La Transformación de las Razas en América by Agustín Álvarez - HTML preview

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Como los hombres mismos, como los animales todos, que al término de sulimitada carrera pasan a ser carga y estorbo, cartas de más en la barajade la vida universal, que no puede conservar su perpetua juventud sinopor la renovación perpetua, las creencias que se prolongan más allá desu radio de eficacia, acaban, como las uñas desmesuradamente alargadasde los aristócratas

siameses,

por

embarazar

y

estrechar

la

existencia,debiendo ser, entonces, barridas por el olvido y la muerte bienhechores,para dar lugar a nuevas entidades, a nuevas formas del movimientoperpetuo de la materia. La evolución de las creencias ha sido paralelacon la del entendimiento, y los dioses, los semidioses y las semidiosasactuales descienden de los fetiches prehistóricos, como el hombrecontemporáneo desciende del hombre de las cavernas.

El empeño de mantener en pie lo que ha madurado para caer y desaparecer,se paga irremisiblemente en pérdida de vida nueva, y podría decirse quela mortalidad prematura de los hombres por intolerancia,

imbecilidadremanente,

ignorancia,

miseria,

suciedad, indolencia, pesimismo, etc.,etcétera, está en los diferentes países en razón directa de laantigüedad y de la inmovilidad de sus respectivas creencias sobre eluniverso y la vida,

que

les

impiden

llegar

sucesivamente

a

mejoresprocedimientos de disminuir el mal y aumentar el bien.

Basta recordarque la peste humana, que puede ser detenida con sólo matar ratones desdeque se ha encontrado su bacilo, aniquiló la cuarta parte de la poblaciónde la Europa, cuando las epidemias eran combatidas con rogativas yprocesiones, en el siglo XIV.

Las creencias son así un producto fatalmente pasajero del entendimientohumano en crecimiento incesante desde que se puso en marcha huyendo delmal y buscando el bien. Todo lo que ha sido materia de los terrores y delas esperanzas de los hombres en una época o en un estado de laevolución progresiva de la humanidad civilizada, ha perdido su valor enlas subsiguientes. En el árbol de la vida síquica, las hojas envejecentambién, se secan, se caen y son reemplazadas por otras en lasubsiguiente primavera del espíritu. En la inmensidad del tiempo, todateoría de la vida es como la paja que lleva el viento, como el árbol quecrece en el suelo y que no puede instituirse por sí mismo en ejemplarúnico y definitivo del reino vegetal sobre la tierra.

EL MENSAJE DE LA ESFINGE

El primer rompecabezas en que se estrellaron los primeros caviladoresansiosos de saber misterios interrogando a la Esfinge, fue, sin duda, elfenómeno siempre imponente y universal de la muerte. Y una vez asomadosal "agujero de sombra", y puestos a resolver el insoluble enigma, eldeseo de ser y la imposibilidad de pensarse no siendo, les llevaronfatalmente a imaginarse una continuación ulterior de la vida.

Y aquí fue Troya, pues la emigración de los habitantes de las tumbas yla invasión del mundo de los vivos por los muertos, que se enseñoreabande todas las cosas y de todas las gentes, esparciendo sobre los dominiosde la vida las fatídicas tinieblas del reino de la nada, empezóentonces, y no ha concluido aún, sino para una feliz minoría deafortunados que ha conseguido ya escapar a la incontrarrestable tiraníade los potentados de la eternidad y a la abrumadora carga de susrepresentantes en la actualidad.

El hombre también había sacado un mundo de la nada, mejor dicho, unatrinidad de mundos fantásticos, lamentablemente absurdos, inicuos,atroces, con un desván o entresuelo complementario para los cretinos ylos recién nacidos: el mundo de los eternamente felices, el de lostemporalmente desgraciados y el de los eternamente felices, mundos demuertos resucitados que se convierten en señores invisibles,intangibles, ubicuos y omnipotentes para el bien y el mal de los vivos,en dioses, semidioses, ángeles, demonios, penitentes y condenados enreclusión o en ambulación.

Desde luego, los hombres que siguen viviendo después de muertos siguensiendo capaces de hacer bienes y males—pues esto es la característicade la vida—y estando ya fuera del alcance de los medios defensivos yrepresivos, no quedaba más remedio inmediato que encerrarlos bajo latierra, clavados por el centro del pecho con una sólida estaca oasegurados con una piedra pesada sobre la fosa, para que no pudieransalir a molestar a

los

vivos

con

sus

rencores

insaciados

o

sus

venganzaspendientes, que fue el lejano origen de los mausoleos modernos, segúnGrant Allen, o, finalmente, enterrarlos "en sagrado" y hartarlos deresponsos, misas, novenas y rosarios, para que el ánima del muerto nosalga en fantasma errante a penar por este mundo, hambrienta deoraciones de sus deudos, amigos y conocidos, para conseguir indulgenciasen el otro.

Pero los que no eran enterrados quedaban sueltos, y todas lasprecauciones posibles eran naturalmente ineficaces para sujetar a losultrapoderosos, que resucitaban quand même, y removiendo las losassalían de su sepulcro, y subían al empíreo o descendían al infierno,desde donde llegaban a ser más poderosos aún, y más caprichosos,rencorosos y vengativos todavía. Y del temor póstumo a los fuertes,supuestos coexistiendo con los débiles en una forma o manera aún másirresistible y peligrosa para éstos, nació el culto de los dominadoresmuertos, y el carácter sagrado de sus descendientes directos,considerados naturalmente como intermediarios más eficaces parasuplicarles auxilio y favores en los trances difíciles.

Así el primer jefe hereditario en el grupo humano primitivo es al mismotiempo sacerdote y rey, y entra en su reinado póstumo con prestigiosdobles. Desde aquí arranca el derecho divino, que queda anexo a cada unade las dos funciones, cuando más adelante se separan, por las exigenciasde la división del trabajo.

Y como estos dioses rudimentarios eran temidos en la proporción en quehabían sido poderosos y temibles en vida, los caudillos sobresalientesdeslucían a los comunes en la imaginación de los sobrevivientes, como elsol a las estrellas durante el día, relegándolos a subdioses, ymagnificados aquéllos después por la leyenda, vinieron a ser dioseslocales o tribales, dioses nacionales más tarde, con el triunfo de sutribu sobre otras tribus, dioses universales, finalmente, y por el mismoproceso de abultamiento fantástico que en la antigüedad griega levantabala reputación de poder sobrenatural de una estatua particular deJúpiter, de Venus o de Minerva, sobre todas las restantes, y que en laactualidad católica y cismática destaca la reputación milagrosa de unaentre los millares de imágenes o de estatuas de la Virgen o de lossantos, sobre todas las de un país, como sucede con la de San Nicolás deRusia, o con la de Luján entre nosotros, o sobre la de todos los paísescomo ocurre con la de Lourdes en Francia.

Rudimentaria y confusa en los primeros engendros, esta segundaexistencia del hombre se define y precisa en la imaginación, con elandar del tiempo y de la imaginación, hasta adquirir contornoscompletamente definidos, y, en ciertos momentos de la historia, aun másdefinidos y precisos que los de la vida real, aunque participandosiempre de sus caracteres, pues el ideal es una destilación de larealidad en ficciones; el hombre no puede escapar de sí mismo, y cuandoha concebido a Dios con los materiales al alcance de su fantasía,resulta no haber hecho más que una transfiguración de sí mismo, unapersonificación de fuerza, de poder, de voluntad, de inteligenciasublimadas.

Así, poco a poco, vino organizándose la concepción de una voluntadprevia, como antecedente del mundo real y un mundo imaginario para lavida imaginaria, con su correspondiente regidor y juez supremo, con sucorte celestial y sus gehennas y su portero perpetuo, y, poseídos deincurable terror ante el factor universal de la vida y la muerte, de lasplagas, las pestes, los terremotos y las tempestades, los hacedores dedioses no volvieron a tenerlas todas consigo, ni aun cuando discurrieronapaciguarlos con sacrificios humanos en un principio, principalmenteprimogénitos, niños inocentes y doncellas, y finalmente con elsacrificio parcial de la circuncisión, sustituida entre los cristianospor el bautismo; con sacrificios de animales más adelante, depreferencia corderos, palomas y toros célibes; con sacrificios de dineroy alhajas, en último resorte, como se estila ahora; ni aúnsacrificándolo él mismo

a

él

mismo—el

sacrificio

máximo—esto

es,comiéndoselo en persona, desde luego, para tenerlo adentro en manera deespecífico deificante y depurante de maldades y pecados, como lopractican actualmente los ainos de la isla de Sakalín, cuyo Dios anuales un oso cazado cachorro en el bosque, criado con golosinas, mimado yvenerado, y al fin muerto, descuartizado, distribuido y comidosolemnemente en la gran fiesta religiosa; comiéndoselo, más tarde, en lapersona de un vicario consagrado anualmente, como lo practicaban todavíalos mejicanos en la época del descubrimiento de América; y, finalmente,en el canibalismo simbólico de la misa, según la forma copiada del cultode Mitra, en el pan y el vino de la eucaristía transubstanciados porceremonias mágicas en la carne y la sangre del hijo de Dios sacrificadoa Dios—última expresión del cordero pascual y del inocente chivoemisario, encargado de llevarse al desierto los pecados de los hombresy expiarlos con sus propias penurias y tribulaciones.

Dos vidas distintas, en dos mundos diferentes, con sus respectivosregidores,

implicaban,

naturalmente,

dos

despotismos

sobre

una

solaexistencia,

dos

gobiernos

simultáneos con sus correspondientesjerarquías paralelas de funcionarios para velar por el cumplimiento delas dos clases de obligaciones del súbdito simultáneo de Dios y elRey—el altar y el trono. Los obispos y los curas, como delegados delreino de los cielos para dirigir las almas, atar y desatar desde aquípara allá, para absolver y condenar, exigir contribuciones yconsumirlas, administrar la gracia y la ira divinas, imponiendopenitencias

y

excomuniones

o

concediendo

indulgencias; el príncipe y suslugartenientes y delegados para las mismas funciones en lo concernientea los asuntos de la tierra.

Las pirámides de Egipto son un testimonio en piedra de la magnitud delas cargas reales que recayeron sobre las espaldas de los vivos por lainvención de la vida de los muertos, en una de sus millares de formasdiferentes.

Se sabe que en algunas regiones, en épocas remotas, los esclavos eranenterrados vivos con el cadáver del amo, y que hasta el siglo pasado eracostumbre en la India quemar vivas a las viudas con el marido difunto,pero, generalmente, se enterraba a los muertos con provisiones enespecies materiales para la vida ulterior, principalmente granos, que,brotando más lozanos en la tierra removida y abonada por los detritosdel difunto, dieron origen a la agricultura, según la famosa teoría deGrant Allen, y hoy se les entierra con provisiones en especiesespirituales, porque la vida eterna tenía que ser pensada, finalmente,sin las circunstancias de la existencia real, o de lo contrario no podíaser eterna. Por lo tanto, sin renovación de los materiales delorganismo, sin necesidad de comer, de dormir, de beber, de vestirse,eternamente igual, sin nada en que pensar, sin nada que hacer—fuera debostezar a pasto—sin amor, sin odio, sin hijos, sin día y sin noche,sin bien y sin mal, sin pensamiento y sin acción, vale decir, sinconducta—la más aburrida especie de vida que haya sido posibleimaginar, o bien, con hambre y sed y sueño y odio y noche y calor o fríoinextinguibles, que es decir, la más absurda.

Desde que la vida imaginaria es ilimitada por construcción imaginaria,la vida real, con sus dichas y desdichas transitorias, es nada más queel prólogo o la introducción a la dicha o la desdicha perpetuas, dedonde resulta que "los muertos son los vivos y los vivos son losmuertos", según la expresión de A.

France, o más bien, es untrocatintas, pues los vivos pueden obrar en el otro mundo, sacandoánimas del purgatorio, por ejemplo, y los muertos pueden hacer todas lascosas de este mundo, hasta proporcionarles marido a "las hijas de María"que se lo piden a San Expedito, cuando están apuradas.

Pero, desde que los grandes objetivos del hombre, intoxicado deterrores y de esperanzas sobre la vida futura, vinieron a estar fuera deeste mundo, este mundo quedó fuera de la atención de los hombres, y porende, las leyes naturales, que han proporcionado los maravillososrecursos de la civilización moderna, quedaron en la edad media fuera delalcance del entendimiento

humano,

totalmente

absorbido

por

lapreocupación angustiosa de las entidades y de las cosas sobrenaturales,deslumbrado por el espejismo del otro mundo hasta dar la espalda a lavida real y el frente a la vida imaginaria, por entender que la más altay noble ambición del hombre era la de "sentarse eternamente a la diestrade Dios padre", después de muerto, con lo que resultaba estúpido,degradante y vil todo anhelo de felicidad antes de morirse.

Y el mundo real, estigmatizado como uno de los cuatro enemigos del alma,quedó ignorado hasta la aurora de los tiempos modernos mientras sedifundía la monomanía del más allá que hizo de la Europa medioeval unasimple variante de la China contemporánea, pues si en ésta el hombrevive para los muertos, en aquélla el hombre vivía para después demuerto.

LA PALABRA DE DIOS

En resumen, nuestro abolengo mental, destacándose paulatinamente de lasmescolanzas de cultos, mitologías y teogonías del remoto pasado, vino aquedar del tenor siguiente: Dios había hecho a los hombres para el cielo, pero de modo a que seperdiesen en la tierra, y el diablo, agarrando la ocasión por loscuernos, se los había ganado para el infierno. Entonces, para noquedarse solo en el cielo, Dios bajó a la tierra, eligió entre todos unpueblo para sí y le dictó sus condiciones, que fueron olvidadas, por locual, más tarde, le envió con un hijo ad hoc un segundo mensaje.

Los guardianes oficiales de la primera palabra de Dios desconocieron alDios hijo, portador de la segunda, lo apresaron, lo juzgaron; locondenaron y lo ejecutaron por contraventor a las leyes de Dios padre.

Pero otros la recogieron y edificaron sobre ella la Iglesia, la casa deDios hijo, frente a la sinagoga, la casa de Dios padre.

Dios había hablado a Moisés entre relámpagos y truenos, cuando no seconocían aún los derechos del hombre y los deberes del padre, que teníahijos y esposas, esclavos, asnos, bueyes y cabras para explotarios,matarlos o venderlos; había hablado como un patriarca judío, como el reydel egoísmo, estableciendo, en primer término, la obligación de amarlo aél sobre todas las cosas del mundo, que todavía deben ser abandonadaspor los que quieran servirlo en toda regla, la más gravosa de todas lascargas que han pesado sobre la conciencia del hombre, el deber humanoque ha producido más palos, tormentos y matanzas, más lágrimas ysufrimientos, más miseria y más imbecilidad consuetudinaria.

Y porque Dios había cometido la indiscreción de hablar, el hombre tuvoque callarse a perpetuidad, o hablar sólo para repetir, como papagayosin plumas, la palabra divina, que vino a ser la túnica de Neso de lainteligencia humana. Y treinta y dos generaciones de hombrestranscurrieron bajo la era cristiana en la miseria, la ignorancia y labarbarie crónicas, profiriendo u oyendo solamente la palabra sagrada,fulminada desde el púlpito, volcán de amenazas, en erupción perpetua decastigos en este mundo y en el otro, para los pecadores y los infieles,en fuente inagotable de terrores imaginarios para implantar en elcorazón de los elegidos para el cielo el horror a la vida irrenunciabley el temor a la muerte inevitable.

Y condenado por la Iglesia con penas terribles en el otro mundo y por elpoder civil con penas atroces para los deudos en éste, el suicidio, queha sido en el lejano Japón, como lo fue en la antigua Roma, un límite alsufrimiento y por ende a la crueldad humana, desapareció de lascostumbres europeas y llegando, entonces, el sufrimiento y la crueldadconsecutiva al máximum de su amplitud posible, quedó centuplicado degolpe, por la sola invención complementaria de los instrumentos detortura, el poder de los déspotas temporales y espirituales sobre elcreyente puesto entre la espada y el infierno, y obligado a capitularcon todas las bajezas, humillaciones y penalidades antes que afrontar lapavorosa eternidad.

Dios había pensado, y el pensamiento de Dios— non plus ultra, desuyo—paralizó de golpe a la razón y al pensamiento humano, pues, en sucalidad de ser todopoderoso, Dios no estaba obligado a ser razonable, nijusto, ni bueno, ni acertado, y como quiera que fuese, los hombresestaban obligados a obedecerle ciegamente, so pena de condenacióneterna, como al papa, que tampoco tiene obligación de ser el más sabiode los hombres y asimismo tiene el derecho de ser infalible.

La razón humana, así anulada para los fines de la vida humana, vino aser en el entendimiento del creyente lo que el apéndice en el intestinodel hombre civilizado: un órgano superfluo, puesto que no tenía funciónpropia.

Y vinieron entonces para la cristiandad aquellos oscuros y miserablesdiez siglos de la edad media, en dieta rigurosa de pensamiento divino,en los que la inteligencia humana no dio un solo paso adelante,estancada en la parálisis mental de los musulmanes y por las mismascircunstancias: todo estaba pensado, todo estaba resuelto, todo estabadicho, todo estaba escrito de antemano por los profetas y los apóstoles,bajo el dictado o la inspiración de Dios mismo, y sancionado con penashorrorosas.

Porque los teólogos de todas las variedades, quemaban vivosrespectivamente a los que pensaban de diferente modo que ellos, y Diosera en la edad media el rey de los teólogos, esperando a las almas delotro de la muerte para juzgar sus intenciones y pensamientos, yprecipitarlos en el fuego eterno, si diferían del suyo, pues aunqueJesús mismo había dicho: "haz a los otros lo que quisiérais que tehicieran a tí", esto no rezaba con él ni con su padre, ni con susteólogos por aquello de "en casa del herrero, cuchillo de palo".

EL CRIADOR Y SUS CRIATURAS

En todos los tiempos el servilismo de los gobernados ha sidoparticularmente grato a los gobernantes y recompensado especialmente poréstos, y en todos los tiempos se ha brindado a los potentadosimaginarios con el manjar más apetecido por los potentados reales.

La idea de erguirse ante los poderosos y humillarse ante los humildes,que, haciendo al hombre gentil con las mujeres, blando con los niños yduro con los bellacos, viene suprimiendo el látigo en las escuelas, lascadenas en las prisiones y el garrote en los hogares, esta idea matrizde la civilización contemporánea, derivada del principio de la igualdadde todos los hombres, es un concepto nuevo de la personalidad,procedente del derecho humano, en contraposición al derecho divino ynetamente expresado por Jaurés el 11 de Febrero de 1895, en la cámara dediputados de Francia, en estos términos: "Si Dios apareciese delante dela multitud en forma palpable, el primer deber del hombre seríarehusarle obediencia, y considerarlo como un igual con quien las cosashan de ser discutidas, no como un amo a quien debemos someternos".

Hasta la edad moderna, los fieles penetraban compungidos y contritos enla casa de Dios para suplicarle de rodillas, confesando sus culpas,besando el suelo y golpeándose el pecho.

Algunas sectas protestantes,poniendo asientos y suprimiendo genuflexiones, iniciaron la entrada dela dignidad humana en el templo, cuatro siglos antes de que fueseabandonada en España y en América la obligación tradicional y cotidianadel hijo, de pedir la bendición al padre con las manos en súplica y derodillas en el suelo.

En algunas secciones rezagadas de esta América, todavía, cuando llevan aDios con campanillas por las calles, para vendérselo a algún moribundo,los transeúntes y los vecinos, se prosternan de rodillas, como lossúbditos de los potentados orientales al paso de su respectivo déspota.

En la época en que florecieron los primeros teólogos cristianos, el másabyecto servilismo, el servilismo oriental refinado por los sutilesgriegos de la decadencia, estaba de moda en el mundo, que levantabatemplos a los emperadores reinantes para rendirles culto, y paraendiosar a Dios en las formas del tiempo, los cristianos llevaron elceremonial del miedo a su señor celestial hasta los últimos límites delo posible, hasta los últimos extremos de lo repugnante y de lo absurdo,como si Dios hubiera

"hecho a los hombres a su imagen" para que fueransu antítesis; pera sacrificarlos en holocausto a sí mismo como Saturno asus hijos; para degradarlos, levantando con su omnipotencia caprichosamás alto en la segunda vida a los que de "motu proprio" hubiesen caídomás bajo y más sucio en la primera; como si los hombres hubiesenrecibido en la existencia la carta del negro, no para que ladisfrutasen, sino para que la padecieran como una sentencia de oprobio,por "el delito de haber nacido del pecado original".

Y a fuerza de achatarse y deprimirse para agrandar a Dios, los hombresse redujeron a cero, los comunes a cero a la izquierda, los "ungidos delSeñor" a cero a la derecha del todopoderoso

"fuente única de todo podery de toda autoridad en el cielo y en la tierra", sólo accesibles a suscriaturas por la magia religiosa y por mediación de su Iglesia, que,trayendo así su razón de ser y de valer de la profesada omnipotencia deDios y de la obsecuente impotencia del hombre, quedaba fatalmentenecesitada de mantener esas condiciones de su existencia para subsistir:la superstición, la credulidad y la ignorancia, que son los trescomponentes principales de la pobreza de espíritu, y predestinada adecaer desde el momento y en la medida en que sus pupilos encontrasenotras fuentes de poder y de valer diferentes de la suya y más eficacesque la suya, como es precisamente el caso de la ciencia y lacivilización laicas, que, apenas surgidas, han levantado de improviso lacapacidad natural del hombre para superar las dificultades de la vida,por medios derivados de la inteligencia humana, y reducido la fe en elpoder de los muertos para ayudar a los vivos, a la mitad, la tercera ola décima parte de lo que fue.

En el apogeo de su letal influencia sobre el espíritu humano, ladoctrina

del

achatamiento

de

los

vivos

para

el

engrandecimiento

de

losmuertos,

aminoró

tan

considerablemente la capacidad del cristiano parael pensamiento y la acción en este mundo, que los árabes y los turcos,salidos de sus estériles desiertos a impulso de un nuevo y frescofanatismo sobre otra astilla del mismo tronco, entraron en lacristiandad como tropilla de lobos en rebaño de carneros, y la coparondesde el Asia Menor, el Egipto y el África Septentrional hasta másadentro de los Pirineos, el Austria y la Polonia, donde fueron detenidospor un resto de energía humana, salvado de la inundación deprovidencialismo en aquellas poblaciones del noroeste, que tenían en elculto aborigen de la virilidad individual sobre la fe en sí mismos, lalevadura del espíritu práctico, del que retoñaron, más tarde, losingredientes del self government, el self help y el self control,primeros brotes de capacidad humana para la vida humana por iniciativahumana, que hicieron pasar a la Holanda y la Inglaterra en el siglo XVIIel imperio del mundo que fue en el XVI de la España, doblemente entecadapor los ocho siglos de fatalismo musulmán y católico a la vez, sobre lafe en el auxilio de Jesús y de Mahoma y los cuatro subsiguientes defatalismo católico puro, sobre la confianza en el auxilio de la virgen yde los santos tutelares.

EL ALFARERO Y LOS CANTAROS

"La teología cristiana, en sus principales caracteres, fue desenvueltadurante el período más calamitoso que haya atravesado la especie humanaen los tiempos históricos, dice Cotter Morison en su magistral Serviceof Man. La decadencia y caída del imperio romano sigue siendo la másgrande catástrofe conocida; la muerte paulatina del antiguo mundodilatada por cinco siglos. Todo mal afligió a la humanidad en aquelterrible tiempo:

poder

arbitrario,

el

más

cruel

y

exento

deremordimientos; un fisco triturante, que al fin exterminó la riqueza;pestilencias, que llegaron a ser endémicas y despoblaron provinciasenteras, y, para coronarlo todo, una serie de invasiones de hordasbárbaras que pasaron sobre los países como un fuego devorador. Fue enesta edad que los fundamentos de la teología cristiana fueronasentados—la teología de los concilios y de los padres.—La concepciónde Dios, de su relación y manejos con el mundo, fue desenvuelta en unasociedad que gemía bajo una opresión, miseria y aflicciones sin ejemplo.No hay necesidad de decirlo, fue una edad de grande y casi mórbidacrueldad: los juegos del circo fueron una constante disciplina depasiones inhumanas...

..."La crueldad, la injusticia y el poder arbitrario eran demasiadofamiliares para ser chocantes, demasiado constantes para que se lestuviera por transitorios y accidentales. El mundo que veían era tomadocomo un oscuro modelo y pronóstico del mundo ideal más allá de la tumba.Dios era un poderoso emperador,

un

trascendental

Diocleciano

oConstantino,

haciendo su gusto con lo suyo. Sus edictos corrían altravés del espacio y del tiempo, sus castigos eran eternos, ycualesquiera que fuese, su justicia no podía ser discutida. Y así estaspalabras vinieron a ser escritas": "Tuvo merced en quien quiso tenerla,y fue duro con quien no quiso ser blando. Tú me dirás ¿por qué encontróculpa? ¿Pues quién ha resistido su voluntad? Ahora,

¡oh, hombre! ¿quiéneres tú para replicar contra Dios? ¿Puede la cosa formada decir al quela ha formado por qué me has hecho así? ¿No tenía el alfarero podersobre la arcilla para hacer del mismo pedazo una vasija de honor y otrade deshonor?" lo que probablemente ha contribuido más a la miseriahumana que ninguna otra expresión salida del hombre. La enseñanza de SanPablo cayó en un suelo fértil. Por cerca de 1.500 años la concienciahumana no se sintió chocada por ella. Desde el nacimiento de la teologíaarminiana ha habido una gradual y creciente revulsión de sentimientos, yahora se dice llanamente que "el alfarero no tiene derecho de estarirritado contra sus cántaros. Si los quería diferentes debió hacerlosdiferentes". Las pretensiones

de

un

"omnipotente

demonio

deseando

sercumplimentado" como todo misericordioso, cuando está ejerciendo la másperversa crueldad, no son ya admitidas en consternado silencio. Pero sila gran dificultad del infierno y de los castigos eternos fue felizmentesuperada, aun quedan, en todo el plan de la redención cristiana,iniquidades morales y desvíos de que ningún hombre de bien del presente,cualesquiera que sean su religión o su teología, querría hacerseculpable. La noción de que Dios quería ser propiciado por la muerte delinocente Cristo es totalmente baja y bárbara natural en las edadesrudas, cuando los sacrificios costosos eran un medio reconocido deapaciguar deidades irritadas, pero repelente ahora.

Difícilmente

elhombre

más

depravado,

en

su

recto

entendimiento, aceptaría el castigo deun inocente en lugar del que le hubiera ofendido. Un hombre de espírituelevado casi lo sufriría todo antes que afrontar semejante enormidad.

"La idea es bárbara, bien digna de aquella concepción de la justicia delos chinos, contenta si el ejecutor consigue un sujeto para operarlo,pero indiferente respecto a que sea el culpable o no. Sin embargo, estacruel y bárbara noción es el eje de la religión cristiana; a lo menosentiendo que aun no se ha descubierto que esté fuera de la escritura.Todavía Satán puede molestar a los teólogos sueltos en este mundo comoen el otro.

Cuando han esplanado su eterna función de atormentar lasalmas en

el

infierno,

tienen

que

aclarar

sus

extrañas

distraccionestemporales en la tierra, y explicar como pueden ser permitidas por unDios misericordioso. A un ángel caído, de extensa habilidad, sutileza ydolo, le está permitido tentar a los hombres y a las mujeres, aun a losniños, a cometer pecado, alejarlos de Cristo, poner en peligro susesperanzas del paraíso.

Y Dios, que permite esto, es supuesto dedetestar el pecado. Si hubiera deseado que abundase, ¿qué más pudo haberhecho que dejar al archidemonio, ayudado por legiones de diablosmenores, ir como un rugiente león buscando a quien devorar, conconstante acceso a los hombres, aun hasta el interior de su mente,susurrando malos pensamientos, estimulando, y, sin embargo, a menudoalejado por santa oración, siempre renovando sus asaltos sobre laspobres almas, hasta el último instante de la mortal agonía, triunfandomás a menudo que fallando en arrastrarlas a su lugar de tormento? Lapetición de Cristo, "no nos induzcas en tentaciones y líbranos del mal",nunca ha sido oída o nunca ha sido concebida. Siempre estamos inducidosa la tentación, nunca estamos libres del mal de este lado de las puertasde la muerte. Un ser sobrenatural que naufragó la felicidad humana en elparaíso, y llevó el pecado y la muerte al mundo, está nombrado para eloficio de tentar a los hombres, en todos los tiempos, en todos loslugares, durante la vida; capaz de entrar en la mente de sus víctimas ypervertir su alma, en sociedad y en soledad, en el sueño, aun en laplegaria, capaz de asumir todos los disfraces, aun de aparecer como unángel de luz. El seductor humano más artificioso y vil, está limitado encuanto al tiempo y oportunidades de corromper al inocente. Satán tieneconstantes e invisibles accesos. Ahora, un padre o guardián quepermitiera a los niños a su cargo asociarse con malos caracteres seríajustamente condenado como falto del sentimiento, del deber y dehumanidad. Pero Dios permite algo infinitamente peor, por toda ladiferencia que va de un espíritu inmortal al más libertino de lostentadores terrestres. Que lo ensaye un padre humano e imaginad laangustia con que vería a su inocente, inexperta hija, del brazo de uncumplido y fascinante seductor. ¿No sería su primer paso, poner términoa semejante corruptor comercio? ¿No perdonaría ampliamente la opiniónpública las violencias de su parte si apareciese que los designios delvillano habían sido coronados con un éxito lamentable? Sin embargo, seentiende que el padre celestial ve esto y mucho peor a cada hora y acada minuto del día; ve al joven, al débil, al desvalido, asaltados porun tentador sobrenatural, su propia criatura, su ángel rebelde,enteramente malo y perverso; y lo ve triunfar en su empresa de arruinara las almas. Y entonces, el traicionado, la pobre víctima humana escastigada, no el diablo".

Proscribiendo el uso de la inteligencia moderna para la vida moderna, laIglesia se ha habilitado para continuar explicando los hechos delpresente con la inteligencia del pasado, y pudiendo así acuñar verdadobligatoria para sus fieles, con errores, mentiras y absurdos, puedeconfeccionarles dogmas de fe sobre lo inexplicable, lo desconocido y loincomprensible, sobre el pasado y el futuro de la existencia humana. Deahí que los teólogos se hayan distinguido siempre; como dice Buckle, porsu profundo conocimiento sobre las cosas de que no se sabe nada.

De ahí también que a los dogmas del pasado para salvar el alma es elfuturo haya que tragarlos enteros, como a las cápsulas de aceite decastor, pues el que los mastica, los vomita y pierde el medicamento: "Laprimera cosa que me haya repugnado en la religión que profesaba con laseriedad de un espíritu sólido y consecuente, es la condenaciónuniversal de los que la desconocen o la han ignorado, dice Mme. Roland,en sus memorias. Cuando, nutrida de historia, hube encarado la extensióndel mundo, la sucesión de los siglos, la marcha de los imperios, lasvirtudes públicas, los errores de tantas naciones, me parecía mezquina,ridícula, atroz, la idea de un creador que entrega a los tormentoseternos a esos innumerables individuos, débiles obras de sus manos,arrojados sobre la tierra en medio de tantos peligros y en la noche deuna ignorancia de la que tanto han sufrido ya. Estoy turbada sobre esteartículo, es evidente;

¿no lo estoy también sobre algún otro?Examinemos. Desde el momento en que un católico ha hecho esterazonamiento, la Iglesia

puede

considerarlo

perdido

para

ella.

Conciboperfectamente por qué los sacerdotes quieren una sumisión ciega ypredican tan ardientemente esta fe religiosa que adopta sin examen yadora sin murmurio; ello es la base de su imperio; y éste está perdidodesde que se razona".

LA FE Y LA RAZON

A primera vista sorprende la supervivencia de tan grandes necedadesmorales e intelectuales al lado de los grandes ensanches aportados alentendimiento humano por las disciplinas positivas de la civilizaciónmoderna.

Pero es que aquellas enormidades representan el ideal de justicia de lasépocas que precedieron a la civilización presente.

Y los creyentes de todos los credos, desde los últimos negros de Áfricahasta los más encumbrados príncipes cristianos, desde los fanáticos quese hacen aplastar por las ruedas del Jagernaut hasta los bonzos, losderviches, los lamas y los frailes que se aburren, se maltratan y seenvician en los conventos con sus tristezas confesionales, porque cadauno entiende que no tenerlas sería mil veces peor, puesto que sería laperdición entera; todos están aclimatados a la religión de su comunidadcomo al clima de su país, y aun orgullosos de su respectivo lote demogigangas y tonterías, porque en ningún momento han estado en capacidadni en imparcialidad para juzgarlas, porque no hay comparación posibleentre lo que se siente y lo que no se siente, entre lo que se cree y loque no se cree; porque no hay posibilidad de juicio para elentendimiento adulto entre lo que es precierto y lo que es prefalso,desde la infancia.

El caballo que ha crecido comiendo pasto duro en el campo se muere deinanición mordiendo palos o mascando tierra frente a una pila de maízdesgranado, como, en las grandes sequías, el hindú, vegetariano porprecepto religioso, se muere de hambre en medio de un rebaño de vacassagradas o profanas, y en la misma situación se encuentran losnoctámbulos del oscurantismo, que, viviendo en el tenebroso ambiente delas verdades reveladas, se sienten enceguecidos por la claridad de lasverdades demostradas, como los topos y los murciélagos por la luz deldía.

Como los creyentes en la fatalidad de la suerte del viernes o del trece,los creyentes en las supersticiones católicas están aclimatados desde lainfancia a la fe en los fetiches y a su régimen de terrores y esperanzasilusorias, y perfectamente avenidos a las infelicidades y explotacionesconexas, por su profunda convicción de hacerse infinitamente másinfelices si las dejasen; aclimatados a la perspectiva del fuego eterno,como a los fríos glaciales el groenlandés que sufre en las regionestempladas la nostalgia de sus nieves perpetuas.

Pero una religión desalentadora del esfuerzo personal para elmejoramiento de la condición personal es obstructiva o depresiva de laacción humana como un clima ingrato o enervante, y cuando concurren lasdos circunstancias a la vez, su acción general es doble, como es el casoen las poblaciones musulmanas que habitan la zona tórrida en el viejomundo, y el de las poblaciones católicas de la misma zona en el nuevo.

Por supuesto, todos tenemos creencias—la creencia es la expresión, elresultado, la forma de la razón humana en un asunto y en una época—perounos tienen creencias voluntarias que pueden cambiar o dejar, como eltraje civil del particular, y otros tienen creencias forzosas, como eluniforme del fraile o del soldado, que no pueden cambiar o abandonar sinincurrir en penalidades;

unos

tienen

creencias

antiguas

y

otros

tienencreencias modernas, porque la razón humana tiene hijas mozas y tienehijas viejas.

EL PASADO Y EL PRESENTE

La característica mental del hombre en la edad media fue el miedo a losmuertos y el terror a la muerte. La del hombre moderno es lo inverso,cada día más pronunciadamente, y de aquí proviene el debilitamientoprogresivo de los poderes de derecho divino, fundados sobre lasupervivencia de los difuntos, resucitados para penarlos, si fuerenmalos, y para petardearlos, si fueren buenos, y que al fin empiezan adescansar en paz, reintegrados a la tranquilidad definitiva por la razónhumana, para libertar a la vida humana de las peores formas de laimbecilidad humana.

La decadencia de los poderes espirituales que gobiernan a los vivos pordelegación de los muertos es un hecho paralelo y concomitante con elrelevamiento de la inteligencia humana por la civilización moderna. Laque fue más grande y más fúnebre en su ya lejana época de esplendor, laque ha perseguido, torturado y destruido a mayor número de vivos endesagravio de los muertos, la que en mayor medida sigue achatando a losvivientes en homenaje a los fallecidos, es ya un poder en decadenciamanifiesta, un gigante en el ocaso de su existencia; un poder social quegravita en favor de las hijas fósiles de la inteligencia humana y encontra de su nueva y robusta prole; un poder que fue absolutamenteincontrastable hasta el siglo XV; un poder que fue aun irresistible parael común de los hombres, pero ya afrontable por los príncipes y losreyes hasta el siglo XVII; un poder que después de haber hecho temblar alos emperadores puede ser despreciado por los niños.

Su función consiste siempre en alarmar las conciencias con terroresimaginarios para venderles a precio de oro y de salud, la tranquilidadque el racionalismo da gratis y completa, sobre un campo de acción quepara éste se ensancha y para aquélla se restringe, día por día, encantidad y en calidad, pues con el procedimiento de los teólogoscristianos para la curación de la perversidad en los hombres por elterror del infierno viene sucediendo lo que aconteció con la curación delos heridos en las batallas por el aceite hirviendo: que la primera vezque faltó medicamento

para

la

mitad

de

los

enfermos,

los

cirujanospudieron constatar, perplejos, que los no curados sanaron más pronto.Apenas disminuido el miedo a los males del mañana, aumentó el valor paraafrontar los males del presente, y la barbarie, la esclavitud, laservidumbre, el despotismo, la rapiña, las pestes, la guerra, laimbecilidad, la ignorancia y la miseria, que por 18 siglos habíancoexistido con el pensamiento antiguo no pudieron coexistir con elpensamiento moderno,—y vienen desapareciendo rápidamente con elcrecimiento de éste por la educación liberal.

Y las concepciones cristianas que sustituyeron a las del paganismo, seencuentran hoy en la misma situación en que se encontraron éstas en lostiempos de Séneca, que la describió así:

"La religión es considerada porel pueblo como verdadera, por los filósofos como falsa y por losgobernantes como útil". De ella había dicho ya Polibio: "Si fueraposible que un Estado sólo se compusiera de sabios, semejanteinstitución sería inútil; pero como la multitud es naturalmenteinconstante, llena de arranques desenfrenados y de cóleras locas, hasido necesario apelar a esos terrores de lo desconocido y a todo eseaparato de ficciones aterradoras para dominarla".

Es, exactamente, a 2.200 años de distancia, el mismo razonamiento envirtud del cual los gobernantes modernos subvencionan al cura para queasuste al pueblo con patrañas y no van a misa porque entienden que eseinsano régimen del miedo crónico por peligros imaginarios, que no esbueno para las personas ilustradas, es bueno para los ignorantes.

Felizmente, la reciente guerra ruso-japonesa, poniendo al descubierto elenorme flaco de esta elaboración de la docilidad humana por el aceitehirviendo del infierno, por los terrores del más allá y no por laeducación de las multitudes para la justicia, la rectitud, labenevolencia y la cordura, les hará ver por egoísmo lo que no hanquerido ver por generosidad de alma: que las sociedades organizadassobre el miedo al castigo, serán siempre inferiores en poder moral a lassociedades organizadas sobre el sentimiento de la dignidad humana.

De todos modos, la terapéutica del pasado para la salud del alma y delcuerpo mediante la magia religiosa está herida de muerte por la cienciapositiva, aunque no esté muerta aun. Por lo pronto, este siglo XXempieza para los factores de milagros por fuerzas sobrenaturales con unadisminución de sesenta millones de francos en la sola Francia, que fuesiempre el granero principal del vicario de Dios en la tierra, y quehoy, sólo con cerrarle la bolsa del Estado, ha puesto a los cardenales amedio sueldo en Roma.

Los grandes criminales contra la religión, que la Iglesia condenó yquemó vivos, empiezan a tener estatuas; y mientras la literatura delinfierno está en bancarrota definitiva, las ciencias sociales, que aunno han concluido de nacer, son ya dueñas del mercado.

El espíritu de investigación que está revisando, reformando, rehaciendoy renovando todas las ideas de los hombres sobre el universo y la vida,que nada ni nadie ha podido detener antes, que cada día es más vigoroso,más amplio y más decidido, y que está paseando la antorcha de la Cienciahasta por los terrenos vedados a la razón humana por la palabra divina,viene también, detrás de los fugitivos de Francia y de Filipinas, arescatar para la moral del amor y de la simpatía, del pensamiento y laacción, esta América del Sud, que fue consagrada a la moral delinfierno y al servilismo espiritual por sus primeros colonizadores, yque ha sido desde entonces un infierno de odios y rencores, deesterilidad mental y de persecuciones y atrocidades sin cuento,simplemente porque los caudillos políticos acudieron a los mismosresortes de gobierno que la religión había implantado en el alma de lossudamericanos; el miedo al mal y la resignación para aguantarlopasivamente.

Hace apenas un siglo que empezó a desviarse hacia los sanatorios y lasclínicas, la corriente de enfermos y lisiados que antes inundaban lossantuarios de las diferentes Mecas cristianas en busca de la salud porel milagro, y hoy ya es río lo que hace 50 años era arroyo y viceversa.Y los mismos sacerdotes de Lourdes y de Luján, testigos fehacientes detantas y tan variadas curas maravillosas, cuando se enferman, llaman almédico, su viejo rival antes proscrito y quemado vivo, y hoy triunfanteen toda la línea.

Todo viene por su orden. Ahora empieza a haber quienes piensen en laemancipación moral del pueblo; mañana habrá quienes la realicen. "Si senos preguntase cuál es la fe que anima actualmente no sólo alliberalismo político en todo el mundo civilizado, sino también a lasmasas de hombres y mujeres que no pueden decir a qué escuela pertenecen,la respuesta sería que lo que guía, inspira y sostiene a la democraciamoderna, es la convicción del progreso ascendente en los destinos de lahumanidad, dice John Morley. Y es emocionante pensar cuán nueva es estaconvicción; a cuántas mentes privilegiadas fue desconocido éste que esel más fortificante de todos los lugares comunes... La moderna creenciaen el progreso no figuró entre los ideales del siglo XVIII, aun tomandopor sus exponentes a Voltaire, Montesquieu y Diderot, y Rousseauconcebía la historia de la civilización como la de la caída del hombre".

Y lo que la ciencia divina no ha podido realizar en 18 siglos de ayunos,penitencias, excomuniones, autos de fe, procesiones, rogativas,peregrinaciones, exorcismos, misas y novenas: la disminución de laperversidad humana, que era su principal objetivo, la ciencia humana loha realizado en uno solo, haciendo adelantar más a la humanidad en losúltimos cien años que en los cien mil años anteriores.

Para adecentar la vida pública y la moral privada, v. gr., la solalibertad de la prensa ha resultado más eficaz que las legiones decensores, confesores, inquisidores y predicadores, que torturabandisidentes y liberales mientras el papa Alejandro VI, su hijo elcardenal César Borgia y su hija Lucrecia, daban a la Europa cristiana elmodelo de una perversidad y depravación que no han sido superadas.

Por lo menos quince siglos fueron consagrados íntegramente al estudio delas cosas que sólo existían en la imaginación de los visionarios deprimera agua o de contagio, y desde el doctor en teología hasta ellabriego, nuestros antepasados, ignorando casi todas las cosasnecesarias a la salud en este mundo, o sabiéndolas al revés, teníanconocimientos seguros, precisos y detallados sobre todas las cosasnecesarias a la salud en el otro mundo. Nada sabían de las ciencias ylas artes de la salud y la riqueza

en

la

tierra,

teniendo

apenasconocimientos

rudimentarios de agricultura, pero eran eruditos enmilagros y reliquias, y profundamente versados en historias de santos,de brujas,

diablos,

duendes,

fantasmas

y

sucedidos

maravillosos;ignoraban casi toda la historia y la geografía de este mundo, perosabían perfectamente la historia y la geografía del otro, habiendollegado hasta determinar la ubicación, la capacidad, la extensión y lapoblación del cielo, el purgatorio y el infierno, y el nombre de losángeles, que lo tienen, dice Hubbard, "para que la lavandera no lesconfunda la ropa".

La educación de los niños sin el castigo y la emulación, por la bondad yla simpatía como medio de apartar a los hombres del mal por la provisiónde aptitudes para el bien, de decencia y aseo, de iniciativa, dignidad,autocontrol y valor para el trabajo, el más importante de losdescubrimientos modernos, no fue ni siquiera sospechado, y sólo pudopensarse en el látigo y el azúcar con que se amansa a las bestias, paraamansar a los hombres; en la recompensa y el castigo, como únicos mediosposibles, aunque ineficaces para inducirlos al bien y alejarlos del mal,en este mundo y en el otro. "La prisión, la tortura y la muerteconstituían una trinidad bajo cuya protección la sociedad podía sentirsesegura, dice el coronel Ingersoll... Hace algunos años solamente, quemás de 200 ofensas eran penables con la muerte, en la Gran Bretaña. Lahorca fructificaba todo el año y el verdugo era el hombre más ocupadodel reino—pero los criminales aumentaban... porque no hay reforma en ladegradación: todo degradado por la sociedad se convierte en su enemigoimplacable".

Desde que los hombres creyeron en el cielo y el infierno, escapar alinfierno y ganar el cielo era la gran cuestión, y la infelicidad era elmedio porque estaba dicho que los últimos serían los primeros y losprimeros serían los últimos en el reino del Señor.

En la plena seguridad de ser, en definitiva, archipagados en dichafutura de todas sus desdichas presentes, los creyentes sinceros no sepreocuparon de evitarlas sino de padecerlas adrede, como los pordioserosque avivan constantemente sus lacras profesionales para sacar más dineroa los transeúntes compasivos, y como el perro de la fábula, que cruzandoel río, vio reflejado en el agua y agrandado por la refracción el trozode carne que llevaba en el hocico, y, creyendo que eran dos, lo soltópara agarrar el más grande; así el bienestar presente fue abandonadopara alcanzar la dicha eterna. Y la libertad, la justicia, el progreso,el bienestar, las ciencias y las artes, todo lo que realmente vale, noimportó ya un bledo a la conciencia humana.

Y sólo después de 1.600 años consagrados a producir los héroes de laotra vida, y los sabios del otro mundo, cuyas imágenes pueblan losnichos de las iglesias, pudieron las naciones cristianas empezar aproducir, al fin, los sabios de este mundo y los héroes de esta vida,cuyas estatuas se levantan en las plazas públicas para ofrecer nuevosmodelos de conducta a las nuevas generaciones.

Y del deseo y la esperanza del bien en este mundo surgió el instrumentodel bien en este mundo; el espíritu de progreso que viene embelleciendoy alargando la existencia, sin despojarla de esa emancipación supremaque es la muerte, y sin descorrer la cortina que oculta el más allá enel insondable enigma que hace el encanto de la vida, según la expresiónde Holyoake, y que desaparecería desde el momento en que la jugásemos acartas vistas, como en efecto desaparece por completo para loscompletamente convencidos de la existencia real de la dicha y ladesdicha eternas, que vegetan en la ermita o en el claustro esainfecunda y monótona vida de atesoradores de dicha póstuma porabstinencia de dichas presentes, sin hogar, sin familia, sin amor, sinafecciones, y a medias para los convencidos a medias, que en la sociedadviven un poco para este mundo y el resto para el otro.

"Usted me pregunta ¿cómo puedo ser feliz sin la esperanza de una vidafutura? El niño que no piensa nunca en una vida futura encuentra, noobstante, los medios de ser feliz", dice Elisa Movory Bliven. Y losdesgraciados niños a quienes se obliga a pensar en el diablo, elpurgatorio y el infierno, tienen desde entonces y según la dosis delveneno, más o menos malogradas sus alegrías del presente por susaprensiones y sus temores del más allá. "El peso de la muerte se aliviaa cada generación, a medida que sus formas violentas, y sus terrorespóstumos se atenúan, dice Maeterlinck. Lo que más tememos en ella es eldolor que la acompaña o la enfermedad que la precede. Pero ya no es lahora del juez irritado e incognoscible el objeto único y espantoso, elabismo de tinieblas y de castigos eternos. Nuestra moral ¿es menos altay menos pura desde que es más desinteresada? ¿La humanidad ha perdido unsentimiento indispensable o precioso perdiendo un temor?"

LA ESCUELA RELIGIOSA

Por el contrario, la humanidad ha ganado inmensamente desde que empezó aconvalecer del miedo al infierno que la hizo tan miserable, tan cruel,tan dura y tan implacable en el pasado.

La proporcionalidad del castigo con la falta, por ejemplo, ha empezado aser desde el siglo último la regla en las leyes de la tierra, gracias alabogado Beccaria, y en la actualidad las personas de sentimientosmorales refinados son ya capaces de comprender la monstruosa iniquidadde los tormentos eternos que sancionaron los iluminados por el EspírituSanto para castigar en el otro mundo los errores de los hombres en éste.

El presidio perpetuo con tormentos vitalicios, que fue la pena común,hasta para muchas acciones que hoy consideramos como derecho corriente yperfecto del ciudadano, la ergástula está desapareciendo de lalegislación de las naciones civilizadas, aun para los delitosmonstruosos y la ergástula a perpetuidad para la segunda vida subsistetodavía en el código moral de la Iglesia medioeval, hasta para el merocumplimiento de los deberes naturales, que ella considera crímenes sison realizados sin su licencia y sacramento cuando se practican con suintervención.

Es que la moral milenaria, la moral revelada a los hombres de una vezpara siempre en la infancia de la civilización, no puede cambiar sin unanueva revelación que anularía a las precedentes, quitando a la Iglesiasu única base posible: el origen divino y la infalibilidad, que es sucorolalario, y en cambio, puede ser inoculada al hombre moderno en lainfancia del entendimiento que corresponde a la infancia de la especie.

En ese momento crítico de la vida en que la curiosidad ingenua, sedientae indiscriminativa, hace su primera provisión de explicaciones sobre loshechos y las cosas del mundo, y en que toda clase de supersticionespuede penetrar en la mente y arraigar, el hogar, el ambiente y laescuela tienen un rol de primera clase.

Y en esas circunstancias, el plan de la escuela religiosa es satisfacerla curiosidad natural del niño sobre los hechos y las cosas del universoque le rodea, con las explicaciones que los sabios antiguos, graduadosen dilatados cursos de ayuno y meditación solitaria en los desiertos, enlas cuevas, en las ruinas o en los claustros, pusieron en boca de losdioses de entonces, para darles una autoridad que ellos no tenían, a finde exigir una aquiescencia absoluta, única manera posible de hacerlaseficaces en su tiempo, y el objeto de la escuela positiva es satisfaceresa misma curiosidad con los conocimientos positivos adquiridos por lossabios modernos en la investigación de la naturaleza con los métodosmodernos, y sin exigir para ellos obediencia ni aquiescencia de ningunaclase, que el progreso de la inteligencia humana ha hecho innecesarias,desde que la verdad no trae ya de un supuesto mandato de los muertos,sino de su concordancia con la realidad, su fuerza de convicción sobreel entendimiento.

LA REVELACIÓN Y LA EVOLUCIÓN

La concepción judía que informa los dos testamentos, y según la cual lamarcha de la humanidad es un proceso de decadencia apenas contenido,porque el hombre salió perfecto de las manos del creador y se deterioróa perpetuidad por el pecado original, la más diametralmente opuesta alconcepto moderno de la evolución ascendente de la especie humana, fue unconcepto común a todos los pueblos antiguos, el fruto natural delpesimismo resultante de la impotencia del hombre ante los males de latierra y la omnipotencia de las leyes naturales, inconquistadas por lainteligencia humana.

Y en todas, el ideal consciente o subsconsciente fue la permanencia o elacercamiento al estado o condición en que el hombre estuvo en contactocon la sabiduría máxima de su respectivo Confucio o Salomón, o encomunicación con la divinidad misma por los respectivos profetas oapóstoles; todos vivían con el pensamiento en el pasado y confiando enel auxilio póstumo de los antepasados; todos entendían que los tiemposfelices, los tiempos heroicos, los tiempos santos estaban detrás y nodelante de la humanidad presente. Los estudios de los filósofos y de losteólogos—utopistas retrospectivos—la enseñanza en las escuelas, lapredicación en los púlpitos, todo estaba orientado sobre la ansiadavuelta al pasado glorioso, o santo, o dichoso. La sabiduría era unafórmula verbal salida del pasado y del misterio.

Y así, el don capital de la especie humana: la posibilidad de mejorarseindefinidamente, quedaba siempre más o menos anulado por todas lasdoctrinas religiosas o filosóficas que entendían darle nueva vida,porque "toda teoría es gris, y el árbol de la vida es siempre verde",como dijo Goethe, porque el pensamiento humano es como el agua, queestancada se corrompe y en movimiento se purifica. Aunque haya caído delcielo en gotas cristalinas y oxigenadas, de la inmovilidad del charco odel pantano se enturbia, poblándose de inquilinos dañosos, de microbios,infusorios, larvas y guzarapos. Así las miriadas de mogigatos,sacristanes, legos, frailes, monjas, ermitaños, abates, canónigos, curasy obispos, sobrevenidos por generación espontánea de alimañas en elpensamiento cristiano, estancado desde el siglo III y corrompido enconsecuencia inevitable, por los credos, los dogmas, las bulas, losbreves y los cánones.

Es que el mal de todas las religiones está en su esencia misma, en queno pueden reverdecer constantemente como el árbol de la vida, reponiendocon hojas verdes las hojas secas y con nuevos retoños los troncosviejos; en que no puedan cambiar y caminar con el progreso del espírituhumano. Son un soplo de vida y acción, una llamarada de infinito quealumbra y deslumbra un momento, como lo hizo el mahometismo en lostiempos históricos, para caer después en un nuevo plan de oscuridadmental, de esterilidad espiritual y moral. La filosofía, la literatura yel arte griego viven aun, reincorporados a nuestro caudal intelectual.De las religiones egipcia, griega y romana que imperaron por tantossiglos, no queda nada, nada, si no es el lamentable fetichismoincorporado a las iglesias griega y latina, de las que tampoco quedaránada.

En la Europa y la América cristiana, como en la China, como en el Áfricamusulmana, el pasado espiritual primaba en absoluto sobre el presente;la palabra del "maestro", de los profetas y de los apóstoles era laúltima ratio del espíritu humano. Como el Cid, que ganó batallas despuésde muerto, San Juan Crisóstomo, San Agustín y Santo Tomás, han triunfadopor muchos siglos en todas las controversias. En derecho, en medicina,en ciencias naturales, "lo que pensaron los sabios antiguos" hacía leypara los sabios modernos. Los más atrasados, vale decir, los másversados en el saber antiguo, eran los más calificados para enseñar elpasado al presente, y a ese título la Iglesia fue la institutrizuniversal.

Recién cuando en el siglo XIX la paleontología, la filología, laarqueología, etc., etc., pusieron en descubierto el enorme error deaquellas concepciones, demostrando que el hombre cuanto más antiguohabía sido menos fuerte y menos sano, menos sabio y más bárbaro, surgióla teoría de la evolución ascendente y se empezó a concebir laperfección del hombre como un hecho del presente y del futuro, y elespíritu humano pudo transferir su orientación y sus objetivos delservicio de los muertos al servicio de los vivos, de los males quefueron a los males que son, del mundo de la nada al mundo de la vida,del estancamiento al progreso, del quietismo a la acción, delabsolutismo a la libertad, de la tradición a la evolución, "trasladandoel centro de gravedad intelectual y emocional de Dios a la humanidad",el inmenso acontecimiento que se está realizando en nuestros días, y queserá el principio de una transformación universal más grande y más felizque todas las que la han precedido en el curso del tiempo.