Novelas Cortas by Pedro Antonio de Alarcón - HTML preview

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la

reunión

de

dos

compañías

de

migueletes

que

debían

salir

a

las

nueve

y

media

en

busca

de

Parrón,

cuyo

paradero,

así

como

sus

señas

personales

y

las

de

todos

sus

compañeros

de

fechorías,

había

al

fin

averiguado

el Conde del Montijo.

15

El

interés

y

emoción

del

público

eran

extraordinarios,

y

no

menos

la

solemnidad

con

que

los

migueletes

se

despedían

de

sus

familias

y

amigos

para

marchar

a

tan

importante

empresa.

¡Tal

espanto

había

llegado

a

infundir

Parrón

a

todo

el

antiguo

reino granadino!

20

—Parece

que

ya

vamos

a

formar

...

(dijo

un

miguelete

a

otro[10-1]), y no veo al cabo López....

—¡Extraño

es,

a

fe

mía,[10-2]

pues

él

llega

siempre

antes

que

nadie[10-3]

cuando

se

trata

de

salir

en

busca

de

Parrón,

a

quien

odia con sus cinco sentidos![10-4]

25

—Pues

¿no

sabéis

lo

que

pasa?—dijo

un

tercer

miguelete,

tomando parte en la conversación.

—¡Hola!

Es

nuestro

nuevo

camarada....—¿Cómo

te

va en nuestro Cuerpo?

—¡Perfectamente!—respondió el interrogado.

30

Era

éste

un

hombre

pálido

y

de

porte

distinguido,

del

cual

se despegaba mucho el traje de soldado.

—Conque

¿decías....—replicó

el

primero.

(p11)

—¡Ah!

¡Sí!

Que

el

cabo

López

ha

fallecido....—respondió

el miguelete pálido.

Manuel....

¿Qué

dices?—¡Eso

no

puede

ser!...—Yo

mismo

he

visto

a

López

esta

mañana,

como

te

veo

05 a ti....

El llamado Manuel[11-1]\contestó fríamente:

—Pues hace media hora que lo ha matado Parrón.

¿Parrón? ¿Dónde?

—¡Aquí mismo! ¡En Granada! En la Cuesta del Perro[11-2]10 se ha encontrado el cadáver de López.

Todos

quedaron

silenciosos

y

Manuel

empezó

a

silbar

una

canción patriótica.

—¡Van

once[11-3]

migueletes

en

seis

días!

(exclamó

un

sargento.)

¡ Parrón

se

ha

propuesto

exterminarnos!—Pero

¿cómo

15

es

que

está

en

Granada?

¿No

íbamos

á

buscarlo

a

la

Sierra

de

Loja?[11-4]

Manuel

dejó

de

silbar,

y

dijo

con

su

acostumbrada

indiferencia:

—Una

vieja

que

presenció

el

delito

dice

que,

luego

que

20

mató

a

López,

ofreció

que,

si

íbamos

á

buscarlo,

tendríamos

el

gusto de verlo....

—¡Camarada!

¡Disfrutas

de

una

calma

asombrosa!

¡Hablas de Parrón con un desprecio!...

—Pues

¿qué

es

Parrón

más

que

un

hombre?—repuso

25 Manuel con altanería.

—¡A la formación!—gritaron en este acto varias voces.

Formaron las dos compañías, y comenzó la lista nominal.[11-5]

En

tal

momento

acertó

a

pasar

por

allí

el

gitano

Heredia,

el

cual

se

paró,

como

todos,

a

ver

aquella

lucidísima

30 tropa.

Notóse

entonces

que

Manuel,

el

nuevo

miguelete,

dió

un

retemblido

y

retrocedió

un

poco,

como

para

ocultarse

detrás

de

sus

compañeros....

(p12)

Al

propio

tiempo

Heredia

fijó

en

él

sus

ojos;

y

dando

un

grito

y

un

salto

como

si

le

hubiese

picado

una

víbora,

arrancó

a correr[12-1] hacia la calle de San Jerónimo.

Manuel se echó la carabina a la cara y apuntó al gitano....

Pero

otro

miguelete

tuvo

tiempo

de

mudar

la

dirección

del

05 arma,[12-2] y el tiro se perdió en el aire.

—¡Está

loco!

¡ Manuel

se

ha

vuelto

loco!

¡Un

miguelete

ha

perdido

el

juicio!—exclamaron

sucesivamente

los

mil

espectadores

de aquella escena.

Y

oficiales,

y

sargentos,

y

paisanos

rodeaban

a

aquel

hombre,

10

que

pugnaba

por

escapar,

y

al

que

por

lo

mismo

sujetaban

con

mayor

fuerza,

abrumándolo

a

preguntas,

reconvenciones

y

dicterios

que no le arrancaron contestación alguna.

Entretanto

Heredia

había

sido

preso

en

la

plaza

de

la

Universidad

por

algunos

transeuntes,

que,

viéndole

correr

15

después

de

haber

sonado

aquel

tiro,

lo

tomaron

por

un

malhechor.

—¡Llevadme

a

la

Capitanía

general!

(decía

el

gitano.)

¡Tengo que hablar con el Conde del Montijo!

—¡Qué

Conde

del

Montijo

ni

qué

niño

muerto![12-3]

(le

respondieron

20

sus

aprehensores.)—¡Ahí

están

los

migueletes,

y

ellos

verán lo que hay que hacer[12-4] con tu persona!

—Pues

lo

mismo

me

da[12-5]....

(respondió

Heredia.)—Pero

tengan Vds. cuidado de que no me mate Parrón....

—¿Cómo Parrón?...¿Qué dice este hombre?

25 —Venid y veréis.

Así

diciendo,

el

gitano

se

hizo

conducir

delante

del

jefe

de

los migueletes, y señalando a Manuel, dijo:

—Mi

Comandante,

¡ése

es

Parrón,

y

yo

soy

el

gitano

que

dió hace quince días sus señas al Conde del Montijo!

30

—¡ Parrón!

¡ Parrón

está

preso!

¡Un

miguelete

era

Parrón!...—gritaron muchas voces.

—No

me

cabe

duda....

(decía

entretanto

el

Comandante,

leyendo

las

señas

que

le

había

dado

el

Capitán

general.)—¡A

fe

que[12-6]

hemos

estado

torpes!—Pero

¿a

quién

se

le

hubiera

(p13)

ocurrido

buscar

al

capitán

de

ladrones

entre

los

migueletes

que

iban a prenderlo?

—¡Necio

de

![13-1]

(exclamaba

al

mismo

tiempo

Parrón,

mirando

al

gitano

con

ojos

de

león

herido):

¡es

el

único

hombre

05 a quien he perdonado la vida! ¡Merezco lo que me pasa!

A la semana siguiente ahorcaron a Parrón.

Cumplióse, pues, literalmente la buenaventura del gitano....

Lo

cual

(dicho

sea

para

concluir

dignamente)

no

significa

que

debáis

creer

en

la

infalibilidad

de

tales

vaticinios,

ni

menos

10

que

fuera

acertada

regla

de

conducta

la

de

Parrón,

de

matar

a

todos

los

que

llegaban

a

conocerle....—Significa

tan

sólo[13-2]

que

los

caminos

de

la

Providencia

son

inescrutables[13-3]

para

la

razón

humana;—doctrina

que,

a

mi

juicio,

no

puede

ser

más

ortodoxa.

Guadix, 1853.

(p14)

LA CORNETA DE LLAVES

Querer es poder.

I

Don

Basilio,

¡toque

V.

la

corneta,

y

bailaremos!—Debajo

de estos árboles no hace calor....

—Sí, sí..., D. Basilio: ¡toque V. la corneta de llaves!

—¡Traedle

a

D.

Basilio

la

corneta

en

que

se

está

enseñando

05 Joaquín!

—¡Poco vale!...—¿La tocará V., D. Basilio?

—¡No!

—¿Cómo que no?[14-1]

—¡Que no!

10 —¿Por qué?

—Porque no sé.

—¡Que no sabe[14-2]!... —¡Habrá hipócrita igual![14-3]

—Sin duda quiere que le regalemos el oído[14-4]....

—¡Vamos![14-5]

¡Ya

sabemos

que

ha

sido

V.

músico

mayor[14-6]

15 de infantería!...

—Y que nadie ha tocado la corneta de llaves como V....

—Y

que

lo

oyeron

en

Palacio[14-7]...,

en

tiempos

de

Espartero[14-8]....

—Y que tiene V. una pensión....

20 —¡Vaya,[14-9] D. Basilio! ¡Apiádese V.!

—Pues,

señor....

¡Es

verdad!

He

tocado

la

corneta

de

llaves;

he

sido

una

...

una

especialidad,[14-10]

como

dicen

ustedes

ahora...;

pero

también

es

cierto

que

hace

dos

años

regalé

mi

corneta

a

un

pobre

músico

licenciado,

y

que

desde

25 entonces no he vuelto[14-11]... ni a tararear.

—¡Qué

lástima!

(p15)

—¡Otro[15-1] Rossini!

—¡Oh!

¡Pues

lo

que

es

esta

tarde,[15-2]

ha

de

tocar[15-3]

usted!...

—Aquí, en el campo, todo es permitido....

05 —¡Recuerde V. que es mi día,[15-4] papá abuelo[15-5]!...

—¡Viva! ¡Viva! ¡Ya está aquí la corneta!

—Sí, ¡que toque!

—Un vals....

—No..., ¡una polca!...

10 —¡Polca!... ¡Quita allá![15-6]—¡Un fandango!

—Sí..., sí..., ¡fandango! ¡Baile nacional!

—Lo

siento

mucho,

hijos

míos;

pero

no

me

es

posible

tocar

la corneta....

—¡Usted, tan amable!...

15 —Tan complaciente....

—¡Se lo suplica a V.[15-7] su nietecito!...

—Y su sobrina....

—¡Dejadme, por Dios!—He dicho que no toco.

—¿Por qué?

20

—Porque

no

me

acuerdo;

y

porque,

además,

he

jurado

no

volver a aprender....

—¿A quién se lo ha jurado?

—¡A

mismo,

a

un

muerto,

y

a

tu

pobre

madre,

hija

mía!

25

Todos

los

semblantes

se

entristecieron

súbitamente

al

escuchar

estas palabras.

—¡Oh!...

¡Si

supierais

a

qué

costa

aprendí

a

tocar

la

corneta!...—añadió el viejo.

—¡La

historia!

¡La

historia!

(exclamaron

los

jóvenes.)

30 Contadnos esa historia.

—En

efecto....

(dijo

D.

Basilio.)—Es

toda

una

historia.

Escuchadla,

y

vosotros

juzgaréis

si

puedo

o

no

puedo

tocar

la

corneta....

Y

sentándose

bajo

un

árbol

rodeado

de

unos

curiosos

y

(p16)

afables

adolescentes,

contó

la

historia

de

sus

lecciones

de

música.

No

de

otro

modo,

Mazzepa,[16-1]

el

héroe

de

Byron,

contó

una

noche

a

Carlos

XII, Mazzepa,[16-2]

debajo

de

otro

árbol,

la

terrible

historia

05 de sus lecciones de equitación.

Oigamos a D. Basilio.

II

Hace diez y siete años que ardía en España la guerra civil.

Carlos

e

Isabel Mazzepa,[16-3]

se

disputaban

la

corona,

y

los

españoles,

divididos en dos bandos, derramaban su sangre en lucha fratricida.

10

Tenía

yo

un

amigo,

llamado

Ramón

Gámez,

teniente

de

cazadores

de

mi

mismo

batallón,

el

hombre

más

cabal

que

he

conocido....—Nos

habíamos

educado

juntos;

juntos

salimos

del

colegio;

juntos

peleamos

mil

veces,

y

juntos

deseábamos

morir

por

la

libertad....—¡Oh!

¡Estoy

por

decir Mazzepa,[16-4]

15 que él era más liberal que yo y que todo el ejército!...

Pero

he

aquí

que

cierta

injusticia

cometida

por

nuestro

Jefe

en

daño

de

Ramón;

uno

de

esos

abusos

de

autoridad

que

disgustan

de

la

más

honrosa

carrera;

una

arbitrariedad,

en

fin,

hizo

desear

al

Teniente

de

cazadores

abandonar

las

filas

de

sus

hermanos,

al

amigo

dejar

al

amigo,

al

liberal

pasarse

a

la

facción,

20

al

subordinado

matar

a

su

Teniente

Coronel....—¡Buenos

humos

tenía Mazzepa,[16-5]

Ramón

para

aguantar

insultos

e

injusticias

ni al lucero Mazzepa,[16-6] del alba!

Ni

mis

amenazas,

ni

mis

ruegos,

bastaron

a

disuadirle

de

su

25

propósito.

¡Era

cosa

resuelta!

¡Cambiaría

el

morrión Mazzepa,[16-7]

por

la boina, Mazzepa,[16-8] odiando como odiaba mortalmente a los facciosos!

A la sazón nos hallábamos en el Principado, Mazzepa,[16-9] a tres leguas del enemigo.

Era

la

noche

en

que

Ramón

debía

desertar,

noche

lluviosa

30 y fría, melancólica y triste, víspera de una batalla.

A eso de las doce entró Ramón en mi alojamiento.

Yo

dormía.

(p17)

—Basilio....—murmuró a mi oído.

—¿Quién es?

—Soy yo.—¡Adiós!

—¿Te vas ya?

05 —Sí; adiós.

Y me cogió una mano.

—Oye

...

(continuó);

si

mañana

hay,

como

se

cree,

una

batalla, y nos encontramos en ella....

—Ya lo sé: somos amigos.

10 —Bien; nos damos un abrazo, y nos batimos en seguida.

—¡Yo

moriré

mañana

regularmente, Mazzepa,[17-1]

pues

pienso

atropellar

por

todo

hasta

que

mate

al

Teniente

Coronel!—En

cuanto

a

ti, Basilio, no te expongas....[17-2]—La gloria es humo.

—¿Y la vida?

15

—Dices

bien:

hazte

comandante....

(exclamó

Ramón.)

La

paga

no

es

humo...,

sino

después

que

uno

se

la

ha[17-3]

fumado....—¡Ay! ¡Todo eso acabó para mí!

—¡Qué

tristes

ideas!

(dije

yo

no

sin

susto.)—Mañana

sobreviviremos

los dos a la batalla.

20 —Pues emplacémonos para después de ella....

—¿Dónde?

—En

la

ermita

de

San

Nicolás,

a

la

una

de

la

noche.—El

que

no

asista,[17-4]

será

porque

haya

muerto.—¿Quedamos

conformes?

25 —Conformes.

—Entonces.... ¡Adiós!...

—Adiós.

Así

dijimos;

y

después

de

abrazarnos

tiernamente,

Ramón

desapareció en las sombras nocturnas.

III

30 Como esperábamos, los facciosos nos atacaron al siguiente día.

La

acción

fué

muy

sangrienta,

y

duró

desde

las

tres

de

la

tarde

hasta

el

anochecer.

(p18)

A

cosa

de

las

cinco,

mi

batallón

fué

rudamente

acometido

por una fuerza de alaveses[18-1] que mandaba Ramón....

¡Ramón

llevaba

ya

las

insignias

de

Comandante

y

la

boina

blanca de carlista[18-2]!...

05

Yo

mandé

hacer

fuego

contra

Ramón,

y

Ramón

contra

mí:

es

decir,

que

su

gente

y

mi

batallón

lucharon

cuerpo

a

cuerpo.

Nosotros

quedamos

vencedores,

y

Ramón

tuvo

que

huir

con

los

muy

mermados

restos

de

sus

alaveses;

pero

no

sin

que

antes

10

hubiera

dado

muerte

por

mismo,

de

un

pistoletazo,[18-3]

al

que

la

víspera

era

su

Teniente

Coronel;

el

cual

en

vano

procuró

defenderse de aquella furia....

A

las

seis

la

acción

se

nos

volvió

desfavorable,

y

parte

de

mi

pobre compañía y yo fuimos cortados y obligados a rendirnos....

15

Condujéronme,

pues,

prisionero

a

la

pequeña

villa

de...,

ocupada

por

los

carlistas

desde

los

comienzos

de

aquella

campaña,

y

donde

era

de

suponer[18-4]

que

me

fusilarían

inmediatamente....

La guerra era entonces sin cuartel.

IV

20

Sonó

la

una

de

la

noche

de

tan

aciago

día:

¡la

hora

de

mi

cita con Ramón!

Yo

estaba

encerrado

en

un

calabozo

de

la

cárcel

pública

de

dicho pueblo.

Pregunté por mi amigo, y me contestaron:

25

—¡Es

un

valiente!

Ha

matado

a

un

Teniente

Coronel.

Pero habrá perecido[18-5] en la última hora de la acción....

—¡Cómo! ¿Por qué lo decís?

—Porque

no

ha

vuelto

del

campo,

ni

la

gente

que

ha

estado

hoy a sus órdenes da razón[18-6] de él....

30 ¡Ah! ¡Cuánto sufrí aquella noche!

Una

esperanza

me

quedaba....

Que

Ramón

me

estuviese

(p19)

aguardando

en

la

ermita

de

San

Nicolás,

y

que

por

este

motivo

no hubiese vuelto al campamento faccioso.

—¡Cuál

será

su

pena

al

ver

que

no

asisto

a

la

cita!

(pensaba

yo.)—¡

Me

creerá

muerto!—¿Y,

por

ventura,

tan

lejos

05

estoy

de

mi

última

hora?

¡Los

facciosos

fusilan

ahora

siempre

a los prisioneros; ni más ni menos que nosotros!...

Así amaneció el día siguiente.

Un Capellán entró en mi prisión.

Todos mis compañeros dormían.

10 —¡La muerte!—exclamé al ver al Sacerdote.

—Sí—respondió éste con dulzura.

—¡Ya!

—No: dentro de tres horas.

Un minuto después habían despertado[19-1] mis compañeros.

15

Mil

gritos,

mil

sollozos,

mil

blasfemias

llenaron

los

ámbitos

de la prisión.

V

Todo

hombre

que

va

a

morir

suele

aferrarse

a

una

idea

cualquiera

y no abandonarla más.

Pesadilla,

fiebre

o

locura,

esto

me

sucedió

a

mí.—La

idea

20

de

Ramón;

de

Ramón

vivo,

de

Ramón

muerto,

de

Ramón

en

el

cielo,

de

Ramón

en

la

ermita,

se

apoderó

de

mi

cerebro

de

tal

modo,

que

no

pensé

en

otra

cosa

durante

aquellas

horas

de agonía.

Quitáronme

el

uniforme

de

Capitán,

y

me

pusieron

una

gorra

25 y un capote viejo de soldado.

Así

marché

a

la

muerte

con

mis

diez

y

nueve

compañeros

de

desventura....

Sólo

uno

había

sido

indultado

...

¡por

la

circunstancia

de

ser

músico!—Los

carlistas

perdonaban

entonces

la

vida

a

los

30

músicos,

a

causa

de

tener

gran

falta

de

ellos

en

sus

batallones....

(p20)

—Y

¿era

V.

músico,

D.

Basilio?—¿Se

salvó

V.

por

eso?—preguntaron

todos los jóvenes a una voz.[20-1]

—No,

hijos

míos....

(respondió

el

veterano.)

¡Yo

no

era

músico!

05 Formóse el cuadro, y nos colocaron en medio de él....

Yo

hacía

el

número

once,

es

decir,

yo

moriría

el

undécimo....

Entonces

pensé

en

mi

mujer

y

en

mi

hija,

¡en

ti

y

en

tu

madre, hija mía!

10 Empezaron los tiros....

¡Aquellas detonaciones me enloquecían!

Como tenía vendados los ojos, no veía caer a mis compañeros.

Quise

contar

las

descargas

para

saber,

un

momento

antes

de

morir, que se acababa mi existencia en este mundo....

15 Pero a la tercera o cuarta detonación perdí la cuenta.

¡Oh!

¡Aquellos

tiros

tronarán

eternamente

en

mi

corazón

y

en mi cerebro, como tronaban aquel día!

Ya

creía

oírlos

a

mil

leguas

de

distancia;

ya

los

sentía

reventar

dentro de mi cabeza.

20 ¡Y las detonaciones seguían!

—¡Ahora!—pensaba yo.

Y crujía la descarga, y yo estaba vivo.

—¡Esta es!...—me dije por último.[20-2]

Y

sentí

que

me

cogían

por

los

hombros,

y

me

sacudían,

y

me

25 daban voces en los oídos....

Caí....

No pensé más....

Pero sentía algo como un profundo sueño....

Y soñé que había muerto fusilado.

VI

30 Luego soñé que estaba tendido en una camilla, en mi prisión.

No veía.

Llevéme

la

mano

a

los

ojos

como

para

quitarme

una

venda,

(p21)

y

me

toqué

los

ojos

abiertos,

dilatados....—¿Me

había

quedado ciego?

No....—Era que la prisión se hallaba llena de tinieblas.

Oí un doble de campanas..., y temblé.

05 Era el toque de Animas.[21-1]

—Son las nueve.... (pensé.)—Pero ¿de qué día?

Una

sombra

más

obscura

que

el

tenebroso

aire

de

la

prisión

se inclinó sobre mí.

Parecía un hombre....

10 ¿Y los demás? ¿Y los otros diez y ocho?

¡Todos habían muerto fusilados!

¿Y yo?

Yo vivía, o deliraba dentro del sepulcro.

Mis

labios

murmuraron

maquinalmente

un

nombre,

el

nombre

15 de siempre,[21-2] mi pesadilla....

—¡«Ramón!»

—¿Qué

quieres?—me

respondió

la

sombra

que

había

a

mi

lado.

Me estremecí.

20 —¡Dios mío! (exclamé.)—¿Estoy en el otro mundo?

—¡No!—dijo la misma voz.

—Ramón, ¿vives?

—Sí.

—¿Y yo?

25 —También.

—¿Dónde

estoy?—¿Es

ésta

la

ermita

de

San

Nicolás?—¿No

me hallo prisionero?—¿Lo he soñado todo?

—No, Basilio; no has soñado nada.—Escucha.

VII

Como

sabrás,[21-3]

ayer

maté

al

Teniente

Coronel

en

buena

lid....—¡Estoy

30

vengado!—Después,

loco

de

furor,

seguí

matando...,

y

maté

...

hasta

después

de

anochecido...,

hasta

que

no

había

un

cristino[21-4]

en

el

campo

de

batalla....

(p22)

Cuando

salió

la

luna,

me

acordé

de

ti.—Entonces

enderecé

mis

pasos

a

la

ermita

de

San

Nicolás

con

intención

de

esperarte.

Serían

las

diez

de

la

noche.

La

cita

era

a

la

una,

y

la

noche

05

antes

no

había

yo

pegado

los

ojos....—Me

dormí,

pues,

profundamente.

Al dar la una, lancé un grito y desperté.

Soñaba que habías muerto....

Miré a mi alrededor, y me encontré solo.

10 ¿Qué había sido de ti?

Dieron

las

dos...,

las

tres...,

las

cuatro....—¡Qué

noche de angustia!

Tú no parecías....

¡Sin duda habías muerto!...

15 Amaneció.

Entonces

dejé

la

ermita,

y

me

dirigí

a

este

pueblo

en

busca

de los facciosos.

Llegué al salir el sol.[22-1]

Todos creían que yo había perecido la tarde antes....

20

Así

fué

que,

al

verme,

me

abrazaron,

y

el

General

me

colmó

de distinciones.

En seguida supe que iban a ser fusilados veintiún[22-2] prisioneros.

Un presentimiento se levantó en mi alma.

—¿Será Basilio uno de ellos?—me dije.

25 Corrí, pues, hacia el lugar de la ejecución.

El cuadro estaba formado.

Oí unos tiros....

Habían empezado a fusilar.

Tendí la vista...; pero no veía....

30 Me cegaba el dolor; me desvanecía el miedo.

Al fin te distingo....

¡Ibas a morir fusilado!

Faltaban dos víctimas para llegar a ti....

¿Qué

hacer?

(p23)

Me

volví

loco;

un

grito;

te

cogí

entre

mis

brazos,

y,

con

una voz ronca, desgarradora, tremebunda, exclamé:

—¡Éste no! ¡Éste no, mi General!...

El

General,

que

mandaba

el

cuadro,

y

que

tanto

me

conocía[23-1]

05 por mi comportamiento de la víspera, me preguntó:

—Pues qué, ¿es músico?

Aquella

palabra

fué

para

lo

que

sería

para

un

viejo

ciego

de nacimiento ver de pronto el sol en toda su refulgencia.

La

luz

de

la

esperanza

brilló

a

mis

ojos

tan

súbitamente,

que

10 los cegó.

—¡Músico

(exclamé);

sí...,

sí...,

mi

General!

¡Es

músico! ¡Un gran músico!

Tú, entretanto, yacías sin conocimiento.

—¿Qué instrumento toca?—preguntó el General.

15

—El

...

la

...

el

...

el...;

¡si!...

¡justo!...,

eso es..., ¡la corneta de llaves!

—¿Hace

falta

un

corneta[23-2]

de

llaves?—preguntó

el

General,

volviéndose a la banda de música.

Cinco segundos, cinco siglos, tardó la contestación.

20 —Sí, mi General; hace falta—respondió el Músico mayor.

—Pues

sacad

a

ese

hombre

de

las

filas,

y

que

siga

la

ejecución

al momento....—exclamó el jefe carlista.

Entonces te cogí en mis brazos y te conduje a este calabozo.

VIII

No

bien

dejó

de

hablar

Ramón,

cuando

me

levanté

y

le

dije,

25 con lágrimas, con risa, abrazándolo, trémulo, yo no sé cómo:

—¡Te debo la vida!

—¡No tanto!—respondió Ramón.

—¿Cómo es eso?—exclamé.

—¿Sabes tocar la corneta?

30 —No.

—Pues

no

me

debes

la

vida,

sino

que

he

comprometido

la

mía

sin

salvar

la

tuya.

(p24)

Quedéme frío como una piedra.

—¿Y música? (preguntó Ramón.) ¿Sabes?

—Poca,

muy

poca....—Ya

recordarás

la

que

nos

enseñaron

en el colegio....

05

—¡Poco

es,

o,

mejor

dicho,

nada!—¡Morirás

sin

remedio!...

¡Y

yo

también,

por

traidor...,

por

falsario!—¡Figúrate

que

dentro

de

quince

días

estará

organizada

la

banda

de

música a que has de pertenecer!...

—¡Quince días!

10

—¡Ni

más

ni

menos!—Y

como

no

tocarás

la

corneta....

(porque

Dios

no

hará