Don Quijote by Miguel de Cervantes Saavedra - HTML preview

PLEASE NOTE: This is an HTML preview only and some elements such as links or page numbers may be incorrect.
Download the book in PDF, ePub, Kindle for a complete version.
El ingenioso hidalgo don Quijote de la

Mancha

por Miguel de Cervantes Saavedra

EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA

Tasa

Testimonio de las erratas

El Rey

Al Duque de Béjar

Prólogo

Al libro de don Quijote de la Mancha

I.

Que trata de la condición y ejercicio del famosohidalgo don Quijote de la Mancha

II.

Que trata de la primera salida que de su tierra hizoel ingenioso don Quijote

III.

Donde se cuenta la graciosa manera que tuvo donQuijote en armarse caballero

IV.

De lo que le sucedió a nuestro caballero cuando salióde la venta

V.

Donde se prosigue la narración de la desgracia denuestro caballero

VI.

Del donoso y grande escrutinio que el cura y elbarbero hicieron en la librería de nuestro

ingenioso hidalgo

VII.

De la segunda salida de nuestro buen caballero donQuijote de la Mancha

VIII.

Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo enla espantable y jamás imaginada

aventura de los molinos de viento, conotros sucesos dignos de felice recordación

IX.

Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla queel gallardo vizcaíno y el valiente

manchego tuvieron

X.

De lo que más le avino a don Quijote con el vizcaíno, ydel peligro en que se vio con una

turba de yangüeses

XI.

De lo que le sucedió a don Quijote con unoscabreros

XII.

De lo que contó un cabrero a los que estaban con donQuijote

XIII.

Donde se da fin al cuento de la pastora Marcela, conotros sucesos

XIV.

Donde se ponen los versos desesperados del difuntopastor, con otros no esperados

sucesos

XV.

Donde se cuenta la desgraciada aventura que se topódon Quijote en topar con unos

desalmados yangüeses

XVI.

De lo que le sucedió al ingenioso hidalgo en la ventaque él imaginaba ser castillo

XVII.

Donde se prosiguen los innumerables trabajos que elbravo don Quijote y su buen

escudero Sancho Panza pasaron en la ventaque, por su mal, pensó que era castillo

XVIII.

Donde se cuentan las razones que pasó Sancho Panzacon su señor Don Quijote, con otras

aventuras dignas de sercontadas

XIX.

De las discretas razones que Sancho pasaba con suamo, y de la aventura que le sucedió

con un cuerpo muerto, con otrosacontecimientos famosos

XX.

De la jamás vista ni oída aventura que con más pocopeligro fue acabada de famoso

caballero en el mundo, como la que acabóel valeroso don Quijote de la Mancha

XXI.

Que trata de la alta aventura y rica ganancia delyelmo de Mambrino, con otras cosas

sucedidas a nuestro invenciblecaballero

XXII.

De la libertad que dio don Quijote a muchosdesdichados que, mal de su grado, los

llevaban donde no quisieranir

XXIII.

De lo que le aconteció al famoso don Quijote enSierra Morena, que fue una de las más

raras aventuras que en estaverdadera historia se cuentan

XXIV.

Donde se prosigue la aventura de la SierraMorena

XXV.

Que trata de las estrañas cosas que en Sierra Morenasucedieron al valiente caballero de la

Mancha, y de la imitación quehizo a la penitencia de Beltenebros

XXVI.

Donde se prosiguen las finezas que de enamorado hizodon Quijote en Sierra Morena

XXVII.

De cómo salieron con su intención el cura y elbarbero, con otras cosas dignas de que se

cuenten en esta grandehistoria

XXVIII.

Que trata de la nueva y agradable aventura que alcura y barbero sucedió en la mesma

sierra

XXIX.

Que trata de la discreción de la hermosa Dorotea,con otras cosas de mucho gusto y

pasatiempo

XXX.

Que trata del gracioso artificio y orden que se tuvoen sacar a nuestro enamorado

caballero de la asperísima penitencia enque se había puesto

XXXI.

De los sabrosos razonamientos que pasaron entre donQuijote y Sancho Panza, su

escudero, con otros sucesos

XXXII.

Que trata de lo que sucedió en la venta a toda lacuadrilla de don Quijote

XXXIII.

Donde se cuenta la novela del Curiosoimpertinente

XXXIV.

Donde se prosigue la novela del Curiosoimpertinente

XXXV.

Donde se da fin a la novela del Curiosoimpertinente

XXXVI.

Que trata de la brava y descomunal batalla que donQuijote tuvo con unos cueros de vino

tinto, con otros raros sucesosque en la venta le sucedieron

XXXVII.

Que prosigue la historia de la famosa infantaMicomicona, con otras graciosas aventuras

XXXVIII.

Que trata del curioso discurso que hizo donQuijote de las armas y las letras

XXXIX.

Donde el cautivo cuenta su vida y sucesos

XL.

Donde se prosigue la historia del cautivo

XLI.

Donde todavía prosigue el cautivo su suceso

XLII.

Que trata de lo que más sucedió en la venta y deotras muchas cosas dignas de saberse

XLIII.

Donde se cuenta la agradable historia del mozo demulas, con otros estraños

acaecimientos en la venta sucedidos]

XLIV.

Donde se prosiguen los inauditos sucesos de laventa

XLV.

Donde se acaba de averiguar la duda del yelmo deMambrino y de la albarda, y otras

aventuras sucedidas, con todaverdad

XLVI.

De la notable aventura de los cuadrilleros, y lagran ferocidad de nuestro buen caballero

don Quijote

XLVII.

Del estraño modo con que fue encantado don Quijotede la Mancha, con otros famosos

sucesos

XLVIII.

Donde prosigue el canónigo la materia de loslibros de caballerías, con otras cosas dignas

de su ingenio

XLIX.

Donde se trata del discreto coloquio que SanchoPanza tuvo con su señor don Quijote

L.

De las discretas altercaciones que don Quijote y elcanónigo tuvieron, con otros sucesos

LI.

Que trata de lo que contó el cabrero a todos los quellevaban a don Quijote

LII.

De la pendencia que don Quijote tuvo con el cabrero,con la rara aventura de los

deceplinantes, a quien dio felice fin acosta de su sudor

SEGUNDA PARTE DEL INGENIOSO CABALLERO DON QUIJOTE DE LA MANCHA

Tasa

Fee de erratas

Aprobaciones

Dedicatoria, al conde de Lemos

Prólogo al lector

I.

De lo que el cura y el barbero pasaron con donQuijote cerca de su enfermedad

II.

Que trata de la notable pendencia que Sancho Panzatuvo con la sobrina y ama de don

Quijote, con otros sujetosgraciosos

III.

Del ridículo razonamiento que pasó entre don Quijote,Sancho Panza y el bachiller Sansón

Carrasco

IV.

Donde Sancho Panza satisface al bachiller SansónCarrasco de sus dudas y preguntas, con

otros sucesos dignos de sabersey de contarse

V.

De la discreta y graciosa plática que pasó entre SanchoPanza y su mujer Teresa Panza, y

otros sucesos dignos de felicerecordación

VI.

De lo que le pasó a Don Quijote con su sobrina y consu ama, y es uno de los importantes

capítulos de toda la historia

VII.

De lo que pasó don Quijote con su escudero, con otrossucesos famosísimos

VIII.

Donde se cuenta lo que le sucedió a don Quijote,yendo a ver su señora Dulcinea del

Toboso

IX.

Donde se cuenta lo que en él se verá

X.

Donde se cuenta la industria que Sancho tuvo paraencantar a la señora Dulcinea, y de

otros sucesos tan ridículos comoverdaderos

XI.

De la estraña aventura que le sucedió al valeroso donQuijote con el carro, o carreta, de

Las Cortes de la Muerte

XII.

De la estraña aventura que le sucedió al valeroso donQuijote con el bravo Caballero de

los Espejos

XIII.

Donde se prosigue la aventura del Caballero delBosque, con el discreto, nuevo y suave

coloquio que pasó entre los dosescuderos

XIV.

Donde se prosigue la aventura del Caballero delBosque

XV.

Donde se cuenta y da noticia de quién era el Caballerode los Espejos y su escudero

XVI.

De lo que sucedió a don Quijote con un discretocaballero de la Mancha

XVII.

De donde se declaró el último punto y estremo adondellegó y pudo llegar el inaudito

ánimo de don Quijote, con lafelicemente acabada aventura de los leones

XVIII.

De lo que sucedió a don Quijote en el castillo ocasa del Caballero del Verde Gabán, con

otras cosas extravagantes

XIX.

Donde se cuenta la aventura del pastor enamorado, conotros en verdad graciosos sucesos

XX.

Donde se cuentan las bodas de Camacho el rico, con elsuceso de Basilio el pobre

XXI.

Donde se prosiguen las bodas de Camacho, con otrosgustosos sucesos

XXII.

Donde se da cuenta de la grande aventura de la cuevade Montesinos, que está en el

corazón de la Mancha, a quien dio felicecima el valeroso don Quijote de la Mancha

XXIII.

De las admirables cosas que el estremado donQuijote contó que había visto en la

profunda cueva de Montesinos, cuyaimposibilidad y grandeza hace que se tenga esta

aventura porapócrifa

XXIV.

Donde se cuentan mil zarandajas tan impertinentescomo necesarias al verdadero

entendimiento desta grande historia

XXV.

Donde se apunta la aventura del rebuzno y la graciosadel titerero, con las memorables

adivinanzas del mono adivino

XXVI.

Donde se prosigue la graciosa aventura del titerero,con otras cosas en verdad harto

buenas

XXVII.

Donde se da cuenta quiénes eran maese Pedro y sumono, con el mal suceso que don

Quijote tuvo en la aventura delrebuzno, que no la acabó como él quisiera y como lo tenía

pensado

XXVIII.

De cosas que dice Benengeli que las sabrá quien leleyere, si las lee con atención

XXIX.

De la famosa aventura del barco encantado

XXX.

De lo que le avino a don Quijote con una bellacazadora

XXXI.

Que trata de muchas y grandes cosas

XXXII.

De la respuesta que dio don Quijote a sureprehensor, con otros graves y graciosos

sucesos

XXXIII.

De la sabrosa plática que la duquesa y susdoncellas pasaron con Sancho Panza, digna de

que se lea y de que senote

XXXIV.

Que cuenta de la noticia que se tuvo de cómo sehabía de desencantar la sin par Dulcinea

del Toboso, que es una de lasaventuras más famosas deste libro

XXXV.

Donde se prosigue la noticia que tuvo don Quijotedel desencanto de Dulcinea, con otros

admirables sucesos

XXXVI.

Donde se cuenta la estraña y jamás imaginadaaventura de la dueña Dolorida, alias de la

condesa Trifaldi, con unacarta que Sancho Panza escribió a su mujer Teresa Panza

XXXVII.

Donde se prosigue la famosa aventura de la dueñaDolorida

XXXVIII.

Donde se cuenta la que dio de su mala andanza ladueña Dolorida

XXXIX.

Donde la Trifaldi prosigue su estupenda y memorablehistoria

XL.

De cosas que atañen y tocan a esta aventura y a estamemorable historia

XLI.

De la venida de Clavileño, con el fin desta dilatadaaventura

XLII.

De los consejos que dio don Quijote a Sancho Panzaantes que fuese a gobernar la ínsula,

con otras cosas bienconsideradas

XLIII.

De los consejos segundos que dio don Quijote aSancho Panza

XLIV.

Cómo Sancho Panza fue llevado al gobierno, y de laestraña aventura que en el castillo

sucedió a don Quijote

XLV.

De cómo el gran Sancho Panza tomó la posesión de suínsula, y del modo que comenzó a

gobernar

XLVI.

Del temeroso espanto cencerril y gatuno que recibiódon Quijote en el discurso de los

amores de la enamoradaAltisidora

XLVII.

Donde se prosigue cómo se portaba Sancho Panza ensu gobierno

XLVIII.

De lo que le sucedió a don Quijote con doñaRodríguez, la dueña de la duquesa, con otros

acontecimientos dignos deescritura y de memoria eterna

XLIX.

De lo que le sucedió a Sancho Panza rondando suínsula

L.

Donde se declara quién fueron los encantadores yverdugos que azotaron a la dueña y

pellizcaron y arañaron a donQuijote, con el suceso que tuvo el paje que llevó la carta a

TeresaSancha, mujer de Sancho Panza

LI.

Del progreso del gobierno de Sancho Panza, con otrossucesos tales como buenos

LII.

Donde se cuenta la aventura de la segunda dueñaDolorida, o Angustiada, llamada por

otro nombre doña Rodríguez

LIII.

Del fatigado fin y remate que tuvo el gobierno deSancho Panza

LIV.

Que trata de cosas tocantes a esta historia, y no aotra alguna

LV.

De cosas sucedidas a Sancho en el camino, y otras queno hay más que ver

LVI.

De la descomunal y nunca vista batalla que pasó entredon Quijote de la Mancha y el

lacayo Tosilos, en la defensa de la hijade la dueña doña Rodríguez

LVII.

Que trata de cómo don Quijote se despidió del duque,y de lo que le sucedió con la

discreta y desenvuelta Altisidora,doncella de la duquesa

LVIII.

Que trata de cómo menudearon sobre don Quijoteaventuras tantas, que no se daban vagar

unas a otras

LIX.

Donde se cuenta del extraordinario suceso, que sepuede tener por aventura, que le

sucedió a don Quijote

LX.

De lo que sucedió a don Quijote yendo a Barcelona

LXI.

De lo que le sucedió a don Quijote en la entrada deBarcelona, con otras cosas que tienen

más de lo verdadero que de lodiscreto

LXII.

Que trata de la aventura de la cabeza encantada, conotras niñerías que no pueden dejar de

contarse

LXIII.

De lo mal que le avino a Sancho Panza con la visitade las galeras, y la nueva aventura de

la hermosa morisca

LXIV.

Que trata de la aventura que más pesadumbre dio adon Quijote de cuantas hasta entonces

le habían sucedido

LXV.

Donde se da noticia quién era el de la Blanca Luna,con la libertad de Don Gregorio, y de

otros sucesos

LXVI.

Que trata de lo que verá el que lo leyere, o lo oiráel que lo escuchare leer

LXVII.

De la resolución que tomó don Quijote de hacersepastor y seguir la vida del campo, en

tanto que se pasaba el año de supromesa, con otros sucesos en verdad gustosos y buenos

LXVIII.

De la cerdosa aventura que le aconteció a donQuijote

LXIX.

Del más raro y más nuevo suceso que en todo eldiscurso desta grande historia avino a

don Quijote

LXX.

Que sigue al de sesenta y nueve, y trata de cosas noescusadas para la claridad desta

historia

LXXI.

De lo que a don Quijote le sucedió con su escuderoSancho yendo a su aldea

LXXII.

De cómo don Quijote y Sancho llegaron a sualdea

LXXIII.

De los agüeros que tuvo don Quijote al entrar desu aldea, con otros sucesos que adornan

y acreditan esta grandehistoria

LXXIV.

De cómo don Quijote cayó malo, y del testamento quehizo, y su muerte

El ingenioso hidalgo don Quijote de la

Mancha

TASA

Yo, Juan Gallo de Andrada, escribano de Cámara del Rey nuestro señor, delos que residen en su Consejo, certifico y doy fe que, habiendo visto porlos señores dél un libro intitulado El ingenioso hidalgo de la Mancha,compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra, tasaron cada pliego del dicholibro a tres maravedís y medio; el cual tiene ochenta y tres pliegos, queal dicho precio monta el dicho libro docientos y noventa maravedís y medio,en que se ha de vender en papel; y dieron licencia para que a este preciose pueda vender, y mandaron que esta tasa se ponga al principio del dicholibro, y no se pueda vender sin ella. Y, para que dello conste, di lapresente en Valladolid, a veinte días del mes de deciembre de mil yseiscientos y cuatro años.

Juan Gallo de Andrada.

TESTIMONIO DE LAS ERRATAS

Este libro no tiene cosa digna que no corresponda a su original; entestimonio de lo haber correcto, di esta fee. En el Colegio de la Madre deDios de los Teólogos de la , en primero de diciembre

de 1604 años.

El licenciado Francisco Murcia de la Llana.

EL REY

Por cuanto por parte de vos, Miguel de Cervantes, nos fue fecha relaciónque habíades compuesto un libro intitulado El ingenioso hidalgo de laMancha, el cual os había costado mucho trabajo y era muy útil y provechoso,nos pedistes y suplicastes os mandásemos dar licencia y facultad para lepoder imprimir, y previlegio por el tiempo que fuésemos servidos, o como lanuestra merced fuese; lo cual visto por los del nuestro Consejo, por cuantoen el dicho libro se hicieron las diligencias que la premática últimamentepor nos fecha sobre la impresión de los libros dispone, fue acordado quedebíamos mandar dar esta nuestra cédula para vos, en la dicha razón; y nostuvímoslo por bien. Por la cual, por os hacer bien y merced, os damoslicencia y facultad para que vos, o la persona que vuestro poder hubiere, yno otra alguna, podáis imprimir el dicho libro, intitulado El ingeniosohidalgo de la Mancha, que desuso se hace mención, en todos estos nuestrosreinos de Castilla, por tiempo y espacio de diez años, que corran y secuenten desde el dicho día de la data desta nuestra cédula; so pena que lapersona o personas que, sin tener vuestro poder, lo imprimiere o vendiere,o hiciere imprimir o vender, por el mesmo caso pierda la impresión quehiciere, con los moldes y aparejos della; y más, incurra en pena decincuenta mil maravedís cada vez que lo contrario hiciere. La cual dichapena sea la tercia parte para la persona que lo acusare, y la otra terciaparte para nuestra Cámara, y la otra tercia parte para el juez que losentenciare. Con tanto que todas las veces que hubiéredes de hacer imprimirel dicho libro, durante el tiempo de los dichos diez años, le traigáis alnuestro Consejo, juntamente con el original que en él fue visto, que varubricado cada plana y firmado al fin dél de Juan Gallo de Andrada, nuestroEscribano de Cámara, de los que en él residen, para saber si la dichaimpresión está conforme el original; o traigáis fe en pública forma de cómopor corretor nombrado por nuestro mandado, se vio y corrigió la dichaimpresión por el original, y se imprimió conforme a él, y quedan impresaslas erratas por él apuntadas, para cada un libro de los que así fuerenimpresos, para que se tase el precio que por cada volume hubiéredes dehaber. Y

mandamos al impresor que así imprimiere el dicho libro, no imprimael principio ni el primer pliego dél, ni entregue más de un solo libro conel original al autor, o persona a cuya costa lo imprimiere, ni otro alguno,para efeto de la dicha correción y tasa, hasta que antes y primero el dicholibro esté corregido y tasado por los del nuestro Consejo; y, estandohecho, y no de otra manera, pueda imprimir el dicho principio y primerpliego, y sucesivamente ponga esta nuestra cédula y la aprobación, tasa yerratas, so pena de caer e incurrir en las penas contenidas en las leyes ypremáticas destos nuestros reinos. Y mandamos a los del nuestro Consejo, ya otras cualesquier justicias dellos, guarden y cumplan esta nuestra cédulay lo en ella contenido. Fecha en Valladolid, a veinte y seis días del mesde setiembre de mil y seiscientos y cuatro años.

YO, EL REY.

Por mandado del Rey nuestro señor:

Juan de Amezqueta.

AL DUQUE DE BÉJAR,

marqués de Gibraleón, conde de Benalcázar y Bañares, vizconde de La Puebla deAlcocer, señor de las villas de Capilla, Curiel y Burguillos

En fe del buen acogimiento y honra que hace Vuestra Excelencia a todasuerte de libros, como príncipe tan inclinado a favorecer las buenas artes,mayormente las que por su nobleza no se abaten al servicio y granjerías delvulgo, he determinado de sacar a luz al Ingenioso hidalgo don Quijote de laMancha, al abrigo del clarísimo nombre de Vuestra Excelencia, a quien, conel acatamiento que debo a tanta grandeza, suplico le reciba agradablementeen su protección, para que a su sombra, aunque desnudo de aquel preciosoornamento de elegancia y erudición de que suelen andar vestidas las obrasque se componen en las casas de los hombres que saben, ose parecerseguramente en el juicio de algunos que, continiéndose en los límites de suignorancia, suelen condenar con más rigor y menos justicia los trabajosajenos; que, poniendo los ojos la prudencia de Vuestra Excelencia en mibuen deseo, fío que no desdeñará la cortedad de tan humilde servicio.

Miguel de Cervantes Saavedra.

PRÓLOGO

Desocupado lector: sin juramento me podrás creer que quisiera que estelibro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo ymás discreto que pudiera imaginarse.

Pero no he podido yo contravenir alorden de naturaleza; que en ella cada cosa engendra su semejante. Y así,¿qué podrá engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino lahistoria de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientosvarios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró enuna cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo tristeruido hace su habitación? El sosiego, el lugar apacible, la amenidad de loscampos, la serenidad de los cielos, el murmurar de las fuentes, la quietuddel espíritu son grande parte para que las musas más estériles se muestrenfecundas y ofrezcan partos al mundo que le colmen de maravilla y decontento. Acontece tener un padre un hijo feo y sin gracia alguna, y elamor que le tiene le pone una venda en los ojos para que no vea sus faltas,antes las juzga por discreciones y lindezas y las cuenta a sus amigos poragudezas y donaires. Pero yo, que, aunque parezco padre, soy padrastro deDon Quijote, no quiero irme con la corriente del uso, ni suplicarte, casicon las lágrimas en los ojos, como otros hacen, lector carísimo, queperdones o disimules las faltas que en este mi hijo vieres; y ni eres supariente ni su amigo, y tienes tu alma en tu cuerpo y tu libre albedríocomo el más pintado, y estás en tu casa, donde eres señor della, como elrey de sus alcabalas, y sabes lo que comúnmente se dice: que debajo de mimanto, al rey mato. Todo lo cual te esenta y hace libre de todo respecto yobligación; y así, puedes decir de la historia todo aquello que tepareciere, sin temor que te calunien por el mal ni te premien por el bienque dijeres della.

Sólo quisiera dártela monda y desnuda, sin el ornato de prólogo, ni de lainumerabilidad y catálogo de los acostumbrados sonetos, epigramas y elogiosque al principio de los libros suelen ponerse. Porque te sé decir que,aunque me costó algún trabajo componerla, ninguno tuve por mayor que haceresta prefación que vas leyendo. Muchas veces tomé la pluma para escribille,y muchas la dejé, por no saber lo que escribiría; y, estando una suspenso,con el papel delante, la pluma en la oreja, el codo en el bufete y la manoen la mejilla, pensando lo que diría, entró a deshora un amigo mío,gracioso y bien entendido, el cual, viéndome tan imaginativo, me preguntóla causa; y, no encubriéndosela yo, le dije que pensaba en el prólogo quehabía de hacer a la historia de don Quijote, y que me tenía de suerte queni quería hacerle, ni menos sacar a luz las hazañas de tan noble caballero.

— Porque, ¿cómo queréis vos que no me tenga confuso el qué dirá el antiguolegislador que llaman vulgo cuando vea que, al cabo de tantos años como haque duermo en el silencio del olvido, salgo ahora, con todos mis años acuestas, con una leyenda seca como un esparto, ajena de invención, menguadade estilo, pobre de concetos y falta de toda erudición y doctrina; sinacotaciones en las márgenes y sin anotaciones en el fin del libro, como veoque están otros libros, aunque sean fabulosos y profanos, tan llenos desentencias de Aristóteles, de Platón y de toda la caterva de filósofos, queadmiran a los leyentes y tienen a sus autores por hombres leídos, eruditosy elocuentes? ¡Pues qué, cuando citan la Divina Escritura! No dirán sinoque son unos santos Tomases y otros doctores de la Iglesia; guardando enesto un decoro tan ingenioso, que en un renglón han pintado un enamoradodestraído y en otro hacen un sermoncico cristiano, que es un contento y unregalo oílle o leelle. De todo esto ha de carecer mi libro, porque ni tengoqué acotar en el margen, ni qué anotar en el fin, ni menos sé qué autoressigo en él, para ponerlos al principio, como hacen todos, por las letrasdel A.B.C., comenzando en Aristóteles y acabando en Xenofonte y en Zoílo oZeuxis, aunque fue maldiciente el uno y pintor el otro. También ha decarecer mi libro de sonetos al principio, a lo menos de sonetos cuyosautores sean duques, marqueses, condes, obispos, damas o poetascelebérrimos; aunque, si yo los pidiese a dos o tres oficiales amigos, yosé que me los darían, y tales, que no les igualasen los de aquellos quetienen más nombre en nuestra España. En fin, señor y amigo mío —proseguí—,yo determino que el señor don Quijote se quede sepultado en sus archivos enla Mancha, hasta que el cielo depare quien le adorne de tantas cosas comole faltan; porque yo me hallo incapaz de remediarlas, por mi insuficienciay pocas letras, y porque naturalmente soy poltrón y perezoso de andarmebuscando autores que digan lo que yo me sé decir sin ellos. De aquí nace lasuspensión y elevamiento, amigo, en que me hallastes; bastante causa paraponerme en ella la que de mí habéis oído.

Oyendo lo cual mi amigo, dándose una palmada en la frente y disparando enuna carga de risa, me dijo:

— Por Dios, hermano, que agora me acabo de desengañar de un engaño en que heestado todo el mucho tiempo que ha que os conozco, en el cual siempre os hetenido por discreto y prudente en todas vuestras aciones. Pero agora veoque estáis tan lejos de serlo como lo está el cielo de la tierra. ¿Cómo quees posible que cosas de tan poco momento y tan fáciles de remediar puedantener fuerzas de suspender y absortar un ingenio tan maduro como elvuestro, y tan hecho a romper y atropellar por otras dificultades mayores?A la fe, esto no nace de falta de habilidad, sino de sobra de pereza ypenuria de discurso. ¿Queréis ver si es verdad lo que digo? Pues estadmeatento y veréis cómo, en un abrir y cerrar de ojos, confundo todas vuestrasdificultades y remedio todas las faltas que decís que os suspenden yacobardan para dejar de sacar a la luz del mundo la historia de vuestrofamoso don Quijote, luz y espejo de toda la caballería andante.

— Decid —le repliqué yo, oyendo lo que me decía—: ¿de qué modo pensáisllenar el vacío de mi temor y reducir a claridad el caos de mi confusión?

A lo cual él dijo:

— Lo primero en que reparáis de los sonetos, epigramas o elogios que osfaltan para el principio, y que sean de personajes graves y de título, sepuede remediar en que vos mesmo toméis algún trabajo en hacerlos, y despuéslos podéis bautizar y poner el nombre que quisiéredes, ahijándolos alPreste Juan de las Indias o al Emperador de Trapisonda, de quien yo sé quehay noticia que fueron famosos poetas; y cuando no lo hayan sido y hubierealgunos pedantes y bachilleres que por detrás os muerdan y murmuren destaverdad, no se os dé dos maravedís; porque, ya que os averigüen la mentira,no os han de cortar la mano con que lo escribistes.

»En lo de citar en las márgenes los libros y autores de donde sacáredes lassentencias y dichos que pusiéredes en vuestra historia, no hay más sinohacer, de manera que venga a pelo, algunas sentencias o latines que vossepáis de memoria, o, a lo menos, que os cuesten poco trabajo el buscalle;como será poner, tratando de libertad y cautiverio: Non bene pro toto libertas venditur auro.

Y luego, en el margen, citar a Horacio, o a quien lo dijo. Si tratáredesdel poder de la muerte, acudir luego con:

Pallida

mors

aequo

pulsat

pede

pauperum

tabernas,

Regumque turres.

Si de la amistad y amor que Dios manda que se tenga al enemigo, entrarosluego al punto por la Escritura Divina, que lo podéis hacer con tantico decuriosidad, y decir las palabras, por lo menos, del mismo Dios: Ego autemdico vobis: diligite inimicos vestros. Si tratáredes de malos pensamientos,acudid con el Evangelio: De corde exeunt cogitationes malae. Si de lainstabilidad de los amigos, ahí está Catón, que os dará su dístico:

Donec

eris

felix,

multos

numerabis

amicos,

tempora si fuerint nubila, solus eris.

Y con estos latinicos y otros tales os tendrán siquiera por gramático, queel serlo no es de poca honra y provecho el día de hoy.

»En lo que toca el poner anotaciones al fin del libro, seguramente lopodéis hacer desta manera: si nombráis algún gigante en vuestro libro,hacelde que sea el gigante Golías, y con sólo esto, que os costará casinada, tenéis una grande anotación, pues podéis poner: El gigante Golías, oGoliat, fue un filisteo a quien el pastor David mató de una gran pedrada enel valle de Terebinto, según se cuenta en el Libro de los Reyes, en elcapítulo que vos halláredes que se escribe. Tras esto, para mostraroshombre erudito en letras humanas y cosmógrafo, haced de modo como envuestra historia se nombre el río Tajo, y veréisos luego con otra famosaanotación, poniendo: El río Tajo fue así dicho por un rey de las Españas;tiene su nacimiento en tal lugar y muere en el mar océano, besando losmuros de la famosa ciudad de Lisboa; y es opinión que tiene las arenas deoro, etc. Si tratáredes de ladrones, yo os diré la historia de Caco, que lasé de coro; si de mujeres rameras, ahí está el obispo de Mondoñedo, que osprestará a Lamia, Laida y Flora, cuya anotación os dará gran crédito; si decrueles, Ovidio os entregará a Medea; si de encantadores y hechiceras,Homero tiene a Calipso, y Virgilio a Circe; si de capitanes valerosos, elmesmo Julio César os prestará a sí mismo en sus Comentarios, y Plutarco osdará mil Alejandros. Si tratáredes de amores, con dos onzas que sepáis dela lengua toscana, toparéis con León Hebreo, que os hincha las medidas. Ysi no queréis andaros por tierras extrañas, en vuestra casa tenéis aFonseca, Del amor de Dios, donde se cifra todo lo que vos y el másingenioso acertare a desear en tal materia. En resolución, no hay más sinoque vos procuréis nombrar estos nombres, o tocar estas historias en lavuestra, que aquí he dicho, y dejadme a mí el cargo de poner lasanotaciones y acotaciones; que yo os voto a tal de llenaros las márgenes yde gastar cuatro pliegos en el fin del libro.

»Vengamos ahora a la citación de los autores que los otros libros tienen,que en el vuestro os faltan. El remedio que esto tiene es muy fácil, porqueno habéis de hacer otra cosa que buscar un libro que los acote todos, desdela A hasta la Z, como vos decís. Pues ese mismo abecedario pondréis vos envuestro libro; que, puesto que a la clara se vea la mentira, por la pocanecesidad que vos teníades de aprovecharos dellos, no importa nada; y quizáalguno habrá tan simple, que crea que de todos os habéis aprovechado en lasimple y sencilla historia vuestra; y, cuando no sirva de otra cosa, por lomenos servirá aquel largo catálogo de autores a dar de improviso autoridadal libro. Y más, que no habrá quien se ponga a averiguar si los seguistes ono los seguistes, no yéndole nada en ello. Cuanto más que, si bien caigo enla cuenta, este vuestro libro no tiene necesidad de ninguna cosa deaquellas que vos decís que le falta, porque todo él es una invectiva contralos libros de caballerías, de quien nunca se acordó Aristóteles, ni dijonada San Basilio, ni alcanzó Cicerón; ni caen debajo de la cuenta de susfabulosos disparates las puntualidades de la verdad, ni las observacionesde la astrología; ni le son de importancia las medidas geométricas, ni laconfutación de los argumentos de quien se sirve la retórica; ni tiene paraqué predicar a ninguno, mezclando lo humano con lo divino, que es un génerode mezcla de quien no se ha de vestir ningún cristiano entendimiento. Sólotiene que aprovecharse de la imitación en lo que fuere escribiendo; que,cuanto ella fuere más perfecta, tanto mejor será lo que se escribiere. Y,pues esta vuestra escritura no mira a más que a deshacer la autoridad ycabida que en el mundo y en el vulgo tienen los libros de caballerías, nohay para qué andéis mendigando sentencias de filósofos, consejos de laDivina Escritura, fábulas de poetas, oraciones de retóricos, milagros desantos, sino procurar que a la llana, con palabras significantes, honestasy bien colocadas, salga vuestra oración y período sonoro y festivo;pintando, en todo lo que alcanzáredes y fuere posible, vuestra intención,dando a entender vuestros conceptos sin intricarlos y escurecerlos.Procurad también que, leyendo vuestra historia, el melancólico se mueva arisa, el risueño la acreciente, el simple no se enfade, el discreto seadmire de la invención, el grave no la desprecie, ni el prudente deje dealabarla. En efecto, llevad la mira puesta a derribar la máquina malfundada destos caballerescos libros, aborrecidos de tantos y alabados demuchos más; que si esto alcanzásedes, no habríades alcanzado poco.

Con silencio grande estuve escuchando lo que mi amigo me decía, y de talmanera se imprimieron en mí sus razones que, sin ponerlas en disputa, lasaprobé por buenas y de ellas mismas quise hacer este prólogo; en el cualverás, lector suave, la discreción de mi amigo, la buena ventura mía enhallar en tiempo tan necesitado tal consejero, y el alivio tuyo en hallartan sincera y tan sin revueltas la historia del famoso don Quijote de laMancha, de quien hay opinión, por todos los habitadores del distrito delcampo de Montiel, que fue el más casto enamorado y el más valientecaballero que de muchos años a esta parte se vio en aquellos contornos. Yono quiero encarecerte el servicio que te hago en darte a conocer tan nobley tan honrado caballero, pero quiero que me agradezcas el conocimiento quetendrás del famoso Sancho Panza, su escudero, en quien, a mi parecer, tedoy cifradas todas las gracias escuderiles que en la caterva de los librosvanos de caballerías están esparcidas.

Y con esto, Dios te dé salud, y a mí no olvide. Vale.

AL LIBRO DE DON QUIJOTE DE LA MANCHA

Urganda

la

desconocida

Si

de

llegarte

a

los

bue-,

libro,

fueres

con

letu-,

no

te

dirá

el

boquirru-

que

no

pones

bien

los

de-.

Mas

si

el

pan

no

se

te

cue-

por

ir

a

manos

de

idio-,

verás

de

manos

a

bo-,

aun

no

dar

una

en

el

cla-,

si

bien

se

comen

las

ma-

por

mostrar

que

son

curio-.

Y,

pues

la

expiriencia

ense-

que

el

que

a

buen

árbol

se

arri-

buena

sombra

le

cobi-,

en

Béjar

tu

buena

estre-

un

árbol

real

te

ofre-

que

da

príncipes

por

fru-,

en

el

cual

floreció

un

du-

que

es

nuevo

Alejandro

Ma-:

llega

a

su

sombra,

que

a

osa-

favorece

la

fortu-.

De

un

noble

hidalgo

manche-

contarás

las

aventu-,

a

quien

ociosas

letu-,

trastornaron

la

cabe-:

damas,

armas,

caballe-,

le

provocaron

de

mo-,

que,

cual

Orlando

furio-,

templado

a

lo

enamora-,

alcanzó

a

fuerza

de

bra-

a

Dulcinea

del

Tobo-.

No

indiscretos

hieroglí-

estampes

en

el

escu-,

que,

cuando

es

todo

figu-,

con

ruines

puntos

se

envi-.

Si en la dirección te humi-,

no

dirá,

mofante,

algu-:

''¡Qué

don

Álvaro

de

Lu-,

qué

Anibal

el

de

Carta-,

qué

rey

Francisco

en

Espa-

se

queja

de

la

Fortu-!''

Pues

al

cielo

no

le

plu-

que

salieses

tan

ladi-

como

el

negro

Juan

Lati-,

hablar

latines

rehú-.

No

me

despuntes

de

agu-,

ni

me

alegues

con

filó-,

porque,

torciendo

la

bo-,

dirá

el

que

entiende

la

le-,

no

un

palmo

de

las

ore-:

''¿Para

qué

conmigo

flo-?''

No

te

metas

en

dibu-,

ni

en

saber

vidas

aje-,

que, en lo que no va ni vie-,

pasar

de

largo

es

cordu-.

Que

suelen

en

caperu-

darles

a

los

que

grace-;

mas

quémate

las

ce-

sólo

en

cobrar

buena

fa-;

que

el

que

imprime

neceda-

dalas

a

censo

perpe-.

Advierte

que

es

desati-,

siendo

de

vidrio

el

teja-,

tomar

piedras

en

las

ma-

para

tirar

al

veci-.

Deja

que

el

hombre

de

jui-,

en

las

obras

que

compo-,

se

vaya

con

pies

de

plo-;

que

el

que

saca

a

luz

pape-

para

entretener

donce-

escribe a tontas y a lo-.

AMADÍS DE GAULA A DON QUIJOTE DE LA MANCHA

Soneto

Tú,

que

imitaste

la

llorosa

vida

que

tuve,

ausente

y

desdeñado

sobre

el

gran

ribazo

de

la

Peña

Pobre,

de