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Un Viaje de Novios

—Sí, mujer. Va cada año a Madrid, a veces por todo el invierno, perogeneralmente un mes o
dos de primavera. De sociedad gusta poco; leconvidaron a algunas casas, porque parece que su
padre, el cabecilla,era una persona distinguida de las Provincias, y está emparentado conlos
Puenteancha, y con los Mijares, que son Urbietas de apellido... perose vendía tan caro, que en
todas partes se andaban pereciendo portenerle.... Una vez, porque bailó un rigodón en casa de
Puenteancha conIsabelita Novelda, hubo broma toda la noche... le dijeron que ya podíadomar
osos y tomar a Plewna sin artillería.... Isabelita estaba máshueca que... y luego resultó que era
que la Puenteancha se lo habíapedido por favor, y él le había contestado: bueno, bailaré con
laprimera que encuentre... encontró a Isabelita, y zas, la invitó....Cuando se supo, ¡figúrate la
tontuela de Isabelita qué cara pondría!Ella que estaba persuadida de haber hecho una conquista...
se le alargóla nariz más de lo que la tiene, que no es poco.... ¡ja, ja!...
La risa de la anémica se volvió tos, una tosecilla que le rascaba lagarganta y la sofocaba,
obligándola a sentarse en un banco rústico delos muchos que en el parque había. Lucía le dio
blandos golpecitos enlas espaldillas, y permaneció silenciosa, no queriendo pronunciarpalabra
que torciese el giro de la conversación. Sus ojos interrogaban.
—Ej... ej... te aseguro que fue un chasco famoso...—continuó Pilarcalmándose—. A la
Noveldita le vendrían de perlas los cientos de milesde francos que el padre reunió para el hijo...
pero ¡dicen que no legustan las mujeres!
—No le gustan...—repitió Lucía, como si aquel pronombre no pudieraaplicarse sino a una
persona sobreentendida, pero no nombrada.
—Añaden que, eso sí, es un hijo como pocos... a su madre la trae enpalmas. Ella cuentan que
es una señora muy fina, de la aristocraciafrancesa... muy delicaducha de salud, y aun creo que
allá en susjuventudes....
La anémica se apoyó el índice en la frente, con expresivo ademán.
—Parece que el padre quiso que el chico fuese español, y trajo a sumujer a dar a luz a
Ondarroa, de donde es él... le hicieron hablarcastellano siempre y vascongado con su ama de
cría... me lo ha contadoPaco Mijares, que como es pariente suyo, sabe todo eso....
Lucía se bebía con avidez aquellas palabras y aquellos detalles nadaimportantes en sí.
—Tiene extravagancias y caprichos muy particulares.... Hubo un tiempoen que se le antojó
trabajar, y entró en una casa de comercio....Después estudió medicina y cirugía, y tengo
entendido que deja tamañitosa Rubio y a Camisón.... En Madrid se iba a los hospitales, por
gusto, aestudiar.... En la guerra hizo lo mismo. ¿Sabes tú dónde me loencontraba yo a veces en
Madrid? Pues en el Retiro, mirando al estanquegrande fijamente.... ¿Qué tienes, chica?
Lucía, con los ojos cerrados, mortecina la color, se recostaba en eltronco del plátano que
sombreaba el banco. Cuando abrió los párpados, lasombra de sus sienes era más marcada, y su
mirar vago, como de personaque vuelve en sí de un síncope.
—No sé.... Es que a veces parece que me quedo así, sin sentido.... Escomo si me arrancasen el
estómago—balbució.
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