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Gatsby
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máquina infernal, se fué con admirable tranquilidad á reunirse con aquellos á quienes soñaba con
hacer sus víctimas.
CAPÍTULO VII
EL RAPTO.
El aspecto del salón de baile era encantador. En un tablado, al fondo, estaban colocados los
músicos. Todo alrededor, sillones para la gente seria y sillas para los bailarines. El jardín,
iluminado con faroles á la veneciana, aparecía invadido por los invitados. La señorita Guichard
se vió en seguida rodeada por sus parientes y por sus amigos. Á una señal de Bobart se
desencadenó la tempestad instrumental y exaltó á la concurrencia. Si Clementina hubiera tenido
libre el espíritu, ¡qué satisfacción hubiera experimentado en este instante en que dominaba á toda
aquella reunión por en medio de la cual se paseaba majestuosamente siendo el blanco de todas
las miradas y el objeto de todas las sonrisas! Pero su alegría estaba envenenada por
preocupaciones malvadas, y sin dejar de recibir saludos, Clementina pensaba:
—¿Conseguiré destruir esta dicha que todos proclaman, elogian y envidian?
Vió á Mauricio que hablaba alegremente con Herminia, mientras Roussel, en un círculo de
señoras, prodigaba sus gracias y sus amabilidades. Una nube oscureció la frente de la solterona.
Con una señal llamó al joven y cogiéndole del brazo le dijo con tono indiferente.
—Acabo de hacer llevar á vuestras habitaciones los últimos regalos recibidos por Herminia,
porque ahora no debo guardar nada suyo....
—Excepto ella misma, interrumpió galantemente Mauricio.
—¡Oh! Pertenece á usted por completo, replicó la señorita Guichard observando al joven.
—Nos la repartiremos, respondió éste.
Clementina pensó: "¡Hipócrita! intenta engañarme, pero no sabe que estoy apercibida: sus
astucias no tendrán efecto." Y en voz alta añadió:
—En el saloncillo, sobre la chimenea, encontrará usted un cofrecillo que contiene los recuerdos
de soltera de Herminia. Ábrale usted mismo; he aquí la llave.
Mauricio la cogió, la guardó en el bolsillo del chaleco y respondió:
—Voy enseguida. Pero hubiera usted podido, mi querida tía, esperar á mañana para entregarnos
esas cosas. En parte alguna ese tesoro hubiera estado más seguro que en el sitio donde usted le
ha puesto ...
—¡No! ¡no! ¡es preciso hacer las cosas con regularidad!
 

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