Estudios Históricos del Reinado de Felipe II by Cesáreo Fernández Duro - HTML preview

PLEASE NOTE: This is an HTML preview only and some elements such as links or page numbers may be incorrect.
Download the book in PDF, ePub, Kindle for a complete version.

ESTUDIOS HISTÓRICOS

DEL

REINADO DE FELIPE II

EL DESASTRE DE LOS GELVES

(1560-1561)

ANTONIO PÉREZ EN INGLATERRA Y FRANCIA

(1591-1612)

POR

D. CESÁREO FERNÁNDEZ DURO

De la R. Academia de la Historia

MADRID

IMPRENTA Y FUNDICIÓN DE M. TELLO

Impresor de Cámara de S. M.

Don Evaristo, 8

1890

index-2_1.jpg

index-2_2.jpg

ÍNDICE.

Páginas.

El desastre de los Gelves

1

APÉNDICE I—Relación de la jornada que hicieron a Trípolde Berbería las armadas católicas, años 1560 y 61

67

Relación breve y verdadera de la jornada de los Gelves, desdeel día que arribó el armada turquesca hasta quel fuertefué tomado por los turcos, sacada de italiano en español

163

APÉNDICE II—Carta de D. Juan de la Cerda, Duque de MedinaCeli, fecha en Mesina á 7 de enero de 1564, remitiendoal Dr. Páez, Cronista de S. M., la relación que D.

Álvarode Sande había dado á S. M. acerca de la jornada deBerbería, con anotaciones suyas

199

Epigrama dedicado á Juan Andrea Doria

245

Antonio Pérez en Inglaterra y Francia

249

Documentos

381

Los papeles y cartas que truxo Miguel Igun sobre cosas deFrancia

383

Cartas de Antonio Pérez

387

index-3_1.jpg

index-3_2.jpg

DESASTRE DE LOS GELVES

(1560)

{1}

A isla de los Gelves ó Gerves de nuestrascrónicas, designada por los naturalescon el nombre de Jerbah y porlos italianos con el de Gerbí y Zerví,se halla al SO. de la de Malta, en el golfo deCaps ó Khabes por latitud media de 33° 45'Norte, tan próxima á la costa de Trípoli y bocadel río Tritón, antiguo Lotofagite, que se comunicabacon la tierra firme por un puente demadera, y aun á marea baja podía vadearse elcanalizo de separación.

En extensión superficial mide la isla unos 40kilómetros de largo por 26 de anchura; abundaen olivos y palmares, cuyos frutos manteníaná la población, repartida en aldehuelas yalquerías, supliendo con pozos la carencia deríos y fuentes de agua potable.

Rodean á los Gelves por todos lados bajosy canalizos de difícil acceso, que obligan á lasembarcaciones de algún calado á fondear á tres{2}ó más millas de distancia.

Siempre fué este rincón nido de piratas ypeligroso padrastro de Malta, Sicilia y Cerdeña.El Almirante de Aragón Roger de Lauriacastigó los latrocinios de aquellos naturalesdesembarcando en 1284. Pensó el Rey DonFernando el Católico reprimirlos de nuevo, ylo hiciera de su orden en 1501 el Gran Capitán,á no estorbárselo las complicaciones de la guerrade Italia. En fin, se organizó al efecto laexpedición del Conde Pedro Navarro en 1510:quedó en breve sometido Trípoli, saliendo deMálaga segunda armada á las órdenes de DonGarcía de Toledo, sobrino del Rey Católico,padre del gran Duque de Alba, para dar fin ála jornada, ocupando la isla de los Gerbes, yendono menos de 16.000 infantes, sin contar lagente marinera de las naves; dato que sirve ála medida de la importancia de la empresa.

Verificado sin oposición el desembarco el30 de agosto del mismo 1510, emprendieronlos escuadrones la marcha hacia el interior,llevando D. García la vanguardia. El ardor delsol, el peso de las armas, la falta de agua sobretodo, fatigaron tanto á los soldados, queal llegar á la arboleda y sitio de los pozos nohubo razón ni palabra que los contuviera, precipitándoseen el mayor desorden á satisfacerla exigencia de la sed con porfía y aun lucha{3}de unos con otros.

Unos cuantos moros á caballo que salieronen la oportunidad, de la emboscada en que estabantras las palmeras, sembraron el pánicocargando al tropel desmoralizado. En vanoquiso alentarlos con la palabra D. García deToledo, y con el ejemplo los estimuló echandopie á tierra y tomando una pica, con la queavanzó y contuvo al enemigo por de pronto, seguidode muy pocos; su heróica muerte sirviótan sólo para poner alas al miedo y para quelos fugitivos desordenaran á los escuadrones deatrás[1]. Aquellos soldados mismos de Bugíay de Trípoli, asombro de Europa pocos díasantes, tirando las armas se arrojaban al mar ó sedejaban degollar como carneros[2], sin que laautoridad y locución del Conde Navarro fueranatendidas. Hubo, por otra parte, cristianoque por entre las lanzas de los moros asía unavasija de agua y bebía traspasado[3].

La rota fué espantosa: con D. García deToledo sucumbieron 60 capitanes ó caballerosprincipales[4], calculándose, con más ó menos,en 4.000 hombres los muertos y cautivos; y comode ordinario la desmoralización tenga consecuencias,perdiéronse luego cuatro naos con{4}toda la gente embarcada, y otra vez en la islainmediata de los Querquenes, la gente, sorprendiday acobardada, se dejó acuchillar pornúmero muy inferior de moros mal prevenidos.

Diez años después llevó á los Gelves DonHugo de Moncada, Virrey de Sicilia, otra armadade cien velas conductora de 13.500 infantesy 1.000 caballos; los puso en tierra porel mes de abril (1520), y no llanamente se abriópaso; que si el escuadrón que personalmenteguiaba arrolló á los moros, otro de los suyoscejó viéndose en aprieto. Con todo, pidió pazel jeque de la isla, reconociéndose sometido ylibrando al Virrey de ansiedades[5].

Díjose entonces en España por proverbio«Los Gelves, madre, malos son de ganar[6], »aunque no pudiera presentirse que habían deser teatro de desastre harto más serio, por unode los mayores de la historia militar española,{5}así en pérdidas de personal y material, comoen la más sensible de la reputación y de la confianzaganada con tantas victorias anteriores.

Del suceso quedan relaciones suficientementecircunstanciadas para juzgarlo con apartamientode la pasión de los contemporáneos.Antón Francesco Cirni Corso escribió una muyde atender, por la circunstancia de hallarse encontacto con el Capitán general y conocer lasprovidencias del Consejo de guerra[7]. Más concisa,pero mereciendo también la fe de testimoniopresencial, es de citar la de M. T. deCarrelières, Capitán de una compañía de franceses,relacionado con el gran Maestre de SanJuan[8]; de las varias que circulaban formó lasuya Alonso de Ulloa[9], trasladándola después{6}al italiano con agregación de otras campañas[10], y acaso también sirvieran al genovésFoglietta[11], teniéndose en cuenta al redactarhistorias generales del reinado, tales como lasde Antonio de Herrera[12] y Luis Cabrera deCórdova[13], pues que lo esencial de la jornadase encuentra en ellas.

Pero aún quedaron manuscritas, circulandoprivadamente, algunas que en más ó en menosse apartaban de las que alcanzaron sanciónoficial. Al cabo de los años transcurridos hanvenido á dar á luz los Sres. Marqués de laFuensanta del Valle y Sancho Rayón, en su Colección de libros raros ó curiosos, una desconocida,escrita por Diego del Castillo, en defensa{7}de D. Álvaro de Sande[14], y no sola, todavez que Nicolás Antonio vió y cita en la Bibliothecahispana nova, tomo I, pág. 273, delmismo autor, otra cuyo paradero se ignora, intitulada Historia de la liberación de D. Álvarode Sande y de la toma del Peñón de Vélez de la Gomeray el suceso de la armada enviada por el granTurco sobre la isla de Malta.

Diego del Castillo no asistió á la jornada delos Gelves que relata: habla por referencia,pero con buenos informes, que no es aventuradopresumir procedieran del mismo D. Álvarode Sande, á quien ampara contra opinionescontrarias, pues refiere dichos y hechosque no constan en las otras relaciones ni erafácil supiera de otra lengua; y la oportunidadde sus escritos se acredita por los que van apareciendo,en prueba del gran número de losque sin duda produjo el desastre que á tantasfamilias dejaba lastimadas.

Uno se halla inédito en la Biblioteca delEscorial, por traducción del italiano[15]; otro,{8}que aquí aparecerá por vez primera, se guardaen la Academia de la Historia[16], mereciendoprincipal consideración, así por obra de quienpresenció cuanto refiere, como por la apreciacióndistinta con que juzga los sucesos: conharta severidad, tal vez; con competencia, seguramente.D. Álvaro de Sande no sale tanbien librado como en las relaciones impresas,en ésta, que deja suspenso y conmovido elánimo del lector.

Forma un códice en 4.º de 61 fojas, escritaspor tres manos distintas, por cuadernillos,por la urgencia con que se tendría quesacar la copia. La hoja primera de guardadice: La jornada de Berbería de 1560 y 1561. Escritaen la Torre del gran Turco sigun diré por...

Corrales,natural de Ocaña. Dióseme en Micynaá 31 de mayo de 1561.

Por bajo, de letra diferente, se lee:

«Está llena de mentiras.»

Corrales se nombra en dos pasajes de larelación, y, aunque no lo diga, parece ser autorde una carta anónima que inserta, comodirigida á D. Álvaro de Sande, y no tiene{9}mayor categoría que la de soldado particular.

Si no fué su escrito, otro parecido movió áD. Álvaro á dirigirse al Rey en memorial deagravio, narrando por sí los sucesos y suplicandose abriera información de ellos. El Duquede Medinaceli tampoco estaba satisfechode las versiones que corrían, ni ésta de D. Álvaroacababa de llenar los deseos de poner ácubierto su honra, en que mordían no pocos:se propuso, por tanto, hacer por sí también narraciónde los hechos; y mientras con calmaordenaba los apuntes y disponía otros materiales,comentó por de pronto el mencionadomemorial de D. Álvaro de Sande, remitiéndoloen tal forma al Dr. Páez, cronista del ReyD. Felipe, á fin de que en sus oficios, dondese guardó original[17], surtiera efectos másfáciles de lograr que con réplicas y discusiones.

Por dicha se ha conservado este importantedocumento, que también ahora se estampa,ofreciendo, con el sello personal del estilo delos dos jefes principales del ejército en la jornada,datos con que mejor conocerlos y juzgarlos.

Antes de hacerlo, conviene, sin embargo,{10}recordar que, hallándose los caballeros de laOrden de San Juan de Jerusalén dispersos ysin domicilio propio después de la toma dela isla de Rodas por Solimán, como el granMaestre y principales dignatarios se acogieraná la ciudad de Zaragoza de Sicilia, dióles elEmperador Carlos V para habitación y defensala isla de Malta y la ciudad de Trípoli, conlas conquistas del Conde Pedro Navarro yD. Hugo de Moncada.

El año de 1558, por alianza del gran Turcocon el Rey de Francia é instancias de éste,entró en el Mediterráneo armada de cien galerasal mando de Piali-Bajá, con propósitode ganar el Condado de Niza. Las costas deCalabria y Nápoles sufrieron mucho de estaescuadra, que se llegó también á las islasBaleares, expugnando á Ciudadela en Menorca.Iba allí el tristemente célebre Dragut, atenidoá su antigua ocupación de corsario desdeque la conquista de la ciudad de África quegobernaba, por el Virrey de Sicilia, Juan deVega, le enajenó la gracia del gran Señor, yno poco fueron debidos á su pericia marinera ypráctica de las costas los resultados de la expediciónde Piali. Influyendo por lo mismo suconsejo, antes de la retirada al Bósforo, sedirigió la armada turca á Trípoli, poniendo sitioá la ciudad por mar y tierra con asistencia{11}de los secuaces conservados por Dragut entrelos berberiscos[18].

Mal prevenido el gran Maestre de San Juan,Gaspar de Valette, no pudo resistir el furiosoembate y repetidos asaltos de los genízaros;faltáronle municiones, vituallas y gente, obligándolela necesidad á capitular con segurode las vidas. Dragut se hizo recompensar elservicio encareciendo á Solimán la importanciade la conquista como base de las sucesivasde Malta, Sicilia, Cerdeña y Córcega y aunde Italia, que brindaba al Sultán por empresasdignas de su pujanza y á las que contribuiríade buen grado. Octuvo el gobierno de Trípoli,que volvió en sus manos á ser depósito delbotín, nido de piratas, origen de expedicionesy recelo perpetuo de los habitantes de las costasde Italia. Independientemente se entróDragut por las tierras del Rey de Caraván,en el interior, despojándole de una buena parte;y como la isla de los Gelves convinieragrandemente á sus empresas, so capa amistosamató al jeque, ganó á los principales y sehizo señor y tirano.

Al Maestre de San Juan, Valette, antesnombrado, había sucedido F. Parisiote, residiendo{12}en Malta con la idea fija de recuperará Trípoli. La coyuntura de la paz entre Españay Francia, acordada en abril de 1559, le parecióexcelente, pues que consentiría utilizarlas grandes fuerzas de mar y tierra de quedisponía el Rey Católico antes de deshacerlas.Pidió, pues, con instancia á D. Felipela asistencia contra los infieles, enviando porembajador á la corte al Comendador Guimarán.

Aseguraban al Monarca que era la empresacierta ejecutándola con celeridad y secreto,porque entretenido Dragut en cabalgadas ypresas hacia el interior de Berbería, no contandoTrípoli con más de 500 turcos de guarnición,sin repuesto de mantenimientos; aseguradoel concurso del Rey de Caraván y elde la mayoría de los berberiscos, vejados yoprimidos de los turcos, por naturaleza soberbios,injustos y avaros; y siendo difícil que átiempo tuviera socorro Solimán de tan largadistancia, concurrirían las circunstancias contrael astuto corsario y debían de aprovecharseantes que su creciente poderío llegara áamagar otros puntos.

Gobernaba por entonces en Sicilia por VirreyD. Juan de la Cerda, Duque de Medinaceli,gran Señor en España, que secundó en lacorte los propósitos del gran Maestre con sus{13}informes favorables, deseando ocasión de honrapersonal en la jornada, como su antecesoren el virreinato lo alcanzó con la conquista dela ciudad de África.

El Rey acogió con favor el pensamiento,ordenando sin dilaciones así al Príncipe AndreaDoria, general de la mar, como á los Virreyesy Gobernadores de Italia, facilitaran alDuque de Medinaceli, nombrado Capitán generalde la empresa, los elementos que reclamara,sin esperar otro mandato. Sin embargo,como la armada turca se dejara ver en elAdriático amenazando con ataques como lospasados, ninguna de las autoridades principalesquiso desprenderse de fuerzas de que podíahaber necesidad; lo que hicieron por depronto fué cuidar la reunión en Mesina de lasescuadras de galeras, formando armada respetableá que concurrió D. Juan de Mendoza,general de las galeras de España, y fué bastantela prevención para que Piali regresara áConstantinopla sin intentar nada.

Pasó con las demoras la oportunidad de lajornada, que, según el consejo del PríncipeDoria, era en los meses de septiembre y octubre,por haber de ir la armada á costa peligrosatan escasa de puertos como abundanteen bajíos. El Duque de Medinaceli activabaciertamente los alistamientos de gente, junta{14}de navíos, acopio de municiones y raciones,haciendo asientos ó contratas á la vez en Sicilia,Nápoles, Génova, Cerdeña; encontraba,sin embargo, dificultades tan insuperables enlas distancias y en las comunicaciones, comoen las voluntades, que no se aunan llanamente.

En Milan, por ejemplo, estaba encargadoD. Álvaro de Sande de alistar 2.000 alemanesy 2.000

italianos de los que iba á despedir elDuque de Sessa y de conducirlos á Mesina juntamentecon los 2.000 españoles que por ordendel Rey facilitaba aquel estado. Por interrupciónen los despachos se fueron los másde los alemanes á su tierra, sin que se pudieranjuntar más de tres compañías. Á esta sazónllegó nueva de la muerte del Rey de Francia,y el Duque de Sessa retuvo los españoles,receloso de trastornos.

Caminaron al fin los soldados á Génova;mas al llegar se encontraron con que el embajadorFigueroa había despedido las naves queestaban fletadas y proveídas, en la creencia deno ser ya necesarias. Encontrar otras costóquince días y alojar á los soldados en tierra.Al embarcar pasando muestra, no recibiendotodas las pagas debidas, se amotinaron los españoles,hiriendo al capitán Antonio de Mercadoque procuraba acordarlos, y tomaron el{15}camino para volverse á Lombardía. D. Álvarode Sande y el embajador los alcanzaron ádiez millas de distancia, que sólo desandaroncon promesa de recibir cuatro pagas. Una delas naves en que habían embarcado 1.500 italianosdió al través antes de salir del puerto,ahogándose algunos, perdiendo otros armas yropas. Hubo que desembarcar la gente y aderezarla nao, causa de nueva dilación.

En Nápoles surgieron entorpecimientos parecidos,mientras el Virrey Duque de Alcaláno estuvo seguro de que podían salir del reinosin inconveniente los soldados.

No dejaron de presentarse algunos en la armada,en razon á no ir en la Real el PríncipeAndrea Doria, general de la mar, agobiado delos años. De orden suya había arbolado el estandartereal su sobrino y lugarteniente JuanAndrea Doria, «mozo brioso y mañoso, inclinadoá las cosas de mar, en cuyo manejo se habíacriado[19], » pero muy distante en autoridadde la del Príncipe. D. Juan de Mendoza, generalde las galeras de España, alegó orden deS. M. para regresar á sus costas, por no estarsubordinado á Juan Andrea; otros generaleslo estuvieron á más no poder.

Á principios de octubre se pasó muestra en{16}Mesina á 12.000 hombres bien armados, puestosbajo el guión del Duque de Medinaceli.Por lugarteniente iba D. Álvaro de Sande;maestre de campo general D. Luis Osorio;general de la artillería Bernardo de Aldana;administrador del hospital el obispo de Mallorca.Embarcábanse sin cesar artillería, municiones,vituallas y máquinas, pero iban muyretrasados los aprestos.

Se había desatendido por una ú otra razónla primera de las condiciones que requería eléxito de la empresa: la celeridad. La segunda,la reserva, se perdió por la tardanza misma,y por haber caído en manos de los turcosuna de las fragatas despachadas por el granMaestre de Malta para espiar la costa berberisca.Dragut, harto embarazado con la hostilidadinsistente de los berberiscos, tan luegosupo el nublado que de la otra parte se preparaba,despachó persona de su confianza concartas y regalos capaces de dar á entender laurgencia de socorro si había de guardarse Trípoli;y tan bien la explicó el enviado, quemientras con parsimonia seguían en Sicilia losembarcos, llegaba desde Constantinopla unrefuerzo de 2.000 turcos á la guarnición de laciudad amenazada, cuyas fortificaciones seaumentaron lo mismo que las provisiones deboca y guerra.{17}

El Duque de Medinaceli trasladó las fuerzasexpedicionarias desde Mesina á Zaragozade Sicilia, como puerto más adecuado á lasúltimas diligencias. Empleó no obstante enellas cerca de dos meses, teniendo las tropasembarcadas en prevención de las deserciones,riñas y motines con que se manifestaba la maladisposición de aquel ejército, en gran partecolecticio, á costa del consumo de las racionesacopiadas, cuya mala calidad afectó la saluddel soldado, enfermando y muriendo porcentenas en los hospitales.

En todo tiempo ha sido el logro norte de loscontratistas; en ningún acaso se echa de vertanto como en la época de continuas guerrasmarítimas de que se va tratando, en que sinprevisión, sin fiscalización, antes con la premuraque no admite examen ni advertencia se demandabanlos artículos en enormes proporciones.Bien puede decirse que más vidas ha perdidoEspaña por asentistas que por enemigos.

Hábiles y entendidos como nadie en estosnegocios los genoveses, habían tomado á cargoel suministro de raciones de la expedición,calculadas en 3.600.000, ó sean las suficientespara 30.000 hombres en cuatro meses, y antesde salir del puerto se advirtió que estaban enputrefacción, siendo indispensable reemplazaruna parte al menos, que familiarizara á los estómagos{18}soldadescos con la menos adulteradaó mala.

Pasada nueva revista, resultó por enfermedadesy deserciones baja de más de 3.000hombres, componiéndose el ejército de 37banderas ó compañías de españoles, 4 de alemanes,35 de italianos, 2 de franceses y 100caballos, griegos y sicilianos. La armada, entrenaves de combate y transporte, alcanzabala cifra de más de 100 velas, descomponiéndosede esta suerte: Capitán general, Juan Andrea Doria, en laReal.—16 galeras más de su escuadra.

General de la escuadra de Nápoles, D. Sanchode Leyva.—7 galeras, 2 de ellas de Stefanodi Mare ó Mari.

General de la escuadra de Sicilia, D. Berenguerde Requesens.—10 galeras, 2 de ellas delMarqués de Terranova, 2 de Mónaco, 2 deVisconte Cicala.

General de la escuadra pontificia, Flaminiode Languillara[20]. —4 galeras.

General de la escuadra del Duque de Florencia,Nicolo Gentile.—4 galeras.

General de la escuadra de Malta, el ComendadorCarlo de Tixeres.—4 galeras, una galeota,un galeón.{19}

Galeras sueltas de particulares.—5 galerasde Antonio Doria, mandadas por su hijo ScipiónDoria, 2 galeras de Bendinello Sauli, 2galeotas de D. Luis Osorio, una galeota deFederico Stait.

General de las naos, Andrea Gonzaga.—Ungaleón de Fernando Cicala, 28 naves gruesas,12

escorchapines, 7 bergantines, 16 fragatas[21].

Salieron del puerto de Zaragoza todas lasnaves en los días 17 al 20 de noviembre de1559 con desdichada estrella; un cambio bruscodel tiempo las obligó á arribar desde CaboPassaro con dolencia de las tropas y gravessíntomas de descontento. La compañía de DonLope de Figueroa, formada con bandidos deSicilia[22], que iba en el galeón de Cicala, sesublevó; dió muerte al sargento, saqueó lacarga, y poniendo fuego al resto escapó á tierra,sin que pudieran aprehender más de 25 ó30 individuos los que acudieran á remediar eldesorden. Otro tanto quiso hacer la compañíade Vicente Castañola, asimismo de sicilianos;y aunque el general, por justicia y escarmiento,mandó ahorcar á tres de los culpables, perdieronotros las orejas y fueron sentenciados á{20}galeras los demás, la impresión pesimista áque contribuía el naufragio de una de las galerasde Juan Andrea Doria se dejó sentir enlos ánimos, desconfiados de la estrella y aunde la autoridad del caudillo que los regía.

Los menos asustadizos, aquellos capitanesy soldados viejos que servían de núcleo al ejército,pensaban que la empresa no era ya deprovecho, habiendo pasado tanto tiempo yentrado el invierno, y dábales razón la mortandadde la gente que continuaba adoleciendo,y echándola en tierra los patrones, perecíande hambre y mal pasar en las playas sinque se hallase fácilmente quien les diese sepultura[23].Apenas quedaban ya en la armada8.000 hombres, y no sanos; mas no por elloquiso el Duque apartarse de su propósito ysuspender el viaje.

Parcial ó totalmente se volvió á intentar enlos días de diciembre, sin que las naves lograranmontar el Cabo Passaro por la constanciade los vientos contrarios, ni aun á remolquede las galeras. Todo el mes fué preciso paraque en dispersión llegaran á Marza Mussetto,en Malta, punto de reunión que se les habíaseñalado, y que las últimas alcanzaron el 10de enero de 1560.{21}

Desembarcó la gente á refrescarse, y se organizóel hospital por pasar de 3.000 los enfermos;y así, mientras el gran Maestre y Caballerosde San Juan celebraban con salvas deartillería y arcos triunfales la llegada de losexpedicionarios, nada menos que alegría sedibujaba en el semblante de éstos.

Mandó el Duque Coroneles para reclutar enItalia 2.000 hombres más; pidió al Virrey deNápoles, Duque de Alcalá, auxilio, á que acudióenviándole tres naves con siete compañíasde españoles, que sumaban 1.000 hombres;despachó al Proveedor general de la armada,D. Pedro Velázquez, en comisión de procurarvíveres en Cerdeña y otros lugares; en unapalabra, procuró rehacer aquel armamentotan castigado.

Hasta el 10 de febrero no se concluyeronlos aprestos, cuya duración, llevados al principio,era en esta fecha de seis meses. Unidoá la armada el contingente preparado por lareligión de San Juan, que consistía en las cuatrogaleras y una galeota dichas, un galeónbien artillado, con nueve piezas gruesas, sinlas menores, 40 caballeros y 700 arcabucerosescogidos, dió la vela, con viento próspero deLevante, hacia Seco del Palo, fondeadero situadoentre Trípoli y la isla de los Gelves,que había de servir de punto de reunión. En{22}este momento empezaba en realidad la jornada.

Las galeras hicieron su derrota por las escalasde las islas Gozzo, Lampadosa y Querquenes,bajando de ésta á tomar el canal deAlcántara y costear la isla de los Gelbes, entreella y la tierra firme hacia Oriente, conobjeto de entrar en la Roqueta de los Gelves,donde se hace aguada.

Acercándose las escuadras hacia la torre queconstruyeron los catalanes en 1284, donde sueleresidir el jeque con alguna población, descubrierondos naos: la una surta en el canal quellaman de la Cántara; la otra entre la Cántaray la Roqueta, y una milla más adentro, cercade la puente que comunica á la isla con la tierrafirme, dos galeotas. El Duque ordenó queaquellas embarcaciones se apresaran ó destruyeran,y las galeras fueron en tropel, á bogaarrancada, por llegar primero al saco, sin teneren cuenta la dificultad de los canalizos.D. Sancho de Leyva, que tenía á bordo un excelentepráctico moro, abordó la primera delas naos; á la otra llegaron Scipión Doria yGil de Andrada con sus respectivas galeras,hallando que dichas naos, que eran de Alejandría,cargadas de mercancías, estaban abandonadas.De las dos galeotas enemigas nadiese ocupó por la codicia del saco en que todos{23}querían poner mano, y fué falta militar degraves consecuencias. Dragut no poseía másque aquellas dos embarcaciones, con las queluego pudo dar aviso á Constantinopla y recibirsocorro, como más adelante se supo; y pormayor mortificación de descuidados, vino áser conocida la certeza de tener á bordo sutesoro por desconfianza de los moros de tierra.

¡Cuántas veces por causas pequeñísimas sehan malogrado los mejores cálculos! ¡Cuántasha conducido al desastre la excesiva confianza!

En ese mismo canal de la Cántara, mejordicho de Alcántara, callejón sin salida, sorprendióel viejo Andrea Doria á la escuadrillade Dragut después de la toma de África. Segurode apresarla en totalidad, ya porquequisiera hacerlo con menos efusión de sangre,ya porque pensara estrecharle poco á poco, secontentó con asegurar la boca del canal, dejandodescansar á sus tripulaciones; y en tanto,el inteligente corsario con las suyas y elrefuerzo de 2.000 trabajadores, generosamentepagados, abrió canal por donde no lo había.Durante la noche arrastró por él una á unasus embarcaciones, y al amanecer, con asombrodel Capitán general de la mar, el puertoestaba vacío: sólo quedaba en él una señal infamecon que Dragut mofaba á su enemigo, y{24}una vez más daba á entender el valor que tieneel tiempo en acciones de guerra.

Habiendo comprendido el Duque de Medinacelila conveniencia de destruir ó tomar lasdos galeotas que ahora estaban cerca del puente,en el fondo del caño, mal podían dejar desentirla los generales de mar, sabedores de loque fuera capaz de hacer con ellas Dragut; yno obstante, ni Juan Andrea Doria, bien quese hallara enfermo por entonces, ni GasparínDoria, su Capitán de bandera, ni D. Sanchode Leyva, atendieron las reiteradas instanciasdel Capitán general de la empresa, desdeñandola operación de acometer con tan gran armadaá dos embarcaciones, con menospreciode la autoridad del jefe, y con carga de laresponsabilidad que sobre ellos vino á caerpor entero.

Fueron todas las galeras á dar fondo en laRoqueta, con prevención de Juan Andrea Doriade prepararse al aguada al amanecer el día15 de febrero, y de desembarcar la tropa quehabía de proteger la operación. D. Álvaro deSande la dirigió en persona, formando cuatroescuadrones de picas con mangas de arcabuceros;y aunque trataron de defender el desembarcounos 400 turcos escopeteros á caballo,apoyados por 300 moros á pie, y de cargar á losque llenaban los barriles, no lo consiguieron.{25}

Tampoco á los nuestros fué posible tomarhombre vivo á los enemigos por la ventaja dela caballería con que se reparaban, aunquedieron con tal propósito algunas cargas á lacarrera los arcabuceros, por lo que importabatomar lengua. De haber sabido que Dragut sehallaba en aquel momento en la isla con pocagente, en hostilidad con la de los naturales ylo de las dos galeras, tomara otro sesgo la jornada.

Duraron las escaramuzas hasta el obscurecer.Concluída la operación del agua, que vinoá costar algunos heridos, entre ellos DonÁlvaro de Sande de arcabuzazo en la ijaday el Capitán Pedro de Aguayo en un brazo.Aquella noche, después del reembarco, marchóUluch-Alí con las dos galeras á pedir socorroal gran Señor, y Dragut pasó por elpuente á tierra firme, temeroso de que se locortaran.

No parece que ocurriera á nadie hacerlo:las galeras zarparon al amanecer del día 16,pasando á Seco del Palo en espera de las navesy aun de las galeras rezagadas, en númerode ocho, á saber: las cuatro de Malta, dos deMónaco y las patronas de Doria y de Sicilia.Cuando llegaron estas ocho á la Roqueta,echando gente á tierra para la aguada sin elorden debido, por competencia sobre quién{26}había de hacer cabeza, los turcos, que vieronel desorden y las proas de las galeras á lamar, descuido inconcebible, por vengar losmuertos de la escaramuza anterior, cargaroncon furia, matando 150 españoles, comprendidoslos Capitanes Alonso de Guzmán, AntonioMercado, Adrián García, Pedro Venegas yPedro Bermúdez[24].

Próximos al Seco de Palo estaban acampadaslas tribus Mahamidas, enemigas de losturcos, y al llegar las galeras se pusieron encomunicación, informando al Duque de cuantova aquí indicado, del paso de Dragut haciaTrípoli con 800 caballos y de la partida deUluch-Alí con las galeras. Ofrecían su cooperacióny la del Rey de Caraván, que por entoncesestaba en el interior, pretendiendo fuerala armada cristiana á los Gelves y pusieranen posesión de ella á Mazaud, jeque elegido,expeliendo á los turcos, y que hecho esto podíapasarse á Trípoli, para cuya conquistatodos ayudarían. Llevaban la voz en la proposiciónlos principales de la isla.

En parlamentos, consejos y discusiones, pasaron{27}quince días sin llegar á ningún acuerdo.Quién opinaba por la vuelta á Sicilia, vistoque Trípoli se hallaba en defensa; quién proponíala ocupación de los Gelves, como empleode la expedición y base para continuar lode Trípoli en el otoño próximo, y quién sosteníase cumpliera el objeto del armamento, quehabía sido el ataque de Trípoli.

Durante las conferencias, á los efectos de lamala calidad de los víveres, se unían los delagua salobre de aquellos lugares y las emanacionesde los pantanos de Zuara, creciendo elnúmero de los enfermos. Lo estaba Juan AndreaDoria y el Comisario de Florencia PedroMachiaveli; habían fallecido Quirco Espínola,cuatro Caballeros de San Juan y más de2.000 hombres; escaseaban las raciones porhaberse perdido en los Querquenes en aquellosmismos días dos naves de provisiones, yen la propia costa de Trípoli la nao capitananombrada La Imperial, por andar en malostiempos en sitio de tantos bajíos.

El Duque encomendó separadamente á losjefes discurriesen lo que más convenía, citándolosá Consejo definitivo, que había de celebrarseen la galera Real. Al reunirse reconocieronunánimes la necesidad de la empresa deTrípoli, pues que para ella los había enviadoS. M. Católica, juntando la armada; pero{28}juzgáronla por de pronto irrealizable, conviniendoal fin en ir á los Gelves en espera de lagente y naos con que se había de reforzar laexpedición. Quedaron por amigos los Mahamidas,recibiendo regalos, con oferta de guardarel paso de la puente á los turcos, y aun deformar un cuerpo de 400 caballos, pagadospor los cristianos.

El 2 de marzo se trasladó la armada á lascercanías del cabo Valguarnera con mal tiempo,que estorbó el desembarco. Había de hacerseal Oeste del castillo unas seis millas, porser el terreno á propósito y cercano á once pozosde agua dulce, aunque no muy buena, segúnlas noticias de los confidentes, confirmadasen el reconocimiento que hicieron el CómitreReal y el Maese de campo Miguel deBarahona.

Se puso toda la gente en tierra el 7 de marzosin oposición alguna; antes vinieron dosmoros á hablar al Duque de parte del jequeMazaud, haciendo saber que había sido recibidode toda la gente de la isla por Señor, yen este concepto se reconocía buen vasallo deS. M. Católica: por tanto, podía volver á embarcarla tropa; y si quería comprar algunosrefrescos, que se trasladara á la Roqueta, dondeel jeque iría á verse con él para tratar delataque de Trípoli.{29}

Conocida la malicia de semejante embajada,aunque se contestó blandamente y con razonesque requerían el alojamiento de la gente, seprevinieron las guardias, sabiendo por un cautivocristiano escapado cómo toda la gente dela isla estaba unida con pensamiento de dar labatalla juntamente con los turcos que había enel castillo.

Á 8 de marzo, formado el ejército en trescuerpos, llevando la vanguardia el Comendadorde Malta con sus caballeros y las compañíasalemanas y francesas; el centro AndreaGonzaga con las italianas, y la retaguardiaD. Luis Osorio con las españolas, emprendióla marcha hacia los pozos, distantes ocho ónueve millas de camino llano y espacioso. ElDuque desplegó el guión de Capitán general,donde tenía pintada la torre de Babel en ruínascon esta letra: NISI DOMINUS

ÆDIFICAVERITDOMUM IN VANUM LABORAVERUNT QUI ÆDIFICANTEAM.

Los berberiscos se prometían repetir la acciónque tuvieron con D. García de Toledo,dejando que la tropa marchara sin otra molestiaque la sed para atacarla en los pozos,que habían cegado con piedra y arena, á excepciónde uno. Confiaban en la dolencia quetraía postrados á los más de los expedicionarios,y más les animó el accidente de haberse{30}atascado la artillería en un pantano: mas no lessalió la cuenta.

Cuando los escuadrones se acercaban albosque, mientras lo flanqueaban las mangasde mosqueteros, salió á limpiar los pozos unasección de gastadores, y los berberiscos emboscadostuvieron que avanzar antes de lo quequerían, cargando la caballería con alaridosespantosos tres veces, á pesar del destrozoque hizo en ellos la arcabucería. La escaramuzase prolongó luego hasta el anochecer,sin que hubiera de nuestra parte más de 30muertos y 50 heridos, muy graves los CapitanesGregorio Ruiz, Bartolomé González yFrías, mientras los enemigos tuvieron 300muertos y 500 heridos, sin contar el desengaño.

Vieron que les convenía más el sistema decontemporización, por el cual el jeque Mazuadhizo sumisión en forma, obligándose á pagarel tributo mismo que la isla satisfacía al SultánSolimán y á Dragut. Entregó en consecuenciael castillo, y el Rey de Caraván, el jequede Túnez y los de las tribus Mahamidasvisitaron al Duque ofreciendo servicios y tomandoá cargo la custodia del puente de laisla contra los turcos.

El ejército se alojó en campo atrincherado,al que acudían los moros con provisiones,{31}mientras se adoptaba en Consejo de generalesel plan sucesivo, que no dejó de tener vacilaciones,siendo por último el de fortificar aquelcastillo de fábrica romana para dejar guarniciónque tuviera segura la isla é impidiera elarmamento de corsarios, á favor de otro fuertemás pequeño en la Cántara, como llave delpuerto y de la puente.

Hizo el trazado de las obras el ingenieroAntonio Conde de concierto con el general deartillería Bernardo de Aldana y del de marinaSancho de Leyva, y consistía en cuatro grandescaballeros ó baluartes, que con bastiones ycortinas encerraban la fábrica antigua; el ejércitovino á alojarse á la inmediación el 17 demarzo, distribuyéndose los trabajos ordenadamente.Á los alemanes se encargó la excavacióndel foso; uno de los baluartes á los caballerosde Malta; otro á los italianos; otro á losespañoles; el cuarto á la gente de mar, independientementede las secciones que acopiabanmaterial de palmas, olivos, greda y fagina,transportándola con camellos de la isla.

La emulación de las naciones fué muy provechosaá la rapidez de la construcción, aunquemucha gente adolecía de fiebres malignas.En el castillo antiguo se derribaron las almenasmorunas, sustituyéndolas con plataformasartilladas; se aderezaron las cisternas abiertas{32}en peña viva, ordenando á la gente de las galerasechara cada día 50 barriles de agua yfuera trasladando á los almacenes las vituallasembarcadas. En todo se adelantó de modo queel 23 de abril estaba el fuerte en estado de defensa,faltando obras ligeras que podían hacerlos de la guarnición.

Constaba la designada de 2.000 infantes, españoles,italianos y alemanes, y la compañíade caballos, teniendo por gobernador al Maestrede campo Barahona y lugarteniente el capitánOlivera. Bendecido por el Obispo deMallorca, se arboló el estandarte real, saludadopor la artillería y arcabucería, y se trató deembarcar la gente que no hacía falta.

En todo este tiempo habían ido llevandolas naves desde Sicilia y Cerdeña mantenimientos,dinero y más soldados, y se habíahecho la ceremonia de la sumisión y juramentodel jeque y principales de la isla, que lo verificaronsobre el Corán, capitulando el tributode 6.000 escudos, cuatro avestruces, cuatrogacelas, cuatro neblíes y un camello.

Habíanocurrido por otro lado riñas y muertes entremoros y soldados, y llegaban nuevas de armamentosen Constantinopla. Con su vista habíareclamado el gran Maestre de Malta el regresode las galeras y gente que necesitaba para ladefensa de la isla: marcharon el 8 de abril.

El{33}Virrey de Nápoles reclamaba también la infanteríacon urgencia, influyendo todo en laterminación de la campaña.

Dióse pregón y orden de embarco el 6 demayo, haciéndolo la infantería italiana y partede la española, con mucha calma: durantela operación, dos horas antes de anochecer eldía 10, llegó una fragata despachada por elgran Maestre haciendo saber que la armadaturca había tocado en la isla de Gozzo cuatroó cinco días antes, en número de 80 velas, quehabía hecho aguada y continuaba su derrota áTrípoli al parecer, aunque por una presa sabíael número de naves y galeras que estabanen los Gelves.

En efecto, ocho días habían sido suficientesá Piali-Bajá para armar 74 galeras reforzadas,embarcar en cada una 100 genízaros y salir ála mar con fuerza de vela.

Esparcida la nueva por el campamento,empaquetaron por encanto los soldados susefectos, corriendo á la playa en tropel y metiéndoseen el agua por asaltar los esquifes.El desorden, la gritería, la obscuridad que comenzaba,daban á la escena un aspecto que noes fácil describir: nadie pensaba más que ensu interés, en tanto llegaba el momento depensar sólo en la persona. D.

Álvaro de Sandedió acicate á los de la guarnición del fuerte{34}para entrar más municiones y víveres por unlado, y para embarcar enfermos por el otro. Elaplomo con que ordenaba y se hacía obedeceren medio del desbarajuste, de la confusión parecidaá la de la ruína que en el guión tenía pintadael general, daba esfuerzo á los buenos[25].

No estaban más serenos los ánimos en la escuadra.Reunido el Consejo á bordo de la Real,sin pedirlo, manifestó Juan Andrea Doria quesólo iba á tratarse de la manera de salir cuantoantes de los bajos, y de dar la vela aprovechandoel buen viento del Sur que felizmenteestaba entablado.

Las opiniones, como de ordinariosucede, no se concertaban; había, sinembargo, mayoría en la estimación de contarcon unas doce horas antes de amanecer, encuyo espacio se podía embarcar la tropa y salircon buen orden. D. Sancho de Leyva insistióen que enviados esquifes y barcas á tierra,y trayendo una barcada de gente, salieraná la mar las galeras: si no se descubría al amanecerla armada turca, volverían por el restode los soldados; en caso de avistarla, procederíaná lo que se decidiera. Debían quedar enel puerto dos galeras destinadas al GeneralDuque de Medinaceli y su casa.

En punto á combate, el mismo Leyva, sostenido{35}de Scipión Doria y pocos más votos,juzgaba que, bien combinadas las galeras conlas naves, formaban fuerza no inferior á la delos turcos, ya fondearan en línea, interpolados,ya navegaran en grupos, pues sólo lasnaos, que eran 30, y los tres galeones habíande hacer con la artillería mucho daño. No prevalecióla opinión, sosteniendo, con Orsini, JuanAndrea Doria la suya, de que no teniendo elRey Católico otra escuadra, era necesario antetodo conservarla para que junta con las galerasde España tuviera en respeto al granturco. Contra todos los medios indicados hallórazones, ya en la poca agua que teníaná bordo las galeras, ya en el peligro de los bajospara las naos, ya en la imposibilidad real deque unas y otras navegasen ó combatiesen juntasy de concierto. Decía que los turcos llegabandescansados y fuertes, mientras en la armadacristiana estaban fatigados y enfermosde los trabajos pasados. Tenía por seguro queningún hombre prudente se obstinaría en poneren aventura las fuerzas del Rey, y, porconsiguiente, protestando de cualquiera otraopinión decidía valer más una buena escapadaque un combate en que evidentemente se perdieran[26].Determinó en consecuencia que las naves{36}se pusieran en franquía desde luego y sepreparasen para hacerlo las galeras.

Llegó en esto el Duque á bordo de la Real,con lo que se prolongó el Consejo: Juan Andrease felicitaba de la circunstancia que consentíapracticar su plan, pues nada impedía yaque las galeras marcharan desde el momento;el Duque observó que lo impedían los soldados,pues no los quería abandonar, y á pesarde la insistencia de Doria y de las protestas deseguridad de la armada, se volvió á la playa,dejando acordado un viaje de los esquifes y lapermanencia en el puerto de dos galeras ligeraspara que el General embarcara con los últimosal amanecer.

Arrepentido de la condescendencia, Doriahizo en la Real señales de levar pasada la medianoche: había ocurrido una mudanza en elviento que trastornaba todos los supuestos. DeSur que empujaba el viaje hacia Malta, habíasaltado al NE., justamente por la proa.

En tierra habló el Duque con D. Álvaro deSande, imponiéndole de lo ocurrido y de supropósito de embarcar por la madrugada. AlGobernador del fuerte dejó instrucción de cómose había de manejar con el jeque; á losOficiales dijo que si pensase que la armadaturca viniera contra el castillo, se quedara conellos; pero que siendo la armada la que estaba{37}en peligro, se iba á correrlo en ella. Con estoy haber conferenciado con el Rey de Caravány con Mazaud, asegurado de sus buenas disposiciones,se embarcó con D. Álvaro en unafragata que les llevara á la galera.

Empezaba á clarear el día, y á este tiempo,á fuerza de remo contra viento y mar, se habíadesatracado de la costa Andrea Doria cosade siete millas. Unas tres á sotavento se descubrióla armada turca bien unida y haciendocamino por la cristiana. Piali, desde la isla deGozzo á la Lampadosa y de ésta hacia la costa,había sufrido vientos contrarios que leobligaron á tomar el fondeadero de Seco dePalo. Tuvo allí noticias de las fuerzas de mary tierra con que contaba el Duque, acasoun tanto exageradas, y receloso del encuentroquería esquivarlo, limitándose á poner entierra el socorro de soldados para Trípoli;pero tanto le instó Uluch-Alí á verificar unreconocimiento á que personalmente se ofrecía,como tan práctico de los Gelves, queconsintió en que se hiciera con una galeotaligera, en que fué también Cara Mustafá, Virreyde Mitilene. La suerte les deparó la presade una embarcación pequeña, por cuyagente supieron cuanto podían desear, siendoya fácil á Uluch-Alí decidir á su jefe al ataquede un enemigo descuidado y en desorden.{38}En la tarde anterior había fondeado por fuerade los Gelves, á 17

millas de distancia, pensandoemprender el ataque, como lo hizo, alamanecer.

En la vanguardia cristiana iba Scipión Doriacon tres galeras; y como fué el primero endescubrir las turcas y no tenía instrucciones,arribó hacia la Real, señalando la presenciadel enemigo con el disparo de una pieza. Ningunadisposición ordenó Andrea Doria: arribótambién con la Real en dirección del fondeaderode que había salido, con precipitación yaturdimiento, que aumentaba la poca claridaddel alba. Calaba mucho la galera, que erahermoso buque; se tomaron mal las enfilacionesdel canal, y quedó varada en un cantil.Entonces, plegando el estandarte, se fué á tierraDoria con el esquife, abandonando el bajelá los forzados, que no tardaron en ponerloá flote y unirse á las fuerzas de Piali.

Fácil es calcular la influencia que el ejemplodel General tendría en las escuadras. Indecisoslos jefes un momento, no existiendoacuerdo ni prevención para el caso, tiró cadacual por su lado, con dispersión y desordentan grande, que ni aun á huir acertaban. Cincode las galeras de Juan Andrea arribaroncomo él hacia tierra, y lograron ponerse bajola artillería del fuerte; otras encallaron en los{39}bajíos en número de ocho ó diez. De las quetomaron la mar, cargadas de vela algunas, sinmedir la gran fuerza del viento, partieron lospalos ó las entenas, después de separarse delas que formaban grupo.

Los turcos dividieron su armada en dossecciones, dirigidas respectivamente hacia losque escapaban por mar ó tierra. En éstas, quehabían varado en los bajos, hubo escenas vergonzosas:la gente se tiraba al agua sin pensaren la resistencia, habiendo galera que fué tomadapor un bergantín ó un esquife con ocho ódiez turcos. De las que tomaron el largo, lasde Scipión Doria, de Antonio Maldonado ytres de Florencia, escaparon por pies, defendiéndose;Flaminio de Anguillara, General delas del Papa, resistió peleando bizarramentecon tres enemigas; D. Sancho de Leyva reuniócuatro de su escuadra, con las que hizoinútil, pero honrosa resistencia. Cuatro vecesrechazó el abordaje de las enemigas, castigándolas[27], y hubo al fin de sucumbir al número.

Aparte esta defensa y el voto marinero decombatir á la armada turca bien al ancla, biená la vela, combinadas las galeras con las naves,decisión que hubiera producido muy distinto{40}resultado, las más de las relaciones atribuyená D. Sancho de Leyva mucha parte delfracaso. Píntanlo de carácter díscolo, opuestopor sistema á lo que otros, principalmente superiores,proponían. Por él escaparon las dosgaleotas de Uluch-Alí; por él se retardaron lostrabajos del fuerte, en que no quiso tomarparte, ya que lo hiciera para entorpecerlos;por él se retrasó el embarco de soldados, teniendoocupados los esquifes en llenar sus galerasde aceite, lanas, frutas, ganados, con quese prometía comerciar y lucrarse, y con lo quelas abarrotó y embarazó, imposibilitando ladefensa en el combate, con mengua de su reputación,de su nombre y de lo que debía á suautoridad de General de las galeras de Nápoles.

Á las naves bien artilladas no osaron losturcos, contentándose con las que en aqueldesorden les eran abandonadas, acreditando laexperiencia la razón con que algunos jefeshabían sostenido en el Consejo que en la uniónde las fuerzas cristianas consistía su salvación.Si al menos hubieran hecho todos lo que Anguillara;si las galeras se mantuvieran juntas,no tuviera la derrota tan grandes proporciones:hacía falta para ello que el General estuvieraen su puesto, y antes de combatir, celaralas disposiciones del combate, lejos de lo{41}cual apareció que las galeras de particulares,por no desperdiciar tan bella ocasión, estabantambién cargadas, hasta no poder más, de losfrutos cogidos en los Gelves.

Fueron apresadas[28]: de Juan Andrea Doria, La Real Signora, Condesa, Pellegrina, Presa, Divitia: total, 6.

Del Papa, La Capitana, San Pedro, Toscana:3.

Del Duque de Florencia, La Elbigiana: 1.

De Nápoles, Capitana, Patrona, San Jacobo, Leyva, Mendoza: 5.

De

Sicilia[29],

Capitana,

Patrona,

Galifa, Águila,

Capitana,

del

Marqués

de

Terranova; Patrona, de id.; Capitana y Patrona, de Mónaco:8.

De Antonio Doria, La Fede, 1; de BandineloSauli, 1; de Starti, 1; de Marí, la Patrona, 1:total, 4.

De modo que, sin sangre, se hicieron dueñospor entonces los turcos de 27 galeras y 14naves, salvándose 17 de las primeras, que llegaroná Trápana, y 16 de las otras en variospuertos[30].

{42}

D. Álvaro de Sande acudió con arcabucerosá la playa con el fin de proteger á los muchosque, desnudos, llegaban nadando, mientras elDuque, Juan Andrea y el Comendador deGuimarán conferenciaban acerca de lo que sehubiera de hacer, sin ocurrir á los dos últimosotra cosa que salir como se pudiera de la isla.

La iniciativa era de Doria, razonando quepara lo pasado no había remedio; que los sucesosde la guerra están sujetos á la fortuna,y que habiendo de acudir al remedio de mayoresmales, era bueno que el Duque marcharainmediatamente á Sicilia para asegurar lasplazas, juntando dineros y gente. En cuanto ásu persona, decidido estaba á marchar de nocheen una fragata, reunir las galeras que sehubieran salvado y dar orden en el armamentode otras tres que en Sicilia y Malta se hallaban.

El Duque, remiso en embarcar en la armadasin los soldados, bien que entendiera quenada tenía que hacer en los Gelves, no quisotampoco determinar por sí ni aceptar el consejode Juan Andrea Doria, sin que otros jefes{43}deliberaran sobre lo que ante todo convendríaá la honra; y como todos juzgaran quedebía acudir á su obligación en Sicilia, vencióla repugnancia.

Quiso llevar consigo á D. Álvaro de Sande,que tampoco tenía obligación que cumplir enlos Gelves: con todo, díjole éste que, considerandosi le era mejor hacer compañía á SuExcelencia ó quedar donde se hallaba, entendíaconvenir lo último al servicio de Dios ydel Rey y á su propio respeto, porque habiéndosesalvado mucha gente de las galeras ysiendo de diferentes naciones y calidades laacogida al fuerte, era menester persona de mayorcargo que el Maestre de campo Barahonapara tenerla á raya y cuidar de la economíadel agua y bastimentos. Ofrecía, pues, la suyacon la certeza de sucumbir en el fuerte, porqueno podía hacerse ilusiones en cuanto alsocorro que hubiera de darle la armada deS. M., deshecha y desmoralizada; pero contabaentretener á la del Turco en el asedio todoel verano, y librar, por consiguiente, á Siciliay Nápoles del gravísimo peligro de tener sobresus costas á los mahometanos victoriosos.

Oídas estas razones, autorizó el Duque lagenerosa resolución de optar por las miseriasque amagaban á los infelices de los Gelves; yllegada la noche, los generales de tierra y mar,{44}acompañados de algunos íntimos, aprovecharonla distracción de los turcos, ocupados enmarinar y saquear las presas para escapar envarias fragatas. Llegaron en salvo á Malta en bel fuggire, consiguiendo libertad; pero el iniciadorJuan Andrea á costa de la honra, quedejaba en lengua de marineros y soldados.

Para el Duque fué más benévolo el juicio delos contemporáneos: las condiciones de caballerosidadde su persona y la deferencia y agradocon que trató á los capitanes y jefes extranjerosde la expedición, suavizaron la consideraciónde las condiciones de caudillo quele hacían falta. Dijeron, sí, que era más aptopara lucir en los salones de la corte el faustode su arrogancia, que para dirigir en campañauna hueste. Más severos los que se encontrabanlejos del peligro, los que para nada teníanen cuenta la situación del General derrotado,ni del padre que sacrificaba á su propio hijo,dieron fácil sentencia, si hemos de admitir laque condensó en estas frases el palatino cronistaCabrera de Córdova[31]:

«Increíble parece que una armada poderosade gente y vasos en un instante se arruinasede su temor más que de la fuerza vencida, conpérdida de tanta gente, municiones, máquinas,{45}bajeles, aumentando á los enemigos eltriunfo y la victoria tan sin sangre alcanzada,con infamia de los cristianos; porque si lasnaves y galeras esperaran en batalla, ó detuvieranel furor del enemigo, ó les costara lavictoria tanto que no se atrevieran á sitiar elfuerte, y se salvara la guarnición. Pero ¿quéno envilece el miedo? ¿y qué no pone en confusión?¿y qué no mete en peligro la ambición,la satisfacción, la poca práctica, como la delDuque, de lamentable memoria para España?»

Justicia ante todo: la ambición, la satisfacción,la ineptitud militar del Duque, si sequiere, fueron poderosas causas del desastre;pero si el temor, como parece cierto, lo produjomultiplicando las proporciones, no influyóen el ánimo del General del ejército; turbóla mente y empequeñeció el corazón del Generalde mar, en cuyas manos puso el destinoaquel día y los siguientes la suerte de la jornada.Juan Andrea Doria, temeroso tambiénen Lepanto, cuyo triunfo estuvo á punto decomprometer, responde ante la historia deltremendo fracaso de los Gelves, si bien MonsieurJurien de la Gravière, siempre juicioso ybenévolo, como quien ha sentido sobre loshombros el peso enorme de la responsabilidad,lo tiene dicho: «Vencer á los turcos en lamar en el siglo XVI, era tan difícil como derrotar{46}á los ingleses en los días de Abukir y Trafalgar.»

El turco Piali desembarcó su gente; ordenóá Dragut le acudiera con la de Trípoli y conartillería de batir, y antes de abrir trincherasofreció por el fuerte buenos partidos á D.

Álvarode Sande, que contestó no pensara haberloá tan poca costa como la armada[32].

Entoncescomenzaron las operaciones de uno delos sitios más dignos de memoria por las circunstanciasque más que de los enemigos afligíaná tanta gente inútil acogida en el fuerte,á consecuencia de los sucesos de la armada,por falta de agua que darles, y por el plan certerode Piali de cerrar todo acceso y dejaral tiempo el resultado, sin asaltos ni aproches.

Es de observar cómo en las expediciones yarmadas del siglo XVI, lo mismo en África queen América ú Oceanía, cualquiera que fueranel objeto, el término y las dificultades, ibanmujeres españolas decididas á compartir lostrabajos del soldado, sin aspiración á la gloriaque pudiera caberle. D. Álvaro de Sande seencontró en el fuerte con muchas de estas mujeres,que hacían subir el número de bocas ámás de 5.000, cuando las raciones estaban calculadas{47}para 2.500 en mes y medio. Para laprovisión de agua discurrió uno de los soldadosevaporar la del mar, y recogiendo las vasijasde cobre construyeron 18 alambiquesque al principio daban 30 barriles diarios, disminuídosluego por escasez de leña[33]. Mezclándolacon la salobre de los pozos del castilloy distribuyéndola en cortísimas raciones,se fué prolongando la distribución con malestarindecible. Mucho tenía que ser el del hambre,cuando hubo en la guarnición quien lamitigara acudiendo al remedio en los cadáveresde turcos; mas de todo punto se hacía irresistibleel tormento de la sed en aquella abrasadatierra, en el rigor de la canícula, trabajandodurante la noche con picos y azadones,peleando durante el día sin reposo de un momento.Muchos perecieron en tan atroces suplicios;muchos, no resistiéndolos, se arrojabande la muralla, buscando en el campo enemigola esclavitud á trueque de un sorbo deagua; solo al fin, D. Álvaro de Sande pretendíaque la humanidad no fuera flaca, presenciandohorrores con tal de ver por un sol más{48}flotando al aire en el fuerte el estandarte deCastilla.

Llevada la resistencia hasta fines de junioó sea á los ochenta y un días de la llegada delos turcos; cuando quedaba, según se creyó,para dos la insuficiente ración de agua, no teniendolos baluartes ningún cañón en uso; despuésde caer sobre ellos 12.000 balas y 40.000flechas; reducida la gente á 800 hombres dearmas tomar, les animó el General á una salidadesesperada que había de verificarse endos columnas. Llevando la cabeza de una pasódos trincheras, arrolló las guardias enemigas... masno á todos inflamaba su ánimo: viócon dolor que capitanes y soldados arrojabanlas armas; vióse abandonado, teniendo que correrhacia las galeras amparadas bajo el castillocon ánimo de resistir todavía, y para lamentarsede la suerte, que le puso al cabo enmanos de Piali. ¡Con qué dolor refirió al Reyen el Memorial la extremidad, en que no leacompañó la entereza ni la consideración detodos sus capitanes!

Hubo, no obstante, quien pensó malignamenteque la salida no era más que un pretextoestudiado por D. Álvaro para dejar honrosamenteel fuerte y escapar en una fragata quehabía mandado alistar de antemano. Corraleslo insinúa en su relato; otros debieron decirlo{49}con más claridad, pues Diego del Castillo secreyó en la necesidad de desmentirlo escribiendo[34]:

«Después de la última salida, cuando DonÁlvaro, por no poder entrar en el castillo, setuvo que meter en las galeras, creyendo quese queria ir, fué una persona principal á decirle:—«Señor,yo vengo á suplicaros que mellevéis con vos.»—Le respondió con rostro severoy airado:—«¿Soy yo, por ventura, hombreque había de huir y dejar á mis amigos ycompañeros? Yo os prometo de no desampararloshasta que todos hayamos un mismo fin,y estoy muy maravillado que personas comovosotros hayáis pensado una cosa tan indignade mí y tan fuera de toda razón y posibilidad;porque aunque yo quisiera irme, ¿cómo lo podríahacer, pues agora ya debe de saber elBajá cómo yo estoy aquí, y debe de habermandado tomar los pasos, de modo que seríaimposible salir de aquí bajel ninguno? Yo iréal fuerte y castigaré los que esta noche hanhecho tan gran falta al servicio de Dios y desu Rey y de sus propias honras desamparándomevilmente en tal trance, sin estorbarles elenemigo el seguirme, y probaré otra vez nuestra venturade día, que quizá viéndonos los{50}unos á los otros, la vergüenza hará hacer áalgunos lo que esta noche pasada no han hecho.Y ya que la fortuna nos niega la victoria,no nos quitará á lo menos el morir peleandocomo soldados, que vale harto más quevivir siendo esclavos destos crueles é inhumanosbárbaros, y seremos ejemplo á nuestrossucesores á estimar más las honras que lasvidas.»

Rendido el fuerte, rendidas las galeras, losenfermos y heridos pasaron por la espada turcaó fueron vendidos en almoneda á las gentesde Trípoli; los baluartes que abrigaron álos defensores, arrasados con la tierra; quedócon ello pujante en la mar la armada turca;las costas de Nápoles y Sicilia sufrieron lasconsecuencias, tanto en la retirada de Pialicomo después en las acometidas de Dragut,habiendo formado escuadra de 40 velas, sinque Juan Andrea Doria, con 17 galeras y 7

galeotas,á que fueron á juntarse las de la escuadrade España mandadas por D. Juan de Mendoza,se atreviera á hacerle frente, antes cayeronen manos del corsario ocho de las de laescuadra de Sicilia, tres de ellas del Rey ycinco de particulares, en sorpresas y combatesparciales.

Piali Bajá celebró el triunfo entrando enConstantinopla el 27 de septiembre de 1560,{51}en cabeza de su armada. Seguían á la Capitanalas galeras de fanal, en fila; iban en pos laspresas, con las banderas y estandartes por elagua, lo de abajo arriba, cerrando la marchalas galeras sencillas turcas, empavesadas yembanderadas, haciendo disparos de artillería.

El día 1.º de octubre llevaron en procesióná los cautivos al palacio del Sultán: D. Álvarode Sande, D. Berenguer de Requesens y DonSancho de Leyva iban á caballo; detrás marchabanlos Capitanes de tres en tres, y seguíanlos soldados mirando tristes cómo les precedían,arrastrando por el suelo, sus estandartesy banderas, cuyas santas imágenes servían deescarnio á los mahometanos. Acabada la fiestay ceremonia, separaron á los cristianos porcategorías, llevando á D. Álvaro de Sande áun castillo con juramento del Sultán de queno haría más la guerra, porque en la prisiónhabía de morir sin que hubiera para él rescatepor ningún dinero. Los demás fueron destinadosal remo en las galeras; y como al oirlo sedejara vencer de la pena un Capitán, díjoleD.

Alvaro: «Llore quien se ha perdido mal,que yo como hombre me perdí[35].»

{52}

Muchos de los prisioneros de los Gelves murieronen el cautiverio ó lo soportaron largosaños: algunos de los significados debieron lalibertad á la favorable ocasión de las treguasajustadas por el Emperador Fernando con Solimánel año 1562, pues gracias á la gestióndel Rey Felipe II se asentó entre las cláusulasdel tratado el canje ó entrega de los principales,sin que alcanzara, sin embargo, el beneficioá Sande por el juramento que decían el{53}gran Señor tenía hecho al Profeta, y cosa esdigna de referir cómo unos pocos consiguieronlibrarse por sí mismos.

El año 1564 andaba en Constantinopla unagalera llevando materiales para la fábrica delpalacio del harem: movían los remos 200 esclavoscristianos, entre ellos 16 Capitanes delRey Católico, prisioneros de los Gelves, á saber:ocho españoles, cinco italianos y tres alemanes;y buscando oportunidad, armados depiedras, mataron á los turcos de guardia y sealzaron con el bajel, llegando con felicidad áSicilia. Hicieron cabeza Juan Bautista Doria,genovés, y Antonio de Olivera, castellano, Gobernadorque fué del castillo de la isla despuésde la muerte del Maestre de campo Barahona.

Por último, muerto Solimán, instó el ReyD. Felipe á Carlos IX de Francia para queempleara su influencia en favor de la solturade Sande. Hízolo, comisionando especialmenteá Francisco Salviati, Caballero de Malta,por embajador; y aunque en un principio senegó Selim á tratar del asunto, por ser la primeracosa que pedía su aliado al ascender altrono, la otorgó, y D. Álvaro fué á Francia encompañía de Salviati, y se restituyó á su casa.

Bien mereciera este soldado estudio especialde sus compatriotas más extenso, aunque{54}no fuera tan entusiasta como el que le dedicóel extranjero Brantome, contemporáneo y admiradorde sus condiciones, ó el del P. Haedoen la mención que hizo en su Historia de Argel,reseñando las campañas de Italia y Francia enque tomó señalada parte, reinando el Emperador;la batalla de Muhlberg, en que fuéprincipal instrumento de victoria; el socorrode Malta, donde pagó á los turcos la deudaque con ellos tenía, y el gobierno de la plazade Orán, fin de su carrera.

D. Luis Zapata le dedicó un capítulo de la Miscelánea, en que algo difiere respecto al rescate,diciendo[36]:

«D. Álvaro de Sande, claro por mil hechosy mil jornadas, que siendo tesorero de Plasencia,como Aquiles dejó las faldas largas yempuñó la espada y lanza, y saltó en ser soldado,siendo cercado en los Gelves de una poderosísimaturquesca armada, defendió el hechizofuerte tres ó cuatro meses, sin se le poderentrar con muchos y muy terribles asaltos,en los que mató infinitos turcos que quedaronpor ahí tendidos en el campo. Mas nosiendo socorrido y siendo espantable y rabiosala sed y la hambre, que comieron las cosas vilesque comen otros cercados hasta acabarlas,{55}y bebían el agua salada de la mar, sacada aúnen poca cantidad por alquitaras, de lo que yatoda la gente enfermara; de las cuales tres cosas,teniendo la muerte cierta, hambre, sed yenfermedad, rendir la plaza era vileza, defenderlaera imposible, tomó un valentísimomedio, que fué salir y morir peleando comoun caballero tan señalado. Habla y anima ásu gente; confiesan y comulgan todos; dan fuegoá sus alhajuelas, que no les quedó otra cosasino las armas, y salen á los enemigos conellas en la mano; hieren y matan cuantos pueden,y al fin quedó preso D. Álvaro con muchasangre de ambas partes, y el fuerte de losenemigos, no fuerte, antes flaco hecho, en lossecanos y sirtes de Berbería. No se perdió reputaciónninguna; otra cosa se perdió, si no lahechura, por no ser de ningún peso ni importancia,como parece por este soneto hecho porun valiente soldado, del que pongo los cuatroversos primeros por no hacer más á nuestrocaso:

¿Quién eres tú que espantas sólo en

verte?

Soy muchedumbre de árboles cortados,

Que sobre flaca arena fabricados

Contra toda razón me llaman fuerte.

»De allí D. Álvaro de Sande y D. Sanchode Leyva fueron llevados tras Constantinopla,á la torre del Mar Negro, en donde el que{56}entra jamás sale; mas ellos salieron por granmilagro: D.

Sancho, trocado por otro turcoprincipal que había cautivo acá, y D. Álvaro,averiguando ser criado del Emperador D. Fernando,casado con dama suya, con el cual Emperadorel gran Turco tenía treguas por ciertosaños.»

Si se compara el desastre de los Gelves conel de la Armada invencible, ocurrido en 1588,parecerá algo menor la pérdida de materialen el primero, sin otra consideración que elvalor comparativo de construcción de galerasy naos, y el mayor número de piezas de artilleríaque las últimas llevaban; la diferencia noes, sin embargo, de mucha importancia, y senivelaría á tomar en cuenta el valor intrínsecode los esclavos y cautivos perdidos que andabanal remo. En la moral fué por de prontomás grave la derrota de los Gelves, por dejaren absoluto dueños y señores de la mar á losturcos, y entregadas á su estrago no sólo lascostas de Italia, sino también las de España,mientras que el fracaso de Inglaterra pocoafectaba á estas costas ni á su navegación ultramarina,como se vió en las desastrosas expedicionesde los ingleses á la Coruña, Lisboay Azores. La más sensible pérdida de personasexcedió con mucho en la jornada de Trípoliá la de Inglaterra. Varían bastante las cifras{57}recogidas por los historiadores; mas tienefundamentos la de Cirni Corso, que fija en18.000 los hombres consumidos en la fatal empresade Berbería, mientras no pasaron de10.000 en la otra.

Coincidencia singular: los Duques de Medinaceliy de Medinasidonia dieron amparo áCristóbal Colón; y rivalizando en cierto modocon la Corona, pretendían alistar por su cuentanaves con que se resolviera el problema delcamino del Catay, y se asentara el cimientode la preponderancia marítima de España.Nietos de aquellos Duques, y Duques tambiénde Medinaceli y de Medinasidonia, D. Juande la Cerda y D. Alonso Pérez de Guzmán elBueno, presidieron con paralela falta de aptitudé igual desgracia á las dos más grandesdesdichas que registra la historia naval, comoque con ellas acabó aquella preponderancia.

Antón Francesco Cirni Corso formó lista delas personas principales que sucumbieron enla triste jornada de los Gelves. No es completaesta lista, pues por Ulloa y otros escritoresse citan nombres no comprendidos en ella:acaso hay también equivocaciones en la ortografíaitaliana de que se valía el autor; pero áfalta de otra, bien merece que por testimoniode estimación se reproduzca adicionada.{58}

CAUTIVOS EN LA ARMADA Y EL FUERTE.

 General, D. Sancho de Leyva, con sus hijos

Juan de Leyva.

Diego de Leyva.

 General, D. Berenguer de Requesens.

Juan de Cardona.

Fadrique de Cardona.

Gastón de la Cerda, hijo del Duque de Medinaceli[37].

 General, D. Álvaro de Sande.

El Obispo de Mallorca.

 Maestre de campo, Bernardo de Aldana.

 Ingeniero, Antonio Conde.

 Médico del Duque, el Licenciado Bernardo.

 Capellán de D. Álvaro, Carnero.

Baltasar Mediavilla.

Alfonso de Pallar.

 Sargento mayor, Maroto.

 Coronel, Pedro del Más.

 Capitanes, Sciana Smeraldo.

Francisco Enrique.

Orejón.

Simón, florentino.

Montes de Oca.

Tomaso, italiano.{59}

Íñigo Hurtado.

Francisco de Casale.

Nicolo de Casale.

Lope de Figueroa.

Juan Bautista Doria, genovés.

Antonio de Olivera.