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Un Viaje de Novios

impúdicamente descotadas, todas risueñas ycompuestas, con fresquísima tez y labios de carmín.
Si Lucía y Pilarestuviesen fuertes en Historia, ¡a cuánta meditación convidaba la vistade tanto
ebúrneo cuello, ornado de collares de diamantes o de estrechascintas de terciopelo, y
probablemente segado más tarde por la cuchilla;ni más ni menos, que el pescuezo del rey que
presidía melancólicamenteaquella corte! La cerámica era el primor de la colección. Había
cantidadde muñequitos de Sajonia, de colores suaves, puros y delicados, como lasnubes que el
alba pinta; rosados cupidillos, atravesando entre haces deflores azul celeste; pastoras blancas
como la leche y rubias como unascandelas, apacentando corderillos atados con lazos carmesíes;
zagales yzagalas que amorosamente se requestaban entre sotillos verdegay,sembrados de rosas;
violinistas que empuñaban el arco remilgadamente,adelantando la pierna derecha para danzar un
paso de minueto;ramilleteras que sonreían como papanatas, señalando hacia el canasto deflores
que llevaban en el brazo izquierdo. Próximos a estos caprichosgalantes y afeminados, los raros
productos del arte asiático proyectabansus siluetas extrañas y deformes, semejantes a ídolos de
un bárbaroculto; por los panzudos tibores, cubiertos de una vegetación de hojasamarillas y flores
moradas o color de fuego, cruzaban bandadas depajarracos estrafalarios, o serpenteaban
monstruosos reptiles; del fondoobscuro de los vasos tabicados surgían escenas fantásticas, ríos
verdescorriendo sobre un lecho de ocre, kioscos de laca purpúrea concampanillas de oro,
mandarines de hopalanda recta y charra, bigoteslacios y péndulos, ojos oblicuos y cabeza de
calabacín. Las mayólicas ylos platos de Palissy parecían trozos de un bajo fondo
submarino,jirones de algún hondo arrecife, o del lecho viscoso de un río; allíentre las algas y
fucus resbalaba la anguila reluciente y glutinosa, seabría la valva acanalada de la almeja,
coleteaba el besugo plateado,enderezaba su cono de ágata el caracol, levantaba la rana sus
ojosfríos, y corría de lado el tenazudo cangrejo, parecido a negro arañón.Había una fuente en que
Galatea se recostaba sobre las olas, y suscorceles azules como el mar sacaban los pies
palmeados, mientras algunostritones soplaban, hinchados los carrillos, en la retuerta bocina.
Aménde las porcelanas, había piezas de argentería antigua y pesada, de esasque se legan de
padres a hijos en los honrados hogares de provincia:monumentales salvillas, anchas bandejas,
soperones rematados en macizasalcachofas; había cofres de madera embutidos de nácar y
marfil,arquillas de hierro labradas como una filigrana, tanques de loza con arode metal, de
formas patriarcales, que recordaban los bebedores decerveza que inmortalizó el arte flamenco.
Pilar se embobabaespecialmente con las copas de ágata que servían de joyeros, con lasalhajas de
distintas épocas, entre las cuales había desde el amuleto dela dama romana hasta el collar, de
pedrería contrahecha y finosesmaltes, de la época de María Antonieta; pero Lucía se enamoró
sobretodo de los objetos de iglesia, que despertaban el sentimientoreligioso, tan hecho para
conmover su alma sincera y vehemente. DosApóstoles, alzado el dedo al cielo en grave actitud
se destacaban,fileteados de latón los contornos, sobre dos cristales de colores,arrancados sin
duda de la ojiva de algún desmantelado monasterio. En untríptico de rancio y acaramelado
marfil, aparecía Eva, magra y desnuda,ofreciendo a Adán la manzana funesta, y la Virgen, en los
misterios desu Anunciación y Ascensión; todo trabajado incorrectamente, con esecandor divino
del primitivo arte hierático, de los siglos de fe. Adespecho de la rudeza del diseño, gustaba a
Lucía la figura de laVirgen, la modestia de sus ojos bajos, la mística idealidad de suactitud. Si
poseyese una cantidad crecida de dinero, a buen seguro quela daría por un Cristo que andaba
confundido entre otras curiosidades,en el baratillo. Era de marfil también, y todo de una pieza,
menos losbrazos; y clavado en rica cruz de concha, agonizaba con dolorosa verdad,encogidos
músculos y nervios en una contracción suprema. Tres clavos dediamante trucidaban sus manos y
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