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Un Faccioso Más y Algunos Frailes Menos

concálculo, y es muy general que quien despreció la suerte cuando pasó a sulado, ande después a
cabezadas tras ella, y no la encuentre ni siquierapintada, o halle cualquier falsificación del bien y
la coja gozoso y laabrace y se desengañe y rabie, deplorando su torpe indolencia.
Quería vencer su extraordinario tedio frecuentando la sociedad. Habíarenovado mucho sus
amistades, dando un poco de mano a las que lerecordaban su juventud de trapisondas y
procurando contar entre susíntimos a personas de mayor fuste. Su buena figura, su
conductaintachable, su instrucción, su entretenida palabra 8, tratándose dereferir viajes o
verosímiles casos y peligros le dieron muchas simpatíasen todas partes. Había dejado de visitar a
Genara y a D. Benigno Corderopor razones poderosas; pero en cambio frecuentaba otras muchas
casasdecentes, a donde concurría en personal de ambos sexos lo más selecto dela Corte. Por las
noches gustaba mucho de pasear un poco por las callesantes de retirarse a su casa, poniendo así
entre la tertulia y el sueñoun trozo de meditación trans-urbana de más gusto para él que la
másentretenida y docta lectura. La soledad sospechosa de algunas calles, elbullicio de otras, el
rumor báquico de la entreabierta taberna, lacanción que de una calleja salía con pretensiones de
trova amorosa, elcuchicheo de las rejas, el desfile de inesperados bultos, indicio delrobo
perpetrado, del contrabando o quizás de una broma furtiva; ladisputa entre viejecillas terminada
con estrépito de bofetadas... porotra parte el rodar de magníficos coches; la salmodia insufrible
deldormido sereno que bostezaba la horas como un reló 9 del sueño,funcionando por misterioso
influjo del aguardiente; el rechinar de laspuertas vidrieras de los cafés, por donde salían y
entraban lospatriotas; el triste agasajo de las castañeras que se abrigaban con loque vendían
tendiendo una mano helada para recibir los cuartos y otramano caliente para dar las castañas; las
singulares sombras que hacíanlas casas construidas sin orden, unas arrumbadas hacia atrás, las
otrasalargando un ángulo ruinoso sobre la vía pública; los caprichos declaridad y tinieblas que
formaban las luces de aceite encendidas por elAyuntamiento y que podían compararse a lágrimas
vertidas por la nochepara ensuciar su manto negro; el peregrino efecto de la escarcha en lascalles
empedradas, que parecían cubrirse de cristal esmerilado conreflejos tristes; el mismo efecto
sobre los tejados, en cuya superficiese veía como una capa de moho esmaltada por polvo de
diamante, elgrandioso efecto de la helada, que en flechazos invisibles se desprendíadel cielo azul
ante las miradas aterradoras de la luna, la deidadfunesta de Enero; la consideración del frío
general hecha dentro de unacaliente pañosa; el estrépito de la diligencia al entrar en la
calle,barquichuelo que navegaba sobre un mar de guijarros, espantando a losperros, ahuyentando
a los chiquillos y a los curiosos;... el buen pasomarcial de los soldados que iban a llevar la orden
prendida en lo altodel fusil; el coro sordo de los mercados al concluir las transacciones,cuando se
cuenta la calderilla, se barre el puesto y se recogen losrestos; el olor de cenas y guisotes que salía
por las desvencijadaspuertas de las casas a la malicia, y el rasgueo de guitarras que sonabaallá en
lo profundo de moradas humildes; la puerta sobre la cual habíaun nombre de mujer groseramente
tallado con navaja, o una cruz o uncartel de toros, o una insignia industrial, o una amenaza de
asesinato,o una retahíla de palabras groseras, o una luz mortecina indicandoposada, o un macho
de perdiz que cantará a la madrugada, o un cuadritode vacas de leche, o un objeto negro algo
semejante a un zapato, o unaarmadura de fuegos artificiales pregonando el arte de polvorista, o
unaalambrera cubierta con un guiñapo, señal de la industria de prendería, ouna bacía de cobre, o
un tarro de sanguijuelas... todo esto, en fin, yotros muchos accidentes de la fisonomía urbana
durante la noche, páginasvivas y reales, abiertas entre la vulgaridad de la tertulia y el tediode su
casa solitaria, le cautivaban por todo extremo.
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