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Un Faccioso Más y Algunos Frailes Menos

—Como todo es relativo en el mundo—decía Cordero en su lecho, cuando seconvenció de
que su curación sería pronta y segura—, romperse una piernasola es mejor que romperse las dos,
y así, Sr. de Monsalud, yo estoycontentísimo, mayormente viendo que el pesado negocio que me
trajo a laGranja está ya resuelto, y que gracias a mi amigo el gran D. José deCafranga (que mil
años viva) no tendré más cuestiones con el hipogrifo,de D. Pedro Abarca (a quien vea yo sin
hueso sano). Dígame usted, amigo,¿ha observado usted que en este mundo pícaro, cien veces
pícaro, no hayalegría que no venga contrapesada con un dolor, ni dulzura que no traigasu acíbar?
Pues bien: todo no ha de ser malo. El contento que yo hetenido ¿no vale una pierna? ¿Qué
significa un hueso roto de fácilsoldadura, en comparación de las más puras satisfacciones del
alma?Vengan averías de este jaez y cáigame yo, aunque sea de lo alto delacueducto, con tal que
en proporción de los chichones y de las fracturassean los gustos del espíritu y los regocijos del
corazón.
De esta manera un poco artificiosa y sutil se consolaba, y así, mientrasduró su enfermedad,
apenas perdió el buen humor ni la paz y dulzura desu condición sin igual. Deparole el cielo
excelente compañía en SalvadorMonsalud, que, a pesar de haber despachado también
satisfactoriamentesus asuntos, no quiso salir de la Granja dejando solo y postrado en lacama a su
honrado amigo. La corte se marchó, los cortesanos siguieron ala corte, el Real Sitio se quedó
desierto, calladas las fuentes,desiertas las alamedas. Empezaron a despojarse de su follaje
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