A Vuela Pluma Colección de Artículos Literarios y Políticos by Juan Valera - HTML preview

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Crea usted que este temor es vano. No busque usted la originalidad, yella vendrá á buscarle. Sea usted natural y espontáneo, y pondrá usteden cuanto escriba el sello de su persona, y será sana y limpiamenteoriginal, sin darse á todos los diablos y sin caer en las demenciasfúnebres que en Francia se usan.

Inagotable fábrica y rico emporio de ideas es París. Necesario y buenoes tomar de allí lo que conviene; pero haya tino y juiciosa elección enlo que se tome.

Cierta poesía no es ya erótica, sino crapulosa y nauseabunda. Entre lascausas que concurren á dar ser á esta poesía, además de las yamencionadas, entra una vanidad pueril de que el poeta no se da cuenta áveces. Figurémonos al poeta en París. Su prurito será acaso que, en elfondo de la provincia de donde ha venido, le tengan por un picaruelo,sibarita alambicado, que logra venturas superfinas, ni soñadas en sulugar.

Además, todo francés hace sin querer la reclame. En París seconfeccionan los mejores guisos y se hacen los más graciosos vestidos ysombreros para mujeres; es menester, por consiguiente, que también secrea y se divulgue que en París se entiende mejor el amor y se lecondimenta con aliños más picantes y especierías más ricas y exóticas.Con este señuelo, tal vez, no pocos individuos acaudalados de naciones,que en Francia se tienen entre el vulgo por semi-bárbaras, vendrán áParís, ya que no á estudiar en la Sorbona, á aprender pornografía en loscolegios de la nueva Babilonia.

No acuso yo á ningún autor francés de que lleve tal intención; pero lalectura de sus libros produce el mismo efecto que si la llevara. Nosfingimos por acá, y por muchas otras tierras, un París encantado, donde,si va uno con dinero, se pasea en los jardines de Armida, desembarca enla isla de los amores de Camoens, y penetra en el propio paraíso deMahoma.

Si el mal se detuviese en esto, yo me callaría; pero el mal no sedetiene. Los poetas crapulosos, como Baudelaire y Rollinat, se hartan yse hastían de sus goces; sienten aspiraciones infinitas, hundidos ya enel fango, y después de haber renegado de Dios; y aquí te quieroescopeta. Cada uno de ellos parece un energúmeno. Sus versos sonpesadillas de un ascetismo bastardo y sin esperanza. Obsesos por eldemonio del remordimiento y por otros demonios más feos y tiznados,rompen en maldiciones y blasfemias inauditas. Ya nos aseguran que no haycrimen que no sean capaces de perpetrar, ya se encomiendan devotamente áLucifer, ya aseguran que quieren imitar á Cristo, si bien suponiendo quelo que Cristo prescribe y recomienda con el ejemplo es que nos matemos.La muerte es la única redención posible. Además, ellos entienden quedeben matarse en castigo de sus culpas.

¡Va, que la mort soit ton refuge!

à l'exemple du Rédempteur,

ose à la fois être le juge,

la victime et l'éxécuteur.

La situación es tremenda, y empezando por versos de amor materialistapuro, como los catorce sonetos, se viene á caer en ella, más tarde ómás temprano, á no desviarse pronto del mal camino.

Las visiones de Baudelaire y de Rollinat espeluznan y descomponen elestómago; dan horror y asco: es menester ser valientes y robustos pararesistirlas sin vomitar ó sin caer desmayado. Los suplicios más ferocesque ve Dante en su Infierno, las abominaciones y espantos de los másascéticos libros cristianos, como Gritos del infierno, Estragos de lalujuria, y otros así, son niñerias y amenidades, si se comparan con loque Baudelaire refiere cuando él mismo se ve ahorcado, podrido yhediondo, entre una nube de murciélagos y de grajos que le sacan losojos á mordiscos y picotazos y se le comen por do más pecado habia, ycon lo que cuenta Rollinat de aquel gato celoso, que yo sospecho que eraun demonio familiar, el cual araña y destroza á su amiga en sitios tansensibles y ocultos.

Si tamañas desventuras se tomasen por lo serio, sería cosa de deshacerseen un mar de lágrimas, de morirse de pena y de terror entre convulsioneshorribles, y de aborrecer toda vida, y más que ninguna lasardanapalesca, á que se entregaron estos vates ilustres, y cuyosfunestos resultados estamos tocando.

Por dicha, yo me consuelo y tranquilizo con sospechar que, tanto en el sardanapaleo como en el lloriqueo, tanto en las culpas como en loscastigos, hay abundancia de filfa y camelo. Ni se divierte uno tantocomo dice, ni suele exclamar de corazón ¡qué tétrica es la vida! después de haberse divertido. En ambos extremos hay ponderaciónjactanciosa: pose y blague. Lo peor es el pesimismo. Si se adopta parahacer efecto y darse charol, no tiene perdón de Dios. ¿Por qué en odas,en elegías, en coplas, en dramas, en novelas y aun en gruesos librotesde filosofía, hemos de angustiar á los mortales y quedarnos tan frescos?

Todos, aunque seamos optimistas, tenemos ratos, y días y semanas de malhumor, de tristeza y de abatimiento. Así estaba yo, poco ha, cuandoescribía á un amigo diplomático extranjero, á quien quiero mucho, unamelancólica carta. Él me contestó, consolándome con discretísimosrazonamientos, algunos de los cuales vienen tan á pelo aquí, que voy ácitarlos en el propio idioma en que están escritos, abusando quizá de laconfianza y rompiendo el sigilo de la correspondencia.

«¿A quoi vous sert votre optimisme? (me dice). Notre maître le DocteurPangloss restait ferme dans la doctrine après des accidents bienautrement facheux et malgré le cadeau dont l'avait gratifié Paquette etdont vous connaissez la généalogie.

¿L'optimisme ne servirait-il à rien?On serait tenté de le croire en voyant que les pessimistes sont engeneral de fort bons vivants, qui s'arrangent une existence trèsagréable et qui sont très peu pressés de sortir de cette créationmanquée. Leur chagrin est tout en rimes ou en livres de philosophie, quin'ont pas d'influence sur leur

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conduite journalière. Schopenhauern'avait pas l'air de s'ennuyer, si j'en crois ceux qui l'ont connu.Boudha lui même est mort d'indigestion, ce qui peut faire douter de sonascétisme et de son mépris des choses créées. ¿Si nous faisions commeeux et si nous prenions le monde comm'il est, réunissant ainsi lesavantages des deux systèmes?»

Estas palabras de mi docto amigo me sugieren una idea luminosa ysalutífera.

Seamos optimistas y pesimistas alternativamente. Las cosas,aunque no crea uno en el determinismo feroz que nos arrastra al vicio yhasta al crimen, y aunque no vea uno siempre desolación y dolor en tornosuyo, no están por eso todo lo bien que sería de desear. Confesémoslo,pero no nos aflijamos demasiado ni menos aflijamos á los demás hombrescon nuestros quejidos y aullos. Conviene, pues, para esto, que nuestropesimismo, en vez de ser trágico, sea chistoso y cómico; como elpesimismo de Voltaire, que en el Cándido hace que nos desternillemosde risa, ó, mejor aún, como el de Cervantes, más gracioso todavía en el Quijote, y lleno de dulzura y de cristiana resignación, sin chispa dehiél ni de impiedad ni de odio.

Y si, en el día de hoy, sin salir de España, quiere usted hallar unmodelo acabado de este pesimismo para reir, búsquele en los escritos, enprosa y verso, de Miguel de los Santos Álvarez, y singularmente enalgunas octavas del poema María. El pesimismo se expresa en ellas contanto chiste y gracejo, que regocija, en vez de desesperar, y hasta sele antoja á quien lee ó recita aquellas blasfemias, no ya que él debeperdonarlas propter elegantiam sermonis, sino que hasta la SoberanaPotestad, á quien se dirigen, en vez de castigarlas, las celebra y lasríe, como ríe y celebra la madre cariñosa y benigna al niño pequeñuelo ymimado, si la insulta por que no le da, para que no le hagan daño, laschucherías y golosinas que le pide.

En resolución, y para terminar, en las poesías amorosas mezcle ustedalgo del cielo con la tierra, á fin de no hallar tétrica la vida cuando está en lo más florido de sus años, y en lo demás procure ustedno caer en el pesimismo, y si cae en él, témplele y endúlcele con larisa resignada y con la burla sin acíbar de Cervantes y del antiguoamigo de Espronceda. De esta suerte, ya que no los censores graves; losque no lo son ni tienen autoridad para serlo, en lo amoroso perdonarán áusted las verduras, y en lo pesimista las injurias contra laProvidencia, cuyos designios y planes, que ignoramos y debemos acatar,tal vez brillan justificados después de tales ataques.

Y con esto termino, augurando á usted rica cosecha de laureles si siguemi consejo, y reiterándole que soy su afectísimo amigo.

COLECCIÓN

DE

MANUSCRITOS Y OTRAS ANTIGÜEDADES DE EGIPTO

PERTENECIENTES AL ARCHIDUQUE RANIERO

——

NO pocos escritores han dado ya noticia de esta rica y curiosacolección, pero nunca hasta ahora se había expuesto toda ella alpúblico.

A fin de que cualquiera logre enterarse algo de los objetos que lacomponen, de su mérito y de su rareza, acaba de publicarse, en estaciudad de Viena, un precioso catálogo ilustrado.

Como los objetos son muchos miles, no es posible que todos esténestudiados y descritos en el catálogo. Este, no obstante, es un tomo encuarto mayor, de 292

páginas, letra muy metida, con veinte láminas ynoventa imágenes y facsímiles intercalados en el texto, y contiene ladescripción de más de mil cuatrocientos objetos.

Lejos de ser todos de la misma época, es tan varia su antigüedad, que elorigen de algunos se remonta catorce siglos antes de Cristo, mientrasque los más modernos son del siglo XIV de la Era cristiana. Todo ello esvisible y claro documento de la civilización, no interrumpida porespacio de 2700 años, en el país que riega y fecunda el Nilo.

Como dicha civilización ha adoptado, en el transcurso de los siglos,diversas creencias religiosas, distintos usos, leyes y costumbres ydiferentes idiomas en que manifestarse, los objetos, aunque halladoscasi todos en el mismo lugar, varían en extremo. Sólo por la lengua óescritura de los manuscritos pueden éstos clasificarse en hieráticos,demóticos, cópticos, griegos, latinos, arábigos y péhlvicos, ó sea en lalengua oficial de los persas en tiempo de los Sasanidas.

Los últimos vienen á demostrar con evidencia que á principios del sigloVII de nuestra Era, el Egipto fué conquistado por Cosroes II, y que ladominación persa en aquel país se extendió hasta la Nubia.

Por la materia en que los documentos de la colección están escritos,también hay notable diversidad. Lo que más abunda es el papiro, desdelos tiempos de Ransés II, el Sesostris de las historias clásicas. Siguenlos escritos en papiro, después de la conquista de Alejandro Magno, enel periodo helénico de los Ptolomeos, durante la dominación romana y enla época bizantina.

Cuando los árabes se apoderaron del Egipto, la civilización no seeclipsó ni retrocedió, y el cultivo de la planta de que se saca elpapiro y la fabricación del papiro tomaron mayor incremento,proporcionando al Egipto prosperidad y riqueza. Las más importantesfábricas estaban en Wasima y en Bura, cerca de Damieta, desde donde seenviaba esta mercancía á los más distantes y opuestos mercados: á Roma,á Constantinopla, á Bagdad, y á Córdoba.

En la colección del archiduque Raniero hay papiros escritos en lenguaarábiga, desde la conquista muslímica, en el siglo VII, hasta bienentrado el siglo X; los hay del tiempo de los primeros sucesores delProfeta, y de las dinastías de los Omiadas, Abasidas y Tulunidas.

En el siglo X, ó tal vez antes, se había ya extendido por el Asiaoccidental y había penetrado hasta el Egipto mismo un poderoso rival delpapiro que había pronto de vencerle y dar con él por tierra. Era esterival el papel de trapo. A lo que parece, el papel se conocía y usaba enChina desde la edad más remota. Los árabes le importaron en Occidente.La época de este gran acontecimiento ha venido á fijarse, poco ha, conmaravillosa exactitud. Se marca el día, el mes y el año en que fué. Fuéel 7 de Julio del año 751 de la Era cristiana. Los anales arábigos y loschinos están contextes en esto. Kao-Hsien-fa, general de Corea, fuévencido por los árabes, que llevaban por auxiliares á los turcomanos,cerca de una ciudad llamada Kangli, en la orilla del río Tharâz.

Losvencedores

traspasaron

las

fronteras

mismas

del

Celeste

Imperiopersiguiendo á los chinos, y les hicieron muchos prisioneros. Entreellos había, por feliz casualidad, algunos que tenían por oficio hacerpapel. Fueron éstos llevados á Samarkanda, donde pronto empezaron áejercer su industria. Los productos de ella se difundieron, desdeSamarkanda, por el Occidente de Asia, por Africa y por Europa. Si tardócasi dos siglos en vulgarizarse el papel y en vencer al papiro, fuéporque los primeros fabricantes sólo de algodón sabían hacerle, y lesfaltaba, ó bien abundaba poco, la primera materia. Al cabo vino áinventarse el hacer el papel de trapos viejos, y pronto entonces setrasplantó esta industria á otros puntos. La segunda fábrica, de quehace mención la historia, se estableció en Bagdad el año de 795,reinando el califa Harun-al-Raschid. No tardó mucho, probablemente, enhaber también fábricas de papel en Damasco, y desde allí el papel empezóá conocerse en Europa, tomando el nombre de Charta Damascena.

En Egipto, los árabes emplearon ya el papel desde el siglo IX, y en lacolección del archiduque Raniero se ven escritos en esta materia,empezando desde dicha época y continuando durante las dinastías de losIchschidas, Fatimidas, Aijubidas y Mamelukos.

Y lo más singular, y acaso una de las cosas que dan más precio á estacolección, es que, no sólo hay manuscritos en papel, sino queevidentemente hay también papeles, grabados ó impresos, que datan delsiglo X. Los árabes no se limitaron á traer el papel desde la China, sino que, por lo visto, trajeron también el arte de la imprenta antes deque Gutenberg le inventase. Ya se entiende que esto excita la curiosidady el asombro, pero en manera alguna disminuye la gloria de Gutenberg,como no quita á Colón la gloria de haber descubierto la América eldescubrimiento muy anterior y harto infecundo de los islandeses.

Como quiera que sea, en la colección del Archiduque hay no pocos papelesimpresos, completamente como los imprimían los chinos, y que son demediados del siglo X.

El papel manuscrito es en la colección, según es natural, más antiguoque el impreso.

El primero, por orden cronológico, entre los estudiados ya, es unacarta, en cuya dirección escrita en el respaldo se lee la fechacorrespondiente al año 873 de nuestra Era. Hay después un fragmento decontrato del año 909. La colección, además de papiros y papeles,contiene escritos en madera, en barro, en telas, en tablas de cera, enmetal y en varias clases de pergaminos de vaca, de carnero, de becerro yde antílope, que eran los más estimados.

El conocimiento del arte de escribir y de todos los recados y sustanciascon y en que se escribe se puede adquirir visitando esta colección, queviene á ser una serie de monumentos de su historia. Y no es el menosnotable un cesto, de paja y cáñamo entrelazados, donde hay tres paletasde madera muy dura, en que se frotaba la pastilla ó barra de tintasólida, humedeciéndola, para que, desleída, sirviese. En cada paletahay huecos en que se envainaban las cañas ó plumas, de las que seconservan tres. Cesto, cálamos y paletas, que aún tienen tintaendurecida, son de mil doscientos años antes de Cristo, si hemos de darfe á los inteligentes y al testimonio de un papiro con escriturahierática, que estaba unido á dichos objetos.

Como se ve, todos ellos forman un tesoro de imponderable valor para elanticuario, y están ahora expuestos al público en cinco salones delMuseo austriaco de artes é industria.

Lo más importante lo descubrió y trajo á Viena el señor Teodoro Graf, dequien, en 1884, lo adquirió el Archiduque.

El tesoro procede de diversos puntos, por ejemplo, de Al-Uschmunein, laantigua Hermópolis; pero el fondo principal se ha encontrado cerca deMedina-al-Fayun, no lejos del lago Moeris, entre las ruinas de la ciudadde Schet, llamada por los griegos Crocodilópolis ó Ciudad del Cocodrilo,porque allí era adorado el dios Sobk, cuya cabeza era como la de dichoanimal. Schet se llamó más tarde Arsinoe, en honor de la segunda reinade este nombre, hija de Ptolomeo I.

El libro, de que vamos extractando todas estas noticias, se titula Guíade la Exposición; está impreso en la imprenta Imperial y Real de laCorte y del Estado, y ha sido compuesto por tres principales autores. Enlo egipcio ha trabajado el Sr. J. Krall; en lo greco-latino el Sr. K.Wessely, y en lo arábigo el Sr. J. Karabacek, de quien es también laIntroducción de la obra.

Como yo no acierto á escribir nunca con el conveniente disimulo óhipocresía, que alguien llama pudor literario, y, sin poderlo remediar,impongo al público en mis secretos como si el público estuviese formadode amigos íntimos, no he de ocultar aquí los sentimientos ypensamientos, acaso abominables y vitandos, que acuden á mi alma ó enella se despiertan, al visitar la referida Exposición ó al hojear ellibro que la describe. ¿Hubiera perdido algo el linaje humano con quetodos estos papiros y papeles se hubiesen perdido sin llegar hastanosotros ó con que nunca el Sr. Graf los hubiese descubierto? Sin dudaque suministran datos importantes y fehacientes, que aclaran no pocospuntos históricos, y esto es una gran cosa; pero proporciona tantafatiga el estudiarlos, descifrarlos y traducirlos, que no sé si elresultado obtenido compensará nunca la fatiga. Si yo no fuese tanaficionado á saber, si mi afán de enterarme de todo no fuese tan vivo,me importaría poco que se descubriese, cada día, un cúmulo demanuscritos como el que posee y exhibe el Archiduque: pero yo quierosaberlo todo, y como el tiempo me falta, y la vista me va faltandotambién, y sé poquísimos idiomas, se apoderan de mi espíritu lainquietud, el mal humor, algo como miedo de acometer un trabajo nuevo yalgo como envidia de aquellos para quien apenas es trabajo sino deleiteel investigar tales escritos y poner en claro lo que dicen.

Entonces meexplico y casi aplaudo la supuesta ó verdadera conducta del califa Omar,del Licenciado Barrientes, del Cardenal Cisneros, del arzobispoZumárraga, y de otros de quienes se cuenta que han quemado manuscritos.La gente los denigra y los saca á la vergüenza como insensatosfanáticos, pero yo tal vez los miro como heróicos dechados de caridaddesagradecida. Por fortuna, pronto desecho esta extraviada manera depensar y de sentir; y pues hay manuscritos, aspiro á saber lo que diceny hasta á informar un poco de su contenido á los que sean más ignorantesó menos estudiosos que yo, y algunos habrá.

Hasta ahora sólo he hablado de lo material: del papiro, del papel, delpergamino, de la tinta y de las paletas en que se desleía la tinta, alláen tiempo de los Faraones anteriores á Moisés. Veamos ahora algo de loque los manuscritos contienen.

Lo primero que se piensa es que son una mina de donde cualquiera autorde novelas históricas pudiera tomar el legitimo color local, ó mejordicho temporal, para los sucesos que relatase. Acaso no quede acto dela vida de un municipio y de las relaciones y tratos entre sushabitantes del que no se encuentre algún testimonio en la colección delArchiduque. Se diría que hay en esta colección cuanto se custodiaba enlas escribanías de Arsinoe y en el archivo de su Ayuntamiento: contratosde matrimonio, partes de defunción, recibos de contribuciones, pagarés,escrituras de compra, venta y arrendamiento, etcétera, etc. Todo esperegrino por la lengua en que se expresa, y porque nos parece que pasaá nuestra vista y que hemos ido retrocediendo veinte ó treinta sigloscontra la corriente de los sucesos que vuelven á mostrarse comopresentes; pero, en lo esencial, aunque un poquito más negros y másfeos, apenas hay casos que no sean idénticos á los de ahora: tributosenormes, gente que se resiste á pagar ó no puede, poco dinero, usura,miseria en el pueblo bajo, y en los empleos públicos filtraciones éirregularidades.

Ejemplo notable de esto ofrece el manuscrito núm. 272, del siglo III deCristo, donde hay actas del Ayuntamiento de Hermópolis Magna. La ciudadera espléndida; tenía por patrono á Mercurio Trimegisto, inventor de lasletras y de las ciencias; y los templos de dicho Dios, de Apolo, de laFortuna, de Serapis y de las Ninfas, eran de gran belleza. Sus colosalesruinas pasman aún al viajero.

Aquel municipio era autónomo, y los encargados por elección degobernarle se titulaban el Ilustrísimo Concejo. Los negocios de quehabia que tratar se los repartían los concejales, y como los negocioseran muchos y varios, es también muy variado el contenido de las actas.Así, refieren éstas que dos regidores, Dioscórides y Sarapamón, seapoderaron de las llaves del pósito, y sustrajeron de allí y vendieronmuchísimo trigo y cebada, toda la provisión de lentejas, y más de cien artabos de vino de arroz. No contentos con esto, hicieron otrasmuchas defraudaciones. De aquí largos y acaloradísimos debates en lasCasas Consistoriales, para ver cómo había de reponerse la pérdida, pues,á lo que se infiere, ni Sarapamón, ni Dioscórides tenían talentos, ni minas, ni dracmas, ni óbolos, ni calcos, ni sólidos (que eran lasmonedas que entonces corrían), porque todo lo habían liquidado.

Dejemos nosotros en paz á los señores Sarapamón y Dioscórides, ya que noes posible que devuelvan de lo sustraído ni una lenteja, y procedamoscronológicamente en este rápido recuento.

Las conjeturas y los ensueños, no sólo deben de estar permitidos, sinoque suelen ser muy divertidos. Imagine cada cual lo que se le antoje:ponga en la hundida Atlántida, en las regiones hiperbóreas, más allá delas Montañas Rifeas, y hasta en la Lemuria, si le parece bien, un focoprimitivo de civilización; lo cierto, lo demostrado es que lacivilización más antigua es la de Egipto. Hace cerca de seis mil añosque el Egipto está civilizado. Monumentos hay, en aquella tierraportentosa, á los que se atribuyen más de cinco mil años de edad, cuyaperfección y magnificencia no han sido después superadas. Cualquiera deellos da muestra de que ya se conocía la escritura. La más antigua, lamonumental y lapidaria, es la hieroglifica, que siguió empleándose hastael reinado del emperador Decio.

De la escritura hieroglífica había nacido la hierática, que se usó paraescribir en los papiros y que no era más que la simplificación de lossetecientos signos de que la escritura hieroglífica se componía.

En el mismo cesto, donde estaba el recado de escribir de que hemoshablado, se halló el más bello y bien conservado escrito hierático de lacolección archiducal. Se supone, pues, que es de la misma época, ó seade 1200 años antes de Cristo.

Contiene, en forma de carta dirigida por un señor Pibesa á un señorAmenofis, una descripción poética de la ciudad de Pi-Ransés, de la queno queda rastro y sobre cuya posición discuten los egiptólogos, aunqueconvienen todos en que era la residencia favorita de Ransés II; tal vezalgo á modo de un Aranjuez ó un Escorial de entonces.

Según ladescripción, había allí hermosos palacios; toda comodidad, deleite yregalo; bien cultivadas huertas, donde se cosechaban granadas, manzanasé higos; sembrados fértiles, estanques llenos de peces, mucha miel yvino más dulce y más aromático todavía.

Otro escrito hierático de la colección, adornado con viñetas y muyextenso, es el Litro de los muertos de Taruma, sacerdotisa de Ptah.Una de las viñetas representa el juicio de los muertos, y otra la momiade la mencionada sacerdotisa, extendida en el lecho mortuorio, que tieneforma de esfinge, sobre todo lo cual se alza volando el alma, bajo laapariencia de un pájaro. Este Libro de los muertos es, como otros quedel mismo género se conservan, una serie de oraciones ó salmos, con quese proveía á los difuntos para que luchasen contra los tenebrosospoderes del Amente ó Infierno, los venciesen, y pudiesen volver á lasregiones de la luz.

Los escritos demóticos son pocos en la colección, al menos losdescifrados hasta ahora. Aunque se llaman demóticos, ó sea populares,son, á lo que parece, harto difíciles de leer, á causa de lasabreviaturas y enlaces y de lo cursivo de las letras. En tiempo de losPtolomeos fué el mayor florecimiento de este género de literatura, cuyomás brillante fruto es la Historia de Xamris y Neferchoptah. En lacolección del Archiduque hay, en escritura demótica, conjuros paraevocar á Osiris, á Chu, dios del Oriente, y á Amón, dios del Mediodía.

La magia y la teurgia eran ciencias muy cultivadas en Egipto, y con cuyoauxilio se atraía á la luna desde el cielo, se aprendía el lenguaje delos pájaros, se transformaban las varas en serpientes y se hacían otramultitud de milagros. Las fórmulas, por cuya virtud se hacían, estabancustodiadas en los colegios sacerdotales y en los Palacios de losFaraones. Los profanos ó no iniciados no podían valerse de estasfórmulas, ni poseerlas escritas, sin exponerse á muy severos castigos.Hasta el mismo Faraón, si tenía el antojo de hacer algún milagrovaliéndose de las tales fórmulas, se exponía á que el cielo le castigaseenviando á su reino las más espantosas plagas. Así, pues, los conjurosdemóticos que en la colección se ven, deben de ser una divulgaciónsacrilega, plebeya é incompleta, de la alta y noble ciencia de lossacerdotes y príncipes.

Posee también la colección extraordinaria cantidad de escritos cópticos(pasan de 4.000), en papiros, pergaminos y otras materias. A pesar de lainfluencia cristiana, tan poderosa en esta literatura, que constaprincipalmente de traducciones de textos griegos de la Biblia y de losSantos Padres, la afición á la magia persiste aún, y hay no pocosconjuros y fórmulas que servían de amuletos. Entre ellos se vencombinaciones de palabras, que forman lo que, para diversión yadivinanza, ha estado últimamente en moda con el nombre de cuadrado deletras. Así, por ejemplo: s a t o r

a r e p o

t e n e t

o p e r a

r o t a s

y este otro, hecho con palabras y letras griegas:

α λ φ α

λ ε ω ν

φ ω ν η

α ν η ρ

En la lengua cóptica se contaban muchos dialectos y habían entradopalabras extrañas, ya del griego, ya del latín, ya del árabe. Seempleaba el alfabeto griego, con la adición de algunos signos paraexpresar sonidos que con las letras griegas no podían expresarse.

Paciencia será menester para descifrar los cuatro mil manuscritoscópticos de que hemos hablado, y de los cuales sólo una vigésima parteexplica el Catálogo. Hay cartas particulares y de negocios, cuentas,recibos, vidas de santos, la epístola del rey Abgar de Edesa áJesucristo, y la contestación de éste, homilías, plegarias y evocacionesde varios linajes de seres sobrenaturales; del demonio Tamsari, del granquerubín Asaror, de los espíritus de los patriarcas Adán, Noé yMatusalén, y del ángel Chrufos.

Posible es que de tamaño caos, después de estudiar mucho y devanarse lossesos, saquen los sabios alguna luz para la historia de lassupersticiones, ritos, doctrinas, cultura y modos de vivir, en lostiempos más obscuros, sobre todo para la Europa latina, ó sea desde elsiglo V al X.

En la sala segunda están expuestos los manuscritos griegos, que son losmás lujosos, elegantes y de mejor gusto artístico. Los hay con dibujos yletras de varios colores, y de plata y de oro. Todos son enrollados y noen la forma moderna del libro. También estos manuscritos son los másinteresantes para la historia, porque, ya son ejemplo único ó casi únicode algo, ó ya dilucidan puntos obscuros, que á la mayoría de la gente noles importan nada, pero que llenan de entusiasmo á los historiadores yarqueólogos y hacen que prorrumpan en el eureka de Arquímedes.Brillante ejemplo del primer caso presta el pedazo de papiro señaladocon el número 531, donde se lee un coro del Orestes de Eurípides, conla música con que se cantaba, y también con la música instrumental delacompañamiento. Este papiro es casi contemporáneo del nacimiento deJesucristo: debe de tener mil novecientos años de antigüedad.

Yo no sé en qué consiste, ni me parece que el Sr. Wessely lo explica,pero lo cierto es, que, fuera de este coro con música y quizá de algúnotro papiro, conteniendo amuletos, conjuros ó fragmentos literarios ysin fecha cierta, no hay entre todos los papiros griegos descritos unosolo anterior á la Era cristiana. Los más antiguos son de fines delprimer siglo de dicha Era, esto es, cuando ya la dominación helénica ysu cultura y sus letras prevalecían en Egipto hacía cuatrocientos años.

Desde el de 83 hasta el de 735 ó dígase mucho después de la conquista deEgipto por los árabes, que tuvo lugar en 642, hay papiros griegos en lacolección del Archiduque. La cultura helénica persistió después de dichaconquista. En todo, duró en Egipto más de mil años.

Las noticias de la vida pública y privada que contienen estos papiros,son en extremo curiosas y pueden producir al que las recoja unaabundante cosecha de datos para la historia y para las cienciasauxiliares de ella, como la cronología, la lingüística, la arqueología yla economía social. Así, v. gr.: un papiro de la colección es el únicodocumento escrito del reinado de noventa días de los emperadores Pupienoy Balbino. En otro papiro se declaran los títulos de la reina dePalmira, Zenobia, y de su hijo, que reinó á par de ella, y que sellamaba y titulaba Aurelio Septimio Vabalato Atenodoro, virclarissimus, Rex, Imperator, dux Romanorum. Otros papiros dan muestrade la decadencia literaria, de la corrupción que se fué introduciendo enel idioma, del mayor número de extravagancias, supersticiones ytristezas que conturbaron los espíritus, de la poderosa reorganizacióndel imperio por Diocleciano y Constantino, del triunfo de la religióncristiana, y de la vergüenza de la universal bancarrota del Estado y delrebajamiento en la ley de la moneda.

Todo esto lo ve sin duda pasar ante sus ojos, como si estuviera viviendoentonces, el que sabe leer los papiros y los lee. A veces conoce, no yala vida de una sola persona, sino la historia de toda la familia y desus bienes de fortuna durante algunas generaciones. En un contrato decompra y venta en el año de 268, vemos á la rica y joven viuda Priscilacomprando una bonita esclava en la flor de su edad, y pagando por ellacinco mil dracmas. Como ya la muchacha había pertenecido á un oficial decaballería, llamado Aurelio Coluto, no es muy de creer que su inocenciainmaculada entrase por mucho en tan subido precio. La señora Prisciladebía de ser caprichosa y vivir con lujo y aparato. Su hermosa casaestaba en la Calle del Castillo del Occidente, en la ciudad deHermópolis. Pero no hay bien ni mal que dure cien años. La señoraPriscila tenía un hijo llamado Aurelio Nicon Aniceto, que fué delAyuntamiento, y que no sabemos cómo administraría la fortuna comunal,pero sí que administró tan mal la propia, que tuvo que empeñarse y hastaque hipotecar la casa de la Calle del Castillo del Occidente. Tomóprestados sobre esta hipoteca: primero, cuatro mil doscientos dracmas;al año siguiente, mil quinientos más; otro año después, mil doscientos,y todavía otros mil quinientos dracmas, un año más tarde. El resultadonatural fué que tuvo que vender la casa, poco tiempo después, á laseñora Aurelia Serapias, hija de Trimoros, de quien yo sospecho que eraun usurero terrible.

La señora Aurelia Serapias había de parecerse muchoá su padre, y sólo dió por la casa tres mil dracmas sobre lo que yahabía prestado. Es casi seguro que la casa estaría apreciada, en númeroredondo, en dos talentos, ó sea doce mil dracmas; de suerte que, al darlos tres mil y cobrarse lo prestado, la señora Aurelia Serapias todavíatuvo un beneficio de seiscientos dracmas lo menos.

Raros son los papiros que no contienen noticias lastimosas; pero, alfin, algunas hay alegres también. Pondré por caso la certificación,expedida por un juez de los juegos olímpicos, de que Horión ha alcanzadola victoria y ha sido coronado á son de trompetas. La certificación esdel tiempo del emperador Galieno y se dirige al Ayuntamiento deHermópolis para que honre, como debe, al referido Horión, natural dedicha ciudad. A los vencedores en los juegos se les concedían no pocosprivilegios y distinciones, exención de ciertos tributos y hastapensiones, á veces.

La serie de documentos es larga, y sería prolijo, para un artículo,detenerse más en dar cuenta de ellos. Los que más abundan son loscontratos entre particulares y los escritos relativos al cobro de lascontribuciones, las cuales eran en dinero, en toda clase de cereales,viandas y frutos, y hasta en equipo para los militares. La corrupción delos que recaudaban, las vejaciones que imponían, el susto que lesentraba cuando había visita de inspección, y la creciente pobreza yopresión del pueblo, todo se refleja en los papiros como en un espejo.La sociedad hubo de hacerse tan insufrible para la mayoría de loshombres, que se comprende la manía que se apoderó de muchos de huir delas ciudades y de retirarse á los yermos á hacer vida de anacoretas.

El pueblo egipcio debía de estar cada día más humillado por sussucesivos dominadores, de todos los cuales iban quedando descendientescon privilegios como hombres de raza superior, formando coloniasmilitares y constituyendo, á modo de un ejército de reserva, parasostener el gobierno central, primero de los Ptolomeos, y después de losCésares. En los papiros se ven á cada instante las huellas de estasclases privilegiadas. Ellas acaso ayudarían á las legiones romanas paradefender el Egipto, aunque en vano, primero contra los persas, y contralos árabes después.

La dominación persa no hubo de durar más de dos ó tres años. Sinembargo, la colección del Archiduque Raniero encierra centenares dedocumentos que atestiguan esta dominación, la cual terminó sin duda entiempo del emperador Heraclio.

De los manuscritos péhlvis no da la guía de la Exposición traducción nicuenta, disculpándose los autores con la dificultad que ofrece lainteligencia de este idioma, del cual, según se hablaba en tiempo de losSasanidas, afirman que sólo quedan algunas monedas é inscripciones enpiedra que puedan haber servido para prepararse á interpretar los reciéndescubiertos manuscritos, que hoy posee el Archiduque, y son, á lo queparece, los únicos en su género.

Entiéndase que yo hablo como profano y que no acierto á decidir si elpéhlvi en que están escritos los papiros de la colección archiducal esotra lengua distinta de aquella en que está escrita parte delZendavesta, ó si hay algún libro sagrado escrito en un péhlvi menosantiguo, ya del tiempo de los Aquemenides, ya del tiempo de losArsacidas, ya del de los Sasanidas mismos. En este último caso, dicholibro podría servir, como escrito en idéntico idioma, para traducir losmanuscritos persas del Archiduque.

La parte de los manuscritos latinos es muy pequeña en el Catálogo. Ellatín era en todo el Imperio romano el idioma de las leyes y de lamilicia; pero, en Egipto, para la administración, el comercio y loscontratos, se empleaba el griego. Así es que hay pocos manuscritoslatinos y casi todos de asuntos militares.

Es de lamentar que entre tanto manuscrito del largo, del milenarioperíodo greco-latino, apenas se haya descubierto nada que tenga valorestético, salvo el pedazo del coro de Orestes, con su música. Lo másnotable, después de dicho coro, es un fragmento del prólogo de un dramade Epicarmo, titulado Ulises explorador, donde el astuto héroe sedisfraza de mendigo y penetra en Troya para averiguar lo que allí pasa.Hay asimismo dos hojas de pergamino de un discurso de Esquinesimpugnando á Demóstenes. El discurso fué pronunciado 330 años antes deCristo; y el pergamino de que hablamos es del siglo V de nuestra Era.Hay, por último, dos antífonas del siglo IV, y pedazos de las EscriturasSagradas y de varios Evangelios no canónicos.

La conquista de Egipto por los árabes, en 642, fué para el puebloconquistado una felicidad, aunque efímera. Los árabes fueron recibidospor los coptos como simpáticos vengadores y libertadores. No eran comolos bárbaros que habían acabado con la dominación romana en Europa, sinoun pueblo de cierta cultura sencilla, primitiva y patriarcal, culturaque contaba siglos de duración y que en no pocos de sus rasgos teníabondad y aun delicado refinamiento. Como los árabes venían además, encorto número, ni querían, ni podían, ni necesitaban oprimir demasiado,luego que pasaba el primer choque de la invasión y de la guerra. Amrú,en otro tiempo mercader de cueros y de especias, y luego general delcalifa Omar, invadió el Egipto y se apoderó de aquella región fértil ydilatada, con un pequeño ejército de tres mil á cuatro mil hombres biendisciplinados. Por una corta capitación anual podía cada habitante vivirtranquilo en su casa, con su familia, su religión y sus leyes. Amrú,lejos de quemar la Biblioteca de Alejandría, protegió las artes, laindustria y el comercio, é hizo que el Egipto volviese á florecer.

Los papiros que describe el Catálogo dan repetidos testimonios de estabenéfica suavidad de la conquista musulmana. Los aficionados á ensalzarel islamismo hallarán aquí nuevas pruebas de que, si bien los árabes nofueron un pueblo inventor, fueron conservadores de las ciencias,aficionados á ellas, y vehículo é intermedio de las invenciones, ideas ycivilización de otros pueblos.

Durante algunos siglos, tal vez se pudo imaginar que la luz del saberiba á extinguirse entre los pueblos cristianos y á resplandecer entrelos muslimes, y que éstos llevaban la delantera en el camino delprogreso: pero, en el seno tenebroso de la barbarie europea, en medio delas ruinas del Imperio de Occidente, de donde surgieron nuevos Estados,compuestos de una inerme y abyecta grey, oprimida por una castasuperior, ignorante y belicosa, había gérmenes tan fecundos, que deellos brotó esta civilización más alta, que dura aún, que ha llegado ámaravilloso desenvolvimiento, y que es de esperar que ya nunca muera, ápesar de las extrañas enfermedades que suelen atacarla cuando más seufana y se engríe con sus triunfos y su gloria. Las naciones muslímicas,entre tanto, han descendido muy por bajo del nivel que en su origentenían y se han sumido en la barbarie. Como no nos incumbe aquí explicarlas causas de todo esto, nos limitamos á decir que en los manuscritosdel Archiduque hay abundancia de datos que pueden valer para explicarlo,y que, por consiguiente, dichos manuscritos no importan sólo á lahistoria de Egipto, sino á la historia de la civilización del linajehumano.

Acaso se pruebe por ellos que no duró mucho la mejor condición delpueblo bajo el dominio musulmán. La población decrece en los sucesivoscensos, aunque puede atribuirse á que no pocos coptós se hacen sectariosdel Islam; la opresión y los malos tratos van aumentando contra los queno reniegan; y los tributos cunden y se agrandan poco á poco, hasta elpunto de echar de menos los peores días del imperio bizantino.

De todos modos, la cuestión es complicada y no debe decidirse de plano.La rica colección de documentos, que posee el Archiduque, es un arsenalque suministra armas para defender cualquiera tesis. Lo que desde luegopuede afirmarse es que, en aquellos siglos, ninguna horda, tribu ónación hacía ni hubiera hecho conquista tan benigna como las de losárabes. Los dieciocho preciosos documentos, de que el Catálogo dacuenta, contemporáneos de la conquista, y sólo posteriores los más endoce ó catorce años á la muerte de Mahoma, manifiestan la bondad y lamoderación de los conquistadores. En cambio, otros documentos de épocaposterior se pueden aducir, como prueba de la dureza de la dominaciónmuslímica, al menos contra los cristianos.

A veces los sellaban en lamano con un hierro candente, y á los que no llevaban este sello lossolían castigar con azotes, y hasta con la muerte. Bien es verdad quelos coptos se rebelaron en varias ocasiones, y ya la rebelión sofocada,fueron reducidos muchos á la condición de esclavos, pudiendo acasodecirse en defensa de los muslimes que en los pueblos de la Cristiandadhubo hasta muy tarde la cruel costumbre de sellar á los esclavos de lamisma suerte, no en la mano, sino en la cara.

Al lado de esta y otras huellas de ferocidad, hay también documentos, delos que da cuenta el catálogo, en que conviene celebrar ciertaselegancias, primores y hasta ternuras que parecen propias de las máscultas edades. Citaré, por ejemplo, el fragmento de una carta de amor,escrita en el siglo IX, donde el amador ausente se considera tan heridoen el corazón y en el alma, que va á morir de mal de ausencia. Es ademásmuy interesante la postdata de esta carta sentimental, ya que por ellase ve que fue confiada á una paloma mensajera. En el siglo IX estaba,pues, establecido este modo de correo, y es probable que, no sólo elgobierno, sino los particulares, hubieran podido valerse de él. Detrecho en trecho había estaciones ó palomares, á cada uno de los cualesllegaba con cada carta una paloma que á él pertenecía: los empleadosallí confiaban la misma carta á otra paloma, que la llevaba hasta lapróxima estación, y así sucesivamente llegaba la carta á su destino. Deesta manera, sin duda, el califa recibía nuevas de cuanto iba ocurriendoen sus extensos dominios. Tal vez estas nuevas se ponían en conocimientodel público. Como prueba de que los particulares se valían del mismomedio de comunicación, puede aducirse, en los tiempos más antiguos, unpapiro ó pergamino finísimo destinado al efecto, y más tarde, unashojitas de papel, que se llamaba de pájaro, y que venía á tener seiscentímetros de ancho y nueve de largo.

En suma, la colección de manuscritos del Archiduque, en su partearábiga, da á conocer ya mucho la vida, usos y costumbres de losmuslimes en los siglos medios; aclara bastantes puntos oscuros, corrigeno pocos errores históricos, y ofrece aún vasto y apenas exploradocampo, primero al estudio de los arabistas, y después á lasconsideraciones, comentarios y consecuencias que pueden y deben sacarlos historiadores y los filósofos.

Yo me he limitado á dar de todo la más superficial noticia. Paraterminar, recomiendo ahora á mis lectores, si alguno tengo que seacurioso y entendido en estos asuntos, que, ya que no pueda ver laExposición, compre el catálogo y le lea. Con esto sabrá algo, pero no losabrá todo. El catálogo es una fuente ó, si se quiere, un río deconocimiento; pero los objetos no catalogados ni descritos aún son lamar. Me aseguran que pasan de cien mil. Todos los días anuncian losperiódicos de aquí interpretaciones ó explicaciones de nuevosmanuscritos. Anteayer mismo trajeron que se habían descifrado un himnodemótico al Dios Soknopaios, compuesto por su propio sacerdote y escritoen un rollo de papiro de más de un metro de largo, y dos ó trescapítulos de la obra de Xenofonte, titulada Helénica, donde trata delos últimos casos de la guerra del Peloponeso.

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Sólo Dios sabe lo que se descubrirá todavía; y como será cuento de nuncaacabar, no debe ser censurado que en cierto modo acabe yo este articulosin que, en realidad, acabe ni haya motivo para que acabe.

DE LOS AUTORES PORTUGUESES

QUE ESCRIBIERON EN CASTELLANO[1]

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DURANTE no breve tiempo, la atención del público inteligente, y, sobretodo, de las pocas personas que leen en España, se fijó con tal ahinco ycon tan candorosa admiración en el movimiento intelectual de Francia, yquizá de algún otro país de los que en el día se consideran al frente dela civilización de Europa, que descuidamos mucho el conocimiento denuestros autores, y aun llegamos á mirarlos con desdén, más ó menosencubierto.

[1] Catálogo razonado, biográfico y bibliográfico, de losautores portugueses que escribieron tn castellano, por D. DomingoGarcía Pérez, Doctor en Medicina y Cirujía, antiguo Diputado de lanación portuguesa por la ciudad de Setubal.—Madrid, 1890.

De aquí sin duda el escaso cultivo que hemos dado á nuestra historialiteraria, de la cual no tenemos aún tratado de conveniente extensión yescrito por un español en nuestro propio idioma; Amador de los Ríos dejóen el punto más interesante su grande obra, y lo menos malo completo quetenemos hasta hoy, prescindiendo de la frialdad y pobre sentir de lasbellezas, es el libro del anglo-americano Jorge Tiknor.

Recientemente, acaso desde ñnes del primer tercio de este siglo, el amorpropio nacional nos ha estimulado, y la afición á las letras patrias seha despertado en España, al menos en el pequeño circulo de los quegustan de libros y no se emplean enteramente en las interminablesdiscusiones políticas.

Nuestros antiguos libros, ó circulaban en ediciones detestables, quearredraban á los tibios y no consentían que los leyesen, ó se habíanhecho raros, cayendo los ejemplares que aún quedaban en poder debibliófilos, que hacían de ellos misterioso tesoro, estimando á menudocon perversa crítica, cada libro, más por su rareza que por su valorliterario.

En esta situación, empezó á publicarse en 1847 ó 1848 la Biblioteca deautores españoles, de Rivadeneyra, la cual hizo un gran servicio,divulgando el saber de nuestra literatura y procurando que este saberpudiese ser algo más que somero, sin convertirse en ciencia oculta, dela que sólo entienden los iniciados.

Desde entonces, así los que compusieron los prólogos, introducciones ynotas á los varios autores que publicó Rivadeneyra, como otros eruditosque tal vez han venido después, y entre los que descuellan Menéndez yPelayo, Adolfo de Castro, Laverde y Canalejas, han ido juzgando yestimando en lo que se debe nuestra amena literatura, poesía lírica yépica, novelas y teatro, y hasta nuestros historiadores, filósofos ydemás hombres de ciencia.

Aún queda bastante que hacer en este punto de la crítica, y es hartodifícil ponerse en el medio razonable para no desdeñar demasiado niencomiar tampoco sin medida lo que no lo merece. El segundo escollo esel más peligroso de los dos. Quien en él se coloca, en vez de ganarselas voluntades y de fomentar la afición á los antiguos libros españoles,infunde al vulgo, á la gente de mundo semi-ilustrada, miedo y hastarepugnancia, no falta de fundamento, porque si alguien lee un libro queel crítico le ponderó como un primor, lleno de ingenio y de gracia, orode Tíbar de poesía, etc., y se aburre leyéndole y le halla tonto éinaguantable, creerá que con todos los demás libros que le pondere elcrítico le sucederá lo mismo, y no leerá ninguno, y tendrá vehementessospechas de que no es muy divertida la antigua literatura española.

Harto sabemos todos que la moda, las ideas del tiempo en que se vive, elchiste de fecha reciente, es lo que el vulgo literario penetra bien yaquello en que se complace.

De lo pasado suele penetrar poco, y no sedivierte ni se interesa por ello; pero, en otros países, no son loshombres tan rebeldes á toda férula como en España; no tienen tanto elvalor de sus opiniones, y reconocen las autoridades y las acatan y sesometen. Aquí no. Un inglés irá á oir un drama de Shakespeare, ybostezará y se fastidiará de muerte, pero no se atreverá á decir que eldrama es malo; antes bien, le declarará maravilloso y estupendo:mientras que todo español, y más aún toda española, si va al teatro y sefastidia ó se duerme con Tirso ó con Lope, dirá desenfadadamente queLope y Tirso nada valen. La otra noche, por ejemplo, representaron aquí,en uno de nuestros mejores teatros, una comedia de Molière, traducidapor Moratín, y el público, que era de lo más selecto de esta coronadavilla, echó á rodar sin el menor escrúpulo la gloria del gran dramaturgofrancés y de nuestro egregio poeta clásico, y salió casi unánimesentenciando que era estúpida la tal comedia.

El critico y el historiador de nuestra literatura deben tener presentetodo esto para no excitar con sus alabanzas á la lectura de libros queno merezcan ser leídos, pero tampoco deben escatimar el encomio á todolibro ó trabajo que sea digno de él, aunque la generalidad del públicono sepa apreciarle.

La lectura de libros antiguos, aun de puro pasatiempo, requiere ciertoaparato de erudición y bastante fantasía, discreta é ilustrada, paratrasladarse en espíritu á la edad en que cada autor escribió, ycomprenderle y sentir con él como su contemporáneo, juzgándole despuéssin pasión y volviendo, al hacer el oficio de juez, á vivir en la edaden que ahora vivimos.

Sólo así se podrá componer al cabo una historia completa de nuestraliteratura ó de nuestra cultura en general, donde se tase su valor, yaabsoluto, ya con relación á la cultura de Alemania, Italia, Francia éInglaterra, que son los cuatro pueblos que con los de esta Península hanestado alternativa ó simultáneamente á la cabeza de la civilización delmundo, desde que empezó la historia moderna hasta hoy.

En España podemos jactarnos de la cantidad de lo que se ha escrito.Somos ricos en obras. No hay una sola lengua literaria, sino tres: lacastellana, la portuguesa y la catalana. Y en cada una de estas treslenguas, sobre todo en las dos primeras, ha habido un enjambre defecundísimos autores. Pero como muchos catalanes y muchísimosportugueses han escrito en castellano, la literatura castellana, aunquesólo fuese por esto, sería la más rica de las tres.

Aún nos queda mucho por hacer á fin de lograr una cosa con la que yosueño: una literatura selecta española: una bibliotequita, por ejemplo,de cuarenta ó cincuenta volúmenes, chiquitos, elegantes y primorosos,donde se reuniese lo mejor de nuestra inmensa riqueza intelectual;bibliotequita que leyesen las damas sin fatiga y hasta con gusto, y queellas pudiesen tener en sus habitaciones, al lado ó en lugar de losautores franceses que leen ahora cuando algo leen.

Esta selección atinada no se ha hecho bien aún. Hay motivos, que seríaprolijo exponer aquí y que la dificultan. De ello proviene que lasletras en España son menos populares y divulgadas que en otros países; yque pasado el momento de la moda, si llega durante su vida á estar demoda un autor, todo cuanto se ha escrito se hunde en el más profundoolvido para el público, y sólo permanece para los eruditos, casi como sifuera una reconditez. De ello proviene también algo de muy lamentable óde muy risible, según el humor con que se considere: un divorcio casicompleto entre lo literario y lo ameno ó interesante, sobre todo en elteatro, que es por donde el vulgo, que apenas lee, penetra en elsantuario de las letras. A menudo se oye decir á la salida de losteatros—la comedia no tiene sentido común, pero me ha interesado ó meha divertido:—ó bien,—mucho me ha fastidiado el drama, pero confiesoque tiene mérito literario y ¡qué buen verso! —Lo cual da malísimaidea de autores y de público, porque razonablemente no se concibe que loabsurdo divierta ó interese, ni menos aún que tenga buen verso nimérito literario lo fastidioso.

De todo lo dicho se infiere que debemos propender á que salgan en Españalas letras amenas del apartamiento en que viven, con respecto á lageneralidad del público, y lo que es más de sentir, con respecto á loque ahora llaman high life, en cuyos centros rara vez se ve un libroen castellano.

Alguna culpa tienen de esto los bibliófilos. No pocos de los libros quepublican en ediciones elegantes, que jamás ó rara vez tuvieron enEspaña los autores que todo el mundo debiera leer sin aburrirse, sonlibros que valen por su rareza, y no valen nada en cuanto dejan de serraros; libros que suele no ver sino por el forro el curioso ó vanidosoque los compra, pudiendo afirmarse que de los trescientos ócuatrocientos ejemplares de que consta la tirada, las dos terceraspartes quedan con las hojas unidas sin que llegue á separarlas laplegadera.

Mi espíritu muy inclinado á las contradicciones, si bien más aparentesque reales, me ha llevado á decir cuanto va dicho, sobrado extensamentesi se mira al objeto que hoy me mueve á escribir, y me lleva en seguidaá añadir algo que parece diametralmente opuesto. Y lo parece aunque nolo es, porque, á fin de llegar á la clasificación y selección deseada, áque tengamos bien determinadas nuestras obras maestras, y á que salgan,digámoslo así, de entre el ingente cúmulo de cuanto se ha escrito, paraque el vulgo las admire, importa que ese ingente cúmulo se forme todo yvenga á ser conocido, al menos por los que especialmente se dedican alestudio.

En este sentido, sin salvedad ninguna y con toda el alma, es menesterdeclarar que son altamente beneméritos de la patria y de la culturacastiza, Gallardo, Estébanez Calderón, Gayangos, Durán, Barrera yLeirado, Sancho Rayón, Zarco del Valle, Valmar, Cañete, los dosFernández-Guerra y algunos otros.

El autor del libro de que voy aquí á dar cuenta, ha venido á colocarseá no poca altura, en compañía de tan ilustres críticos y eruditos.

Aunque D. Domingo García Pérez es portugués de nación, pasó su primeramocedad en Granada, y estudió en el colegio del Sacro-Monte, donde fuécompañero de los Fernández-Guerra, y donde, sin duda, tuvo por maestrosá D. Juan de Cueto y á D.

Baltasar Lirola, quienes hubieron deinspirarle su buen gusto en literatura y su amor á la de Castilla y alidioma de Castilla. Dan prueba de ello el estilo fácil y castellanocastizo con que su libro está escrito; la gran copia de noticiascuriosas é interesantes que el libro contiene sobre la vida y las obras,de quinientos ó seiscientos autores, y la multitud de composiciones, muyraras ó inéditas, que en sus páginas encierra.

Sin duda el Sr. García Pérez debe bastante, como él mismo confiesa, átrabajos anteriores de los críticos eruditos castellanos que mencionamosya, y también á los trabajos de algunos egregios portugueses, comoBarbosa, Inocencio de Silva y Costa Silva; pero es de admirar lo muchoenteramente nuevo con que ha sabido enriquecer su obra.

Ésta sigue el orden alfabético por los apellidos de los autores, que nosatreveremos aquí á distinguir y á clasificar.

Unos son celebérrimos en Portugal; son los principes de las letras deaquel pueblo.

Lo que han escrito en portugués casi siempre vale óimporta más que lo que han escrito en castellano. En este número puedenponerse Camoens, Gil Vicente, Bernardín Riveiro, Mousinho de Quevedo, elP. Vieira y dos condes y una condesa de Ericeira. Otros son tan ilustresy tan dignos de serlo en Portugal como en Castilla; así, por ejemplo, Sade Miranda. Otros, aunque portugueses, alcanzan más gloria y nombradíapor sus escritos en castellano, y se cuentan entre nuestros clásicos,como Jorge de Montemayor, Gregorio Silvestre y D. Francisco de Melo. Yotros que, si menos gloriosos, son en España muy conocidos por sulaboriosidad fecunda, como Faría y Souza.

Es muy grande el número de dramaturgos portugueses que, sobre todo, bajoel dominio de los tres Felipes, escribieron en castellano sus comedias.El más ilustre fué Matos Fragoso. Síguenle dos Pachecos, Cayetano SouzaBrandao y otros varios, entre ellos algunas poetisas. De todos traeGarcía Pérez noticias biográficas y bibliográficas en abundancia.

Más interesante, y casi siempre más nuevo, suele ser lo que nos enseñael Sr. García Pérez sobre otros portugueses que también escribieron encastellano, y son célebres por su ciencia, por sus hazañas, por susperegrinaciones ó por el brillante papel que representaron en lahistoria de la Península, y aun de todo el mundo, interviniendo ennuestros descubrimientos, colonizaciones, misiones y conquistas. Así elinfante D.

Pedro; García de Santisteban, compañero del Infante ynarrador de sus viajes por las siete partidas del mundo; el granFernán Méndez Pinto, cuya veracidad se va limpiando de sospecha conformese conocen mejor el Asia Central y el extremo Oriente; Pedro Texeira,que nos describió la Persia; el eminente geómetra y cosmógrafo PedroNúñez; el astrónomo Silva Freire y bastantes misioneros y médicos,escritores y á menudo peregrinos, que nos han informado de la fauna, dela flora y de las lenguas, usos, religión y costumbres de tierras ynaciones remotas.

No pequeña parte del libro del Sr. García Pérez la ocupa otro linaje deescritores, que por su casta y creencias se pueden agrupar, y cuyosescritos y vidas eran hasta ahora muy poco ó nada conocidos, á no serpor sujetos de mucha erudición ó muy consagrados á un estudio especial.Hablo de la multitad de judíos portugueses, que huyendo de laInquisición fueron casi todos á refugiarse á Amsterdam y en otrasciudades de Holanda y Francia, donde escribieron en castellano poesías,novela, filosofía, religión, política y otras ciencias. En esta cuenta,si bien alguno pueda tenerse por español, como Miguel de Barrios, quenació en Montilla, aunque de origen portugués, pone nuestro autor áManasés ben Israel, á los Abarbanel y Abohab, á Baruch Nehemias, á DavidNeto, á Isaac Orovio de Castro, á Samuel Silva, á Moisés Pinto Delgado,á Abraham Pizarro, á Abraham Ferreira, á Antonio Henríquez Gómez, y á nopocos más, mostrando notable diligencia en los informes que da de lasvarias andanzas y de los escritos de cada uno de ellos.

Algunos artículos del Catálogo del Sr. García Pérez tienenextraordinaria extensión y retratan hábilmente la condición moral y lavida del personaje á que se refieren.

Entre estos artículos merecemencionarse aquí el del famoso conde de Villamediana, poetizado por sutrágica muerte y por los bellos romances históricos del duque de Rivas.La circunstancia de haber nacido el Conde en Lisboa, por haber ido allísus padres cuando Felipe II se coronó rey de Portugal, hace que el Sr.García Pérez le incluya en su catálogo. De su vida y de sus escritosinéditos publicó, pocos años ha, un libro interesante el Sr. Cotarelo yMori. El asesinato del Conde hace ganar á éste alguna simpatía; perojusto es declarar que, si la venganza fué criminal é infame, casi puedecalificarse de merecida. Villamediana abusó de su ingenio, que le tuvosin duda, aunque estragado por el mal gusto, la pedantería y la carenciade sentido moral, y abusó de su riqueza, de su posición, de sus bríos yde otras buenas prendas personales, para ser procaz y satírico,pendenciero, vicioso y con las mujeres violento y desenfrenado. Su lancecon la marquesa del Valle, que fue su amiga, y á quien, por celos,arrancó las joyas que le había dado, desgarrándole el vestido,abofeteándola y magullándola hasta el punto de que aquella dama estuvo ála muerte, es acción tan brutal que no tiene perdón, fuesen las quefuesen las traiciones é infidelidades de la víctima. Y no contentoVillamediana con el material ultraje, volvió á ofender á la damahiriéndola en el alma y pisoteando su honra en un romance que hizocircular, y donde la acusa de que el caudal de él no bastó á saciar lacodicia de ella, y donde, aludiendo al glorioso Hernán Cortés, de quienprocedía el título de la Marquesa, dice á ésta jugando del vocablo:

De la herencia de Cortés,

Que en herencia te cabia,

Heredas ser cortesana,

Repudias la cortesia.

De otro singular personaje nos informa también muy detenidamente el Sr.García Pérez, prometiéndonos casi la publicación de un curiosomanuscrito que de él posee.

Es una relación circunstanciada de lo quevió, observó é hizo el autor, durante algunos meses del año de 1605, queestuvo pretendiendo en Valladolid, donde residía entonces la corte. Porlo que se puede presumir de las muestras que he visto de esta obra, hayen ella mucho chiste y gracejo, si bien combinado con el deplorable malgusto, el enmarañado y pedantesco culteranismo, la impertinenteerudición y el abuso de los retruécanos. Aunque el autor, que se llamabaTomé Pinheiro da Veiga, natural de Coimbra, logró el empleo quepretendía, no parece que salió muy prendado de Valladolid, ni bastanteagradecido, para no decir mil horrores de todo. Su relación, noobstante, debe ser animado retrato de la alta sociedad española deentonces. A ser el

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retrato fiel, dicha alta sociedad quedaría muymalparada. Triste es tener que confesar que la corrupción había de sergrande; pero algo ha de atribuirse también á la mordaz maledicencia deque se hacía gala, y á cierto odio contra Castilla, que siempre hasolido brotar con lastimosa lozanía en las almas de algunos habitantesde las diversas regiones de esta Península. Los españoles, ó para que lavoz sea más comprensiva, sin anfibología, los iberos, solemos ser muybiliosos y con frecuencia murmuramos de los propios más que de losextraños. El Sr. García Pérez inserta en su libro unas quintillastremendas de Pinheiro da Veiga, por donde ya se puede comprender el tonoy carácter maleantes y desvergonzados de la prosa. Si damos crédito álas quintillas, no había en Valladolid, en 1605, señora que no fuese unaperdida, ni galán que no fuese un tunante.