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Gatsby
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-X-
Solía la voz de la anémica romper el encanto.—Eh, chica.... ¿en quéestarás tú pensando? ¡Qué
románticas son estas niñas criadas enprovincia!
Los ojos agudos y perspicaces de Pilar se clavaban, al decir esto, en lafisonomía de Lucía,
descubriendo en ella una sombra leve, una especie develadura parda desde la frente y las sienes a
las ojeras, y ciertohundimiento en las comisuras de la boca. Su curiosidad enfermiza
sedespertaba, infundiéndole deseos de disecar, por solaz y pasatiempo,aquel corazón. Habíale
dicho la infalible penetración mujeril muchascosas, e incapaz de contentarse con la adivinación
discreta, quería laconfidencia. Era una emoción más que se brindaba a sí propia en el cursode la
estación termal.
—¡Qué sé yo en qué pensaba! En nada—contestaba Lucía apelando alexpediente más vulgar y
siempre más socorrido.
—Pues parece a veces que estás tristona, monísima... y no sé de qué;porque estás
precisamente en lo más bonito de la luna de miel...¡Cáspita! ¡Quién como tú! Miranda es muy
agradable; tiene tan buentrato, se presenta tan bien....
—Eso sí, muy bien—repitió como un eco Lucía.
—Y está chocho por ti.... ¡Vaya! ¡si eso se ve! Él anda por allí muchocon mi hermano.... Pero
chica, ¿qué quieres? Así son todos loshombres... El caso es que mientras están con una gasten
buen humor y lehablen con cierto mimo.... Y que no sean celosos.... No, Miranda eso síque lo
tiene de bueno: celoso, no es.
Pusose Lucía color de brasa, y bajándose, cogió un puñado de hojassecas, maniobra que le
sirvió para disimular su confusión. Después seentretuvo en reducirlas a polvo entre el índice y el
pulgar, soplandopara aventarlo más presto.
—Y cuidado—prosiguió Pilar—que otro en su caso.... No, mira, si yofuese hombre, no sé lo
que hubiera hecho... eso de que un caballeroacompañase a mi novia tantos días... así, mano a
mano... y precisamentecuando....
A este golpe directo y brutal, alzó Lucía la frente, y posó en su amigala mirada cándida, pero
digna y aun severa, que a veces solía chispearen sus ojos. Pilar, diestra en táctica, retrocedió para
saltar mejor.
—Es verdad que conociéndote a ti... y a él, cualquiera sería tanconfiado como Miranda.... Tú,
ya se sabe, una santita, un angelín deretablo... y él... él es un caballero chapado a la antigua, a
pesar desus manías... más fama tiene que el Cid. ¡Ya viene de atrás! Yo leconozco mucho, hace
tiempo—aseveró Pilar, que como todas las jóvenes dela clase media introducidas en la buena
sociedad, tenía prurito deconocer al mundo entero.
—¿Tú... le conoces hace tiempo?—murmuró Lucía, subyugada y ofreciendoa la anémica el
brazo para que se apoyase.
 

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