—¿Y no tenía tu madre muchas gallinas?
—Un día reñimos por un pollo y nos dimos de bofetadas tú y yo. Otro díanos hicimos sangre a
fuerza de darnos porrazos y quedamos como dosEcce-homos.... Después....
Navarro dio un gran suspiro diciendo luego:
—Parecía que estábamos destinados a una rivalidad espantosa por toda lavida.... Un día,
cuando ya éramos grandecitos, volvíamos de componer unaro de hierro en casa del tío Roque, y
encontramos a Genara que salía dela escuela....
Aquí concluyeron los recuerdos. Como una luz que se apaga al soplo delviento, Navarro cerró
la boca, apretó los labios fuertemente cual siquisiera hacer de los dos un labio solo, frunció las
cejas haciendo deellas como un nudo encargado de contener y apretar toda la piel de lafrente, y
descargó al fin la mano con tanta fuerza sobre el brazo delsillón, que a punto estuvo este buen
inválido de saltar en astillas.
—Parece imposible—dijo después—que basten algunos años para que losángeles se
conviertan en demonios, y los hombres en fieras.... Tú,oye...—añadió con altanería—, no hagas
caso de mis habladurías... dígolopor si se me ha escapado alguna frase que indique disposición
aperdonar, blandurillas de corazón u otra cosa semejante, indigna de micarácter entero y de mi
honor. Ella será siempre para mí el tormento yla mala tentación de mi vida, y tú... un hombre a
quien no veo ni podréver nunca sin violentísima antipatía. Haz aprecio de mi rara franqueza,ya
que no puedas apreciar en mí otra cosa.... ¿Quieres que te lo digamás claro? Pues lo mismo me
quemas la sangre ahora que antes. Desconfíode tus palabras, desconfío de tus acciones,
desconfío de nuestroparentesco, que bien puede ser tramoya inventada por ti, desconfío detus
arrepentimientos, y como ha de serte más difícil ganar mi voluntadque ganar el cielo, será bien
que me dejes en paz y que no vengas acácon hermanazgos ni embajadas sentimentales, porque
otra vez no tendré lasantísima paciencia que ahora he tenido: ya me conoces, ya sabes migenial.
Esta enfermedad del demonio me ha echado cadenas y grillos; peroyo sanaré, con mil rábanos,
sanará, y te juro que no habrá quien mesufra. ¿Has oído bien? no habrá quien me aguante.... Las
bromas que yogasto pasan por barbaridades en el mundo.... No me busques, pues, y yote
prometo que no te buscaré. Es todo lo que puedo hacer.
Diciendo esto le señaló la puerta. Era ya casi de noche, y en lasacristanesca pieza oscura cada
uno de los personajes veía a suinterlocutor como si fuera su propia sombra. Levantose Salvador
de suasiento y despidiose del guerrillero con esta lacónica frase:
—Adiós. No te buscaré. Si llegas alguna vez a mi puerta, según comollames a ella te
responderé.
