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Un Viaje de Novios

canastillas, que se destacabansobre el fondo de césped, las pálidas eglantinas, a la menor
brisaotoñal, soltaban sus frágiles pétalos, las verbenas se arrastrabanlánguidas, como cansadas de
vivir, descomponiendo con sus caprichosostallos la forma oval del macizo; los ageratos se
erguían, todos llovidosde estrellas azules y los peregrinos colios lucían sus exóticos matices,sus
coloraciones metálicas y sus hojas atigradas, semejantes a escamasde reptil, ya blancas con
manchas negras, ya verdes con vetas carne, yaamaranto obscuro cebradas de rosa cobrizo.
Profundo estremecimiento,precursor del invierno, atravesaba por la Naturaleza toda, y
dijéraseque antes de morir, quería vestirse sus más ricas galas: así la viñavirgen tenía tan
espléndido traje de púrpura, y el álamo blanco elevabacon tal coquetería el penacho de cándidos
airones de su copa; así lacoralina se adornaba con innumerables sartas y zarcillos de
sangrientocoral, y las cinias recorrían toda la escala de los colores vivos consus festoneadas
enaguas. El maíz listado sacudía su brial de seda verdey blanca a rayas, con melodioso susurro, y
allá en las lindes de lapradera bañada por el sol, unos arbolillos tiernos inclinaban su jovencopa.
De tal suerte mullían las hojas secas el piso de las calles, quese enterraba Lucía hasta el tobillo,
con placer. El roce de su trajeproducía en ellas un ruido continuo, rápido, parecido a la
respiraciónjadeante de alguien que la siguiera; y presa de pueril temor, volvía aveces el rostro
atrás, riéndose al convencerse de su ilusión. Hojashabía muy diferentes entre sí: unas, obscuras,
en descomposición,vueltas ya casi mantillo: otras secas, quebradizas, encogidas; otrasamarillas,
o aun algo verdosas, húmedas todavía, con los jugos deltronco que las sustentara. Hacíase la
alfombra más tupida al acercarse alos parajes sombríos del borde del estanque, cuya superficie
rielabacomo cristal ondulado, estremeciéndose al leve paso del aura vespertina,y rizándose en
mil ondas chiquitas en choque continuo las unas con lasotras.
Grandes sauces se inclinaban, llorosos y desconsolados, hacia el agua,que reproducía el
blando columpiar de las ramas trémulas, entre lascuales se veía el disco del sol, y sus rayos,
concentrados por aquellaespecie de cámara obscura, herían la pupila como saetas. En un
remansodel estanque, enorme macizo de malangas ostentaba su vegetaciónexuberante y tropical,
y sus gigantescas hojas, abiertas como abanicosde tafetán verde, se mantenían inmóviles. Cisnes,
patos y ánadesbogaban, aquéllos con su acostumbrada fantástica suavidad, balanceandoel largo
cuello, éstos graznando desapaciblemente, todos con rumbo a laorilla apenas Lucía y Pilar se
acercaban,—en demanda de mendrugos depan, que engullían atragantándose y alzando al aire la
cola—. La isletay el pino que en ella crecía lanzaban a la superficie del estanquemisteriosa
sombra. Un haz de cañas se elevaba esbelto, y a su lado, lasagudas poas sacudían su escobillón
de terciopelo castaño.
Regalada frescura subía del agua. Era la nota característica delpaisaje, dulce melancolía,
blando adormecimiento, el reposo de la madreNaturaleza cuando, fatigada de la continua
gestación del estío, seprepara al sopor invernal. Lucía había dejado de ser niña; los
objetosexteriores le hablaban ya elocuentemente, y comenzaba a escucharlos; elparque la sumía
en vaga contemplación. Su alma parecía desasirse delcuerpo, como se desase del tronco la hoja,
y vagar como ella sin objetoni dirección, entregada a la delicia del anonadamiento, al dulzor de
nosentirse existir. ¡Y cuán grata debía de ser la muerte, si parecida a lade las hojas; la muerte por
desprendimiento, sin violencia,representando el paso a más bellas comarcas, el cumplimiento de
algúnanhelo inexplicable, oculto, allá, en el fondo de su ser! Cuando talesideas en tropel se le
venían a la mente, un pajarillo descendía de unárbol, y oíase el batir de sus alas en el aire.
Andaba algún tiempo abrincos por las calles de arena rebotando en las hojas secas; alacercársele
Lucía daba de pronto un voleteo yendo a posarse en la cimamás alta de las acacias rumorosas.
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