Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Un Viaje de Novios

añadir, en honra de lasensibilidad del insigne pollo, que se demudó bastante su rostro, ypugnaron
por asomar a sus lagrimales, y asomaron al fin, unas cuantasgotas de eso que los poetas llaman
rocío del alma. No quise omitir estospormenores, a fin de que no se crea que Perico era malo,
siendo así, quede investigaciones y curiosos datos estadísticos resulta que aún valíamás que las
dos terceras partes de la prole de Adán. Triste y mustio deveras, se dejó conducir por Miranda a
su cuarto, y es cosa averiguadatambién, que en todo el curso de aquel día no entraron en su
cuerpo másalimentos que dos tazas de té y un huevo pasado por agua, que la extremadebilidad le
obligó a sorber, entrada ya la noche.
El Padre Arrigoitia y el médico Duhamel, de acuerdo con Miranda, yfacultados
telegráficamente por la desconsolada familia Gonzalvo,proporcionaron a la muerta cuanto
necesitaba ya: mortaja y ataúd. Pilar,vestida de hábito del Carmen, fue extendida en la caja sobre
su mismolecho; encendieron luces, y dejáronla, a la española, en la cámaramortuoria, no
acatando la costumbre francesa de convertir en capillaardiente el portal, exponiendo allí el
cadáver para que todo el que paselo rocíe con una rama de boj que flota en una caldereta de agua
bendita.Depósito, exequias y entierro, debían verificarse el día siguiente.
Hízose todo con tal celeridad y tino, que serían las tres de la tarde nomás cuando en la
estancia, ordenada ya, y junto al balcón abierto, leíael Padre Arrigoitia en su Breviario las
oraciones por los difuntos, yLucía le contestaba entre sollozos «Amén». La llama de los
cirios,devorada por la claridad gloriosa del sol, no era más que un puntorojizo, en cuyo centro se
distinguía la negra raya del pábilo. A lolejos se escuchaba el sordo rodar de los coches,
anunciado antes por elretemblido de los vidrios; y dominando los rumores de la calle, la vozdel
jesuita que decía:
Qui quasi putredo consumendus sum, et quasi Vestimentum quodcomeditur a tinea....
Protestando contra el cántico de muerte, el hermoso sol de inviernoenviaba sus rayos a la
cabeza inclinada y canosa del sacerdote, yencendía con tonos calientes la nuca de Lucía,
inclinada también.
Y continuaba el rezo:
Heu mihi, Domine, quia pecavi nimis in vita mea....
Un rayo de luz más vivo y directo se coló en la cámara, y fue a posarseen la difunta. Estaba
Pilar consumida y hecha un mirlo de flaca; nimajestad ni hermosura añadía la muerte a aquel
residuo de organismodevorado por la extenuación y la fiebre. La toca blanca hacía resaltarla
verdosa palidez de su rostro chupado. Parecía haber encogido ymenguado en estatura. Su
expresión era vaga, entre sonrisa y mueca.Veíansele los dientes de marfil. Sobre su pecho
destelló, al reflejosolar, el latón de un crucifijo que el Padre Arrigoitia le había puestoentre las
manos.
Bien rezarían el jesuita y la amiga cosa de una hora; pero al cabo deese tiempo se levantó el
Padre, manifestando que para volver a velarla,necesitaba ir a su casa y despachar algunos
urgentes asuntos que lereclamaban. Miró a Lucía, y viéndola descolorida y los ojos hinchados,le
dijo bondadosamente:
—Retírese un poco, hija, a descansar... está usted del color de lamuerta. No ordena Dios
tratarse así.
Remove