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—Esto quiere decir—balbuceó el filósofo recibiendo una segunda ymortal herida—
que si yo hubiera de creer en algo, no creería ni en Diosni en el diablo, porque he
llamado a los dos... y... y...
Sus brazos se abrieron; dejó el trozo de granito que oprimía con fuerza,abrió
desmesuradamente los ojos... y desapareció.
—¡Gracia! ¡gracia! ¡Dios mío! ¡me ahogo!—aulló el fraile que sedebatía entre las
olas.
—¡Cómo!—dijo el oficial—, ¡aun vive el impío! ¡fuego, pues, porSantiago!
Tres disparos de carabina partieron a la vez; el hábito azul delreverendo flotó un
instante, y después ya no se vio nada, nada... nicaballos, ni hombres, ni fraile... nada
más que olas espumosas quehabían invadido ya la primera rampa del sendero e iban a
estrellarsecon gran estrépito contra la segunda.
Sólo el gitano se había salvado.
—¡Por Cristo! su tartana va a estrellarse contra los escollos—exclamóel oficial—.
Dios es justo, y puesto que sale del canal contra lamarea, su pérdida es segura.
En efecto, el condenado bordeaba intrépidamente aquel paso, que el furorde las olas
debía hacer impracticable.
VI
L A M O N J A
¡Ah!
este
corazón
ha
descendido
vivo
a
la
tumba,
y
las
austeridades
del
sombrío
convento
no
me
han
preservado
de
una
mirada
criminal.
En
vano
he
llorado
amargamente.
DELFINA GAY, «Madame de la Vallière».
Ciertamente, si yo fuese monje, y tuviese que elegir un convento,elegiría el de
Santa Magdalena; es un digno convento, triste y sombrío,situado a orillas del mar, a
siete leguas de Tarifa. Al Norte, el Océanogolpea sus muros; al Sud, lagunas
impracticables; al Oeste, rocascortadas a pico; pero al Este... ¡ah! al Este, una bella
pradera verde,atravesada por un riachuelo que serpentea y brilla al sol como una
largacinta plateada; y luego, las violetas y las clemátides que perfuman susbordes, las
palmeras de largas flechas y los almendros que dan sombra. Yluego, en medio de la
llanura, la encantadora aldea de la Pelleta, consu alto campanario, blanco y esbelto,
sus casas albas y su ramillete denaranjos y de jazmines. Y después, más lejos, las
montañas obscuras deMedina, cuyas vertientes están cubiertas de olivos y de tejos...