La Transformación de las Razas en América by Agustín Álvarez - HTML preview

PLEASE NOTE: This is an HTML preview only and some elements such as links or page numbers may be incorrect.
Download the book in PDF, ePub, Kindle for a complete version.

Por el momento estamos en el período de transición, con la escuelareligiosa que, ayudada por la inercia intelectual que comportan 18siglos de oscurantismo, en credulidad e ignorancia crónicas, educa a losniños para las verdades y las virtudes del pasado, y la escuela liberalque los educa para las posibilidades del presente en rumbo al porvenir;con escuela sectaria que cierra y la escuela positiva que reabre lacuriosidad humana, esa benéfica hambre de saber y de inventar que nosda, en término medio, una maravilla por semana.

Entre nosotros, el progreso del liberalismo es bastante satisfactorio,si se considera que surgimos a la refulgente libertad moderna desde lamiserable intelectualidad medioeval, tan celosamente preservada por losfrailes en la España y en sus colonias; que aun no llevamos un siglo devida independiente y que su primera mitad fue, fatalmente, laprolongación del terrorismo y del oscurantismo coloniales, que hicieronfracasar la temprana iniciativa liberal de Rivadavia, y proscribieron lailustración clausurando las escuelas en la época de Rosas, después de lacual fueron reabiertas bajo la férula de los sacerdotes—beneficiariosen todas las épocas de salvajismo; que nuestra instrucción pública sóloes aproximadamente laica desde 1884; que hasta el setenta y tantos losinternos de los recientes colegios nacionales solíamos tener que fugar,todavía, saltando las paredes del fondo para escapar a la confesiónobligatoria en semana santa; que la humanidad no produce sino uneducador en cada siglo, como dijo Emerson, y que recién empezamos a noechar de menos a Sarmiento en la dirección superior de la instrucciónpública; que nuestra ley de matrimonio civil es de ayer y la estadísticaarroja, ya en nuestra gran capital dos tercios de matrimonios sinintervención del cura; que la casi totalidad de nuestros hombres madurostuvieron fresco el entendimiento cuando estaban verdes y no se habíandifundido aún, con los ferrocarriles y la prensa, las ideas y lossentimientos modernos, cada día más amplios en el amor a la verdad y ala humanidad, que inducen a las almas bien templadas a trabajar en estemundo de los vivientes para dejarlo a su partida mejor que loencontraron a su llegada, a la inversa de ese mezquino sentimiento delos creyentes en la magia religiosa que los induce a dar y legar a lasiglesias para el bien de su alma exclusivamente.

LAS ÚLTIMAS AURORAS

El siglo XIX es el punto de partida de una nueva era más preñada debeneficios para los hombres que la que se abrió con el sermón de lamontaña; es el momento del tiempo en que los hombres más altamentecivilizados empiezan a dejar de pedirle a Dios que los haga buenos ysabios y fuertes, para esforzarse en serlo por sí mismos; adesentenderse de los mundos imaginarios para sacar partido del mundoreal, saliendo del redil de la revelación para conquistar la naturaleza,cambiando su punto de mira del pasado al porvenir, del fatalismo aldeterminismo, de la oración a la acción, del desalentado pesimismo alanimoso optimismo, sueltas las alas del espíritu para explorar todos loshorizontes sin pasaporte de la autoridad eclesiástica; emancipados deesa tonta piedad por los muertos que mantiene a los creyentes llorandoestúpidamente sobre las miserias remediables del presente por lasdesgracias irremediables del remoto pasado, afligidos por lossufrimientos de Jesús, de los mártires y de todos los difuntos yperfectamente insensibles a los sufrimientos de los vivientes;esclavizando al prójimo para explotarlo en vez de apropiarse las fuerzasde la naturaleza para libertar los brazos del hombre, horadar lasmontañas, surcar los mares, canalizar los ríos, acortar las distancias ypenetrar en las entrañas de las cosas para descubrir sus leyes, aislarlos microbios, inventar los sueros y los anestésicos y descubrir lapedagogía y la psicología, la asepsia y la antisepsia, que lespermitieran llegar a sus propias entrañas físicas y mentales, paraextirparse las infecciones, los tumores, los cálculos y los quistes, losmalos humores y las malas pasiones, en la plena seguridad de que haya ono haya Dios, el que haya hecho más bienes y menos males, el que hayasido más útil a los suyos y a los extraños, el que menos haya padecidode la ira del odio y más haya disfrutado del amor y la amistad, en unapalabra, el que

"haya sido una grande alma en este mundo, tendrá másprobabilidades de ser una grande alma en cualquier otro mundo".

En el siglo XIX, en efecto, se ha librado la batalla decisiva entre losnuevos y los viejos ideales, que se baten ya en retirada.

Los derechosdel hombre están desalojando a los del sacerdote y del rey, la nobleza yel clero han perdido sus privilegios seculares, la dignificantesolidaridad está sustituyéndose a la humillante caridad, ha tenido lugarla emancipación de los siervos y la liberación de los esclavos, y detrásde ellos el obrero socialista, no el obrero católico que se empeña enseguir siendo del cura, el obrero ha entrado a ser persona, con derechode vivir, de pensar y de luchar por la emancipación económica, para elmejoramiento de su condición social por una más justa participación enlos frutos de su trabajo. Y finalmente, la mujer, la hija y esclavaespiritual del confesor—el secular intruso en el hogar

católico—suegrosuplementario

en

el

matrimonio

religioso, recuperando su personalidad,se incorpora, ella también,

al

movimiento

emancipador

de

la

raza

humanasubyugada por la Iglesia divina.

Entretanto, felices nosotros que podemos presenciar en estos momentos elcrepúsculo de lo que fue y la aurora de lo que será.

Dichosos nosotrosque podemos pensar y decir sobre el futuro y el pasado lo que se nosvenga a la mente, sin temor de que nos atormenten, nos quemen o nosdestierren los ministros de Dios ofendido y enojado por ello, como lohacían con nuestros abuelos, casi sin temor de que nos injurien, noscalumnien y nos persigan, como lo hacían con nuestros padres, losrepresentantes oficiales del Dios de bondad.

Los que tienen motivos sobrados para estar quejosos, apenados y tristesno somos, ciertamente, los que tenemos la conciencia libre de terroresfantásticos y a nuestro alcance la ciencia, que es el poder de hacermilagros efectivos, sistema Edison, Röntgen, Marconi, etc., etc., sinolos fabricantes de terrores y milagros imaginarios, los sacrificadoresde la verdad humana a la verdad divina, los ayer omnipotentesfulminadores de las iras y de las venganzas del Todopoderoso, hoyexpulsados como leprosos mentales de la nación más adelantada de laEuropa, y sin poder defenderse, porque aquella arma formidable con quegobernaron al mundo hasta el siglo XVIII—la excomunión—está reducidapor el progreso de la razón humana al modesto rol de carabina deAmbrosio.

EL PASADO Y EL FUTURO

Si un loco antihumanitario se echara hoy a buscar un medio de gravar alos hombres con el máximum de incapacidades, gastos, trabajos ypenalidades, para el más inútil de los objetivos imaginables,seguramente no podría encontrar nada tan eficaz como las religionesreveladas "antes de la ciencia y la civilización", como dice A. France.

Por ese doble juego de gobiernos simultáneos, mancomunados ysuperpuestos sobre el pueblo, el temporal para las necesidades de estemundo, el espiritual para las necesidades del otro, nuestros antepasadostreparon la cuesta de la vida con dos enormes pulpos sobre las espaldas,que les impedían desarrollarse y crecer, arrebatándoles todavía la mayorparte del mezquino fruto de sus amenguadas energías, en compensación deltrabajo que se tomaban para coartarles el pensamiento—que es una formadel movimiento, como la electricidad, el magnetismo o la luz,—matarlesel espíritu de iniciativa y tutearlos después que les habían tullido lacapacidad de obrar y de conducirse solos.

Aprender de memoria el ininteligible catecismo—el librejo más lleno deabsurdos y patrañas después del Corán—asistir obligatoriamente a todoslos actos y ceremonias religiosas, diurnas y nocturnas, no pensar sinpermiso del cura, ayunar, confesarse, comulgar, hacer penitencias,afligirse y llorar en los días y horas prefijados, obedecer a la campañade la iglesia como las mulas al cencerro de la madrina, pagar a lossacerdotes los diezmos y primicias, fuera de los impuestosextraordinarios por milagros accidentales y por cada uno de losacontecimientos de la vida, desde el nacimiento hasta después de lamuerte, en los funerales y los "cabos de años", todo bajo pena deexcomunión, persecución,

confiscación

de

bienes,

y

destierro

o

muerte.Comprar al príncipe el derecho de vivir sometido a todos sus caprichos ybrutalidades, y el de trabajar bajo los reglamentos más estúpidamenteantieconómicos, en el mejor de los casos—en el del hombre libre—eranciertamente condiciones sociales, económicas y morales que hacíanimposible la prosperidad del habitante y el progreso de la nación.

Sólo por la disminución del gobierno espiritual de la Iglesia y delgobierno temporal de los príncipes, y en la medida en que se lograban alinflujo de la filosofía y de las ciencias renacientes, por explosionessucesivas de los doblemente oprimidos y explotados, ha venidoacrecentándose la capacidad humana por la vida humana.

Y como en los países protestantes disminuyó primero el gobiernoeclesiástico por la secesión con el papado y la supresión de losmilagros, la confesión, la comunión, las indulgencias y el óbolo de SanPedro, fue en ellos donde primero se acrecentó por la fe en la ayudapropia que sustituyó a la fe en el auxilio milagroso de los santos, lacapacidad del individuo y la correlativa prosperidad de las naciones. Ycomo en España y en Italia fue más cargosa la tiranía eclesiástica,fueron también en ellas más agobiado el individuo y más empobrecida lacomunidad por la Iglesia que había hecho de las sagradas escrituras noun faro sino un presidio de la inteligencia humana, un presidio sin airey sin luz, al que los protestantes le pusieron con el libre examen,puertas y ventanas.

Cuando los romanos llegaron al Egipto, no pudo resistirles, porque lossacerdotes absorbían en este país la tercera parte de la riquezanacional, para sus inútiles mojigangas. A su vez las exacciones delfisco romano, centuplicadas por la avaricia insaciable de lospublicanos, habían destruido in situ la fuerza del imperio, desdemucho antes de las invasiones de los bárbaros, y las explotaciones de laavaricia sacerdotal, reforzada por el Santo Oficio y los jesuítas, yadmirablemente secundada por la imbecilidad de los reyes y de losministros fanáticos, que expulsaron a los judíos y a los moros parahacer la unanimidad católica, convirtiendo al habitante en siervo de laIglesia y a los 3|5 del territorio fértil en bienes de mano muerta,aniquilaron tan radicalmente la energía humana del imperio en que no seponía el sol, que, sin empujones de afuera, se cayó de decadenciaespontánea por debilidad intrínseca, como se están cayendo los pueblosmusulmanes del presente.

Y como es natural que el remedio sea más grande donde es más grande elmal, según ocurrió en la revolución francesa, si los países latinosaventajaran a los anglosajones en desprenderse completamente de eseenervante y costoso gobierno de las conciencias por el Vaticano, como loha iniciado la Francia, recobrarían, en el futuro, el terreno perdido enel pasado.

Porque se puede prever, desde ahora, la universal superabundancia decapacidad humana para los problemas de la vida humana, que sobrevendrácuando hayan desaparecido del todo, con la clase sacerdotal que losexplota, los problemas de la vida futura, que hoy consumen todavía partetan considerable de la energía humana en costosas ceremoniasabsolutamente inútiles y en afanes sobre el vacío para hallar las másdiversas y disparatadas soluciones ilusorias de lo insoluble.

DIOS MEDIOEVAL Y DIOS MODERNO

El concepto de la glorificación de Dios por la anulación voluntaria delhombre, arrodillado ante su creador, de miedo a su creador, que es laidea madre subyacente en la ordenación católica del pensamiento humano,la que engendró el oscurantismo, el misticismo y el monasticismo sobrela abdicación de la razón, de la virilidad, de la voluntad y de ladignidad humanas, la que informa toda la conducta de la Iglesia en suguerra sin cuartel contra todos los progresos de la humanidad poriniciativa del hombre, ese principio fue el alma de las sociedadescristianas del pasado, fundadas sobre el derecho divino, fatalmentesectario, autoritario y absolutista.

El concepto de la glorificación del Creador por el engrandecimientointelectual, moral y material de sus criaturas, fruto superior de larazón moderna, formada lenta y subrepticiamente por la filosofíamoderna, sobre los restos del pensamiento griego salvado por los árabesdel vandalismo cristiano

de

los

primeros

siglos

de

fe,

este

principioesencialmente afirmativo y constructivo, concorde con la ley deevolución, por el que el hombre marcha paralelo con las fuerzas de lanaturaleza y fortalecido por ellas, como diría Emerson, tandiametralmente opuesto al principio esencialmente negativo e inactivo dela teología cristiana que se propone, como el paganismo, contrarrestarlas energías de la naturaleza con la magia religiosa, esta dignificantey operante concepción de la vida, levadura del liberalismo y alma de lacivilización moderna, fue adoptada y apadrinada desde su nacimiento porla franc-masonería,

que

se

reconstituyó

para

propender

aldesenvolvimiento de la verdad, la justicia y la fraternidad, sobre losDerechos del Hombre, al fin proclamados netamente en la declaración dela independencia americana, y sobre las ruinas de la Bastilla, en elúltimo tercio del siglo XVIII.

Hay, pues, una oposición fundamental, perfectamente caracterizada desde1864 por el Syllabus de Pío IX, entre la manera cómo entienden concurriral progreso los albañiles del templo de la justicia, que, prescindiendode las diferencias de raza, nacionalidad, color, condición social yopinión política o religiosa, trabajan para ensanchar la libertad, laigualdad y la fraternidad humanas, y la manera cómo entienden servir aDios los hombres y las mujeres que renuncian al esfuerzo, al pensamientoy la acción, y se confinan en la pasividad y la esterilidad voluntariasde la oración, la penitencia y la humillación, en este mundo de losvivos, para ser recompensados en el de los muertos.

LA SOCIEDAD PRESENTE Y LA FUTURA

En estas sociedades que descansan, todavía, sobre el lujo y la miseria,sobre la ociosidad de los unos y el trabajo de los otros, lo que lospadres quieren procurar a sus hijos no es la capacidad para producir,sino la capacidad para disipar, la posibilidad de disfrutar sinproducir, en una palabra: la riqueza. Y lo que hombres y mujeres buscanprincipal o secundariamente en el matrimonio, es la dote inmediata o laherencia en perspectiva.

Y desde que la riqueza confiere la posibilidad de alcanzar los honores ylos privilegios, y la satisfacción de todos los gustos, los apetitos ylas vanidades en boga, y aun la de comprar a la Iglesia la salvacióneterna, y que ella pueda ser adquirida por medios ilícitos o perversos,con más o menos riesgos, hay un premio eventual para la depravaciónmoral, una seducción permanente—que en muchos países y en ciertasocasiones suele hacerse irresistible—para la mentira, el robo, elpeculado, el fraude, el asesinato y la guerra.

Sin duda la profesión de bellaco, que es entre los musulmanes y que portantos siglos ha sido en la cristiandad el medio más rápido y eficaz deconquistar honores y privilegios y de alcanzar títulos de nobleza, en elachatamiento universal de los pobres de espíritu que elaboraba laIglesia, se viene haciendo cada vez más peligrosa y menos lucrativa yhonorífica, con el reverdecimiento de la energía al influjo de losideales modernos, pero, todavía, y particularmente en los paísescatólicos y ortodoxos, el inquilino de la sociedad contemporánea estáinstalado en un plano fuertemente inclinado hacia la perversidad humana,resultando siempre más o menos ineficaces para contenerlo arriba todoslos terrores

en

uso,

civiles

o

religiosos, y

todos

los

surtidorespermanentes o occidentales de energía moral.

Pero, según el rumbo que llevan las ideas avanzadas del presente, en lasociedad del porvenir, lo que los padres querrán dejar a sus hijos, loque buscarán en el matrimonio los hombres y las mujeres, será "la saludo la plenitud que responden a sus propios fines y tienen para ahorrar,correr e inundar los alrededores y crujir por las necesidades de losotros hombres", como dice Emerson; será la aptitud para conducirse yprosperar por sí mismo, la capacidad intelectual, moral y física para lafelicidad humana por la fraternidad humana, la sensatez, la dulzura, labelleza de alma; por el trabajo, el amor y la amistad, según aquellaexacta definición de la dicha, que la hace consistir en "tener siemprealgo que hacer, alguien a quien amar, alguna cosa que esperar".

Transformados así los ideales directrices de la conducta individual,esclarecida y reafirmada esa tendencia natural primaria del espíritu aestimar a los individuos según el bien que produzcan para los demáshombres, que no ha suscitado los tiranos y los usureros, pero sí losmártires de las ciencias y las artes, los héroes de la libertad, de lajusticia, de la fraternidad, de la filantropía, los exploradores, losinventores, los educadores, los pensadores, los músicos, los poetas, losconspiradores, los patriotas, el bienestar del individuo, que hastaahora "depende de lo que se anexa, absorbe o apropia, dependerá de loque irradie", como dice Hubbard, y entonces el plano en que se deslizala conducta personal en la sociedad habrá invertido su inclinación de lainiquidad a la rectitud, del egoísmo al altruismo, de la soberbia a labenevolencia, de la insolencia a la cortesía, de la hipocresía a lasinceridad, de la mentira a la verdad, y habrá llegado para el común delas gentes esa situación de las almas superiores en todos los tiempos,desde Sócrates, Platón, Jesús, Epicteto y Marco Aurelio, hasta elfilósofo de Massachussets, que la describe así: "Todo hombre tienecuidado de que no le engañe su vecino. Mas llega un día en que se cuidade no trampear él a su vecino".

EL PORVENIR

En el siglo XIX la vida humana ha sido alargada en diez años por lasupresión de las epidemias, tanto y tan inútilmente suplicada a Dios,puesto que dependía del adelanto de las ciencias humanas que él no podíacrear y difundir, y de las obras de salubridad que él no podíaconstruir; por la disminución de la miseria que dependía de la libertadpolítica, de los métodos económicos y de las máquinas que él no podíainventar; por la disminución de la imbecilidad humana mediante laeducación y la instrucción, que Dios no puede hacer y que están haciendolas escuelas y las universidades.

"El cuerpo, que es el irreconciliable enemigo del alma en la doctrinacristiana" está recibiendo ahora, hasta de los creyentes en la virtudpóstuma, de la mugre y de las llagas, atenciones que el gran Pascalhubiera considerado pecaminosas.

En el último siglo la pena de muerte ha sido gradualmente restringida, yreducidas las prisiones en número y en grado de mortificación a la mitadde lo que fueron en el precedente, y la tendencia está pronunciada en elsentido de transformarlas en reformatorios por el trabajo y lainstrucción, mientras una educación más racional acabe por hacerlasinnecesarias, pues

"las malas pasiones no son, como dice Manuel Ugarte,carne del hombre, sino enfermedad adquirida del ambiente en la niñez".

Cuando la felicidad humana era poca y la infelicidad era mucha, aquéllaalcanzaba apenas para unos cuantos acaparadores y ésta sobraba para elresto de los hombres. Por efecto de los trabajos de las ciencias y lasartes liberales que suprimen progresivamente la segunda, y de lasreivindicaciones del pueblo que extienden periódicamente la primera, laeducación de la inteligencia y de los sufrimientos, el bienestar y ladicha, podrán alcanzar para todos los hombres y las mujeres, y aunsobrar algo para los animales inferiores que también lo necesitan.

"El misterio de la justicia, que antes estaba en manos de los dioses,resulta estar en el corazón del hombre, que contiene al mismo tiempo lapregunta y la respuesta, y que quizás algún día se acordará de ésta",dice Maeterlinck.

"Llegará a ser materia de asombro, dice Spencer, que haya existidogentes que encontraran admirable disfrutar sin trabajar, a costa de losque trabajaban sin disfrutar", y sir Oliver Lodge encuentra ya extrañoque un individuo pueda vender un pedazo de la Inglaterra para subeneficio particular.

"La humanidad está creciendo en inteligencia, en paciencia, enbenevolencia—en amor", dice Hubbard. Los hombres de bien empiezan aencontrar en los afectos del hogar y de la amistad alegrías ysatisfacciones bastantes para sentirse ampliamente compensados de todassus virtudes en la tierra. Con el adelanto de la inteligencia, la bondady la sensatez humanas; con la creciente abundancia de producciones enperspectiva por el desarrollo de las artes y las ciencias; que acabaránpor suprimir la ignorancia, el vicio, el crimen, el dolor y la miseria;con la atenuación progresiva de las desigualdades del presente, que sonel fruto de las iniquidades del pasado, por el mejoramiento incesante dela capacidad moral del individuo, se perfila en lontananza un tipo dehombre superior, que, sabiendo extraer del lado noble de la naturalezahumana todo el bienestar a que aspire, no sentirá la necesidad de quesus buenas acciones sean premiadas con recompensas desproporcionadas, nicastigadas con penas eternas los que le causen males pasajeros.

La materia de la religión, que es la necesidad de castigar en un mundoimaginario los males impunes del mundo real, y de premiar en otra vidalas bondades no gratificadas en ésta, está viniendo a menosconstantemente por el progreso moral de la especie humana, y se puedeprever desde ahora que, cuando todas las acciones malas sean castigadaso perdonadas, y todas las buenas sean premiadas aquí, Dios se quedarásin tener nada que hacer allá, y a menos que se empeñe en ser más maloque los hombres, castigando lo que éstos olvidan, y dándoles, quandmême, recompensas a que no aspiren, se verá obligado a clausurardefinitivamente el purgatorio, el infierno y el cielo, dejando sinempleo a todos sus ministros en la tierra.

Y recién entonces podrán los hombres vivir inexplotados y en paz, y serdichosos, en este mundo y en los otros.

Las ideas capitales de la civilización enel momento que pasa

LA VIDA Y EL BIENESTAR

En el siglo XIV, en el que 25:000.000 de habitantes—casi la mitad de lapoblación de Europa—sucumbieron de la peste negra, los peligros queasediaban permanentemente al habitante, provenían de los poderessobrenaturales a los que les eran atribuidas las sequías, lasinundaciones, las epidemias, los terremotos, las pestes, las cosechas ylos triunfos de la guerra.

Tres horas diarias de pensamiento y de acción, en término medio por cadahombre y cada mujer, estaban empleadas en precaverse de los males yasegurarse los bienes individualmente, y un ejército permanente deteólogos en la más radical ignorancia de la higiene la agricultura, lapedagogía y la mecánica, estaba dedicado a asegurar el bienestar generalpor procedimientos

místicos,

percibiendo

en

compensación,coercitivamente, el diez por ciento de la producción ajena yvoluntariamente otro tanto en donativos.

Era como si cada persona llevase sobre sus espaldas una plancha de plomode diez a veinte kilos de peso, para asegurarse la posibilidad deandar, suponiéndola imposible sin esa carga, y la

diferencia

másimportante

entre

los

colonizadores

anglosajones y latinos del nuevomundo fue el mayor gasto inútil de éstas en el seguro de vida, por elmayor empleo y el mayor costo de los servicios espirituales obligatoriose indispensables para estar "en gracia de Dios" y a cubierto de losdemonios. Se explicaría así el ningún resultado de la libertad políticapara labrar el bienestar general, hasta que sobrevino por la instrucciónpública el descreimiento, que llevó a emplear en mejoras agrícolas eldinero que se malograba en la compra de indulgencias, y en médico yboticas lo que se gastaba en pagar curaciones imaginarias a los santos.

Que la multiplicación de los templos y de los teólogos en una región notiene influencia de ninguna clase sobre los caracteres del suelo y delclima, ni sobre la criminalidad, ni suprime los terremotos y lostiranos, ni detiene las epidemias ni las pestes, cualquier personasensata podría observarlo; pero el que mostraba síntomas de sensatez eraperseguido a muerte por los poderes públicos, y el mismo Blas Pascal,que se hacía torturar las carnes con un cilicio, para asegurarse lasalud a la moda del tiempo, no se vio libre de persecuciones.

En esas condiciones de la vida medioeval, ningún progreso era posible,porque la imbecilidad humana era igual a la capacidad humana, ygravitando más duramente allí donde el clima era menos clemente, lainsurrección empezó en los arenales del Brandemburgo, y prosperó en laAlemania del Norte, desde que los príncipes vieron en la Reforma elmedio de apoderarse de los cuantiosos y codiciados bienes de lasiglesias, que producían el empobrecimiento universal por el expendio delconsuelo universal.

Del mismo modo en Inglaterra, la necesidad de contener las extraccionesde dinero a Roma, (ascendentes en la Francia del siglo XVI a 700.000escudos anuales), que enflaquecían al país para retornar en reliquias eindulgencias, indujo a prescindir del milagro, substituido por "laangustia mental" que inutilizó el domingo inglés, y a confiar en el"self-help", que paulatinamente trasladó al hombre del rol pasivo al rolactivo, de la devoción a la acción, desalojando a la Providencia en lapolítica y en la producción, para iniciar esa prodigiosa transformaciónde la agricultura rutinaria en la agricultura científica, que culmina enNorte América.

El remanente de riqueza retenido para las necesidades nacionales por lasupresión del "drenage del ahorro para la expiación del pecado", vino aser para las naciones del Norte de la Europa Central, que habían sidohasta entonces las más pobres, el comienzo de una prosperidad crecientehasta nuestros días, particularmente acelerada con el refuerzo del"self-help"

por el empleo del vapor, que "es casi un inglés", como dijoEmerson.

La civilización medioeval consistió en el empleo de las fuerzassobrenaturales captadas por procedimientos teológicos para la defensa dela vida, y la civilización moderna consiste en el empleo de las fuerzasnaturales captadas por procedimientos físico-químicos. Los paísesmusulmanes y los cristianos del Oriente, Armenia y Abisinia han quedadofieles al primer plan, y los cristianos del Occidente han empleadosimultáneamente los dos, en proporciones tan diferentes, que en laactualidad, mientras la América del Norte tiene diez escuelas por cadaiglesia y cuatro caballos de vapor por cada habitante, la Rusia y muchaparte de la América del Sur tienen todavía diez iglesias por cadaescuela nacional y un décimo de H. P. por habitante. Nosotros tenemoscerca de cuatro escuelas por cada iglesia (5.000 y 1.290).

Hasta el siglo XVIII, la enseñanza primaria, secundaria y universitariaestaban arregladas para conferir al educando un poder indirecto sobre elambiente por la consecuencia de la gracia divina y el patronato de lossantos, a fin de que éstos cambiaran o predispusieran los fenómenosnaturales en manera favorable a los intereses personales del respectivodevoto, y la enseñanza arreglada para conferir al hombre un poderdirecto sobre los recursos ambientes por medio de los instrumentos, lasmáquinas y los procedimientos científicos, sólo empezó a acentuarsedesde los comienzos del siglo XIX. Se inicia entonces francamente ladecadencia de las ciencias sobrenaturales y el desarrollo creciente delas ciencias naturales, y de sus aplicaciones a la defensa de la vida yla sociedad, al ensanche de la producción y de las comunicaciones, almejoramiento de las relaciones entre los individuos y entre los pueblospor la comunidad de artes y de ciencias, aun en la disparidad decreencias, y el carbón de piedra engorda prodigiosamente a los másmientras los otros siguen enflaqueciendo por el empleo del milagro,"costoso y de rendimiento incierto".

Como el poder actual de las naciones depende de la proporción de fuerzasnaturales que han puesto al servicio de la vida nacional, por el cultivoy el empleo de la inteligencia humana, la "Reina del Océano" en el sigloXVI, no tiene hoy ni escuadra, y el más remoto país, que era entoncesdesconocido, pero que ya practicaba por una feliz intuición de laciencia moderna el aseo personal, ha llegado a ser una de las grandespotencias de la era presente, en sólo cuarenta años de no emplearninguna parte de los recursos fiscales en pagar auxilios imaginarios yde invertirlos íntegramente en la apropiación de las energías naturales,primer caso en el mundo de aplicación de los métodos modernos de vidacon prescindencia casi absoluta de los métodos medioevales.

En cambio, parece que, por compensación o por la urgencia de recuperarel tiempo perdido, los pueblos que se despiertan más tarde delsupernaturalismo al racionalismo, se despiertan más completamente. Asíla Francia, así el Portugal, que han expulsado a los frailes, cuandoInglaterra no puede todavía establecer la enseñanza laica y obligatoriaque tienen aquéllas, porque la resisten los obispos y sus hechuras en laCámara de los Lores, y se ve aventajada por los norteamericanos y losfranceses en las industrias que requieren una mayor inteligencia en elobrero.

Del mismo modo, parece también que la más cristiana de todas lasvirtudes cristianas, que es la imprevisión espontánea en el salvaje,deliberada en el anacoreta, es reemplazada por la más anticristiana, quees la previsión, con mayor empuje en los pueblos que llegan más tarde apracticarla.

No obstante la conminación evangélica a vivir como el lirio del valle yel pájaro del bosque, sin pensar en el mañana, sin sembrar y singuardar, fue posible el ahorro desde que cesó la costumbre de invertirel dinero sobrante de esta vida en la otra y se le ocupó entonces en laindustria o el comercio y en préstamos a los gobiernos extranjeros. Y elcapital inglés, el primeramente formado, fomentó el progreso de todo elmundo y particularmente en la América del Sur que sin él estaría aún enla barbarie.

Luego, a proporción que los franceses dejaban de preocuparse de lastribulaciones de los antepasados para atender a las de losdescendientes, la Francia que había sido, al estallar la granRevolución, el país de menos capitales y de más bellas deudas, pasandode un extremo al otro y yendo hasta economizar el número de hijos paraaumentarles la dote, ha llegado a ser el país que tiene más capitales ymás préstamos a cobrar.

Las otras naciones, donde el ahorro ha seguido aplicándose a laobtención de las energías sobrenaturales para asegurar la salud de losvivos y el bienestar de los muertos, Rusia, España, Turquía, Portugal,Austria-Hungría, no han pasado aún de las condiciones de prestatarios ala de prestamistas.

LA VIDA Y LA SALUD

( El costo de las velas)

Enjaezado por una manera particular de concebir la vida y susincidencias, el individuo está determinado en el curso de su existenciapor sus respectivos arneses mentales, llevando las riendas, deordinario, las necesidades sobrenaturales en el que las padece, lasnaturales en todos y alternativamente los gustos, los vicios, lasvirtudes, el amor o el odio preponderantes en cada momento dado. Toda ladiferencia con el caballo de tiro está en que uno lleva los arneses porfuera y a la vista y el otro los lleva por dentro e invisibles, salvo,por supuesto, los que llevan el duplicado del espíritu en el trajeprofesional.

Diferencias mentales insignificantes de individuo a individuo, se hacenenormes cuando son, por acumulación, diferencias de millones a millonesde individuos. Muchas hebras de paja reunidas detienen el paso de unelefante y muchas menudencias acumulativas detienen la marcha de unanación.

En su forma originaria, el misticismo era la subordinación de la saluddel cuerpo a la salud del alma, de modo que toda disminución de aquellodebía importar necesariamente un mejoramiento de la vida.

El espíritu práctico, que fue la característica del pueblo romano en laantigüedad, resurgió en oposición al espíritu místico y llegó a ser unacaracterística de los pueblos que se plegaron a la Reforma,particularmente de los anglosajones, mientras el espíritu medioevalcontinuó siendo la característica de los pueblos que quedaron fieles almisticismo medioeval.

Y acentuándose con el andar del tiempo la nueva tendencia, se ha llegadoen el más práctico de los pueblos modernos a hacer de la religión mismaun instrumento de sugestión mental para la salud corporal, en la llamada"Christian Science" de Mrs. Eddy.

En virtud de la doctrina de la expiación del pecado por el sufrimiento,y en repudio de las costumbres paganas, el desaseo fue erigido en virtudreligiosa, y más tarde Mahoma estableció las abluciones como unapráctica religiosa.

Con esto, en la lucha por la salud, este elemento de superioridad quedóde parte de los musulmanes, que conquistaron dos grandes porciones de laEuropa, estableciendo en ellas una civilización más alta que la quehabían desalojado.

Esa ventaja fue después contrarrestada y superada por el mayordesenvolvimiento de las ciencias y las artes entre los cristianos, alinflujo del racionalismo naciente, con más fuerza o contra menoresresistencias en algunas regiones, en manera que dos o tres siglos mástarde las naciones cristianas de Europa eran muy desigualmentepoderosas.

En el siglo XII, la defensa de la salud se realizaba por las oraciones ylos amuletos en el Oriente; por las oraciones y las reliquias en elOccidente. La Reforma, que fue un movimiento de carácter económico parala abolición del comercio de indulgencias y reliquias, descalificó elmilagro para descalificar el vehículo de la extorsión, y por estacoyuntura pudo renacer la higiene pagana en la fórmula del "mens sana incorpore sano", por el baño y los sports, a punto de que puede decirseque la higiene por métodos naturales renació protestante y anglo-sajonaprincipalmente.

Cuando los enfermos sanaban por milagro solamente, tenían razón de ser yno existían la higiene y la terapéutica, que estaban condenadas por laIglesia en defensa de la castidad y de la taumaturgia respectivamente;la mortalidad igualaba a la natalidad y el crecimiento vegetativo de laspoblaciones era nulo o insignificante, estando la salud de los vivosencomendada a la voluntad de los muertos en la heroicidad o la santidad.

Decreció en cambio la población de alimañas y parásitos externos,

de

losinquilinos

del

desaseo,

colaboradores

inconscientes de la salvaciónmedioeval, con el empleo del jabón y de la camisa visible y lavable queinventó Burmmel, novedades que se han abierto camino muy lentamente allídonde el sentir de los teólogos había encontrado su complemento popularen el viejo refrán "chancho limpio nunca engorda".

Definiendo la nueva manera de realizar la defensa de la vida contra lainsalubridad ambiente, los norteamericanos decían que

"la civilizaciónde un país se mide por el consumo de jabón", y consiguientemente, laincivilización debía medirse por el consumo de velas a los santos parael mismo objeto.

Cuando el milagro era el agente exclusivo para la conservación de lasalud, la mortalidad excedía del 30 por mil, y en razón de la enormemortalidad infantil, el término medio de la vida humana no pasaba dequince años, que se han doblado primeramente para los anglosajones,porque la higiene experimental ha hecho descender la mortalidad a cercade 15 por mil, mientras excede todavía del veinticinco en la cepaespañola.

Calculando para ésta un promedio de 20:000.000 de habitantesen el siglo XIX, y tomando la cifra sajona para la gente que ha muertoinevitablemente, y su diferencia con la cifra española

ehispanoamericana

para

la

que

ha

muerto

evitablemente, la higiene místicanos habría costado veinte millones de vidas, prematuramente aniquiladasen el siglo en que se ha consolidado la higiene racional.

Y a continuar en la misma relación, otros veinte millones de vidas, conotros dos mil millones de pesos se perderán, evitablemente, enholocausto a la fe en la higiene y la terapéutica sobrenaturales.

"La principal industria de la Edad Media, dice Seignobos, era la cría deabejas por la cera para alumbrar las iglesias, y la miel para endulzarlos vinos". En Rusia, donde el pueblo analfabeto es el 97 % y se siguepracticando la defensa de la salud por medio de las velas de cera, decada mil niños, 495 mueren antes de los 5

años. En dos años deadministración norteamericana, la mortalidad, que era de 132 0|00 bajola dominación española, descendió a 22 0|00 en Cuba[9].

Según las informaciones telegráficas de Santiago de Chile, el mes pasadohan perecido allí setecientos niños de menos de un año, pero todo elhorror de este hecho queda fuera de los arneses mentales delhispanoamericano, como estuvieron antes fuera del alcance de sussentimientos la tortura, la servidumbre, la esclavitud, el despotismo,la ignorancia y la miseria consecutiva.

Para el modo de ver de un teólogo soltero, esos niños habrían idoderechamente al cielo o al limbo, según que estuviesen bautizados, y"san" se acabó. La pérdida que ello importa para el país y para la raza,siendo una ganancia para el cielo, no se toma en cuenta, pues para elque tiene arneses de ir al otro mundo, judío, cristiano, musulmán, etc.,los intereses de este mundo quedan fuera de la respectiva carretera,cuando las anteojeras son muy grandes y puede aún llegar al punto dedestino sin haber dado un paso en este planeta. Vale decir que, en unsolo mes y de una sola procedencia, la población de aquellos parajes sehabrá aumentado

con

700

párvulos

a

perpetuidad

por

consignacióneclesiástica.

LA RELIGIÓN Y LA CIENCIA

El objetivo de la ciencia es la vida que transcurre en el mundo natural,y el de la teología es la que transcurre y la que no transcurre, y estáen primer término.

Como la vida y las leyes naturales son las mismas en todas partes, hayuna sola ciencia verificable de la vida y más de cuatro mil religiones ociencias inverificables de la vida y de la muerte.

Si la salvación depende de no comer jamón o de no beber alcohol, o debeber tres gotas diarias de orines de vaca sagrada, o de no comer vacaprofana en día viernes, son asuntos que están fuera de la cienciapositiva, porque los problemas imaginarios sólo pueden ser planteados yresueltos por las ciencias imaginarias.

Porque la mente tiene el privilegio de salir de la realidad, construirserealidades mentales, poblar con ellas el mundo natural, y arreglar aellas la conducta personal, pudiendo desacertar en mayor o menor medida,lo que tendrá una influencia más o menos desfavorable sobre el sujeto ysus alrededores y ninguna sobre su teología, pues todo el mal que deésta resulte será considerado como una fatalidad inevitable o comoinfinitamente inferior a los bienes inverificables. Por esto la cienciaes buscada como el pan, en razón de las utilidades reales queproporciona a todo el que la use, y la religión se hereda como el colorde la piel y se la aguanta, por mucho que reduzca las posibilidadesindividuales y nacionales, por las utilidades imaginarias queproporciona al que la cree y que no proporciona al que no la cree y quepor esto no la busca, ni la quiere o la repudia.

La vida puede ser reducida o rebajada en diferente porcentaje por unandamiaje de terrores y esperanzas ilusorias o por la disminución de lossentidos o del intelecto, o por las dos desgracias juntas, y el saldoserá diferente pero la conformidad será igual, correspondiendo a cadadiferente plan de vida un coeficiente de duración diferente también.

"La mente que va paralela con las leyes de la naturaleza estará en lacorriente de los acontecimientos, y fortalecida con las fuerzas deéstas", dice Emerson. Y la que no vaya paralela no será fortalecida, yla que vaya en contra será debilitada por ellas, pues el hombre puedehacer su verdad y extraviarse con ella, pero no puede hacer la verdaddel mundo exterior y extraviarlo en la misma dirección.

Como los peligros y las defensas sobrenaturales sólo existen porcreación del espíritu humano, son diferentes en especie y en grado entodas las gestiones y latitudes y susceptibles de ser abandonados omantenidos, disminuidos o aumentados, por simple cambio del pensamiento,sin que cambie en el mundo otra cosa que el empleo de la vida del sujetomismo, que cesará de gastar en ellos si cesa de creer en ellos, ogastará el doble si cree el doble, en perjuicio o en beneficio de losrespectivos intermediarios, por esto instintivamente interesados enmantener en la más alta tensión el terror sobrenatural para ordeñarlocon más provecho, a cuyo efecto hacían creer antes a las gentes que elmundo existía por y para las creencias y se acabaría si ellas cesaban.

Como en la Europa central y occidental los teólogos no lograron manteneren tensión máxima universal el terror religioso, la inteligencia humanapudo emanciparse del peligro teológico y llegar a engrandecerse con todoel poder de las energías cósmicas, que trabajan gratuitamente para todoel que aprende a gobernarlas.

En los males imaginarios, el empresario del remedio es, por supuesto, elmás entusiasta y el más infatigable propagandista del peligro: cada cualse preocupa de hacer creer en la realidad del infierno de que puedesacar penados, siendo al mismo tiempo el más ardoroso negador de laexistencia de los otros infiernos de que sacan otros especialistas.

Pero resulta que sobre los peligros y los temores sobrenaturales delpasado están injertadas, no solamente las instituciones religiosas, sinotambién las instituciones políticas del pasado, con lo que hay dosgrandes y poderosos interesados en su mantenimiento, desde que sucesación comportaría el derrumbamiento de entrambos. Y la mayorcomplicación proviene de la competencia internacional, que impone laeducación del pueblo, so pena de anularse brusca o lentamente el paísque la suprima o la reduzca. El dilema es inevitable: ser comidolentamente por los frailes, los derviches, los bonzos, con elevadamortalidad y miseria grande, para ser luego despojado o absorbido degolpe por los rivales o levantarse y andar como ellos.

Y la solución que se ha encontrado para cultivar los poderesintelectuales sin destruir o disminuir el miedo a los peligrossobrenaturales, obviando el antagonismo entre la casualidad natural y lasobrenatural, es la enseñanza religiosa de las ciencias profanas; elcultivo de la memoria sin despertar el raciocinio, por la ingestión deexplicaciones depuradas en respuestas hechas, aprendidas y almacenadasen la mente para responder a preguntas hechas, a fin de que el educandoatraviese la escuela, el colegio y la universidad con anteojeras demula,

"con sujeción estricta a los textos", viendo lo que ponen delantey no lo que le substraen o queda a los costados, como Renan, que recibiólas órdenes menores en San Sulpicio sin saber que había existido larevolución del 89.

Pero el individuo habilitado solamente para repetir como un fonógrafo,con o sin variaciones, lo que le han enseñado en la cienciacircunscripta por la fe, no podrá ser más que un loro sabio, de grandeo aun de maravilloso vocabulario, y el país que cultive todos lospoderes intelectuales del habitante estará siempre mucho más arriba delque sólo cultive alguna parte. Aun edificando el saber sobre lacapacidad pasiva de asimilar conocimientos, la enseñanza religiosa corregraves riesgos de despertar inopinadamente la capacidad activa,suscitando en un seminarista un Combes, y un France en un discípulo delos asuncionistas.

Mariano Moreno, el alma de la revolución de Mayo, era doctor en teologíade la Universidad de Chuquisaca, como Voltaire era discípulo de losjesuítas, porque la misma educación calculada para atrofiar las alas delespíritu, fracasa en las inteligencias descollantes no habiendoprocedimiento que valga para transformar los cóndores y las águilas enaves de corral.

De la casualidad milagrosa, que es la base de la escuela eclesiástica,no ha salido ningún invento, ningún descubrimiento, pero han salidotodos los actores de la Revolución Francesa, los terroristas, losnihilistas, y los anarquistas; y de las Universidades fundadas yregenteadas por obispos, salieron todos los emancipadores de la Américadel Sur, consistiendo así su único mérito en haber servido para lo queno fueron establecidas.

A consecuencia de esto, y a precio de rebajar la mentalidad nacional porla enseñanza anticientífica de la ciencia, a menudo equivalente aescamotearla, y de que son víctimas en primer término los huérfanos ylas clases conservadoras, los poderes dogmáticos sólo consiguen aplazarsu derrumbe para hacerlo más completo en definitiva. Bajo la enseñanzareligiosa, la Francia monárquica llegó a ser más republicana y máslibrepensadora que la Inglaterra liberal, cuyo Parlamento votaba, en1840, 30.000 libras para escuelas y 70.000 para las caballerizas delrey.

Abrazando la causa del liberalismo, la casa de Saboya levantó lamonarquía levantando a la Italia, y apoyándose en el clericalismo, lacasa de Braganza perdió la corona, atrasando, empobreciendo y endeudandoa Portugal.

La América del Sur se encuentra en plena evolución del espíritu místicoal espíritu práctico en algunas partes, y en plena regresión en otras.Para la prosperidad de las poblaciones, un ferrocarril, un puerto, unaescuela, un banco, son infinitamente más eficaces que un obispado, y escon ellos que, en sesenta años de liberalismo tibio, la Argentina hahecho descender el precio del oro del 2000 al 227 0|0, mientras Colombialo ha hecho ascender al 5000 0|0 y perdido a Panamá en 18 años dereaccionarismo rabioso. Con su prodigioso santuario, Catamarca no hapodido aún salir de la pobreza consuetudinaria, y con la agriculturacientífica, Mendoza ha aumentado sus recursos de medio a cuatro y mediomillones de pesos en 25

años, aún teniendo adentro, como las manzanasaveriadas, a los más hábiles despojadores de viudas ricas y beatas, quepagan el más alto tributo al miedo religioso, en dinero acumulado porsus maridos descreídos que pasa al activo de la riqueza eclesiástica.

La penetración de los instrumentos materiales de la civilización modernaes inevitable aun en los países en que el hombre vive sintiendo,pensando y pereciendo en los viejos moldes y en pos de aquellos va lainfiltración de las métodos mentales de que proceden. El vapor, elferrocarril, el automóvil, son

los

precursores

del

régimenconstitucional

y

del

librepensamiento en Turquía, en Persia, en China,en Rusia.

Se ve cuán profundo era el pensamiento de lord Acton, el famoso católicoinglés, cuando decía, en referencia al gran pontífice que dejó nacer ycrecer al modernismo: "Pienso que León XIII es el primer Papa que hayasido bastante sabio para desesperar, y sentido que debía empezar unanueva partida y gobernar por extrañas estrellas sobre maresdesconocidos".

INSTITUCIONES LIBRES[10]

El problema que las instituciones libres deben resolver es el delgobierno de las sociedades humanas, a gusto y beneficio de losgobernados, y el mayor inconveniente para la buena gestión de losintereses ajenos, es la tendencia espontánea del individuo a preferir supropia voluntad y su propia conveniencia a las de los otros tanto máscuanto le sean menos afines por la sangre, el espíritu, el suelo, lalengua o el color, y las maneras de suprimirlo o atenuarlo son,naturalmente, la división del poder en varias ramas, que se contrapesenrecíprocamente, y su contralor por la opinión pública.

En la antigüedad, solamente los griegos, que hicieron los primerosensayos de confederación y de gobierno del pueblo por el pueblo, y losromanos, que se dedicaron a la conquista con incorporación, concibieronel problema y trabajaron para resolverlo, ensayando una gran variedad deformas políticas incompletas, que fracasaron sucesivamente, ydesarrollando la cultura del entendimiento en una medida tan vasta que,aun preterida porque "no servía para salvarse", durante la noche de diezsiglos en que nuestros antepasados se olvidaron de las necesidades de latierra para delirar con el cielo, el purgatorio y el infierno, ha venidoa ser la fecunda simiente de que procede la civilización moderna.

Las repúblicas griegas, en quienes el instinto de la venganza eratodavía más grande que el sentimiento de la justicia, que ignoraban losderechos de las minorías, como nosotros en la primera mitad del siglopasado, y no llegaron a conocer ni la división, ni la limitación de lospoderes, ni los grandes beneficios recíprocos de la benevolencia paralos vencidos, condenados siempre al ostracismo y la conspiración, fueronasimismo el paraje en que el pensamiento humano pudo levantarse ydesenvolverse con mayores holguras.

Como dice Renan, "el estado habitual de Atenas era el terror.

Jamás lascostumbres políticas fueron más implacables, jamás la seguridad de laspersonas fue menor. El enemigo estaba siempre a diez leguas; todos losaños se le veía aparecer; todos los años era necesario guerrear con él.Y en el interior, ¡qué serie interminable de revoluciones! Hoydesterrado, mañana vendido como esclavo, o condenado a beber la cicuta;después, lamentado, honrado como un dios; todos los días expuesto averse

arrastrado

a

la

barra

del

más

inexorable

"tribunalrevolucionario", el ateniense que, en medio de esta vida agitada, jamásestaba seguro del día siguiente, producía con una expontaneidad que nosasombra".

La república romana, que llegó a realizar en cierta manera la divisiónde los poderes y el principio de la responsabilidad, tuvo, enconsecuencia, una vida más robusta y una existencia más larga, pero,desconociendo el principio de la representación, tiranizó fatalmente alos pueblos vencidos, tanto menos oídos en la opulenta capital cuantomás esquilmados en la remota provincia, y el ejercicio del despotismoafuera, inhabilitando a los dominadores para la práctica de la libertaden casa, substituyó paulatinamente a los gustos y las formasrepublicanas, el absolutismo y las pompas orientales.

Y aquella incomparable agrupación humana que empezó como escuela delibertad política, terminó en cátedra de absolutismo asiático, inoculadoa la parte más civilizada del mundo antiguo, en cinco siglos del másabsorvente centralismo.

La ley, que había empezado por ser la expresión de la voluntad delpueblo, acabó por ser nada más que la expresión de la voluntad delpríncipe, según la máxima de las Institutas, que sir John Fortescuedeclaraba en el siglo XV "completamente extraña a los principios de laley inglesa": quod principe placuit, leges habet vigorem.

"Más esfuerzos han sido necesarios para formular la idea de que elhombre es libre que para saber que la tierra se mueve alrededor del sol,dice Ihering. La historia ha trabajado infinidad de años, millones dehombres gimieron en la esclavitud y ríos de sangre han corrido en lostiempos más recientes, antes de que aquel principio se realice".

Y esto se refiere ya al segundo de los obstáculos mayores que haencontrado el problema de las instituciones libres.

Porque el terror a lo desconocido y la necesidad de saber para obrar oabstenerse, han originado las seis mil explicaciones diferentes de losfenómenos naturales por los poderes sobrenaturales que llamamosreligiones, y éstas han puesto fuera del contralor de la razón y de laexperiencia humanas los asuntos que más interesaban, al dar caráctersagrado a las concepciones primitivas, tanto más sagradas cuanto másantiguas, vale decir, cuanto más absurdas.

Por supuesto, el entendimiento se adapta a las creencias en que ha sidoamamantado como el paladar a los alimentos, y toda religión es tenidapor los que la profesan, y mayormente por los que de ella viven, como elmayor bien posible. Por sus efectos morales, intelectuales y económicossobre las sociedades, todas son desastrosas en diferente medida, segúnla historia y la estadística, que los creyentes no pueden entender, yque los estadistas deben tomar en cuenta, si realmente les interesa elporvenir de su país.

"Una religión es una causa de debilidad para un país", ha dicho elmarqués Ito. Y en efecto, sea que se propongan gobernar a los vivos agusto y beneficio de los muertos, para que sean felices después demuertos, como las derivadas del judaísmo, sea que se propongandefenderlas contra los malos espíritus, como las de la China, el África,la Oceanía y la América salvajes, toda religión es una dobledefraudación a la energía humana, desde luego porque inducen aejercitarla en vías tan costosas como estériles, y después por lasservidumbres y las limitaciones que imponen al individuo a trueque debeneficios imaginarios, dependiendo la extensión de los males queproducen del grado de poder político de que disponen para cohibir alpensamiento dentro de sus recintos cerrados.

Así, nada les debe la libertad, pero el despotismo les debe mucho, pueshan sido siempre un resorte de gobierno, y precisamente el que ha dadocontinuidad y estabilidad al poder, al proveerlo del único carácter quepodía hacerlo hereditario—el carácter sagrado—desde que lascapacidades naturales no se transmiten necesariamente de padres a hijos.Los del primer dictador romano que fue proclamado dios, quedaron poresta sola circunstancia en condición superior a la de todos los demásciudadanos romanos, y para evitar que el suyo quedara, como el deCromwell, en el común. Napoleón se hizo ungir de potestad divina yconsagrar por el papa.

De aquí que todo poder dinástico y toda aristocracia hereditaria seanlos aliados naturales de alguna religión, es decir, de la formaparticular de instrumentación del terror a lo desconocido de queproviene o en la que descansa su autoridad o su superioridad extrapersonal.

Nada fue así más natural que la "Santa Alianza", en la que los déspotaseuropeos, sacudidos por los primeros estallidos del sentimientorenaciente de la libertad, al finalizar el siglo XVIII, se concertaronpara destruirla, sostenerse mutuamente y ayudar a Fernando VII a sofocarla independencia de sus colonias americanas, que el papa, por su parte,había excomulgado desde el primer momento.

En las poblaciones helénicas de que surgieron las repúblicas griegas yla romana, como en las tribus germanas, la virilidad individual por lafuerza, el talento y la salud, era un desideratum nacional, elvalimiento actual pesaba más que el mérito ancestral, y la religión eraun auxiliar del estado, en categoría tan secundaria, que los héroessemidioses de la mitología griega provienen del campo de la acciónlaica, a diferencia de la civilización cristiana, en la que provienendel campo de la acción religiosa; a diferencia también de lacivilización moderna, en la que provienen del campo de la acciónpolítica, social, científica y educacional.

En las tribus germanas que poblaban la Inglaterra en la época de Tácito,el jefe civil era un funcionario elegido, no en mérito de su nacimientosino en el de sus hechos, para administrar la justicia y presidir lasasambleas de los hombres libres, en las que los sacerdotes sólo teníanmisión para guardar el orden; el jefe militar era elegido para cadaexpedición común, en mérito de sus proezas en anteriores expedicionespersonales voluntarias, y la conservación del carácter electivo y delpoder limitado y revocable de los reyes anglosajones, en frente delpoder absoluto e irrevocable de los reyes de derecho divino, erigidospor el cristianismo, ha sido durante doce siglos la gran obra del puebloinglés en beneficio de la civilización liberal.

Porque el proceso de asiatización de la Europa, que rebajó el estandartede la vida en todo el continente, desde la fe en el esfuerzo humano a lafe en la gracia divina, aun en Escocia con el protestantismo y enIrlanda con el catolicismo, fue menos eficazmente llevado o másfelizmente resistido por las tendencias indígenas en la Inglaterra, elpaís que relativamente ha producido menos santos y más políticos,exploradores, pensadores e inventores, el único país donde la libertadha fluido del espíritu de independencia, no obstante las excomunionesreiteradas de los papas contra todas las cartas sucesivas de libertades;donde el derecho político ha salido de los precedentes ensanchados porcrecimiento natural, como planta indígena, y no de trasplante o ingertocomo planta exótica; donde un mayor interés por los bienes positivos,contrarrestando las exageraciones del idealismo visionario, originó lamayor aptitud para el comercio, la industria y la colonización, dandomargen para ese espíritu práctico que se desinteresa de los modos depensar para atender a los modos de obrar, a la inversa de ese espíritusentimental impreso a los hombres por el cristianismo y el mahometismo,que prescinde de los hechos y se infeuda a las doctrinas, hasta no poderproducir más que santos y mahdis, es decir, momias espirituales, manerade pasividad mental que el estancamiento social secular convierte eninstinto nacional, que la Inquisición llevó al máximum en España,extinguiendo el foco aislado de liberalismo de Aragón, y de que provinoentre nosotros la feroz intransigencia de unitarios y federales sobredoctrinas políticas liberales sostenidas por los procedimientos másbrutalmente tiránicos.

Con el espíritu del self government, se preservó también en la GranBretaña el amor a la justicia y el instinto de progreso, adormecidos enel continente por la confianza en la justicia divina y la esperanza delcielo para los pobres de espíritu; anquilosados en las civilizaciones dela India y la China por la institución de las castas cerradas y elmandarinismo, que oponían una barrera infranqueable a las capacidadesparticulares, y se salvaron precisamente por el sistema de las clasesabiertas, pues la nobleza misma no era hereditaria sino el título de pary por el hijo mayor, quedando así la aristocracia interesada en lasuerte de los comunes de la que participaban sus demás descendientes.

De estos factores provino esa resistencia siempre vencida y siemprerenaciente del pueblo contra los desmanes y la avaricia de los reyes yde los papas, que alcanza su primera grande etapa en la Magna Carta,arrancada al rey Juan por los barones en 1215, eludida a menudo después,pero jamás borrada del espíritu público, donde se conserva con la fijezade una constelación en el firmamento; reconfirmada y ampliada en elparlamento de Simón de Monfort, en 1265, echando al mar en Dover la bulaque contenía la excomunión del papa contra los barones rebeldes paraquedar, desde entonces, como el gran faro nacional para los días detormenta o de niebla política, mientras en el continente, aun en Escociay en Irlanda, y con la sola excepción de la Holanda y la Suiza, lasumisión cristiana a la autoridad divina de los papas, los pastores ylos reyes, bajo la forma protestante, la católica o la ortodoxa, hacíatabla rasa de todos los sentimientos de independencia individual ocomunal, y mayormente en España, donde el Santo Oficio, sentaba susreales y sus instrumentos de tortura veintiún años después delnacimiento de la Magna Carta en Inglaterra, para modelar a nuestrosmayores por el terror máximo en el plan de la más grande intoleranciasectaria y de la más completa sumisión pasiva al altar y al trono.

Y desde 1534 esta abdicación universal de la capacidad natural delhombre en la capacidad divina de la iglesia fue reconfirmada con lafundación de la compañía de Loyola, y el consiguiente orgullo fanáticode los siervos favoritos de Dios exteriorizado medio siglo después, enla "invencible", enviada, dice Fiske,

"para extrangular la libertad ensu patria predilecta, por el tirano más execrable y cruel que hayavisto jamás la Europa tirano cuya victoria hubiera significado nosimplemente la usurpación de la corona de Inglaterra, sino elestablecimiento de la Inquisición española en el tribunal deWestminster".

La característica de la civilización greco-romana, que en veinte siglospreparó el terreno sobre el cual se extendieron, más tarde, en simplesubstitución, las civilizaciones cristiana y árabe, y lo que hizoposible su prodigiosa expansión sobre los países y los continentesvecinos, fue la circunstancia de que la religión—

regional, sincosmología sagrada, sin dogmas teológicos y sin gerarquíaeclesiástica—no cohibiera mayormente el libre juego de las capacidadesnaturales, como la parte progresiva de la misma circunstancia enInglaterra—su tolerancia con las costumbres y las religionesparticulares de los países conquistados hasta el punto de tener dosreligiones oficiales en el mismo reino unido, constituido en cuna de lalibertad y refugio de los perseguidos de toda la Europa,—explica laincesante expansión

inglesa;

como

la

misma

circunstancia,