Modern Spanish Lyrics by Various - HTML preview

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De la casa en hombros
Lleváronla al templo,
Y en una capilla
Dejaron el féretro.

5 Allí rodearon
Sus pálidos restos
De amarillas velas
Y de paños negros.

Al dar de las ánimas 10 El toque postrero, Acabó una vieja

Sus últimos rezos; Cruzó la ancha nave, Las puertas gimieron,

15 Y el santo recinto Quedóse desierto.

De un reloj se oía
Compasado el péndulo, Y de algunos cirios

20 El chisporroteo.
Tan medroso y triste, Tan obscuro y yerto
Todo se encontraba... Que pensé un momento:

25 «_¡Dios mío, qué solos Se quedan los muertos!_» page 126

De la alta campana
La lengua de hierro,
Le dió, volteando,
Su adiós lastimero.

5 El luto en las ropas,

Amigos y deudos
Cruzaron en fila, Formando el cortejo.

Del último asilo, 10 Obscuro y estrecho, Abrió la piqueta
El nicho á un extremo. Allí la acostaron,
Tapiáronle luego,

15 Y con un saludo Despidióse el duelo.

La piqueta al hombro, El sepulturero
Cantando entre dientes

20 Se perdió á lo lejos. La noche se entraba, Reinaba el silencio; Perdido en las sombras, Medité un momento:

25 _«¡Dios mío, qué solos Se quedan los muertos!»_ page 127

En las largas noches
Del helado invierno,
Cuando las maderas
Crujir hace el viento

5 Y azota los vidrios
El fuerte aguacero,
De la pobre niña
Á solas me acuerdo.

Allí cae la lluvia
10 Con un son eterno; Allí la combate
El soplo del cierzo. ¡Del húmedo muro Tendida en el hueco,

15 Acaso de frío

 

Se hielan sus huesos!...

¿Vuelve el polvo al polvo? ¿Vuela el alma al cielo? ¿Todo es vil materia,

20 Podredumbre y cieno? ¡No sé: pero hay algo
Que explicar no puedo, Que al par nos infunde Repugnancia y duelo,

25 Al dejar tan tristes,

 

Tan solos los muertos! page 128

 

DON VICENTE W. QUEROL

 

EN NOCHE-BUENA

 

Á mis ancianos padres

 

I

Un año más en el hogar paterno Celebramos la fiesta del Dios-Niño, Símbolo augusto del amor eterno, Cuando cubre los montes el invierno

5 Con su manto de armiño. 5

 

II

Como en el día de la fausta boda Ó en el que el santo de los padres llega, La turba alegre de los niños juega, Y en la ancha sala la familia toda

10 De noche se congrega. 10

 

III

La roja lumbre de los troncos brilla Del pequeño dormido en la mejilla, Que con tímido afán su madre besa; Y se refleja alegre en la vajilla

15 De la dispuesta mesa.

 

IV

Á su sobrino, que lo escucha atento,
Mi hermana dice el pavoroso cuento, page 129 Y mi otra hermana la canción modula
Que, ó bien surge vibrante, ó bien ondula

Prolongada en el viento.

 

V

Mi madre tiende las rugosas manos 5 Al nieto que huye por la blanda alfombra; Hablan de pie mi padre y mis hermanos, Mientras yo, recatándome en la sombra,

Pienso en hondos arcanos.

 

VI Pienso que de los días de ventura

10 Las horas van apresurando el paso, Y que empaña el oriente niebla obscura, Cuando aun el rayo trémulo fulgura

Último del ocaso.

 

VII

¡Padres míos, mi amor! ¡Cómo envenena 15 Las breves dichas el temor del daño! Hoy presidís nuestra modesta cena, Pero en el porvenir... yo sé que un año

Vendrá sin Noche-Buena.

 

VIII

Vendrá, y las que hoy son risas y alborozo 20 Serán muda aflicción y hondo sollozo. No cantará mi hermana, y mi sobrina No escuchará la historia peregrina

Que le da miedo y gozo.

 

page 130 IX

No dará nuestro hogar rojos destellos Sobre el limpio cristal de la vajilla, Y, si alguien osa hablar, será de aquellos Que hoy honran nuestra fiesta tan sencilla

5 Con sus blancos cabellos.

 

X

Blancos cabellos cuya amada hebra Es cual corona de laurel de plata, Mejor que esas coronas que celebra La vil lisonja, la ignorancia acata,

10 Y el infortunio quiebra.

 

XI

¡Padres míos, mi amor! Cuando contemplo La sublime bondad de vuestro rostro, Mi alma a los trances de la vida templo, Y ante esa imagen para orar me postro,

15 Cual me postro en el templo.

 

XII

Cada arruga que surca ese semblante Es del trabajo la profunda huella, Ó fue un dolor de vuestro pecho amante. La historia fiel de una época distante

20 Puedo leer yo en ella.

 

XIII

La historia de los tiempos sin ventura
En que luchasteis con la adversa suerte, page 131 Y en que, tras negras horas de amargura,
Mi madre se sintió más noble y pura

Y mi padre más fuerte.

 

XIV

Cuando la noche toda en la cansada 5 Labor tuvisteis vuestros ojos fijos, Y, al venceros el sueño á la alborada, Fuerzas os dió posar vuestra mirada

En los dormidos hijos.

 

XV

Las lágrimas correr una tras una 10 Con noble orgullo por mi faz yo siento, Pensando que hayan sido por fortuna, Esas honradas manos mi sustento

Y esos brazos mi cuna.

 

XVI

¡Padres míos, mi amor! Mi alma quisiera 15 Pagaros hoy la que en mi edad primera Sufristeis sin gemir lenta agonía, Y que cada dolor de entonces fuera

Germen de una alegría.

 

XVII

Entonces vuestro mal curaba el gozo 20 De ver al hijo convertirse en mozo,
Mientras que al verme yo en vuestra presencia Siento mi dicha ahogada en el sollozo

De una temida ausencia.

 

page 132 XVIII

Si el vigor juvenil volver de nuevo
Pudiese á vuestra edad, ¿por qué estas penas? Yo os daría mi sangre de mancebo,

Tornando así con ella á vuestras venas 5 Esta vida que os debo.

 

XIX

Que de tal modo la aflicción me embarga Pensando en la posible despedida, Que imagino ha de ser tarea amarga Llevar la vida, como inútil carga,

10 Después de vuestra vida.

 

XX

Ese plazo fatal, sordo, inflexible, Miro acercarse con profundo espanto, Y en dudas grita el corazón sensible:
--«Si aplacar al destino es imposible,

15 ¿Para qué amarnos tanto?»

 

XXI

Para estar juntos en la vida eterna Cuando acabe esta vida transitoria: Si Dios, que el curso universal gobierna, Nos devuelve en el cielo esta unión tierna,

20 Yo no aspiro á más gloria.

 

XXII

Pero en tanto, buen Dios, mi mejor palma
Será que prolonguéis la dulce calma page 133 Que hoy nuestro hogar en su recinto encierra:
Para marchar yo solo por la tierra

No hay fuerzas en mi alma.

 

DON RAMÓN DE CAMPOAMOR

 

PROXIMIDAD DEL BIEN

 

En el tiempo en que el mundo informe estaba, Creó el Señor, cuando por dicha extrema

5 El paraíso terrenal formaba,
Un fruto que del mal era el emblema
Y otro fruto que el bien simbolizaba.

Del miserable Adán al mismo lado 10 El Señor colocó del bien el fruto; Pero Adán nunca el bien halló, ofuscado, Porque es del hombre mísero atributo Huir del bien, del mal siempre arrastrado.

El fruto que del mal el símbolo era 15 Puso Dios escondido y muy lejano; Pero Adán lo encontraba donde quiera, Abandonando en su falaz quimera, Por el lejano mal, el bien cercano.

¡Ah! siempre el hombre en su ilusión maldita
20 Su misma dicha en despreciar se empeña, page 134 Y al seguirla tenaz, tenaz la evita,
Y aunque en su mismo corazón palpita,
¡Lejos, muy lejos, con afán la sueña!

¡QUIÉN SUPIERA ESCRIBIR!

 

I

--Escribidme una carta, señor Cura. 5 --Ya sé para quién es.
--¿Sabéis quién es, porque una noche obscura Nos visteis juntos?--Pues.

--Perdonad; mas...--No extraño ese tropiezo. La noche... la ocasión...

 

10 Dadme pluma y papel. Gracias. Empiezo: _Mi querido Ramón_:

--¿Querido?... Pero, en fin, ya lo habéis puesto...
--Si no queréis...--¡Sí, sí!
--_¡Qué triste estoy!_ ¿ No es eso?--Por supuesto. 15 --_¡Qué triste estoy sin ti!_

_Una congoja, al empezar, me viene_...
--¿Cómo sabéis mi mal?
--Para un viejo, una niña siempre tiene El pecho de cristal.

20 _¿Qué es sin ti el mundo? Un valle de amargura. ¿Y contigo? Un edén._

 

--Haced la letra clara, señor Cura;

 

Que lo entienda eso bien.

 

page 135

 

--_El beso aquel que de marchar á punto

Te di_...--¿Cómo sabéis?...
--Cuando se va y se viene y se está junto
Siempre... no os afrentéis.

5 _Y si volver tu afecto no procura,_ _Tanto me harás sufrir..._

 

--¿Sufrir y nada más? No, señor Cura, ¡Que me voy á morir!

--¿Morir? ¿Sabéis que es ofender al cielo?... 10 --Pues, sí, señor, ¡morir!
--Yo no pongo _morir_.--¡Qué hombre de hielo! ¡Quién supiera escribir!

II

¡Señor Rector, señor Rector! en vano Me queréis complacer,
15 Si no encarnan los signos de la mano

Todo el ser de mi ser.

Escribidle, por Dios, que el alma mía Ya en mí no quiere estar;
Que la pena no me ahoga cada día... 20 Porque puedo llorar.

Que mis labios, las rosas de su aliento, No se saben abrir;
Que olvidan de la risa el movimiento Á fuerza de sentir.
page 136
Que mis ojos, que él tiene por tan bellos, Cargados con mi afán,
Como no tienen quien se mire en ellos, Cerrados siempre están.

5 Que es, de cuantos tormentos he sufrido, La ausencia el más atroz;

 

Que es un perpetuo sueño de mi oído El eco de su voz...

Que siendo por su causa, el alma mía 10 ¡Goza tanto en sufrir!...
Dios mío ¡cuántas cosas le diría Si supiera escribir!...

III

 

EPÍLOGO

--Pues señor, ¡bravo amor! Copio y concluyo: _Á don Ramón_... En fin,
15 Que es inútil saber para esto, arguyo,

Ni el griego ni el latín.

 

EL MAYOR CASTIGO

Cuando de Virgilio en pos Fué el Dante al infierno á dar, Su conciencia, hija de Dios,

20 Dejó á la puerta al entrar.

Después que á salir volvió,
Su conciencia el Dante hallando, page 137 Con ella otra vez cargó,
Mas dijo así suspirando:

Del infierno en lo profundo,

 

No vi tan atroz sentencia

 

5 Como es la de ir por el mundo

 

Cargado con la conciencia.

 

DON GASPAR NÚÑEZ DE ARCE

 

¡EXCELSIOR!

¿Por qué los corazones miserables, Por qué las almas viles,
En los fieros combates de la vida 10 Ni luchan ni resisten?

El espíritu humano es más constante Cuanto más se levanta:
Dios puso el fango en la llanura, y puso La roca en la montaña.

15 La blanca nieve que en los hondos valles Derrítese ligera,

 

En las altivas cumbres permanece Inmutable y eterna.

 

TRISTEZAS

Cuando recuerdo la piedad sincera
20 Con que en mi edad primera
Entraba en nuestras viejas catedrales, page 138 Donde postrado ante la cruz de hinojos

Alzaba á Dios mis ojos,

 

Soñando en las venturas celestiales;

 

Hoy que mi frente atónito golpeo, Y con febril deseo 5 Busco los restos de mi fe perdida, Por hallarla otra vez, radiante y bella Como en la edad aquella, ¡Desgraciado de mí! diera la vida.

 

10 ¡Con qué profundo amor, niño inocente,

Prosternaba mi frente
En las losas del templo sacrosanto! Llenábase mi joven fantasía

De luz, de poesía,

 

15 De mudo asombro, de terrible espanto.

Aquellas altas bóvedas que al cielo Levantaban mi anhelo;
Aquella majestad solemne y grave;

Aquel pausado canto, parecido 20 Á un doliente gemido,
Que retumbaba en la espaciosa nave;

Las marmóreas y austeras esculturas
De antiguas sepulturas,
Aspiración del arte á lo infinito; page 139 La luz que por los vidrios de colores

Sus tibios resplandores

 

Quebraba en los pilares de granito;

Haces de donde en curva fugitiva, 5 Para formar la ojiva,
Cada ramal subiendo se separa, Cual del rumor de multitud que ruega,

Cuando á los cielos llega, Surge cada oración distinta y clara;

 

10 En el gótico altar inmoble y fijo

El santo crucifijo,
Que extiende sin vigor sus brazos yertos, Siempre en la sorda lucha de la vida,

Tan áspera y reñida,

 

15 Para el dolor y la humildad abiertos;

El místico clamor de la campana Que sobre el alma humana De las caladas torres se despeña, Y anuncia y lleva en sus aladas notas

20 Mil promesas ignotas

 

Al triste corazón que sufre ó sueña;

Todo elevaba mi ánimo intranquilo
Á más sereno asilo:
Religión, arte, soledad, misterio... page 140 Todo en el templo secular hacía
Vibrar el alma mía,

Como vibran las cuerdas de un salterio.

Y á esta voz interior que sólo entiende 5 Quien crédulo se enciende En fervoroso y celestial cariño,
Envuelta en sus flotantes vestiduras

Volaba á las alturas,

 

Virgen sin mancha, mi oración de niño.

 

10 Su rauda, viva y luminosa huella

Como fugaz centella
Traspasaba el espacio, y ante el puro Resplandor de sus alas de querube,

Rasgábase la nube

 

15 Que me ocultaba el inmortal seguro.

¡Oh anhelo de esta vida transitoria! ¡Oh perdurable gloria!
¡Oh sed inextinguible del deseo! ¡Oh cielo, que antes para mí tenías

20 Fulgores y armonías,

 

Y hoy tan obscuro y desolado veo!

Ya no templas mis íntimos pesares,
Ya al pie de tus altares
Como en mis años de candor no acudo. page 141 Para llegar á ti perdí el camino,

Y errante peregrino

 

Entre tinieblas desespero y dudo.

Voy espantado sin saber por dónde; 5 Grito, y nadie responde
Á mi angustiada voz; alzo los ojos Y á penetrar la lobreguez no alcanzo;

medrosamente avanzo,

 

Y me hieren el alma los abrojos.

10 Hijo del siglo, en vano me resisto Á su impiedad, ¡oh Cristo!
Su grandeza satánica me oprime.
Siglo de maravillas y de asombros,

Levanta sobre escombros

 

15 Un Dios sin esperanza, un Dios que gime.

 

¡Y ese Dios no eres tú! No tu serena

Faz, de consuelos llena,
Alumbra y guía nuestro incierto paso. Es otro Dios incógnito y sombrío:

20 Su cielo es el vacío,

 

Sacerdote el error, ley el Acaso.

 

¡Ay! No recuerda el ánimo suspenso

Un siglo más inmenso,
Más rebelde á tu voz, más atrevido; page 142 Entre nubes de fuego alza su frente,

Como Luzbel, potente;

 

Pero también, como Luzbel, caído.

 

5 Á medida que marcha y que investiga

Es mayor su fatiga,
Es su noche más honda y más obscura, Y pasma, al ver lo que padece y sabe,

Cómo en su seno cabe

 

Tanta grandeza y tanta desventura.

10 Como la nave sin timón y rota Que el ronco mar azota,
Incendia el rayo y la borrasca mece

En piélago ignorado y proceloso, Nuestro siglo--coloso,

 

15 Con la luz que le abrasa, resplandece.

¡Y está la playa mística tan lejos!... Á los tristes reflejos
Del sol poniente se colora y brilla. El huracán arrecia, el bajel arde,

20 Y es tarde, es ¡ay! muy tarde Para alcanzar la sosegada orilla.

¿Qué es la ciencia sin fe? Corcel sin freno,
Á todo yugo ajeno,
Que al impulso del vértigo se entrega, page 143 Y á través de intrincadas espesuras,

Desbocado y á obscuras,

 

Avanza sin cesar y nunca llega.

¡Llegar! ¿Adónde?... El pensamiento humano 5 En vano lucha, en vano
Su ley oculta y misteriosa infringe.
En la lumbre del sol sus alas quema,

Y no aclara el problema,

 

No penetra el enigma de la Esfinge.

 

10 ¡Sálvanos, Cristo, sálvanos, si es cierto

Que tu poder no ha muerto! Salva á esta sociedad desventurada, Que bajo el peso de su orgullo mismo

Rueda al profundo abismo

 

15 Acaso más enferma que culpada.

La ciencia audaz, cuando de ti se aleja, En nuestras almas deja
El germen de recónditos dolores. Como al tender el vuelo hacia la altura,

20 Deja su larva impura

 

El insecto en el cáliz de las flores.

Si en esta confusión honda y sombría
Es, Señor, todavía
Raudal de vida tu palabra santa, page 144 Di á nuestra fe desalentada y yerta:

--¡Anímate y despierta!

 

Como dijiste á Lázaro:--¡Levanta!--

 

¡SURSUM CORDA!

 

INTRODUCCIÓN

 

Á mi buen amigo el ilustre poeta Manuel Reina

 

I. Á ESPAÑA

Nunca mi labio á la servil lisonja
5 Parias rindió. Ni el éxito ruidoso,
Ni la soberbia afortunada, oyeron
Falaz encomio de mi humilde Musa.
Dióme su austeridad la honrada tierra
Donde nací, y el presuroso tiempo

10 Que arrastra y lleva en sus revueltas olas
Las grandezas humanas al olvido,
Á mi pesar me enseña que en el mundo
Tan sólo á dos excelsas majestades
Puedo, sin mengua, levantar mi canto;

15 La Verdad y el Dolor.

En estas horas
De febril inquietud, ¿quién, Patria mía,
Merece como tú la pobre ofrenda
De mi respeto y de mi amor? Postrada
En los escombros de tu antigua gloria,

20 La negra adversidad, con férrea mano,
Comprime los latidos de tu pecho page 145 Y el aire que respiras envenena.
Como tigre feroz clavó sus garras
La catástrofe en ti, y en tus heridas
Entrañas sacia su voraz instinto.

5 ¿Quién, al mirar tus lástimas, no llora?
¿Puede haber hombre tan perverso y duro,
Ni aun concebido en crapulosa orgía
Por hembra impura, que impasible vea
Morir sin fe, desesperado y solo,

10 Al dulce bien que le llevó en su seno?

 

¡No existe, no!

Perdona si movido
Por la ciega pasión, allá en lejanos
Y borrascosos días, cuando airada
Mi voz como fatídico anatema

15 Tronó en la tempestad, quizás injusto
Contigo pude ser. Pero hoy, que sufres,
Hoy que, Job de la Historia, te retuerces
En tu lecho de angustia, arrepentido
Y llena el alma de mortal congoja,

20 Acudo ansioso á consolar tus penas,
Á combatir con los inmundos buitres,
Ávidos del festín, que en torno giran
De tu ulcerado cuerpo, y si lo mandas,
¡Oh, noble mártir! á morir contigo.

25 Pero ¿quién habla de morir? ¿Acaso
No eres, Patria, inmortal? Tendrás eclipses
Como los tiene el sol. Sombras tenaces,
Cual hiperbórea noche larga y fría, page 146 Sobre ti pesarán, mientras no llegue
Tu santa redención. ¡Hora dichosa
En que verás con júbilo y ternura
Nacer el alba, el tenebroso espacio

5 Inundarse de luz, la tierra encinta
Estremecerse en éxtasis materno,
De armonías, aromas y colores
Poblarse el aire, y palpitar en todo
La plenitud eterna de la vida!

10 ¡Ten esperanza y fe! Descubridora
De mundos, madre de indomada prole,
Tú no puedes morir, ¡Dios no lo quiere!
Aun tienes que cumplir altos destinos.
Busca en el seno de la paz bendita

15 Reparador descanso, hasta que cobren
Tus músculos salud, y en cuanto sientas
El hervor de tu sangre renovada,
Ponte en pie, sacudiendo tu marasmo,
Que como losa del sepulcro, oprime

20 Tu enferma voluntad. Surge del fondo
De tu aislamiento secular, y marcha
Con paso firme y corazón resuelto
Sin mirar hacia atrás, siempre adelante.
Sean la escuela y el taller y el surco

25 Los solos campos de batalla en donde
Tu razón y tus fuerzas ejercites.
Entra en las lides del trabajo y vence,
Que entonces de laureles coronada,
Más fecunda, más próspera y más grande, page 147 Seguirás, fulgurando, tu camino
Por los arcos triunfales de la Historia.

II. Á AMÉRICA

 

¡Ésta es España! Atónita y maltrecha Bajo el peso brutal de su infortunio,

5 Inerte yace la matrona augusta 5
Que en otros siglos fatigó á la fama. La que surcó los mares procelosos Buscándote atrevida en el misterio, Hasta que un día, deslumbrando al mundo,

10 Surgiste, como Venus, de las ondas. 10 Cegada por tu espléndida hermosura, Al engarzarte en su imperial diadema España te oprimió; mas no la culpes,

15 Porque ¿cuándo la bárbara conquista Justa y humana fué? También clemente 15 Te dió su sangre, su robusto idioma, Sus leyes y su Dios. ¡Te lo dió todo, Menos la libertad! Pues mal pudiera Darte el único bien que no tenía.

20 Contémplala vencida y humillada 20 Por la doblez y el oro, y si te mueven Á generosa lástima sus males,
El trágico desplome de una gloría
Que es también tuya, acórrela en su duelo.

25 ¡Es tu madre infeliz! No la abandone 25 Tu amor, en tan inmensa desventura. page 148

 

DON MANUEL DEL PALACIO

 

AMOR OCULTO

Ya de mi amor la confesión sincera Oyeron tus calladas celosías, Y fué testigo de las ansias mías La luna, de los tristes compañera.

5 Tu nombre dice el ave placentera  quien visito yo todos los días, Y alegran mis soñadas alegrías El valle, el monte, la comarca entera.

Sólo tú mi secreto no conoces,

 

10 Por más que el alma con latido ardiente,

Sin yo quererlo, te lo diga a voces; Y acaso has de ignorarlo eternamente, Como las ondas de la mar veloces La ofrenda ignoran que les da la fuente.

DON JOAQUÍN MARÍA BARTRINA

 

ARABESCOS Y COMPOSICIONES ÍNTIMAS

15 Oyendo hablar á un hombre, fácil es Acertar dónde vió la luz del sol;
Si os alaba á Inglaterra, será inglés,
Si os habla mal de Prusia, es un francés, Y si habla mal de España, es español.

page 149 Si cumplir con lealtad
Nuestra última voluntad

Es sagrada obligación,
Cuando mis ojos se cierren,
5 He de mandar que me entierren

Dentro de tu corazón.

Para matar la inocencia, Para envenenar la dicha, Es un gran puñal la pluma

10 Y un gran veneno la tinta.

Quien vive siempre entre pena Y remordimiento y dudas,
No sabe ver más que á Judas En el cuadro de la cena.

DON MANUEL REINA

 

LA POESÍA

 

Á Teodoro Llorente

15 Como el raudal que corre en la pradera
Copia en su espejo pájaros y flores,
La alada mariposa de colores,
El verde arbusto y la radiante esfera,

La sublime poesía reverbera
20 Combates, glorias, risas y dolores,
Odio y amor, tinieblas y esplendores, page 150 El cielo, el campo, el mar... ¡la vida entera!

¡Así Homero es la lid; Virgilio, el día;

 

Esquilo, la tormenta bramadora;

Anacreonte, el vino y la alegría;
5 Dante, la noche con su negro arcano;
Calderón, el honor; Milton, la aurora;
Shakespeare, el triste corazón humano! page 151

ARGENTINA

 

DON ESTEBAN ECHEVERRÍA

 

CANCIÓN DE ELVIRA

Creció acaso arbusto tierno Á orillas de un manso río, Y su ramaje sombrío
Muy ufano se extendió;

5 Mas en el sañudo invierno Subió el río cual torrente, Y en su túmida corriente El tierno arbusto llevó.

Reflejando nieve y grana,
10 Nació garrida y pomposa
En el desierto una rosa,
Gala del prado y amor;
Mas lanzó con furia insana
Su soplo inflamado el viento,

15 Y se llevó en un momento

 

Su vana pompa y frescor.

Así dura todo bien...
Así los dulces amores, page 152 Como las lozanas flores,
Se marchitan en su albor;
Y en el incierto vaivén
De la fortuna inconstante,

5 Nace y muere en un instante

 

La esperanza del amor.

 

DON OLEGARIO V. ANDRADE

 

ATLÁNTIDA

 

Canto al porvenir de la raza latina en América

 

VII

¡Siglos pasaron sobre el mundo, y siglos Guardaron el secreto!
Lo presintió Platón cuando sentado

10 En las rocas de Engina contemplaba Las sombras que en silencio descendían Á posarse en las cumbres del Himeto; Y el misterioso diálogo entablaba
Con las olas inquietas

15 ¡Que á sus pies se arrastraban y gemían! Adivinó su nombre, hija postrera
Del tiempo, destinada
Á celebrar las bodas del futuro
En sus campos de eterna primavera,

20 ¡Y la llamó la Atlántida soñada!

 

page 153

Pero Dios reservaba
La empresa ruda al genio renaciente De la latina raza, ¡domadora
De pueblos, combatiente

5 De las grandes batallas de la historia! Y cuando fué la hora,
Colón apareció sobre la nave
Del destino del mundo portadora--
Y la nave avanzó. Y el Océano,

10 Huraño y turbulento,
Lanzó al encuentro del bajel latino
Los negros aquilones,
¡Y á su frente rugiendo el torbellino,
Jinete en el relámpago sangriento!

15 Pero la nave fué, y el hondo arcano
Cayó roto en pedazos;
¡Y despertó la Atlántida soñada
De un pobre visionario entre los brazos!

Era lo que buscaba
20 El genio inquieto de la vieja raza, Debelador de tronos y coronas,

¡Era lo que soñaba!
¡Ámbito y luz en apartadas zonas! Helo armado otra vez, no ya arrastrando

25 El sangriento sudario del pasado Ni de negros recuerdos bajo el peso, Sino en pos de grandiosas ilusiones, ¡La libertad, la gloria y el progreso!

page 154 ¡Nada le falta ya! lleva en el seno
El insondable afán del infinito,
¡Y el infinito por doquier lo llama
De las montañas con el hondo grito

5 Y de los mares con la voz de trueno!

Tiene el altar que Roma
Quiso en vano construir con los escombros Del templo egipcio y la pagoda indiana, ¡Altar en que profese eternamente

10 Un culto solo la conciencia humana! ¡Y el Andes, con sus gradas ciclopeas, Con sus rojas antorchas de volcanes, Será el altar de fulgurantes velos
En que el himno inmortal de las ideas

15 La tierra entera elevará á los cielos!

 

VIII

¡Campo inmenso á su afán! Allá dormidas Bajo el arco triunfal de mil colores Del trópico esplendente,
Las Antillas levantan la cabeza

20 De la naciente luz á los albores, Como bandadas de aves fugitivas Que arrullaron al mar con sus extrañas Canciones plañideras,
Y que secan al sol las blancas alas

25 ¡Para emprender el vuelo á otras riberas!

¡Allá Méjico está! sobre dos mares
Alzada cual granítica atalaya, page 155 ¡Parece que aun espía
La castellana flota que se acerca
Del golfo azteca á la arenosa playa!
Y más allá Colombia adormecida

5 Del Tequendama al retemblar profundo,
¡Colombia la opulenta
Que parece llevar en las entrañas
La inagotable juventud del mundo!

¡Salve, zona feliz! región querida
10 Del almo sol que tus encantos cela,
Inmenso hogar de animación y vida,
¡Cuna del gran Bolívar! ¡Venezuela!
Todo en tu suelo es grande,
Los astros que te alumbran desde arriba

15 Con eterno, sangriento centelleo,
El genio, el heroísmo,
¡Volcán que hizo erupción con ronco estruendo En la cumbre inmortal de San Mateo!

Tendida al pie del Ande,
20 Viuda infeliz sobre entreabierta huesa, Yace la Roma de los Incas, rota
La vieja espada en la contienda grande, La frente hundida en la tiniebla obscura, ¡Mas no ha muerto el Perú! que la derrota

25 Germen es en los pueblos varoniles
De redención futura--
entonces cuando llegue, page 156 Para su suelo, la estación propicia
Del trabajo que cura y regenera,
Y brille al fin el sol de la justicia
Tras largos días de vergüenza y lloro,

5 ¡El rojo manto que á su espalda flota

 

Las mieses bordarán con flores de oro!

¡Bolivia! la heredera del gigante
Nacido al pie del Ávila, su genio
Inquieto y su valor constante

10 Tiene para las luchas de la vida;
Sueña en batallas hoy, pero no importa,
Sueña también en anchos horizontes
En que en vez de cureñas y cañones
¡Sienta rodar la audaz locomotora

15 Cortando valles y escalando montes!
Y Chile el vencedor, fuerte en la guerra,
Pero más fuerte en el trabajo, vuelve
Á colgar en el techo
Las vengadoras armas, convencido

20 De que es estéril siempre la victoria
De la fuerza brutal sobre el derecho.
El Uruguay que combatiendo entrega
Su seno á las caricias del progreso,
El Brasil que recibe

25 Del mar Atlante el estruendoso beso
Y á quien sólo le falta
El ser más libre, para ser más grande,
¡Y la región bendita, page 157 Sublime desposada de la gloria,
Que baña el Plata y que limita el Ande!

¡De pie para cantarla! que es la patria, La patria bendecida,

5 Siempre en pos de sublimes ideales, ¡El pueblo joven que arrulló en la cuna El rumor de los himnos inmortales! Y que hoy llama al festín de su opulencia Á cuantos rinden culto

10 Á la sagrada libertad, hermana Del arte, del progreso y de la ciencia-- ¡La patria! que ensanchó sus horizontes Rompiendo las barreras
Que en otrora su espíritu aterraron,

15 ¡Y á cuyo paso en los nevados montes

Del Génesis los ecos despertaron! ¡La patria! que, olvidada
De la civil querella, arrojó lejos
El fratricida acero

20 Y que lleva orgullosa
La corona de espigas en la frente,
¡Menos pesada que el laurel guerrero! ¡La patria! en ella cabe
Cuanto de grande el pensamiento alcanza,

25 En ella el sol de redención se enciende, Ella al encuentro del futuro avanza,
Y su mano, del Plata desbordante
¡La inmensa copa á las naciones tiende!

page 158 IX

¡Ámbito inmenso, abierto
De la latina raza al hondo anhelo! ¡El mar, el mar gigante, la montaña En eterno coloquio con el cielo...

5 Y más allá desierto!
Acá ríos que corren desbordados, Allí valles que ondean
Como ríos eternos de verdura,

10 Los bosques á los bosques enlazados, ¡Doquier la libertad, doquier la vida Palpitando en el aire, en la pradera Y en explosión magnífica encendida!

¡Atlántida encantada

 

Que Platón presintió! promesa de oro

15 Del porvenir humano--Reservado
Á la raza fecunda,
Cuyo seno engendró para la historia Los Césares del genio y de la espada-- Aquí va á realizar lo que no pudo

20 Del mundo antiguo en los escombros yertos ¡La más bella visión de sus visiones! ¡Al himno colosal de los desiertos
La eterna comunión de las naciones!

page 159

 

PROMETEO

 

VII

¡Arriba, pensadores! que en la lucha Se templa y fortalece
Vuestra raza inmortal, nunca domada, Que lleva por celeste distintivo

5 La chispa de la audacia en la mirada Y anhelos infinitos en el alma; ¡En cuya frente altiva
Se confunden y enlazan
El laurel rumoroso de la gloria

10 Y del dolor la mustia siempre-viva!

¡Arriba, pensadores!
¡Que el espíritu humano sale ileso Del cadalso y la hoguera!
Vuestro heraldo triunfal es el progreso

15 Y la verdad la suspirada meta De vuestro afán gigante.
¡Arriba! ¡que ya asoma el claro día En que el error y el fanatismo expiren Con doliente y confuso clamoreo!

20 ¡Ave de esa alborada es el poeta, Hermano de las águilas del Cáucaso, Que secaron piadosas con sus alas La ensangrentada faz de Prometeo!

page 160

 

DON RAFAEL OBLIGADO

 

EN LA RIBERA

Ven, sigue de la mano
Al que te amó de niño;
Ven, y juntos lleguemos hasta el bosque Que está en la margen del paterno río.

5 ¡Oh, cuánto eres hermosa,
mi amada, en este sitio!
Sólo por ti, y á reflejar tu frente, Corriendo baja el Paraná tranquilo.

Para besar tu huella
10 Fue siempre tan sumiso,
Que, en viéndote llegar, hasta la playa
Manda sus olas sin hacer rüido.

Por eso, porque te ama,

 

Somos grandes amigos;

 

15 Luego, sabe decirte aquellas cosas Que nunca brotan de los labios míos.

El año que tú faltas,
La flor de sus seíbos,
Como cansada de esperar tus sienes,

20 Cuelga sus ramos de carmín marchitos. page 161 Por la tersa corriente,
Risueños y furtivos,
Como sueltas guirnaldas, no navegan Los verdes camalotes florecidos.

5 Sólo inclinan los sauces
Su ramaje sombrío,
Y las aves más tristes, en sus copas Gimiendo tejen sus ocultos nidos.

Pero llegas..., y el agua,
10 El bosque, el cielo mismo,
Es como una explosión de mil colores,
Y el aire rompe en sonorosos himnos.

Así la primavera,

 

Del trópico vecino

 

15 Desciende, y canta, repartiendo flores, Y colgando en las vides los racimos.

¡Cuál suenan gratamente,
Acordes, en un ritmo,
Del agua el melancólico murmullo

20 Y el leve susurrar de tu vestido!

¡Oh, si me fuera dado
Guardar en mis oídos,
Para siempre, esta música del alma, Esta unión de tu ser y de mis ríos!

page 162

 

COLOMBIA

 

DON JOSÉ JOAQUÍN ORTIZ

 

COLOMBIA Y ESPAÑA

¡Oh! ¡reposad en vuestras quietas tumbas, Augustos padres de la patria mía,
Pues bien lo merecéis! La grande obra De redención al fin está cumplida;

5 Y no llegue á turbar vuestro reposo El tumulto de lucha fratricida.

Hoy á vuestros sepulcros hace sombra La bandera del iris, enlazada
Á la de los castillos y leones;

10 Que el odio no es eterno

En los pobres humanos corazones; Y llegó el día en que la madre España
Estrechase á Colombia entre sus brazos,
Depuesta ya la saña;

15 No sierva, no señora;
Libres las dos como las hizo el cielo.
¡Ah! ¿ni cómo podría page 163 Hallarse la hija siempre separada
Del dulce hogar paterno,
Ni consentir la cariñosa madre
Que tal apartamiento fuera eterno?

5 En esos años de la ausencia fiera, El recuerdo de España
Seguíanos doquiera.
Todo nos es común: su Dios, el nuestro; La sangre que circula por sus venas

10 Y el hermoso lenguaje;
Sus artes, nuestras artes; la armonía De sus cantos, la nuestra; sus reveses Nuestros también, y nuestras
Las glorias de Bailén y de Pavía.

15 Si á veces distraídos
Fijábamos los ojos
Á contemplar las hijas de Colombia;
En el porte elegante,
En el puro perfil de su semblante,

20 En su mirada ardiente y en el dejo
Meloso de la voz, eran retrato
De sus nobles abuelas;
Copia feliz de gracia soberana,
En que agradablemente se veía

25 El decoro y nobleza castellana
Y el donaire y la sal de Andalucía;
Y entonces exclamábamos: Un nombre page 164 Terrible, España, tienes; ¡pero suena
Qué dulcemente al corazón del hombre!

¡Oh! ¡que esta santa alianza eterna sea, Y el pendón de Castilla y de Colombia

5 Unidos siempre el universo vea!
Y que al ¡viva Colombia! que repiten El áureo Tajo, y Ebro y Manzanares, ¡Responda el eco que rodando vaya Por los tranquilos mares

10 Á la ibérica playa
De ¡viva España! con que el Ande atruena El Cauca, el Orinoco, el Magdalena! DON JOSÉ EUSEBIO CARO

EL CIPRÉS

 

¡Árbol sagrado, que la obscura frente,

 

Inmóvil, majestuoso,

15 Sobre el sepulcro humilde y silencioso
Despliegas hacia el cielo tristemente!
Tú, sí, tú solamente
Al tiempo en que se duerme el rey del mundo
Tras las altas montañas de occidente,

20 Me ves triste vagando
Entre las negras tumbas,
Con los ojos en llanto humedecidos,
Mi orfandad y miseria lamentando. page 165 Y cuando ya de la apacible luna
La luz de perla en tu verdor se acoge,
Sólo tu tronco escucha mis gemidos,
Sólo tu pie mis lágrimas recoge.

5 ¡Ay! hubo un tiempo en que feliz y ufano Al seno paternal me abandonaba; En que con blanda mano
Una madre amorosa
De mi niñez las lágrimas secaba...

10 ¡Y hoy, huérfano, del mundo desechado, Aquí en mi patria misma
Solitario viajero,
Desde lejos contemplo acongojado Sobre los techos de mi hogar primero

15 El humo blanquear del extranjero! Entre el bullicio de los pueblos busco Mis tiernos padres para mí perdidos; ¡Vanamente!... Los rostros de los hombres Me son desconocidos.

20 Y sus manes, empero, noche y día Presentes á mis ojos afligidos
Contino están; contino sus acentos Vienen á resonar en mis oídos.

¡Sí, funeral ciprés! Cuando la noche
25 Con su callada sombra te rodea,
Cuando escondido el solitario buho
En tus obscuros ramos aletea; page 166 La sombra de mi padre por tus hojas
Vagando me parece,
Que á velar por los días de su hijo
Del reino de los muertos se aparece.

5 Y si el viento sacude impetüoso

Tu elevada cabeza,
Y á su furor con susurrar medroso Respondes pavoroso;
En los tristes silbidos

10 Que en torno de ti giran,
Á los paternos manes
Escucho, que dulcísimos suspiran.

¡Árbol augusto de la muerte! ¡Nunca

 

Tus verdores abata el bóreas ronco!

15 ¡Nunca enemiga, venenosa sierpe
Se enrosque en torno de tu pardo tronco!
¡Jamás el rayo ardiente
Abrase tu alta frente!
¡Siempre inmoble y sereno

20 Por las cóncavas nubes
Oigas rodar el impotente trueno!
Vive, sí, vive; y cuando ya mis ojos
Cerrar el dedo de la muerte quiera;
Cuando esconderse mire en occidente

25 Al sol por vez postrera,
Moriré sosegado
Á tu tronco abrazado.
Tú mi sepulcro ampararás piadoso page 167 De las roncas tormentas;
Y mi ceniza entonce agradecida,
En restaurantes jugos convertida,
Por tus delgadas venas penetrando,

5 Te hará reverdecer, te dará vida.

Quizá sabiendo el infeliz destino Que oprimió mi existencia desdichada, Sobre mi pobre tumba abandonada Una lágrima vierta el peregrino.

DON JOSÉ MANUEL MARROQUÍN

 

LOS CAZADORES Y LA PERRILLA

10 Es flaca sobremanera Toda humana previsión, Pues en más de una ocasión Sale lo que no se espera.

Salió al campo una mañana 15 Un experto cazador,
El más hábil y el mejor Alumno que tuvo Diana.

Seguíale gran cuadrilla De ejercitados monteros, 20 De ojeadores, ballesteros Y de mozos de traílla; page 168

Van todos apercibidos
De las armas necesarias,
Y llevan de castas varias
Perros diestros y atrevidos,

5 Caballos de noble raza, Cornetas de monte: en fin, Cuanto exige Moratín En su poema _La Caza_.

Levantan pronto una pieza, 10 Un jabalí corpulento,
Que huye veloz, rabo á viento, Y rompiendo la maleza.

Todos siguen con gran bulla Tras la cerdosa alimaña, 15 Pero ella se da tal maña Que á todos los aturrulla;

Y aunque gastan todo el día En paradas, idas, vueltas, Y carreras y revueltas,

20 Es vana tanta porfía.

Ahora que los lectores Han visto de qué manera Pudo burlarse la fiera De los tales cazadores,

page 169

Oigan lo que aconteció,
Y aunque es suceso que admira,
No piensen, no, que es mentira,
Que lo cuenta quien lo vio:

5 Al pie de uno de los cerros Que batieron aquel día, Una viejilla vivía,
Que oyó ladrar a los perros;

Y con gana de saber 10 En qué parara la fiesta, Iba subiendo la cuesta Á eso del anochecer:

Con ella iba una perrilla... Mas sin pasar adelante, 15 Es preciso que un instante Gastemos en describilla:

Perra de canes decana Y entre perras protoperra, Era tenida en su tierra

20 Por perra antediluviana;

Flaco era el animalejo,
El más flaco de los canes, Era el rastro, eran los manes De un cuasi-semi-ex-gozquejo;

page 170 Sarnosa era... digo mal;
No era una perra sarnosa,

Era una sarna perrosa

 

Y en figura de animal;

5 Era, otrosí, derrengada; La derribaba un resuello; Puede decirse que aquello No era perra ni era nada.

Á ver, pues, la batahola 10 La vieja al cerro subía, De la perra en compañía, Que era lo mismo que ir sola.

Por donde iba, hizo la suerte Que se hubiese el jabalí 15 Escondido, por si así

 

Se libraba de la muerte;

Empero, sintiendo luego Que por ahí andaba gente, Tuvo por cosa prudente

20 Tomar las de Villadiego;

La vieja entonces al ver Que escapaba por la loma, ¡Sus! dijo por pura broma, Y la perra echó á correr.

page 171

Y aquella perra extenuada,
Sombra de perra que fué,
De la cual se dijo que
No era perra ni era nada;

5 Aquella perrilla, sí, ¡Cosa es de volverse loco! No pudo coger tampoco Al maldito jabalí.

DON MIGUEL ANTONIO CARO

 

LA VUELTA A LA PATRIA

Mirad al peregrino
10 ¡Cuán doliente y trocado! Apoyándose lento en su cayado ¡Qué solitario va por su camino!

En su primer mañana,

 

Alma alegre y cantora

 

15 Abandonó el hogar, como á la aurora Deja su nido la avecilla ufana.

 

Aire y luz, vida y flores,

 

Buscó en la vasta y fría

 

Región que la inocente fantasía

20 Adornaba con mágicos fulgores. page 172 Ve el mundo, oye el rüido
De las grandes ciudades,

Y sólo vanidad de vanidades

 

Halla doquier su espíritu afligido

 

5 Materia da á su llanto

Cuanto el hombre le ofrece; Ya la risa en sus labios no florece, Y olvidó la nativa voz del canto.

Hízose pensativo;
10 Las nubes y las olas
Sus confidentes son, y trata á solas El sitio más repuesto y más esquivo.

Á su penar responde

 

En la noche callada,

 

15 La estrella que declina fatigada Y en el materno piélago se esconde.

 

_¡Vuelve, vuelve á tu centro!_

 

Natura al infelice

 

Clama; _¡vuelve!_ una voz también le dice 20 Que habla siempre con él, amiga, adentro,

 

¡Ay triste! En lontananza

Ve los pasados días,
Y en gozar otra vez sus alegrías Concentra reanimado la esperanza.

page 173 ¡Imposible! ¡Locura!...
¿Cuándo pudo á su fuente

Retroceder el mísero torrente

 

Que probó de los mares la amargura?

 

5 Ya sube la colina

Con mal seguro paso;
Del sol poniente al resplandor escaso El valle de la infancia se domina.

10 ¡Ay! Ese valle umbrío

Que la paterna casa
Guarece; ese rumor con que acompasa Sus blandos tumbos el sagrado río;

Esa aura embalsamada

 

Que sus sienes orea,

 

15 ¿A un corazón enfermo que desea Su antigua soledad, no dicen nada?

 

El pobre peregrino

 

Ni oye, ni ve, ni siente;

 

De la Patria la imagen en su mente 20 No existe ya, sino ideal divino.

Invisible le toca
Y sus párpados cierra
Ángel piadoso, y la ilusión destierra, Y el dulce sonreir vuelve á su boca. page 174
¡Qué muda despedida!
¿Quién muerto le creyera?
¡Mirando está la Patria verdadera!
¡Está durmiendo el sueño de la vida!

DON DIÓGENES A. ARRIETA

 

EN LA TUMBA DE MI HIJO

5 ¡Espejismos del alma dolorida!... ¡Hermosas esperanzas de la vida Que disipa la muerte con crueldad!

Para engañar las penas nos forjamos Imágenes de dicha, y luego damos

10 Á la Ilusión el nombre de Verdad. Aquí te llamo y nadie me responde: Sorda y cruel, la tierra que te esconde

Ni el eco de mi voz devolverá.

 

Así la Eternidad: sombría y muda, 15 El odio ni el amor, la fe y la duda En sus abismos nada alcanzarán.

Otros alienten la creencia vana De que es posible á la esperanza humana De la muerte sacar vida y amor.

20 Si es cruel la verdad, yo la prefiero... ¡Me duele el corazón, pero no quiero Consolar con mentiras mi dolor!

page 175 ¡Hijo querido, la esperanza mía!
Animaste mi hogar tan sólo un día,

No volvemos á vernos ya los dos...
Pues que la ley se cumpla del destino:
Tomo mi cruz y sigo mi camino...
¡Luz de mi hogar y mi esperanza, adiós!

DON IGNACIO GUTIÉRREZ PONCE

 

DOLORA

El ángel de mi cielo, mi María, Que á la primera vuelta de las flores Tres años cumplirá, medrosa un día

10 Buscó refugio en mis abiertos brazos, Y cuando entre caricias y entre abrazos, Que prodigué, con paternal empeño, Hubo al fin disipado sus temores, Trocando así en sonrisas sus clamores,

15 Cerró los ojos en tranquilo sueño.

En silencio quedó la estancia mía; Y sintiéndome ansioso
De no turbar el infantil reposo De mi bien, en mi pecho reclinado,

20 Inmóviles mis miembros mantenía, Y mi amoroso corazón latía
Al ritmo de su aliento sosegado.

page 176

Sobre su faz serena,
Regadas como límpido rocío
En el cáliz de pálida azucena,
Brillaban gotas del reciente lloro,

5 Y las guedejas de oro
Del undoso cabello
Caían arropando su albo cuello.

Así nos sorprendió mi tierna esposa. Que á la par temerosa

10 De interrumpir mi sueño de ventura, Con paso leve recorrió el estrado Y sin sentirla yo, vino á mi lado.

Aquella dulce calma
Que reinaba entre mí y en torno mío, 15 Llenóme al fin de arrobamiento el alma.

Y se quedó mi mente

 

Enajenada en éxtasis creciente.

Absorto siempre en ella,
Con íntimo lenguaje la decía:
20 «Eres botón de flor embalsamado
Con aromas del cielo todavía.»

Y al verla así, tan bella,
Con plácido embeleso
Á su rosada frente

25 Fuíme inclinando para darla un beso; page 177

Pero escuché, de súbito, á mi lado,
Algo como un sollozo;
Y mirando con ojos sorprendidos,
Hallé los de mi esposa humedecidos

5 Por inefable gozo...
«No la despiertes,» díjome sencilla,
Y me acercó su cándida mejilla.

DON JOSÉ MARÍA GARAVITO A.

 

VOLVERÉ MAÑANA

 

I

 

--¡Adiós! ¡adiós! Lucero de mis noches,

 

--Dijo un soldado al pie de una ventana,-- 10 ¡Me voy!... pero no llores, alma mía, Que volveré mañana.

Ya se asoma la estrella de la aurora, Ya se divisa en el oriente el alba, Y en mi cuartel tambores y cornetas

15 Están tocando _diana_.

II Horas después, cuando la negra noche
Cubrió de luto el campo de batalla,
Á la luz del vivac pálida y triste,

Un joven expiraba.
20 Alguna cosa de _ella_ el centinela
Al mirarlo morir, dijo en voz baja... page 178 Alzó luego el fusil, bajó los ojos

Y se enjugó dos lágrimas.

 

III

 

Hoy cuentan por doquier gentes medrosas, Que cuando asoma en el oriente el alba,

5 Y en el cuartel tambores y cornetas Están tocando _diana_...
Se ve vagar la misteriosa sombra, Que se detiene al pie de una ventana

Y murmura: no llores, alma mía,

 

10 Que volveré mañana.

 

page 179

 

CUBA

 

DON JOSÉ MARÍA HEREDIA

 

EN EL TEOCALLI DE CHOLULA

¡Cuánto es bella la tierra que habitaban
Los aztecas valientes! En su seno
En una estrecha zona concentrados
Con asombro se ven todos los climas

5 Que hay desde el polo al ecuador. Sus llanos
Cubren á par de las doradas mieses
Las cañas deliciosas. El naranjo
Y la piña y el plátano sonante,
Hijos del suelo equinoccial, se mezclan

10 Á la frondosa vid, al pino agreste,
Y de Minerva al árbol majestuoso.
Nieve eternal corona las cabezas
De Iztaccíhual purísimo, Orizaba

15 Y Popocatepec; sin que el invierno
Toque jamás con destructora mano
Los campos fertilísimos, do ledo
Los mira el indio en púrpura ligera
Y oro teñirse, reflejando el brillo
Del Sol en occidente, que sereno

20 En hielo eterno y perennal verdura page 180 Á torrentes vertió su luz dorada,
Y vió á naturaleza conmovida
Con su dulce calor hervir en vida.

Era la tarde: su ligera brisa
5 Las alas en silencio ya plegaba
Y entre la hierba y árboles dormía, Mientras el ancho sol su disco hundía Detrás de Iztaccíhual. La nieve eterna Cual disuelta en mar de oro, semejaba

10 Temblar en torno de él: un arco inmenso Que del empíreo en el cenit finaba Como espléndido pórtico del cielo De luz vestido y centellante gloria, De sus últimos rayos recibía

15 Los colores riquísimos. Su brillo Desfalleciendo fué: la blanca luna Y de Venus la estrella solitaria
En el cielo desierto se veían.
¡Crepúsculo feliz! Hora más bella

20 Que la alma noche ó el brillante día. ¡Cuánto es dulce tu paz al alma mía!

Hallábame sentado en la famosa
Choluteca pirámide. Tendido
El llano inmenso que ante mí yacía,

25 Los ojos á espaciarse convidaba.
¡Qué silencio! ¡qué paz! ¡Oh! ¿quién diría
Que en estos bellos campos reina alzada
La bárbara opresión, y que esta tierra page 181 Brota mieses tan ricas, abonada
Con sangre de hombres, en que fué inundada
Por la superstición y por la guerra?...

Bajó la noche en tanto. De la esfera 5 El leve azul, obscuro y más obscuro Se fué tornando: la movible sombra De las nubes serenas, que volaban Por el espacio en alas de la brisa,

Era visible en el tendido llano.
10 Iztaccíhual purísimo volvía
Del argentado rayo de la luna
El plácido fulgor, y en el oriente
Bien como puntos de oro centellaban
Mil estrellas y mil... ¡Oh! yo os saludo, 15 Fuentes de luz, que de la noche umbría
Ilumináis el velo,
Y sois del firmamento poesía.

Al paso que la luna declinaba, Y al ocaso fulgente descendía

20 Con lentitud, la sombra se extendía Del Popocatepec, y semejaba
Fantasma colosal. El arco obscuro Á mí llegó, cubrióme, y su grandeza

25 Fué mayor y mayor, hasta que al cabo En sombra universal veló la tierra.

Volví los ojos al volcán sublime,
Que velado en vapores transparentes, page 182 Sus inmensos contornos dibujaba
De occidente en el cielo.
¡Gigante del Anáhuac! ¿cómo el vuelo
De las edades rápidas no imprime

5 Alguna huella en tu nevada frente?
Corre el tiempo veloz, arrebatando
Años y siglos como el norte fiero
Precipita ante sí la muchedumbre
De las olas del mar. Pueblos y reyes

10 Viste hervir á tus pies, que combatían
Cual hora combatimos, y llamaban
Eternas sus ciudades, y creían
Fatigar á la tierra con su gloria.
Fueron: de ellos no resta ni memoria.

15 ¿Y tú eterno serás? Tal vez un día
De tus profundas bases desquiciado
Caerás; abrumará tu gran ruina
Al yermo Anáhuac; alzaránse en ella
Nuevas generaciones y orgullosas,

20 Que fuiste negarán...

Todo perece
Por ley universal. Aun este mundo
Tan bello y tan brillante que habitamos,
Es el cadáver pálido y deforme
De otro mundo que fue...

25 En tal contemplación embebecido
Sorprendióme el sopor. Un largo sueño,
De glorias engolfadas y perdidas page 183 En la profunda noche de los tiempos,
Descendió sobre mí. La agreste pompa
De los reyes aztecas desplegóse

5 Á mis ojos atónitos. Veía
De emplumados caudillos levantarse
El déspota salvaje en rico trono,
De oro, perlas y plumas recamado;
Y al son de caracoles belicosos

10 Ir lentamente caminando al templo
La vasta procesión, do la aguardaban
Sacerdotes horribles, salpicados
Con sangre humana rostros y vestidos.
Con profundo estupor el pueblo esclavo

15 Las bajas frentes en el polvo hundía,
Y ni mirar á su señor osaba,
De cuyos ojos férvidos brotaba
La saña del poder.

Tales ya fueron

 

Tus monarcas, Anáhuac, y su orgullo:

20 Su vil superstición y tiranía
En el abismo del no ser se hundieron.
Sí, que la muerte, universal señora,
Hiriendo á par al déspota y esclavo,
Escribe la igualdad sobre la tumba.

25 Con su manto benéfico el olvido
Tu insensatez oculta y tus furores
Á la raza presente y la futura.
Esta inmensa estructura page 184 Vió á la superstición más inhumana
En ella entronizarse. Oyó los gritos
De agonizantes víctimas, en tanto
Que el sacerdote, sin piedad ni espanto,

5 Les arrancaba el corazón sangriento;
Miró el vapor espeso de la sangre
Subir caliente al ofendido cielo
Y tender en el sol fúnebre velo,
Y escuchó los horrendos alaridos

10 Con que los sacerdotes sofocaban

 

El grito del dolor.

Muda y desierta
Ahora te ves, Pirámide. ¡Más vale Que semanas de siglos yazgas yerma, Y la superstición á quien serviste

15 En el abismo del infierno duerma! Á nuestros nietos últimos, empero, Sé lección saludable; y hoy al hombre Que ciego en su saber fútil y vano Al cielo, cual Titán, truena orgulloso,

20 Sé ejemplo ignominioso

 

De la demencia y del furor humano.

 

EL NIÁGARA

Templad mi lira, dádmela, que siento
En mi alma estremecida y agitada
Arder la inspiración. ¡Oh! ¡cuánto tiempo

25 En tinieblas pasó, sin que mi frente page 185 Brillase con su luz!... Niágara undoso,
Tu sublime terror sólo podría
Tornarme el don divino, que ensañada
Me robó del dolor la mano impía.

5 Torrente prodigioso, calma, calla Tu trueno aterrador: disipa un tanto Las tinieblas que en torno te circundan; Déjame contemplar tu faz serena, Y de entusiasmo ardiente mi alma llena.

10 Yo digno soy de contemplarte: siempre Lo común y mezquino desdeñando, Ansié por lo terrífico y sublime.
Al despeñarse el huracán furioso, Al retumbar sobre mi frente el rayo,

15 Palpitando gocé: vi al Océano,
Azotado por austro proceloso,
Combatir mi bajel, y ante mis plantas Vórtice hirviendo abrir, y amé el peligro. Mas del mar la fiereza

20 En mi alma no produjo

 

La profunda impresión que tu grandeza.

Sereno corres, majestuoso; y luego
En ásperos peñascos quebrantado,
Te abalanzas violento, arrebatado,

25 Como el destino irresistible y ciego.
¿Qué voz humana describir podría
De la sirte rugiente page 186 La aterradora faz? El alma mía
En vago pensamiento se confunde
Al mirar esa férvida corriente,
Que en vano quiere la turbada vista

5 En su vuelo seguir al borde obscuro
Del precipicio altísimo: mil olas,
Cual pensamiento rápidas pasando,
Chocan, y se enfurecen,
Y otras mil y otras mil ya las alcanzan,

10 Y entre espuma y fragor desaparecen.

¡Ved! ¡llegan, saltan! El abismo horrendo Devora los torrentes despeñados: Crúzanse en él mil iris, y asordados Vuelven los bosques el fragor tremendo.

15 En las rígidas peñas
Rómpese el agua: vaporosa nube Con elástica fuerza
Llena el abismo en torbellino, sube, Gira en torno, y al éter

20 Luminosa pirámide levanta,
Y por sobre los montes que le cercan Al solitario cazador espanta.

Mas ¿qué en ti busca mi anhelante vista Con inútil afán? ¿Por qué no miro

25 Al rededor de tu caverna inmensa
Las palmas ¡ay! las palmas deliciosas,
Que en las llanuras de mi ardiente patria page 187 Nacen del sol á la sonrisa, y crecen,
Y al soplo de las brisas del Océano
Bajo un cielo purísimo se mecen?

Este recuerdo á mi pesar me viene... 5 Nada ¡oh Niágara! falta á tu destino, Ni otra corona que el agreste pino Á tu terrible majestad conviene.
La palma y mirto y delicada rosa
Muelle placer inspiren y ocio blando

10 En frívolo jardín: á ti la suerte
Guardó más digno objeto, más sublime. El alma libre, generosa, fuerte,
Viene, te ve, se asombra,
El mezquino deleite menosprecia

15 Y aun se siente elevar cuando te nombra.

¡Omnipotente Dios! En otros climas
Vi monstruos execrables,
Blasfemando tu nombre sacrosanto,
Sembrar error y fanatismo impío,

20 Los campos inundar con sangre y llanto,
De hermanos atizar la infanda guerra,
Y desolar frenéticos la tierra.
Vilos, y el pecho se inflamó á su vista
En grave indignación. Por otra parte

25 Vi mentidos filósofos, que osaban
Escrutar tus misterios, ultrajarte,
Y de impiedad al lamentable abismo page 188 Á los míseros hombres arrastraban.
Por eso te buscó mi débil mente
En la sublime soledad: ahora
Entera se abre á ti; tu mano siente

5 En esta inmensidad que me circunda,
Y tu profunda voz hiere mi seno
De este raudal en el eterno trueno.

¡Asombroso torrente!
¡Cómo tu vista el ánimo enajena 10 Y de terror y admiración me llena!

¿Dó tu origen está? ¿Quién fertiliza Por tantos siglos tu inexhausta fuente? ¿Qué poderosa mano
Hace que al recibirte

15 No rebose en la tierra el Océano?

Abrió el Señor su mano omnipotente;
Cubrió tu faz de nubes agitadas,
Dió su voz á tus aguas despeñadas,
Y ornó con su arco tu terrible frente.

20 ¡Ciego, profundo, infatigable corres,
Como el torrente obscuro de los siglos
En insondable eternidad!... ¡Al hombre
Huyen así las ilusiones gratas,
Los florecientes días,

25 Y despierta al dolor!... ¡Ay! agostada
Yace mi juventud; mi faz, marchita; page 189 Y la profunda pena que me agita
Ruga mi frente de dolor nublada.

Nunca tanto sentí como este día Mi soledad y mísero abandono
5 Y lamentable desamor... ¿Podría

En edad borrascosa
Sin amor ser feliz? ¡Oh! si una hermosa Mi cariño fijase,
Y de este abismo al borde turbulento

10 Mi vago pensamiento
Y ardiente admiración acompañase! ¡Cómo gozara, viéndola cubrirse De leve palidez, y ser más bella En su dulce terror, y sonreirse

15 Al sostenerla mis amantes brazos... Delirios de virtud... ¡Ay! ¡Desterrado, Sin patria, sin amores,
Sólo miro ante mí llanto y dolores!

¡Niágara poderoso!
20 ¡Adiós! ¡adiós! Dentro de pocos años
Ya devorado habrá la tumba fría
Á tu débil cantor. ¡Duren mis versos
Cual tu gloria inmortal! ¡Pueda piadoso,
Viéndote algún viajero,

25 Dar un suspiro á la memoria mía!
Y al abismarse Febo en occidente,
Feliz yo vuele do el Señor me llama, page 190 Y al escuchar los ecos de mi fama,
Alce en las nubes la radiosa frente.

«PLÁCIDO» (DON GABRIEL DE LA CONCEPCIÓN VALDÉS)

 

PLEGARIA Á DIOS

 

¡Ser de inmensa bondad! ¡Dios poderoso! Â vos acudo en mi dolor vehemente...

5 Extended vuestro brazo omnipotente; Rasgad de la calumnia el velo odioso; Y arrancad este sello ignominioso
Con que el mundo manchar quiere mi frente.

¡Rey de los Reyes! ¡Dios de mis abuelos! 10 ¡Vos solo sois mi defensor! ¡Dios mío!... Todo lo puede quien al mar sombrío Olas y peces dio, luz á los cielos, Fuego al sol, giro al aire, al norte hielos, Vida á las plantas, movimiento al río.

15 Todo lo podéis vos; todo fenece,
Ó se reanima á vuestra voz sagrada; Fuera de vos, Señor, el todo es nada
Que en la insondable eternidad perece; Y aun esa misma nada os obedece,

20 Pues de ella fué la humanidad creada. page 191

Yo no os puedo engañar, Dios de clemencia; Y pues vuestra eternal sabiduría
Ve al través de mi cuerpo el alma mía Cual del aire á la clara transparencia,

5 Estorbad que humillada la inocencia Bata sus palmas la calumnia impía.

Estorbadlo, Señor, por la preciosa Sangre vertida, que la culpa sella
Del pecado de Adán, ó por aquella

10 Madre cándida, dulce y amorosa,
Cuando envuelta en pesar, mustia y llorosa, Siguió tu muerte como helíaca estrella.

Mas si cuadra á tu suma omnipotencia Que yo perezca cual malvado impío,

15 Y que los hombres mi cadáver frío Ultrajen con maligna complacencia... ¡Suene tu voz, y acabe mi existencia!... ¡Cúmplase en mí tu voluntad, Dios mío!

DOÑA GERTRUDIS GÓMEZ DE AVELLANEDA

 

Á WÁSHINGTON

No en lo pasado a tu virtud modelo,
20 Ni copia al porvenir dará la historia,
Ni otra igual en grandeza á tu memoria
Difundirán los siglos en su vuelo. page 192

Miró la Europa ensangrentar su suelo
Al genio de la guerra y la victoria,
Pero le cupo á América la gloria
De que al genio del bien le diera el cielo.

5 Que audaz conquistador goce en su ciencia Mientras al mundo en páramo convierte, Y se envanezca cuando á siervos mande;

¡Mas los pueblos sabrán en su conciencia Que el que los rige libres sólo es fuerte; 10 Que el que los hace grandes sólo es grande!

 

AL PARTIR

¡Perla del mar! ¡Estrella de Occidente! ¡Hermosa Cuba! Tu brillante cielo
La noche cubre con su opaco velo, Como cubre el dolor mi triste frente.

15 ¡Voy á partir!... La chusma diligente Para arrancarme del nativo suelo
Las velas iza, y pronta á su desvelo La brisa acude de tu zona ardiente.

¡Adiós, patria feliz, Edén querido!

 

Doquier que el hado en su furor me impela,

20 Tu dulce nombre halagará mi oído. ¡Adiós!... ¡ya cruje la turgente vela... El ancla se alza... el buque estremecido

Las olas corta y silencioso vuela!

 

page 193

 

ECUADOR

 

DON JOSÉ JOAQUÍN OLMEDO

 

LA VICTORIA DE JUNÍN

 

Canto á Bolívar

El trueno horrendo, que en fragor revienta Y sordo retumbando se dilata
Por la inflamada esfera,
Al Dios anuncia que en el cielo impera.

5 Y el rayo que en Junín rompe y ahuyenta La hispana muchedumbre,
Que más feroz que nunca amenazaba Á sangre y fuego eterna servidumbre, Y el canto de victoria

10 Que en ecos mil discurre, ensordeciendo

El hondo valle y enriscada cumbre, Proclaman á Bolívar en la tierra Árbitro de la paz y de la guerra.

Las soberbias pirámides que al cielo
15 El arte humano osado levantaba
Para hablar á los siglos y naciones, page 194 Templos, do esclavas manos
Deificaban en pompa á sus tiranos,
Ludibrio son del tiempo, que con su ala
Débil las toca, y las derriba al suelo,

5 Después que en fácil juego el fugaz viento
Borró sus mentirosas inscripciones;
Y bajo los escombros confundido
Entre las sombras del eterno olvido
¡Oh de ambición y de miseria ejemplo!

10 El sacerdote yace, el dios y el templo.

Mas los sublimes montes, cuya frente
Á la región etérea se levanta,
Que ven las tempestades á su planta
Brillar, rugir, romperse, disiparse;

15 Los Andes... las enormes, estupendas
Moles sentadas sobre bases de oro,
La tierra con su peso equilibrando,
Jamás se moverán. Ellos, burlando
De ajena envidia y del protervo tiempo

20 La furia y el poder, serán eternos
De Libertad y de Victoria heraldos,
Que con eco profundo
Á la postrera edad dirán del mundo:
«Nosotros vimos de Junín el campo;

25 Vimos que al desplegarse
Del Perú y de Colombia las banderas,
Se turban las legiones altaneras,
Huye el fiero español despavorido, page 195 Ó pide paz rendido.
Venció Bolívar: el Perú fué libre;
Y en triunfal pompa Libertad sagrada
En el templo del Sol fué colocada.»

5 ¿Quién es aquel que el paso lento mueve Sobre el collado que á Junín domina? ¿Que el campo desde allí mide, y el sitio Del combatir y del vencer desina? ¿Que la hueste contraria observa, cuenta,

10 Y en su mente la rompe y desordena, Y á los más bravos á morir condena, Cual águila caudal que se complace Del alto cielo en divisar su presa
Que entre el rebaño mal segura pace?

15 ¿Quién el que ya desciende
Pronto y apercibido á la pelea?
Preñada en tempestades le rodea
Nube tremenda: el brillo de su espada Es el vivo reflejo de la gloria;

20 Su voz un trueno; su mirada un rayo. ¿Quién aquel que, al trabarse la batalla, Ufano como nuncio de victoria,
Un corcel impetuoso fatigando,
Discurre sin cesar por toda parte?...

25 ¿Quién, sino el hijo de Colombia y Marte?

Sonó su voz: «Peruanos,
Mirad allí los duros opresores page 196 De vuestra patria. Bravos colombianos,
En cien crudas batallas vencedores,
Mirad allí los enemigos fieros
Que buscando venís desde Orinoco:

5 Suya es la fuerza, y el valor es vuestro,
Vuestra será la gloria;
Pues lidiar con valor y por la patria
Es el mejor presagio de victoria.
Acometed: que siempre

10 De quien se atreve más el triunfo ha sido:

 

Quien no espera vencer, ya está vencido.»

Dice; y al punto, cual fugaces carros Que, dada la señal, parten, y en densos De arena y polvo torbellinos ruedan,

15 Arden los ejes, se estremece el suelo, Estrépito confuso asorda el cielo,
Y en medio del afán cada cual teme Que los demás adelantarse puedan; Así los ordenados escuadrones,

20 Que del iris reflejan los colores
Ó la imagen del sol en sus pendones, Se avanzan á la lid. ¡Oh! ¡quién temiera, Quién, que su ímpetu mismo los perdiera!

Tal el héroe brillaba
25 Por las primeras filas discurriendo.
Se oye su voz, su acero resplandece
Do más la pugna y el peligro crece; page 197 Nada le puede resistir... Y es fama,
¡Oh portento inaudito!
Que el bello nombre de Colombia escrito
Sobre su frente en torno despedía

5 Rayos de luz tan viva y refulgente,
Que deslumbrado el español desmaya,
Tiembla, pierde la voz, el movimiento:
Sólo para la fuga tiene aliento.

Así, cuando en la noche algún malvado 10 Va á descargar el brazo levantado, Si de improviso lanza un rayo el cielo, Se pasma, y el puñal trémulo suelta; Hielo mortal á su furor sucede;
Tiembla y horrorizado retrocede.

15 Ya no hay más combatir. El enemigo El campo todo y la victoria cede. Huye cual ciervo herido; y á donde huye Allí encuentra la muerte. Los caballos Que fueron su esperanza en la pelea,

20 Heridos, espantados, por el campo Ó entre las filas vagan, salpicando El suelo en sangre que su crin gotea; Derriban al jinete, lo atropellan, Y las catervas van despavoridas,

25 Ó unas en otras con terror se estrellan.

Crece la confusión, crece el espanto,
Y al impulso del aire, que vibrando page 198 Sube en clamores y alaridos lleno,
Tremen las cumbres que respeta el trueno.
Y discurriendo el vencedor en tanto
Por cimas de cadáveres y heridos,

5 Postra al que huye, perdona á los rendidos.

¡Padre del universo, sol radioso, Dios del Perú, modera omnipotente El ardor de tu carro impetüoso,
Y no escondas tu luz indeficiente!...

10 ¡Una hora más de luz!... Pero esta hora No fué la del Destino. El dios oía El voto de su pueblo, y de la frente El cerco de diamantes desceñía. En fugaz rayo el horizonte dora,

15 En mayor disco menos luz ofrece, Y veloz tras los Andes se obscurece.

Tendió su manto lóbrego la noche, Y las reliquias del perdido bando, Con sus tristes y atónitos caudillos,

20 Corren sin saber dónde espavoridas, Y de su sombra misma se estremecen; Y al fin en las tinieblas ocultando Su afrenta y su pavor, desaparecen.

¡Victoria por la patria! ¡oh Dios! ¡Victoria! 25 ¡Triunfo á Colombia y á Bolívar gloria! page 199

 

MÉXICO

 

DON JOSÉ JOAQUÍN DE PESADO

 

LA SERENATA

¡Oh, tú, que duermes en casto lecho,
De sinsabores ajeno el pecho,
Y á los encantos de la hermosura
Unes las gracias del corazón,

5 Deja el descanso, doncella pura,

 

Y oye los ecos de mi canción!

¿Quién en la tierra la dicha alcanza?
Iba mi vida sin esperanza,
Cual nave errante sin ver su estrella,

10 Cuando me inundas en claridad;
Y desde entonces, gentil doncella,
Me revelaste felicidad.

¡Oh, si las ansias decir pudiera

 

Que siente el alma, desde que viera

15 Ese semblante que amor inspira
Y los hechizos de tu candor!
Mas, rudo el labio, torpe la lira,
Decir no puede lo que es amor.

Del Iris puede pintarse el velo; page 200 Del sol los rayos, la luz del cielo;
La negra noche, la blanca aurora;
Mas no tus gracias ni tu poder,
Ni menos puede de quien te adora

5 Decirse el llanto y el padecer.

Amor encuentra doquier que vuelva La vista en torno; la verde selva, Florido el prado y el bosque umbrío, La tierna hierba, la hermosa ñor,

10 Y la cascada, y el claro río,

 

Todos me dicen: amor, amor.

Cuando te ausentas, el campo triste De luto y sombras luego se viste; Mas si regresas, la primavera

15 Hace sus galas todas lucir:
¡Oh, nunca, nunca de esta ribera, Doncella hermosa, quieras partir!

DON FERNANDO CALDERÓN LA ROSA MARCHITA

 

¿Eres tú, triste rosa,

 

La que ayer difundía

20 Balsámica ambrosía,
Y tu altiva cabeza levantando
Eras la reina de la selva umbría? page 201 ¿Por qué tan pronto, dime,
Hoy triste y desolada
Te encuentras de tus galas despojada?

Ayer viento süave
5 Te halagó cariñoso;
Ayer alegre el ave
Su cántico armonioso
Ejercitaba, sobre ti posando;
Tú, rosa, le inspirabas,
10 Y á cantar sus amores le excitabas.

Tal vez el fatigado peregrino, Al pasar junto á ti, quiso cortarte: Tal vez quiso llevarte
Algún amante á su ardoroso seno;

15 Pero al ver tu hermosura, La compasión sintieron,
Y su atrevida mano detuvieron.

Hoy nadie te respeta:

 

El furioso aquilón te ha deshojado.

20 Ya nada te ha quedado
¡Oh reina de las flores!
De tu brillo y tus colores.

La fiel imagen eres
De mi triste fortuna:
25 ¡Ay! todos mis placeres,

Todas mis esperanzas una á una
Arrancándome ha ido page 202 Un destino funesto, cual tus hojas
Arrancó el huracán embravecido!

¿Y qué, ya triste y sola,

 

No habrá quien te dirija una mirada?

5 ¿Estarás condenada
Á eterna soledad y amargo lloro? No, que existe un mortal sobre la tierra, Un joven infeliz, desesperado,
Á quien horrible suerte ha condenado

10 Á perpetuo gemir: ven, pues, ¡oh rosa! Ven á mi amante seno, en él reposa Y ojalá de mis besos la pureza Resucitar pudiera tu belleza.

Ven, ven, ¡oh triste rosa!
15 Si es mi suerte á la tuya semejante,
Burlemos su porfía;
Ven, todas mis caricias serán tuyas,
Y tu última fragancia será mía.

DON MANUEL ACUÑA

 

NOCTURNO

 

Á Rosario

 

I

¡Pues bien! yo necesito
20 Decirte que te adoro,
Decirte que te quiero page 203
Con todo el corazón;
Que es mucho lo que sufro,
Que es mucho lo que lloro,
Que ya no puedo tanto,
5 Y al grito en que te imploro
Te imploro y te hablo en nombre
De mi última ilusión.

II

 

Yo quiero que tú sepas Que ya hace muchos días

10 Estoy enfermo y pálido De tanto no dormir;
Que ya se han muerto todas Las esperanzas mías;
Que están mis noches negras,

15 Tan negras y sombrías, Que ya no sé ni dónde
Se alzaba el porvenir.

III

 

De noche, cuando pongo Mis sienes en la almohada

20 Y hacia otro mundo quiero Mi espíritu volver,
Camino mucho, mucho, Y al fin de la jornada
Las formas de mi madre

25 Se pierden en la nada, page 204 Y tú de nuevo vuelves
En mi alma á aparecer.

IV

Comprendo que tus besos Jamás han de ser míos; 5 Comprendo que en tus ojos No me he de ver jamás; Y te amo, y en mis locos

Y ardientes desvarios Bendigo tus desdenes,

10 Adoro tus desvíos,
Y en vez de amarte menos, Te quiero mucho más.

V

 

Á veces pienso en darte Mi eterna despedida,

15 Borrarte en mis recuerdos Y hundirte en mi pasión; Mas si es en vano todo Y el alma no te olvida,
¡Qué quieres tú que yo haga,

20 Pedazo de mi vida;
Qué quieres tú que yo haga Con este corazón!

VI

Y luego que ya estaba
Concluido tu santuario, page 205 Tu lámpara encendida,
Tu velo en el altar,
El sol de la mañana
Detrás del campanario,

5 Chispeando las antorchas,
Humeando el incensario,
Y abierta allá á lo lejos
La puerta del hogar...

VII

 

¡Qué hermoso hubiera sido 10 Vivir bajo aquel techo,

Los dos unidos siempre Y amándonos los dos; Tu siempre enamorada, Yo siempre satisfecho,

15 Los dos una sola alma, Los dos un solo pecho, Y en medio de nosotros Mi madre como un Dios!

VIII

¡Figúrate qué hermosas
20 Las horas de esa vida!
¡Qué dulce y bello el viaje
Por una tierra así!
Y yo soñaba en eso,
Mi santa prometida.

25 Y al delirar en eso page 206 Con la alma estremecida,
Pensaba yo en ser bueno
Por ti, no más por ti.

IX

Bien sabe Dios que ése era 5 Mi más hermoso sueño,
Mi afán y mi esperanza,
Mi dicha y mi placer;
¡Bien sabe Dios que en nada
Cifraba yo mi empeño,
10 Sino en amarte mucho
Bajo el hogar risueño
Que me envolvió en sus besos
Cuando me vio nacer!

X

Ésa era mi esperanza... 15 Mas ya que á sus fulgores
Se opone el hondo abismo
Que existe entre los dos,
¡Adiós por la vez última,
Amor de mis amores; 20 La luz de mis tinieblas,
La esencia de mis flores;
Mi lira de poeta,
Mi juventud, adiós!
page 207

DON JUAN DE DIOS PEZA REIR LLORANDO

¡Cuántos hay que, cansados de la vida, Enfermos de pesar, muertos de tedio, Hacen reir como el actor suicida, Sin encontrar, para su mal, remedio!

5 ¡Ay! ¡Cuántas veces al reir se llora! ¡Nadie en lo alegre de la risa fíe, Porque en los seres que el dolor devora El alma llora cuando el rostro ríe!

Si se muere la fe, si huye la calma, 10 Si sólo abrojos nuestra planta pisa,
Lanza á la faz la tempestad del alma
Un relámpago triste: la sonrisa.

El carnaval del mundo engaña tanto, Que las vidas son breves mascaradas; 15 Aquí aprendemos á reir con llanto, Y también á llorar con carcajadas.

 

FUSILES Y MUÑECAS

Juan y Margot, dos ángeles hermanos, Que embellecen mi hogar con sus cariños, Se entretienen con juegos tan humanos

20 Que parecen personas desde niños. page 208

Mientras Juan, de tres años, es soldado Y monta en una caña endeble y hueca, Besa Margot con labios de granado
Los labios de cartón de su muñeca.

5 Lucen los dos sus inocentes galas, Y alegres sueñan en tan dulces lazos: Él, que cruza sereno entre las balas; Ella, que arrulla un niño entre sus brazos.

10 Puesto al hombro el fusil de hoja de lata, El kepis de papel sobre la frente,
Alienta al niño en su inocencia grata El orgullo viril de ser valiente.

Quizá piensa, en sus juegos infantiles, Que en este mundo que su afán recrea, 15 Son como el suyo todos los fusiles Con que la torpe humanidad pelea.

Que pesan poco, que sin odios lucen, Que es igual el más débil al más fuerte, Y que, si se disparan, no producen

20 Humo, fragor, consternación y muerte.

¡Oh misteriosa condición humana!
Siempre lo opuesto buscas en la tierra: Ya delira Margot por ser anciana,
Y Juan que vive en paz ama la guerra.

page 209

Mirándolos jugar, me aflijo y callo;
¡Cuál será sobre el mundo su fortuna? Sueña el niño con armas y caballo,
La niña con velar junto á la cuna.