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Un Faccioso Más y Algunos Frailes Menos

—Estoy tan aturdida desde ayer tarde—le dijo—, que no sé lo que me pasa.He pasado toda la
noche imaginando catástrofes o soñando tropiezos ycaídas. No me puedo convencer de que Dios
me lleve ahora por ese caminotan distinto del que antes seguía, sin que sea para ir derecha a
unadesventura muy grande. Yo nací con mala estrella.
—Patrañas, querida hija; cosas de la imaginación—replicó D. Benigno,apurando su
chocolate—. No nos entreguemos a cavilaciones hueras ytengamos confianza en Dios. Eso de
malas y buenas estrellas no es muycristiano que digamos.
—Es verdad; pero yo no puedo evitar el sospechar peligros, el tenermiedo de todo, y el
presentir desgracias. Es una especialidad mía. SiPrimitivo no hubiera contado tantos horrores....
Ahora, con la muertedel Rey, se va a encender una guerra tal, que España va a ser una Naciónde
huérfanos y viudas. Sí, así será.... Correrán ríos de sangre, ríoscaudalosos como los de agua, y
los hermanos matarán a los hermanos....todo por saber si ha de reinar la sobrina del tío o el tío de
lasobrina. ¡Qué horrorosos disparates! ¡Y estas cosas pasan en reunionesde gente que se llaman
países y naciones!... ¡Y esta es la decantadasabiduría de los hombres de Europa que se ríen de
los salvajes! Yo,mujer ignorante, digo que esos sabios no tienen sentido común.
—Hija de mi alma—exclamó D. Benigno—, estás hablando como el patriarcade la filosofía,
como Juan Jacobo Rousseau. Sí, el estado actual de lasnaciones y el sentido común son
incompatibles.
En su entusiasmo, Cordero tremoló la servilleta que acababa dedesprender del ojal de su
levita. Aquel lienzo era la bandera delsentido común, pabellón sin colores y sin heráldica.
—No he podido apartar de mí en toda la noche—dijo Sola—, una idea que mehace estremecer
de pena. ¿Quién nos asegura que el hombre a quien vamosa buscar, no estará ya comprometido
en la guerra civil? ¿No seráprobable que esté disparando tiros en las calles? ¿No puede suceder
queestá ya muerto?
—Calla, tonta.... Un hombre tan juicioso.... ¿No comprendes tú...?
—Yo no comprendo nada, yo siento y nada más. El corazón suele tener unasadivinaciones tan
raras.... A veces, el muy pícaro, se empeña en unacosa, y Dios se encarga después de darle
gusto.... Ojalá me equivoque. Yahora Dios no nos manda tan sólo el azote de la guerra civil, nos
mandatambién otro, esa terrible enfermedad.... ¿no oyó usted hablar aPrimitivo de esto? Es un
mal muy raro, por el cual se muere la gente enpocas horas, a veces en minutos; es una puñalada
invisible que sorprendey mata, y nadie está seguro de vivir dentro de media hora.
—Sí—dijo D. Benigno, cayendo en sombría tristeza—, es el Cólera morboasiático.
Al oír este nombre repulsivo y espantoso, Sola sintió correr por sucuerpo un frío displicente.
Cordero sintió lo mismo.
—Esa enfermedad—añadió—, ha aparecido en Andalucía. Las personas van muytranquilas
por la calle, y de repente ¡plaf! se caen al suelo y semueren. Pero esta infección no llegará a
Madrid.... Vamos, en marcha,ahí está el coche.
Oyeron las alegres campanillas de las mulas de Peralvillo. Sola sedespidió de los niños
llorando, y les prometió que volvería muy pronto.Al subir al coche, dijo:
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