Amistad Funesta -Novela by José Martí - HTML preview

PLEASE NOTE: This is an HTML preview only and some elements such as links or page numbers may be incorrect.
Download the book in PDF, ePub, Kindle for a complete version.

de

una

cruzada

de

gloriosos

caballeros

que oficiaron por la patria con la cruz de sus aceros, ofreciose

en

holocausto

como

símbolo

y

proclama,

y cayó como una torre que alevoso el rayo asedia, 70

reflejando

en

la

pupila

la

visión

de

la

tragedia

y prendiendo un meteoro del zodiaco de la fama.

«Martí: su vida y su obra»

por Néstor Carbonell

Oración pronunciada el día 23 de febrero de 1911, en el Ateneo de La Habana Señoras y señores: o mis buenos amigos y buenos compañeros, JesúsCastellanos y Max Henríquez Ureña, entusiastas organizadores de estashermosas lides del pensamiento, me hicieron el honor de invitarme paraque consumiera un turno en ellas, consulté la mente, y no hallé tema queme subyugara: consulté luego el corazón, y hallé, José Martí. Con esteamado nombre por bandera y por escudo, escalo esta tribuna. Pero yo novengo aquí como juez a juzgar su personalidad, ni como crítico aanalizar su obra letra luego difundir por los aires el juicio que lorebaje o enaltezca. No es ese mi propósito: quede tarea tan difícil comoingrata, para quien tenga más ambición que la mía y menos temor de susaber y su persona. Yo vengo aquí, sin más autoridad que la del limpiocorazón enamorado de lo sublime, a rememorar, siquiera sea brevemente,la vida meritísima y gloriosa, la vida llena de infinitas ternuras ycruentos martirios de ese enorme soñador melancólico, caballero de todaslas justicias, que sufrió por la patria al través de los años de suexistencia, cuanto hombre puede sufrir, y cayó desplomado de su corcelde guerra, para no levantarse jamás, como un Aquiles de poema, en latrágica hermosura del combate, peleando como simple soldado por lalibertad, en un luminoso mediodía de mayo....

Yo vengo aquí a recordarsus doctrinas, su bello y magnífico ideal: la República con todos y parael bien de todos, la República de «ojos abiertos» y sin secretos, laRepública equitativa y trabajadora, ancha y generosa, altar de sus hijosy no pedestal de ellos, la República cuya primera Ley fuera el amor y elrespeto mutuo de todos los derechos del hombre, la República culta, conlos libros de aprender al lado de la mesa de ganar el pan, la Repúblicacon su templo orlado de héroes, la República sin camarillas, sinmisterios y sin calumnias, ¡la República! y no la mayordomía espantada ola hacienda lúgubre de privilegios y monopolios irritantes; la Repúblicajusta y real en donde fuera un hecho el reconocimiento y la práctica delas libertades verdaderas. Yo vengo aquí, hoy que crece en nuestro sueloel manzanillo enfermo del pesimismo, y en que diríase que se estápudriendo y desmigajando por momentos el alma nacional, a evocar sumemoria sagrada, y al evocarla, a pedir a vosotros todos—y en vosotros atodos mis conciudadanos—, menos política aleve, menos intriga sutil,menos ambiciones, menos complicidades, menos emboscadas tenebrosas: ymás piedad para los yerros y ofensas, y más respeto para todos lospreceptos constitucionales, y más rectitud para rechazar a los que seancapaces de invitar al deshonor y al crimen, y más pureza para defenderlos principios patrios, y más voluntad para no codearse con los viles, ymás valor para sacarlos por el cuello y ponerlos adonde el sol los quemey los destruya.... Yo vengo aquí, a rendir el tributo infeliz de mispalabras, al literato insigne, al poeta sincero, al orador maravilloso,al hombre tierno y sonoro, grande y bueno, que despertó en mi alma, yacon las armonías incomparables de su joyante prosa, ya con los trinosmelodiosos de sus versos, ya con el himno triunfal de su vozpitonisaria, el amor inextinguible por la Libertad y la Belleza; alhombre cuya cabeza ya está hueca, cuyos labios ya están mudos, cuya manoestá ya deshecha, al apóstol y al mártir que reposa para siempre en laalmohada eterna y en el inmortal silencio.... Vengo aquí, en fin,trémulo y reverente, como hijo agradecido y amoroso, a ofrendarle mispobres flores, mis flores descoloridas y sin perfume, mis pobres floresque acaso manos traidoras arrebaten y despedacen, atendiendo al dolorque en algunos vivos proporciona la glorificación de aquellos muertoscuyas virtudes no saben; o no quieren imitar.... Sí, porque es tristecosa, pero es lo cierto; todo aquel que posee una cualidadextraordinaria, lástima, sin más que eso, al que no tiene ninguna: nohay bien de uno que no traiga la tristeza de otro; no se rinde homenajea un muerto que no vaya acompañado por malignas lágrimas o malignassonrisas. El mundo rebosa de gentes que sufren con todo triunfo ajeno yquisieran ir por él con una pica derribando cuanto les sobresale: y degentes parasitarias que se ríen de todo lo que no comprenden. Pero...desprecio para ellos los envidiosos y desdeñosos de oficio, ¡lástima desus humanas envolturas tan vilmente rebajadas! Aunque, quién sabe si porello son más grandes los grandes de la tierra, los que han pasado sindoblar las rodillas por el mundo. Ellos son la espuma que salpica labarca y también la ola que la lleva a seguro puerto; la nube que ocultala estrella y también la sombra que la hace resaltar; el puñal que hierey que envenena y la mano que venda y que restaura; el chiste raquíticoque rebaja y la oda resonante que eleva y dignifica; la multitud querecrimina y aplasta y el pueblo que corona y premia; los gusanos quedestruyen el cadáver y las flores que crecen sobre las sepulturas.

Ellosson la consagración: no hay gloria completa sin el beso de una hermosa ysin la mordedura de un malvado; nadie puede llamarse francamentetriunfador si no ha sentido posarse sobre su frente tiernas miradas demujeres y crueles y sarcásticas miradas de hombres... ¡Ah! quién diera amis palabras la pujanza de águilas bravías o potros cerriles, parapregonar con ellas a despecho de afilados dientes y rastreros silbidos,y no ya por la isla infeliz, sino bajo todos los techos del mundo, elgenio y la bondad del divino maestro. Pero mis palabras, débilesmariposas, apenas si podrán en su vuelo llegar hasta vosotros, y apenassi podrán expresar el sobrenatural trastorno que de mí se ha apoderado,desde que sé, porque lo he prometido, que es deber mío rememorar su vidallena de sacrificios y perdones, recordar sus doctrinas bañadas de fe yamor, decir algo que sea de su literatura y poesía originales, rendir mihomenaje de admiración y de cariño entrañable al hombre sin tacha, apesar de fealdades e impurezas de la tierra, al hombre dulce y amable,que es hoy, al cabo de quince larguísimos años de desaparecido, luzserena y deleitosa en mi cerebro, ternura y bondad y alas en micorazón... ¡Su vida! ¿Y podrá el pensamiento desbordado seguirla en sucarrera de gloria y de dolor? ¿Podrá la palabra humana, humo y cáscara,y vestidura tantas veces de las más bajas pasiones, relatar tantagrandeza como encierra su vida? Nació José Martí en cuna humilde, en LaHabana, el 28 de enero de 1853, en la casa marcada con el n.º 102 de lacalle de Paula. Nació en plena corrupción colonial, cuando era Cubamártir, el vertedero de todo lo podrido, el refugio de todos losestorbos, de todos los hambrientos y desocupados de España, cuando eranuestra tierra, el criadero de una milicia viciosa y enfermiza, robada ala Agricultura y a la Industria de su país; cuando era esta ciudad,jardín de América hoy, corral blando y holgado de Capitanes Generalesinfecundos, logreros e imperiosos; cuando la bandera roja y gualdaflotaba sobre nuestra casa y a su sombra los cubanos estaban condenadosa perpetua cobardía y los españoles autorizados para enriquecerse yengordar sus vicios insolentes; cuando el criollo moría en la miseria yel peninsular paseaba satisfecho en el carruaje comprado con el oro quemanaba del crimen; cuando había más cárceles que escuelas, y el látigoinfamante chasqueaba sobre las espaldas de los hombres de una raza tannecesitada de justicia como la nuestra; cuando el cubano que no sesometía a servir de celestino al pisaverde madrileño que lo solicitara,iba a purgar su osadía en el presidio; cuando el talento de los nativosdormía echado bajo la bota del déspota ceñudo, y la capa torera sobrelos hombros y la cinta de hule en el sombrero, eran los únicospasaportes de honor y las únicas cédulas de vida, verdaderas.

Entoncesnació Martí. Fue su padre don Mariano, español, y Sargento cumplido delEjército; y su madre, doña Leonor Pérez, hija de Canarias. El sábado 12de febrero del mismo año en que naciera, fue bautizado en la iglesia delSanto Ángel Custodio por el presbítero don Tomás Sala y Figuerola. Alnacer Martí su padre desempeñaba el cargo de Celador de Policía, o loque es lo mismo, tenía título sobrado para matar o encarcelar a los queno creyera fieles a la madre patria.

Pero don Mariano era un hombrehonrado aunque de escasa inteligencia y maneras rudas y despóticas.Cuando Martí tenía un año de nacido, lo llevaron a España a donde fueronsus padres a visitar unos parientes. Cerca de diez meses estuvieron porValencia, al cabo de los cuales regresaron a La Habana, continuando donMariano en el desempeño de su antiguo destino. Los padres, pues, deMartí, españoles, lo educaban en el amor a España y en la sumisión másabsoluta a su Gobierno. Y la aspiración más ardiente de ellos era el veralgún día a su «Pepe»—así lo llamaban—empleado en la misma faenapoliciaca que el viejo. Pero aunque el hombre no viene al mundo hecho,sino que se hace y se moldea al calor de los acontecimientos, Martí,rebelde desde niño a freno y reclusiones, fue como esos robles vigorososque levantan su copa robusta a pesar de la enredadera que los envuelva yde los gusanos que lo roan. Verdad que Martí fue un genio, y los genioscomo los volcanes traen sus entrañas hechas: ellos mismos se tejen elamor y se acrisolan la capacidad. Se nace rey como se nace esclavo, peroquien lo nace no se da cuenta de ello hasta que no manda y es obedecido,o hasta que no lo mandan y obedece. Martí, dijérase que trajo al nacerla infinita comprensión del porvenir. En él se realizó el milagro: de unhuevo de paloma nació un águila; en el áspero huerto creció el lirioperfumador....

En una escuela de barrio, de la que contaba él que no podía olvidarse,porque a su maestro le debía que sus orejas estuvieran más separadas dela cara que lo regular, aprendió las primeras letras. De allí salió alos nueve años para el colegio «San Anacleto», que en aquel entoncesdirigía en esta capital el culto educador Rafael Sixto Casado. Y fue eneste colegio donde comenzó a sobresalir, siendo el primero en las clasesy el ganador de todos los premios; donde comenzó a mostrar que no eraaire lo que traía en la cabeza sino pensamiento y acción. De esa niñezsuya, estudiosa, contaba Fermín Valdés Domínguez y cuenta todavía eldoctor Eduardo F. Plá, sus condiscípulos dichosos en las aulas felices,rasgos asombrosos de inteligencia y de carácter. Y

fue de ese colegio dedonde su padre, creyéndolo ya bastante ilustrado lo sacó para emplearlode Escribiente en la Celaduría. Y acaso si se hubiera sepultado allí yse hubiera malogrado el grande hombre, si Francisco Arazoza, un buenamigo de don Mariano, a espaldas de este, no le hubiera dado dinero paramatricularse en el Instituto de Segunda Enseñanza, y lo hubiera alentadopara que siguiera en sus estudios. Estos los tuvo que abandonar, empero,meses después, hostigado por el autor de sus días que no estimabanecesario para desempeñar su empleo, ni para aspirar al de Celador,saber más de lo que él ya sabía. Sin embargo, el ansia de ilustrarse lollevó más tarde, cuando solo contaba catorce primaveras, al plantel deeducación, «San Pablo», colegio de Segunda Enseñanza que fundó y dirigióen aquel tiempo, el culto y valiente poeta Rafael María de Mendive. Enél se ganó el cariño y la estimación de su Director y estrechó laamistad con Fermín Valdés Domínguez, quien le abrió su casa acomodada,le prestó sus libros y le colmó de sincero afecto. De los más dulcestiempos de su vida fueron esos: y del solaz de ellos, del gozo de ellos,vino a sacarlo, sacudiéndole las más recónditas fibras del corazón, elgrito de independencia lanzado en Yara, en la madrugada heroica del 10de octubre de 1868, por el varón ilustre, por el caudillo insigne, porCarlos Manuel de Céspedes. Días después redujeron a prisión, en elCastillo del Príncipe, a Rafael María de Mendive, más tarde deportado aSantander: y cuentan que Martí, ansioso de ver a su amado maestro, sefue al Gobierno, y sin más recomendación que su persona, consiguió unpase para poderlo visitar: y allí iba él diariamente, al calabozo delcubano prisionero, a llevarle el consuelo de su agradecimiento y suternura. El toque de clarín de Yara, primero, haciendo vibrar su jovenalma de patriota, la prisión de su viejo amigo, los sucesos deVillanueva, y otros desmanes y abusos cometidos por el Gobierno deEspaña en Cuba, fueron seguramente los que fijaron en su mente la divinaidea de libertad y la necesidad de conquistarla. Fue entonces como sudespertar glorioso. Fue entonces acaso que se juró en secreto a ella ycelebró sus bodas con la patria: fue entonces que recibió esaconsagración del dolor que sublima el alma y señala cumbres desconocidasal pensamiento....

Cuando Mendive salió para España a cumplir condena, Martí, a quien laexistencia se le quedó por esa causa como sin luz y sin guía y sinamparo, empleose, con el fin de ayudar a su padre, siempre gruñón ydescontento de él, en el escritorio de don Cristóbal Madan, antiguoamigo del bardo desterrado. A su vez, Martí seguía sus estudios en elInstituto de Segunda Enseñanza. Y

cuentan que en las horas que mediabande clase a clase, se reunía un grupo de estudiantes para hablar depolítica: y que era siempre Martí, el que más hablaba y con másentusiasmo, de los problemas de la patria, y que daba gusto oír de suslabios infantiles, sentencias y frases hermosas, como de adulto hecho yaa manejar los tiempos y a crearlos: como de hombre hecho a clamar, adesatar batallas y a desplegar victorias.... En esa misma época, y comoDomingo Dulce, Capitán General de la Isla, decretara la libertad deimprenta, comenzó Martí a publicar en compañía de Valdés Domínguez unperiódico titulado El Diablo Cojuelo, al mismo tiempo que dirigía LaPatria Libre, siendo este último el periódico donde publicó por vezprimera su poema

«Abdala», canto brioso y fulgurante de levantadoespíritu patriótico. Para él fue un día de júbilo casi celestial, un díade esos en que el sol parece como que retoza en las almas, aquel en quevio publicado sus versos. Mas, poco le duró este contentamiento, puescuando llegó a su casa mostrando su producción, los padres, que noestaban de acuerdo con esos juegos de la fantasía y viriles arranques decubanismo, lo castigaron severamente. Otros han tenido los besos de lospadres como el aplauso primero a sus demostraciones de hombría, de sabery de talento: Martí no; Martí no tuvo en el hogar más que áspera voz,seca riña, cruel amenaza, injusta reprensión de la mano como únicarecompensa a sus precoces anhelos de gloria y honores....

Y llegó el momento aciago en que había de sufrir el primer castigo, enque había de comenzar a descender la cuesta de la vida, por amar a supatria, ser hombre, y negarse al serrallo. Corría el año de 1869. Era el4 de octubre. Acusados por unos voluntarios, Eusebio Valdés Domínguez,hermano de Fermín, Manuel Sellén y Atanasio Fortier, del enorme delito de haberse burlado de ellos al pasar de regreso de una gran parada, porla casa de la familia de Valdés Domínguez, vinieron, ya entrada lanoche, a prenderlos. Con ese motivo efectuaron un registro en la casa yacitada, ansiosos, seguramente, aquellos forajidos, de hallar algo quesancionara la matanza. En el registro llevado a cabo, encontraron, entreotras cosas, una carta cuyo sobre estaba todavía sin cerrar, y quehabían escrito y firmado Martí y Fermín Valdés Domínguez, paramandársela a un condiscípulo de ellos que había cometido la mala acciónde apuntarse como oficial de un regimiento, siendo criollo, para ir acombatir a sus hermanos que en esos momentos bregaban y sangraban porconquistar para ellos y para todos, casa libre y justa. La breve carta,escrita por Martí, estaba redactada en estos términos: «Señor Carlos deCastro y de Castro: (así se llamaba el traidor) Compañero: ¿Has soñadotú alguna vez con la gloria de los apóstatas?

¿Sabes tú cómo secastigaba en la antigüedad la apostasía? Esperamos que un discípulo deRafael María de Mendive, no dejará sin contestación esta carta». Estehecho determinó la prisión de Martí y de Fermín Valdés Domínguez, siendoambos juzgados en consejo de guerra. Ante el Tribunal fueron llamadoslos dos. Valdés Domínguez, primero, declaró que él había sido el autorde la carta y de las dos firmas. Pero cuando Martí fue interrogado,jadeante y como si llevara en el pecho una montaña, se acercó a losjueces, y afirmó con enérgica y vibrante voz que él si era el único yverdadero autor de la carta citada. Y para corroborar de maneraelocuente su aserto, formuló duros ataques contra la dominaciónespañola, su tiránica política y sus hombres nulos e infames. Este fueel primer discurso de Martí y la primera demostración pública de sutalento y su carácter irreductibles. Hay hombres que vienen al mundocomo los huracanes y las avalanchas, purificando y retumbando desde quenacen. Así Martí. Diez y seis años contaba entonces, «el bozo en flor yel pájaro en el alma» y España quiso matarlo. El Fiscal pidió para él lapena última y para Fermín Valdés Domínguez diez años de presidio. Peroel fallo fue: seis años de prisión para Martí y uno para su camarada deinfortunios e ideales. Y Martí fue a presidio. Lo que allí sufrió él, lodijo en páginas que todavía gotean sangre, en su folleto «El presidiopolítico en Cuba» y en el que exclamaba: «Dante no estuvo en presidio.Si hubiera sentido desplomarse sobre su cerebro las bóvedas oscuras deaquel tormento de la vida, hubiera desistido de pintar su infierno. Lohubiera copiado y lo hubiera pintado mejor. Si existiera el Diosprovidente, y lo hubiera visto, con una mano se habría cubierto elrostro y con la otra habría hecho rodar al abismo aquella negación deDios». Y fue luego deportado a Isla de Pinos y más tarde enviado aEspaña en calidad de deportado. Para ella embarcó el 15 de enero de1871. Momentos antes de salir le escribía a su benefactor señor Mendive:«De aquí a dos horas embarco desterrado para España. Mucho he sufrido,pero tengo la convicción de que he sabido sufrir. Y si he tenido fuerzaspara tanto, y si me siento con fuerzas para ser verdaderamente unhombre, solo a usted lo debo y de usted y solo de usted es cuanto debueno y cariñoso tengo. Diga usted a Micaela que si he tenido muchasimprudencias, la bondad con que las disculpa me hace quererla más. Y

aPaulina y a Pepe y a Alfredo, y a todos mi afecto. Muchísimos abrazos aMario: y de usted toda el alma de su hijo y discípulo». Así escribía asu viejo amigo, poco antes de salir para el destierro, poco antes deabandonar su patria y su hogar y sus libros el mancebo estupendo quehabía de ser más tarde el Libertador de su pueblo, y el que le arrancarasu última presa en América a la hambrienta monarquía española.

A España llegó Martí, apesadumbrado, pobre, comido de pesar el corazón.A causa del grillete que había llevado se le formó un tumor del cual looperaran dos veces y las dos sin éxito.

Primeramente vivió en Madrid delescaso producto de unas clases que daba a los niños de don LeandroÁlvarez Torrijo y a los de la Viuda del General Ravenet. Vivía, como esde suponerse, miserablemente. Viviendo así se lo encontró, cuando fuedeportado a España por los sucesos del 27 de noviembre de 1871, FermínValdés Domínguez, su amigo, o más bien, su hermano. Y

como ValdésDomínguez llevaba en la bolsa, oro bastante, se instalaron juntos enamplias habitaciones, bien situadas. Y Martí comenzó una nuevaexistencia. Mejoró de salud, se le animaron los ojos tristes, y de nuevoemprendió sus estudios. En esa época y no obstante estudiar sindescanso, el tiempo no le faltaba para escribir folletos, parapronunciar discursos desde la tribuna de la logia «Armonía», para hacerversos, y para hablar con sus paisanos de las enfermedades de la patriay de sus curas posibles y necesarias. Una noche en que para tratar sobreel asesinato de los Estudiantes de Medicina, se reunieron los cubanosallí residentes, Martí habló: y recuerda uno que estuvo en aquellareunión memorable, que fue su discurso relampagueante, encendido,arrebatador; y recuerda también, que sucedió esa noche una cosasobrenatural. Colgando de la pared, sobre la tribuna, había una mapa deCuba, y cuando Martí, lleno del más tierno lirismo hacía una invocacióna su patria llorosa y rodeada de cadenas, cuando la concurrencia,suspensa de su palabra, temblaba de emoción, el mapa cayó como unacorona sobre su cabeza. ¡Fue como si su tierra toda entera, respondieraa su llama miento! Y

cuando la proclamación de la República enEspaña—golondrina fugaz como un suspiro—, Martí puso en manos deEstanislao Figueras, un largo escrito abogando por la independencia deCuba. Y

cuando los federales en sesión solemne celebrada en la Academiade jurisprudencia, quisieron hacer declarar a los cubanos de Madrid quese contentaban con la República federal española, Martí, allí presente,se opuso a ello, y en un debate que lo mantuvo en pie siete horas, echópor el suelo esos propósitos. Martí se opuso también a la creación enMadrid de un Casino Cubano. Por eso y por otros rasgos más, fue a suspocos años, y en plena Corte de España, como el verbo y el alma de supueblo atormentado y miserable....

Debido a que Fermín Valdés Domínguez enfermó gravemente y los médicos lerecomendaron que cambiara de aires, pasaron Martí y él a Zaragoza endonde apenas llegados, se ganaron el afecto y la estimación de los hijosde aquel noble pedazo de España. Los insurrectos los llamaban enAragón, pero los llamaban así, sin ira y sin odio. Martí en Zaragoza lofue todo, el orador en las reuniones, el escritor en los periódicos, elpoeta siempre. En una velada organizada para recoger fondos con quealiviar la miseria de las viudas y huérfanos de los bravos quesucumbieron por defender el honor que un rey criminal quiso asesinarles,Martí pronunció una oración bellísima, y el señor Leopoldo Burón recitóunos versos, también suyos, alusivos al acto. En Zaragoza obtuvo Martí,el grado de doctor en Derecho a título de suficiencia, y el de doctor enFilosofía y Letras, a pesar de la marcada oposición del claustro deaquella Universidad carlista.

Así, a puro esfuerzo, entre flaquezas eimpulsos, entre dentelladas y sonrisas, sin morder el mérito ajeno,caminando siempre del lado de los pobres, y sin andar de pedigüeño porentre bastidores y escaleras, se hizo hombre, ¡grande hombre!, el niñobondadoso del hogar infeliz, el sufrido presidiario de las canteras deMedina, el joven enfermizo y desterrado de la península ibera, nuestroJosé Martí....

Y con sus títulos de Abogado y doctor en Filosofía y Letras, dejó lanación hispana, en 1873, y se fue a visitar a París, Londres y otrasimportantes ciudades de Europa, siguiendo luego viaje a México, en dondele esperaban, ansiosos de abrazarlos, sus padres y hermanas. En México,tierra ancha y generosa en la que los cubanos han hallado siemprealegría y calor de propio hogar, lo recibieron con marcadasdemostraciones de aprecio. A poco de estar Martí entre los mexicanos,era altamente conocido y admirado como periodista, profesor, dramaturgo,orador y poeta. Durante los cuatro años que en esa República permaneció,fue Director de La Revista Universal, la cual se escribía a vecesdesde el fondo hasta las gacetillas; conferencista en el Liceo Hidalgo y en otras Sociedades; autor dramático en los principales teatros. Lostrabajadores de Chihuahua lo nombraron Diputado al Congreso de Obreros yel Gobierno lo colmó de atenciones a cada instante. Martí, sin el grandeamor por su patria, hubiera sido en México, como en cualquier otro país,conductor de conciencias. Pero la estrella heráldica que lo llevó amorir entre el humo y el fragor de la metralla, le seguía como unlamento y como el grito de una madre: de ahí que ese hombre que pudo sermonte coronado de flores, viviera por mucho tiempo, errante y vagabundo,sin plantar su tienda, fija la mirada en la isla hermosa, donde no habíajusticia sin soborno, ni honor sin castigo, ni pan sin mancha.

En México, trémulo de femenil pasión y llena el alma como siempre, delansia de morir a caballo, peleando por su país, escribió él, aquellacomposición suya, titulada «Patria y mujer»; composición que expresabien, la grandeza de su alma, arrullada por suspiros de amor y agitadapor gritos desesperados de deber. Lleno de ternura el corazón y pobladala mente de trágicas visiones, escribió sin duda esa valiente poesía dela que yo recuerdo estas estrofas:

«Otra

vez

en

mi

vida

el

importuno

suspiro

del

amor,

cual

si

cupiera,

triste

la

patria,

pensamiento

alguno

que al patrio suelo en lágrimas no fuera.

.........................................

»Y

¿con

qué

corazón,

mujer

sencilla,

esperas

que

mi

dolor

te

quiera?

Podrá

encender

tu

beso

mi

mejilla,

pero lejos de aquí, mi alma me espera.

.........................................

»Miente

mi

labio

si

se

acerca

al

tuyo,

mienten

mis

ojos

si

de

amor

te

miran;

de

mujeril

amor

mis

fuerzas

huyo:

en incorpórea agitación se inspiran.

»Amo

yo

más

el

árbol

que

sombrea

la

tumba

incierta

del

guerrero

hermano,

que

ese

nido

de

perlas

que

hermosea

blonda más débil que tu amor liviano.

.........................................

»Sus

cuerdas

una

la

robusta

lira,

y

el

corazón

sus

átomos

perdidos:

a

un

solo

amor

mi

corazón

aspira,

para un solo guarda latidos.

.........................................

»Este

cuerpo

gentil

rebosa

vida,

y

cada

árbol

allá

cobija

un

muerto:

a

todo

goce

esta

mujer

convida,

a toda soledad aquel desierto.

.........................................

»No

habla

de

amor

mi

corazón

que

late:

cuando

en

mi

corazón

hay

un

latido,

es

que

me

anuncia

que

en

algún

combate

un héroe de la patria ha perecido».

.........................................

De la tierra del padre Hidalgo, el cura heroico, pasó a principios de1877, a Guatemala, deteniéndose antes en La Habana, a recoger unascartas de presentación para distintas personalidades del Gobierno deaquella República. Allí, apenas sacudido el polvo del camino, fuenombrado Catedrático de Derecho Político, y Director de la RevistaGuatemalteca. Allí escribió, a petición del Gobierno, un dramahistórico en cuatro actos y en versos, y también allí, una angelicalalma de niña, sintió por él la más purísima de las pasiones. Era unadistinguida señorita, hija de un General ilustre de aquel país, que loamó locamente. Y dicen que Martí sufría como de un crimen, al tener quemostrarse indiferente ante aquel amor primaveral. Pero él cuando fue aGuatemala, ya estaba comprometido en México con Carmen Zayas Bazán, aquien hizo luego su esposa y es hoy su viuda respetada: por eso no amóMartí aquella criatura tan tierna y talentosa. Martí salió a México denuevo a contraer matrimonio, y volvió casado a Guatemala.

Y dicen que lapobre enamorada murió entonces de dolor, del dulce mal de sentirdemasiado las ingratitudes de la vida. Martí, años después, pensando sinduda en esa historia romántica que estremeció su existencia, escribióestos divinos versos de ternura y melancolía:

«Quiero

a

la

sombra

de

un

ala,

contar

este

cuento

en

flor:

la

niña

de

Guatemala,

la que se murió de amor.

»Eran

de

lirio

los

ramos,

y

las

orlas

de

reseda

y

de

jazmín:

la

enterramos

en una caja de seda....

»Ella

dio

al

desmemoriado

una

almohadilla

de

olor;

él

volvió,

volvió

casado:

ella se murió de amor.

»Iban

cargándola

en

andas

Obispos

y

Embajadores:

detrás

iba

el

pueblo

en

tandas,

todo cargado de flores

»...Ella,

por

volverlo

a

ver,

salió

a

verlo

al

mirador:

él

volvió

con

su

mujer;

ella se murió de amor.

»Como

de

bronce

candente

al

beso

de

despedida

era

su

frente,

¡la

frente

que más he amado en mi vida!

»...Se

entró

de

tarde

en

el

río,

la

sacó

muerta

el

doctor;

dicen

que

murió

de

frío:

yo sé que murió de amor.

»Allí,

en

la

bóveda

helada,

la

pusieron

en

dos

bancos:

besé

su

mano

afilada,

besé sus zapatos blancos.

»Callado,

al

oscurecer,

me

llamó

el

enterrador:

¡Nunca

más

he

vuelto

a

ver

a la que murió de amor!».

Otras pasiones inspiró Martí, a otras mujeres, pero acaso ninguna tanpura y tan hermosa como esa que inspiró a la niña de Guatemala, la delas manos de lirios y la frente purísima: luz y música hecha carne.... Ycuando de orden del señor Ministro de la Guerra se le quitó la direcciónde la Escuela Normal de aquel país, a su amigo y paisano José MaríaIzaguirre, renunció puestos y honores y vino a Cuba, ya firmada la pazdel Zanjón, en 1878. La Habana lo recibió afectuosamente. Primero sepuso a trabajar como abogado, aunque sin jurar su título, en los bufetesde don Nicolás Azcárate y Miguel Viondi, dándose luego a conocer de suspaisanos como orador, en notables discursos y conferencias pronunciadasen el Liceo de Guanabacoa, y en un brindis que hizo en un banquetecelebrado en honor del genial periodista Adolfo Márquez Sterling. Cuatrofueron las veces que habló Martí en el Liceo de Guanabacoa. La primerasobre el realismo en el Arte; la segunda sobre su amigo, el poetaAlfredo Torroella, en que arrancó lágrimas; la tercera sobre los dramasde don José Echegaray, y la cuarta, sobre el insigne violinista DíazAlbertini. A esta última asistió el General Blanco, Capitán General dela Isla entonces, y notables personalidades cubanas y peninsulares. Ydice Miguel Viondi que Martí habló de tal manera, de patria y libertad,que el General Blanco se retiró de la fiesta diciendo al señor Azcárate:«quiero no recordar lo que yo he oído y que no concebí nunca se dijeradelante de mí, representante del Gobierno Español: voy a pensar queMartí es un loco...». Y añadió: «pero un loco peligroso». A pesar deltrabajo excesivo y de su dedicación a la literatura, Martí no dejó undía de conspirar desde que llegó a La Habana. Su casa era un centro deconspiración y un templo de arte: allí se reunían tan pronto, hombres dearmas y acción, para hablar de guerra, como se reunían hombres de sabery pensamiento para hablar de «suspiros y risas, colores y notas». Mástarde, el mismo general Blanco, creyéndolo—como era la verdad—complicadoen aquel conato de revolución de 1879, le pidió que hiciera públicaprotesta de adhesión al Gobierno de España, a lo que él indignadocontestó: «Martí no es de la raza de los vendibles». Y fue nuevamentedeportado a España, de donde se fugó al poco tiempo, pasando a París yde allí a New York, lugar en que siguió conspirando, conspiración queculminó con aquel desembarco en Cuba de Calixto García, el gloriosoGeneral de la frente horadada. Y cuando él vio el fracaso de aquellaintentona y palpó la dolorosa realidad, se fue a Caracas, la ciudad deBolívar, y allí agrupó en torno suyo numerosos admiradores y amigos. EnCaracas dio clases de oratoria a una juventud valiosa. Varias veces a lasemana y por espacio de dos horas, vibró su voz elocuente en mitad desus alumnos que lo escuchaban maravillados. Y consignó uno de aquellos,que «en una de las sesiones oratorias, le sirvió de tema el pueblo deIsrael, y con lenguaje expresivo y sublime enarró las maravillas deaquel pueblo excepcional»: que no era posible decir cosas más hermosas ypoéticas, pero «que cuando el orador se consideró en la cumbre del monteNebo y presentó al pueblo israelita y a Moisés contemplando la tierraprometida, su elocuencia fue nueva, sorprendente, y lo sublime parecíapoco ante aquel espíritu transfigurado por el pudor cuasi divino de lasideas». Fue en Venezuela que dijo, hablando de la independencia deAmérica: «El poema de 1810 está incompleto y yo quise escribir su últimaestrofa». Luego Martí, no pudiendo amoldarse a las exigencias delGobierno de aquella República, del cual era entonces Presidente elgeneral Guzmán Blanco, salió de allí, despidiéndose en una cartabellísima de los venezolanos que amó. A esa carta pertenece estepárrafo: «Muy hidalgos corazones he sentido latir en esta tierra;vehementemente pago sus cariños; sus goces, me serán recreo; susesperanzas plácemes; sus penas, angustias; cuando se tienen los ojosfijos en lo alto, ni zarzas ni guijarros distraen al viajero en sucamino: los ideales enérgicos y las consagraciones fervientes no semerman en un ánimo sincero por las contrariedades de la vida. De Américasoy hijo: a ella me debo. Y de la América, a cuya revelación,sacudimiento y fundación urgente me consagro, esta es la cuna; ni haypara labios dulces copa amarga ni el áspid muerde en pechos varoniles;ni de su cuna reniegan sus hijos fieles. Deme Venezuela en qué servirla:ella tiene en mí un hijo». De Venezuela pasó, de nuevo, llena el alma detristezas y emociones viriles, a la Babel moderna de los rubiosmocetones y las nevadas inclementes: a New York, a esa ciudad de lasansias, de las regatas, de los afanes, de las prisas, a ese hornocolosal donde se sazona el egoísmo y se pierden entre espirales de humoy ruidos de maquinarias, los besos y las lágrimas....

Triste, apesadumbrado, como un náufrago que después de clamar en vano enla noche vacía y negra, arriba a playa desconocida, así llegó Martínuevamente a New York. Pero tuvo un consuelo, una medicina que de losmás graves males cura al hombre: las ternuras y cuida dos de su esposaque allí lo esperaba y los besos de su amado chiquitín, el hoy coronelde nuestro Ejército. Sacudió sus lágrimas calladas, escondió sus penashondas, y comenzó a trabajar en la tierra hostil y ajena. El conocer alos hombres, tanto como los conocía, lo hizo superior a todas laspasiones: de ahí que pudo, entre gentes que miden, que desdeñan, queempujan, que desprecian, que viven con el apetito desmesuradamenteabierto, pasear su amable cultura y oceánica bondad, y sacar a puerto ycon honra, su divina existencia. Veamos cómo se abrió paso en el puebloáspero y extraño. No era él de los soberbios que se impacientan porqueno le conocen el talento, aprisa, ni de los pobres de espíritu queporque los visite el dolor, languidecen y desmayan o se despedazan elcráneo; sino de los de enérgica voluntad y firme intento: de los quevencen. Las alturas se han hecho para subirlas: en lo más elevado deellas, crece, casi siempre, el laurel que da sombra a toda la vida. Éllo sabía, y se sentía con la fuerza inquieta y seductora de los queposeen la capacidad de mirar desde lo alto. Martí fue en New York, y enel período de diez años, dependiente de una casa de comercio en la cualllevaba los libros de contabilidad y contestaba la correspondencia;redactor de El Sun, el gran diario americano; corresponsal de variosperiódicos de la América Latina, para los cuales escribía kilométricasepístolas, verdaderos estudios filosóficos y literarios de asuntos yhombres de los Estados Unidos; traductor de la casa editora «Appleton»;redactor de La América, y el Economista Americano, Director de LaEdad de Oro, revista exclusivamente para niños, a los que amabaentrañablemente; profesor en «La Liga», la Sociedad de los necesitadosde cariño y hambrientos de sabiduría; representante de tres naciones,Uruguay, Paraguay y la Argentina, en la gran plaza norteamericana; yalma en pie siempre, para responder a todo llamamiento cubano, bienfuera para remediar miserias o para mitigar dolores. Jamás pasó unafiesta del patriotismo, de recordación gloriosa, sin que él tomaraparte. Año tras año, cada diez de octubre, aniversario glorioso de aqueldía sublime, Martí dejaba oír su pintoresco, brillante y enérgicolenguaje,

«flores tristes y lanzas enlutadas» que él depositaba a lospies de los héroes muertos. En el sudor y la fatiga del trabajo vivía,pero consagrado a Cuba, a desenterrar su epopeya de luz y a añadirle yhacerla entender, a los que parecían no querer entenderla: y a laAmérica nuestra entera, a su América enferma. En 1883, invitado paratomar parte en la grandiosa fiesta con que los representantes de lasRepúblicas latinoamericanas, en New York, habían de conmemorar elCentenario del nacimiento de Bolívar, Martí asistió a ella, y habló yderramó a raudales, en legiones de primorosas frases, los productos desu genio. Y terminó con estas palabras: «¡Brindo por los pueblos libresy por los pueblos tristes!» ¡Siempre pensando en Cuba! En la

«SociedadLiteraria Hispano Americana», de la cual era Presidente, el alma toda,fueron innumerables las veces que hizo Martí resonar su palabraportentosa. Allí Martí habló sobre México, sobre Centro América, sobreVenezuela, sobre Bolívar. Hablando de Bolívar dijo, entre otras muchascosas grandilocuentes: «¡Oh no! En calma no se puede hablar de aquel queno vivió jamás en ella: ¡de Bolívar se puede hablar con una montaña portribuna, o entre relámpagos y rayos, o con un manojo de pueblos libresen el puño y la tiranía descabezada a los pies!». Sobre Espadero habló,el de «El Canto del Esclavo», «el que aprisionó en sus notas, como enred de cristal fino, los espíritus dolientes, que velan y demandan desdeel éter fulguroso y trémulo del cielo americano»; sobre Heredia, nuestrogran Heredia: y donde al hablar de ese divino poeta, tuvo un arranque depatriótico ardimiento en que exclamó: «Si entre los cubanos vivos no haytropa bastante para el honor ¿qué hacen en la playa los caracoles que nollaman a guerra a los indios muertos? ¿Qué hacen las palmas que gimenestériles en vez de mandar? ¿Qué hacen los montes que no se juntanfaldas contra faldas, y cierran el paso a los que persiguen, a loshéroes?».

Y siempre, y en todos los casos, la patria salía por suslabios a relucir, altiva y llorosa, como una tórtola gemidora queabrigara un cóndor bravío....

Pero injustos o malvados—que siempre ha de haber injustos o malvadoscerca de todo grande hombre—, lo tacharon una vez de mal cubano, en1885, cuando él se opuso a los trabajos emprendidos por algunos jefes dela revolución del 68 para llevar una guerra nueva a Cuba, por creerlaincompleta y parcial, y por estimar que con ella solo se lograríaalarmar y ensangrentar inútilmente el país, en vez de asegurarle suentusiasmo y confianza para cuando se pudiera llevar a la isla la guerrapujante, digna y definitiva. De una carta en que hacía referencia a suoposición a ese movimiento revolucionario y al silencio en que semantuvo por un espacio de tiempo, es este párrafo: «Crear una rebeliónde palabras en momentos en que todo silencio sería poco para la acción,y toda la acción es poca, ni me hubiera parecido digno de mí, ni mipueblo sensato lo hubiera soportado. Ya yo me preparaba a emprendercamino ¡quién sabe a qué y hasta dónde!, en servicio activo de unaempresa, y cuando creí que el patriotismo me vedaba emprenderlo,

¡quétristeza, qué tristeza moral de la que nunca podré ya reponerme! ¿Cómoserviré yo mejor a mi tierra? me pregunte: Yo jamás me pregunto otracosa; y me respondí de esta manera: Ahogando todos tus ímpetus;sacrifica las esperanzas de toda tu vida; hazte a un lado en esta horaposible del triunfo, antes de autorizar lo que creas funesto; mantenteatado, en esta hora de obrar, antes de obrar mal, antes de servir mal atu tierra so pretexto de servirla bien. Y sin oponerme a los planes denadie, ni levantar yo planes por mí mismo, me he quedado en el silencio,significando con él que no se debe poner mano sobre la paz y la vida deun pueblo sino con un espíritu de generosidad, casi divino, en que losque se sacrifican por él, garanticen de antemano, con actos y palabras,el explícito intento de poner la tierra que se liberta en manos de sushijos, en vez de poner como harán los malvados, sus propias manos, enella, so capa de triunfadores. La independencia de un pueblo consiste enel respeto que los deberes públicos demuestre a cada uno de sus hijos.En la hora de la victoria solo fructifican las semillas que se siembranen la hora de la guerra. Un pueblo antes de ser llamado a guerra tieneque saber tras de qué va, y adónde va, y qué le ha de venir después. Tanultrajados hemos vivido los cubanos, que en mí es locura el deseo, yroca la determinación de ver guiadas las cosas de mi tierra de maneraque se respete como a persona sagrada la persona de cada cubano, y sereconozca que en las cosas del país no hay más voluntad que la queexprese el país, ni ha de pensarse en más interés que en el suyo». Unanoche de conmemoración gloriosa, en ese tiempo, al ir a ocupar Martí latribuna, el auditorio pidió con marcadas muestras de hostilidad, quehablara otro antes que él, otro que era patriota. Y Martí tomó asientoy escuchó tranquilo, de labios pálidos de cólera, alusiones injustas; ycuando fue a la tribuna él, y el público esperaba que se desatara endenuestos, que vaciara su ira sobre cuantos le eran contrarios, fueronsus palabras como voces de perdón. Sus palabras llevaban el desquite:parecía como si con un manojo de lirios azotara las frentes de lospecadores: sus anatemas eran alfileres con alas.... Esa noche triunfó yya más nunca dejó de ser el triunfador. En todo demostraba Martí lasextraordinarias condiciones que lo sacaron por encima de los demáshombres... ¿No lo dijo él? «Si los hombres nutren con sus manosprácticas lo que tienen de fieras, yo haré con las mías por nutrirles loque tienen de palomas». Y así era, ministerio purísimo de amor y deternura, brazos de par en par abiertos para todos los hombres....

Fue en ese tiempo, durante esos años, que Martí mostró con más pujanzala largueza de sus conocimientos y la infinita anchura de su genio.Filósofo, poeta, economista, diplomático, políglota, periodista, orador,legista, estadista, de todo se mostró Martí entonces, en aquel herviderode pasiones e intereses. Allí se le veía tan pronto en la tribuna,predicando, como se le veía en el periódico, en el informe, en larevista literaria, en la traducción, en el libro de versos.

Allí publicóél su Ismaelillo, un primoroso y pequeño volumen de composicionesbreves; en las que su alma de padre, salta y brinca y chispea, entre loscabellos rubios y los pies ligeros de su hijo. Y también Versossencillos, en el que cada estrofa, responde a un estado de espíritu, yen el que como él decía: «a veces ruge el mar, y revienta la ola, en lanoche negra, contra la roca del castillo ensangrentado; y a vecessusurra la abeja, merodeando entre las flores».

De Ismaelillo es este primoroso juguete:

de

brazos

robustos,

blandos,

fragantes;

y

que

cuando

envuelven

el

cuello

frágil,

mi

cuerpo,

como

rosa

besada,

se

abre,

y

en

su

propio

perfume

lánguido exhálase.

Ricas

en

sangre

nueva

las

sienes

laten;

mueven

las

rojas

plumas

internas

aves;

sobre

la

piel,

curtida

de

humanos

aires,

mariposas

inquietas

sus

alas

baten;

¡savia

de

rosa

enciende

las muertas carnes!