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Viejos Verdes en el Paraíso

Metodología
Chris Ryan y C. Michael Martin (2000), autores del libro of Sex Tourism: Marginal People and
Liminalities,1 (Turismo Sexual: Marginalidades e Ilegalidades), en una charla sobre epistemología
e investigación, impartida en la Universidad de Masseey, en Nueva Zelandia, nos dicen que sus
investigaciones se parecen a una cebolla. Las mujeres de la industria sexual en Tailandia, por ejemplo,
viven sus vidas en capas o láminas de realidades distintas, cada una con su propia verdad y su propia
lógica.
El trabajo sexual está basado en simular y en complacer; la realidad y la fantasía se mezclan. Por esta
razón, cada vez que un investigador sexual entra en un prostíbulo, un night club o un sauna, recibirá
una representacin, un teatro sobre lo que quiere oír. “Ustedes usan el condn siempre?”- pregunta un
etngrafo a una prostituta. “Pero por supuesto!”- responde la mujer, con indignacin. “Todas aquí
usamos el condn y somos muy limpias!”- agrega ella. Minutos después, la misma mujer conoce a un
cliente americano. “Quiere sexo con o sin condn?”- . Ella cobra $75 por el acto sexual con
proteccin y $100 por el que se hace “bareback” (desnudo), o sea, sin condn.
Cuando las organizaciones que hacen prevención, o los representantes del Ministerio de Salud, hacen
una encuesta sobre las prácticas sexuales, obtendrán lo que quieren oír: las trabajadoras del sexo saben
del sida y se protegen de él. Si evaluaran sus intervenciones para reducir el sexo inseguro, les hacen
creer que han tenido éxito. “Sí, cariito”-le dice Beatriz, una trabajadora del sexo, a Lupita, la
encuestadora de PASMO, una organización norteamericana que promueve la prevención del sida en
Centroamérica. “Desde que me dieron su taller del sida, solo practico el sexo seguro”- agrega. También
le informará que ha dejado el alcohol y la coca. Finalmente, les hará el cuento “de la leche de los
chiquitos” que ya casi nadie (con la excepcin de los trabajadores sociales) se cree: está en la industria
sexual porque “tengo tres chiquitos que alimentar y no encontré otro trabajo”.
Si evaluamos las prácticas sexuales de las trabajadoras del sexo centroamericanas, incluyendo a las de
Costa Rica, encontramos que en 1997 y en el año 2000, aún a pesar de que ellas sabían lo que los
encuestadores buscaban evaluar, las prácticas sexuales inseguras eran altísimas (más del 40%, Ver
Apéndice) y también el consumo de alcohol. En vista del fenmeno de la “cebolla”, es de esperar que
la realidad sea aún peor. Esta lámina de la realidad es preocupante por sí sola: índices del 40% de sexo
inseguro amenazan a las comunidades de mujeres que trabajan en la industria sexual, sus familias y sus
hijos, además de los clientes y de sus propias familias. En nuestro caso de interés, de continuar la
tendencia, la epidemia hará estragos en ambos países y en los Estados Unidos, ya no en los
homosexuales, drogadictos o minorías marginales, sino en la pujante clase media. Ya no en los
adolescentes y los jóvenes, sino que en los respetables abuelitos, esos hombres cariñosos y jubilados
que pocos sospechábamos fueran tan “viejos verdes”.
Marginalidad y recolección de información
1 Chris Ryan and Michael Hall, Sex Tourism and Liminalities, Routledge, New York- London, 2001, p.xiv.
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