Comedias: El Remedio en la Desdicha: El Mejor Alcalde, El Rey by Lope de Vega - HTML preview

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[La ortografía del original libro impreso está conservada.]

CLÁSICOS CASTELLANOS

L O P E D E V E G A

COMEDIAS

I

edición y notas de j. gómez ocerín

y r. m. tenreiro

MADRID

EDICIONES DE «LA LECTURA»

1920

ÍNDICE

PRÓLOGO

EL REMEDIO EN LA DESDICHA

EL MEJOR ALCALDE EL REY

PRÓLOGO

Durante más de dos siglos, la vigorosísima figura de Lope de Vega quedóoscurecida y sepultada bajo el alud de flores retóricas que, con piadosaintención, derramó sobre ella, en su Fama póstuma, su discípulo yamigo el doctor Juan Pérez de Montalván. En vano fué que Lope hubieracuajado de íntimos rasgos autobiográficos gran parte de sus obras, hastael punto de que muchas de sus poesías no son otra cosa que un comentariolírico a sucesos de su vida: el amañado y artificioso retrato trazadopor el autor del Para todos en las páginas del libro que queda citadoarriba, en el cual, bajo la exuberancia de apologéticos ornamentos,trata de encubrirse, y aun desmentirse, lo que no parecía decoroso sesupiera de las flaquezas y pecados del poeta, tuvo que sertradicionalmente recibido como vera efigies de Lope de Vega.

En 1839 publicó Fauriel en la Revue des Deux Mondes un estudio en quese indica el valor autobiográfico de La Dorotea; idea que, rechazadapor Damas-Hinard, fué adoptada después por Ticknor en su historia (1849)y por von Schack en la suya (1854) y desenvuelta por Ernest Lafond en su Etude sur la vie et les œuvres de Lope de Vega (París, 1857). Conello estaba dado el paso capital para llegar al auténtico conocimientode la vida de Lope, apreciando rectamente los numerosísimos datosdejados por aquél, más o menos desfigurados, en muchas de sus obras.

Hacia ese tiempo ya había estado en manos de don Agustín Durán parte dela valiosísima correspondencia de Lope con el Duque de Sessa, de la cualhabía copiado sesenta y dos cartas, que comunicó a von Schack cuandoéste trabajaba en su Historia de la literatura y el arte dramático enEspaña. Pero hasta que, en 1863, fueron encontrados en el archivo delConde de Altamira tres tomos de la dicha correspondencia, tan donosacomo poco edificante, Cartas y billetes de Belardo a Lucilo, y,estudiados por don Cayetano Alberto de la Barrera, surgió de ellos elpicaresco y apasionado episodio de los amores sacrílegos de Lope condoña Marta de Nevares (con lo cual fué dado apreciar el fundamentoautobiográfico puesto por el poeta a su égloga Amarilis), casi puededecirse que no comenzó a ser conocida la verdadera personalidad de Lope.

Sin embargo, no fué la Barrera quien dió noticia al público de aquellalarga novela de la vejez del poeta: su Nueva biografía, compuesta congran sagacidad y diligencia, y a la cual aún es forzoso acudir hoy alestudiar muchas cuestiones (por ejemplo, los ataques literarios a Lopedel maestro Torres Rámila), a pesar de haber avanzado tanto desde 1864el conocimiento de las sergas lopescas, permaneció inédita en labiblioteca de la Real Academia

Española

hasta

1890,

cuando

don

MarcelinoMenéndez y Pelayo la puso al frente de la edición académica de las obrasde Lope de Vega, llenando con ella el tomo I. Entre tanto, don FranciscoAsenjo Barbieri había publicado en 1876, aprovechando las mismas fuentesque aquel erudito y hasta su manuscrito, su libro Ultimos amores deLope de Vega, en el cual adelanta sobre la Barrera el descubrir noticiadel rapto de Antonia Clara, la hija de Lope y Amarilis, por un galán dela Corte (hecho que hasta ahora no ha sido comprobado documentalmente)en la égloga Filis, último poema que antes de morir preparó Lope parala imprenta.

Otra de las grandes etapas en el conocimiento de la vida del poeta esseñalada en 1901 con la publicación del Proceso de Lope de Vega porlibelos contra unos cómicos por los señores Tomillo y Pérez Pastor, elbenemérito investigador de la vida de Cervantes.

De

este

modo

quedóreafirmado

el

valor

autobiográfico de La Dorotea, aclarado el episodiode los amores con Elena Osorio y buen número de otros lances de estaoscura y compleja existencia.

Diligentes investigaciones de los señores Rodríguez Marín, Cotarelo,Rennert, Castro, han ilustrado después los amores con Micaela de Luján yotros sucesos de la vida de Lope, hasta el punto de que ya hoy tenemosderecho a decir que, por lo menos en sus rasgos fundamentales, lasingularísima figura de Lope, libre de las vendas y bálsamos con que laamortajó Montalván, se alza llena de vida ante nuestros ojos. El librodel señor Rennert The Life of Lope de Vega (Glasgow, 1904), completadoy renovado en gran parte por don Américo Castro ( Vida de Lope de Vega,Madrid, 1919), es por hoy la obra que más completa y perfectamente puedellevarnos a conocer el espíritu de Lope y los novelescos sucesos de suvida. La noticia biográfica que nos ha parecido indispensable estamparaquí está principalmente basada en este libro.

Lope Félix de Vega Carpio nació el 25 de noviembre de 1562, en Madrid,en la Puerta de Guadalajara (parte de la calle Mayor comprendida entrela Cava de San Miguel y la calle de Milaneses) y fué bautizado el 6 delsiguiente diciembre en la hoy desaparecida parroquia de San Miguel delos Octoes.

Fueron sus padres Félix de Vega y Francisca Fernández Flores o delCarpio (que de ambos modos es designada en los documentos publicados porel señor Pérez Pastor en el Proceso).

Eran éstos naturales del vallede Carriedo, en la Montaña, y habían fijado su residencia en Madrid elmismo año del nacimiento de Lope. El padre, que consagró a la caridadgran parte de las horas de su ejemplar existencia, tanto que susvirtudes fueron celebradas por Herrera Maldonado en su Vida de donBernardino de Obregón, fué bordador de oficio y murió en 1578. De lamadre, para quien no tiene Lope en sus obras ningún recuerdo de filialamor, sólo sabemos que fué enterrada en 22 de septiembre de 1589. ¡Diossabe lo que habrá sufrido la pobre mujer en sus últimos años con laslozanías y desórdenes de su turbulento hijo!

Montalván se detiene a describir las portentosas dotes que revelaba Lopeen su niñez; refiere cómo leía en romance y latín a los cinco años, y,antes de saber manejar la pluma, repartía su almuerzo con los compañerosmayores para que le escribieran los versos que él improvisaba. "Pasódespués a los estudios de la Compañía—sigue diciendo suapologista—(Lope declara en el Proceso que había estudiado en el másmodesto colegio de los Teatinos), donde, en dos años, se hizo dueño dela Gramática y la Retórica, y antes de cumplir los doce tenía todas lasgracias que permite la juventud curiosa de los mozos, como es danzar,cantar y traer bien la espada..." El mismo Montalván refiere unatravesura de la mocedad del poeta, que pone bien de manifiesto lainquietud fundamental de su carácter. Muerto su padre, es decir, hacialos diez y seis años, huyó Lope de Madrid en compañía de un amigo,llegando hasta Astorga en su escapatoria.

No es fácil tarea la de establecer en orden cronológico los sucesos dela primera juventud de Lope: tal contradicción hay entre lasafirmaciones de La Dorotea y lo que resulta de otras fuentes. Constaque sirvió a don Jerónimo Manrique de Lara, obispo de Cartagena, "aquien agradó sumamente con unas églogas que escribió en su nombre y conla comedia La Pastoral de Jacinto, que fué la primera que hizo de tresjornadas", dice Montalván, sin que podamos saber en qué tiempo entróLope a prestar esos servicios ni cuánto duraron. Antes, aún siendo niño,había ya traducido en verso el poema de Claudiano De raptuProserpinae, y quizás escrito obras dramáticas en cuatro actos, segúnindica en el Arte nuevo de hacer comedias; pero la que llegó anosotros atribuída a esa primera edad, Los Hechos de Garcilaso, nopuede haberla compuesto antes de los diez y seis o diez y ocho años.Consta también que estudió en Alcalá, ignorándose en qué años, ya que noha sido dado hasta hoy descubrir su nombre en aquellos registrosuniversitarios. "Según todas las probabilidades—dice la versiónespañola de la Vida del señor Rennert—, Lope se matriculó en laUniversidad cuando tenía alrededor de quince años, es decir, en 1577, yestuvo allá cuatro años, saliendo en 1581-82." Sabemos igualmente queparticipó en la jornada de las Islas Terceras contra los portugueses,campaña que tuvo menos de dos meses de duración, desde el 23 de juniode 1583, en que zarpó de Lisboa la armada de don Alvaro de Bazán, hastael 15 de setiembre, en que regresó a Cádiz.

Poco después ya era Lope poeta conocido; colabora en el Jardínespiritual de fray Pedro de Padilla (1584) y en el Cancionero deLópez Maldonado (1586, pero con licencia de 1584), y es celebrado porCervantes en el Canto de Calíope de La Galatea (1585) en lossiguientes términos:

"Muestra en un ingenio la experiencia

que en años verdes y en edad temprana

hace

habitación

así

la

ciencia,

como en la edad madura, antigua y cana:

no entraré con alguno en competencia

que contradiga una verdad tan llana,

y más si acaso a sus oídos llega

que lo digo por vos, Lope de Vega."

Antes de este tiempo debieron comenzar los amores con Filis, la granpasión de la primera juventud de Lope, inmortalizada en tan bellosromances y en las escenas de La Dorotea, llenas de agudeza y donosura,sin que sea posible determinar exactamente el año de su principio, sibien parece razonable opinión la expuesta por Ormsby (en un estudiosobre Lope de Vega publicado en la Quarterly Review (1894), citado enel libro de Rennert y Castro) de que, ya que repetidamente se afirma en La Dorotea que estas relaciones duraron cinco años, éstos debieron serlos comprendidos entre la expedición de las Terceras y la de laInvencible contra Inglaterra. Cierto que en La Dorotea se dice tambiénque don Fernando (Lope) tenía diez y siete años al ser solicitado porDorotea; pero bien probado está que Lope de Vega tenía la coquetería dedisminuir la cifra de sus años, como acaso la de aumentar la de suscomedias. No fué el de Filis el primer afecto de Lope de Vega (en LaDorotea se nos habla de una Marfisa, pariente suya, "primer sujeto demi amor en la primavera de mis años", a quien aún no ha sido posibleidentificar documentalmente), pero sí el primero que dejó honda huellaen la producción literaria del poeta. Filis, Elena Osorio, era la hijadel representante Jerónimo Velázquez, y estaba casada desde 1576 con untal Cristóbal Calderón, también comediante. Repentina pasión brotó entreella y el gran enamorado y gran poeta. "No sé qué estrella propicia alos amantes reinaba entonces—léese en La Dorotea—, que apenas nosvimos y hablamos cuando quedamos rendidos el uno al otro." En prosa yverso ha alabado repetidamente Lope los encantos, físicos yespirituales, de su amada, creando de ella una imagen, segúnatinadamente se hace observar en el libro de los señores Rennert yCastro, que "más bien que en damas de la España tradicional, hace pensaren un tipo de gentil cortesana, surgido al contacto de la Italiarenacentista". La figura que traza Lope de la Amarilis de sus postrerosamores guarda estrecha relación con la de esta heroína de la novela desus años mozos.

Elena parece haberse interesado mucho por elperfeccionamiento del saber de su genial enamorado e influído en él paraque visitara cátedras de disciplinas diversas: en más de un sentido debeser considerada como galana maestra del poeta.

De todo tiene menos de edificante lo que de estos amores descubre LaDorotea y comprueba el Proceso. La familia parece haber consentidolas relaciones mientras Lope compusiera comedias para la compañía deJerónimo Velázquez y no estorbara que Elena tuviera amantes de más altocopete y mejor nutrida bolsa, como el indiano don Bela de La Dorotea,en la realidad don Francisco Perrenot, sobrino del cardenal Granvela.Por muy diversas fases atraviesan los amores: en un principio, Filisquiere guardar fidelidad al poeta; pero éste no puede subvenir alsostenimiento de su amada, la que por él se empobrece, por lo cual sumadre la vitupera y maltrata y, por último, la entrega a un amante demayores posibles. Lope, según La Dorotea, huye a Sevilla y Cádiz llenode dolor; pero, vuelto a Madrid, se presta a ser favorecido en secreto,consintiendo el oficial señorío de don Bela.

No era posible que durara mucho tal situación: desengañado de Elena,enamorado de doña Isabel de Urbina (la dulce Belisa de los romances),Lope se venga de su antigua amada dejando de dar comedias a su padre yhaciendo circular por Madrid dos poesías, un poema en latín macarrónicola una y la otra un romance castellano, en que se escarnece y vilipendiaa Elena Osorio y su familia. Abrese proceso, Lope es detenido y llevadoa la cárcel el 29 de diciembre de 1587, y, después de oídos testigos,sentenciado "en cuatro años de destierro de esta Corte y cinco leguas(no le quebrante, so pena de serle doblado), y en dos años de destierrodel reino, y no le quebrante, so pena de muerte". Después, ante nuevadenuncia de los Velázquez, que dicen que desde la cárcel sigue Lopehaciendo contra ellos versos de infamia, los alcaldes, el 7 de febrerode 1588, acuerdan lo siguiente: "Confirman la sentencia de vista engrado de revista con que los cuatro años de destierro de esta Corte ycinco leguas sean ocho demás de los dos del reino y los salga a cumplirdesde la cárcel los ocho de la Corte y cinco leguas, y los del reinodentro de quince días; no los quebrante, so pena de muerte los delreino, y los demás, de servirlos en galeras al remo y sin sueldo, concostas."

Estamos en el momento más dramático que nos es conocido de la vida deLope: los lances se precipitan uno tras otro como en la más accidentadade sus comedias. Sale de la cárcel para cumplir su destierro fuera delreino de Castilla el 8 de febrero de 1588; acabamos de ver las penasseverísimas en que incurría caso de volver a la Corte, y, sin embargo,en el Inventario general de las causas criminales que se hallan en elarchivo de la sala de alcaldes de la casa y corte de S. M. , encontróPérez Pastor la noticia siguiente: "Lope de Vega, Ana de Atienza y JuanChaves, alguacil,

por

el

rapto

de

doña

Isabel

de

Alderete."Desgraciadamente ha desaparecido este proceso.

Pérez Pastor pruebacumplidamente la identidad de esta doña Isabel de Alderete con doñaIsabel de Urbina y Cortinas, primera esposa de Lope de Vega.Probablemente habrá comprendido el poeta, al salir de la cárcel, que laimportante familia de Belisa (su padre había sido regidor de Madrid yrey de armas de Felipe II y Felipe III), con la cual Lope estaría enrelaciones desde algún tiempo antes como se desprende de algunos de losromances, no consentiría el matrimonio de ésta con un condenado por lajusticia, y habrá convencido a su amada, siempre dulce y sumisa, de quese dejara raptar e hiciera así preciso el casamiento. En un principio lafamilia denuncia a Lope, quien ya hemos visto los peligros que corríacon ello; pero después debe haber mediado perdón, ya que, en vez deseguir adelante la causa, el inmediato 10 de mayo se casa por poder eldesterrado Lope con la dicha doña Isabel de Alderete.

Pero Lope no va pacíficamente a cumplir su destierro, gozando deltranquilo y legítimo amor de su Belisa: el 29 del mismo mes de mayo sealista en Lisboa como voluntario en la Invencible, probablemente"arrastrado por el soplo heroico que inflamó en aquella ocasión a todoslos pechos jóvenes", como indican los señores Rennert y Castro. No habráexistido otro más apto para sentir tales fiebres patrióticas que el deeste gran vate hispano, en quien el orgullo nacional se presenta enformas casi delirantes. A bordo del galeón San Juan dice Lope quecompuso su poema La Hermosura de Angélica. En diciembre del propioaño regresan a España los restos de la Armada. Lope desembarca en Cádiz,viene a Toledo, y, reunido con su esposa, habrá marchado a Valencia aprincipios de 1589.

La razón de haber escogido Lope esta rica ciudad como lugar dondecumplir su destierro fuera del reino de Castilla debe haber sido el granflorecimiento que habían alcanzado allí las letras.

Allí habrá conocidoa los poetas dramáticos Tárrega, Boyl y Aguilar; habrá dado comedias alnaciente teatro valenciano y contribuído a la publicación de lasprimeras colecciones de romances, base del futuro Romancero general,la primera de las cuales, según Wolf, debió salir en Valencia "pocodespués de 1588" y en la cual se encuentran varios romances quepertenecen a Lope, indudablemente. Su vida en Valencia parece haber sidotodo lo tranquila y feliz que era posible, dado su arrebatadotemperamento. Teniendo que sostener su hogar de hombre casado, habrácomenzado allí a escribir comedias para ganar el pan de su familia, no"por su entretenimiento, como otros muchos caballeros de esta Corte",según se alababa de hacerlo en el Proceso; y, en efecto, sabemos quede Valencia enviaba obras dramáticas a directores de compañíasteatrales. De lo que dice Cervantes en el prólogo de sus comedias, y deotros datos, parece deducirse que ya en este momento era Lope el autormás popular de la escena española. Sin embargo, que se sepa, no hanllegado a nosotros sus comedias de esta primera época.

En 1590, cumplida la parte de destierro fuera del reino, viene Lope aToledo, y, como secretario, entra al servicio del joven duque de Albadon Antonio, cargo que desempeñó durante cinco años, residiendo en Albade Tormes buena parte de este tiempo.

Aunque siguen siendo perdidas paranosotros la mayor parte de sus comedias, poseemos algunas, hasta una deellas en su autógrafo,

de

las

que

sabemos

indubitadamente

quecorresponden a este período. También entonces escribió Lope la novelapastoril La Arcadia, primera de sus obras extensas que había de serimpresa, en la que, bajo figura de pastores, introduce a su protector ya sus amigos.

A principios de 1595—si hemos de prestar fe a la profecía del astrólogoCésar en La Dorotea, que coincide con lo que resulta de otrosdatos—debe haber fallecido doña Isabel en Alba de Tormes, dejando aLope padre de dos niñas que no tardaron en seguir la suerte de su pobremadre.

Muerta su esposa, trasladóse Lope a la Corte, donde su antiguoperseguidor Jerónimo Velázquez pide a la justicia le sea levantado loque le falta por cumplir de la condena de destierro; acaso esperando,según han maliciado eruditos modernos, que el fecundo y ya famoso poetase casaría ahora con Elena, ya también viuda por aquellos tiempos.

Poco después deja Lope el servicio de la casa de Alba, y por algúntiempo es secretario del Marqués de Malpica. En 1598 lo encontramosdesempeñando cargo análogo cerca del Marqués de Sarria, futuro Conde deLemos, el gran protector de Cervantes y tantos otros ingenios.

El 25 de abril de este mismo año de 1598 casóse Lope en Madrid con doñaJuana de Guardo. Su padre, Antonio de Guardo, era rico carnicero queabastecía de víveres los mercados de la Corte, circunstancia que sirvióde base para que se mofaran de Lope sus enemigos, con el terribleGóngora a su cabeza. Doña Juana llevó en dote al matrimonio más deveintidós mil reales.

Por lo que conocemos del carácter de esta señora,parece haber sido mujer vulgar y bondadosa, que sufrió con paciencia lacruz que le imponía la desgobernada conducta de su esposo. Que se sepa,jamás fué cantada en los versos de éste: tiene todas las trazas de unenlace de conveniencia este matrimonio.

En este año de 1598 publicó Lope sus primeros libros: la citada novelapastoril La Arcadia y el poema épico La Dragontea consagrado a lastemidas hazañas del marino inglés el Drake. A principios de 1599, ElIsidro, poema en quintillas, en que se narra la vida del que había deser Santo Patrón de Madrid.

En abril de 1599 encontramos a Lope de Vega en Valencia acompañando alMarqués de Sarria, quien se había trasladado allí, lo mismo que toda lacorte, con el rey Felipe III y su hermana la infanta Isabel ClaraEugenia, para esperar a sus respectivos cónyuges la archiduquesaMargarita de Austria y el archiduque Alberto. Celebráronse en Valencialas velaciones—

pues ya los desposorios se habían hecho por poderes enFerrara—, y con tan grato motivo representóse el auto alegórico de Lope Las Bodas del alma con el amor divino. El señor Mérimée, en sus Spectacles et comediens à Valencia, menciona otras fiestas celebradasen esta ocasión, en las que Lope tomó parte principal. El mismo añoimprimióse en Valencia el poema de Lope titulado Fiestas de Denia,que describe el festival ofrecido por el Duque de Lerma al Rey y a laInfanta.

Lope debió estar ya de regreso en Madrid en julio siguiente, ya que en26 de ese mes es bautizada en San Ginés una hija suya y de doña Juana,Jacinta, que habrá muerto niña, pues nada más volvemos a saber de ella.Dejó el servicio del Marqués de Sarria en 1600. Ya entonces habríaescrito Lope más de un centenar de comedias e impuesto forma y direccióndefinitivas al drama español.

En época imprecisa, por este tiempo, entró Lope en íntimas relacionescon la que había de ser madre de sus hijos Marcela y Lope Félix, laCamila Lucinda, tan celebrada en innumerables versos. Lucinda, por suverdadero nombre Micaela de Luján, parece haber sido una cómica desecundaria categoría—aunque debe haberse retirado definitivamente delas tablas desde que comenzó su trato con Lope—, mujer delrepresentante Diego Díaz, quien, desde 1596, residía en el Perú, dondefalleció a mediados de 1603. Durante largos años estuvo Lope enlazadocon ella por un afecto tranquilo y pacífico, como conyugal, biendiferente de sus otras tormentosas pasiones. Es esta una época degrandes viajes para nuestro poeta, pues suele tener establecidos susdos hogares en poblaciones distintas. Su mujer, con quien oficialmentevivía, residió en Madrid hasta 1604 y en Toledo de 1604 a 1610. La"serrana hermosa", Lucinda, quizás vivió primero en Toledo, luego enSevilla (donde pasó largo tiempo Lope entre 1602 y 1604), después otravez en Toledo, sitio del nacimiento de Marcela (1605), y, por último, enMadrid, cuando dió a luz a Lope Félix (1607).

Al señor Rodríguez Marín corresponde el honor de haber descubierto unafirma de Lope, en un documento notarial de Sevilla, en que el poetaantepuso a su nombre la inicial de Micaela. ("Porque es uso en corteusado | Cuando la carta se firma, | Poner antes de la firma | La letradel nombre amado", dice el propio Lope en El Dómine Lucas.) DonAmérico Castro, que ha buscado después esas iniciales antepuestas en lasfirmas de los autógrafos de las comedias de Lope y en otros escritos yha estudiado las alusiones a estos amores en comedias y poemas ( Revistade Filología Española, 1918), piensa que la pasión de Lope por Lucindahabrá comenzado en 1599, según la alusión de las Fiestas de Denia,hecha observar ya por la Barrera, y desde 1602 a 1604 habrá alcanzado sumayor intensidad, cuando el poeta, hasta en documentos públicos, osaponer ante su firma la letra de Micaela. De 1608 es el último autógrafode comedias en cuya firma encuentra el señor Castro la inicial de laserrana, y en comedias posteriores a esta época tampoco descubre ya lasalusiones a Lucinda, tan abundantes en las de los años anteriores. De unpasaje de la Jerusalem parece desprenderse que Lope tuvo cinco hijosen Micaela, sólo dos de los cuales, Marcelica y Lopillo, alcanzaron laedad adulta.

Nada más sabemos de Camila Lucinda; "aparece con silueta poco precisa enlas obras de Lope", se dice en la biografía de los señores Rennert yCastro. Sin embargo, muchos de sus más excelsos pasajes líricos estáninspirados en la hermosura de Lucinda, en sus ojos azules (bellas armasde amor, estrellas puras) y en la voz clara y regalado tono con quehabla. (¡Triste del que escucha!) A diferencia de Dorotea y Amarilis,debía ser mujer de escasa cultura (consta que ni escribir sabía) y sinaficiones intelectuales. Lope no alaba en ella más que perfeccionesnaturales y espontáneas.

En 1602 publica Lope en Madrid La Hermosura de Angélica, poema en queaspira a rivalizar con el Ariosto y que, por lo menos en parte, teníaescrito desde tiempos de la expedición a Inglaterra. Sigue en el librouna colección de doscientos sonetos, Rimas, en que están muchos de losde Lucinda, y al final reimprime La Dragontea. En 1604 estampa enSevilla una nueva edición de las Rimas y la novela El Peregrino en supatria, a cuyo fin inserta una lista de las comedias que tenía escritashasta entonces: doscientos treinta títulos.

En el verano y otoño de 1604 reside con su mujer en Toledo, según unaimportante carta autógrafa que publicó en parte von Schack y máscompleta la Barrera, y los manuscritos de dos comedias, fechados enaquella ciudad. Por éste tiempo ya empieza Lope a quejarse de loseditores que imprimen mutiladas y variadas sus comedias y le atribuyenobras ajenas. A principios de este año habrá salido la Primera parte de comedias de Lope de Vega recopiladas por Bernardo Grassa. La primeraedición es de Valencia.

Como "poeta toledano" es encargado Lope, en mayo de 1605, por elAyuntamiento de la Imperial Ciudad, de dirigir la justa poéticacelebrada con ocasión del nacimiento del Príncipe de Asturias, despuésFelipe IV. En aquel mismo verano comenzó la íntima amistad de Lope condon Luis Fernández de Córdoba Cardona y Aragón, sexto duque de Sessa,relación que había de durar lo que la vida del poeta, por la cual ganóinmortalidad aquel prócer.

Por este tiempo tenía Lope establecidas en Toledo sus dos familias. En 8de mayo de 1605, como de padres desconocidos, fué bautizada allíMarcela, la hija de Lucinda. En 28 de marzo del año siguiente, su hijolegítimo Carlos Félix. A 7 de febrero de 1607, ya en Madrid (Lopealquiló en octubre de este año una casa en la calle del Fúcar, quizáspara Micaela), bautizóse Lope Félix, último fruto del amor de laserrana, y Lope lo declaró hijo suyo en la partida bautismal.

En 1608 apareció la Jerusalem conquistada, epopeya trágica en que Lopeaspira a igualar al Tasso, como antes al Ariosto con la Angélica. Vadedicada al rey Felipe III. Aún hay aquí alusiones a Lucinda, pero yafrías y sin pasión, como de una cosa que se extingue y perece. Al añosiguiente se publicó la Segunda parte de las comedias (en Madrid, porAlonso Martín), y en nueva edición de las Rimas de este año incluyóLope el Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo, defensa de lasirregularidades de sus obras teatrales, escrita amena yhumorísticamente, obra importante para el estudio de las teoríasdramáticas de su autor.

En setiembre de 1610 adquirió Lope la casa de la calle de Francos (hoyCervantes), número 15, que había de habitar hasta su muerte, yestablecióse en ella con su familia legal. Nueve mil reales fué elprecio de la casa, que no carecía de comodidades ni de un bello jardín,reposo y contento del poeta. Así se lo describe a Francisco Rioja en unaepístola:

"Que mi jardín, más breve que cometa,

tiene sólo dos árboles, diez flores,

dos parras, un naranjo, una mosqueta."

Desarrolláronse en Lope, para que nada en él faltara, instintos deexistencia burguesa al sentirse propietario, y en su nueva casa vivió enpaz y calma con su mujer y su muy amado hijo Carlos, durante un períodono muy largo, que había de ser cerrado por la muerte. En una bella Epístola al doctor Matías de Porras, publicada después en La Circe,pintó bellamente Lope la felicidad de su vida doméstica. De talessentimientos está impregnado el libro Los Pastores de Belén, especiede Arcadia a lo divino, que publicó a principios de 1612, tiernamentedirigido a

su

hijo

Carlos.

Acentuándose

sus

místicos

sentimientos,imprimió el mismo año, en Valladolid, los Cuatro solilóquios... llantoy lágrimas que hizo arrodillado delante de un Crucifijo, pidiendo aDios perdón de sus pecados, después de haber recibido el hábito de laTercera Orden de Penitencia del seráfico Francisco; es un patéticolibrillo de arrepentimiento que debe

ser

anotado

como

precedente

de

lainesperada

transformación que veremos operarse en la vida de Lope antesde mucho tiempo. Desde 1610 pertenecía a la Cofradía del Caballero deGracia y a la del Oratorio de la calle del Olivar.

En 1612 salió a luz la que se contó como Tercera parte de las comediasde Lope (Sebastián Cormella, Barcelona), aunque sólo tres son de esteingenio, de las doce que contiene el volumen.

La felicidad doméstica, tan tardíamente apreciada por el poeta, no debíadurar: en el verano u otoño de 1612 murió el niño Carlos Félix,inspirando este doloroso suceso al atribulado padre una bellísimapoesía, que se encuentra entre las Rimas sacras, y un año después, enagosto de 1613, falleció doña Juana, enferma desde mucho tiempo antes, apoco de dar a luz a Feliciana, única hija legítima que había desobrevivir a su padre.

Pero cinco semanas después de esta muerte ya tenemos a Lope figurando enla comitiva de un viaje de Felipe III y la corte a Segovia, Burgos yLerma y tratando de festejos y galanteos.

Sin embargo, a principios de 1614 determinóse Lope a recibir órdenessagradas. En los versos a la poetisa peruana Amarilis dice así:

"Dejé las galas que seglar vestía;

ordenéme,

Amarilis;

que

importaba

el ordenarme a la desorden mía."

Pronto sabremos lo que había de durar aquel orden en Lope.

Trasládase aToledo, en marzo de aquel año, y, por su correspondencia con el Duque,podemos seguir los preliminares, no sobrado místicos, de su dedicacióneclesiástica. Residió en casa de la cómica Jerónima de Burgos, madrinade Lope Félix, para la cual había escrito La Dama boba. Ya antes habíavivido con ella en Segovia, en el viaje a que acabamos de referirnos.Siguió frecuentando el mundo de la comedia y participaba en losgalanteos que rodeaban a Jerónima. No obstante, ordenóse de Epístola enmarzo, de Evangelio en abril y regresó a Madrid en junio, ya sacerdote.Dada la emoción e intensidad de sus obras religiosas, no tememos elmenor motivo para dudar de la sinceridad del movimiento que llevó a Lopeal sacerdocio, aunque su inquieto espíritu no le haya permitidoperseverar por mucho tiempo en aquella estrecha vía, como no perseveróen cosa alguna que no fuera abandonarse a la torrencial espontaneidad desu temperamento.

En este año de 1614 publicó Gaspar de Porres, amigo íntimo del poeta, la Cuarta parte de sus comedias, dedicada al duque de Sessa.

Por cartas de este mismo verano vemos que Lope venía sirviendo desecretario al de Sessa en sus múltiples y adulterinos amores. Elconfesor del nuevo sacerdote le prohibía ocuparse en tan poco edificantemenester, y en las cartas se refleja la angustia de Lope al tener quedejar de servir a su protector, aunque no fuera más que en talesasuntos, por la escrupulosidad de conducta moral que le imponía su nuevoestado.

Aquel otoño—1614—publicó sus Rimas sacras, dedicadas a su confesor.Hubo entonces un certamen literario para celebrar la beatificación deSanta Teresa, y Lope figuró en el jurado calificador, recitando elpanegírico con que se inauguró el concurso.

En octubre de 1615 trasladóse la corte a Burgos, donde se celebraron,por poder, los matrimonios de la infanta doña Ana de Austria, hija deFelipe III, con Luis XIII de Francia, y el de Isabel de Borbón, hermanadel Rey de Francia, con el Príncipe de Asturias. El Duque de Lerma fuéenviado por el Rey para que acompañara a doña Ana hasta el Bidasoa ytrajese desde allí a doña Isabel. El Duque de Sessa fué con el de Lermay llevó consigo a Lope de Vega.

De este año es la que se cuenta por Parte quinta de las comedias deLope ( Flor de comedias de España de diferentes autores, recopiladaspor Francisco de Avila, 1615, Alcalá), si bien sólo una hay en el libroque sea de nuestro autor. También entonces apareció la Parte sexta, enMadrid, por la viuda de Alonso Martín.

Pero en la vida del poeta sacerdote iban a presentarse ahora nuevossucesos escandalosos, que habrán hecho murmurar largamente a losmaldicientes de la Corte y que dieron pábulo a los ataques de losenemigos de Lope, de los cuales es de recordar una emponzoñada décima deGóngora, publicada por la Barrera.

Anúnciase este nuevo período por uninesperado viaje de Lope a Valencia a fines de junio de 1616, a pretextode asuntos de su hijo el fraile descalzo. (Esta es la única noticia quese tiene de él.

Acaso sería fruto de algunos pasajeros amoríos del poetamientras residió en Valencia con su primera esposa.) Mas parece probadoque el objeto del viaje fué esperar a la compañía de Sánchez, queregresaba de Nápoles con el Conde de Lemos.

En esta compañía figurabala cómica a quien Lope llama "la loca" en sus cartas, Lucía de Salcedopor su verdadero nombre.

Durante su estancia en Valencia estuvo Lopeenfermo de mucha gravedad. Mas este oscuro y breve episodio ("veintedías hablé con la loca") no es más que tanteo y anuncio de la granpasión que va a llenar la vejez del poeta. Agotado el fuego de laexaltación mística que lo había llevado al sacerdocio, vuelve aimponerse su temperamento erótico. Versos y mujeres, ahora como antes,llenan la vida del poeta.

A fines de 1616 estaba Lope en las relaciones más íntimas con doña Martade Nevares Santoyo, mujer de Roque Hernández de Ayala, hombre denegocios. La égloga Amarilis (Madrid, 1633) es la obra en que nos hadejado Lope la visión literaria de aquella pasión de la edad madura.Amarilis, bautizada también literariamente por Lope con el nombre deMarcia Leonarda, era natural de Madrid y debía tener unos veintiséisaños cuando Lope la conoció en un jardín con ocasión de una fiestaliteraria.

Es de advertir que doña Marta, semejante en esto a ElenaOsorio, debe haber sido persona de cierta distinción y con gustosliterarios y artísticos. Tenía una hermana poetisa. En agosto de 1617nace Antonia Clara, bautizada como hija de Roque Hernández, prenda deestos amores de los ya avanzados años del poeta, consuelo y tormento desu edad postrera.

Después doña Marta, guiada por Lope, intentadivorciarse de su marido, y aunque no lo logra, el matrimonio debióvivir últimamente en casa separada, hasta que la muerte, llevándose en1618 ó 1619 al Roque Hernández, tan odiado por Lope, estableció

laseparación

definitiva.

Poco

después

del

fallecimiento del marido,escribe Lope la dedicatoria a Marcia Leonarda de La Viuda valenciana(Parte XIV, 1620), página en que llega a lo más extremado el cinismo delpoeta al mostrar al público las intimidades de su pecaminosa existencia.

Del año 1617 son las Partes séptima y octava, impresas en Madrid acosta de Miguel de Siles por la viuda de Alonso Martín. Ambas vandedicadas al Duque de Sessa. En este propio año apareció también la Parte novena, primera que figura como publicada por el mismo Lope y encuyo prólogo rechaza por ilegítimas todas las Partes anteriores. Notenía completa razón para ello: muchas de estas Partes habían sidoeditadas por personas de su intimidad y es de suponer que con anuenciadel autor. Sólo las llamadas Partes tercera y quinta deben habersalido al público con perfecta ignorancia de Lope; el cual, por lodemás, tenía sobrado motivo para quejarse de la negligencia con quedaban a la imprenta los editores los libros de comedias, confundiendomuchas veces el nombre del autor y siguiendo manuscritos viciadísimos.Es de observar que Lope, que tan grande interés demostró siempre por laimpresión de sus libros, descuidó hasta este año el ocuparse de lasediciones de sus comedias. Verdad que, en muchos casos, no era posibleque hubieran sido publicadas por él en forma más pura que por susanteriores editores—a menos de haberlas en gran parte rehecho—, puesno siempre poseería sus propios manuscritos, que, vendidos a losdirectores de las compañías, habrían ido a parar Dios sabe dónde, sinoque tendría que valerse de copias y de copias de copias en las que eltexto estaría mutilado y viciado hasta por las propias necesidades de larepresentación escénica.

De 1618 es el Triunfo de la fee en los reynos del Japón, opúsculohistórico, hecho de encargo, en que se relata el suplicio de losprimeros mártires en las tierras del Extremo Oriente. El propio añosalieron dos nuevas Partes de comedias: la X y la XI.

(Ambas enMadrid. A costa de Miguel de Siles la primera y de Alonso Pérez laotra.) En la sexta edición del Peregrino, publicada este año,reproduce Lope la lista de comedias de la edición de 1604 y añade a ellaciento catorce títulos nuevos, deduciendo diez y seis repetidos.

La Docena parte de comedias es publicada en 1619. (En Madrid, por laviuda de Alonso Martín, a costa de Alonso Pérez.) Sigue adelante Lopetrabajando en la edición de sus obras teatrales, y en 1620 publica la Trecena parte (Madrid, viuda de Alonso Martín. A costa de AlonsoPérez) y la Catorce (Madrid, por Juan de la Cuesta. A costa de Miguelde Siles).

El 19 de mayo de 1620, para celebrar la beatificación de San Isidro,hubo una famosa justa poética en la iglesia parroquial de San Andrés, dela cual fué director Lope de Vega. Poetas de los principales de Españase disputaron los premios. Lope leyó el certamen ante un inmensoconcurso, en que se amontonaban representantes de todas las clasessociales, alcanzando un gran éxito, que acrecentó, si era posible, sufama. Esta fué una de las grandes ocasiones en que Lope saboreó plena ydirectamente el gusto embriagador de la gloria. Al certamen concurrióLope de Vega el mozo, el hijo de Lucinda, inquieto joven que dabagrandes disgustos a su padre, y por primera vez aparece el seudónimo de"el maestro Burguillos" como firma de unos versos de burlas con que Lopesalpimentó la gravedad del certamen. Acaso—han creído algunos—esteBurguillos sería un loco popular y famoso por aquella época.

El mismo año, Marcela, el otro fruto de los amores con Micaela, tomó elvelo en las Trinitarias descalzas, profesando en febrero de 1621.

La propia fecha de 1621 se muestra en la portada de La Filomena, poemadividido en dos partes, en cuya primera contesta Lope a los ataques quele había dirigido Torres Rámila en 1617 con su Spongia, y que hastaahora no habían sido recogidos directamente por el poeta, sino sólodevueltos por medio de sus amigos. En la segunda parte refiere Lope suvida—

lo que quería que se supiese de su vida—y traza uno de losprincipales documentos en que se apoya su biografía. En este mismo añoaparecen las Partes XV, XVI y XVII de comedias (Madrid, viuda deAlonso Martín, Alonso Pérez las dos primeras y V. de Alonso Martín,Miguel de Siles, la última).

Madrid celebró la canonización de San Isidro en 1622. Para estasfiestas, a petición del Ayuntamiento, escribió Lope dos comedias que serepresentaron ante Felipe IV en la plaza de Palacio; y el propio Lopefué encargado de presidir el certamen poético, según se había hecho dosaños antes cuando la beatificación, logrando al hacerlo un éxito nomenor que el alcanzado

entonces.

Aquí

apareció

nuevamente

el

MaestroBurguillos, y hasta a su hija Antonia de Nevares, de edad de cinco años,hízola aparecer Lope como concurriendo a disputar los premios de lajusta.

Las Partes XVIII y XIX (Madrid, por Juan González, a costa de AlonsoPérez) son de 1623. Por este tiempo ya doña Marta de Nevares debe habercontraído la enfermedad a la vista, de que le resultó una cegueraincurable. En época incierta, pero más tardía—según la égloga Amarilis—, perdió la razón, volviendo a recobrarla antes de sumuerte.

En 1624 aparece La Circe, obra poética en que Lope narra el conocidoepisodio de la Odisea, seguido de otros varios poemas y tres novelascortas dedicadas a la señora Marcia Leonarda.

Entre los poemas hayalgunas epístolas de gran interés biográfico.

La Parte XX de las comedias, última publicada en vida del autor, quedespués, no se sabe por qué causa, abandonó el trabajo, salió en Madrida principios de 1625 (por Juan González, a costa de Alonso Pérez). Enjunio de este año, Lope,

"ferviente creyente, aunque gran pecador",según exacta frase del señor Menéndez y Pelayo, ingresó en laCongregación de San Pedro, de sacerdotes naturales de Madrid, aún hoyexistente.

En otoño del mismo año publicó los Triunfos divinos, a imitación delos Trionfi del Petrarca. Va dedicado el libro al Conde Duque deOlivares, en el deseo de congraciarse el favor de la Corte, cosa quenunca alcanzó Lope. En vano fué que ciñera las sienes de un rey poeta lacorona de España. Lope de Vega, máximo poeta entonces viviente de lalengua española, no gozó nunca de la protección cortesana; su nombradíaera principalmente popular: otros eran los ingenios que vivían ymedraban en los salones de Palacio. En setiembre de 1627

apareció la Corona trágica, poema inspirado en la historia de María Estuardo. Laobra va dedicada a la Santidad del Papa Urbano VIII, el cualcorrespondió concediendo al poeta el título de doctor en Teología en elCollegium Sapientiae y la cruz de la Orden de San Juan, con lo cual Lopepudo poner el "frey"

delante de su nombre.

Al cabo de tantas y tan gloriosas obras escritas con ejemplar actividaden su ya dilatada existencia, el poeta se hallaba en la pobreza, segúnnos lo muestran las constantes peticiones al Duque de Sessa queencontramos en sus cartas. (Volumen del Marqués de Pidal que ha sidopublicado en las adiciones a la Nueva Biografía en la ediciónacadémica.) No era figura retórica lo dicho en la dedicatoria del Verdadero amante de que sólo tenía "pobre casa, igual cama y mesa y unhuertecillo cuyas flores me divierten cuidados y me dan conceptos".Cierto que había ganado mucho; pero su mano era aún más rápida paragastar que para escribir.

En la segunda mitad de 1629 terminó Lope su Laurel de Apolo, poema enque va juzgando y alabando las obras de buen número de poetascontemporáneos. Fué publicado en 1630. Tras El Laurel viene en elmismo volumen La Selva sin amor, égloga que fué cantada ante el Rey yla Corte, puesta la escena con gran magnificencia y aparato.

Otra obra de Lope figuró también entonces en una función palatina: lacomedia La Noche de San Juan, representada en la fiesta que en talnoche del año 1631 dió el Conde Duque en los jardines del Conde deMonterrey en el Prado, en honor de los Reyes. Por este tiempo, antes de1632, escribió Lope la Egloga a Claudio (mejor sería epístola), obrallena del más vivo interés por los datos autobiográficos que atesora.Aquí es donde Lope se alaba de haber escrito "mil y quinientas fábulas","más de ciento en horas veinticuatro"; aquí donde se vanagloria de serfundador del teatro y donde dice que repartidos los pliegos de su laborentre los días de su vida, sale a cinco pliegos su labor diaria. La Egloga quedó inédita hasta después de la muerte del poeta.

En abril de este año, en la calle de Francos, probablemente en casa delpoeta, falleció doña Marta de Nevares. Lope la lloró en la ya citadaégloga Amarilis, que vió la luz al año siguiente.

Antes de ello, en 1632, publicó La Dorotea, "acción en prosa"

divididaen cinco actos, en que Lope, como hemos dicho, conmemora muchosrecuerdos de sus relaciones con Elena Osorio. Esta obra lozanísima,verdadera joya de la novela dialogada española, habrá sido escrita enparte en la juventud del autor, pero muy añadida y retocada en su vejez.

En diciembre de 1633 casóse Feliciana, la hija de Lope y de su esposadoña Juana Guardo, con Luis de Usategui, empleado público, probablementepagado con no muy brillantes haberes.

Durante todos estos años, como Lope había interrumpido la publicación delas Partes de sus comedias, vinieron apareciendo algunas colecciones"extravagantes" de las mismas.

El último libro que vió la luz en vida del poeta fué el de las Rimashumanas y divinas publicado con el seudónimo de Tomé de Burguillos,aquel personaje cómico que había inventado Lope para figurar en lasjustas poéticas de la beatificación y canonización de San Isidro.Apareció en Madrid en 1634. En este libro está incluída la famosaepopeya burlesca La Gatomaquia.

Dos disgustos, al decir de Montalván, oscurecieron los últimos meses dela vida del genial poeta. Uno parece haber sido la muerte de su inquietohijo Lope Félix, que se había hecho militar, sirvió en los tercios de laMarina y peleó bizarramente en varios encuentros. Pereció en unnaufragio yendo en una expedición para pescar perlas en la islaMargarita. Su padre conmemoró su muerte en la égloga pescatoria Felicio, y no debía saber su fallecimiento al tiempo de publicar las Rimas de Burguillos, ya que en la dedicatoria de La Gatomaquia a suhijo nada habla de su fallecimiento.

El otro disgusto debe haber sido el rapto de su hija Antonia Clara,entonces de diez y siete años y que debía ser muy donosa, tanto, quehabía representado comedias caseras ante el Duque de Sessa y otrosamigos de su padre (conocemos la loa escrita por Lope para una de estasfiestas). No se sabe quién fuera el raptor, aunque por la égloga Filis y otras alusiones se sospecha podría ser algún galán de la Corte de laintimidad de Felipe IV.

Conmovedoramente refiere Montalván la melancolía de los últimos tiemposde la vida del poeta, tan bien dotado por la naturaleza para disfrutar ycantar las más embriagadoras alegrías terrenas. El propio autor refierepor extenso los detalles de su breve enfermedad postrera. Cayó enfermoel 25 de agosto de 1634, y falleció cristianamente en medio de sufamilia y amigos, entre los que no faltaba el Duque de Sessa, el día 27del mismo mes. Cuatro días antes aún había compuesto un soneto y unasilva titulada El Siglo de oro.

El mismo Montalván refiere los pormenores de su solemnísimo entierro yde los varios funerales celebrados en sufragio del alma del poeta.También llegaron a nosotros las oraciones fúnebres que en tal ocasiónpronunciaron los más famosos predicadores del tiempo. El cortejo fuéllevado por la calle de Cantarranas para que Marcela pudiera verlodesde su convento. Fué enterrado Lope en la iglesia de San Sebastián,donde reposaron pacíficamente sus restos hasta que a fines del sigloXVIII o principios del XIX, en una de las usuales mondas, fueronarrumbados no se sabe dónde.

Después de muerto Lope, fueron publicadas dos partes de comedias que elautor había dejado dispuestas para la imprenta: las Partes XXI y XXII. En 1637 aparecieron reunidas en La Vega del Parnaso buennúmero de las poesías que había dejado inéditas el poeta. La ParteXXIII de comedias fué publicada en 1638; en 1641, la XXIV, y en 1647,la XXV, último volumen de la colección de obras dramáticas de Lope deVega formada en tiempos del autor.

Por dos clases de razones nos hemos detenido a narrar, acaso hartoprolijamente, la biografía del poeta. De una parte, Lope es uninteresantísimo ejemplar humano; una personalidad dotada de las mayoresriquezas espirituales, de las facultades que se suelen tener por másdiversas y capaz de las reacciones que pueden parecer más opuestas: unade esas figuras que por la diversidad y caudal de sus dotes parecen serresumen de la vida de toda una nación y toda una época. Por otro lado,Lope es un artista espontáneo, tan entregado a los azares de suinspiración, que los sucesos de su vida se han encarnado inmediata ydirectamente en su obra literaria. Sus escritos no sólo se nos aparecencada vez más llenos de alusiones a sus aventuras conforme va siéndonosmejor

conocida

su

vida;

no

sólo

traducen

maravillosamente los mudablesestados de su tornadizo espíritu, sino que las perfecciones y defectosde la producción artística—

tan abundantes unas y otros—guardan plenaarmonía con las virtudes y las faltas, tan copiosas también todas ellas,de la vida del poeta. En Lope no va por un lado la labor del escritor ypor otro la conducta del hombre. No es de esos artistas reflexivos,conscientes, que saben trabajar su obra bella en un plano superior al delas vulgares realidades de su existencia y nos presentan un productoartístico depurado de toda baja escoria terrena. Lope, niño eterno,abandónase a los desenfrenados impulsos de su temperamento lo mismoviviendo que escribiendo. Idéntico ritmo alocado palpita en los hechosde su vida y en las estrofas perennemente fragantes de sus versos; jamásle abandonó la divina embriaguez de la adolescencia. En su vida y susobras parece darse inacabablemente el aturdimiento que causa en laprimera juventud el exceso de ingobernadas fuerzas. Como hombre y poetano sale nunca de los diez y siete años.

Conforme nos van siendo mejor conocidas, mayor asombro producen ennosotros las numerosas y fuertes dotes de su espíritu. No es ya sólopara nosotros el más prodigioso improvisador de que tiene noticia lahistoria; al lado de esa cualidad, descubrimos en gran abundancia otras,no menos sobresalientes,

igualmente

espontáneas,

no

fomentadas

niperfeccionadas con un inteligente cultivo. Es como si la naturalezahubiera querido mostrarnos en este altísimo espíritu de Lope de Vega acuánto se extendía su posibilidad de crear perfecciones. Hay que admirarla fuerza y salud robustísimas que le permitieron producir una de lasmás copiosas obras literarias que posee la humanidad, como por juego,sin que en momento alguno se advierta fatiga ni esfuerzo; hay queadmirar el caudal de simpatía, el hechizo para la conversación y tratode gentes que se manifiesta en sus cartas y nos hace comprender elperenne afecto que sintió hacia él el Duque de Sessa, y sus triunfosamatorios cuando ya ni la edad ni el hábito permitían esperar talescosas; hay que admirar una inmensa capacidad de saber, un conocimientode cosas antiguas y contemporáneas absolutamente sin igual, una potenciaretentiva y un don de observación que tocan en lo fabuloso. "Ignoramosqué número de palabras empleó Lope—dice el señor Castro en un apéndicede la Vida—, pero es probable que ningún escritor en el mundo tengamás abundante léxico, ya que la impresión del lector es que todas lascosas de su tiempo figuran en su obra... El día que se forme eldiccionario de Lope causará maravilla ver adónde llegó la facultadreceptora de un solo hombre." Y no en cosas de erudición; su obramanifiesta a cada paso la mayor copia de conocimientos en lo que sólopuede dar la experiencia de la vida (una experiencia no muy aprovechadacomo norma de su propia conducta). "Me espanta a veces—dice Grillparzeren sus estudios sobre nuestro autor—la riqueza de pensamiento de Lopede Vega. Pareciendo que permanece siempre en lo más singular, salta acada momento a lo general, y no hay poeta tan rico como él enobservaciones y notas de carácter práctico. Bien puede decirse que nohay situación de la vida a que no haya tocado en el círculo de suscreaciones." No es ni mucho menos exceso retórico el haberle llamado"monstruo de naturaleza"; estamos en presencia de una de las figurasmás ricas en facultades naturales que produjo jamás la estirpe humana: asus más altas cimas, por ejemplo, a un Goethe, tendríamos que ir paraencontrarle pareja.

Pero una falta fundamental de su espíritu echó a perder dotes tanexcelsas: Lope fué siempre incapaz de imponer rumbo fijo y permanente asu maravillosa actividad: juguete de la diversidad de impresiones queera susceptible de recoger su espíritu, sin que ninguna se grabara en élde modo permanente, nunca pudo seguir camino alguno con carácterdefinitivo. Lo poseía todo menos la facultad de gobernarse a sí propio.El poder central de su espíritu era débil auriga, y los fogosísimoscaballos de sus diversas facultades galopaban cada cual hacia donde loorientaba su capricho. De este modo no fué posible a Lope imponer unaalta significación a su vida: enamorado perenne, no pudo, sin embargo,crearse un amor digno de inmortalidad, como los de Dante o Petrarca,sino que permaneció siempre en un bajo terreno de sensuales devaneos:hombre de mundo, no supo labrarse una posición independiente, y estriste ver sus regias facultades empleadas en mendigar favores del Duqueen tantas de sus cartas. Al mismo tiempo acaso no haya sido dueño deuna fina sensibilidad moral: no pueden menos de abochornarnos muchas delas acciones que descubrimos en Lope de Vega.

Infantil también en esto,no parece haber llegado nunca a una clara idea de su dignidad y de laresponsabilidad de sus actos. La encantada selva de representacionespoéticas, tan increíblemente frondosa que envolvía por todas partes suespíritu, cegábalo para cuanto no fueran ellas.

Esta imposibilidad de someter sus facultades a una dirección fija yencaminarlas hacia un fin impuesto por la reflexión, manifiéstase, en loliterario, en el frecuente fracaso de Lope en las líneas generales desus obras, sobre todo en sus poemas eruditos. Sabido es que lapersonalidad artística de Lope de Vega presenta doble aspecto: el depoeta popular y nacional y el de poeta erudito y universal. Lope aspiró,sobre todo en los dos primeros tercios de su vida, y la riqueza de susdotes le daba pleno derecho a ello, a ser un poeta universal y clásico,cuya gloria igualara, si no oscureciera, a la de los grandes poetas delRenacimiento italiano. El Ariosto, el Tasso, Petrarca, eran elpermanente norte de su emulación. Sin embargo, aun poseyendo elinagotable torrente de inspiración de todos sabido, aun siendo dueño deun muy grande saber de humanidades, de una erudición muy extensa, jamásacertó Lope a componer obra alguna de este tipo que pueda decirseafortunada. Sólo los historiadores de la literatura se acordarían hoy deLope si no hubiera escrito más que la Jerusalem, la Angélica o los Triunfos.

Esos poemas, en general fríos y pedantescos, se salvansolamente por aquellos pasajes en que la espontánea inspiración delpoeta rompe el molde académico y se derrama en encendidas expresioneslíricas.

En cambio, cuando Lope, en vez de buscar sus temas en el mundo clásico(siempre ajeno a su temperamento) los tomó del ambiente real que lerodeaba o de la historia de España, viva para él como lo que veían susojos, entonces acertó a crear el gran número de obras poéticas que,aunque no sin defectos, lo han colocado en un puesto único y solo en lasletras españolas. Como poeta popular Lope tiene tanta vida como lanaturaleza misma.

Es indecible su sentimiento de la realidad; penetracon la mayor agudeza en el verdadero ser de los individuos colocados enlas situaciones más opuestas y pone en sus labios la palabra justa enque aquél se nos revele. Cuanto es tocado por su pluma en susabundantísimos momentos felices queda impregnado de esa indeciblecualidad, sólo poseída por las más altas obras de arte, con la cualprovocan en nosotros una sensación como de vida.

Tieck, en una notainédita existente en la Biblioteca de Berlín entre los papeles delpoeta, publicada por el señor Bertrand en su libro L. Tieck et lethéâtre espagnol, define la obra de Lope con estas tres palabras:"Naturalidad, verdad, objetividad." Lope "es la naturaleza misma—diceel poeta Grillparzer—; sólo las palabras son dadas por el arte... Esilimitado en él el sentimiento de lo natural. En mitad del pasaje depeor gusto se presentan auténticos testimonios de ello". "Las comediasde Lope—es el prologuista de la Parte XXIII el que habla—son de lanaturaleza, y las otras, de la industria."

No hay palabras para expresar cómo conocía y sentía Lope las cosasespañolas. La historia verdadera y legendaria del país en general y decada comarca y cada ciudad en particular; los usos y costumbres de cadaregión: todas las singularidades de la tradición y de la vida españolade su tiempo estaban siempre presentes y vivas en el dilatado ámbito desu memoria. "Lope hace revivir en la escena—dice el señor MenéndezPidal en L'epopée castillane—todos los tipos, las costumbres, lasregiones de España, que jamás ha conocido nadie tan íntimamente como él,y al mismo tiempo vuelve a tratar por su cuenta los asuntos de laantigua epopeya, reconociendo en ella la poesía hereditaria de la razaespañola." De este modo, por haber infundido nueva vida poética a lahistoria patria; por recoger en su obra cuanto viene a constituír lavida española del momento, en lo grande y lo pequeño, lo general y loparticular, álzase Lope en nuestra historia literaria como supremo poetanacional. Por él y su teatro anúdanse las viejas tradiciones medievalesespañolas con la vida del siglo XVII y no se da en España—como hacenotar el señor Morel Fatio—el divorcio del espíritu nuevo con el de laEdad Media, que se operaba en Francia al mismo tiempo.

Si Lope sabe sentir y apreciar la épica española y hace de su teatrocomo una continuación del romancero, no es menos asombroso susentimiento de la lírica popular. "Su corazón—

dice el señor Pidal en laobra citada—ha permanecido siempre abierto a la inspiración ingenua yruda de los humildes: los cantos populares despiertan en él el eco fiely armonioso de la poesía más profunda." A cada paso en el teatro deLope, ya un romance o ya una canción del pueblo, deliciosamenteescogida, vienen a realizar un altísimo efecto dramático, y no faltan ensu obra comedias construídas sobre la base de un canto popular.

Mas con todo ello, Lope, poeta nacional por excelencia, no estáplenamente representado por obra alguna. No hay, en cuanto de su teatroha llegado a nosotros, ninguna comedia, por bellísima que sea, quepodamos llamar perfecta. La precipitación en el modo de trabajar(representantes y público no le permitían descanso alguno), su facilidadfabulosa, la falta de reflexión y de dominio sobre sus facultades, hanperjudicado a esta parte de su producción, del mismo modo que a susobras de poesía erudita.

Aquí como allí, los detalles son superiores alconjunto, por bello que éste sea. Muy agudamente hizo ya observarGrillparzer que lo excelente e incomparable de Lope no suele estar enlos temas capitales, sino en cosas accesorias. "En eso es inimitable y,junto con la excelencia del diálogo, infunde a su obra una vida que nosatrae hasta cuando no podemos aprobar el conjunto."

De este modo, a Lope no podemos juzgarlo por media docena de obras. Hayque tratar de columbrar, hasta donde sea posible, la masa gigantesca desu producción, en la cual, borrándose en la magnificencia total lasfaltas aisladas, se nos manifiesta el poeta como un ser casisobrehumano, dueño de una potencia de crear representaciones artísticasdotada de una fuerza, delicadeza, diversidad y abundancia de tonos ymatices, que acaso no haya tenido jamás su igual. Lope, entonces,semeja, no ya un hombre, sino una fuerza de la naturaleza. Propia de lanaturaleza es su manera de crear: no se encamina reflexivamente hacia elpropuesto fin con el mínimo esfuerzo y la mayor economía de energías;como simientes llevadas por el viento, deja desperdigarse profusamentesus facultades creadoras y éstas producen más de un millar de obras, máso menos imperfectas, en vez de esforzarse en lograr una sin falta. "Losdos versos siguientes—dice Grillparzer—podrían ser colocados como lemaal frente de las obras completas de Lope de Vega: TRISTÁN.—Tiras,

pero

no

reparas.

TEODORO.—Los diestros lo hazen así.

El Perro del hortelano, acto I."

Tirar sin reparar, a modo de una fuerza natural que no teme se agotenunca el caudal de que dispone, fué siempre el carácter de la creaciónartística de Lope.

No podemos repetir aquí algunas de las conocidas anécdotas que muestranla rapidez increíble con que escribía Lope de Vega.

No debe ser muyexagerado lo que dice en el Arte nuevo de haber escrito comedias enveinticuatro horas. Pero aunque otro dato no tuviéramos, el propionúmero, que parece fábula, de las obras de Lope, nos haría ver lafacilidad pasmosa de su poder creador. Lope mismo, en la Egloga aClaudio y en La Moza de cántaro dice haber escrito mil y quinientascomedias. Montalván hace subir este número a mil ochocientas ycuatrocientos autos.

No pueden, ni mucho menos, admitirse cifras tanaltas. Sin embargo, a pesar de que, como sabemos, gran parte del teatrode Lope está irreparablemente perdido, nos son conocidos los títulos desetecientas veintiséis comedias y de cuarenta y siete autos, y en laactualidad aún poseemos muy cerca de quinientas de las primeras.

"Si hubo alguna vez un poeta—dice von Schack en su Historia—a quiensu nación no sólo debe un drama sino una literatura dramática completa,lo fué, sin duda, nuestro español."

En Lope, realmente, tenemos quesaludar al fundador de nuestro teatro nacional. No es muy exagerado elprologuista de la Parte XXIII al decir que "antes de sí no halló aquién imitar, y después no hubo quien enteramente le imitara". Ni lo esMontalván cuando, hablando de las comedias en su Fama póstuma, dice:"Sepan todos que su perfección se debe sólo a su talento, pues las hallórústicas y las hizo damas, y cuantos después acá las han escrito (aunquealguno bárbaramente lo niegue) ha sido rigiéndose por esta pauta.""Lope—dice el señor Menéndez Pidal en la obra citada—supo encontrar laforma de comedia más adaptada al gusto nacional... Fijó el tipo y normaa los cuales podían recurrir con seguridad los genios de segundo orden,sin gastar ya sus fuerzas en tentativas divergentes, y así, en vez deldesparramamiento anterior, el teatro conoció desde ahora e impuso a sussecuaces una fuerte unidad de gusto y orientación."

No es que Lope haya sacado de su cabeza la forma del teatro español:nadie, ni aun un genio de su alcurnia, inventa completamente cosaalguna. Prescindiendo de otros precursores menos calificados, el nombredel sevillano Juan de la Cueva debe ser siempre recordado comopredecesor inmediato de Lope.

Lo es en haber aprovechado temasnacionales como asunto de sus comedias (hasta en La muerte del rey DonSancho introduce un romance popular); lo es en no haber respetado lasreglas que la interpretación que el Renacimiento había dado a laestética dramática de Aristóteles imponía como imprescindibles en lacomposición de toda obra teatral. Pero Cueva, que en su Ejemplarpoético fué el primer escritor crítico que defendió el naciente teatroespañol de los ataques de los clasicistas, no era un poeta de genio: susobras son superiores como idea a como realización, y con sus limitadasfuerzas creadoras nunca habría llegado a imponer sus doctrinasestéticas. Era necesario que entrara el monstruo de naturaleza y sealzara con la monarquía cómica, que avasallara y pusiera debajo de sujuridición a todos los farsantes, y llenara el mundo de comedias, en querelumbran los dones preciosísimos de su genio, para que quedara fundadoel teatro español.

Ahora bien, ¿qué opinaba el Lope de Vega, poeta erudito, que aspiraba aigualar la gloria de los más altos poetas clásicos, de la obra queatropelladamente iba creando el otro Lope de Vega, poeta popular? Comoobserva el señor Menéndez Pidal en el dicho libro, es curioso quemientras Juan de la Cueva, convencido definidor del teatro nuevo, notenía fuerza ni habilidad para imponerlo, Lope, de ideas más bienclásicas, fuera quien con su genio creador fundara uno de los dos másgrandes teatros románticos de la humanidad. Al principio, Lope parecedespreciar sus comedias: "Si allá murmuran de ellas algunos que piensanque las escribo por opinión—dice en la carta de 1604—, desengáñeles V.md. y dígales que por dinero."

En la Epístola a don Antonio de Mendozallama "versos mercantiles" a los de sus comedias. Repetidas veces, porejemplo en el prólogo de El Peregrino, se disculpa de que éstas

"noguarden el arte" alegando que el público las quiere así, y él no hacemás que continuar las cosas tal como las ha encontrado, siguiendo el malestilo que se ha introducido en el teatro español.

Del Arte nuevo dehacer comedias, defensa tímida de su teatro en la que no sale aún delterreno de pedir perdón por sus muchas faltas, dice así el señorMenéndez y Pelayo, en el tomo III de la Historia de las ideasestéticas, y en tales palabras puede darse por resumido el problema dela posición de Lope en esta cuestión, sobre todo antes de los años de suvejez: "El Arte nuevo de hacer comedias de Lope de Vega, tan traído yllevado por los críticos, hasta el extremo de haberse convertido algunosde sus versos en proverbios, ha parecido a muchos una especie de enigmao acertijo, siendo, como es, su sentido claro y llano para todo el queno le considere aisladamente sino poniéndole en relación con las demásobras de su autor y con el sentido estético que predomina en ellas. EnLope hay dos hombres: el gran poeta español y popular y el poetaartístico, educado, como todos sus contemporáneos, con la tradiciónlatina e italiana. Estas dos mitades de su ser se armonizan cuandopueden, pero generalmente andan discordes, y, según las ocasiones,triunfa la una o triunfa la otra. Con su alma de poeta nacional, Lopetiene conciencia, más o menos clara, de la grandeza de su obra, y lalleva a término sin desfallecer un solo día. Pero al mismo tiempo seacuerda de que le enseñaron, cuando muchacho, ciertos libros llamados Poéticas, en los cuales, con autoridades mejor o peor entendidas delEstagirita y del Venusino, se reprobaban la mezcla de lo trágico y locómico y el abandono de las unidades. De aquí contradicción y aflicciónen su espíritu."

Pero según fué viviendo fué aprendiendo Lope a apreciarmás altamente su teatro. En 1617 ya se decide a publicar directamentesus comedias, "aunque nunca las hizo para imprimirlas", dejando eldesdén con que las había tratado hasta entonces. Sin embargo, siempretuvo por más valiosos sus poemas; "jamás tuvo arrogancia" por suscomedias, "porque teniendo ingenio y letras para los libros que corrensuyos por Italia y Francia, tiene las comedias por flores del campo desu Vega, que sin cultivo nacen". (Prólogo de la Parte XX.) No sabia élque aquellas silvestres florecillas eran lo que le aseguraba lainmortalidad.

No vamos a entrar aquí, claro está, en la plurisecular contienda, largoha extinguida, entre los partidarios del teatro clásico y los delromántico, que tantos arroyos de tinta y bilis hizo derramar en tiempode nuestros mayores, próximos y remotos. Acaso, sin embargo, hubierapodido ser resuelta a gusto de todos considerando que el teatro español(o el inglés), aunque coincidiendo con las obras dramáticas del arteclasicista, a las que se aplicaban las leyes aristotélicas y horacianas,en ser recitado por actores en un escenario, pertenecía a diferentegénero literario y era nacido de origen muy diverso. Si consideramos quegran número de las obras de Lope (o de Shakespeare) son fieldramatización del relato de una crónica o de un cuento; si atendemos alo frecuentes, extensos e importantes que son en Lope los romances enque se narran cosas que constituyen parte integrante de la acción y que,sin embargo, no han podido ocurrir ante los espectadores; si vemos queen el teatro español, más que a la pintura de los caracteres en pugna seatiende a desarrollar el argumento, generalmente complicadísimo,llegaremos a pensar que tales obras, más que con las tragedias ycomedias de tipo clásico, tienen parentesco con crónicas y novelas: quedeben ser tenidas por lazo de unión entre los géneros épico y dramáticomás que como puros dramas.

Ya Bouterweck, historiador de nuestras letrasy uno de los fomentadores de los estudios de literatura española enAlemania a principios del siglo XIX, decía, según Bertrand ( Tieck et lethéâtre espagnol) que una comedia española es un cuento dramático.Tieck, según el mismo autor, escribe que "cada una de las buenascomedias de Lope está tratada como un cuento lleno de alta poesía". Y enotro lugar, analizando una obra de Lope, dice: "Si se exceptúa elprincipio, está construída como un cuento y tiene un caráctercompletamente narrativo." "Lope se propuso dar a sus comedias la formade una novela dramática—

dice en su Historia Ticknor—y con su grantalento llegó a establecer esta base como la fundamental del teatroespañol." El propio Lope había dicho en el proemio de su novela ElDesdichado por la honra: "Demás que yo he pensado que tienen lasnovelas los mismos preceptos que las comedias, cuyo fin es haber dado suautor contento y gusto al pueblo, aunque se ahorque el arte."Finalmente, don Ramón Menéndez Pidal, en la obra varias veces citada, seexpresa en estos términos: "Puede decirse que fué ella—la prosanarrativa—quien le imprimió su carácter definitivo haciéndole pasar delas hondonadas y laberintos en que se perdía al ancho campo que debíarecorrer tan gloriosamente. Fué a su semejanza como se formó el nuevodrama, donde todo es acción, movimiento y vida. A ella es a quien hadebido su vivacidad, la rapidez de su acción, la libertad de abarcar lasépocas y los lugares más alejados unos de otros, esas bruscastransiciones gracias a las cuales el juglar antiguo y el cronista,venido tras él, transportaban a su antojo la atención de los oyentes deluno al otro lado de los lugares donde se desenvolvía el relato. Tal esel origen de esos continuos cambios en el lugar de la escena que hanpermitido al nuevo drama tratar los asuntos más complejos de laepopeya, de la historia y de la novela antigua. Concebida de estamanera, la comedia española se ha constituído bajo la forma de unaepopeya dramática y el principio al cual obedece no es otro que éste:todo lo que puede ser narrado puede también ser representado en laescena."

Poco a poco, según van siendo mejor estudiadas las comedias y conocidoslos sucesos de la vida del poeta, a que no faltan alusiones en aquéllas,comienza a ser posible el establecer su sucesión cronológica con mayorrigor de lo que lo había sido hasta ahora. De este modo llegará a versecon toda claridad la evolución del arte dramático de Lope en su largacarrera. Pero en lo esencial no se saldrá—es de esperar—de loentrevisto por el señor Menéndez y Pelayo, quien viene a afirmar que enlas comedias de la juventud de Lope predomina el carácter lírico y haygran complicación de argumentos e incidentes, mientras que en las obrasde la vejez simplifícase el asunto y el tono épico se sobrepone allírico. En las dos comedias que contiene este volumen, pertenecientes amuy distinto tiempo de la vida del poeta, puede comprobarsecumplidamente este general aserto.

Lope de Vega, como se ha dicho antes, conoció en vida la mayorpopularidad que jamás puede haber alcanzado autor alguno. León Pinelo ensus Anales de Madrid alaba "la estimación que le dió el pueblodondequiera que estuvo, y particularmente en esta Corte, donde enoyéndole nombrar los que no le conocían se paraban en las calles amirarle con atención, y otros que venían de fuera luego le buscaban y aveces le visitaban sólo por ver y conocer la mayor maravilla que teníala Corte, y muchos le regalaban y presentaban alhajas sin más título queel de ser Lope de Vega, y si llegaba a comprar cualquiera cosa de muchao poca calidad, en sabiendo que era Lope de Vega se la ofrecían dada ose la vendían con toda la cortesía y baja de valor que les eraposible;... dieron en Madrid, más de veinte años antes que muriese, endecir por adagio a todo lo que querían celebrar o alabar por bueno, queera de Lope; los plateros, los pintores, los mercaderes, hasta lasvendedoras de la plaza, por grande encarecimiento, pregonaban fruta deLope, y un autor grave, que escribió la historia del señor don Juan deAustria, para levantar de punto la alabanza, dijo de uno que era capitánde Lope, y una mujer, viendo pasar su entierro, que fué grande, sinsaber cúyo era, dijo que aquel era entierro de Lope, en que acertó dosveces". Quevedo, en la aprobación de las Rimas de Burguillos, serefiere también a este uso popular de calificar como de Lope a loexcelente: "Frey Lope Félix de Vega Carpio, cuyo nombre ha sidouniversalmente proverbio de todo lo bueno."

"Gozó sin litigio Lope la fama en la mocedad—dice Pellicer en su Panegírico—; aguardábanle las contradicciones para la vejez." En losúltimos años de la vida del poeta, el tornadizo favor del público parecehaberse complacido más en las obras de algunos nuevos ingenios que enlas del viejo creador del teatro español; más de una vez el públicorecibió con hostilidad alguna de sus últimas creaciones. El aplauso yprotección de las esferas oficiales ya hemos visto también que buscó depreferencia otras frentes para colocar en ellas sus coronas. El poetahabrá conocido en la última época de su vida la amarga sensación desobrevivirse, de quedar rezagado en la marcha del gusto público de sutiempo. No poco le habrá dolido esta desventura que venía a sumarse alas desdichas privadas que ennegrecieron y llenaron de amargura susúltimos días.

Muerto Lope, su obra quedó un tanto oscurecida por la de Calderón, sucontinuador famosísimo, y fué cada vez más olvidada en el creciente malgusto que se extendía según iba avanzando el siglo XVII. En el XVIII,corrió la suerte de todo el teatro español, y sólo a principios del XIXrenació su fama con la reivindicación general de nuestro teatro por losescritores románticos, alemanes principalmente. Pero también entonces lanombradía de Calderón hizo sombra a la de Lope, que todavía vino aquedar en lugar secundario. Grillparzer en los países de lenguagermánica; en Inglaterra la redacción de The Atheneum, Chorley yOrmsby, iniciaron la tendencia de colocar a Lope en el excelso lugar quele corresponde en el teatro español, tendencia que recibió consagraciónoficial entre nosotros cuando en 1890

don Marcelino Menéndez y Pelayoacometió la tarea de publicar la edición académica de las obras de Lopede Vega. De entonces acá, los estudios sobre Lope han venido siendo cadavez más numerosos e intensos, y en la valoración actual de nuestrasletras, Lope de Vega, aunque sin el sentido universal de Cervantes, suno muy amado coetáneo, goza de una preeminencia y significación únicasen el orbe de la literatura española.

J. Gómez Ocerín.R. M. Tenreiro.

EL REMEDIO EN LA DESDICHA

Aparte la ortografía, que sólo hemos conservado cuando nos ha parecidoencerrar valor fonético, reproducimos aquí el texto que se encuentra enla " Trecena parte de las comedias de Lope de Vega Carpio, ProcuradorFiscal de la Cámara Apostolica en el Arzobispado de Toledo. Dirigidas,cada una de por sí, a diferentes personas. Año 1620. Con privilegio. EnMadrid. Por la viuda de Alonso Martín. A costa de Alonso Pérez, mercaderde libros".

En las escasísimas correcciones que hemos creído forzoso introducir,ponemos en nota las palabras correspondientes de la Parte XIII.

EL REMEDIO EN LA DESDICHA

COMEDIA FAMOSA DE LOPE DE VEGA CARPIO

dirigida

A DOÑA MARCELA DEL CARPIO, SU HIJA[1]

Escribió la historia de Jarifa y Abindarráez, Montemayor, autor de laDiana, aficionado a[2] nuestra lengua, con ser tan tierna la suya, yno inferior a los ingenios de aquel siglo; de su prosa, tan celebradaentonces, saqué yo esta comedia en mis tiernos años. Allí pudiérades[3]saber este suceso, que nos calificaron por verdadero las Corónicas deCastilla en las conquistas del reino de Granada; pero si es másobligación acudir a la sangre que al ingenio, favoreced el mío conleerla, supliendo con el vuestro los defectos de aquella edad, pues enla tierna vuestra me parece tan fértil, si no me engaña amor, que piensoque le pidió la naturaleza al cielo para honrar alguna fea, y os le diópor yerro; a lo menos a mis ojos les parece así, que en los que no oshan visto pasará por requiebro. Dios os guarde y os haga dichosa, aunquetenéis partes para no serlo, y más si heredáis mi fortuna, hasta quetengáis consuelo, como vos lo sois mío.

Vuestro padre.

PERSONAS[4]

ABINDARRÁEZ. PÁEZ.

PERALTA.

JARIFA.

BAJAMED. ZARA.

ZORAIDE.

ARRÁEZ.

MANILORO.

ALBORÁN.

ESPINOSA. CELINDO.

NARVÁEZ.

ALVARADO. MENDOZA.

NUÑO.

CABRERA. ARDINO.

ALARA.

ORTUÑO.

ZARO.

DARÍN.

Representóla Ríos, único representante.[5]

ACTO PRIMERO

Salen a un tiempo por dos puertas ABINDARRÁEZ y JARIFA. Sin verse.

ABIND.

Verdes

y

hermosas

plantas,[6]

Que

el

sol

con

rayos

de

oro

y

ojos

tristes

Ha

visto

veces

tantas

Cuantas

ha

que

de

un

alma

el

cuerpo

fuistes;

Laureles,

que

tuvistes

Hermosura

y

dureza:

Si

no

es

el

alma

agora[7]

Como

fué