El Criterio by Padre Jaime Luciano Balmes - HTML preview

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Ademas, es menester advertir que no siempresucede que el alucinado atribuya á la sensacionmas de lo que ella le presenta; una imaginacionvivamente poseida de un objeto, obra sobre losmismos sentidos, y alterando el curso ordinariode las funciones, hace que realmente se sienta loque no hay. Para comprender cómo esto se verifica,conviene recordar que la sensacion no se verificaen el órgano del sentido sino en el cerebro,por mas que la fuerza del hábito nos haga referir laimpresion al punto del cual la recibimos. Estandoel ojo muy sano nos quedamos completamenteciegos, si sufre lesion el nervio óptico; y privadala comunicacion de un miembro cualquiera con elcerebro, se extingue el sentido. De esto se infiereque el verdadero receptáculo de todas las sensacioneses el cerebro; y que si en una de sus partesse excita por un acto interno la impresion que sueleser producida por la accion del órgano externo,existirá la sensacion sin que haya habido impresionexterior. Es decir, que si al recibir el órganoexterno la impresion de un cuerpo, la comunica alcerebro causando en el nervio A la vibracion úotra afeccion B, y por una causa cualquiera, independientede los cuerpos exteriores, se produce enel mismo órgano A la misma vibracion B, experimentaremosidéntica sensacion que si el órganoexterno fuese afectado en la realidad.[Pg 34]

En este punto se hallan de acuerdo la razon y laobservacion. El alma se informa de los objetos exterioresmediatamente por los sentidos, pero inmediatamentepor el cerebro; cuando este puesrecibe tal ó cual impresion, no puede ella desentendersede referirla al lugar de donde suele proceder,y al objeto que de ordinario la produce. Sise halla advertida de que la organizacion está alterada,se precaverá contra el error; pero no serádejando de recibir la sensacion, sino desconfiandodel testimonio de ella. Cuando Pascal, segun cuentan,veia un abismo á su lado, bien sabia que enrealidad no era así; mas no dejaba de recibir lamisma sensacion que si hubiese habido el tal abismo,y no alcanzaba á vencer la ilusion por masque se esforzase. Este fenómeno se verifica muy ámenudo, y no se hace nada extraño á los que tienenalgunas nociones sobre semejantes materias.

§ VI.

Maniáticos y ensimismados.

Lo que acontece habitualmente en estado deenfermedad cerebral, puede suceder muy biencuando exaltada la imaginacion por una causacualquiera, se pone actualmente enfermiza conrelacion á lo que la preocupa. ¿Qué son las maníassino la realizacion de este fenómeno? Pues entiéndaseque las manías estan distribuidas en muchasclases y graduaciones; que las hay continuas y porintervalos, extravagantes y arregladas, vulgaresy científicas; y que así como Don Quijote convertia[Pg 35]los molinos de viento en desaforados gigantes, ylos rebaños de ovejas y carneros en ejércitos decombatientes, puede tambien un sabio testarudodescubrir con la ayuda de sus telescopios, microscopiosy demas instrumentos, todo cuanto á supropósito cumpliere.

Los hombres muy pensadores y ensimismadoscorren gran riesgo de caer en manías sabias, enilusiones sublimes; que la mísera humanidad, pormas que se cubra con diferentes formas segun lasvarias situaciones de la vida, lleva siempre consigosu patrimonio de flaqueza. Para una débil mujercillael susurro del viento es un gemido misterioso,la claridad de la luna es la aparicion de un finado,y el chillido de las aves nocturnas es el grito de lasevocaciones del averno para asistir á pavorosas escenas.Desgraciadamente, no son solo las mujereslas que tienen imaginacion calenturienta, y que tomanpor realidades los sueños de su fantasía[5].

CAPÍTULO VI.

CONOCIMIENTO DE LA EXISTENCIA DE LAS COSASADQUIRIDO

MEDIATAMENTE POR LOS SENTIDOS.

§ I.

Transicion de lo sentido á lo no sentido.

Los sentidos nos dan inmediatamente noticias dela existencia de muchos objetos; pero de estos sontodavía en mayor número los que no ejercen accionsobre los órganos materiales, ó por ser incor[Pg 36]póreos,ó por no estar en disposicion de afectarlos.Sobre lo que nos comunican los sentidos selevanta un tan extenso y elevado edificio de conocimientosde todas clases, que al mirarle se hacedificil de concebir cómo ha podido cimentarse entan reducida basa.

Donde no alcanzan los sentidos llega el entendimiento,conociendo la existencia de objetos insensiblespor medio de los sensibles. La lava esparcidasobre un terreno nos hace conocer la existencia pasadade un volcan que no hemos visto; las conchasencontradas en la cumbre de un monte nos recuerdanla elevacion de las aguas, indicándonos unacatástrofe que no hemos presenciado; ciertos trabajossubterráneos nos muestran que en tiemposanteriores se benefició allí una mina; las ruinas delas antiguas ciudades nos señalan la morada dehombres que no hemos conocido. Así los sentidosnos presentan un objeto, y el entendimiento llegacon este medio al conocimiento de otros muy diferentes.

Si bien se observa, este tránsito de lo conocidoá lo desconocido no lo podemos hacer sin que ántestengamos alguna idea mas ó ménos completa,mas ó ménos general del objeto desconocido, ysin que al propio tiempo sepamos que hay entre losdos alguna dependencia. Así en los ejemplos aducidos,si bien no conocia aquel volcan determinado,ni las olas que inundaron la montaña, ni á los mineros,ni á los moradores, no obstante todos estosobjetos me eran conocidos en general, así como susrelaciones con lo que me ofrecian los sentidos. Dela contemplacion de la admirable máquina del uni[Pg 37]versono pasaríamos al conocimiento del Criador,sino tuviéramos idea de efectos y causas, de órdeny de inteligencia. Y sea dicho de paso, esta sola observacionbasta para desbaratar

el

sistema

de

losque

no

ven

en

nuestro

pensamiento

mas

que

sensacionestransformadas.

§ II.

Coexistencia y sucesion.

La dependencia de los objetos es lo único quepuede autorizarnos para inferir de la existencia deluno la del otro; y por consiguiente toda la dificultadestriba en conocer esta dependencia. Si la íntimanaturaleza de las cosas estuviera patente ánuestra vista, bastaria fijarla en un ser para conocerdesde luego todas sus propiedades y relaciones,entre las cuales descubririamos las que le ligan conotros. Por desgracia no es así; pues en el órdenfísico como en el moral, son muy escasas é incompletaslas ideas que poseemos sobre los principiosconstitutivos de los seres. Estos son preciosos secretosvelados cuidadosamente por la mano delCriador; de la propia suerte que lo mas rico y exquisitoque abriga la naturaleza, suele ocultarse enlos senos mas recónditos.

Por esta falta de conocimiento en lo tocante á laesencia de las cosas, nos vemos con frecuencia precisadosá conjeturar su dependencia por solo sucoexistencia ó sucesion; infiriendo que la una dependede la otra, porque algunas ó muchas vecesexisten juntas, ó porque esta viene en pos de aquella.Semejante raciocinio, que no siempre puede[Pg 38]tacharse de infundado, tiene sin embargo el inconvenientede inducirnos con frecuencia al error;pues no es fácil poseer la discrecion necesaria paraconocer cuándo la existencia ó la sucesion son unsigno de dependencia, y cuándo no.

En primer lugar debe asentarse por indudable,que la existencia simultánea de dos seres, ni tampocosu inmediata sucesion, consideradas en sí solas,no prueban que el uno dependa del otro.

Unaplanta venenosa y pestilente se halla tal vez al ladode otra medicinal y aromática; un reptil dañinoy horrible se arrastra quizas á poca distancia de labella é inofensiva mariposa; el asesino huyendo dela justicia se oculta en el mismo bosque donde estáen acecho un honrado cazador; un airecillo frescoy suave recrea la naturaleza toda, y algunos momentosdespues sopla el violento huracan llevandoen sus negras alas tremenda tempestad.

Así es muy arriesgado el juzgar de las relacionesde dos objetos porque se los ha visto unidos algunavez, ó sucederse con poco intervalo; este es unsofisma que se comete con demasiada frecuencia,cayéndose por él en infinitos errores. En él se encontraráel orígen de tantas predicciones como sehacen sobre las variaciones atmosféricas, que bienpronto la experiencia manifiesta fallidas; de tantasconjeturas sobre manantiales de agua, sobre venerosde metales preciosos, y otras cosas semejantes.Se ha visto algunas veces que despues de tal ó cualposicion de las nubes, de tal ó cual viento, de taló cual direccion de la niebla de la mañana, llovia,ó tronaba, ó acontecian otras mudanzas de tiempo;se habrá notado que en el terreno de este ó aquel[Pg 39]aspecto se encontró algunas veces agua, que enpos de estas ó aquellas vetas se descubrió el preciosomineral; y se ha inferido desde luego quehabia una relacion entre los dos fenómenos, y seha tomado el uno como señal del otro; no advirtiendoque era dable una coincidencia enteramentecasual, y sin que ellos tuviesen entre si relacionde ninguna clase.

§ III.

Dos reglas sobre la coexistencia y la sucesion.

La importancia de la materia exige que se establezcanalgunas reglas.

1ª. Cuando una experiencia constante y dilatadanos muestra dos objetos existentes á un mismotiempo, de tal suerte que en presentándose el unose presenta tambien el otro, y en faltando el unofalta tambien el otro, podemos juzgar sin temor deequivocarnos, que tienen entre sí algun enlace;y por tanto de la existencia del uno inferiremos legitimamentela existencia del otro.

2ª. Si dos objetos se suceden indefectiblemente,de suerte que puesto el primero, siempre se hayavisto que seguia el segundo, y que al existir este,siempre se haya notado la precedencia de aquel,podremos deducir con certeza que tienen entre síalguna dependencia.

Tal vez seria difícil demostrar filosóficamente laverdad de estas aserciones; sin embargo los quelas pongan en duda, seguramente no habrán observadoque sin formularlas las toma por normael buen sentido de la humanidad, que en muchos[Pg 40]casos se acomoda á ellos la ciencia, y que en lasmas de las investigaciones no tiene el entendimientootra guia.

Creo que nadie pondrá dificultad en que las frutascuando han adquirido cierto tamaño, figura ycolor, dan señal de que son sabrosas; ¿cómo sabeesta relacion el rústico que las coge? ¿Cómo de laexistencia del color y demas calidades que ve, infierela de otra que no experimenta, la del sabor?Exigidle que os explique la teoria de este enlace,y no sabrá qué responderos; pero objetadledificultades y empeñaos en persuadirle que seequivoca en la eleccion, y se reirá de vuestra filosofía,asegurado en su creencia por la simple razonde que «siempre sucede así.»

Todo el mundo está convencido de que ciertogrado de frio hiela los líquidos, y que otro de calorlos vuelve al primer estado. Muchos son los queno saben la razon de estos fenómenos; pero nadieduda de la relacion entre la congelacion y el frioy la liquidacion y el calor. Quizás podrian suscitarsedificultades sobre las explicaciones que enesta parte ofrecen los físicos; pero el linaje humanono aguarda á que en semejantes materias loilustren los sabios: «siempre existen juntos estoshechos, dice; luego entre ellos hay alguna relacionque los liga.»

Son infinitas las aplicaciones que podrian hacersede la regla establecida; pero las anteriores bastanpara que cualquiera las encuentre por sí mismo.Solo diré que la mayor parte de los usos de la vidaestan fundados en este principio: la simultáneaexistencia de dos seres observada por dilatado[Pg 41]tiempo, autoriza para deducir que existiendo eluno existirá tambien el otro. Sin dar por seguraesta regla, el comun de los hombres no podriaobrar; y los mismos filósofos se encontrarian masembarazados de lo que tal vez se figuran. Darianpocos pasos mas que el vulgo.

La 2ª. regla es muy análoga á la primera: sefunda en los mismos principios, y se aplica á losmismos usos. La constante experiencia manifiestaque el pollo sale de un huevo; nadie hasta ahoraha explicado satisfactoriamente cómo del licor encerradoen la cáscara se forma aquel cuerpecitotan admirablemente organizado; y aun cuando laciencia diese cumplida razon del fenómeno, el vulgono lo sabria; y sin embargo ni este ni los sabiosvacilan en creer que hay una relacion de dependenciaentre el licor y el polluelo; al ver el pequeñoviviente, todos estamos seguros de que leha precedido aquella masa que á nuestros ojos sepresentaba informe y torpe.

La generalidad de los hombres, ó mejor diremos,todos, ignoran completamente de qué manera latierra vegetal concurre al desarrollo de las semillasy al crecimiento de las plantas; ni cual es la causade que unos terrenos se adapten mejor que otros ádeterminadas producciones; pero siempre se havisto así, y esto es suficiente para que se crea queuna cosa depende de otra, y para que al ver la segundadeduzcamos sin temor de errar la existenciade la primera.[Pg 42]

§ IV.

Observaciones sobre la relacion de casualidad. Una reglade los dialécticos.

Sin embargo conviene advertir la diferencia queva de la sucesion observada una sola vez, ó repetidamuchas. En el primer caso, no solo no arguyecasualidad, pero ni aun relacion de ninguna clase;en el 2º. no siempre indica dependencia de efectoy causa, pero sí al ménos dependencia de unacausa comun. Si el flujo y reflujo del mar se hubieseobservado que coincidia una que otra vezcon cierta posicion de la luna, no podria inferirseque existia relacion entre los dos fenómenos; massiendo constante la expresada coincidencia, losfisicos debieron inferir, que si el uno no es causadel otro, al ménos tienen ambos una causa comun,y que así estan ligados en su origen.

A pesar de lo que acabo de decir, tienen mucharazon los dialécticos cuando tachan de sofísticoel raciocinio siguiente: post hoc, ergo propterhoc; despues de esto, luego por esto. 1º. Porque ellosno hablan de una sucesion constante; 2º. porqueaun cuando hablaran, esta sucesion puede indicardependencia de una causa comun, y no que lo unosea causa de lo otro.

Si bien se observa, la misma regla á que atendemosen los negocios comunes, es mas general delo que á primera vista pudiera parecer: de ella nosservimos en el curso ordinario de las cosas, de lapropia suerte que en lo tocante á la naturaleza. Segunel objeto de que se trata se modifica la aplicacionde la regla: en unos casos basta una experiencia[Pg 43]de pocas veces, en otros se la exige mas repetida;pero en el fondo siempre andamos guiadospor el mismo principio: dos hechos que siemprese suceden, tienen entre si alguna dependencia, laexistencia del uno indicará pues la del otro.

§ V.

Un ejemplo.

Es de noche y veo que en la cima de una montañase enciende un fuego; á poco rato de arder,noto que en la montaña opuesta asoma una luz;brilla por breve tiempo y desaparece. Esta ha salidodespues de encendido el fuego en la parteopuesta; pero de aquí no puedo inferir que hayaentre los dos hechos relacion alguna. Al dia siguiente,veo otra vez que se enciende el fuego en elmismo lugar, y que del mismo modo se presentala luz. La coincidencia en que ayer no me habiaparado siquiera, ya me llama la atencion hoy:pero esto podrá ser una casualidad, y no piensomas en ello. Al otro dia acontece lo mismo; crecela sospecha de que no sea una señal convenida.Durante un mes se verifica lo propio; la hora essiempre la misma, pero nunca falta la aparicionde la luz á poco de arder el fuego; entónces ya nome cabe duda de que ó el un hecho es dependientedel otro, ó por lo ménos hay entre ellos alguna relacion;y ya no me falta sino averiguar en qué consisteuna novedad que no acierto á comprender.

En semejantes casos el secreto para descubrir laverdad, y prevenir los juicios infundados, consisteen atender á todas las circunstancias del hecho,[Pg 44]sin descuidar ninguna por despreciable que parezca.Así en el ejemplo anterior, supuesto que ápoco de encendido el fuego se presentaba la luz,diráse á primera vista, que no es necesario pararseen la hora de la noche, y ni tampoco en si esta horavariaba ó no. Mas en la realidad estas circunstanciaseran muy importantes, porque segun fuesela hora, era mas ó menos probable que se encendiesefuego y apareciese luz; y siendo siempre lamisma, era mucho ménos probable que los dos hechostuviesen relacion, que si hubiera sido variada.Un imprudente que no reparase en nada de eso,alarmaria la comarca con las pretendidas señales;no cabria ya duda de que algunos malhechores seponen de acuerdo, se explicaria sin dificultad el roboque sucedió tal ó cual dia, se comprenderia loque significaba un tiro que se oyó por aquella parte,y cuando la autoridad tendria aviso del malvadocomplot, cuando recaerian ya negras sospechas sobrefamilias inocentes; hé aqui que los exploradoresenviados á observar de cerca el misterio, podrianvolver muy bien riéndose del espanto y delespantador, y descifrando el enigma en los términossiguientes: «Muy cerca de la cima donde ardeel fuego, está situada la casa de la familia A, queá la hora de acostarse aposta un vigilante en lascercanías, porque tiene noticia de que unos leñadoresquieren estropear parte de bosque plantadode nuevo. El centinela siente frio, y hace muy bienen encender lumbre sin ánimo de espantar á nadie,sino es á los malandrines de segur y cuerda.

Comocabalmente aquella es la hora en que suelen acostarselos comarcanos, lo hace tambien la familia B[Pg 45]que habita en la cumbre de la montaña opuesta.Al sonar el reloj, levanta el dueño los reales de lachimenea, dice á todo el mundo: «vámonos á dormir,»y entre tanto él sale á un terrado al cual danvarias puertas, y empuja por la parte de afuerapara probar si los muchachos han cerrado bien.Como el buen hombre va á recogerse, lleva en lamano el candil, y héos aquí la luz misteriosa quesalia á una misma hora, y desaparecia en breve,coincidiendo con el fuego, y haciendo casi pasarpor ladrones á quienes solo trataban de guardarsede ladrones.

¿Qué debia hacer en tal caso un buen pensador?Hélo aquí. A poco rato de encendido el fuego aparecela luz, y siempre á una misma hora poco masó ménos, lo que inclina á creer que será una señalconvenida. El país está en paz, con que esto debierade ser inteligencia de malhechores. Pero cabalmenteno es probable que lo sea, porque noes regular que escojan siempre un mismo lugar ytiempo, con riesgo de ser notados y descubiertos.Ademas que la operacion seria muy larga durandoun mes, y estos negocios suelen redondearse conun golpe de mano. Por aquellas inmediaciones estanlas casas A y B, familias de buena reputacionque no se habrán metido á encubridores. Parecepues que ó ha de haber coincidencia puramentecasual, ó que si hay seña, debe de ser sobre negocioque no teme los ojos de la justicia. La hora delsuceso es precisamente la en que se recogen los vecinosde esta tierra; veamos si esto no será que algunosquehaceres obligan á los unos á encenderfuego, y á los otros á sacar la luz.[Pg 46]

§ VI.

Reflexiones sobre el ejemplo anterior.

Reflexionando sobre el ejemplo anterior, se notaque á pesar de la ninguna relacion de seña ni causa,que en sí tenian los dos hechos, no obstante reconocianen cierto modo un mismo orígen: el sonarla hora de acostarse. Así se echa de ver, que el errorno estaba en suponer que habia algo de comunen ellos, ni en pensar que la coincidencia no erapuramente casual, sino en que se apelaba á interpretacionesdestituidas de fundamento, se buscabaen la intencion concertada de las personas lo queera simple efecto de la identidad de la hora.

Esta observacion enseña por una parte el tinocon que debe precederse en determinar la clasede relacion que entre sí tienen dos hechos, simultáneosó sucesivos; pero por otra confirma mas ymas la regla dada, de que cuando la simultaneidadó sucesion son constantes, arguyen algun vínculoó relacion, ó de los hechos entre sí, ó de amboscon un tercero.

§ VII.

La razon de un acto que parece instintivo.

Profundizando mas la materia, encontraremosque el inferir de la coexistencia ó sucesion la relacionentre los hechos coexistentes ó sucesivos,aunque parezca un acto instintivo y ciego, es laaplicacion de un principio que tenemos grabado enel fondo de nuestra alma, y del que hacemos continuouso sin advertirlo siquiera. Este principio es[Pg 47]el siguiente: « donde hay órden, donde hay combinacion,hay causa que ordena y combina; el acasoes nada.» Una que otra coincidencia la podemosmirar como casual, es decir, sin relacion; peroen siendo muy repetida, ya decimos sin vacilar:«aquí hay enlace, hay misterio, no llega á tantola casualidad.»

Así se verifica que examinando á fondo el espírituhumano, encontramos en todas partes lamano bondadosa de la Providencia, que se ha complacidoen enriquecer nuestro entendimiento ynuestro corazon con inestimables preciosidades[6].

CAPÍTULO VII.

LA LÓGICA ACORDE CON LA CARIDAD.

§ I.

Sabiduría de la ley que prohibe los juicios temerarios.

La ley cristiana que prohibe los juicios temerarioses no solo ley de caridad, sino de prudencia,y buena lógica. Nada mas arriesgado que juzgar deuna accion, y sobre todo de la intencion, por merasapariencias; el curso ordinario de las cosaslleva tan complicados los sucesos, los hombresse encuentran en situaciones tan varias, obran portan diferentes motivos, ven los objetos de manerastan distintas, que á menudo nos parece un castillofantástico, lo que examinado de cerca, y con presenciade las circunstancias se halla lo mas natural,lo mas sencillo y arreglado.[Pg 48]

§ II.

Exámen de la máxima «piensa mal y no errarás.»

El mundo cree dar una regla de conducta muyimportante, diciendo «piensa mal y no errarás,»y se imagina haber enmendado de esta manera lamoral evangélica. «Conviene no ser demasiadocándido, se nos advierte continuamente; es necesariono fiarse de palabras; los hombres son muymalos, obras son amores y no buenas razones:»como si el Evangelio nos enseñase á ser imprudentesé imbéciles; como si Jesucristo al encomedarnosque fuésemos sencillos como la paloma, nonos hubiera avisado que no creyésemos á todo espíritu,que para conocer el árbol atendiésemos alfruto; y finalmente como si á propósito de la maliciade los hombres, no leyéramos ya en las primeraspáginas de la Sagrada Escritura que el corazondel hombre está inclinado al mal desde suadolescencia.

La máxima perniciosa, que se propone nadaménos que asegurar el acierto con la malignidaddel juicio, es tan contraria á la caridad cristiana,como á la sana razon. En efecto: la experiencianos enseña que el hombre mas mentiroso dice muchomayor número de verdades que de mentiras,y que el mas malvado hace muchas mas accionesbuenas ó indiferentes que malas. El hombre amanaturalmente la verdad y el bien; y no se apartade ellos sino cuando las pasiones le arrastran y extravian.Miente el mentiroso en ofreciéndosele algunaocasion en que faltando á la verdad, cree fa[Pg 49]vorecersus intereses ó lisonjear su vanidad necia;pero fuera de estos casos, naturalmente dice laverdad, y habla como el resto de los hombres. Elladron roba, el liviano se desmanda, el pendencieroriñe, cuando se presenta la oportunidad,estimulando la pasion; que si estuviesen abandonadosde continuo á sus malas inclinaciones, serianverdaderos monstruos, su crímen degenerariaen demencia; y entónces el decoro y buen órdende la sociedad reclamarian imperiosamenteque se los apartase del trato de sus semejantes.

Infiérese de estas observaciones que el juzgarmal, no teniendo el debido fundamento, y el tomarla malignidad por garantía de acierto, es tan irracionalcomo si habiendo en una urna muchísimasbolas blancas, y poquísimas negras, se dijera quelas probabilidades de salir estan en favor de lasnegras.

§ III.

Algunas reglas para juzgar de la conducta de los hombres.

Caben en esta materia reglas de juiciosa cautela,que nacen de la prudencia de la serpiente y no destruyenla candidez de la paloma.

REGLA 1ª.

No se debe fiar de la virtud del comun de loshombres, puesta á prueba muy dura.

La razon es clara, el resistir á tentaciones muyvehementes exige virtud firme y acendrada. Estase halla en pocos. La experiencia nos enseña queen semejantes extremos la debilidad humana suele[Pg 50]sucumbir; y la Escritura nos previene que quienama el peligro perecerá en él.

Sabeis que un comerciante honrado se halla enlos mayores apuros, cuando todo el mundo le consideraen posicion muy desembarazada. Su honor,el porvenir de su familia, estan pendientes de unaoperacion poco justa, pero muy beneficiosa. Si sedecide á ella, todo queda remediado; si se abstiene,el fatal secreto se divulga, y la perdicion totales inevitable. ¿Qué hará? Si en la operacionpodeis salir perjudicado, precaveos á tiempo;apartaos de un edificio que si bien en una situacionregular no amenazaba ruina, está ahora batidopor un furioso huracan.

Teneis noticia de que dos personas de amabletrato y bella figura, han trabado relaciones muyíntimas y frecuentes; ambos son virtuosos, y auncuando no mediaran otros motivos, el honor debierabastar á contenerlos en los debidos límites.Si teneis interes en ello, tomad vuestro partidocon presteza; si no callad; no juzgueis temerariamente;pero rogad á Dios por ambos, que lasoraciones podrán no ser inútiles.

Estais en el gobierno, los tiempos son malos,la época crítica, los peligros muchos. Uno de vuestrosdependientes encargado de un puesto importantese halla asediado noche y dia por un enemigoque dispone de largas talegas. El dependiente eshonrado segun os parece, tiene grandes compromisospor vuestra causa, y sobre todo es entusiastade ciertos principios, y los sustenta con muchoacaloramiento. A pesar de todo, será bueno queno perdais de vista el negocio. Haréis muy bien en[Pg 51]creer que el honor y las convicciones de vuestrodependiente no se rajarán con los golpes de un arietede cincuenta mil pesos fuertes; pero será mejorque no lo probeis, mayormente si las consecuenciasfuesen irreparables.

Un amigo os ha hecho grandes ofrecimientos,y no podeis dudar que son sinceros. La amistad esantigua, los títulos muchos y poderosos, la simpatiade los corazones está probada; y para colmode dicha, hay identidad de ideas y sentimientos.Preséntase de improviso un negocio en que vuestraamistad le ha de costar cara; si no os sacrifica seexpone á graves pérdidas, á inminentes peligros.Para lo que pudiera suceder, resignaos á ser víctima,temed que las afectuosas protestas se quedaránsin cumplirse, y que en cambio de vuestroduelo, se os pagará con una satisfaccion tan gemebundacomo estéril.

Estais viendo á una autoridad en aprieto; se laquiere forzar á un acto de alta trascendencia, áque no puede acceder sin degradarse, sin faltar ásus deberes mas sagrados, sin comprometer interesesde la mayor importancia. El magistrado esnaturalmente recto; en su larga carrera no se leconoce una felonía; y su entereza está acompañadade cierta firmeza de carácter. Los antecedentes noson malos. Sin embargo, cuando veais que la tempestadarrecia, que el motin sube ya la escalera,cuando golpee á la puerta del gabinete el osadodemagogo que lleva en una mano el papel que seha de firmar, y en otra el puñal ó una pistola amartillada;temed mas por la suerte del negocio, quepor la vida del magistrado. Es probable que nomorirá; la entereza no es el heroismo.[Pg 52]

Con los anteriores ejemplos se echa de ver queen algunas ocasiones es lícito y muy prudente desconfiarde la virtud de los hombres; lo que acontececuando el obrar bien exige una disposicion deánimo, que la razon, la experiencia y la mismareligion, nos enseñan ser muy rara. Es claro ademas,que para sospechar mal, no siempre serámenester que el apuro sea tal como se ha pintado.Para el comun de los hombres suele bastar muchoménos; y para los decididamente malos la simpleoportunidad equivale á vehemente tentacion. Asíno es posible señalar otra regla para discernir loscasos, sino que es preciso atender á las circunstanciasde la persona que es el objeto del juicio, graduandola probabilidad del mal por su habitual inclinacioná él, ó su adhesion á la virtud.

De estas consideraciones nacen las otras reglas.

REGLA 2ª.

Para conjeturar cuál será la conducta de unapersona en un caso dado, es preciso conocer suinteligencia, su índole, carácter, moralidad, interesesy cuanto puede influir en su determinacion.

El hombre, aunque dotado de libertad de albedrio,no deja de estar sujeto á una muchedumbrede influencias que contribuyen poderosamente ádecidirle. El olvido de una sola circunstancia nospuede llevar al error. Así, suponiendo que unhombre está en un compromiso de que le es difícilsalir sin faltar á sus deberes, parece á primeravista que en sabiendo cuál es su moralidad, ycuáles los obstáculos que á la sazon median paraobrar conforme á ella, tenemos datos bastantes[Pg 53]para pronosticar sobre el éxito. Pero entónces nollevamos en cuenta una cualidad que influye sobremanera en casos semejantes: la firmeza de carácter.Este olvido podrá hacer muy bien que defraudenuestras esperanzas un hombre virtuoso, y lasexceda el malo; pues que para sacar airosa la virtuden circunstancias apuradas, sirve admirablementeel que obren en su favor pasiones enérgicas. Unalma de temple fuerte y brioso, se exalta y cobranuevo aliento á la vista del peligro; en el cumplimientodel deber se interesa entónces el orgullo; yun corazon que naturalmente se complace en superarobstáculos, y arrostrar riesgos, se sientemas osado y resuelto cuando se halla animado porel grito de la conciencia. El ceder es debilidad, elvolver atras cobardia; el faltar al deber es manifestarmiedo, es someterse á la afrenta. El hombre deintencion recta y corazon puro, pero pusilánime,mirará las cosas con ojos muy diferentes.

«Hay undeber que cumplir, es verdad; pero trae consigola muerte de quien lo cumpla, y la orfandad de lafamilia. El mal se hará tambien de la misma manera;y quizas los desastres serán mayores.Es necesario dar al tiempo lo que es suyo: laentereza no ha de convertirse en terquedad: losdeberes no han de considerarse en abstracto, es precisoatender á todas las circunstancias; las virtudesdejan de serlo, si no andan regidas por la prudencia.El buen hombre ha encontrado por fin lo quebuscaba: un parlamentario entre el bien y el mal;el miedo con su propio traje no servia para el caso;pero ya se ha vestido de prudencia; la transaccionno se hará esperar mucho.[Pg 54]

Hé aquí un ejemplo bien palpable, y por ciertonada imaginario, de que es preciso atender átodas las circunstancias del individuo que se ha dejuzgar. Desgraciadamente el conocimiento de loshombres es uno de los estudios mas dificiles; ypor lo mismo es tarea espinosa el recoger los datosprecisos para acertar.

REGLA 3ª.

Debemos cuidar mucho de despojarnos de nuestrasideas y afecciones, y guardarnos de pensarque los demas obrarán como obraríamos nosotros.

La experiencia de cada dia nos enseña que elhombre se inclina á juzgar de los demas tomándosepor pauta á sí mismo. De aquí han nacido losproverbios «quien mal no hace, mal no piensa;»y «piensa el ladron que todos son de su condicion.»Esta inclinacion es uno de los mayoresobstáculos para encontrar la verdad en todo lo concernienteá la conducta de los hombres; ella exponecon frecuencia al virtuoso á ser presa de losamaños del malvado; y dirige á menudo contraprobada honradez, y quizas acendrada virtud, lostiros de la maledicencia.

La reflexion, ayudada por costosos desengaños,cura á veces este defecto, orígen de muchos malesprivados y públicos; pero su raiz está en el entendimientoy corazon del hombre, y es precisoestar siempre alerta si no se quiere que retoñenlas ramas.

La razon de este fenómeno no será difícil explicarla.En la mayor parte de sus raciocinios, pro[Pg 55]cedeel hombre por analogía. «Siempre ha sucedidoesto, luego ahora sucederá tambien.»

«Comunmentedespues de tal hecho, sobreviene talotro, luego lo mismo acontecerá en la actualidad.»De aquí dimana que tan pronto como se ofrece laocasion de formar juicio, apelamos á la comparacion;si un ejemplo apoya nuestra manera de opinar,nos afirmamos mas en ella; y si la experiencianos suministra muchos, sin esperar mas pruebasdamos la cosa por demostrada.

Natural es, quenecesitando comparaciones las busquemos en losobjetos mas conocidos, y con los cuales nos hallamosmas familiarizados; y como en tratándose dejuzgar ó conjeturar sobre la conducta ajena hemosmenester calcular sobre los motivos que influyenen la determinacion de la voluntad, atendemos sinadvertirlo siquiera á lo que solemos hacer nosotros,y prestamos á los demas el mismo modo de mirary apreciar los objetos.

Esta explicacion, tan sencilla como fundada,señala cumplidamente la razon de la dificultadque encontramos en despojarnos de nuestras ideasy sentimientos, cuando así lo reclama el acierto enlos juicios que formamos sobre la conducta de losdemas. Quien no está acostumbrado á ver otrosusos que los de su pais, tiene por extraño cuantode ellos se desvia, y al dejar por primera vez elsuelo patrio se sorprende á cada novedad que descubre.Lo propio nos sucede en el asunto de quetratamos: con nadie vivimos mas intimamente quecon nosotros mismos; y hasta los ménos amigos deconcentrarse tienen por necesidad una concienciamuy clara del curso que ordinariamente siguen su[Pg 56]entendimiento y voluntad. Preséntase un caso, yno atendiendo á que aquello pasa en el ánimo delos otros, como si dijésemos en tierra extranjera,nos sentimos naturalmente llevados á pensar quedeberá de suceder allí lo mismo á corta diferenciaque hemos visto en nuestra patria. Y ya que he comenzadocomparando, añadiré, que así como losque han viajado mucho no se sorprenden por ningunadiversidad de costumbres, y adquieren ciertohábito de acomodarse á todo sin extrañeza ni repugnancia,así los que se han dedicado al estudiodel corazon, y á la observacion de los hombres,son mas diestros en despojarse de su manera dever y sentir, y se colocan mas fácilmente en la situacionde los otros; como si dijéramos que cambiande traje y de tenor de vida, y adoptan el airey las maneras de los naturales del nuevo pais[7].

CAPÍTULO VIII.

DE LA AUTORIDAD HUMANA EN GENERAL.

§ I.

Dos condiciones necesarias para que sea valedero untestimonio.

No siempre nos es dable adquirir por nosotrosmismos el conocimiento de la existencia de un ser,y entónces nos es preciso valernos del testimonioajeno. Para que este no nos induzca á error, sonnecesarias dos condiciones: 1ª. que el testigo nosea engañado: 2ª. que no nos quiera engañar.

Es[Pg 57]evidente que faltando cualquiera de estos dos extremos,su testimonio no sirve para encontrar laverdad. Poco nos importa que quien habla la conozca,si sus palabras nos expresan el error; y laveracidad y buena fe tampoco nos aprovechan siquien las posee está engañado.

§ II.

Exámen y aplicaciones de la primera condicion.

Conocemos si el testigo ha sido engañado ó noatendiendo á los medios de que ha podido disponerpara alcanzar la verdad: y en estos medios comprendotambien su capacidad y demas cualidadespersonales que le hacen mas ó ménos apto para elefecto.

Al referírsenos algun hecho, cuando el narradorno es testigo ocular, á veces la buena educacionno permite preguntar quién lo ha contado; perola buena lógica prescribe atender siempre á estacircunstancia, y no prestar lijeramente asenso sinhaberlo tenido presente.

Atravieso un pais que me es desconocido, y oigola siguiente proposicion: «este es el año de mejorcosecha que de mucho tiempo acá se ha visto enesta comarca.» Lo primero que debo hacer es pararla atencion en la persona que así lo dice. ¿Esun hombre anciano, rico propietario de la tierra,establecido en sus mismas posesiones, aficionadoá recoger noticias y formar estados comparativos?No puedo dudar que quien habla debe de saberlomuy bien; pues que su interes, profesion, inclina[Pg 58]cionesparticulares y larga experiencia le proporcionancuantos medios son deseables para formarjuicio acertado. ¿Es un hijo del mismo propietario,que solo se llega á las posesiones de su padre paradivertirse ó sacar dinero; que distraido por la vidade las ciudades, se cuida muy poco de lo que pasaen los campos? Bien podrá saberlo por habérselooido á su padre; pero si esta última circunstanciafalta, el testimonio es muy poco seguro. ¿Es unviajero que recorre de vez en cuando aquel pais,por negocios que nada tienen que ver con la agricultura?Su palabra merece poca fe, porque sonescasos los medios que ha tenido para cerciorarsede lo que afirma; su proposicion podrá ser echadaá la aventura.

En una reunion se cuenta que el ingeniero N.acaba de idear una nueva máquina para tal ó cualproducto, y que su invencion lleva ventaja á cuantasse han conocido hasta ahora. El testigo es ocular.—¿Quiénlo refiere?—Es un caballero de lamisma profesion, muy acreditado en ella, que haviajado mucho para ponerse al nivel de los últimosadelantos en maquinaria, comisionado repetidasveces ya por el gobierno, ya por sociedades de fabricantes,para comparar diferentes sistemas deconstruccion y elaboracion: el juez es competente;no es fácil haya sido engañado por un charlatancualquiera.—El testigo es un fabricante que tieneinvertidos grandes capitales en maquinaria, y sepropone invertir muchos mas; posee algunos conocimientosen el ramo, pues que su interes propiole llama la atencion hácia este punto, y cuenta conbastantes años de experiencia.

El testimonio no es[Pg 59]despreciable, pero ha perdido mucho de las cualidadesdel primero. No conoce por principios lamecánica, habrá visto algunos establecimientos,mas no los necesarios para poder comparar la invencioncon los demas sistemas conocidos: el maquinistasabia que las arcas no estaban vacías, teniaun interes en que se formase alto concepto de lainvencion; hay pues bastante peligro de que el méritosea exagerado, hasta podrá ser muy mediano,y quizas nulo.

Una mujer de veracidad probada, pero de imaginacionardiente y viva, y ademas muy crédulaen asuntos de carácter extraordinario y misterioso,refiere con el tono de la mayor certeza y con ellenguaje y ademan de una impresion reciente, queen la noche anterior ha oido en su casa un ruidoespantoso; que habiéndose levantado ha visto elresplandor de algunas luces en partes del edificioen las que no habita nadie; y que repetidas veceshan resonado con toda claridad voces desconocidas,ya cual gemidos de dolor, ya cual aullidos de desesperacion,ya cual aterradoras amenazas. La testigohabrá sido engañada. Es probable que estandoprofundamente dormida, algun gato que andariaocupado en sus ordinarias tareas de hurto ó caza,habrá derribado algun traste con estrepitoso fracaso.La buena señora, que quizas conciliaria dificilmenteel sueño, agitada por espectros y fantasmas,dispierta al retumbante ruido: levántasedespavorida, corre presurosa de una á otra parte;ve en los aposentos desiertos alguna luz, por lasencilla razon de que nadie cuidó de cerrar las ventanas,y por ellas penetran los rayos de la luna;[Pg 60]por fin llegan á sus oidos las voces misteriosas queno debieron de ser mas que los silbidos del viento,los crujidos de alguna puerta mal segura, y tal vezel remoto maullo del malandrin que salido por labuhardilla se va á trabar refriegas por la vecindad,sin pensar que sus maldades tienen en congojosacuita á su dueña y bienhechora.

Asi discurriria un buen pensador, sin decidirsepor esto á creer ó dejar de creer, pero inclinándosealgo mas á lo segundo que á lo primero; cuandohé aquí que llega á la reunion el marido de la señoraespantada. Es hombre que frisa en los cincuenta,que ha tenido tiempo de perder el miedoen largos años de carrera militar, no escasea deconocimientos, y retirado ahora, vive entregadoá sus negocios y á sus libros, dejando que su mujerdelire á mansalva. La vista de los circunstantes sedirige naturalmente al recien llegado; y todos deseansaber de su boca la impresion que le causarala medrosa aventura. «En verdad, señores, dice,que no sé qué diablos teníamos esta noche en casa.Ocupado en despachar unos papeles que me corrianprisa, no me habia acostado todavía, cuando héaquí que á eso de las doce oigo un estrépito tal queme creí que la casa se nos venia encima. Lo quees gato no podia ser, porque era imposible que hiciesetal estrépito; y ademas esta mañana nada seha encontrado, ni dislocado, ni roto. Eso de lasluces, yo no las he visto; pero que resonaron unasvoces tan tremebundas que casi casi me habrianmetido el miedo en el cuerpo, es positivo. Veremossi la zambra se repite: yo me temo que se nosha querido jugar una treta. Desearia sorprender á[Pg 61]los actores representando su papel.» Desde entóncesla cuestion cambia de aspecto; lo que ántes eraimprobable, ha pasado á ser creible; el hecho seráverdadero, solo falta aclarar su naturaleza.

§ III.

Exámen y aplicaciones de la segunda condicion.

Si conviene precaverse contra el engaño queinocentemente puede haber sufrido el narrador,no importa ménos estar en guarda contra la faltade veracidad. Para este efecto será bien informarsede la opinion que en este punto disfruta la persona,y sobre todo examinar si alguna pasion ó interes laimpelen á mentir. ¿Qué caso puede hacerse dequien pinta prodigiosos hechos de armas de loscuales espera grados, empleos y condecoraciones?Está bien claro el partido que tomará el especulador,si no está dominado por principios de rígidamoral y caballerosa delicadeza. Así, quien refiereacontecimientos en cuya verdad ó apariencia tienegrande interes, es testigo sospechoso; prestarlecrédito sobre su palabra fuera proceder muy delijero.

Cuando tratamos de calcular la probabilidad deun suceso que no sabemos sino por el testimoniode otros, es preciso atender simultáneamente á lasdos condiciones explicadas: conocimiento y veracidad.Pero como en muchos casos, á mas deltestimonio, tenemos algunos datos para conjeturarsobre la probabilidad de lo que se nos cuenta, esnecesario hacerlos entrar en combinacion, paradecidirnos con ménos peligro de errar. Por lo co[Pg 62]mun,hay muchas cosas á que atender, en lo cualenseñarán mas los ejemplos que las reglas.

Un general da parte de una brillante victoriaque acaba de conseguir; el enemigo, por supuesto,era superior en fuerzas, ocupaba posiciones muyventajosas, pero ha sido arrollado en todas direcciones,y solo una precipitada fuga le ha libradode dejar en manos del vencedor numerosos prisioneros.La pérdida del general ha sido insignificanteen comparacion de la del enemigo; algunas compañíasque llevadas de su ardor se habian adelantadoen demasía, viéronse envueltas por cuadruplicadasfuerzas y tuvieron algunos momentos deconflicto; pero merced á la bizarria de los jefes,y acertadas disposiciones del general, pudiéronsereplegar con el mayor órden sin mas resultado queextraviarse un reducido número de soldados.

¿Qué concepto formaremos de la accion? Paraque se vea cuánta circunspeccion es necesaria sise desea acertar en los juicios, y con la mira deofrecer ejemplos que sirvan de norma en otroscasos, detallaremos las muchas circunstancias áque es preciso atender.

¿Es conocido el general? ¿Tiene reputacion deveraz y modesto, ó pasa plaza de fanfarron?

¿Cuálesson sus dotes militares? ¿Qué subalternos le auxilian?Sus tropas ¿gozan fama de valor y disciplina?¿Se han distinguido en otras acciones, ó estandesacreditadas por frecuentes derrotas?

¿Con quéenemigo ha tenido que habérselas? ¿Cuál era elobjeto de la expedicion del general?

¿Lo ha conseguidoó no? En el parte hay una cláusula quedice: «Sé de positivo que la plaza N

puede todavia[Pg 63]sostenerse algunos dias. Así no he creido necesarioprecipitar las operaciones, mayormente cuando lasituacion del soldado, rendido de hambre y fatiga,reclamaba imperiosamente algun descanso. El convoyqueda seguro en la ciudad M, adonde me hereplegado, abandonando al enemigo unas posicionesque me eran inútiles, y dejándole que se cebaseen una porcion de viveres que en el ardor de larefriega cayeron en su poder, á causa de un desórdenmomentáneo que se debió al miedo de losbagajeros.» El negocio presenta mal aspecto; ápesar de todos los rodeos, se conoce que el vencedorha perdido una parte del convoy, y no ha podidopasar con lo restante.

¿Qué trofeos nos presenta en testimonio de suvictoria? No ha cogido prisioneros, y él confiesaalgunos extraviados; aquellas compañías demasiadoadelantadas sufrieron algunos momentos deconflicto, y fueron envueltas por fuerzas cuadruplicadas;todo esto significa que hubo en aquellaparte un «sálvese quien pueda» y que el enemigono dejó de hacer presa.

¿Cuáles son las noticias que vienen del lugardonde se ha replegado el general? Es probable quelas cartas serán tristes, y que traerán descripcionesaflictivas sobre el desórden en que entró la tropa,y la disminucion del convoy.

¿Qué dicen los partidarios del enemigo? ¡Ah!esto acaba de aclarar el misterio; se han echadolas campanas á vuelo en el punto P, y han entradomuchos prisioneros; los enemigos se han presentadoorgullosos en presencia de la plaza sitiada,cuyos apuros son cada dia mayores.[Pg 64]

¿Qué está haciendo el general vencedor? Semantiene en inaccion, y se añade que ha pedidorefuerzos; la brillante victoria habrá sido puesuna insigne derrota.

§ IV.

Una observacion sobre el interes en engañar.

Casos hay en que por interesado que parezca elnarrador en faltar á la verdad, no es probable quelo haya hecho, porque descubierta en breve lamentira, sin recurso para paliarla, se convertiriacontra él de una manera ignominiosa.

La experiencia nos enseña que no hay que fiar deciertas relaciones militares que no pueden ser contradichasluego, con toda claridad y con presenciade datos positivos, que produzcan completa evidencia.Las mayores ó menores fuerzas del enemigo,el órden ó la dispersion con que tal ó cualparte de su ejército emprendió la retirada, el númerode muertos ó heridos, lo mas ó ménos favorablede algunas posiciones atendida la situacionde los combatientes, lo mas ó ménos intransitablede los caminos, y otras cosas por este tenor,¿cómo las puede aclarar bien el público?

Cada cualrefiere las cosas á su modo, segun sus noticias,intereses ó deseos; y los mismos que saben la verdadson quizas los primeros en oscurecerla haciendocircular las mas insignes falsedades. Losque llegan á desembarazarse del enredo, y á verclaro en el negocio, ó callan, ó se hallan impugnadospor mil y mil á quienes importa sostener lailusion; y la mancha que cae sobre los embaucadores[Pg 65]nunca es tan ignominiosa que no consientaalgun disfraz. Pero suponed que un general queestá sitiando una plaza, y nada puede contra ella,tiene la imprudencia de enviar un pomposo parteal gobierno, anunciándole que la ha tomado porasalto y estan en su poder los restos de la guarnicionque no han perecido en la refriega; á pocosdias sabrá el gobierno, sabrá el público, sabrá elmismo ejército, que el general ha mentido de unamanera tan escandalosa; y la burla y la afrentaque caerán sobre el impostor le harán pagar cara sugloria de momento.

De aquí es que en semejantes casos el buen sentidodel público suele preguntar si el parte es oficial:y si lo es, por mas que no haga caso de lascircunstancias con que se procura realzar el hecho,no obstante presta crédito á la existencia de él.Hasta es de notar que cuando en gravísimos apurosse miente de una manera escandalosa, con la mirade alentar por algunas horas mas y dar lugar altiempo, rara vez se inventa un parte nombrandopersonas; se apela á las fórmulas de

«sabemos depositivo; un testigo de vista acaba de referirnos»y otras semejantes; se suponen oficios recibidosque se imprimirán luego, se ordenan regocijos públicosetc., pero siempre se suele dejar un caminoabierto para que la mentira no choque demasiadode frente con el buen sentido, se tiene cuidado enno comprometer el nombre de personas determinadas;en una palabra, hasta reinando la mayordesfachatez, se guardan siempre algunas consideracionesá la conciencia pública.

Para dejar pues de prestar crédito á una relacion,[Pg 66]no basta objetar que el narrador está interesadoen faltar á la verdad; es necesario considerarsi las circunstancias de la mentira son tan desgraciadas,que poco despues haya de ser descubiertaen toda su desnudez, sin que le quede al engañadorla excusa de que se habia equivocado ó lehabian mal informado. En estos casos, por pocaque sea la categoría de la persona, por poca estimacionde sí misma que se le pueda suponer, mayormentecuando el asunto pasa en público, esprudente darle crédito, si de esto no puede resultarningun daño. Será dable salir engañado, perola probabilidad está en contra y en grado muy superior.

§ V.

Dificultades para alcanzar la verdad, en mediando muchadistancia de lugar ó tiempo.

Si es tan difícil encontrar la verdad, cuando lossucesos son contemporáneos, y se realizan ennuestro propio pais, ¿qué diremos de lo que pasaá larga distancia de lugar ó tiempo, ó de uno yotro? ¿Cómo será posible sacar en limpio la verdadde manos de viajeros ó historiadores?

Pormas desconsolador que sea, es preciso confesarlo,quien haya observado de qué modo se abulta, yse exagera, y se disminuye, y se desfigura, y setrastorna de arriba abajo lo mismo que estamosviendo con nuestros ojos, ha de sentirse por necesidadmuy descorazonado al abrir un libro de historiaó de viajes, ó al leer los periódicos, particularmentelos extranjeros.

Quien vive en el mismo tiempo y pais de los[Pg 67]acontecimientos tiene muchos medios para evitarel error: ó ve las cosas por sí mismo, ó lee y oyemuy diferentes relaciones que puede compararentre sí; y como está en datos sobre los antecedentesde las personas y de las cosas, como tratacontinuamente con hombres de opuestos interesesy opiniones, como sigue de cerca el curso de latotalidad de los sucesos, no le es imposible á fuerzade trabajos y discrecion el aclarar en algunos puntosla verdad. Pero ¿qué será del desgraciadolector que mora allá en lejanos paises, y quizas álarga distancia de siglos, y no tiene otro guia queel periódico ú obra que por casualidad encuentraen un gabinete de lectura, ó en una biblioteca, óque habrá adquirido por haber visto recomendadosen alguna parte aquellos escritos, ú oido elogiosde quien presumia entenderlo?

Tres son los conductos por los cuales solemosadquirir conocimiento de lo que pasa en tiempos ylugares distantes: los periódicos, las relaciones delos viajeros, y las historias. Diré cuatro palabrassobre cada uno de ellos[8].

CAPÍTULO IX.

LOS PERIÓDICOS.

§ I.

Una ilusion.

Creen algunos que con respecto á los paisesdonde está en vigor la libertad de imprenta, no esmuy difícil encontrar la verdad, porque teniendo[Pg 68]todo linaje de intereses y opiniones algun periódicoque les sirve de órgano, los unos desvanecen loserrores de los otros, brotando del cotejo la luz dela verdad. «Entre todos lo saben todo y lo dicentodo; no se necesita mas que paciencia en leer,cuidado en comparar, tino en discernir y prudenciaen juzgar.» Así discurren algunos. Yo creo queesto es pura ilusion: y lo primero que asiento esque ni con respecto á las personas ni las cosas, losperiódicos no lo dicen todo, ni con mucho, ni aunaquello que saben bien los redactores, hasta en lospaises mas libres.

§ II.

Los periódicos no lo dicen todo sobre las personas.

Estamos presenciando á cada paso que los partidariosde lo que se llama una notabilidad, laensalzan con destemplados elogios; miéntras susadversarios le regalan á manos llenas los dictadosde ignorante, estúpido, inhumano, sanguinario,tigre, traidor, monstruo, y otras lindezas por esteestilo. El saber, los talentos, la honradez, la amabilidad,la generosidad y otras cualidades que leatribuían al héroe los escritores de su devocion,quedan en verdad algo ajadas con los cumplimientosde sus enemigos; pero al fin, ¿qué sacais enlimpio de esta baraunda? ¿Qué pensará el extranjeroque ha de decidirse por uno de los extremos,ó adoptar un justo medio á manera de árbitroarbitrador? El resultado es andar á tientas, yverse precisado ó á suspender el juicio ó á caer encrasos errores. La carrera pública del hombre en[Pg 69]cuestion no siempre está señalada por actos biencaracterizados; y ademas lo que haya en ellos debueno ó malo, no siempre es bien claro si debeatribuirse á él ó á sus subalternos.

Lo curioso es que á veces entre tanta contienda,la opinion pública en ciertos círculos, y quizas entodo el pais, está fijada sobre el personaje, desuerte que no parece sino que se miente de comunacuerdo. En efecto, hablad con los hombres queno carecen de noticias, quizas con los mismos quele han declarado mas cruda guerra; «lo que estalento, oiréis, nadie se lo niega; sabe mucho yno tiene malas intenciones; pero qué quiere V.?....se ha metido en eso, y es preciso desbancarle;yo soy el primero en respetarle como á personaprivada; y ojalá que nos hubiese escuchado á nosotros;nos hubiera servido mucho, y habria representadoun papel brillante.

«¿Veis á ese otro tanhonrado, tan inteligente, tan activo y enérgico,que al decir de ciertos periódicos, él y solo él,puede apartar la patria del borde del abismo? Escuchadá los que le conocen de cerca, y tal vez ásus mas ardientes defensores.» Que es un infeliz,ya lo sabemos; pero al fin es el hombre que nosconviene, y de álguien nos hemos de valer. Se leacusa de impuros manejos; esto ¿quién lo ignora?en el banco A tiene puestos tales fondos, y ahorava á hacer otro tanto en el banco B. En verdad queroba de una manera demasiado escandalosa, peromire V., esto es ya tan comun...., y ademas, cuandole acusan nuestros adversarios, no es menesterque uno le deje en las astas del toro. ¿No sabe V.la historia de ese hombre? pues yo le voy á contar[Pg 70]á V. su vida y milagros...» Y se os refieren susaventuras, sus altos y bajos, y sus maldades ó miserias,ó necedades, y desde entónces ya no padeceisilusiones, y juzgais en adelante con seguridady acierto.

Estas proporciones no las disfrutan por lo comunlos extranjeros, ni los nacionales que se contentancon la lectura de los periódicos, y así creyendoque la comparacion de los de opuestas opinionesles aclara suficientemente la verdad, se formanlos mas equivocados conceptos sobre los hombresy las cosas.

El temor de ser denunciados, de indisponersecon determinadas personas, el respeto debido á lavida privada, el decoro propio, y otros motivossemejantes, impiden á menudo á los periódicos eldescender á ciertos pormenores, y referir anécdoctasque retratan al vivo al personaje á quienatacan; sucediendo á veces que con la misma exageracionde los cargos, la destemplanza de lasinvectivas, y la crueldad de las sátiras, no le hacenni con mucho el daño que se le podria hacercon la sencilla y sosegada exposicion de algunoshechos particulares.

Los escritores distinguen casi siempre entre elhombre privado y el hombre público; esto es muybueno en la mayor parte de los casos, porque deotra suerte la polémica periodística, ya demasiadoagria y descompuesta, se convirtiera bien prontoen un lodazal donde se revolvieran inmundiciasintolerables; pero esto no quita que la vida privadade un hombre no sirva muy bien para conjeturarsobre su conducta en los destinos públicos. Quien[Pg 71]en el trato ordinario no respeta la hacienda ajena,¿creeis que procederá con pureza cuando maneje elerario de la nacion?

El hombre de mala fe, sinconvicciones de ninguna clase, sin religion, sinmoral, ¿creeis que será consecuente en los principiospolíticos que aparenta profesar, y que en suspalabras y promesas puede descansar tranquilo elgobierno que se vale de sus servicios? El epicúreopor sistema, que en su pueblo insultaba sin pudorel decoro público, siendo mal marido y mal padre,¿creeis que renunciará a su libertinaje cuando sevea elevado á la magistratura, y que de su corrupciony procacidad nada tendrán que temer la inocenciay la fortuna de los buenos, nada que esperarla insolencia y la injusticia de los malos? Ynada de esto dicen los periódicos, nada puedendecir, aunque les conste á los escritores sin ningungénero de duda.

§ III.

Los periódicos no lo dicen todo sobre las cosas.

Hasta en política, no es verdad que los periódicoslo digan todo. ¿Quién ignora cuánto distan porlo comun las opiniones que se manifiestan en amistosaconversacion de lo que se expresa por escrito?Cuando se escribe en público hay siempre algunasformalidades que cubrir, y muchas consideracionesque guardar; no pocos dicen lo contrario de lo quepiensan; y hasta los mas rígidos en materia de veracidadse hallan á veces precisados ya que no ádecir lo que no piensan, al ménos á decir muchoménos de lo que piensan. Conviene no olvidar estas[Pg 72]advertencias, si se quiere saber algo mas en politicade lo que anda por ese mundo como monedafalsa de muchos reconocida, pero recíprocamenteaceptada, sin que por esto se equivoquen los inteligentessobre su peso y ley.[9]

CAPÍTULO X.

RELACIONES DE VIAJES.

§ I.

Dos partes muy diferentes en las relaciones de viajes.

En esta clase de escritos deben distinguirse dospartes: las descripciones de objetos que ha visto,ó escenas que ha presenciado el viajero; y las demasnoticias y observaciones de que llena su obra.Por lo tocante á lo primero, conviene recordar loque se ha dicho sobre la veracidad; añadiéndosedos advertencias: 1ª. que la desconfianza de lafidelidad de los cuadros debe guardar alguna proporcioncon la distancia del lugar de la escena, poraquello de: luengas tierras, luengas mentiras;2ª. que los viajeros corren riesgo de exagerar,desfigurar, y hasta fingir, haciendo formar ideasmuy equivocadas sobre el pais que describen,por el vanidoso prurito de hacerse interesantes, yde darse importancia, contando peregrinas aventuras.

En cuanto á las demas noticias y observaciones,no es dable reducir á reglas fijas el modo de distinguir[Pg 73]la verdad del error; mayormente siendoimposible esta tarea en muchísimos casos. Peroserá bien presentar reflexiones que llenen de algunmodo el vacío de las reglas, inspirando prudentedesconfianza y manteniendo en guarda á los inexpertosé incautos.

§ II.

Orígen y formacion de algunas relaciones de viajes.

¿Cómo se hacen la mayor parte de los viajes?Pasando no mas que por los lugares mas famosos,deteniéndose algun tanto en los puntos principales,y atravesando el pais intermedio tan rápidamentecomo es posible; pues á ello instigan tres causaspoderosas: ahorrar tiempo, economizar dinero,y disminuir la molestia. Si el pais es culto, conbuenos caminos, con canales, rios y costas depronta navegacion, el viajero salta de una capitalá otra disparándose como una flecha; dormitandocon el mecimiento del coche ó de la nave, y asomandola cabeza por la portezuela para recrearsecon la vista de algun bello paisaje, ó paseándosesobre cubierta contemplando las orillas del rio cuyacorriente le arrebata. Resulta de ahí que todo elpais intermedio queda completamente desconocido,en cuanto concierne á ideas, religion, usos y costumbres.Algo ve sobre la calidad del terreno y lostrajes de los moradores, porque ambos objetosse le ofrecen á los ojos; pero hasta en estas cosassi el viajero no es cauto, y pretende hablar en general,podrá dar á sus lectores las noticias mas falsasy extravagantes. Si de aquí á algunos años logramos[Pg 74]navegar por el Ebro desde Zaragoza á Tortosa,el viajero que pintase el terreno y los trajes deAragon y Cataluña, ateniéndose á lo que hubiesevisto en la ribera del rio, por cierto que les proporcionariaá sus lectores copia disparatada.

Ahora reflexione el aficionado á relaciones deviajes, el caso que debe hacer de las detalladasnoticias sobre un pais de muchos millares de leguascuadradas descrito por un viajero que le haobservado de la susodicha manera. «El que lo havisto de cerca lo dice, así será sin asomo de duda:»de esta suerte hablas, ó crédulo lector, pensandoque en recoger aquellas noticias ha puesto tu guiagran trabajo y cuidado; pues yo te diré lo quepodria muy bien haber sucedido, y otra vez no tedejarás engañar con tanta facilidad.

Llegado el viajero á la capital, tal vez con escasoconocimiento de la lengua, y quizas con ninguno,habrá andado atolondrado y confuso algunos dias,en el laberinto de calles y plazas, desplegando ámenudo el plano de la ciudad, preguntando á cadaesquina, y saliendo del paso del mejor modo posible,para encontrar la oficina de pasaportes, la casade la embajada, y los sugetos para quienes llevacarta de recomendacion. Este tiempo no es muy ápropósito para observar; y si á ratos toma coche,para librarse de cansancio y evitar extravío, tantopeor para los apuntes de su cartera: todo desfilaá sus ojos con mucha rapidez como en linternamágica las ilusiones de los cuadros; recogerá muygratas sensaciones, pero no muchas noticias. Vieneen seguida la visita de los principales edificios,monumentos, bellezas y preciosidades cuyo índice[Pg 75]encuentra en la guia; y ó la capital no ha de serde las mayores, ó se le han pasado muchos diasen la expresada tarea. La estacion se adelanta, espreciso todavía visitar otras ciudades, acudir á losbaños, presenciar tal ó cual escena en un puntolejano, el viajero ha de tomar la posta, y correr áejecutar en otra parte lo que acaba de practicar allí.A los pocos meses de su partida del suelo natal,está ya de vuelta, y ordena durante el inviernosus apuntes, y en la primavera se halla de ventaun abultado tomo sobre el viaje. Agricultura,artes, comercio, ciencia, política, ideas populares,religion, usos, costumbres, carácter, todo lo haobservado de cerca el afortunado viajero; en sulibro se halla la estadística universal del pais; creedlesobre su palabra y podréis ahorraros el trabajode salir de vuestro gabinete, sin que ignoreis losmas pequeños y delicados pormenores.

¿Cómo ha podido adquirir tanta copia de noticias?Un Argos no bastara para ver y notar tantoen tan breve tiempo; y ademas, ¿cómo habrá sabidolo que pasaba allí donde no ha estado, es decir,á centenares de leguas á derecha é izquierda de lacarretera, canal ó rio por donde viajaba?

Héloaquí. Cuando al dar los primeros rayos del sol ála portezuela del coche, se habrá dispertado, ybostezando, y desperezándose habrá echado unaojeada sobre el pais, que no se parece ya á lo queera el de anoche, cruzando y arreglando las piernascon el caballero de enfrente, habrá trabadoquizas la siguiente conversacion.—V. conoce elpais este?—Un poco.—El pueblo aquel cómo sellama?—Si mal no me acuerdo es N.—Los principales[Pg 76]productos del pais?—N.—

¿La industria?—N.—Carácter?—Flemáticocomo el postillon.—Riqueza?—Como judios.