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Un Faccioso Más y Algunos Frailes Menos

laconciencia de un asesino. Por decir algo durante el fastidio de tanpenosa ascensión, Salvador
preguntó a su compañera si era de la familiadel Sr. Tablas.
—Es mi padre—replicó la cojuela.
—Pues no lo parece—dijo el caballero—. El Sr. Tablas y la señora Nazariaestán, según
parece, en muy buena posición.
El fenómeno no dijo nada, y siguió subiendo. Parecía subir con un solopie. Al llegar arriba
detúvose para tomar aliento. Sin duda no respirabamás que con un pulmón.
—¿Se ha cansado usted, caballero?
—No tal... piso tercero. La escalera no es larga, y se subiría bien sino fuese tan oscura.... Tú sí
estás cansada. ¿Cuántas veces al díasubes?
El fenómeno se quedó pensando. Por último, dijo:
—Unas sesenta veces.
—Es buena renta, hija. Tres mil escalones diarios.
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