Filosofía Fundamental, Tomo I by Padre Jaime Luciano Balmes - HTML preview

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Filosofía Fundamental, Tomo I

FILOSOFÍA FUNDAMENTAL

por D. JAIME BALMES,PRESBITERO.

TOMO I.

Barcelona:IMPRENTA DE A. BRUSI.1848

PRÓLOGO.

El título de

Filosofía fundamental

, no significa una pretensionvanidosa, sino el objeto de que se trata. No me lisonjeo en fundar

de filosofía, pero me propongo examinar sus cuestiones fundamentales;por esto llamo á la obra: Filosofía fundamental

. Me ha impulsado ápublicarla el deseo de contribuir á que los estudios filosóficosadquieran en España mayor amplitud de la que tienen en la actualidad;y de prevenir, en cuanto alcancen mis débiles fuerzas, un gravepeligro que nos amenaza: el de introducirsenos una filosofía plagadade errores trascendentales. A pesar de la turbacion de los tiempos, senota en España un desarrollo intelectual que dentro de algunos años sehará sentir con mucha fuerza; y es preciso guardarnos de que loserrores que se han extendido por moda, se arraiguen por principios.Tamaña calamidad solo puede precaverse con estudios sólidos y biendirigidos: en nuestra época el mal no se contiene con la solarepresion; es necesario ahogarle con la abundancia del bien. Lapresente obra ¿podrá conducir á este objeto? El público lo ha dejuzgar.

LIBRO PRIMERO.

DE LA CERTEZA.

CAPÍTULO I.

IMPORTANCIA Y UTILIDAD DE LAS CUESTIONES SOBRE LA CERTEZA

[1.] El estudio de la filosofía debe comenzar por el exámen de lascuestiones sobre la certeza; antes de levantar el edificio esnecesario pensar en el cimiento.

Desde que hay filosofía, es decir, desde que los hombres reflexionansobre sí mismos y sobre los seres que los rodean, se han agitadocuestiones que tienen por objeto la base en que estriban losconocimientos humanos: esto prueba que hay aquí dificultades serias.La esterilidad de los trabajos filosóficos no ha desalentado á losinvestigadores: esto manifiesta que en el último término de lainvestigacion, se divisa un objeto de alta importancia.

Sobre las cuestiones indicadas han cavilado los filósofos de lamanera mas extravagante; en pocas materias nos ofrece la historia delespíritu humano tantas y tan lamentables aberraciones. Estaconsideracion podria sugerir la sospecha de que semejantesinvestigaciones nada sólido presentan al espíritu y que solo sirvenpara alimentar la vanidad del sofista. En la presente materia, como enmuchas otras, no doy demasiada importancia á las opiniones de losfilósofos, y estoy lejos de creer que deban ser considerados comolegítimos representantes de la razon humana; pero no se puede negar almenos, que en el órden intelectual son la parte mas activa del humanolinaje. Cuando todos los filósofos disputan, disputan en cierto modola humanidad misma. Todo hecho que afecta al linaje humano es digno deun exámen profundo; despreciarle por las cavilaciones que le rodean,seria caer en la mayor de ellas: la razon y el buen sentido no debencontradecirse, y esta contradiccion existiria si en nombre del buensentido se despreciara como inútil lo que ocupa la razon de lasinteligencias mas privilegiadas. Sucede con frecuencia que lo grave,lo significativo, lo que hace meditar á un hombre pensador, no son nilos resultados de una disputa, ni las razones que en ella se aducen,sino la existencia misma de la disputa. Esta vale tal vez poco por loque es en sí, pero quizás vale mucho por lo que indica.

[2.] En la cuestion de la certeza están encerradas en algun modo todaslas cuestiones filosóficas: cuando se la ha desenvueltocompletamente, se ha examinado bajo uno ú otro aspecto todo lo que larazon humana puede concebir sobre Dios, sobre el hombre, sobre eluniverso. A primera vista se presenta quizás como un mero cimiento deledificio científico: pero en este cimiento, si se le examina conatencion, se ve retratado el edificio entero: es un plano en que seproyectan de una manera muy visible, y en hermosa perspectiva, todoslos sólidos que ha de sustentar.

[3.] Por mas escaso que fuere el resultado directo é inmediato deestas investigaciones, es sobre manera útil el hacerlas. Importa muchoacaudalar ciencia, pero no importa menos conocer sus límites. Cercanosá los límites se hallan los escollos, y estos debe conocerlos elnavegante. Los límites de la ciencia humana se descubren en el exámende las cuestiones sobre la certeza.

Al descender á las profundidades á que estas cuestiones nos conducen,el entendimiento se ofusca y el corazon se siente sobrecogido de unreligioso pavor. Momentos antes contemplábamos el edificio de losconocimientos humanos, y nos llenábamos de orgullo al verle con susdimensiones colosales, sus formas vistosas, su construccion galana yatrevida; hemos penetrado en él, se nos conduce por hondas cavidades,y como si nos halláramos sometidos á la influencia de un encanto,parece que los cimientos se adelgazan, se evaporan, y que el soberbioedificio queda flotando en el aire.

[4.] Bien se echa de ver que al entrar en el exámen de la cuestionsobre la certeza no desconozco las dificultades de que está erizada;ocultarlas no seria resolverlas; por el contrario, la primeracondicion para hallarles solucion cumplida, es verlas con todaclaridad, sentirlas con viveza. Que no se apoca el humanoentendimiento por descubrir el borde mas allá del cual no le es dadocaminar; muy al contrario esto le eleva y fortalece: así el intrépidonaturalista que en busca de un objeto ha penetrado en las entrañas dela tierra, siente una mezcla de terror y de orgullo al hallarsesepultado en lóbregos subterráneos, sin mas luz que la necesaria paraver sobre su cabeza inmensas moles medio desgajadas, y descurrir á susplantas abismos insondables.

En la oscuridad de los misterios de la ciencia, en la mismaincertidumbre, en los asaltos de la duda que amenaza arrebatarnos enun instante la obra levantada por el espíritu humano en el espacio delargos siglos, hay algo de sublime que atrae y cautiva. En lacontemplacion de esos misterios se han saboreado en todas épocas loshombres mas grandes: el genio que agitara sus alas sobre el Oriente,sobre la Grecia, sobre Roma, sobre las escuelas de los siglos medios,es el mismo que se cierne sobre la Europa moderna.

Platon,Aristóteles, san Agustin, Abelardo, san Anselmo, santo Tomás deAquino, Luis Vives, Bacon, Descartes, Malebranche, Leibnitz; todos,cada cual á su manera, se han sentido poseidos de la inspiracionfilosófica, que inspiracion hay tambien en la filosofía, é inspiracionsublime.

Todo lo que concentra al hombre llamándole á elevada contemplacion enel santuario de su alma, contribuye á engrandecerle, porque le despegade los objetos materiales, le recuerda su alto orígen, y le anuncia suinmenso destino. En un siglo de metálico y de goces, en que todoparece encaminarse á no desarrollar las fuerzas del espíritu, sino encuanto pueden servir á regalar el cuerpo, conviene que se renuevenesas grandes cuestiones, en que el entendimiento divaga con amplísimalibertad por espacios sin fin.

Solo la inteligencia se examina á sí propia. La piedra cae sin conocersu caida; el rayo calcína y pulveriza, ignorando su fuerza; la flornada sabe de su encantadora hermosura; el bruto animal sigue susinstintos, sin preguntarse la razon de ellos; solo el hombre, enfrágil organizacion que aparece un momento sobre la tierra paradeshacerse luego en polvo, abriga un espíritu que despues de abarcarel mundo, ansía por comprenderse, encerrándose en sí propio, allídentro, como en un santuario donde él mismo es á un tiempo el oráculoy el consultor. Quién soy, qué hago, qué pienso, por qué pienso, cómopienso, qué son esos fenómenos que experimento en mí, por qué estoysujeto á ellos, cuál es su causa, cuál el órden de su produccion,cuáles sus relaciones; hé aquí lo que se pregunta el espíritu;cuestiones graves, cuestiones espinosas, es verdad; pero nobles,sublimes, perenne testimonio de que hay dentro nosotros algo superiorá esa materia inerte, solo capaz de recibir movimiento y variedad deformas, de que hay algo que con su actividad íntima, espontánea,radicada en su naturaleza misma, nos ofrece la imágen de la actividadinfinita que ha sacado el mundo de la nada con un solo acto de suvoluntad[I].

CAPÍTULO II.

VERDADERO ESTADO DE LA CUESTION.

[5.] ¿Estamos ciertos de algo? á esta pregunta respondeafirmativamente el sentido comun. ¿En qué se funda la certeza? ¿cómola adquirimos? estas son dos cuestiones difíciles de resolver en eltribunal de la filosofía.

La cuestion de la certeza encierra tres muy diferentes, cuya confusioncontribuye no poco á crear dificultades y á embrollar materias que,aun deslindados con suma exactitud los varios aspectos que presentan,son siempre harto complicadas y espinosas.

Para fijar bien las ideas conviene distinguir con mucho cuidado entrela existencia de la certeza, los fundamentos en que estriba, y elmodo con que la adquirimos. Su existencia es un hecho indisputable;sus fundamentos son objeto de cuestiones filosóficas; el modo deadquirirla es en muchos casos un fenómeno oculto que no está sujeto ála observacion.

[6.] Apliquemos esta distincion á la certeza sobre la existencia delos cuerpos.

Que los cuerpos existen, es un hecho del cual no duda nadie que estéen su juicio. Todas las cuestiones que se susciten sobre este punto noharán vacilar la profunda conviccion de que al rededor de nosotrosexiste lo que llamamos mundo corpóreo: esta conviccion es un fenómenode nuestra existencia, que no acertaremos quizás á explicar, perodestruirle nos es imposible: estamos sometidos á él como á unanecesidad indeclinable.

¿En qué se funda esta certeza? Aquí ya nos hallamos no con un simplehecho, sino con una cuestion que cada filósofo resuelve á su manera:Descartes y Malebranche recurren á la veracidad de Dios; Locke yCondillac se atienen al desarrollo y carácter peculiar de algunassensaciones.

¿Cómo adquiere el hombre esta certeza? no lo sabe: la poseia antes dereflexionar; oye con extrañeza que se suscitan disputas sobre estasmaterias; y jamás hubiera podido sospechar que se buscase porqueestamos ciertos de la existencia de lo que afecta nuestros sentidos.En vano se le interroga sobre el modo con que ha hecho tan preciosaadquision, se encuentra con ella como con un hecho apenas distinto desu existencia misma. Nada recuerda del órden de las sensaciones en suinfancia; se halla con el espíritu desarrollado, pero ignora las leyesde este desarrollo, de la propia suerte que nada conoce de las que hanpresidido á la generacion y crecimiento de su cuerpo.

[7.] La filosofía debe comenzar no por disputar sobre el hecho de lacerteza sino por la explicacion del mismo. No estando ciertos de algonos es absolutamente imposible dar un solo paso en ninguna ciencia, nitomar una resolucion cualquiera en los negocios de la vida. Unescéptico completo seria un demente, y con demencia llevada al masalto grado; imposible le fuera toda comunicacion con sus semejantes,imposible toda serie ordenada de acciones externas, ni aun depensamientos ó actos de la voluntad. Consignemos pues el hecho, y nocaigamos en la extravagancia de afirmar que en el umbral del templo dela filosofía está sentada la locura.

Al examinar su objeto, debe la filosofía analizarle, mas nodestruirle; que si esto hace se destruye á sí propia. Todo raciocinioha de tener un punto de apoyo, y este punto no puede ser sino unhecho. Que sea interno ó externo, que sea una idea ó un objeto, elhecho ha de existir; es necesario comenzar por suponer algo; á estealgo le llamamos hecho: quien los niega todos ó comienza por dudar detodos, se asemeja al anatómico que antes de hacer la diseccionquemase el cadáver y aventase las cenizas.

[8.] Entonces la filosofía, se dirá, no comienza por un exámen sinopor una afirmacion; sí, no lo niego, y esta es una verdad tan fecundaque su consignacion puede cerrar la puerta á muchas cavilaciones ydifundir abundante luz por toda la teoría de la certeza.

Los filósofos se hacen la ilusion de que comienzan por la duda; nadamas falso; por lo mismo que piensan afirman, cuando no otra cosa, supropia duda; por lo mismo que raciocinan afirman el enlace de lasideas, es decir, de todo el mundo lógico.

Fichte, por cierto nada fácil de contentar, al tratarse del punto deapoyo de los conocimientos humanos, empieza no obstante por unaafirmacion, y así lo confiesa con una ingenuidad que le honra.Hablando de la reflexion que sirve de base á su filosofía, dice: «Lasreglas á que esta reflexion se halla sujeta, no están todavíademostradas; se las supone tácitamente admitidas. En su orígen masretirado, se derivan de un principio

cuya legitimidad

no puede serestablecida, sino bajo la condicion de que

ellas sean justas

. Hay uncírculo, pero

círculo inevitable

. Y supuesto que es inevitable, yque lo confesamos francamente, es permitido, para asentar el principiomas elevado,

confiarse á todas las leyes de la lógica general

. En elcamino donde vamos á entrar con la reflexion, debemos partir de unaproposicion cualquiera que nos sea concedida por todo el mundo, sinninguna contradiccion.» (Fichte, Doctrina de la ciencia, 1.ª

parte, §1).

[9.] La certeza es para nosotros una feliz necesidad; la naturalezanos la impone, y de la naturaleza no se despojan los filósofos. Vióseun dia Pirron acometido por un perro, y como se deja suponer, tuvobuen cuidado de apartarse, sin detenerse á examinar si aquello era unperro verdadero ó solo una apariencia; riéronse los circunstantesechándole en cara la incongruencia de su conducta con su doctrina, masPirron les respondió con la siguiente sentencia que para el caso eramuy profunda: «es difícil despojarse totalmente de la naturalezahumana.»

[10.] En buena filosofía, pues, la cuestion no versa sobre laexistencia de la certeza, sino sobre los motivos de ella y los mediosde adquirirla. Este es un patrimonio de que no podemos privarnos, auncuando nos empeñemos en repudiar los títulos que nos garantizan supropiedad. ¿Quién no está cierto de que piensa, siente, quiere, de quetiene un cuerpo propio, de que en su alrededor hay otros semejantes alsuyo, de que existe el universo corpóreo? Anteriormente á todos lossistemas, la humanidad ha estado en posesion de esta certeza, y en elmismo caso se halla todo individuo, aun cuando en su vida no llegue ápreguntarse qué es el mundo, qué es un cuerpo, ni en qué consisten lasensacion, el pensamiento y la voluntad. Despues de examinados losfundamentos de la certeza, y reconocidas las graves dificultades quesobre ellos levanta el raciocinio, tampoco es posible dudar de todo.No ha habido jamás un verdadero escéptico en toda la propiedad de lapalabra.

[11.] Sucede con la certeza lo mismo que en otros objetos de losconocimientos humanos. El hecho se nos presenta de bulto, con todaclaridad, mas no penetramos su íntima naturaleza. Nuestroentendimiento está abundantemente provisto de medios para adquirirnoticia de los fenómenos así en el órden material como en elespiritual, y posee bastante perspicacia para descubrir, deslindar yclasificar las leyes á que están sujetos; pero cuando trata deelevarse al conocimiento de la esencia misma de las cosas, óinvestigar los principios en que se funda la ciencia de que se gloría,siente que sus fuerzas se debiliten, y como que el terreno donde fijasu planta, tiembla y se hunde.

Afortunadamente el humano linaje está en posesion de la certezaindependientemente de los sistemas filosóficos, y no limitada á losfenómenos del alma, sino extendiéndose á cuanto necesitamos paradirigir nuestra conducta con respecto á nosotros y á los objetosexternos. Antes que se pensase en buscar si habia certeza, todos loshombres estaban ciertos de que pensaban, querian, sentian, de quetenian un cuerpo con movimiento sometido á la voluntad, y de queexistia el conjunto de varios cuerpos que se llama universo.Comenzadas las investigaciones, la certeza ha continuado la mismaentre todos los hombres, inclusos los que disputaban sobre ella;ninguno de estos ha podido ir mas allá que Pirron y encontrar fácil eldespojarse de la naturaleza humana.

[12.] No es posible determinar hasta qué punto haya alcanzado áproducir duda sobre algunos objetos el esfuerzo del espíritu deciertos filósofos empeñados en luchar con la naturaleza; pero es biencierto: primero, que ninguno ha llegado á dudar de los fenómenosinternos cuya presencia sentia íntimamente; segundo, que si alguno hapodido persuadirse de que á estos fenómenos no les correspondia algunobjeto externo, esta habrá sido una excepcion tan extraña que, en lahistoria de la ciencia y á los ojos de una buena filosofía, no debetener mas peso que las ilusiones de un maniático. Si á este puntollegó Berkeley al negar la existencia de los cuerpos, haciendotriunfar sobre el instinto de la naturaleza las cavilaciones de larazon, el filósofo de Cloyne, aislado, y en oposicion con la humanidadentera, mereceria el dictado que con razon se aplica á los que sehallan en situacion semejante: la locura por ser sublime no deja deser locura.

Los mismos filósofos que llevaron mas lejos el escepticismo, hanconvenido en la necesidad de acomodarse en la práctica á lasapariencias de los sentidos, relegando la duda al mundo de laespeculacion. Un filósofo disputará sobre todo, cuanto se quiera;pero en cesando la disputa deja de ser filósofo, continúa siendohombre á semejanza de los demás, y disfruta de la certeza como todosellos. Asi lo confiesa Hume que negaba con Berkeley la existencia delos cuerpos: «Yo como, dice, juego al chaquete, hablo con mis amigos,soy feliz en su compañía, y cuando despues de dos ó tres horas dediversion vuelvo á estas especulaciones, me parecen tan frias, tanviolentas, tan ridiculas, que no tengo valor para continuarlas. Me veopues absoluta y necesariamente forzado á vivir, hablar y obrar comolos demás hombres en los negocios comunes de la vida.» (Tratado de lanaturaleza humana, tomo 1.º).

[13.] En las discusiones sobre la certeza es necesario precaversecontra el prurito pueril de conmover los fundamentos de la razonhumana. Lo que se debe buscar en esta clase de cuestiones es unconocimiento profundo de los principios de la ciencia y de las leyesque presiden al desarrollo de nuestro espíritu.

Empeñarse en destruirestas leyes es desconocer el objeto de la verdadera filosofía; bastaque las sometamos á nuestra observacion, de la propia suerte quedeterminamos las del mundo material sin intencion de trastornar elórden admirable que reina en el universo. Los escépticos que comienzanpor dudar de todo para hacer mas sólida su filosofía, se parecen áquien, curioso de observar y fijar con exactitud los fenómenos de lavida, se abriese sin piedad el pecho y aplicase el escalpelo á sucorazon palpitante.

La sobriedad es tan necesaria al espíritu para sus adelantos como alcuerpo para su salud; no hay sabiduría sin prudencia, no hay filosofíasin cordura. Existe en el fondo de nuestra alma una luz divina que nosconduce con admirable acierto, si no nos obstinamos en apagarla; suresplandor nos guia, y en llegando al límite de la ciencia nos lemuestra, haciéndonos leer con claros caractéres la palabra basta

. Novayais mas allá; quien la ha escrito es el Autor de todos los seres,el que ha establecido las leyes que rigen al espíritu como al cuerpo,y que contiene en su esencia infinita la última razon de todo.

[14.] La certeza que preexiste á todo exámen no es ciega; antes por elcontrario, ó nace de la claridad de la vision intelectual, ó de uninstinto conforme á la razon: no es contra la razon, es su basa.Cuando discurrimos, nuestro espíritu conoce la verdad por el enlace delas proposiciones, como si dijéramos por la luz que refleja de unasverdades á otras. En la certeza primitiva, la vision es por luzdirecta, no necesita de reflexion.

Al consignar pues la existencia de la certeza no hablamos de un hechociego, no queremos extinguir la luz en su mismo orígen, antes decimosque allí la luz es mas brillante que en sus raudales. Tenemos á lavista un cuerpo cuyos resplandores iluminan el mundo en que vivimos;si se nos pide que expliquemos su naturaleza y sus relaciones con losdemás, ¿comenzaremos por apagarle? Los físicos para buscar lanaturaleza de la luz y determinar las leyes á que está sometida, nohan comenzado por privarse de la luz misma y ponerse á oscuras.

[15.] Este método de filosofar tiene algo de dogmatismo, perodogmatismo tal que, como hemos visto, tiene en su apoyo á los mismosPirron, Hume, Fichte, mal de su grado. No es un simple métodofilosófico, es la sumision voluntaria á una necesidad indeclinable denuestra propia naturaleza; es la combinacion de la razon con elinstinto, es la atencion simultánea á las diferentes voces queresuenan en el fondo de nuestro espíritu. Pascal ha dicho: «lanaturaleza confunde á los pirrónicos, y la razon á los dogmáticos.»Este pensamiento que pasa por profundo, y que lo es bajo ciertoaspecto, encierra no obstante alguna inexactitud.

La confusion no esigual en ambos casos: la razon no confunde al dogmático si no se lasepara de la naturaleza; y la naturaleza confunde al pirrónico, yasola, ya unida con la razon. El verdadero dogmático comienza por dar ála razon el cimiento de la naturaleza; emplea una razon que se conoceá sí misma, que confiesa la imposibilidad de probarlo todo, que notoma arbitrariamente el postulado que ha menester, sino que lo recibede la naturaleza misma. Así la razon no confunde al dogmático queguiado por ella busca el fundamento que la puede asegurar. Cuando lanaturaleza confunde á los pirrónicos atestigua el triunfo de la razonde los dogmáticos, cuyo argumento principal contra aquellos, es la vozde la misma naturaleza. El pensamiento de Pascal seria mas exactoreformado de esta manera: «La naturaleza confunde á los pirrónicos, yes necesaria á la razon de los dogmáticos.» Habria menos antítesis,pero mas verdad. La necesidad de la naturaleza no la desconocen losdogmáticos; sin esta basa la razon nada puede; para ejercer su fuerzaexige un punto de apoyo; con él ofrecia Arquímedes levantar la tierra;sin él la inmensa palanca no hubiera movido un solo átomo (II).

CAPÍTULO III.

DOS CERTEZAS: LA DEL GÉNERO HUMANO Y LA FILOSOFÍA.

[16.] La certeza no nace de la reflexion; es un producto espontáneo dela naturaleza del hombre, y va aneja al acto directo de las facultadesintelectuales y sensitivas. Como que es una condicion necesaria alejercicio de ambas, y que sin ella la vida es un caos, la poseemosinstintivamente y sin reflexion alguna, disfrutando de este beneficiodel Criador como de los demás que acompañan inseparablemente nuestraexistencia.

[17.] Es preciso pues distinguir entre la certeza del género humano, yla filosófica; bien que hablando ingenuamente, no se comprendebastante lo que pueda valer una certeza humana diferente de la delgénero humano.

Prescindiendo de los esfuerzos que por algunos instantes hace elfilósofo para descubrir la base de los humanos conocimientos, es fácilde notar que él mismo se confunde luego con el comun de los hombres.Esas cavilaciones no dejan rastro en su espíritu en lo tocante á lacerteza de todo aquello de que está cierta la humanidad. Descubreentonces que no era una verdadera duda lo que sentia, aunque quizás élmismo se hiciese la ilusion de lo contrario; eran simplessuposiciones, nada mas. En interrumpiendo la meditacion, y aun si biense observa, mientras ella dura, se halla tan cierto como el masrústico, de sus actos interiores, de la existencia del cuerpo propio,de los demás que rodean el suyo, y de mil otras cosas que constituyenel caudal de conocimiento necesario para los usos de la vida.

Desde el niño de pocos años hasta el varon de edad provecta y juiciomaduro, preguntadles sobre la certeza de la existencia propia, de susactos, internos y externos, de los parientes y amigos, del pueblo enque residen y de otros objetos que han visto, ó de que han oidohablar, no observaréis vacilacion alguna; y lo que es mas, nidiferencia de ninguna clase, entre los grados de semejante certeza; demodo que si no tienen noticia de las cuestiones filosóficas que sobreestas materias se agitan, leeréis en sus semblantes la admiracion yel asombro de que haya quien pueda ocuparse seriamente en averiguarcosas tan

claras

.

[18.] Como no es posible saber de qué manera se van desenvolviendo lasfacultades sensitivas intelectuales y morales de un niño, no es dabletampoco demostrar á priori

, por el análisis de las operaciones queen su espíritu se realizan, que á la formacion de la certeza noconcurren los actos reflejos; pero no será difícil demostrarlo por losindicios que de sí arroja el ejercicio de estas facultades, cuando yase hallan en mucho desarrollo.

Si bien se observa, las facultades del niño tienen un hábito de obraren un sentido directo, y no reflejo, lo cual manifiesta que sudesarrollo no se ha hecho por reflexion, sino directamente.

Si el desarrollo primitivo fuese por reflexion, la fuerza reflexivaseria grande; y sin embargo no sucede así: son muy pocos los hombresdotados de esta fuerza, y en la mayor parte es poco menos que nula.Los que llegan á tenerla, la adquieren con asiduo trabajo, y no sinhaberse violentado mucho, para pasar del conocimiento directo alreflejo.

[19.] Enseñad á un niño un objeto cualquiera y lo percibe bien; perollamadle la atencion sobre la percepcion misma, y desde luego suentendimiento se oscurece y se confunde.

Hagamos la experiencia. Supongamos un niño á quien se enseñan losrudimentos de la geometría.—¿Ves esta figura, que se cierra con lastres líneas? Esto se llama triángulo: las líneas tienen el nombre delados, y esos puntos donde se reunen las líneas se apellidan vérticesde sus ángulos.—Lo comprendo bien.—¿Ves esa otra que se cierra concuatro líneas? es un cuadrilátero; el cual como el triángulo, tienetambien sus lados y sus vértices.—Muy bien.—¿Un cuadrilátero puedeser triángulo ó vice-versa?—Nó señor.—Jamás?—

Jamás.—¿Y porqué?—¿No ve V. que aqui hay cuatro y aqui tres lados? ¿cómo puedenser una misma cosa?—Pero quién sabe?….. á tí te lo parece…..pero…..—¿Nó señor, no lo ve V. aqui? este tres, ese otro cuatro, yno es lo mismo cuatro que tres.

Atormentad el entendimiento del niño tanto como querais, no lesacaréis de su tema: siempre notaréis su percepcion y su razon obrandoen sentido directo, esto es, fijándose sobre el objeto; pero nolograréis que por sí solo dirija la atencion á los actos interiores,que piense en su pensamiento, que combine ideas reflejas, ni que enellas busque la certeza de su juicio.

[20.] Y hé aquí un defecto capital del arte de pensar, tal como se haenseñado hasta ahora. A una inteligencia tierna, se la ejercita luegocon lo mas difícil que ofrece la ciencia, el reflexionar: lo que estan desacertado como si se comenzase el desarrollo material del niño,por los ejercicios mas arduos de la gimnástica. El desarrollocientífico del hombre se ha de fundar sobre el natural, y este no esreflejo sino directo.

[21.] Aplíquese la misma observacion al uso de los sentidos.

¿Oye Vd. qué música? dice el niño.—Cómo, qué música?—No oye Vd.?está Vd. sordo?—A tí te lo parece.—Pero señor, ¡si se oye tanbien!… ¿cómo es posible?—Pero, ¿cómo lo sabes?—Señor si looigo!…..

Y de ese

lo oigo

no se le podrá sacar, y no lograréis que vacile, nique para deshacerse de las importunidades apele á ningun acto reflejo:«yo la oigo; ¿no la oye Vd.?» para él no hay mas razon, y toda vuestrafilosofía no valdría tanto como la

irresistible fuerza

de lasensacion que le asegura de que hay música, y que quien lo dude, ó sechancea ó está sordo.

[22.] Si las facultades del niño se hubiesen desarrollado en unaalternativa de actos directos y reflejos, si al irse cerciorando delas cosas hubiese pensado en algo mas que en las cosas mismas, claroes que una continuacion de actos semejantes hubiera dejado huella ensu espíritu, y que al encontrarse en una situacion apremiadora en quese le preguntaban los motivos de su certeza, hubiera echado mano delos mismos medios que le sirvieron en el sucesivo desarrollo de susfacultades, se hubiera desentendido del objeto, se hubiera replegadosobre sí mismo, y de un modo ú otro habria pensado en su pensamiento,y contestado á la dificultad en el mismo sentido. Nada de estosucede; lo que indica que no han existido tales actos reflejos, que noha habido mas que las percepciones acompañadas de la conciencia íntimay de la certeza de ellas; pero todo en confuso, de una manerainstintiva, sin nada que parecerse pudiera á reflexiones filosóficas.

[23.] Y es de notar que lo que acontece al niño, se verifica tambienen los hombres adultos, por claro y despejado que sea suentendimiento. Si no están iniciados en las cuestiones filosóficas,recibiréis á poca diferencia las mismas respuestas al proponerlesdificultades sobre los expresados objetos, y aun sobre muchísimosotros en que al parecer podria caber mas duda. La experiencia pruebamejor que todos los discursos, que nadie adquiere la certeza por actoreflejo.

[24.] Dicen los filósofos que las fuentes de la certeza son el sentidoíntimo ó la conciencia de los actos, los sentidos exteriores, elsentido comun, la razon, la autoridad. Veamos con algunos ejemplos loque hay de reflejo en todas estas fuentes, cómo piensa el comun de loshombres, y hasta los mismos filósofos, cuando no piensan comofilósofos sino como hombres.

[25.] Una persona de entendimiento claro, pero sin noticia de lascuestiones sobre la certeza, acaba de ver un monumento que deja en elalma una impresion viva y duradera, el Escorial

por ejemplo. Alponderar lo grato del recuerdo, suscitadle dudas sobre la existenciade este en su espíritu, y su correspondencia, ya con el acto pasadode ver, ya con el edificio visto; es bien seguro que si no piensa queos chanceais, le desconcertaréis completamente haciéndole sospecharque habeis perdido el juicio. Entre cosas tan diferentes como son: laexistencia actual del recuerdo, su correspondencia con el acto pasadode ver, y la conveniencia de todo con el edificio visto, él nodescubre diferencia alguna. Para este caso no sabe mas que un niño deseis años: «me acuerdo; lo vi; es tal como lo recuerdo:» hé aquí todasu ciencia; nada de reflexion, nada de separacion, todo directo ysimultáneo.

Haced las suposiciones que bien os parezcan, no sacaréis del comun delos hombres, con respecto al sentido íntimo, mas que lo que habeissacado del recuerdo del Escorial: «es asi y no hay mas.» Aquí no hayactos reflejos, la certeza acompaña al directo; y todas lasreflexiones filosóficas no son capaces de añadir un adarme deseguridad, á la que nos da la fuerza misma de las cosas, el instintode la naturaleza.

[26.] Ejemplo del testimonio de los sentidos.

Se presenta á nuestros ojos un objeto cualquiera, y si está á lacorrespondiente distancia y con la luz suficiente, juzgamos luego desu tamaño, figura y color; quedándonos muy seguros de la verdad denuestro juicio, aun cuando en nuestra vida no hayamos pensado en lasteorías de las sensaciones, ni en las relaciones de nuestros órganosentre sí y con los objetos externos. Ningun acto reflejo acompaña laformacion del juicio; todo se hace instintivamente, sin queintervengan consideraciones filosóficas. Lo vemos y nada mas; esto nosbasta para la certeza. Solo despues de haber manejado los libros dondese ventilan semejantes cuestiones, volvemos la atencion sobre nuestrosactos; y aun es de notar, que esta atencion dura, interin nos ocupamosdel análisis científico; pues en olvidándonos de esto, lo que sucedebien pronto, entramos de nuevo en la corriente universal, y soloechamos mano de la filosofía en casos muy contados.

Nótese que aquí se habla de la certeza del juicio formado áconsecuencia de la sensacion, solo en cuanto está ligado con los usosde la vida, y de ninguna manera en lo tocante á su mayor ó menorexactitud con respecto á la naturaleza de las cosas. Así, poco importaque los colores por ejemplo, sean considerados como calidadesinherentes á los cuerpos, aun cuando esto sea ilusion; basta que eljuicio formado no altere en nada nuestras relaciones con los objetos,sea cual fuere la teoría filosófica.

[27.] Ejemplo del sentido comun.

En presencia de un concurso numeroso, arrojad á la aventura en elsuelo un cajon de caractéres de imprenta, y decid á los circunstantesque resultarán escritos los nombres de todos ellos; por unanimidad sereirán de vuestra insensatez; y ¿en qué se fundan? ¿han reflexionadosobre el fundamento de su certeza? Nó, de seguro.

[28.] Ejemplo de la razon.

Todos raciocinamos, y en muchos casos con acierto. Sin arte, sinreflexion de ninguna clase, distinguimos con frecuencia lo sólido delo fútil, lo sofístico de lo concluyente. Para esto no necesitamosatender al curso que sigue nuestro entendimiento; sin advertirlosiquiera nos vamos por el buen camino; y tal hombre habrá formado ensu vida millones de raciocinios muy rigurosos y exactos, que no habráatendido una sola vez al modo con que raciocina. Aun los mas versadosen el artificio de la dialéctica se olvidan á menudo de ella; lapractican quizás muy bien, pero sin atender expresamente á ninguna desus reglas.

[29.] Los ideólogos escriben volúmenes enteros sobre las operacionesde nuestro entendimiento; y estas operaciones las ejecuta el hombremas rústico sin pensar que las hace. ¡Cuánto no se ha escrito sobre laabstraccion, sobre la generalizacion, sobre los universales! Y no hayhombre que no tenga todo esto muy bien arreglado en su cabeza, aunqueno sepa que existe una ciencia que lo examina. En su lenguaje,hallaréis expresado lo universal y lo particular, notaréis que en sudiscurso cada cosa ocupa el puesto que le corresponde; sus actosdirectos no le ofrecen dificultad. Pero llamadle la atencion sobreesos mismos actos, sobre la abstraccion por ejemplo: lo que en elórden directo del pensamiento era tan claro y luminoso, se convierteen un caos al pasar al órden reflejo.

Se echa pues de ver que en el medio de suyo mas reflexivo, cual es elraciocinio, obra muy poco la reflexion, que tiene por objeto el mismoacto que se ejerce.

[30.] Ejemplo de la autoridad.

Ningun habitante de paises civilizados ignora que existe una nacionllamada Inglaterra

; y la mayor parte de ellos, no lo saben sino porhaberlo oido ó leido, es decir, por autoridad. Claro es que la certezade la existencia de la Inglaterra es tanta, que no la excede la de losmismos objetos que se tienen á la vista; y sin embargo, ¿cuántos sonlos que han pensado en el análisis de los fundamentos en que se apoyasemejante certeza? Muy pocos. ¿Y esta será mayor en los que se hayanocupado de ella que en los demás? Nó, seguramente. Luego en elpresente caso y otros infinitos análogos, para nada intervienen losactos reflejos; la certeza se forma instintivamente, sin el auxilio deningun medio parecido á los filosóficos.

[31.] Estos ejemplos manifiestan que la humanidad en lo tocante á lacerteza, anda por caminos muy diferentes de los de la filosofía: elCriador que ha sacado de la nada á los seres, los ha provisto de lonecesario para ejercer sus funciones segun el lugar que ocupan en eluniverso; y una de las primeras necesidades del ser inteligente era lacerteza de algunas verdades. ¿Qué seria de nosotros si al comenzar árecibir impresiones, al germinar en nuestro entendimiento lasprimeras ideas, nos encontrásemos con el fatigoso trabajo de labrar unsistema que nos pusiese á cubierto de la incertidumbre? Si así fuese,nuestra inteligencia moriria al nacer; porque envuelta en el caos desus propias cavilaciones en el momento de abrir los ojos á la luz, ycuando sus fuerzas son todavía tan escasas, no alcanzaria á disiparlas nubes que se levantarian de todos lados, y acabarian por sumirlaen una completa oscuridad.

Si los filósofos mas aventajados, si las inteligencias mas claras ypenetrantes, si los genios de mas pujanza y brio, han trabajado contan escaso fruto por asentar los principios sólidos que pudiesenservir de fundamento á las ciencias, ¿qué sucediera si el Criador nohubiese acudido á esta necesidad, proveyendo de certeza á la tiernainteligencia, del propio modo que para la conservacion del cuerpo hapreparado el aire que le vivifica, y la leche que le alimenta?

[32.] Si alguna parte de la ciencia debe ser considerada comopuramente especulativa, es sin duda la que versa sobre la certeza: yesta proposicion por mas que á primera vista parezca una paradoja, essin embargo una verdad nada difícil de demostrar.

[33.] ¿Qué puede proponerse en este particular la filosofía? ¿Producirla certeza? Esta existe, independiente de todos los sistemasfilosóficos: nadie habia pensado en semejantes cuestiones, cuando lahumanidad estaba ya cierta de infinitas cosas. Todavía mas: despuesde suscitada la cuestion, han sido pocos los que se han ocupado deella, comparados con la totalidad del género humano: lo mismo sucedeahora, y sucederá en adelante. Luego cuantas teorías se excogitensobre este punto en nada pueden influir en el fenómeno de la certeza.Lo que se dice con respecto á producirla, puede extenderse al intentode consolidarla. ¿Cuándo han tenido ó tendrán ni ocasion ni tiempo elcomun de los hombres, para ocuparse de semejantes cuestiones?

[34.] Si algo hubiera podido producir la filosofía en esta parte,habria sido el escepticismo; pues que la variedad y oposicion de lossistemas eran mas propias para engendrar dudas que para disiparlas.Afortunadamente, la naturaleza se resiste al escepticismo de unamanera insuperable; y los sueños del gabinete de los sabios notrascienden á los usos de la vida del comun de los hombres, ni aun delos mismos que los padecen ó los fingen.

[35.] El objeto mas razonable que en esta cuestion puede proponerse lafilosofía es el examinar simplemente los cimientos de la certeza, solocon la mira de conocer mas á fondo al espíritu humano, sin lisonjearsede producir ninguna alteracion en la práctica: á la manera que losastrónomos observan la carrera de los astros, y procuran averiguar ydeterminar las leyes á que está sujeta, sin que por esto presumanpoder modificarlas.

[36.] Mas aun en esta suposicion, se halla la filosofía en situacionnada satisfactoria: porque si recordamos lo que arriba se llevaestablecido, echaremos de ver que la ciencia observa un fenómeno realy verdadero, pero le da una explicacion gratuita, haciendo de él unanálisis imaginario.

En efecto, se ha demostrado con la experiencia que nuestroentendimiento no se guia por ninguna de las consideraciones que tienenpresentes los filósofos; su asenso, en los casos en que va acompañadode mayor certeza, es un fruto espontáneo de un instinto natural, no decombinaciones; una adhesion firme arrancada por la evidencia de laverdad, ó la fuerza del sentido íntimo ó el impulso del instinto, nouna conviccion producida por una serie de raciocinios; luego esascombinaciones y raciocinios, solo existen en la mente del filósofo,mas no en la realidad; luego cuando se quieren señalar los cimientosde la certeza, se indica lo que tal vez pudiera ó debiera haber, perono lo que hay.

Si los filósofos se guiasen por sus sistemas y no se olvidasen ó noprescindiesen de ellos, tan pronto como acaban de explicarlos, y aunmientras los explican, pudiera decirse que si no se da razon de lacerteza humana, se da de la certeza filosófica; pero limitándose losmismos filósofos á usar de sus medios científicos, solo cuando losdesenvuelven en sus cátedras, resulta que los pretendidos cimientosson una pura título que poco ó nada tiene que ver con la realidad delas cosas.

[37.] Esta demostracion de la vanidad de los sistemas filosóficos enlo tocante á los fundamentos de la certeza, lejos de conducir alescepticismo, lleva á un punto directamente opuesto: porquehaciéndonos apreciar en su justo valor la vanidad de las cavilacioneshumanas, y comparando su impotencia con la irresistible fuerza de lanaturaleza, nos aparta del necio orgullo de sobreponernos á las leyesdictadas por el Criador á nuestra inteligencia, nos hace entrar en elcauce por donde corre la humanidad en el torrente de los siglos, y nosinclina á aceptar con una filosofía juiciosa, lo mismo que de todosmodos nos fuerzan á aceptar las leyes de nuestra naturaleza (III).

CAPÍTULO IV.

SI EXISTE LA CIENCIA TRASCENDENTAL EN EL ÓRDEN INTELECTUAL ABSOLUTO.

[38.] Los filósofos han buscado un primer principio de losconocimientos humanos: cada cual le ha señalado á su manera, y despuesde tanta discusion, todavía es dudoso quién ha acertado, y hasta si haacertado nadie.

Antes de preguntar cuál era el primer principio, era necesario sabersi existia. Esta última cuestion no puede suponerse resuelta ensentido afirmativo, pues como veremos luego, es susceptible dediferentes resoluciones segun el aspecto bajo el cual se la mira.

El primer principio de los conocimientos puede entenderse de dosmaneras: ó en cuanto significa una verdad única de la cual nazcantodas las demás; ó en cuanto expresa una verdad cuya suposicion seanecesaria, si no se quiere que desaparezcan todas las otras. En elprimer sentido se busca un manantial del cual nazcan todas las aguasque riegan una campiña; en el segundo, se pide un punto de apoyo paraafianzar sobre él un gran peso.

[39.] ¿Existe una verdad de la cual dimanen todas las otras? En larealidad, en el órden de los seres, en el órden intelectual universal,sí; en el órden intelectual humano, nó.

[40.] En el órden de los seres hay una verdad orígen de todas; porquela verdad es la realidad, y hay un Ser, autor de todos los seres. Esteser es una verdad, la verdad misma, la plenitud de verdad; porque esel ser por esencia, la plenitud del ser.

Esta unidad de orígen la han reconocido en cierto modo todas lasescuelas filosóficas. Los ateos hablan de la fuerza de la naturaleza,los panteistas, de la sustancia única, de lo absoluto, de loincondicional; unos y otros han abandonado la idea de Dios, y trabajanpor reemplazarla con algo que sirva de orígen á la existencia deluniverso y al desarrollo de sus fenómenos.

[41.] En el órden intelectual universal hay una verdad de la cualdimanan todas; es decir, que esa unidad de orígen de todas lasverdades, no solo se halla en las verdades realizadas, ó en los seresconsiderados en sí mismos, sino tambien en el encadenamiento de ideasque representan á estos seres. Por manera que si nuestro entendimientopudiese elevarse al conocimiento de todas las verdades, abrazándolasen su conjunto, en todas las relaciones que las unen, veria que ápesar de la dispersion en que se nos ofrecen en las direcciones masremotas y divergentes, en llegando á cierta altura van convergiendo áun centro, en el cual se enlazan, como las madejas de luz en el puntoluminoso que las despide.

[42.] Los teólogos al paso que explican los dogmas de la Iglesia,siembran á menudo en sus tratados doctrinas filosóficas muy profundas.Así santo Tomás en sus cuestiones sobre el entendimiento de losángeles, y en otras partes de sus obras, nos ha dejado una teoría muyinteresante y luminosa. Segun él, á proporcion que los espíritus sonde un órden superior, entienden por un menor número de ideas; y asícontinúa la disminucion hasta llegar á Dios, que entiendo por medio deuna idea única, que es su misma esencia. De esta suerte segun el SantoDoctor, hay no solo un ser autor de todos los seres, sino tambien unaidea única, infinita, que las encierra todas. Quien la poseaplenamente lo verá todo en ella; pero como esta plenitud, que entérminos teológicos se llama comprension, es propia únicamente de lainteligencia infinita de Dios, las criaturas cuando en la otra vidaalcancen la vision beatífica, que consiste en la intuicion de laesencia divina, verán mas ó menos objetos en Dios segun sea la mayor ómenor perfeccion con que le posean. ¡Cosa admirable! El dogma de lavision beatífica bien examinado, es tambien una verdad que derramatorrentes de luz sobre las teorías filosóficas! El sueño sublime deMalebranche sobre las ideas, era quizás una reminiscencia de susestudios teológicos.

[43.] La ciencia trascendental, que las abraza y explica todas, es unaquimera para nuestro espíritu mientras habita sobre la tierra; pero esuna realidad para otros espíritus de un órden superior, y lo será parael nuestro cuando desprendido del cuerpo mortal, llegue á las regionesde la luz.

[44.] En cuanto podemos conjeturar por analogías, tenemos pruebas deque existe en efecto esa ciencia trascendental que las encierra todas,y que á su vez se refunde en un solo principio, ó mejor, en una solaidea, en una sola intuicion. Observando la escala de los seres, losgrados en que están distribuidas las inteligencias individuales, y elsucesivo progreso de las ciencias, se nos presenta la imágen de estaverdad de una manera muy notable.

Uno de los caractéres distintivos de la inteligencia es elgeneralizar, el percibir lo comun en lo vario, el reducir lo múltiploá la unidad; y esta fuerza es proporcional al grado de inteligencia.

[45.] El bruto está limitado á sus sensaciones, y á los objetos que selas causan. Nada de generalizar, nada de clasificar, nada que se elevesobre la impresion recibida, y el instinto de satisfacer susnecesidades. El hombre, tan pronto como abre los ojos de suinteligencia, percibe desde luego un sinnúmero de relaciones; lo queha visto en un caso lo aplica á otros diferentes: generaliza,encerrando en una idea muchísimas otras. Quiere el niño alcanzar unobjeto, no puede llegar á él; y al instante improvisa su escaleraarrimando una silla ó un banquillo. Un bruto estará mirando largashoras la tajada que le hechiza, pero que está colgada demasiado alto,sin que le ocurra que pudiera practicar la misma operacion que elniño, y formar una escalera. Si se le disponen los objetos á propósitopara subir, sube; pero es incapaz de pensar que en situacionessemejantes se debe ejecutar la misma operacion. En un caso vemos unser que tiene la idea general de un

medio

y de sus relaciones con el

fin

, y que cuando la necesita la emplea; en el segundo, vemos otroser que tiene delante de sus ojos el fin y el medio, pero que nopercibe su relacion, y que por consiguiente no se eleva sobre laindividualidad material de los objetos.

En el primero hay la percepcion de la unidad; en el segundo, no hayningun lazo que reuna la variedad de los hechos particulares.

En este ejemplo tan sencillo se nota que la infinidad de casos, en quepor estar el objeto demasiado alto ofrece dificultad el alcanzarle,los tiene reducidos el niño á uno solo: posee por decirlo así lafórmula del pequeño problema.

Por cierto que él no se da cuenta á sí mismo de esta fórmula, es decirque no hace acto reflejo sobre ella: pero en la realidad la tiene, yla prueba es, que en ofreciéndose el caso, la aplica instantáneamente.Aun mas: no le pongais delante un objeto determinado, y habladle engeneral de cosas demasiado altas, indicándole velozmente unas trasotras; veréis que con la rapidez del relámpago aplica siempre la ideageneral de un medio auxiliar. Serán los brazos de sus padres, ó de unhermano mayor, ó de un criado; será una silla si está en su casa, seráun monton de piedras si se halla en el campo; de todo se vale, en tododescubre la

relacion del medio con el fin

. Cuando el fin sepresenta, su atencion se vuelve instantáneamente hácia el medio; laidea general, busca un caso en que individualizarse.

[46.] ¿Qué es un arte? ¿es un conjunto de reglas para hacer bienalguna cosa? ¿y cuándo es mas perfecto? lo es tanto mas, cuantoencierra mayor número de casos en cada regla, y por consiguientecuanto es menor el número de estas. Antes de que se hubiesen formuladolas de la arquitectura, se habian construido sin duda edificiossólidos, hermosos, y adaptados al uso á que se destinaban: pero elgran progreso de la inteligencia en lo relativo á la construccion deedificios consistió en encontrar lo que tenian de

comun

los bienconstruidos; en fijar la causa de la solidez y de la belleza en símismas, pasando de lo individual á lo universal, es decir, formándoseideas generales de solidez y de belleza aplicables á un sinnumero decasos particulares: simplificando.

[47.] Lo dicho de la arquitectura, puede extenderse á las demás artesliberales y mecánicas: en todas se encontrará que el adelanto de lainteligencia se cifra en reducir á la unidad la multiplicidad, enhacer que en el menor número de ideas posible, se encierre el mayornúmero de aplicaciones posible. Por esta razon los amantes de lasletras y de las bellas artes, se afanan en busca de la idea de labelleza en general, con la mira de encontrar un tipo aplicable á todoslos objetos literarios y artísticos. Tambien podemos observar que losque se ocupan de artes mecánicas, discurren siempre por reducir susprocedimientos á pocas reglas, y aquel se tiene por mas adelantado quealcanza á combinar mayor variedad de los productos con mas sencillezen los medios, haciendo depender de una sola idea lo que otros tienenvinculado con muchas. Al contemplar una máquina que nos da admirablesproductos con una combinacion muy sencilla, no tributamos menoselogios al artífice por lo segundo que por lo primero: «esto esmagnífico, decimos, y lo mas asombroso es la sencillez con que seejecuta.»

[48.] Hagamos aplicacion de esta doctrina á las ciencias naturales yexactas.

El mérito del sistema actual de numeracion consiste en encerrar en unasola idea la espresion de todos los números, haciendo el valor de cadaguarismo, décuplo del que tiene á la derecha, y supliendo los huecoscon el cero. La expresion de la infinidad de los números, estáreducida á una sola regla, fundada en una sola idea: la relacion dellugar con el décuplo del valor. La aritmética ha hecho un grandeadelanto disminuyendo el número de sus operaciones fundamentales pormedio de los logaritmos: reduciendo á sumar y restar las demultiplicar y dividir. El álgebra no es mas que la generalizacion delas expresiones y operaciones aritméticas: su simplificacion. Laaplicacion del álgebra á la geometría, es la generalizacion de lasexpresiones geométricas: las fórmulas de las líneas, de las figuras,de los cuerpos, no son mas que la expresion de su idea universal. Enella, como en un tipo conserva el geómetra la idea matriz, generadora,bástanle las aplicaciones mas sencillas para formar cálculos exactosde todas las líneas de la misma clase que puedan ofrecérsele en lapráctica. En la sencilla expresion dz/dx = A, apellidada coeficientediferencial, se encierra la idea matriz del cálculo infinitesimal;ella dimanó de consideraciones geométricas, pero tan pronto como fuéconcebida en su universalidad, esparció sobre todos los ramos de lasmatemáticas y de las ciencias naturales un raudal de luz que hizodescubrir un nuevo mundo cuyos confines no se alcanzan. La prodigiosafecundidad de este cálculo dimana de su simplicidad, de que generalizapor decirlo así de un golpe la misma álgebra y la geometría,reuniéndolas en un solo punto que es la relacion de los límites de lasdiferencias de toda funcion.

[49.] Esta unidad de idea, es el objeto de la ambicion de la humanainteligencia, y una vez encontrada es el manantial de los mayoresadelantos. La gloria de los genios mas grandes se ha cifrado endescubrirla; el progreso de las ciencias ha consistido enaprovecharla. Vieta expone y aplica el principio de la expresiongeneral de las cantidades aritméticas; Descartes hace lo mismo conrespecto á las geométricas; Newton asienta el principio de lagravitacion universal; él propio, al mismo tiempo que Leibnitz,inventa el cálculo infinitesimal; y las ciencias naturales y exactasalumbradas por una grande antorcha marchan á pasos agigantados porcaminos antes desconocidos. ¿Y por qué? porque la inteligencia se haaproximado á la unidad, ha entrado en posesion de una idea matriz enque se encierran otras infinitas.

[50.] Es digno de notarse que á medida que se va adelantando en lasciencias se encuentran entre ellas numerosos puntos de contacto,estrechas relaciones que á primera vista nadie hubiera podidosospechar.

Cuando los matemáticos antiguos se ocupaban de lassecciones cónicas estaban muy lejos de creer que la idea de la elipsehubiese de servir de base á un sistema astronómico; los focos eransimples puntos, la curva una línea y nada mas; las relaciones deaquellos con esta, eran objeto de combinaciones estériles, sinaplicacion. Siglos despues esos focos son el sol, y la curva lasórbitas de los planetas. Las líneas de la mesa del geómetrarepresentaban un mundo!…..

El íntimo enlace de las ciencias matemáticas con las naturales es unhecho fuera de duda; ¿y quién sabe hasta qué punto se enlazan unas yotras con las ontológicas, psicológicas, teológicas y morales? Ladilatada escala en que están distribuidos los seres, y que á primeravista pudiera parecer un conjunto de objetos inconexos, vamanifestándose á los ojos de la ciencia como una cadena delicadamentetrabajada cuyos eslabones presentan sucesivamente mayor belleza yperfeccion. Los diferentes reinos de la naturaleza se muestranenlazados con íntimas relaciones; así las ciencias que los tienen porobjeto, se prestan recíprocamente sus luces, y entran alternativamentela una en el terreno de la otra. La complicacion de los objetos entresí, trae consigo esa complicacion de conocimientos; y la unidad delas leyes que rigen diferentes órdenes de seres, aproximan todas lasciencias y las encaminan á formar una sola. ¡Quién nos diera ver laidentidad de orígen, la unidad del fin, la sencillez de los caminos!Entonces poseeríamos la verdadera ciencia trascendental, la cienciaúnica, que las encierra todas; ó mejor diremos, la idea única en quetodo se pinta tal como es, en que todo se ve sin necesidad decombinar, sin esfuerzo de ninguna clase, como en un clarísimo espejose retrata un magnífico paisage, con su tamaño, figura y colores!Entretanto, nos es preciso contentarnos con sombras de la realidad; yen el instinto de nuestro entendimiento para simplificar, parareducirlo todo ó aproximarlo cuando menos á la unidad, debemos ver elindicio, el anuncio, de esa ciencia única, de esa intuicion de la ideaúnica, infinita; así como en el deseo de felicidad que agita nuestrocorazon, en la sed de gozar que nos atormenta, hallamos la prueba deque no acaba todo aquí, de que nuestra alma ha sido criada para laposesion de un bien que no se alcanza en la vida mortal.

[51.] Lo mismo que hemos observado en la escala de los seres, y en elprogreso de las ciencias, podemos notarlo comparando hombres conhombres, y atendiendo el carácter que ofrece el punto mas elevado dela humana inteligencia: el genio. Los hombres de verdadero genio sedistinguen por la unidad y amplitud de su concepcion. Si tratan unacuestion difícil y complicada, la simplifican y allanan tomando unpunto de vista elevado, fijando una idea principal que comunica luz átodas las otras; si se proponen contestar á una dificultad, señalan laraíz del error, y destruyen con una palabra toda la ilusion delsofisma; si emplean la síntesis, aciertan desde luego en el principioque ha de servir de base, y de un rasgo trazan el camino que se ha deseguir para llegar al resultado que se desea; si se valen del análisisatinan en el punto por donde debe empezar la descomposicion, en elresorte oculto, y de un golpe por decirlo asi, nos abren el objeto,nos ponen de manifiesto sus interioridades mas recónditas; si se tratade una invencion, mientras los demás están buscando acá y acullá,ellos hieren el suelo con el pie, y dicen «el tesoro está aquí.» Nadade dilatados raciocinios; nada de rodeos: pocos pensamientos, perofecundos: pocas palabras, pero en cada una de ellas engastada unaperla de inmenso valor.

[52.] No cabe pues duda alguna de que en el órden intelectual hay unaverdad de la cual dimanan todas las verdades, hay una idea queencierra todas las ideas; así nos lo enseña la filosofía, así nos losindican los esfuerzos, las tendencias naturales, instintivas, de todainteligencia, cuando se afana por la simplificacion y la unidad; asílo estima el sentido comun, que considera tanto mas alto y noble elpensamiento, cuanto es mas vasto y mas uno (IV).

CAPÍTULO V.

NO EXISTE LA CIENCIA TRASCENDENTAL EN EL ORDEN INTELECTUAL HUMANO

NOPUEDE DIMANAR DE LOS SENTIDOS.

[53.] En el órden intelectual humano, mientras vivimos sobre latierra, no hay una verdad de la cual dimanen todas: en vano la hanbuscado los filósofos; no la han encontrado porque no era posibleencontrarla.

Y en efecto, ¿dónde se hallaria la deseada verdad?

[54.] ¿Dimanará de los sentidos?

Las sensaciones son tan varias como los objetos que las producen. Porellas adquirimos noticia de cosas individuales y materiales; y enninguna de estas ni en las sensaciones que de ellas dimanan, puedehallarse la verdad, fuente de todas las demás.

[55.] Observando las impresiones que por los sentidos recibimos,podemos notar que con respecto á producir certeza, todas son igualesentre sí. Tan ciertos estamos de la sensacion que nos causa un ruidocualquiera como de la producida por la presencia de un objeto ánuestros ojos, de un cuerpo oloroso cercano al olfato, de uno sabrosoaplicado al paladar, ó de otro que afecte vivamente el tacto.

En lacerteza producida por aquellas sensaciones no hay gradacion, todasson iguales; porque si hablamos de la sensacion misma, esta laexperimentamos de una manera que no nos consiente incertidumbre; y sise trata de la relacion de la sensacion con la existencia del objetoexterno que la causa, tan ciertos estamos de que á la sensacion que sellama vision

, corresponde un objeto externo

visto

, como que á loque se apellida

tacto

, corresponde un objeto externo

tocado

.

Se infiere de lo dicho, que no hay una sensacion orígen de la certezade las demás; en este punto todas son iguales; y para el comun de loshombres no hay mas razon que los asegure de la certeza, sino que loexperimentan así. No ignoro que lo sucedido con los individuos áquienes se ha hecho la operacion de las cataratas, indica que paraapreciar debidamente el objeto sentido

no es suficiente la simplesensacion, y que unos sentidos auxilian á los otros; pero esto noprueba la preferencia de ninguno de ellos; pues así como el ciego áquien se dió repentinamente la vista, no formaba por la simple visionjuicio exacto sobre el tamaño y distancia de los objetos vistos, sinoque necesitaba el auxilio del tacto; así es muy probable que sisuponemos á una persona con vista, privada de tacto desde sunacimiento, y se lo damos despues repentinamente, tampoco formarájuicio exacto de los objetos tocados, hasta que con el auxilio de lavista, se haya ido acostumbrando á combinar el nuevo órden desensaciones con el antiguo, aprendiendo con el ejercicio á fijar lasrelaciones de la sensacion con el objeto y á conocer por medio deaquella las propiedades de este.

[56.] El mismo hecho del ciego á quien se quitaron las cataratas, estácontrariado por otros que conducen á un resultado directamenteopuesto. La jóven á quien hizo la misma operacion el oculista JuanJanin, y unos ciegos de nacimiento á quienes el profesor Luis deGregori restituyó en parte la vista, no creyeron como el ciego deCheselden, que los objetos estuviesen pegados á sus ojos, sino queluego los vieron como cosas realmente externas y separadas. Así lorefiere Rosmini (Ensayo sobre el orígen de las ideas parte 5. cap.

4.Tomo, 2. p. 286 citando el opúsculo «de las cataratas de los ciegos denacimiento, observaciones teórico-químicas, del profesor de química yoftalmia Luis de Gregori, Romano.» Roma 1826); bien que dando lapreferencia al de Cheselden que dice fué renovado en Italia por elprofesor Jacobo de Pavía, con toda diligencia y con el mismo resultadoen todas sus partes.

[57.] El modo con que esta combinacion de unas sensaciones con otrasnos enseña á juzgar bien de los objetos externos es difícil saberlo:porque cabalmente el desarrollo de nuestras facultades sensitivas éintelectuales se verifica antes que podamos reflexionar sobre él; yasí nos encontramos ya ciertos de la existencia y propiedades de lascosas, sin que hayamos pensado en la certeza, ni mucho menos en losmedios de adquirirla.

[58.] Pero aun suponiendo que despues nos ocupemos de las sensacionesmismas, y de sus relaciones con los objetos, prescindiendo de lacerteza que ya tenemos y haciendo como que la buscamos, es imposiblehallar una sensacion que pueda servir de punto de apoyo á la certezade los demás. Las dificultades que estas nos ofrecieran lasencontraríamos en aquella.

[59.] El fijar las relaciones del sentido de la vista con el deltacto, y el determinar hasta qué punto dependen uno de otro, da lugará cuestiones que pienso examinar mas abajo con alguna extension; y porlo mismo me abstendré de entrar en ellas por ahora, ya porque no sontales que puedan ventilarse por incidencia, ya tambien porque suresolucion sea en el sentido que fuere, en nada se opone á lo que mepropongo establecer aquí.

[60.] Nada adelantaríamos con saber que la certeza de todas lassensaciones está, filosóficamente hablando, vinculada en una. Todasensacion es un hecho individual contingente; ¿cómo podemos sacar deél la luz para guiarnos á las verdades necesarias? Considérese bajo elaspecto que se quiera la sensacion, no es mas que la impresion querecibimos por conducto de los órganos. De la impresion estamos segurosporque está intimamente presente á nuestra alma; de sus relaciones conel objeto que la produce, nos cercioramos por la repeticion de ella,con el auxilio de otras sensaciones, ya del mismo sentido, ya deotros; pero todo instintivamente, con poca ó ninguna reflexion, ysiempre condenados, por mas que reflexionemos, á llegar á un punto delcual no podemos pasar porque allí nos detiene la naturaleza.

[61.] Lejos pues de encontrar en ninguna sensacion un hechofundamental en que podamos apoyarnos para establecer una certezafilosófica, vemos un conjunto de hechos particulares, muy distintosentre sí, pero que se parecen en cuanto á producir en nosotros esaseguridad que se llama certeza. En vano es que se descomponga alhombre, que se le reduzca primero á una máquina inanimada, que luegose le otorgue un sentido haciéndole percibir diferentes sensaciones,que despues se le conceda otro, haciéndole combinar las nuevas con lasantiguas, y así se proceda sintéticamente hasta llegar á la posesion yejercicio de todos; estas cosas son buenas para entretener lacuriosidad, alimentar pretensiones filosóficas, y dar un viso deprobabilidad á sistemas imaginarios; pero en la realidad se adelantapoco ó nada: las evoluciones que finge el observador, no se parecen álas de la naturaleza; y el verdadero filósofo debe examinar, nó lo queen su concepto pudiera haber, sino lo que hay.

Condillac animando progresivamente su estatua y haciendo dimanar deuna sensacion todo el caudal de los conocimientos humanos, se pareceá aquellos sacerdotes que se ocultaban dentro de la estatua del ídoloy desde allí emitian sus oráculos. No es la estatua que se va animandolo que piensa y habla, es Condillac que está dentro. Concedámosle alfilósofo sensualista todo lo que quiera; dejémosle que arregle á sumodo la dependencia respectiva de las sensaciones; todo se ledesconcierta desde el momento en que le exigis que no discurra sinocon sensaciones puras, por mas que las suponga transformadas. Peroreservemos estas cuestiones para el lugar en que examinaremos lanaturaleza y el orígen de las ideas.

[62.] ¿Por qué estoy seguro de que la grata sensacion que experimentoen el sentido del olfato procede de un objeto que se llama

rosa

?Porque así me lo atestigua el recuerdo de mil otras ocasiones en quehe experimentado la misma impresion, porque con el testimonio delolfato están de acuerdo el tacto y la vista. Pero ¿cómo puedo saberque estas sensaciones son algo mas que impresiones que recibe mi alma?¿por qué no he de creer que viene de una causa cualquiera sin relacioná objetos externos? ¿Será porque dicen lo contrario los demás hombres?¿Me consta que existan? ¿Y cómo saben ellos lo que me dicen? ¿cómo séque los oigo bien? La misma dificultad que se ofrece con respeto á losotros sentidos existe en cuanto al oido; si dudo del testimonio detres, ¿por qué no dudo del de cuatro? No adelanto pues nada con elraciocinio; este me conduciria á cavilaciones tales, que me exigirianuna duda imposible, que me arrancarian una seguridad de que no puedodesprenderme por mas esfuerzos que haga.

Además, si para apoyar la verdad de la sensacion apelo á losprincipios del raciocinio, ya salgo del terreno de las sensaciones, yano pongo en estas la verdad primitiva orígen de las otras, no cumplolo que habia ofrecido.

[63.] De lo dicho resulta: 1.º que no se encuentra una sensacionorígen de la certeza de las otras, lo que me he contentado conindicarlo aquí, reservándome demostrarlo al tratar de las sensaciones;2.° que aun cuando existiese esta sensacion, no bastaria á fundar nadaen el órden intelectual, pues con las solas sensaciones no es posibleni aun pensar; 3.º que las sensaciones lejos de poder ser la basa dela ciencia trascendental, no sirven por sí solas para establecerninguna ciencia; pues de ellas, por ser hechos contingentes, no puedendimanar las verdades necesarias (V).

CAPÍTULO VI.

CONTINÚA LA DISCUSION SOBRE LA CIENCIA TRASCENDENTAL. INSUFICIENCIA DELAS

VERDADES REALES.

[64.] Ha sido conveniente rebatir de paso el sistema de Condillac, nopor su importancia intrínseca, ni porque no esté ya bastantedesacreditado, sino para dejar el campo libre á investigaciones maselevadas, mas propiamente filosóficas. Es preciso no perder ocasion deindemnizar á la filosofía de los perjuicios que le irrogara un sistematan vanidoso como estéril. Todo lo mas sublime de la ciencia delespíritu, desaparecia con el

hombre-estatua

, y las sensacionestransformadas; venguemos pues los derechos de la razon humana,manifestando que antes de entrar en las cuestiones mastrascendentales, le es indispensable descartar el sistema deCondillac; como para construir un buen camino se quita ante todo labroza que obstruye el paso.

[65.] Vamos ahora á probar que en el órden intelectual humano, talcomo es en esta vida, no existe ningun principio que sea fuente detodas las verdades; porque no hay ninguna verdad que las encierretodas.

Las verdades son de dos clases: reales ó ideales. Llamo verdadesreales á los hechos, ó lo que existe; llamo ideales el enlacenecesario de las ideas. Una verdad real puede expresarse por el verbo ser

tomado sustantivamente, ó al menos supone una proposicion en queel verbo se haya tomado en este sentido; una verdad ideal se expresapor el mismo verbo tomado copulativamente, en cuanto significa larelacion necesaria de un predicado con un sujeto, prescindiendo de laexistencia de uno y de otro.

Yo soy

, esto es,

yo existo

, expresauna verdad real, un hecho.

Lo que piensa existe

; expresa una verdadideal, pues no se afirma que haya quien piense ni quien exista, sinoque si hay quien piensa, existe; ó en otros términos, se afirma unarelacion necesaria entre el pensamiento y el ser.

A las verdadesreales corresponde el mundo real, el mundo de las existencias; á lasideales el mundo lógico, el de la posibilidad.

El verbo

ser

se toma á veces copulativamente sin que la relacion quepor él se expresa sea necesaria; así sucede en todas las proposicionescontingentes, ó cuando el predicado no pertenece á la esencia delsujeto. A veces la necesidad es condicional, es decir que supone unhecho; y en tal caso tampoco hay necesidad absoluta, pues el hechosupuesto es siempre contingente. Cuando hablo de las verdades ideales,me refiero á las que expresan una relacion absolutamente necesaria,prescindiendo de todo órden á la existencia; y por el contrario,comprendo entre las reales á todas las que suponen una proposicion enque se haya establecido un hecho. A esta clase pertenecen las de lasciencias naturales, por suponer todas algun hecho objeto deobservacion.

[66.] Ninguna verdad real finita puede ser orígen de todas las demás.La verdad de esta clase es la expresion de un hecho particular,contingente; y que por lo mismo no puede encerrar en sí ni las demásverdades reales, ó sea el mundo de las existencias, ni tampoco lasverdades ideales, que solo se refieren á las relaciones necesarias enel mundo de la posibilidad.

[67.] Si nosotros viésemos intuitivamente la existencia infinita,causa de todas las demás, conoceríamos una verdad real, orígen de lasotras; pero como esta existencia infinita no la conocemos porintuicion, sino por discurso, resulta que no conocemos el hecho de laexistencia en que se contiene la razon de todas las demás existencias.Despues que por el discurso nos hemos elevado á dicho conocimiento,tampoco nos es posible explicar desde aquel punto de vista laexistencia de lo finito por sola la existencia de lo infinito; porquesi prescindimos de la existencia de lo finito, desaparece el discursopor el cual nos habiamos elevado hasta el conocimiento de lo infinito,y por consiguiente se hunde todo el edificio de nuestra ciencia. Dad áun hombre por medio del discurso la demostracion de la existencia deDios, y pedidle que prescindiendo del punto de partida, y fijándosesolo en la idea de lo infinito explique la creacion, no solo en suposibilidad sino en su realidad, no lo podrá verificar. Con soloprescindir de lo finito se hunde todo su discurso, sin que ningunesfuerzo sea bastante á evitarlo; se halla en el caso de un arquitectoá quien, habiendo construido una soberbia cúpula, se le exigiese quela sostuviera, quitando el cimiento al edificio.

[68.] Tómese una verdad real cualquiera, el hecho mas seguro, mascierto para nosotros; nada se puede sacar de él si no se le fecundacon verdades ideales. Yo existo, yo pienso, yo siento. Hé aqui hechosindudables; pero ¿qué puede deducir de ellos la ciencia? nada: sonhechos particulares, contingentes, cuya existencia ó no existencia, noafecta á los demás hechos ni alcanza al mundo de las ideas.

Estas verdades son de puro sentimiento; en sí solas nada tienen quever con el órden científico, y solo se elevan hasta él, cuando se lascombina con verdades ideales. Descartes, al consignar el hecho delpensamiento y de la existencia, pasaba sin advertirlo, del órden realal órden ideal, forzado por su propósito de levantar el edificiocientífico.

Yo pienso

, decia; si se hubiese limitado á esto, sehabria reducido su filosofía á una simple intuicion de su conciencia;pero queria hacer algo mas, queria discurrir, y por necesidad echabamano de una verdad ideal:

Lo que piensa existe

. Así fecundaba elhecho individual, contingente, con la verdad universal y necesaria; ycomo habia menester una regla para conducirse en adelante, la buscabaen la legitimidad de la evidencia de las ideas. Por donde se echa dever como este filósofo, que con tanto afan buscaba la unidad, seencontraba desde luego con la triplicidad:

un hecho, una verdadobjetiva, un criterio

. Un hecho en la conciencia del

yo

; una verdadobjetiva en la relacion necesaria del pensamiento con la existencia;un criterio, en la legitimidad de la evidencia de las ideas.

Se puede desafiar á todos los filósofos del mundo á que discurransobre un hecho cualquiera sin el auxilio de las verdades ideales. Laesterilidad que hemos encontrado en el hecho de la conciencia

, sehallará en todos los demás. Esto no es una conjetura, es unademostracion rigurosa. Solo una existencia contiene la razon de todaslas demás; en no conociéndola pues de una manera inmediata, intuitiva,nos es imposible encontrar una verdad real orígen de todas las otras.

[69.] Aun suponiendo que en el órden de la creacion hubiese un hechoprimitivo de tal naturaleza que todo el universo no fuera mas que unsimple desarrollo suyo, tampoco habriamos encontrado la verdad real,fuente de toda ciencia; pues con esto nada adelantaríamos con respectoal mundo de la posibilidad, es decir, al órden ideal, infinitamentemayor que el de las existencias infinitas.

Supongamos que el progreso de las ciencias naturales conduzca aldescubrimiento de una ley simple, única, que presida al desarrollo detodas las demás, y cuya aplicacion, variada segun las circunstancias,sea suficiente para dar razon de todos los fenómenos que ahora sereducen á muchas y muy complicadas. Este seria sin duda un adelantoinmenso en las ciencias que tienen por objeto el mundo visible; ¿peroqué sabríamos por esto del mundo de las inteligencias? ¿qué del mundode la posibilidad? (VI).

CAPÍTULO VII.

ESTERILIDAD DE LA FILOSOFÍA DEL

yo