Historia de Teruel by Don Cosme Blasco - HTML preview

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HISTORIA

DE

TERUEL.

por

DON COSME BLASCO,

CATEDRATICO.

Imprenta de J. Alpuente.—Año 1870.

Es propiedad de su autor.

ÍNDICE.

PRIMERA PARTE.

Cap.

I. Teruel la antigua.—Punto que ocupaba.—Sus

primerospobladores.—Diferentes nombres que ha

recibido.—Sudemolición.—Desgracia de sus

habitantes.—El ríoGuadi-Albiar.—Villa-Vieja.

II. La moderna ciudad de Teruel.—Los árabes.—Su

conquista por el reyde Aragón.—Opiniones sobre su población.—El Toro y la estrella de lasarmas de Teruel.—Cual es la opinión mas verosímil.

III. Importancia de la nueva ciudad de Teruel.—Servicios

prestados alrey por el caballero D. Pascual Sanchez Muñoz.—Resultado de la primeraexpedición a

Valencia.—Conquista de esta ciudad.—Los Muñoces yMarcillas.

IV. Continúan los célebres bandos de Teruel.—El rey D.

Pedro IVconcede a Teruel el título de ciudad.—

Guerras entre D. Pedro de Aragóny D. Pedro de

Castilla.—Las Comunidades.—Las Córtes celebradas en laIglesia de Santa María.—El Juez de Teruel D.

Francisco Villanueva.—Losreyes católicos en Teruel.

V. Comunidad de Teruel.—Teruel en 1591 y 1592.

VI. Teruel desde el reinado de Felipe II, hasta la

conclusión de laguerra civil.—Noticias de diversas épocas.[27]

VII. Los Amantes de Teruel.

VIII. Los esqueletos de los Amantes de Teruel.

IX. Los Obispos de Teruel.

X. Los Obispos de Teruel. (Conclusión.)

XI. Hijos notables de Teruel.

SEGUNDA PARTE.

Cap.

I. Situación de la moderna ciudad de Teruel.—Sus

barrios.—Elescuche del Molino nuevo.—Los ríos,

puentes, vega, ermitas y demásalrededores de Teruel.

II. Aspecto esterior e interior de Teruel.—La puerta de

SanSalvador.—La de la Anda-quilla.—La de la

Traición.—El auto de fe.—ElAcueducto de Teruel.

III. Las Calles, las Plazas, las Fuentes y los Algibes de

Teruel.

IV. La antigua Iglesia de Santa María de Media-Villa,

ahora laCatedral.—S. Pedro.—S. Martín.

V. Las Iglesias de S. Juan, S. Andrés, San Salvador,

Santiago, y SanMiguel.—Los conventos y los ex-

conventos de Teruel.

VI. Continuación de los ex-conventos.—El Seminario.—

La Sala Capitular.

VII. El Hospital.—La Casa provincial de Beneficencia.—

La Casa de laComunidad.—Las Casas Consistoriales de Teruel.

VIII. La instrucción pública en Teruel.—El periodismo.—

El Casinoturolense.—El Teatro.—La plaza de

Toros.—El Cementerio.—El Torreonde Anibeles.—

La Torre Lombardera.—La Muralla de Teruel.

IX. Calidad y circunstancias del terreno de Teruel.—

Paseos y medios decomunicación con otras

poblaciones.—Correos.—Fondas.—Producciones

delpaís—Artes e industria.—Comercio.—Ferias y

mercados de Teruel.—Lasarmas y títulos de esta

ciudad.

Capítulo adicional. El barranco de las Calaveras.

AL

Excmo. Ayuntamiento Constitucional

DE LA MUY NOBLE, FIDELISIMA, HEROICA, VENCEDORA Y

EXCELENTISIMA

CIUDAD DE TERUEL.

EXCMO. SEÑOR.

Nacido en el hermoso suelo aragonés, cuna del valor y de la lealtad, headmirado siempre las glorias de las tres provincias que constituyen esteantiguo reino, de inmortal memoria.

Un deseo vehemente de que el noble y generoso pueblo turolense, dequien V. E. es dignísimo representante, tuviera un libro que guardaselas glorias de sus mayores; ha sido el único móvil que he tenido paraescribir la Historia de Teruel, humilde obra que hoy, lleno mi corazónde indecible gozo, tengo el distinguido honor de dedicar a V. E.

Si tiene a bien aceptarla y ponerla bajo su égida, será para mi elmayor galardon que V. E. puede concederme.

Excmo. Sr.

Cosme Blasco.

Omnia mutantur naturæ lege creata:

Nec se cognoscunt terre vertentibus annis.

Manilio.

HISTORIA DE TERUEL.

PRIMERA PARTE.

Capítulo primero.

Teruel

la

antigua. Punto

que

ocupaba. Sus

primerospobladores. Diferentes nombres que ha recibido.

Sudemolición. Desgracia de sus habitantes. El rioGuadi-Alviar. Villa-vieja.

No es nuestro propósito escribir una historia completa de la Ciudad deTeruel, proponémonos sólo dar a conocer algunos apuntes tomados de loslibros que hemos visto[1], y que por cierto no se ocupan mucho denuestro asunto; y de los datos que nos han suministrado varias personasde las mas ancianas de la población.

Como obra humana, como obra de un jóven, de esperar es que contengaalguna que otra inexactitud; pero no dudamos que de todo seremosdispensados, siquiera sea por nuestra confesión franca y sincera, y loque es más, por nuestro buen deseo de publicar las invidiables,preclaras e imperecederas glorias de Aragón, país para nosotros tanquerido, país que al ojear una tras otra las páginas de su historia,llénase de noble orgullo nuestro corazón.

¡Dichosos aquellos hombres, que escapados por fortuna de la generalesclavitud, echaron sobre las cumbres del Uruel la primera raíz de aquelárbol que fragante y pomposo, había de extender su sombra hasta loscristalinos mares de Sicilia y Constantinopla!

¡Preciosa tradición que repite en su murmullo el torrente alprecipitarse de lo alto de las nevadas montañas!

¡Magnífica epopeya que parece relatarnos el viento que gime por entrelos jarales del Pirineo!

Teruel la antigua, llamada Turba o Túrbula, que, según el P.

Traggiacontaria de setenta a ochenta vecinos, se hallaba situada en el lugarque hoy ocupa el ex-convento de Capuchinos, que se encuentra como a uncuarto de hora del punto en que hoy está la ciudad, frente al puentellamado del Cubo y a la izquierda de la carretera de Zaragoza, yendo deesta capital a la que es objeto de las presentes líneas.

A nuestro humilde juicio y conformes con el de personas competentes quehan estudiado el terreno, ocupaba la antigua población principalmenteuna gran parte del sitio en que hoy se extiende el Barrio de las Cuevas,barrio que viene a terminar por casi detrás de la actual Casa provincialde Beneficencia, y designado con aquel nombre por las muchas cuevas quehay, y por los restos de otras que en su tiempo serían tal vez ocupadaspor los moros.

Créese por algunos, que los primeros pobladores de la primitiva ciudadfueron los fenicios, y que el nombre de esta era Turba, palabra quederiban unos de Turba oppidum, latino; otros de Turba-lium, griego,pueblo turba, compuesto de este nombre y de leos, pueblo: no falta quiencomo el erudito D. Miguel Cortés le haga venir también del hebreo Thor y bat, que significa lo que Domus tauri: admisible hasta ciertopunto parece esta esplicación, si atendemos a que la voz bat, o bet,se halla en la composición

de

muchos

nombres

de

nuestra

primitivanomenclatura geográfica, que lejos de repugnar a la explicación hebraicade Cortés, podría citarse aun en su corroboración: lo mismo sucede conla voz Thor, pues, aunque por diversidad de aplicaciones, parece menossegura su razón o su significado, todos los objetos, cuyos nombres laofrecen, tienen la esencial circunstancia de la fortaleza y el toro, queparece símbolo de esta, pudo tener por nombre lo que no era mas queadjetivo para los demás objetos. Aun se confirma esto con las medallasceltíberas que se han hallado en los contornos de Teruel, «en las que seve el buey arrodillado, en ademán de recibir las divinas influencias dela diosa Venus, representada en el lucero, con caracteres celtíberos enel exergo, que a lo que podemos congeturar, quieren decir: Santo DiosToro.» (Cortés.) Otros, en su afán de acumular nombres, vengan o no al caso, se acomodeno no a la historia y geografía; la aplican los de Tintania, Turupia, y Tiar-Julia, y hasta el de Turdeto o Turbeto,suponiendo haberla fundado los turdetanos que los cartaginenses enviaronde la Bética o Andalucía, para oponerlos a Sagunto confederada de losromanos: el mismo poco caso que hacemos de estas palabras, hacémosloextensivo a la de Terulium, que Don Juan de la Serna trae en sudiccionario geográfico.

En lengua fenicia se llamó Thorbat o Thorbet; Turba en laceltíbera y Túrbula en la latina: con este último nombre la designaTolomeo.

Esta ciudad, tanto por su situación en territorio que fue de losceltíberos, como por la alusión de los nombres, es indudablemente lafamoso Turba o Túrbula de la España primitiva: sus habitantes losturditanos, turboletas o turbuletas, cuya capital fue Turba,estuvieron en guerra con los de Sagunto por cuestión de límites: esconsiguiente que aquellos, no solo no se opondrían a la ruina de ladesgraciada ciudad, sino que serían los primeros en acometerla al frentede su poderoso auxiliar el ejército de los cartagineses, de quienes Turba fue constante aliada.

Cuando los saguntinos pidieron condiciones honrosas para evitar la totalruina que llegaron a mirar de cerca, una de las que se les impuso fue larestitución de los territorios que tenían usurpados a los turbuletas.Estos vieron por fin colmados sus deseos con la destrucción de Sagunto,heroica ciudad digna de mejor suerte, y entraron en posesión de losterritorios cuestionados, mientras aquellos de sus enemigos que habíansobrevivido a los horrores de tan terrible guerra, eran vendidos poresclavos.

Condición tan desgraciada, poco haría temer ya a los turboletas oturbuletas de la rivalidad saguntina, mayormente en vista de lo quehabía valido a esta asolada ciudad la decantada amistad romana, y que sudestructor Aníbal tramontaba los Pirineos y los Alpes en ademán dellevar igual suerte sobre la misma Roma.

Pero.... eran otros los decretos del destino. Tres años después losEscipiones, victoriosos de los ejércitos cartagineses por toda la Españaciterior, libertan del cautiverio a los desgraciados saguntinos, lesrestituyen sus ruinas, y sus campos y aldeas quedaron tributarios de susantiguos émulos.

Tolomeo hace mención del río Pallantia (Turia), que en tiempo de FestoAvieno se llamó Canus flumen o río blanco, con cuyo nombre le hallaronlos árabes, y le llamaron Guadi-Albiar, que quiere decir también ríoblanco: el nombre primitivo de este río, fue Turia, derivado de Tur-iar, esto es, río de Turba.

Tiempos después de ser destruida la antigua Turba, se edificó en laparte mas llana del mismo sitio una ermita dedicada a N.ª

S.ª de laCabeza, ermita que, cuando el convento de Capuchinos se quitó del puntoque hoy ocupa el paseo del Obalo, y se trasladó a donde estaba Turba,quedó encerrada en una Iglesia mayor, obra que tuvo lugar por los años1797: desde la fundación de dicha ermita, se celebra en ella por laPascua de Resurrección una fiesta a la Virgen de la Cabeza; muchosvecinos de Teruel y sus barrios acuden a allí en animada romería, y raroes el que, además de otras viandas, no lleva una tortilla: de estaantigua costumbre viene el que la clase humilde del pueblo de Teruelllame a aquella Pascua, «la de las tortillas.»

Junto a dicha Iglesia, hay un edificio bastante espacioso, reedificadoen parte y arreglado todo por disposición del Obispo (hoy difunto) D.Francisco de Paula Gimenez, en el año 1867, y ocupado por los Paulesdesde este año hasta el mes de Octubre de 1868.

Muy cerca también de la misma Iglesia hay una fábrica de bayetas y otrosefectos, y algunas casas de mediano aspecto donde viven los que trabajanen el establecimiento: los Teruelanos distinguen este sitio con elnombre de Villavieja, sin duda por haber estado allí la antigua Turba.

Capítulo II.

La moderna ciudad de Teruel.—Los árabes.—Su conquista por el reyde Aragón.—Opiniones sobre su población.—El toro y la estrella delas armas de Teruel.—Cual es la opinión mas verosímil.

Afirma el Sr. Cortés que la fábrica de los muros y torres de Teruel,sus magníficas puertas de grandes sillares etc., son restos de suantigüedad romana, pero todo lo que se dice de esta ciudad relativamentea Cesar es imaginario y así mismo cuanto se quiera aumentar respecto dela edad de los romanos; pues ni la gran diligencia con que aquelescritor buscó las antigüedades de Teruel, de la que dio origen alpueblo de su naturaleza, bastó a proporcionarle otras noticias hasta lainvasión de los árabes, época en que empezamos a encontrar datos,verdaderos en su mayor parte, sobre la moderna ciudad que nos ocupa.

El Sr. Cean Bermudez, al tratar del origen y nombre de esta, dice que parece que después que los romanos demolieron la antigua Turba yvendieron por esclavos a todos sus habitantes, la repararon después losmoros con murallas sobre los cimientos antiguos, entre los que seencontró una figura de toro, la que con una estrella adoptaron losvecinos por armas en campo rojo, y dándole otro nuevo nombre de Torbél.

Hasta aquí el Sr. Bermudez, reservemos nuestra opinión para después, yveamos ahora como explican los manuscritos antiguos y las personas masancianas de la ciudad, la fundación y población de la moderna Teruel.

En el año 1170 el rey D. Alonso II de Aragón venció a los moros de lasriberas de Alfambra y Guadalaviar, y en el siguiente de 1171, segúnZurita, fundó y pobló en las riberas del segundo de estos ríos la ciudadde Teruel; duró uno y otro hasta el 1177, esto es, seis años, estando enguerra con los moros que se oponían con gran resistencia a llevar a cabola obra, que se inició así:

Conquistando iba dicho rey, el terreno que ocupaban los moros, cuandollegó frente a un pequeño cerro cubierto en su mayor parte de espesobosque y malezas (cerro que hoy ocupa Teruel), y conociendo loscaballeros que componían el principal acompañamiento de D. Alonso, queaquel sitio era favorable para fortificarse y dejar gente que pudieraquedar allí para sostener el empuje de los enemigos, caso de tener ellosque retirarse; o de punto de descanso, caso de seguir avanzando,determinaron echar los cimientos a una nueva ciudad: ocurrió, que aldirigirse al bosque, divisaron un toro que apenas les vio, empezó amugir fuertemente y a retirarse hacia el interior, observando al propiotiempo en el firmamento una estrella, que al parecer de los caballerosseguía la misma dirección que el toro. Creyendo este sucesoprovidencial, internáronse mas en el bosque, y encontraron casi en lacumbre del cerro al mismo animal, parado y sin demostrar fiereza alguna,debajo precisamente de la estrella cuya dirección habían seguido: coneste motivo fundaron allí la nueva ciudad, que pusieron por nombre Toro-el (el Toro), que por corrupción ha venido a cambiarse en Teruel, y hé aquí porque el toro y la estrella se encuentran en lasarmas, escudos, monumentos y demás objetos que se refieren a la ciudadde que hablamos.

Lo que acabamos de narrar aparece confirmado en el M. S.

que se conservaen la Biblioteca de la Academia de la Historia, Colección del P.Traggia, t. XIX, confirmación que, escrita con la sencillez primitiva noexenta de la tosquedad y rudeza propias de la edad media, dice así:

«Según cuentan los viejos, en el tiempo pasado de Teruel ayusso toda latierra hera de moros. En aquel tiempo vino el noble señor D. Alfonso porgracia de Dios rey daragon, compte de Barcelona et marqués de Proenza ada quel lugar que hera de Santa María de la villa vieja de Teruel conbuena gent et de grant esfuerzo de tener frontera contra los moros. Etel dito señor Rey tractaba et ordenaba entre sí si pudiese en estacomarca hacer una villa. Empezó vidiendo que hera muy peligrosa cossadefer por la grant meltitud de moros q. heran arededor a todas partes;temiose q. no podrie haver cabo de q. se perderien en casa mucha gent,por esso hecholo assi en olvido, et la buena gent q. heran allí con elRey entendieron la voluntat de el dito Rey.

«Et el gran dubdó, et con gran esfuerzo, digerónle; Señor, dadnosaquellos fueros, franquezas et libertades q. nos vos demandaremos porvos et por todos los vuestros et por todos tiempos para nos, et para losnuestros presentes et advenideros, et nos con ayuda de Dios poblarémosuna villa en esta comarca, por la cual fiamos por Dios queconquerreremos et ganaremos mas tierra adelante.

«Et el Rey, visto el gran peligro et dificultat dijo q. él no lo queríe,ni le otorgaba, que grant vergüenza le seríe et menosprecio de comenzarobra non valedera, et dijoles que si tal cosa querien fer, que laficiesen por sí, mas no por él, ni en su nombre, antes los agenaba etdesnaturaba de sí como no vasallos suyos pda. (pérdida o prendida) luxobra no hubiese cabo, que a él no fuese vergüenza, ni le pudiese seyerretrahido q. había comenzado tal obra, et que no le había dado cabo. Etla buena gent con grant esfuerzo digeron que ellos si querían aventurara la merced et ayuda de Dios. Et de si dejolos el Rei con granthorrencia, et encomendolos a Dios, et a la buena gent que aquí fincaron,amándose como a buenos hermanos et teniéndose buena voluntat los unos alos otros.

«En el nombre de Dios pusieron en obra la dicha población et andaron portodas las otras muelas que están cerca esta villa, et non hubieron tanbuenos señales como en esta muela do es agora la villa de Teruel. Etlos adalides[2] et los mas sabidores de tal fecha subieron a la muela etallí do es agora la plaza de mana en el alba trobaron un bel toro etandaba una bella estrella sobre él.

E luego que los vido el toro comenzóa bramar et fuir et luego lo trobaron manso et digeron los adalides queaquí habían buenas señales por fer la población do aquel toro lesclamaba; et daquel encuentro daquel toro tomaron señal.

«Et por esto facen en la señal toro y estrella.....

«Et luego con gran traballo comenzaron a fer los muros de la villa, nosolament con agua et con tierra et con piedra, mas aun con sangre, porque los unos lanzaban los muros et los otros defendienlos et combatiensecon los moros. Et de primero ficieron un antipecho con que sedefendiesen, et fendo aquel et lidiando con los moros, murien los homescada día sobre los fundamientos de los adarves, volviendo hi lur sangre,sobre la qual sangre multiplicaban los adarves.»

Sentadas estas opiniones, diremos que, a nuestro humilde juicio,pudieron muy bien los moros construir gran parte de los cimientos de lanueva ciudad y alguno que otro edificio y destruir a su huida lo poco omucho que pudieran, aprovechando después los caballeros del Rey D.Alonso aquellas ruinas para elevar y fortificar las murallas, y levantarnuevos edificios.

Capítulo III.

Importancia de la nueva ciudad de Teruel.—Servicios prestados alRey por el caballero D. Pascual Sanchez Muñoz.—

Resultado de laprimera expedición a Valencia.—Conquista de esta ciudad.—LosMuñoces y Marcillas.

Dio el Rey el feudo y honor de Teruel, como se usaba entonces a un ricohombre de Aragón, llamado D. Berenguer de Estenza, y señaló a loscaballeros[3] que la poblaron, para su régimen y gobierno, el fueroantiguo que el Rey D. Sancho el Mayor y anteriormente los Condes FernanGonzalez y García Fernandez habían dado a los habitantes de Sepúlveda.

Desde los primeros años de la repoblación adquiere suma importancia elnaciente puesto avanzado de Teruel; allí se preparan todas lasexpediciones que hacen los caballeros cristianos al reino de Valencia;secreto presentimiento les está diciendo que no tardará en derrumbarseel poderío musulmán por aquella parte de España; que pronto caeráValencia en sus manos, y allá van a Teruel cuantos quieren enriquecersecon el botín de la victoria.

El año 1225, mandó el Rey despachar cartas de llamamiento a los ricoshombres que tenían las villas y lugares, para que se reuniesen en Teruelcon sus correspondientes mesnadas; el Rey trataba de entrar en el Reinode Valencia y apoderarse de algún lugar muy principal, para cuya empresale sirvió con espléndidos donativos Don Pascual Sanchez Muñoz, que habíasido privado del Rey D. Pedro III y pertenecía a las mejores y masprincipales familias que se establecieron en Teruel, habiendo ofrecidodar el Rey para aquella guerra, el dinero que fuese necesario, yencargándose además de facilitar a la gente de armas, los víveres que senecesitaran para el consumo de tres semanas.

Esta primera expedición no tuvo resultado, por culpa de D.

Pedro Ahones,magnate poderoso que arrastró a los ricos hombres a la confederación yliga que se hizo en Alagon; con este motivo el Rey se volvió a Teruel,partió para Zaragoza, y dada orden para prender a Ahones, este al huir,fue matado de una lanzada.

A principios del año 1232, supo el mismo Rey que los del concejo deTeruel se habían apoderado de Ares, lugar fuerte en los confines delreino de Valencia, y casi al mismo tiempo le llegaron mensajeros con lanoticia de que Morella se había rendido a D. Blasco de Alagon, oriundode la villa de Sallent, valle de Tena en el Alto-Aragón; en vista deesto, marchó a Teruel, y allí recibió el homenage que le tributóZeit-Abu-Zeyt[4],

emir destronado de Valencia, de serle fiel valedor yamigo en la proyectada conquista, llevada a cabo en 1238.

En 1322 empezaron los célebres bandos de Teruel entre las dos familiasrivales de Muñoces y Marcillas, que durante mucho tiempo se disputaronla supremacia del gobierno de la ciudad.

Zurita cuenta que fue allá unhijo de Alfonso IV para apaciguarlos. Tan encrespados estaban los ánimosque un día en presencia del infante vinieron a las manos estando en sumismo palacio, y solo pudo dominar por entonces aquellas turbulencias,desterrando a Juan Sanchez Duran, verdadero promovedor, por cuatro añosfuera del reino.

Capítulo IV.

Continúan los célebres bandos de Teruel.—El Rey D. Pedro IV,concede a Teruel el título de ciudad.—Guerras entre D.

Pedro deAragón y D. Pedro de Castilla—Las Comunidades—

Las Córtescelebradas en la Iglesia de Santa María.—El Juez de Teruel D.Francisco Villanueva.—Los Reyes Católicos en Teruel.

Algún tiempo después del en que hemos dejado la narración de los sucesosde Teruel volvieron a renacer las rivalidades entre las familias Muñocesy Marcillas, pues en los Anales de la ciudad háblase de muchas muertes yheridas en 1356; de haber sido quemado vivo en la plaza del Mercado deTeruel, Ramiro, hijo de Ferránt-Sanchez Muñoz, en 1366; y de otrarefriega que hubo en la plaza en 1461, durante las fiestas que sehicieron para obsequiar a los infantes de Aragón que habían ido a laciudad.

El año 1348, año de triste recuerdo en la historia de Aragón por lapeste desoladora que afligió el reino, las Córtes que se celebraban enZaragoza, hubo necesidad de trasladarlas a Teruel que ya estaba librede la epidemia.

Durante la estancia del rey D. Pedro IV, recibió Teruel el título deciudad y por disposición del mismo monarca fueron restauradas suspuertas y murallas que ya se encontraban en ruinoso estado: losteruelanos, agradecidos por la predilección que manifestaba el Rey a suciudad, diéronle repetidas muestras de lealtad auxiliándole en la guerrade la Unión, y en 1347, tomaron parte en la batalla de Játiva, en lacual murió su jefe Pedro Muñoz.

Mucho sufrió Teruel, durante las guerras que hubo entre D.

Pedro deAragón y D. Pedro de Castilla, guerras que causaron innumerables dañosen varios pueblos, sobre todo en los que están situados en la zonacomprendida entre Daroca (en la carretera de Zaragoza) y Sarrion (en lade Valencia): muchas aldeas fueron quemadas, y otras en el partido deTeruel quedaron despobladas; entre ellas Alcamin, Alcarria de Bellestar,Cañada de García Lopez, Castellon de Cabras, Gazapos, Cuevas de Rocin,Gallél, Hornos, Malezas, Piedra del Salz, Vallidau, Fuentes de Garcia yVillar de Menga.

Lo mas recio del empuje castellano lo tuvieron que resistir lascomunidades de Calatayud, Daroca, y especialmente Teruel; y para proveeren lo que convenía a la defensa del reino, nombró en 1363 Don Pedro IV,por capitanes de la Comunidad de Teruel (cuya casa se conserba en estaciudad), a D. Guillen Ramón de Ceruelo y a un caballero llamado GarciaGanosa, entrambos muy valientes y prácticos en las cosas de la guerra, ydispuso que se derribasen los lugares y fortalezas de aquella comarca,que no estuvieran en disposición de defenderse y que la gente seguareciera en los lugares fuertes: nombrose igualmente a D.

Pedro, Condede Urgel y sobrino del Rey, Capitán general de la Comunidad y ciudad deTeruel, plaza fuerte que, después de nueve días de sitio, y merced a unatraición fue tomada por los Castellanos en 1364, y estuvo en poder deestos hasta el 5 de Abril de 1367.

En 1427, estando en Valencia el Rey Alfonso V, mandó convocar Córtes delreino de Aragón para la ciudad de Teruel, y se reunieren el 19 deNoviembre del mismo año, celebrándose las primeras sesiones en laIglesia de San Martín de Teruel y por disposición del Monarca setrasladaron luego a la de Santa María de Mediavilla (parte de laCatedral actual).

Estas Córtes duraron hasta el mes de Abril de 1488, y una de lascuestiones importantes que en ellas se trataron fue, la unificaciónmonetaria en toda la corona de Aragón, para cuyo efecto llegaroncomisionados de Barcelona, de Valencia y de Mallorca.

Alfonso V dio algunas disposiciones sobre la integridad de los antiguosfueros de Teruel, disposiciones que, así como algunos odios personales,suscitaron la oposición vigorosa de Francisco Villanueva, juez que erade la ciudad de Teruel en aquel año: no quiso doblegarse al mandato delRey, y pagó con la vida su entereza pues murió ahogado en las antiguascasas consistoriales y arrojado su cuerpo desde el balconaje a la plazadel Mercado.

Su cadáver fue enterrado en la Iglesia de San Pedro, el día seis deDiciembre de 1427, y para sustituirle fue nombrado juez de Teruel, D.Martín de Orihuela.

En 7 de Enero de 1482, los Reyes Católicos que venían de Valencia,entraron en Teruel acompañados de numeroso séquito, del cual formabanparte el Cardenal Mendoza, y muchos grandes de Castilla y de Aragón;fueron recibidos del vecindario con extremado regocijo y grandesfiestas; juraron los reyes en la Iglesia de Santa María los privilegiosy libertades de la ciudad, recibiendo de esta un donativo de doscientosflorines de oro: Teruel, durante la permanencia de las regias personas,fue ricamente engalanada con tapices y caprichosos arcos de triunfo, porlas noches estuvo profusamente iluminada, y sus calles pobladas a todahora de los habitantes de los pueblos inmediatos, que acudieron a danzary cantar ante los reyes católicos, a quienes ofrecieron ricas telas,exquisitas frutas, buenas maderas de construcción, y minerales demuchísima estimación.

Dos años después de la llegada de las augustas personas, promoviéronseen Teruel algunos alborotos con motivo del establecimiento de lainquisición, en los que peligró la vida del Inquisidor Juan deSolivella: el 7 de Enero de 1486 se celebró un auto de fe, del quehablaremos mas adelante.

Capítulo V.

Comunidad de Teruel.—Teruel en

1591 y 1592.

El origen de la Comunidad de Teruel,[5] se remonta al reinado de D.Alonso II, que hizo donación a los pobladores de la villa de un estensoterritorio que no abarcaba menos de cien aldeas, número que fuedisminuyendo con el tiempo hasta quedar reducido a noventa que tenía enlos últimos años del siglo pasado: el mismo rey les concedió los fuerosde Sepúlveda o de Estremadura, que diferían bastante de los generales deAragón.

Durante los dos primeros siglos después de la reconquista, conservoseintacta la supremacia de Teruel sobre las aldeas, pero a medida queestas fueron aumentado su riqueza y su vecindario, quisieronnaturalmente intervenir de una manera mas eficaz y directa en laadministración de justicia, y de aquí las prolongadas contiendas queempezaron a mediados del siglo XV, y no terminaron hasta el reinado deCárlos II.

Ciento cincuenta años antes de la época citada, esto es, por el año1300, ya se habían separado las aldeas de la villa, en lo tocante a losasuntos puramente administrativos, formando su concejo independiente alque se llamaba el Común de las aldeas, sin que para evitar estaseparación bastara la influencia del mismo Rey de Navarra, lugartenientedel Reino que en 1450 fue a Teruel; al fin terminó todo en 1601, pues sedeslindaron por el Rey los derechos de cada parte.

El mecanismo de la organización y gobierno de la Comunidad de Teruel,era el siguiente: de conformidad con los fueros de Sepúlveda, había enla ciudad de Teruel un juez universal para todos los pueblos de laComunidad y alcaldes que conocían de las causas civiles y criminales: delas decisiones del juez de Teruel, parece que no se admitía apelación enla Audiencia del Reino, pudiendo hacerse solo por el recurso llamado dePerorencia: según el fuero se nombraban los jueces por suerte, perodesde 1444 fueron nombrados por los reyes.

Los pastos, maderas y leñas de los montes y dehesas de la Comunidad,eran de uso común para todos los pueblos que la componían, pero el pagode décimas y de los impuestos reales, así como todo lo que se refiere ala jurisdicción local, era propio y esclusivo de los Concejos de lasaldeas, que obraban en esto con completa independencia de la Comunidad:esta comunión de intereses no se limitaba únicamente al goce yaprovechamiento de los términos, sino que se estendía a los serviciosque de tropas y dinero se hacían a los reyes, y como quiera que desdetiempo inmemorial hubiese querellas sobre la cantidad con que debíancontribuir la villa y respectivamente las aldeas, se declaró por variassentencias, que las últimas contribuyesen con tres partes, y la primeracon lo restante, o sea una cuarta parte, cuya jurisprudencia estuvo enuso hasta que se establecieron las leyes de Castilla.

A principios del siglo XIV, cada pueblo de la Comunidad tenía su concejoparticular que lo regía en el orden político, económico y contencioso,con subordinación a los jueces de Teruel: con delegación de todas lasaldeas se formaba una junta general, presidida por el procuradorgeneral, y a la cual asistían seis regidores llamados de sexma, acausa de estar todo el territorio dividido en seis trozos o partes,compuesto cada uno de doce o trece pueblos: existía además otra juntallamada Pliega general, compuesta del Procurador general, regidores desexma, y un jurado y prohombre de cada pueblo, ascendiendo a cientocincuenta el número total de miembros, y a cuyo cargo estaba ladeterminación de los asuntos mas arduos de la comunidad.

Los jueces de Teruel fueron nombrados por elección popular, hasta queDon Fernando el Católico, bajo pretesto de que aquellos funcionarios notenían fuerza para dominar los bandos y discordias que había en laciudad, y entre esta y las aldeas, decidió que en lo sucesivo fueran denombramiento real. Cárlos V. siguiendo la tradición de sus abuelos, asíen Aragón como en los antiguos reinos de la monarquía, envió a Teruel,entre otros a Juan Perez de Escanilla, que murió en una conmociónpopular que había salido a sosegar; viniendo después por orden deFelipe II D. Matías de Moncayo, Señor de Ráfales, que aparece en lahistoria con el nuevo dictado de presidente de Teruel.

Los de esta ciudad favorecían las pretensiones de D. Pedro Fernandez deHeredia al priorato de Alfambra, (pueblo inmediato a Teruel), del cualquerían desposeer al Comendador Bou que le tenía en secuestro; y siendocontrario a este intento el presidente Moncayo, hallándose en una juntacelebrada en Rubielos (villa de la provincia), los jurados de Teruelquisieron escluirle de ella, presentándole al efecto una Firma odecreto de la Córte del Justicia de Aragón.

Sabedor de esto Felipe II decidió que Moncayo sostuviera su autoridad yque no permitiera la invasión y el intento de los de Teruel, y en 30 deJunio de 1562, le mandó que procediese contra los jurados de Teruel ydemás que le hubiesen presentado las firmas, como infractores del fueropromulgado por Pedro IV, en virtud del cual estaba prohibido a la ciudady comunidad de Teruel recurrir al Justicia de Aragón por vía de firmas ymanifestaciones.

Reacios los firmantes, tomó el rey una resolución definitiva: comisionóal Duque de Segorbe para que fuese a Teruel con dos mil soldados ydefendiese su autoridad, si con la fuerza fuere atacada: entró el Duqueen la ciudad medio en son de guerra, y para mas seguridad y mayorsignificación del encargo que llevaba, mandó reedificar un antiguocastillo[6] que estaba casi derruido y puso en él fuerza bastante paradefenderlo.

No se intimidaron los turolenses con la presencia del Duque y de sussoldados; antes por el contrario, se querellaron por conducto de su juezordinario y alcaldes, a la Córte del Justicia y obtuvieron firmas yprovisiones de aquel tribunal: mandó el Duque proceder contra aquellosfuncionarios, y estos, lejos de ausentarse, y dando pruebas de un valorcívico, muy común entonces, se estuvieron quietos en sus casas, y elDuque los mandó poner presos en el castillo, sin que por ellodesfalleciese el ánimo de aquellos dignos ciudadanos. Nueve años durósu prisión, y bien se alcanza que si resultaran culpables, no perdierala ocasión de castigarles el inexorable Felipe II; pero salieron libresen 1580 por mandamiento del mismo rey.

Bien merece, que consignemos en este lugar, los nombres de tan ilustrespatricios, que fueron: Pedro de la Capilla, juez ordinario; Bernardinode la Mata, alcalde; Miguel Juan y Francisco Malo, individuos defamilias distinguidas; Gerónimo Dolz, asesor del juez de Teruel, yGerónimo de la Mata, síndico; de los cuales, el último, fue muy versadoen las leyes y privilegios de la comunidad, y los teruelanos lecomisionaron, juntamente con el doctor Gil Garnier, para que fuese a lacórte de Felipe II a informar y reclamar lo que mas conviniera en elasunto que se debatía: con tal obgeto escribió y presentó al rey y alSupremo Consejo de Aragón un tratado en forma de memorial, en que sedaba noticia de las leyes de la Comunidad, de su uso, y de los sucesosdesde el año 1570 hasta el 1579, y del temperamento que daban de siestos mismos sucesos.

La lucha entre los poderes locales y el poder central, fue por aquellostiempos en estremo porfiada, especialmente en Aragón, y sobre todo en laciudad de Teruel, y aunque las Córtes de Monzon celebradas en 1585decidieron que las ciudades y comunidades de Albarracin y Teruel podíanacudir al Justicia como todos los aragoneses, pero que no podían hacerloen los casos en que se lo prohibiese algún fuero o ley particular: estasentencia no dejó satisfechos ni a los partidarios de la autoridad realni a los defensores de los fueros: cada cual la interpretaba a su modocuando era menester aplicarla, y en tal estado las cosas, llegaron lasalteraciones y sublevación de Zaragoza, de los años 1591 y 1592.

El desenlace de tales hechos fue, en Zaragoza la decapitación delJusticia mayor D. Juan de Lanuza, y algún tiempo después las de PedroFuertes, Dionisio Perez, Francisco Ayerbe, Don Diego de Heredia y D.Juan de Lunas; y en Teruel, fueron descuartizadas nueve personas encastigo de la muerte de los hermanos Novellas[7], que se habíanmostrado propicios a la autoridad real, y que espada en mano, sedefendieron heroicamente.

Capítulo VI.

Teruel desde el reinado de Felipe II hasta la conclusión de laguerra civil—Noticias de diversas épocas.

La ciudad, objeto de este libro, no siguió el impulso de Aragón, yabrazó la causa de Felipe V, manteniendo a sus espensas un batallon deseiscientos hombres, que hizo la guerra desde 1705 a 1715.

Durante la guerra de la Independencia sufrieron la ciudad y la provincialas varias alternativas de aquella prolongada lucha, y muchos de sushabitantes fueron a reforzar, como buenos aragoneses, las huestes de loszaragozanos en los memorables sitios, y las de otros puntos donde sushermanos peligraban, no apartando entre tanto su vista de Teruel, a laque acudieron a socorrer en el sitio que sufrió de los franceses.

Parte no menos activa tomó en la guerra fratricida que llenó de luto alas familias de España: no queremos recordar hechos que para bien deunos y otros quisiéramos ver borrados del universal libro de laHistoria; consignemos solo que en los dos bandos diéronse pruebas devalor y hubo verdaderos héroes; como también hubo distinguidas heroínasen la provincia de Teruel; tal fue en Montalban Manuela Cirugeda, deveintidos años, hija de la misma villa, que sirvió en el sitio de estacomo el nacional mas denodado, corriendo los puestos de mayor peligro,hasta del cansancio y las fatigas, se le originó una enfermedad, de quesanó en la sala de distinguidos del hospital de Zaragoza; tal

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fue, porúltimo, la heroína de Monreal del Campo, Francisca Latorre, decuarenta y un años, que mereció y obtuvo la Cruz de San

Fernando

por

suheroico

comportamiento.

Espuestas ya las noticias anteriores, tomadas en parte de la Crónicageneral de España, obra en la que aparece un trabajo sobre la provinciade Teruel, firmado por el malogrado jóven D.

Pedro Pruneda; vamos a darotras sueltas que comprenden épocas distintas de la historia que nosocupa, aunque sea a trueque de faltar a una relación ordenada.

—La primera casa que se hizo en Teruel fue la que tiene dos arcos en laplaza del Mercado, propia del Escribano D. Juan Dolz.—En 1222, existíanya las Comunidades de Teruel y sus villas: mas adelante de la notablecasa de la Comunidad, cuyo frente da a la plaza de la Marquesa, (hoy dela Libertad).—En 1336 enterraron vivo en Teruel a D. García de la Fozpor haber matado traidoramente a un compañero suyo.—En 1364, día de SanMarcos, fue la toma de Teruel por los Castellanos reinando D. Pedro IVen Aragón, y D. Pedro el Cruel en Castilla.

—En 1375 fue muy rigoroso el invierno en dicha ciudad, y el miércolesde ceniza del mismo año a la hora de maitines hubo un fuerte terremotoque alarmó considerablemente a la población.—

En 1379, llovió casi sincesar desde el día 26 de Marzo hasta el 10 de Mayo: el trigo llegó avenderse hasta cinco sueldos[8] la fanega, y el centeno a dos y acuatro dineros.—En 1402, hubo tantas mariposas que se comieron casitodas las hojas de árboles y viñas y fue un año abundantísimo en frutas.

—En 1405, llovió sin cesar en Teruel, tres días, y cubrió el agua todala vega, desde la acequia de la Peña, hasta la del baño llamado de PeroCarmelo, y se llevó todas las paredes de los huertos.—En 1407, nevótanto que había en tierra llana mas de ocho palmos de nieve que duró masdel mes de Marzo.

—En 1413, fue a Teruel, San Vicente Ferrer y estuvo detenido en laIglesia de Santiago.—En 1418, D. Francés de Aranda, consejero y electorde reyes, noble caballero, intrépido soldado, monge fervoroso, almatemplada para los grandes hechos y corazón formado para el bien, para laconmiseración y para la caridad inagotable; dejó para los pobres, apartede otras cosas, una limosna de cincuenta mil sueldos de renta: murió elmismo Aranda en 1441.

—En 1420, Gil Sanchez Muñoz, hijo de Teruel, fue electo Papa.—En 1428,se incorporó la ciudad y comunidad de Teruel, a la corona de Aragón porDon Alfonso V.—En 1430, celebráronse Córtes en la Iglesia de SantaMaría de Teruel (ahora la Catedral), en donde está la capilla de N.ª S.ªde la Salud y la de San Felipe y Santiago.

—En 1421, (registro del notario Don Antonio Ferrer), D. Juan GalvezHeredia, Don Martín Garcés de Marcilla, y Mosen Juan Fernandez de losArcos, fueron herederos de la infortunada Isabel, a la cual y sudesgraciado amante D. Diego, bien merece que les dediquemos uno o mascapítulos, tomando la relación del hecho, de la tradición, y de algunoslibros entre ellos del notable que escribió D. Esteban Gabarda, Abogadoteruelano, quien con escrituras y otros muchos documentos justificativosprobó la verdad del trágico suceso de que vamos a tratar.

Capítulo VII.

Los Amantes de Teruel.

Por los escritos que se conservan y por una constante tradición nointerrumpida hasta nuestros días, saben los vecinos y moradores deTeruel, que a fines del siglo XII existían en esta ciudad las dosilustres familias de los Marcillas y Seguras.

La casa solar de estos era la que hoy es cochera de la del Conde de laFlorida y la de aquellos se hallaba al frente ambas familias pues,vivían en la antigua calle de Ricos-hombres (ahora de los Amantes), enla que todavía se conservan las casas de otras familias nobles, cuyasarmas están sobre sus puertas.

D. Juan Diego Martínez de Marcilla[9] hijo de D. Martín Garcés deMarcilla y de D.ª Constanza Perez Tizon[10], profesaba desde sus mastiernos años amorosa inclinación a Doña Isabel de Segura, hija únicade D. Pedro Segura, amen de caballero muy rico: la sensible jóvencorrespondía tiernamente a la pasión de D.

Diego, quien a la edad deveintidos años manifestó a su amada, que deseaba tomarla por esposa;Isabel le contestó que iguales eran sus deseos, pero que tuvieraentendido no lo haría sin que sus padres se lo mandasen: esta prudentecontestación encendió mas en Marcilla la llama de su amor, y buscandoocasión propicia, hizo entender sus deseos al padre de la enamoradaIsabel.

Este procuró desentenderse del casamiento de su hija con buenaspalabras, diciendo: «que ciertament el era mui bien pagado del jóven, eque venía bien; non se quejase, e que su padre tenía otros fijos quenmas non le podía heredar, e quel podía dar a su fija treinta milsueldos, e que apres tenía toda su casa, asá que non lo faría[11].

Desengañado Marcilla, y convencido de que la falta de riquezas era elverdadero obstáculo para conseguir la mano de su adorada Isabel, informóa esta de la contestación que le había dado su padre, y la persuadió leconcediera un plazo de cinco años, ofreciéndola «ir a treballar por mary por tierra en dó hubie dineros.» Colocada Isabel en la amargaalternativa de renunciar a su pasión o de disgustar a su padre, otorgó asu amante el plazo que le pedía, y Marcilla partió para la guerra contramoros, confiado en la fidelidad y constancia de su amada, y decidido atodo trance en adquirir lo que le faltaba.

Durante la ausencia de Marcilla no se descuidó el Padre de Isabel enprocurar a su hija el desvanecimiento de su arraigada pasión, al efecto,evitó que esta adquiriera noticia alguna de su amante; trató dehalagarla con las ventajas de otro casamiento y aun la hostigó para quetomase marido; pero Isabel, con filial y respetuosa modestia, diole porrespuesta que las mugeres no se deben casar, sin que primero sepan ypuedan gobernar la casa, y además tenía hecho voto de virginidad hastalos veinte años.

Su padre, que la amaba tiernamente y que tampoco desconocía la situaciónde su hija, quiso complacerla, y se resignó a esperar el plazo que ellaindicaba, tratando al mismo tiempo de evitar que recibiese cartas ninoticias de su amante.

Llegó el día en que ya habían trascurrido los cinco años, y el padre deIsabel conoció ser llegado el momento de triunfar de la resistencia desu hija. Armado de su autoridad, de los halagos y de la persuasión,«Fija, la dijo: es mi deseo que tomes tu compañía.» Isabel, acosada porel vencimiento del plazo, ignorando la vida de Marcilla, recelosa de nohaber tenido cartas suyas, y temerosa de oponerse a la voluntad de supadre, condescendió a la propuesta, y este aprovechando la oportunidaddel rendimiento de su hija, hízola contraer esponsales con D. PedroFernandez de Azagra, heredero del Señorío de Albarracin, y al pocotiempo se celebraron las bodas.

Holgáronse de ello los padres y deudos de ambas familias, pero la noviadio en estar de adelante melancólica y pensativa; las galas servíanla deun torcedor y su trage era un vestido de luto. En el mismo día delconvite de la boda, penetró un page en el aposento de Isabel y la dijo:que al viejo Marcilla acababan de darle noticia de que su hijo venía muyrico[12] y con salud, por lo que todos estaban llenos de regocijo. Conefecto, en aquel mismo día entró Marcilla en Teruel, y en la casa de suspadres le refirieron que Isabel se había casado con Azagra, hermano delSeñor de Albarracin.

Según antigua tradición, Marcilla fue a Teruel por el camino de SanCristóbal, y al llegar a los Arcos oyó que daban las once en una torrede la ciudad, e hincando espuela a su cabalgadura dijo a su escudero:«Camacho, perdidos somos.»

Marcilla, aunque consternado con la infausta noticia del casamiento deIsabel, procuró empero cuanto pudo recatar su profunda pesadumbre, parano ahogar la alegría de sus regocijados padres, y se apercibió cautelosopara tener con ella una entrevista. Logró entrar disfrazado en la casade su amada, la vio bailar en medio de los convidados, y traspasado dedolor abandonó aquel sitio de tormento y se introdujo en el aposentoarreglado para el tálamo de los novios.

Concluido el festín y despedidos los convidados, se recogieron losdesposados a su cuarto y Marcilla no pudo salir del sitio donde estabaescondido. El novio Azagra quiso usar del derecho que le concedía elmatrimonio, pero Isabel le rogó y consiguió que se abstuviese poraquella noche, única que le faltaba para cumplir al cielo cierto voto.

Dormido ya Azagra, salió muy quedo Marcilla, y dominándose cuanto podíapor no ser oído, habló y reconvino brevemente a Isabel; esta procuródisculparse por haber pasado el plazo, no haber recibido cartas suyas, yhaberla obligado su padre cuando estaba celosa y desdeñada. En el fuegodel amor, en el arrebato de los celos, y en premio de su fe y de susservicios, pidió Marcilla a Segura la fineza de un beso, pero esta se lonegó como esposa fiel y como honrada: Marcilla una y otra vez importunóa Isabel y una otra vez negose ella.

Luchando entonces el infeliz Marcilla entre el pundonor de caballero, ladelicadeza de cortesano, y el fuego devorador de su pasión y de loscelos, reconvino por última vez a Isabel diciéndola: «¿No considerasque sino fuera yo tan cortesano, tomara lo que te pido a la fuerza,matando a tu esposo y mi enemigo? Pero no lo permita el santo cielo, queno lo quiero yo sino con gusto: hazme pues este bien: bésame que memuero.»

Dijo, y no consiguiendo que Isabel accediese a su demanda, cayó exánimea sus pies, despidiéndose con estas palabras: a Dios, Isabel.

Luego que esta desgraciada reconoció el rostro de su amante, halló sufrente sin calor, y observó que no respiraba su pecho, se convenció dela muerte, y prorrumpió en desesperadas voces y lamentos: despertose sumarido y enterado del suceso, para libertarse de los procedimientos dela justicia y del enojo de los deudos de Marcilla, determinaron llevarsu cadáver a la puerta de la casa de su padre, lo que ejecutaron sin servistos por la cautela con que lo hicieron, y por que, según digimos enotro lugar, la casa de los Marcillas se hallaba frente a la de losSeguras.

Al día siguiente, la luz descubrió el infortunio que la noche conservaraoculto: los primeros que pasaron por la calle, reconocieron laidentidad del cadáver de Marcilla y le hallaron cubierto el rostro consu montante al lado. Noticiáronlo a su padre, quien sobre dicho cadáverde su hijo, entre deudos y amigos, tributó el justo homenaje de paternalsentimiento y desahogó su pecho con imprecaciones de venganza.

Tan lamentable caso escitó la piedad de los sensibles teruelanos, yhasta el mismo esposo de Isabel acudió a la casa de Marcilla para quitarsospecha, y consolar al afligido padre.

Luego que el sentimiento diolugar a la reflexión, determinaron enterrar a D. Diego al día siguientey prepararon tan triste acto con toda la pompa que se merecía un jóventan célebre y distinguido, como funestamente desgraciado.

A la sazón Teruel era plaza de armas en la empresa que el rey D. Jaimequería hacer contra los moros de Valencia; había diez banderas desoldados y corporaciones eclesiásticas; componíase su población deaquellos soldados ilustres y aguerridos que, haciéndose superiores a lospeligros y fatigas de la guerra, habían sabido levantar, según digimosantes, las murallas y fortalezas de la ciudad, contrarestando loscontinuos ataques de numerosos ejércitos moriscos.

En la Iglesia de San Pedro se celebraban las exequias de Marcilla; y ellúgubre clamor de las campanas anunció a Teruel la hora del funeralaparato: hombres y mugeres de distintas edades acudieron a la casa deldifunto, así como los eclesiásticos de San Pedro y de las demásparroquias: el entierro marchaba en esta forma: iban delante lossoldados en orden de batalla, detrás cuatro capellanes llevaban enhombros el cuerpo de Marcilla; seguían los oficios con hachasencendidas, los capuces, las gramallas[13] de los deudos y amigos; y enpos de todos una pequeña escolta y casi todo el pueblo de Teruel.

La desconsolada Isabel apenas oyó desde su retrete los tristes cánticosdel entierro, hizo que la dueña que la acompañaba, subiese con ella a lareja mas alta de la casa, para ver el funeral concurso: así quedescubrió el féretro donde iban los últimos despojos de su malogradoamor, quedó pasmada por algunos momentos,

y

abandonándose

luego

a

lasirresistibles

inspiraciones de su corazón, se despojó de todas sus galasvistiose con un mongil de bayeta, y despeinado el cabello, bajó a lacalle muy apresurada, y confundiéndose entre las muchas mugeres queacompañaban el duelo, pudo seguir llena del mayor abatimiento: en eltránsito se reconvenía de haber sido la causa de la desgracia deMarcilla y ella misma se acusaba y condenaba, haciendo a la vez defiscal, de juez y de reo.

Entró el entierro en la Iglesia de San Pedro, el cadáver de Marcilla fuecolocado en un gran túmulo y diose principio al Oficio. La infelizIsabel, no pudiendo resistir mas, abrió al dolor la llave, dio riendasuelta al llanto, y abalanzándose cubierta a donde estaba el féretro,esclamó:

¿Es posible que estando tu muerto, tenga yo vida? No tengas de mi feduda que pueda vivir un solo punto; ¡ay! perdona mi tardanza, que alinstante contigo me tendrás.

Dijo, y descubriéndole la cara le dio un beso tan fuerte que se oyó entoda la Iglesia, y con un ¡ay! faltole el aliento en un instante y laParca puso un sello en sus ojos.

Creyeron los circunstantes sería alguna deuda o hermana del difunto,pero cuando el clero principiaba el In exitu, fueron a apartarla y laencontraron inmóvil: llámanla hasta tercera vez, y no responde;descubren el manto que la velaba el rostro, y ven era Isabel que teníasu boca pegada a la de Marcilla, y su cuerpo sirviéndole de losasepulcral: la sensible y virtuosa Isabel, después de haber apurado elcáliz amargo de dilatadas penas, buscó en alas de la muerte la compañíade su amante hasta el mismo templo de la eternidad.

La estraña singularidad del suceso, el respeto imponente del lugarsagrado, el pavoroso aparato funeral, y la melancólica gravedad de todoslos semblantes, dejaron absortos a cuantos se hallaban en el templo:Azagra, esposo de Isabel, procuró entonces quitar de esta toda sospechay refirió en voz alta el trágico suceso de su casa en la nocheprecedente.

Todos quedaron perplejos, y nadie se atrevía a proponer la resoluciónque debía adoptarse, hasta que un viejo, pariente de Marcilla, de muchaautoridad y cuyas razones pasaban por oráculo, sacó al concurso de laduda. «Supuesto, dijo, que es verdad cierta que Isabel y Diego, desdeniños se tuvieron entrañable amor, y que en su ausencia larga han pasadolos dos una pena y un tormento, y que juntos ambos han padecido ungénero de muerte; y supuesto también que se ligaron los dos con palabray juramento de esposos, primero que Azagra, será razón que se entierrenlos dos juntos en un sepulcro.»

Oído este parecer, mereció la aprobación de los padres de Isabel y de D.Diego, del Justicia y Regimiento: Azagra consintió también en ello, ycolocaron juntos en un sepulcro de alabastro a los dos Amantes,honrando su fidelidad con muchos epitafios.

Esto sucedió en el año 1217, siendo juez de Teruel D.

Domingo Celada:este y algunos eclesiásticos y vecinos de la parroquia de S. Pedro,dejaron por escrito consignado el hecho para memoria de la posteridad.

Capítulo VIII.

Los esqueletos de los Amantes de

Teruel.

Según resulta de las apuntaciones del archivo de S. Pedro, y deEscrituras públicas y demás documentos justificativos que en su citadolibro trae el Sr. Gabarda; el año 1555, siendo juez de Teruel MiguelPerez Arnal, al labrarse una capilla antigua de la Iglesia de San Pedro,se hallaron los cuerpos de D. Diego Martínez de Marcilla y de DoñaIsabel de Segura, en un sepulcro y enteros, sin estar casi nadagastados.

En 13 de Abril de 1619, fueron encontrados sepultados juntos en lacapilla de los Santos Médicos Cosme y Damian, en la misma parroquia deSan Pedro, los esqueletos de dichos Amantes, con señales evidentísimasde ser los pertenecientes a D. Diego y D.ª Isabel.

En 1708, con motivo de la nueva obra que se hizo en la Iglesia de SanPedro, fueron trasladados al claustro inmediato que tiene la parroquia yque servía de cementerio, y allí se colocaron los dos juntos, puestos enpie, en un armario metido en la pared, donde recibían las visitas decasi todos los forasteros estrangeros o nacionales, que aun cuando solose detengan pocas horas en Teruel, rara vez dejan de acudir a satisfacersu curiosidad.

Sobre dicho armario se leía:

Aquí yacen los celebrados Amantes de Teruel, D. Juan Diego Martínez deMarcilla y D.ª Isabel de Segura. Murieron en 1216 y en el de 1708 setrasladaron a este panteon.

En el año 1814 cuando pasó el rey D. Fernando VII por Teruel, se sacarondel armario los dos esqueletos de los Amantes y los colocaron adornadosen la sacristía de la Iglesia de S. Pedro donde fueron visitados por elrey y la grandeza de su comitiva, restituyéndolos después a su moradaordinaria.

En Mayo de 1854, después de haber adquirido los fondos necesarios paraerigir a los dos esqueletos un sitio mas decente y que correspondiera asu justa celebridad, fueron trasladados con gran regocijo de losteruelanos al salón que se les tenía hecho en el mismo claustro de laIglesia parroquial de S. Pedro, y se les colocó en una magnífica urna denogal con preciosos embutidos, construida por el ebanista D. AntonioLacarrier, natural de París y concluida por su discípulo D. PolicarpoSerrano, también ebanista y vecino de Teruel.

Dicha Urna, que hemos examinado detenidamente, es un templete de ordencorintio, sostenido por ocho columnas, que se le puede dar vuelta alrededor y ser vistos los Amantes con toda claridad: la figura esoctógona y tiene un metro y noventa centímetros de ancho, y cuatrometros, cuarenta y cinco centímetros de alto: se compone de seiscientasquince piezas de pino para la armazón interior, de ochocientas noventa yseis de nogal y de cuatro mil nuevecientas veinticinco de doradillo, queal todo hacen 6436 piezas.

El Salón, que es una nave rectangular, está dividido por su longituden cuatro espacios de tres metros: tiene cuatro pilastras por lado quelimitan los espacios, y en cada uno de ellos hay un cuadro apaisado conmolduras de relieve, y encima de la puerta de entrada por la parteinterior hay otro cuadro igual a los anteriores: sobre dichas pilastrasdescansa el cornisamento y se elevan unos esbeltos arcos apuntados ydecorados con molduras, y el todo está cubierto por bóveda de arista,formando el conjunto de este salón, una bella nave que pertenece alorden gótico-bizantino.

Los esqueletos de los Amantes, están bien conservados, y solocubiertos con unas enaguas cortas de gasa muy trasparente, para quepuedan ser vistos y examinados por los que les visiten: el de D.ª Isabelestá a la derecha del de D. Diego, y es de admirar como después de tantotiempo se hallan en tan buen estado.

¡Y qué diferente efecto, dice el Sr. Gabarda, produce la vista de estosilustres esqueletos a la curiosa multitud que los visita! El vulgoadmirador se sobrecoge por un especie de pavor sagrado; el livianosuperficial sale haciendo asquillos, porque sus ojos no han visto masque los materiales despojos de la humanidad; el ilustrado naturalistacontempla absorto el prodigio de este fenómeno físico; y el sabio, quepenetra el poder de las pasiones y la moralidad de las accioneshumanas, esperimenta en su presencia un recogimiento respetuoso, queevocando los pensamientos mas serios, le hace esclamar en el silencio desu corazón; ¡Padres de familia! procurad con la educación, con vuestroejemplo, con la persuasión y hasta con vuestra autoridad, precaver avuestros hijos del trato e inclinaciones con aquellas personas, quevuestra prudencia no juzgue convenientes para unir con ellas la sangre,la fortuna y el nombre de vuestra alcurnia; pero si vuestro descuido, ola imperiosa voz de la naturaleza, en fuerza de irresistibles simpatías,han llegado a crear la necesidad de la unión de dos almas sensibles,respetad este inesplicable enajenamiento del amor, esta pasión queconsume y alienta, que no se enciende mas que una vez en la vida, y quesacrificada con violencia, termina desastrosamente castigando

laterquedad

de

los

padres

con

dolorosos

remordimientos, que les acompañanhasta las tristes sombras del sepulcro.

Sobre los AMANTES DE TERUEL han escrito: Juan Yagüe de Salas, unpoema; Juan Perez de Montalvan, una comedia; Andrés Rey de Artieda,una tragedia; D. Juan Eugenio Hartzenbusch, un drama; Renato deCastel-Leon, una novela histórica; D. Isidoro Villarroya, una novela; D. Esteban Gabarda, una historia y además en distintas épocas hanescrito en menor estensión sobre dichos AMANTES, Blasco de Lanuza, Don Isidoro Antillon, D. Pedro Albentosa, y algunos otros.

Capítulo IX.

Los Obispos de Teruel.

Pocos años después de la fundación de Teruel, su primitiva Iglesia deSanta María fue parroquial, como luego lo fueron las de San Salvador, S.Miguel, San Juan, San Pedro, San Andrés, Santiago, San Martín y SanEsteban, la cual fue unida a la de S.

Pedro en 1292: la misma de SantaMaría se hizo Colegiata en 1423, con autoridad de Don Alonso, Obispo deZaragoza; dándole constituciones en 1425. El Rey D. Pedro el IVennobleció a Teruel con el título de Ciudad, aunque solicitó de la SantaSede la erección de Catedral, no tuvo efecto hasta que a petición deFelipe II fue erigida por Gregorio XIII en 30 de Julio de 1577, yarreglada por Sisto V en Bula de 5 de Octubre de 1587, y confirmadadespués por Clemente VIII por la suya de 3 de Julio de 1593.

Al fallecimiento de D. Fernando de Aragón, Arzobispo XIII de Zaragoza,ocurrido en 29 de Enero de 1577, fue nombrado en este año Obispo deTeruel, D. Juan Perez de Artieda, Canónigo de Zaragoza, pero comomurió antes de ser consagrado no empezamos por él el Catálogo de losObispos, y sí por el que realmente lo fue.

PRIMER OBISPO DE TERUEL, Don Andrés Santos: este Prelado nació enQuintanar de la Vega, diócesis de Leon: fue inquisidor en los tribunalesde Llerena, Cuenca, Córdoba, Valladolid y Zaragoza: tomó posesión en 20de Diciembre de 1578, y fue muy estimado de los teruelanos por susvirtudes, talento y prudencia: hizo varios reglamentos conforme a loscánones y disciplina de la Iglesia, y de algunos se hace memoria en lasConstituciones Synodales de su sucesor: la Iglesia de Teruel le debe suprimer forma y orden, cuyos servicios fueron tan agradables al Rey quele trasladó a la metropolitana de Zaragoza en Marzo de 1579; salió deTeruel en 28 de Julio del mismo año, y la mayor parte de los vecinos deesta ciudad le acompañaron hasta una gran distancia, habiendo sidosentida por todos su partida, especialmente por los pobres. Asistiódespués a las Cortés de Monzon, murió en 13 de Noviembre de 1585, y fueenterrado con la mayor solemnidad en el templo del Salvador de la ciudadde Zaragoza.

2. D. Jayme Gimeno de Lobera: natural de Ojos negros pueblo de laprovincia de Teruel: era Arcediano de la Cámara de Huesca y Jaca, y Juezde competencias de Aragón: fue nombrado Obispo de Teruel en 25 deNoviembre de 1579 y tomó posesión en 10 de Junio de 1580, edificó lacasa episcopal, gastando en está obra doce mil ducados; hizo Estatutospara el buen gobierno de la Catedral que aprobó y confirmó Clemente VIIIen su Bula de 3

de Julio de 1593: se celebró con su autoridad en laciudad de Teruel el primer Sínodo diocesano en el mes de Febrero de1589, cuyas constituciones arreglaron el buen orden en el culto divinoy funciones de dicha Iglesia. Visitó el Obispado dejando en todas partesmemoria de su liberalidad y misericordia con los pobres, y consagró laIglesia de Camañas, pueblo de la provincia de Teruel. En la Catedral hayun Crucifijo de marfil en Cruz de plata dorada y otras alhajas querecuerdan su episcopado. En las alteraciones del orden en el Reino, fuenombrado Virrey, y después de haber procurado la paz se restituyó a suIglesia, en donde murió en 12 de Diciembre de 1594. Sus entrañas fueronsepultadas en el Presbiterio de la Santa Iglesia Catedral de Teruel, ysu cuerpo fue trasladado a Zaragoza a la Iglesia del Pilar y colocado enla capilla de San Miguel, que había sido construida a sus espensas.

3. D. Francisco de Val, natural de Cogolludo en el Obispado deSigüenza, era Arzobispo de Callér en Cerdeña cuando fue nombrado para laIglesia de Teruel, y habiendo pasado a Roma murió allí y no se verificósu residencia.

4. D. Martín Ferrer, natural de Daroca, provincia de Zaragoza, fueColegial Mayor de San Ildefonso en Alcalá de Henares y Canónigo de lametropolitana de la capital de Aragón: en 1593

fue electo Obispo deAlbarracin en donde permaneció tres años y algunos meses, dando ejemplosde su piedad con los pobres socorridos por sus limosnas; a su costa seedificó la torre de aquella Catedral, Iglesia que nunca olvidó pues en1604 dotó competentemente la solemnidad de la octava de la fiesta alSmo.