El Filibusterismo by Dr. José Rizal - HTML preview

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El muerto tenía dos heridas que debieron ser de armas defuego segun lo que él estudió despues y serían lasresultas de la persecucion en el lago. El muerto sería entoncesel Ibarra que vendría para morir sobre la tumba de suantepasado, y su deseo de ser quemado se explica muy bien por suestancia en Europa donde se estila la cremacion. ¿Entoncesquién era el [45]otro, el vivo, este joyero Simoun, entoncesde apariencia miserable y que ahora volvía cubierto de oro yamigo de las autoridades? Allí había un misterio y elestudiante, con su sangre fría característica, seprometió aclararlo, y aguardó una ocasion.

Simoun cavaba y cavaba en tanto, pero Basilio veía que elantiguo vigor se había amenguado: Simoun jadeaba, respiraba condificultad y tenía que descansar á cada momento.

Basilio temiendo fuese descubierto tomó una resolucionsúbita, se levantó de su asiento y con la voz másnatural,

—¿Le puedo ayudar, señor...? preguntósaliendo de su escondite.

Simoun se enderezó y dió un salto como un tigreatacado infraganti, se llevó la mano al bolsillo de su americanay miró al estudiante pálido y sombrío.

—Hace trece años me ha prestado usted un gran servicio,señor, prosiguió Basilio sin inmutarse, en este mismositio, enterrando el cadaver de mi madre y me consideraría felizsi yo le pudiese servir.

Simoun, sin apartar los ojos del joven, sacó de su bolsilloun revólver. Oyóse un chasquido como el de un arma que seamartilla.

—¿Por quién me toma usted? dijo retrocediendodos pasos.

—Por una persona para mí sagrada, contestóBasilio algo emocionado creyendo llegada su última hora: por unapersona que todos, menos yo, creen muerta y cuyas desgracias helamentado siempre.

Imponente silencio siguió á estas palabras, silencioque para el joven le sonaba á eternidad.

Simoun no obstante,despues de larga vacilacion, se le acercó y poniéndoleuna mano sobre el hombro le dijo en voz conmovida:

—Basilio, usted posee un secreto que me puede perder y ahoraacaba de sorprenderme en otro que me pone enteramente en sus manos ycuya divulgacion puede trastornar todos mis planes.

Para mi seguridad yen bien del objeto que me propongo yo debía sellar para siempresus labios porque ¿qué es la vida de un hombre ante elfin que persigo? La ocasion me es propicia, nadie sabe que he venido,estoy armado, usted indefenso; su muerte se atribuiría álos tulisanes, sino á otra causa más sobrenatural... ysin embargo yo le dejaré vivir y confío en que no me hade pesar.

Usted ha trabajado, ha luchado con [46]enérgica constancia... y como yo, tieneusted cuentas que arreglar con la sociedad; su hermanito fuéasesinado, á su madre la han vuelto loca, y la sociedad no haperseguido ni al asesino ni al verdugo. Usted y yo pertenecemosá los sedientos de justicia, y, en vez de destruirnos, debemosayudarnos.

Simoun se detuvo ahogando un suspiro y despues continuólentamente con la mirada vaga.

—Sí, yo soy aquel que ha venido hace trece añosenfermo y miserable para rendir el último tributo á unalma grande, noble que ha querido morir por mí. Víctimade un sistema viciado he vagado por el mundo, trabajando noche ydía para amasar una fortuna y llevar á cabo mi plan.Ahora he vuelto para destruir ese sistema, precipitar su corrupcion,empujarle al abismo á que corre insensato, aun cuando tuvieseque emplear oleadas de lágrimas y sangre... Se ha condenado, loestá ¡y no quiero morir sin verle antes hecho trizas en elfondo del precipicio!

Y Simoun estendía ambos brazos hácia la tierra como sicon aquel movimiento quisiese mantener allí los restosdestrozados. Su voz había adquirido un timbre siniestro,lúgubre que hacía estremecerse al estudiante.

—Llamado por los vicios de los que las gobiernan, he vueltoá estas islas y, bajo la capa del comerciante, he recorrido lospueblos. Con mi oro me he abierto camino y donde quiera he vistoá la codicia bajo las formas más execrables, yahipócrita, ya impúdica, ya cruel, cebarse en un organismomuerto como un buitre en un cadáver, y me he preguntado¿por qué no fermentaba en sus entrañas laponzoña, la ptomaina, el veneno de las tumbas, para matará la asquerosa ave? El cadáver se dejaba destrozar, elbuitre se hartaba de carne, y como no me era posible darle la vida paraque se volviese contra su verdugo, y como la corrupcion veníalentamente, he atizado la codicia, la he favorecido, las injusticias ylos abusos se multiplicaron; he fomentado el crímen, los actos decrueldad, para que el pueblo se acostumbrase á la idea de lamuerte; he mantenido la zozobra para que huyendo de ella se buscase unasolucion cualquiera; he puesto trabas al comercio para que empobrecidoel país y reducido á la miseria ya nada pudiese temer; heinstigado ambiciones para empobrecer [47]el tesoro, y nobastándome esto para despertar un levantamiento popular, heherido al pueblo en su fibra más sensible, he hecho que elbuitre mismo insultase al mismo cadáver que le daba la vida y locorrompiese... Mas, cuando iba á conseguir que de la supremapodredumbre, de la suprema basura, mezcla de tantos productosasquerosos fermente el veneno, cuando la codicia exacerbada, en suatontamiento se daba prisa por apoderarse de cuanto le veníaá la mano como una vieja sorprendida por el incendio, héaquí que vosotros surgís con gritos deespañolismo, con cantos de confianza en el Gobierno, en lo queno ha de venir; hé aquí que una carne palpitante de calory vida, pura, joven, lozana, vibrante en sangre, en entusiasmo, brotade repente para ofrecerse de nuevo como fresco alimento... ¡Ah,la juventud siempre inexperta y soñadora, siempre corriendotrás las mariposas y las flores! ¡Os ligais para convuestros esfuerzos unir vuestra patria á la España conguirnaldas de rosas cuando en realidad forjais cadenas más durasque el diamante! ¡Pedís igualdad de derechos,españolizacion de vuestras costumbres y no veís que loque pedís es la muerte, la destruccion de vuestra nacionalidad,la aniquilacion de vuestra patria, la consagracion de latiranía! ¿Qué sereis en lo futuro? Pueblo sincaracter, nacion sin libertad; todo en vosotros será prestadohasta los mismos defectos. ¡Pedís españolizacion yno palideceis de vergüenza cuando os la niegan! Y aunque os laconcedieran ¿qué quereis? ¿qué vaisá ganar? ¡Cuando más feliz, país depronunciamientos, país de guerras civiles, república derapaces y descontentos como algunas repúblicas de laAmérica de Sur! ¿A qué venís ahora convuestra enseñanza del castellano, pretension que seríaridícula si no fuese de consecuencias deplorables?¡Quereis añadir un idioma más á los cuarentay tantos que se hablan en las islas para entenderos cada vezmenos!...

—Al contrario, repuso Basilio; si el conocimiento delcastellano nos puede unir al gobierno, ¡en cambio puede unirtambien á todas las islas entre sí!

—¡Error craso! interrumpió Simoun; os dejaisengañar por grandes palabras y nunca vais al fondo de las cosasá examinar los efectos en sus últimas manifestaciones. Elespañol nunca será lenguaje general en el pais, el pueblonunca lo hablará [48]porque para las concepciones de sucerebro y los sentimientos de su corazon no tiene frases ese idioma:cada pueblo tiene el suyo, como tiene su manera de sentir.¿Qué vais á conseguir con el castellano, los pocosque lo habeis de hablar? ¡Matar vuestra originalidad, subordinarvuestros pensamientos á otros cerebros y en vez de haceroslibres haceros verdaderamente esclavos! Nueve por diez de los que ospresumís de ilustrados, sois renegados de vuestra patria. El quede entre vosotros habla ese idioma, descuida de tal manera el suyo queni lo escribe ni lo entiende y ¡cuántos he visto yo queafectan no saber de ello una sola palabra! Por fortuna teneis ungobierno imbécil. Mientras la Rusia para esclavizar á laPolonia le impone el ruso, mientras la Alemania prohibe elfrancés en las provincias conquistadas, vuestro gobierno pugnapor conservaros el vuestro y vosotros en cambio, pueblo maravillosobajo un gobierno increible, ¡vosotros os esforzais en despojarosde vuestra nacionalidad! Uno y otro os olvidais de que mientras unpueblo conserve su idioma, conserva la prenda de su libertad, como elhombre su independencia mientras conserva su manera de pensar. Elidioma es el pensamiento de los pueblos. Felizmente vuestraindependencia está asegurada: ¡las pasiones humanas velanpor ella!...

Simoun se detuvo y se pasó la mano por la frente. La luna selevantaba y enviaba su debil claridad de luna menguante altravés de las ramas. Con los cabellos blancos y las faccionesduras, iluminadas de abajo arriba por la luz de la lámpara,parecía el joyero el espíritu fatídico del bosquemeditando algo siniestro. Basilio, silencioso ante tan duros reproches,escuchaba con la cabeza baja. Simoun continuó:

—Yo he visto iniciarse ese movimiento y he pasado nochesenteras de angustia porque comprendía que entreesa juventud había inteligencias y corazones escepcionalessacrificándose por una causa que creían buena, cuando enrealidad trabajaban contra su país... Cuantas veces he queridodirigirme á vosotros, desenmascararme y desengañaros,pero en vista de la fama que disfruto, mis palabras se habríaninterpretado mal y acaso habrían tenido efectocontraproducente... Cuantas veces he querido acercarme á vuestroMakaraig, á vuestro Isagani; á veces pensé en sumuerte, quise destruirlos... [49]

Detúvose Simoun.

—Hé aquí la razon por qué le dejoá usted vivir, Basilio, y me expongo á que por unaimprudencia cualquiera me delate un día... Usted sabe quien soy,sabe lo mucho que he debido sufrir, cree en mí; usted no es elvulgo que ve en el joyero Simoun al traficante que impulsa á lasautoridades á que cometan abusos para que los agraviados lecompren alhajas... Yo soy el Juez que quiero castigar á unsistema valiéndome de sus propios crímenes, hacerle laguerra halagándole... Necesito que usted me ayude, que use de suinfluencia en la juventud para combatir esos insensatos deseos deespañolismo, de asimilacion, de igualdad de derechos...¡Por ese camino se llega á lo más á ser malacopia, y el pueblo debe mirar más alto! Locura es tratar deinfluir en la manera de pensar de los gobernantes; tienen su plantrazado, tienen la venda puesta, y, sobre perder el tiempo inutilmente,engañais al pueblo con vanas esperanzas y contribuísá doblar su cuello ante el tirano. Lo que debeis hacer esaprovecharos de sus preocupaciones para aplicarlas á vuestrautilidad. ¿No quieren asimilaros al pueblo español?

Pues,¡enhorabuena! distinguíos entonces delineando vuestropropio caracter, tratad de fundar los cimientos de la patriafilipina... ¿No quieren daros esperanzas? ¡Enhorabuena! noespereis en él, esperad en vosotros y trabajad. ¿Osniegan la representacion en sus Cortes? ¡Tanto mejor! Aun cuandoconsigais enviar diputados elegidos á vuestro gusto,¿qué vais á hacer en ellas sino ahogaros entretantas voces y sancionar con vuestra presencia los abusos y faltas quedespues se cometan? Mientras menos derechos reconozcan en vosotros,más tendreis despues para sacudir el yugo y devolverles mal pormal. Si no quieren enseñaros su idioma, cultivad el vuestroestendedlo, conservad al pueblo su propio pensamiento, y en vez detener aspiraciones de provincia, tenedlas de nacion, en vez depensamientos subordinados, pensamientos independientes, á fin deque ni por los derechos, ni por las costumbres, ni por el lenguaje elespañol se considere aquí como en su casa, ni seaconsiderado por el pueblo como nacional, sino siempre como invasor,como estrangero, y tarde ó temprano tendreis vuestra libertad.¡Hé aquí por qué quiero que usted viva! [50]

Basilio respiró como si un gran peso se le hubiese quitado deencima y respondió despues de una breve pausa:

—Señor, el honor que usted me hace confiándomesus planes es demasiado grande para que yo no le sea franco y le digaque lo que me exige está por encima de mis fuerzas. Yo no hagopolítica, y si he firmado la peticion para la enseñanzadel castellano ha sido porque en ello veía un bien para losestudios y nada más. Mi destino es otro, mi aspiracion se reduceá aliviar las dolencias físicas de mis conciudadanos.

El joyero se sonrió.

—¿Qué son las dolencias físicascomparadas con las dolencias morales? preguntó;¿qué es la muerte de un hombre ante la muerte de unasociedad? Un día usted será tal vez un gran médicosi le dejan curar en paz; ¡pero más grande serátodavía aquel que infunda nueva vida en este puebloanémico! Usted ¿qué hace por el país que ledió el ser, que le da la vida y le procura los conocimientos?¿No sabe usted que es inútil la vida que no se consagraá una idea grande? Es un pedruzco perdido en el campo sin formarparte de ningun edificio.

—No, no señor, contestó Basilio modestamente; yono me cruzo de brazos, yo trabajo como todos trabajan para levantar delas ruinas del pasado un pueblo cuyos individuos sean solidarios y cadauno de los cuales sienta en sí mismo la conciencia y la vida dela totalidad. Pero, por entusiasta que nuestra generacion seacomprendemos que en la gran fábrica social debe existir lasubdivision del trabajo; he escogido mi tarea y me dedico á laciencia.

—La ciencia no es el fin del hombre, observóSimoun.

—A ella tienden las naciones más cultas.

—Sí, pero como un medio para buscar su felicidad.

—¡La ciencia es más eterna, es más humana,más universal! replicó el joven en un trasporte deentusiasmo. Dentro de algunos siglos cuando la humanidad estéilustrada y redimida, cuando ya no haya razas, cuando todos lospueblos sean libres, cuando no haya tiranos ni esclavos, colonias nimetrópolis, cuando rija una justicia y el hombre sea ciudadanodel mundo, solo quedará el culto de la ciencia, la palabrapatriotismo sonará á fanatismo, y al que alardee entoncesde virtudes patrióticas le encerrarán sin duda comoá un enfermo peligroso, á un perturbador de laarmonía social. [51]

Simoun se sonrió tristemente.

—Sí, sí, dijo sacudiendo la cabeza, mas, paraque llegue ese estado es menester que no haya pueblos tiranos nipueblos esclavos, es menester que el nombre sea á donde vayalibre, sepa respetar en el derecho de cualquiera el de su propiaindividualidad, y para esto hay que verter primero mucha sangre, seimpone la lucha como necesaria... Para vencer al antiguo fanatismo queoprimía las conciencias fué menester que muchospereciesen en las hogueras para que, horrorizada la conciencia social,declarase libre á la conciencia individual. ¡Es menestertambien que todos respondan á la pregunta que cada díales dirige la patria cuando les tiende las manos encadenadas! Elpatriotismo solo puede ser crímen en los pueblos opresores porqueentonces será la rapiña bautizada con un hermoso nombre,pero por perfecta que pueda ser la humanidad el patriotismo serásiempre virtud en los pueblos oprimidos porque significará entodo tiempo amor á la justicia, á la libertad, ála dignidad misma. ¡Nada pues de sueños quiméricos,nada de idilios mujeriles! La grandeza del hombre no está enanticiparse á su siglo, cosa imposible pordemás, sino en adivinar sus deseos,responder á sus necesidades y guiarle á marchar adelante.Los genios que el vulgo cree se han adelantado al suyo, solo aparecenasíporque el que los juzga los ve desde muy lejos, ¡ó tomapor siglo la cola en que marchan los rezagados!

Simoun se calló. Viendo que no conseguía despertar elentusiasmo en aquella alma fría, acudió á otroargumento, y preguntó cambiando de tono:

—¿Y por la memoria de su madre y de su hermano,qué hace usted? ¿Basta venir aquí cada añoy llorar como una mujer sobre una tumba?

Y se rió burlonamente.

El tiro dió en el blanco; Basilio seinmutó y avanzó un paso.

—¿Qué quiere usted que haga? preguntó conira. Sin medios, sin posicion social ¿he de obtener justiciacontra sus verdugos? Sería otra víctima y meestrellaría como un pedazo de vidrio lanzado contra una roca.¡Ah, hace usted mal en recordármelo porque es tocarinutilmente una llaga!

—¿Y si yo le ofrezco á usted mi apoyo?

Basilio sacudió la cabeza y se quedó pensativo. [52]

—¡Todas las reivindicaciones de la justicia, todas lasvenganzas de la tierra no harán revivir un solo cabello de mimadre, refrescar una sonrisa en los labios de mi hermano! Que duermanen paz... ¿Qué he de sacar aun cuando me vengase?

—Evitar que otros sufran lo que usted ha sufrido, que en lofuturo haya hijos asesinados y madres forzadas á la locura. Laresignacion no siempre es virtud, es crímen cuando alientatiranías: no hay déspotas donde no hay esclavos.¡Ay! el hombre es de suyo tan malo que siempre abusa cuandoencuentra complacientes. Como usted pensaba yo tambien y sabe cualfué mi suerte. Los que han causado su desgracia le vigilandíay noche; sospechan que usted acecha un momento oportuno; interpretan suafan de saber, su amor al estudio, su tranquilidad misma por ardientesdeseos de venganza... ¡El día en que puedan deshacerse de ustedlo harán como lo hicieron conmigo y no le dejarán crecerporque le temen y le odian!

—¿Odiarme á mí? ¿odiarmetodavía despues del mal que me han hecho? preguntó eljoven sorprendido.

Simoun soltó una carcajada.

—Es natural en el hombre odiar á aquellos áquienes ha agraviado, decía Tácito confirmando el quos læserunt et oderunt de Séneca. Cuando ustedquiera medir los agravios ó los bienes que un pueblo haceá otro, no tiene más que ver si le odia ó le ama.Y así se explica el por qué algunosque aquí se han enriquecido desde los altos puestos quedesempeñaron, vueltos á la Península se deshacenen injurias y en insultos contra los que fueron sus víctimas. ¡Proprium humani ingenii est odisse quemlæseris!

—Pero si el mundo es grande, si uno les deja gozartranquilamente del poder... si no pido más que trabajar, que medejen vivir...

—¡Y criar hijos pacíficos para irlos despuesá someter al yugo!, continuó Simoun remedando cruelmentela voz de Basilio. ¡Valiente porvenir les prepara usted, y le hande agradecer una vida de humillaciones y sufrimientos!¡Enhorabuena, joven! Cuando un cuerpo está inerte,inútil es galvanizarlo. Veinte años de esclavitudcontínua, de humillacion sistemática, de postracionconstante llegan á crear en el alma una joroba que no lo ha deenderezar el trabajo de un día. Los sentimientos [53]buenosó malos se heredan y se trasmiten de padres á hijos.¡Vivan pues sus ideas idílicas, vivan los sueñosdel esclavo que solo pide un poco de estopa con que envolver la cadenapara que suene menos y no le ulcere la piel! Usted aspira á unpequeño hogar con alguna comodidad; una mujer y un puñadode arroz: ¡hé ahí el hombre ideal en Filipinas!Bien; si se lo dan, considérese afortunado.

Basilio, acostumbrado á obedecer y á sufrir loscaprichos y el mal humor de Cpn. Tiago y subyugado por Simoun que se leaparecía terrible y siniestro destacándose de un fondoteñido en lágrimas y sangre, trataba de explicarsediciendo que no se consideraba con aptitudes para mezclarse en lapolítica, que no tenía opinion alguna porque nohabía estudiado la cuestion pero que siempre estaba dispuestoá prestar sus servicios el día en que se los exigiesen,que por el momento solo veía una necesidad, la ilustracion delpueblo, etc., etc. Simoun le cortó lapalabra con un gesto y como pronto iba á amanecer, dijo:

—Joven, no le recomiendo á usted que guarde mi secretoporque sé que la discrecion es una de sus buenas cualidades, yaunque usted me quisiere vender, el joyero Simoun, el amigo de lasautoridades y de las corporaciones religiosas merecerá siempremás crédito que el estudiante Basilio sospechoso ya defilibusterismo por lo mismo que siendo indígena se señalay se distingue, y porque en la carrera que sigue se encontrarácon poderosos rivales. Con todo aunque usted no ha respondido ámis esperanzas, el día en que cambie de opinion, búsquemeen mi casa de la Escolta y le serviré de buena voluntad.

Basilio dió brevemente las gracias y se alejó.

—¿Me habré equivocado de clave? murmuróSimoun al encontrarse solo; ¿es que duda de mí ómedita tan en secreto el plan de su venganza que teme confiarloá la misma soledad de la noche? ¿O será que losaños de servidumbre han apagado en su corazon todo sentimientohumano y solo quedan las tendencias animales de vivir y reproducirse?En este caso el molde estaría deforme y hay que volverloá fundir... La hecatombe se impone pues; ¡perezcan losineptos y sobrevivan los más fuertes!

Y añadió lúgubremente como si se dirigieseá alguien: [54]

—¡Tened paciencia, vosotros que me habeis legado unnombre y un hogar, tened paciencia! Uno y otro los he perdido, patria,porvenir, bienestar, vuestras mismas tumbas... ¡pero tenedpaciencia!

Y tú, espíritu noble, alma grandiosa, corazonmagnánimo que has vivido para un solo pensamiento y hassacrificado tu vida sin contar con la gratitud ni la admiracion denadie, ¡ten paciencia, ten paciencia! Los medios de que me valgono serán tal vez los tuyos, pero son los más breves... El día se acerca y cuandobrille iré yo mismo á anunciároslo ávosotros. ¡Tened paciencia!

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VIII

¡Buenas Pascuas!

Cuando Julî abrió los doloridos ojos, vió que lacasa estaba todavía oscura. Los gallos cantaban.

Loprimero que se le ocurrió fué que quizás la Virgenhaya hecho el milagro, y el sol no iba á salir á pesar delos gallos que lo invocaban.

Levantóse, se persignó, rezó con mucha devocionsus oraciones de la mañana y procurando hacer el menor ruidoposible, salió al batalan.

No había milagro; el sol iba á salir, la mañanaprometía ser magnífica, la brisa era deliciosamentefría, las estrellas en el oriente palidecían y los galloscantaban á más y mejor.

Aquello era mucho pedir;¡más facil le era á la Virgen enviar los doscientoscincuenta pesos!

¿Qué le cuesta á ella, la Madrede Dios, dárselos? Pero debajo de la imágen soloencontró la carta de su padre pidiendo los quinientos pesos derescate... No había más remedio que partir. Viendo que suabuelo no se movía, le creyó dormido, é hizo el salabat del desayuno. ¡Cosa rara! ella estaba tranquila,hasta tenía ganas de reir. ¿Qué tenía puespara acongojarse tanto aquella noche?

No iba lejos, podía venircada dos días á visitar la casa; el abuelo podíaverla y en cuanto á Basilio, él sabía hace tiempoel mal giro que tomaban los asuntos de su padre porque solíadecirla á menudo:

—Cuando yo sea médico y nos casemos, tu padre nonecesitará de sus campos. [55]

—¡Qué tonta he sido en llorar tanto! sedecía mientras arreglaba su tampipi.

Y como sus dedos tropezasen con el relicario, lo llevóá sus labios, lo besó, pero se los frotóinmediatamente temiendo el contagio; aquel relicario de brillantes yesmeraldas había venido de un lazarino... ¡Ah! entoncessí, si ella contraía semejante enfermedad, no secasaría.

Como empezaba á clarear y viera á su abuelo sentado enun rincon, siguiendo con los ojos todos sus movimientos cogió sutampipi de ropas, se acercó sonriendo á besarle la mano.El viejo la bendijo sin decir una palabra. Ella quiso bromear.

—Cuando el padre vuelva le direis que al fin me he ido alcolegio: mi ama habla español. Es el colegio más baratoque se puede encontrar.

Y viendo que los ojos del viejo se llenaban de lágrimas, pusosobre su cabeza el tampipi y bajó apresuradamente las escaleras.Sus chinelas resonaban alegremente sobre las gradas de madera.

Pero cuando volvió el rostro para mirar una vez máshácia su casa, la casa donde se habían evaporado susúltimos ensueños de niña y se dibujaron susprimeras ilusiones de joven; cuando la vió triste, solitaria,abandonada, con las ventanas á medio cerrar, vacías yoscuras como los ojos de un muerto; cuando oyó el debil ruido delos cañaverales y los vió balancearse al impulso delfresco viento de la mañana como diciéndole«adios», entonces su vivacidad se disipó,detúvose, sus ojos se llenaron de lágrimas ydejándose caer sentada sobre un tronco que había caidojunto al camino, lloró desconsoladamente.

Hacía horas que Julî se había ido y el solestaba ya bastante alto. Tandang Selo desde la ventana miraba ála gente que en traje de fiesta se dirigía al pueblo para oir lamisa mayor. Casi todos llevaban de la mano, ó cargaban en brazosun niño, una niña, ataviados como para una fiesta.

El día de la Pascua en Filipinas es, segun las personasmayores, de fiesta para los niños; los niños acaso nosean de la misma opinion y se puede presumir que le tienen un miedoinstintivo. Con efecto: se les despierta temprano, se les lava, se lesviste y pone encima todo lo nuevo, caro y precioso [56]quetienen, botines de seda, enormes sombreros, trajes de lana, de sedaó de terciopelo sin dejar cuatro ó cinco escapulariospequeños que llevan el evangelio de S. Juan, y asícargados los llevan á la misa mayor que dura casi una hora, seles obliga á sufrir el calor y el vaho de tanta genteapiñada y sudorosa, y si no les hacen rezar el rosario tienenque estar quietos, aburrirse ó dormir. A cada movimientoó travesura que pueda ensuciar el traje, un pellizco, unareprimenda; así es que ni rien ni estan alegres y se lee en losredondos ojos la nostalgia por la vieja camisola de todos losdías y la protesta contra tanto bordado. Despues se les lleva decasa en casa á visitar á los parientes para el besamanos;allí tienen que bailar, cantar y decir todas las gracias quesepan, tengan ó no humor, esten ó no incómodos ensus atavíos, con los pellizcos y las reprensiones de siemprecuando hacen alguna de las suyas. Los parientes les dan cuartos querecogen los padres y de los que regularmente no vuelven á tenernoticia. Lo único positivo que suelen sacar de la fiesta son lasseñales de los pellizcos ya dichos, las incomodidades y álo mejor una indigestion por un atracon de dulces ó bizcochos encasa de los buenos parientes. Pero tal es la costumbre y losniños filipinos entran en el mundo por estas pruebas quedespues de todo resultan ser las menostristes, las menos duras en la vida de aquellos individuos...

Las personas de edad que viven independientes participan algo enesta fiesta. Visitan á sus padres y tíos, doblan una rodillay desean las buenas pascuas: su aguinaldo consiste en un dulce, unafruta, un vaso de agua ó un regalito cualquierainsignificante.

Tandang Selo veía pasar á todos sus amigos y pensabatristemente en que aquel año no tenía aguinaldo paranadie y que su nieta se había ido sin el suyo, sin desearle lasfelices pascuas. ¿Era delicadeza en Julî ópuramente un olvido?

Cuando Tandang Selo quiso saludar á los parientes quevenían á visitarletrayéndole sus niños, con no poca sorpresa suyaencontró que no podía articular una palabra: en vano seesforzó, ningun sonido pudo modular. Llevábase las manosá lagarganta, sacudía la cabeza, ¡imposible! trató dereir y sus labios se agitaron convulsivamente: un ruido opaco como elsoplo de un fuelle era lo más que pudo producir. Miráronse lasmujeres espantadas. [57]

—¡Está mudo, está mudo! gritaron llenas deconsternacion, armando inmediatamente un regular alboroto.

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IX

Pilatos

La noticia de aquella desgracia se supo en el pueblo; unos lolamentaron y otros se encogieron de hombros. Ninguno tenía laculpa y nadie lo cargaba sobre su conciencia.

El teniente de la Guardia Civil ni se inmutó siquiera;tenía orden de recoger todas las armas y había cumplidocon su deber; perseguía á los tulisanes siempre quepodía, y cuando secuestraron á Cabesang Tales, élorganizo inmediatamente una batida y trajo al pueblo maniatados codocon codo á cinco ó seis campesinos que le parecieronsospechosos, y si no apareció Cabesang Tales era porque noestaba en los bolsillos ni debajo de la piel de los presos que fueronactivamente sacudidos.

El lego hacendero se encogió de hombros. Él nadatenía que ver: ¡cuestion de tulisanes! y él solocumplía con su obligacion. Cierto que si no se hubiese quejado,acaso no hubieran recogido las armas y el pobre Cabesang no habríasido secuestrado, pero él, Fr. Clemente, tenía que mirarpor su seguridad y aquel Tales tenía una manera de mirar queparecía escoger un buen blanco en alguna parte de su cuerpo. Ladefensa es natural. Si hay tulisanes, la culpa no es de él; sudeber no es perseguirlos, eso le toca á la Guardia Civil. SiCabesang Tales en vez de vagar por sus terrenos se hubiese quedado encasa, no habría caido prisionero. En fin, aquello era un castigodel cielo contra los que se resisten á las exigencias de sucorporacion.

Hermana Penchang, la vieja devota en cuya casa servíaJulî, lo supo, soltó dos ó tres ¡susmariosep! se santiguó yañadió:

—Muchas veces nos envía Dios esas cosas porque somospecadores ó porque tenemos parientes pecadores á quienesdebiéramos haber enseñado la piedad y no lo hemoshecho.

Estos parientes pecadores querían decir Juliana; para ladevota, Julî era una gran pecadora. [58]

—¡Figuraos una joven ya casadera que no sabetodavía rezar! ¡Jesus, que escándalo! Pues no dicela indigna el Dios te salve María sin pararse en escontigo, y el santa María sin hacer pausa en pecadores, ¿como toda buena cristiana que teme áDios debe hacer? ¡Susmariosep! ¡No sabe el oremusgratiam y dice mentíbus por méntibus!Cualquiera al oirla creería que está hablando de sumande ibus. ¡Susmariosep!

Y se hacía una cruz escandalizada y daba gracias áDios que había permitido fuese secuestrado el padre para que lahija salga del pecado y aprenda las virtudes que segun los curas debenadornar á toda mujer cristiana. Y por esto la retenía ensu servicio, no la dejaba volver al barrio para cuidar de su abuelo.Julî tenía que aprender á rezar, leer los libritosque distribuyen los frailes y trabajar hasta que pague los doscientoscincuenta pesos.

Cuando supo que Basilio se había ido á Manila parasacar sus economías y rescatar á Julî de la casa endonde servía, creyó la buena mujer que la joven seperdía para siempre y que el diablo se le iba á presentarbajo la forma del estudiante. ¡Fastidioso y todo, cuántarazon tenía aquel librito que le había dado el cura! Losjóvenes que van á Manila para aprender, se pierden ypierden á los demás. Y creyendo salvar áJulî la hacía leer y releer el librito de Tandang BasioMacunat recomendándola fuese siempre á verse con elcura en el convento, como hacía la heroina que tanto ensalzabael fraile, su autor.

Entretanto los frailes estaban de enhorabuena: habían ganadodefinitivamente el pleito y aprovecharon el cautiverio de CabesangTales para entregar sus terrenos al que los había solicitado,sin el más pequeño pundonor, sin la menor pizca devergüenza. Cuando volvió el antiguo dueñoy se enteró de lo que había pasado, cuando vió enpoder de otro sus terrenos, aquellos terrenos que le habíancostado las vidas de su mujer é hija; cuando hallóá su padre mudo, á su hija sirviendo como criada conmás una orden del tribunal, trasmitida por el teniente delbarrio, para desalojar la casa y abandonarla dentro de tresdías, Cabesang Tales no dijo una sola palabra, sentóse allado de su padre y apenas habló en todo el día. [59]

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X

Riqueza y miseria

Al día siguiente, con gran sorpresa delbarrio, pedía hospitalidad en casa de Cabesang Tales el joyeroSimoun, seguido de dos criados que cargaban sendas maletas con fundasde lona. En medio de su miseria, aquel no se olvidaba de las buenascostumbres filipinas y estaba muy confuso al pensar que no teníanada para agasajar al estrangero. Pero Simoun traía todoconsigo, criados y provisiones, y solo deseaba pasar el día y lanoche en aquella casa por ser la más cómoda del barrio ypor encontrarse entre San Diego y Tianì, pueblos de dondeesperaba muchos compradores.

Simoun se enteraba del estado de los caminos y preguntaba áCabesang Tales si con su revólver tendría bastante paradefenderse de los tulisanes.

—¡Tienen fusiles que alcanzan mucho! observóCabesang Tales algo distraido.

—Este revólver no alcanza menos, contestó Simoundisparando un tiro contra una palmera de bonga que se encontrabaá unos doscientos pasos.

Cabesang Tales vió caer algunas nueces, pero no dijo nada ycontinuó pensativo.

Poco á poco fueron llegando varias familias atraidas por lafama de las alhajas del joyero: se saludaban deseándose lasbuenas pascuas, hablaban de misas, santos, malas cosechas, pero contodo iban á gastar sus economías en piedras y baratijasque vienen de Europa. Se sabía que el joyero era amigo del Cpn.General y no estaba de más estar en buenas relaciones conél por lo que pueda suceder.

Cpn. Basilio vino con su señora, su hija Sinang y su yerno,dispuestos á gastar lo menos tres mil pesos.

Hermana Penchang estaba allí para comprar un anillo debrillantes que tenía prometido á la Virgen de Antipolo:á Julî la había dejado en casa aprendiendo dememoria un librito que le había vendido el cura por dos cuartos,con cuarenta días [60]de indulgencia concedidos por elarzobispo para todo el que lo leyere ú oyere leer.

—¡Jesus! decía la buena devota á CapitanaTikâ; ¡esa pobre muchacha creció aquí como unhongo sembrado por el tikbálang!... La he hecho leer el libritoen voz alta lo menos cincuenta veces y nada se le queda en la memoria:tiene la cabeza como un cesto, lleno mientras está en el agua.¡Todos, de oirla, hasta los perros y los gatos, habremos ganadocuando menos veinte años de indulgencias!

Simoun dispuso sobre la mesa las dos maletas que traía: launa era algo más grande que la otra.

—Ustedes no querrán alhajas de doublé ni piedrasde imitacion... La señora, dijo dirigiéndose áSinang, querrá brillantes...

—Eso, sí señor, brillantes y brillantesantiguos, piedras antiguas, ¿sabe usted? contestó; pagapapá y á él le gustan las cosas antiguas, laspiedras antiguas.

Sinang se guaseaba tanto del mucho latin que sabía su padrecomo del poco y malo que conocía su marido.

—Precisamente tengo alhajas muy antiguas, contestóSimoun, quitando la funda de lona de la maleta máspequeña.

Era un cofre de acero pulimentado con muchos adornos de bronce ycerraduras sólidas y complicadas.

Tengo collares de Cleopatra, legítimos y verdaderos, halladosen las pirámides, anillos de senadores y caballeros romanosencontrados en las ruinas de Cartago...

—¡Probablemente les que Anibal envió despues dela batalla de Cannes! añadió Cpn. Basilio muy seriamentey estremeciéndose de júbilo.

El buen señor, aunque había leido mucho sobre losantiguos, por falta de museos en Filipinas jamás habíavisto nada de aquellos tiempos.

—Traigo además, costosísimos pendientes de damasromanas encontrados en la quinta de Annio Mucio Papilino enPompeya...

Cpn. Basilio sacudía la cabeza dando á entender queestaba al corriente y que tenía prisa por ver tantas preciosasreliquias. Las mujeres decían que tambien querían tenerde Roma, como rosarios benditos por el Papa, reliquias que perdonan lospecados sin necesidad de confesion, etc. [61]

Abierta la maleta y levantado el algodon en rama que laprotegía, descubrióse un compartimento lleno de sortijas,relicarios, guardapelos, cruces, alfileres, etc. Los brillantes,combinados con piedras de diferentes colores, lanzaban chispas y seagitaban entre flores de oro de matices varios, con vetas de esmalte,con caprichosos dibujos y raros arabescos.

Simoun levantó la bandeja y descubrió otra llena defantásticas alhajas que hubieran podido hartar la imaginacion desiete jóvenes en siete vísperas de bailes dados en suhonor. Formas á cual más caprichosas, combinaciones depiedras y y perlas imitando insectos de azulado lomo y élitrostransparentes; el zafiro, la esmeralda, el rubí, la turquesa, elbrillante, se asociaban para crear libélulas, mariposas,avispas, abejas, escarabajos, serpientes, lagartos, peces, flores,racimos, etc.: había peinetas en forma dediademas, gargantillas, collares de perlas y brillantes tan hermososque varias dalagas no pudieron contener un ¡nakú! de admiracion y Sinang castañeteó con la lengua, por loque su madre, Cpna. Tikâ, la pellizcó temiendo que porello encareciese más sus alhajas el joyero. Cpna. Tikâseguía pellizcando á su hija aun despues que se hubocasado.

—Ahí tiene usted brillantes antiguos, repuso el joyero;ese anillo perteneció á la princesa de Lamballe, y esospendientes á una dama de María Antonieta.

Eran unos hermosos solitarios de brillantes, grandes como granos demaiz, de brillo algo azulado, llenos de una severa elegancia como siconservasen aun el estremecimiento de los días del Terror.

—¡Esos dos pendientes! dijo Sinang mirando háciasu padre y protegiendo instintivamente con la mano el brazo quetenía cerca de la madre.

—Otras más antiguas todavía, las romanas,contestaba Cpn. Basilio guiñando.

La devota Hermana Penchang pensó que con aquel regalo laVirgen de Antipolo se ablandaría y le concedería su deseomás vehemente: hácia tiempo que le pedía unmilagro ruidoso en que vaya mezclado su nombre para inmortalizarse enla tierra yendo al cielo despues, como la Cpna. Inés de loscuras, y preguntó por el precio. Pero Simoun pedía tresmil pesos. La buena mujer se santiguó. ¡Susmariosep! [62]

Simoun descubrió el tercer compartimento.

Este estaba lleno de relojes, petacas, fosforeras y relicariosguarnecidos de brillantes y de finísimos esmaltes con miniaturaselegantísimas.

El cuarto contenía las piedras sueltas y al descubrirlo unmurmullo de admiracion resonó en la sala, Sinang volvióá castañetear con la lengua, su madre la volvióá pellizcar no sin soltar ella misma un ¡SusMaría! de admiracion.

Nadie había visto hasta entonces tanta riqueza. En aquelcajon forrado de terciopelo azul oscuro, dividido en secciones,veíanse realizados los sueños de las Mil y unanoches, los sueños de las fantasías orientales.Brillantes, grandes hasta como garbanzos centelleaban arrojando chispasde movilidad fascinadora como si fuesen á liquidarse óá arder consumidos en las reverberaciones del espectro;esmeraldas del Perú, de diferentes formas y tallado,rubíes de la India, rojos como gotas de sangre, zafiros deCeylan, azules y blancos, turquesas de Persia, perlas de nacaradooriente, de las cuales algunas, rosadas, plomizas y negras. Los que hanvisto durante la noche un gran cohete deshacerse sobre el fondo azuloscuro del cielo en millares de lucecitas de todos colores, tanbrillantes que hacen palidecer á las eternas estrellas, puedenimaginarse el aspecto que presentaba el compartimento.

Simoun, como para aumentar la admiracion de los presentes,removía las piedras con sus morenos y afilados dedosgozándose en su canto cristalino, en su resbalar luminoso comode gotas de agua que colora el arcoiris. Los reflejos de tantasfacetas, la idea de sus elevadísimos precios fascinaban lasmiradas. Cabesang Tales que se había acercado curioso,cerró los ojos y se alejó inmediatamente como paraahuyentar un mal pensamiento. Tanta riqueza insultaba su desgracia;aquel nombre venía allí á hacer gala de su inmensafortuna precisamente en la víspera del día en queél, por falta de dinero, por falta de padrinos tenía queabandonar la casa que había levantado con sus manos.

—Aquí tienen ustedes dos brillantes negros, de losmás grandes que existen, repuso el joyero: son muydifíciles de tallar por ser los más duros... Esta piedraalgo rosada es tambien brillante, lo mismo que esta verde que muchostoman por esmeralda. El chino Quiroga me ha ofrecido por

[63]él seis mil pesos para regalárseloá una poderosísima señora... Y no son los verdeslos más caros sino estos azules.

Y separó tres piedras no muy grandes, pero gruesas y muy bientalladas, con una ligera coloracion azul.

—Con ser más pequeños que el verde,continuó, cuestan el doble. Miren ustedes este que es elmás pequeño de todos—no pesa más de dosquilates,—me ha costado veinte mil pesos y ya no lo doy en menosde treinta. He tenido que hacer un viaje expresamente para comprarlo.Este otro, encontrado en las minas de Golconda, pesa tres quilates ymedio y vale más de setenta mil. El Virrey de la India por unacarta que recibí antes de ayer me ofrece doce mil librasesterlinas.

Ante tanta riqueza, reunida en poder de aquel hombre que seespresaba con tanta naturalidad, los circunstantes sentíancierto respeto mezclado de terror. Sinang varias vecescastañeteó y su madre no la pellizcó,quizás porque estuviese abismada ó porque juzgase que unjoyero como Simoun no iba á tratar de ganar cinco pesosmás ó menos por una exclamacion más ó menosindiscreta.

Todos miraban las piedras, ninguno manifestaba el menordeseo de tocarlas, tenían miedo. La curiosidad estaba embotadapor la sorpresa. Cabesang Tales miraba hácia el campo, y pensabaque con un solo brillante, quizás con el máspequeño, podía recobrar á su hija, conservar la casa yquizás labrarse otro campo... ¡Dios! que una de aquellaspiedras valiese más que el hogar de un hombre, la seguridad deuna joven, ¡la paz de un anciano en sus viejos días!

Y como si adivinase su pensamiento, Simoun decíadirigiéndose á las familias que le rodeaban.

—Y vean, vean ustedes; con una de estas piedrecitas azules queparecen tan inocentes é inofensivas, puras como arenillasdesprendidas de la bóveda del cielo, con una como ésta,regalada oportunamente, un hombre ha podido desterrar á suenemigo, á un padre de familias, como perturbador del pueblo...y con otra piedrecita igual á ésta, roja como la sangredel corazon, como el sentimiento de la venganza y brillante como laslágrimas de los huérfanos, se le ha dado la libertad, elhombre ha sido vuelto al hogar, el padre á sus hijos, el esposoá la esposa y se ha salvado quizás á toda unafamilia de un desgraciado porvenir. [64]

Y dando golpecitos á la caja,

—Aquí tengo yo, como en las cajas de losmédicos, añadía en voz alta en maltagalo, la vida y la muerte, el veneno y la medicina, y con estepuñado puedo sumir en lágrimas ¡á todos loshabitantes de Filipinas!

Todos le miraban con terror y comprendían que teníarazon. En la voz de Simoun se notaba cierto timbre estraño ysiniestros rayos parecían pasar al través de sus anteojosazules.

Como para hacer cesar la impresion que aquellas piedrashacían sobre tan sencillas gentes, Simoun levantó labandeja y descubrió el fondo donde encerraba los sancta sanctorum. Estuches de piel de Rusia, separados entresí por capas de algodon, llenaban el fondo forrado de terciopelogris. Todos esperaban maravillas. El marido de Sinang confiaba vercarbunclos, piedras arrojando fuego y brillando en medio de lastinieblas. Cpn. Basilio estaba ante las puertas de la immortalidad; ibaá ver algo positivo, algo real, la forma de lo que tantohabía soñado.

—Este es el collar de Cleopatra, dijo Simoun sacando con muchocuidado una caja plana en forma de media luna; es una joya que no sepuede tasar, un objeto de museo, solo para los gobiernos ricos.

Era una especie de collar formado por diferentes dijes de ororepresentando idolillos entre escarabajos verdes y azules, y en mediouna cabeza de buitre, hecha de una piedra de un jaspe raro, entre dosalas estendidas, símbolo y adorno de las reinas egipcias.

Sinang al verlo arrugó la nariz é hizo una mueca deinfantil desprecio, y Cpn. Basilio con todo su amor á laantigüedad no pudo contener un ¡abá! dedesencanto.

—Es una magnífica joya muy bien conservada y cuentacasi dos mil años.

—¡Psh! se apresuró á decir Sinang para quesu padre no cayese en la tentacion.

—¡Tonta! díjole éste que habíapodido vencer su primer desencanto; ¿qué sabes túsi se debe á ese collar la faz actual de toda la sociedad? Conése habrá cautivado Cleopatra á Cesar, áMarco Antonio... ése ha oido las ardientes declaraciones de amorde los dos más grandes guerreros de su tiempo, ¡ése[65]oyó frases en el más puro y elegantelatin y ya quisieras tu habértelo puesto!

—¿Yo? ¡no doy tres pesos!

—Veinte se pueden dar, ¡ gonga! dijo Cpna.Tikâ en tono de conocedor; el oro es bueno y fundidoservirá para otras alhajas.

—Este es un anillo que debió pertenecer á Sila,continuó Simoun.

Era un anillo ancho, de oro macizo, con un sello.

—Con él había firmado las sentencias de muertedurante su dictadura, dijo Cpn. Basilio pálido de emocion.

Y trató de examinarlo y decifrar el sello, pero pormásque hizo y le dió vueltas, como no entendía depaleografía, nada pudo leer.

—¡Qué dedo tenía Sila! observó alfin; caben dos de los nuestros; como digo, decaemos.

—Tengo aun otras muchas alhajas...

—Si son todas por el estilo, ¡gracias! contestóSinang; prefiero las modernas.

Cada uno escogió una alhaja, quien un anillo, quien un reloj,quien un guardapelo. Capitana Tikâ compró un relicario quecontenía un pedazo de la piedra sobre la cual se apoyó N.S. en su tercera caida; Sinang, un par de pendientes yCpn. Basilio, la cadena de reloj para el alférez, los pendientesde señora para el cura con más otras cosas de regalo; lasotras familias del pueblo de Tianì por no quedarse menos que las S.Diego vaciaron igualmente sus bolsillos.

Simoun compraba tambien alhajas viejas, hacía cambios, y laseconómicas madres habían traido las que no lesservían.

—Y ¿usted, no tiene nada que vender? preguntóSimoun á Cabesang Tales, viéndole mirar con ojoscodiciosos todas las ventas y cambios que se hacían.

Cabesang Tales dijo que las alhajas de su hija habían sidovendidas y las que quedaban no valían nada.

—¿Y el relicario de María Clara? preguntóSinang.

—¡Es verdad! exclamó el hombre, y un momento susojos brillaron.

—Es un relicario con brillantes y esmeraldas, dijo Sinang aljoyero; mi amiga lo usaba antes de entrar de monja.

Simoun no contestó: seguía ansioso con la vistaá Cabesang Tales. [66]

Despues de abrir varios cajones dió con la alhaja.Contemplólo Simoun detenidamente, lo abrió y locerró repetidas veces: era el mismo relicario que María Clarallevaba en la fiesta de San Diego y que en un movimiento de compasionhabía dado á un lazarino.

—Me gusta la forma, dijo Simoun, ¿cuánto quiereusted por ella?

Cabesang Tales se rascó la cabeza perplejo, despues la orejay miró á las mujeres.

—Tengo un capricho por ese relicario, repitió Simoun;quiere usted ciento... ¿quinientos pesos?

¿Quiere ustedcambiarlo con otro? ¡Escoja usted lo que quiera!

Cabesang Tales estaba silencioso, y miraba embobado á Simouncomo si dudase de lo que oía.

—¿Quinientos pesos? murmuró.

—Quinientos, repetió el joyero con voz alterada.

Cabesang Tales cogió el relicario y le dió variasvueltas: sus sienes le latían violentamente, sus manostemblaban. ¿Si pidiese él más? aquel relicario lespodría salvar; era excelente ocasion aquella, y no sevolvería á presentar otra.

Todas las mujeres le guiñaban para que lo vendiese menos laPenchang que temiendo rescatasen á Julî observódevotamiente:

—Yo lo guardaría como reliquia... Los que vieroná María Clara en el convento la hallarontan flaca, tan flaca que dicen, apenas podía hablar y se creeque morirá como una santa... El P. Salví habla muy biende ella como que es su confesor. Por eso será que Julî noha querido desprenderse de él prefiriendo empeñarse.

La observacion surtió efecto.

El recuerdo de su hija detuvo á Cabesang Tales.

—Si me permitís, dijo, iré al pueblo áconsultarlo con mi hija: antes de la noche estaré de vuelta.

Quedáronse en ello y Cabesang Tales bajóinmediatamente.

Mas cuando se encontró fuera del barrio, divisóá lo lejos, en un sendero que se internaba en el bosque, alfraile hacendero, y á un hombre que él reconociópor el que le había tomado sus terrenos. Un marido que veá su mujer entrando con un hombre en una secreta alcoba, nohabría sentido más ira, ni más celos que CabesangTales viendo á aquellos dos dirigirse á sus

[67]campos,á los campos por él trabajados y que creía poderlegar á sus hijos. Se le figuró que aquellos dos sereían, se burlaban de su impotencia; le vino á la memorialo que él había dicho

«no los cederé sino alque los regase con su sangre y enterrase en ellos á su mujer yá su hija»...

Paróse, se pasó una mano por la frente y cerrólos ojos; cuando los abrió, vió que el hombre seretorcía riendo y el lego se cogía el vientre como para evitarque estalle de alegría y luego vió que señalabanhácia su casa y volvían á reir.

Un ruido vibró en sus orejas, sintió al rededor de lassienes el chasquido de un latigazo, la nube roja reapareció antesus ojos, volvió á ver los cadáveres de su mujeré hija, y al lado el hombre y el fraile riendo ycogiéndose la cintura.

Olvidóse de todo, dió media vuelta y siguió elsendero por donde marchaban aquellos: era el sendero queconducía á sus terrenos.

Simoun aguardó en vano que volviese aquella noche CabesangTales.

Al día siguiente cuando se levantó,observó que la funda de cuero de su revólver estabavacía: abrióla y dentro encontró una papel quecontenía el relicario de oro con las esmeraldas y brillantes yalgunas líneas escritas en tagalo que decían:

«Perdonareis, señor, que estando en mi casa os prive delo que es vuestro, mas, la necesidad me obliga, y en cambio de vuestrorevólver os dejo el relicario que tanto deseabais. Necesitoarmas y parto á reunirme con los tulisanes.

Os recomiendo no sigais vuestro camino, porque si caeis en nuestropoder, como ya no sois mi huesped, os exigiremos un considerablerescate.»

TELESFORO JUAN DE DIOS.

—¡Al fin tengo á mi hombre! murmurórespirando Simoun; es algo escrupuloso... pero tanto mejor:¡sabrá cumplir con sus compromisos!

Y ordenó á su criado que por el lago se fuese áLos Baños se llevase la maleta grande y le esperase allí, porqueél por tierra iba á seguir su viaje llevándose laque contenía sus famosas piedras.

La llegada de cuatro Guardias Civiles acabó de ponerle de[68]buen humor. Venían á prenderá Cabesang Tales y no encontrándole se llevaban áTandang Selo.

Tres asesinatos se habían cometido durante la noche. Elfraile hacendero y el nuevo inquilino de los terrenos de Cabesang Talesse habían encontrado muertos, rota la cabeza y llena de tierrala boca, en los linderos de los terrenos de aquel; en el pueblo, lamujer del inquilino muerto amaneció tambien asesinada, la bocallena igualmente de tierra y el cuello cortado, con un papel al ladodonde se leía el nombre «Tales» escrito en sangrecomo trazado por un dedo...

¡Tranquilizaos, pacíficos vecinos de Kalamba!¡Ninguno de vosotros se llama Tales, ninguno de vosotros hacometido el crímen! ¡Vosotros os llamais LuisHabaña, Matías Belarmino, Nicasio Eigasani, Cayetano deJesus, Mateo Elejorde, Leandro Lopez, Antonino Lopez, Silvestre Ubaldo,Manuel Hidalgo, Paciano Mercado, os llamais todo el pueblo deKalamba!... ¡Habeis limpiado vuestros campos, habeis empleado enellos el trabajo de toda vuestra vida, economías, insomnios,privaciones, y os han despojado de ellos, lanzado de vuestros hogares yhan prohibido á los demás os diesen hospitalidad! No secontentaron con violar la justicia, hollaron las sagradas tradicionesde vuestro pais... Vosotros habeis servido á España y alrey, y cuando en nombre de ellos pedisteis justicia, y se osdesterró sin proceso, se os arrancó de los brazos devuestras esposas, de los besos de vuestros hijos... Cualquiera devosotros ha sufrido más que Cabesang Tales y sin embargoninguno, ninguno se ha hecho justicia... No hubo piedad ni humanidadpara vosotros y se os ha perseguido hasta más allá de latumba como á Mariano Herbosa... ¡Llorad ó reid enlas islas solitarias donde vagais ociosos, inciertos del porvenir!¡La España, la generosa España vela sobre vosotrosy tarde ó temprano obtendreis justicia! [69]

[Índice]

XI

Los Baños

Su Excelencia el Capitan General y Gobernador de las Islas Filipinashabía estado cazando en Bosoboso. Pero como tenía que iracompañado de una banda de música—porque tanelevado personaje no iba á ser menos que los imágenes depalo que llevan en procesion,—y como la aficion al divino arte deSta. Cecilia aun no se ha popularizado entre los ciervos yjabalíes de Bosoboso, S. E. con la banda de música y sucortejo de frailes, militares y empleados no pudo pillar ni un soloraton, ni una sola ave.

Las primeras autoridades de la provincia previeron futurascesantías ó cambios de destino; los pobresgobernadorcillos y cabezas de barangay se inquietaron y no pudierondormir, temiendo no vaya á antojársele al divino cazadorsustituir con sus personas la falta de sumision de loscuadrúpedos del bosque, como ya lo había hechoaños antes un alcalde viajando en hombros de polistas porque nohabía caballos tan mansos para responder de su persona. Nofaltó un mal intencionado susurro de que S. E. estaba decididoá hacer algo, porque en aquello veía los primerossíntomas de una rebelion que convenía sofocar en su cuna,que una caza sin resultados desprestigia el nombre español,etc., y ya se echaba el ojo á un infeliz para vestirle devenado, cuando S. E. en un acto de clemencia que Ben Zayb nosabía con qué frases encomiar, disipó todas lasinquietudes, declarando que le daba pena sacrificar á su placerlos animales del bosque.

A decir verdad, S. E. estaba contento y satisfecho inter se,pues ¿qué habría sucedido si hubiese fallado unapieza, un ciervo de esos que no estan al tanto de las convenienciaspolíticas? ¿á dónde iba á parar elprestigio soberano? ¿Cómo? ¿Todo un CapitanGeneral de Filipinas errando una pieza, como un cazador novel?¿Qué dirían los indios entre los cuales hayregulares cazadores?

Peligraría la integridad de la patria... [70]

Así es como S. E., con una risa de conejo yechándoselas de cazador descontento, ordenóla inmediata vuelta á Los Baños, no sin hablar durante elviaje de sus hazañas cinegéticas en tal ó cualsoto de la Península como quien no quiere la cosa, adoptando untono algo despreciativo, muy conveniente al caso, para lascacerías de Filipinas, ¡psé! Los baños en elDampalit (Daang pa liit), las estufas á orillas del lago, y lostresillos en el palacio con tal ó cual escursion á lavecina cascada ó á la laguna de los caimanesofrecían más atractivos y menos riesgos para laintegridad de la patria.

Allá por los últimos días de Diciembreencontrábase S. E. en la sala jugando al tresillo, en tantoesperaba la hora del almuerzo. Venía de tomar el baño conel consabido vaso de agua y carne tierna de coco y estaba en la mejordisposicion posible para conceder gracias y favores.