Modern Spanish Lyrics by Various - HTML preview

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10 Y á su Mirta afligido,
En cólera y furor se consumía,
Y así á la ave funesta maldecía:

«Oh monstruo de ave y bruto,

 

Que cifras lo peor de bruto y ave,

15 Visión nocturna grave,
Nuevo horror de las sombras, nuevo luto,
De la luz enemigo declarado,
Nuncio desventurado
De la tiniebla y de la noche fría,

20 ¿Qué tienes tú que hacer donde está el día? «Tus obras y figura
Maldigan de común las otras aves,
Que cánticos süaves
Tributan cada día á la alba pura;

25 Y porque mi ventura interrumpiste,
Y á su autor afligiste,
Todo el mal y desastre te suceda
Que á un murciélago vil suceder pueda.

«La lluvia repetida, page 22 Que viene de lo alto arrebatada,
Tan sólo reservada
Á las noches, se oponga á tu salida;
Ó el relámpago pronto reluciente

5 Te ciegue y amedrente;
Ó soplando del Norte recio el viento,
No permita un mosquito á tu alimento.

«La dueña melindrosa,

 

Tras el tapiz do tienes tu manida,

10 Te juzgue, inadvertida,
Por telaraña sucia y asquerosa,
Y con la escoba al suelo te derribe;
Y al ver que bulle y vive,
Tan fiera y tan ridícula figura,

15 Suelte la escoba y huya con presura.
«Y luego sobrevenga
El juguetón gatillo bullicioso,
Y primero medroso
Al verte, se retire y se contenga,

20 Y bufe y se espeluce horrorizado,
Y alce el rabo esponjado,
Y el espinazo en arco suba al cielo,
Y con los pies apenas toque el suelo.

«Mas luego recobrado,
25 Y del primer horror convalecido,
El pecho al suelo unido,
Traiga el rabo del uno al otro lado,
Y cosido en la tierra, observe atento;
Y cada movimiento page 23 Que en ti llegue á notar su perspicacia,
Le provoque al asalto y le dé audacia.

«En fin sobre ti venga,

 

Te acometa y ultraje sin recelo,

5 Te arrastre por el suelo,
Y á costa de tu daño se entretenga;
Y por caso las uñas afiladas
En tus alas clavadas,
Por echarte de sí con sobresalto,

10 Te arroje muchas veces á lo alto
«Y acuda á tus chillidos
El muchacho, y convoque á sus iguales,
Que con los animales
Suelen ser comúnmente desabridos;

15 Que á todos nos dotó naturaleza
De entrañas de fiereza,
Hasta que ya la edad ó la cultura
Nos dan humanidad y más cordura.

«Entre con algazara
20 La pueril tropa, al daño prevenida,
Y lazada oprimida
Te echen al cuello con fiereza rara;
Y al oirte chillar alcen el grito
Y te llamen maldito;
25 Y creyéndote al fin del diablo imagen,

Te abominen, te escupan y te ultrajen.
«Luego por las telillas
De tus alas te claven al postigo,
Y se burlen contigo, page 24
Y al hocico te apliquen candelillas,
Y se rían con duros corazones
De tus gestos y acciones,
Y á tus tristes querellas ponderadas
5 Correspondan con fiesta y carcajadas.
«Y todos bien armados
De piedras, de navajas, de aguijones,
De clavos, de punzones,
De palos por los cabos afilados
10 (De diversión y fiesta ya rendidos),
Te embistan atrevidos,
Y te quiten la vida con presteza,
Consumando en el modo su fiereza.
«Te puncen y te sajen,
15 Te tundan, te golpeen, te martillen,
Te piquen, te acribillen,
Te dividan, te corten y te rajen,
Te desmiembren, te partan, te degüellen,
Te hiendan, te desuellen,
20 Te estrujen, te aporreen, te magullen,
Te deshagan, confundan y aturrullen.
«Y las supersticiones
De las viejas creyendo realidades,
Por ver curiosidades,
25 En tu sangre humedezcan algodones,
Para encenderlos en la noche obscura,
Creyendo sin cordura
Que verán en el aire culebrinas
Y otras tristes visiones peregrinas. page 25 «Muerto ya, te dispongan
El entierro, te lleven arrastrando,
Gori, gori, cantando,
Y en dos filas delante se compongan,
5 Y otros, fingiendo voces lastimeras,
Sigan de plañideras,
Y dirijan entierro tan gracioso
Al muladar más sucio y asqueroso;
«Y en aquella basura
10 Un hoyo hondo y capaz te faciliten,
Y en él te depositen,
Y allí te den debida sepultura;
Y para hacer eterna tu memoria,
Compendiada tu historia
15 Pongan en una losa duradera,
Cuya letra dirá de esta manera:
_Epitafio_

«Aquí yace el murciélago alevoso,
Que al sol horrorizó y ahuyentó el día, De pueril saña triunfo lastimoso,

20 Con cruel muerte pagó su alevosía: No sigas, caminante, presuroso,
Hasta decir sobre esta losa fría:
Acontezca tal fin y tal estrella
Á aquel que mal hiciere á Mirta bella.»

page 26

 

DON NICOLÁS F. DE MORATÍN

 

FIESTA DE TOROS EN MADRID

Madrid, castillo famoso
Que al rey moro alivia el miedo,
Arde en fiestas en su coso
Por ser el natal dichoso

5 De Alimenón de Toledo.

Su bravo alcaide Aliatar,
De la hermosa Zaida amante,
Las ordena celebrar
Por si la puede ablandar

10 El corazón de diamante.

Pasó, vencida á sus ruegos,
Desde Aravaca á Madrid;
Hubo pandorgas y fuegos,
Con otros nocturnos juegos

15 Que dispuso el adalid.

Y en adargas y colores,
En las cifras y libreas,
Mostraron los amadores,
Y en pendones y preseas,

20 La dicha de sus amores.

Vinieron las moras bellas
De toda la cercanía,
Y de lejos muchas de ellas:
Las más apuestas doncellas

25 Que España entonces tenía. page 27

Aja de Jetafe vino,
Y Zahara la de Alcorcón,
En cuyo obsequio muy fino
Corrió de un vuelo el camino

5 El moraicel de Alcabón;

Jarifa de Almonacid,
Que de la Alcarria en que habita
Llevó á asombrar á Madrid

Su amante Audalla, adalid

 

10 Del castillo de Zorita.

De Adamuz y la famosa
Meco llegaron allí
Dos, cada cual más hermosa,
Y Fátima la preciosa,

15 Hija de Alí el alcadí.

El ancho circo se llena
De multitud clamorosa,
Que atiende á ver en la arena
La sangrienta lid dudosa,

20 Y todo en torno resuena.
La bella Zaida ocupó
Sus dorados miradores

Que el arte afiligranó,
Y con espejos y flores
25 Y damascos adornó.
Añafiles y atabales,
Con militar armonía,
Hicieron salva, y señales

De mostrar su valentía page 28 Los moros más principales.

No en las vegas de Jarama
Pacieron la verde grama
Nunca animales tan fieros,

5 Junto al puente que se llama,

 

Por sus peces, de Viveros,

Como los que el vulgo vió
Ser lidiados aquel día;
Y en la fiesta que gozó,

10 la popular alegría

 

Muchas heridas costó.

Salió un toro del toril
Y á Tarfe tiró por tierra,
Y luego á Benalguacil;

15 Después con Hamete cierra

 

El temerón de Conil.

Traía un ancho listón
Con uno y otro matiz
Hecho un lazo por airón,

20 Sobre la inhiesta cerviz
Clavado con un arpón.
Todo galán pretendía

Ofrecerle vencedor
Á la dama que servía:
25 Por eso perdió Almanzor

El potro que más quería.
El alcaide muy zambrero
De Guadalajara, huyó
Mal herido al golpe fiero, page 29 Y desde un caballo overo
El moro de Horche cayó.
Todos miran á Aliatar,
Que, aunque tres toros ha muerto,
5 No se quiere aventurar,
Porque en lance tan incierto
El caudillo no ha de entrar.
Mas viendo se culparía,
Va á ponérsele delante:
10 La fiera le acometía,
Y sin que el rejón la plante
Le mató una yegua pía.
Otra monta acelerado:
Le embiste el toro de un vuelo,
15 Cogiéndole entablerado;
Rodó el bonete encarnado
Con las plumas por el suelo.
Dió vuelta hiriendo y matando
Á los de á pie que encontrara,
20 El circo desocupando,
Y emplazándose, se para,
Con la vista amenazando.
Nadie se atreve á salir:
La plebe grita indignada,
25 Las damas se quieren ir,
Porque la fiesta empezada
No puede ya proseguir.
Ninguno al riesgo se entrega
Y está en medio el toro fijo, page 30
Cuando un portero que llega
De la puerta de la Vega,
Hincó la rodilla, y dijo:
Sobre un caballo alazano,
5 Cubierto de galas y oro,
Demanda licencia urbano
Para alancear á un toro
Un caballero cristiano.
Mucho le pesa á Aliatar;
10 Pero Zaida dió respuesta
Diciendo que puede entrar,
Porque en tan solemne fiesta
Nada se debe negar.
Suspenso el concurso entero
15 Entre dudas se embaraza,
Cuando en un potro ligero
Vieron entrar en la plaza
Un bizarro caballero,
Sonrosado, albo color,
20 Belfo labio, juveniles
Alientos, inquieto ardor,
En el florido verdor
De sus lozanos abriles.
Cuelga la rubia guedeja
25 Por donde el almete sube,
Cual mirarse tal vez deja
Del sol la ardiente madeja
Entre cenicienta nube;
Gorguera de anchos follajes, page 31
De una cristiana primores;
En el yelmo los plumajes
Por los visos y celajes
Vergel de diversas flores;
5 En la cuja gruesa lanza,
Con recamado pendón,
Y una cifra á ver se alcanza,
Que es de desesperación,
Ó á lo menos de venganza.
10 En el arzón de la silla
Ancho escudo reverbera
Con blasones de Castilla,
Y el mote dice á la orilla:
_Nunca mi espada venciera_.
15 Era el caballo galán,
El bruto más generoso,
De más gallardo ademán:
Cabos negros, y brioso,
Muy tostado, y alazán,
20 Larga cola recogida
En las piernas descarnadas,
Cabeza pequeña, erguida,
Las narices dilatadas,
Vista feroz y encendida.
25 Nunca en el ancho rodeo
Que da Betis con tal fruto
Pudo fingir el deseo
Más bella estampa de bruto,
Ni más hermoso paseo. page 32 Dió la vuelta al rededor;
Los ojos que le veían
Lleva prendados de amor:
¡Alá te salve! decían,
5 ¡Déte el Profeta favor!
Causaba lástima y grima
Su tierna edad floreciente:
Todos quieren que se exima
Del riesgo, y él solamente
10 Ni recela ni se estima.
Las doncellas, al pasar,
Hacen de ámbar y alcanfor
Pebeteros exhalar,
Vertiendo pomos de olor,
15 De jazmines y azahar.
Mas cuando en medio se para,
Y de más cerca le mira
La cristiana esclava Aldara,
Con su señora se encara,
20 Y así la dice, y suspira:
--Señora, sueños no son;
Así los cielos, vencidos
De mi ruego y aflicción,
Acerquen á mis oídos
25 Las campanas de León,
Como ese doncel, que ufano
Tanto asombro viene á dar
Á todo el pueblo africano,
Es Rodrigo de Bivar, page 33
El soberbio castellano.--
Sin descubrirle quién es,
La Zaida desde una almena
Le habló una noche cortés,
5 Por donde se abrió después
El cubo de la Almudena;
Y supo que, fugitivo
De la corte de Fernando,
El cristiano, apenas vivo,
10 Está á Jimena adorando
Y en su memoria cautivo.
Tal vez á Madrid se acerca
Con frecuentes correrías
Y todo en torno la cerca;
15 Observa sus saetías,
Arroyadas y ancha alberca.
Por eso le ha conocido:
Que en medio de aclamaciones,
El caballo ha detenido
20 Delante de sus balcones,
Y la saluda rendido.
La mora se puso en pie
Y sus doncellas detrás:
El alcaide que lo ve,
25 Enfurecido además,
Muestra cuán celoso esté.
Suena un rumor placentero
Entre el vulgo de Madrid:
No habrá mejor caballero, page 34
Dicen, en el mundo entero,
Y algunos le llaman Cid.
Crece la algazara, y él,
Torciendo las riendas de oro,
5 Marcha al combate crüel:
Alza el galope, y al toro
Busca en sonoro tropel.
El bruto se le ha encarado
Desde que le vió llegar,
10 De tanta gala asombrado,
Y al rededor le ha observado
Sin moverse de un lugar.
Cual flecha se disparó
Despedida de la cuerda,
15 De tal suerte le embistió;
Detrás de la oreja izquierda
La aguda lanza le hirió.
Brama la fiera burlada;
Segunda vez acomete,
20 De espuma y sudor bañada,
Y segunda vez la mete
Sutil la punta acerada.
Pero ya Rodrigo espera
Con heroico atrevimiento,
25 El pueblo mudo y atento:
Se engalla el toro y altera,
Y finje acometimiento.
La arena escarba ofendido,
Sobre la espalda la arroja page 35
Con el hueso retorcido;
El suelo huele y le moja
En ardiente resoplido.
La cola inquieto menea,
5 La diestra oreja mosquea,
Vase retirando atrás,
Para que la fuerza sea
Mayor, y el ímpetu más.
El que en esta ocasión viera
10 De Zaida el rostro alterado,
Claramente conociera
Cuanto le cuesta cuidado
El que tanto riesgo espera.
Mas ¡ay, que le embiste horrendo
15 El animal espantoso!
Jamás peñasco tremendo
Del Cáucaso cavernoso
Se desgaja, estrago haciendo,
Ni llama así fulminante
20 Cruza en negra obscuridad
Con relámpagos delante,
Al estrépito tronante
De sonora tempestad,
Como el bruto se abalanza
25 Con terrible ligereza;
Mas rota con gran pujanza
La alta nuca, la fiereza
Y el último aliento lanza.
La confusa vocería page 36
Que en tal instante se oyó
Fué tanta, que parecía
Que honda mina reventó,
Ó el monte y valle se hundía.
5 Á caballo como estaba
Rodrigo, el lazo alcanzó
Con que el toro se adornaba:
En su lanza le clavó
Y á los balcones llegaba.
10 Y alzándose en los estribos,
Le alarga á Zaida, diciendo:
--Sultana, aunque bien entiendo
Ser favores excesivos,
Mi corto don admitiendo;
15 Si no os dignáredes ser
Con él benigna, advertid
Que á mí me basta saber
Que no le debo ofrecer
Á otra persona en Madrid.--
20 Ella, el rostro placentero,
Dijo, y turbada:--Señor,
Yo le admito y le venero,
Por conservar el favor
De tan gentil caballero.--
25 Y besando el rico don,
Para agradar al doncel,
Le prende con afición
Al lado del corazón
Por brinquiño y por joyel. page 37 Pero Aliatar el caudillo
De envidia ardiendo se ve,
Y, trémulo y amarillo,
Sobre un tremecén rosillo
5 Lozaneándose fué.
Y en ronca voz:--Castellano,
Le dice, con más decoros
Suelo yo dar de mi mano,
Si no penachos de toros,
10 Las cabezas del cristiano.
Y si vinieras de guerra
Cual vienes de fiesta y gala,
Vieras que en toda la tierra,
Al valor que dentro encierra
15 Madrid, ninguno se iguala.--
--Así, dijo el de Bivar,
Respondo--; y la lanza al ristre
Pone, y espera á Aliatar;
Mas sin que nadie administre
20 Orden, tocaron á armar.
Ya fiero bando con gritos
Su muerte ó prisión pedía,
Cuando se oyó en los distritos
Del monte de Leganitos
25 Del Cid la trompetería.
Entre la Monclova y Soto
Tercio escogido emboscó,
Que, viendo como tardó,
Se acerca, oyó el alboroto, page 38
Y al muro se abalanzó.
Y si no vieran salir
Por la puerta á su señor,
Y Zaida á le despedir,
5 Iban la fuerza á embestir:
Tal era ya su furor.
El alcaide, recelando
Que en Madrid tenga partido,
Se templó disimulando,
10 Y por el parque florido
Salió con él razonando.
Y es fama que, á la bajada,
Juró por la cruz el Cid
De su vencedora espada
15 De no quitar la celada
Hasta que gane á Madrid.

DON GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS

 

Á ARNESTO

 

¿Quis tam patiens ut teneat se? JUVENAL

Déjame, Arnesto, déjame que llore
Los fieros males de mi patria, deja
Que su rüina y perdición lamente;

20 Y si no quieres que en el centro obscuro
De esta prisión la pena me consuma,
Déjame al menos que levante el grito
Contra el desorden: deja que á la tinta page 39 Mezclando miel y acíbar, siga indócil
Mi pluma el vuelo del bufón de Aquino.
¡Oh! ¡cuánto rostro veo, á mi censura,
De palidez y de rubor cubierto!

5 Ánimo, amigos, nadie tema, nadie,
Su punzante aguijón; que yo persigo
En mi sátira el vicio, no al vicioso.
Ya la notoriedad es el más noble
Atributo del vicio, y nuestras Julias,

10 Más que ser malas quieren parecerlo. Hubo un tiempo en que andaba la modestia Dorando los delitos; hubo un tiempo En que el recato tímido cubría
La fealdad del vicio; pero huyóse

15 El pudor á vivir en las cabañas.

¡Oh infamia! ¡oh siglo! ¡oh corrupción! Matronas Castellanas, ¿quién pudo vuestro claro
Pundonor eclipsar? ¿Quién de Lucrecias
En Laís os volvió? ¿Ni el proceloso

20 Océano, ni, lleno de peligros,
El Lilibeo, ni las arduas cumbres
De Pirene pudieron guareceros
Del contagio fatal? Zarpa preñada
De oro la nao gaditana, aporta

25 Á las orillas gálicas, y vuelve
Llena de objetos fútiles y vanos; page 40 Y entre los signos de extranjera pompa
Ponzoña esconde y corrupción, compradas
Con el sudor de las iberas frentes;
Y tú, mísera España, tú la esperas

5 Sobre la playa, y con afán recoges
La pestilente carga, y la repartes
Alegre entre tus hijos. Viles plumas,
Gasas y cintas, flores y penachos

10 Te trae en cambio de la sangre tuya;
De tu sangre ¡oh baldón! y acaso, acaso
De tu virtud y honestidad. Repara
Cual la liviana juventud los busca.
Mira cual va con ellos engreída
La impudente doncella; su cabeza,

15 Cual nave real en triunfo empavesada,
Vana presenta del favonio al soplo
La mies de plumas y de airones, y anda
Loca, buscando en la lisonja el premio
De su indiscreto afán. ¡Ay triste! guarte,

20 Guarte, que está cercano el precipicio.
El astuto amador ya en asechanza
Te atisba y sigue con lascivos ojos;
La adulación y la caricia el lazo
Te van á armar, do caerás incauta,

25 En él tu oprobio y perdición hallando.
¡Ay cuánto, cuánto de amargura y lloro
Te costarán tus galas! ¡Cuán tardío
Será y estéril tu arrepentimiento!
Ya ni el rico Brasil, ni las cavernas page 41 Del nunca exhausto Potosí no bastan
Á saciar el hidrópico deseo,
La ansiosa sed de vanidad y pompa.
Todo lo agotan: cuesta un sombrerillo

5 Lo que antes un Estado, y se consume5
En un festín la dote de una infanta;
Todo lo tragan; la riqueza unida
Va á la indigencia; pide y pordiosea
El noble, engaña, empeña, malbarata,

10 Quiebra y perece, y el logrero goza
Los pingües patrimonios, premio un día
Del generoso afán de altos abuelos.
¡Oh ultraje! ¡oh mengua! todo se trafica:
Parentesco, amistad, favor, influjo,

15 Y hasta el honor, depósito sagrado,
Ó se vende ó se compra. Y tú, belleza,
Don el más grato que dió al hombre el cielo,
No eres ya premio del valor, ni paga
Del peregrino ingenio; la florida

20 Juventud, la ternura, el rendimiento
Del constante amador ya no te alcanzan.
Ya ni te das al corazón, ni sabes
De él recibir adoración y ofrendas.
Ríndeste al oro. La vejez hedionda,

25 La sucia palidez, la faz adusta,
Fiera y terrible, con igual derecho
Vienen sin susto á negociar contigo.
Daste al barato, y tu rosada frente,
Tus suaves besos y tus dulces brazos, page 42 Corona un tiempo del amor más puro,
Son ya una vil y torpe mercancía.

DON JUAN MELÉNDEZ VALDÉS

 

ROSANA EN LOS FUEGOS

 

Del sol llevaba la lumbre, Y la alegría del alba,

5 En sus celestiales ojos La hermosísima Rosana, Una noche que á los fuegos Salió la fiesta de Pascua Para abrasar todo el valle

10 En mil amorosas ansias. Por do quiera que camina Lleva tras sí la mañana, Y donde se vuelve rinde La libertad de mil almas.

15 El céfiro la acaricia

Y mansamente la halaga, Los Amores la rodean
Y las Gracias la acompañan.
Y ella, así como en el valle

20 Descuella la altiva palma
Cuando sus verdes pimpollos
Hasta las nubes levanta;
Ó cual vid de fruto llena
Que con el olmo se abraza, page 43 Y sus vástagos extiende
Al arbitrio de las ramas;
Así entre sus compañeras
El nevado cuello alza,

5 Sobresaliendo entre todas
Cual fresca rosa entre zarzas.
Todos los ojos se lleva
Tras sí, todo lo avasalla;
De amor mata á los pastores

10 Y de envidia á las zagalas.
Ni las músicas se atienden,
Ni se gozan las lumbradas;
Que todos corren por verla
Y al verla todos se abrasan.

15 ¡Qué de suspiros se escuchan!
¡Qué de vivas y de salvas!
No hay zagal que no la admire
Y no se esmere en loarla.
Cual absorto la contempla

20 Y á la aurora la compara
Cuando más alegre sale
Y el cielo en albores baña;
Cual al fresco y verde aliso
Que crece al margen del agua,

25 Cuando más pomposo en hojas
En su cristal se retrata;
Cual á la luna, si muestra
Llena su esfera de plata,
Y asoma por los collados page 44 De luceros coronada.
Otros pasmados la miran
Y mudamente la alaban,
Y cuanto más la contemplan

5 Muy más hermosa la hallan.
Que es como el cielo su rostro
Cuando en la noche callada
Brilla con todas sus luces
Y los ojos embaraza.

10 ¡Ay, qué de envidias se encienden!
¡Ay, qué de celos que causa
En las serranas del Tormes
Su perfección sobrehumana!

Las más hermosas la temen,
15 Mas sin osar murmurarla;
Que como el oro más puro
No sufre una leve mancha.
Bien haya tu gentileza,
Una y mil veces bien haya,
20 Y abrase la envidia al pueblo,
Hermosísima aldeana.
Toda, toda eres perfecta,
Toda eres donaire y gracia,
El amor vive en tus ojos
25 Y la gloria está en tu cara.
La libertad me has robado,
Yo la doy por bien robada,
Mas recibe el don benigna
Que mi humildad te consagra. page 45
Esto un zagal la decía
Con razones mal formadas,
Que salió libre á los fuegos
Y volvió cautivo á casa.
5 Y desde entonces perdido
El día á sus puertas le halla;
Ayer le cantó esta letra
Echándole la alborada:
Linda zagaleja
10 De cuerpo gentil,
_Muérome de amores
Desde que te vi_.
Tu talle, tu aseo,
Tu gala y donaire,
15 No tienen, serrana,
Igual en el valle.
Del cielo son ellos
Y tú un serafín:
_Muérome de amores
20 Desde que te vi_.
De amores me muero,
Sin que nada baste
Á darme la vida
Que allá te llevaste,
25 Si ya no te dueles,
Benigna, de mí;
_Que muero de amores
Desde que te vi_.
page 46

DON MANUEL JOSÉ QUINTANA

 

ODA Á ESPAÑA, DESPUÉS DE LA REVOLUCIÓN DE MARZO

¿Qué era, decidme, la nación que un día
Reina del mundo proclamó el destino,
La que á todas las zonas extendía
Su cetro de oro y su blasón divino?

5 Volábase á occidente,
Y el vasto mar Atlántico sembrado
Se hallaba de su gloria y su fortuna.
Do quiera España: en el preciado seno

10 De América, en el Asia, en los confines
Del África, allí España. El soberano
Vuelo de la atrevida fantasía
Para abarcarla se cansaba en vano;
La tierra sus mineros le rendía,
Sus perlas y coral el Oceano,

15 Y donde quier que revolver sus olas
Él intentase, á quebrantar su furia
Siempre encontraba costas españolas.

Ora en el cieno del oprobio hundida,

 

Abandonada á la insolencia ajena,

20 Como esclava en mercado, ya aguardaba
La ruda argolla y la servil cadena.
¡Qué de plagas! ¡oh Dios! Su aliento impuro,
La pestilente fiebre respirando,
Infestó el aire, emponzoñó la vida; page 47 La hambre enflaquecida
Tendió sus brazos lívidos, ahogando
Cuanto el contagio perdonó; tres veces
De Jano el templo abrimos,

5 Y á la trompa de Marte aliento dimos;
Tres veces ¡ay! Los dioses tutelares
Su escudo nos negaron, y nos vimos
Rotos en tierra y rotos en los mares.
¿Qué en tanto tiempo viste

10 Por tus inmensos términos, oh Iberia?
¿Qué viste ya sino funesto luto,
Honda tristeza, sin igual miseria,
De tu vil servidumbre acerbo fruto?

Así rota la vela, abierto el lado,
15 Pobre bajel á naufragar camina,
De tormenta en tormenta despeñado,
Por los yermos del mar; ya ni en su popa
Las guirnaldas se ven que antes le ornaban,
Ni en señal de esperanza y de contento

20 La flámula rïendo al aire ondea.
Cesó en su dulce canto el pasajero,
Ahogó su vocería
El ronco marinero,
Terror de muerte en torno le rodea,

25 Terror de muerte silencioso y frío;

 

Y él va á estrellarse al áspero bajío.

Llega el momento, en fin; tiende su mano
El tirano del mundo al occidente,
Y fiero exclama: «El occidente es mío.» page 48 Bárbaro gozo en su ceñuda frente
Resplandeció, como en el seno obscuro
De nube tormentosa en el estío
Relámpago fugaz brilla un momento

5 Que añade horror con su fulgor sombrío.
Sus guerreros feroces
Con gritos de soberbia el viento llenan;
Gimen los yunques, los martillos suenan,
Arden las forjas. ¡Oh vergüenza! ¿Acaso

10 Pensáis que espadas son para el combate
Las que mueven sus manos codiciosas?
No en tanto os estiméis: grillos, esposas,
Cadenas son que en vergonzosos lazos
Por siempre amarren tan inertes brazos.

15 Estremecióse España
Del indigno rumor que cerca oía,
Y al grande impulso de su justa saña
Rompió el volcán que en su interior hervía.
Sus déspotas antiguos

20 Consternados y pálidos se esconden;
Resuena el eco de venganza en torno,
Y del Tajo las márgenes responden:
«¡Venganza!» ¿Dónde están, sagrado río,
Los colosos de oprobio y de vergüenza

25 Que nuestro bien en su insolencia ahogaban; Su gloria fué, nuestro esplendor comienza;
Y tú, orgulloso y fiero,
Viendo que aun hay Castilla y castellanos,
Precipitas al mar tus rubias ondas, page 49

¡Oh triunfo! ¡Oh gloria! ¡Oh celestial momento! ¿Con que puede ya dar el labio mío
El nombre augusto de la patria al viento?

5 Yo le daré; mas no en el arpa de oro
Que mi cantar sonoro
Acompañó hasta aquí; no aprisionado
En estrecho recinto, en que se apoca
El numen en el pecho

10 Y el aliento fatídico en la boca.
Desenterrad la lira de Tirteo,
Y el aire abierto á la radiante lumbre
Del sol, en la alta cumbre
Del riscoso y pinífero Fuenfría,

15 Allí volaré yo, y allí cantando
Con voz que atruene en rededor la sierra,
Lanzaré por los campos castellanos
Los ecos de la gloría y de la guerra.
¡Guerra, nombre tremendo, ahora sublime,

20 Único asilo y sacrosanto escudo
Al ímpetu sañudo
Del fiero Atila que á occidente oprime!
¡Guerra, guerra, españoles! En el Betis
Ved del Tercer Fernando alzarse airada

25 La augusta sombra; su divina frente
Mostrar Gonzalo en la imperial Granada;
Blandir el Cid su centelleante espada,
Y allá sobre los altos Pirineos,
Del hijo de Jimena page 50 Animarse los miembros giganteos.
En torvo ceño y desdeñosa pena
Ved como cruzan por los aires vanos;
Y el valor exhalando que se encierra

5 Dentro del hueco de sus tumbas frías,

 

En fiera y ronca voz pronuncian: «¡Guerra!

¡Pues qué! ¿Con faz serena
Vierais los campos devastar opimos,
Eterno objeto de ambición ajena,

10 Herencia inmensa que afanando os dimos?
Despertad, raza de héroes: el momento
Llegó ya de arrojarse á la victoria;
Que vuestro nombre eclipse nuestro nombre,
Que vuestra gloría humille nuestra gloria.

15 No ha sido en el gran día 15
El altar de la patria alzado en vano
Por vuestra mano fuerte.
Juradlo, ella os lo manda: _¡Antes la muerte
Que consentir jamás ningún tirano!_»

20 Sí, yo lo juro, venerables sombras;
Yo lo juro también, y en este instante
Ya me siento mayor. Dadme una lanza,
Ceñidme el casco fiero y refulgente;
Volemos al combate, á la venganza;

25 Y el que niegue su pecho á la esperanza,
Hunda en el polvo la cobarde frente.
Tal vez el gran torrente
De la devastación en su carrera
Me llevará. ¿Qué importa? ¿Por ventura page 51 No se muere una vez? ¿No iré, expirando,
Á encontrar nuestros ínclitos mayores?
«¡Salud, oh padres de la patria mía,
Yo les diré, salud! La heroica España

5 De entre el estrago universal y horrores
Levanta la cabeza ensangrentada,
Y vencedora de su mal destino,
Vuelve á dar á la tierra amedrentada
DON DIONISIO SOLÍS

LA PREGUNTA DE LA NIÑA

10 Madre mía, yo soy niña;
No se enfade, no me riña,
Si fiada en su prudencia
Desahogo mi conciencia,
Y contarle solicito

15 Mi desdicha ó mi delito,

 

Aunque muerta de rubor.

Pues Blasillo el otro día,
Cuando mismo anochecía,
Y cantando descuidada

20 Conducía mi manada,
En el bosque, por acaso,
Me salió solito al paso,
Más hermoso que el amor.

Se me acerca temeroso, page 52 Me saluda cariñoso,
Me repite que soy linda,
Que no hay pecho que no rinda,
Que si río, que si lloro,

5 Á los hombres enamoro,
Y que mato con mirar.
Con estilo cortesano

Se apodera de mi mano,

 

Y entre dientes, madre mía,

10 No sé bien qué me pedía;
Yo entendí que era una rosa,
Pero él dijo que era otra cosa,
Que yo no le quise dar.

¿Sabe usted lo que decía
15 El taimado que quería?
Con vergüenza lo confieso,
Mas no hay duda que era un beso
Y fue tanto mi sonrojo,
Que irritada de su arrojo,

20 No sé como no morí.

Mas mi pecho enternecido
De mirarle tan rendido,
Al principio resistiendo,
Él instando, yo cediendo,

25 Fue por fin tan importuno,
Que en la boca, y sólo uno,
Que me diera permití.

Desde entonces, si le miro,
Yo no sé por qué suspiro, page 53 Ni por qué si á Clori mira
Se me abrasa el rostro en ira;
Ni por qué, si con cuidado Se me pone junto al lado,

5 Me estremezco de placer.

Siempre orillas de la fuente Busco rosas á mi frente,
Pienso en él y me sonrío, Y entre mí le llamo mío,

10 Me entristezco de su ausencia, Y deseo en su presencia
La más bella parecer.

Confundida, peno y dudo, Y por eso á usted acudo;

15 Dígame, querida madre, Si sentía por mi padre
Este plácido tormento,
Esta dulce que yo siento
Deliciosa enfermedad.

20 Diga usted con qué se cura Ó mi amor, ó mi locura,
Y si puede por un beso,
Sin que pase á más exceso, Una niña enamorarse,

25 Y que trate de casarse

 

Á los quince de su edad.

 

page 54

 

DON JUAN NICASIO GALLEGO

 

EL DOS DE MAYO

Noche, lóbrega noche, eterno asilo Del miserable que, esquivando el sueño, En tu silencio pavoroso gime:
No desdeñes mi voz; letal beleño

5 Presta á mis sienes, y en tu horror sublime Empapada la ardiente fantasía,
Da á mi pincel fatídicos colores
Con que el tremendo día
Trace al furor de vengadora tea,

10 Y el odio irrite de la patria mía,

 

Y escándalo y terror al orbe sea.

¡Día de execración! La destructora Mano del tiempo le arrojó al averno; Mas ¿quién el sempiterno

15 Clamor con que los ecos importuna La madre España en enlutado arreo Podrá atajar? Junto al sepulcro frío, Al pálido lucir de opaca luna,
Entre cipreses fúnebres la veo:

20 Trémula, yerta, desceñido el manto, Los ojos moribundos
Al cielo vuelve, que le oculta el llanto;
Roto y sin brillo el cetro de dos mundos
Yace entre el polvo, y el león guerrero

25 Lanza á sus pies rugido lastimero. page 55 ¡Ay, que cual débil planta
Que agota en su furor hórrido viento,
De víctimas sin cuento
Lloró la destrucción Mantua afligida!

5 Yo vi, yo vi su juventud florida
Correr inerme al huésped ominoso.
¿Mas qué su generoso
Esfuerzo pudo? El pérfido caudillo
En quien su honor y su defensa fía,

10 La condenó al cuchillo.
¿Quién ¡ay! la alevosía,
La horrible asolación habrá que cuente,
Que, hollando de amistad los santos fueros,
Hizo furioso en la indefensa gente

15 Ese tropel de tigres carniceros?

Por las henchidas calles
Gritando se despeña
La infame turba que abrigó en su seno,
Rueda allá rechinando la cureña,

20 Acá retumba el espantoso trueno,
Allí el joven lozano,
El mendigo infeliz, el venerable
Sacerdote pacífico, el anciano
Que con su arada faz respeto imprime,

25 Juntos amarra su dogal tirano.
En balde, en balde gime,
De los duros satélites en torno,
La triste madre, la afligida esposa.
Con doliente clamor, la pavorosa page 56 Fatal descarga suena,
Que á luto y llanto eterno la condena.

¡Cuánta escena de muerte! ¡cuánto estrago!

 

¡Cuántos ayes doquier! Despavorido

5 Mirad ese infelice
Quejarse al adalid empedernido
De otra cuadrilla atroz. «¡Ah! ¿Qué te hice?»
Exclama el triste en lágrimas deshecho:
«Mi pan y mi mansión partí contigo,

10 Te abrí mis brazos, te cedí mi lecho,
Templé tu sed, y me llamé tu amigo;
¿Y ahora pagar podrás nuestro hospedaje
Sincero, franco, sin doblez ni engaño,
Con dura muerte y con indigno ultraje?»

15 ¡Perdido suplicar! ¡inútil ruego!

El monstruo infame á sus ministros mira,
Y con tremenda voz gritando: «¡fuego!»
Tinto en su sangre el desgraciado expira.

Y en tanto ¿dó se esconden?
20 ¿Dó están ¡oh cara patria! tus soldados,
Que á tu clamor de muerte no responden?
Presos, encarcelados
Por jefes sin honor, que, haciendo alarde
De su perfidia y dolo,

25 Á merced de los vándalos te dejan,
Como entre hierros el león, forcejean
Con inútil afán. Vosotros sólo,
Fuerte Daoiz, intrépido Velarde,
Que osando resistir al gran torrente page 57 Dar supisteis en flor la dulce vida
Con firme pecho y con serena frente;
Si de mi libre musa

5 Jamás el eco adormeció á tiranos,
Ni vil lisonja emponzoñó su aliento,
Allá del alto asiento,
Al que la acción magnánima os eleva,
El himno oid que á vuestro nombre entona,
Mientras la fama alígera le lleva

10 Del mar de hielo á la abrasada zona.

Mas ¡ay! que en tanto sus funestas alas
Por la opresa metrópoli tendiendo,
La yerma asolación sus plazas cubre,
Y al áspero silbar de ardientes balas,

15 Y al ronco son de los preñados bronces,
Nuevo fragor y estrépito sucede.
¿Oís cómo, rompiendo
De moradores tímidos las puertas,
Caen estallando de los fuertes gonces?

20 ¡Con qué espantoso estruendo
Los dueños buscan, que medrosos huyen!
Cuanto encuentran destruyen,
Bramando, los atroces forajidos,
Que el robo infame y la matanza ciegan.

25 ¿No veis cuál se despliegan,
Penetrando en los hondos aposentos,
De sangre y oro y lágrimas sedientos?

Rompen, talan, destrozan
Cuanto se ofrece á su sangrienta espada. page 58 Aquí, matando al dueño, se alborozan,
Hieren allí su esposa acongojada;
La familia asolada
Yace expirando, y con feroz sonrisa

5 Sorben voraces el fatal tesoro.
Suelta, á otro lado, la madeja de oro,
Mustio el dulce carmín de su mejilla,
Y en su frente marchita la azucena,

Con voz turbada y anhelante lloro,
10 De su verdugo ante los pies se humilla
Tímida virgen, de amargura llena;
Mas con furor de hiena,
Alzando el corvo alfanje damasquino,
Hiende su cuello el bárbaro asesino.
15 ¡Horrible atrocidad!... Treguas ¡oh musa!
Que ya la voz rehusa
Embargada en suspiros mi garganta.
Y en ignominia tanta,
¿Será que rinda el español bizarro
20 La indómita cerviz á la cadena?
No, que ya en torno suena
De Palas fiera el sanguinoso carro,
Y el látigo estallante
Los caballos flamígeros hostiga.
25 Ya el duro peto y el arnés brillante
Visten los fuertes hijos de Pelayo.
Fuego arrojó su ruginoso acero:
«¡Venganza y guerra!» resonó en su tumba;
«¡Venganza y guerra!» repitió Moncayo; page 59
Y al grito heroico que en los aires zumba,
«¡Venganza y guerra!» claman Turia y Duero.
Guadalquivir guerrero
Alza al bélico son la regia frente,
5 Y del Patrón valiente
Blandiendo altivo la nudosa lanza,
Corre gritando al mar: «¡Guerra y venganza!»
¡Oh sombras infelices
10 De los que aleve y bárbara cuchilla
Robó á los dulces lares!
¡Sombras inultas que en fugaz gemido
Cruzáis los anchos campos de Castilla!
La heroica España, en tanto que al bandido
Que á fuego y sangre, de insolencia ciego,
15 Brindó felicidad, á sangre y fuego
Le retribuye el don, sabrá piadosa
Daros solemne y noble monumento.
Allí en padrón cruento
De oprobio y mengua, que perpetuo dure,
20 La vil traición del déspota se lea,
Y altar eterno sea
Donde todo Español al monstruo jure
Rencor de muerte que en sus venas cunda,
Y á cien generaciones se difunda.
page 60

DON FRANCISCO MARTÍNEZ DE LA ROSA

EL NIDO ¿Dónde vas, zagal cruel, Dónde vas con ese nido, Riyendo tú mientras pían Esos tristes pajarillos?

5 Su madre los dejó solos En este momento mismo, Para buscarles sustento Y dárselo con su pico... Mírala cuán azorada

10 Echa menos á sus hijos, Salta de un árbol en otro, Va, torna, vuela sin tino: Al cielo favor demanda Con acento dolorido;

15 Mientras ellos en tu mano Baten el ala al oirlo... ¡Tú también tuviste madre, Y la perdiste aun muy niño, Y te encontraste en la tierra

20 Sin amparo y sin abrigo!-- Las lágrimas se le saltan Al cuitado pastorcillo, Y vergonzoso y confuso Deja en el árbol el nido.

page 61

 

DON ÁNGEL DE SAAVEDRA, DUQUE DE RIVAS

 

UN CASTELLANO LEAL

 

ROMANCE PRIMERO

«Holá, hidalgos y escuderos De mi alcurnia y mi blasón, Mirad como bien nacidos De mi sangre y casa en pro.

5 «Esas puertas se defiendan; Que no ha de entrar, vive Dios, Por ellas, quien no estuviere Más limpio que lo está el sol.

«No profane mi palacio
10 Un fementido traidor
Que contra su Rey combate Y que á su patria vendió.

«Pues si él es de Reyes primo, Primo de Reyes soy yo;

15 Y conde de Benavente
Si él es duque de Borbón; «Llevándole de ventaja
Que nunca jamás manchó

La traición mi noble sangre, 20 Y haber nacido español.»

Así atronaba la calle
Una ya cascada voz, page 62 Que de un palacio salía
Cuya puerta se cerró;

Y á la que estaba á caballo

 

Sobre un negro pisador,

 

5 Siendo en su escudo las lises

 

Más bien que timbre baldón,

Y de pajes y escuderos
Llevando un tropel en pos
Cubiertos de ricas galas,

10 El gran duque de Borbón:

El que lidiando en Pavía,
Más que valiente, feroz,
Gozóse en ver prisionero
Á su natural señor;

15 Y que á Toledo ha venido,
Ufano de su traición,
Para recibir mercedes
Y ver al Emperador.

ROMANCE SEGUNDO

En una anchurosa cuadra
20 Del alcázar de Toledo,
Cuyas paredes adornan
Ricos tapices flamencos,

Al lado de una gran mesa,

 

Que cubre de terciopelo

 

25 Napolitano tapete

 

Con borlones de oro y flecos;

Ante un sillón de respaldo page 63 Que entre bordado arabesco
Los timbres de España ostenta
Y el águila del imperio,

De pie estaba Carlos Quinto,
5 Que en España era primero,
Con gallardo y noble talle,
Con noble y tranquilo aspecto.

De brocado de oro y blanco Viste tabardo tudesco, 10 De rubias martas orlado,

Y desabrochado y suelto, Dejando ver un justillo
De raso jalde, cubierto Con primorosos bordados
15 Y costosos sobrepuestos,
Y la excelsa y noble insignia
Del Toisón de oro, pendiendo
De una preciosa cadena
En la mitad de su pecho.
20 Un birrete de velludo
Con un blanco airón, sujeto
Por un joyel de diamantes
Y un antiguo camafeo,
Descubre por ambos lados,
25 Tanta majestad cubriendo,
Rubio, cual barba y bigote,
Bien atusado el cabello.
Apoyada en la cadera page 64
La potente diestra ha puesto,
Que aprieta dos guantes de ámbar
Y un primoroso mosquero,
Y con la siniestra halaga
5 De un mastín muy corpulento,
Blanco y las orejas rubias,
El ancho y carnoso cuello.

Con el Condestable insigne,

 

Apaciguador del reino,

 

10 De los pasados disturbios

 

Acaso está discurriendo;

Ó del trato que dispone
Con el Rey de Francia preso,
Ó de asuntos de Alemania

15 Agitada por Lutero;

Cuando un tropel de caballos
Oye venir á lo lejos
Y ante el alcázar pararse,
Quedando todo en silencio.

20 En la antecámara suena
Rumor impensado luego,
Ábrese al fin la mampara
Y entra el de Borbón soberbio,

Con el semblante de azufre
25 Y con los ojos de fuego,
Bramando de ira y de rabia
Que enfrena mal el respeto;

Y con balbuciente lengua, page 65 Y con mal borrado ceño,
Acusa al de Benavente,
Un desagravio pidiendo.

Del español Condestable 5 Latió con orgullo el pecho, Ufano de la entereza
De su esclarecido deudo.

Y aunque advertido procura
Disimular cual discreto,
10 Á su noble rostro asoman

La aprobación y el contento.
El Emperador un punto
Quedó indeciso y suspenso,
Sin saber qué responderle
15 Al francés, de enojo ciego.
Y aunque en su interior se goza
Con el proceder violento
Del conde de Benavente,
De altas esperanzas lleno
20 Por tener tales vasallos,
De noble lealtad modelos,
Y con los que el ancho mundo
Será á sus glorias estrecho,
Mucho al de Borbón le debe
25 Y es fuerza satisfacerlo:
Le ofrece para calmarlo
Un desagravio completo.
Y, llamando á un gentil-hombre, page 66
Con el semblante severo
Manda que el de Benavente
Venga á su presencia presto.

ROMANCE TERCERO

Sostenido por sus pajes 5 Desciende de su litera
El conde de Benavente
Del alcázar á la puerta.

Era un viejo respetable, Cuerpo enjuto, cara seca, 10 Con dos ojos como chispas, Cargados de largas cejas,

Y con semblante muy noble, Mas de gravedad tan seria Que veneración de lejos

15 Y miedo causa de cerca.

Eran su traje unas calzas De púrpura de Valencia, Y de recamado ante
Un coleto á la leonesa:

20 De fino lienzo gallego Los puños y la gorguera, Unos y otra guarnecidos Con randas barcelonesas:

Un birretón de velludo 25 Con su cintillo de perlas,
Y el gabán de paño verde
Con alamares de seda. page 67

Tan sólo de Calatrava
La insignia española lleva;
Que el Toisón ha despreciado
Por ser orden extranjera.

5 Con paso tardo, aunque firme, Sube por las escaleras,
Y al verle, las alabardas
Un golpe dan en la tierra;

Golpe de honor, y de aviso 10 De que en el alcázar entra Un Grande, á quien se le debe Todo honor y reverencia.

Al llegar á la antesala,

 

Los pajes que están en ella 15 Con respeto le saludan

 

Abriendo las anchas puertas.

Con grave paso entra el conde Sin que otro aviso preceda, Salones atravesando

20 Hasta la cámara regia.

Pensativo está el Monarca,
Discurriendo como pueda
Componer aquel disturbio
Sin hacer á nadie ofensa.

25 Mucho al de Borbón le debe,
Aun mucho más de él espera,
Y al de Benavente mucho page 68 Considerar le interesa.

Dilación no admite el caso,
No hay quien dar consejo pueda
Y Villalar y Pavía

5 Á un tiempo se le recuerdan.
En el sillón asentado
Y el codo sobre la mesa,

Al personaje recibe,

 

Que comedido se acerca.

10 Grave el conde le saluda Con una rodilla en tierra, Mas como Grande del reino Sin descubrir la cabeza.

El Emperador benigno 15 Que alce del suelo le ordena, Y la plática difícil
Con sagacidad empieza. Y entre severo y afable

Al cabo le manifiesta
20 Que es el que á Borbón aloje
Voluntad suya resuelta.
Con respeto muy profundo,
Pero con la voz entera,
Respóndele Benavente,
25 Destocando la cabeza:
«Soy, señor, vuestro vasallo,
Vos sois mi rey en la tierra,
Á vos ordenar os cumple page 69
De mi vida y de mi hacienda.
«Vuestro soy, vuestra mi casa,
De mí disponed y de ella,
Pero no toquéis mi honra
5 Y respetad mi conciencia.
«Mi casa Borbón ocupe
Puesto que es voluntad vuestra,
Contamine sus paredes,
Sus blasones envilezca;
10 «Que á mí me sobra en Toledo
Donde vivir, sin que tenga
Que rozarme con traidores,
Cuyo solo aliento infesta.
Y en cuanto él deje mi casa,
15 Antes de tornar yo á ella,
Purificaré con fuego
Sus paredes y sus puertas.»
Dijo el conde, la real mano
Besó, cubrió su cabeza,
20 Y retiróse bajando
Á do estaba su litera.
Y á casa de un su pariente
Mandó que le condujeran,
Abandonando la suya
25 Con cuanto dentro se encierra.
Quedó absorto Carlos Quinto
De ver tan noble firmeza,
Estimando la de España
Más que la imperial diadema.
page 70 ROMANCE CUARTO

Muy pocos días el duque Hizo mansión en Toledo, Del noble conde ocupando Los honrados aposentos.

5 Y la noche en que el palacio Dejó vacío, partiendo,
Con su séquito y sus pajes, Orgulloso y satisfecho,

Turbó la apacible luna
10 Un vapor blanco y espeso
Que de las altas techumbres
Se iba elevando y creciendo:

Á poco rato tornóse

 

En humo confuso y denso

 

15 Que en nubarrones obscuros

 

Ofuscaba el claro cielo;

 

Después en ardientes chispas,

 

Y en un resplandor horrendo

 

20 Que iluminaba los valles

 

Dando en el Tajo reflejos,

Y al fin su furor mostrando
En embravecido incendio
Que devoraba altas torres
Y derrumbaba altos techos.

25 Resonaron las campanas,
Conmovióse todo el pueblo,
De Benavente el palacio page 71 Presa de las llamas viendo.

El Emperador confuso
Corre á procurar remedio,
En atajar tanto daño

5 Mostrando tenaz empeño.
En vano todo: tragóse
Tantas riquezas el fuego,

Á la lealtad castellana

 

Levantando un monumento.

10 Aun hoy unos viejos muros
Del humo y las llamas negros
Recuerdan acción tan grande
En la famosa Toledo.

PADRE JUAN AROLAS

 

SÉ MÁS FELIZ QUE YO

Sobre pupila azul, con sueño leve,
15 Tu párpado cayendo amortecido,
Se parece á la pura y blanca nieve
Que sobre las violetas reposó:
Yo el sueño del placer nunca he dormido:

Sé más feliz que yo.
20 Se asemeja tu voz en la plegaria
Al canto del zorzal de indiano suelo
Que sobre la pagoda solitaria
Los himnos de la tarde suspiró: page 72 Yo sólo esta oración dirijo al cielo:
Sé más feliz que yo.

Es tu aliento la esencia más fragante De los lirios del Arno caudaloso

5 Que brotan sobre un junco vacilante Cuando el céfiro blando los meció: Yo no gozo su aroma delicioso:

Sé más feliz que yo.

 

El amor, que es espíritu de fuego,

10 Que de callada noche se aconseja Y se nutre con lágrimas y ruego,
En tus purpúreos labios se escondió: Él te guarde el placer y a mí la queja:

Sé más feliz que yo.
15 Bella es tu juventud en sus albores Como un campo de rosas del Oriente; Al ángel del recuerdo pedí flores Para adornar tu sien, y me las dió; Yo decía al ponerlas en tu frente:

20 Sé más feliz que yo.

Tu mirada vivaz es de paloma;
Como la adormidera del desierto
Causas dulce embriaguez, hurí de aroma Que el cielo de topacio abandonó:

25 Mi suerte es dura, mi destino incierto: Sé más feliz que yo.

 

page 73

 

DON JOSÉ DE ESPRONCEDA

 

CANCIÓN DEL PIRATA

Con diez cañones por banda, Viento en popa á toda vela, No corta el mar, sino vuela Un velero bergantín:

5 Bajel pirata que llaman, Por su bravura, el _Temido_, En todo mar conocido
Del uno al otro confín.

La luna en el mar rïela, 10 En la lona gime el viento, Y alza en blando movimiento Olas de plata y azul;

Y ve el capitán pirata,
Cantando alegre en la popa, 15 Asia á un lado, al otro Europa, Y allá á su frente Stambul, «Navega, velero mío,
Sin temor;
Que ni enemigo navío, 20 Ni tormenta, ni bonanza

Tu rumbo á torcer alcanza,

 

Ni á sujetar tu valor.

«Veinte presas
Hemos hecho page 74 Á despecho
Del inglés,
Y han rendido
Sus pendones

5 Cien naciones5

 

Á mis pies.»

_Que es mi barco mi tesoro,
Que es mi Dios la libertad,
Mi ley la fuerza y el viento,

10 Mi única patria la mar._

 

«Allá muevan feroz guerra

Ciegos reyes
Por un palmo más de tierra: Que yo tengo aquí por mío

15 Cuanto abarca el mar bravío, Á quien nadie impuso leyes.

«Y no hay playa,
Sea cual quiera,
Ni bandera

20 De esplendor,
Que no sienta
Mi derecho,
Y dé pecho
Á mi valor.»

25 _Que es mi barco mi tesoro..._

 

«Á la voz de «¡barco viene!»

Es de ver page 75 Cómo vira y se previene
Á todo trapo á escapar;
Que yo soy el rey del mar,
Y mi furia es de temer.

5 «En las presas
Yo divido
Lo cogido
Por igual:
Sólo quiero

10 Por riqueza
La belleza
Sin rival.»

_Que es mi barco mi tesoro..._

«¡Sentenciado estoy á muerte! 15 Yo me río:
No me abandone la suerte, Y al mismo que me condena Colgaré de alguna entena, Quizá en su propio navío.

20 «Y si caigo,
¿Qué es la vida?
Por perdida
Ya la di,
Cuando el yugo

25 Del esclavo,
Como un bravo,
Sacudí.»

_Que es mi barco mi tesoro..._ page 76
«Son mi música mejor
Aquilones:
El estrépito y temblor
De los cables sacudidos,
5 Del negro mar los bramidos
Y el rugir de mis cañones.
«Y del trueno
Al son violento
Y del viento
10 Al rebramar,
Yo me duermo
Sosegado,
Arrullado
Por el mar.»
15 _Que es mi barco mi tesoro,
Que es mi Dios la libertad,
Mi ley la fuerza y el viento,
Mi única patria la mar._

Á LA PATRIA

¡Cuan solitaria la nación que un día 20 Poblara inmensa gente!
¡La nación cuyo imperio se extendía Del ocaso al oriente!

¡Lágrimas viertes, infeliz, ahora,

 

Soberana del mundo,

 

25 Y nadie de tu faz encantadora

 

Borra el dolor profundo! page 77

Obscuridad y luto tenebroso En ti vertió la muerte,
Y en su furor el déspota sañoso Se complació en tu suerte. 5 No perdonó lo hermoso, patria mía;

Cayó el joven guerrero,
Cayó el anciano, y la segur impía Manejó placentero.

So la rabia cayó la virgen pura 10 Del déspota sombrío,
Como eclipsa la rosa su hermosura En el sol del estío.

¡Oh vosotros, del mundo habitadores, Contemplad mi tormento!

 

15 ¿Igualarse podrán ¡ah! qué dolores Al dolor que yo siento?

Yo, desterrado de la patria mía, De una patria que adoro,
Perdida miro su primer valía

20 Y sus desgracias lloro.....

Tendió sus brazos la agitada España,
Sus hijos implorando;
Sus hijos fueron, mas traidora saña
Desbarató su bando. page 78

¿Qué se hicieron tus muros torreados, Oh mi patria querida?
¿Dónde fueron tus héroes esforzados, Tu espada no vencida?

5 ¡Ay! de tus hijos en la humilde frente Está el rubor grabado:
Á sus ojos, caídos tristemente, El llanto está agolpado.

Un tiempo España fué; cien héroes fueron 10 En tiempos de ventura,
Y las naciones tímidas la vieron
Vistosa en hermosura.

Cual cedro que en el Líbano se ostenta, Su frente se elevaba;

 

15 Como el trueno á la virgen amedrenta, Su voz las aterraba.

Mas hora, como piedra en el desierto, Yaces desamparada,
Y el justo desgraciado vaga incierto

20 Allá en tierra apartada.

Cubren su antigua pompa y poderío
Pobre hierba y arena,
Y el enemigo que tembló á su brío
Burla y goza en su pena. page 79

Vírgenes, destrenzad la cabellera Y dadla al vago viento;
Acompañad con arpa lastimera Mi lúgubre lamento.

5 Desterrados ¡oh Dios! de nuestros lares Lloremos duelo tanto:
¿Quién calmará ¡oh España! tus pesares? ¿Quién secará tu llanto?

DON JOSÉ ZORRILLA

 

ORIENTAL

Corriendo van por la vega
10 Á las puertas de Granada
Hasta cuarenta gomeles
Y el capitán que los manda.

Al entrar en la ciudad,

 

Parando en su yegua blanca,

 

15 Le dijo éste á una mujer

 

Que entre sus brazos lloraba:

--Enjuga el llanto, cristiana,
No me atormentes así,
Que tengo yo, mi sultana,

20 Un nuevo Edén para ti.

Tengo un palacio en Granada,
Tengo jardines y flores,
Tengo una fuente dorada
Con más de cien surtidores. page 80

Y en la vega del Genil
Tengo parda fortaleza,
Que será reina entre mil
Cuando encierre tu belleza.

5 Y sobre toda una orilla
Extiendo mi señorío;
Ni en Córdoba ni en Sevilla
Hay un parque como el mío.

10 Allí la altiva palmera
Y el encendido granado,
Junto á la frondosa higuera
Cubren el valle y collado.

Allí el robusto nogal,

 

Allí el nópalo amarillo,

 

15 Allí el sombrío moral

 

Crecen al pie del castillo.

Y olmos tengo en mi alameda
Que hasta el cielo se levantan,
Y en redes de plata y seda

20 Tengo pájaros que cantan.

Y tú mi sultana eres,
Que desiertos mis salones
Están, mi harén sin mujeres,
Mis oídos sin canciones.

25 Yo te daré terciopelos
Y perfumes orientales;
De Grecia te traeré velos
Y de Cachemira chales.

Y te daré blancas plumas page 81 Para que adornes tu frente,
Más blancas que las espumas
De nuestros mares de oriente;

Y perlas para el cabello,
5 Y baños para el calor,
Y collares para el cuello;
Para los labios... ¡amor!--

--¿Qué me valen tus riquezas,

 

Respondióle la cristiana,

 

10 Si me quitas á mi padre,

 

Mis amigos y mis damas?

Vuélveme, vuélveme, moro,
Á mi padre y á mi patria,
Que mis torres de León

15 Valen más que tu Granada.--

Escuchóla en paz el moro,
Y manoseando su barba,
Dijo, como quien medita,
En la mejilla una lágrima:

20 Si tus castillos mejores
Que nuestros jardines son,
Y son más bellas tus flores,
Por ser tuyas, en León,

Y tú diste tus amores
25 Á alguno de tus guerreros,
Hurí del Edén, no llores;
Vete con tus caballeros.--

Y dándola su caballo
Y la mitad de su guardia page 82 El capitán de los moros
Volvió en silencio la espalda.

INDECISIÓN ¡Bello es vivir, la vida es la armonía!

Luz, peñascos, torrentes y cascadas, 5 Un sol de fuego iluminando el día,
Aire de aromas, flores apiñadas:
Y en medio de la noche majestuosa
Esa luna de plata, esas estrellas,
Lámparas de la tierra perezosa,
10 Que se ha dormido en paz debajo de ellas. ¡Bello es vivir! Se ve en el horizonte
Asomar el crepúsculo que nace;
Y la neblina que corona el monte
En el aire flotando se deshace;
15 Y el inmenso tapiz del firmamento
Cambia su azul en franjas de colores;
Y susurran las hojas en el viento,
Y desatan su voz los ruiseñores.

Si hay huracanes y aquilón que brama,
20 Si hay un invierno de humedad vestido,
Hay una hoguera á cuya roja llama
Se alza un festín con su discorde ruido.

Y una pintada y fresca primavera,
Con su manto de luz y orla de flores, page 83 Que cubre de verdor la ancha pradera
Donde brotan arroyos saltadores.

¡Bello es vivir, la vida es la armonía! Luz, peñascos, torrentes y cascadas, 5 Un sol de fuego iluminando el día, Aire de aromas, flores apiñadas.

Arranca, arranca, Dios mío, De la mente del poeta
Este pensamiento impío

10 Que en un delirio creó; Sin un instante de calma, En su olvido y amargura, No puede soñar su alma Placeres que no gozó.

15 ¡Ay del poeta! su llanto Fué la inspiración sublime Con que arrebató su canto Hasta los cielos tal vez;
Solitaria flor que el viento

20 Con impuro soplo azota, Él arrastra su tormento
Escrito sobre la tez.

Porque tú, ¡oh Dios! le robaste Cuanto los hombres adoran;

25 Tú en el mundo le arrojaste
Para que muriera en él;
Tú le dijiste que el hombre page 84 Era en la tierra su _hermano_;
Mas él no encuentra ese nombre
En sus recuerdos de hiel.

Tú le has dicho que eligiera
5 Para el viaje de la vida
Una hermosa compañera
Con quien partir su dolor;
Mas ¡ay! que la busca en vano;
Porque es para el ser que ama

10 Como un inmundo gusano

 

Sobre el tallo de una flor.

Canta la luz y las flores,
Y el amor en las mujeres,
Y el placer en los amores,

15 Y la calma en el placer:
Y sin esperanza adora
Una belleza escondida,
Y hoy en sus cantares llora
Lo que alegre cantó ayer.

20 Él con los siglos rodando
Canta su afán á los siglos,
Y los siglos van pasando
Sin curarse de su afán.
¡Maldito el nombre de gloria

25 Que en tu cólera le diste!
Sentados en su memoria
Recuerdos de hierro están.

El día alumbra su pena,
La noche alarga su duelo, page 85 La aurora escribe en el cielo
Su sentencia de vivir:
Fábulas son los placeres,
No hay placeres en su alma,

5 No hay amor en las mujeres,

 

Tarda la hora de morir.

Hay sol que alumbra, mas quema:
Hay flores que se marchitan,
Hay recuerdos que se agitan

10 Fantasmas de maldición.
Si tiene una voz que canta,
Al arrancarla del pecho
Deja fuego en la garganta,
Vacío en el corazón.

15 ¡Bello es vivir! Sobre gigante roca Se mira el mundo á nuestros pies tendido, La frente altiva con las nubes toca...

Todo creado para el hombre ha sido.

 

¡Bello es vivir! Que el hombre descuidado

20 En los bordes se duerme de la vida,
Y de locura y sueños embriagado
En un festín el porvenir olvida.

¡Bello es vivir! Vivamos y cantemos:
El tiempo entre sus pliegues roedores
25 Ha de llevar el bien que no gocemos,
Y ha de apagar placeres y dolores.

Cantemos de nosotros olvidados,
Hasta que el son de la fatal campana page 86 Toque á morir... Cantemos descuidados,
Que el sol de ayer no alumbrará mañana.

LA FUENTE

Huye la fuente al manantial ingrata El verde musgo en derredor lamiendo, 5 Y el agua limpia en su cristal retrata Cuanto va viendo.

El césped mece y las arenas moja Do mil caprichos al pasar dibuja, Y ola tras ola murmurando arroja,

10 Riza y empuja.

Lecho mullido la presenta el valle, Fresco abanico el abedul pomposo, Cañas y juncos retirada calle,

Sombra y reposo.
15 Brota en la altura la fecunda fuente; ¿Y á qué su empeño, si al bajar la cuesta Halla del río en el raudal rugiente

Tumba funesta?

 

Á BUEN JUEZ MEJOR TESTIGO

 

Tradición de Toledo

 

I

Entre pardos nubarrones
20 Pasando la blanca luna,
Con resplandor fugitivo, page 87
La baja tierra no alumbra.
La brisa con frescas alas
Juguetona no murmura,
Y las veletas no giran
5 Entre la cruz y la cúpula.
Tal vez un pálido rayo
La opaca atmósfera cruza,
Y unas en otras las sombras
Confundidas se dibujan.
10 Las almenas de las torres
Un momento se columbran,
Como lanzas de soldados
Apostados en la altura.
Reverberan los cristales
15 La trémula llama turbia,
Y un instante entre las rocas
Rïela la fuente oculta.
Los álamos de la vega
Parecen en la espesura
20 De fantasmas apiñados
Medrosa y gigante turba;
Y alguna vez desprendida
Gotea pesada lluvia,
Que no despierta á quien duerme,
25 Ni á quien medita importuna.
Yace Toledo en el sueño
Entre las sombras confusa,
Y el Tajo á sus pies pasando
Con pardas ondas la arrulla. page 88
El monótono murmullo
Sonar perdido se escucha,
Cual si por las hondas calles
Hirviera del mar la espuma.
5 ¡Qué dulce es dormir en calma
Cuando á lo lejos susurran
Los álamos que se mecen,
Las aguas que se derrumban!
Se sueñan bellos fantasmas
10 Que el sueño del triste endulzan,
Y en tanto que sueña el triste,
No le aqueja su amargura.
Tan en calma y tan sombría
Como la noche que enluta
15 La esquina en que desemboca
Una callejuela oculta,
Se ve de un hombre que aguarda
La vigilante figura,
Y tan á la sombra vela
20 Que entre la sombra se ofusca.
Frente por frente á sus ojos
Un balcón á poca altura
Deja escapar por los vidrios
La luz que dentro le alumbra;
25 Mas ni en el claro aposento,
Ni en la callejuela obscura
El silencio de la noche
Rumor sospechoso turba.
Pasó así tan largo tiempo, page 89 Que pudiera haberse duda
De si es hombre, ó solamente
Mentida ilusión nocturna;
Pero es hombre, y bien se ve,
5 Porque con planta segura
Ganando el centro á la calle
Resuelto y audaz pregunta:
--¿Quién va?--y á corta distancia
El igual compás se escucha
10 De un caballo que sacude
Las sonoras herraduras.
¿Quién va? repite, y cercana
Otra voz menos robusta
Responde:--Un hidalgo ¡calle!
15 Y el paso el bruto apresura.
--Téngase el hidalgo,--el hombre
Replica, y la espada empuña.
--Ved más bien si me haréis calle
(Repusieron con mesura)
20 Que hasta hoy á nadie se tuvo
Ibán de Vargas y Acuña.
--Pase el Acuña y perdone:--
Dijo el mozo en faz de fuga,
Pues teniéndose el embozo
25 Sopla un silbato, y se oculta.
Paró el jinete á una puerta,
Y con precaución difusa
Salió una niña al balcón
Que llama interior alumbra. page 90
--¡Mi padre!--clamó en voz baja,
Y el viejo en la cerradura
Metió la llave pidiendo
Á sus gentes que le acudan.
5 Un negro por ambas bridas
Tomó la cabalgadura,
Cerróse detrás la puerta
Y quedó la calle muda.
En esto desde el balcón,
10 Como quien tal acostumbra,
Un mancebo por las rejas
De la calle se asegura.
Asió el brazo al que apostado
Hizo cara á Ibán de Acuña,
15 Y huyeron, en el embozo
Velando la catadura.

II Clara, apacible y serena
Pasa la siguiente tarde,
Y el sol tocando su ocaso

20 Apaga su luz gigante:
Se ve la imperial Toledo
Dorada por los remates,
Como una ciudad de grana
Coronada de cristales.

25 El Tajo por entre rocas
Sus anchos cimientos lame,
Dibujando en las arenas page 91 Las ondas con que las bate.
Y la ciudad se retrata
En las ondas desiguales,
Como en prendas de que el río

5 Tan afanoso la bañe.
Á lo lejos en la vega
Tiende galán por sus márgenes,
De sus álamos y huertos
El pintoresco ropaje,

10 Y porque su altiva gala
Más á los ojos halague,
La salpica con escombros
De castillos y de alcázares.
Un recuerdo es cada piedra

15 Que toda una historia vale,
Cada colina un secreto
De príncipes ó galanes.
Aquí se bañó la hermosa
Por quien dejó su rey culpable

20 Amor, fama, reino y vida
En manos de musulmanes.
Allí recibió Galiana
Á su receloso amante
En esa cuesta que entonces

25 Era un plantel de azahares.
Allá por aquella torre,
Que hicieron puerta los árabes,
Subió el Cid sobre Babieca
Con su gente y su estandarte. page 92 Más lejos se ve el castillo
De San Servando, ó Cervantes
Donde nada se hizo nunca
Y nada al presente se hace.

5 Á este lado está la almena
Por do sacó vigilante
El conde Don Peranzules
Al rey, que supo una tarde
Fingir tan tenaz modorra,

10 Que, político y constante,
Tuvo siempre el brazo quedo
Las palmas al horadarle.
Allí está el circo romano,
Gran cifra de un pueblo grande,

15 Y aquí la antigua Basílica
De bizantinos pilares,
Que oyó en el primer concilio
Las palabras de los Padres
Que velaron por la Iglesia

20 Perseguida ó vacilante.
La sombra en este momento
Tiende sus turbios cendales
Por todas esas memorias
De las pasadas edades,

25 Y del Cambrón y Visagra
Los caminos desiguales,
Camino á los Toledanos
Hacia las murallas abren.
Los labradores se acercan page 93 Al fuego de sus hogares,
Cargados con sus aperos,
Cansados de sus afanes.
Los ricos y sedentarios

5 Se tornan con paso grave,
Calado el ancho sombrero,
Abrochados los gabanes;
Y los clérigos y monjes
Y los prelados y abades

10 Sacudiendo el leve polvo
De capelos y sayales.
Quédase sólo un mancebo
De impetuosos ademanes,
Que se pasea ocultando

15 Entre la capa el semblante.
Los que pasan le contemplan
Con decisión de evitarle,
Y él contempla á los que pasan
Como si á alguien aguardase.

20 Los tímidos aceleran
Los pasos al divisarle,
Cual temiendo de seguro
Que les proponga un combate;
Y los valientes le miran

25 Cual si sintieran dejarle
Sin que libres sus estoques
En riña sonora dancen.
Una mujer también sola
Se viene el llano adelante, page 94 La luz del rostro escondida
En tocas y tafetanes.
Mas en lo leve del paso, Y en lo flexible del talle,

5 Puede á través de los velos Una hermosa adivinarse. Vase derecha al que aguarda, Y él al encuentro la sale Diciendo... cuanto se dicen

10 En las citas los amantes. Mas ella, galanterías
Dejando severa aparte, Así al mancebo interrumpe En voz decisiva y grave:

15 «Abreviemos de razones,
Diego Martínez; mi padre,
Que un hombre ha entrado en su ausencia
Dentro mi aposento sabe:
Y así quien mancha mi honra,

20 Con la suya me la lave;
Ó dadme mano de esposo,
Ó libre de vos dejadme.»
Miróla Diego Martínez
Atentamente un instante,

25 Y echando á un lado el embozo,
Repuso palabras tales:
«Dentro de un mes, Inés mía,
Parto á la guerra de Flandes; page 95 Al año estaré de vuelta
Y contigo en los altares.
Honra que yo te desluzca,
Con honra mía se lave;

5 Que por honra vuelven honra
Hidalgos que en honra nacen.
--Júralo,--exclamó la niña.
--Más que mi palabra vale
No te valdrá un juramento.

10 --Diego, la palabra es aire.
--¡Vive Dios que estás tenaz!
Dalo por jurado y baste.
--No me basta; que olvidar
Puedes la palabra en Flandes.

15 --¡Voto á Dios! ¿qué más pretendes?
--Que á los pies de aquella imagen
Lo jures como cristiano
Del santo Cristo delante.»
Vaciló un punto Martínez,

20 Mas porfiando que jurase,
Llevóle Inés hacia el templo
Que en medio la vega yace.
Enclavado en un madero,
En duro y postrero trance,

25 Ceñida la sien de espinas,
Descolorido el semblante,
Víase allí un crucifijo
Teñido de negra sangre,
Á quien Toledo devota page 96 Acude hoy en sus azares.
Ante sus plantas divinas
Llegaron ambos amantes,
Y haciendo Inés que Martínez

5 Los sagrados pies tocase,

 

Preguntóle:

--Diego, ¿juras
Á tu vuelta desposarme?
Contestó el mozo:

--¡Sí juro!

 

Y ambos del templo se salen.

 

III

10 Pasó un día y otro día,
Un mes y otro mes pasó,
Y un año pasado había,
Mas de Flandes no volvía
Diego, que á Flandes partió.

15 Lloraba la bella Inés
Su vuelta aguardando en vano,
Oraba un mes y otro mes
Del crucifijo á los pies
Do puso el galán su mano.

20 Todas las tardes venía
Después de traspuesto el sol,
Y á Dios llorando pedía
La vuelta del español,
Y el español no volvía.

25 Y siempre al anochecer, page 97 Sin dueña y sin escudero,
En un manto una mujer
El campo salía á ver
Al alto del _Miradero_.

5 ¡Ay del triste que consume
Su existencia en esperar!
¡Ay del triste que presume
Que el duelo con que él se abrume
Al ausente ha de pesar!

10 La esperanza es de los cielos
Precioso y funesto don,
Pues los amantes desvelos
Cambian la esperanza en celos,

Que abrasan el corazón.
15 Si es cierto lo que se espera,
Es un consuelo en verdad;
Pero siendo una quimera,
En tan frágil realidad
Quien espera desespera.
20 Así Inés desesperaba
Sin acabar de esperar,
Y su tez se marchitaba,
Y su llanto se secaba
Para volver á brotar.
25 En vano á su confesor
Pidió remedio ó consejo
Para aliviar su dolor;
Que mal se cura el amor
Con las palabras de un viejo. page 98 En vano á Ibán acudía,
Llorosa y desconsolada;
El padre no respondía;
Que la lengua le tenía
5 Su propia deshonra atada.
Y ambos maldicen su estrella,
Callando el padre severo
Y suspirando la bella,
Porque nació mujer ella,
10 Y el viejo nació altanero.
Dos años al fin pasaron
En esperar y gemir,
Y las guerras acabaron,
Y los de Flandes tornaron
15 Á sus tierras á vivir.
Pasó un día y otro día,
Un mes y otro mes pasó,
Y el tercer año corría;
Diego á Flandes se partió,
20 Mas de Flandes no volvía.
Era una tarde serena,
Doraba el sol de occidente
Del Tajo la vega amena,
Y apoyada en una almena
25 Miraba Inés la corriente.
Iban las tranquilas olas
Las riberas azotando
Bajo las murallas solas,
Musgo, espigas y amapolas page 99
Ligeramente doblando.
Algún olmo que escondido
Creció entre la hierba blanda,
Sobre las aguas tendido
5 Se reflejaba perdido
En su cristalina banda.
Y algún ruiseñor colgado
Entre su fresca espesura
Daba al aire embalsamado
10 Su cántico regalado
Desde la enramada obscura.
Y algún pez con cien colores,
Tornasolada la escama,
Saltaba á besar las flores,
15 Que exhalan gratos olores,
Á las puntas de una rama.
Y allá en el trémulo fondo
El torreón se dibuja
Como el contorno redondo
20 Del hueco sombrío y hondo
Que habita nocturna bruja.
Así la niña lloraba
El rigor de su fortuna,
Y así la tarde pasaba
25 Y al horizonte trepaba
La consoladora luna.
Á lo lejos por el llano
En confuso remolino
Vió de hombres tropel lejano page 100
Que en pardo polvo liviano
Dejan envuelto el camino.
Bajó Inés del torreón,
Y llegando recelosa
5 Á las puertas del Cambrón,
Sintió latir zozobrosa
Más inquieto el corazón.
Tan galán como altanero
Dejó ver la escasa luz
10 Por bajo el arco primero
Un hidalgo caballero
En un caballo andaluz;
Jubón negro acuchillado,
Banda azul, lazo en la hombrera,
15 Y sin pluma al diestro lado
El sombrero derribado
Tocando con la gorguera;
Bombacho gris guarnecido,
Bota de ante, espuela de oro,
20 Hierro al cinto suspendido,
Y á una cadena prendido
Agudo cuchillo moro.
Vienen tras este jinete
Sobre potros jerezanos
25 De lanceros hasta siete,
Y en adarga y coselete
Diez peones castellanos.
Asióse á su estribo Inés
Gritando:--¡Diego, eres tú!-- page 101 Y él viéndola de través
Dijo--¡Voto á Belcebú,
Que no me acuerdo, quién es!--
Dió la triste un alarido
5 Tal respuesta al escuchar,
Y á poco perdió el sentido,
Sin que más voz ni gemido
Volviera en tierra á exhalar.
Frunciendo ambas á dos cejas
10 Encomendóla á su gente,
Diciendo:--¡Malditas viejas
Que á las mozas malamente
Enloquecen con consejas!--
Y aplicando el capitán
15 Á su potro las espuelas
El rostro á Toledo dan,
Y á trote cruzando van
Las obscuras callejuelas.

IV

Así por sus altos fines
20 Dispone y permite el cielo
Que puedan mudar al hombre
Fortuna, poder y tiempo.
Á Flandes partió Martínez
De soldado aventurero,

25 Y por su suerte y hazañas
Allí capitán le hicieron.
Según alzaba en honores page 102 Alzábase en pensamientos,
Y tanto ayudó en la guerra
Con su valor y altos hechos,
Que el mismo rey á su vuelta

5 Le armó en Madrid caballero,
Tomándole á su servicio
Por capitán de lanceros.
Y otro no fué que Martínez
Quien ha poco entró en Toledo,

10 Tan orgulloso y ufano
Cual salió humilde y pequeño.
Ni es otro á quien se dirige,
Cobrado el conocimiento,
La amorosa Inés de Vargas,

15 Que vive por él muriendo.
Mas él, que olvidando todo
Olvidó su nombre mesmo,
Puesto que hoy Diego Martínez
Es el capitán Don Diego,

20 Ni se ablanda á sus caricias,
Ni cura de sus lamentos;
Diciendo que son locuras
De gentes de poco seso;
Que ni él prometió casarse

25 Ni pensó jamás en ello.
¡Tanto mudan á los hombres
Fortuna, poder y tiempo!
En vano porfiaba Inés
Con amenazas y ruegos; page 103 Cuanto más ella importuna
Está Martínez severo.
Abrazada á sus rodillas
Enmarañado el cabello,

5 La hermosa niña lloraba
Prosternada por el suelo.
Mas todo empeño es inútil,
Porque el capitán Don Diego
No ha de ser Diego Martínez

10 Como lo era en otro tiempo.
Y así llamando á su gente,
De amor y piedad ajeno,
Mandóles que á Inés llevaran
De grado ó de valimiento.

15 Mas ella antes que la asieran, 15
Cesando un punto en su duelo,
Así habló, el rostro lloroso
Hacia Martínez volviendo:
«Contigo se fué mi honra,

20 Conmigo tu juramento; 20
Pues buenas prendas son ambas,
En buen fiel las pesaremos.»
Y la faz descolorida
En la mantilla envolviendo,

25 Á pasos desatentados 25

 

Salióse del aposento.

 

page 104 V

Era entonces de Toledo Por el rey gobernador
El justiciero y valiente Don Pedro Ruiz de Alarcón.

5 Muchos años por su patria El buen viejo peleó;
Cercenado tiene un brazo, Mas entero el corazón. La mesa tiene delante,

10 Los jueces en derredor,
Los corchetes á la puerta
Y en la derecha el bastón.
Está, como presidente
Del tribunal superior,

15 Entre un dosel y una alfombra
Reclinado en un sillón,
Escuchando con paciencia
La casi asmática voz

20 Con que un tétrico escribano
Solfea una apelación.
Los asistentes bostezan
Al murmullo arrullador,
Los jueces medio dormidos
Hacen pliegues al ropón,

25 Los escribanos repasan
Sus pergaminos al sol,
Los corchetes á una moza page 105 Guiñan en un corredor,
Y abajo en Zocodover
Gritan en discorde son
Los que en el mercado venden

5 Lo vendido y el valor.
Una mujer en tal punto,
En faz de grande aflicción,

Rojos de llorar los ojos,

 

Ronca de gemir la voz,

10 Suelto el cabello y el manto,
Tomó plaza en el salón
Diciendo á gritos: «¡Justicia,
Jueces; justicia, señor!»
Y á los pies se arroja humilde

15 De Don Pedro de Alarcón,
En tanto que los curiosos
Se agitan al rededor.
Alzóla cortés Don Pedro
Calmando la confusión

20 Y el tumultuoso murmullo
Que esta escena ocasionó,
Diciendo:

--Mujer, ¿qué quieres?
--Quiero justicia, señor.
--¿De qué?

--De una prenda hurtada.

 

25 --¿Qué prenda?

--Mi corazón.
--¿Tú le diste? page 106
--Le presté.
--¿Y no te le han vuelto?
--No.
--¿Tienes testigos?
--Ninguno.
--¿Y promesa?
--¡Sí, por Dios!
Que al partirse de Toledo
5 Un juramento empeñó.
--¿Quién es él?
--Diego Martínez.
--¿Noble?
--Y capitán, señor.
--Presentadme al capitán,
Que cumplirá si juró.--
10 Quedó en silencio la sala,
Y á poco en el corredor
Se oyó de botas y espuelas
El acompasado son.
Un portero, levantando
15 El tapiz, en alta voz
Dijo:--El capitán Don Diego.--
Y entró luego en el salón
Diego Martínez, los ojos
Llenos de orgullo y furor.
20 --¿Sois el capitán Don Diego,
Díjole Don Pedro, vos?--
Contestó altivo y sereno
Diego Martínez: page 107
--Yo soy.
--¿Conocéis á esta muchacha?
--Ha tres años, salvo error.
--¿Hicísteisla juramento
De ser su marido?--
--No.
5 --¿Juráis no haberlo jurado?
--Sí juro.--
--Pues id con Dios.
--¡Miente!--clamó Inés llorando
De despecho y de rubor.
--Mujer, ¡piensa lo que dices!...
10 --Digo que miente, juró.
--¿Tienes testigos?
--Ninguno.
--Capitán, idos con Dios,
Y dispensad que acusado
Dudara de vuestro honor.--
15 Tornó Martínez la espalda
Con brusca satisfacción,
É Inés, que le vió partirse,
Resuelta y firme gritó:
--Llamadle, tengo un testigo.
20 Llamadle otra vez, señor.--
Volvió el capitán Don Diego,
Sentóse Ruiz de Alarcón,
La multitud aquietóse
Y la de Vargas siguió:
25 --Tengo un testigo á quien nunca page 108 Faltó verdad ni razón.
--¿Quién?
--Un hombre que de lejos
Nuestras palabras oyó,
Mirándonos desde arriba.
5 --¿Estaba en algún balcón?
--No, que estaba en un suplicio
Donde ha tiempo que expiró.
--¿Luego es muerto?
--No, que vive.
--Estáis loca, ¡vive Dios!
10 ¿Quién fué?
--El CRISTO de la Vega
Á cuya faz perjuró.--
Pusiéronse en pie los jueces
Al nombre del Redentor,
Escuchando con asombro
15 Tan excelsa apelación.
Reinó un profundo silencio
De sorpresa y de pavor,
Y Diego bajó los ojos
De vergüenza y confusión.
20 Un instante con los jueces
Don Pedro en secreto habló,
Y levantóse diciendo
Con respetuosa voz:
«La ley es ley para todos,
25 Tu testigo es el mejor,
Mas para tales testigos page 109 No hay más tribunal que Dios.
Haremos... lo que sepamos;
Escribano, al caer el sol
Al CRISTO que está en la vega
5 Tomaréis declaración.»

VI

Es una tarde serena, Cuya luz tornasolada
Del purpurino horizonte Blandamente se derrama.

10 Plácido aroma las flores Sus hojas plegando exhalan, Y el céfiro entre perfumes Mece las trémulas alas.

Brillan abajo en el valle
15 Con suave rumor las aguas,
Y las aves en la orilla
Despidiendo al día cantan.
Allá por el _Miradero_
Por el Cambrón y Visagra
20 Confuso tropel de gente
Del Tajo á la vega baja.
Vienen delante Don Pedro
De Alarcón, Ibán de Vargas,
Su hija Inés, los escribanos,
25 Los corchetes y los guardias;
Y detrás monjes, hidalgos,
Mozas, chicos y canalla. page 110
Otra turba de curiosos
En la vega les aguarda,
Cada cual comentariando
El caso según le cuadra.
5 Entre ellos está Martínez
En apostura bizarra,
Calzadas espuelas de oro,
Valona de encaje blanca,
Bigote á la borgoñona,
10 Melena desmelenada,
El sombrero guarnecido
Con cuatro lazos de plata,
Un pie delante del otro,
Y el puño en el de la espada.
15 Los plebeyos de reojo
Le miran de entre las capas,
Los chicos al uniforme
Y las mozas á la cara.
Llegado el gobernador
20 Y gente que le acompaña,
Entraron todos al claustro
Que iglesia y patio separa.
Encendieron ante el CRISTO
Cuatro cirios y una lámpara,
25 Y de hinojos un momento
Le rezaron en voz baja.

Está el CRISTO de la Vega
La cruz en tierra posada,
Los pies alzados del suelo page 111 Poco menos de una vara;
Hacia la severa imagen
Un notario se adelanta,
De modo que con el rostro

5 Al pecho santo llegaba.
Á un lado tiene á Martínez,
Á otro lado á Inés de Vargas, Detrás al gobernador
Con sus jueces y sus guardias.

10 Después de leer dos veces La acusación entablada, El notario á Jesucristo
Así demandó en voz alta:
--«_Jesús, Hijo de María,

15 Ante nos esta mañana
Citado como testigo
Por boca de Inés de Vargas, ¿Juráis ser cierto que un día Á vuestras divinas plantas

20 Juró á Inés Diego Martínez Por su mujer desposarla?_»

Asida á un _brazo_ desnudo Una _mano_ atarazada
Vino á posar en los autos

25 La seca y hendida palma, Y allá en los aires «¡Sí JURO!» Clamó una voz más que humana.

Alzó la turba medrosa
La vista á la imagen santa... page 112 Los labios tenía abiertos,
Y una mano desclavada.

CONCLUSIÓN

 

Las vanidades del mundo

 

Renunció allí mismo Inés,

5 Y espantado de sí propio
Diego Martínez también.
Los escribanos temblando
Dieron de esta escena fe,
Firmando como testigos

10 Cuantos hubieron poder.
Fundóse un aniversario
Y una capilla con él,
Y Don Pedro de Alarcón
El altar ordenó hacer,

15 Donde hasta el tiempo que corre, Y en cada un año una vez,
Con la mano desclavada
El crucifijo se ve.

DON ANTONIO DE TRUEBA CANTOS DE PÁJARO

Tengo yo un pajarillo
20 Que el día pasa
Cantando entre las flores
De mi ventana; page 113 Y un canto alegre
Á todo pasajero
Dedica siempre.
Tiene mi pajarillo

5 Siempre armonías
Para alegrar el alma
Del que camina...
¡Oh cielo santo,
Por qué no harán los hombres

10 Lo que los pájaros!
Cuando mi pajarillo
Cantos entona,
Pasajeros ingratos
Cantos le arrojan:

15 Mas no por eso 15
Niega sus armonías
Al pasajero.
Tiende las leves alas,
Cruza las nubes

20 Y canta junto al cielo
Con voz más dulce:
«Paz á los hombres
Y gloria al que en la altura
Rige los orbes!»

25 Y yo sigo el ejemplo
Del ave mansa
Que canta entre las flores
De mi ventana,
Porque es sabido page 114 Que poetas y pájaros
Somos lo mismo.

LA PEREJILERA

 

Al salir el sol dorado

 

Esta mañana te vi

 

5 Cogiendo, niña, en tu huerto Matitas de perejil.

Para verte más de cerca En el huerto me metí,
Y sabrás que eché de menos

10 Mi corazón al salir.

Tú debiste de encontrarle, Que en el huerto le perdí. «Dámele, perejilera,
Que te le vengo á pedir.»

DON JOSÉ SELGAS Y CARRASCO

 

LA MODESTIA

15 Por las flores proclamado
Rey de una hermosa pradera,
Un clavel afortunado
Dió principio á su reinado
Al nacer la primavera.

20 Con majestad soberana
Llevaba y con noble brío
El regio manto de grana, page 115 Y sobre la frente ufana
La corona de rocío.

Su comitiva de honor

 

Mandaba, por ser costumbre,

5 El céfiro volador,
Y había en su servidumbre
Hierbas y malvas de olor.

Su voluntad poderosa,
Porque también era uso,
10 Quiso una flor para esposa,

Y regiamente dispuso

 

Elegir la más hermosa.

 

Como era costumbre y ley,

 

Y porque causa delicia

15 En la numerosa grey,
Pronto corrió la noticia
Por los estados del rey.

Y en revuelta actividad
Cada flor abre el arcano
20 De su fecunda beldad,
Por prender la voluntad
Del hermoso soberano.
Y hasta las menos apuestas

Engalanarse se vían
25 Con harta envidia, dispuestas
Á ver las solemnes fiestas
Que celebrarse debían.
Lujosa la Corte brilla:
El rey, admirado, duda, page 116
Cuando ocultarse sencilla
Vió una tierna florecilla
Entre la hierba menuda.
Y por si el regio esplendor 5 De su corona le inquieta,
Pregúntale con amor:
--«¿Cómo te llamas?»--«Violeta,»
Dijo temblando la flor.

--«¿Y te ocultas cuidadosa 10 Y no luces tus colores, Violeta dulce y medrosa, Hoy que entre todas las flores Va el rey á elegir esposa?»

15 Siempre temblando la flor, Aunque llena de placer, Suspiró y dijo: «Señor, Yo no puedo merecer
Tan distinguido favor.»

El rey, suspenso, la mira 20 Y se inclina dulcemente; Tanta modestia le admira; Su blanda esencia respira, Y dice alzando la frente:

«Me depara mi ventura
25 Esposa noble y apuesta; page 117 Sepa, si alguno murmura,
Que la mejor hermosura
Es la hermosura modesta.»

Dijo, y el aura afanosa 5 Publicó en forma de ley, Con voz dulce y melodiosa, Que la violeta es la esposa Elegida por el rey.

Hubo magníficas fiestas, 10 Ambos esposos se dieron Pruebas de amor manifiestas, Y en aquel reinado fueron Todas las flores modestas.

DON PEDRO A. DE ALARCÓN

 

EL MONT-BLANC

 

¡Heme al fin en la cumbre soberana!... 15 ¡Nieve perpetua..., soledad doquiera!... ¿Quién sino el hombre, en su soberbia insana, Á hollar estos desiertos se atreviera?

 

Aquí enmudece hasta la voz del viento...;

 

Profundo mar parece el horizonte...,

 

20 Única playa el alto firmamento...,

 

Anclada nave el solitario monte.

¡Nada en torno de mí!... ¡Todo á mis plantas! page 118 Obscuros bosques, relucientes ríos,
Lagos, campiñas, páramos, gargantas...
¡Europa entera yace á los pies míos!

¡Y cuán pequeña la terrestre vida,
5 Cuán relegado el humanal imperio
Se ve desde estos hielos donde anida
El _Monte Blanco_, el rey del hemisferio!

¡De aquí tiende su cetro sobre el mundo!

 

El Danubio opulento, el Po anchuroso,

 

10 El luengo Rhin y el Ródano profundo,

 

Hijos son de los hijos del Coloso.

Debajo de él... los Alpes se eslabonan
Como escabeles de su trono inmenso:
Debajo de él... las nubes se amontonan

15 Cual humo leve de quemado incienso.
¡Sobre él... los cielos nada más! La tarde
Le invidia al verlo de fulgor ceñido...
Llega la noche, y aún su frente arde
Con reflejos de un sol por siempre hundido.

20 Allá turnan con raudo movimiento
Una y otra estación... Él permanece
Mudo, inmóvil, estéril. ¡Monumento
De la implacable eternidad parece!

Ni el oso atroz ni el traicionero lobo
25 Huellan jamás su excelsitud nevada...
Huérfano vive del calor del globo...
¡En él principia el reino de la nada!

Por eso, ufano de su horror profundo,
Dichoso aquí mi corazón palpita... page 119 ¡Aquí solo con Dios..., fuera del mundo!
¡Solo, bajo la bóveda infinita!

¡Y qué süave, deleitosa calma

 

Brinda á mi pecho esta región inerte!...

 

5 Así concibe fatigada el alma

 

El tardo bien de la benigna muerte.

¡Morir aquí! De los poblados valles
No retornar á la angustiosa vida:
No escuchar más los lastimosos ayes

10 De la cuitada humanidad caída:

Desparecer, huyendo de la tierra,
Desde esta cima que se acerca al cielo:
Por siempre desertar de aquella guerra,
De eterna libertad tendiendo el vuelo...

15 Tal ansia acude al corazón llagado,
Al mirarte, ¡oh _Mont-Blanc!_, erguir la frente Sobre un mísero mundo atribulado
Por el cierzo y el rayo y el torrente.

¡Tú nada temes! De tu imperio yerto
20 Sólo Dios es señor, fuerza y medida:
¡Cómo el ancho Océano y el Desierto,
Tú vives sólo de tu propia vida!

La tierra acaba en tu glacial palacio;

 

Tuya es la azul inmensidad aérea:

 

25 Tú ves más luz, más astros, más espacio...;

 

¡Parte eres ya de la mansión etérea!

¡Adiós! Retorno al mundo... Acaso un día
Ya de la tierra el corazón no lata,
Y sobre su haz inanimada y fría page 120 Tiendas tu manto de luciente plata...

Será entonces tu reino silencioso
Cuanto hoy circunda y cubre el Oceano...
¡Adiós!... Impera en tanto desdeñoso
5 Sobre la insania del orgullo humano.

EL SECRETO

«_¡Yo no quiero morirme!_»
--Dice la niña,
Tendiendo hacia su madre
Dos manecitas
10 Calenturientas,
Cual dos blancos jazmines
Que el viento seca...
Un silencio de muerte
La madre guarda...
15 ¡Ay! ¡si hablara, vertiera
Mares de lágrimas!
Besa á la niña,
¡Y aun le fingen sus labios
Una sonrisa!
20 Del cuello de la madre
La hija se cuelga
Y, pegada á su oído,
Pálida y trémula,
Con sordo acento,
25 Dícele horrorizada:
--«_Oye un secreto:_ page 121
_¿Sabes por qué á morirme
Le temo tanto?
Porque luego me llevan,
Toda de blanco,
5 Al cementerio...,
¡Y de verme allí sola
Va á darme miedo!_»
--«_Hija de mis entrañas!_ (Grita la madre)
10 _Dios querrá que me vivas...; Y, aunque te mate,
Descuida, hermosa;
Que tú en el cementerio No estarás sola._»

DON GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

 

RIMAS

 

II

15 Saeta que voladora
Cruza, arrojada al azar,
Sin adivinarse dónde
Temblando se clavará;

Hoja que del árbol seca
20 Arrebata el vendaval,
Sin que nadie acierte el surco
Donde á caer volverá;

Gigante ola que el viento page 122 Riza y empuja en el mar,
Y rueda y pasa, y no sabe
Qué playa buscando va;

Luz que en cercos temblorosos
5 Brilla, próxima á expirar,
Ignorándose cuál de ellos
El último brillará;

Eso soy yo, que al acaso

 

Cruzo el mundo, sin pensar

 

10 De dónde vengo, ni adónde

 

Mis pasos me llevarán.

 

VII

Del salón en el ángulo obscuro, De su dueño tal vez olvidada,
Silenciosa y cubierta de polvo

15 Veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas Como el pájaro duerme en las ramas, Esperando la mano de nieve

Que sabe arrancarlas!
20 ¡Ay! pensé; ¡cuántas veces el genio Así duerme en el fondo del alma,

Y una voz, como Lázaro, espera Que le diga: «Levántate y anda!»

 

LIII

Volverán las obscuras golondrinas
25 En tu balcón sus nidos á colgar, page 123
Y, otra vez, con el ala á sus cristales
Jugando llamarán;

Pero aquellas que el vuelo refrenaban Tu hermosura y mi dicha á contemplar, 5 Aquellas que aprendieron nuestros nombres... Ésas... ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas De tu jardín las tapias á escalar, Y otra vez á la tarde, aun más hermosas,

10 Sus flores se abrirán;

Pero aquellas, cuajadas de rocío, Cuyas gotas mirábamos temblar Y caer, como lágrimas del día...

Ésas... ¡no volverán!

15 Volverán del amor en tus oídos Las palabras ardientes á sonar; Tu corazón de su profundo sueño

Tal vez despertará;

Pero mudo y absorto y de rodillas, 20 Como se adora á Dios ante su altar,
Como yo te he querido... desengáñate, ¡Así no te querrán!
page 124 LXXIII

Cerraron sus ojos Que aun tenía abiertos; Taparon su cara
Con un blanco lienzo;

5 y unos sollozando, Otros en silencio,
De la triste alcoba
Todos se salieron.

La luz, que en un vaso 10 Ardía en el suelo, Al muro arrojaba
La sombra del lecho; Y entre aquella sombra

Veíase á intervalos 15 Dibujarse rígida
La forma del cuerpo.

Despertaba el día
Y á su albor primero Con sus mil rüidos

20 Despertaba el pueblo. Ante aquel contraste De vida y misterios, De luz y tinieblas,
Medité un momento:

25 «_¡Dios mío, qué solos Se quedan los muertos!_» page 125