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Un Viaje de Novios

y número de edicionesincalculable. Es de buen gusto horrorizarse de tales engendros, ycertísimo
que el que más se horroriza no será por ventura el que menoslos lea. Para el experto en
cuestiones de letras, todo ello indica algooriginal y característico, fase nueva de un género
literario, un signode vitalidad, y por tal concepto, más reclama detenido examen quesempiterno
desprecio o ciego encomio.
De la pugna surgió ya algún principio fecundo, y tengo por importanteentre todos el concepto
de que la novela ha dejado de ser meroentretenimiento, modo de engañar gratamente unas
cuantas horas,ascendiendo a estudio social, psicológico, histórico, pero al caboestudio. Dedúcese
de aquí una consecuencia que a muchos sorprenderá: asaber, que no son menos necesarias al
novelista que las galas de lafantasía, la observación y el análisis. Porque en efecto, si
reducimosla novela a fruto de lozana inventiva, pararemos en proponer como idealdel género las
Sergas de Esplandián o las Mil y una noches. En eldía—no es lícito dudarlo—la novela es
traslado de la vida, y lo únicoque el autor pone en ella, es su modo peculiar de ver las cosas
reales:bien como dos personas, refiriendo un mismo suceso cierto, lo hacen condistintas palabras
y estilo. Merced a este reconocimiento de los fuerosde la verdad, el realismo puede entrar, alta la
frente, en el campo dela literatura.
Puesto lo cual, cumple añadir que el discutido género francés novísimome parece una
dirección realista, pero errada y torcida en bastantesrespectos. Hay realismos de realismos, y
pienso que a ese le falta o másbien le sobra algo para alardear de género de buena ley y
durableinflujo en las letras. El gusto malsano del público ha pervertido a losescritores con oro y
aplauso, y ellos toman por acierto suyo lo que noes sino bellaquería e indelicadeza de los
lectores. No son las novelasnaturalistas que mayor boga y venta alcanzaron, las más perfectas
yreales; sino las que describen costumbres más licenciosas, cuadros máslibres y cargados de
color. ¿Qué mucho que los autores repitan la dosis?Y es que antes se llega a la celebridad con
escándalo y talento, que contalento solo; y aun suple a veces al talento el escándalo. Zola mismo
lodice: el número de ediciones de un libro no arguye mérito, sino éxito.
No censuro yo la observación paciente, minuciosa, exacta, que distinguea la moderna escuela
francesa: desapruebo como yerros artísticos, laelección sistemática preferente de asuntos
repugnantes o desvergonzados,la prolijidad nimia, y a veces cansada, de las descripciones, y,
más quetodo, un defecto en que no sé si repararon los críticos: la perennesolemnidad y tristeza,
el ceño siempre torvo, la carencia de notasfestivas y de gracia y soltura en el estilo y en la idea.
Para mí esZola el más hipocondriaco de los escritores habidos y por haber; unHeráclito que no
gasta pañuelo, un Jeremías que así lamenta la pérdidade la nación por el golpe de Estado, como
la ruina de un almacén deultramarinos. Y siendo la novela, por excelencia, trasunto de la
vidahumana, conviene que en ella turnen, como en nuestro existir, lágrimas yrisas, el fondo de la
eterna tragicomedia del mundo.
Estos realistas flamantes se dejaron entre bastidores el puñal y elveneno de la escuela
romántica, pero, en cambio, sacan a la escena unacara de viernes mil veces más indigesta.
¡Oh, y cuán sano, verdadero y hermoso es nuestro realismo nacional,tradición gloriosísima del
arte hispano! ¡Nuestro realismo, el que ríe yllora en la Celestina y el Quijote, en los cuadros de
Velázquez yGoya, en la vena cómico-dramática de Tirso y Ramón de la Cruz!
¡Realismoindirecto, inconsciente, y por eso mismo acabado y lleno de inspiración;no desdeñoso
del idealismo, y gracias a ello, legítima y profundamentehumano, ya que, como el hombre, reúne
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