La Argentina o la Conquista del Río de la Plata-Poema Histórico by Martín del Barco Centenera - HTML preview

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LA

ARGENTINA,

O LA

CONQUISTA DEL RIO DE LA PLATA,

POEMA HISTÓRICO

POR EL

ARCEDIANO D. MARTIN DEL BARCO

CENTENERA.

BUENOS-AIRES.

IMPRENTA DEL ESTADO.

1836.

DISCURSO PRELIMINAR

AL MARQUES DE CASTEL

RODRIGO

LA ARGENTINA.

o CANTO PRIMERO.

o CANTO SEGUNDO.

o CANTO TERCERO.

o CANTO CUARTO.

o CANTO QUINTO.

o CANTO SEXTO.

o CANTO SEPTIMO.

o CANTO OCTAVO.

o CANTO NONO.

o CANTO DECIMO.

o CANTO UNDECIMO.

o CANTO DUODECIMO.

o CANTO DECIMO-

TERCIO.

o CANTO DECIMO-

CUARTO.

o CANTO DECIMO-

QUINTO.

o CANTO DECIMO-SEXTO.

o CANTO DECIMO-

SEPTIMO.

o CANTO DECIMO-

OCTAVO.

o CANTO DECIMO-NONO.

o CANTO VIGESIMO.

o CANTO VIGESIMO-

PRIMERO.

o CANTO VIGESIMO-

SEGUNDO.

o CANTO VIGESIMO-

TERCIO.

o CANTO VIGESIMO-

CUARTO.

o CANTO VIGESIMO-

QUINTO.

o CANTO VIGESIMO-

SEXTO.

o CANTO VIGESIMO-

SEPTIMO.

o CANTO VIGESIMO-

OCTAVO.

TABLA

NOTAS

DISCURSO PRELIMINAR

a la

ARGENTINA DE BARCO CENTENERA.

Cuando salió á luz este poema sobre la conquista del Rio de la Plata,las musas castellanas habian desplegado, en las obras de Garcilaso,Herrera y Luis de Leon, un estilo culto y elegante. Ni la luchaintestina de Fernando el Catòlico contra los Moros, ni las guerrasexteriores de su sucesor Carlos V, fueron bastantes à detener losprogresos de las letras, que sin proteccion y estìmulo florecieron en elreinado sombrío é inquisitorial de Felipe II. El gusto de la literaturaitaliana, que à mediados del siglo XVI. se habia generalizado

en

España,y

el

verso

endecasilabo,

introducido por Boscan, pusieron en voga à losgrandes modelos que se ilustraron en la epopeya, y Ariosto, Camoens, yTaso, tuvieron sus émulos è imitadores.

Mientras que Zapata, Urrea y Samper celebraban à porfia las glorias deCarlos V, Pinciano escribia el Pelayo; Cueva, la Conquista de laBética; Hojeda, la Cristiada; Mosquera y Zamora, la Numantina y la Saguntina; y el fèrtil è inagotable Lope de Vega, la Dragontea, el Isidro y la Jerusalen. Entre tantos ensayos desgraciados, ocupaba unlugar eminente el poema de D. Alonso de Ercilla, que al relatar lossucesos de Arauco, podia decir como Enea quorum pars magna fui.

El mismo objeto se propuso D. Martin del Barco Centenera en su Argentina, en que describiò los acontecimientos que presenciaba, sinocon toda la escrupulosidad de un historiador, almenos con un fondo decandor que le grangea crédito y confianza. Nació en Logrosan, en elpartido de Trujillo en Extremadura, cerca del año de 1535, cuando sefundò por primera vez Buenos Aires, de la que estaba destinado á cantarla reedificacion.

Abrazò

el

estado

eclesiástico,

y

en

clase

de

capellanacompañò la expedicion que, en 1572, saliò del puerto de San Lucar, bajolos auspicios del Adelantado Juan Ortiz de Zárate. La descripcion deeste viage, una de las partes mas interesantes del poema, los amagos deuna tempestad, y los estragos del hambre que estallò en Santa Catalina,son pinturas animadas de los incidentes de una larga navegacion.

En los veinticuatro años que pasò en Amèrica, el deseo de observartantos objetos nuevos y curiosos, le hizo tomar parte en variasempresas, en las que arrostrò grandes peligros, siendo testigo deinfinitas desgracias: y al cuidado que tuvo de relatarlas debemos lasúnicas memorias que nos quedan de un perìodo importante en la conquistade estas regiones. Acompañó á Melgarejo y á Garay en casi todas susexpediciones, y, segun parece indicarlo, fué uno de los que concurrieronà la fundacion de Buenos Aires en 1580.[1]

De todas las privaciones que sufrió, la que mas le molestò fué elhambre. Sus efectos fueron sobre todo terribles en Santa Catalina, dondeá los horrores de una escasez absoluta se agregaron los de una crueldadrefinada en los gefes, que enviaban al cádalso á los que luchaban con lamuerte por falta de alimentos. El autor deplora estos rigores culpables;porque

La cosa á tal extremo habia llegado

Que carne humana ví que se comia.[2]

El mismo tuvo que echar mano de lagartijas, que no le parecieron tansabrosas como ciertos gusanos que comiò despues en las márgenes del rioHuybay. Los habia de dos especies, y se criaban en cañas mas corpulentasque los robles:

En muy poco difieren sus sabores:

Estando el uno y otro derretido,

Manteca fresca á mi me parecia;

¡Mas sabe Dios el hambre que tenia![3]

En uno de estos apuros tuvo que usar de su influjo para tranquilizar laconciencia de una muger, que habia hurtado un perro sin atreverse àechar mano de él. Este episodio puede servir á dar una idea del géniofestivo del poeta.

Viniendo de la iglesia una mañana

Que

habia

sacrificio

celebrado,

Una

comadre

mia,

Mariana,

De su pequeña choza me llamaba

En una isla, dó antes la tirana

Le habia á su marido sepultado:

Y oid lo que me dice muy gozosa,

Aunque del hecho suyo recelosa.

Un solo perro habia en el armada,

De gran precio y valor para su dueño:

Llamado, entró ese dia en su posada,

Mas nunca mas salió de aquel

empeño;

Porque ella le mató de una porrada,

Al tiempo del entrar, con un gran

leño.

Mostrándolo,

me

dice:

¿Qué

haremos?

Yo

dije:— Asad,

Señora,

y

comeremos.

Estos lances de la vida estàn descritos en un estilo fácil y natural,que es el tono ordinario del poeta; sin que le falte vigor paraelevarse, cuando su alma se halla profundamente conmovida. Si no fuerapor no multiplicar citas, reproduciriamos varios trozos que nos parecendignos de competir con los modelos mas acabados de la poesia castellana.Sirva de egemplo la octava, en que describe el hambre que asaltó à loscompañeros de D. Pedro de Mendoza en Buenos Aires:

Comienzan á morir todos rabiando,

Los rostros y los ojos consumidos.

A los niños que mueren sollozando

Las madres les responden con

gemidos:

El pueblo sin ventura lamentando

A Dios envia suspiros dolorosos:

Gritan viejos y mozos, damas bellas

Perturban con clamores las estrellas.[4]

Estos versos son tiernos, pero mas llenos de sensibilidad son los que leinspira la muerte de su compatriota Ana de Valverde.

Llore mi musa y verso con ternura

La muerte de esta dama generosa;

Y llórela mi tierra, Extremadura,

Y

Castilla la

Vieja

perdidosa:

Y llore Logrosán la hermosura

De aquesta dama bella, tan hermosa,

Cual entre espinas, rosa y azucena,

De honra y de virtudes tan bien llena.

Las Argentinas Ninfas, conociendo

De aquesta Ana Valverde la belleza,

Sus dorados cabellos descojendo,

Envueltas en dolor y gran tristeza,

Estan á la fortuna maldiciendo,

Las flechas y los dardos, la crueza

Del indio Mañuá, que así ha robado

Al mundo de virtudes un dechado.[5]

No es nuestro propósito exagerar el mérito poético de la Argentina; ymas bien quisiéramos que quedase reducido à lo que es puramenteindispensable para no fastidiar al lector que la consulta como monumentohistórico de la época á que pertenece. Cuando se considera que losacontecimientos de un perìodo, que comprende toda la administracion deGaray y la de su sucesor Mendieta, no tienen mas historiador que unpoeta, se siente la necesidad de acreditar, que

.........aunque su musa en verso canta,

Escribe la verdad de lo que ha oido

Y visto por sus ojos y servido.[6]

Este empeño en que se constituyò voluntariamente el autor, justifica suprincipal defecto, que es cierto aire prosaico, que es natural queprevalesca en una obra, despojada del brillante cortejo de lasficciones. Quítese todo lo que hay de fantàstico en los grandes poemasépicos, antiguos y modernos:—bórrense de la Eneida, de la Jerusalen yde la Lusiada, las pinturas de los Campos Eliseos, de los palacios y delas islas encantadas que tanto nos arrebatan, y no quedará mas que unafria narracion del viage de Eneas, de las guerras de Palestina y de lanavegacion de Vasco de Gama.

Esta especie de crónicas rimadas tienen todos los vicios de losgèneros bastardos, cuyo carácter ambiguo es el mayor obstàculo à superfeccion. Moratin en una de sus mejores sàtiras se declara contra estaclase de escritores, à los que dirige irònicamente los siguientesconsejos.

Sigue la historia religiosamente,

Y conociendo á la verdad por guia,

Cosa no has de decir que ella no

cuente.

No fingas, no; que es grande

picardia:

Refiere sin doblez lo que ha pasado,

Con nimiedad escrupulosa y pia;

Y en todo cuanto escribas ten cuidado

De no olvidar las fechas y las datas,

Que así lo debe hacer un hombre

honrado.[7]

Pero Moratin habla como poeta, y no piensa que pueda haber una sociedadque busque, en las pocas memorias coevas, tradiciones ciertas de suinfancia: porque en este caso los defectos que ridiculiza le hubieranparecido otras tantas recomendaciones. Si algo falta al autor de laArgentina es la nimiedad escrupulosa, que tanto desagrada al Terencioespañol.

Aun así, la autoridad de Centenera ha sido de tanto peso para sussucesores, que hasta han adoptado sus fábulas; y si por mucho tiempo seha creido en las Sirenas, en los Carbunclos y en otras patrañas delmismo quilate, es porque él aseguró que los habia visto con sus propiosojos.

Los servicios que prestò en la conquista de estas provincias, mas realesque estos juegos de una imaginacion acalorada, le merecieron el titulode arcediano de la Asumpcion, en cuyo caràcter acompañó à Fray AlonsoGuerra (recien promovido à la silla episcopal del Paraguay), al concilioconvocado en Lima en 1582, por el Arzobispo Melgarejo, mas conocido enlos fastos de la iglesia bajo el nombre de Santo Toribio con que fuécanonizado.

Para introducir alguna variedad en la relacion de estas tareas, pinta lahermosura y el lujo de las damas limeñas, de las que hace un retratoseductor.

Por las calles y plaza y las ventanas

Se ponen, que es contento de mirarlas,

Con ricos aderezos muy galanas,

Y pueden los que quieren bien

hablarlas.

No se muestran esquivas ni tiranas,

Que

escuchan

á

quien

quiere

requebrarlas:

Y dicen só el rebozo chistecillos,

Con que engañan á veces los

bobillos.[8]

En estos episódios, y en los que le ministran los acometimientos deDrake y Candish, acaba su poema, imitando en esto à Ercilla, que tambiense distrae en describir las batallas de San Quintin y Lepanto.Centenera, que no ponia mucha importancia en conservar la unidad delpoema, estuvo tentado de tratar de las guerras de Chile; y si no lohizo, no fué por respeto à los preceptos de Aristóteles, sino por el quele inspiraba el mérito de la Araucana. El elógio que hace de Ercilla eshonroso para entrambos.

Y pues que á Chile cupo tal belleza

De pluma, de valor, de cortesia,

No es justo que se atreva mi rudeza

Decir de Chile cosa: que seria

Muy loca presumpcion y gran

simpleza

Meter hoz en la mies no siendo mia.[9]

Su morada en Lima, y la obligacion de sostener con decoro su rango,agotaron su peculio y lo dejaron sumido en la indigencia. Acostumbrado àvivir en la mediocridad, hubiera sobrellevado con resignacion estadesgracia, si hubiese podido renunciar igualmente al deseo de volver ásu patria. Esta idea, que se habia apoderado de su espíritu, lo dispusoá la tristeza; y se hallaba en el mayor abatimiento, cuando

La Inquisicion le hizo comisario,

Y el Obispo de Charcas su vicario.[10]

En estas nuevas funciones pasó los ùltimos años de su residencia enAmèrica, hasta que en 1596 se resolvió á regresar á Europa. Al deseo dereunirse à su familia debiò agregarse el de dar publicidad á su poema,siendo imposible que lo verificase en Amèrica, donde aun no habiapenetrado el arte tipográfico. Desembarcó en Lisboa, en donde dió á luzla Argentina, en 1602, bajo los auspicios del Marques de CastelRodrigo, que gobernaba entonces el Portugal, à nombre de Felipe III:otra edicion publicó Barcia en el tercer tomo de sus Historiadoresprimitivos de las Indias occidentales; y ambas tan llenas de errores,que bastaria esta circunstancia á justificar su reimpresion.

Los ejemplares de que nos hemos valido, nos han sido franqueados, con suacostumbrada liberalidad, por el Sr.

Canònigo Dr. D. Saturnino Segurola;y no creemos que se halle en Buenos Aires otra copia de la edicion deLisboa. La que cita Pinelo[11], del año de 1631, si existe, debe sermucho mas rara que la primera; puesto que ha quedado ignorada á losdemas bibliògrafos.

El juicio de Azara, sobre el autor de la Argentina, no solo es severo,sino injusto: porque de todos los cargos que se le pueden hacer, el quenos parece mas infundado es, no haber puesto el menor cuidado enaveriguar la verdad de los hechos.[12]

Ciertamente, no son exactos todos los que alega; pero este defectoparcial, y excusable, por ser comun à todos los escritores de aquelsiglo, no le quitan el mérito de habernos transmitido con fidelidadmuchas noticias que ignorariamos sin èl; en lo que no puede menos deconvenir el mismo Azara.[13]

Tambien se equivoca cuando dice que la Argentina comprende losacontecimientos de la conquista de estas provincias, hasta el año de1581: porque en el canto XXIV

se describen minuciosamente lascircunstancias de la muerte de Garay, que acaeció en 1584; y en elùltimo se habla de la victoria de los portugueses sobre Candish, quecorresponde al año de 1592.

Una segunda parte, de la que se ocupaba el autor cuando publicó supoema[14], quedó interrumpida por su muerte, que lo acometiò pocodespues, en una edad avanzada, y fuera de su patria, adonde habiadeseado tanto volver.

Buenos Aires, Junio de 1836.

PEDRO DE ANGELIS.

AL MARQUES DE CASTEL RODRIGO,

Virey, Gobernador y Capitan General de Portugal, por el Rey D. FelipeIII, Nuestro

Señor.

D. MARTIN DEL BARCO CENTENERA,

ARCEDIANO DEL RIO DE LA PLATA.

Habiendo considerado y revuelto muchas veces en mi memoria el gran gustoque recibe el humano entendimiento con la lectura de los varios ydiversos acaecimientos de cosas, que aun por su variedad es lanaturaleza bella; y que aquellas amplísimas provincias del Rio de laPlata estaban casi puestas en olvido, y su memoria sin razonobscurecida, procuré poner en escrito algo de lo que supe, entendì y vìen ellas, en veinticuatro años que en aquel nuevo orbe peregrinè:—loprimero, por no parecer al malo é inutil siervo que abscondiò el talentorecibido de su señor:—lo segundo, porque el mundo tenga entera noticiay verdadera relacion del Rio de la Plata, cuyas provincias son tangrandes, con gentes tan belicosas, animales y fieras tan bravas, avestan diferentes, víboras y serpientes que han tenido con hombresconflicto y pelea, peces de humana forma, y cosas tan exquisitas, quedejan en éxtasis à los ánimos de los que con alguna atencion lasconsideran.

He escrito, pues, aunque en estilo poco pulido y menos limado, estelibro, á quien intitulo y nombro Argentina, tomando el nombre delsubjecto principal que es el Rio de la Plata; para que V. E., si acasopudiera tener algun rato como que hurtado à los necesarísimos y gravesnegocios de tan grande gobierno como sus hombros tienen, pueda confacilidad leerle, sin que le dè el disgusto y fastidio que de las largasy prolijas històrias se suele recibir; y héme dispuesto à presentarla yofrecerla á V. E., como propia suya; pues, segun derecho, los bienes delsiervo son vistos ser del señor.

Y así confio que, puesto en la posesion del amparo de V.

E., cobraránuevo ser y perpetuo renombre mi trabajo; y pido à Dios te siga solohaber acertado á dar à V. E. algun pequeño contento con este mipaupèrrimo servicio: lo que será para mi muy aventajado prémio, ycrecerán en mì las alas de mi flaco y débil entendimiento para volar,aspirando siempre à cosas mas altas y mayores: enderezadas todas à sufin debido, que es el servicio de Dios, de S. M. y de V.

E., à quienDios nos guarde por largos y felicísimos tiempos, para el buen gobiernoy amparo de este reino, y como yo siervo y perpetuo capellan de V. E.deseo.

De LISBOA, 10 de Mayo de 1601.

[pág. 1]

LA ARGENTINA.

CANTO PRIMERO.

En que se trata del órigen de los Chiriguanas ó Guaranís,

genteque come carne humana, y del descubrimiento del

Rio de la Plata.

————————————

Del indio Chiriguana encarnizado

En carne humana, orìgen canto solo.

Por descubrir el ser tan olvidado

Del Argentino reino, ¡gran Apolo!

Envìame

del

monte

consagrado

Ayuda con que pueda aquí, sin dolo,

Al mundo publicar, en nueva historia,

De cosas admirables la memoria.

Mas ¡qué digo de Apolo, Dios eterno!

A vos solo favor pido y demando.

Què mal lo puede dar en el infierno

El que en continuo fuego está

penando.

Haré con vuestra ayuda este cuaderno,

Del Argentino reino recontando

Diversas aventuras y estrañezas,

Prodigios,

hambres,

guerras

y

proezas.

Tratar quiero tambien de sucedidos

Y estraños casos que iba yo notando.

De vista muchos son, otros oidos,

Que vine à descubrir yo preguntando.

De personas me fueron referidos

Con quien comunicaba, conversando

De

cosas

admirables

codicioso,

Saber

por

escribirlas

deseoso.

[pág.

2]

Perú de fama eterna y estendida

Por sus ricos metales por el mundo;

La

Potosì

imperial

ennoblecida,

Por tener aquel cerro tan rotundo;[15]

La

tucumana

tierra

bastecida[16]

De cosas de comer, con el jocundo

Estado del Brasil, daràn subjecto

A mi pluma que escriba yo prometo.

Que

aunque

en

esta

obra

el

fundamento

Primero y principal, Rio de la Plata,

Y así es primero su descubrimiento;

Con todo no serà mi pluma ingrata:

Que aquí pintarà al vivo lo que siento

Del nuevo orbe al Marques Mora:[17] y si

trata

Contrario à la verdad, yo sea borrado

De su libro, y à olvido condenado.

Tambien dirè de aquel duro flagelo,

Que Dios al mundo diò por su pecado,

El Drake que cubrió con crudo duelo[18]

Al un polo y al otro en sumo grado.

Trataré de castigos, que del Cielo

Parece nuestro Dios nos ha enviado:

Temblores, terremotos y señales

Que bien pueden juzgarse por finales.

En todo hallará bien, si lo quisiere,

A su gusto el lector, gusto sabroso.

Y guste lo que mas gusto tuviere,

Y deje lo sin gusto y disgustoso.

Hará al fin lo que mas gusto le diere:

[pág. 3]Què esto de escribir es azaroso.

En nombre de Jesus comienzo agora,

Y de la Vírgen para Emperadora.

Despues del gran castigo y gran

justicia,

Que hizo nuestro Dios Omnipotente,

Por ver como crecia la malicia

Del hombre que compuso sabiamente,

Habiendo

recibido

la

propicia

Señal del amistad, Noé prudente,

De Japhet, hijo suyo, así llamado,

Tubal nació valiente y esforzado.[19]

Aqueste fué el primero que en España

Pobló: pero despues viniendo gentes

Con la de aqueste Tubal y otra estraña

Mas, del mismo Noè remanecientes,

España se pobló, y tanta saña

Creció entre unos hombres muy

valientes

Tupìs, que por costumbre muy tirana

Tomaron á comer de carne humana.

Creciendo en multitud por esta tierra

Estremadura bella, aquesta gente

De tan bestial designio y suerte perra,

Por atajar tal mal de incontinente

Hicieron los Ricinos grande guerra[20]

Contra aquestos caribes fuertemente;

En tiempo que no estaba edificada

La torre de Mambrós tan afamada.[21]

Ni menos el alcazar trujillano,

En que vive la gente trujillana:

Ni la puente hermosa, que el Romano

En Merida nos puso á Guadiana.

Ni habia comenzado el Lusitano,[22]

[pág. 4]Que habita en la provincia

comarcana.

Empero habia Ricinos en la tierra,

Muy fuertes y valientes para guerra.

Aquestos son nombrados Trujillanos;

Cual pueblo Castrum Julii fuè

llamado:[23]

Qué cuando le poblaron los Romanos

El nombre de su Cèsar le fuè dado.

Fronteros de estas tierras los profanos

De aquel designio pèrfido, malvado,

Caribes

inhumanos

habitaban,

Y toda la comarca maltrataban.

Corriendo las riberas del gran Tajo,

Y à veces por las sierras de

Altamira,[24]

Ponian en angustia y en trabajo

La gente con su rabia cruda y dira.

No dejan cosa viva: que de quajo,

Cuanto puede el Caribe, roba y tira;

A cual quitan el hijo y los haberes,

Y á otros con sus vidas las mugeres.

Vistos por los Ricinos trujillanos,

Con

ánimo

invencible

belicoso,

Contra aquellos caribes inhumanos

Formaron campo grande y poderoso.

Venido este negocio ya á las manos,

De entre ambas partes fuè muy

sanguinoso:

Mas siendo los caribes de vencida,

Las reliquias se ponen en huida.

Espulsos de la tierra, fabricaron

Las barcas y bateles que pudieron,

Y à priesa muchos de estos se

embarcaron

Y sin aguja al viento velas dieron.

A las furiosas aguas se entregaron,

Y asì de Estremadura se salieron;

Y à las islas, que dicen Fortunadas,

Aportan con sus barcas destrozadas.

[pág.

5]

Platon escribe y dice, que solia

El mar del norte, Atlàntico llamado,

Ser islas lo mas de él, y se extendia

La tierra desde España en sumo

grado.

Y que en tiempos pasados se venia

Por tierra mucha gente; y se han

llamado

Las islas Fortunadas que quedaron,

Cuando otras del mar Norte se

anegaron.[25]

Y asì à muchos pilotos yo he oido,

Que navegando han visto las señales

Y muestras de edificios que han

habido,[26]

(Cosas son todas estas naturales,

Que bien pueden haber acontecido)

Por donde los Tupis descomunales,

Irian facilmente à aquellas partes,

Buscando para ello maña y artes.[27]

Llegando, pues, allí ya reformadas

Sus barcas y bateles, con gran pio,

Tornàronse à entregar á las hinchadas

Ondas del bravo mar á su albedrío.

Las barcas iban rotas, destrozadas,

Cuando tomaron tierra en Cabo Frio,

Que es tierra del Brasil, yendo

derecho

Al Rio de la Plata y al Estrecho.

Comienzan á poblar toda la tierra,

Entre ellos dos hermanos han venido.

Mas presto se comienzan à dar guerra,

Que sobre un papagayo ha sucedido.

Dejando el uno al otro, se destierra

Del Brasil, y á los llanos se ha salido.

[pág. 6]Aquel que queda ya Tupí se

llama,

Estotro Guaranì de grande fama.[28]

Tupì era el mayor y mas valiente,

Y al Guaraní menor dice que vaya

Con todos sus soldados y su gente,

Y que él se quedará allí en la playa.

Con la gente que tiene incontinente

El Guaraní se parte y no desmaya:

Que habiendo con su gente ya partido,

La tierra adentro y sierras ha subido.

Pues estos dos hermanos divididos,

La lengua guaranì han conservado:

Y muchos que con ellos son venidos,

En partes diferentes se han poblado,

Y han sido en los lenguages

discernidos,

Que por distancia nadie ha olvidado.

Tambien con estos otros, aportaron,

Que por otro viage allà pasaron.

Mahomas,

Epuaes

y

Calchines,

Timbues, Cherandies y Beguaes,

Agaces, y Nogoès, y Sanafines,

Maures,

Tecos,

Sansones,

Mogoznaes.

El Paranà abajo, y à los fines

Habitan los malditos Charruaes,

Naues

y

Mepenes,

Chiloazas:

A pesca todos dados y à las cazas.

Los nuestros Guaranís, como señores,

Toda la tierra cuasi dominando,

Por todo el Paraná, y alrededores

Andaban crudamente conquistando.

Los brutos, animales, moradores

Del Paraguay, sugetan à su mando.

Poblaron mucha parte de esta tierra,

Con fin de dar al mundo cruda guerra.

Poblando

y

conquistando

han

alcanzado

Del Perú las nevadas cordilleras;

[pág. 7]A cuyo piè ya tienen subyugado

El rio Pilcomayo y sus riberas.[29]

Muy cerca de la sierra han sugetado,

A gente muy valientes y guerreras

En el rio Condorillo y Yesuì,

Y en el grande y famoso Guapaí.

Una

canina

rabia

les

forzaba

A no cesar jamas de su contienda.

Qué el Guaraní en la guerra se

hartaba,

(Y así lo haria hoy, sin la rienda,

Que

le

tenemos

puesta),

y

conquistaba,

Sin pretender mas oro, ni hacienda,

Que hacerse como vivas sepulturas

De símiles y humanas criaturas.

Que si mirar aquesto bien queremos,

Caribe dice, y suena sepultura

De carne: que en latin caro sabemos Que carne significa en la lectura.

Y en lengua guaranì decir podemos

Ibí,

que

significa

compostura

De tierra, dó se encierra carne

humana:

Caribe es esta gente tan tirana.

Teniendo, pues, la gente conquistada,

En mil parages se poblaron de hecho.

El Guaraní con ansia acelerada

A los Charcas camina muy derecho.

La cordillera y sierra es endiablada:

Parece le será de gran provecho

Parar aquì, y hacer asiento y alto,

Con fin de allí al Perù hacer asalto.

Muy largos tiempos y años se

gastaron,

Y muchos descendientes sucedieron,

Desde que los hermanos se apartaron.

De Tupì en el Brasil permanecieron

Tupìes, y destotros que pasaron

Guaranìes se nombran, y así fueron

[pág. 8]Guerreros siempres aquestos en

la

tierra,

Que el nombre suena tanto como

guerra.[30]

Aquestos Guaraníes se han mestizado

Y envuelto con mil gentes diferentes,

Y el nombre Guaranì han renunciado,

Tomando otro por casos y accidentes.

Allà en las cordilleras, mal pecado,

Chiriguanaes se dicen estas gentes,

Que por la poca ropa que tenian,

De frio muchos de ellos perecian.

La costa del Brasil es muy caliente,

Y el Paraguay y toda aquella tierra.

Camina aquesta gente del oriente,

Y para en las montañas y la sierra,

Caminando derechos al poniente,

Haciéndoles el frio cruda guerra.

Que mal puede el desnudo en desafio

Entrar y combatirse con el frio.

Llegaron, pues, al fin á aquel parage

Dó el frio les hizo guerra encarnizada,

Y frio chiri suena en el lenguage Del Inga, que es la lengua mas usada;

Guana es escarmiento de tal trage.

Aquesta gente iba mal parada,

Y el frio que tomaron, escarmiento

Fué

para

el

Chiriguana

y

cognomento.[31]

En este tiempo ya habian venido

Por otra parte y via al Perú gentes:

Por ser tan exquisitos, no he querido

Sus nombres referir tan diferentes.

En una lengua muchos se han unido,

Que es quichua, y los hidalgos y

valientes,

[pág. 9]De aqueste nombre Inca se han

jactado,

Y à todos los demas han sugetado.

Estando de esta suerte apoderados

Los Incas, los Pizarros allegaron,

Y siendo del Perù bien enterados,

La

tierra

en

breve

tiempo

conquistaron.

Los Guaranís sus dientes acerados

Alegres con tal nueva aparejaron,

Pensando que hartarian sus vientres

fieros,

De la sangre de aquellos caballeros.

El

corazon

pedia

la

venganza

De sus pasados padres, que habian

sido

De la tierra Estremeña à espada y

lanza

Expulsos, como arriba habeis oido.

Mas viendo de Pizarro la pujanza,[32]

Temieron de pasar; y así han tenido

Por seguros los montes despoblados,

Sin ser á gente humana sugetados.

De allí hacen hazañas espantosas,

Asaltos, hurtos, robos y rapiñas,

Contra

generaciones

belicosas,

Que estan al rededor circunvecinas.

En sus casas estan muy temerosas,

Como unas humillisimas gallinas,

Con sobrado temor noche y mañana,

Temiendo

de

que

venga

el

Chiriguana.

Usan embustes, fraudes y marañas,[33]

Tambien tienen esfuerzo y osadía,

[pág. 10]Y así suelen hacer grandes

hazañas,

Que arguyen gran valor y valentía.

A aquestos ví hacer cosas estrañas

En tiempo que yo entre ellos residía:

Y el que no me quisiere á mi

escuchallo,

Al de Toledo vaya á preguntallo.

Dejemos

esto

agora:—navegando

Magallanes tambien vino derecho,

La costa del Brasil atras dejando

En busca fuè y demanda del Estrecho.

Salió del mar del sur atravesando,

Y hàllase contento y satisfecho,

Y al mundo dà una vuelta con

Victoria,

Ganando en este caso fama y gloria.

Despues à los quinientos y trece años,

Contados sobre mil del nacimiento

De aquel que padeció por nuestros

daños,

Dió Juan Diaz de Solìs la vela al

viento,

Al Paraná aportò, dó los engaños,

Del Timbú le causaron finamiento,

En un pequeño rio de grande fama,

Que á causa suya de Traicion se

llama.

Por piloto mayor de Magallanes

Al Estrecho venido aqueste habia;

No harto de pasar penas y afanes,

La conquista á D. Carlos le pedia.

Entró el rio arriba con desmanes,

Hasta que ya el postrero le venia,

En que su alma del cuerpo se desata,

Poniendo al Paraná nombre de Plata.[34]

[pág.

11]

No fué sin causa, creo, de secreto,

Y señal de misterio y buen agüero.[35]

Aunque es así que todo está sugeto

Al

divino

juicio

verdadero,

Y aunque usó este nombre por

respeto,

Que vido cierta plata allí primero,

Yo entiendo que ha de haber grande

tesoro

Algun tiempo de plata allí y de oro.

La muerte pues de aqueste ya sabida,

El gran Carlos envia al buen

Gaboto,[36]

Con una flota al gusto proveida.

Como hombre que lo entiende y que

es

piloto.

Entró en el Paraná, y ya sabida

La mas fuerza del rio le ha sido roto

Del

Guaraní,

dejando

fabricada

La torre de Gaboto bien nombrada.

Algunos de los suyos se escaparon

De aquel río Timbus dó fué la guerra,

Al rio San Salvador despues bajaron,

Donde la demas gente estaba en tierra.

A nuestra dulce España se tornaron,

Huyendo de esta gente infiel y perra.

Mas no pone temor esta destroza

A D. Pedro Guadix y de Mendoza.

D. Pedro de Guadix, como diremos,

Despues

de

haber

de

Roma

malvenido,

Cuando hubo disencion en los

supremos,

El gobierno Argentino hubo pedido.

Empero

algun

tanto

ahora

descansemos,

Que no le dejaremos por olvido,

[pág. 12]Pues su hambre rabiosa y

grande

ruina

Ayuda á lamentar á la Argentina.

De nuestro rio Argentino y su

grandeza

Tratar quiero en el canto venidero,

De sus islas, y bosques y belleza,

Epilogo

haré

muy

verdadero.

Ninguno en lo léer tenga pereza,

Que espero dar en él placer entero,

De cosas apacibles y graciosas,

Y dignas de tenerse por curiosas.

[pág. 13]

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CANTO SEGUNDO.

En este canto se trata de la grandeza del Rio de la Plata,

delParaguay, y de las islas, peces, aves que hay en ellos.

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La obra excelentísima y grandiosa

Arguye grande artifice y maestro:

Que no puede hacer obra preciosa

El hombre que en el arte no está

diestro.

Como

la

creacion

maravillosa

Enseña, Señor mio, el poder vuestro,

En su tanto tambien aqueste rio

Muestra grande saber y poderío.

Inmensas gracias, Dios Señor, os

damos,

Pues todo á nuestra causa lo criastes;

Y á nosotros que mal os lo pagamos,

Para vuestro servicio nos formastes.

Cuanto sois, mi Señor, si bien

miramos

Las cosas que en el mundo vos

plantastes,

Nos da bien á entender, y la grandeza

De vuestro gran saber y la riqueza.

El rio que llamamos Argentino,[37]

Del indio Paraná ó mar llamado,

[pág. 14]De norte á sur corriendo su

camino

En nuestro mar del norte entra

hinchado.

Parece en su corriente un torbellino,

O

tiro

de

arcabus

apresurado.

Más con el viento sur placidamente