Cuentos y Diálogos by Juan Valera - HTML preview

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SIDARTA (abrazando a Gopa)—¡Esposa mía!

GOPA.—Dime la verdad. ¿Me amas aún?

SIDARTA.—Te amo más que nunca.

GOPA.—¿Por qué, entonces, estás inquieto, triste y como desesperado?¿Por qué no se aquieta en mí tu voluntad?

SIDARTA.—Si no te amase, mi voluntad no se aquietaría en ti, porquebuscaría más alto objeto de su amor.

Amándote, no se aquieta tampoco,porque teme perderte. En breve plazo nos separará el destino, yrenaceremos bajo nuevas formas para no volver acaso a encontrarnosjamás.

Y no nos separaremos en la plenitud de la hermosura y de lafuerza, jóvenes y robustos aún, sino tal vez marchitos por la vejez ysobrecargados de disgustos y enfermedades. Esto hará que el afecto quehoy nos tenemos se trueque en desvío y en horror, o dé origen a unapiedad dolorosa. Pero aunque tú y yo ¡oh hija de Dandapani! lográsemosrevestirnos de juventud

perpetua

y

disfrutar

perenne

salud,

viviendounidos y enamorados siempre, nunca seríamos felices, como no fuésemosegoístas. El dolor de cuanto respira, el padecer de cuanto alienta, lamuerte de cuanto vive y el espantoso espectáculo de la miseria humanaacibararían nuestra ventura, o nos harían indignos de gozarla por ladureza de nuestros pechos sin compasión y por la sequedad de nuestrosojos sin lágrimas.

GOPA.—Tus razones son tan poderosas para mí, que no sé cómo respondera ellas. Si algún engaño contienen, no seré yo quien te saque delengaño; caeré en él contigo. Es cierto: lo sé por experiencia propia: nohay dicha cumplida.

Ni cuando tú, violentando la dulce modestia de tucondición y prestándote al capricho de mi padre, te presentaste acompetir con mis pretendientes, y en la lucha, en la carrera, endisparar flechas y en esgrimir las demás armas, los venciste; ni cuandome revelaste que me amabas; ni cuando toda yo fui tuya; ni cuando sentíen mi seno agitarse viva tu imagen; ni cuando alimenté a nuestro hijocon la leche de mis pechos; ni cuando, sentado en mi regazo, aquel clarodescendiente de Gotama respondió por vez primera a mi sonrisa con susonrisa y atinó a pronunciar tu nombre y el mío; nunca dejaron deacibarar mi contento el temor de perder el bien que le causaba y laconsideración de que nuestro contento y nuestro bien eran privilegioodioso, eran contravención de la ley que condenó a los hombres a generalinfortunio. Pero dime; si me amas, ¿nuestro infortunio no será mayorseparándonos? ¿Por qué, pues, me huyes? Afirman que nos quieresabandonar a todos. ¿Qué propósito llevas? Porque el dolor sea general ynecesario,

¿hemos de acrecentarle por nuestra voluntad, como loacrecentarás si nos abandonas?

SIDARTA.—Bien sabes, hermosa nieta de Iksvacú, que por mi voluntad nose ha derramado jamás una sola lágrima.

¿Cómo había yo de dartevoluntariamente el pesar más pequeño? Jamás me apartaría yo de tu lado,si esto me fuera lícito; pero no debo ocultártelo por más tiempo: undeber imperioso me impulsa a ir lejos de ti.

GOPA.—¿No te alucina, no te extravía ese deber?

SIDARTA.—No es posible que me alucine. Mi resolución no ha sido súbita,sino nacida de largas y profundas meditaciones. Yo quiero y puedolibertar a los hombres de la miseria, del dolor y de todos los males:mostrarles el camino de la redención, redimiéndome yo mismo.

Miinteligencia, abstrayéndose de todo, desdeñando los deleites ilusorioscon que nos brinda el Universo, en la contemplación de sí propia, en eléxtasis, irá poco a poco alcanzando la suprema sabiduría, elevándose porcima de los dioses y de los asuras, adquiriendo un poder mágico querompa la ley fatal del encadenamiento de las causas; y, por último,llegada al colmo de su brío, realizada toda la virtud de su esencia, seextinguirá para siempre, como se extingue la llama cuando da al mundotoda la luz y todo el calor que están en ella latentes. Mi vida será asíejemplo y dechado para los que aspiren, como yo, a salir de la esferatempestuosa de la vida y de las mudanzas sin fin, y busquen la pazeterna. Obra fatal de Amor, efusión de su esencia divina fue esteUniverso tan lleno de dolor. Sean obra reflexiva de Amor elaniquilamiento, el silencio y el reposo que nos salven del tumulto y dela guerra.

Limitación y mengua son el fundamento de nuestra vida comoindividuos. Rompamos el límite, completemos el ser para que no tengamengua alguna, y entonces nuestra existencia sin límites, y entera, sinmengua ni falta, será como si no fuese.

GOPA.—El fin a que caminamos es para los ojos de mi mente tenebrosocomo el abismo. Como en el abismo, hay en él algo que me seduce y que meatrae. No penetro, sin embargo, lo que puede ser este fin; pero losmóviles que a él te llevan son generosos, admirables, dignos de tu alma.Sidarta mío, aun cuando fuese errada la dirección que llevas, es tannoble el impulso que por ella te ha lanzado, que, lo presiento conorgullo, las generaciones futuras por siglos y siglos habrán debendecirte y ensalzarte como al más glorioso de los hombres. Mil tribus,naciones y pueblos seguirán tus huellas y aprenderán tu doctrina. Por miamor de esposa, por el amor que tengo a nuestro hijo, quisiera oponermea tu empresa y retenerte a mi lado; pero el amor de tu gloria, quereflejará en mí y en tu hijo, me mueve a no impedir tu partida, aunqueel impedirla estuviera a mi alcance. Ve, pero llévame contigo. Déjameprimero compartir tus trabajos y después tu triunfo.

SIDARTA.—No puede ser. Debo partir solo.

GOPA.—Mi corazón se deshace de dolor; pero me resigno devotamente. ¿Ycuándo, bien mío, ha de ser tu partida?

SIDARTA.—En el instante, ¡oh hermosa nieta de Iksvacú!

Estamos en lamitad de la noche. Mira al claro cielo. ¿Ves aquella luz que brilla enOriente? Es mi estrella, que se levanta para iluminarme y guiarme.Chandac, mi escudero, tiene enjaezados los caballos. Los que guardan lapuerta oriental de Capilavastu, por donde ya asoma mi estrella, estánganados y me dejarán partir. Queda en paz, ¡oh Gopa!

GOPA.—¡Oh señor del alma mía! Tu esclava gemirá abandonada por timientras viviere. Si no lo repugnas, ya que no a la mujer querida,concede el último favor a la madre de tu hijo. Sella mi rostro con tuslabios.

(Sidarta besa a Gopa en silencio. Gopa le estrecha en sus brazos y lebesa también. Sidarta se desprende de ella con suavidad y huye. No bienSidarta desaparece, Gopa cae desmayada.)

CUADRO II.

Sigue la escena en la ciudad de Capilavastu: 593 años antes de Cristo.

Es de día. La misma cámara del tálamo.

GOPA y PRATYAPATI.

PRATYAPATI.—Quiero decírtelo, aunque sea dura contigo. No; tú no leamas, ya que estaba en tu mano detenerle y le dejaste partir.

GOPA.—Él es mi señor; yo, su sierva. No estaba en mi mano detenerle. Suvoluntad es firme y superior a todos mis halagos; pero, aun pudiendo yodetenerle, no le hubiera detenido.

PRATYAPATI.—¿Por qué? ¿Acaso crees en su doctrina?

GOPA.—Yo creo en el impulso magnánimo que le mueve, y esto me basta:creo en su dulce compasión por todos los seres; en su amor a loshombres, a quienes mira como a hermanos, sin distinción de castas; y ensu deseo vehemente de enseñarles el camino de la virtud y de la paz.Sólo no creo en una cosa de las más esenciales que él afirma; y si deesto dudo, o más bien, si esto niego, es por lo mucho que le amo. ¿Cómohe de creer yo en nuestra incurable miseria, en nuestro inconsolabledolor, y en que la actividad de la mente es don funesto, cuando, en elcolmo de mi amargura, abandonada por él para siempre, todavía vale másel recuerdo de la dicha alcanzada y de la honra obtenida en ser suya quetodo el pesar del abandono en que me deja?

¿Cómo he de creer que la vidaes un mal, cuando veo y columbro la suya, que ha de ser fuente de tantosbienes?

¿Cómo he de apreciar en poco la vida, cuando el precio infinitode la vida de él bastará para el rescate del linaje humano? ¿Cómo he dellamarme infeliz y no bienhadada, si el fruto de su amor vive en nuestrohijo, si la gloria de su nombre me circundará de fulgores inmortales, ysi el recuerdo de que ha sido mío, de que le he tenido a mis plantas,idolatrándome, embelesado en la contemplación de mi belleza, a par quelisonjea mi orgullo, es inagotable manantial de consuelo para mi alma?

PRATYAPATY.—No es hondo el dolor que tan fácilmente halla consuelo. No:tú no le amas.

GOPA.—Quien no ama ni entiende de amor eres tú, Pratyapati. Porque leamo, en el mismo dolor hallo consuelo, y no sólo consuelo, sino deleitey gloria. Y

mientras el dolor es más intenso, es la dulzura más grata.Padecer por él, llorar por él, verse condenada por él a soledad horribley a viudez prematura, es sacrificio santo que hago en aras de su amor yque encierra una virtud beatificante. Tú estás más prendada de sudoctrina que de su persona. Yo adoro su persona, y en parte desecho sudoctrina. Por amor suyo la desecho. No es funesto don la luz de miinteligencia, ya que alumbra su imagen; no es funesto don mi memoriainmortal, ya que su recuerdo vive en ella. Abomino del reposo, de laextinción que él busca y desea, y prefiero un tormento sin fin, con talde que viva en mí el rastro del amor que me tuvo. Bajo la presión de mispenas dará mi amor su más balsámico aroma, embriagándome el alma, comohuelen mejor las hierbas y las flores de la selva cuando el villano alpasar las ofende y las pisa.

PRATYAPATY.—Perdóname, ¡oh enamorada mujer! Bien presumía yo que leamabas; pero quería medir la energía de tu amor. La he negado, paracerciorarme de ella, oyendo tus palabras. Todavía tienes que pasar porun amargo trance, y ansiaba yo conocer el brío que hay en ti parasufrirle.

GOPA.—Antes de su abandono, antes de que esta desgracia me hubieseherido el alma, la imaginación medrosa me fingía mayor la pena que iba asobrevenir, y me menguaba los medios de consuelo. Ahora nada hay ya queme aterre. El bien que he gozado y perdido mitiga y aun endulza con susdejos toda la amargura del mal presente. Mi corazón es cual vaso que hacontenido un licor oloroso y de sabor gratísimo. El licor se haderramado, pero lo más sustancial y rico que en él había quedará parasiempre en el fondo del vaso e incrustado en sus paredes interiores, ytrocará en miel el acíbar que en él se ponga, y en bálsamo el veneno.

PRATYAPATY.—Me tranquilizo al notar que el amor que tienes a Sidarta teda energía para sufrirlo todo. Sabe, pues, que fue en vano que el Reyenviase en su persecución a sus más fieles servidores. No han podido darcon él. Sidarta se ha perdido en el seno de impenetrable y sombríafloresta.

Allí no es ya el príncipe Sidarta, sino el áspero penitenteSakiamúni. Su elegante traje le trocó por el traje de un mendigo. Lanegra y rizada cabellera que ceñía sus cándidas sienes, formando undososy perfumados bucles, se la cortó él mismo, y te la envía como últimopresente. El escudero Chandac tiene el encargo de entregártela, y ya seadelanta a cumplirle, si le dejas penetrar hasta aquí.

(Gopa hace seña de que entre, y entra Chandac, trayendo en un plato deoro la cabellera de su tenor.) GOPA (tomando en sus manos el plato de oro y colocándole sobre eltálamo.)—¡Cuántas veces, amados cabellos, cuando estabais aún prendidosen su cabeza, os besaron mis labios y os acariciaron mis manos! Yaestáis muertos y separados de él. Estáis muertos porque no tenéismemoria y no le recordáis. Yo también, separada de él como vosotros,arrancada de él como la flor de su tallo, carecería de vida, si mi vidano fuese su recuerdo.

PRATYAPATY.—¿Y por qué no también la esperanza de que volverás a verle?

GOPA.—Porque el recuerdo es verdadero y leal, y la esperanza falsa yengañosa; porque el recuerdo evoca para mí a Sidarta, enamorado, tierno,humano conmigo; todo él para mí, y toda yo para él; mientras que laesperanza me niega para siempre a Sidarta, y sólo me ofrece ahora aSakiamúni, y más tarde, cuando Sakiamúni alcance su última victoria, aun ser incomprensible, más luminoso que los astros, y mayor en poder quelos dioses, pero inferior a Sidarta, joven, hermoso y enamorado.

PRATYAPATI.—¡Pero Sidarta será el Buda libertador de los hombres!

GOPA.—Jamás el Buda valdrá para mí lo que Sidarta valía. Reniego de lalibertad que el Buda me dé, y la trueco mil veces por la esclavitud conque Sidarta me esclavizaba.

Doy la fría calma que la doctrina del Budame proporcione por la agitación y la guerra amorosa que, con lascaricias, los rendimientos, los celos, la ausencia y hasta los desdenesde Sidarta, me han perturbado y atormentado.

CUADRO III.

La escena es en la ciudad de Francfort sobre el Mein, 1866

años despuésde Cristo, y 2488 después de Buda.

Habitación del doctor Seelenführer. Es de noche. Una lámpara de petróleoilumina la estancia, donde hay mucho librote.

El doctor SEELENFÜHRER y el AUTOR.

AUTOR.—Aseguro a V., mi querido doctor Seelenführer, que cada día estoymás encantado de haber contraído con usted estas relaciones amistosas.Oyendo a V. comprendo el movimiento intelectual de Alemania, en lo quetiene de más hondo, y por consiguiente el de toda Europa, porque (¿cómono confesarlo?) Alemania es nuestro norte en ciencias y en filosofía,casi desde Leibnitz, y sobre todo desde Kant. Usted es un resumen vivode cuanto ahora se sabe o se supone que se sabe: usted es un sabio a laúltima moda. Todo esto me divierte mucho, porque no puede V.

figurarselo aficionado que soy a la filosofía; pero confieso que hay dos cosillasque me afligen.

SEELENFÜHRER.—Dichoso V., a quien sólo afligen dos cosillas. ¡A mí meafligen y me desesperan todas!

AUTOR.—Pues justamente es ésa una de las cosillas que me afligen: elque a V. le aflijan todas y le desesperen. De lo que antes yo gustabamás, en la filosofía alemana, era del optimismo. Desde el doctorPangloss hasta hace poco (al menos yo así lo entendía) han venido siendooptimistas los grandes filósofos. El ser llorones se dejaba a los poetasexóticos, como Byron y Leopardi. En Alemania, ni los poetas siquieraeran quejumbrosos y desesperados. En el más grande de todos, en Goethe,celebro yo con singular contentamiento cierta alegría reposada ymajestuosa y cierta olímpica serenidad. Pero ¡amigo mío! ¡cómo hacambiado todo! Lo que ahora priva es la filosofía de la desesperación.La poesía la precedió en este camino, el cual, seguido poéticamente,confieso que me encantaba.

Cuando yo era mozo y estudiante, ¿quién nohacía versos desesperados? Los versos desesperados eran como blasfemiasy reniegos de las personas atildadas y cultas.

Había uno perdido aljuego la mesadita de 30 ó 40 duros que le enviaba su papá; habíaestudiado tan poco, que había salido suspenso y le habían dejado para elcursillo; la hija de la pupilera, o la pupilera misma, le había plantadoy preferido a otro huésped; en cualquiera de estos casos, o de otros porel estilo, leer o hacer versos desesperados a lo Byron, a lo Leopardi oa lo Espronceda, era un desahogo, con el cual se quedaba sereno el vateo genio en agraz, y comía luego con más apetito que nunca. El asunto esmil veces más serio en el día. La desesperación no se muestra enjaculatorias y raptos líricos, más o menos elegantes y poco metódicos,sino que se deduce de todo un sistema dialéctica y sabiamenteconstruido. Confiese V. que esto es lastimoso. Si el término delprogreso no es la desesperación momentánea,

poética

y

romántica

de

unpoeta

impresionable, sino la desesperación reducida a reglas ydemostrada como una serie de teoremas de Geometría, convenga V. en quedebemos maldecir el progreso. Aquí tiene V., pues, las dos cosillas queme afligen. Los dos artículos principales de mi fe filosófica quedandestruidos con la filosofía a la moda: la fe en el optimismo y la fe enel progreso. ¿No sería puerilidad ridícula alegar, como prueba delprogreso, el que vamos ahora en ferro-carril o en tranvía, en vez de ira pié o a caballo; el que los retratos en fotografía salen baratos; elque se teje con prontitud y primorosamente por medio de máquinas devapor, y el que envíamos a decir a escape lo que se nos antoja por mediodel telégrafo, si en lo esencial estamos, de un modo sistemático,pertinaz y dialéctico, desesperados y dados a todos los demonios?

SEELENFÜHRER.—¿Y por qué ha de ser puerilidad ridícula? ¿Quién, quepenetre en lo esencial, cree que el progreso pasa de los accidentes a laesencia? El telégrafo, el vapor, la fotografía, los cañones rayados son,pues, el progreso.

AUTOR.—Yo entendía, sin embargo, que el objeto y fin de la filosofíaera la bienaventuranza, y el término del progreso la perfección delhombre hasta llegar a la bienaventaranza deseada: a su ideal, en elsentido más lato.

Así, pues, no puedo convencerme de que caminamos haciala bienaventuranza, cuando veo que, no sólo estamos desesperados, sinoque es tonto probadísimo, hombre ajeno a la filosofía, acéfalo omicrocéfalo insipiente, el que no se desespera.

SEELENFÜHRER.—Esa desesperación, hoy más vivamente sentida que en otrasedades, es la prueba más clara del progreso. Cuando el viandante vaacercándose al fin de su jornada pica y da de espuelas a su caballo paraacabarla pronto y descansar. Así el progreso, que va caballero en lahumanidad, la pica y la espolea para que llegue y se repose cuantoantes.

AUTOR.—¿Y cuál es la posada a donde el progreso nos lleva?

SEELENFÜHRER.—Nos lleva a la nada; al fin del Universo y de toda lavida; a la extinción del egoísmo y al triunfo del amor, que es lamuerte. No le quepa a V. la menor duda: la ciencia llegará a poderdestruir toda esta pesadilla horrible del Universo, que es lo que nosconviene. En el no ser nos aquietaremos todos y cesará esta luchaincesante por la vida que traemos ahora, ya valiéndonos de la fuerza, yade la astucia. ¡Cesará el dolor y se extinguirá el deseo! ¡Qué paz tanhermosa!

AUTOR.—Guárdesela V. para sí; que yo no la quiero.

SEELENFÜHRER.—Pues no hay otro remedio. Para todos vendrá. Es el únicofin de nuestros males. La idea de Hegel, después de llegar a su totaldesenvolvimiento, por medio de mil y mil evoluciones y determinaciones,se replegará sobre sí misma con toda la plenitud del ser, sin algo quela límite y determine, y será el no ser. La esencia de los krausistas serealizará toda, y la realización de la esencia será la nada.

La voluntad de Schopenhauer, este prurito, este amor primogenio, que loha sacado todo de sí, como representación y fantasmagoría, dará fin a larepresentación trágica de la vida, y lo volverá a encerrar todo en sí.Mientras llega este día dichoso, en que ha de acabar la vida, crea ustedque los adelantamientos científicos sirven de mucho para hacerla menosintolerable.

AUTOR.—Póngame V. algún caso.

SEELENFÜHRER.—Pondré uno o dos de los más capitales, pero será menestercierta explicación previa.

AUTOR.—Pues dé V. la explicación.

SEELENFÜHRER.—Ya V. sabe que pasó la edad de la fe.

AUTOR.—Sea, pues V. lo asegura.

SEELENFÜHRER.—Los hombres, en esta edad de la razón, no pueden dejarsellevar para sus actos del temor ni de la esperanza de premios o decastigos ultramundanos. Los hombres son autonómicos. Ellos mismos seimponen las leyes que quieren, las derogan cuando gustan, y se absuelvencuando las infringen. No hay ser superior al hombre, que legisle yjuzgue, salvo un fantasma que tal vez crea la conciencia y proyectafuera de sí, agrandándole, como la figurilla pintada en el vidrio de unalinterna mágica se agranda al proyectarse en la pared, a causa de laoscuridad. Traiga V. una luz clara, y la figura grande que había en lapared desaparece, y sólo queda la figura pequeña dentro de la linterna.Así la proyección del fantasma que había en nuestra mente, y que nosfingíamos en lo exterior, inmenso, infinito, se borra, se desvanece deltodo, ante las claras luces del siglo en que vivimos.

AUTOR.—Enhorabuena. ¿Y qué?

SEELENFÜHRER.—Los hombres, pues, no tienen para sus actos sino dosmóviles, o, mejor dicho, uno solo, que se bifurca: lo que lospositivistas ramplones llaman la utilidad.

La bifurcación consiste enque unos buscan la utilidad exclusiva de ellos, y otros, los menos, lautilidad de todos.

Esto no implica mérito ni demérito en el hombre: todoestá predeterminado: todo es fatal: todo es obra de esa voluntadinconsciente, de ese prurito que creó el mundo, y que se agita ennosotros y nos impulsa: a unos a la devoción, al sacrificio, negando alindividuo por amor al todo; a otros al egoísmo, procurando laconservación, el deleite y el bienestar del individuo, a despecho y talvez en perjuicio de la totalidad. Nace de aquí que no poca gente de lamás ruda, menesterosa y fiera, alentada y capitaneada por espíritusinquietos, trate de subvertirlo todo por envidia o por codicia, envirtud de teorías que se llaman, por ejemplo, socialismo, comunismo ynihilismo. ¿Cuál es el mejor modo de evitar esto? Aquí de la sabiduría,ha dicho mi docto amigo Ernesto Renan; y ha discurrido un medio, quepronto ofrecerá a los sabios en un libro precioso.

Consiste su medio enque los sabios se reúnan en corporación o cofradía; se comuniquen susinventos sin que el público los trasluzca, volviendo a la época de lasciencias ocultas y de la magia; y, no bien chiste la plebe, se alboroteo no los deje en paz, reciba su merecido, produciendo los sabios contraella, ya un buen terremoto, ya una inundación o un diluvio, ya unaepidemia, ya un par de volcanes en actividad, ya otra plaga por elestilo. Así llegará al cabo el gobierno de los sabios: todos los que nolo sean nos obedecerán y temblarán, y el mundo estará lo menos malposible. Seguirá entre tanto progresando la ciencia, y no bien logremosposeerla del todo, acabaremos este drama del Universo y de la historiacon un suicidio colosal, o mejor expresado, con un totalicidio yaniquilamiento de cuanto existe. El otro caso de ventajas que ha detraernos la ciencia es el de dar una nueva religión a la plebeignorante. La ciencia y la filosofía niegan a Dios; pero los que no soncientíficos ni filósofos es menester que le tengan. Esto nos conviene.La religión será, pues, nuestra misma filosofía, expuesta, no ya entérminos dialécticos y con método, sino en imágenes, símbolos, alegoríasy otras figuras retóricas, cada una de las cuales tomará consistencia enla fantasía del vulgo y será una persona divina, un ente mitológico,Dios en suma. Ya varios amigos míos andan por esta manera confeccionandola religión del porvenir. Difícil es la empresa; pero ¿qué no puede laciencia novísima? Yo creo que acabará por salirse con la suya.

AUTOR.—Y dígame V.: ¿se va ya entreviendo a cuál de las religionespositivas, existentes hasta hoy, se parecerá más la religión delporvenir?

SEELENFÜHRER.—Vaya si se entreve. Se parecerá, al budismo.

AUTOR.—Hombre, me alegro. Buen lazo de fraternidad, así que seamosbudistas, vamos a tener con más de doscientos millones de ellos que hayen Asia y en Oceanía.

Pero me alegro también por otra razón.

SEELENFÜHRER.—¿Por cuál?

AUTOR.—Porque estoy escribiendo un diálogo, donde Gopa, la mujer deBuda, es la heroína, y no sé cómo terminarle. Usted, que ya es casibudista, debe de tener vara alta con Gopa. ¿Podrá V. evocarla y hacerque yo hable con ella?

SEELENFÜHRER.—No hay nada más llano. Antes de todo, quiero que sepa V.que yo no soy un espiritista adocenado, sino el más ilustre de losespiritistas. Yo he hecho dar un paso gigantesco al espiritismo. Enprimer lugar, le he conciliado

con

mis

ideas

a

lo

Schopenhauer.

Miescepticismo, a fuerza de negarlo todo, nada niega. La misma duda cabeen que V. sea ilusión o realidad, que en que Gopa, aparecida ahora antenosotros después de cerca de veinticinco siglos de muerta, sea realidado ilusión. Los puros materialistas son necios. Por medio decombinaciones y operaciones físicas y químicas de lo que llaman materia,y donde sólo ven o pretenden ver la realidad, se jactan de explicar elespíritu, la voluntad, la inteligencia y el deseo, que ellos creencualidades o resultados; y la verdad es que el resultado, tal vezaparente, es la materia, y que de la voluntad y del entendimiento, únicacosa real, si hay algo real, es de donde procede todo. Así, pues, no hayfundamento alguno para negar que existan aún la mente y la voluntadindividuales de Gopa, aunque los órganos que esta voluntad y esta mentese proporcionaron o se crearon para su uso, en cierta época dada, hayandesaparecido.

AUTOR.—De eso no tiene V. que convencerme. Yo creo en la inmortalidadde las almas. Lo que se me hace duro de creer es que ni V. ni nadie lasevoque.

SEELENFÜHRER.—Yo no trataba de convencer a V.

Quería

sólo

justificarmede

haber

incurrido

en

contradicción. Por lo demás, V. se convencerá demi poder nigromántico. Gopa aparecerá y hablará con V. ahora mismo. Noen vano me apellidan Seelenführer, que equivale en griego a Psicopompo oconductor de almas, epíteto dado a Hermes, tres veces grande, y a otroshábiles taumaturgos de la antigüedad.

AUTOR.—Y dígame V., ¿por qué medio se comunicará Gopa conmigo?

SEELENFÜHRER.—Por la perla de los medios. Mi medio es una paisanitade V., una lozana andaluza, cuyo nombre es Carmela, a quien hallé, cincoaños ha, extraviada en Homburgo, haciendo sortilegios, que no le salíanbien, al rededor de una mesa de treinta y cuarenta. Desde entonces estáconmigo y se ha mediatizado, ejerciendo la mediania de un modo queno tiene nada de mediano, y sí mucho de nuevo. Yo embargomagnéticamente su espíritu, y queda su cuerpo como casa deshabitada,donde el espíritu evocado penetra, se infunde, y, valiéndose de losórganos de ella, emite la voz con sus pulmones y garganta, y articulapalabras con su boca.

AUTOR.—Amigo mío, estoy encantado de oírle. Linda invención la de V.Eso sí que me gusta, y no aquella pesadez de los golpecitos en las mesasy de la escritura después. Vea yo cuanto antes a Carmela.

SEELENFÜHRER.—Aguarde V. un momento. (Hace ciertos ademanes y pases conlas manos, como quien vierte por ellas diez chorros de fluidomagnético.) Ya está Carmela dormida. Ahora evoquemos el espíritu de Gopapara que se infunda en el lindo cuerpo de Carmela.

¡Gopa! ¡Gopa!

(Se abre la puerta que debe de haber en el fondo, y Gopa aparece, todavestida de blanco, muy guapa moza, aunque algo morena, y con loshermosos, largos y negros cabellos, sueltos por la espalda.)

GOPA.—¿Qué me quieres?

SEELENFÜHRER.—Que respondas a lo que este caballero te pregunte.

GOPA.—¿Qué he de responder? No: yo no quiero responder a nadie. Acabasde herirme, de emponzoñarme el corazón. Hace veinticinco siglos quegozaba yo con el recuerdo de Sidarta, noble, generoso y enamorado.

Suúltimo casto beso, el de la noche en que se despidió de mí, estaba en loíntimo de mi ser como luz celestial que le iluminaba. Todo mi encanto sedestruye ahora. Yo no he vuelto a ver a Sidarta. No he vuelto a saber deSidarta en todo