La Nao Santa María: Memoria de la Comisión Arqueológica Ejecutiva, 1892 by Comisión Arqueológica Ejecutiva de España - HTML preview

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ARGENTINA

Veinticinco de Mayo, Comandante C. N.

AUSTRIA

Aurora, Comandante C. F. M. Thewalt.

Newarck, Almirante A. E. K. Benham.

ESTADOS UNIDOS DE Comodoro C. S. Carey

AMÉRICA

Duguesclin, Comandante C. N. Mr.

Blanc.

Hirondelle, Comandante C. F. Mr.

FRANCIA

Bellue.

Bonaire, Comandante C. F. A. F.

HOLANDA

Krabbe.

Australia, C. Swinton C. Holland.

Amphion, C. John R. E. Pattison.

INGLATERRA

Scout, C. Walter S. Goodridge.

Torpedero, Liut Hugh le D. Stapleton.

Torpedero, Liut Allan T. Everett.

Lepanto, Almirante C. A. De Liguori.

C. N. S. Grenet Francesco.

ITALIA

Bausan, C. N. Cavaliere de Libero.

Dogali, C. F. Cav. Giorelo.

Duilio, C. F. Conde Candiani de Olivala.

General Zaragoza, Comandante

MÉJICO

Reginald Carey Brenton.

PORTUGAL

Vasco de Gama, Comandante C. N.

Legazpi, Ministro de Marina D. José M.

de Beránger.

Comandante, T. N. I.º D. Adriano

Sánchez Lobatón.

Pelayo, Contraalmirante D. Zoilo

Sánchez Ocaña.

Comandante C. N. D. Luis Pastor.

Reina Regente, Comandante C. N. D.

José Pilón.

Victoria, Comandante C. N. D. Manuel

Dueñas.

Alfonso XII, Comandante C. N. D. José

de Guzmán.

Isla de Cuba, Comandante C. F. D.

ESPAÑA

Salvador Rapallo.

Isla de Luzón, Comandante C. F. D.

Ramón Valenti.

Temerario, Comandante T. N. I.ª D.

Rafael Pascual de Bonanza.

Cocodrilo, Comandante T. N. I.ª D.

Adolfo España.

Nautilus, Comandante C. F. D. Fernando

Villamil.

Arlanza, Comandante T. N. D. Alberto

Castaño.

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Cuervo, Comandante T. N. D. Manuel

Pasquin.

Piélago, Capitán D. N. Plá.

Santa María, Comandante C. F. D. Víctor Concas.

Agosto 1892.

LA COMISIÓN

FIESTA NAVAL CELEBRADA FUERA DE LA BARRA DE

SALTES EL 3DE AGOSTO DE 1892

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ESTUDIOS AUXILIARES

PARA

RECONSTITUCION DE LA NAO SANTA MARÍA

POR EL

CAPITAN DE NAVIO RETIRADO

D. CESAREO FERNÁNDEZ DURO

DE LAS REALES ACADEMIAS DE LA HISTORIA Y DE BELLAS ARTES DE SAN

FERNANDO

Las indicaciones del diario de navegación del Almirante de las Indiasson tan someras, que no puede por ellas formarse juicio, ni aunaproximado, del número, calidad, forma y disposición de las piezas deartillería montadas en las carabelas.

No es dudoso, sin embargo, por esas mismas indicaciones, qué artilleríallevaban. El 7 de Octubre de 1492 anotó Colón que «la carabela Pintatiró una lombarda por señal de tierra y levantó una bandera en el topedel mástil».

El 18 de Diciembre escribió que en conmemoración de la fiesta de laVirgen tiráronse muchos tiros de lombarda; puso las banderas y atavióla nao. Vino á bordo el cacique de Santo Domingo, y al despedirle hizotirar muchas lombardas.

Queriendo luego que los indios tuvieran saludable temor á las armas delos españoles, después que se perdió la nao capitana,

«mandó armar unalombarda en tierra y tirar al costado de la dicha nao. Vido como lopasó y fué muy lejos la piedra por la mar». Era esto el 2 de Enero de1493.

Á poco, acabada la fábrica del fuerte nombrado de Navidad, dice que dejóen él mucha artillería, pólvora, pertrechos y un artillero.

Esto es cuanto enseña el mencionado diario, según el extracto conservadopor el P. Las Casas y dado á luz por D. Martín Fernández de Navarrete enla Colección de viajes y descubrimientos que hicieron por mar losespañoles.

Para suplir lo que calla, necesario es acudir á los primeros tratadosmilitares del siglo XVI, por las noticias que recogieron de losanteriores. Las expediciones navales de D. Alfonso V de Aragón al reinode Nápoles, mediado el XV; la guerra de Granada emprendida por los Reyesde Castilla y Aragón, y en ella el sitio de Málaga, en que se emplearonfuerzas navales; la armada que fué á Italia con Gonzalo Fernández deCórdoba; la que se dispuso para el viaje de D. Fernando á Nápoles en1506; por fin, las escuadras que acometieron á Berbería en 1505 y 1509,comprendieron á la época en que se realizó el descubrimiento de lasislas oceánicas, y fijando límites entre los que no fueron notables losadelantos y variaciones de las armas; ofrecen alguna enseñanza.

Han estudiado modernamente el modo de ser de la milicia de mar y tierraal acabar la Edad Media, Capmany, Navarrete, el Conde de Clonard, Pérezde Castro, Salas, Barado y algunos más reuniendo cédulas, relaciones,inventarios y dibujos de gran utilidad, muy aumentados é ilustrados parael caso presente en la obra especial dada á la estampa por D. JoséArantegui y Sanz con título de Apuntes históricos de la Artilleríaespañola en los siglos XIV, XV y XVI. (Madrid, 1887-1891.) Poniendo ácontribución los textos y algo más, inédito, que va apareciendo, seadvierte:

Que las naos de la marina aragonesa á fines del siglo XIV y principiosdel XV, no llevaban más de una, dos, tres y hasta cuatro lombardas,según su porte.

Que el rey D. Alfonso V tenía el año 1418 en la galera real doslombardas que tiraban 9 y 7 libras de pelota de piedra, y solo 10proyectiles por pieza.

Que la otra galera real en que hizo D. Fernando el mismo viaje á Nápolesen 1506, llevaba una lombarda, dos cerbatanas y dos pasavolantes.

Que en las armadas de naos por el mismo tiempo aprestadas para Italia yBerbería, aunque no seguramente averiguado, iban cuando más, cuatrolombardas en cada una.

Parece deducirse de estas noticias que al emprender las carabelas dePalos su viaje, la artillería no era numerosa en los bajeles, y lasconfirma una cédula de los Reyes Católicos, del año 1505, mandandoentregar 10 lombardas, las dos grandes y las ocho pequeñas para lacarraca de Iñigo de Artieta, general de la Armada de Vizcaya que estuvoen Cádiz al emprender Colón la descubierta, por si necesario fueraprotegerla. Las dos grandes tiraban piedra de cada setenta libras; lasotras como ribadoquines.

En instrucciones que se dieron á D. Johan Manuel para fletar doscarracas de 2.000 botas cada una, se indicaba que montaban cientlombardas de todos calibres, seis de ellas de 25 á 30 libras, tirandopor puertas levadizas[18]. Conforma en cierto modo con este dato losque ofrecen las relaciones de vistas celebradas en Saona por Luis XII deFrancia con nuestro D. Fernando el año 1507. Un historiador delprimero[19] refiere que el almirante Philippe de Ravestain lució en laocasión una carraca nombrada La Charente, de las mejores que flotabanen la mar: llevaba á bordo 1.200 hombres de guerra sin los marineros ymontaba 200

piezas de artillería, de las cuales 14 tenían ruedas ytiraban piedras grandes.

No contradicen estas referencias á las anteriores: aun tratando decarracas que eran las naves de mayor porte y capacidad, y de una tanexcepcional por la grandeza y objeto, como La Charente, se comprendeque, separadas las 14 piezas encabalgadas, el mayor número componían lasde horquilla y pinzote fijo en la borda, manejadas por un hombre, sicomprendidas en la denominación genérica de piezas de artillería,distinguidas en particular con las de falconetes, versos y pasavolantes.

La frase mucha artillería empleada por Cristóbal Colón al hablar de laque dejó en el fuerte de Navidad, sería relativa ó hiperbólica, como loera al referirse á las salvas. Debe entenderse que en la fortaleza dejótoda la que montaba la nao perdida, ya que en las otras sólo de estorbohabía de servirle. Habiendo encarecido en su narración la docilidad ynatural pacífico de los indios, querría decir que la artillería eramucha, por estimarla más que suficiente para estorbarles el acceso.

El número efectivo en La Santa María no excedería seguramente del quetenía la carraca capitana de Iñigo de Artieta, y suponiéndolo igual,esto es, de dos lombardas y seis falconetes, estaría bien armada,considerada la época y el porte. Apoya la hipótesis la certeza de ser lanave una de aquellas de Cantabria destinadas al comercio con los estadosde Flandes, que conciliaban en lo posible los medios de seguridad con lamayor carga, y no es de presumir que los primeros se alteraran alemprender un viaje de exploración para el que lo importante era contarcon vitualla y agua en la ida y la vuelta; vitualla calculada, segúnalgunos marinos dijeron, para un año, si bien parece cifra en dobleexagerada.

La fundición de artillería de bronce estaba en mantillas al empezar elreinado de doña Isabel; era de hierro forjado la que se empleaba para ladefensa y ataque de las plazas, así como para el armamento de las naves,sobresaliendo en la fábrica los ferreros de Vizcaya, y un curiosodocumento del Archivo de Simancas[20]

relativo á la comisión que se dióá Pedro Ruiz de Ibarra y á Juan Pérez de Tolosa, repostero de cámara desus Altezas, ambos vascongados, para comprar en aquel país las piezasque hicieran falta al organizar la expedición de Mazalquivir en 1505explica las dimensiones, calibre y costo de las que se destinaban á losbuques.

Dice la primera partida de la cuenta: «Que se hicieron hacer (enVizcaya) veynte e cuatro lombardas que tiran piedra de diez libras (15cm) de nueve palmos en largo con cada tres servidores con sendascorueñas, que fué igualada cada pieza en veinte e un ducados».

Las otras partidas especifican las variaciones, salvo la longitud queera la misma en todas las piezas (el mismo longor de nueve palmos) comosigue:

24 lombardas que tiran 10 libras, á 25 ducados.

8

7 — á 14 —

11

6 — á 12 —

20

5 — á 10 —

14

4 — á 8 —

12

3 — á 6 —

10

2 — á 4 —

3

de diez palmos

27 — á 30 —

Por la escala gradual de calibres es de juzgar que á las carabelas, comonaves menores, se destinarían las lombardas que tiraban dos ó treslibras de pelota de piedra y que así las llevaron las de Colón. En elMuseo de Artillería de Madrid se conserva un ejemplar de lombardapequeña, de las de dos libras, cuyas dimensiones correspondenexactamente con las de la relación de Ruiz de Ibarra y Pérez de Tolosa ytambién con inventario del año 1500, copiado en Simancas por elbrigadier de ingenieros Sr.

Aparici. La ha discutido y dibujado á escalael comandante de artillería D. José Arantegui[21]: tiene los nuevepalmos de longitud y diámetro que por la fórmula P == VxD, ó sea 920 == 4,18V

3x2, 40, da para el de la pelota de piedra poco más de 9 cm.

Por el examen detenido se deduce el método racional de fabricación,formando primeramente el cilindro del ánima con barras ó duelas dehierro batido, de 6 cm. de grueso, sujetas con manguitos de 12 cm.también de grueso y de 55 á 65 de longitud, y cubiertas las uniones deuno y otro con zunchos de 5 cm. de grueso y 20 de anchura. El refuerzode la boca se alargaba en la parte superior formando una arista paralelaal eje y á la determinada por dos zunchos suplementarios en los tercios,con sendas argollas.

De estas piezas había con servidor ó recámara postiza y también conculata cerrada, haciéndose en el último caso el tapón á sombrerete,soldando las duelas á martillo. La disposición del fogón era entoncespróxima al plano de la culata, terminando arriba en una pequeña cazoletade 18 mm. de amplitud. Cortado el sombrerete venía á tener esta pieza1m,430 de longitud.

Se empleaban las piezas de servidor al aire libre porque teniendo dos ytres que se cargaban independientemente, era el tiro más rápido; las deculata cerrada se preferían en baterías bajo cubierta. Diego García delPalacio explicaba la causa en su Instrucción náutica, escribiendo:

«Todas las piezas abiertas que se sirven con cámaras han de estar sobrecubierta, porque si están debajo, el humo que queda dentro ocupa lavista á los que los sirven.

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Por manera que éstas y los versos se han de poner sobre las toldas depopa y proa, y las cerradas, que son de culata, que echan el humo por laboca, abajo... »[22]

Lo dificultoso de todo punto es determinar la forma y construcción delos montajes, que según la cuenta extractada del año 1505 ya se llamabanpor entonces corueñas. Es esta una de las investigaciones más obscurasentre las que atañen á la artillería antigua: nada hay averiguadohistóricamente hasta ahora, pues los dibujos que en las piezas de sitioy de campaña suplen en muchos casos la falta de descripciones, no dejanver de qué modo se colocaban en el interior de la nao esas lombardas.

Eldiscurso tiene que guiarse por analogías con los montajes de plaza y porindicaciones vagas como lo es la de aquella carraca La Charente en quehabía algunas piezas con ruedas.

El mencionado García de Palacio decía: «Terná la nao sus portañuelas dospalmos en cuadro con sus bisagrones para cerrallas y abrillas cuandoconvenga, y en los lados de cada una dos argollones de hierro fuerte, ycerca del muñón un gancho, y del á las argollas puestos sus aparejospara zallar las piezas, y de las argollas á la culata de cada una de susretenidas tan largas cuanto es menester para recular la pieza,advirtiendo que la una sea mas corta que la otra, para que reculando lapieza y teniendo la boca dentro, por la retenida corta dé media vuelta yquede prolongada de popa á proa, para que el lombardero pueda tornalla ácargar, sin que por la portañuela le puedan hacer daño.»

Como la construcción es casi un siglo posterior al tiempo de lascarabelas de Colón y trata ya de piezas con muñones y de portañuelascuadradas, sirve solamente como dato del progreso que en ciertosdetalles se había conseguido: mas á falta de otras, y cotejada con loque se sabe de montaje de artillería de sitio y de campaña, ayuda áconjetura, siendo, sobre todo, de utilidad, para el conocimiento de losherrajes y guarnimientos de palanquines y del braguero con dos brazos, corto y largo.

Por presunción lógica tenía que estar la lombarda montada ó encabalgadasobre una pieza sólida de madera en la que, á media caña, se hubierarebajado el lugar del asiento á tope de la culata.

Sentaría sobre dostablones adelante y atrás prolongados lo suficiente para dar, como base,mayor estabilidad al conjunto y á fin de que, no estando dicha base encontacto continuo con la cubierta de la nave, dejaran espacio é hicieranposible y fácil dar las fuertes trincas de cabo ó cuerda que hacían dela lombarda y su cureña un solo cuerpo, y tesarlas ó reforzarlas ámedida que el ejercicio requiera mantener la sujeción.

Bien podía conseguirse teniendo la corueña un eje delantero con ruedaspequeñas enterizas; pero las ruedas representan otro adelanto que no esprobable se hallara en práctica en las carabelas, toda vez que comonovedad y cosa rara se señalaba años después.

Claro es que no podría con esta disposición variarse la puntería enaltura, y que habían de ir los tiros rasando el agua, como dice elcronista portugués García de Resende; con todo, siendo como era corto elalcance y empleada por consiguiente la artillería sólo como preliminardel abordaje, cumpliría tal afuste con su objeto, sirviendo al disparode la pelota de piedra, de cuyo efecto en los costados de madera hablaJulio César Firrufino, y el mismo Colón dió idea en la ocasión citadaprecedentemente, contando cómo pasaba el proyectil la endeble obramuerta de su nao.

Justifica al mismo tiempo la inmovilidad de la lombarda en su montaje,porque no se abrían compuertas cuadradas en los costados. Una aberturacircular de poco mayor diámetro que la boca de la pieza era suficientepara el disparo y protegía más á los sirvientes contra los tiros dearmas portátiles.

El modo de cargar las piezas con pólvora á granel introducida concuchara, se indica en la siguiente Cédula real, que recomienda lasustitución en las Indias de la artillería de hierro forjado por la debronce[23].

«El Rey.—Comendador mayor, nuestro veedor general de la nuestraArtillería. Porque para la isla Española son menester algunas piezas deartillería, Yo vos mando que luego questa viéredes, fagais facer en esacibdad de Málaga cinco sacabuches e un cañon pedrero que tenga unalinterna de oxa villa (?) engastada en el atacador, para le atacar, educientas e cincuenta piedras para él, e dos falconetes e ducientaspiedras de plomo, e un molde de azofar para los falconetes, e otralinterna como la del cañón, e sea todo de buen metal porque de yerroluego se dapna allá a cabsa de la humedad de la tierra, los quales ansífechos con todos sus aparejos, los entregareís a nuestros oficiales dela Casa de la Contratación que residen en Sevilla, ó a quien su poderovier. E mando a Juan de Soria, mi Contador de la artillería, que ansíse los faga luego entregar su carta de pago, o de quien su poder oviere,cuanto que sean rescebidos. Fecha en la villa de Medina del Campo a 30de Setiembre de 1504 años.—

Yo el Rey.—Por mandado del Rey, Gaspar deGricio.»

Los falconetes ó versos fijos en la borda que equivalían á las piezasactuales de tiro rápido, eran de hierro batido, como las lombardas; sefabricaban de la misma manera, diferenciándose en el calibre menor; enque lanzaban proyectiles formados con dado de hierro revestido de plomoy en que no teniendo cureña, pues giraban verticalmente sobre muñones yhorizontalmente sobre horquilla acabada en pinzote, tenían en la parteposterior un bastidor ó marco para afianzar con cuña el servidor, y unarabera con que lo manejaba el lombardero.

No es necesario reconstituir estas piezas discrecionalmente, puesexisten en el Museo de Artillería de Madrid dos ejemplares auténticosextraídos del fondo del mar y por primera vez descritos en el MuseoEspañol de antigüedades. Uno de ellos tiene 70 milímetros de calibre y23 de espesor en el brocal: la bala de hierro emplomado pesaría 1.500gramos. El otro tiene 45

milímetros de calibre y la pelota no debíapesar más de 360

gramos. En el último son las duelas de 5 milímetros,los manguitos de 17 y los zunchos de 40. La longitud de la caña es de750 milímetros; la del marco, en dirección al eje, 250; la de la rabera340, de modo que la longitud total alcanza á 1m,340[24]. Que las naosy carabelas grandes ó pequeñas llevaban artillería, acredita el Memorial que Cristóbal Colón dirigió á los Reyes en 1498 enumerandolas cosas que necesitaba, diciendo[25]:

«Es mas menester para los navyos que fueren, como para la gente que alláresidiere ansy armas, lombardas para los navyos, e lanzas e espadas epuñales e ballestas e madexuelas para las ballestas, e almacén para lasballestas.»

Relativamente al cuarto viaje del descubridor de las Indias hayconstancia oficial en las cuentas de Rodrigo de Narváez conservadas enSimancas[26], importante al fundamento de lo que va expuesto, por estapartida:

«Data.—Por una cédula fecha en 20 de Marzo de 1502 años se libró en eldicho Rodrigo de Narváez mayordomo del Artillería de sus Altezas dosribadoquines é 24 quintales de pólvora que lo dé a Xºval Colón,Almirante para el viaje que ha de facer, lo cual se le libró por unacédula del thesorero A.º de Morales fecha en Sevilla a 8 de Marzo de1502.»

Con la experiencia de lo acontecido á la nao Santa María quiso D.Cristóbal llevar bajeles de menor porte en este viaje que había de serde exploración por las costa de Tierra-firme y, según refiere el P. LasCasas, compró cuatro navíos de gavia á propósito, el mayor de los cualesno pasaba de 70 toneles ni el menor de 50 bajaba. Los dos ribadoquinesentregados por el mayordomo de la artillería de Málaga no serían únicaspiezas con que se armaron las cuatro naves, pues en tal caso fueraexcesiva la cantidad de 24 quintales de pólvora con que se las dotaba;es de concebir por ello que con esas dos piezas se aumentó y mejoró elarmamento ordinario de artillería de hierro que las carabelas tendrían,á petición del Almirante.

Consignó el cura de los Palacios, cronista de los Reyes Católicos, altratar de la guerra con Portugal y batalla de Toro[27],

que el duque deVillahermosa, fué por entonces (1475) el primero que metió ribadoquines en Castilla. Para el sitio de Ponferrada ya se fundieronen Zamora y Benavente, sabiéndose por las cuentas del tesorero Ruy Lópezde Villalobos (1486) haberse encargado la fundición á los maestros Pedroy Juan, á condición de pagarles por cada uno que saliera limpio y bueno,sufriendo la prueba de dos tiros 1.000 maravedís, siendo de su cargo laleña, carbón, molde y demás cosas necesarias, excepto el cobre yestaño. Fundieron 17, y salieron tan buenos, que sobre el precioestipulado se les abonaron 1.500 maravedís[28].

Eran pues los ribadoquines piezas ligeras de bronce de recienteadopción, cuyas condiciones se descubren en las partidas de cuentas degastos hechos para aquel sitio, á saber: Bancos de ribadoquines pagados á los carpinteros.

Maderos de olmo labrados á hacha para los mismos.

Maromas.

Hoja de lata para medida de ribadoquines.

Dados de hierro para pelotas de ribadoquines.

Dos carros e dos pares de bueyes en que se llevaron seis ribadoquines.

Poco después se aplicaba tal artillería á la defensa de las plazas: losinventarios del mayordomo manifiestan haber entregado en 1501, con otraspiezas; para la fortaleza de Bermiliana un ribadoquín que pesó 2quintales e 1 arroba e 10

libras.

Para la de Buñol, 1 ribadoquín e 2 arcabuches que pesaron 3

quintales e18 libras de metal.

Para la de Adra, 2 ribadoquines e 2 arcabuches que pesaron 5

quintales e2 arrobas e 10 libras.

Para la de Lanjarón, 1 ribadoquín e 2 sacabuches que pesaron 2 quintalese 3 arrobas e 1 libra.

Las relaciones del año siguiente de 1502 hacen distinción de Ribadoquines San Migueles; ribadoquines con muñones; ribadoquineschicos, y aun dicen que Maestre Cristóbal, fundidor, entregó 19ribadoquines ochavados, 14 ribadoquines redondos y moldes de pelotaspara ellos.

Los arcabuches ó sacabuches eran, por lo que parece, piezas de campaña,más ligeras y modernas que los ribadoquines. No atañe al Almirante, sinoá su sucesor en el gobierno de la isla Española la primera mención,hallada en la siguiente cédula, digna de notoriedad[29].

«El Rey e la Reina.—Rodrigo de Narváez, mayordomo de nuestraArtillería. Nos vos mandamos que deis y entreguis al Comendador deLares, nuestro gobernador de las Indias, o a la persona quel con sucarta embyare, veinte e cuatro sacabuches de metal[30] e la pólvora epelotas que fuere menester para ellos e para quince espingardas que lemandamos de otra parte dar, e así mismo le dad los moldes e otro aparejoque fuere menester para hacer las dichas balas, lo cual todo es parallevar a las Indias, e tomad su carta de pago, ó de la persona queasymismo enviare con la cual e con esta mandamos que vos sea rescibidoen cuenta lo que asy le dieredes y entregaredes, lo cual vos mandamosque hagades, asentando esta nuestra cédula el Comendador mosen SanMartyn nuestro proveedor e veedor de la dicha artillería e Joan de Soriacontador della, e dando ellos su parescer en las espaldas desta nuestracédula de las cosas susodichas que les debais dar.

Fecha en la ciudad de Granada a 31 días de Agosto de 501

años.—Yo elRey.—Yo la Reina.—Por mandado del Rey e de la Reina, Gaspar deGricio.»

Cuando llegó Colón al puerto del Retrete en el cuarto viaje, después dereconocer las costas de Mosquitos y de Veragua, le hostilizaron losindios, osando llegar hasta cerca de los navíos, que estaban con elbordo en tierra. Para atemorizarlos mandó al Almirante tirar lombardas sin pelota, pero con el ruido se alborotaron más, burlándosedel recurso. D. Fernando Colón, testigo presencial, refiere que, vistosu demasiado atrevimiento, por espantallos, mandaba tirar el Almirantealguna lombarda de cuando en cuando, y que ellos respondían con grangrita, dando con sus bastones en las ramas de los árboles, haciendograndes amenazas y mostrando no tener temor del sonido ó estruendo delas lombardas, pensando que debían ser como los truenos secos sinrayos, no más de para causar espanto; y que porque no tuviesen tan gransoberbia, ni menospreciasen á los cristianos, mandó que una vez tiraseuna lombarda contra una cuadrilla de gente que estaba junta yapeñuscada en un cerrito, y dando por medio dellos la pelota, hízolescognocer que aquella burla era también rayo como trueno, por tal maneraque después aun tras los montes no se osaban asomar.»

Acredita el dicho que las carabelas disponían de piezas de mayor calibreque los dos ribadoquines entregados por Narváez, pues que éstos no secomprendían en el nombre general de lombardas, aplicado á las grandes.Que todas las carabelas montaban algunas indica el mismo libro de D.Fernando Colón, al decir que sufriendo temporal sobre la costa deVeragua «los truenos eran tan bravos y espesos, que pensaban los de unnavío que los de los otros disparaban el artillería demandandosocorro, porque se hundían».

El diario referido de Colón, en el primer viaje, menciona la espingardacomo arma de mano de que disponían los tripulantes de las carabelas;pero habían de ser muy pocas, no estando por entonces generalizadas. Elcontingente de ejército de 6.000

hombres que salió de Sevilla para laguerra de Granada sólo contaba con 400 espingarderos; el de la SantaHermandad, cuerpo de hombres escogidos á cuyo cargo estaba la seguridaden los caminos y despoblados, tenía una espingarda para cada diez. Enfin, al alistarse las 17 naves con que emprendió el Almirante el segundoviaje llevando 1.500

hombres, se ordenó por cédula dada en Barcelona á23 de Mayo de 1493, que se le entregaran 100 espingardas y 100ballestas, resultando aún menor la proporción.

Hállanse dibujadas y descritas estas armas en los tratados de arte éindumentaria militar aludidos; hay además ejemplares en la Armería Real,y para las espingardas se cuenta con otro dato de gran interés; lasillería del coro de la Catedral de Toledo, obra ejecutada en el reinadode doña Isabel. Allí se ven esculpidos espingarderos en función. Teníala espingarda un cañón corto

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con boca acampanada, sujeto á larga caja demadera. Cargábase con baqueta, llevando la pólvora á granel en frasco dehierro y las balas en bolsa. Se disparaba sosteniendo la puntería con lamano izquierda y aplicando con la otra una mecha al oído.

Menciona asimismo el referido diario arcos turquescos que disparabanflechas, á diferencia de las ballestas, con que se lanzaban jaras. Comoel Almirante se sirvió de lanza para matar la monstruosa iguana cuyapiel mostró á la vuelta, en España, como cosa rara, hay evidencia, queno fuera necesaria, de que con lanzas y espadas muy cortantes[31]combatía la mayor parte de la gente. Todos los inventarios de la épocacuentan como de mayor

número

estas

especies

de

armas

ofensivasdistinguiéndolas en clases que nombran lanzas manesgas, lanzaslargas, chuzos ó picas, romañolas, guadañas, etc., amén de lasarrojadizas que entraban por cientos, como dardos, virotes y barrasaguzadas.

Como defensivas tenían corazas compuestas de peto y espaldar, capacetes,gorguerinas y otras piezas diversas de arnés; rodelas con la divisa realpintada y paveses con las mismas insignias. Los últimos servían dedefensa y adorno para cubrir las bordas, y de ellos viene el nombre depavesada que conserva el vocabulario naval, aplicándolo ahora á lacubierta de los cois, igualmente colocados por parapeto defensivo. Enlas cuentas que dieron Pedro Ruiz y Juan Pérez de Tolosa de las comprashechas en Vizcaya el año 1502 para la jornada de Mazalquivir, antescitadas, hay pormenores curiosos de las armas portátiles; comprendenarmaduras suizas, cada una de ellas con piastron e guarnición de brazoizquierdo y celada e barbote, sin manopla, que costaban á 610 maravedís;corazas fechas en cueros de cordobanes, marcadas y estañadas y templadasá prueba de ballesta, cada una á 485 mrs.; ballestas echizas con suspoleas de á cada dos cuerdas e con sus cintos de armar e con sus cuerdase con todo el aparejo que era menester á 480 mrs.; lanzas de mano conhierros acerados enclavados, con sus regatones de hierro á 250 mrs. ladocena; dardos con sus hierros e puestos sus avientos, á 50 mrs. ladocena; pasadores acerados grandes y pequeños, á 5 mrs.; saetas, etc.,etc.

Comparados tales elementos con los que al cabo de cuatro siglos tiene ásu disposición la marina militar, parecerán poca cosa; ¡pero qué enormecifra de maravedís cuestan ahora!

Cesáreo

FERNÁNDE

Z DURO.

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DE LA NAO «SANTA MARÍA» Y DE LAS CARABELAS

«PINTA» Y «NIÑA»

CON NOTICIAS BREVES DE PERSONAS

Y NAVES EN LOS VIAJES DE CRISTÓBAL COLÓN

Jerónimo Cardano, matemático del siglo XVI, reformador del aparato desuspensión de la aguja náutica, decía que exaltar á Colón no es celebrará un hombre ni enaltecer á un linaje, ni alabar á una ciudad ni á unreino; es proclamar una gloria de la humanidad beneficiada con sudescubrimiento.

Al hallar el navegante, en quien esa gloria está sintetizada, las Indiasoccidentales, regía una escuadrilla de tres naves tripuladas por nautasque con él se arrojaron á rasgar el velo del Océano, acompañándole enlos riesgos, en los trabajos y en las privaciones; á todos debía tocar ytocó parte proporcional en el resultado de la empresa homérica; á todosalcanza en la consideración aquella solidaridad que el poéticosentimiento del pueblo estableció en el adagio

«Quien

ama

á

la

flor

Ama las hojitas de su alrededor.»

Por ello con repetido empeño se ha procurado averiguar los nombres delos que en el puerto de Palos embarcaron en las tres naves,consiguiéndolo de muy pocos, porque con la pérdida de los papeles deltiempo, los más se han obscurecido.

Don Martín Fernández de Navarrete publicó en su Colección de Viajes ydescubrimientos lista de cuarenta individuos que le fué remitida desdeel Archivo de Indias, entendiendo por la expresión del encabezamiento,que rezaba murieron en la isla Española, fueran los que dejó Colón en lafortaleza de la Navidad después del naufragio de la capitana y, portanto, los que en ella habían ido, primeros europeos que fecundaron consu sangre la tierra recientemente hollada.

En esta creencia se ha reproducido muchas veces la relación; se insertóen el libro titulado Colón y Pinzón con aditamento de otros nombresposteriormente descubiertos, y se esculpió en el monumento erigido enMadrid á la gloriosa memoria del Almirante; mas ahora registrandolegajos del mismo Archivo de Indias de Sevilla en busca de documentosconvenientes al objeto del Centenario, ha encontrado el archivero D.Francisco Javier Delgado ciertas anotaciones en los libros de Cuenta yrazón pertenecientes á la Tesorería de la Casa de la Contratación quecomprenden los años 1503 á 1515, por las que necesariamente hay quemodificar aquellas impresiones, pues aparecen partidas de pagos hechos álas viudas ó herederos de diez personas, especificando repetidamente encada una de ellas

«murió en las Indias entre las treinta y siete (así enunas partidas; en otras dice treinta y ocho) que cuando la primera vezla isla Española se descubrió, los dejó el Almirante Colón, y el segundoviaje que fué á poblar los halló muertos, según parece por la nómina desu Alteza.»

Los nombres de estas diez personas no corresponden con los de la listade Navarrete y no pueden agregarse á ella, porque en tal caso, añadidostambién los de Diego de Arana que es sabido quedó por gobernador, y losde sus tenientes Rodrigo de Escobedo y Pedro Gutiérrez, sumaríancincuenta y tres, cifra que excede con mucho á la registradaoficialmente. Habrá por tanto que eliminar la mencionada relación deNavarrete, entendiendo que los individuos fallecidos en las Indias quecomprende, murieron en otros viajes, no todos en el primero. Si seadmitiera la defunción separadamente de los que guarnecieron lafortaleza de Navidad, los cuarenta sumados á los treinta y ochocompondrían casi el total de los expedicionarios.

No hay seguridad tampoco de cuántos fueron éstos: D.

Fernando Colón y elP. Las Casas fijan en 90 hombres la gente de los tres bajeles; Oviedo laeleva á 120; Pedro Mártir de Angleria la pasa de 200; Fr. Antonio deAspa apunta erróneamente que iban más navíos y más marineros de lo quese supone. Lo racional, compulsados los datos, teniendo en cuenta elporte de las embarcaciones y la capacidad que exigían los víveres yaguada acopiados para la eventualidad de un viaje largo, es suponer quefueran 90 los hombres de mar y que con los funcionarios nombrados porlos Reyes, los escuderos y los criados llegaran en totalidad á los 120,conciliándose así las indicaciones de los cronistas primitivos deIndias.

Recuerdan todos ellos, acordes con el Diario de navegación de D.Cristóbal, los nombres de los capitanes, los de los pilotos, con los dealgunas más personas señaladas; de la mayoría no hacen mención yestuviera del todo olvidada, si la conveniencia ó la necesidad de hacerprobanza no hubiera estimulado á D. Diego Colón á buscar y presentar portestigos en el pleito que sostuvo contra la Corona, á los que habíannavegado con su padre, haciendo lo mismo el fiscal del Consejo de Indiasen defensa de su gestión.

Citados para declarar todos los que los litigantes hubieron á la mano,fueron haciendo relación de ocurrencias y consta por consiguiente en losautos, en contestación á las preguntas generales, el nombre, edad,naturaleza y oficio ó situación de los testigos. Cabe duda de la nave enque fueron porque ni esto se les preguntó ni lo dijeron todos al expresar desde cuándo y cómo conocían al Almirante D.Cristóbal, pero en lo último fueron explícitos, así que, apartando losque dijeron haber ido en el primer viaje aparecen sesenta, número noescaso dada la dificultad de componerlo; el de la mitad de losexpedicionarios, que eran:

NAO

SANTA

MARÍA

Cristóbal

Colón,

capitán

de

Sus

Altezas.

Juan

de

la

Cosa,

maestre,

de

Santoña.

Sancho

Ruiz,

piloto.

Alonso

Pérez

Roldán,

piloto.

Maestre

Alonso,

físico,

de

Moguer.

Maestre

Diego,

contramaestre.

Rodrigo

Sánchez

de

Segovia,

veedor.

Pedro

Gutiérrez,

repostero

de

estradas

del

Rey.

Rodrigo

de

Escobedo,

escribano

de

la

Armada.

Diego

de

Arana,

alguacil

mayor,

de

Córdoba.

Diego

Lorenzo,

alguacil.

Luis

de

Torres,

judio

converso,

intérprete.

Domingo

de

Lequeitio.

Lope,

calafate.

Jacome

el

Rico,

Genovés.

Pedro

Terreros,

maestresala.

Rodrigo

de

Jerez,

de

Ayamonte.

Ruiz

García,

de

Santoña.

Rodrigo

de

Escóbar.

Francisco

de

Huelva.

Rui

Fernández

de

Huelva.

Pedro

de

Soria.

Pedro

de

Bilbao,

de

Larrabezua.

Pedro

de

Villa,

del

Puerto.

Diego

de

Salcedo,

criado

de

Colón.

Pedro de Acevedo, paje.

CARABELA

PINTA

Martin

Alonso

Pinzón,

capitán,

de

Palos.

Francisco

Martin

Pinzón,

maestre,

de

Palos.

Cristóbal

García

Xalmiento,

piloto.

Juan

de

Umbria,

piloto.

Juan

de

Jerez,

marino,

de

Palos.

Bartolomé

García,

contramaestre,

de

Palos.

Juan

Pérez

Vizcaino,

calafate,

de

Palos.

García

Hernández,

despensero,

de

Palos.

Rodrigo de Triana, de Lepe (el que cantó tierra).

Juan

Rodríquez

Bermejo,

de

Molinos[32].

Juan

de

Sevilla.

García

Alonso,

de

Palos.

Goméz

Rascón,

de

Palos.

Cristóbal

Quintero,

de

Palos.

Juan

Quintero,

de

Palos.

Diego

Bermúdez,

de

Palos.

Juan Bermúdez, da Palos (descubridor de la isla Bermuda).

Francisco

García

Vallejo,

de

Moguer.

Francisco

García

Gallego,

de

Moguer.

Pedro de Arcos, de Palos.

CARABELA

NIÑA

Vicente

Yáñez

Pinzón,

capitán,

de

Palos.

Juan

Niño,

maestre,

de

Moguer.

Pedro

Alonso

Niño,

piloto,

de

Palos.

Bartolomé

Roldán,

piloto,

de

Palos.

Diego

Martín

Pinzón,

el

viejo

de

Palos.

Francisco

Pinzón,

de

Palos.

Francisco

Niño,

de

Moguer.

Bartolomé

Pérez.

Gutiérrez

Pérez,

de

Palos.

Juan

Ortiz,

de

Palos.

Alonso

Gutiérrez

Querido,

de

Palos.

Pedro

de

Lepe.

Alonso

Morales.

Andrés de Huelva, grumete.

Las clases y categorías que en los diarios se mencionan son: Capitán, maestre, piloto mayor, piloto, veedor, escribano, físico,alguacil mayor, alguacil, contramaestre, marinero, escudero, grumete,paje y bajo el título de oficiales de nao, carpintero,

calafate,tonelero,

despensero,

lombardero

y

trompeta.

Los que con toda certeza quedaron en la fortaleza de la isla Española yallí finaron;

Diego

de

Arana,

gobernador.

Pedro

Gutiérrez,

teniente.

Rodrigo

de

Escobedo,

teniente.

Maestre

Alonso,

físico.

Diego

Lorenzo,

alguacil.

Luis

de

Torres,

intérprete.

Lope,

calafate.

Domingo

de

Lequeitio.

Jacome

el

Rico,

Genovés.

Pedro

de

Lepe.

Alonso

Morales.

Andrés

de

Huelva.

Francisco de Huelva.

Repítalos por siempre la historia.

Los tres viajes sucesivos que emprendió el Almirante no despiertaninterés tan vivo como el primero, y como fueron muchas las personas quele acompañaron sería también difícil reunir los nombres de lasprincipales siquiera.

Llevaba al salir de Cádiz el 24 de Septiembre de 1493 una flota de 17naves; de ellas 3 carracas muy grandes cargadas de víveres y pertrechos;2 naos, una nombrada Marigalante, en que arboló la insignia de mando,y 12 carabelas. Embarcaron en el número de funcionarios distinguidosPedro Margarit, Alonso de Valencia, Gómez Tello, Ginés de Gorbalán,Alonso de Ojeda, Juan de Luján, Pedro Fernández Coronel, Bernal Díaz dePisa, Alonso de Carvajal, Sebastián de Olano, Melchor Maldonado, Álvarode Acosta, Francisco de Peñalosa, Pedro de Las Casas (padre de Fr.Bartolomé), el Dr. Diego Álvarez Chanca, el ensayador de metales FermínCado, el delegado apostólico Fr.

Bernal Buyl, Fr. Román Pane, Fr. JuanTisín, Fr. Diego Márquez, Fr. Juan de la Duela...

Llegados felizmente al puerto de Navidad, en la Española, despachó elAlmirante para volver á Castilla 12 de las naves al mando de Antonio deTorres, hermano de la nodriza del príncipe D. Juan, con el piloto mayorPero Alonso Niño, y quedóse con las otras cinco embarcaciones paraatender á las necesidades que ocurrieran. Con tres carabelas nombradas San Juan, Cordera y Niña (la misma del primer viaje), emprendió elreconocimiento de las islas Jamaica y Cuba, en Mayo de 1494, y por haberlevantado testimonio el notario Fernán Pérez de Luna, se sabe que iban ála exploración 50 hombres de mar, cuyos nombres se escribieron[33], notándose los de los maestres Cristóbal Pérez Niño, Alonso Pérez Roldány Alonso Medel; de los pilotos Francisco Niño y Bartolomé Pérez, y delmaestro de hacer cartas Juan de La Cosa.

Regresó Colón á España en 1494 en la mencionada carabela Niña,acompañado de otra que por ser la primera construída en las nuevastierras se llamó La India. Iban en su compañía 220

europeos.

Para el tercer viaje, emprendido en 1498, alistó 4 naos de más de 100toneles y 2 carabelas. Despachó directamente para la Española, desdeCanarias, tres de los navíos, mandados por Pedro de Arana, hermano dedoña Beatriz Enríquez, Alonso Sánchez de Carvajal y Juan AntonioColombo, su pariente. Con una nao y dos carabelas hizo el descubrimientodel Continente en Paria y bocas del Orinoco, siéndole de gran serviciodurante la enfermedad que padeció el capitán Pedro Terreros.

Dolorosísimo fué el retorno, viniendo en 1500 bajo partida de registro,con grillos, lo mismo que sus hermanos Bartolomé y Diego en la carabela Gorda, cuyo maestre y propietario era Andrés Martín de la Gorda, y elcapitán Alonso Vallejo. Debió de escoltarle la carabela Antigua quehabía llevado á Española el comendador Bobadilla.

Del cuarto y último viaje del Almirante en 1502 hay rol completo, queformó el contador Diego de Porras y se conserva[34]. Colón eligió cuatronavíos de gavia cuales convenía á su propósito de reconocer costas ybajíos; el mayor no excedía de 70 toneles ni el menor de 50 bajaba. Ennúmero redondo dicen sus cartas que juntó en la flotilla 140 hombres; enel rol parecen 148 sin cortar su persona, la del adelantado D.Bartolomé, su hermano, y la de D. Fernando, su hijo. En resumen.

La carabela capitana ganaba nueve mil maravedís de flete al mes; teníapor capitán á Diego Tristán; llevaba piloto mayor, maestre,contramaestre, físico, tonelero, calafate, carpintero, 2

lombarderos, 2trompetas, 14 marineros, 4 escuderos, 20

grumetes, en total 52 personas,incluídas las del Almirante y su hijo.

La carabela Santiago, capitán Francisco de Porras, ganaba diez milmaravedís al mes, componiendo la tripulación 47 hombres en total.

El navío Gallego se fletó á razón de 8.333 maravedís; mandábalo Pedrode Terreros, llevando 27 hombres, de capitán á Paje.

El navío Vizcaino fletado por 7.000 maravedís, regía Bartolomé deFiesco, tripulándolo 25 hombres. Total general, 151. Durante la campañafallecieron 31, cifra enorme, que pasa del 20 por 100.

Anota Porras que el velamen de la carabela era:

 2 velas maestras del árbol mayor con una boneta.

 1 vela maestra de trinquete con una boneta.

 1 vela de mesana.

 1 vela de gavia.

El sueldo mensual de la gente de mar era[35]:

Un Capitán 2.500 maravedís.

Un piloto

2.000 —

Un marinero 830 —

Un grumete 730 —

Un paje

530 —

Perdidas las cuatro naves, en la costa de Veragua dos y en Jamaica lasotras, el Almirante fletó en la isla Española dos más embarcando en ladel maestra Diego Rodríguez con 25 de sus compañeros. El Adelantado D.Bartolomé vino en la segunda, llegando á Sanlúcar de Barrameda el 7 deNoviembre de 1504.

No es de olvidar que los restos mortales del insigne marinero fueronembarcados é hicieron todavía dos viajes atravesando el Atlántico y elmar de las Antillas. Según refiere Garibay[36],

cuando la virreina doñaMaría do Toledo fué por última vez á la isla Española el año 1544, llevóconsigo los huesos de su suegro y marido, dándoles sepultura en lacapilla mayor de la iglesia catedral de Santo Domingo. Allí reposaronhasta que por el tratado de paz de Basilea, dejó la isla de serespañola. Acordaron entonces las autoridades llevarse los de D.Cristóbal; con pompa extraordinaria le acompañaron hasta el bajel quepor casual coincidencia llevaba el significativo nombre de ElDescubridor, y transbordados en el puerto de Ocoa al navío SanLorenzo, antes de acabarse el año 1795, los condujo á la Habana, conlos honores de almirante que le eran debidos, el teniente general de laArmada D. Gabriel de Aristizábal.

Cesáreo

Fernández

DURO.

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DE QUE SE SIRVIÓ COLÓN EN SUS VIAJES

El aparato que se emplea para estimar la velocidad de las naves, llamadopor los marineros españoles Corredera, no se generalizó hasta losfines del siglo XVII, aunque antes se hubieran ensayado diversosmecanismos. D. Amonio de Gaztañeta escribía todavía[37]: «No puedo dejarde decir con qué pocos fundamentos se discurre entre algunos navegantesel conocimiento de lo que una nao navega de distancia, pues algunos,haciéndose astrólogos judiciarios, solamente se atienen á su conjetura,sin más fundamento que sólo mirar á la espuma que deja la nao con sumovimiento... Otros hay que la distancia ajustan solamente con echar unpedazo de palo ó astilla por la proa de la nao, algo distante, y luego,así que empareje la astilla con él, camina para popa según la astilla;hecho esto hace la consideración: «si yo caminara en tierra según aquí,lo que podía caminar en una hora sería...»; y con este discurso ajustael camino que hace en la navegación. Otros hay que hacen unas señales enel costado, de medidas determinadas, y luego echan un palo por la proa,y emparejando á la primera señal empiezan á contar, y según fueroncontando y á qué señal llegan, hacen la conjetura de lo que camina unanao.»

El conocimiento de las propiedades de la embarcación y el juicio de loshombres experimentados sobre la fuerza de los vientos y demásaccidentes, era en efecto de lo que se servían para calcular la marcha yá lo que hubo de acudir Cristóbal Colón al atreverse á penetrar en elAtlántico, perdiendo de vista por la popa las costas de las islasCanarias.

Desde un principio lo indica con claridad su diario, apuntando á 8 deAgosto de 1492 «que hubo entre los pilotos de las tres carabelasopiniones diversas donde estaban, y la suya salió más verdadera», yrepite en los sucesivos haberse propuesto llevar dos cuentas, poniendoen una menos leguas de las que andaba

«por si el viaje fuese luengo, nose espantara ni desmayara la gente.»

Mucho confiaba en su criterio y en su autoridad para imponerlo á lospilotos, pues lo mismo que él podían apreciar la velocidad de lascarabelas por rutina, y mejor debían de conocer las propiedades debarcos de su pertenencia en que antes habrían navegado. El propósito decontar menos leguas era contrario á la regla que observaban losespañoles, calculando más largo el camino á fin de no aventurar elencuentro de la tierra, sobre todo de noche. Acaso por lo mismo loadoptó, teniendo presente cuanto pudiera influir en la imaginación elexceso, al hacer camino por un paralelo sin que la diferencia de latitudlo afectara.

«De Leste Oeste (enseñaban las disciplinas) no se da altura ningunaporque el polo (yendo contino por este via) ni se alza ni se abaja masen una parte que en otra; e asi el que Leste Oeste navegare, la cuentade su camino es á su arbitrio, considerando lo que el navio puede andarsegún el tiempo y navio y la carga fueren»[38].

Ello es que á 1.º de Septiembre escribía D. Cristóbal:

«Aquídescubrieron sus puntos los pilotos; el de la Niña se hallaba de lasCanarias 440 leguas; el de la Pinta 420; el de la Santa María 400justas», y en 1.º de Octubre volvía á decir: «el piloto de la SantaMaría tenía hoy en amaneciendo que habían andado desde la isla deHierro hasta aquí 578 leguas; la cuenta menor que el Almirante mostrabaá la gente eran 584, pero la verdadera que juzgaba y guardaba era 707.»

La última cuenta era de tal modo aproximada á la verdad, que avistada laisla Guanahaní al cabo de treinta y tres días de viaje y de un trayectode más de mi leguas; trazando la derrota en carta de las modernas,resulta error no ya pequeño, considerado el tiempo y los elementos deque las carabelas disponían, sino sorprendente hoy mismo con todos losadelantos conseguidos.

En el viaje de vuelta lo tuvo mayor, así por los rumbos al Nordeste, querequerían apreciación de apartamiento del meridiano, como por lostemporales que dificultaban la estima de la marcha. El 10 de Febrero de1493 dice el Diario:

«En la carabela carteaban ó echaban punto[39] Vicente Yáñez y lospilotos Sancho Ruiz y Pero Alonso Niño y Roldán, y todos ellos pasabanmucho adelante de las islas Azores, al Este, por sus cartas, y navegandoal Norte ninguno tomaba la isla de Santa María, ques la postrera detodas las de los Azores, antes serían delante cinco leguas e fueran enla comarca de la isla de la Madera ó de Porto Santo. Pero el Almirantese hallaba muy desviado de su camino, hallándose mucho más atrásquellos, porque esta noche le quedaba la isla de Flores al Norte y alEste iba en demanda á Nafe, en África y pasaba á barlovento de las islade la Madera de la parte del Norte. Así quellos estaban más cerca deCastilla quel Almirante con 150 leguas. Dice que mediante la gracia deDios desque vean tierra se sabrá quien estaba más cierto.»

Ocho días después, llegados á la isla, se complacía con razón de laconfianza que puso en los pronósticos: «Dice que aquella en navegaciónhabía sido muy cierta y que había carteado bien, aunque se hacía algodelantero. Y diz que fingió haber andado más camino por desatinar á lospilotos y quedar señor de aquella derrota de las Indias, como dehecho queda, porque ninguno de todos ellos trae su camino cierto, porlo cual ninguno puede estar seguro de su derrota.»

Fingió á la ida andar menos porque la gente no se desalentase; fingió ála vuelta andar más por desatinar á los pilotos; si á esta declaraciónse junta la que hacía á los Reyes en la carta que escribió desdeJamaica, diciendo que sólo él sería capaz de decir dónde estaba Veraguay de volver á la costa, no puede menos de reconocerse, ya que no lapedantería de que le acusa el escritor alemán Rodolfo Cronau, ciertainmodestia. Acaso le juzgó severo Girava en aquellos día teniéndole por gran marinero y mediocre cosmographo[40]; el Sr. Gelcich, director dela escuela náutica de Lusinpíccolo, estima ahora con más justicia susexcelentes dotes de piloto, dotes que resaltan en el Diario denavegación que nos sirve de prueba; mas los hechos demuestran al mismotiempo que ni excedía mucho en conocimiento y menos en práctica á loscompañeros que con él carteaban, ni había de serle fácil desatinar ápilotos tales como los Pinzones, La Cosa, Pero Niño y tantos más comofueron explorando el Nuevo Mundo á pasar de las precauciones queautoritariamente tomó recogiéndoles las cartas, derroteros, vistas ydescripciones que hacían, por quedar único señor del camino, puesllegó el extremo, que él mismo lamentaba, de haberse hecho descubridores hasta los sastres castellanos.

Veamos ahora de qué medios disponían los astrólogos náuticos paradiferenciarse de los judiciarios á quienes D.

Antonio de Gaztañetaenderezaba la sátira del principio.

Tanto como yerran los que han creído que eran las carabelas de Palosembarcaciones menores sin cubierta, tanto se equivocan muchos alpresumir se guiaban por la aguja flotante primitiva á que aluden lasLeyes de Partida y las obras de Raimundo Lulio.

La aguja náutica recibiódurante el siglo XIV dos de las más importantes modificaciones cuyoconjunto constituye su actual disposición; á saber, la de apoyarla en unestilo vertical sobre el que puede girar libremente dentro del mortero;y la de colocar éste en la suspensión de dos círculos concéntricos;sencillos, pero admirables inventos que además del carácter de utilidadque los distingue, lleva el sello del verdadero genio[41]. Así lasconstruía en Mallorca Jaime Ribes, antes de dirigir la Academia deSagres á que le llamó el infante D. Enrique; así las usaban las navesportuguesas y castellanas en la navegación de la Mina de África y de lacarrera de Flandes, siendo una de las causas de sus progresos[42].

Colón por su mano dió testimonio del uso de la aguja perfeccionada en elMediterráneo en la carta fechada en la isla Española en Enero de 1495que dirigió á los Reyes y cuyo texto nos ha conservado el P. LasCasas[43].

«A mi acaeció (escribía) que el rey Reynel, que Dios tiene, me envío áTunez para prender la galeaza Fernandina; y estando ya sobre la islade San Pedro en Zerdeña, me dijo una saetia que estaban con la dichagalera dos naos y una carraca; por lo que se alteró la gente que ibaconmigo, y determinaron de no seguir en el viaje, salvo de ser volver áMarsella por otra nao y más gente.

Yo, visto que no podía sin algún arteforzar su voluntad, otorgué su demanda, y mudando el cabo de la aguja di la vela al tiempo que anochecía, y otro día al salir el sol estábamosdentro del Cabo de Carthagine, teniendo todos ellos por cierto queíbamos á Marsella...»

No es ocasión de examinar si con procedimiento tan sencillo, utilizadopor Julio Verne en una de sus novelas, es fácil engañar á marineros deguerra que con vista de las estrellas y aun con la dirección del vientosolo habían de conocer el verdadero rumbo, ni importa investigar á quéfin enderezaba D. Cristóbal el cuento: lo que de él se deduce y alobjeto presente aprovecha, es que la rosa estaba pegada á la aguja yocultaba sus giros sobre el estilo, sin lo cual no podía imaginar elardid.

En las más antiguas cartas mallorquinas que se conocen está ya pintadala rosa náutica con treinta y dos vientos tal cual se fijaba sobre laaguja tocada del imán; tal cual la llevó Colón en las carabelas y con laelegancia con que la dibujó Juan de la Cosa en su famoso mapamundi.

De que así era da otras pruebas al referido Diario de Colón, documentoprimordial en nuestras investigaciones. El 9 de Septiembre anotaobservación por la cual se advierte que estaban marcadas en la rosa lasdivisiones de media partida, ó sea de 5 en 5 grados. Los días 17 y 30del mismo mes, expresa que los pilotos marcaron repetidas veces laestrella polar y el sol al hallarse en el horizonte.

Pormenores de la construcción del instrumento no tenemos de los mismosdías ni parece que estuvieran publicados, toda vez que el maestro Pedrode Medina decía en el proemio de su Regimiento: «Viendo yo que deEspaña se hacen más largas navegaciones que de otra ninguna parte delmundo y que para tan largos caminos por la mar casi ninguna cosa habíaescripta que aviso para las navegaciones les diese, tomé gran voluntadde escribir...para esto he compuesto este libro.»

Antes lo habían hecho Martín Fernández de Enciso[44] y FranciscoFalero[45].

El mismo Medina dió á luz primero el Arte de navegar (1545) y la Sumade Cosmographia (1561), siguiéndole Martín Cortés que completó lasteorías y prácticas del tiempo[46], Medina y Cortés enseñaron á Europala ciencia del piloto propagándola con universal crédito entre losnavegantes; uno y otro alcanzaron á Colón; estuvieron al corriente desus viajes y lo que dicen de los instrumentos es por tanto aplicable álos que el Almirante usó.

Más minucioso Cortés que el otro, trata de la construcción de la agujaen términos curiosos que no han de holgar aquí.

«Tómese un papel como de naipes y dese en él un círculo de cuantidad deuna mano, poco más ó menos, en el cual se han de pintar los 32 vientoscon los colores y la orden que dimos al tratar de la carta, no olvidandode señalar el Norte con una flor de lis y el Levante con una cruz, ydemás desto, cada uno según su fantasía la hermoseará y agraciará.»

Así lo hacían todos los constructores, con oro y colores varios,poniendo en el centro la imagen de la Virgen, por el estilo de la que seve en la carta de Juan de la Cosa. Rodrigo Zamorano dibujó otra muybella en su arte[47] poniendo por leyenda MARIS

STELLA SVCVRRE NOBIS.

Sigue explicando Cortés que la línea norte-sur se señala en la parteopuesta para asentar los fierros ó aceros. «Para estos se ha de tomar unfilo tan grueso como una alfiler gordo; se ha de doblar de modo que cadauna de las partes sea tan luenga como el diámetro de la brújula y más lacuarta parte. Los cabos, ó puntas de estos fierros ó aceros se han deapretar y ajustar y en los medios se han de abrir ó apartar uno de otrohasta que los cabos vengan á igualar con las extremidades del diámetrode la brújula, y así quedarán los aceros cuasi en figura oval[48].

Estosfierros se han de pegar por la parte baja de la brújula, de manera quelas extremidades ó puntas vengan precisamente por la línea delNorte-Sur, y para fijarlos así, se han de cubrir con un papel delgadoengrudado, dejando las puntas ó extremidades descubiertas. Y estasextremidades se han de tocar en la piedra imán de esta manera: la parteque está debajo de la flor de lis se ha de refregar con aquella parte dela piedra que corresponde al norte, y esto bastaba para la perfeccióndel aguja; pero algunos quieren para superabundancia tocar la otra partedel fierro con aquella parte de la piedra que corresponde al Sur.

Estetocamiento del fierro con la piedra para que la virtual demostrativa seaengendrada, se ha de hacer dando con un martillo algunos golpes enaquella parte de la piedra que se ha de tocar, es á saber, en el norte óen el sur, y allí le saldrán unas barbas donde se ha de refregar lapunta del fierro como quien lo amolase, y quedarle tan pegadas algunasde las dichas barbas de la piedra, y así tocados y pegados los fierroshase de tomar una punta de latón de figura piramidal, que es abajoancha y arriba hace punta, y por lo bajo ó ancho se ha de barrenar conun taladro. Esta pirámide, á que los marineros dicen chapitel, hase deencajar por el centro de la brújula, como la punta salga por la partemás ancha y allí se ha de pegar y bien fijar.»

Explica luego cómo se hace á torno una caja cilíndrica de madera(redonda dice) de poco mayor diámetro que la rosa, con el fondo postizopara que se pueda quitar con facilidad cada vez que hayan de tocarse conla piedra (á que dicen cebar); cómo se coloca el estilo en el centro, yporque no entre viento por la parte de arriba, se cubre con un vidrio, ysus juntas con cera. Esta caja se pone en otra cuadrada sobre doscírculos « enejados uno con otro, que sirvan para que no penda el agujaaunque penda la nao»[49].

Medina cuenta en el Regimiento de navegación impreso «a la gloria deDios nuestro Señor y de su benditísima madre y para provecho e utilidadde los navegantes», que como antiguamente no había otra navegación sinode Flandes á Levante, y las agujas en Flandes y en Francia se comenzaroná hacer, y de allí fué el principio de poner flor de lis por cabeza enel Norte, así se pone.

Se cree que esa navegación de Levantedesarrollada por las cruzadas es la que impuso la Cruz en el Este.

Zamorano llama ya mortero á la caja cilíndrica de madera que contienela rosa por tener hechura de una grande escudilla; recomienda que sila aguja se inclina se ponga en la parte contraria un poco de cera ó unadelgada lámina de plomo, y hecho el instrumento, llamado aguja demarear, se asiente en la popa, donde está la bitácora, en la línea quepasa desde el bauprés por el centro del mástil mayor.

No hablando ninguno de estos autores más inmediatos á Colón, defórmulas, se preguntará cómo se hacían las marcaciones á la estrellapolar y al sol, que el Almirante menciona en el diario. Se hacíanrudimentariamente: puesta la vista en el objeto, se describía con lamano de canto un arco de círculo vertical, repitiendo la operacióncuantas veces se creía necesaria. Á este modo de marcar llamaban losmarineros bendiciones del piloto.

Duda de más interés han suscitado los términos concisos de lasanotaciones hechas por Colón. Á 17 de Septiembre se lee en el Diario:«Tomaron los pilotos el Norte, marcándolo, y hallaron que las agujasnoruesteaban una gran cuarta, y temían los marineros y estaban penados yno decían de qué. Conociolo el Almirante, mandó que tornasen á marcar elNorte en amaneciendo, y hallaron que estaban buenas las agujas.»

Llegando aquí D. Martín Fernández de Navarrete en su obra de Viajes,puso por comentario: «El ingenioso Colón, que fué el primer observadorde la variación, procuraba disipar los temores de su gente,explicándoles de un modo especioso la causa de este fenómeno. Así loasegura su historiador Muñoz, y así era la verdad, como se comprueba alver las reflexiones que hace en su tercer viaje sobre estas alteracionesdel imán. La misma sorpresa y cuidado de los pilotos y marineros es unaprueba decisiva de que hasta entonces nadie había notado esta variaciónen las agujas.

Así

lo

dicen

Casas,

Hernando

Colón

y

Herrera,historiadores exactos y fidedignos; y por lo mismo es muy singular quehaya cundido tanto la opinión de que el primero que observó lasdeclinaciones del imán fuese Sebastián Caboto, que no salió á descubrirhasta el año 1497 con permiso del rey de Inglaterra Enrique VII,suponiendo que publicó esta novedad el año 1549; y que otros leatribuyan á un tal Criñon, piloto de Dieppe, hacia el año 1534. Nuestroerudito Feijóo incurrió en este error y lo sostuvo, tomándolo, segúndice, de Mr.

de Fontenelle en su historia de la Real Academia deCiencias del año 1712. El P. Fournier atribuye la primacía de aquellaobservación á Caboto y á Gonzalo Fernández de Oviedo, sin duda porquehabló de ella en el libro II, cap. XI de su Historia general de lasIndias. Así se ha procurado obscurecer el mérito de Colón hasta en lasobservaciones que eran propias de su situación é hijas de su meditacióny conocimientos.»

Raro parece que Fernández de Navarrete, tan entendido en materiasnáuticas y tan escrupuloso en las investigaciones de su historia, alcensurar con razón á los que atribuyen á Caboto y navegantes posterioresel descubrimiento de la variación, por que lo dijeran Muñoz y los quecita, incurriera en el mismo error de atribuirla á Colón y en el depensar que se obscurezca su mérito con negarle éste que no le pertenece.Ni la noticia consignada en el Diario el 17 de Septiembre de 1492 ni lasreflexiones del Almirante durante el tercer viaje, que menciona sinexaminarlas; aun más, ni la sorpresa y cuidado de los pilotos ymarineros, constituyen prueba menos que decisiva de que hasta entoncesnadie había notado la variación. El juicio de don Martín tanto se apartade la exactitud como al presumir que «el ingenioso Almirante procurabadisipar los temores de su gente explicándolas de un modo especioso lacausa del fenómeno». No para satisfacción de la gente escribía elDiario, documento secreto en que consignaba aquello de las dos cuentasde leguas y del propósito de desatinar á los pilotos. Lo que anotó el17 de Septiembre refleja las impresiones que de momento sentí al marcarla estrella polar, corroborándolo segunda anotación hecha el 30 delmismo mes de Septiembre en iguales términos:

«En anocheciendo, las agujas noruestean una cuarta, y en amaneciendoestán con la estrella justo: por lo cual parece que la estrella hacemovimiento como las otras estrellas, y las agujas piden siempre laverdad.»

Esta impresión repetida quiere decir que las observaciones imperfectashechas al amanecer, le hacían dudar de las que con verdad marcabandurante la noche la variación de la aguja y le inducían en el nuevoerror de suponer que la estrella describiera al rededor del polo uncírculo de más de 12 grados ( una gran cuarta).

Continuadas las observaciones en los otros viajes, llegó ya á comprenderla realidad, aunque no de un modo absoluto todavía; la reflexión á queNavarrete se refiere sin haberla estudiado, dice literalmente:

«Cuando yo navegué de España á las Indias, fallo luego en pasando cienleguas á Poniente de las Azores grandísimo mudamiento en el cielo e enlas estrellas... Fallo que de septentrión en austro, pasando las dichascien leguas, que luego en las agujas de marear que fasta entoncesnordesteaban, noruestean una cuarta de viento todo entero, y esto es enallegando allí á aquella línea como quien traspone una cuesta...»

No podía descubrir Colón la variación de la aguja porque de mucho tiempoatrás estaba descubierta[50]; lo que sí advirtió ó descubrió, lo mismoque los pilotos y marineros, por ser los primeros que atravesaron elOcéano, es que la variación de la aguja no es constante; que no es lamisma en todos los lugares de la tierra; que existe más allá de lasAzores una línea de Septentrión en Austro un meridiano magnético, pasadoel cual las agujas se desvían desde el Nordeste (variación que en 1492tenían en España, conocida por Colón y para todos los marineros) alnoroeste, y este cambio inexplicable, que en vano Colón quería penetrar,era lo que á los pilotos preocupaba.

Tal era la confusión del Almirante, que como entre otras especiesescribiera[51]: «fallé allí que en anocheciendo tenía yo la estrella deNorte alta 5 grados, y entonces las guardas estaban encima de la cabeza,y despues de la media noche fallaba la estrella alta 10 grados, y enamaneciendo, que las guardas estaban en los pies, 15»; hubieran dellamar la atención, y Pedro Mártir de Angleria recogió las objecionesescribiendo[52]:

«Refiere el Almirante acerca de la diferencia del polo ciertas cosas(copia el párrafo antecedente), que por parecerme que van en contra delsentir de todos loa astrólogos, las tocaré ligeramente.

»Es cosa sabida que aquella estrella polar que los marineros llamantramontana, no es el punto del polo ártico sobre el cual gira el eje delos cielos; y esto se conoce fácilmente, si cuando salen las estrellas,miras á esa por un agujero pequeño; y si en la última vigilia, cuando laaurora las oculta miras por el mismo agujero, encontrarás que ha mudadode sitio. Mas como pueda suceder que en el primer crepúsculo de la nochese eleve en aquella región (de Paria) 5 grados en Junio, y al retirarselas estrellas por los rayos solares que vienen, se eleva 15

grados,tomando el mismo cuadrante, no lo entiendo, y las razones que él da nome satisfacen del todo, ni tampoco en parte, pues dice que haconjeturado que el orbe de la tierra no es esférico, sino que en suredondez, al ser criado, se levantó cierto lomo; de modo que no tomó laforma de una pelota ó de una manzana, como otros siente, sino la de unapera pendiente del árbol, y que Paria es la región que ocupa laeminencia aquella (el pezón escribe el Almirante) más próxima al cielo».

No valía la pena que se dió Fernández de Navarrete de discutir sinavegantes posteriores á Colón descubrieron la dicha variación de laaguja que el Almirante adjudica; á mano tenía los libros de Enciso(1519), de Falero (1535), los más antes citados, en que se discurriósobre el fenómeno[53]. Basta aquí de la cuestión y del instrumento quehacía pensar á Medina. ¿Qué primor ni sutileza hay en el mundo tangrande que se compare con la del aguja de marear?

Á 13 de Diciembre de 1492 explica el Diario de D. Cristóbal:

«Hallópor el cuadrante questaba de la línea equinoccial 34

grados». Esteinstrumento que en otras ocasiones menciona el Almirante y de que hablatambién Pedro Mártir de Angleria en la crítica transcrita, eramodificación del astrolabio y vino á

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sustituirlo en los navíos, deforma, que ya Rodrigo Zamorano escribía que astrolabio y cuadrante eranuna misma cosa.

Martín Cortés lo describe con la minuciosidad que los otrosinstrumentos, y desde luego se advierte que en el astrolabio náutico sesuprimieron por falta de aplicación, las doce casas celestes, la líneacrepuscular, los doce vientos, la red aránea con todo aquel complicadomecanismo de que se servían los astrónomos en los observatorios.Redújose á un círculo de latón de un palmo de diámetro y medio dedo degrueso, aunque solía dársele más, porque para algunos pilotos, cuantomás pesado por mejor la tenían. Pendía de una argolla por la que seintroducía el dedo pulgar de la mano derecha, dejándolo colgarlibremente.

Trazados dos diámetros, que representaban el horizonte y elvertical, en la parte exterior se graduaba en 90 partes desde elhorizonte al zenit, y por esto se llamaba cuadrante. Sobre el centrogiraba una alidada ó fiducia con dos pínulas ó almenillas y dosagujeros en cada una; el primero grande cuanto cupiera un alfiler gordo,que servía para tomar la altura de las estrellas; el otro tan sutilcuanto cupiera una aguja de labrar, y éste servía para la altura delsol. Tomando el instrumento por la anilla, colocándolo en el planovertical del astro y moviendo con la otra mano la aliada, hastaconseguir que un rayo de luz penetrando por el agujero de la pínulasuperior, correspondiera con el otro, la línea fiducia señalaba laaltura, contada desde la línea del horizonte[54].

Para tomar la altura de la estrella polar preferían los pilotos, yllevaba Colón, la ballestilla, báculo ó radio astronómico de muyantiguo usado. Era una vara cuadrangular de madera dura, de seis ó máspalmos de longitud, «porque cuanto más larga era más precisa», y otramás pequeña que á través de una escopladura corría por la primera ensentido perpendicular ó en cruz. La primera se llamaba virote ó radio;su extremo inferior coz de la ballestilla; la segunda vara se nombraba sonaja. Se graduaba el virote desde el extremo de la coz, por unmétodo gráfico sencillísimo que explican todos los autores citados.

Se observaba con ella aplicada la coz al lagrimal del ojo, puesta lacara hacia la estrella y mirándola por la parte alta del un extremo dela sonaja, se había de dirigir á la vez una visual por el extremo bajode la misma sonaja al horizonte, corriéndola en uno ú otro sentido hastaconseguir la coincidencia, en cuyo caso, los grados y minutos contadoshasta la sonaja, representaban la distancia del astro al cenit, ócomplemento de altura.

Agregando á los tres instrumentos, aguja, cuadrante y ballestilla, laampolleta ó reloj de arena de media hora, se completa la colección deque dispusieron los descubridores del Continente nuevo y aun de losprimeros que rodearon el mundo, dándonos á conocer la verdadera figurade la tierra, tan satisfechos de los resultados, como de los medios. Elreferido maestro Pedro de Medina escribía:

«Cosa muy justa es que el caballero que ha de entrar en batalla tengasus armas y caballo bien aderezados, y en tal manera, que cuando fuerenmenester no le hagan falta. Bien así es justo que el piloto para entraren la batalla de la navegación, donde no menos peligros que en las otrasbatallas suele haber, tenga las armas con que se ha de defender que sonsus instrumentos, bien aparejados y ciertos, y su caballo que es elnavío... Dos cosas deben tener los instrumentos de la navegación: unaque sean ciertos, y otra que sean polidos e muy bien hechos, y que elpiloto se precie de tenellos tales. Pues el ser ciertos le es granprovecho, y ser polidos y muy bien hechos da contento».

Polido, cual ninguno, brindaba y sigue brindando la Providencia á losmarineros el Relox del Norte, cuya manilla, la guarda delantera (P.Ursæ Minoris), jamás se descompone. El referido maestro Medina decía deeste recurso natural:

«Provecho grande y aviso muy bueno es para el que navega saber que horaes de la noche, donde quier que estoviere; lo cual por el ampolleta nopuede todas veces saberse; porque el ampolleta muchas veces se para yotras se duerme el que la vela.»

Que lo último ocurriera no era raro por ser incumbencia de los pajes,muchachos de pocos años, la vela, y cuando no se dejaban vencer delsueño, buenas sacudidas daban al instrumento porque la arena corriera yse acabara más presto su guardia. Cantaban al punto un estribillo de queEugenio de Salazar nos ha conservado memoria, y se picaba la hora enla campana[55].

Cristóbal Colón creyó observar que el Relox del Norte atrasaba en elNuevo Mundo; el Domingo 30 de Diciembre de 1492

anotaba en el Diarioque «las estrellas que se llaman las guardias, cuando anochece estánjunto al brazo de la parte de Poniente, y cuando amanece están en lalínea del brazo al Nordeste, que

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parece que en toda la noche no andansalvo tres líneas, que son nueve horas, y esto cada noche.»

Se proveían por entonces los pilotos de unas efemérides perpetuas de ladeclinación del sol, deducidas de las Tablas Alfonsinas, con las cualesy la altura meridiana calculaban la latitud con error que podía llegar ádos grados. Otra tabla tenían que daba las leguas navegadas y elapartamiento de meridiano, resolviendo un triángulo rectilíneorectángulo en que eran conocidos un cateto (diferencia de latitud de undía á otro) y el ángulo adyacente (ángulo de rumbo).

Por último, se servían de la carta de marear ó representación en unplano de la superficie de la tierra, en que se consideraba cadahemisferio como un cilindro cuya base era el Ecuador, y los meridianoseran paralelos. En la carta, partiendo de un punto conocido se situabantodos los demás por rumbo y distancia, ó por rumbo y diferencia delatitud ó por distancia y distancia de latitud.

Á esto se reducía el Arte de Navegar cuando Colón salió de Palos conánimo asombroso de llegar á la India Oriental por Occidente.