Filosofía Fundamental Tomo II by Padre Jaime Luciano Balmes - HTML preview

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Filosofía Fundamental, Tomo II

FILOSOFÍA FUNDAMENTAL

por

D. JAIME BALMES, PRESBÍTERO

TOMO II.

Barcelona: IMPRENTA DE A. BRUSI. 1818.

LIBRO SEGUNDO.

DE LAS SENSACIONES.

CAPÍTULO I.

LA SENSACION EN SÍ MISMA.

[1.] La sensacion, considerada en sí, es una mera afeccion interior;pero va casi siempre acompañada de un juicio mas ó menos explícito, masó menos notado por el mismo que siente y juzga.

Veo dos molduras á una distancia conveniente: no descubro entre ellasninguna diferencia. Aquí hay dos cosas.

1ª. Esa afeccion interior, ó apellídese como se quiera, que llamamos ver

. En cuanto á esto, no me cabe ni puede caberme duda. Podré estardispierto ó dormido, en sano juicio, ó demente; podrán ser las moldurassemejantes ó desemejantes, y hasta existir ó no existir; pero encualquiera de dichas suposiciones, dentro de mí pasa esta representacionque llamo ver las molduras

.

2ª. Juzgo que en realidad, á mas de la afeccion que experimento,existen las dos molduras, están colocadas en frente de mí, y son ambasde relieve. En esto cabe error: por ejemplo, si duermo, si deliro; si envez de tenerlas delante, las tengo á la espalda, y me hace ilusion unespejo que me las refleja; si no hay mas que un papel colocado detras deun vidrio cuya construccion es á propósito para que reciba mi retina lamisma impresion que con la presencia del objeto; ó si no habiendoninguna de dichas ilusiones, un pintor hábil ha dado al lienzo la mismaapariencia que si fueran de relieve; ó siendo la una de perspectiva, nolo es la otra.

De esto se infiere que existiendo el mismo hecho interno que se llama sensacion

, pueden suceder los casos siguientes.

1º. Que no haya nada en lo exterior.

2º. Que haya las molduras, pero colocadas en distinta posicion.

3º. Que haya un objeto exterior, pero nó las molduras.

4º. Que estas existan, pero que sean ambas planas, ó una de relieve yotra plana.

Este resultado conduce á una consecuencia evidente y es, que la simple

sensacion no tiene una relacion necesaria con el objeto externo; puesella puede existir, y existe en efecto muchas veces, sin objeto real.

Esta correspondencia entre lo interno y lo externo es de la incumbenciadel juicio que acompaña á la sensacion, nó de la sensacion misma.

Si los brutos objetivan las sensaciones, como es muy probable, elinstinto suplirá en ellos el juicio; ó se hallarán en el mismo caso queel hombre antes del uso de las facultades intelectuales.

La sensacion pues, considerada en sí, no atestigua: es un hecho que pasaen nuestra alma: si efectivamente ha habido accion de un objeto externosobre nuestros órganos, y si este objeto es tal como parece, no le tocael discernirlo á ella que es una afeccion de nuestro ser, un hechosimple, nada mas.

[2.] Figurémonos un animal reducido al solo sentido del tacto, y auneste, nó desarrollado como en nosotros, sino circunscrito á pocas ygroseras afecciones, como las de caliente ó frio, húmedo ó seco, ycomparémosle con la sensibilidad humana: ¡qué inmensa distancia! lasensibilidad en dicho animal, está en los confines de lo insensible; yen el hombre se acerca ya á la region de la inteligencia; surepresentacion sensible, es tan extensa y variada, que reproduce en lointerior todo un mundo, y podria reproducir otros infinitos.

Nosotrosnos hallamos en el grado mas alto de la escala, al menos en lo sujeto ánuestra observacion: ¿quién es capaz de señalar el mas elevado posible?

[3.] Por desplegada ó perfecta que se suponga la sensibilidad, distamucho de la inteligencia, y permanece siempre separada de la misma, comode una facultad de especie diferente. Por cuya razon, aun cuandosupongamos que las facultades sensitivas sean capaces de unaperfectibilidad indefinida, no se infiere de esto que pudiesen elevarsejamás á la esfera de la inteligencia propiamente dicha.

Estaperfectibilidad seria en un órden diverso, que nunca podria confundirsecon el de los seres intelectuales.

Si suponemos que un color seperfecciona hasta lo infinito, jamás llegará á ser un sonido, ó un saboró un olor, y vice-versa; ¿por qué? porque la perfectibilidad estácircunscrita al órden respectivo; de la propia suerte, y con mas razon,por mas que la facultad sensitiva se perfeccionase, jamás llegaria á serinteligencia.

Esta observacion es importante para prevenir uno de los errores masfunestos de nuestra época, que consiste en mirar el universo, como elresultado de una fuerza misteriosa, que desplegándose con un movimientoespontáneo, pero necesario y continuo, va engendrando los seres yelevando sucesivamente las especies con una perenne transformacion. Así,la mayor perfeccion del organismo vegetal produciria las facultadesanimales; estas, perfeccionándose, se convertirian en sensitivas; y ámedida que irian progresando en el órden de las sensaciones, seacercarian á la region de la inteligencia, que al fin podrian alcanzar.Con este sistema tiene no poca analogía el que hace del pensamiento unasensacion transformada: con él queda borrada la línea divisoria entrelos seres inteligentes y los no inteligentes; las sensaciones de laostra podrian irse perfeccionando hasta convertirse en una inteligenciasuperior á la de Bossuet ó Leibnitz; el desarrollo de las facultades delhombre estatua, seria un emblema del desarrollo del universo.

[4.] Ya se ha podido notar que al presente hablo de la facultadsensitiva en sí misma, prescindiendo de sus relaciones con los objetosexternos: y por lo mismo comprendo en la palabra sensacion

, todas lasafecciones de los sentidos, ya sean actualmente producidas, yarecordadas, ya imaginadas, es decir todas las afecciones, en toda laextension de la escala, desde que hay conciencia directa de las mismas,ó están presentes al ser que las experimenta, hasta que se llega allímite en que comienza la inteligencia propiamente dicha.

No es posible tirar aquí la línea divisoria entre lo sensible y lointeligente; esto exige extensas y profundas consideraciones sobre lasensacion comparada con la idea; lo que no corresponde á este lugar:pero bueno será haber señalado la existencia de esta línea para que nohaya confusion en una materia delicadísima, y en la que no se yerra sinconsecuencias trascendentales.

[5.] ¿En qué consiste la sensacion? ¿cuál es su naturaleza íntima? Solosabemos que es una modificacion de nuestro ser, y nos es imposibleexplicarla. Todas las palabras no bastan para dar idea de una sensacioná quien no la experimenta; el ciego de nacimiento estaria oyendo cuantohan dicho y escrito los filósofos sobre la luz y los colores, sin poderimaginarse lo que son los colores y la luz.

En esto no cabe otra enseñanza que la experiencia; de suerte que sisuponemos un hombre con una alteracion de sentido tal que lo verde leparezca constantemente amarillo, y lo amarillo verde, no saldrá jamás desu equivocacion á pesar de un continuo trato con los demás hombres; y nollegará nunca á sospechar que durante toda su vida ha estado empleandolas dos palabras, verde y amarillo, tomándolas en sentido diferente delque les daban los otros.

[6.] Por analogía, y hasta por inclinacion natural, creemos que losbrutos no son meras máquinas, y que tienen tambien sensaciones. Lainmensa escala en que se hallan distribuidos los irracionales,manifiesta que la facultad de sentir está esparcida por el universo conuna profusion asombrosa, y en grados muy diferentes.

Nuestra experiencia se limita al globo que habitamos: ¿los límites de lavida sensitiva, son los mismos que los de nuestra experiencia? Aun conrespecto al globo, la observacion está circunscrita á lo que permite laimperfeccion de nuestros sentidos y de los instrumentos auxiliares:¿hasta qué punto se prolonga la cadena de la vida? ¿dónde está eltérmino? En los seres que tenemos por inanimados, ¿hay algunaparticipacion de esa facultad misteriosa? ¿Se compondrá el universo deun conjunto de mónadas dotadas de cierta percepcion, como pretendeLeibnitz? Esto es una hipótesis destituida de fundamento; pero siendotan limitados nuestros medios de observacion, andemos con mesura alseñalar un linde á la region de la vida.

[7.] Comunmente se habla de la facultad de sentir cual de una cosa de unórden muy inferior; así es en efecto, si se la compara con lasfacultades intelectuales; pero esto no quita que considerada en sí, seaun fenómeno admirable, capaz de asombrar y confundir á quien meditesobre él.

Sentir!… con esta sola idea se da un salto inmenso en la escala de losseres. ¿Qué es lo insensible comparado con lo sensible? Lo insensiblees, mas no experimenta que sea; nada hay en él, sino él mismo; losensible experimenta que es, y hay en él algo mas que él mismo, todocuanto él siente, todo cuanto se representa en él. Lo insensible, aunrodeado de seres, está en completo aislamiento, en la soledad; losensible, aun solo, puede estar en un mundo de representaciones devariedad infinita.

[8.] La idea del

yo

es aplicable en cierto modo á todo ser sensitivo;pues no se concibe la sensacion, sin un ser permanente

, queexperimenta lo

transitorio

; es decir sin un ser

uno

, en medio de la

multiplicidad

. Todo ser sensible, si fuese capaz de reflexion, podriaá su manera decir, yo

; porque de todos se verifica que es

uno mismo

el ser que experimenta la

variedad

de sensaciones. Sin este vínculo,sin esa unidad, no hay un ser sensible, sino sucesion

de sensaciones,como fenómenos inconexos del todo.

[9.] No hay sensacion sin conciencia directa; pues que no siendo estaotra cosa que la misma presencia del fenómeno al ser que lo experimenta,seria contradictorio el decir que se siente sin conciencia. Unasensacion experimentada es una sensacion presente; no se concibe, es unabsurdo, una sensacion no presente, es decir no sentida (V. Lib. 1. §.226.)

[10.] Toda sensacion trae consigo presencia, ó sea conciencia directa,mas nó representacion. Esta es una distincion que me parece deimportancia. Las sensaciones del olfato, del sabor, del oido, no sonrepresentativas: son inmanentes en sí y en su objeto: esto es que un serque las experimentase, podria creerse encerrado dentro de sí propio, yen una soledad absoluta, sin relacion con otros seres; pero el tacto ysobre todo la vista, son de suyo representativos, envuelven relacion áobjetos; y aunque el ejercicio de ellos sea inmanente, incluyen noobstante, alguna relacion á otros seres, y nó como á simples

causas

dela afeccion interna, sino como á

originales

representados en lasensacion.

La clase de seres sensibles dotados de facultad representativa, parecede un órden muy superior á los demás; entonces hay no solo concienciaen el ser, sino tambien una fuerza misteriosa por la cual ve dentro desí un mundo entero.

[11.] ¿Cuál es el grado mas perfecto de la vida sensitiva? ¿Cuál el masimperfecto? No pudiendo juzgar de estas cosas sino por experiencia y poranalogía, nada se puede responder á dichas cuestiones. Pero atendida lainmensidad de la escala que la experiencia nos pone á la vista, podemosconjeturar que la naturaleza es mucho mas rica de lo que nosotros nosimaginamos. Dejémosle sus profundos arcanos, y contentémonos consospechar que existen.

CAPÍTULO II.

LA MATERIA NO PUEDE SENTIR.

[12.] El fenómeno de la sensibilidad nos revela la existencia de unórden de seres distintos de la materia. La organizacion material porperfecta que se la suponga, no puede elevarse á la sensacion; la materiaes de todo punto incapaz de sentir; por manera que el absurdo sistemadel materialismo es insuficiente para explicar no solo los fenómenos dela inteligencia, sino tambien los de la sensacion.

Poco importa que nosotros no sepamos en qué consiste la naturalezaíntima del ser sensible, ni aun de la materia; bástanos conocerpropiedades que les son esenciales para poder inferir con todaseguridad, que pertenecen á órdenes totalmente distintos. No es verdadque sea necesaria la idea cabal de la esencia de dos cosas, parademostrar que tienen entre sí absoluta contradiccion; mil vecesconsideramos dos figuras geométricas cuya propiedad constitutiva nos esdesconocida, y sin embargo no dejamos de ver que son muy diferentes, yque es imposible que la una sea la otra.

La materia, opínese como se quiera sobre su propiedad constitutiva, espor necesidad un ser compuesto: una materia sin partes, no es materia.Un ser compuesto, aunque pueda decirse uno

, en cuanto sus partestienen entre sí union y conspiran á un mismo fin, es siempre un conjuntode muchos seres; pues que las partes, por estar unidas, no dejan de serdistintas. Si la sensacion perteneciese á un ser compuesto, lo sensibleno seria un ser solo, sino un conjunto de seres; es así que la sensacionpertenece esencialmente á un ser

uno

, y no se la puede dividir sindestruirla, luego ningun ser compuesto es capaz de sensacion; luego lamateria, por mas bien organizada que se la suponga, no puede sentir.

Observando lo que sucede en nosotros, y discurriendo por analogía conrespecto á otros seres sensibles, podemos notar que entre la variedad desensaciones hay un ser solo que las percibe; el mismo ser es el queoye, el que ve, el que toca, el que huele, el que saborea; el mismo seres el que recuerda estas sensaciones cuando han desaparecido, el que lasbusca cuando le son agradables, el que las huye si le son ingratas, elque goza con las primeras, el que sufre con las segundas; esto entra enla idea de ser sensible; por manera que si en los brutos no hubiese esesujeto comun

de todas las sensaciones,

uno

en medio de lamultiplicidad,

idéntico

entre la diversidad,

permanente

debajo de lasucesion, no serian seres sensibles tales como nosotros los concebimos,no sentirian propiamente hablando, pues que no hay sensacion tal comoaquí la entendemos, cuando no hay un ser al cual afecta, un ser que lapercibe.

Si fingimos un flujo y reflujo de sensaciones sin ningun vínculo, sin unser único que las experimente, lo que nos resulta no es un ser sensible,sino un conjunto de fenómenos, de los cuales cada uno por sí solo nospresenta la misma dificultad que todos reunidos; es decir, la necesidadde un ser que le experimente.

[13.] Tomemos un compuesto de dos partes, A y B, y veamos si se puedelograr la sensacion de un sonido por ejemplo. Si ambas partes sienten, óambas sienten todo el sonido, ó cada cual una porcion de él; si ambas lesienten por entero, una de ellas está de sobras, pues que no tratamosmas que de explicar la realizacion del fenómeno, que ya se verificariacon una sola. Si cada parte siente, nó el sonido por entero, sino unaporcion de él, tenemos el sonido dividido. ¿Y qué es la division de unsonido?

Además, aun hecha la imaginaria division de sonido, tampoco nos resultaexplicado el fenómeno; porque la parte del sonido sentida por A, no serásentida por B; luego jamás podrá resultar una sensacion completa.

¿Fingirémos que A y B se ponen en relacion, comunicándose recíprocamentela parte que les corresponde?

pero en tal caso tendremos que A sientetodo lo suyo, y además lo que la comunica B; entonces, ¿á qué viene la Bsi A lo siente todo? ¿por qué no poner toda la sensacion primitiva en A?Salta á los ojos que dicha comunicacion es una hipótesis disparatada,pues que con ella resultaria que para formar la sensacion total seriaindispensable una sucesiva comunicacion de las partes entre sí, y quecada una sintiese lo propio y lo que la transmitiesen las demás,formándose de este modo, nó una sensacion sola, sino cuantas parteshubiese, y resultando nó un ser sensible solo, sino en número igual alde las partes.

Esta hipótesis de la comunicacion al fin viene á parar á la admision denuestro sistema: pues que reconoce la necesidad de la unidad paraconstituir la sensacion. ¿Por qué se comunicarian las partes lo querespectivamente hubiesen sentido? porque nó de otro modo podriaconstituirse la sensacion total, y de esta suerte se haria recibir ácada parte lo que de sí misma no tenia. ¿Y con qué objeto? para quecada una lo sintiese todo; luego la sensacion necesita estar toda en unsolo sujeto; luego al paso que se niega la unidad, se la reconocenecesaria.

[14.] Estas partes A y B, ó serian simples ó nó; si fueran simples, ¿áqué empeñarse en sostener el materialismo, si al fin se habia de llegará seres simples? Decir que la sensacion es un efecto de la organizacion,y sin embargo ponerla en un ser simple, es una contradiccion manifiesta;porque lo simple no puede estar organizado; no hay organizacion cuandono hay partes organizadas. Si se admite el ser simple, y en él se ponela sensacion, entonces la organizacion será, si se quiere, un medio, unconducto, ó una condicion indispensable para la realizacion delfenómeno; pero no será ella el sujeto de este, sino el ser simple. Silas partes no son simples, estarán compuestas de otras; en cuyo caso sepodrá preguntar de ellas, lo mismo que de las primeras; habiéndose dellegar á seres simples ó proceder hasta lo infinito. Si se admite esteproceso, el ser sensible no será uno solo, sino infinitos, y lasdificultades que teníamos con solas dos partes A y B, se multiplicaránhasta lo infinito, resultando en cada ser sensible, nó uno sinoinfinitos, y en cada sensacion nó una sino infinitas.

[15.] Surge aquí una dificultad gravísima. Si la materia es incapaz desentir, el alma de los brutos no es materia, si es inmaterial, esespíritu, lo que no se puede admitir.

Esta dificultad se desvanece fijando bien el sentido de las palabras. Noes lo mismo un ser inmaterial que un espíritu; todo espíritu esinmaterial: pero nó todo ser inmaterial es espíritu. Inmaterial,significa negacion de la materia; espíritu significa algo mas: pues quepor esta palabra entendemos un ser simple dotado de inteligencia y delibre albedrio. El alma de los brutos será pues inmaterial sin que seaespíritu.

Dicen algunos: lo que no es cuerpo es espíritu, no hay medio entre estasdos clases de seres. ¿Por qué? ¿En qué se funda tamaña seguridad? Si sedijese que no hay medio entre lo material é inmaterial, se diria bien;porque efectivamente no hay medio entre el sí y el nó; cualquier cosa esó no es; pero en la idea de espíritu entra mucho mas que simple negacionde materia; entra la idea de un principio activo, inteligente y libre.

[16.] Pero entonces, se dirá, ¿en qué consiste la naturaleza del almadel bruto? y yo preguntaré, ¿en qué consiste la naturaleza de la mayorparte de las cosas que se nos ofrecen? Esta naturaleza, ¿la conocemos ensí ó en sus actos? Nuestra misma alma, ¿la vemos acaso intuitivamente?¿por ventura no la conocemos por los actos de que tenemos conciencia?pues bien; de un modo semejante conocemos el alma sensitiva por susactos, esto es, por el sentir; conocemos que no es materia, porque lamateria es incapaz de sensacion; y á la manera que de nuestra almasabemos que es un ser simple, principio activo dotado de inteligencia ylibertad, podremos decir que el alma de los brutos es un ser simpledotado de la facultad de sentir y de instintos y apetitos en el órdensensible.

Yo no sé lo que es este principio activo considerado en sí; pero susactos me le revelan como una fuerza superior á los cuerpos; como una detantas actividades que vivifican la naturaleza. Esa fuerza vivificantela encuentro en una porcion de materia admirablemente organizada, y cuyaorganizacion conspira á un fin que es el ejercicio armónico de lasfacultades de ese viviente que llamamos animal; el no saber lo que esesa fuerza en sí misma, no me impide el afirmar su existencia, ya quelos fenómenos me la revelan de una manera incontestable.

[17.] ¿Cuál será entonces el destino de esas almas ó de esas fuerzasvitales, en destruyéndose la organizacion que ellas vivifican? ¿Sereducirán á la nada ya que no pueden descomponerse por no constar departes? ¿continuarán existiendo, esperando que les toque el turno depresidir á una nueva organizacion?

Aquí hay varias cuestiones que esbueno deslindar para examinarlas luego por separado.

Si el alma de los brutos no consta de partes, no puede perecer pordesorganizacion; no se desorganiza lo que no está organizado, y no loestá lo que no tiene partes organizables.

De esto se infiere que el alma de los brutos no puede perecer porcorrupcion propiamente dicha, pues que así se ha de verificar de todoser que no esté compuesto de materia. No veo que bajo este aspecto puedaofrecerse ninguna dificultad; pero la cuestion no está resuelta sino ensu parte negativa, pues hasta aquí solo sabemos que el alma de losbrutos no se corrompe ó no muere por descomposicion; fáltanos saber quése hace de ella; ¿se anonada? ¿continúa existiendo? y en tal caso, ¿dequé manera? Estas son cuestiones diferentes.

Ante todo conviene advertir que aquí caben conjeturas, mas bien sobre laposibilidad que sobre la realidad; la filosofía puede hacernos columbrarlo que puede haber, mas nó lo que hay; pues la realidad no puede sernosconocida sin la experiencia, y esta nos falta en el caso presente. Enbuena filosofía, cuando se pregunta lo que hay en este punto, la mejorrespuesta es: no lo sé; cuando se pregunta qué es lo que puede haber,entonces entra el raciocinio fundado en los principios generales, y muyparticularmente en la analogía.

[18.] Suele decirse que nada se aniquila; esta proposicion ha menesterexplicaciones. ¿Qué significa aniquilarse? dejar de ser, sin que restenada de lo que antes habia; si se desorganiza un cuerpo, deja de sercomo cuerpo organizado, pero la materia resta; no hay puesaniquilamiento. ¿Es verdad que nada se aniquila? Segun algunos, espreciso distinguir entre sustancias y accidentes; como estos últimos sonuna especie de seres incompletos, no hay inconveniente en que dejen deser sin que reste nada de ellos, pero en esa desaparicion no habráaniquilamiento propiamente dicho: así vemos que las cosas se transformancontinuamente, es decir, que padecen una sucesion de accidentes, loscuales dejan de existir cuando la cosa deja de ser modificada de lamanera respectiva. En cuanto á las sustancias, si dejasen de ser habriaverdadero aniquilamiento; pero esto no se verifica porque ningunasustancia se aniquila. Así piensan algunos; ignoro lo que hay de verdaden este sistema, pues no sé cual es el fundamento sólido en que puedeestribar. Si hay una sustancia destinada á un objeto, en cesando este¿por qué no podria aniquilarse?

Un ser criado, necesita continuamente dela accion conservadora del Ser criador; por lo cual se dice que laconservacion es una creacion continua; cuando cese el objeto á que sedestina la sustancia criada, qué inconveniente habrá en que se aniquile?No veo que esto repugne ni á la sabiduría ni á la bondad de Dios; cuandoun artífice tiene un instrumento que deja de servir, lo desecha ó loinutiliza: esto en Dios equivaldria á quitar la accion conservadora, yen la criatura, á reducirse á la nada; si no repugna á la sabiduría ybondad de Dios el que un ser organizado se desorganice ó deje de existircomo ser organizado, ¿por qué les repugnará el que una sustancia deje deexistir en habiendo cumplido el objeto al cual estaba destinada?

deesto se infiere que no seria contrario á la sana filosofía el sostenerque las almas de los brutos se reducen á la nada.

[19.] Pero supongamos que no se quiera acudir al aniquilamiento; ¿hayalgun inconveniente en que continúen en su existencia? si lo hay, no loalcanzo.

¿Para qué servirian? no lo sé; pero es lícito conjeturar que absorbidasde nuevo en el piélago de la naturaleza no serian inútiles. Tampocosabemos á qué sirven muchos otros seres, y no obstante, ni por esonegamos su existencia, ni ponemos en duda su utilidad. ¿Quién nos hadicho que la fuerza vital que reside en el bruto no haya de tener ningunobjeto en destruyéndose la organizacion que ella animaba? La destruccionde una planta ¿acarrea por ventura la extincion de todas las fuerzasvitales que en esta residen? y esas fuerzas, por no ejercer su accionsobre el ser organizado que se acaba de destruir, ¿dejan por ventura deser útiles en el misterioso laboratorio de la naturaleza? ¿Quién nos hadicho que una fuerza vital no puede ser útil sino ejerciéndose sobre unobjeto de nuestra observacion? ¿quién nos ha dicho que en los arcanos dela naturaleza las fuerzas vitales no obran en sentidos muy diferentes,muy varios, y que los efectos de su actividad no se presentan de manerasmuy diferentes, segun las circunstancias en que se encuentran, todo conarreglo á las leyes establecidas por la sabiduría infinita? Lamagnífica profusion con que están esparcidas las materias seminales, elsinnúmero de gérmenes que por todas partes descubrimos, esa inmensacantidad de materia susceptible de trasformacion y asimilacion en elviviente, los misterios de la generacion en el reino vegetal y animal,¿todo esto no nos indica que hay derramadas por el universo un sinnúmerode fuerzas vitales, que ejercen su actividad de manera muy varia y enuna escala de extension asombrosa? ¿Quién nos asegura que un mismoprincipio vital no pueda presentar fenómenos muy diversos segun lascondiciones á que está sometido? el que reside en la bellota ¿no es elmismo de la corpulenta encina que ha desafiado el ímpetu de loshuracanes durante algunos siglos? Si la experiencia no lo atestiguase¿quién seria capaz de sospechar que el principio vital de un gusanoinforme y asqueroso es el mismo de una bellísima mariposa? Véase puescomo no es contrario ni á la razon ni á la experiencia, el suponer queel alma de los brutos, esa fuerza vital que en ellos reside, sea lo quefuere, continúa despues de destruida la organizacion de su cuerpo, y queabsorbida de nuevo en los tesoros de la naturaleza, se conserva enellos, nó como un ser inútil, sino ejerciendo su actividad en diferentessentidos segun las condiciones á que se halle sujeta [I].

CAPÍTULO III.

El Sueño y la Vigilia.

[20.] El hecho de la sensacion está enlazado con otros, y de este enlaceresulta una gran parte de nuestros conocimientos. Se ha dicho con tonode mucha seguridad, que no era posible demostrar por las sensaciones laexistencia de los cuerpos, pues que siendo aquellas una cosa puramenteinterna, no era dable que nos condujesen á inferir la existencia de otraexterna, y no habia inconveniente en que todas nuestras sensacionesfuesen un conjunto de fenómenos individuales, encerrados dentro denuestra alma. A primera vista parece imposible soltar la dificultad: sinembargo, si se la examina á fondo, se echará de ver que se le ha dadomas importancia de la que merece.

[21.] La primera objecion que suele hacerse contra el testimonio de lossentidos se funda en la dificultad de distinguir con certeza el estadode vigilia del de sueño. Dormidos recibimos impresiones semejantes á lasque nos afectan despiertos: ¿cómo nos aseguraremos de que la ilusion noes perpetua? El abate de La-Mennais, con aquella exageracion que lecaracteriza, ha dicho: «Quien demostrase que la vida entera no es unsueño, una quimera indefinible, haria mas de lo que han podido todos losfilósofos hasta hoy.»

Yo creo que hay en esto graves dificultades, pero no puedo persuadirmeque sean insolubles. Voy ante todo á examinar, si el sueño y la vigiliason diferentes, no solo á los ojos del sentido comun, sino tambien de larazon. La-Mennais pretende que solo en el tribunal del consentimientocomun puede obtenerse un fallo definitivo y satisfactorio: yo estoyconvencido de que el raciocinio mas severo puede llegar al mismoresultado á que nos conducen de consuno, el sentido íntimo, el sentidocomun, y el consentimiento comun, ó en otros términos, el testimonio denuestro ser y el de nuestros semejantes.

[22.] El hombre encuentra en sí de una manera completamentesatisfactoria la certeza de la diferencia entre el sueño y la vigilia:para saber que estamos despiertos no necesitamos del testimonio de losdemás.

La diferencia entre dichos estados no debe buscarse únicamente en laclaridad y viveza de las sensaciones, y certeza actual que ellasengendran. Es indudable que á veces en el sueño se nos presentan lasimágenes con tanta claridad como sí estuviéramos despiertos, y que porel momento la certeza es completa. ¿Quién no ha experimentado durante elsueño, viva alegría, ó terribles angustias? Es verdad que alguna y muyrara vez, al dispertar, tenemos la reminiscencia de que en el acto mismodel sueño asomaba la duda de si soñábamos; pero esto sucede con pocafrecuencia; y en general puede asegurarse, que el sueño no andaacompañado de ese crepúsculo de razon reflexiva, que nos advierte denuestro estado, y de la ilusion que padecemos. Por lo comun, mientrasdura el sueño, no abrigamos duda sobre lo que soñamos; y abrazamos á unamigo con tierna efusion, ó lloramos desconsolados sobre su tumba, conlas mismas afecciones que nos produciria la realidad.

[23.] La diferencia no se halla en la incertidumbre del momento; puesque por el contrario, solemos tener certeza completa. ¿Dónde está pues?¿cómo la señala la razon? ¿cómo viene la filosofía en apoyo del sentidoíntimo y del sentido comun? Esto es lo que vamos á examinar.

Prescindiendo de si las sensaciones tienen alguna relacion con objetosexternos, de si su testimonio es suficiente para este ó aquel caso, yconsiderándolas únicamente como fenómenos de nuestra alma, existen dosórdenes de hechos completamente distintos por caractéres muy marcados:el sueño y la vigilia. En lo íntimo de nuestra alma, estos dos estadosson completamente distintos: aun en el sistema de los idealistas, espreciso reconocer esta distincion.

Reflexionando sobre lo que experimentamos desde que vivimos, ó desde quetenemos conciencia de lo que pasa dentro de nosotros, podemos observar,que hay en nuestro ser dos clases de fenómenos. De una manera periódicay constante, experimentamos dos series de sensaciones: las unas mas ómenos claras, mas ó menos vivas, limitadas simplemente á su objeto, sinel concurso de muchas de nuestras facultades, y sobre todo sin reflexionsobre ellas mismas; en pos vienen otras, siempre claras, siempre vivas,acompañadas de actos de todas nuestras facultades, con reflexion sobreellas, sobre su diferencia de las anteriores, con entera sujecion ánuestra libre voluntad, en todo lo relativo á variarlas, modificarlas,hacerlas desaparecer y reproducirlas, de mil maneras diferentes.

Yo veo el papel sobre que escribo; reflexiono sobre esta vision, y me laquito cuando quiero y vuelvo á tenerla cuando me agrada; y enlazo estasensacion con otras, y con mil pensamientos, con mil caprichos, si asíme gusta. Lo que me sucede en este acto, me ha sucedido siempre, y mesucede mientras se verifica en mí esa serie de fenómenos en este estadoque llamo de vigilia; mas si sueño que escribo, aun cuando no meacontezca lo que suele, de no acertar á dirigir la pluma, de no ver bienclaro, de confundirse todo, no me siento con ese ejercicio simultáneo detodas mis facultades, no reflexiono sobre el estado en que me encuentro;no me hallo con esa conciencia plena de lo que hago, con ese dominio demí mismo, con esa luz clara y viva, que en el estado de vigilia sederramaba sobre todos mis actos y sobre sus objetos. Dispierto, piensoen lo que hice, en lo que hago, en lo que haré: recuerdo los sueños ylos califico de ilusiones, y los juzgo como especies inconexas,extravagantes, y los comparo con el órden y la consecuencia de lo que seme ofrece en la vigilia. Nada de esto hago mientras sueño: quizás habrátambien una sensacion clara, viva; pero es de una manera independientede mi voluntad; es una impresion aislada, es el uso de una facultadsola, sin el auxilio de las demás, sin comparaciones fijas y constantes,como las que recibo mientras estoy despierto; y sobre todo ese fenómenodesaparece en breve, y ó vuelvo á estar sumido en un estado en que notengo conciencia de mi ser, ó entro en otro, en que se reproduce lamisma serie de fenómenos que antes: claros, lúcidos, conexos; sufriendoel exámen de la razon que los compara entre sí, y con los anteriores.Luego, aparte toda idea de mundo externo, y aun de todo otro ser fuerade nosotros, tenemos la certeza de la distincion de los dos órdenes defenómenos, que comprendemos en las palabras, sueño y vigilia.

Cuando pues se ha pretendido atacar la certeza de nuestros conocimientosfundándose en la dificultad de distinguir entre dichos estados, se haechado mano de un argumento fútil, apoyado en un hecho completamentefalso. Tan distante estoy de creer en la imposibilidad de distinguirfilosóficamente la vigilia del sueño, que antes bien opino que ladiferencia entre estos dos estados es uno de los hechos mas claros yciertos de nuestra naturaleza.

Asentada esta verdad, y supuesto que nadie duda de que las sensacionesque experimentamos durante el sueño, no son producidas por objetosexteriores, y que por tanto no se las ha tomado nunca como medio deadquirir la verdad, pasemos á otra cuestion de mas dificultad éimportancia.

CAPÍTULO IV.

RELACION DE LAS SENSACIONES CON UN MUNDO EXTERNO.

[24.] Nuestras sensaciones, ¿tienen alguna relacion con objetosexternos, ó son simples fenómenos de nuestra naturaleza? De laexistencia de este mundo interno que resulta del conjunto de las escenasofrecidas por las sensaciones, ¿podemos inferir la existencia de unmundo externo?

No se trata aquí de la práctica sino de la teoría: esta cuestionúnicamente se refiere á las fuerzas del raciocinio, nó á la voz de lanaturaleza: voz mas fuerte que todos los discursos, y á que nos esimposible resistir. Sea cual fuere el resultado que nos diere el exámenfilosófico de las relaciones entre el mundo ideal y el real, es precisosometernos á esa necesidad de nuestra naturaleza, que nos hace creer enla existencia de dichas relaciones. La humanidad, en la inmensa mayoríade sus individuos, no ha pensado jamás, ni probablemente pensará, ensemejante exámen; y sin embargo, para ella, la existencia de un mundoreal, distinto de nosotros, y en continua comunicacion con nosotros,está al abrigo de toda duda. La naturaleza es antes que la filosofía.

No quiero indicar con esto que la razon sea impotente á manifestar lalegitimidad de la ilacion con que se deduce lo real de lo ideal, ó laexistencia del mundo externo de la del interno; solo me propongo señalará la filosofía un linde, que si no la ilustra, al menos le inspiresobriedad en sus investigaciones, y desconfianza en sus resultados. Ycon efecto: salta á los ojos que debe de ser errónea una ciencia que seoponga á una necesidad y contradiga un hecho palpable: no merece elnombre de filosofía, la que se pone en lucha con una ley que somete á suindeclinable imperio la humanidad entera, incluso el filósofo que contraesta ley se atreve á protestar. Todo lo que ella puede decir contra esaley será tan especioso como se quiera; pero no será mas que una vanacavilacion: cavilacion que si la flaqueza del entendimiento no bastare ádeshacer, se encargaria de resistirla la naturaleza, hasta que una nuevaexistencia en otra vida nos venga á revelar lo que hay en la profundidadde esos arcanos, y cómo se enlazan esos eslabones cuyos puntos decontacto no divisará la razon, mientras la naturaleza experimenta lairresistible trabazon con que la ligan en todos los momentos de suexistencia.

[25.] Que las sensaciones son algo mas que simples fenómenos de nuestraalma, que son efectos de una causa distinta de nosotros, lo demuestra lacomparacion de ellas entre sí; unas las referimos á un objeto externo, yotras nó: estos dos órdenes de fenómenos presentan caractéres muydistintos.

Ahora hay en mi interior la representacion del país en que he nacido yvivido en mis primeros años. Se me ofrece con toda claridad la espaciosallanura con sus campos y praderas, con sus bajas colinas que ora formanmontecillos aislados, ora se prolongan en varias direcciones,aplanándose hasta confundirse con el nivel del llano, ó levantándosegradualmente hasta entroncarse con los ramales de las montañas. Veo laelevada cordillera de estas que rodea toda la llanura, y que hace deella una vasta cuenca, donde no se divisa mas salida que por la partedel sud, y una que otra quebradura que parece rasgar en algunos puntosla grandiosa muralla alzada por la naturaleza. Todo esto se merepresenta muy bien en mi interior, á pesar de hallarme á mas de cienleguas de distancia: y se me representará cuantas veces yo quiera, y porel tiempo que yo quiera. Quizás podrá acontecer que sin el concurso demi voluntad se me ofrezca el mismo espectáculo; pero siempre soy librede distraerme, corriendo por decirlo así el telon, para no ver aquellaescena; así como de levantarle de nuevo cuando tenga ganas depresenciarla.

Lo que me acontece en dicho ejemplo, se verifica con respecto ámuchísimos otros; y así es que experimento dentro de mí una serie defenómenos que me representan objetos externos, pero sin ningunanecesidad que me fuerce á estar sometido á ellos; pues los quito y losreproduzco con simples actos de mi libre albedrío.

Al propio tiempo me acontece que siento en mí otra clase de fenómenosque no están pendientes de mi voluntad, que yo no puedo excitar ó quitarcuando quiero; sino que están sometidos á ciertas condiciones, de lasque me es imposible prescindir, so pena de no alcanzar lo que mepropongo.

Ahora estoy experimentando que se me representa un cuadro: ó en lenguajecomun, veo un cuadro que tengo delante. Supongamos que este sea unfenómeno puramente interno, y observemos las condiciones de suexistencia, prescindiendo de toda realidad externa, inclusa la de micuerpo, y de los órganos por los cuales se me transmite, ó parecetransmitirse la sensacion.

Ahora experimento la sensacion…. ahora nó: ¿qué ha mediado? lasensacion de un movimiento, que ha producido otra sensacion de ver y queha destruido la vision primera; ó pasando del lenguaje ideal al real,he interpuesto la mano entre los ojos y el objeto. ¿Cómo es que mientrashay la sensacion última, no puedo reproducir la primera? Si existenobjetos exteriores, si mis sensaciones son producidas por ellos, se veclaro que estarán sujetas á las condiciones que los mismos les impongan:pero si mis sensaciones; no son mas que fenómenos internos, entonces nohay medio de explicarlo.

Esto es tanto mas incomprensible cuanto que en las sensaciones quenosotros consideramos como simples fenómenos, sin relacion inmediata conningun objeto exterior, no hallamos íntima dependencia de unas conrespecto á otras; y antes por el contrario notamos mucha discordancia.

Los fenómenos puramente internos, es decir, aquellos que nosotrosreputamos verdaderamente por tales, tienen mucha dependencia de lavoluntad, con relacion á su existencia y tambien á sus modificaciones.Yo reproduzco siempre que quiero en mi imaginacion, una escena en que seme representa la columna de la plaza Vendome de Paris; y la hagodesaparecer cuando me gusta. Lo propio me sucede en todos los demásobjetos que recuerdo haber visto: su presencia en mi interior depende demi voluntad. Es cierto que á veces se representan objetos que noquisiera, y que cuesta trabajo hacerlos desaparecer, pero tambien lo esque bastan algunos esfuerzos para que al fin desaparezcan. Habremosvisto á una persona moribunda: y durante algunos dias permaneceestampada en nuestra imaginacion con su semblante pálido y sudoriento,sus ojos desencajados, sus manos convulsivas, las contorsiones de suboca, su penoso estertor interrumpido por algunos ayes lastimeros; nosomos dueños del todo de que no se nos presente repetidas veces laingrata imágen; pero es bien seguro que si para distraernos nosproponemos un cálculo muy complicado, ó resolver un problema muydifícil, conseguiremos que la imágen desaparezca. Por donde se ve queaun en los casos excepcionales, con tal que estemos en sano juicio,siempre ejerce nuestra voluntad una grande influencia sobre losfenómenos puramente internos.

No sucede así con los que están en relacion inmediata con lo exterior;si me hallo en presencia del moribundo no podré menos de verle y deoirle: si aquellas sensaciones no son mas que un fenómeno interno, estefenómeno es de un órden muy distinto del otro: el uno es del todoindependiente de mi voluntad, el otro nó.

Los fenómenos puramente internos están relacionados entre sí de unamanera muy diferente de los demás: en las relaciones de aquellos influyetambien mucho la voluntad, en los otros nó. Además, los primeros seofrecen ó por un simple acto de voluntad, ó por sí mismos, aisladamente,sin ninguna necesidad de encadenamiento con otros que los precedan.Escribo en Madrid y de repente se me ocurre la presencia del Támesis,con sus innumerables embarcaciones de vela y vapor. Para esto no henecesitado pasar por la serie de fenómenos en que se me representa esoque llamamos España y Francia. El Támesis me lo puedo representar,despues de mil sensaciones inconexas entre sí y con él; pero si se ha deproducir en mí el fenómeno que llamo

ver

, entonces será preciso que meresigne á hacer desfilar en mi interior toda la serie de fenómenos quelleva consigo un viaje: y nó como quiera, sino sintiendo real yverdaderamente todos los placeres y las incomodidades que le acompañan:y formando una verdadera voluntad de marcharme y de acudir puntualmenteá tal hora, so pena de encontrarme sin esa sensacion que llamo ver ladiligencia

, y con esa otra sensacion que llamo ver un dependiente de laoficina que no me quiere devolver el dinero, y sin otra sensacion quellamo ver y tocar mi equipaje, y con todas las sensaciones ingratas queresultan de semejantes descuidos.

Cuando esta serie de fenómenos internos ó en lenguaje comun, aventurasde viaje, me las quiero representar solo interiormente, lo dispongo ámedida de mi gusto: me paro, ando con mas rapidez, de un salto atraviesocien leguas, me traslado de un punto á otro sin pasar por losintermedios, en fin, no hallo ninguno de los inconvenientes que me hacentan pesado eso que llamamos realidad. Estoy en un mundo donde yo mando,quiero: y el coche está pronto, y el mayoral en su puesto, y elpostillon en el suyo, y vuelo como llevado en alas del viento.

Los bellos paisajes, los ingratos eriales, los montes gigantescos, lasllanuras cuyo confin se une con el cielo, todo desfila á mis ojos conuna rapidez admirable: me canso de ir por tierra, y sin mas ni mas meplanto en la cubierta de un barco en alta mar, y veo las olas agitadas,y oigo su mugido, y cual azotan los costados de la embarcacion, y la vozdel piloto que da sus órdenes; veo las maniobras de los marineros,recorro las cámaras, hablo con los viajeros, todo sin sentir mal olor,sin padecer las ansias del mareo, ni presenciar las de otros.

[26.] Las sensaciones puramente internas, si bien tienen entre sí algunenlace, mayormente cuando proceden de las externas, este enlace no estal que no podamos modificarle de mil maneras. Cuando pensamos en elobelisco de la plaza de la Concordia, naturalmente se nos presentan lasfuentes, y estatuas y surtidores, y el palacio de las Tullerías, y elTemplo de la Madalena, y los Campos Elíseos, y el Palacio de la Cámarade los Diputados: pero está en nuestras manos cambiar la escena, y sinmas que querer, trasladamos el obelisco en medio de la plaza de Oriente,y estamos mirando qué efecto produce allí: hasta que satisfechos de laoperacion le colocamos otra vez en su puesto ó no pensamos mas en él.

Pero si se trata de la vision, ó sea el fenómeno externo, en vano nosesforzaremos en hacer semejantes maniobras: cada cosa está en su lugar,ó á lo menos así lo parece: y las sensaciones están encadenadas entre sícon eslabones de hierro. La una viene despues de la otra, y nos esimposible salvar las intermedias.

Resulta pues que la simple observacion de lo que pasa en nuestrointerior, nos atestigua la existencia de dos órdenes de fenómenostotalmente distintos: en el uno, todo, ó casi todo, depende de nuestravoluntad, en el otro nada; en aquel, los fenómenos tienen entre síciertas relaciones, pero muy variables, y sujetas en buena parte ánuestro capricho; en este, vemos dependientes los unos de los otros, yno se producen sino bajo determinadas condiciones. No puedo ver si noabro las ventanas para que entre la luz: el fenómeno de ventana y visionestán necesariamente enlazados. Pero es notable que no lo están siempre:de noche las abro y no veo; y necesito otro fenómeno auxiliar que es laluz artificial; y por mas que quiero no puedo alterar esa ley dedependencia.

[27.] ¿Qué indica todo esto? indica que los fenómenos independientes denuestra voluntad y que están sujetos en su existencia y en susaccidentes á leyes que nosotros no podemos alterar, son efectos de seresdistintos de nosotros mismos. No son nosotros mismos, porque existimosmuchas veces sin ellos; no son causados por nuestra voluntad, pues sepresentan sin el concurso de ella, y muchas veces contra ella; no sonefecto uno de otro en el órden puramente interior, porque acontece conmucha frecuencia que habiéndose seguido mil y mil veces un fenómeno áotro, deja de repente de existir el segundo por mas que se reproduzca elprimero. Esto me conducen al exámen de una hipótesis con el cual seconfirmará mas y mas la doctrina establecida.

CAPÍTULO V.

UNA HIPÓTESIS IDEALISTA.

[28.] Si el sistema de los idealistas ha de subsistir, es precisosuponer que ese enlace y dependencia de los fenómenos que nosotrosreferimos á los objetos externos, solo existe en nuestro interior, y quela causalidad que atribuimos á los objetos externos, solo pertenece ánuestros propios actos.

Tirando de un cordon que está en el despacho, hace largo años que suenauna campanilla; ó en lenguaje idealista, el fenómeno interno formado deese conjunto de sensaciones en que entra eso que llamamos cordon ytirar de él

, produce ó trae consigo eso otro que apellidamos

sonido dela campanilla

. Por el hábito, ó una ley oculta cualquiera, existiráesa relacion de dos fenómenos cuya sucesion nunca interrumpida nos causala ilusion, por la cual trasladamos al órden real lo que es puramentefantástico.

Esta es la explicacion menos irracional de que pueden echarmano; pero con pocas observaciones se puede hacer sentir todo lo fútilde semejante respuesta.

Hoy; tiramos del cordon, y cosa extraña, la campanilla no suena… ¿cuálserá la causa? El fenómeno causante existe; porque sin duda pasa dentrode nosotros el acto que llamamos, tirar del cordon; y sin embargotiramos y volvemos á tirar, y la campanilla no suena. ¿Quién ha alteradola sucesion fenomenal?

¿por qué poco antes un fenómeno producia el otro,y ahora nó? En mi interior no ha ocurrido novedad: el primer fenómeno loexperimento con la misma claridad y viveza que antes; ¿cómo es que no sepresenta el segundo? ¿cómo es que este último lo experimentaba siempreque queria, con solo excitar el primero, y ahora nó? El acto de mivoluntad lo ejerzo con la misma eficacia que antes; ¿quién ha hecho quemi voluntad sea impotente?

De aquí se infieren dos cosas: 1.ª que el segundo fenómeno no dependiadel primero, considerado este únicamente como un hecho puramenteinterno, pues que ahora existe este del mismo modo que en los casosanteriores, y sin embargo no produce el otro; 2.ª que tampoco dependedel acto de mi voluntad; pues que el acto es firme y resuelto comoantes, y no logra nada.

A pesar de esto no puede dudarse que habia algun enlace entre los dosfenómenos, ya que infinitas veces se ha observado que el uno seguia alotro; lo que no puede explicarse por una mera casualidad. No siendo puesel uno causa del otro en el órden interior, debieron tener unadependencia en el órden exterior: es decir, que en el caso que estoyexaminando, aunque continuó existiendo la causa que producia el uno,debióse de interrumpir la conexion que esta causa tenia con la queproducia el otro: y así era en efecto; tirando del cordon no venia elsonido, por la sencilla razon de que habian quitado la campanilla. Estose comprende, habiendo causas externas de lo que se llaman sensaciones:pero si estas se reducen á simples fenómenos internos, no se puedeseñalar un motivo razonable.

[29.] Y es de notar que cuando quiero explicarme la falta de la sucesionde estas sensaciones que antes iban siempre unidas, puedo recurrir ámuchas que son muy diferentes como fenómenos internos, que como tales notienen ninguna relacion ni semejanza, y que solo pueden tener algunenlace en cuanto corresponden á objetos externos. Al buscar por qué nosuena la campanilla, para explicarme la razon de que se haya alterado elórden regular en mis apariencias, puedo pensar en varias causas, que porahora consideraremos tambien como meras apariencias, ó fenómenosinternos: puedo recibir las sensaciones siguientes: el cordon roto, elcordon enzarzado, la campanilla rota, la campanilla quitada, lacampanilla sin badajuelo; á todas estas sensaciones puedo yo referir lafalta del sonido; y el referirlo á ellas será lo mas irracional delmundo si las considero como simples hechos internos, pues comosensaciones en nada se parecen; y solo discurro racionalmente si á cadauna de estas sensaciones le hago corresponder un objeto externo,bastante por sí solo á interrumpir la conexion del acto de tirar delcordon, con la vibracion del aire productora del sonido.

[30.] De estas reflexiones se deduce:

1º. Que considerando nuestras sensaciones como fenómenos puramenteinternos, se dividen en dos clases muy diferentes: unos que dependen denuestra voluntad, otros independientes de ella; unos inconexos entre sí,ó variables en sus relaciones, á gusto del que los experimenta; otrossujetos á cierta conexion que nosotros no podemos destruir ni variar.

2º. Que así la existencia como las modificaciones de esta última clase,provienen de causas que no son nosotros, de causas independientes denuestra voluntad, y que están fuera de nosotros. Luego el instinto quenos impulsa á referir dichas sensaciones á objetos externos, estáconfirmado por la razon; luego el testimonio de los sentidos esadmisible en el tribunal de la filosofía, en cuanto nos asegura de larealidad de los objetos.

Con esto queda demostrada en cierto modo la existencia de los cuerpos,pues que examinando filosóficamente el concepto de cuerpo, encontramosen él el de una cosa distinta de nuestro ser, y cuya presencia nos causatales ó cuales sensaciones. La esencia íntima de los cuerpos nos esdesconocida; y aun cuando se conociera, esto no serviria de nada paranuestro propósito, pues no tratamos de la idea que en tal caso seformaria el filósofo, sino de la que se forman la generalidad de loshombres.

CAPÍTULO VI.

SI LA CAUSA EXTERNA É INMEDIATA DE LAS SENSACIONES ES UNA CAUSA LIBRE.

[31.] Contra la existencia de los cuerpos, se puede objetar unadificultad, grave á primera vista, pero que en realidad es muy fútil.¿Quién sabe, se dirá, si hay alguna causa que produzca en nosotros todoslos fenómenos que experimentamos, sin ser nada parecido á la idea quenos formamos de un cuerpo? Dios, si quisiese, podria causar en nosotrosuna ó muchas sensaciones, sin mediar ningun cuerpo: ¿quién nos aseguraque esto no sucede? ¿quién nos da la certeza de que no puedan hacer lomismo otros seres, y por tanto de que no sea una pura ilusion todocuanto imaginamos sobre un mundo corpóreo?

[32.] La primera y mas sencilla solucion que se ofrece es que Dios,siendo infinitamente veraz, no puede engañarnos, ni permitir que otrascriaturas nos engañen constantemente y de una manera para nosotrosirresistible: pero esta solucion, si bien muy fundada, muy razonable yjuiciosa, tiene el inconveniente de recurrir al órden moral paracimentar el físico, y así no dejará satisfechos completamente á los quedesearian ver demostrada la verdad del testimonio de los sentidos, conargumentos sacados de la misma naturaleza de las cosas. Yo creo que estoúltimo se puede conseguir: voy á intentarlo.

[33.] Nuestras sensaciones no provienen

inmediatamente

de una causalibre: tanto el ser que las experimenta, como el que las produce, estánsujetos á leyes fijas, á una necesidad. Nos convenceremos de esto sireflexionamos que poniéndonos bajo ciertas condiciones, no podemos dejarde experimentar determinada sensacion, y que en faltando dichascondiciones, nos es imposible experimentarla: lo que prueba que tantonosotros como el ser que nos causa la impresion, estamos sometidos á unórden necesario. Si así no fuese, no seríamos dueños de producir lasensacion ni aun mediante ciertas condiciones: porque como la causa deella no estaria sujeta á una ley, sino á su libre voluntad, sucederiauna y mil veces que la nuestra no estaria de acuerdo con la suya, y porlo mismo no existiria la impresion que deseábamos.