácil disimularla. Pero cuando sobrepasa ese límite se vuelve intolerable.


La manera en que el subconsciente ayuda a terminar con las relaciones es destacando o atribuyendo defectos. Cosas que se notaron desde el principio, pero que no se les dio importancia, aparecen ahora magnificadas. Aspectos de la personalidad que surgieron como interesantes al inicio, se tornan ahora desagradables. La persona enamorada es vista como ridícula, como muy amanerada (el amor es un sentimiento más identificable con la mujer y todo hombre enamorado es en realidad percibido como más femenino, ya sea heterosexual u homosexual).

Después de ese proceso, cualquier malentendido, disgusto o molestia es suficiente para dar el veredicto final: ya no te quiero, ya no me gustas, el amor se fue.

Una versión similar a esto es la del gay que se enamora y desenamora constantemente. Al vivir de relación en relación es, con respecto a la anterior, la otra cara de la misma medalla: no puede tener una relación estable, no puede amar a un homosexual por mucho tiempo.

William es uno de esos hombres enamoradizos. Le gusta la poesía, la música romántica y los encuentros apasionados. Cada vez que conoce a alguien, prefiere esperar y no apresurar los acontecimientos. Puede hacerlo porque es muy atractivo. Lo buscan constantemente: su teléfono suena siempre.

Sus relaciones forman una cadena de romances que comienzan y terminan de manera similar. Al principio, todo marcha de maravillas. El nuevo compañero responde de la manera en que William quiere y los cortejos duran meses. Después de esta etapa, se inician las relaciones sexuales que son más emotivas que físicas, llenas de caricias y aspectos delicados. Finalmente, ambos optan por vivir juntos.

Luego, con el transcurrir del tiempo, la pasión empieza a desvanecerse. El primer síntoma lo constituye el coqueteo de William con otro tipo (esto es parte de un plan subconsciente) y que Carlos, su amante, observa. Ahí surge el primer pleito y las escenas de celos que le harán a William "darse cuenta" que las cosas ya no son las mismas. Luego, continuarán produciéndose escenas similares hasta que los celos de Carlos se vuelvan "enfermizos".

Existen, obviamente, celos enfermizos, pero éstos tienen su razón de ser: Carlos se da cuenta, también de modo subconsciente, que William lo está abandonando y reacciona ante ello. Pero esta respuesta es la trampa tendida para sabotear la relación. William argumentará que no le gustan los celos, ni las discusiones, ni la falta de libertad, ni cómo la relación ha cambiado. Con esta excusa, pronto aparecerá otro individuo dispuesto a consolar a William y a demostrarle que él no es ni celoso, ni posesivo, ni controlador. Los versos y las canciones románticas se inician, las miradas apasionadas se presentan, y en menos de lo que canta un gallo William se ha vuelto a enamorar.

Este patrón de conducta es tan común en Costa Rica que casi resulta un atributo indispensable en un gay el hecho de que pueda enamorarse y desenamorarse de la noche a la mañana. En general, casi nadie se pregunta cómo es posible que los sentimientos surjan y desaparezcan tan fácilmente. No existe conciencia de que es difícil dejar de querer sin que medien defensas muy grandes en el subconsciente o que las cosas se tornen en realidad en un gran desastre. Pero en una cultura muy reacia a analizar los verdaderos sentimientos como lo es la latina, es más fácil aceptar esta tesis en vez de indagar y profundizar en qué hay detrás de ella.


Una forma distinta de interpretarla es que para los gays, en vista del sufrimiento que han padecido, se desarrolla un gusto hacia lo inmediatamente gratificante. Esto significa que todas esas cosas que “duerman” el dolor, serán bienvenidas. El enamoramiento es una de ellas, ya que crea un estado de atontamiento que alivia el dolor existencial. Pero el verdadero amor surge después del período de pasión inicial. Es en este momento cuando las personas se miran tal como son y tienen que aprender a amarse como seres humanos falibles. Este proceso es doloroso, ya que implica abandonar las fantasías, poner los pies sobre la tierra y trabajar con otro ser imperfecto, lleno de los mismos dolores. Para muchos gays, ésto es imposible. Al volverse adictos a la droga del amor y huir de lo doloroso, tienen que recurrir a otro y a otro hombre cuando la pasión empieza a disolverse.

Emborracharse

El alcoholismo y el consumo de drogas entre los homosexuales no es  insignificante, puesto que sirven para amortiguar momentáneamente el dolor. Cuando se está intoxicado las cosas parecen más fáciles de llevar. Es una forma de poder subsistir en un medio hostil. Obviamente, el precio a pagar es enorme porque las personas adictas entregan su capacidad de controlar sus vidas.

El hecho de que la única institución gay que existe en el país sean los bares, crea las condiciones para que la adicción al alcohol se fomente. El único espacio disponible para  ser lo que se es está lleno de licor. Los bares compiten los unos con los otros dando horas libres para tomar todo lo que se pueda. Su negocio es emborrachar a la comunidad sin pagar el precio por hacerlo. En lugar de asumir su  responsabilidad y financiar programas de prevención, los dueños de bares se contentan con criticar a las organizaciones gays para racionalizar su irresponsabilidad. Como éstas son culpables de todos los males imaginables, los dueños de bares optan por no pagar un cinco “por no estar de acuerdo con sus políticas”.

Mario jamás se catalogaría a sí mismo como un alcohólico. Bebe, según él, ocasionalmente. No obstante, cada vez que puede, toma más de la cuenta. Generalmente, lo hace cuando va a los bares gays. En esos lugares, siente un cierto temor. Le gusta conocer gente y hacer nuevas amistades pero necesita una ayuda para "romper el hielo". Esa ayuda ha sido siempre necesaria porque nunca ha entendido bien el ambiente y las reglas del juego.

Los gays llegan a esos sitios muy conscientes de que van a conocer a su príncipe azul y eso los pone muy a la defensiva. Tan a la defensiva, que se les hace casi imposible admitir su aspiración. A hombres como Mario, con los deseos a flor de piel, los lugares les provocan ansiedad. Si insisten mucho en ser amables, los otros los mirarán con desconfianza y como impulsados por la desesperación. Pero si se retraen y apartan, terminan solos la noche y eso es algo que no desean.

La manera de lidiar con el problema es con unos tragos. A Mario el licor le disminuye un poco la angustia de estar en el bar y disimula su atracción que le causa un tipo u otro. A la vez, le da la confianza para ir a sacar, más tarde, a alguien a bailar. Cuando se ha bebido unos cuatro tragos, Mario se encuentra en el mejor estado de ánimo para dar el paso decisivo. 


Cuando Mario propone a su compañero ir a su apartamento, está ya tan intoxicado que no sabe lo que hace. Eso lo ha llevado más de una vez a no usar el preservativo. Al otro día, lo carcome la angustia por haber cometido un error que le puede costar la vida. Pero para consolarse, se toma otros tragos más y se promete que ésa será la última vez que lo hace.

Como Mario existen muchos gays en Costa Rica. No pocos terminan en la condición de alcohólicos y otros en la condición de bebedores controlados pero que no pueden dejar el licor. El trago es su medicina para enfrentarse a su homosexualidad o a la homofobia social. Quita momentáneamente el dolor y la angustia, también el control y la seguridad.

La lista de personas que están amarradas a una dependencia del alcohol es muy grande. La evidencia se puede obtener cuando se observa la cantidad de clientes que asisten, entre semana, a los bares josefinos a las famosas "barras libres" (horas en que se puede beber todo lo que se quiera).

Algunos gays sufren una dependencia semejante con las drogas. La marihuana era popular hasta hace poco. Ahora, la cocaína ha ido ganando terrreno tanto entre los sectores de altos como  de bajos ingresos. Los gays ricos la empezaron a utilizar primero, luego, los travestidos y prostitutos, estos últimos con el fin de obtener más energía y resistencia para sus ajetreadas vidas.

Sexo compulsivo

No solo las drogas y el alcohol provocan adicción. El sexo, una de las pocas fuentes de placer para los gays, se convierte para muchos en una obsesión. Las relaciones sexuales les permiten acallar un poco el dolor de la separación de otros gays y obtener, al mismo tiempo, placer. Pero como obsesión los despoja de la capacidad de relacionarse plenamente con otro hombre (se conforman con el estereotipo de que la homosexualidad es una práctica sexual y nada más) por lo que funciona como el trago o la droga.

Muchos de los que tienen una adicción extrema al sexo, ni siquiera lo reconocen como tal, pues nuestra sociedad no mira como irregular el que un hombre lo practique excesivamente. Más bien, en el caso heterosexual, estos hombres -pero jamás las mujeres- son admirados y apreciados como grandes machos. Esta misma ideología se proyecta en la cultura gay.

La línea divisoria entre lo que es normal y anormal en el deseo sexual es totalmente subjetiva. No se quiere aquí hacer el papel de los puritanos ni de aquellos que condenan el sexo por el sexo. Existe mucho placer en las relaciones sexuales. Es un mito que sea necesario, o siquiera lo más conveniente, que haya enamoramiento para disfrutar de una experiencia sexual.

Sin embargo, en ese abanico de posibilidades que es la sexualidad, cada persona conoce sus límites y hasta cuándo un patrón se puede tornar negativo para sí misma. Esa línea divisoria que es completamente subjetiva, es atravesada por muchos gays que buscan en el sexo algo que los haga olvidar su opresión y su marginalidad.


No es un secreto que existen algunos obsesionados con ciertas características físicas de los hombres que se dedican a buscarlos.

 

Pedro es el caso típico del hombre gay que se satisface únicamente con hombres de pene muy desarrollado. En el órgano masculino ha proyectado un poder y un valor que desea obtener. Por esta razón, escoge a sus compañeros sexuales únicamente por el tamaño de su miembro. Si alguno no llena esas expectativas lo hace a un lado y lo manda  de vuelta para la casa. Un apetito de ese carácter insasiable hace que no logre nunca establecer una relación significativa y duradera con nadie, ya que sus exigencias no toman en cuenta otros atributos que hacen posibles las relaciones.

Otros, sin ser tan exigentes como Pedro, viven también obsesionados por los ligues frecuentes. Entre los más conocidos están aquellos que buscan sus parejas en lugares públicos como parques, cines, orinales, cantinas, centros recreativos y otros. Son impulsados por tal deseo de visitarlos que no reparan en que son peligrosos, por cuanto también concurren a ellos maleantes que les roban y asaltan.

 

En este caso, la adicción está ligada al peligro. Algunos frecuentan estos lugares porque les atrae ligar con desconocidos. El erotismo se envuelve así en misterio y dificultad. Además, hay que recordar que este tipo de ligue, antes de que existieran bares, fue el único disponible, por decenas de años, para los gays costarricenses. Esta también fue  la norma en otros países antes del advenimiento del movimiento de liberación gay y el desarrollo de alternativas de encuentro.

Ahora bien, el hecho de que, pese al surgimiento de los bares y las fiestas privadas que hacen posible la socialización gay, los lugares públicos continúen operando como centros de ligue, requiere una explicación. En primer lugar, muchos hombres gays y bisexuales en el closet y bisexuales van allí porque les permite mantener su homosexualidad escondida. Si decidieran acudir a un bar serían identificados, lo cual temen y evitan.

Pero esos no son los únicos visitantes. Gays que no tienen ningún problema en entrar a un bar o ir a una fiesta, prefieren estos sitios porque les erotiza el peligro. Esta es la diferencia entre los que van porque están en el closet y los que lo hacen porque quieren. Generalmente, los primeros son los que están ahí ocasionalmente, mientras que los segundos lo hacen con frecuencia.

Esta adicción no es nada inofensiva. Algunos han terminado asesinados, otros desnudados por los maleantes, en estos lugares; otros han sido detenidos por los policías.

Los adictos, que se encuentran por doquier, van a los parques y otros lugares públicos, saben que corren serios peligros pero, aún así, no lo pueden controlar.

CANALIZÁNDOSE


Cuando la hostilidad hacia la homosexualidad no es trabajada efectivamente, busca otros senderos por dónde salir. Freud consideraba que las emociones, los traumas infantiles o los deseos, no pueden ser eliminados sino  reprimidos. Un deseo reprimido buscará la forma de emerger por medio de su satisfacción directa o por medio de una canalización que sea una manera alternativa de alcanzar esa satisfacción.

Las canalizaciones se dan porque a veces el precio por satisfacer un deseo es muy grande y, por lo tanto, peligroso para el individuo. El subconsciente busca entonces un sustituto, el cual  sirve para liberar la energía que tiene el deseo.

Con la homofobia, que es un odio y un deseo de destruir al homosexual, el gay arrastra una amenaza contra su propia identidad:  él es a la vez  el objeto a destruir. Entonces, el subconsciente trata de hallar alternativas para que este deseo salga sin que se convierta en una forma de aniquilación.

Veneno

El “veneno”, o sea los comentarios mordaces, generalmente hechos en presencia de la víctima, y que intentan desvalorizarlo pero de una manera disimulada que evite la confrontación, es una forma de ventilar la homofobia. El “veneno”, a diferencia de la burla, es inteligente, es decir requiere de cierto grado de observación y de conocimiento de la persona y se refiere más a las características psíquicas que físicas. Sin embargo, el fin que persigue es similar al de la burla: ridiculizar, humillar, criticar, desvalorizar y amonestar sin propósito definido.

El “veneno” es muy común en el ambiente gay. Esta forma de crítica inmisericorde constituye una forma de homofobia que vuelca el odio que uno se tiene a sí mismo en el otro: de esta manera, la homofobia se vuelve aparentemente inofensiva porque no está dirigida contra el mismo individuo. Sin embargo, es dañina porque al provenir de un deseo contra la identidad, no solo destruye a todos los que tienen que ver con el que destila el “veneno” sino que hace que éste obstaculice la solidaridad.

A pesar del encubrimiento que hace esta canalización, el “veneno” conlleva el mensaje de que la homosexualidad y los homosexuales son seres desvalorizados. No importa cuánta gracia provoque (la risa es más que todo aquí una reacción nerviosa ante el ataque), envenena el espíritu y paraliza psicológicamente.

Burla

Las burlas, a diferencia de los “venenos”, son comentarios que se hacen generalmente a espaldas de una persona y que se refieren a alguna actividad o característica muy particular. La burla no tiene la inteligencia del “veneno” y requiere menos observación. En la mayoría de los casos señala defectos físicos o mentales. Forma parte de la conversación de todos los días en los bares. La desvalorización que persigue es la misma de los “venenos”.

Crítica destructiva


Existe una diferencia entre la crítica y el “veneno”. La primera, puede tener como objeto algo positivo: hacer ver al otro que hay algo incorrecto en su conducta para que, en teoría,  se corrija. Sin embargo, la crítica que no persigue ningún objetivo loable y el fin principal es desvalorizar al otro, es también una expresión de homofobia. Existen críticas tan destructivas que  solo se diferencian de un “veneno” en que ésta se hace en tono jocoso.

La crítica, entre homosexuales, es quizás más acentuada que en heterosexuales (aunque también muy generalizada), debido a que los primeros gustan menos de sí que los heterosexuales.

Serruchar el piso (pelear por medios ilegítimos)

La frase es muy gráfica porque describe lo que hace esta forma de odio: hacer caer a la persona por medio de hacer un hueco en el piso. Significa hacer todo lo posible para que una persona fracase en su trabajo o en su vida por medio de una acción que es solapada. El campo de acción es muy amplio y puede incluir una serie de posibilidades.

Un ejemplo es la desvalorización que se efectúa de una persona cuando alguien, que está interesado en conocerla, pregunta por ella. Un comentario desfavorable, una indiscreción, una revelación cierta o no, destruye de antemano cualquier posibilidad de que esas dos personas socialicen.

En las organizaciones gays los comentarios que se hacen antes de una fiesta para recaudar fondos ("que sus miembros roban el dinero recaudado, que lo gastan en cosas superfluas, o que va a ver una redada de la policía esa noche") no tienen otro propósito que sabotear el evento. Es una expresión de homofobia porque destruye la energía gay y porque repite el mensaje de que los gays no sirven para nada, que no vale la pena trabajar con ellos, y que cuando alguien lo hace solidariamente, es solo para beneficio propio.

Chismes

Una manera de destrucción es la falta de confidencialidad. Esta significa que no se guardan secretos y que se revelan problemas íntimos de los otros. En estos tiempos del SIDA, esta forma de actuar adquiere un significado muy especial, ya que el revelar que alguien está seropositivo significa producir su muerte social. Aquí la homofobia se acerca mucho a su misión básica: el asesinato del homosexual.

Pero los chismes abarcan también diferentes campos. Los comentarios acerca de que una persona es infiel o de que otra practica esta otra manera de hacer el amor, es una forma de dar a conocer información privada con el fin de perjudicar.

CASTIGÁNDOSE


Cuando existe homofobia interiorizada se siente mucha culpa de ser homosexual. Una de las maneras de responder a esta sensación es con castigos inconscientes. El subconsciente hace que la persona se castigue como forma de liberar la culpa. Así mucha gente gay busca una serie de castigos que pueden ir desde el alcoholismo y la drogadicción hasta el SIDA. No es una exageración afirmar que muchos de los que continúan con el sexo inseguro, a pesar de conocer los peligros del SIDA, lo hacen con un deseo inconsciente de castigarse.

Pero también esto se hace evidente con empresas que llevan adelante algunos individuos y, que sin una razón lógica, van al desastre o son abandonadas. Estos homosexuales, a pesar de darse cuenta de que el proyecto puede triunfar, prefieren verlo destruido con tal de probarse a sí mismos que no sirve trabajar con otros gays o que ellos mismos nunca harán nada de provecho. Es la única manera de explicar el por qué tantos negocios exitosos y trabajos  buenos terminan en el fracaso sin explicación aparente.

Otra forma más obvia de castigarse es la violencia física. Esta no es ajena a la vida gay (tampoco lo es para los heterosexuales) y lleva a un plano físico el odio que está adentro. Entre menos recursos y menos posibilidades de expresión tengan, más tienden los individuos a manejar la ira violentamente. Esto se hace evidente en los bares de los gays provenientes de las clases más bajas. Ahí, en cualquier momento, se presenta una pelea que pone de manifiesto las hostilidades generalmente guardadas por mucho tiempo. También en bares de lesbianas (que son más visitados por personas de menos recursos económicos que los de hombres) hay gran propensión a la violencia física.

Aunque no hay evidencia científica sobre otros tipos de castigos, es probable que muchos de los accidentes de automóvil, laborales o domésticos también lo sean. Chocar el carro, quemarse frecuentemente las manos cuando se cocina, quebrar artículos valiosos, romper cosas, perder artículos de valor, y un sinnúmero de accidentes, pueden tener algún origen homofóbico.

CONCLUSIÓN

Cuando se analiza el efecto de la homofobia interiorizada, se hace evidente el peso que tiene en la vida de los gays y el daño enorme que hace. La mayoría del tiempo ignoran la complejidad del fenómeno ya que su aprehensión se torna amenazante. Lo es por cuanto existe una parte de ella que trabaja, para decirlo de alguna manera, en sentido contrario a sus propios intereses.  A muchos les asusta darse cuenta de que hay algo dentro de sí que persigue fines contrarios a su bienestar. Esto cuesta aceptarlo y es generalmente rechazado. Pero con rechazarlo de plano no se resuelve el conflicto. Por el contrario, condena a la persona a seguir perdiendo mucha de su energía. Estos patrones negativos son en realidad el verdadero enemigo que tienen los gays y que promete destruirlos de una u otra forma.


6

IDENTIFICANDO AL OPRESOR QUE LLEVAMOS ADENTRO

José Toro Alfonso Ph.D[233]

El éxito mayor de toda forma de opresión es la auto-opresión. Se logra cuando una persona homosexual adopta e internaliza la definición heterosexual de lo que es bueno y malo.

Así comenzaba el manifiesto del Frente de Liberación Homosexual de Londres publicado hace más de veinte años. Desde los primeros movimientos de liberación homosexual se perfilaba la necesidad de examinar el impacto de la opresión, el rechazo y la marginación sobre el interior mismo de los homosexuales. Originalmente los esfuerzos de liberación fueron dirigidos a examinar y atacar los elementos de opresión y rechazo de la sociedad que rodea al gay. Innumerables estudios y publicaciones han intentado hacer análisis de las actitudes sociales sobre la homosexualidad. Por años se pensaba que el momento de la final liberación llegaría cuando, tanto a nivel individual como grupal, se venciera el prejuicio social que marginaba y aniquilaba la posibilidad de la expresión de la homosexualidad como preferencia sexual o como estilo de vida.

En 1972, Weinberg acuña un nuevo término: homofobia. Esta palabra describe el miedo irracional, odio e intolerancia hacia la homosexualidad y todo lo que ésta implica. A partir de ese momento se comienzan a definir claramente una serie de actitudes que son ampliamente compartidas por la sociedad. Muchos investigadores han publicado extensamente sobre el significado y las implicaciones de la homofobia social. [234] [235] [236] [237] [238] [239]

La homosexualidad ha sido catalogada como pecado en la Edad Media y que debía ser purgada en la hoguera o en el fuego del infierno. Posteriormente, terminado el oscurantismo medieval, los homosexuales y las lesbianas pasarían al diván del psiquiatra, donde la orientación sería vista como una enfermedad o por lo menos como un retroceso en el desarrollo de la personalidad. Después, y a pesar de que la homosexualidad fue eliminada del Manual de Diagnóstico de la Asociación Psiquiátrica Norteamericana[240], la homofobia se reserva por medio de legislaciones arcaicas que permanecen vigentes, aunque poco implementadas.

Hoy en día, a pesar de que un sin número de países han abolido leyes de discriminación contra la homosexualidad[241], es imposible eliminar años de historia represiva que probablemente tuvieron su más cruenta expresión en el Holocausto, donde millares de homosexuales perdieron sus vidas en las cámaras de gases. Una sociedad que permite esto, padece, sin lugar a dudas del más grave síntoma de homofobia.

El prejuicio

Los investigadores plantean que el prejuicio se manifiesta en tres etapas: atielocución, donde la manifestación del prejuicio se da por la expresión verbal de rechazo y desprecio; luego se manifiesta la etapa de la discriminación y finalmente la violencia.[242] [243]

Es difícil negar que la homofobia social se manifiesta ampliamente en sus tres etapas. Mucho se podría escribir sobre las diferentes manifestaciones de la homofobia, su operacionalidad  y cómo se sostiene socialmente[244]. No obstante, mi interés aquí es cómo los homosexuales y lesbianas hacen suyos todos los prejuicios sociales en contra de la homosexualidad. Mi objetivo es revisar el aspecto más peligroso de ese miedo irracional, odio e intolerancia hacia los homosexuales: la homofobia interna. Esta es la manifestación interiorizada de rechazo y vergüenza por la propia orientación sexual.

La homofobia internalizada

En la gran mayoría de los casos los homosexuales y las lesbianas provienen de familias y ambientes heterosexuales. Han crecido escuchando y asimilando todas las actitudes y percepciones en contra de la homosexualidad a través de todo un  proceso de socialización. De esta forma “la mayoría de los homosexuales y lesbianas incorporarán las actitudes antigays de la sociedad en su sentido de identidad propia”. [245]

Desde las primeras etapas del desarrollo de la sexualidad se inicia el profundo conflicto de aceptarse y reconocerse como “diferentes”. Esto se agrava por el incumplimiento de las expectativas de los padres y madres y de la sociedad en general, lucha que se manifiesta en el mismo esfuerzo de negar esa diferencia, de desear profundamente “ser igual”. En ese momento,  la homofobia interna entra en función.

Malyon[246] describe elocuentemente cómo los jóvenes introyectan “la mitología y el oprobio que caracteriza las actitudes actuales de la sociedad hacia la homosexualidad”.[247] Esto produce la internalización de la homofobia que da forma al desarrollo del ego a través de introyecciones inconscientes y de actitudes y creencias degradantes acerca de sí mismo y de la homosexualidad.[248]

Lo que para la cultura dominante se concibe como natural, es constantemente ensayado por el homosexual o la lesbiana. Cómo caminar, cómo hablar, los gestos, la mirada, el vestir..., todo lo que sea necesario para ser igual y pasar inadvertido. El nivel de internalización del prejucio y una constelación de procesos psicológicos, determinarán la profundidad de la reacción. Podremos encontrar desde la reacción más obvia de odio y de autocompasión por la orientación sexual, hasta las manifestaciones más sutiles de la homofobia interna.

Esto funciona así porque los homosexuales y lesbianas comparten como grupo, una serie de características únicas:

1. Carecen de identidad de nacimiento

2. La familia no es un modelo apropiado

3. No existen instituciones sociales que les apoyen

4. Son invisibles

Identificar al opresor que se lleva adentro y aceptar que se ha internalizado la homofobia es un proceso gradual nada sencillo. Puede implicar la necesidad de rechazar la norma social en una de las áreas más ampliamente reprimidas: la sexualidad. Para esto es necesario retar la sexualidad establecida; reconocerse como ser sexual y validarse como sexual. Aceptar que el sexo homosexual es para el placer. Vivir como homosexuales es un reto: consiste en ser sexual y ser diferente.

El odio o inconformidad interna, el temor constante a ser descubierto/a, la incomodidad frente a la “loca” o la lesbiana estereotipada, la preocupación de ser reconocidos por asociación; son todas, manifestaciones claras de la propia homofobia.[249]

Los homosexuales reciben de quienes los odian, el mensaje de que deben ser curados o eliminados; de los liberales o tolerantes, de que deben permanecer quietos e invisibles.[250] Manifestarse libremente es, sin lugar a dudas, una tarea de titanes.

Manifestaciones de la homofobia internalizada

No es extraño entonces que la propia homofobia se exprese por medio del abuso de alcohol y de las drogas, la adicción a la comida, las depresiones constantes y las disfunciones sexuales, entre otras, incluyendo la conducta sexual de riesgo de infección del virus de inmunodeficiencia humana (VIH).

¿Cuántos homosexuales se empeñan en limitar su foco de atención en hombres no disponibles, en heterosexuales o personas con pareja? ¡Cuánto se manifiesta la homofobia en esas relaciones tormentosas e interminables!

Uno de los bares gays más frecuentados en Puerto Rico perdió su licencia municipal para vender bebidas alcohólicas.  El lugar permaneció abierto por varios meses sin vender alcohol.  La homofobia de la burocracia gubernamental hizo imposible la rápida adquisición de una nueva licencia.  Lo curioso del caso es que la asistencia del público comenzó a mermar hasta que llegó el momento en que nadie asistía.  Aparentemente, el consumo del alcohol era fundamental para los patrocinadores. Nada había cambiado: la música era la misma, el mismo ambiente. Lo único era que no se vendía alcohol.

La pregunta clave aquí es  ¿éste fenómeno pudiera estar relacionado con la homofobia interna? ¿hasta qué punto se necesita del alcohol para poder desinhibirse y sentirse cómodo en una noche de baile o de un posible encuentro sexual?

Por otro lado, a veces observamos que los homosexuales siempre están en crisis: insatisfacciones en el empleo, conflictos con los padres y madres, conflictos con el compañero anterior que se manifiestan en dificultades con la relación actual y que causa preocupación sobre el modo en que pueda afectar la próxima relación..., pero siempre, de una forma u otra, observamos estas crisis.  Aunque conceptualicemos la crisis como una oportunidad de cambio y de crecimiento, deberíamos reflexionar si detrás de ese estado de crisis permanente no hay elementos escondidos de homofobia.

El adelanto de la ciencia ha puesto ante la consideración de toda la población la posibilidad de la maternidad “in vitro”. La inseminación artificial se considera una opción para la maternidad y la paternidad. Numerosos homosexuales y lesbianas consideran favorablemente la posibilidad de esta opción. Se toma en cuenta, inclusive, la posibilidad de la adopción. Detrás de todo esto también podría existir la necesidad de cumplir, en cierto modo, con expectativas sociales.  Es ciertamente loable el deseo de criar una familia, educar y tener la experiencia de relacionarse íntimamente con niños y niñas; pero sin lugar a dudas, la homofobia no debe tomar parte de esta decisión.

Homofobia y SIDA

Justo en el momento en que el movimiento homosexual norteamericano y su influencia en Puerto Rico se hacía sentir y comenzaba a dar muestras de seguridad y confianza, surge la histeria del SIDA. El Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida prometía asegurar el triunfo de la homofobia.  Para muchos la ecuación de sexo=muerte[251] era suficiente razón para reforzar el temor e intolerancia hacia la homosexualidad.  Si los gays nos sentíamos mal porque éramos diferentes, ahora teníamos que escuchar en los medios de comunicación que esa misma diferencia puede causar la muerte.

La aparición del virus exacerba todos los sentimientos de conflicto e inconformidad sobre la orientación sexual, tanto en individuos enfermos como en los sanos.  Se cuestiona ahora si los homosexuales  merecen el castigo de la enfermedad, si ésta podría implicar una entrega fácil por parte de las personas infectadas.[252]

Ya era difícil para los gays establecer relaciones íntimas por la poca autoaceptación; no es difícil imaginarse cuán más grave es esta situación hoy día, cuando se tiene el temor profundo de la contaminación con el SIDA.[253]

Para muchos homosexuales, la obscuridad e impersonalidad de la discoteca les hace fácil un encuentro sexual.  Como piensan que hacen algo incorrecto, la homofobia interna se apacigua con luces, música estridente, alcohol y humo. Los espejos facilitan intercambios de miradas para tasar la presa.  Contradictoriamente, ese mismo impersonalismo provoca el enorme temor a la infección del SIDA.

Se plantea la pareja como alternativa segura.  Hasta se justifica permanecer en relaciones de conflicto o aburridas, por el solo hecho de que es mejor un “sano conocido que uno por conocer”.  Pero aún en las relaciones de pareja, la homofobia internalizada puede hacer estragos. Asumir relaciones porque se piensa que es el “último tren en la estación” puede llevarnos a la más profunda desilusión.   El nivel de homofobia individual puede determinar la rapidez con que una pareja se entrega a una relación o sale de ella.

La homofobia congela las emociones, hace perder la perspectiva de la calidad emocional y la profundidad de las relaciones.

La intimidad para los gays

En nuestras relaciones hemos perdido el contacto con nuestros sentimientos, hemos aprendido un mensaje que los invalida.  Manifestamos nuestra homofobia en la negación del coraje; dirigimos hacia nosotros ese coraje y obtenemos como resultado frecuentes depresiones.


Como hemos aprendido a invalidar nuestra propia sexualidad y los sentimientos asociados, somos incapaces muchas veces de validar una gama de sentimientos posibles: temor, odio, inseguridad, alegría, ternura, sensualidad, amor.... No se requiere mucha imaginación para pensar lo que sucede cuando encontramos justificación para mantener por lo menos “la cadena puesta en la puerta del closet”.

Un ejemplo de esta es ese soltar de manos cuando se va en el auto, porque está pasando un camión... Un “no me toques que nos miran”, cerrar las cortinas para hacer el amor, recoger del apartamento toda evidencia de homosexualidad porque llega visita, ese cosquillero en el estómago cuando nos topamos con familiares y tenemos que saludarlos, ese profundo temor a la verdadera intimidad... Esos peros, utopías, idealismo..., todos tienen la homofobia como denominador común.

Cuando esa homofobia viene de afuera, se ataca y se niega, cuando reconocemos que se tiene dentro al mismo opresor solo nos queda reconocerlo y arrancarlo, aunque eso signifique dejar por un tiempo nuestro corazón en carne viva y aunque se necesite repetir el procedimiento quirúrgico repetidas veces. Después de todo, el proceso de autoaceptación probablemente no termine nunca..., siempre habrá una puerta más para abrir, pero debemos garantizarnos que la aldaba no la pongamos nosotros mismos.[254]

Es necesario asumir integralmente nuestra personalidad. Terminar con la compartimentalización, con la doble vida. Para eso es importante la constante reflexión sobre nuestras emociones y las diferentes situaciones que evocan esas emociones. Es necesario la creación de nuevos espacios para la comunidad gay/lésbica, más allá de los bares y las discotecas. Tenemos que quitar el olor a humo de nuestras relaciones. La creación y apoyo de centros comunitarios, librerías, restaurantes y grupos sociales de apoyo mutuo son alternativas que debemos explorar.

El desarrollo de asociaciones con intereses comunes que trascienden los estereotipos puede significar mucho en la eliminación de nuestra homofobia individual. Podemos mencionar entre otros, grupos de estudio, de pintura, motociclistas, de costura, religiosos, madres lesbianas, padres homosexuales, gimnastas, bailarines, con discapacidad física, jóvenes homosexuales y lesbianas...y todo aquél que nuestra imaginación nos permita.


Debemos crear una comunidad que nos valide en la sociedad, que nos apoye y nos sirva de modelo para crecer y aceptarnos internamente, que las manifestaciones abiertas de homosexuales no sean impedimento para el desarrollo humano. Todos y todas necesitamos modelos, especialmente los jóvenes de nuestra comunidad. No debemos permitir que nuestra homofobia impida el acceso de sectores de la comunidad “gay” a tener la experiencia de modelos saludables en todas sus manifestaciones. Debemos proyectar modelos más allá de la imagen sensacionalista de la prensa amarillista, modelos de carne y hueso que cometen errores, que se integran asertivamente a la sociedad. Atrevernos a dejar ver que queremos ser libres y vivir en libertad. Como dijo Harvey Milk, consejal asesinado en San Francisco:[255]

Si no eres libre de ser tú mismo en la más importante de las actividades humanas, la expresión del amor, entonces la vida misma pierde su sentido.


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PREVENCIÓN HOLÍSTICA EN GAYS:

HOMOFOBIA Y MÁS

La homofobia internalizada produce consecuencias lamentables a los gays en todas las esferas de su vida. Como si fuera poco, el SIDA hace su aparición en el mundo y la homofobia se perfila entonces como un factor necesario -aunque no suficiente- de modificar para evitar la propagación de la epidemia en esta población. No obstante, las políticas establecidas en el área de la salud ignoraron las consecuencias.

A finales de 1987, el registro nacional de casos acumulados de SIDA mostró, por vez primera, que el grupo de hombres homosexuales y bisexuales era el más afectado por la epidemia. Durante los años siguientes este patrón se fortaleció y, de los casi 1,000 casos acumulados hasta 1996, este grupo constituye aproximadamente el 70% del total.

Si se considera que este grupo, hasta hoy día, no ha recibido información adecuada ni pertinente del Estado, es válido deducir que los organismos rectores de la sanidad nacional manifiestan un alto grado de censura hacia aquellos que se alejen de los patrones establecidos por el heterosexismo, al punto de que, entre otros, la homofobia social se traduce en brindar oportunidades desiguales en materia de salud a los habitantes.

Como consecuencia, no es de extrañar que los esfuerzos de lucha contra el SIDA desarrollados a nivel nacional, hayan sido dirigidos básicamente a la población heterosexual.[256] Por este motivo, el Instituto Latinoamericano de Prevención y Educación en Salud continuó el trabajo que inició la Asociación de Lucha Contra el SIDA en 1987. Ésta última inició la prevención del SIDA en la comunidad gay y bisexual en Costa Rica y se constituyó como un ente pionero en el establecimiento de los procesos de planificación de lucha contra el SIDA en las minorías sexuales costarricenses.

Entre otros proyectos, y con el auspicio económico del Programa Global del SIDA (OMS), diversos organismos coordinaron esfuerzos para desarrollar, durante 1989 y 1990, el primer estudio sobre SIDA en hombres que tienen prácticas sexuales con otros hombres.[257] El objetivo del estudio fue investigar la incidencia de las prácticas sexuales riesgosas y los factores que favorecen el riesgo de infección en hombres homosexuales y bisexuales. De los resultados obtenidos se concluyó que la homofobia interiorizada es un factor que promueve las prácticas sexuales riesgosas. No obstante, también otros factores resultaron ser importantes, por lo que la complejidad de eventuales programas preventivos prometía ser todo un reto.


Esto se menciona debido a que los resultados proporcionaron la base para desarrollar un programa de prevención del SIDA en las minorías sexuales del país. De esta manera, las mismas instituciones, con el auspicio económico del Gobierno de Holanda y AIDSTECH (USA), iniciaron a mediados de 1991, la confección y el desarrollo de un novedoso modelo de lucha contra el SIDA, al que se le denominó "Modelo Holístico de Prevención del SIDA".

EL MODELO HOLÍSTICO DE PREVENCION DEL SIDA[258]

El modelo plantea que el conocimiento sobre el SIDA es un factor necesario, pero no suficiente, para evitar la infección con el VIH. Es decir, asume que el comportamiento sexual está afectado por múltiples factores que deben ser modificados en alguna medida para lograr los cambios deseados. Estos se sintetizan a continuación.

-La organización de la comunidad. Supone que la mejor manera de que una comunidad se proteja del virus del SIDA es por medio de su organización, ya que la individualidad y el aislamiento del hombre gay costarricense fortalece la discriminación, el abuso de drogas, el maltrato, la violencia y otros aspectos que guardan una estrecha relación con el SIDA. Esta variable guarda una relación inversa con el riesgo de contagio.

-El SIDA y el sexo más seguro. Establece que un mayor conocimiento de prácticas preventivas fortalece la capacidad de practicar el sexo más seguro. Al respecto, se debe considerar que no solo el conocimiento científico guarda relación con este factor; las creencias, los mitos y las controversias con respecto a lo que es seguro o no, deshiniben las prácticas preventivas.

-La expresión de sentimientos. Supone que el no exteriorizar los sentimientos contribuye a que el individuo adquiera comportamientos perjudiciales para su salud.

-La homofobia interiorizada. Este factor mide el odio que el gay siente hacia su propia persona debido a su proceso de socialización en un ambiente hostil. Un alto grado de homofobia hace que ellos se quieran menos y, como consecuencia, se protejan menos, ya sea de otra persona o del virus del SIDA.

-La salud holística. Este factor considera la salud del individuo no solo desde el punto de vista del cuerpo, sino también de su mente y, por ello, se aboca a establecer que la salud no solo debe medirse por la presencia o ausencia de afecciones o enfermedades, sino que además intervienen el bienestar psicológico y social. Por este motivo, también enfatiza, en vez de una medicina curativa, la prevención y la responsabilidad de cuidar su propia salud. Como es de esperar, un mayor grado de este factor inhibiría el riesgo de infección con VIH.

-Codependencia. Este término, en un sentido amplio, nace de la obsesión de los individuos por cuidar de otros, sin darse cuenta que esos otros controlan su propia vida. De hecho, este factor favorece el riesgo de contagio.

-Comunicación sexual. La capacidad que posee el individuo de expresar sus deseos, sus necesidades y de poner reglas claras en sus relaciones sexuales, es un factor que inhibe la práctica del sexo riesgoso.

-La adicción a drogas. Debido a que este factor fomenta la pérdida del autocontrol, se considera que inhibe la práctica de medidas preventivas y como consecuencia, contribuye a aumentar el riesgo de contagio.

-El poder. Este se concibe como la capacidad que tiene el individuo de aceptarse, de quererse y de atender sus deseos y necesidades, tanto a nivel individual como a nivel comunitario. Un mayor grado de poder situaría a la persona o a la comunidad, en una situación ventajosa con respecto al SIDA.

METODOLOGÍA

El proceso para cumplir con el objetivo de disminuir el riesgo de infección tuvo como base la confección de un módulo (manual) de 10 sesiones (talleres) que se impartió una vez por semana, con una duración aproximada de 3 horas cada una (en lo que respecta a Salud Holística se impartieron dos sesiones).

La logística del estudio se basó en un proceso multiplicador de información. En principio, 10 líderes gay fueron adiestrados durante dos meses (octubre y noviembre de 1991) en las diez sesiones que comprende el módulo. Posteriormente, durante la segunda fase, se seleccionaron los que poseían más aptitud para impartir el módulo. Este grupo fue adiestrado nuevamente, durante un mes, en todos los aspectos relacionados con el proyecto (enero-febrero de 1992). Durante la tercera fase, cada facilitador desarrolló el proceso multiplicador, es decir, impartió varias veces el módulo a 15 personas.

La metodología utilizada para desarrollar las sesiones se basó en la metodología participativa. Es decir, un proceso en el que todos los integrantes del grupo participan en igualdad de condiciones, estableciendo para ello un sistema de comunicación horizontal mediante juegos, ejercicios, representaciones, meditaciones, videos y otros similares. En este proceso participativo, la libertad de ser y hacer fue prioritaria, así como la expresión espontánea, activa, creativa y reflexiva, para que contribuyera a la toma de decisiones individuales y colectivas sobre los aspectos relacionados con el SIDA y también con su estilo de vida.


A cada participante se le administró un pre-test al inicio de la primera sesión y un pos-test al final de la última. El cuestionario, llenado por cada participante en forma individual, fue el mismo al principio y al final, y se diseñó con base en una serie de preguntas que intentaron medir la temática de las sesiones y su relación con las prácticas sexuales riesgosas. El número de cuestionarios en el pre-test fue de 148. En el post-test se contabilizaron 120, es decir, una deserción de 28 personas en 15 grupos.

Se usaron como variables de estudio la práctica del sexo anal pasivo y activo, ambas sin condón (en adelante se denotarán como sapsc y saasc respectivamente), esto es, las prácticas sexuales que más favorecen el riesgo de seroconversión al VIH. Cada una de estas dos variables fue medida, tanto en el pre-test como en el post-test, para los últimos 30 días. Las respuestas obtenidas debían clasificarse como 0=NO y 1=SI, motivo por el se utilizó como técnica de análisis de datos un modelo de regresión logística multivariable.[259]

En el análisis, además de los índices referentes a cada sesión, dos variables adicionales fueron introducidas: la convivencia (¿Con quién convive usted la mayoría del tiempo?) y el tipo de relación de pareja. Además, se definió una variable dicotómica (0, 1) para medir el cambio de comportamiento sexual que se presenta en el post-test, en relación con el pre-test.[260]

RESULTADOS

Las sesiones del proyecto holístico

Para analizar el impacto de los talleres holísticos, se procedió a construir un índice aditivo[261]. Cada uno fue tipificado restándole su valor mínimo y dividiendo luego entre el rango de variación. Esto hace que el valor de cada indicador varíe entre 0 y 1 y, de esta manera, sean comparables[262].

En la situación inicial, los participantes presentan un alto grado de conocimiento sobre el SIDA (90%) y una actitud negativa hacia el condón bastante baja (13%) (Cuadro 1, columna 4). En lo que respecta al grado de poder para evitar la discriminación se observa un índice del 57%, lo que significa que el grupo es medianamente conciente del poder que ellos poseen para evitar el maltrato.


En términos de la problemática del SIDA, el grado de adicción a las drogas es relativamente alto (40%), la codependencia se podría clasificar como regular (38%) y el grado de dificultad en aspectos relacionados con la comunicación sexual con su pareja(s), aceptable (29%). Además, el grado de conocimiento en aspectos de salud holística es alto (80%) y el de homofobia interiorizada, contrario a lo esperado, es relativamente bajo (29%).[263] El grado de represión de sentimientos podría clasificarse como moderadamente alto (48%).

Para analizar el impacto de las sesiones se puede observar que en el post-test se obtienen puntajes promedio más altos o más bajos, de acuerdo a lo esperado con el resultado de cada sesión (Cuadro 1, columna 5). No obstante, para establecer si las diferencias son estadísticamente significativas, debe realizarse la respectiva prueba de hipótesis.

Cabe mencionar que la prueba realizada presenta un problema técnico, debido a que los participantes, tanto en el pre-test como en el post-test, no escribieron ni su nombre ni cualquier otra clave que permitiera identificarlos con el cuestionario. Esto se hizo con el afán de que ellos adquirieran más confianza al momento de responder las preguntas.[264] Por este motivo, el estadístico tc se usa con fines exploratorios, ya que no incluye el término de covariancia.[265]

De esta manera, considerando un nivel de significancia del 10% para probar las hipótesis, se puede establecer que las sesiones que tuvieron un impacto positivo son las referentes a:

-Sentimientos (disminuyó el grado de sentimientos reprimidos)

-Conocimiento en salud holística (se incrementó el conocimiento)

-Actitud hacia el preservativo (disminuyó la actitud negativa)

-Conocimiento sobre SIDA (aumentó el conocimiento)

Por su parte, los aspectos que prevalecieron igual entre el pre-test y el post-test son los relacionados con:


-Homofobia interiorizada

-Dificultad en la comunicación sexual

-Codependencia

-Adicción a las drogas

-Poder para evitar discriminación

Como se puede observar, los aspectos que se modificaron significativamente, entre el principio y el final de las sesiones, son aquellos que tienen más posibilidades de mejorar en el corto plazo. En cambio, los que se mantuvieron, fueron los más difíciles de cambiar.

Esto es un resultado esperado, ya que es difícil creer por ejemplo, que el grado de adicción a las drogas pueda disminuir en tan corto tiempo con la metodología empleada. No obstante, la sesión se considera un primer paso dentro de esta problemática, ya que fue diseñada para intentar romper la negación.

Otro caso importante es el de la homofobia interiorizada. Si se considera que, desde muy temprana edad, los gays interiorizan los estereotipos, el desprecio y el odio que la sociedad fabrica contra ellos, es difícil creer que este factor pueda modificarse fácilmente. No obstante, la sesión ofrece un espacio (para muchos el primero), donde ellos pueden expresar sus sentimientos al respecto y, con ello, iniciar un proceso de concientización que fortalecería la convicción de poseer y vivir una identidad propia. Argumentos similares se pueden brindar para el resto de los índices que no presentaron diferencias significativas.

La práctica del sapsc

Los resultados señalan que hay cuatro índices que no son útiles para explicar la práctica del sapcs (Cuadro 2): el grado de sentimientos reprimidos, el grado de dificultad en la comunicación sexual, el grado de poder para evitar la discriminación y la actitud negativa hacia el preservativo.

Considerando que el coeficiente de cambio representa el efecto del post-test con respecto al pre-test,

se puede afirmar que la probabilidad de practicar el sapsc se reduce el 70% en el post-test (si se mantiene constante el efecto del resto de las variables). Esto sugiere que las sesiones holísticas producen una reducción considerable entre el pre-test y el post-test, con respecto a la práctica sexual en estudio.

También, se puede observar que, en forma independiente, el grado de homofobia interiorizada, de codependencia y de adicción, aumentan la probabilidad de practicar el sapsc en magnitudes moderadas, pero significativas. El grado de conocimiento sobre el SIDA lo disminuye en un monto importante (27%).


Por último, es necesario comentar el efecto de la convivencia y el tipo de relación de pareja que tuvieron los participantes y su relación con la práctica del sapsc. Se puede deducir que ambas variables son de suma importancia. Cuando el individuo tiene una pareja sexual habitual (relación cerrada), la probabilidad de practicar el sapsc es 4.6 veces mayor que si no tuviera pareja sexual -los que practican la relación irregular presentan un valor de 1.2. En cambio, los que practican la relación abierta tienen una probabilidad menor de practicar el sapsc en relación con los que no tienen pareja.

Este resultado se fortalece por los encontrados con la variable "convivencia", pues los que conviven con su pareja o con amigos, tienen un riesgo mayor de tener la práctica en relación con los que conviven en "otro" tipo de relación (2.1 y 2.3 respectivamente). En cambio, los que viven solos, con sus padres o parientes tienen un riesgo mucho menor de tener la práctica, si se les compara con los que viven en otros arreglos.

En realidad, la inclusión de estas variables en el modelo es producto de la observación que se practicó durante el desarrollo de las sesiones. En éstas se hizo evidente la supuesta intimidad que proporciona no usar el condón: es común que los individuos que establecen una relación, utilicen el preservativo al principio, para irlo abandonando entre más se involucren sentimentalmente. Dejar de usarlo se convierte así, en un acto de amor. Además, la confianza es un factor importante para rechazar el uso del condón en la relación cerrada, ya que el no usarlo se convierte en una forma de demostrar fidelidad sexual, ya sea ésta real o no.

La práctica del saasc

De la misma forma en que se procedió con la práctica del sapsc, también se hizo con la práctica del sexo anal activo sin condón (saasc). Los resultados generales son similares a los encontrados con el modelo logístico anterior, no obstante, existen algunas diferencias que es importante mencionar (Cuadro 3).

En este caso, son cinco los índices que no contribuyen a explicar la práctica del saasc: el grado de sentimientos reprimidos, el grado de homofobia interiorizada, el grado de dificultad en la comunicación sexual, la actitud negativa hacia el preservativo y el grado de conocimiento sobre SIDA.

De esta manera, mientras el grado de homofobia interiorizada y el conocimiento sobre SIDA solo se encuentran en el modelo del sapsc, el grado de poder para evitar discriminación solo se presenta en este modelo. En cambio, el grado de sentimientos reprimidos, la comunicación deficiente y la actitud hacia el condón, son variables que se excluyen de ambos modelos. El resto de las variables están incluídas.


La explicación del por qué unas variables están incluídas en un modelo y no en otro, rebasa el alcance del análisis. No obstante, existen algunas conjeturas que se pueden realizar. La homofobia interiorizada, por ejemplo, puede producir, de manera consciente o inconsciente, el sentimiento de culpa que sufren algunos hombres gays debido a su orientación sexual. Este sentimiento podrían tratar de minimizarlo de varias maneras: no enamorándose, ingiriendo drogas, alcohol o practicando el sexo en forma compulsiva. El sexo, en este sentido, es una de las formas en que el individuo puede acallar un poco el dolor de la separación de otros gays y obtener, a la vez, placer. Es decir, se encuentra en el sexo algo que les haga olvidar su opresión y su marginalidad. De esta manera, la práctica del sexo en forma compulsiva puede interpretarse como una obsesión, lo que a su vez se traduce en una pérdida del autocontrol. La práctica anal pasiva, más que la activa, puede ser el precio a pagar para lograr su cometido, ya que el agente pasivo tendría menos posibilidades de imponer sus deseos. Esta podría, por lo tanto, ser la razón del por qué el grado de homofobia interiorizada es importante cuando se estudia la práctica pasiva.

El hecho de que el grado de conocimiento sobre el SIDA constituya una variable importante en la práctica pasiva y no en la activa, podría estar relacionado con la creencia de que solo el penetrado, y no el que penetra, puede infectarse. De esta manera el conocimiento tendría una relación importante con la práctica pasiva más que con la activa.

El grado de poder para evitar la discriminación puede constituir una variable importante en el modelo de la práctica activa debido a la concepción de "poder" que encierra el término. Socialmente, el penetrador se visualiza como un individuo que tiene más poder en la relación, aún a sabiendas que penetrar y ser penetrado es una práctica común en el ambiente gay.

Con respecto a las variables incluídas en el modelo y su relación con la práctica del sapsc, se pueden deducir resultados similares a los anteriores. Aquí cabe resaltar, una vez más, el coeficiente de cambio de la situación final en relación con la inicial, ya que, manteniendo constante el efecto del resto de las variables del modelo, la probabilidad de practicar el saasc se reduce aproximadamente el 60% en el post-test (Cuadro 3, columna 5). Por este motivo, también es posible concluir que las sesiones holísticas producen una reducción considerable de la práctica sexual en estudio entre el pre-test y el post-test.

Por otra parte, el tipo de relación de pareja se convierte, una vez más, en una variable de suma importancia dentro de la problemática de estudio. Esto se afirma debido a que la probabilidad de practicar el saasc en una relación cerrada es casi 9 veces mayor cuando se compara con los que no tienen pareja sexual.

Probabilidades de practicar el sexo riesgoso

Una vez realizados los cálculos anteriores, se pueden estimar, para el pre-test y el post-test, las probabilidades de practicar el sexo con riesgo durante los últimos 30 días. Con esto se medirá el cambio que tuvieron los participantes con respecto a sus prácticas sexuales.

Los resultados se presentan en el Cuadro 4. Como se puede observar, la probabilidad de practicar el sapsc disminuye drásticamente: pasa de 0.34 en el pre-test a 0.16 en el post-test. De igual forma sucede con la práctica del saasc, ya que mientras en el pre-test la probabilidad de tener esta práctica era de 0.30, en el post-test fue de 0.17. Estos resultados indican que el impacto inicial de los talleres en los participantes es positivo, en el sentido de que se produce, entre el pre-test y el post-test, una reducción drástica en la probabilidad de practicar el sexo anal pasivo y activo sin condón.


Las probabilidades calculadas indican que la disminución es general, sin embargo existen algunos puntos que es importante comentar. En el caso de la educación, los participantes con menor nivel alcanzan probabilidades similares a los más educados en el post-test, de aproximadamente 0.16. Dado que inicialmente los menos educados tenían una probabilidad más alta de tener cualquiera de las dos prácticas (0.37 y 0.33 respectivamente), fueron los primeros quienes más modificaron sus prácticas, si se compara con el cambio que registraron los que poseen educación universitaria.

La relación de pareja muestra la importancia de incluir esta variable para discriminar con respecto a la práctica del sexo riesgoso. Aquellos que tienen una relación de pareja cerrada tuvieron, en el pre-test, una probabilidad de practicar tanto el sexo activo como el pasivo de 0.57, y es menor para los otros tipos de relación. Aunque también se puede observar un cambio drástico en estas prácticas, la relación cerrada sigue siendo el tipo de relación en el que la probabilidad de practicar sexo riesgoso es más alta. Estos resultados son fortalecidos con los obtenidos al analizar la variable convivencia.

La autocalificación del conocimiento con respecto al SIDA, es decir, cuánto consideran ellos que saben acerca de la epidemia, muestra relaciones importantes en el pre-test y en el post-test. Tanto para la práctica pasiva como para la activa, la probabilidad de tener prácticas riesgosas es mayor cuando los participantes manifiestan poseer un conocimiento "malo" sobre el SIDA. A la inversa, los que tienen menos probabilidad son los que se autocalifican mejor. Esta relación es evidente en el pre-test y en menor grado en el post-test. Este resultado es importante, ya que una alta autocalificación es un indicador de un mayor control sobre su propia sexualidad.

Finalmente, la orientación sexual de los participantes muestra que tanto los homosexuales exclusivos como los bisexuales disminuyeron la probabilidad de tener prácticas sexuales riesgosas. No obstante, son los bisexuales quienes las disminuyeron en mayor grado y los homosexuales exclusivos son quienes se resisten más al cambio.

DISCUSIÓN

Los resultados obtenidos indican que el proceso de planificación de lucha contra el SIDA en las minorías sexuales costarricenses tomó desde 1992 un rumbo nuevo, debido a que el Modelo Holístico de Prevención del SIDA demostró tener efectividad.

Lo anterior pone en evidencia algunos aspectos que es necesario comentar. Primero, la importancia de desarrollar programas de prevención basados en estudios previos, que proporcionen las bases científicas para establecer los lineamientos generales a seguir con respecto a la prevención. En este sentido, la investigación patrocinada por el Programa Global del SIDA (O.M.S.) cumplió su objetivo.


Otro punto importante es que, si bien es cierto, la probabilidad de tener prácticas activas o pasivas sin condón disminuyó drásticamente entre el pre-test y el post-test, esto debe interpretarse con el debido cuidado. Recuérdese que el cambio en mención se produjo en un lapso de dos meses, período que duraban los talleres holísticos para desarrollarse completamente. Por este motivo se puede afirmar que el impacto o el efecto inicial del Modelo Holístico de Prevención es efectivo. Sin embargo, no estamos en capacidad de suponer que este efecto se mantendrá con el tiempo. Para medir el efecto a largo plazo será necesario realizar una medición posterior, como por ejemplo, un año después. Por este motivo es necesario complementar el modelo de prevención con actividades que tiendan a involucrar a quienes han recibido el adiestramiento. Estas actividades pueden ser a nivel comunitario, nivel de grupos de apoyo o de cualquier otra índole.

Otro aspecto es la importancia del método empleado para lograr los objetivos deseados. La metodología participativa se considera efectiva porque hace que las personas aprendan por su propia iniciativa y por sus propios recursos, lo que fomenta un crecimiento emocional y un compromiso con el tema, mucho mayores que cuando simplemente se digiere la información  impartida por un “experto”.

También es evidente la importancia de lograr la participación activa de todos los grupos afectados por la epidemia, de manera que los participantes creen su propia campaña de prevención con base en su realidad y su cultura particular.

Otro factor es la importancia de desarrollar programas flexibles, de manera que los participantes tengan no solo la posibilidad, sino la responsabilidad de cambiar, modificar y sustituir los aspectos que consideren inconvenientes o poco efectivos para los fines de prevención. El aporte que pueden hacer los participantes del proceso es la materia prima con la que se alimenta el Modelo Holístico de Prevención del SIDA.

 

Tampoco se puede dejar de mencionar la importancia de respetar a los individuos que tienen un estilo de vida o una orientación sexual diferente. Esto constituye un requisito indispensable de cualquier campaña de prevención y quiere decir, explícitamente, que al homosexual, al bisexual, al travesti y a la trabajadora del sexo, se les tiene que tratar como individuos, como personas, como seres humanos y no como categorías de sexo censurable. Quienes no lo conciben de esta manera estarían afirmando, de una u otra forma, que el SIDA es una consecuencia de lo que se es y no de lo que se hace, argumento que ha demostrado funcionar de manera inversa.

Por otra parte, de los resultados obtenidos, y con base en la observación recabada, es necesario mencionar que los talleres holísticos deben complementarse con programas de atención individual, desde el punto de vista médico, psicológico y legal, debido a los diferentes problemas que padecen los miembros de la comunidad gay y que desfavorecen una práctica sexual preventiva. El caso de la adicción a las drogas es un problema de magnitudes importantes dentro de los participantes, principalmente con el alcohol.

Al respecto, debe mencionarse que, si bien es cierto, en el país existe infraestructura y personal capacitado para realizar este tipo de labores, el homosexual tendrá el espacio que requiere siempre y cuando no se sepa de su orientación sexual. Por el contrario, no solamente están sujetos a recibir un trato inadecuado, sino que en ocasiones, los médicos se rehúsan a practicar la atención debida. No es de extrañar, entonces, que ante la posición homofóbica de la mayoría de los funcionarios de la salud, el homosexual desconfíe de sus recomendaciones.


Finalmente, debe indicarse que la ejecución del Modelo Holístico de Prevención del SIDA es necesario perpetuarla. La ayuda que proporciona este modelo a los miembros de la comunidad gay, no solo en lo referente al cambio en las prácticas sexuales, sino en aspectos de su vida en general, es invaluable. Esto es así porque el modelo, al ser holístico, es decir, al comprender la globalidad de una problemática, cubre una temática que produce efectos beneficiosos e insospechados en la homofobia que llevan dentro. Así lo demostraron algunos participantes cuando se les pidió que describieran en una hoja, con sus propias palabras, el impacto que los talleres han tenido en su vida. Al respecto, un joven respondió:

Estos talleres para mí han sido importantísimos. Me han ayudado a poderme identificar, a cuidarme mucho más y me enseñaron sobre todo, algo que ya casi había perdido, mis ganas de seguir viviendo. Pero no solo recuperé eso, sino también las ganas de transmitir todo lo que soy y lo que siento a las personas más queridas. Y salgo de aquí con deseos de vivir y de ayudar a los que están pasando cosas parecidas a las que yo pasé, para que ellos se identifiquen y no se sientan solos. Gracias por la oportunidad...


 

 

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                                                LAS RELACIONES DE PAREJA

Los gays tienen muchos problemas para establecer en Costa Rica sus relaciones con otros hombres o mujeres. Aunque una gran mayoría manifiesta el deseo de encontrar y establecer una relación de pareja, en la práctica le resulta difícil de lograr. Muchos de los problemas para optar por la monogamia surgen precisamente de la homofobia. Para la pareja, ésta resulta fatídica porque le crea enemigos internos y externos.

El siguiente análisis aprovechó la información que se sistematizó de los cursos de concientización[266] para presentar algunas de las manifestaciones de la homofobia, tanto la exteriorizada como la interiorizada: el problema de la falta de espacio, la intervención de las familias, los modelos de la cultura gay y su repercusión en las relaciones y los roles sexuales, el papel del romanticismo, la violencia y la adicción a las relaciones.

                                                                             

ESPACIO

Durante muchos años los gays en este país han tenido problemas para tener un espacio propio. De la misma manera en que la escritora Virginia Wolf analiza la falta de una habitación propia para la mujer, como causa y efecto del sexismo, así se podría decir de los gays. La homofobia hace que no exista ninguna posibilidad para que utilicen los lugares públicos y privados de que disponen los heterosexuales para socializar, cortejar y divertirse.

En Costa Rica, los gays no pueden, con muy raras excepciones, invitar a sus amigos, y mucho menos a su pareja, a la casa. Una pareja no puede mostrarse afecto en público, bailar en un salón, bar o discoteca, estar de la mano en un restaurante, asistir a la iglesia o ser tomada en cuenta para las actividades familiares, políticas o laborales.

Este patrón no es nada diferente al que viven otras comunidades gays en diferentes países occidentales. Con la notable excepción de algunas naciones nórdicas como Holanda, donde los gays pueden hacer públicas sus expresiones de afecto, el patrón general es permitirlo solo en ciertos lugares circunscritos para socializar, como son los bares y saunas gays.

Esta discriminación generalizada ha influido para que en las sociedades occidentales la vida gay sea deslegitimizada e invalidada socialmente. El resultado ha sido que la pareja carezca de los mismos espacios, servicios, soportes y beneficios que reciben los heterosexuales. Pero en Costa Rica, la situación es aún más grave, porque los espacios permitidos son particulamente reducidos y, cuando existen, sufren el acoso constante de la policía.

Una de las razones para esa reducidísima presencia de lugares es porque no ha sido fácil conseguir un sitio fuera de la casa paterna. En las grandes urbes occidentales las oportunidades de trabajo y de obtener independencia económica, se presentaron muy temprano en este siglo. Esto posibilitó a miles de hombres mudarse hacia otras ciudades y constituir centros, o así llamados guetos de homosexuales -constituidos por edificios y bloques o barrios o distritos enteros- donde los individuos gozaban de condiciones para interactuar más libremente. De estos sitios iban a surgir los movimientos de liberación que cambiarían la percepción de la homosexualidad en Occidente.

Mientras ésto sucedía a pasos agigantados en los países industrializados, después de la Segunda Guerra Mundial, la economía costarricense durante los años cincuentas o sesentas no daba muchas oportunidades para repetir el proceso. Pese a que se dio un lento desarrollo del urbanismo, la sociedad costarricense no crearía, durante estos años, suficientes empleos o viviendas. La familia extendida, es decir aquella que incluye el padre, la madre, los hermanos y, además, primos, tíos, sobrinos y parientes más lejanos, ejercía, y todavía lo hace, un papel económico vital. Esto significa que para obtener empleos, préstamos, tierra, oportunidades y ventajas económicas, se hace necesario el apoyo de un número amplio de parientes. Los hijos, por su parte,  dependían de manera significativa de las actividades comerciales o laborales del jefe de familia y no alcanzarían independencia, si es que alguna vez la conseguían, hasta la adultez. Obsérvese que el concepto de familia extendida al que se hace referencia, enfatiza la dependencia económica de los familiares y no necesariamente la convivencia.

 

Aún los hombres gays que podían y deseaban independizarse de su hogar, tenían que buscar una buena excusa para explicar el por qué pretendían hacerlo antes del matrimonio, el único momento en que se aceptaba.

No existía, por lo pequeño del país, la posibilidad de asistir a centros universitarios en otro estado o lograr fácilmente un trabajo en conglomerados urbanos distintos a aquél en que habitaba la familia.

Aún cuando se pudiera dar una buena razón para salir de la casa, sin que ésta significara una revelación de la homosexualidad, los recursos para alquilar un apartamento o casa no eran fáciles de obtener. La construcción de edificios para la clase media no se popularizarían hasta el decenio de los setentas. El mercado no ofrecía muchas alternativas para conseguir casa de habitación.

Para los gays ésto representaba un serio problema. El hecho de tener que esconder sus relaciones, hacía que fuese imposible utilizar los espacios familiares para socializar o cortejarse. Mientras las casas de habitación servían, durante estos años, para que los heterosexuales iniciaran sus romances, los gays debían buscar lugares privados y alejados. La alternativa de tener una habitación propia, como diría Virginia Wolf, era un lujo.


Es de esta forma que los gays empezaron a depender de los bares y de los lugares públicos para establecer sus relaciones. Estos lugares han cobrado, así, una importancia que trasciende la función que desempeñan para los heterosexuales. Los bares, más que los lugares públicos, sirven de segundo hogar para aquéllos. Allí, todas las actividades que en la sociedad en general están divididas en diversos espacios e instituciones, aparecen combinadas.

Se pueden analizar algunos aspectos del impacto que estos lugares han tenido. En primer lugar, no gozan de ninguna seguridad. En cualquier momento, los enemigos hacen su entrada y se lanzan especialmente contra aquellos que están sentados o bailando abrazados. A los ojos de la policía ellos son los que evidencian más claramente la homosexualidad y, por lo tanto, los "infractores de la moral". En vista de que el resto de los clientes pueden representar el mismo papel que cualquier heterosexual que asiste a una cantina de solo hombres, las parejas son la excusa para el ataque policial. Esto contribuye a impregnar a la pareja de un sentimiento de angustia y desaprobación. Hasta los mismos dueños o compañeros de bar discriminan porque sienten que exponen a todos al abuso. Existen personas heterosexuales u homosexuales exclusivamente contratadas por los bares para evitar que dos hombres o dos mujeres se besen o abracen. A nivel del subconsciente, toda esta persecución graba mensajes negativos contra la demostración de afecto e intimidad.

En segundo lugar, las parejas que se forman en estos lugares o que los buscan para tratar de tener un poco de privacidad, se encuentran con que están llenos de gente, son sumamente ruidosos, muy comerciales y el licor y el acoso de otros gays es muy fuerte.

El bar no es un lugar propicio para la intimidad porque llena gran número de necesidades como las de bailar, liberar las tensiones acumuladas por la homofobia, servir de fuentes de información sobre lo que sucede en el ambiente, etc. Además, no hay que olvidar que siempre ha habido relativamente pocos bares para el tamaño de la comunidad.

Esto último se debe a la misma represión policial, puesto que hace difícil abrir un bar nuevo y la inversión es muy riesgosa. Si no se pagan las mordidas de rigor, cualquier bar es cerrado fácilmente. Es casi imposible, entonces, que puedan especializarse, como sucede con los de los heterosexuales, entre los que son para bailar y los que son para hablar.

En vista de eso, la única salida para que una pareja pueda estar a solas es en un  hotel de baja categoría donde están dispuestos a alquilar, por algunas horas, los cuartos a dos hombres. En mejores alojamientos, es impensable hospedarse. Esos hoteles, conocidos como "de mala muerte", inciden en crear un sentimiento de criminalidad, suciedad, temporalidad e ilegalidad en la mayoría de las parejas gays. Además, son lugares de ligue en los que la práctica sexual es el único fin, lo que ayuda a que continúe la creencia de que la homosexualidad es únicamente sexo y que carece de la intimidad de la heterosexualidad.

     


Esta escasez de espacio ha sido muy importante para formar la cultura gay costarricense. Aunque en el decenio de los años setentas más personas pudieron hacer casa aparte y establecer relaciones, más bares aparecieron en San José, más hoteles ofrecieron posibilidades de hospedaje y más personas ingresaron en la comunidad gay, la situación de falta de espacio no ha variado significativamente. Con la excepción de unos pocos bares eminentemente gays, no existen otros lugares donde dos hombres o dos mujeres puedan socializar. En aquellos que son mixtos, los dueños, con la disposición de no dejar entrar gente afeminada, tratan de evitar el predominio total de los homosexuales.  Los hogares y todas las instituciones sociales siguen vedados para los gay: no cuentan con una habitación propia.

Si en la familia es difícil conseguir la aceptación de la pareja gay y el respeto por su espacio, es obvio que la situación en el trabajo es aún peor. Ninguno, o casi ninguno, de los patronos costarricenses estaría dispuesto a aceptar una relación de ese tipo. En el caso de los heterosexuales, cada pareja que surge en el trabajo es bienvenida, ya que beneficia a la empresa al combinar dos tipos de actividades y metas profesionales. En el caso gay, dos hombres o mujeres que inicien una relación serán vistos como prueba de inmoralidad en la oficina y, generalmente, se les despedirá. Por lo tanto, las posibilidades de que los gays usen el espacio laboral para buscar pareja con intereses profesionales semejantes, lo que podría ayudar a la relación, son mucho menores. Esto puede contribuir a que sea más rapido su declive.

LAS RELACIONES FAMILIARES

Padres que no aceptan

No existe un patrón definido de la reacción de la familia costarricense ante la revelación de la identidad gay de uno de los hijos. Sin embargo, es común que, al inicio, cuando los padres se enteran de ella, el rechazo sea enorme. La noticia surge como una sorpresa para los progenitores y su cólera, al enterarse de algo que tendrá consecuencias tan drásticas en la vida de sus hijos, no es despreciable. Los sueños de tener nietos, de ver a su hijo o hija en una relación "estable", las creencias religiosas, el miedo al ostracismo social, se confabulan para que los padres rechacen de plano lo que es el verdadero comportamiento sexual de un hijo.

Solo averiguar que un muchacho no es lo que se pensaba, representa una carga abrumadora para la gente frecuentemente desinformada sobre el tema.

Cuando Heriberto le reveló a su madre que era gay, ella se descompensó y le gritó que no aceptaría jamás que se vistiera de mujer, que se prostituyera en la calle y que terminara como "carne de presidio". Estas eran las únicas formas de homosexualidad que ella conocía. Aunque no lo echó del hogar, le quitó la palabra por muchos días.

Una reacción similar tuvo la madre de Enrique. No solo lo insultó con toda clase de epítetos, sino que le pidió que se fuera del hogar para evitar que influyera en sus hermanos y porque ella, católica ferviente, no podía admitir a un “degenerado”. A pesar de su religiosidad, Enrique se asustó de la cantidad de palabras insolentes que su progenitora sabía y que nunca la había oído expresar.

En el caso de Helena, una mujer liberal y adinerada, la reacción ante la revelación de la orientación sexual de su hijo, fue más disimulada, pero no menos letal. Aunque le dijo a Javier que ella no se alarmaba por su problema, la condición para quedarse en la casa era la alternativa terapéutica. Su solicitud era que se hiciera heterosexual.


Otras madres, quizás una mayoría, prefieren no enterarse del tema. Esta es una cultura que prefiere esconder las cosas que se presentan como desagradables en la familia. Estas madres hacen como que no ven, no importa cuán fuerte sea la evidencia.

Lorena, la madre de un hombre gay muy típico, es uno de estos casos de “ojos que no quieren ver”. Bernardo ha sido siempre amanerado y nunca ha salido, en plan romántico, con una mujer. A su casa lo llaman diferentes amigos gays todos los días. Tiene ya 30 años y no se ha casado. Toda la familia, con excepción de Lorena, sospechaba o sabía de la identidad de Bernardo. Sin embargo, un día la madre lo encontró besándose con un amigo en la sala de su casa. Lorena, ante esta sorpresa, cayó al suelo desmayada y tuvo que ser internada en el hospital. Al ingresar, un sobrino que es médico la reconoció y corrió a preguntarle qué le había pasado. "Es que me enteré de algo horrible acerca de mi hijo", le dijo Lorena. "¿Es lo que ya yo sé?", le preguntó el sobrino. "Sí, es lo que ya vos sabés", admitió ella.

En una sociedad sexista, a la madre se le impone la responsabilidad de la crianza y educación de los hijos. Es, por eso, la primera en ser culpada si las cosas salen diferentes a lo que se esperaba. El mismo psicoanálisis y la psiquiatría han puesto una atención desmedida en el papel de la madre como gestora del homosexualismo. Es la madre castradora, posesiva, manipuladora y agresiva, a la que se responsabiliza de que su hijo sea homosexual. De ahí que ella se sienta culpable ante el esposo y la sociedad, por haberles "fallado como madre", al tener un hijo gay. No es, por lo tanto, una sorpresa que a pesar de su mayor cercanía emocional con los hijos, su reacción ante el homosexualismo de uno de ellos sea totalmente desproporcionada.

Si la madre acepta mal la orientación sexual del hijo, peor será la del padre, por cuanto se encuentra imbuido en los valores del machismo y en la creencia de que los hombres deben ser agresivos, dominadores y, obviamente, heterosexuales. Aceptar que su hijo es homosexual es una vergüenza ante todos sus amigos, familiares y compañeros: es una traición a todo lo que él cree y, además, refleja mal su propia masculinidad. ¿Qué se dirá de él ahora que la gente sabe que su hijo es un maricón?

La identidad de su hijo también le crea culpa porque él está acostumbrado a la teoría, también infundada, de que el padre ausente es otro de los factores que promueven la homosexualidad. Esto le hace sentir, o es usado para hacerlo sentir, que ha fallado como padre. En vista de la cantidad de hombres ausentes o semiausentes en el hogar en Costa Rica, la homosexualidad del hijo sirve a veces para acusar al padre por las fallas en otras áreas de la vida hogareña. De ahí que el tema se confunde con otros problemas de la pareja y sirve como excusa para agredir y culpar al otro.

Otras razones, menos obvias, para un rechazo tan virulento pueden originarse en las relaciones especiales del padre con el hijo. Estas podrían, incluso, interpretarse como incestuosas, fenómeno presente en el país. En general, la aceptación del padre del homosexualismo de su hijo se da en América Latina con menos frecuencia. Cuando, por fin, viene la aceptación, generalmente después de un tiempo largo en que han permanecido cortadas las relaciones, no se restablecen con la misma intensidad.


De una u otra manera, los padres -después de un período en que se viven etapas de negación, negociación, aceptación y resignación- terminan aceptando la homosexualidad del hijo, pero a medias. En otras palabras, la relación puede reiniciarse pero a menudo sin que se hable más del tema. La homosexualidad es vista como un problema, un defecto o un mal que debe ser tolerado pero no aceptado. Los hijos vuelven y los padres también, pero casi nunca la discusión de la homosexualidad.

De esta manera, es evidente que los gays no cuentan con el apoyo ni del padre ni de la madre para sus relaciones, las cuales más bien, provocan un distanciamiento. Los propios hijos terminan percibiendo esas relaciones como la causa del enajenamiento de la unión familiar. Esto sucede más durante las etapas iniciales, pero en otros casos durante toda la vida.

En los primeros momentos, cuando apenas empiezan a asimilar la verdad sobre la homosexualidad de sus hijos, los padres que reaccionan no aceptando que su muchacho sea homosexual, tienden a culpar a los compañeros y amigos. En otras palabras, los progenitores piensan que de no ser por la "mala" influencia de tal o cual amigo, su hijo no andaría por "malos caminos". Muchos de ellos dan a entender, así, confusamente que podrían aceptar a su hijo, siempre y cuando termine con esa amistad. En realidad, es la homosexualidad lo que desean que abandone, pero el mensaje no se expresa así.

Esto hace que la mayoría de las veces las relaciones de un gay se inicien con una carga de culpabilidad en el subconsciente por el daño que producen a sus nexos con los padres. Además, siempre está presente el cebo de que si se termina con ellas, las puertas de la casa se abrirán de nuevo de par en par.

El ostracismo de la familia, aún en los casos en que el rompimiento no es total, es muy perjudicial. Los hijos son física o emocionalmente expulsados del Edén como castigo por haber probado el homosexualismo. Quedan solos ante el mundo. No habrá aquí un padre que los ayude en caso de necesidad económica; más bien es probable que agrave su situación al desheredarlos o expulsarlos de la empresa. Tampoco una madre que los consuele en caso de un disgusto o dificultad; más bien es posible encontrar siempre un "te lo advertí" o unos oídos sordos. La pequeña balsa que es una relación gay en Costa Rica, queda a merced de las aguas turbulentas, sin ningún poste en dónde asirla.

Padres que aceptan

Algunos padres a veces llegan a aceptar el homosexualismo de sus hijos, pero no las relaciones emocionales. Para la madre, por ejemplo, el homosexualismo puede representar una conducta que le asegura  que su hijo no se desposará ni se irá de la casa y que seguirá en una relación cercana con ella. De la observación se puede formular la hipótesis de que este patrón es más común en América Latina que en los países industrializados.


Una razón, estrictamente económica, consistiría en que de acuerdo al gran número de hogares jefeados por mujeres, tiene sentido que las madres -generalmente sin acceso a la educación y a la independencia económica- necesiten que alguno de los hijos varones cuiden de ellas, de sus hijos menores o hasta de otros familiares por largos períodos, si no es que durante toda la vida.

Las razones emocionales también intervienen. Para muchas mujeres latinoamericanas que viven como amantes de hombres casados o que han sido abandonadas, ya sea por un rompimiento, el divorcio o la muerte, el hijo es la expresión más significativa de la relación que tuvieron con un hombre. Muchos hijos se convierten en sustitutos de sus padres para satisfacer las necesidades y anhelos de sus madres. Esto sucede aún en los matrimonios consolidados, porque los padres generalmente son los grandes ausentes en el hogar latino.

La madre que tiene estas necesidades usualmente se torna más tolerante con la homosexualidad del hijo. Ella aprueba, incluso, las salidas de éste con amigos que ella sabe que son gays. También puede llegar hasta a discutir algunos temas, generalmente superficiales, sobre el homosexualismo y a desaprobar la opresión de que es objeto.

Pero en el caso de que surja una relación seria, los planes inconscientes de la madre se frustran. Un romance cuyo desenlace sugiera que su hijo se irá de la casa o que tratará de formar un nuevo hogar, con las responsabilidades que ésto implica, es contraproducente para ella. De ahí que el amante se convierte en el enemigo a eliminar. Ella no expresará las verdaderas razones de su lucha, porque quizás ella misma no las entienda bien, pero la dará de todas maneras.  Una forma es sugerir que la otra persona no le conviene, que no es compatible con él, que es de desconfiar y, en fin, cualquier otro tipo de aseveraciones que tengan como objetivo socavar la relación.

Este patrón es muy común en Costa Rica. La mujer en una sociedad patriarcal, generalmente obtiene reconocimiento, poder, respeto y apoyo únicamente por sus nexos con los hombres. Para ella, cuando el compañero está ausente, el sustituto es su hijo y con él establece su relación más profunda. No es de extrañar, pues, que muchas madres costarricenses rechacen con tanto fervor a la nuera o a cualquier mujer que pretenda sustituirla como la persona más especial en la vida de su retoño. Ella se convierte así en las más acérrima enemiga en la lucha por el control del varón. La nuera que, como mujer, también ha experimentado posiblemente lo que es la falta de un varón en su propia casa, se enfrentará como una leona contra los designios de su suegra. En realidad, ambas están luchando desde una misma posición de desventaja, pero sin conciencia de las fuerzas que están en juego.

Si esto sucede con el hijo heterosexual, más encarnizada es la lucha cuando es homosexual. Pero en este caso, la madre tiene más ventajas para ganar y retener a su hijo. En primer lugar, no existe ningún modelo ideológico que se le oponga a sus designios: no hay una sociedad que se rija por patrones homosexulaes -pero sí heterosexuales- donde se mire como natural el hecho de que los hijos se vayan y se casen; no existe una religión que estimule con ahínco el matrimonio y que asuste con toda clase de advertencias a quienes atenten contra la institución formada; ni un Estado que insista constantemente en la necesidad de la familia como base de la sociedad.


Ante estas presiones que fomenta el sistema patriarcal costarricense, sumado a las de sus amigas y familiares que también tuvieron que aceptar lo inevitable, la madre no tiene, en el caso del hijo heterosexual, cómo resistirlas. Pero con respecto al homosexualismo, todo trabaja a su favor. Nadie respeta estas relaciones, ninguna iglesia las reconoce, el Estado las persigue, los psicólogos las retratan como enfermas, los medios de comunicación las señalan  como criminales. No hay ningún obstáculo ideológico en su camino. Unicamente, la pareja de su hijo.

El padre juega un papel de espectador-cómplice. Para él, el homosexualismo, como hemos dicho, es una vergüenza. Sin embargo, él también cree erróneamente que su papel como padre ha sido deficiente, aún si ha proporcionado el dinero y la estabilidad del hogar. Este pensamiento le produce culpa. Esos miles de hombres costarricenses que, después de años de matrimonio, han establecido relaciones con mujeres más jóvenes, están conscientes del daño que producen tanto a sus mujeres como a sus hijos. Si parte de esta culpa se puede amortiguar reconociendo el papel que el hijo juega en las necesidades de la madre, resulta un precio muy bajo que pagar. Si éste es homosexual, pero para la madre es su pañuelo de lágrimas, su confidente, su apoyo emocional, el padre lo terminará aceptando también.

La teoría freudiana de que es una madre posesiva la que cria a un hijo homosexual, es incorrecta por cuanto éste no es el origen de la orientación sexual. Nadie todavía ha podido encontrar la fórmula que determina cómo las personas adquieren orientaciones sexuales distintas. Los estudios recientes más bien señalan que homo y heteresexuales crecen en familias similares, sin que exista un patrón de crianza particular.[267] Pero una madre que es posesiva, y ésto puede acentuarse en ciertas sociedades más que en otras, sí tiene más posibilidades de retener y hacer su confidente al hijo homosexual que al heterosexual. De ahí que esta percepción freudiana debe mirarse más como la consecuencia que como el origen del fenómeno.

Esta aceptación a medias de la homosexualidad podría parecer muy conveniente a veces (la mayoría de los padres ni siquiera llega a esta apertura), pero conlleva una serie de mensajes que a la larga resultan perjudiciales. Una aceptación a medias significa siempre que está implícito el significado de que existen razones de peso para que la relación nunca sea aceptada. Esto hace que en el subconsciente prive la idea de que a pesar del cariño que se profesan en la familia y a pesar de los esfuerzos por conciliar las cosas, no se puede aceptar la pareja.

A veces, sería más fácil si la familia hiciera un corte inicial que tornara inútiles todos esos esfuerzos. La persona gay vería muy claramente que no hay puerta donde tocar por ayuda, lo cual sería mejor que una que nunca se abre del todo.

No solo por las presiones familiares o laborales los nexos de las parejas gays entran en crisis en Costa Rica. Existe un problema adicional: los modelos de relación. En realidad, la cultura homosexual, a diferencia de la heterosexual, no tiene, para definir los enlaces entre parejas, una serie de reglas y de normas que sean apadrinadas por el Estado, la sociedad y la Iglesia. Precisamente, una de las funciones clave de la religión organizada es promover y regular la institución del matrimonio.


El rechazo de las relaciones homosexuales por parte de la sociedad no significa, necesariamente, que la cultura gay no establezca, aunque sea en forma precaria, sus propias reglas. Estas varían de generación en generación y de cultura en cultura. El iniciado las aprende y trata de establecer su pareja de acuerdo con el modelo idílico que la cultura gay le ha enseñado.

Pese a que toda clasificación es arbitraria, se podría afirmar que en Costa  Rica se han presentado, históricamente, dos tipos de relaciones: tradicionales y modernas. Claro, no todas las parejas las han seguido, ni los modelos incluyen todas las relaciones.

En las últimas dos décadas se ha dado tal influencia de la sociedad norteamericana en el país, que ha tenido un impacto en las relaciones gays que definiremos como "tradicionales". Nuevos modelos, conocidos como "modernos", sustituyeron a los otros y, como todo concepto importado, crearon dificultades. Una de las razones de que las relaciones gays duren poco, es que ningún modelo de ellos ha servido para poner remedio a las tensiones que son inherentes a la unión de dos hombres en sociedades sexistas, ni han podido responder a las necesidades de una sociedad subdesarrollada como la costarricense.

RELACIONES DE PAREJA

Relaciones tradicionales

Las relaciones gays no tienen tan claramente definidos sus roles como las heterosexuales. En éstas últimas, existen pocas dudas sobre cuáles son las funciones de cada uno: quién es el proveedor, quién inicia las relaciones sexuales, quién tiene más autoridad en el hogar, quién se encarga de la mayoría de los asuntos domésticos y un sinfín de otros detalles. En el caso de los gays, las cosas nunca están tan nítidamente delineadas.

A pesar de ello, en Costa Rica, hace algunos años, los roles en los gays estaban más diferenciados. Existían algunos hombres a los que les gustaba desempeñar el papel fuerte en la relación: practicaban la penetración anal, se comportaban más como el típico macho latinoamericano, emprendiendo múltiples aventuras sexuales, rehusando hacer las labores domésticas y gustando de los tragos y de las actividades públicas. En el otro extremo, estaba su pareja. Este era un tipo afeminado que hacía las labores domésticas, jugaba un papel pasivo en la práctica sexual y carecía de autoridad. A diferencia de su contraparte femenina, el hombre afeminado, a veces, tenía más ingresos que su compañero pero, aún así, ésto no se traducía necesariamente en mando. 

El primero tenía más peso y prestigio porque, en una sociedad sexista, el papel masculino es siempre más valorado que el de la mujer. Además, si él, a la vez, dependía económicamente del otro, disponía de una buena una excusa de su práctica homosexual: lo hacía por dinero. En realidad, el "macho" se percibía y era percibido casi como un hombre heterosexual. Su virilidad no era cuestionada porque él nunca era penetrado o se "abría". Esa era la línea tajante e inviolable que separaba al macho de la “loca”.


En esto, Costa Rica seguía la llamada tradición mediterránea, según la cual es menos homosexual, o no lo es del todo, el penetrador. La pasividad anal es vista como debilidad por cuanto el hombre latino no debe mostrar nunca su intimidad y sentimientos, como lo hacen las mujeres.

Los latinoamericanos gays han basado sus relaciones en este modelo tradicional porque no ha existido otro que el heterosexual. Si la homosexualidad era descrita como el deseo de jugar el papel del sexo contrario, solo existía la posibilidad de actuar como las mujeres para sostener una relación con otro hombre. El activo era visto como heterosexual.

Los modelos influyen, a su vez, en la conducta de las personas. Estas, si la alternativa para tener una relación significa circunscribirse a un patrón masculino o femenino, termina desempeñando uno u otro con el fin de lograrlo. De esta forma, el modelo tiende a autoperpetuarse. Aquél, por ejemplo, que disfruta de una práctica sexual pasiva, aunque no sea, necesariamente, amanerado, se hace más "femenino" con el fin de conquistar el tipo de pareja que le atrae. La misma presión funciona, en sentido contrario, sobre aquél que se ve compelido hacia prácticas más "masculinas".

El modelo tradicional crea, desde el principio, contradicciones y tensiones intrínsecas. En primer lugar, se basa en los roles sexuales que, no obstante ser más versátiles que en las parejas heterosexuales, en última instancia también están bien establecidos. En otras palabras, como los hombres que hacen de "mujer" no lo son en realidad (poseen muchas características del rol masculino), no se pueden expresar psíquicamente de manera "natural".  Cosa parecida sucede con las mujeres "biológicas" que se comportan como hombres. Ambos casos son construcciones histórico-culturales.

Lo mismo se podría decir de los que actúan en forma opuesta. Pese a que en estos casos están más en concordancia con lo aprendido durante la crianza, en realidad, los homosexuales, al ser atraídos por otros hombres, desean relacionarse con ellos como tales.

La rigidez del modelo impone, así, una tensión permanente. Es más difícil, por ejemplo, que un miembro de la pareja homosexual acepte la infidelidad del otro como lo hace la mujer heterosexual. El individuo que hace el papel sumiso, siempre cuenta con más recursos que la fémina para oponerse a ello. Tampoco ha interiorizado los valores de la monogamia, la fidelidad, la dependencia y lo doméstico. Siempre le es más fácil terminar con una relación que le depara injusticias, aunque éstas formen parte del acuerdo inicial. A su compañero, el papel de "macho" no le ajusta "naturalmente". Puede haber sido criado como tal, pero su homosexualidad es, en sí, un rompimiento psíquico con el modelo. Los machos no se enamoran de hombres y no se acuestan con ellos, según reza el patriarcado. Con solo hacer esto, el varón modifica emocionalmente su manera de relacionarse con el mundo y su masculinidad, aunque continúe sin amaneramientos o "quiebres". De ahí que, para él también, una conducta enteramente  "masculina" se tornaría en una camisa de fuerza y una tensión permanente.


Un caso típico de esta relación la constituían Jorge y Miguel. Jorge era un ejecutivo de una empresa internacional que le permitía, y exigía, viajar constantemente fuera de Costa Rica. Muy masculino y atractivo, Jorge representaba fielmente al homosexual del que nadie sospecha su identidad. Como viajaba tanto y de vez en cuando sostenía relaciones sexuales con mujeres, había podido esconder  exitosamente su orientación.

Quince años atrás, Jorge había conocido a un muchacho muy afeminado, Miguel, su compañero durante todo ese tiempo. Como tenían recursos económicos, fueron una de las primeras parejas que optaron, durante los años sesentas, por alquilar un apartamento. En vista de que Jorge viajaba tanto, no se hizo evidente con quién compartía su domicilio.

Jorge y Miguel conformaban la pareja tradicional. El primero, masculino, activo, empresario y de mundo; el segundo, amanerado, pasivo y de casa, aunque trabajaba como traductor de idiomas. Su relación no se diferenciaba de la de cualquier pareja heterosexual. Incluso, utilizaban entre sí y sus amigos gays, los pronombres de "él" y "ella". Miguel era quien cocinaba, lavaba, planchaba y cosía. Jorge traía la mayor cantidad de dinero a la casa y se dedicaba a las reparaciones del apartamento.

La tensión en la relación, a pesar de  quince años de duración, se inició cuando Jorge empezó a hacer patentes sus relaciones con otros individuos más jóvenes que Miguel. En la década del setenta, muchos adolescentes que gustaban de personas como Jorge ingresaron en el ambiente. El amaneramiento exagerado de Miguel, quien pasaba los cuarenta años, lo hacía repulsivo para esta nueva generación. Poco a poco, la pareja entró en crisis porque Miguel no quiso aceptar el doble estándar. Con su profesión de traductor podía valerse por sí mismo y, por otro lado, no quería terminar como su hermana quien, por carecer de recursos, había tenido que aceptar la amante de su marido. Miguel no iba a consentir en ésto y a pesar de los años que habían compartido juntos, finiquitó la relación.

Otro tipo de pareja de las llamadas tradicionales, ha sido la de un hombre mayor con uno más joven. La diferencia aquí no está basada en el género sino en la edad. Esto se asemeja a la relación heterosexual: un hombre mayor desposa a una mujer mucho más joven. Si por ejemplo, un hombre de 35 años se desposa con una mujer de 20, esto no es mal visto por la sociedad porque se piensa que como la mujer es más débil e incapaz, un hombre mayor es un candidato apropiado para guiarla y cuidarla.

En el caso de los homosexuales pasa lo mismo. El más joven tiene menos mando  en la relación que el otro. El hombre mayor suele tener más recursos y llevar más la iniciativa en lo sexual. A pesar de que en estos aspectos se asemeja a la anterior, existe una diferencia importante: no tiene lugar una división de roles. Ambos pueden continuar con su conducta masculina y ninguno tiene que hacer de "mujer".


Esta variación en el modelo le resta muchas tensiones a la pareja, como las que se analizaron antes. Pueden ser más "naturales" el uno con el otro y con respecto a los demás. No obstante, propicia ciertas contradicciones. El hecho de que el de más edad juegue el papel de "mentor", no puede borrar el hecho de que los hombres, jóvenes o no, suelen estar acostumbrados a ejercer control. Por eso, el más joven, tarde o temprano, se rebelará ante la autoridad del otro y si éste no logra aceptar los cambios hacia una mayor simetría, la pareja fracasará. Muchas veces la "sumisión" es tolerada simplemente porque el de menor edad está subordinado económicamente. Pero tan pronto como logre su independencia, la relación entrará en crisis.

Otra de las razones importantes para que naufraguen, es el curso del tiempo. A los que les atraen los jóvenes, se les hace inevitable, cuando éstos maduran, emprender una nueva búsqueda. Algo semejante sucede con los de menos edad, pues al pasar el tiempo se interesan por compañeros más jóvenes y, por ello, terminan con sus antiguos mentores.

Eduardo es el gay al que le gustan hombres mucho menores que él. Su predilección son los de 18 a 20 años de edad. Los convierte en sus pupilos en cuestiones de arte, música, literatura y cultura en general. También los ayuda económicamente con tal de que terminen sus estudios. Pero su problema es que cuando maduran, él pierde el interés, pues está muy contento con su posición de guía. El joven que se vuelve adulto pierde el encanto. Una crisis cualquiera termina la relación y Eduardo reinicia su búsqueda sin fin.

El modelo tradicional es más propicio para el tipo de economía y sociedad latinoamericana. Las parejas se forman más de acuerdo con las necesidades de sobrevivir, de lograr las cosas básicas. En una sociedad desarrollada, en cambio, es más factible establecer las relaciones con el fin de compartir las amenidades de la vida. En una subdesarrollada, las parejas ajustan sus lazos más a un principio de complementariedad que de simetría.

Esto quiere decir que en sociedades donde la familia extendida en su dimensión comercial, juega aún un papel económico extraordinario, las posibilidades para un adolescente gay o un adulto joven de independizarse no están presentes, como sí pasa, por ejemplo, en los Estados Unidos. Para poder establecer una relación permanente con otro hombre, es necesario que busque uno con los recursos que le permitan subsistir, por cierto tiempo, sin la familia. Esta necesidad crea, a la vez, una cultura gay que mira este modelo como natural y común, lo que termina perpetuándolo.

En sociedades subdesarrolladas los gays necesitan que sus compañeros se definan más como protectores que como personas con los mismos derechos. Cuando la represión es tan grande y los medios tan escasos, existe siempre una necesidad de encontrar compañeros que incrementen los recursos para enfrentar los problemas. De ahí que el modelo de complementariedad tenga una misión importante, ya que se basa en la combinación de fuerzas. La persona afeminada buscará al hombre masculino con el fin de lograr protección frente a la violencia que existe contra los débiles; el hombre masculino, la indulgencia con que una sociedad sexista trata al penetrador; el joven sin dinero, al que tenga medios económicos que le depare poder; el que lo tiene, al que no lo posee. Este último obtiene a cambio, apoyo, juventud, servicios y energía.


Es sumamente difícil, por ejemplo, que en Costa Rica un hombre de 20 años pueda vivir de su ingreso. Los salarios son tan bajos que siempre es necesario el auxilio de la familia. Por eso, si un joven decide casarse con una mujer, los parientes se ponen de acuerdo para darle la ayuda necesaria  con el fin de que establezca casa aparte, aunque en muchos casos, esto no se produzca inmediatamente después del matrimonio. Muchas parejas deben esperar, en las casas de sus padres, durante períodos que varían de meses a años.

En el caso de un gay no existe semejante apoyo familiar. La única posibilidad es buscar a un individuo con más recursos, que generalmente tiene también más edad, para poder salir de la casa. Muchos jóvenes han tenido que hacerlo a pesar de que no se sienten atraídos por hombres de ese tipo. Sin embargo, al convertirse en un patrón, el modelo se acentúa y se generaliza más.

Hugo refleja bien esta norma. Su predilección son los adolescentes como él. La mayoría de sus relaciones sexuales han sido con muchachos de su misma edad. No obstante, la situación de pobreza extrema en que vivió siempre, lo ha conducido a que cada vez que escoge amante, éste sea un individuo de buenos recursos económicos. Esto le permite continuar con sus estudios y ayudar a su familia. Esta decisión no implica prostitución ni mucho menos. A Hugo le gusta la persona segura de sí misma e independiente. No podría irse con cualquiera. Pero, su situación lo obliga a tomar en cuenta su seguridad económica.

Los dos modelos tradicionales descritos, que varían, se combinan y modifican, han sido los más comunes en Costa Rica.

En el abanico de la sexualidad todas las combinaciones son posibles. Las personas son atraídas por otras en virtud de muy diferentes motivos, tanto en los heterosexuales como en los homosexuales. Sin embargo, los factores culturales o económicos analizados tienen un peso tan grande que estructuran modelos a seguir por los demás.

En las relaciones tradicionales, pues, existen diferencias de jerarquía y los recursos son distribuidos asimétricamente. Las reglas del juego están mejor establecidas, pero van en contra de la socialización de los individuos.

Un elemento adicional las ha expuesto a más tensiones. En estos tiempos del SIDA, la diferenciación que conlleva cierta tolerancia para uno e intolerancia para el otro, hecha por la sociedad machista entre penetrador y penetrado, ha sido sustituida por una hostilidad generalizada. La pareja que se hace ahora evidente se enfrenta a una violencia nunca antes vista. La persona afeminada es acosada en la calle, insultada, ridiculizada y expuesta como homosexual. La relación del hombre masculino con el femenino tiene que luchar, en una forma permanente y constante, contra esta más virulenta homofobia social. El primero, aunque aún se le mira un poco más benevolentemente, se ha visto obligado a salir del closet, donde generalmente se encontraba, para enfrentar a toda la sociedad y mantener su relación. Además, pese a la atracción que sobre él ejerce su compañero, siente el mismo disgusto por lo femenino que cualquier varón heterosexual, pues ha sido criado en una cultura que desvaloriza a la mujer. Su atracción es igual de ambivalente hacia su compañero.

 


Finalmente, las relaciones asimétricas no solo han encontrado problemas en la sociedad en general, sino que también en la misma cultura gay. Como será analizado más adelante, gracias a la influencia de otras culturas, nuevos modelos, que representaron un serio ataque a los tradicionales, entraron en vigencia. Aquellos entraron en crisis.

No obstante, pese a que no se ha realizado un estudio específico sobre la duración de las parejas, de acuerdo con el modelo que siguen, la observación pareciera indicar que las que se ajustan a los tradicionales han sido, y continúan siendo, más estables que las modernas.

Relaciones modernas

Las parejas tradicionales empezaron a ser cuestionadas con el auge del movimiento de liberación homosexual que las tachaba de retrógradas y patriarcales. La nueva ideología hacía incapié en que los gays no debían imitar a las parejas heterosexuales, que debían ser simétricas, que era ridículo que uno hiciera el supuesto papel de mujer y el otro, el del macho. Se aducía que ambos debían seguir un solo patrón y éste era el de la masculinidad. En el país, la nueva generación gay que surgió en la década de los setentas, lo hizo en un período de desarrollo, de urbanización y de crecimiento, que permitía copiar el modelo de relación de las grandes urbes norteamericanas.

La nueva generación pronto se rigió por la norma, quizás nunca oficializada pero sí generalizada, de que las relaciones solo pueden darse si hay simetría en todo. La pareja ideal, contrario a la relación heterosexual y a la gay tradicional, estaba representada por aquella que lo compartía todo.

Una de las ideas, o mitos, más generalizados en el amor moderno, es que los enamorados deben poseer dos almas gemelas y compartir creencias, principios morales y religiosos y, si es posible, profesiones. Esta aspiración de simetría absoluta ha llevado a los gays de clase media americanos, aunque no a las minorías que siguen otros patrones, a sostener que la conveniencia y estado de armonía de las  parejas deben ser evaluadas de acuerdo con la regla del 50-50. Los calzonzillos tienen que ser lavados equitativamente, las medias también; los ingresos deben ser similares para que no exista envidia; el atractivo físico, para evitar que uno resienta la popularidad del otro, equivalente, y, aunque nunca postulado explícitamente, el grupo étnico, la raza, la educación y la religión, también.

Ni siquiera debía pensarse en la posibilidad de que uno alcanzara más fama que el otro o más acceso al poder o  ascensos profesionales, porque ésto se interpretaba como una desgracia para la pareja y una razón suficiente y necesaria para terminar con ella. Este ideal, harto difícil de llevar a la práctica, ha servido por lo menos, como un parámetro para evaluar el carácter de las relaciones y determinar cúan lejos o cerca de él se encontraban.

Cuando se sustituyó en Costa Rica la complementariedad por la simetría, muchas parejas se constituyeron bajo esta nueva modalidad que tenía en mente el patrón estadounidense. Esta nueva visión del homosexualismo fue muy liberadora para aquellos que no deseaban caer en uno o en otro estereotipo, pero también mucha culpa para los que sí disfrutaban de la complementariedad. La mayoría de las relaciones tradicionales sucumbirían ante el embate de la nueva modalidad; por su parte, aquellos que se definían como pasivos y femeninos, quedarían como reliquias del pasado.


La relación simétrica, en teoría, tiene muchas ventajas, pues supone que las dos personas forman una relación equitativa y unidas por un amor romántico. Tanto los oficios como el sexo deben ser compartidos plenamente: ambos deben estar dispuestos a practicar de todo y a permitir al otro lo mismo. Finalmente, la monogamia, a diferencia de los Estados Unidos, es la norma en Costa Rica: ninguno de los dos puede, en teoría, tener relaciones sexuales con otro. Solo algunas parejas permiten tríos o aventuras casuales.

Un punto a favor de este modelo es que no impone rígidas reglas a ninguno de sus integrantes. Esto alivia la presión que significa actuar de acuerdo con la relación heterosexual y rompe una férrea rutina sexual, ya que permite que cada uno practique el sexo activo y pasivo. Elimina, a la vez, el problema de las diferencias de recursos económicos y el poder que ejerce aquél que es visto socialmente como más valioso.

Pero la relación simétrica produjo problemas que también conspirarían  contra la pareja. Pronto surgirían conflictos porque el nuevo modelo no tenía, fuera de la simetría, ninguna regla establecida. En primer lugar, no establecía quién iniciaba las relaciones sexuales. En el caso de la pareja heterosexual, este asunto no presenta ningún problema, como tampoco en la gay tradicional. Pero en la nueva, la no definición creaba confusión, pues ni uno ni otro sabía cómo interpretar la apatía o la paciencia del otro. En otras palabras, que la presión por la igualdad atentaba contra la inclinación natural de cada uno hacia una mayor o menor pasividad.

En segundo lugar, la nueva relación exigía que la práctica sexual fuera lo más simétrica posible. Es decir, ambos debían hacer y disfrutar lo mismo. En el caso gay, la práctica del sexo anal juega un papel que llega a ser todo un símbolo. Ella, tradicionalmente, había determinado el lugar de cada uno en la pareja. Se esperaba ahora que los dos desearan hacerlo y dejárselo hacer con la misma intensidad. De no ser así, uno de ellos podría inferir que el otro era egoísta o reprimido o que trataba de controlarlo. También daba lugar a sospechar que si el otro no quería hacer el papel pasivo, era porque consideraba ésto como propio de las mujeres, lo cual implicaba que así lo veía a él. Esta contradicción hacía que la pareja entrara en crisis.

La evidencia apunta a que existe una predilección por el sexo anal en el país y son más los que lo prefieren de manera pasiva. De ser esto cierto, la combinación de posibles parejas es más limitada que en el caso heterosexual, ya que existen menos individuos dispuestos a practicar ambas cosas. Por esta razón, la simetría en este campo es más difícil de alcanzar, a menos que las personas estén dispuestas a hacer concesiones en lo sexual.

Si las cosas no estaban claras en el aspecto sexual, mucho menos lo estarían en el doméstico. Dos hombres gays que viven juntos entran pronto en conflicto con respecto a quién debe hacer las labores del hogar, cuidar las plantas, lavar la ropa, cocinar, pagar las cuentas, y otras actividades que ya están establecidas para los heterosexuales, pero no para las parejas gays modernas.


Otra área de conflicto es la de la socialización. Cuando los dos hombres asisten a una fiesta están dispuestos a ser más agresivos en el coqueteo que cuando lo hacen un hombre y una mujer. Además, los gays no tienen fiestas de parejas, sino, por lo general, de personas solas en busca de un compañero. Para la pareja gay, este tipo de socialización la pone en conflicto porque el acoso hacia el compañero es más fuerte que en las fiestas de heterosexuales.

El dinero se vuelve también en una causa de conflicto. En la relación heterosexual es de esperar que, si ambos trabajan, la mujer gane menos que el varón. En los casos que no es así, se presenta una discordancia porque el salario mayor de la mujer cuestiona el papel tradicional de proveedor del hombre y, ergo, su masculinidad. De todas maneras, en la pareja heterosexual generalmente hay ingresos diferentes, lo que no destruye la relación porque corresponde a la expectativa que de ella se tiene.

En el caso de dos hombres gays, lo ideal sería que ambos ganaran lo mismo y que los sueldos se distribuyeran equitativamente. El que uno tenga más dinero puede producir dos desbalances: que al compartirlo, trate de sacar partido de eso con la realización de menos labores domésticas o bien que se sienta muy molesto porque, además de hacer oficio, tiene que poner más plata. Por último, si se deja para sus gustos una cantidad extra de dinero, provoca envidia y enojo del otro. De esta forma, la relación gay moderna tiene problemas en manejar el dinero porque éste amenaza su delicado equilibrio.

En los países subdesarrollados es aún más difícil lograr ese ideal. Los salarios son generalmente bajos y no abundan los empleos que permitan una holgada vida de clase media. Esto hace que casi nunca, dos personas que vivan juntas, ganen lo mismo. De ahí que este modelo, prestado de sociedades con más oportunidades, sea poco factible de poner en práctica.

A pesar de los problemas de las relaciones tradicionales en cuanto al poder y a la jerarquía, éstas tenían o tienen -ya que no han sido desplazadas del todo- algunos aspectos a su favor. En primer lugar, los roles y las normas de la relación están más claros. La relación se inicia con una serie de premisas que ambas personas, en teoría, aceptan. Entre ellas están las que tienen que ver con la sexualidad, la especialización en el hogar, la autoridad en la toma de decisiones, la distribución del ingreso, que se realiza de acuerdo con las necesidades y no de acuerdo con lo que se gana, y otras consideraciones. Es probable que, por todo esto, duren más.

Las relaciones simétricas, por el contrario, unen a dos individuos que deben seguir roles que no son complementarios, sin que, al mismo tiempo, exista algo que pueda amortiguar los problemas propios de la masculinidad. Si dos seres hacen el papel masculino, eso significa que ninguno tomará la iniciativa para cuidar al otro, expresar sentimientos -que son vistos siempre como actividad femenina- o hacer grandes esfuerzos para salvar la pareja, otra función que es relegada a las mujeres.  Aspectos que son propensos a crear tensiones como la infidelidad, la violencia y la independencia estarán más bien, duplicados. No existe aquí alguien que desempeñe el papel moderador, regulador y nutriente que en las sociedades sexistas desempeña la mujer.


Cuando las personas juegan el mismo rol, tienden a aburrirse más rápidamente. El hecho de que las mujeres y los hombres sean criados tan distintos, sugiere que la diferencia de género puede convertirse en un atractivo para ambos, algo con lo que los gays no cuentan. En otras palabras, en las relaciones heterosexuales los miembros son entrenados por la sociedad para que se complementen, lo que crea dos seres muy distintos. La atracción sexual puede mantenerse por más tiempo en vista de que, como postula Trip[268] en su libro The Homosexual Matrix, es la tensión entre conquistar y ser conquistado lo que estimula la sexualidad. Dos personas que han sido criados bajo los mismos patrones, por ejemplo, que han sido acostumbrados a no expresar sus sentimientos y a no mostrar vulnerabilidad, puede que pierdan más rápido esta atracción.

El que existan tensiones en las parejas gays, en vista de los problemas inherentes a los modelos que utilizan para establecer sus nexos, no indica en absoluto que no tengan posibilidades de alcanzar la estabilidad a la que aspiran. Simplemente plantea que es necesario revisar los conceptos que se utilizan, al igual que los requisitos y las normas, para formar y evaluar las relaciones. Es posible que unos modelos tradicional y moderno más flexibles, más acordes con la realidad de la sociedad en que se vive, más sujetos al cambio y al discurrir del tiempo, hagan posible que las parejas gays duren más tiempo. Para lograrlo, no solo se necesitará flexibilizar la relación, sino, revisar los conceptos del amor romántico.

AMOR ROMÁNTICO

"El amor romántico es la fuente más importante de energía en el psique occidental", nos dice  Johnson, psicólogo junguiano.[269] Tanto que ha llegado a suplantar a la religión como la esfera donde la gente busca la trascendencia. Se espera, en el plano inconsciente, encontrar el camino hacia la felicidad por medio de la pasión romántica.

El amor, uno de los sentimientos más nobles del ser humano, ha sido sublimado a tal grado por la cultura occidental que se ha hecho presente desde las grandes producciones literarias y artísticas hasta los comerciales y telenovelas que se miran todos los días.

Aún la misma religión ha tenido que pactar con la fuerza del amor romántico y lo ha hecho comparando el amor en el matrimonio con el amor por Dios. Las personas que se sienten enamoradas, si cumplen las reglas del juego marcadas por la iglesia a la que pertenecen y se comprometen a educar a sus hijos de acuerdo con ellos, son bendecidos. El matrimonio es una institución creada por el catolicismo durante el período medieval, lo que prueba su relativo origen reciente. Aunque la idea estaba presente en la literatura griega, en la del Imperio romano, y en la de Persia antigua y en la del Japón feudal, como fenómeno de masas -nos dice Johnson- es de origen medieval.


El amor romántico nació aproximadamente en el siglo XII. En sus inicios se le conocía como "courtzia", o sea amor cortesano. Algunos historiadores opinan que este amor romántico fue la versión secular de la religión maniqueísta, practicada por los cátaros en Europa. En Francia, el maniqueismo se desarrolló en la ciudad de Albi, por lo que, en vista de la persecución del papado, se le llegó a conocer como la herejía albigense.

Los maniqueístas creían que el "verdadero amor" no podía existir  entre los humanos; solo el que se sentía por una mujer salvadora era el genuino, ya que ella era una intermediaria entre Dios y los hombres. De ahí que despreciaban el sexo y el matrimonio y adoraban solo a su diosa, la Señora de la Luz. En vista de sus reservas hacia las relaciones heterosexuales, los cátaros eran muy tolerantes de las homosexuales, a las que calificaban con la palabra "gai".

A diferencia de la versión materialista que ofrecía la Iglesia medieval de la religión, los cátaros crearon una personal, individual y lírica. Pero, debido a la cruenta persecución del papado, que llevó a masacres en masa, la religión cátara fue aplastada, pero no erradicada del todo, nos dice Johnson. El maniqueísmo reaparecería en otra forma: el amor cortesano. Esta versión secular de la religión se haría evidente en los romances, en las canciones y en los poemas de los trovadores. En ella, la idea de que las relaciones humanas son imperfectas y de que la mujer idealizada es una intermediara con Dios, encontraría de nuevo su lugar. Los caballeros medievales adoraban a su dama, pero nunca se involucraban sexualmente con ella. La relación era espiritual. La mujer servía como un símbolo divino; su misión era inspirarlos para realizar actos nobles, actos en su nombre.

A pesar de la revolución industrial, las ideas del amor cortesano persisten en la época moderna. Aunque se les haya añadido el sexo como un aspecto importante, siguen siendo impulsadas por los anhelos maniqueístas: un amor que sea más que un sentimiento, una pasión que vaya más allá de la atracción física, una relación que permita adorar a otro.

Según el mismo Johnson, estos anhelos románticos están muy vinculados con el impulso del inconsciente de lograr una unidad y perfección espiritual que, para los junguianos, es la unidad de la psique. El hombre enamorado estaría buscando así una integración con las partes escondidas de su mente. De acuerdo con Jung[270], la necesidad de explorar los lados oscuros del inconsciente y la práctica de una vida religiosa son la misma cosa. Es ese deseo de unificarse con Dios, para unos, o combinar las diferentes partes de la psique, para otros.

La necesidad en Occidente de buscar la integración de distintos aspectos de la psique puede explicarse de muchas maneras. Una de ellas, como postuló Jung, es que su división en psique masculina y psique femenina fue tan tajante que el inconsciente busca recuperar la unidad con el amor hacia el otro. En otras palabras, el amor romántico es una trama de proyecciones. El enamorado no es otro que el reflejo de las partes reprimidas y cercenadas por una sociedad sexista que busca ser absorbido con el fin de lograr una reintegración psicológica. El amado es, pues, el reflejo de la feminidad (en el caso de los hombres) y de la masculinidad en el caso de las mujeres.


Esta hipótesis podría utilizarse para los gays, porque la unificación de partes cercenadas del inconsciente no es una necesidad enteramente heterosexual. El homosexual podría buscar, a través de la relación romántica, una recuperación de los aspectos reprimidos, como la agresividad machista, en el caso de los hombres, o la feminidad típica, en el caso las mujeres, que fueron desplazadas cuando aprendieron el género. El deseo de muchos gays de tratar de encontrar a un compañero excesivamente masculino es, probablemente, un anhelo por esa masculinidad, definida en términos del patriarcado, que no es típica de los gays, aunque éstos sean de apariencia masculina, y que brinda el pasaporte para la aceptación en sociedades sexistas. De ahí la necesidad de encontrarla de nuevo, aunque sea por medio del amor.

No importa si esta visión junguiana es correcta o no, lo cierto  es que el romanticismo representa una fuerza con aspectos inconscientes que aún no están claros y que busca reunir en la persona amada, atributos, necesidades o características reprimidas.

El amor romántico, en el caso de los homosexuales, posee una función adicional: es un instrumento de salvación de la homofobia. Los gays han sufrido tanto rechazo y tanta discriminación, tienen tan pocos amigos y personas con quien revelarse como tales, y tan escasas áreas en qué realizarse, que esperan que el amado  y el amor se conviertan en la gran tabla de salvación para borrar toda la discriminación y la homofobia a las que han estado y están expuestos. Las expectativas son enormes  y así los desengaños.

El amor romántico no es el único que existe para establecer una relación amorosa. Se supone que es el genuino y verdadero, que quienes se casan por razones ajenas a la pasión no se pueden querer de verdad. Pero el amor que sienten muchos de los que se unieron por criterios no pasionales, puede ser tan fuerte y sincero o más que el de cualquier pareja de tórtolos amantes.

A pesar de todas las maravillas que se hablan del amor romántico, no ha existido tampoco una cultura tan neurótica, alienada y angustiada como la occidental. La gente se enamora y desenamora con una rapidez enorme. Una vez que la pasión termina, se busca, como cualquier droga adictiva, conseguir una nueva experiencia.

En el caso del heterosexual, ese amor es menos nocivo para el hombre porque la mujer debe pasar más obstáculos para realizar esa búsqueda. Una vez que contrae matrimonio, se ve más amarrada a la casa y a su marido. Él, por su parte, tiene las ventajas de vivir en dos mundos: uno en la casa y su esposa, con la que tiene una relación amorosa que con el tiempo pierde su pasión, otro fuera de la casa en la que puede continuar con su búsqueda sin fin.


A las parejas de personas del mismo sexo, a pesar de lo tradicionales que sean, se les hace casi imposible sostener esta vida doble. Cuando la pasión empieza a disminuir, las posibilidades de terminar la relación afloran fácilmente. No hay hijos en quiénes pensar, ni presiones sociales que respetar, ni matrimonio que disolver. De ahí que el deseo inconsciente de un amor pasional se torne más destructivo. Por otro lado, el impacto de la homofobia hace necesario que el homosexual busque sus relaciones más por el beneficio que le trae una compañía solidaria, que por los oscuros anhelos románticos de recuperar partes perdidas que, de todas maneras, se encuentran en realidad en cada uno de ellos.

Los gays que tienen relaciones tradicionales y que se han establecido por intereses comunes, tienen lazos más persistentes porque las expectativas no han sido románticas desde el principio. Individuos que se han unido porque tienen en común, por ejemplo, un gusto por la pintura, la agricultura, la ciencia o los negocios, han encontrado que, con el tiempo, logran establecer una relación amorosa, que, aunque no era pasional, resulta tan estable y satisfactoria, si no más, que la otra.

También pueden haberse unido por aspectos como el dinero, la incapacidad de llevar las cuentas o los negocios, y esto haber originado  una relación que nada tiene que envidiarle a una pasional. El que una persona busque algo en otra, no significa que todo esté basado en el interés. En realidad, como se ha visto, la misma relación romántica conlleva una serie de deseos egoístas de encontrar, en la mente, aspectos perdidos o reprimidos, o de consumar la posesión de individuos que se resisten. No hay nada altruista en esto: toda relación puede ser analizada en esta perspectiva.

Pero todo esto hace que en la cultura popular la única alternativa que se considere, y que se recomiende como genuina, sea la pasión romántica. Los gays costarricenses viven obsesionados con los encuentros pasionales, las telenovelas cursis, la literatura romántica, las cartas de amor, las miradas intensas, las citas a escondidas y toda clase de recetas del romance que los hace perder de vista otras posibilidades y que, cuando disminuyen su intensidad, los lanza a la calle a volverlas a buscar. La excesiva valorización de la belleza física, como se analizó anteriormente, también trabaja en contra de que las personas busquen sus parejas con base en otros criterios.

La homosexualidad en la Grecia clásica, por ejemplo, establecía el criterio de las relaciones con base en un mentor y un joven. El fin era la educación y perfeccionamiento de éste último con la ayuda del primero. La pareja no era impuesta; cada uno de ellos tenía el poder de veto. Sin embargo, tampoco era romántica, aunque con el tiempo se daba una relación amorosa. La pasión no era el ingrediente a tomar en cuenta. La relación beneficiaba a ambos y una vez que el proceso de entrenamiento y educación terminaba, el joven lo repetía con otro menor. La sabiduría y la vida se compartían así en un contexto de cariño y de respeto.

En Costa Rica han existido muchas relaciones no románticas que han durado por muchos años. La historia en común y la solidaridad ante la opresión, se han convertido en el factor que sana las heridas causadas por la homofobia. Es ésta la mejor terapia que los gays tienen a su alcance. No obstante, la influencia del modelo romántico y pasional se ha impuesto en la comunidad y ha amenazado a aquellas y futuras parejas no pasionales. A los que persiguen la pasión, el modelo los lleva a una búsqueda casi imposible ya que las expectativas van siempre más allá de lo que la realidad permite. Prefieren pasar toda su vida esperando el "príncipe azul" o relacionándose con cientos de hombres, que  establecer lazos que se basen en la compañía, la solidaridad y el aprendizaje.


El romanticismo, pues, es un factor que, por sus componentes inconscientes, se torna en un arma de doble filo para la comunidad gay de Costa Rica. Hace que muchos de sus miembros luchen por establecer una relación que va contra las fuerzas poderosísimas que se les oponen. Pero, por otro lado, crea tensiones en la pareja que representan un peligro de destrucción más fuerte que el que significa para los heterosexuales. Además, conlleva otro riesgo: la adicción.

El romance como adicción                                 

Trabajos recientes en los Estados Unidos de psiquiatras como Peele[271] y Halper[272], han coincidido en que el amor puede convertirse en una adicción idéntica a la que se desarrolla con las drogas. Las drogas producen reacciones químicas reales, pero para desarrollar una adicción, es necesario que haya antes una necesidad psíquica en el individuo que lo predisponga a recibir la droga. Es por eso que muchas personas pueden utilizar drogas sin necesidad de convertirse en adictos y que muchos adictos no necesiten los narcóticos para serlo. Para huir de la realidad, el ser humano tiene a su disposición una serie de sustancias, personas, o actividades, que, sin embargo, en el proceso subjetivo de la adicción resultan irrelevantes.

El adicto es alguien que carece de confianza en su capacidad de enfrentarse, independientemente, a la vida. Su percepción de la realidad es negativa y teme al mundo y a los demás. Cuando se enfrenta con los problemas y otras demandas sociales, busca el apoyo de un objeto o substancia externa que, por creerla un poder mayor que el suyo, confía en que lo proteja. Según Peele, la adicción existe cuando el apego de una persona a una sensación, objeto, o a otra persona es tal, que disminuye su percepción  y su capacidad de lidiar con otras cosas de su medio  ambiente o de sí mismo. Encuentra en ellas la única fuente de gratificación.

El amor es un vehículo de propensión a la adicción porque puede demandar una entrega de la conciencia individual que limita cualquier nueva experiencia o desarrollo emocional. Según Peele, la gran diferencia entre un drogadicto y un adicto al amor es su clase social. En general, el amor es la droga respetable de la clase media.

El que busca en su amado una manera de protegerse del mundo, de lo nuevo, de los desafíos y que pretende llenar vacíos interiores, inseguridades, miedos o insuficiencias, actúa de la misma manera que quien recurre a la heroína para salvaguardarse y fugarse del mundo.

La adicción al amor no es una característica exclusiva de una orientación sexual. Los estudios sobre adictos se han llevado a cabo en vista de los millones de seres humanos que se sienten atrapados en relaciones que son nocivas para su salud, pero que no pueden abandonar.

 


Sin embargo, en el caso de los homosexuales, existen presiones muy grandes para que muchos terminen adictos al efecto del enamoramiento. En los gays es tan frecuente como en los heterosexuales, las personas que necesitan estar enamorándose constantemente o que se encuentren en relaciones negativas de las cuales no pueden salir.

En una sociedad homofóbica, la droga más fuerte y eficaz para protegerse de la cruenta realidad es el amor. Por medio de ella, una persona puede olvidarse de la opresión y de la lucha que tendría que dar para aceptarse y ser aceptado, pero que no quiere o no puede emprender. El amor es  un sentimiento tan fuerte y tan poderoso que adormece el dolor por la separación que se siente del resto de la sociedad y de los valores tradicionales.  Al iniciar una nueva relación, las adversidades pierden su importancia y, durante el tiempo en que la pasión exista, esa persona se siente mejor.

La mayoría de las relaciones adictivas se inician con un sentimiento de "locura" por la otra persona. Este estado emocional, al que la psicóloga Dorothy Tennov[273] le inventó, la palabra inglesa "limerance", es, según ella, un deseo inconsciente de satisfacer los deseos infantiles de protección. De acuerdo con el psicoanalista Winnicot[274], todo niño atraviesa por un período de intensa unión con la madre y otro en el que ella debe ayudarlo a separarse e independizarse lentamente. El deber de la progenitora en este momento, según él, es "desilusionar" al niño y dejarle saber que es un individuo aparte. Pero este proceso es algo truculento y nunca termina en su totalidad. Todos quedan, de alguna manera, con una añoranza por la antigua fusión con la madre y por la vuelta a la matriz. El regreso es imposible y se puede realizar imaginariamente, por medio de ese estado ideal de protección que, según Winnicot, podrían dar dos martines, el orgasmo, la meditación y otros pequeños o grandes deleites...

Pero en algunos casos, como en los adictivos, esta ansia por volver es más fuerte que en el resto, lo que evidencia que la separación de la madre no fue lo exitosa que debía haber sido. La persona adictiva, nos dice el psicoanalista, tiene una obsesión por volver al estado de unión con la progenitora.

El "flechazo" romántico es una de las maneras en que se busca esta seguridad perdida y constituye un proceso de adicción. De la misma manera en que el drogadicto  se "eleva" cuando la droga penetra en su corriente sanguínea, el adicto al amor siente que se exalta cuando se "enamora". Pero, como toda droga, el enamoramiento se torna compulsivo y cuando se diluye, se necesita una nueva dosis para lograr de nuevo sentir el placer. De aquí proviene el carácter destructivo del amor en la comunidad gay. Muchas personas no pueden desarrollar una relación porque se han vuelto adictos al período que ha sido definido como de "limerance" en los Estados Unidos o de estar "locamente enamorado", en español.


M. Scott[275] dice que este estado de enamoramiento no tiene nada que ver con el verdadero amor. Este último debe ser un acto consciente, producto del conocimiento y de la profundidad de la relación con el otro ser.

Wilbert es un adicto al romance. Es un hombre gay de 33 años de edad y que labora en una universidad del país. Le encantan las películas románticas. Cuando empieza un nuevo amorío practica cuidadosos detalles: le gusta enviar flores, tarjetas, notas cariñosas y llamar incesantemente por teléfono. Es muy apasionado y puede sostener relaciones sexuales diarias con su compañero. Pero lentamente, la pasión se desvanece y él empieza a sustituir la pasión por los pleitos. El conflicto es una manera de mantener la energía a lo máximo, porque las reconciliaciones son maravillosas y recuperan algo de la intensidad de lo que fue la relación en sus inicios. Sin embargo, existen tantos altibajos en su comportamiento que, tarde o temprano, la pareja se disuelve. En esta nueva etapa, Wilbert tiene otra oportunidad de  sentir  exageradamente porque se entrega al licor, a oír canciones románticas y a compartir sus penas con sus amigos. De un momento a otro, a veces pronto, a veces no, aparece un nuevo compañero con quien inicia una nueva aventura. Wilbert obtiene así su droga.

La adicción de Wilbert está en el "limerance", o sea al momento en que la pasión está en el grado más alto. El subconsciente hará lo posible por obtener más esta clase de experiencias porque es la que le da placer y seguridad. Pero, como sucede con las máquinas traganíqueles, el "limerance" es impredecible y dura poco. No se sabe cuándo aparecerá la persona indicada o cuándo la máquina premiará al jugador. De ahí la adicción: la persona está dispuesta a perder  y a sufrir, a esperar y a arriesgar, con tal de que algún día se obtenga el premio. Una vez que éste llega -cuando Wilbert se enamora- ya se sabe que no durará más que un rato. Para volver a sentirlo, o ganar otra vez, es necesario, entonces, volver a "jugar". De ahí que, a pesar del dolor inmenso de la separación, Wilbert  lo vivirá intensamente, no porque sea masoquista, sino porque intuye que éste es el precio por desenamorarse una vez más y volverse a enamorar.

El sufrimiento y el pensamiento obsesivo son fenómenos muy extendidos pero que afectan más a las mujeres porque se les entrena a vivir en función de sus relaciones amorosas. En el caso de los gays, pueden caer en adicciones porque el deseo de volver a estados de protección es mayor debido a la discriminación que sufren y porque la sociedad no los ayuda a obtener apoyo de otras fuentes que no sean otro gay. Quienes se convierten en adictos a las relaciones, pueden durar muchos años en situaciones muy enfermizas y negativas o, como en el caso de Wilbert, aficionarse frenéticamente al período de "limerance" y, por lo tanto, a que sus relaciones sean efímeras.

VIOLENCIA


Los hombres gays son criados como hombres, aunque decirlo parezca a algunos una reiteración innecesaria o, a otros, un disparate. A pesar de que en algunos aspectos tienen más flexibilidad que los heterosexuales, los gays no escapan de las imposiciones más severas de los roles sexuales. La creación de una cultura masculina agresiva, cerrada y competitiva, hace que las relaciones gays estén también permeadas por ella. Estos han sido entrenados a desconfiar los unos con los otros, a no compartir los sentimientos, a reprimir algunas necesidades.

Los gays en Costa Rica reflejan este patrón e influye tanto, que les cuesta establecer intimidad y cercanía. La razón principal radica en la incapacidad de expresar sentimientos y tanto el amor como la cólera encuentran avenidas indirectas y equivocadas para manifestarse de varias maneras.

Las parejas de hombres gays expresan sus sentimientos más por medio de acciones que de palabras o actos de cariño. Esto significa que la persona enamorada le da prioridad a "hacer cosas" para el otro. Así, realizará mandados, servirá el café, comprará los víveres, lo acompañará al trabajo y, en fin, lo cuidará más que amarlo.

Este patrón se hizo evidente en los cursos de concientización cuando se abordaba el tema del amor. Cuando se preguntaba a los asistentes cómo hacían para expresarlo, todas las respuestas tenían relación con decisiones de ese tipo. Por tantas cosas que hacían por su compañero, éste debía darse cuenta de la fuerza del sentimiento.

Aunque no hay nada de negativo en esta forma de expresión, el hecho de que sean las acciones las predominantes, indica que existe un problema subyacente. El amor se "hace" porque probablemente no se sepa cómo comunicarlo verbalmente. Por otro lado, puede resultar peligroso, pues si una persona, por cualquier razón ajena al desenamoramiento, deja de hacer sus actos simbólicos, el otro puede interpretar, aunque tal vez no sea así,  que se ha perdido el cariño.

 

No existen sustitutos para expresar los sentimientos. Las vías indirectas siempre son problemáticas, ya que pueden hacer creer a la otra persona que las acciones se hacen para manipular o que tienen motivaciones ocultas, que más que una demostración de cariño, sea una manera de obtener luego un favor o una ventaja. Debido a ello, podría rechazar el afecto por consideraciones que al otro ni le habían pasado por la mente.

Las relaciones gays encuentran problemas aún más serios con la expresión inadecuada de estados de ira. Los hombres, acostumbrados a reprimir sus sentimientos, tienen dificultades muy grandes para manejar esas emociones. Cuando la ira se hace presente es, generalmente, de manera explosiva y con resultados violentos que atentan contra la pareja. El origen de semejante explosión no está en el motivo directo del enojo, sino en la represión, por mucho tiempo, de resentimientos y disgustos. Cuando un individuo toma conciencia de ésto es ya demasiado tarde para controlarlo o para expresarlo de una manera no violenta. No puede detectar siquiera alguna manifestación física de lo que le pasa.


Esto se hizo evidente en los cursos de concientización. Cuando se les pidió a los participantes que señalaran cuáles eran los síntomas físicos que les indicara que se estaban enojando, la mayoría no pudo nombrar más de uno. Luego, se les solicitó que recordaran una situación en la que habían sentido mucha cólera para que pudieran describir sus reacciones físicas. En ese momento, los participantes recordaron los diversos mensajes que les envió el subconsciente para hacerles saber que la situación les era molesta: sudoraciones, palpitaciones, mareos, temblores, lagrimeos, dolores, y un sinfín de otros de síntomas. 

El problema con esta inconciencia de las señales de algunos sentimientos, es que cuando finalmente se reconocen, es porque ya ha llegado al clímax una acumulación de pequeños enojos que han pasado inadvertidos. Los estudios sobre violencia doméstica en los Estados Unidos, así lo atestiguan.

Las parejas de hombres en Costa Rica, de la misma manera que las heterosexuales, se caracterizan por grandes brotes de violencia. Este es uno de los factores más frecuentes en la destrucción de cualquier relación. Pero en una pareja de hombres hay, quizás, una carga más explosiva porque ninguno ejerce la función de moderar, escuchar y expresar sentimientos, lo que caracteriza a la mujer en la relación heterosexual. Vale le pena recordar que este papel no le depara a la mujer muchas ventajas, ya que generalmente termina agredida y víctima de muchos abusos. Sin embargo, su estoicismo ante la violencia del compañero es lo que hace que la relación no termine tan rápidamente. En segundo lugar, la relación homosexual sufre más estrés que la heterosexual debido a la homofobia. Las presiones son más serias y de ahí la necesidad de que más rápidamente salgan a flote, por eso las explosiones se dan a menudo y son más fuertes. En tercer lugar, como se ha visto, las relaciones gays son más indefinidas con respecto a las reglas que las rigen, de ahí que las presiones emocionales sean también mayores. Cuando no existe un acuerdo claro sobre las normas, la violencia puede servir como un regulador, aunque muy negativo.

CONCLUSIONES

El problema básico de las parejas gays no consiste solo en luchar contra la homofobia social y personal, sino también en que, como consecuencia, los modelos que se constituyen no son del todo adecuados con sus necesidades reales. Tanto el tradicional como el moderno, conllevan limitaciones intrínsecas que estimulan las tensiones internas en la pareja.

Es necesario revisar los aspectos importantes que impiden que las parejas alcalcen estabilidad:

1.         La ausencia de espacios físicos adecuados es una de las razones de la dificultad que tienen las parejas gays para establecer y mantener sus relaciones.

2.         La desaprobación de la familia, principalmente de los padres, es otro factor desestabilizador en sociedades en que como la nuestra, la familia es relevante para la sobrevivencia de sus miembros.


3.         El repudio generalizado que existe en la clase media gay hacia las relaciones asimétricas puede ser contraproducente para aquellas parejas que resultan aceptables porque para ciertas personas, estas relaciones pueden ser saludables. La asimetría era el modelo seguido por siglos en Grecia para establecer las relaciones homosexuales. Un mentor o tutor adoptaba como amante a un joven inexperto, con el fin de educarlo y ayudarlo en la vida y para que hiciera, en su edad madura, lo mismo con otro discípulo. Esto no tenía relación con el abuso sexual de menores ni mucho menos, puesto que la asimetría no debe verse solo en términos de edad, dinero o rol sexual, sino también en aspectos de clase, etnia, raza o experiencia. Estas diferencias pueden ser la base en las que las personas forjen relaciones más duraderas.

4.         El amor romántico, con su característica principal, la pasión, puede no ser el modelo más adecuado para heterosexuales u homosexuales. Se ha lanzado la hipótesis de que el romanticismo surgió para hacer más atractivas a las mujeres, ya que por el estado de incultura en que se encontraban en la Edad Media eran poco interesantes para los hombres. De ahí surgió la necesidad de idealizarlas y de proyectarles, incluso, el papel de mediadoras entre lo divino y los hombres. La idea del amor romántico continúa como un artificio más a la medida de los varones heterosexuales, ya que en vista del poder que ejercen en sociedades patriarcales, su control sobre las mujeres se asegura más. Esto les permite que, inclusive, mantengan una relación no pasional con la esposa y otras pasionales con las amantes, sin que ésto signifique necesariamente el final del matrimonio. En el caso de los gays, esto es imposible. Cada amor romántico desplazará a aquel en que se haya perdido la pasión, aunque en otros planos haya sido muy importante.

5.         La pasión del amor romántico puede hacerse adictiva. Muchas personas se tornan dependientes del período conocido como de "limerance", en el que la intensidad es tal que se adormecen otros problemas y ansiedades. En el caso de los gays, la necesidad de huir de la homofobia los puede llevar de relación en relación con el fin de anestesiar la angustia. Esto conduce a la incapacidad de mantener la relación una vez que la pasión se aminora.

6.         En vista de que los hombres gays son criados dentro del rol masculino, tienen las mismas limitaciones que los heterosexuales en la expresión de los sentimientos, principalmente en cuanto al amor y la cólera, lo cual contribuye a desestabilizar la pareja porque no existe un mediador y un conciliador que, en sociedades como la costarricense, es la mujer. En el caso gay, la violencia física es una causa importante para finiquitar la relación, quizás más que para los heterosexuales, quienes evitan el desplome de la relación por medio de la subordinación de la mujer.




     [1]Laqueur, Thomas Walter. Making Sex: Body and Gender from Greeks to Freud. First Harvard University Press paperback edition, 1992.

 

     [2]                  A.C. Kinsey, W.B. Pomeroy, C.E. Martin, Sexual Behavior in the Human Male (Philadelphia:Saunders, 1948).

 

     [3]                  Adrienne Rich. Compulsory Heterosexuality and Lesbian Existence.  En Journal of Women in Culture and Society, 5, Nª4, Summer 1980, pp. 631-660.

 

     [4]                  William M. Masters y Virginia E. Johnson, Homosexuality in Perspective (Toronto, N. Y., London,  Sidney: Bamta, Books, 1982).

 

[5]           Escrito con la contribución de Marco Vargas.

 

[6]           Rutschman La Verne, Antiguo Testamento 1 (Guatemala: Seminario Nabautista Latinoamericano, 1987), p.1.

 

[7]           Maximiliano García Cordero, Problemática de la Biblia (Madrid: Editorial BAC, 1971), p.4.

 

[8]           Ibid, p.5.

 

[9]           René Padilla, La palabra interpretada, Boletín Teológico Fraternidad. Teología Lationamericana (Mexico, enero-marzo, 1981), pp 5-6.

 

[10]          García Cordero... p. 4.

 

[11]          Jon Bright, Historia de Israel (Bilbao: Desclée de Brouwer, 1970), pp132-133.

 

[12]          Comisión Episcopal de Enseñanza y de Educación Religiosa, Nuevo Catecismo Holandés para adultos (Barcelona: Editorial Herder, 1969).

 

[13]          Padilla, p.1.

 

[14]          Juan Stam B., La Biblia, el lector y su contexto, mimeog., p.30.

 

[15]          Ibid.

 

[16]          Derrick Sherwin Bayley, Homosexuality and the western christian tradition (London, 1955).

 

[17]          Joseph Weber, Cuaderno de Teología (Wesley Theological Seminary, 1985).

 

[18]          Biblia de Jerusalén, Ed. Española (Bilbao: Desclée de Brouwer, 1975), p.1761.

 

[19]          Elsa Támez, La Biblia de los oprimidos (San José, Costa Rica: Departamento Ecuménico de Investigaciones, 1979), p.78.

 

[20]          Thomas Horney, Jonathan loved David, Homosexuality in Biblical Times (Philadelphia: The Westimenter Press, 1978), p.51.

 

[21]          D. Guthrie et. al., Nuevo comentario bíblico.

 

[22]          John Bright, Historia..., p. 132-133.

 

[23]          Vern L. Bulough, Sexual Variation in Society and History, (Chicago, London: The University of Chicago Press, 1976), Cap. 8.

 

[24]          Thomas Horney, Johathan, p.88.

 

[25]          William Barclay, Comentario a los Romanos (Editorial Aurora, 1971), p.23.

 

[26]          Barclay, p 23.

 

[27]          José Mojica, El Homosexual y La Biblia (México: ICH, 1985), p.4.

 

[28]          Paul R. Johnson, Gays and Fundamentalism (Texas: P.R. Johnson, 1981), p.16.

 

[29]          T. Horner, Jonathan... .26.

 

[30]          Ibid, p. 26-27.

 

[31]          Ibid, p. 28.

 

[32]          Jeffrey Weeks, “Movimientos de aserción:significados sexuales e identidades homosexuales”, Radical Historical Review, 20 (Spring/Summer, 1979).

 

[33]          Thomas Szasz, The Manufacture of Madness (New York: Delta Books, 1970), p.170

 

[34]          James D. Steakley, The Homosexual Emancipation Movement in Germany (New Hampshire: The Ayer Company, 1982), p. 12.

 

[35]          Ibid, p.8.

 

[36] John Lauritsen y David Thostad, The Early Homosexual Rights Movement(1864-1935) (New York: Times Change Press, 1974), p. 45      

 

[37]          Ibid, pp 46-47

 

[38]     James D: Seakley, p. 2.                 

 

[39]          John Lauritsen y David Thorstad, p. 11

 

[40]          Ibid. p. 47.

 

[41]          Havelock Ellis, Studies in the Psychology of Sex (New York: Random House, 1942).

 

[42]          Havelock Ellis, Psychology of Sex (New York: A Mentor Book, 1964), p. 161

 

[43] Ibid, p. 162               

 

[44] James Steakley, p. 9

 

[45] James Steakley, p. 9.                        

 

[46]Jaime Smith, Psiquiatría y  homosexualidad, Desde Krafft - Ebing hasta el Manual III  (DSM-111)" en Sexualidad y Educación Sexual, Nº 3 (Bogotá, Colombia, 1980), p. 4.   

 

[47]Ronald Bayer. Homosexuality and American Psychiatry (New York: Basic Books Inc.,1981), p. 19.

 

            [48]Ronald Bayer, p. 19.

 

[49]Ronald Bayer, p. 20.

 

[50]Juliet Mitchell, Psychoanalysis and Feminism (New York: Vintage Books, 1975).

 

[51]          J.A.C. Brown, Freud and the Post-Freudians (Baltimore: Penguin Books, 1975).

 

[52]          Ibid

 

[53]          Juliet Mitchell, p.7.

 

[54]          Sigmund Freud, Obras Completas, Vol. II (México: Editorial Iztaccihuatl, 1985).

 

[55]          Ibid . p. 52.

 

[56]          Ibid. p. 27

 

[57]          Ibid. p. 45

 

[58]          Ibid. p. 45

 

[59]          Sigmund Freud, p. 59.

 

[60]          Sigmund Freud, p. 58.

 

[61]Sigmund Freud, p. 43.

 

[62] Sigmund Freud. "Lecciones introductorias al psicoanálisis" en Obras Completas, Tomo VI. (Madrid:  Biblioteca Nueva, 1917), p. 2319.  

 

            [63] Ibid, p.75      

 

[64] Mario Mieli, Elementos de crítica homosexual (Barcelona: Editorial Anagrama,1979).

[65]          Sigmund Freud, p.22.

 

[66]          Ibid.

 

[67]          Juliet Mitchell, p. 10

 

[68]          Juliet Mitchell, p. 17

 

[69]          Juliet Mitchell, p. 26.

 

[70]          Juliet Mitchell, p. 23.

 

[71]          Ibid. p. 22.

 

[72]          Lewes Kenneth. The psychoanalytic theory of male homosexuality. Simon and Schuster. P. 73

 

[73]          Ibid. P 74

 

[74]          Ronald Bayer, pp. 24-25.

 

[75]          Sigmund Freud, Una Teoría Sexual... p. 22.

 

[76]          Sigmund Freud, Una Teoría Sexual... p. 22.

 

[77]          Ibid, p.26.

 

[78]          En Heindrik M. Rutenbeck. La Homosexualidad en la sociedad moderna (Buenos Aires: Ediciones  Siglo Veinte, 1973), pp. 17-18.

 

[79]          Sigmund Freud, "Análisis fragmentario de una histeria" en Historiales clínicos de Obras  Completas, Vol. II (Madrid: Editorial Biblioteca Nueva, 1948), p. 531.

 

[80]          Jaime Smith, p.5.

 

[81]          Mario Mieli, p. 78.

 

[82]          Nancy Chodorow, "Family Structure and Feminine Personality" en Rosaldo al., Women, Culture and  Society (Standford University Press, 1974).

[83]          Mario Mieli, p. 133.

 

     [84]                 Thomas Szass, The Myth of Mental Illness, rev. ed. (New York:  Harper and Row, 1974).

 

     [85]                 Mario Mieli, Elementos de crítica homosexual (Barcelona: Editorial Anagrama, 1979).

 

     [86]                 Sandor Ferenczi, La nosología de la homosexualidad en el hombre en La Homosexualidad en la sociedad moderna, Heindrik M. Ruitenbeek, ed. (Buenos Aires:  Ediciones Siglo XX, 1973), p.19.

 

     [87]                 Ibid., p.21.

 

     [88]                 Ibid.

 

     [89]     Ibid.

 

     [90]     Ibid.

 

     [91]     Ibid.

 

     [92]     Ibid.

 

     [93]     Ibid.

 

     [94]     Ibid., p. 22.

 

     [95]     Ibid., p. 26.

 

     [96]     Ibid

 

     [97]     Ibid., pp. 29-30

 

     [98]     Ibid.

 

     [99]     Ibid., p. 27.

 

     [100]   Ibid., p. 29.

 

     [101]   Ibid., p. 24.

 

     [102]   Ibid., p. 28.

 

     [103]   Ibid.

 

     [104]               Melanie Klein et al, Developments in Psycho-Analysis. (London: Hoagarth Press, 1952)

 

     [105]               Kenneth Lewes. The psychoanalitic theory of male homosexuality. Simon and Schuster, p. 84

 

     [106]               Clara Thompson, La homosexualidad y la revisión de conceptos en psicoanálisis en la Homosexualidad en la sociedad moderna, p. 63.

 

     [107]   Ibid., p. 66.

 

     [108]   Ibid., p. 71.

 

     [109]   Ibid., p. 64.

 

     [110]   Ibid., p. 75.

 

     [111]               Karl Abraham, "Sexuality and Alcoholism" en  Selected Papers on Psychoanalysis, 3rd. Ed. (London:  Hogarth Press, 1948).

 

     [112]               Ernest Jones, Papers on Psycho-Analyis. (London: Bailliere, Tindall and Cox, 1912).

 

     [113]               Anna Freud, "Clinical Observation on the Treatment of Male Homosexuality" en Psychiatric Quarterly 20: 337-338-1951.

 

     [114]               Melanie Klein, Paula Heimann, Isaacs Susan y Joan Riviere, Developments in Psycho-Analysis  (London: Hogarth Press, 1952).

 

     [115]               Harry Stack Sullivan, The Interpersonal Theory of Psychiatry, Helen Swick, ed. (New York: Norton, 1953).

 

     [116]               Sandor Rado, "Un punto de vista adaptacional de la conducta sexual" en La Homosexualidad en la  sociedad moderna, p. 127.

 

     [117]               Lionel Ovesey, "El conflicto homosexual: un análisis adaptacional" en La Homosexualidad en la  sociedad moderna, p. 169.

 

     [118]               Sando Rado,  Un punto. Op. Cit.

 

     [119]               Ronald Bayer, Homosexuality and American Psychiatry (New York: Basic Books, Inc. 1981), p. 23

 

     [120]   Ibid.

 

     [121]   Sando Rado, p. 159.

 

     [122]   Ibid.

 

     [123]   Ibid, p. 160.

 

     [124]   Sandor Rado.

 

     [125]   Ibid

 

     [126]   Ibid, p. 155.

 

     [127]   Ibid, 161.

 

     [128]               Irving Bieber, et. al. Homosexualidad:  Un estudio psicoanalítico. (México: Editorial Pax,  1967)

 

     [129]   Ronald Bayer, p. 90.

 

     [130]   Ibid.

 

     [131]   Irving Bieber, p. 352.

 

     [132]   Ibid.

 

     [133]   Ibid., p. 11.

 

     [134]   Ibid., p. 10.

 

     [135]   Ibid., p. 141.

 

     [136]   Ibid., pp. 361-362.

 

     [137]   Ibid., p. 11

 

     [138]   Ibid.

 

     [139]               Martin Hoffman, The Gay World. Male Homosexuality and the Social Creation of Evil. (New York: Bantam Books, 1968), p. 154.

 

     [140]   Ibid., pp. 155-156.

 

     [141]   Ibid.

 

     [142]   Ibid.

 

     [143]   Ronald Bayer, p. 34.

 

     [144]   Ibid.

 

     [145]   Ibid.

 

     [146]   Ibid.

 

     [147]   Ibid.

 

     [148]   Ronald Bayer, p. 36.

 

     [149]   Ibid.

 

     [150]   Ibid.

 

     [151]               Martin Dannecker, Theories of Homosexuality. (London:  Gay Men's Press, 1981).

 

     [152]   Ibid., p. 88.

 

     [153]   Ibid., p. 92.

 

     [154]   Ibid., p. 96.

 

     [155]   Ibid., p. 94.

 

     [156]               Nancy Chodorow, “Family Structure and Femenine Personality" en Rosaldo (ed) Women, Culture and Society (Standford: Standford University Press, 1974).

 

     [157]   Martin Dannecker, p. 77

 

     [158]   Ibid., p. 73.

 

     [159]               Lionel Ovesey, El conflicto homosexual: un análisis adaptacional en La homosexualidad en la sociedad moderna, p. 170.

 

     [160]   Ibid.

 

     [161]   Ibid.

 

     [162]   Ibid., p. 171.

 

     [163]   Ibid.

 

     [164]   Ibid., p. 172.

 

     [165]   Ibid., p. 177.

 

[166]        Margaret Mead, Adolescencia y cultura en Samoa (Buenos Aires:  Editorial Paidós, 3a.  impresión, 1984).  Bronislaw Malinowski.  Argonauts of the Western Pacific.  (London: G. Routledge and sons, 1932).

 

[167]        Dorothy Gregg and Elgin Williams, "The Dismal Science of Functionalism" en American Anthropologist, N. S, 50 (1948), pp. 592-611.

 

[168]        Alfred Kinsey, Sexual Behavior in the Human Male (Philadelphia: Saunders, 1948), p. 625.

 

[169]        Ibid.

 

[170]        Ibid., p. 660.

 

[171]        Ibid., p. 637.

 

[172]        Ibid., p. 661

 

[173]        Ibid., p. 660.

 

[174]        Ibid.

 

[175]        Ibid.

 

[176]        Kenneth Lewes. The psychoanalitic theory of male homosexuality. Simon and Schuster, p. 111

 

[177]        Ibid p 114

 

[178]        Ibid p 126

 

[179]        Ibid p 126

 

[180]        William Masters y Virginia Johnson, Homosexuality in Perspective (Boston: Little, Brown and Company, 1979)

 

[181]        Cleveland Ford y Frank Beach, Patterns of Sexual Behavior (New York: Harper and Brothers, 1951).

 

[182]        Ronald Bayer. Homosexuality and American Psychiatry (New York: Basic Books Inc., 1981), p. 46.

 

[183]        Ibid. p. 47.

 

[184]        Ibid.

 

[185]        Ibid.

 

[186]        Ibid.

 

[187]        Ibid. p. 48.

 

[188]        Jonathan Katz, Gay American History.  Lesbians and Gay Men in the U.S.A. (New York:  Harper Colophon Books, 1976), p. 326.

 

[189]        Evelyn Hooker, "Male Homosexual and their Worlds" en Judd Marmor (ed) Sexual Inversion (New York: Basic Books, 1965), p. 92.

 

[190]        Evelyn Hooker, p. 186.

 

[191]        Ibid., p. 138.

 

[192]        Evelyn Hooker, p. 196.

 

[193]        Ibid.

 

[194]        Ibid.

 

[195]        Evelyn Hooker, "Male Homosexual and their Worlds" en Judd Marmor (ed) Sexual Inversion (New York: Basic Books, 1965), p. 92.

 

[196]        Thomas Szasz, The Myth of Mental Illness, rev.ed.(New York: Harper and Row, 1974).

 

[197]        Thomas S. Szasz, Ideology and Insanity.  (New York: Anchor Books, 1970), p. 13.

 

[198]        Thomas S. Szasz, "Legal and Moral Aspects of Homosexuality" en Judd Marmor  ed, Sexual Inversion, p. 132.

 

[199]        Ronald Bayer, Homosexuality and American Psychiatry, p. 59.

 

[200]        Ibid.

 

[201]        Judd Marmor, Sexual Inversion, Introducción, pp.  9-10.

 

[202]        Judd Marmor, "Homosexuality - Mental Illness or Moral Dilemma", International Journey of Psychiatry, 10 (marzo 1972), p. 114.

 

[203]        Martin Hoffman, The Gay World, Male Homosexuality and the Social Creation of Evil (New York: Bantam Book, 1968) p.154.

 

[204]        Ibid., p. 154.

 

[205]        Ibid.

 

[206]        Ibid., p. 130.

 

[207]        Ibid., p. 165.

 

[208]        Ibid

 

[209]        Ibid., p. 174.

[210]        John Money y Anke Ehrhardt, Man and Woman, Boy and Girl (Baltimore: Johns Hopkins University Press, 1972).

 

[211]        John Money y Anke Ehrhardt, pp. 3-4.

 

[212]        Ibid

 

[213]        Dörner, G., Rohde, W., Stahl, F. Krell, L. & Masius, W.G. (1975). A Neuroendocrine predisposition for homosexuality in men. Archives of Sexual Behavior, 4, 1-8.

 

[214]        Swaab, D.F. & Hofman, M.A. (1990). An enlarged suprachiasmatic nucleus in homosexual men, Brain Research, 537,141-148.

 

[215]        LeVay, S.(1991). A difference in hypothalamic structure between heterosexual and homosexual men. Science, 257, 620-621.

 

[216]        Allen, L.S. & Gorski, R.A. (1992). Sexual Orientation and the size of the anterior commissure in the human brain. Proceedings of the National Academy of Science, 89, 7199-7202.

 

[217]        E.O.Wilson, Sociobiology: The New Synthesis (Cambridge: Belknap, 1975).

 

[218]        G.E. Hutchinson, “A Speculative Consideration of Certain Possible Forms of Sexual Selection in Man”, American Naturalist, 93 (1959), p.869.

 

[219]        Hamer, D.H., Hu, S., Magnuson, V. L., Hu, N., & Pattatuchi, A.M.L. (1993). A linkage between DNA markers on the X chromosome and male sexual orientation. Science, 261, 321-327. Dean Hamer and Peter Copeland. The Science of desire. The search for the gay gene and the biology of behavior. Simon and Shuster, New York, 1994.

 

[220]        Allan P. Bell, Martin S.Weinberg, Sue Kiefer Hammersmith, Sexual Preference: Its Development in Men and Women. (Bloomington, Indiana University Press, 1981).

 

[221]        Ibid p 60

 

[222]        Ibid p 62

 

[223]        Ibid p 76

 

[224]        Ibid p 216

 

[225]        John De Cecco, “Definition and Meaning of Sexual Orientation” en Nature and Causes of Homosexuality. A Philosophic and Scientific Inquiry, Noreta Koertdge, ed. (New York: The Haworth Press, 1983), pp 51-68.

 

[226]        William Masters and Virginia Johnson, Homosexuality in Perspective (Boston: Little, Brown and Company, 1979), p 59

 

[227]        Michelle Foucault, The History of Sexuality. Volume 1: An Introduction. (New York: Random House, 1978).

 

[228]        Alfred Kinsey, Sexual Behavior in the Human Male. Philadelphia: Saunders, 1948.

 

[229]        Michael, Gagnon, Laumann and Kolata. Sex in America. Little Brown and Company. 1994

 

[230]        Johnny Madrigal y Jacobo Schifter. Primera Encuesta Nacional Sobre Sida. Asociación Demográfica Costarricense. San José, Costa Rica. 1991

 

[231]        Bruce Bawer. Beyond queer: challenging gay left orthodoxy. The Free Press, 1996

 

[232]        Christopher J. Alexander. Gay and Lesbian Mental Health. A Sourcebook for Practitioners. Harrington Park Press. 1996

 

[233]        El colaborador es el actual Director Ejecutivo de la Fundación SIDA de Puerto Rico.

 

[234]        Altman, D.  Homosexual: Oppression and liberation.  New York: Outbridge and Dienstfrey, 1971.

 

[235]        DeCecco, J.  (Ed).  Bashers, baiters and bigots.  Homophobia in American Society.  New York: Harrington Park Press, 1985.

 

[236]        Herek, G.  The context fo anti-gay violence: Notes on cultural and psychological heterosexism.  Journal of interpersonal Violence, 5, 316-333, 1990.

 

[237]        Blumenfeld, W.  Homophobia: How we all pay the price.  Boston: Beacom Press, 1992.

 

[238]        Levi, J.  “Homophobia and AIDS public policy”.  En W. Blumenfeld (Ed.), Homophobia: How we all pay the price. Boston: Beacom Press, 1992.

 

[239]        Herek, G.  “Heterosexism and homophobia.  En R.P.  Cabaj & T.S. Stein (Eds.).  Textbook of homosexuality and mental health (pp. 101-114).  Washington, DC: American Psychiatric Press.

 

[240]        Bayer, R.  Homosexuality and American Psychiatry: The politics of diagnosis.  Princeton University Press, 1987.

 

[241]        DeFluviá, A.  “La represión legal”.  En J.R. Enríquez (Ed.).  El homosexual ante la sociedad enferma.  Barcelona: Tusquets Editor, 1987.

 

[242]        Herek, G.  The context of anti-gay violence.  Notes on cultural and psychological heterosexism.  Journal of interpersonal Violence, 5, 316-333, 1990.

 

[243]        Bohan, J.  Psychology and sexual orientation.  New York: Routldge, 1996.

 

[244]        Ibid.

 

[245]        Stein, T.S. & Cohen, C.J.  “Psychoterapy with gay men and lesbians: An examination of homophobia, coming out, and identity.  En E.S.  Hetrick & T.S. Stein (Eds.).  Innovations in psychotherapy with homosexuals (pp.60-73).  Washington, DC: American Psychiatric Press, 1984.

 

[246]        Maylon, A.K.  Psychotherapeutic implications of internalized homophobia in gay men.  Journal of homosexuality and mental health.  (Pp.319-338), Washington, DC: American Psychiatric Press, 1982.

 

[247]        Ibid, página 60, traducción del autor.

 

[248]        Stein, T.S. & Cabaj, R.P.  “Psychotherapy with gay men.  En R.P. Cabaj & T.S. Stein (Eds.), Textbook of homosexuality and mental healt.  Washington, DC: american Psychiatric Press, 1996.

 

[249]        Schifter, J.  Hombres que aman hombres.  Costa Rica: Ediciones ilep-Sida, 1992.

 

[250]        Pharr, S.  Homophobia: A weapon of sexism. Inverness, CA: Chardon Press, 1988.

 

[251]        Patton, C.  Inventing AIDS.  New York: Routledge, 1990.

 

[252]        Isay, R.  Being homosexual: Gay men and their development.  New York: FarrarStraus-Giroux, 1989.

 

[253]        Berzon, B.  Permanent partners: Building gay and lesbian relationships that last.  New York: E.P. Dutton, 1989.

 

[254]        Fahy, U.  How to make the world a better place for gays and lesbians.  New York: Warner Books, 1995.

 

[255]        Kruikshank, M.  The gay and lesbian liberation movement.  New York: Routledge, 1992.

 

     [256]Johnny Madrigal y Jacobo Schifter. Primera Encuesta Nacional Sobre Sida. Asociación Demográfica Costarricense. San José, Costa Rica. 1991

 

     [257]Jacobo Schifter y Johnny Madrigal. Hombres que aman Hombres. Ediciones ILEP-SIDA. San José, Costa Rica. 1992.

 

     [258]   Una explicación amplia al respecto se obtiene en "Módulo Holístico de Prevención y Educación contra el Sida para hombres y adolescentes gays". Documento de trabajo de la Asociación de Lucha Contra el Sida. San José, Costa Rica. 1992.

 

     [259]Hosmer D. et al Apllied Logistic Regression. John Wiley & Sons. A Wiley-Interscience publication. New York. 1989

 

     [260]En total se contó con 18 variables independientes, motivo por el que se aplicó, después de varios ensayos, el procedimiento de selección de variables "Backward stepwise". Dado el carácter exploratorio del análisis, se estableció un nivel del 10% para probar la significancia de cada parámetro estimado.

 

     [261]La confiabilidad de los índices se evaluó con el Alfa de Cronbach (SPSS/PC, 1989). Se considera que valores superiores al 75% son moderadamente confiables (Cuadro 1, Columnas 2 y 3).

 

     [262]Se advierte que la tipificación de los índices se ejecuta únicamente para facilitar la interpretación del Cuadro 1, ya que posteriormente se trabajará con los valores crudos.

 

     [263]Es probable que un mayor grado de poder para evitar la discriminación haga que los participantes también posean una sexualidad más abierta y, por ello, el grado de homofobia internalizada sea relativamente bajo.

 

     [264]El temor que pueden experimentar los gays de ser reconocidos públicamente (ante familiares, amigos o en su lugar de trabajo) debido al llenado de un cuestionario, no solo contribuiría a obtener una validez cuestionable del instrumento, sino que, en el peor de los casos, podría alentar la falta de motivación por participar en el adiestramiento.

 

     [265]Como puede deducirse, esto es equivalente a probar la diferencia de dos mediciones en una sola muestra. Esto, en las muestras traslapadas, tiende a reducir la variancia de las diferencias, debido a que se esperan correlaciones positivas y, por lo tanto, términos de covarianza negativos (Kish, 1979). Por lo tanto, es de esperar que las pruebas de hipótesis que resulten significativas sin usar el término de covariancia lo sean aún más cuando este término se utiliza.

 

[266]        Ver inicio del Capítulo 5.

 

[267]        Allan Bell et al. Sexual Preference: Its Development in Men and Women. Bloomington: Indiana University Press. 1981

 

[268]        Trip C.A. The Homosexual Matrix. New York: MacGraw-Hill. 1975

 

[269]        Robert A. Johnson. We. Understanding the Psychology of Romantic Love. San Francisco: Harper and Row Publications. 1983

 

[270]        Carl Jung. Traducido por R.F.C. Hull.9 C.W., segunda parte. Bollingen Series XXI Princeton: Princeton University Press. 1951

 

[271]        Stanton Peele. Love and Addiction. New York: Signet. 1975

 

[272]        Howard Halper. How to Break Yor Addiction to a Person. New York: Bantham Books. 1982

 

[273]        Tennov, Dorothy. Love and Limerance. New York: Stein and Day.1979

 

[274]        Winnicott,D. W. Transitional Objects and Transitional  Phenomena, International Journal of Psychoanalysis, Vol.24. 1953

[275]        Scott, Peck.M. The Road Less Traveled. New York:   Touchstone. 1978

 

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