Cosas Nuevas y Viejas (Apuntes Sevillanos) by Manuel Chaves - HTML preview

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OBRAS DE MANUEL CHAVES

Constancia. —Novela.—Imp. de El Cronista.—1891.— ElPosibilista. —1894.—

Sevilla.

Hablar por hablar. —Colección de artículos literarios, satíricos y decostumbres, publicados de 1890 á 1894.— El Posibilista. —Sevilla.

Bocetos de una época (1820-1840).—Carta-prólogo de don Manuel GómezImaz.—

Librería de Fernando Fe.—1892.—Madrid.—Imp. de Francisco Leal,etc. Sevilla.—

Un tomo en 8.º.—270 páginas.

Pro-Patria. —Homenaje á los heroicos hijos de Sevilla don JoséGonzález Cuadrado y don Bernardo Palacios Malaver.—Primera edición:Tipografía de Díaz y Carballo, etc., etc.—1893.—Segunda edición:Tipografía de Leal y C.ª 1894.—Sevilla.—Folleto en 4.º.—Una lámina.

Páginas Sevillanas. —Sucesos históricos, personajes célebres,monumentos notables, tradiciones populares, cuentos viejos, leyendas ycuriosidades.—Con una carta-prólogo de don José Gestoso y Pérez.—Imp.de E. Rasco, etc. 1894.—Sevilla.—Un tomo en 8.º.—352 páginas.

Pepe-Illo. —Ensayo biográfico, histórico y bibliográfico.—Resuche,impresor, etc., 1894.—Folleto en 8.º.—Dos láminas.

Una carta del rey neto y algunas menudencias para ilustrar un capítulode la historia.—Imp. de Ángel Resuche, etc., etc.1894.—Sevilla.—Folleto en 8.º.—Con un retrato y un facsímil.

La Semana Santa y las Cofradías de Sevilla de 1820 á 1823. —Carta alduque de T'Serclaes.—Imp. de E. Rasco. 1895.—Sevilla.—Cuaderno enfolio.

D. Bernardo Márquez de la Vega. —Memorias de la reacciónabsolutista.—Imp. de El Porvenir, etc., etc. 1896.—Sevilla.—Folletoen 8.º.

Perder el tiempo. —(Versos).-Con una carta de don Francisco RodríguezMarín.—

Imp. de El Porvenir, etc 1896.—Sevilla.—Folleto en 8.º.

Historia y bibliografía de la prensa sevillana. —Prólogo de donJoaquín Guichot y Parody, Cronista oficial de la ciudad.—Imp. de E.Rasco, etc. 1896.—Sevilla.—Un tomo en folio: XLII-380 páginas.

Discurso de recepción leído ante la Academia Sevillana de BuenasLetras el día 11

de Abril de 1899.—Tipografía, Monsalves 17:1899.—Sevilla.—Folleto en 4.º.—82

páginas.

D. Mariano José de Larra (Fígaro). —Su tiempo, su vida y susobras—Estudio biográfico-crítico y bio-bibliográfico.—Imp. de LaAndalucía. 1898-1899.—Sevilla.—

Un tomo en 4.º—244 páginas.

Micer Francisco Imperial. —Siglo XIV.—(Apuntesbibliográficos.)—Tipografía, Monsalves 17.—1899.—Sevilla.—Folleto en4.º.

La Madre y la muerte. —Poesía escrita sobre el pensamiento de uncuento de Hans Cristián Andersen.—Tipografía de «La Industria», etc.,1899.—Sevilla.—Folleto en 8.º.

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El humorismo en la literatura española el siglo XIX. —Trabajo premiadoen los Juegos Florales que celebró el Ateneo de Sevilla en 25 de Abrilde 1900.—Un folleto.

Los teatros de Sevilla en la segunda época constitucional(1820-1823).—Imprenta de F. Marta-García.—1900.—Un folleto en8.º.—80 páginas.

D. Diego Ortiz de Zúñiga. —Su vida y sus obras.—(Estudio biográfico ycrítico.) Premiado en los Juegos Florales que celebró el Ateneo deSevilla el 4 de Mayo de 1902.—Imp. de E. Rasco,etc.—1903.—Sevilla.—Un folleto en 4.º.—VIII-100

páginas.

Cosas Nuevas y Viejas. —Apuntes sevillanos.—Prólogo de don JoséNogales.—

Sevilla: Tipografía, Sauceda 11.—Un volumen en 4.º. francés.

COSAS NUEVAS Y VIEJAS

MANUEL CHAVES

———

(APUNTES SEVILLANOS)

PRÓLOGO DE

D O N J O S É N O G A L E S

SEVILLA

Tipografía, Sauceda 11

1904

Al Índice

SR. D. ENRIQUE CARREÑO

Mi excelente amigo: Á su bizarría, á su generosidad, se debe que estos Apuntes sevillanos salgan á la luz pública, reunidos y puestos enorden conveniente. ¿Cómo no he de honrarme escribiendo su nombre de Vd.en la dedicatoria de este mi nuevo libro?

Grande, sincero y mil veces demostrado es el amor que Vd. tiene porSevilla, y como de cosas de esta nuestra tierra— viejas unas por suantigüedad y nuevas otras, por no ser muy conocidas,—tratan laspáginas que siguen, á esto atribuyo la predilección que me manifestó porellas, que muy expuesto estuviera á equivocarme si á vanidad de autorpudiera achacar otra cosa.

Siguiendo relativo orden cronológico van esos breves artículos, que enlas columnas de El Liberal gozaron un día cierto favor del público:por eso nada he querido alterar de ellos, pues ampliándolos ó dándolesotra forma, perderían ciertamente el carácter que tuvieron al sertrazados y que he deseado conservar.

La variedad de los asuntos que forman este libro, me hace sospechar queha de mover algo el interés del lector curioso, á quien, como á Vd.,ofrezco ya un detalle de las costumbres de nuestros antepasados, ya labiografía de un sevillano ilustre, ya la descripción de algún monumento,ó ya, en fin, la noticia de cualquier caso interesante, habiendo tenidobuen cuidado de basar todos mis escritos sobre auténticos documentosoriginales ó sobre noticias del más autorizado origen, no ocultandonunca, para mayor crédito, su procedencia.

¿Qué más he de decir á Vd. en estas líneas, que ya para dedicatoriapodrán parecerle largas?.... Pongo punto y reciba una vez más la muestradel reconocimiento y la amistad de su affmo.

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Enero, 1904.

Este es un libro que yo vi nacer: mejor dicho, que contribuí un poco áque naciera.

Por esto me juzgo ligado á él con ciertos vínculosespirituales que me redimen de aquella virginidad de prólogos en quehasta ahora he vivido. Ni los hice para los libros ajenos, ni los pedípara los míos.

Y es que, para los ajenos, creí siempre que me faltaba autoridad; y paralos míos, que me faltaba aquella cualidad excelente que tendrían queponer de manifiesto por anticipado juício de la obra.

Con el presente libro todo aquel propósito casi huraño ha venido átierra, y ya he dicho la razón. Ahora, lo que quiero decir al público escómo debemos alegrarnos de que lo efímero y volandero se haya fijado enmoldes estables y, como ahora se dice, definitivos.

He aquí cómo nació este libro: en Enero de 1901 comenzó la publicaciónde El Liberal en Sevilla, de que fuí Director durante algunos meses,con verdadero regocijo de mi alma. Esta satisfacción tenía dos motivosde índole sentimental: que era El Liberal y se publicaba en Sevilla.

Al empezar, dije á Manuel Chaves:—¿Por qué no haces una sección tuya,en que nos traigas algo de lo mucho que sabes y conoces, acomodándolo alpaladar del público numeroso y al molde especial del público moderno?

Estas invitaciones al trabajo no se le dirijen en balde á Manuel Chaves,uno de los espíritus trabajadores é inquietos que afirman, frente á la Andalucía legendaria y pasiva, la Andalucía productora éinteligente.

Desde el segundo ó el tercer número de El Liberal apareció la seccióntitulada

« Cosas nuevas y viejas». Lo que comenzó en Enero acabó enDiciembre. Un año, día por día, servimos á los lectores la pacientelabor de Chaves, que era, burla burlando, un pedazo de historia,fragmentaria, anecdótica, concentrada, en que había de todo: desde lotrágico á lo exquisito; desde lo terrible á lo picaresco.

Y esto—hay que decirlo lealmente—aun sin tener en cuenta otrasvaliosas condiciones de la producción, revela una profunda cultura y unmagno esfuerzo, que supone por anticipado muchos años de trabajoperseverante y abrumador, no recompensado sino por la estimación delpúblico.

Acaso porque todos, confesándolo ó no, apreciamos en mucho aquellascualidades en que no abundamos, yo admiro la obra paciente éinteligentísima de los eruditos, de los bibliógrafos, de losescudriñadores de las fuentes vivas en nuestra literatura, en nuestraciencia y en nuestra historia. Y esta obra de perseverancia y sabiduríase realiza con admirable solidaridad. Como en los esfuerzos científicos,estos empeños literarios se enlazan, se completan, se ordenan á travésde los años y de los siglos.

Sevilla fué siempre, y lo es ahora, un admirable taller para estapersistente labor de sabiduría. Yo tengo ganas de decir al «granpúblico», á ese público que está formado por cientos de miles delectores diarios, quiénes son y qué representan en la moderna culturaespañola esos eruditos andaluces cuyos nombres llegaron á él á través delas Academias, de las Corporaciones oficiales, de las referenciasvolanderas de los periódicos en notas fugaces é inexpresivas.

El círculo de lectores se va ensanchando: este es un excelente síntoma;la Prensa, machete en mano, abre sendas claras y ventiladas en elbosque enmarañado de nuestra ignorancia secular. Ella abre el camino; el convoy viene detrás. Es un error el de los que creen que la Prensaabsorbe por completo y para siempre la parte de inteligencia activa condetrimento del más hondo y apacible saber. La Prensa abre camino, hacelectores....

Uno de nuestros propósitos era ese: utilizar la Prensa como vehículo ycargar en ella la cantidad de cosas viejas que admitiese: así se iríanrepartiendo. Para esto—

exigencias inevitables del público—había queescoger lo raro, lo ameno, lo interesante: aún no está el niño grande para ingerir muchas y serias dosis de paciente estudio.

Y Manuel Chaves cumplió su encargo tan liberalmente, que con aquellaserie de Cosas ha podido componer el presente volumen, ya pasado enautoridad de cosa juzgada, y lo que es más, aplaudida.

Seguramente ha de haber alguna flor fresca en el ramillete, pues Chavestenía materia sobrada á mano, y no es hombre que se la reserve, alcontrario de otros eruditos, que todo lo que pueden lo reservan como siganara réditos. Y ¡cuántas otras cosas sabrosísimas, de gran interésliterario é histórico, habrá tenido que reservar y dejar en el fondo delos cajones, por esta ridícula meticulosidad que ahora nos ha entrado,por esta pudibundez externa que destierra todos los desenfados delingenio antiguo, aunque permite toda licencia al ingenio contemporáneo!

No podemos reproducir los felicísimos y audaces rasgos de nuestraliteratura picaresca, moralmente inofensiva, porque el donaire esingenuo, natural y bien encaminado, mientras corren, exquisitamenteencuadernadas, todas las alambicadas porquerías de la literaturafrancesa,—que no tienen acceso en otras naciones—y esto me hace pensaren el antiguo problema de si la moralidad será cuestión de climas...

yde lenguajes.

Me place lo exquisito de esa literatura, aunque se acomoda mi ánimomejor á los sabrosos desenfados de la nuestra.

Y es que adoro nuestras formas castizas, nuestro «modo de hacer», elresplandor de nuestro ingenio solariego, la gracia ingenua, socarrona yadmirable de nuestros grandes escritores. Y es más: pienso en que losseñores franceses venían en los siglos XVI y XVII á buscar comedias, ábuscar Autos, á buscar novelas, á empaparse en nuestro ambiente, para fusilar nuestra producción, hacerse el paladar y revendernos la«lengua de Molière» en nuestra propia salsa...

Era una especie de combinación como la que ahora hacen con nuestrosvinos. Allá van nuestros mostos blancos, fuertes, sensuales,apetecibles. Los tiñen de negro con singular maestría, los perfuman,los aderezan, los disponen con sugestivo bouquet, y nos los revendencon fe de bautismo de Burdeos ó de Borgoña... Total, seis botellas quevienen, representan el valor de una pipa que va. Ni más ni menos. Songastos de nacionalización que nos cargan en cuenta.

Y, ahora que recuerdo: Manuel Chaves también ha pasado la frontera y noslo han devuelto, con un acento de lo más tirano. En los periódicostaurinos del Mediodía, de la Provenza, figura Chavés como unaautoridad in ré taurina, por aquellos folletos sobre Pepe Illó... ydemás documentos del ramo, que ha sacado á luz. Es delicioso.

Lo que quise decir—y no es poco—es que Chaves es un escritor que pasóla frontera, precisamente por lo castizo, por lo apegado á nuestroriñón, por lo que tiene de españolizado, por sus cosas viejas, queson nuestras cosas.

Y si esto se estima en el extranjero, ¿cómo no lo habíamos de estimar ennuestra casa!

Sí se estima. Lo sé. He podido apreciarlo precisamente en estas Cosasviejas, en cuyo nacimiento me llamo un poco á la parte. Cartas sobrelas tales Cosas,

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recordatorios, adiciones, rectificaciones, oposición,aprobación, me daban á entender que interesaban.

Si interesaron entonces, ¿cómo no ahora? Ahora y siempre.

Son Cosas incitantes, regocijadas ó trágicas, pero andaluzas. Juntas,no tienen más fin que el de presentar un estado de alma; separadas, notienen más objeto que regocijar al lector ó hacerle sentir la angustiade lo histórico....

Por uno y otro propósito, mi parabién á Manuel Chaves; mi aplauso alconjunto de eruditos sevillanos, de grandes artistas, de pacientestrabajadores en el orden intelectual, que han formado una de las basesde nuestra cultura moderna.

De Sevilla hay que hablar mucho. Pero mucho. Dios dirá.

JOSÉ NOGALES.

LOS ANTIGUOS RELOJES

Tradición es, y aun lo afirman algunos historiadores autorizados, talescomo Méndez Silva y Mariana, que el primer reloj de torre que se conocióen España lo tuvo Sevilla y que éste se instaló en 1400.

Aquel año vino á esta ciudad el rey don Enrique III, que parecepresenció la ceremonia de colocar en la Giralda el reloj, dándose alacto toda la importancia que merecía, como así lo señalan las crónicas.

Construyó la campana del reloj, por encargo del arzobispo don Gonzalo deMena, un maestro llamado Alfon Domínguez, del cual existen diversasmemorias, constando también que el reloj y la campana quedaroninstalados en los comienzos del mes de Julio del citado año de 1400.

Un historiador moderno, al tratar este asunto, escribe: «Que aunque sedice de Valencia que por acuerdo del Consejo general en 16 de Julio de1378 se encargó un reloj de torre á cierto mecánico extranjero de pasopor la ciudad, sólo consta que en 1403 y en 12 de Febrero resolvió aquelmunicipio labrar una campana, y que batiesen las horas dos servidoresasalariados á este propósito.»

Podrán estas noticias ser puestas en duda, pero respecto á que muy á loscomienzos del siglo XV existía en Sevilla un reloj de torre, hay un datoindudable en las palabras del médico Juan de Aviñón, que en su libro Sevillana Medicina, hacia 1418, dice: «Y

como quiera que agora seriagrave de comer á estas horas ciertas, de aqui adelante nonserá grave porcuanto nuestro señor el arzobispo de Sevilla, que mantenga Dios mandófacer un relox que ha de tañer veinticuatro badajadas

Después del reloj de la Catedral, es el más antiguo de los públicos deSevilla, el reloj de la torre de San Marcos, que data de 1553, y sobreel cual existe esta noticia en un acuerdo de las actas capitulares, enel cabildo de 22 de Agosto de 1585, donde se nombró á Francisco Ximénezde Bustillos, mayordomo, para que hiciese aderezar los relojes de SanMarcos y San Lorenzo, «concertándole en el oficial que lo hubiese dehacer, por lo menos que pudiese, informándose, además, de persona hábilque se encargara de su reparo y aderezo, dando de ello cuenta á laciudad para que se le nombrase y señalase salario.»

La campana del reloj de San Marcos tiene grabada una inscripción latinaque traducida al castellano, dice:

« Nada hay más veloz que el tiempo y para que no se malgaste, señala oinsigne Sevilla, á tus moradores las horas.—El Senado y el pueblo deSevilla, cuidó de construir este reloj con sus caudales, para el bienpúblico, el año de Cristo Salvador de 1553. »

Antes de esta fecha, en 1576, era relojero de San Marcos y San Lorenzoel maestro Diego Flamenco, quien percibió por el cargo de concertar losrelojes 18.000

maravedís anuales, y en 1589 pruébase que el Cabildotenía algo abandonado atender á cargo tan importante, por el siguientedocumento inédito:

«Juan Salado y Matías del Monte, relojeros; decimos que por mandato devuestra señoria tenemos encargo de concertar los relojes desta ciudadcomo maestros en dicho arte los cuales habemos concertado, y gastadonuestro dinero en aderezarlos. Y porque cada dia se ofrecen cosas queaderezar en ellos en que es necesario gastar dinero. Y

pedimos ysuplicamos a vuestra señoria atento lo susodicho nos mande librar... acuenta de nuestro salario porque cualquier otro maestro que losaderezase se le había de pagar lo que gastara en ello, por estar muchaspiezas quebradas las cuales se han de nuevo y nosotros no pedimos se nosmande librar sino por cuenta de nuestro salario y por ello...

Matiasdel MonteJuan Salado».—(Escribanía de Cabildo, siglo XVI).

La campana lleva además grabadas las armas de la ciudad y bajo ellas sehace constar que aquel es escudo hispalense.

En 1776 se quitó la primitiva máquina de San Marcos, estrenándose elnuevo reloj en 13 de Junio del citado año, habiendo sido construído enLondres por Tomás Hatton, según se lee grabado en la esfera interior,que es de metal, encontrándose además en dicha esfera el nombre deEugenio Escamilla, que fué nombrado relojero del Ayuntamiento de Sevillaen 25 de Febrero de 1789.

El reloj de la torre de San Lorenzo fué también colocado á fines delsiglo XVI y el que actualmente existe se puso en 1853 siendo construídopor José Manuel Zugasti en Bilbao, que hizo además el de la torre de laplaza del Altozano.

De otros antiguos relojes de Sevilla he de recordar también el de laAudiencia, el del Oratorio de San Felipe Neri, el del convento de losRemedios, el de los Jerónimos, que ya no existen, el de La Cartuja y elde San Agustín, que se estrenó en 27 de Junio de 1749.

CÓMO LAS GASTABA UN REY

En el viaje que en 1455 hizo á Sevilla Enrique IV, El Impotente,acompañábale con su corte—dicen los autores—un número considerable demoros principales y ricos, los cuales gozaban de gran favor con elveleidoso monarca.

Mandóse alojar á aquéllos en las casas de nobles y de acaudaladossevillanos, tocando á D. Diego Sánchez de Orihuela, hospedar uno llamadoMonjarras, que era hombre joven, apuesto y de violento carácter, y elcual hubo de enamorarse de una hija soltera que D. Diego tenía.

Esta parece que correspondió al fin á los deseos del hijo del Profeta:pero el bueno de Monjarras, no contento con ello, la robó de la paternacasa y la sacó de Sevilla casi por la fuerza, y sin pararse enmelindres, como persona apasionada y de alientos que era.

Y sucedió luego que, cuando Sánchez de Orihuela y su esposa acudieron alAlcázar á pedir justicia al rey, éste los recibió con enojo y tuvo lafrescura de decirles que, en vez de venir á quejarse, debieran haberguardado más á la hija: contestación villana que causó la indignación decuantos la oyeron.

Mandó luego D. Enrique que nunca más volviera á su presencia la afligidamadre, y divulgadas las noticias de estos actos por la ciudad, el pueblose irritó muchísimo y comenzóse á reunir gente delante del Alcázar enactitud nada pacífica; mas esto, lejos de variar la opinión del rey, lellevó hasta querer salir á desafiar al pueblo, cosa de que le hizodesistir el prudente consejo del conde de Benavente.

El resultado de todo fué que Monjarras quedó sin ningún castigo, puesninguna diligencia se hizo contra él; que los padres quedaron sinrecibir satisfacción á su deshonor, y que el monarca procedió en aquellaocasión de la más indigna manera: lo cual no era extraño, tratándose,como se trataba, de un rey cuya figura es de las más antipáticas en lahistoria.

LOS PRIMEROS INQUISIDORES

Y SUS HAZAÑAS

Al año de 1480 se remonta la fundación en Sevilla del tribunal de laInquisición, año en que el Papa dió, á instancia de los Reyes Católicos,la bula autorizando aquel establecimiento, y en 27 de Diciembre mandóFernando V á las autoridades de nuestra ciudad, que protegiesen á losseñores del Santo Oficio, que se disponían á pasar á ésta para purgar deherejía á cuantos cogiesen por delante.

Y en efecto, á los pocos días llegaron á Sevilla los primerosinquisidores, que fueron el provincial fray Miguel, el vicario frayJuan, del orden de Santo Domingo, y el doctor Medina, clérigo de SanPedro, los cuales eran tres mozos como escogidos de intento para lamisión que se proponían llevar á cabo.

Tan listos anduvieron éstos en sus diligencias, que el 2 de Enero de1481 se dieron ya las primeras providencias emanadas de la Inquisición,y las cuales eran nada menos que mandar prender á los cristianos nuevos,amenazando también á los títulos de Castilla con la privación de ellossi no acataban al Santo Oficio.

Por entonces era asistente de Sevilla D. Diego de Merlo, y como estebuen señor era fervoroso devoto de las órdenes religiosas, se dispusocon todo el peso de su autoridad, á proteger á los inquisidores,tomándoles en mayor afecto y prestándose á ayudarlos cuanto pudiese ensus diligencias.

Así lo consigna un testigo contemporáneo tan autorizado como elbachiller Andrés Bernáldez, cura de Los Palacios, el cual escribe á estepropósito en su Crónica de los Reyes Católicos:

«En muy pocos días, por diversos modos y maneras, supieron (losinquisidores) toda la verdad de la herática pravedad malvada, écomenzaron de prender hombres é mujeres de los más culpados émetiéronlos en San Pablo: é prendieron luego algunos de los más honradosé de los más ricos, Veinticuatros y Jurados, bachilleres é letrados, éhombres de mucho favor: á éstos prendía el Asistente, é des que estovieron huyeron de Sevilla muchos hombres é mujeres: y viendo que eramenester, demandaron los inquisidores el Castillo de Triana, donde sepasaron presos, é allí ficieron su audiencia, é tenían su Fiscal, éAlguacil é Escribano, é cuanto era necesario, é hacía proceso, según laculpa de cada uno, é llamaban Letrados de la ciudad seglares, é á elProvisor, al ver de los procesos é ordenar de las sentencias, porqueviesen cómo se hacía la justicia é no otra cosa: é comenzaron desentenciar para quemar en fuego, é sacaron á quemar la primera vez áTablada seis hombres é mujeres que quemaron: é predicó Fray Alonso deSan Pablo, celoso de la fe de Jesucristo, el que más procuró en Sevillaesta Inquisición: é él no vido más de esta quema, que luego dende ápocos días murió de pestilencia, que entonces en la ciudad comenzaba deandar.»

El primer auto de fe, de condenados á las llamas, se celebró, pues, enSevilla el 6 de Enero de 1481 y el segundo el 26 de Marzo, en queperecieron en la hoguera diez y siete reos, yendo tan en aumento el celode los inquisidores, que durante siete años fueron quemadas más deseiscientas personas y penitenciadas unas cinco mil.

El ya citado Bernáldez apunta en su crónica algunos de los nombres delas personas más señaladas que aquí fueron las primeras víctimas de lainquisición, citando entre otras al rabí Diego Susón, padre de lacélebre y hermosa judía conocida por la Susona, y á los acaudaladoshebreos Manuel Sauli y Bartolomé Torralva, al alcalde de la justiciaJuan Fernández Albolasia, al doctor Savariego, fraile de la Trinidad, yá otros muchos, apuntando también «que quemaron infinidad de huesos delos corrales de San Agustin é San Bernardo, de los confesos que allíhabía enterrados sobre sí, al uso judaico.»

El edificio que hoy ocupa la plaza de abastos de Triana, está destinadaá este uso desde 1825, y hasta 1785 ocupó aquel lugar el sombríocastillo de San Jorge, donde estableció el tribunal la Inquisición.

La antigüedad del castillo era grande, pues se dice que á raíz de lareconquista lo entregó Fernando III á los Caballeros de la Orden de SanJorge, que allí tuvieron largo tiempo su alcaide, que tenía á su cargola inspección del edificio.

Establecido en él el tribunal odioso, fué teatro de las más espantosasescenas, y hasta poco antes de su derribo, existían en los muros treslápidas con inscripciones latinas, las cuales recordaban los horroresdel tribunal.

Decía así en la primera:

« Este santo tribunal de la Inquisición contra la perversidad de losherejes en los reinos de España tuvo principio en Sevilla en 1481,ocupando la silla apostólica Sixto IV, quien la concedió á instancia deFernando V é Isabel, que reinaban en dichos reinos. Fué el primerinquisidor general Fr. Tomás de Torquemada, Prior del convento de SantaCruz de Segovia, de la orden de predicadores. ¡Quiera Dios quepermanezca hasta fin del mundo, para amparo y aumento de la fe!Levántate, Señor, y juzga tu causa. Cógenos las zorras engañosas. »

La segunda estaba concebida en estos términos:

« Año del Señor de 1481, siendo Pontífice Sixto IV y reyes de lasEspañas y de las Sicilias los católicos D. Fernando y D.ª Isabel, tuvoprincipio aquí el sagrado tribunal de la inquisición contra los herejesjudaizantes, donde después de la expulsión de los judíos y moros hastael año de 1524, en que reina el divo emperador de romanos, sucesor delos mismos reinos por derecho materno, y siendo inquisidor general elreverendísimo D. Alonso Manrique, arzobispo de Sevilla, VEINTE MILHEREJES y más abjuraron el nefando crimen de la herejía, y de todos másde MIL obstinados en sus herejías por derecho fueron ENTREGADOS AL FUEGOY QUEMADOS. »

Por último, en la tercera se leían estas palabras:

« Ayudando y favoreciendo los pontífices Inocencio VIII, Alejandro VI,Pio III, Julio II, León X, Adriano VI, que, siendo cardenal de lasEspañas é inquisidor general, fué ensalzado á Sumo Pontificado, yClemente VII, por mandado y á expensas del emperador nuestro señor, hizoponer estos letreros el Lic. de la Cueva, dictándoles D.

Diego deCortegana, arcediano de Sevilla. Año del Señor 1524

Estas eran las inscripciones edificantes que existían en los muros de laInquisición sevillana, que conviene ser recordadas como muestras de losbuenos tiempos.

TRADICIÓN...

La tradición toledana del Cristo de la Vega, que dió origen á laconocida leyenda de Zorrilla, A buen juez mejor testigo, existetambién en Sevilla con alguna variante; así lo prueban Fray Juan deZalamanco en su Merced de María Coronado, Pedro de San Cecilio, en sus Anales de la Orden de los mercenarios, Fray Juan de Mesa, Muñana yAlonso Sánchez Gordillo.

Más probable es que el autor de Don Juan Tenorio se inspirase para suhermosa leyenda, en este caso, que en los sucesos narrados en la Cántiga LXI de D. Alfonso y los Castigos y documentos del rey D.Sancho que cita el Sr. Picón como orígenes de A buen juez, mejortestigo.

En el archivo municipal de Sevilla existe una relación del suceso que nodeja de ser curiosa.

Cuéntase allí, que un caballero dió palabra de casamiento á cierta damasevillana y noble, poniendo por testigo á la Virgen de la Merced, cuyaescultura existía en la iglesia del convento del mismo nombre. Alcanzópor tal medio el galán los favores de la bella, pero harto quizás luegode sus caricias, negóse á cumplir la empeñada palabra, con lo cual ladama, que no tenía testigos del juramento dado, se le ocurrió laoriginal idea de poner por testigo á la imagen.

La señora y el caballero, acompañados de un escribano y de numerosopúblico, acudieron al templo donde había de verificarse el extrañojuício, consintiendo en aquella prueba el seductor, pues, como diceSánchez Gordillo: «Al caballero le pareció que así no le había deconvencer, porque la imagen no había de contestar por milagro.»

Y el mismo autor añade «que llegando á la presencia de la Virgen, ypuestos los ojos en ella, le dijo la mujer:—Señora mía: Vos soistestigo de que este hombre, invocando á vos, me dió palabra de ser mimarido, y mediante ello me obligó.—Dicho esto, la imagen bajó la cabezacomo afirmando la verdad de lo que la mujer decia, y el caballero quedóconvencido.»

El estupendo suceso ocurrió, por lo que afirman muy seriamente losescritores, en 1400. La escultura se conserva hoy en el convento delSocorro con la cabeza inclinada, según dicen, sin que se sepa que hayavuelto á mezclarse en que los galanes cumplan su palabra ó la dejen decumplir.... Verdad es que milagros de este calibre no son para todos losdías.

EL CARTUJANO

Así es conocido, más que por su verdadero nombre de Juan de Padilla, elpoeta sevillano, autor de El Retablo de Cristo y Los doce triunfos delos doce apóstoles, los dos poemas alegóricos más importantes queprodujo la lengua castellana en los fines del siglo XV y principios delXVI.

Según las más recibidas noticias, nació Padilla en nuestra ciudad en1468, perteneciendo su linaje á gente bien acomodada y que de antiguotenían su asiento y residencia en la población, debiendo desde suprimera juventud consagrarse al estudio y cultivo de las musas, pues ála edad de veinticinco años, cantó en un poema las hazañas del famosodon Rodrigo Ponce de León, poema titulado Laberinto del marqués deCádiz, que fué impreso en Sevilla por Ungut y Polono en 1493.

Esta obra estaba dedicada á la duquesa de Arcos; se componía de unascien coplas, y según hace constar en su Tipografía Hispalense donFrancisco Escudero, no existe hoy de ella ejemplar alguno.

El Laberinto es la única producción que de Juan de Padilla se conoce,escrita siendo seglar, pues las otras salieron de su pluma cuando ya eramonje en el monasterio de la Cartuja, donde, según expresión deFernández Espino, «pasó su vida en el solitario claustro... consagradoal estudio, á la contemplación del Altísimo y á ensalzar susmaravillas.»

De esta sosegada y pacífica existencia resulta, que la vida de nuestropoeta tiene en verdad pocos incidentes variados y no ofrece más interésque los de cualquier vulgar y oscuro fraile de aquellos que retirados ensus conventos veían deslizar los años iguales y monótonos.

Al cartujano Juan de Padilla se debe el poema Retablo de la vida deCristo, que terminó en Diciembre del año 1500, cuya lectura no resistehoy el más cachazudo lector y que fué obra impresa en Sevilla entrado yael siglo XVI.

Diez y ocho años más tarde, y cuando fray Juan de Padilla contaba 50 deedad, ponía término á otro poema titulado Los doce triunfos de los doceapóstoles, que es la principal de sus producciones, y acerca de la cualha escrito el autor del Curso histórico-crítico de la literaturaespañola:

«Donde halló Padilla libre campo á sus estudios literarios y para gloriade Jesús mismo y de sus discípulos fué en Los doce triunfos. Laintención de seguir las huellas de Dante vese tan marcada en este poema,aun más que en el Laberinto de Juan de Mena. Pero el asunto del vatecartujano dábale material más apropósito para seguir la imitación de la Divina Comedia. Aunque llena también su mente de las bellezasvirgilianas, más ascético que Dante, si lo imita con frecuencia, noescogió un gentil como éste para guía, sino á san Pablo, quien le dirigey acompaña por los lugares en que los apóstoles ilustraron su vida consu elocuente palabra, con sus virtudes y aun con el martirio. Conducidosiempre por san Pablo, entra en las regiones donde sufren tormento losidólatras, los nigromantes, los hechiceros y otra multitud de réprobos,partiendo de allí á la santa Jerusalén, mansión de los bienaventurados.»

Como muestra del estilo del poema, copio estas estrofas sacadas al azardel Triunfo noveno, no desemejante á todos las demás:

«Yo

que

lo

alto

del

cielo

miraba

bien,

como

hace

el

astrónomo

sabio,

cuando

resguarda

por

el

astrolabio

lo

que

del

polo

saber

deseaba,

vi

que

de

parte

del

Euro

botava

el

gran

Sagitario,

con

arco

tirando

saeta

de

fuego,

que

pasa

vibrando

los

aires,

y

nuve

que

dura

hallaba,

siendo

la

causa

que

crepa

tronando.

Y

vi

que

tenía

de

dentro

patente,

el

grado

primero

d'aqueste

centauro,

al

Fi

de

Latona

con

rostro

de

auro,

según

se

nos

muestra

contino

nitente.

El

gran

Ofiulco,

con

él

de

presente,

con

la

Serpiente

yo

vi

que

salía;

y,

por

el

contrario,

cansado

caía

el

can

á

la

parte

de

nuestro

occidente,

ya

que

la

Liebre

se

nos

escondía.

Aqui

tiene

casa

por

la

delantera

Júpiter

alto

por

cosa

preciosa;

en

esta

se

goza

y

en

otra

reposa

poco,

teniéndolo

por

lo

trasera.

Contempla,

contempla

la

causa

primera,

me

dijo

mi

Guía

muy

súbitamente;

esto

perquiere

la

estólida

gente

dando

cien

vueltas

al

polo

y

esfera,

que

fueron

criados

del

Omnipotente.

Miran

á

veces

las

Exaltaciones

los

Trinos

y

Cuartos,

y

más

los

Sextiles,

y

las

Conjunciones

con

buenos

oviles,

malas

hallando

las

oposiciones,

asi

que

mirando

las

constelaciones,

y

augurantes

á

do

no

conviene;

por

el

contrario,

su

punto

les

viene

de

lo

que

piensan

en

sus

corazones,

de

bien

ó

de

mal

que'lefecto

contiene.

Asi

que,

mira

por

lo

que

subsiste,

y

deja

la

casa

del

sexto

planeta;

verás

otra

muy

más

que

perfeta

de

uno

que

gloria

muy

grande

se

viste.

Basta

que

digas

de

como

ya

viste

subir

por

lo

bajo

de

vuestro

orizon,

este

que

dicen

el

sabio

Chiron,

maestro

d'Archiles,

según

más

oiste

d'aquellos que fingen medio sermón.» etc.

Fray Juan de Padilla falleció antes de mediar el siglo XVI; su nombrefigura con elogio en las páginas de la historia crítica de nuestraliteratura, y Sevilla, que lo tuvo por hijo, deberá siempreconsideración y respeto al nombre de este poeta, de quien sólo heintentado trazar un ligero apunte.

ANTIGUAS FIESTAS DE TOROS

De las más antiguas fiestas de toros de que en Sevilla hay documentadasnoticias, son las verificadas en el año 1405 para celebrar el nataliciodel infante don Juan, hijo de don Enrique III el Doliente, infante quenació en Toro en 6 de Marzo del citado año.

Según asiento de los libros de Mayordomazgo del Archivo municipal, fechade 20

de Mayo de 1405, se mandó al Mayordomo Juan Martín «que compraseciertos toros para lidiar,» y el 10 de Noviembre se pagaron «á MiguelAndré, vecino de las Cabezas de San Juan, cuatrocientos é cinquentamaravedis que ha de aver por apreciacion que fué fecho por juramento quetomaron por un toro que traxeron aquí á Sevilla para lidiar por lasalegrías que Sevilla mandó fazer por el nacimiento de nuestro señor elinfante don Juan, fijo del Rey don Enrique, nuestro señor, que Diosmantenga.»

En el mismo año consta también que se abonaron el importe de otros dostoros á Antón Martín, y el de otros á Salvador Díaz, á Lope Ruiz Galego,de Alcalá, y á Juan Fernández, jurado, de la collación de San Juan.

Estas reses es probable que se lidiaran en diversos días de los festejosorganizados por el natalicio del hijo del monarca castellano; y aunqueson oscuras y escasísimas las noticias que de aquellas lidias existenpara poderlas detallar en estos apuntes, he de consignar, sin embargo,que para las tales corridas la ciudad construyó plazas y tablados frentela Catedral y el Alcázar.

Las fiestas de toros celebradas en la capital de Andalucía fueron muchasdurante la mayor parte del siglo XV, siendo de las más famosas las queen 1477 y 1478 se verificaron.

En el año primeramente citado visitaron á Sevilla los Reyes Católicosdon Fernando y doña Isabel, permaneciendo en esta ciudad hasta despuésde mediar el de 1478, y en 1.º de Julio de este último, dió á luz lareina un hijo varón (el príncipe don Juan), cuyo nacimiento se celebróen la ciudad con públicos festejos, entre los cuales hubo fiestas detoros, acordando la ciudad lidiar veinte, según consta en los cuadernossueltos de actas capitulares del Archivo municipal.

Ya anteriormente habíanse celebrado en aquel año otras corridas detoros, como sucedió el 23 de Abril, cumpleaños de la reina, corriéndoseocho cornúpetos en el Alcázar, y con la asistencia de la soberana,aunque es sabido cuánta repugnancia demostró por la lidia de resesbravas.

También el 24 de Junio del citado año de 1477, hubo corrida en la plazade San Francisco, repitiéndose otra el día de Santiago, y costando lasreses quince mil maravedís, según las cuentas que aún se conservan.

En un folleto publicado por D. José Gestoso, con el título de Los ReyesCatólicos en Sevilla, en el que se insertan interesantes documentossobre la permanencia de los monarcas castellanos en nuestra población,se leen los siguientes acuerdos, relativos á fiestas de toros del año1478 con motivo del bautizo del Príncipe don Juan.

Mandamiento de la Ciudad á su mayordomo 23 de Diciembre de 1878: «Etotrosy vos mandamos que dedes e paquedes al dho. pedro diaz o al que porel los oviere de aver 2.520 mrs. que nos acordamos e ordenamos en elnuestro cabildo debe mandar dar de cierto gasto que por nro. mandadofiso en facer las talanqueras é barreras para los toros que secorrieron por el parto de la Reyna nra. sra. por el batiço del señorprincipe.» (Lib. Mayordomazgo.)

—«Libramiento de 200000 mrs. por ocho toros que se tomaron para lidiaren el Alcazar Real el dia que se batiço el muy ilustre señor principede Castilla y dadle mas otros 596 mrs. que monto la costa que fiso faceren las barreras e talanqueras que se ficieron para lidiar los dhostoros» (1.º de Julio de 1478.) Como la índole de estos apuntes permiten entrar en largos detalles omitoel hacer mención de otros festejos á que dieron motivo la permanencia delos Reyes Católicos en Sevilla, á más de las corridas de toros, y deéstas baste con las noticias que dejo apuntadas, que ya más adelantetendré ocasión de tantas otras lidias de reses no menos famosas.

LAS VÍCTIMAS DE LA COMUNIDAD

EN SEVILLA

Historia particular y detallada tiene en los anales de Sevilla elalzamiento de las comunidades en tiempo del Emperador, alzamiento queno dejó de tener importancia en la provincia y que en la ciudad dióorigen á sucesos como los desarrollados en Septiembre de 1520.

En el día 17 de aquel mes fué cuando D. Juan de Figueroa, cabeza de lasublevación con quien se entendieron los conspiradores, salió de la casadel Duque de Arcos, y con gente armada tomó el Alcázar, rindiendo alalcaide, que lo era don Jorge de Portugal.

Dos días después los partidarios de la poderosa casa ducal de MedinaSidonia, se alzaban contra los comuneros triunfantes, y el capitánValencia de Benavides asaltaba el Alcázar, derrotaba á las fuerzas deFigueroa y hacía á éste prisionero después de reñido combate, donde hubomás de siete muertos y cuarenta heridos de gravedad.

Los duques de Medina, que tan abiertos partidarios del Emperador semostraban, más bien por enemigos de la casa de Arcos, su rival, que poradictos á los flamencos, saborearon su triunfo y exigieron á lasautoridades ejemplar castigo de los comuneros.

Mas como la justicia andaba entonces tan menguada, no se crea que elcaballero Figueroa, brazo del alzamiento, ni los caballerosconspiradores fueron condenados, sino que vino á descargarse el peso dela ley sobre los que menos habían contribuido al acto, por ser débiles yno poderosos señores.

Así ocurrió que la justicia echó mano á un pobre hombre llamadoFrancisco López Quesero, hijo del pueblo, el cual había acompañado á lasfuerzas de Figueroa que tomaron el Alcázar y estaba preso en la CárcelReal, sin que por su modesta posición hubiera nadie que de él seinteresara.

A López Quesero se le dió muerte en la plaza de San Francisco el 23 deOctubre de 1520, y fué su ejecución cruel y bárbara, pues murió ahogadoá la vista de todo el pueblo de Sevilla, como consta en la Historia delas Comunidades.

«Lleváronlo (al reo) por las calles acostumbradas, guardado por gente deá pie y á caballo del duque de Medina Sidonia, hasta la plaza de SanFrancisco. Allí lo tuvieron encima del almacén del agua, á do desquehubo confesado le ahogó un hombre que alquiló el verdugo, y desnudóloé hízolo cuartos que quedaron allí hasta la mañana siguiente. E luegopor la mañana pusieron la cabeza en la picota, un cuarto en la puertadel Arenal, otro en la de Minjoar y el otro en la de la Carne.»

Así pagó el infeliz López Quesero con tan cruento suplicio, mientras loscaballeros quedaron salvos, siendo también poco después que élejecutados otros cuantos obscuros hombres del pueblo, como partidariosde la comunidad en Sevilla, y que sólo habían sido en el alzamientopartes muy insignificantes.

EL PENDÓN VERDE

Con el nombre de motín del Pendón Verde relatan los historiadores deSevilla el que estalló en el barrio de la Feria el año 1521, y el cualtomó grandes proporciones y llegó á amenazar seriamente á la población,ofreciendo con él no poca semejanza, el que en el mismo barrio sepromovió en 1652.

Largo espacio ocuparía relatando con todos los pormenores que seconservan aquel alzamiento popular, que tuvo por origen la gran carestíade víveres que se dejó sentir en las clases pobres, encareciéndose tantoel pan, que el hambre imperó con todos sus horrores en los barrios bajosde la ciudad y la situación de multitud de familias llegó á serverdaderamente desesperada.

Porque hay que hacer constar que, aunque la riqueza y la opulencia deSevilla en los siglos XVI á XVII era grande, ésta ha sido con excesoponderada por los adoradores del pasado; que los documentos y lasmemorias coetáneas de aquellos tiempos prueban de manera bien clara quela abundancia, el lujo y las sobras eran sólo para el clero y para losnobles, mientras cientos y cientos de seres vivían en la mayor miseria ysufriendo todo género de privaciones, sin que sus lamentos fueran oídos,ni por nadie de los que podían, se atendiese á remediar tamaños males.

Aquel pueblo hambriento, que veía tan cerca á los poderosos arrastrandodoradas carrozas, cubiertos de joyas, luciendo ricas telas y holgandosiempre, mientras él gemía, alzóse formidable, con rugido de fiera, elmes de Marzo de 1521, y el día 8 se rompieron ya los diques delsufrimiento y se dispuso á ejecutar, sin que nada lo contuviese.

Así se leen en el Discurso de la Comunidad de Sevilla (1520) estasnoticias, extractadas por don Joaquín Guichot en la siguiente forma:

«Un llamado Antón Sánchez, de oficio carpintero y vecino de la mismaFeria, se hizo cabeza de motín; y con otros sus iguales formó una Junta,y ésta convocó, para hacer la demanda en común, á los vecinos de lascollaciones de San Gil, San Martín y otras. Nombraron una comisión deveinte hombres para que fuesen en voz de todos, á ver al Asistente, yotra para que se avistase con un caballero Per-Afán, que se ofreció áconferenciar con la autoridad á fin de hallar medio de atender á lanecesidad de aquellos vecinos. Entre tanto agolpábase la gente; crecíael bullicio, y echadas las campanas á vuelo, llenóse la plaza de laFeria de innumerable pueblo. Alarmado el Ayuntamiento con las noticiasque le llegaban, trasladóse en cuerpo á la plaza de la Feria, dondeinterrogados los cabecillas de la asonada acerca de lo que pretendían,respondieron ¡trigo! á lo que contestó el Asistente, que donde lohubiere se lo mandaría dar. No satisfechos con esta promesa, fuerontumultuariamente á buscarlo por toda la collación; y como lo encontrasenen casa del jurado Alava, de su cuñado y de un albarazado, rompieronlas puertas y robaron todo el que hallaron.»

Después de esto, acudieron á unirse á los amotinados de la Feria gentede otros barrios que corrieron la ciudad enarbolando un antiguoestandarte que en tiempo de Alfonso X se había tomado á los moros en unabatalla, y que custodiábase en el templo de Omnium Sanctorum, el cualestandarte era de tela verde, de donde vino á tomar aquella asonada elnombre de la del Pendón Verde.

Tenía todavía el Ayuntamiento su morada en el edificio del Corral de losOlmos, y allí acudió el pueblo en actitud amenazadora, arrojandomultitud de piedras y pidiendo pan con voces estentóreas.

En esto intervino en el motín el poderoso marqués de la Algaba, quetrató de pacificar los inquietos ánimos, prometiendo al pueblo que seríaatendido, con lo cual se apaciguó un poco, y cuando el Asistente envió ála Feria tropas parecieron haberse calmado los ánimos, mas tuvo laimprudencia de mandar prender algunos vecinos diciendo que había deahorcarlos, y sabido esto, el día 9 se reprodujo con caracteres másalarmantes el alboroto, como lo relata el citado extracto del Discursode la Comunidad:

«Venida la mañana, la plebe irritada antes que intimidada, se lanzó á lacalle dando desaforados gritos de venganza, y corrió en confuso tropelal palacio de los marqueses de la Algaba, pidiendo á estos señores elcumplimiento de la palabra que el día antes empeñara de alcanzar elperdón de los revoltosos. Renovósela el marqués manifestándoles que moriría ó les aseguraría; para lo cual su hijo don Luís fué áconferenciar con las autoridades. Escarmentada la plebe, no quiso fiarde nadie, mas que de sí misma, el triunfo de lo que llamaba su razón, yhabiendo convocado el mayor número posible de gente al toque de campana,marchó á la carrera hacia la casa de Niebla, apoderóse de ella, armósereciamente, sacó una bandera y piezas de artillería y fuese á darlibertad á los presos. Tales proporciones alcanzó desde este punto elmotín, que alarmadas seriamente algunas personas de mucha significaciónen la ciudad, se ofrecieron á ser medianeros entre las autoridades y laplebe desenfrenada; extremos que no se pudieron conciliar, porque estaúltima se negaba á todo lo que no fuera la inmediata libertad de lospresos, y el Asistente, enojado contra ellos, decía: ¡que por vida delrey, que los tenía de ahorcar! Con esto se revolvió toda la ciudad y sepuso en punto de armas. Lo que las negociaciones no pudieron desatar,cortaron las armas. Los plebeyos cercaron la cárcel con mucha gentearmada de espingardas, ballestas y espadas y cuatro piezas de artilleríaque sacaron de la casa del duque de Medina Sidonia; rompieron puertas yventanas y dieron libertad á los presos.»

Lo copiado da idea harto exacta de aquellos sucesos, que tuvierontérmino al tercer día ó sea el 10 de Marzo, en que se libró unaverdadera batalla en las calles, entre el pueblo hambriento y lasautoridades y los nobles, cuyos resultados fueron funestos para losamotinados, pues la fuerza armada los venció y en la refriega perecieronmuchos infelices de los que se habían alzado pidiendo pan.

Los poderosos, no satisfechos con su triunfo, fueron, á más, crueles yvengativos, pues mandaron ahorcar á muchos desgraciados bárbara éinhumanamente....

¡Así eran aquellos benditos tiempos y aquellas autoridades y aquellanobleza; mientras dominaban y oprimían con su poder, dejaban al pueblohambriento perecer en la miseria, y cuando éste pedía pan le poníacadenas y lo ahorcaba!

FRANCISCO GUERRERO

El nombre del famoso músico y compositor sevillano Francisco Guerrero,no es de aquellos que han quedado, ciertamente, limitados á la localidady únicamente entre sus paisanos merece continuos elogios. Fuera deAndalucía, fuera de España se ha hablado hace mucho tiempo de losméritos de aquel hombre á quien se han dedicado frases tan entusiastascomo las que escribió el crítico francés Adrián de la Foge.

Guerrero nació en Sevilla en Mayo de 1527, siendo su padre GonzaloSánchez Guerrero, pintor aventajado, si bien algunos biógrafos confiesanignorar qué profesión ejercía.

De muy niño, mostró Guerrero aptitudes para la música, recibiendo laslecciones primeras de un su hermano Pedro, que parece era muy diestro enel manejo de la vihuela, y más tarde, fué discípulo del maestroCristóbal de Morales, que de tanta fama gozó en su tiempo.

Hacia 1545 encontrábase vacante la plaza de racionero y maestro decapilla de la Catedral de Jaén, y Guerrero, que apesar de su juventudhabía ya terminado los estudios, se presentó á hacer oposiciones á aquelcargo, que ganó muy honrosamente, pasando á la población citada, endonde permaneció hasta el año de 1548 en que volvió á Sevilla á ver ásus padres.

Entonces el Cabildo Catedral, que ya tenia conocimiento y estimaba losméritos de Guerrero, aprovechando su estancia en Sevilla le propusodarle una plaza de cantor, que aceptó, no volviendo á Jaén por continuaren su ciudad natal.

El siguiente año de 1549, Guerrero fué invitado á concurrir á lasoposiciones de Magisterio y Ración de la Catedral de Málaga, donde sepresentaron seis opositores, entre los que el músico sevillano obtuvo laprimera plaza.

«Preparado ya para partir á Málaga—dice un biógrafo—el cabildo, quedeseaba tenerlo á toda costa y mejorar su posición, decidió que elmuestro Pedro Fernández, á quien Guerrero llamaba el maestro de losmaestros españoles, fuese jubilado con la mitad de la renta: que susfunciones fuesen desempeñadas por Guerrero, que recibiría la otra mitad,conservando al mismo tiempo su sueldo de cantor, y teniendo opción alMagisterio con todo su sueldo á la muerte de Fernández, que no acontecióhasta veinte y cinco años más tarde.»

En su plaza continuó Guerrero hasta 1575, siendo por esta época ya muyapreciado de todos los amantes de la música que entonces vivían enSevilla y entre los cuales los había bien inteligentes. A más lascomposiciones del maestro eran ya muy numerosas, y entre ellas secontaban dos fragmentos del Miserere que había remitido á la capillapontificia.

Deseaba desde hacía muchos años Guerrero hacer un viaje á Jerusalén, yel año 1588 se le ofreció ocasión para llevarlo á cabo. El arzobispo deSevilla, don Rodrigo de Castro, se dispuso á pasar á Roma y llevóconsigo al maestro, que de allí pensaba dirigirse á Tierra Santa.

Partió, pues, de Sevilla; mas como quiera que el arzobispo determinódetenerse en Madrid algunos meses, Guerrero, con la anuencia delprelado, salió para Italia, llegando á Génova, y luego en Venecia sedispuso dar á las prensas muchas de sus composiciones; y encargando delcuidado de esta impresión á Zarlino, se embarcó en un navío, querecorrió las costas italianas, y pasando por Dalmacia, Esclavonia,Albania y Zanthe, al fin desembarcó en Jaffa. Acompañó á Guerrero en suviaje un discípulo muy querido suyo, y al regreso después de no pocasvicisitudes, escribió un relato de la expedición que fué impreso en 1592con el título de Viaje á Jerusalén que hizo Francisco GuerreroRacionero y maestro de capilla de la Santa Iglesia de Sevilla, obra dela que se han hecho varias ediciones.

En 1597 se cita que se publicó en Venecia una obra musical del maestrosevillano en seis tomos, y cuyo nombre es Molecta, Francisco Guerreroin Hispalensi ecclesia musicorum, etc., etc.

A las noticias hasta ahora conocidas de la vida del maestro Guerrero,puedo añadir otra que ofrece cierta curiosidad y que consta en loslibros de acuerdos del Cabildo Catedral de Sevilla, noticias quegalantemente me ha proporcionado el señor Gestoso.

Según se lee en los citados acuerdos, en 1566 se concedió ciertalicencia á Guerrero, en 29 de Enero de 1578 se mandó que se le dierancincuenta ducados al mes, en 1582

se hace referencia á que se encontrabaen Roma, y en 1586 en cabildo de 24 de Septiembre se trató de lajubilación del famoso músico.

En 1588 se mandó que los libros que presentó el maestro Guerrero encabildo, se encuadernasen en becerro y pasaran al Archivo, acordándoseaños después, en 23 de Julio de 1593, se abonasen al maestro 2.400reales del libro de canto de órgano que había presentado.

Dos años antes de esta fecha, en 1591, á causa de las deudas queGuerrero había contraído en Roma, fué detenido en Sevilla, como así selee en el acuerdo de 21 de Agosto, en el que para tratar del asunto, sehabla del dinero «que debe de Roma, por lo que está preso y mandadollamar para ver lo que en ello se haga y se traiga relación de lo que ledaban en tiempo de Farfán al maestro Guerrero, de más de media ración.»

Otro documento también me ha facilitado el señor Gestoso, que figura ensu colección de autógrafos, y el cual lleva la fecha de 1569, siendo unpoder otorgado por Guerrero á dos canónigos para cobrar 261 gallinas quele cupieron en dicho año de la ración de que gozaba en la iglesiaCatedral.

Consagrado el artista sevillano al desempeño de su cargo y á lacomposición de sus obras, querido y estimado de todos y recibiendo confrecuencia no pocas pruebas de distinción de personas encumbradas,falleció en la ciudad que le vío nacer el 8 de Noviembre de 1599, sibien otros autores señalan la fecha de 1600.

Guerrero fué sepultado en la capilla de la Antigua de la Catedral,poniéndose por orden del Cabildo una muy laudatoria inscripción en susepulcro.

Muchas son las obras musicales que dejó Guerrero, y de ella citaré lasque da noticias La Foge, que son entre otras, á más de seis misas(1565), las impresas con los títulos Magníficat quatuor vocum, Ilsecondo libro di Messe (1584), Il primo libro di salmi á quattro, Hymnorum in Hispalensi eclesiæ tantum cani, solita, &. &.

Al pintor y literato Francisco Pacheco, amigo de Guerrero, se deben lasprimeras noticias biográficas que del compositor sevillano se conocen.Pacheco en su libro de los Verdaderos retratos, que lleva en laportada la fecha de 1599, escribió un caluroso elogio del maestro connoticias muy curiosas sobre su vida y de una autenticidad indudable, y ámás dibujó el retrato que allí aparece y que es de los mejoresejecutados de la colección.

«Francisco Guerrero—escribe su coetáneo y amigo—fué el más diestro desu tiempo en el arte de la música; escribió de ella tanto, queconsiderados los años que vivió y las obras que compuso, se hallanmuchos pliegos para cada día, y esto las de mano; su música es deexcelente sonido y agradable trabazón; compuso muchas misas, salmos,etc.»

A más de Pacheco, elogió también al compositor hispalense, entre otrospoetas, Vicente Espinel, quien dijo de él

«...que si en la ciencia es más que todos diestro, es tan grande cantor como maestro.»

Dando todas estas opiniones á conocer que los méritos de aquel hombre nofueron ciertamente ignorados para sus coetáneos, como con otros muchosha ocurrido, á quien la posteridad ha tenido luego que vindicar.

La música de Guerrero tiene, como dice un crítico, «devoción, gravedad ycorrección», y la Catedral de Sevilla puede honrarse con haber tenido unvarón de tan relevantes méritos entre los muchos que puede citar.

Eslava admiraba grandemente las composiciones del músico del siglo XVI,y de él hizo repetidos elogios siempre, habiendo investigado con fortunasobre los pormenores de la vida del maestro á quien he dedicado unrecuerdo con estos ligeros apuntes.

LOS ESCLAVOS DE SEVILLA

El número de infelices esclavos berberiscos, mulatos y negros queexistían en Sevilla en los siglos XVI y XVII, era bastante considerabley apenas había familia regularmente acomodada que no tuviese á suservicio dos ó más de ellos, hombres, mujeres ó muchachos, entregados alservicio doméstico, ó bien á duros trabajos manuales, con escasahumanidad de sus amos.

La vida de aquella gente era en extremo aflictiva y como si no fuerapoco lo que los dueños en ellos ejecutaban, las autoridades cuidaban muyaltamente de refrenar en todo cualquiera de sus expansiones.

Curiosísimo es el bando que en 1569 hizo publicar la ciudad sobre losesclavos, confirmando una ordenanza, cuyo documento se conserva en elArchivo Municipal en la Colección de Papeles Importantes, tomo I.

Este escrito, que es un verdadero cuadro de costumbres, revela lasituación de aquella clase infeliz, así como no deja de tener supincelada que retrata una sociedad acerca de la cual tanto se hafalseado.

Dice así el bando:

«En la muy noble e muy leal ciudad de Seuilla, Viernes quatro días delmes de Nouiebre, de mil e quinientos y sesenta y nueve años, estadoayutados en las casas dl cabildo desta ciudad, según que lo han de vso ycostumbre, el muy magnífico señor Doctor Juan de Lieuana, Theniente deAssistente, y algunos de los señores Regidores, e Jurados della, en eldicho Cabildo, fue vista y leyda vna ordenança fecha por los señoresFieles Executores desta ciudad, su thenor de la qual, y de lo que laciudad en razon dello passo, y de ciertos autos de pregones que estan alpie de lo proveydo por la dicha ciudad es esto que se sigue:

Por quanto en esta ciudad ay muchos negros, y negras, y moriscos, ymoriscas que son esclauos y esclauas captivas: y con las ocasiones queay en ellas de tauernas y bodegones se entran en ellas á comer, y beuer,y se emborrachan, y hazen mal acondicionados, y soberuios, y borrachos,y hazen y cometen delitos que todo redunda en daño y perjuyzio de susamos: por que gastan sus haziendas en librarlos de las trauesuras ydelictos que hazen, y no son en prouecho para seruir: y lo que es peor,que como los dichos esclauos se hazen tan á vizios e viciosos con laocasión de las dichas tauernas e bodegones que toman y hurtan á susdueños dineros y ropas, hasta las mantas y aderezos de los cauallos ymulas, y lo que hallan en sus casas y aun se estienden á hazer otroshurtos, todo para comer y beuer en las tabernas y bodegones y los mismostauerneros y bodegoneros, y sus mugeres e hijas, e personas que tiene enlas tauernas y bodegones se lo compran y toman empeñado, y en prendasdel dinero que dan sobre ellas, á los dichos esclauos y esclauas por elvino y comida que les da. Y

como pasa esto entre los esclauos y eltauernero y bodegonero, no se pueden aueriguar los dichos hurtos: e todoello redunda en daño y perjuycio de los señores de los dichos esclauos.Y como cosa que toca tanto al bien, y pro comun de la republica destaciudad, e vecinos e moradores della, y de su tierra. Nos los fielesExecutores desta ciudad y su tierra: con acuerdo del muy magnífico señorLicenciado Arriola, executor de la vara della. Ordenamos y mandamos queningún tauernero, bodegonero, ni mesonero, ni ventero, ni personas queguisan y dan de comer en esta ciudad y su tierra, y jurisdicion,arrabales, ni Triana, no acojan en sus casas, tauernas, ni bodegones álos dichos esclauos ni esclauas, negros ni blancos: ni les den de comer,ni beber en ellas publica ni secretamente, pan, ni vino, ni carne niotros mantenimientos algunos, sino lleuare cédula del amo cuyo fuere,diziendo que por andar á jornal el tal esclauo, o esclaua, no come en sucasa, ni sean osados de venderles pan, ni vino, ni carne, ni pescado, niotro mantenimiento alguno, ni compren, ni reciban dellos prendas algunasvendidas, ni empeñadas, ni para guardarselas, aunque digan que sonsuyas, ni les den pan, ni vino, ni bastimentos sobre ellas, sopena queltauernero, bodegonero, guisandero, y ventero, y mesonero, o persona quetenga camas que fuere y passare contra lo contenido en esta ordenança, ocontra cosa alguna, o parte della, cayga en pena de mil marauedis y diezdias de carzel por la primera vez, e por la segunda la pena doblada, ysea traydo á la verguença publicamente: e por la tercera vez le seandados cien açotes, y sea desterrado desta ciudad y su tierra ejurisdicio por tiepo de quatro años: y que los dichos bodegoneros,tauerneros, mesoneros, ni venteros, y personas que dan camas, y guisande comer, no se puedan escusar, ni escusen que no sabian que los dichosesclauos y esclauas eran captiuos: y que los dichos esclauos y esclauasles dixeron que erran horros. E pedimos e supplicamos al muy IlustreCabildo y regimieto desta ciudad que cofirmen y aprueuen estas ordenançay la apregonen publicamente. Alonso Nuñez, García de León, Diego Nuñez,don Juan de Torres Ponce de León, Joan de Almonacir escriuano...»

En la citada fecha de 1569 fué confirmado aquel acuerdo, no tardandoluego en venir en años sucesivos, otras y otras órdenes, bandos ydisposiciones que estrechaban más la situación de los esclavos.

Sin embargo, con ser tan penosa ésta se empeoró con el tiempo, y en elsiglo XVII, la católica majestad de Felipe IV dío orden en 1637 paraque, de todos los de Sevilla, se formase un registro y conforme á élfueran recogidos de casa de sus amos y se llevasen á la cárcel real, dedonde pasarían luego nada menos que á remar á las galeras.

El 22 de Abril, se pregonó en nuestra ciudad esta orden del monarca,causando gran pánico en los esclavos, pues tan dura era y tan estrecha,que en el pregón entraban todos los varones, incluso los niños depecho, y así fué que los desgraciados, al saberla, procuraron ocultarsecon sus mujeres é hijos, protegidos, como era natural, por los amos.

Mandó el rey de Madrid para ejecutar la orden de aprehender á losesclavos, á un alcalde de casa y corte, llamado don Pedro Amesqueta, elcual era hombre que, abusando de los poderes de que estaba revestido,ejecutó su comisión de la manera más violenta y usando de losprocedimientos más duros y arbitrarios.

A mediados de 1637 habían ya llegado á Sevilla presos multitud deesclavos de los pueblos de la provincia, los cuales fueron en 24 deAgosto embarcados y conducidos á Cádiz, donde los llevó á Levante pararemar en las galeras, y otros muchos salieron de nuestra ciudad á pie,siendo conducidos á Cartagena.

Mas no quedó aquí ni con mucho el asunto, pues sabiendo Amesqueta queaún era grande en Sevilla el número de esclavos ocultos por sus amos,comenzó á echar á éstos fuertes multas para que los denunciasen, comoocurrió á una mujer de Pilas, á quien por habérsele huido una esclava lehicieron pagar 300 ducados, y al Veinticuatro Torres que tuvo queaflojar 400 y verse envuelto en un proceso.

Largo tiempo siguió la cuestión de la caza de esclavos en Sevilla,tomando cada día más grave aspecto en todo el año de 1638, y las Memorias sevillanas dan cuenta en el 1639 de esta noticia que no dejade ser interesante el reproducirla:

«El Asistente hizo notificar á los dueños de los esclavos que losentregasen para las galeras. Al principio tomaban uno de quien teníados: después vino otra orden y no dejaban ninguno y prendían cuantos seencontraban porque se escondieron todos. Esto fué á principios de Mayode este año de 1639, y á 18 de él llevaron con colleras á embarcarpara Sanlúcar ó el Puerto, 102 esclavos, negros, mulatos y berberiscos,con gran lástima y más de los casados, cuyas mujeres hacían milextremos. Después se fué apretando á los dueños de los escondidos conpenas de mil y dos mil ducados, que por no pagarlos fueron entregandomuchos y todos los llevaron.»

Tal fué el inhumano procedimiento que aquellos piadosos varones delsiglo XVII seguían con sus esclavos, á quienes tanto maltrataban y encontra de quienes encima levantaron mil calumnias, y condenaron á remaren galeras, como premio á los servicios que habían prestado.

No he de citar éstos, pero sí mencionaré el caso que registra la crónicade un esclavo que, habiendo huído, don Pedro Amesqueta prendió á su amoy le echó una fuerte multa, lo cual, sabido por el berberisco, queberberisco era, se presentó voluntariamente para que su dueño fuesepuesto en libertad, acto que tanta impresión produjo, que la durajusticia de entonces se vió obligada á usar alguna vez de la clemencia ydejó libre al dueño, y al infeliz también le puso en libertad.

JUAN DE SALINAS

Hijo de Logroño han creído algunos biógrafos á este poeta sevillano, ácausa de haber residido en aquel punto durante su infancia y ser supadre natural de la Rioja.

Llamóse éste Pedro Fernández Salinas, fué hombre de desahogada posicióny contrajo matrimonio en Sevilla con doña María de Castro, habiendo deeste enlace cuatro hijos, entre ellos á Juan de Salinas, que vino almundo en la capital de Andalucía, el 24 de Diciembre de 1559.

Viudo el padre del futuro poeta, trasladóse á Logroño llevándose consigoá sus hijos, y Juan, en edad conveniente, comenzó sus estudios, cursandoel latín y siendo enviado más tarde á Salamanca, donde estudió cánones yleyes, y donde se graduó al fin de doctor.

No veía Salinas gran porvenir para él en el estado seglar y así sedecidió por el eclesiástico, haciendo un viaje á Florencia, punto en queresidía un su hermano, y á Roma, donde permaneció algún tiempo, yconsiguió del Papa una canongía en Segovia, que sirvió ya de sacerdote,según apuntan sus biógrafos.

Después de haber sufrido una grave enfermedad que puso en peligro suvida, y muerto su padre, Juan de Salinas se dispuso á regresar á España,permaneciendo cuatro años en Segovia y fijando al cabo su residencia enSevilla, de donde por tan largo tiempo había faltado.

Era á la sazón arzobispo don Pedro de Castro y Quiñones, quien haciendoaprecio de los méritos del doctor Salinas y teniéndole personalmente engran estima, le ofreció una canongía á la que éste renunció por causasque se ignoran.

Pasado algún tiempo fué nombrado visitador del arzobispado yadministrador del hospital de San Cosme y San Damián, llamado de LasBubas, cargo que el cabildo de la ciudad le concedió con generalaprobación de sus individuos.

Amante de las bellas letras desde su primera juventud, había Salinascultivado la poesía con no escaso aprovechamiento, demostrando singularfacilidad para las composiciones de circunstancias en las que á veceshizo gala de no común gracejo.

Nunca se imprimieron reunidas, en vida del autor, sus composiciones;pero casi todas ellas corrían manuscritas por Sevilla, dándole no escasorenombre y haciendo que algunos de sus coetáneos les prodigasen elogios,que ciertamente pecaban de una marcada exageración.

Tuvo Salinas muy estrecha amistad con casi todos los eruditos y poetasque en Sevilla vivieron en su tiempo, mereciendo citarse á JiménezEnciso, á Jáuregui, á don Diego Maldonado Dávila (colector después desus composiciones) y al famoso obispo de Bona don Juan de Sal, de quienel autor que nos ocupamos habló en algunas de sus poesías.

Frecuentaba también mucho Salinas el trato de la familia del analistaOrtiz de Zúñiga, de quien fué padrino de bautismo y de quien habló enuna poesía, así como de su hijo don Juan Ortiz de Zúñiga.

Algunos trabajos en prosa se imprimieron de Salinas, entre los que citaGallardo el Prólogo á las Meditaciones para cada día del año (1602)y la Dedicatoria al Sermón fúnebre de la madre Dorotea, escrito porAlonso Sanz.

En la vida de esta beata Dorotea, que se hizo célebre en Sevilla,publicada por Gabriel de Aranda, se habla en varios pasajes de Juan deSalinas, con marcado elogio, y en igual sentido se expresan otrosautores que encarecen mucho su ciencia y virtudes.

Larga fué la vida del doctor Juan de Salinas, que llegó hasta edad deochenta y tres años, falleciendo el 5 de Enero de 1642, en el citadohospital de San Cosme y San Damián, donde continuaba ejerciendo el cargode administrador. Salinas fué enterrado por el clero de Santa Catalinaen el convento de monjas de los Reyes.

Como ya consigné, don Diego Maldonado y Dávila recogió y coleccionó enun tomo las composiciones del doctor Salinas, manuscrito que poseyóGallardo, y del que da noticias detalladas en su bibliografía.

También el marqués de Jerez tenía un volumen autógrafo de versos delautor, pudiendo ser estudiados con detenimiento sus méritos en la Biblioteca Rivadeneyra y en los dos libros que con el título de Poesías del doctor Juan de Salinas publicaron los bibliófilosandaluces en 1869.

«En sus primeros tiempos, dice don Adolfo de Castro, fué Salinas poetade muy buen gusto literario, y en los últimos se convirtió enconceptista y en todos demostró un gran ingenio, sazonado de burlas y degran delicadeza en la declaración de afectos amorosos.»

En efecto, la musa de Salinas no fué dada á asuntos graves y deelevación, luciendo principalmente en epigramas y composiciones ligeras,algunas de las cuales tienen títulos como estos: A un clérigo que noquiso prestar al doctor las mulas y era muy puerco. A un fraile viejo,mentiroso y falto de dientes. A una dama que fingiendo descuido enseñólas ligas al doctor, etc.

En este género de versos, que prueban el espíritu, un tanto chancero, deSalinas, es donde más lucía su ingenio, que llegó hasta componer unpoema burlesco sobre los Ejercicios de San Ignacio, que fué impresodespués de haber corrido por largo tiempo manuscrito con no pocaaceptación.

Salinas, á semejanza de Pedro de Quirós y de otros poetas de la escuelasevillana, sus contemporáneos, no dejó ninguna obra de pretensiones nide verdadera importancia, dedicándose á cultivar la poesía encomposiciones sueltas, la mayoría breves.

Sus romances son muy estimables (véanse los que insertó D. AgustínDurán) habiendo pasado por anónimos algunos de ellos y siendo otrosfalsamente atribuidos á Góngora.

Tuvo el autor objeto de estos apuntes, felicísima disposición paraversificar y un ingenio vario y ameno, siendo más dado á ensayarse en elgénero festivo que no en el grave y elevado. El conceptismo deslució untanto el mérito de algunos de sus trabajos, pero en todos ellos aventajacon mucho á no pocos de los que en el mismo género alcanzaron ciertonombre.

En resumen: Salinas es digno de ocupar un puesto entre los buenos poetassevillanos del siglo XVI, y con razón le tributaron elogios suscontemporáneos y no se los ha escaseado la posteridad.

EL ARENAL

El largo espacio de terreno comprendido en la orilla izquierda delGuadalquivir, desde la entrada del puente de barcas hasta la muralla queunía la torre del Oro con la de la Plata, fué llamado desde muy antiguoel Arenal.

Hasta nuestros días ha llegado una antiquísima memoria de aquel lugar,en parte del cual hizo construir don Alfonso El Sabio las Atarazanas.Hoy mismo, en uno de los muros exteriores del edificio de la Caridad,consérvase una lápida, dentro de dos fustes de mármol rojo, en la cual,en caracteres monacales, está en relieve una inscripción latina delsiglo XIII, que perteneció á las Atarazanas y que traducida alcastellano dice así:

« Séate conocida cosa, que esta casa y toda su fábrica hizo el sabio yclaro en sangre don Alonso, rey de los españoles. Fué este movido áreservar las galeras y naves de los suyos contra las fuerzas del vientoaustral, resplandeciendo en arte completo lo que antes fué Arenalinforme. En la era de 1290 (año 1152). »

En el siglo XVI, cuando el comercio con el Nuevo Mundo estaba paraSevilla en su mayor apogeo y las embarcaciones de todos países llegabaná nuestro puerto, era el Arenal sitio el más animado y bullicioso de laciudad y Lope de Vega, que lo conocía, dió á una de sus comedias portítulo El Arenal de Sevilla, haciendo del lugar la siguientedescripción que pone en boca de doña Laura y de Urbana en la escenaprimera de la obra:

—¡Famoso

está

el

Arenal!

—¿Cómo

lo

deja

de

ser?

—No

tiene

á

mi

parecer

todo

el

mundo

vista

igual.

Tanta

galera

y

navío

mucho

al

Betis

engrandece.

—Otra

Sevilla

parece

que

está

fundada

en

el

río.

—Como

llegan

á

Triana

pudieran

servir

de

puente.

—No

lo

he

visto

con

más

gente.

—¿Quieres

que

me

siente,

Urbana?

—Mejor

será

que

lleguemos

hasta

la

torre

del

Oro

y

todo

ese

gran

tesoro

que

va

á

las

Indias,

veremos.

—Como

cubierto

se

embarca,

no

mueve

mis

pasos

tardos.

¿De

qué

sirve

el

ver

en

fardos

tanta

cifra

y

tanta

marca?

—Notable

es

la

confusión.

—Lo

que

es

más

razón

que

alabes

es

ver

salir

de

estas

naves

tanta

diversa

nación.

Las

cosas

que

desembarcan,

el

salir

y

entrar

en

ellas

y