Electra by Benito Pérez Galdós - HTML preview

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[Page 1]

ELECTRA

POR

BENITO PÉREZ GALDÓS

EDITED WITH NOTES AND VOCABULARY

BY

OTIS GRIDLEY BUNNELL, M.S.

The Flexner School, Louisville, Ky.

NEW YORK . . . CINCINNATI . . . CHICAGO

AMERICAN BOOK COMPANY[2]

COPYRIGHT, 1902, BY

OTIS GRIDLEY BUNNELL

Entered at Stationers' Hall, London

——

ELECTRA

W. P. 12

PERSONAJES

ACTO PRIMERO

o ESCENA PRIMERA, II, III, IV, V, VI, VII, VIII,

IX, X, XI, XII, XIII, XIV

ACTO SEGUNDO

o ESCENA PRIMERA, II, III, IV, V, VI, VII, VIII,

IX, X, XI, XII, XIII, XIV, XV, XVI, XVII

ACTO TERCERO

o ESCENA PRIMERA, II, III, IV, V, VI, VII, VIII,

IX, X, XI

ACTO CUARTO

o ESCENA PRIMERA, II, III, IV, V, VI, VII, VIII,

IX, X, XI, XII

ACTO QUINTO

o ESCENA PRIMERA, II, III, IV, V, VI, VII, VIII,

IX, ESCENA ULTIMA

VOCABULARY

NOTES

[3]

INTRODUCTION

————

BENITO PÉREZ GALDÓS, the author of the following drama, was born May 10,1845, at Las Palmas, in the Canary Islands.

Through modesty, or reserve,he has withheld every biographical detail concerning his early life. Infact his biographer, Leopoldo Alas, tells us that it was only with thegreatest difficulty he obtained from him the admission that he was bornin the Canary Islands. He studied there in the State College, and cameto Madrid in 1863, for the purpose of reading law. This profession heldbut little interest for him, and he did not follow it further.

He wasalready dreaming of a literary career, and after a brief trial ofjournalism, his first novel, La Fontana de Oro (1871), was published.

In 1872 his next book, El Audaz, was completed. Then taking as a modelthe historical novels of Erckmann-Chatrian, he began his EpisodiosNacionales, which alone fill twenty volumes. Add to this number somethirty volumes of Novelas Contemporáneas, and one sees the monumentthat Galdós offers us of the wonderful persistence and fertility of histalent.

It is upon the Novelas that his wider literary reputation rests, forin the narration of contemporary Spanish life, in the reflection of theideas and the sentiments of the people, he has no rival.

Comparatively little has been written by him for the theatre, but he hasalways been a welcome contributor[4] and when, during the year 1900, theDirector of the Teatro Español asked him for a piece for the nextseason he seized the opportunity of advancing, in Electra, his liberalideas.

This drama was represented at Madrid, January 30, 1901, and made a deepimpression on the Spanish people. "At the end of the first act," saysthe Imparcial, "the applause was frantic."

The last word of the play, "resucita," is not only the key note of thedrama, but the summing up of Galdós' desires, and the expression of hisambition for his country and his countrymen.

The purpose of the play and the spirit of the author are accuratelyvoiced by Lopez Ballesteras, in the Heraldo, January 31, 1901. "Lastnight," said he, "will mark a great date in history for the Spanishtheatre and for liberty. It is a movement of social and politicalrenovation, Spain demands light and liberty; she demands the right tolive under modern, European conditions; she is coming to life."

O. G. B.

[6][5]

PERSONAJES

————

 ELECTRA (18 años)

 EVARISTA (50 años), esposa de Don Urbano

 MÁXIMO (35 años)

 DON SALVADOR PANTOJA (50 años)

 EL MARQUÉS DE RONDA (58 años)

 DON LEONARDO CUESTA, agente de Bolsa (50 años)

 DON URBANO GARCÍA YUSTE (55 años)

 MARIANO, auxiliar de laboratorio

 GIL, calculista

 BALBINA, criada vieja

 PATROS, criada joven

 JOSÉ, criado viejo

 SOR DOROTEA

 UN OPERARIO

 LA SOMBRA DE ELEUTERIA

————

La acción en Madrid, rigurosamente contemporánea. [7]

ELECTRA

————

ACTO PRIMERO

Sala lujosa en el palacio de los señores de García Yuste. A laderecha, paso al jardín. Al fondo, comunicación con otras salas deledificio. A la derecha primer término, puerta de la habitación deElectra. (Izquierda y derecha se entiende del espectador.)

————

ESCENA PRIMERA

EL MARQUÉS; JOSÉ, por el foro.

JOSÉ. Están en el jardín. Pasaré recado.

MARQUÉS. Aguarda. Quiero dar un vistazo a esta sala. No he visitado alos señores de García Yuste desde que habitan su nuevo palacio... ¡Quélujo!... Hacen bien. Dios les da para todo, y esto no es nada encomparación de lo que consagran a obras benéficas. ¡Siempre tangenerosos...!

JOSÉ. ¡Oh, sí, señor!

MARQUÉS. Y siempre tan retraídos... aunque hay en la familia, segúncreo, una novedad muy interesante...

JOSÉ. ¿Novedad? ¡Ah! sí...¿lo dice por...?

MARQUÉS. Oye, José: ¿harás lo que yo te diga?

JOSÉ. Ya sabe el señor Marqués que nunca olvido los catorce años que leserví... Mande Vuecencia.

MARQUÉS. Pues bien: hoy vengo exclusivamente por conocer a esa señoritaque tus amos han traído poco ha de un colegio de Francia.[8]

JOSÉ. La señorita Electra.

MARQUÉS. ¿Podrás decirme si sus tíos están contentos de ella, si la niñase muestra cariñosa, agradecida?

JOSÉ. ¡Oh! sí... Los señores la quieren... Sólo que...

MARQUÉS. ¿Qué?

JOSÉ. Que la niña es algo traviesa.

MARQUÉS. La edad...

JOSÉ. Juguetona, muy juguetona, señor.

MARQUÉS. Es monísima; según dicen, un ángel...

JOSÉ. Un ángel, si es que hay ángeles parecidos a los diablos.

A todosnos trae locos.

MARQUÉS. ¡Cuánto deseo conocerla!

JOSÉ. En el jardín la tiene Vuecencia. Allí se pasa toda la mañanaenredando y haciendo travesuras.

MARQUÉS ( mirando al jardín). Hermoso jardín, parque más bien: arboladoviejo, del antiguo palacio de Gravelinas...

JOSÉ. Sí, señor.

MARQUÉS. La magnífica casa de vecindad que veo allá ¿no es también detus amos?

JOSÉ. Con entrada por el jardín y por la calle. En el piso bajo tiene sulaboratorio el sobrino de los señores: el señorito Máximo, primer puntode España en las matemáticas y en la... en la...

MARQUÉS. Sí: el que llaman el Mágico prodigioso.. .[1] Le conocí enLondres... no recuerdo la fecha... Aún vivía su mujer.

JOSÉ. El pobrecito quedó viudo en Febrero del año pasado...

Tiene dosniños lindísimos.[9]

MARQUÉS. No hace mucho he renovado con Máximo mi antiguo conocimiento, yaunque no frecuento su casa, por razones que yo me sé, somos grandesamigos, los mejores amigos del mundo.

JOSÉ. Yo también le quiero. ¡Es tan bueno...!

MARQUÉS. Y dime ahora: ¿no se arrepienten los señores de haber traídoese diablillo?

JOSÉ. ( recelando que venga alguien). Diré a Vuecencia... Yo henotado... ( Ve venir a Don Urbano por el jardín. ) El señor viene.

MARQUÉS. Retírate...

ESCENA II

EL MARQUÉS, DON URBANO.

MARQUÉS ( dándole los brazos). Mi querido Urbano...

DON URBANO. ¡Marqués! ¡Dichosos los ojos... ![2]

MARQUÉS. ¿Y Evarista?

DON URBANO. Bien. Extrañando mucho las ausencias del ilustre Marqués deRonda.

MARQUÉS. ¡Ay, no sabe usted qué invierno hemos pasado!

DON URBANO. ¿Y Virginia?

MARQUÉS. No está mal. La pobre, siempre luchando con sus achaques. Vivepor el vigor tenaz, testarudo digo yo, de su grande espíritu.

DON URBANO. Vaya, vaya...¿Con que...? ( Señalando al jardín. ) ¿Quiereusted que bajemos?

MARQUÉS. Luego. Descansaré un instante. ( Se sienta. ) Hábleme usted,querido Urbano, de esa niña[10] encantadora, de esa Electra, a quien hansacado ustedes del colegio.

DON URBANO. No estaba ya en el colegio. Vivía en Hendaya[3]

con unosparientes de su madre. Yo nunca fui partidario de traerla a vivir connosotros; pero Evarista se encariñó hace tiempo con esa idea; su objetono es otro que tantear el carácter de la chiquilla, ver si podremosobtener de ella una buena mujer, o si nos reserva Dios el oprobio de queherede las mañas de su madre. Ya sabe usted que era prima hermana de miesposa, y no necesito recordarle los escándalos de Eleuteria, del 80 al85.

MARQUÉS. Ya, ya.

DON URBANO. Fueron tales, que la familia, dolorida y avergonzada, rompiócon ella toda relación. Esta niña, cuyo padre se ignora, se crió junto asu madre hasta los cinco años.

Después la llevaron a las Ursulinas[4] deBayona.[5] Allí, ya fuese por abreviar, ya por embellecer el nombre,dieron en llamarla Electra,[6] que es grande novedad.

MARQUÉS. Perdone usted, novedad no es; a su desdichada madre, EleuteriaDíaz, los íntimos la llamábamos también Electra, no sólo por abreviar,sino porque a su padre, militar muy valiente, desgraciadísimo en su vidaconyugal, le pusieron Agamenón.[7]

[11]

DON URBANO. No sabía... Yo jamás me traté con esa gente.

Eleuteria, porla fama de sus desórdenes, se me representaba como un ser repugnante...

MARQUÉS. Por Dios, mi querido Urbano, no extreme usted su severidad.Recuerde que Eleuteria, a quien llamaremos Electra I, cambió devida... Ello debió de ser hacia el 88...

DON URBANO. Por ahí... Su arrepentimiento dio mucho que hablar. En SanJosé de la Penitencia[8] murió el 95 regenerada, abominando de supasado...

MARQUÉS ( como reprendiéndole por su severidad). Dios la perdonó...

DON URBANO. Sí, sí... perdón, olvido...

MARQUÉS. Y ustedes, ahora, tantean a Electra II para saber si salederecha o torcida. ¿Y qué resultado van dando las pruebas?

DON URBANO. Resultados obscuros, contradictorios, variables cada día,cada hora. Momentos hay en que la chiquilla nos revela excelsascualidades, mal escondidas en su inocencia; momentos en que nos parecela criatura más loca que Dios ha echado al mundo. Tan pronto le encantaa usted por su candor angelical, como le asusta por las agudezasdiabólicas que saca de su propia ignorancia.

MARQUÉS. Exceso de imaginación quizás, desequilibrio. ¿Es viva?

DON URBANO. Tan viva como la misma electricidad, misteriosa, repentina,de mucho cuidado. Destruye, trastorna, ilumina.

MARQUÉS ( levantándose). La curiosidad me abrasa ya. Vamos a verla.[12]

ESCENA III

EL MARQUÉS, DON URBANO; CUESTA, por el fondo.

CUESTA ( entra con muestras de cansancio, saca su cartera de negocios yse dirige a la mesa). Marqués... ¿tanto bueno por aquí...?

MARQUÉS. Hola, gran Cuesta. ¿Qué nos dice nuestro incansable agente...?

CUESTA ( sentándose. Revela padecimiento del corazón).

Elincansable...¡ay! se cansa ya.

DON URBANO. Hombre, ¿qué me dices del alza de ayer en el Amortizable?[9]

CUESTA. Vino de París con dos enteros.

DON URBANO. ¿Has hecho nuestra liquidación?

MARQUÉS. ¿Y la mía?

CUESTA. En ellas estoy... ( Saca papeles de su cartera y escribe conlápiz. ) Luego sabrán ustedes las cifras exactas. He sacado[10]

todo elpartido posible de la conversión.

MARQUÉS. Naturalmente... siendo el tipo de emisión de los nuevos valores79.50... habiendo adquirido nosotros a precio muy bajo el papelrecogido...

DON URBANO. Naturalmente...

CUESTA. Naturalmente, el resultado ha sido espléndido.

MARQUÉS. La facilidad con que nos enriquecemos, querido Urbano, enciendeen nosotros el amor de la vida y el entusiasmo por la belleza humana.Vámonos al jardín.

DON URBANO ( a Cuesta). ¿Vienes?

CUESTA. Necesito diez minutos de silencio para ordenar mis apuntes.[13]

DON URBANO. Pues te dejamos solo. ¿Quieres algo?

CUESTA ( abstraído en sus apuntes). No... Sí: un vaso de agua.

Estoyabrasado.

DON URBANO. Al momento. ( Sale con el Marqués hacia el jardín. )

ESCENA IV

CUESTA, PATROS.

CUESTA ( corrigiendo los apuntes). ¡Ah! sí, había un error. A los[11]de Yuste corresponden... un millón seiscientas mil pesetas.

Al Marquésde Ronda, doscientas veintidós mil. Hay que descontar las doce mil ypico, equivalentes a los nueve mil francos...

( Entra Patros con vasos de agua, azucarillos, coñac. Aguarda un momentoa que Cuesta termine sus cálculos. ) PATROS. ¿Lo dejo aquí, Don Leonardo?

CUESTA. Déjalo y aguarda un instante... Un millón ochocientos... con losseiscientos diez... hacen... Ya está claro.

Bueno, bueno... Con que,Patros... ( Echa mano al bolsillo, saca dinero y se lo da. )

PATROS. Señor, muchas gracias.

CUESTA. Con esto te digo que espero de ti un favor.

PATROS. Usted dirá, Don Leonardo.

CUESTA. Pues... ( revolviendo el azucarillo). Verás...

PATROS. ¿No pone coñac? Si viene sofocado, el agua sola puede hacerledaño.

CUESTA. Sí: pon un poquito... Pues quisiera yo... no vayas a tomarlo amala parte... quisiera yo hablar un ratito a solas con la señoritaElectra.

Conociéndome

como

me

conoces,

comprenderás que mi objeto es delos[14] más puros, de los más honrados. Digo esto para quitarte todoescrúpulo... ( Recoge sus papeles. ) Antes que alguien venga, ¿puedesdecirme qué ocasión, qué sitio son los más apropiados...?

PATROS. ¿Para decir cuatro palabritas a la señorita Electra?( Meditando. ) Ello ha de ser cuando los señores despachan con elapoderado... Yo estaré a la mira...

CUESTA. Si pudiera ser hoy, mejor.

PATROS. El señor ¿vuelve luego?

CUESTA. Volveré, y con disimulo me adviertes...

PATROS. Sí, Sí... Pierda cuidado. ( Recoge el servicio y se retira. )

ESCENA V

CUESTA; PANTOJA, enteramente vestido de negro. Entra en escenameditabundo, abstraído.

CUESTA. Amigo Pantoja, Dios le guarde. ¿Vamos bien?

PANTOJA ( suspira). Viviendo, amigo, que es como decir: esperando.

CUESTA. Esperando mejor vida...

PANTOJA. Padeciendo en ésta todo lo que el Señor disponga para hacernosdignos de la otra.

CUESTA. ¿Y de salud?

PANTOJA. Mal y bien. Mal, porque me afligen desazones y achaques; bien,porque me agrada el dolor, y el sufrimiento me regocija. ( Inquieto ycomo dominado de una idea fija, mira hacia el jardín. )

CUESTA. Ascético estáis.

PANTOJA. ¡Pero esa loquilla...! Véala usted correteando con los chicosdel portero, con los niños de Máximo y con otros de la vecindad. Cuandola dejan[15] explayarse en las travesuras infantiles, está Electra en susglorias.

CUESTA. ¡Adorable muñeca! Quiera Dios hacer de ella una mujer de mérito.

PANTOJA. De la muñeca graciosa, de la niña voluble, podrá salir un ángelmás fácilmente que saldría de la mujer.

CUESTA. No le entiendo a usted, amigo Pantoja.

PANTOJA. Me entiendo yo... Mire, mire como juegan.

( Alarmado. ) ¡Jesúsme valga![12] ¿A quién veo allí? ¿Es el Marqués de Ronda?

CUESTA. Él mismo.

PANTOJA. Ese corrumpido corruptor. Tenorio[13] de la generación pasada,no se decide a jubilarse por no dar un disgusto a Satanás.[14]

CUESTA. Para que pueda decirse una vez más que no hay paraíso sinserpiente.

PANTOJA. ¡Oh, no! ¡Serpiente ya teníamos! ( Nervioso y displicente, sepasea por la escena. )

CUESTA. Otra cosa: ¿no se ha enterado usted de la millonada que lestraigo?

PANTOJA ( sin prestar gran atención al asunto, fijándose en otra ideaque no manifiesta). Sí, ya sé... ya... Hemos ganado una enormidad.

CUESTA. Evarista completará su magna obra de piedad...[16]

PANTOJA ( maquinalmente). Sí.

CUESTA. Y usted dedicará mayores recursos a San José[15] de laPenitencia.

PANTOJA. Sí... ( Repitiendo una idea fija. ) Serpiente ya teníamos.( Alto. ) ¿Qué me decía usted, amigo Cuesta?

CUESTA. Que...

PANTOJA. Perdone usted... ¿Es cierto que el vecino de enfrente, nuestromaravilloso sabio, inventor y casi taumaturgo, piensa mudar deresidencia?

CUESTA. ¿Quién? ¿Máximo? Creo que sí. Parece que en Bilbao[16] y enBarcelona[17] acogen con entusiasmo sus admirables estudios para nuevasaplicaciones de la electricidad; y le ofrecen cuantos capitales necesitepara plantear estas novedades.

PANTOJA ( meditabundo). ¡Oh!... Capital, dentro de mis medios, yo se lodaría, con tal que...

ESCENA VI

PANTOJA, CUESTA; EVARISTA, DON URBANO, EL MARQUÉS,

que vienen deljardín.

EVARISTA ( soltando el brazo del Marqués). Felices, Cuesta.

Pantoja,¡cuánto me alegro de verle hoy!... ( Cuesta y Pantoja se inclinan y lebesan la mano respetuosamente. Siéntase la señora a la derecha; elMarqués, en pie, a su lado. Los otros tres forman grupo a la izquierdahablando de negocios. )[17]

MARQUÉS ( reanudando con Evarista una conversación interrumpida). Porese camino, no sólo pasará usted a la Historia, sino al AñoCristiano.[18]

EVARISTA. No alabe usted, Marqués, lo que en absoluto carece de mérito.No tenemos hijos: Dios arroja sobre nosotros caudales y más caudales.Cada año nos cae una herencia. Sin molestarnos en lo más mínimo nidiscurrir cosa alguna, el exceso de nuestras rentas, manejado enoperaciones muy hábiles por el amigo Cuesta, nos crea sin sentirlonuevos capitales. Compramos una finca, y al año la subida de losproductos triplica su valor; adquirimos un erial, y resulta que elsubsuelo es un inmenso almacén de carbón, de hierro, de plomo... ¿Quéquiere decir esto, Marqués?

MARQUÉS. Quiere decir, mi venerable amiga, que cuando Dios acumulatantas riquezas sobre quien no las desea ni las estima, indica muyclaramente que las concede para que sean destinadas a su servicio.

EVARISTA. Exactamente. Interpretándolo yo del mismo modo, me apresuro acumplir la divina voluntad. Lo que hoy me trae Cuesta, no hará más quepasar por mis manos, y con esto habré consagrado al Patrocinio[19] sietemillones largos, y aún haré más, para que la casa y colegio de Madridtengan todo el decoro y la magnificencia que corresponden a tan grandeinstituto...

Impulsaremos las obras de los colegios de Valencia[20] yCádiz.. .[21]

PANTOJA ( pasando al grupo de la derecha). Sin[18] olvidar, amiga mía, lacasa de enseñanzas superiores, que ha de ser santuario de la verdaderaciencia...

EVARISTA. Bien sabe el amigo Pantoja que no ceso de pensar en ello.

DON URBANO ( pasando también a la derecha). En ello pensamos noche ydía.

MARQUÉS. Admirable, admirable. ( Se levanta. ) EVARISTA ( a Cuesta, que también pasa a la derecha). Y

ahora, Leonardo,¿qué hacemos?

CUESTA ( sentándose al lado de Evarista, propone a la señora nuevasoperaciones). Nos limitaremos por hoy a emplear[22]

alguna cantidad endobles...

PANTOJA ( en pie a la izquierda de Evarista). O a prima.. .[23]

MARQUÉS ( paseando por la escena con Don Urbano). Me permitirá usted,querido Urbano, que proclamando a gritos los méritos de su esposa, noeche en saco roto los míos, los nuestros: hablo por mi mujer y por mí.Virginia ya lleva dado a Las Esclavas[24] un tercio de nuestra fortuna.

DON URBANO. De las más saneadas de Andalucía.[25]

MARQUÉS. Y en nuestro testamento se lo dejamos todo, menos la parte quedestinamos a ciertas obligaciones y a la parentela pobre...

DON URBANO. Muy bien... Pero, según mis noticias, no estuvo usted muyconforme, años ha, con que Virginia tuviera piedad tan dispendiosa.[19]

MARQUÉS. Es cierto. Pero al fin me catequizó. Suyo soy en cuerpo y alma.Me ha convertido, me ha regenerado.

DON URBANO. Como a mí mi Evarista.

MARQUÉS. Por conservar la paz del matrimonio, empecé a contemporizar, aceder, y cediendo y contemporizando, he llegado a esta situación. No mepesa, no. Hoy vivo en una placidez beatífica, curado de mis antiguasmañas. He llegado a convencerme de que Virginia no sólo salvará su alma,sino también la mía.

DON URBANO. Como yo... Que me salve.

MARQUÉS. Cierto que no tenemos iniciativa para nada.

DON URBANO. Para nada, querido Marqués.

MARQUÉS. Que a las veces, hasta el respirar nos está vedado.

DON URBANO. Vedada la respiración...

MARQUÉS. Pero vivimos tranquilamente.

DON URBANO. Servimos a Dios sin ningún esfuerzo...

MARQUÉS. Nuestras benditas esposas van delante de nosotros por el caminode la gloriosa eternidad y... Descuide usted, que no nos dejarán atrás.

DON URBANO. Cierto.

EVARISTA. ¿Urbano?

DON URBANO ( acudiendo presuroso). ¿Qué?

EVARISTA. Ponte a las órdenes de Cuesta para la liquidación, y para laentrega a los Padres...

DON URBANO. Hoy mismo. ( Se levanta Cuesta. )

EVARISTA. Otra cosa: bajas un momento y le dices a Electra que ya vantres horas de juego...

PANTOJA ( imperioso). Que suba. Ya es demasiado retozar.

DON URBANO. Voy. ( Viendo venir a Electra. ) Ya está aquí.[20]

ESCENA VII

Los mismos; ELECTRA, tras ella MÁXIMO.

ELECTRA ( entra corriendo y riendo, perseguida por Máximo, a quien llevaventaja en la carrera. Su risa es de miedo infantil).

Que no mecoges... Bruto, fastídiate.

MÁXIMO ( trae en una mano varios objetos que indicará, y en la otra unaramita larga de chopo, que esgrime como un azote).

¡Pícara, si tecojo...!

ELECTRA ( sin hacer caso de los que están en escena recorre ésta coninfantil ligereza, y va a refugiarse en las faldas de Doña Evarista,arrodillándose a sus pies y echándole los brazos a la cintura). Estoyen salvo... tía; mándele usted que se vaya.

MÁXIMO. ¿Dónde está esa loca? ( Con amenaza jocosa. ) ¡Ah!

Ya sabe dondese pone.

EVARISTA. ¿Pero, hija, cuándo tendrás formalidad? Máximo, eres tú tanchiquillo como ella.

MÁXIMO ( mostrando lo que trae). Miren lo que me ha hecho.

Me rompióestos dos tubos de ensayo... Y luego... vean estos papeles en que yotenía cálculos que representan un trabajo enorme. ( Muestra los papelessuspendiéndolos en alto. ) Éste lo convirtió en pajarita;[26] éste loentregó a los chiquillos para que pintaran burros, elefantes... y unacorazado disparando contra un castillo.

PANTOJA. ¿Pero se metió en el laboratorio?

MÁXIMO. Y me indisciplinó a los niños, y todo me lo han revuelto.[21]

PANTOJA ( con severidad). Pero, señorita...

EVARISTA. ¡Electra!

MARQUÉS. ¡Deliciosa infancia! ( Entusiasmado. ) Electra, niña grande,benditas sean sus travesuras. Conserve usted mientras pueda su preciosaalegría.

ELECTRA. Yo no rompí los cilindros. Fue Pepito... Los papeles llenos degarabatos, sí los cogí yo, creyendo que no servían para nada.

CUESTA. Vamos, haya paces.

MÁXIMO. Paces. ( A Electra. ) Vaya, te perdono la vida, te concedo elindulto por esta vez... Toma. ( Le da la vara. Electra la coge pegándolesuavemente. )

ELECTRA. Esto por lo que me has dicho. ( Pegándole con fuerza. ) Estopor lo que callas.

MÁXIMO. ¡Si no he callado nada!

PANTOJA. Formalidad, juicio.

EVARISTA. ¿Qué te ha dicho?

MÁXIMO. Verdades que han de serle muy útiles... Que aprenda por sí mismalo mucho que aún ignora; que abra bien sus ojitos y los extienda por lavida humana, para que vea que no es todo alegrías, que hay tambiéndeberes, tristezas, sacrificios...

ELECTRA. ¡Jesús, qué miedo! ( En el centro de la escena la rodean todos,menos Pantoja, que acude al lado de Evarista. ) CUESTA. Conviene no estimular con el aplauso sus travesuras.

DON URBANO. Y mostrarle un poquito de severidad.

MÁXIMO. A severidad nadie me gana... ¿Verdad, niña, que soy muy severo yque tú me lo agradeces? Di que me lo agradeces.

ELECTRA ( azotándole ligeramente). ¡Sabio cargante! Si esto fuera unazote de verdad, con más gana te pegaría.[22]

MARQUÉS ( risueño y embobado). ¡Adorable! Pégueme usted a mí, Electra.

ELECTRA ( pegándole con mucha suavidad). A usted no, porque no tengoconfianza... Un poquito no más... así...

( Pegando a los demás. ) Y austed... a usted... un poquito.

EVARISTA. ¿Por qué no vas a tocar el piano para que te oigan estosseñores?

MÁXIMO. ¡Si no estudia una nota! Su desidia es tan grande como sudisposición para todas las artes.

CUESTA. Que nos enseñe sus acuarelas y dibujos. Verá usted, Marqués.( Se agrupan todos junto a la mesa, menos Evarista y Pantoja que hablanaparte. )

ELECTRA. ¡Ay, sí! ( Buscando su cartera de dibujos entre los libros yrevistas que hay en la mesa. ) Verán ustedes. Soy una gran artista.

MÁXIMO. Alábate, pandero.

ELECTRA ( desatando las cintas de la cartera). Tú a deprimirme, yo adarme bombo, veremos quién puede más... Ea ( mostrando dibujos),quédense pasmados. ¿Qué tienen que decir de estos magníficos apuntes depaisajes, de animales que parecen personas, de personas que parecenanimales? ( Todos se embelesan examinando los dibujos, que pasan de manoen mano. )

EVARISTA ( que apartando su atención del grupo del centro, entabla unaconversación íntima con Pantoja). Tiene usted razón, Salvador. Siemprela tiene, y ahora, en el caso de Electra, su razón es como un astro deluz tan espléndida, que a todos nos obscurece.

PANTOJA. Esa luz que usted cree inteligencia, no lo es. Es tan sólo elresplandor de un fuego intensísimo que está dentro: la voluntad. Conesta fuerza, que debo a Dios, he sabido enmendar mis errores.

EVARISTA. Después de la confidencia que me hizo[23] usted anoche, veo muyclaro su derecho a intervenir en la educación de esta loquilla...

PANTOJA. A marcarle sus caminos, a señalarle fines elevados...

EVARISTA. Derecho que implica deberes inexcusables...

PANTOJA. ¡Oh! ¡Cuánto agradezco a usted que así lo reconozca, amiga delalma! ¡Yo temía que mi confidencia de anoche, historia funesta queennegrece los mejores años de mi vida, me haría perder su estimación!

EVARISTA. No, amigo mío. Como hombre, ha estado usted sujeto a lasdebilidades humanas. Pero el pecador se ha regenerado, castigando suvida con las mortificaciones que trae el arrepentimiento, yenderezándola con la práctica de la virtud.

PANTOJA. La tristeza, el amor a la soledad, el desprecio de lasvanidades, fueron mi salvación. Pues bien: no sería completa mi enmiendasi ahora no cuidara yo de dirigir a esta niña, para apartarla delpeligro. Si nos descuidamos, fácilmente se nos irá por los caminos de sumadre.

EVARISTA. Mi parecer es que hable usted con ella...

PANTOJA. A solas.

EVARISTA. Eso pensaba yo: a solas. Hágale comprender de una maneradelicada la autoridad que tiene usted sobre ella...

PANTOJA. Sí, sí... No es otro mi deseo. ( Siguen en voz baja. ) ELECTRA ( en el grupo del centro, disputando con Máximo).

Quita, quita.¿Tú qué sabes? ( Mostrando un dibujo. ) Dice este bruto que el pájaroparece un viejo pensativo, y la mujer una langosta desmayada.

MARQUÉS. ¡Oh! no... que está muy bien.[24]

MÁXIMO. A veces, cuando menos cuidado pone, tiene aciertos prodigiosos.

CUESTA. La verdad es que este paisajito, con el mar lejano, y estostroncos...

ELECTRA. Mi especialidad ¿no saben ustedes cuál es? Pues los troncosviejos, las paredes en ruínas. Pinto bien lo que desconozco: latristeza, lo pasado, lo muerto. La alegría presente, la juventud, no mesalen. ( Con pena y asombro. ) Soy una gran artista para todo lo que nose parece a mí.

DON URBANO. ¡Qué gracia!

CUESTA. ¡Deliciosa!

MARQUÉS. ¡Cómo chispea! Me encanta oírla.

MÁXIMO. Ya vendrá la reflexión, las responsabilidades...

ELECTRA ( burlándose de Máximo). ¡La razón, la seriedad!

Miren elsabio... fúnebre. Yo tengo todo eso el día que me dé la gana... y másque tú.

MÁXIMO. Ya lo veremos, ya lo veremos.

PANTOJA ( que ha prestado atención a lo que hablan en el grupo delcentro). No puedo ocultar a usted que me desagrada la familiaridad dela niña con el sobrino de Urbano.

EVARISTA. Ya la corregiremos. Pero tenga usted presente que Máximo es unhombre honradísimo, juicioso...

PANTOJA. Sí, sí; pero... Amiga mía, en los senderos de la confianzatropiezan y resbalan los más fuertes: me lo ha enseñado una tristeexperiencia.

ELECTRA ( en el grupo del centro). Yo sentaré la cabeza cuando meacomode. Nadie se pone serio hasta que Dios lo manda. Nadie dice ¡ay!¡ay! hasta que le duele algo.

MARQUÉS. Justo.[25]

CUESTA. Y ya, ya aprenderá cosas prácticas.

ELECTRA. Cierto: cuando venga Dios y me diga: «niña: ahí tienes eldolor, los deberes, la duda...»

MÁXIMO. Que lo dirá... y pronto.

EVARISTA. Electra, hija mía, no tontees...

ELECTRA. Tía, es Máximo que... ( Pasa al lado de su tía. ) DON URBANO. Máximo tiene razón...

CUESTA. Seguramente. ( Cuesta y Don Urbano pasan también al lado deEvarista, quedando solos a la izquierda Máximo y el Marqués. )

MÁXIMO. ¿Puedo saber ya, señor Marqués, el resultado de su primeraobservación?

MARQUÉS. Me ha encantado la chiquilla. Ya veo que no había exageraciónen lo que usted me contaba.

MÁXIMO. ¿Y la penetración de usted no descubre bajo esos donaires algoque...?

MARQUÉS. Ya entiendo... belleza moral, sentido común... No hay tiempoaún para tales descubrimientos. Seguiré observando.

MÁXIMO. Porque yo, la verdad, consagrado a la ciencia desde edad muytemprana, conozco poco el mundo, y los caracteres humanos son para míuna escritura que apenas puedo deletrear.

MARQUÉS. Pues en esa escritura y en otras sé yo leer de corrido.

MÁXIMO. ¿Viene usted a mi casa?

MARQUÉS. Iremos un rato. Es posible que mi mujer me riña si sabe quevisito el taller de Electrotecnia y la fábrica de luz. Pero Virginia noha de ser muy severa. Puedo aventurarme... Después volveré aquí, y conel pretexto de admirar a la niña en el piano, hablaré con ella ycontinuaré mis estudios.

MÁXIMO ( alto). ¿Viene usted, Marqués?[26]

DON URBANO. ¿Pero nos dejan?

MARQUÉS. Me voy un rato con este amigo.

EVARISTA. Marqués, estoy muy enojada por sus largas ausencias, pero muyenojada. No podrá usted desagraviarme más que almorzando hoy connosotros. Es castigo, Don Juan;[27] es penitencia.

MARQUÉS. Yo la acepto en descargo de mi culpa, bendiciendo la mano queme castiga.

EVARISTA. Tú, Máximo, vendrás también.

MÁXIMO. Si me dejan libre a esa hora, vendré.

ELECTRA. No vengas, hombre... por Dios, no vengas. ( Con alegría que nopuede disimular. ) ¿Vas a venir? Di que sí.

( Corrigiéndose. ) No, no:di que no.

MÁXIMO. ¡Ah! No te libras de mí. Chiquilla loca, tú tendrás juicio.

ELECTRA. Y tú lo perderás, sabio tonto, viejo... ( Le sigue con lamirada hasta que sale. Salen Máximo y el Marqués por el jardín. Joséentra por el foro. )

ESCENA VIII

ELECTRA, EVARISTA, DON URBANO, PANTOJA, CUESTA, JOSÉ.

JOSÉ ( anunciando). La señora Superiora de San José[28] de laPenitencia.

PANTOJA. ¡Oh, mi buena Sor Bárbara de la Cruz...!

EVARISTA. Que pase aquí. ( Se levanta. ) No: al salón. Vamos.

PANTOJA. ¡Qué feliz oportunidad! Así me evita el ir al convento.

EVARISTA. Hija, que estudies. ( Señalándole la estancia próxima. )[27]

CUESTA ( despidiéndose). Yo me retiro. Volveré luego.

EVARISTA. Adiós.

CUESTA ( aparte, por Electra). ¿La dejarán sola?

PANTOJA ( acudiendo a Electra). Cultive usted, Electra, condiscernimiento ese arte sublime. Consagre usted todo su talento al granBach.. .[29] para que se vaya asimilando el estilo religioso. ( Vansetodos menos Electra. )

ESCENA IX

ELECTRA; al poco rato CUESTA.

ELECTRA ( entonando una salmodia de Iglesia, recoge los dibujos y losordena). Bach... para que me asimile... ¡qué gracia!

el estiloreligioso. ( Canta. )

CUESTA ( entra por el foro recatándose). ¡Sola...!

ELECTRA ( canta algunas notas litúrgicas. Ve avanzar a Cuesta). ¿Perono se había marchado usted, Don Leonardo?

CUESTA ( con timidez). Sí; pero he vuelto, hija mía. Tengo que hablarcon usted.

ELECTRA ( un poquito asustada). ¡Conmigo!

CUESTA. El asunto es delicado, muy delicado... ( Con fatiga y dificultadde respiración. ) Perdone usted... padezco del corazón... no puedo estaren pie. ( Electra le aproxima una silla.

Se sienta. ) Sí: tan delicadoes el asunto que no sé por donde empezar.

ELECTRA. Por Dios, ¿qué es?

CUESTA ( animándose). Electra, yo conocí a su madre de usted.

ELECTRA. ¡Ah! Mi madre fue muy desgraciada.[28]

CUESTA. ¿Qué entiende usted por desgraciada?

ELECTRA. Pues... que vivió entre personas malas que no le permitían sertan buena como ella quería.

CUESTA. ¡Oh! Sin saberlo ha dicho usted una gran verdad...

¿Recuerdausted a su madre?... ¿Piensa usted en ella?

ELECTRA. Mi madre es para mí un recuerdo vago, dulcísimo; una imagen quenunca me abandona... Viva la guardo en mi corazón, que no es todavía másque una gran memoria, y en esta gran memoria la están buscando siempremis ojos ansiosos de verla. ¡Pobre madre mía! ( Se lleva el pañuelo alos ojos. Cuesta suspira. ) Dígame, Don Leonardo: cuando trataba usted ami madre ¿era yo muy chiquitita?

CUESTA. Era usted una monada. Le hacíamos a usted cosquillas para verlareír; su risa me parecía el encanto, la alegría de la Naturaleza.

ELECTRA. Vea usted por que he salido tan loca, tan traviesa ydestornillada... Y alguna vez me cogería usted en brazos.

CUESTA. Muchísimas.

ELECTRA ( sonriendo sin acabar de secar sus lágrimas). ¿Y no le tirabayo de los bigotes?

CUESTA. A veces con tanta fuerza, que me hacía usted daño.

ELECTRA. Me pegaría usted en las manos.

CUESTA. ¡Vaya!

ELECTRA. ¿Pues sabe usted que creo que todavía me duelen...?

CUESTA ( impaciente por entrar en materia). Pero vamos al caso.Advierto a usted, Electra, que esto es reservadísimo. Queda entre losdos.

ELECTRA. ¡Oh! me da usted miedo, Don Leonardo.

CUESTA. No es para asustarse. Vea usted en mí un[29] amigo, el mejor de losamigos; vea en este acto el interés más puro, el sentimiento máselevado...

ELECTRA ( confusa). Sí, sí: no dudo... pero...

CUESTA. Vea usted por qué doy este paso... Aunque no soy muy viejo, nome siento con cuerda vital para mucho tiempo.

Viudo hace veinte años, notengo más familia que mi hija Pilar, ya casada, y ausente. Casi estoysolo en el mundo, con el pie en el estribo para marchar a otro... y misoledad ¡ay! parece como que quiere echarme más pronto... ( Con grandificultad de expresión. ) Pero antes de partir... ( Pausa. ) Electra,he pensado mucho en usted antes que la trajeran a Madrid, y al verla¡Dios mío! he pensado, he sentido... qué sé yo... un dulce afecto, elmás puro de los afectos, mezclado con alaridos de mi conciencia.

ELECTRA ( aturdida). ¡La conciencia! ¡Qué cosa tan grave debe ser! Lamía es como un niño que está todavía en la cuna.

CUESTA ( con tristeza). La mía es vieja, memoriosa. Me repite, meseñala sin cesar los errores graves de mi vida.

ELECTRA. ¡Usted... errores graves, usted tan bueno!

CUESTA. Sí, sí: bueno, bueno... y pecador... En fin, dejemos los erroresy vamos a sus consecuencias. Yo no quiero, no, que usted vivadesamparada. Usted no posee bienes de fortuna. Es dudoso que laprotección de Urbano y Evarista sea constante.

¿Cómo he de consentir yoque se encuentre usted pobre y desvalida el día[30] de mañana?

ELECTRA ( con penosa lucha entre su conocimiento y su inocencia). No sési lo entiendo... no sé si debo entenderlo.

CUESTA. Lo más delicado será que lo entienda sin[30]

decírmelo, y queacepte mi protección sin darme las gracias.

Juntos van el deber mío y elderecho de usted. Gracias a mí, Electra, no se verá roto el hilo que unea cada criatura con las criaturas que fueron, y con las que aún viven...Y si hoy me determino a plantear esta cuestión, es porque... porque hacetiempo que me asedia el temor de las muertes repentinas.

Mi padre y mihermano murieron como heridos del rayo. La lesión cardiaca, destructorade la familia, ya la tengo aquí ( Señalando al corazón): es un tristereloj que me cuenta las horas, los días... No puedo aplazar esto. No mesorprenda la muerte dejando a esta preciosa existencia sin amparo. Nopuedo, no debo esperar... Concluyo, hija mía, manifestando a usted quetenga por asegurado un bienestar modesto...

ELECTRA. ¡Un bienestar modesto... yo...!

CUESTA. Lo suficiente para vivir con independencia decorosa...

ELECTRA ( confusa). ¿Y yo... qué méritos tengo para...?

Perdoneusted... No acabo de convencerme... de...

CUESTA. Ya vendrá, ya vendrá el convencimiento...

ELECTRA. ¿Y por qué no habla usted de ese asunto a mis tíos...?

CUESTA ( preocupado). Porque... A su tiempo se les dirá. Por de pronto,sólo usted debe saber mi resolución.

ELECTRA. Pero...

CUESTA ( con emoción, levantándose). Y ahora, Electra,

¿querrá usted aeste pobre enfermo, que tiene los días contados?

ELECTRA. Sí... ¡Es tan fácil para mí querer! Pero no hable usted demorirse, Don Leonardo.

CUESTA. Me consuela mucho saber que usted me llorará.[31]

ELECTRA. No me haga usted llorar desde ahora...

CUESTA ( apresurando su partida para vencer su emoción).

Adiós, hijamía.

ELECTRA. Adiós... ( Reteniéndole. ) ¿Y qué nombre debo darle?

CUESTA. El de amigo no más. Adiós. ( Arrancándose a partir.

Sale por elforo. Electra le sigue con la mirada hasta que desaparece. )

ESCENA X

ELECTRA, EL MARQUÉS.

ELECTRA( meditabunda). Dios mío, ¿qué debo pensar? Sus medias palabrasdicen más que si fuesen enteras. ¡Madre del alma! ( El Marqués, queentra por el jardín, avanza despacio. )

¡Ah!... Señor Marqués.

MARQUÉS. ¿Se asusta usted?

ELECTRA. Nada de eso: me sorprendo no más. Si viene usted a oírme tocar,ha perdido el viaje. Hoy no estudio.

MARQUÉS. Me alegro. Así podremos hablar... Apenas presentado a usted,entro de lleno en la admiración de sus gracias, y conocida una parte desu carácter, deseo conocer algo más... Usted extrañará quizás estacuriosidad mía y la creerá impertinente.

ELECTRA. ¡Oh! No, señor. También yo soy curiosilla, señor Marqués, y mepermito preguntarle: ¿es usted amigo de Máximo?

MARQUÉS. Le quiero y admiro grandemente... Cosa rara,

¿verdad?

ELECTRA. A mí me parece muy natural.

MARQUÉS. Es usted muy niña, y quizás no pueda[32] hacerse cargo de lascausas de mi amistad con el Mágico prodigioso.. .[31]

A ver si meentiende.

ELECTRA. Explíquemelo bien.

MARQUÉS. La sociedad que frecuento, el círculo de mi propia familia ylos hábitos de mi casa, producen en mí un efecto asfixiante. Casi sindarme cuenta de ello, por puro instinto de conservación me lanzo a vecesen busca del aire respirable. Mis ojos se van tras de la ciencia, trasde la Naturaleza... y Máximo es eso.

ELECTRA. El aire respirable, la vida, la... ¿Pues sabe usted, Marqués,que me parece que lo voy entendiendo?

MARQUÉS. No es tonta la niña, no. También ha de saber usted que sientopor ese hombre un interés inmenso.

ELECTRA. Le quiere usted, le admira por sus grandes cualidades...

MARQUÉS. Y le compadezco por su desgracia.

ELECTRA ( sorprendida). ¿Desgraciado Máximo?

MARQUÉS. ¿Qué mayor desgracia que la soledad en que vive?

Su viudezprematura le ha sumergido en los estudios más hondos, y temo por susalud.

ELECTRA. Sus hijos le consuelan, le acompañan. Hoy les ha visto usted.¡Qué lindas criaturas! El mayor, que ahora cumple cinco años, es unprodigio de inteligencia. En el pequeñito, de dos años, veo yo toda lagracia del mundo. Yo les adoro; sueño con ellos, y me gustaría mucho sersu niñera.

MARQUÉS. El pobre Máximo, aferrado a sus estudios, no puede atenderloscomo debiera.

ELECTRA. Claro: eso digo yo.

MARQUÉS. Es de toda evidencia: Máximo necesita una mujer.

Pero... aquíentran mis dificultades y mis[33] dudas. Por más que miro y busco, noencuentro, no encuentro la mujer digna de compartir su vida con la delgrande hombre.

ELECTRA. No la encuentra usted. Es que no la hay, no la hay.

Como quepara Máximo debe buscarse una mujer de mucho juicio.

MARQUÉS. Eso es: de mucho juicio.

ELECTRA. Todo lo contrario de mí, que no tengo ninguno, ninguno,ninguno.

MARQUÉS. No diría yo tanto.

ELECTRA. Otra cosa: cuando usted me oye decirle tonterías y llamarlebruto, viejo, sabio tonto, no vaya a creer que lo digo en serio. Todoeso es broma, señor Marqués.

MARQUÉS. Sí, sí: ya lo he comprendido.

ELECTRA. Bromas impertinentes quizás, porque Máximo es muy serio...¿Cree usted, señor mío, que debo yo volverme muy grave?

MARQUÉS. ¡Oh! no. Cada criatura es como Dios ha querido formarla. No hayque violentarse, señorita. No necesitamos ser graves para ser buenos.

ELECTRA. Pues mire usted, Marqués, yo que no sé nada, había pensado esomismo. ( Aparece Pantoja por el foro. ) PANTOJA ( aparte en la puerta). Este libertino incorregible...

esteveterano del vicio se atreve a poner su mirada venenosa en esta flor.( Avanza lentamente. )

MARQUÉS ( aparte). ¡Vaya! Se nos ha interpuesto la pantalla obscura, yya no podemos seguir hablando.

ELECTRA. El señor Marqués ha venido a oírme tocar; pero estoy muy torpe.Lo dejamos para otro día.

MARQUÉS. Ya sabe usted que el gran Beethoven[32] es[34] mi pasión. Mehabían dicho que Electra le interpreta bien, y esperaba oírle la SonataPatética,[33] la Clair de Lune.. .[34] pero nos hemos entretenidocharlando, y pues ya no es ocasión...

PANTOJA ( con desabrimiento). Sí: ha pasado la hora de estudio.

MARQUÉS ( recobrando su papel social). Otro día será. Amigo mío,Virginia y yo tendremos mucho gusto en que usted nos honre con susconsejos para cuanto se refiere al Beaterio de Las Esclavas.[35]

PANTOJA. Sí, sí: esta tarde iré a ver a Virginia y hablaremos.

MARQUÉS. En el Beaterio la tiene usted toda la tarde. Y pues estoy demás aquí... ( En ademán de retirarse. ) ELECTRA. No. Usted no estorba, señor Marqués.

MARQUÉS. Me voy con la música... al taller de Máximo.

PANTOJA. Sí, sí: allí se distraerá usted mucho.

MARQUÉS. Hasta luego, mi reverendo amigo.

PANTOJA. Dios le guarde. ( Vase el Marqués hacia el jardín. ) ESCENA XI

ELECTRA, PANTOJA.

PANTOJA ( vivamente). ¿Qué decía? ¿Qué contaba ese corruptor de lainocencia?

ELECTRA. Nada: historias, anécdotas para reír...

PANTOJA. ¡Ay, historias! Desconfíe usted de las[35] anécdotas jocosas y delos narradores amenos, que esconden entre jazmines el aguijónponzoñoso... La noto a usted suspensa, turbada, como cuando se hasentido el roce de un reptil entre los arbustos.

ELECTRA. ¡Oh, no!

PANTOJA. La inquietud que producen las conversaciones inconvenientes, secalmará con los conceptos míos bienhechores, saludables.

ELECTRA. Es usted poeta, señor de Pantoja, y me gusta oírle.

PANTOJA ( le señala una silla: se sientan los dos). Hija mía, voy a dara usted la explicación del cariño intenso que habrá notado en mi. ¿Lo hanotado?

ELECTRA. Sí, señor.

PANTOJA. Explicación que equivale a revelar un secreto.

ELECTRA ( muy asustada). ¡Ay, Dios mío, ya estoy temblando!...

PANTOJA. Calma, hija mía. Oiga usted primero lo que es para mí másdolorosa. Electra, yo he sido muy malo.

ELECTRA. Pero si tiene usted opinión de santo!

PANTOJA. Fui malo, digo, en una ocasión de mi vida.

( Suspirandofuerte. ) Han pasado algunos años.

ELECTRA ( vivamente). ¿Cuántos? ¿Puedo yo acordarme de cuando usted fuemalo, Don Salvador?

PANTOJA. No. Cuando yo me envilecí, cuando me encenagué en el pecado, nohabía usted nacido.

ELECTRA. Pero nací...

PANTOJA ( después de una pausa). Cierto...

ELECTRA. Nací... Por Dios, señor de Pantoja, acabe usted pronto...

PANTOJA. Su turbación me indica que debemos apartar los ojos de lopasado. El presente es para usted muy satisfactorio.[36]

ELECTRA. ¿Por qué?

PANTOJA. Porque en mí tendrá usted un amparo, un sostén para toda lavida. Inefable dicha es para mí cuidar de un ser tan noble y hermoso,defender a usted de todo daño, guardarla, custodiarla, dirigirla, paraque se conserve siempre incólume y pura; para que jamás la toque ni lasombra ni el aliento del mal.

Es usted una niña que parece un ángel. Nome conformo con que usted lo parezca: quiero que lo sea.

ELECTRA ( fríamente). Un ángel que pertenece a usted... ¿Y en esto debover un acto de caridad extraordinaria, sublime?

PANTOJA. No es caridad: es obligación. A mi deber de ampararte,corresponde en ti el derecho a ser amparada.

ELECTRA. Esa confianza, esa autoridad...

PANTOJA. Nace de mi cariño intensísimo, como la fuerza nace del calor. Ymi protección, obra es de mi conciencia.

ELECTRA ( se levanta con grande agitación. Alejándose de Pantoja,exclama aparte): ¡Dos, Señor, dos protecciones! Y ésta quiereoprimirme. ¡Horrible confusión! ( Alto. ) Señor de Pantoja, yo lerespeto a usted, admiro sus virtudes. Pero su autoridad sobre mí no laveo clara, y perdone mi atrevimiento. Obediencia, sumisión, no debo másque a mi tía.

PANTOJA. Es lo mismo. Evarista me hace el honor de consultarme todos susasuntos. Obedeciéndola, me obedeces a mí.

ELECTRA. ¿Y mi tía quiere también que yo sea ángel de ella, de usted...?

PANTOJA. Ángel de todos, de Dios principalmente.

Convéncete de que hascaído en buenas manos, y déjate, hija de mi alma, déjate criar en lavirtud, en la pureza.[37]

ELECTRA ( con displicencia). Bueno, señor: purifíquenme.

¿Pero soy yomala?

PANTOJA. Podrías llegar a serlo. Prevenirse contra la enfermedad es máscuerdo y más fácil que curarla después que invade el organismo.

ELECTRA. ¡Ay de mí! ( Elevando los ojos y quedando como en éxtasis, daun gran suspiro. Pausa. )

PANTOJA. ¿Por qué suspiras así?

ELECTRA. Deje usted que aligere mi corazón. Pesan horriblemente sobre éllas conciencias ajenas.

ESCENA XII

ELECTRA, PANTOJA; EVARISTA por el foro.

EVARISTA. Amigo Pantoja, la Madre Bárbara de la Cruz espera a usted paradespedirse y recibir las últimas órdenes.

PANTOJA. ¡Ah! no me acordaba... Voy al momento. ( Aparte a Evarista. )Hemos hablado. Vigile usted. Temamos las malas influencias.

( Antes de salir Pantoja por el foro, entran el Marqués y Máximo por laderecha. )

ESCENA XIII

ELECTRA, EVARISTA, EL MARQUÉS, MÁXIMO.

MARQUÉS. He tardado un poquitín.

EVARISTA. No por cierto. ¿Estuvo usted en el estudio de Máximo? ( Seforman dos grupos: Electra y Máximo a la izquierda; Evarista y elMarqués a la derecha. ) MARQUÉS. Sí, señora. Es un prodigio este hombre. ( Sigue ponderando loque ha visto en el laboratorio. )[38]

ELECTRA ( suspirando). Sí, Máximo: tengo que consultar contigo un casograve.

MÁXIMO ( con vivo interés). Dímelo pronto.

ELECTRA ( recelosa mirando al otro grupo). Ahora no puede ser.

MÁXIMO. ¿Cuándo?

ELECTRA. No sé... no sé cuándo podré decírtelo... No es cosa que se diceen dos palabras.

MÁXIMO. ¡Ah, pobre chiquilla! Lo que te anuncié... ¿Apuntan ya lasseriedades de la vida, las amarguras, los deberes?

ELECTRA. Quizás.

MÁXIMO ( mirándola fijamente, con vivo interés). Noto en tu rostro unanube de tristeza, de miedo... gran novedad en ti.

ELECTRA. Quieren anularme, esclavizarme, reducirme a una cosa...angelical... No lo entiendo.

MÁXIMO ( con mucha viveza). No consientas eso, por Dios...

Electra,defiéndete.

ELECTRA. ¿Qué me recomiendas para evitarlo?

MÁXIMO ( sin vacilar). La independencia.

ELECTRA. ¡La independencia!

MÁXIMO. La emancipación... más claro, la insubordinación.

ELECTRA. Quieres decir que podré hacer cuanto me dé la gana, jugar todolo que se me antoje, entrar en tu casa como en país conquistado, enredarcon tus hijos, y llevármelos al jardín o a donde quiera.

MÁXIMO. Todo eso, y más.

ELECTRA. ¡Mira lo que dices...!

MÁXIMO. Sé lo que digo.

ELECTRA. ¡Pero si me has recomendado todo lo contrario!

MÁXIMO ( mirándola fijamente). En tu rostro, en tus[39] ojos, veocambiadas radicalmente las condiciones de tu vida. Tú temes, Electra.

ELECTRA. Sí. ( Medrosa. )

MÁXIMO. Tú... ( Dudando qué verbo emplear. Va a decir amar y no seatreve) deseas algo con vehemencia.

ELECTRA ( con efusión). Sí. ( Pausa. ) Y tú me dices que contra temoresy anhelos... insubordinación.

MÁXIMO. Sí: corran libres tus impulsos, para que cuanto hay en ti semanifieste, y sepamos lo que eres.

ELECTRA. ¡Lo que soy! ¿Quieres conocer...?

MÁXIMO. Tu alma...

ELECTRA. Mis secretos...

MÁXIMO. Tu alma... En ella está todo.

ELECTRA ( advirtiendo que Evarista la vigila). Chitón. Nos miran.

ESCENA XIV

Los mismos; DON URBANO, PANTOJA por el fondo.

DON URBANO. ¿Almorzamos?

PANTOJA ( a Evarista, sofocado, viendo a Electra con Máximo). ¿Pero,hija, la deja usted sola con Mefistófeles?

EVARISTA. No hay motivo para alarmarse, amigo Pantoja.

MARQUÉS ( riendo). ¡Claro: si este Mefistófeles es un santo!

( Da elbrazo a Evarista. )

PANTOJA ( imperiosamente, cogiendo de la mano a Electra parallevársela). ¡Conmigo! ( Electra, andando con Pantoja, vuelve la cabezapara mirar a Máximo. )

MÁXIMO ( mirando a Electra y a Pantoja). ¿Contigo...? Ya se verá conquién. ( Máximo y Don Urbano salen los últimos. )[40]

ACTO SEGUNDO

La misma decoración.

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ESCENA PRIMERA

EVARISTA, DON URBANO, sentados junto a la mesa despachando asuntos;BALBINA, que sirve a la señora una taza de caldo.

DON URBANO ( preparándose a escribir). ¿Qué se le dice al señor Rectordel Patrocinio?[36]

EVARISTA ( con la taza en la mano). Ya lo sabes. Que nos parece bien elplano y presupuesto, y que ya nos entenderemos con el contratista.

DON URBANO. No olvides que la proposición de éste asciende a...( leyendo un papel) trescientas veintidós mil pesetas...

EVARISTA. No importa. Aún nos sobra dinero para la continuación delSocorro.[37] ( A Balbina que recoge la taza. ) No olvides lo que teencargué.

BALBINA. Ya vigilo, señora. Este juego de la señorita Electra creo yoque no trae malicia. Si recibe cartas y billetes de tanto pretendiente,es por pasar el rato y tener un motivo más de risa y fiesta.

EVARISTA. ¿Pero cómo llegan a casa...?

BALBINA. ¿Las cartas de esos barbilindos? Aún no lo sé. Pero yo vigilo aPatros, que me parece...[41]

EVARISTA. Mucho cuidado y entérame de lo que descubras...