Not a member?     Existing members login below:

Un Viaje de Novios

El cuerpo de Lucía, tendido sobre la improvisada cama, era complementode la paz, de la
quietud de aquella movible alcoba. Miranda consideró asu desposada un rato, sin que se le
ocurriesen las cosas sentimentales ypoéticas que la situación parecía sugerir.
—Es guapa de veras esta chica—pensaba el hombre maduro y experto—.Sobre todo, tiene su
tez la pelusa de los albérchigos cuando no les hantocado y cuelgan aún en la rama. Ese diablo de
Colmenar parece queadivina todas las cosas... otro me hubiera dado los millones con
algunavirgen y mártir de cuarenta años.... Pero esto es miel sobre hojuelas,como suele decirse.
Al glosar así su dicha, quitábase Miranda el sombrero y buscaba en losbolsillos del sobretodo
la gorrilla de viaje roja y negra a cuarterones.Hay movimientos que por instinto nos recuerdan
otros, cuando losejecutamos. El antebrazo de Miranda, al descender, notó un vacío, lafalta de
algo que antes le estorbaba. Y el dueño del antebrazo, aladvertirlo, dio brusco salto, y empezó a
mirarse de abajo arriba, y lasmanos trémulas recorrieron y palparon el pecho y la cintura sin
hallarnada; y la boca, impaciente y colérica, soltó en voz ahogada tacos,ternos y votos redondos;
y el puño cerrado hirió la desmemoriada frente,como evocando el recuerdo con aquel cachete
expresivo: llamado así elrecuerdo, acudió por último; al cenar, habíase quitado la cartera, quele
molestaba para comer, y puéstola a su lado sobre una silla vacante.Allí debía de estar. Era
forzoso recogerla. Pero, ¡y el tren que iba asalir! Ya roncaban las chimeneas, bufando como
erizados gatos, y dos otres silbos agudos preludiaban la marcha. Miranda tuvo un segundo
deindecisión.
—Lucía—dijo en voz alta.
Y contestole sólo el respirar igual y fuerte de la niña, indicando unsueño tenaz y hondo.
Entonces se decidió prontamente, y con agilidad digna de un muchacho deveinte años, saltó a
la vía y rompió a correr hacia la fonda. No es paraperdida cartera como aquella, repleta de dinero
en sus formas másvariadas y seductoras: oro, plata, billetes de Banco, letras. Seprecipitaba.
Extinguido ya la mayor parte del alumbrado en el fondín, sólo ardía unabomba en cada
cuádruple mechero; los mozos charlaban sentados en losrincones, o conducían perezosamente a
la cocina obeliscos de platosgrasientos y sucios, y montones de arrugadas servilletas. En la
mesagrande, casi vacía, se alzaban solitarios los altos floreros, y a la luzescasa era lúgubre la
mancha blanca del enorme mantel, semejante a unsudario. Sobre el mostrador, un quinqué de
petróleo despedía en torno uncírculo de claridad anaranjada, concreta, y el amo
delestablecimiento—sirviéndole de pupitre la tableta de mármol—, escribíaguarismos en una
gran agenda. Miranda, azorado, se llegó a él,acercándose mucho, tocándole casi:
—Caballero...—preguntó con voz anhelante—¿ha visto usted por ahí...han recogido los
mozos?...
El amo alzó el rostro, rostro franco, patilludo y vulgar.
—¿Una cartera? Sí, señor.
Respiró anchamente el amigo de Colmenar.
—¿Es de usted?—interrogó receloso el fondista.
—¡Mía, sí! Démela usted sin pérdida de tiempo: va a salir el tren....
Remove