Curiosidades Antiguas Sevillanas (Segunda Serie) by José Gestoso y Pérez - HTML preview

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CURIOSIDADES ANTIGUAS SEVILLANAS

Tirada de 250 ejemplares

CURIOSIDADES

ANTIGUAS SEVILLANAS

POR

José Gestoso y Pérez

(SERIE SEGUNDA)

SEVILLA

En la oficina del periódico EL CORREO DE ANDALUCÍA

1910

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Es propiedad del autor

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Al Índice.

AL LECTOR

Ocupado asiduamente en otras literarias tareas que han absorvido mitiempo por completo, he dejado transcurrir ¡veinticinco años! desde quefué impreso el tomo 1.º

(Serie 1.ª) de estas Curiosidades, hastaahora, que doy á la estampa el presente volumen II; y cierto que si sigoá este paso, bien sé que no he de publicar ninguno más. Falto de losestímulos de otros días, casi extinguidos ya los alientos juveniles, enespera de emprender, el día menos pensado el gran viaje, del cual no seregresa jamás; las numerosas notas y apuntes que podrían servirme paraemborronar otras cuartillas, posible es que pasen al cajon de unespeciero, con lo cual ya sé que sólo se

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habría perdido el tiempo queinvertí en reunirlas, porque ni la Historia ni la Arqueología sentirángran pena al verse privadas de otro ú otros volúmenes. A la buenaamistad con que me favorece el Sr. D. José María de Valdenebro,facilitando los medios para la impresión de este volumen, débese susalida á la plaza pública; sin sus amables oficios, seguramente yo no lohabría dado á la estampa. Allá van pues estos articulejos escritos cálamo currente, sin más pretensión que la de entretener un rato á lospocos que en estos venturosos días, gustan del conocimiento de las cosas viejas, y con ellas se complacen, para hacerles olvidar siquieramomentáneamente, los pesares de la vida que á todos nos alcanzan asícomo otros de mayor bulto que parecen dibujarse allá en el horizonte,fruto natural de corrompidas semillas.

Dediqué el tomo 1.º á asuntos arqueológicos; comprenderá este II otrosde caracter histórico y si tengo ocasión y Dios me dá vida, serán temasdel III varias tradiciones sevillanas, ya que no pueden ser todas lasconocidas, que andan diseminadas en varios libros; las cuales, estimoque, publicándolas reunidas en un volumen como ha tiempo yo imaginé,sería obra meritísima, pues, así se conservaria su memoria, sefacilitaria al curioso su conocimiento, y los altos ejemplos de virtud,de valor, de abnegación y de patriotismo que de tales narraciones sedesprenden, serían provechosa lectura para la juventud, tan necesitadahoy de este linaje de libros.

El tiempo dirá hasta qué punto veré realizados mis propósitos.

Antiguas Industrias Sevillanas

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Tejidos y Tejedores

Entre las muchas industrias que ennoblecieron á nuestra ciudad en lospasados siglos, ocupó lugar preferentísimo la de los tejidos de seda,debida, sin duda, como tantas otras, á los sarracenos, consumadosmaestros en ella. Los innumerables datos que acerca de tan rica comobella manifestación del gusto y del trabajo consignan los historiadoresmusulmanes, los recientes estudios debidos á doctos arqueólogos, y eldescubrimiento de riquísimas estofas con que se ataviaron reyes,infantes y prelados, persuaden del extraordinario auge alcanzado pornuestros dominadores en esta fabricación, que hizo célebre á lasciudades españolas de Murcia y de Almería[1], de Córdoba, Granada,Málaga[2], Toledo, Valencia y Sevilla. «Caso es de recordar, porrarísimo dice á este propósito un ilustre académico, que aun prohibiendoMahoma á los hombres vestir seda, y que llegando Omar el conquistador deJerusalen á perseguir á cuantos la usaban, sean los mahometanos,casualmente, los que sobresaliesen mucho en vestirla y llegasen á talperfección en tejerla, que, ni los celebérrimos frigios lesaventajaran[3].

No parece sin embargo que esta prohibición fué tan absoluta, como sededuce de las siguientes frases: «Es probable, dice Francisco Michel,que estas telas (refiérese á las ricas de seda) fueron destinadas á laexportación, puesto que el Corán prohibía á los hombres el uso de laseda y ciertas sectas solamente empleaban estas telas con otrasmezcladas.» Haremos notar, por tanto, que el Profeta permitía las sedasen los trajes de guerra, y el lujo de los ejércitos musulmanes cuandoiban á combatir era inusitado. Sobre el mismo campo de batalla, fuédonde los Cruzados se iniciaron en estos famosos esplendoresorientales[4].

El mismo autor, dijo ya en otro lugar: «Durante la Edad Media, fuera deltraje y de los paños mortuarios, las telas preciosas empleábanse tambiénpara las banderas, enseñas, gonfalones, tapices ó colgaduras, cubiertasde libros, gualdrapas de caballos, tiendas de campaña ó de casa, etc.Las telas en sedas y oro eran lo mismo que el numerario, un medio decambio comercial. Los emperadores griegos pagaban en sederías

á

lasiglesias

de

Occidente

ciertos

tributos

anuales.

En

los

numerososinventarios de los tesoros de los templos, se trata del samit de Persia,de Egipto, de Alejandría, el baudequin de Bagdad, etc.... En el saqueode Antioquia (1098) en la toma de Constantinopla (1204) en Damieta(1219) los Cruzados encontraron entre otras riquezas, cantidad de telas.

Los árabes fueron nuestros maestros y sus tradiciones arraigaron de talsuerte en la Península, que hasta el primer tercio del siglo pasado, porlo que á Sevilla respecta, pudimos envanecernos de que fuese esta ciudadfamosa entre las productoras de los más apreciados tejidos,representados por aquellas riquísimas telas de seda y oro llamadas porlos musulmanes marabique[5] tartari, zarzahan, ricornás, samit,ciclatón; sirgo y otras, algunas de las cuales empleáronse en lasmortajas de San Fernando y de su hijo el infante Don Felipe, y en lasmás estupendas, que atavían la momia del gran arzobispo Don Rodrigo ensu sepulcro de Sta. María de Huerta; pero, aun todavía pueden citarseotros muy peregrinos ejemplos recordando las inapreciables enseñasmilitares sarracenas, custodiada una en las Huelgas de Burgos, defilíacion desconocida hasta ahora, y otras dos en la catedral de Toledo,pertenecientes al Sultan Abu-Said Otsman y á su hijo Abu-l-Hasam Aly,que acreditan la singular pericia y exquisito gusto de sus autores, losmismos sin duda que fabricarían aquellas preciosas estofas de honordestinadas á los principes, llamadas tiraz, de las cuales nos diceAlmaccari que sus tejedores habitaban en Córdoba el barrio llamado «delos bordadores»[6].

No es extraño pues que con tales maestros hubiesen alcanzado altorenombre los telares sevillanos, y que en nuestra ciudad fueseextraordinario el número de los destinados á la producción de las ricasy costosas telas, de las cuales, desgraciadamente, no quedan másmemorias que las citas que á cada paso halla el curioso rebuscador depapeles viejos, al leer los inventarios de los templos y de las casas denuestros magnates.[7]

Conquistada Sevilla, por San Fernando, sabido es que en ella quedó unanumerosa población musulmana, y si repasamos el famosísimo códice de los«Loores et Cantare de Santa María» sus numerosas viñetas nosmanifestarán cuál era el gusto que dominaba en los trajes y en todos losproductos textiles, aun aquellos que se aplicaban al culto, como lasfrontaleras de los altares y los ornamentos sacerdotales. En ellos veseostensible el gusto artistico de los vencidos, y cómo se lo adaptaronlos vencedores; ¿qué mucho, pues, que los telares sevillanos fuesendesde entonces famosos, cuando el mismo monarca y sus hijos nodesdeñaban de emplear en sus vestiduras telas sarracenas, hasta conleyendas alcoránicas? Quiso el Rey Sabio poner coto al ánsia de lujo quedominaba á sus vasallos, y en el Ordenamiento de 27 de febrero 1256prohibióles que trajesen «sillas ferpadas nin con oropel nin conargenpel, que tampoco emplearían en coberturas, perpunte, cofias ypendones, ni en las fundas de los escudos: que no usasen cascabelesetc., etc., prohibiendo también á las mujeres el uso de objetos demetales ricos, de camisas bordadas de oro; extremando estos rigoreshasta en las comidas, en las fiestas de bodas y en la manera de vestirselos vencidos sarracenos.»

Estas disposiciones fueron letra muerta, como lo acreditan las Cortes deValladolid de 1258, prohibiendo que ningún oficial de la Casa Real,ballesteros, halconeros ni porteros, trajesen pieles blancas, nicendales, ni sillas de barda doradas, ni argentadas, ni espuelasdoradas, ni calzas de escarlata, ni zapatos dorados, ni sombrero conoropel, ni argentpel ni con sedas, salvo los servidores mayores de cadaoficio. No es posible detenernos en todo el articulado de estosinteresantes acuerdos, que comprueba las raices que el lujo habíacobrado entre nosotros, aumentando cada vez más y más, no obstante laspenas que entonces se impusieron á los infractores de la ley, lascuales, del mismo espiritu animado, impusa á su vez Don Alfonso XI deacuerdo con los representantes en Cortes reunidos en Alcalá de Henaresen 1348, que tampoco fueron obedecidas en el reinado de sus hijos DonPedro y Don Enrique, cuando por propia confesión del ilustre cronista yautor del Rimado de Palacio, poseia paños tan ricos, que con su valorpodrían haberse vestído cien pobres.

Convencidos dichos monarcas y sus sucesores de la ineficacia de lasdisposiciones que se habían dictado para refrenar el lujo por una parte,y por otra, porque cada vez era mayor la afición por todo lo suntuario,es lo cierto, que, desde los días del vencedor del Salado no seregistran leyes encaminadas á refrenarlo, y así llegamos al reinado deDon Juan II, cuya corte ofrece el más brillante y fastuoso conjunto quepuede imaginarse emulando con el monarca los prelados y ricos hombres enel comer, en el vestir y en los más costosos deportes. A tanto llegaronya estos excesos, que en las Cortes de Palenzuela de 1452 solicitóse delmonarca que renovara las leyes suntuarias de Don Alfonso XI, peticiónque no fué acogida, á pesar de que en el Ordenamiento de dicho año sedice: «e como parecerá claramente en el presente en los mis Reinosaquella mesma disolución e aun mucho más en traer superflua edesordenadamente las gentes ropas de seda e de oro e de lana, eforraduras de martas, e de otras peñas e otras muchas guarniciones deoro é de plata e de aljofar e de muy grand valor e que no tan solamenteaquellos e aquellas que razonablemente lo podían e debían traer por serde grandes linajes e estados e faciendas más aun las mugeres de losmenestrales e oficiales querían traer e traían sobre sí ropas eguarniciones que pertenecían e eran bastantes para dueñas generosas e degrand estado e hacienda a tanto que no se conocían las unas entre lasotras e que acaecia muchas veces a muchos e a muchas así de grand estadocomo de menor que por causa de los dichos trajes e aparatos que avian devender lo que tenían o la mayor parte dello para lo cumplir e veníandespués por ello a muy grand pobreza».... ¿A qué más? Basta con lo dichopara apreciar la pasión desenfrenada por el lujo que dominaba entonces ála sociedad española, que no decayó tampoco en los reinados de EnriqueIV y de los Reyes Católicos, y como muestra de la pompa, verdaderamenteoriental, con que se ataviaron nuestros monarcas, véanse las riquísimasvestiduras que ostentan las estátuas yacentes de Don Juan I y su mujeren la Cartuja de Mirafiores, la del infante don Alonso en el mismotemplo, la de Juan de Padilla y otras que sería enojoso mencionar.

Confirman los datos expuestos, que el gremio de tejedores sevillanosdesde la reconquista hasta el siglo XVIII, fué uno de los másimportantes de la ciudad y por tanto capitulos especiales les dedicaronnuestros monarcas y Concejo para su régimen y buen gobierno en lasOrdenanzas municipales, bajo los títulos de «Tejedores de terciopelo» delos «Sederos» Toqueros e «Hiladores del torno de seda»

cuyasdisposiciones persuaden del interés que habia porque la fabricación nodecayese, ni se desprestigiase el renombre alcanzado. De las noticiasadquiridas resulta, que, el núcleo de los telares de seda estuvieron,por lo menos ya en el siglo XVI, en los barrios del Norte de la ciudad,por las parroquias de San Lorenzo, San Gil y Santa Marina en númeroextraordinario, como lo demuestran los nombres de los artíficesdedicados á estas labores, que hallamos citados en fehacientedocumentos, á partir del siglo XIV.

Como una leve muestra de los que florecieron entonces entre nosotros, ypara conocimiento de las ricas telas que tejían, ofrecemos al lector elsiguiente extracto: Ferrand Alonso y Alonso Manuel, T.[8] de sirgos 1406

Ruy González Cendalero, T. (de cendales)

1425

Alonso Martínez, Id. Id

1431

Alfon Garcia Jardín, T. de reposteros

1442

1450-

Juan González Beniste y Manuel López, Ts. de oro y de sirgo

53

1475-

Miguel de la Cueva y Diego Fernández Ts. de terciopelo

79

Anton de Alanís y Daniel Sánchez, Ts. de oro y seda

1478

Siglo XVI

Anton García, T. de seda

1514

Alonso Nuñez, T. de raso

1534

Hernando Dávila, T. de tocas

idem

Juan del Castillo, T. de damascos

idem

Alonso de Carvajal, Cristóbal Alameda y Bartolomé Barrasa, Ts. de idem

terciopelo

Antón Ramirez T. de oro y sedas

idem

Virgilio Ximénez, T. de mantos

idem

Juan de Illescas, T. de oro tirado

idem

Lucas Sánchez, T. de randas

1548

Pedro de Espinosa, T. de terciopelo

1555

Juan de Arva y Manuel Fernándel, Ts. de tafetán

1575

Diego de Lara, T. de buratos

idem

Diego de Agüero y Diego de la Cruz, Ts. de brocados

1576

Francisco Pérez de Morales, T. de damasco y terciopelo.

1598

Siglo XVII

Gaspar de Herrera, T. de sedas.

1601

Pedro de Burgos, T. de terciopelo.

1603

Juan de Torres, T. de pasamanos.

1604

Esteban Bernal, T. de terciopelo.

idem

Miguel Martín, T. de brocados.

1605

Juan Bautista Sea, T. de damascos.

1611

Pedro Gutierrez. T. de brocados.

1613

Benito Guerrero, T. de terciopelo.

1621

Bartolomè Rodríguez, T. de tocas.

1626

Antonio de Herrera. T. de telas de oro.

1628

Alonso López, T. de pasamanos de oro.

1644

Sebastián de Cuesta, tejió una tela de raso negro y oro para la Catedral.

1667

Claudio Bertel, José de Llanos y Andrés de la Peña se obligaron en 9 deMayo de 1693

á tejer 4000 varas de terciopelo carmesí para la Catedral,y el fleco y galón que hiciese falta. Refiérese este contrato á lassuntuosas colgaduras de nuestra Basílica.

En cuanto á los tejedores de los siglos XVIII y XIX vamos á tratar ahoraseparadamente. Por centenares podríamos haber consignado nombres detejedores, á partir del siglo XV, y como muestra no más, quedan citadosalgunos, para conocimiento de las diversas telas que produjeron: sirgos,cendales, oro y sirgo, terciopelo, oro y seda y paños reposteros en lossiglos XIV y XV. En el XVI cítanse ya tejedores de damasco, de seda, deraso, de tocas, terciopelos, oro y seda, mantos, oro tirado, randas,tafetanes, buratos y brocados; y en el XVII y XVIII húbolos que hacíantambién pasamanos y rasos y paños de seda y oro.

El lector curioso que desee más datos para conocer las diferentes clasesde tejidos de seda, y de seda y oro que se producían en Sevilla, ó queen esta ciudad se vendían, procedentes de otras en el siglo XVII, asícomo sus precios, puede acudir á la curiosísima, «Tassa general de losprecios á que se han de vender las mercaderías en esta ciudad de Sevillay su tierra: y de las hechuras, salarios y jornales y demás cosascontenidas en esta relación, que se ha hecho por el Señor Conde de laPuebla Marques de Vacares Asistente de esta dicha ciudad etc.» (año de1627).

Las vicisitudes porque pasó en esta la fabricación de los tejidos deseda, durante los siglos XVII y XVIII sorprenden extraordinariamente,cuando se sigue con interés su historia, y en confirmación de esteaserto vamos á consignar algunos datos no más, que tomamos de undocumento, casi oficial, debido á muy autorizada pluma. Nos referimos al«Discurso sobre las fábricas de seda de Sevilla, sus principios,progresos y decadencia y los motivos desta, noticia de su actual estadoy de los medios que puedan ser conducentes á su fomento y prosperidad».Tan interesante escrito fué redactado por Don Martín de Ulloa,Vicedirector de la Sociedad Patriótica de Sevilla, y forma parte deltomo I, de las Memorias de dicha Sociedad.

Después de hablar de las funestísimas consecuencias que causó en todaslas industrias sevillanas la epidemia de 1649, dice, refiriéndose almemorial que en 1655

dirigió al Rey el maestro tejedor FrancíscoMartínez de la Mata en nombre de sus compañeros Francisco de Cisneros yJerónimo de Porras; que consta en dicho documento, que no habían quedadoen Sevilla más que 60 telares, siendo así que antes había 3000, en loscuales trabajaban 30000 personas. En 1713 existían ya 405 telares y en1732 llegaron á 1000. Siete años después quedaron reducidos á 140,aumentando este número hasta 398 en 1745. En 1779 contábanse 462telares «de lo ancho» y uno en que se tejían géneros con mezcla de oro yplata y 62 de galones de plata y oro, 354

de cintas labradas, 17 decintas de plata y oro, 8 de cintas de rizo y franjas; 1391

telaresbajos, 23 de tejidos menores de plata y oro, que suman en total 2318.Además había 87 «mundillos de hacer puntas de oro y plata, 95 tornospara los hiladores que tenían dichas fábricas, los cuales consumíanentre todas 100.000 libras de seda. Había además 50 tornos, en que seocupaban 192 oficiales, 19 aprendices, 2985 encañadoras, 133 rodeteras,que suman 3397 personas. Además contábanse 63 telares de medias, 65

deredecillas y 3 de gorros todos de sedas[9].

Viniendo ya al año 1790 tenemos á la vista una certificación expedida enpapel del sello 4.º por Juan Martínez, secretario del Arte Mayor de laseda, de la cual consta que en dicho año se mandó hacer por Don JoséJerónimo de Espejo Veedor Presidente de dicho Arte, calaycata de lostelares que había en esta ciudad, con distinción de las clases detejidos, la cual se hizo en 12 y 13 de Marzo del mencionado, año.

Segúndicho documento había 168 maestros y 111 tratantes que tenían cada unovarios telares de las clases siguientes:

Lama de plata con flores de seda 1

Id. id. lisa.

2

Sarga ancha lisa.

26

Id. id. labrada.

53

Id. angosta.

10

Paño de seda.

2

Felpa lisa.

26

Id. labrada.

10

Terciopelo de verano.

5

Raso liso.

1

Damasco.

1

Canutón ó cotonia.

4

Cotonia con plata.

1

Ceñidores.

4

Pañuelos.

12

Anafayas.

3

Estameña.

2

Canicula.

1

Velillo.

1

Mantillas anchas de velillo.

1

Mantos anchos.

18

Tafetan.

95

279

Además de las ricas telas mencionadas, tejíanse toda clase de galones yde pasamanería, cintas, trenzas, y encajes de oro, de todo lo cualexiste un curioso muestrario, que debió pertenecer á un fabricante ó unmercader, el cual se conserva en el museo Arqueológico municipal.

Llegado el siglo XIX, de tres peritísimos fabricantes tenemos noticias,llamado el uno Acosta, que vivió en la calle de Santa Clara, del cualhay una casulla de tisú de plata con flecos de oro y seda en el Hospitalde Venerables Sacerdotes de esta ciudad, magistralmente tejida, y losotros dos, Don Manuel del Castillo y Povea y Don José Ledesma. Aun hemosalcanzado á ver muestras de rasos, tafetanes y damascos del primero deellos, que con razon fueron premiados en Exposiciones extranjeras y delsegundo conservamos parte de su muestrario de tisues, lama de plata y dealgunas sederías con dibujos de colores y otras en que se emplearonunidas la seda y el terciopelo. De la fábrica del Sr. Ledesma fueron lostisues de los Angeles y del Niño Jesús, del antiguo paso de la cofradíade la Quinta Angustia, donados por los Duques de Montpensier.

Con el Sr. Ledesma se extingue por completo la fabricación de telas deseda y de seda y oro, en Sevilla, olvidándose por completo lastradiciones de tan hermosa como productiva industria artística.

¿A que causa debióse su ruina? ocúrrese preguntar. Muchas y muycomplejas fueron, que si tratásemos de determinarlas nos excederíamosconsiderablemente de los límites de este artículo. La principal de todassalta á la vista. No fué posible luchar con el incremento de lasfábricas extranjeras, con la perfección y belleza de sus productos,juntamente con la relativa economía de aquellos. Mientras que Francia,Inglaterra, Italia y Bélgica adelantaban extraordinariamente y seapoderaban de todos los mercados, nosotros sin recursos ni inteligenciateníamos que cederles el paso, llegando á la vanidad miserable de tenerá gala vestirnos con telas extranjeras.

Después de esto ¿qué hemos dedecir? Abandonada la industria, no es extraño que se abandonaran tambiénlos plantíos de morales y moreras, al punto que son ya muy escasos losárboles de esta clase que nos quedan, sin los cuales no es posibleconseguir el renacimiento de la industria sericícola.

Todo el siglo XIX ha transcurrido sin que una voz amiga se haya alzadoen su favor entre nosotros, mientras que en otras capitales españolas vaadquiriendo importancia y está llamada á adquirir más, pues por lo querespecta á la producción de la seda tan solo, como puede alcanzarse ápoquísima costa, y como es muy apropósito para que á ella se dediquenlas familias pobres, una vez que éstas sientan el estímulo de unaganancia anual de relativa importancia, se multiplicará el cultivo y conél los beneficios consiguientes.

Como complemento de este trabajíllo séanos lícito transcribir elinteresante artículo publicado en el Boletín de Acción Social n.º 38, 15de Septiembre de 1909 que podrá ser aprovechado el día de mañana poralgún curioso cronista sevillano: Primer Sindicato en Sevilla.

Bajo la presidencia de un delegado de la Junta Diocesana de AcciónSocial, se reunieron, el día 8 de los corrientes, les criadores delgusano productor de la seda en esta capital, para constituirse engremio.

Invocado el Espíritu Santo se dió principio á la sesión por la lecturadel proyecto de Reglamento, que fué aprobado por unanimidad y ácontinuación se procedió al nombramiento de la Junta Directiva quedandoconstituida en la siguiente forma: Presidente honorario: D. Francisco Ysern y Maury.

Presidente efectivo: D. José García Morón.

Vicepresidente: D. José Hidalgo Fernández.

Secretario: D. Ricardo Gómez Martínez.

Visecretario: D. Antonio Aparicio Sánchez.

Tesorero: D. Evarísto Diez Hernández.

Conciliario Eclesiástico: D. Juan Caballos Pérez.

No es hoy muy grande el número de los agremiados, pero por esto nodesmerece su importancia, si consideramos que es una industria que habíadesaparecido por completo de esta ciudad, habiendo sido fuenteabundantísima de riqueza en toda España, y en particular de Sevilla,donde existían en 1520, según datos fidedignos, 16,000 telares, si bienno eran de la importancia de los modernos, que utilizan los poderososelementos del vapor y la electricidad; eran telares domésticos, defamilia, donde no se utilizaba para hilar más que el rudimentario torno;pero con este clásico torno se elaboraban, solamente en Sevilla y suprovincia, 100,000 kilogramos de seda al año, y se utilizaban losservicios de 100,000 obreros, sin contar con las mujeres, los ancianosy los niños, que también prestaban sus cortas energías en la cría delgusano productor de la seda. Ni por esto desmerecía la calidad de suseda, la mejor de los mercados conocidos, aun del extranjero, á los quehacía competencia; verdad que hoy mismo puede comprobarse, visitando lafábrica de filatura de los señores Faustino Martínez y Compañía, únicaque se dedica en esta capital á su hilado, y donde se elaboran capullosde todos los mercados de España y del extranjero, y al simple tacto sedistingue la criada en esta región, por sus cualidades de flexibilidad,tenacidad y elasticidad y á la que por su finura y brillantez llaman losinteligentes seda «joyante».

A muchos se le ocurrirá esta pregunta;—¿Siendo tan productiva estaindustria y tan buena la calidad de su seda, por qué causa hadesaparecido por completo de esta región? Varias han sido las causas quehan contribuido á la decadencia de tan floreciente industria; en primerlugar, las enfermedades del gusano productor de la seda, y en particularde la llamada «pebrina», enfermedades que, por pura negligencia, propiade nuestro caracter, no estudiamos ni combatimos; y en segundo lugar,porque á mediados del siglo XVIII ya comenzamos á gustar de loextranjero, y las sabias leyes de nuestros católicos monarcas, fueroncayendo en desuso, é invadieron nuestros mercados los tejidos de sedaingleses y franceses, y en el siglo pasado y en el actual noseuropeizamos, y ya no nos gusta nada que sea español, vestimos á lainglesa, comemos á la francesa y nos arruinamos á la española. Sólo nosquedan preciosos recuerdos y riquísimos ejemplares de lo que fué nuestraindustria sedera en pasados siglos, como la maravillosa capa de CarlosI, que se conserva en la Parroquia de Santiago en esta ciudad, las obrasmaestras de las Catedrales de Sevilla, Toledo y Córdoba y la tapiceríariquísima del Real Palacio de los Reyes en Madrid, Aranjuez y elEscorial, y esa variedad, en suma, de preciosas producciones, que es laadmiración de propios y extraños, en casullas, capas y ornamentossagrados, que existen en todas las Catedrales de España.

¿Cómo ha nacido ese gremio? Preguntadlo al ingeniero director de laEstación Sericícola de Murcia, D. Emiliano López, gran patriota y celosopropagandista de la industria sedera, y este señor os dirá que en el mesde Septiembre de 1907 visitó á esta ciudad para hacer propaganda de lacría del gusano productor de la seda, y como delegado del Estado, paracumplir su misión, se dirigió, como era natural, á los centros ycorporaciones oficiales y á distinguidas personalidades de reconocidacompetencia agrícola y en sus industrias derivadas ó similares, y estemismo señor os dirá también que por ninguna de estas entidades fuépatrocinada su propaganda.

No por esto desistió de su intento el señor López, pues Colón ofrecia unnuevo mundo y con la misma indiferencia glacial fueron recibidas susteorías en las altas esferas; y del mismo modo que Colón volvió sumirada á la Iglesia, siempre patrocinadora de toda idea noble y elevaday fué oido é hizo que prosperaran sus afirmaciones, por la intervencióny apoyo de un humilde religioso; así este señor recordó que en el mes deMayo del mismo año, un sacerdote sevillano[10] se había dirigido á él,como Director de la estación Sericícola que el estado tiene establecidaen Murcia, en atenta carta, haciéndole algunas consultas y pidiéndoleinstrucciones acerca de la industria sedera y en especial de la criadel gusano productor de la seda, y acudió á él, como náufrago á tabla desalvación, y éste humilde clérigo, y por lo tanto

«clerical, retrógado,oscurantista y medio eval,» como lo llaman los «intelectuales,»

prestóatención á sus deseos, expresados con tal entusiasmo y con tal profusiónde datos prácticos, encaminados á probar sus observaciones, que rendidoá la evidencia, con las cortas nociones que de la industria tenia, hizosuyo el pensamiento y, desde luego, le indicó los medios con que sepodía contar en la región para hacer práctica su propaganda.

Al efecto, le invitó á dar un paseo en uno de los vaporcitos de recreoque prestan servicio público entre esta capital y los pueblos ribereñosdel Guadalquivir y le enseñó la hermosa plantación de moreras que congran sentido práctico ha hecho en sus márgenes la Junta de Obras de estePuerto, encontrando en ésta la solución de su problema, el alimentopredilecto del gusano de seda.

Al regreso de nuestra excursión por el Guadalquivir nos apeamos en eldesembarcadero de San Juan de Aznalfarache, para descansar brevesmomentos en una huerta que el hermano de este sacerdote cultiva,próxima al mismo apeadero, y allí encontró dicho Sr. López elcomplemento para el desarrollo de su plan, un gran salón corrido quereune todas las condiciones necesarias para la industria, espacioso, congran elevación, buenas luces y buena ventilación, y más que todo esto,muchos pueblecitos esparcidos á su alrededor, donde sus habitantes, ensu mayoría braceros, pudieran gozar de los beneficios de esta industria,al propio tiempo que contribuían á su desarrollo y propagación.

Una sola dificultad se le ocurrió al sacerdote á que nos referimos enestas líneas;

¿quién había de educar y formar á los nuevos criadores,que no tenían noticia alguna de esta industria? Duda que fué resuelta enel acto por dicho Sr. López prometiendo enviar un obrero de la EstaciónSericícola de Murcia y fundar una Escuela Práctica en San Juan deAznalfarache, en el salón antes mencionado, á lo que accedió gustoso sudueño, quedando así acordadas las bases generales para desarrollar suplan en la primavera próxima.

Llegada esta época, 15 de Marzo, se presentó el obrero en San Juan deAznalfarache con todo el material propio para fundar la Escuela;incubadora, higrómetro, barómetro, termómetro, microscopio, etc., máslas andanas y zarzas, que ya estaban preparadas de antemano, en ellocal destinado al efecto, haciéndose enseguida la instalación de lamisma. Mas una vez instalada ésta hacían falta, como es natural,discípulos; al efecto se hizo una atenta invitación á las clasesacomodadas del pueblo y ... ocurrió lo que en Sevilla; se acudió á laclase obrera, y recelosa, como sucede siempre con lo desconocido,tampoco respondió y por último, se llamó á la puerta de la clase media,y ésta, no sin grandes dificultades, y gracias á la generosidad delpatrono de la Escuela, que ofreció gratuitamente la semilla ya avivada yhasta su alimento, y á las reiteradas promesas de prosperidad en elresultado, bajo la dirección del inteligente obrero D.

José Hidalgo, ysin tener que hacer gasto ninguno de su parte, pues á todos atendió laEscuela, y sí con la seguridad de un beneficio, de mayor ó menorimportancia, según la cantidad que criaran, pues íntegro sería paraellos, para de esta manera adiestrarlos en la industria y estimularlospara los años sucesivos.

Estos nuevos criadores, recelosos en un principio, fueron los mejorespropagandistas después por su feliz resultado, guardándose susganancias, que fué el producto total de la cosecha, que ascendió, segúnlos casos, á veinte, treinta, cuarenta y hasta cincuenta duros,despertando gran interés en la clase pobre, que al año siguientesolicitó, en su mayoría dedicarse á la industria. En este año de 1908produjo la cosecha de estos pequeños criadores y la de la Escuela, másde cuarenta arrobas de capullos de seda, y en el año actual ha pasado decien arrobas, que si bien esto no es nada comparado con la producción enlos siglos en que floreció esta industria, si sigue aumentando en laproporción que estos dos años, á la vuelta de quince ó veinte añostendremos la industria á la altura de su mayor apogeo.

Al agremiarse tendrán los productores personalidad legal para podersedirigir al Estado, á la Provincia y al Municipio, con el fin deestimular á estas entidades en la plantación de moreras, base necesariapara la propagación de la industria por ser el alimento más apropiado algusano y para la mejor calidad de la seda, imitando en esto el laudableejemplo dado por la Junta de Obras de este Puerto, que en diversasplantaciones, hechas en el corto espacio de tres ó cuatro años, tieneplantadas 14,000 moreras y se propone, por iniciativa de su dignisimoPresidente D. Francisco Ysern, y de su no menos digno Ingeniero DirectorD. Luís Moliní, plantar todas las márgenes de este productivo árbol; yal propio tiempo dando una prima á los criadores, como lo hace hoy lavecina República, que da un franco de prima por cada kilo de capullos, ycomo lo hicieron nuestros católicos monarcas que dieron sabiaspragmáticas en las que ofrecían premios de importancia á losagricultores que hicieran mayor plantación de moreras en suspropiedades.

Si esto se consigue, la industria florecerá en un corto periodo de años,de lo contrarío, resurgirá muy lentamente, si la influencia delextranjero no la ahoga en su nacimiento.

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D. N.

EL ZAPOTE

Ultima memoria de las casas de don Fernando Colón

Con el transcurso de los siglos hanse ido borrando de esta ciudadinsignes memorias, testimonios de sus grandezas de otros tiempos, lascuales, yacen al presente olvidadas, entre el polvo amontonado sobreellas por algunas generaciones. Vana empresa sería la de intentarreconstituir la forma y disposición que tuvieron eminentes fábricasarquitectónicas; y á veces, ni aún es dado señalar los parajes en que sealzaban: sobre templos, palacios, portadas y torres, abre el aradoprofundos surcos, crecen á su sabor los jaramagos y amapolas, ó entresus despedazados fragmentos anidan reptiles y alimañas. Tan tristesuerte, tan vil paradero ha tocado á ilustres fundaciones con queSevilla se enorgullecía; y toda la diligencia de historiadores ycronistas para dar vida á alguno de sus monumentos, perdidos hoy, haresultado insuficiente, cuando no esteril por completo, pues, ladestrucción inexorable no ha consentido que permanezcan, ni aun levesvestigios de aquellas glorias del arte ó de la historia. A veces sinembargo, el hallazgo de un simple papel, despreciable á primera vista,nos facilita medios para restaurar la obra mentalmente, con todaexactitud. Para prueba de esto volvamos los ojos á la Sevilla antigua yvenga el lector benévolo á pasar breves momentos en nuestra compañía,que más de un motivo de recreo y de curiosidad hemos de ofrecerle, enque se espacie y distraiga su ánimo con la contemplación de grandezaspasadas.

Cuantos viajeros ilustres por su amor á las ciencias y á las letras,visitaban esta metrópoli en los años de 1528 al 29, después de cruzarpor la plaza del Duque de Medina Sidonia, en que se alzaba la opulentavivienda de aquel magnate, y de contemplarla por algunos momentos,fijándose, ora en los dos eminentes y robustos torreones que se alzabanen sus ángulos, ora en sus grandes ventanas, balcones y portada desillería, con sus heráldicos escudos, ora en la fila de antiguos fustesde mármoles, encadenados entre sí que marcaban la jurisdicción del señorde aquella casa; después de admirar, decimos, aquel enorme edificio,mitad palacio mitad fortaleza, que según tradición, motivó que Felipe IIpreguntase: «si aquella era la casa del señor de la villa» enderezandosus pasos por la calle que entonces decían de las Armas, y despues deatravesar por debajo del gran arco á que nombraban puerta de Goles,donde más tarde mandó levantar el Cabildo y Regimiento de la Ciudad laPuerta Real, pasábase, nuevamente, ante otra vasta y magnífica viviendaque allí se parecía, construida sobre un paraje eminente, y desde elcual espaciábase la vista con la contemplación de un maravilloso cuadro.Extendíase á la diestra mano una deliciosa huerta plantada de naranjos ylimoneros, entre cuyas oscuras y apretadas copas, erguíanse, balanceandosus ligeros penachos, las esbeltas palmeras y los melancólicos cipreses,con mucha copia de otros árboles y arbustos preciosos y raros traidos deallende los mares, entre los que descollaban gigantescos zapotes,plantados á lo largo de la margen del rio, hasta la jurisdicción exentade San Juan de Acre; y además, mil variadas suertes de odoríferasplantas, que embalsamaban el aire con suavísimos perfumes. Por entreesta arboleda sobresalían las almenadas murallas de la ciudad, con susrobustos torreones, la pequeña iglesia de San Juan de Acre, á la sazónrecientemente reedificada, el templo y monasterio de Santiago de losCaballeros, la elegantísima atalaya, que decimos todavía de DonFadrique, enclavada en el jardín del convento de Santa Clara, y porúltimo, á los lejos, la sombría mole del real monasterio de SanClemente. Frontero al sitio en que imaginamos hallarnos, y en la otrabanda del Guadalquivir, junto á su orilla, plantada de alamos blancos yde verdes cañaverales, veíase la Cartuja de Santa María de las Cuevas,rodeada por un espeso bosque de naranjos y de olivos, y en los últimostérminos, la fundación insigne de San Isidoro del Campo, sepulcro delhéroe de Tarifa, el monasterio de San Jerónimo y la robusta atalaya,erigida por los Guzmanes en el lugar de la Algaba, ya casi envuelta enlas nieblas azuladas del horizonte.

Si dirigíamos los ojos hácia la izquierda, también por esta partecontinuaba el recinto de las murallas hasta llegar á la Puerta deTriana, enfrente de la cual, y á la otra margen del rio, veíase la moledel castillo de San Jorge, asiento del Tribunal establecido contra laherética pravedad en los reinos de España, cuyos torreones semejabannegros gigantes mirando amenazadores hacia el arrabal y la ciudad, alpar que reflejaban sus sombrios contornos en las ondas del caudalosorio. Cierto que al contemplar la amenidad de todo aquel extenso paraje,la grandiosidad de sus edificios y las bellezas todas que rodeaban lacasa de Don Fernando Colón, justamente pudo éste recomendar á susdescendientes que conservasen el suntuoso edificio y su magnífica huertaporque «según había visto sitios de casas por la cristiandad, ningunopensaba haber mejor». De propios y de extraños era con razón celebrado,y aún más, si se atiende á que por aquellos años, el ilustre hijo delAlmirante, cuidábase preferentemente de terminar el adorno de lafachada, enriqueciendo con los primores del cincel aquel venerando asilode las ciencias, en el cual pensaba pasar los años de su vida, trocandolas inquietudes y falácias de la corte, en que había vivido los años desu juventud, por el dulce sosiego y apacible deleite del estudio.Determinóse pues, no solo á embellecer su morada, sino á procurar dignoalbergue á los numerosos libros y grabados adquiridos en sus frecuentesviajes por España, Alemania, Italia, los Paises Bajos, Inglaterra yFrancia, para lo cual, por aquellos días de los años de 1529-30recreábase en admirar las delicadas fantasias, que en ricos mármolesblancos de Carrara, habían esculpido por su encargo, los famososentalladores genoveses, Antonio María Aprile de Carona y Antonio deLanzio, naturales ambos del obispado de Como, segun contrato, que paraeste efecto con ellos había celebrado.

Tenían las casas, dice un fidedigno documento[11] de una esquina á otra198 pies y por el lado de largo 78. Con dos suelos de alto ... salasbajas y altas quadradas y recámaras. Todo muy bien labrado y muy fuerte,y ansimismo jardín á vn lado y vn quarto largo que sirve de caualleriça.Tres corrales á las espaldas ... etc.

Bien probaron su suficiencia y habilidad aquellos mencionados artistasitalianos en la ejecución de tantas peregrinas invenciones arregladas«al romano», según decían por entonces en España, conque adornaron laarchivolta del arco de medio punto, principal entrada de la casa, asícomo el entablamento que corría encima, con su piso no menos delicado yperegrino, sustentado por dos pilastras pareadas, con capíteles delorden corintio, las cuales alzábanse sobre proporcionados pedestales.Encima de la clave del arco lucia el nobilísimo escudo con las armas delos Colones, y á ambos lados, á modo de remates ó crestería, corríangrupos de delfines, alusivos á la empresa paterna.

A cada lado de la portada había además dos ventanas con marcos,consistentes estos, en pilastras que sostenían sendos entablamentos, confrontoncíllos, en cuyos tímpanos resaltaban en relieve bustos dehombres, concluyendo los adornos, cartelas, vasos con flores

y

otrasinvenciones

propias

del

estilo,

todas

esculpidas

en

blanquísimosmármoles[12].

La hojarasca de los capiteles «tomada del antiguo», era tan delicada ybuena, como la que adornaba los mismos miembros arquitectónicosempleados en la casa del Marqués de Tarifa (la de Pilato). En cuanto ála traza, semejábase en gran manera á lo esculpido por los mismosartistas para los sepulcros de los Marqueses de Ayamonte.[13] Tuvo decosto la obra de marmoleria, para el adorno de la casa de Don Fernando230 ducados de oro. El edificio remataba en un antepecho revestido debrillantes azulejos, entre los cuales corría la siguiente inscripción,con letras capitales romanas (también de azulejería) negras sobre fondoblanco: DON FERNANDO COLÓN HIJO DE DON XPOVAL

COLÓN PRIMERO ALMIRANTE QUE DESCUBRIÓ

LAS INDIAS FUNDÓ ESTA CASA AÑO DE MIL E

QUINIENTOS E VEYNTE E SEIS.»

y debajo parecia la siguiente octava:

«Precien los prudentes

La común estimación

Pues se mueven las más gentes

Con tan fácil vocación

Que lo mesmo que lanzaron

De sus casas por peor

De que bien consideraron

Juzgan hoy ser lo mejor[14].

Aludíase en los versos al hecho de haber sido edificada la casa sobre unantiguo muladar.

Pero, síganos el lector curioso, y penetremos en una vasta pieza, en quehabía reunido el gran bibliófilo un rico tesoro «de todas las cienciasque en su tiempo halló»

pues ciertamente, habría de sorprendernos elorden y singular inteligencia conque estaban custodiados los numerososvolúmenes que constituian la biblioteca. Agrupadas las Facultades,colocados de canto los libros en armarios, que rodeaban la cuadra,corría á dos varas de distancia, y por delante de aquellos, una verjacon travesaños horizontales, que permitia, solamente, al lector, pasarlas hojas del volumen en que estudiaba, colocado sobre un atril, entreel estante y la dicha verja, precauciones todas encaminadas á ponerlo ácubierto de la codicia, por ser cosa probada «que es imposible guardarlos libros aunque estén atados con cien cadenas»[15].

Además de los libros llegó á formar el ilustre hijo del Almirante unariquísima colección de estampas, á juzgar por el índice que de ellashizo él mismo; la cual, por la punible desidia de las manos todas porquepasó el tesoro Fernandino, ha desaparecido, con gran dolor de losamantes de las artes[16]. Pocas naciones como España y pocos puebloscomo Sevilla podían ufanarse de poseer riqueza bibliográfica, taninapreciable como ésta, y así no es de extrañar, que, atendidos losméritos del fundador, la importancia de su biblioteca, así como losservicios de imperecedera memoria prestados por el descubridor de unNuevo Mundo, el Cesar Carlos V, y en su nombre la Reina Doña Juana,hubiesen expedido en favor de Don Fernando, un albalá, su fecha enValladolid á 20 de Noviembre de 1536, para que «haya e tenga de nos (DonFernando) por merced en cada un año para en toda su vida 500 pesos deoro de 450 maravedis cada peso ... para ayuda á su sustentación y de lalibrería que hace en la çibdad de Sevilla». Situaba el monarca tanimportante pensión «en las rentas e provechos de la Isla de Cuba» y losoficiales de ella habían de satisfacérsela anualmente, con testimonio deescribano, que acreditase la existencia de Don Fernando. Por otromandato real, fecho también en Valladolid á 2 de Marzo de 1537,facilitábasele el cobro de dicha renta, y por él se establecía, que seefectuara por los tercios de cada un año, sin que en cada uno de éstostuviese que presentar la fé de vida, pues bastaría que llenase esterequisito anualmente. Mas como podía ocurrir su fallecimiento una vezcobrado un tercio de la renta, obligábase Don Fernando á que sedevolviese por sus herederos á la Hacienda Real. Pocos años pudodisfrutar de la merced el ilustre bibliófilo, pues, entre las 12 y launa del día 12 de Julio de 1539 pasó de esta vida á otra mejor, á los 50años, diez meses y veintiun días, acompañado del duelo general por susvirtudes y muy particularmente, del de todos los varones amantes de lasletras.

De aquella famosa biblioteca, reunida á costa de tanta diligencia,dispendios y sabiduría, puede decirse que solo quedan tristes restos. Elabandono y desidia de unos, la rapacidad y codicia, de los otros,tuvieron, ya á raíz de la muerte de Don Fernando, ancho campo abierto ásu funesto dominio; y cuantas precauciones dejó aquel, tan sabiamentedispuestas, en su última voluntad, encaminadas, no solo á laconservación de los libros, sino también á su aumento; las rentas quedejó señaladas para estos fines, todo cuanto soñó en vida, no fueron másque vanos deseos, ninguno de los cuales llegó á realizarse. Lastranslaciones que hubo de sufrir, primero desde la casa de Don Fernandoal convento de San Pablo, de éste á la Catedral, (1552) y las mudanzasde uno á otro claustro del Patio de los Naranjos, y por último elabandono en que estuvo en los primeros años del siglo XIX, con algunaque otra depredación más reciente, redujeron de manera tan considerableel número de volúmenes, al punto, que, los existentes han hallado capazcolocación en un pequeño gabinete, cuya rica estantería costeó con suproverbial munificencia, S. M. la Reina Doña Isabel II.

Menos aún resta de la que fué suntuosa morada junto á la Puerta deGoles:[17]

claustros y salones, portadas y ornatos han desaparecido, y,sobre aquel emporio del saber, tesoro de las ciencias, y monumento delarte, álzanse hoy los fríos muros de unos almacenes de granos!

Hasta hace poco, quedaba algo más, sin embargo; de la famosa huertapermanecía uno de aquellos hermosos zapotes, que hizo venir del NuevoMundo el gran Don Fernando, y que tal vez plantara por su mano. Sumagnífica copa alzábase en medio de un solar, «donde las necesidades dela población, obligarán á construir manzanas de casas; entonces caerá algolpe del hacha, como sus míseros compañeros,» mientras que, diremos conun ilustre escritor, la ciudad de Sevilla, indiferente al recuerdo deaquellos ciudadanos, que más honra le dieron, verá desaparecer, sinfijar en ello su atención, ese postrer vestigio de una época, en que lasletras y las virtudes cívicas florecieron y fueron honradas enAndalucía; y verá caer, sin sentimiento de pena aquel testigo de losgenerosos esfuerzos de un hombre, que, según el docto caballero PeroMexia, «debe ser alabado y merece que los que en esta ciudad vivimosroguemos á Dios por su ánima, la cual según fué su vida tanvirtuosamente gastada en letras y en honestos exercicios, y su tanchristiana y buena muerte yo creo cierto que está en la gloria deJesucristo.»

. . . . . . . .. . . . . . . .. . . . . . . .. . . . . . . .. . . . . . . .

Nuestros temores, desgraciadamente, no han tardado mucho en confirmarse.Hace pocos años, el Ayuntamiento vendió el solar en que se alzaba elzapote. No faltaron cultos sevillanos, amantes de nuestras memoriashistóricas, que alzaron su voz, solicitando del Ayuntamiento que seexceptuase de la venta la parcela en que se hallaba el frondoso árbol,la cual deberíase rodear de una verja, colocando al pie del tronco deaquel una inscripción que expresase al transeunte su históricosignificado.

Tales excitaciones fueron despreciadas; ¿por ventura,aquellos celosos administradores consentirían que se lesionasen losintereses «materiales» de la ciudad, descontando algunos metros de losque constituían el total del solar; equivalente á unos centenares depesetas? ¡En cuanto á los intereses morales ... medrados estamos! ¿Quiénpara mientes en ellos, en esta época de tanto progreso y de tantacultura?

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Cayó el pobre árbol, y con él, desapareció la última memoria de lascasas de Don Fernando Colón!

La mezquita de los osos

Las únicas noticias históricas que se nos han transmitido de algunosedificios religiosos erigidos en esta ciudad por los musulmanes, lasdebemos al analista Zúñiga, el cual consigna en sus «Anales» lasmezquitas que fueron convertidas, en templos cristianos á partir del año1248. Según el mismo escritor, nuestras iglesias parroquiales seestablecieron primitivamente en las fábricas musulmanas, escepción hechade las tres sinagogas, en cuyos emplazamientos levantáronse las iglesiasde Santa Cruz, Santa María de las Nieves y San Bartolomé. Empero: por loque se refiere á las mezquitas ¿no hubo otras más en la ciudad que lascitadas por Zúñiga? Creemos que sí y á pensarlo así nos induce la muycuriosa relación de ellas consignada en el «Libro Blanco», inapreciabletesoro de memorias antiguas que se custodia en el Archivo de nuestraCatedral. Sabido es que el volumen n.º 3, á que nos referimos, se acabóde escribir por el Racionero Diego Martínez, en sábado 21 de Febrero de1411 y en él constan separadamente todas las mezquitas que tocaron en el«Repartimiento» á la Iglesia Catedral; comprendiendo entre estas, talvez, las «zahuias» ó lugares de enterramiento de Santones, pues, de otromodo estimamos demasiado el número de aquellas. Fueron algunas trocadasantes del citado año de 1411 por casas y propiedades, atento á lo cualno se las menciona en el «Libro Blanco» pues no pertenecían ya alCabildo Eclesiástico, como aconteció, precisamente, con la

«Mezquita delos Osos», acerca de la cual hemos hallado algunas noticias.

Fronteras á la parte oriental del Templo metropolitano, hallábanse en elsiglo XIV

las casas en que moraba el Arcediano de Ecija, Fernan Martínez«varón de exemplar vida, pero de zelo menos templado que conviniera» elcual predicando al pueblo contra los males que acarreaban los judíos quevivian en el reino, dió lugar á que la plebe se concítase contra ellos,produciéndose sangrientas escenas en la judería sevillana, que nopudieron evitar Don Alvar Pérez de Guzmán, Alguacil Mayor de Sevilla yel Conde de Niebla acaecidas en el año de 1391, según Zúñiga.

Seis años antes de esta fecha, el referido Arcediano había llevado áefecto el loable propósito de fundar un hospital bajo la advocación deSanta Marta, cediendo para ello, no solo las casas de su morada, sinoque para ampliarlo hizo una permuta con el Cabildo de la Santa Iglesia,cuyo instrumento original escrito en pergamino se conserva en su Archivoy comienza de esta suerte:

«Sepan quantos esta carta vieren como nos el dean e el cabildo de lasanta iglesia de la muy noble çibdat de Sevilla estando ayuntados ennuestro cabildo llamados especialmente para esto que se sigue: Porquanto vos don fernan martínez arçediano de ecija e canónigo en la dichaeglesia por faser seruicio a dios e a la virgen santa martha fesiste vnospital para pobres a onrra de la dicha virgen ques en la collacion dela dicha iglesia viendo que la dicha obra es santa e buena e granseruiçio de dios a lo cual todos nosotros somos tenudos Otorgamos econosçemos que vos damos agora e para siempre en troque e en cambio queconusco facemos para el dicho ospital las casas que se siguen conuiene asaber: «la mezquita que disen de los osos» iten las casas que dexodomingo perez ... etc. Fecho veynte días de mayo año del nasçimiento denro.

saluador ihuxpo. de miletresientos e ochenta e cinco años.» (Faltaal documento el sello que pendia de las sedas de colores que conserva).

Tal vez esta mezquita fué la misma á que se refirió Zúñiga al consignarel hecho siguiente: «pidió el Rey Don Alonso X al Arzobispo y Cabildounas mezquitas de las cuales había dado para morada de los físicos quevinieron de allende e para tenerlos de más cerca, porque eran cercanasal Alcázar.»

Sea de esto lo que quiera, creemos que en las partes existentes de laSacristía del actual convento de la Encarnación, que caen á la callejallamada de Santa Marta, y en la casa conocida con el nombre de la mismaSanta, frontera á la Puerta de la Campanilla, pueden reconocerse todavíarestos de la antigua Mezquita de los Osos, en unos fustes de mármolescon capiteles que estimamos árabe-bizantinos, existentes en los sitiosmencionados, los cuales, antes de tener noticia de la mezquita, habíanllamado nuestra atención y que ya creemos explicarnossatisfactoriamente, como restos de la misma.

En el deseo de esclarecer nuestras dudas hemos visitado el interior delconvento, y aunque á primera vista, se observan considerables restos deconstrucciones antiguas, estimamos que no alcanzan á más remota fechaque á la del siglo XIV, y son por tanto obras de mudéjares, efectuadaspor el racionero Martínez, haciendo extensivo este parecer, aun á lasconsiderables partes de un gran torreón, que puede observarse desde lacalle, y á los hermosos arcos ultrasemicirculares del pozo. En eltranscurso de cinco siglos ha sufrido el antiguo edificio tantas y tanimportantes transformaciones, que no nos atrevemos á distinguir losrestos de la mezquita de las obras efectuadas por el fundador delhospital. La cúpula octogonal de la iglesia, conpechinas de arista viva,relacionadas con el cañón de la nave, cuyas bovedas están formadas pornervaduras ojivales, comprueba cómo permanecían vivas las tradicionesmauritanas en los albañiles del siglo XIV.

Diremos, por último, que efectuada la permuta de dicha mezquita porotras casas, bodegas y 3000 ms. que dió el Arcediano, otorgó este sutestamento en Carmona á 7

de Junio de 1403. Consta en el mismopergamino la fundación del Hospital nombrándose entre susadministradores al Cabildo de la Ciudad, cuya designación dejó sinefecto el Arcediano por su codicilo, que sigue al mismo testamento,otorgado en 14

de Julio de 1404, en el que instituyó como únicoadministrador al mencionado Cabildo Eclesiástico, que desde el siglo XIVha venido cumpliendo con la voluntad del

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testador; si bien lasnecesidades de los tiempos han obligado á alterar la forma de lossocorros que se dispensan á los acogidos.

RECIBIMIENTO EN SEVILLA

de un Embajador de Inglaterra

Al Sr. Doctor Thebussem.

Prometí á V. no ha muchos días, mi excelente amigo, darle cuenta de loscuriosos pormenores contenidos en la «Quenta del gasto que se hizo en elhospedaxe del embajador de yngalaterra en estos Reales Alcázares de laCiudad de Sevilla por mandado del Conde Duque de Olivares,» según rezaun curioso m-s. que tuve la suerte de encontrar en la tarea que meimpuse, años hace, de ordenar los involucrados papeles de aquelPalacio. Hoy, que puedo disponer de tiempo, se lo dedico gustoso, auncuando temo que no encuentre en este texto muchas noticias aprovechablespara sus aficiones.

Usted dirá si me equivoco.

Llegó á Sevilla el embajador Baronet Francis Cottington[18] jueves 20 defebrero de 1631 saliendo á recibirle hasta Ecija, donde le encontró, donJuan de Mendieta «por no auer auisado cuando auia de entrar» pagándose ádicho señor 100 reales por el gesto que hizo.

Hospedóse en el Alcázar desde el mencionado día á las cinco de la tarde,hasta el lunes 24 del mismo mes, acudiendo á todos los gastos el Sr.Juan Assiayn Ugalde, Tesorero de los Alcázares, con intervención deAgustín Bolaños, Veedor, Contador del Rey y así mismo contador del CondeDuque, por cuyo mandato se dispuso todo.

Comenzóse por sacar la basura, tierra y hierba del Patio de la Monteríay de los demás del Alcázar en que se ocuparon Bartolomé González, JuanRodríguez y otros compañeros, abonándose 76 reales á FranciscoRodríguez, por lo que se ocupó en limpiar desde la Puerta de Xeres á lapuerta del Alcoba la basura y estiercol que auia por auer de entrar porallí el embajador.»

Preparósele el alojamiento colgando en las paredes tapices y cuadros;estos últimos consta que fueron alquilados. Representaban unos á losReyes de España, y otros eran de asuntos de devoción; pusiéronse farolesencerados y canceles ricos claveteados de tachuelas de latón doradas,colgaduras de terciopelo y tapicerias, invirtiéndose en el adorno de losaposentos siete bufetes, un escritorio, doce sillas de terciopelobordadas, veinticuatro que no lo estaban, seis taburetes, «quatropayses» un sahumador y dos alfombras grandes. La cama era colgada ybordada y con flecos de oro cubriendo un paño que servía de cubierta álas almohadas con cinco varas de tafetán verde orlado de puntilla de orofino, sin que faltase el indispensable vaso de noche, encerrado en unacaja revestida por fuera de cordobán, con cordón de hiladillo verdeorlado de puntilla de oro fino, y por dentro de bayeta colorada «con lafrisadura.» Pagáronse á un maestro guadamecilero 176 reales por dossobremesas grandes para la mesa del Embajador, y dos chicas para dosbufetes; y se compró por 68 mrs. una baraja de naipes para suentretenimiento.

En su tocador abundaron los perfumes; entre ellos dos azumbres de aguade olor muy rica á 14 rs. la azumbre, contenida en un pomo de vidriocuyo precio fué 24 mrs, que estaba dentro de un canastillo con cintas yen su boca una flor.

Gastáronse además á este intento, ocho docenas de pastillas finas deolor, almizcle estoraque y benjui contenidas, en pomos de vidrio,algunos de ellos de los celebrados de Venecia.

Hay entre todas las partidas de la «Quenta» algunas que se refieren ácierta piedra que vino de Cartagena, y cuya aplicación no acierto ácomprender. Las copiaré sin embargo, por si algún sujeto curioso puedeilustrar el particular.

Maravedises

Mas 5 rs. á los hombres que trajeron

la piedra que vino de Cartagena

que estaua en el mesón

de los Carros.

186

Item 6 rejones de hierro para la caxa

donde fué metida la piedra.

24

Item para adereçar la piedra vna

libra de cera blanca á 6 y

medio.

220

Vn real de trementina.

34

Media libra de albayalde fino.

48

Mas vna libra de almaciga blanca

escoxida para el dicho efecto,

20 rs.

680

Item vn anafe.

24

De vna caçuela medio real.

24

De carbon 8 libras á 6 mrs.

48

Mas de pez medio real.

16

Item. 6 rs. de dos bisagras de fierro

para la dicha piedra.

204

A Martín Cardeno el maestro que

adereço esta piedra 60 rs.

2.060

concertado en este precio por

el maestro mayor destos Alcázares

Diré á usted por último que para el inmediato servicio del ilustrehuésped se destinaron cuatro alabarderos que asistían de dia y noche álas puertas de su aposento, acompañándole á todas partes, con sombrerosy zapatos nuevos que estrenaron para dicho fin.

Diósele de cenar la noche del jueves, á cuyo efecto se aderezaron:

Maravedises

24 gallinas á 5 rs.

4.080

30 conejos á 2 rs.

3.060

6 patos 60 rs.

3.060

13 pichones 26 rs.

884

3 jamones 8 ducados.

2.999

2 cabritos 20 rs.

680

1 carnero 40 rs.

1.360

4 libras de lengua, orejas y codillos.

850

12 libras de vaca 18 rs.

612

De salchichones 12 rs.

408

De libras de diacitron 6 rs y medio.

226

De 12 Azumbres de miel 9 rs.

306

De una libra de piñones 2 rs.

66

De una libra de azucar 2 rs. y medio.

85

Termina esta cuenta expresando los limones, vinagre, huevos, grajea,aceite y tocino que se consumieron en dicha cena.

Veamos ahora la «Relación del gasto que se hizo con el embajador deynglaterra en su ospedaje en estos Reales Alcázares, por mandato delConde Duque mi señor que llegó á ellos á 20 de Febrero de este año de1631, hasta lunes 23 del dicho que se fueron en su compañía decaualleros y criados más de 130 personas.»

La forma en que se halla redactado este papel me priva del gusto quehubiese tenido en consignar todas la viandas con que fué obsequiado,pues en sus diversas partidas cállanse frecuentemente las cantidades depiezas que se consumieron, diciendo solo por ejemplo «de perdices tantosreales» sin citar el número de ellas, por esta razón unas vecesmencionaré el costo y otras el número y cantidad de los manjares.

Reales

Lengua de vaca y codillo.

35

Tocino para las ollas.

125

Queso de Alentejo.

1.608

Azucar.

38

Arina.

112

Grajea.

210

Leche.

58

Bizcochos.

4

Manteca de Flandes para almorzar los ingleses.

180

Naranjas y limones.

46

Avellanas y almendras.

264

Atun.

14

Miel.

96

Anis preparado.

14

Melones.

2.380

Arenques.

614

24 sábalos

75 lenguados

12 libras de asedías

32 manojos de espárragos

80 docenas de ostiones

284 huevos de gallinas

4 arrobas de aceite

8 botijas de alcaparras

60 conejos

64 perdices

58 gallinas

6 docenas de pájaros

3 carneros

6 libras de pasas

9 piernas de cabrito y carnero

4 cabritos

42 arrobas y media con 2 azumbre de vino

10 libras de gibia

20 de raya

70 besugos

60 libras de corbina

332 hogazas de pan

40 libras de peros

1.000 nueces

30 barriles de aceitunas y alcaparras